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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Miguel Serrano - De la Llegada de los Dioses y el Yo



     Del libro del escritor, diplomático y líder NS chileno Miguel Serrano Fernández (1917-2009) "Manú. Por el Hombre que Vendrá" (1991) presentamos aquí cinco capítulos continuos de la sección "En Gerda" (pp. 69-89) de su primera parte, los cuales corresponden al fragmento donde desarrolla una cosmogonía esotérica según él la entiende dentro de un marco hitlerista, describiendo la llegada, la existencia y la "caída" involutiva voluntaria o estratégica de los Asen y los Vanen, míticos ancestros divinos de los pueblos germánicos, en una antiquísima lucha contra el Demiurgo, y realizando una mítico-poética explicación de la vida del Yo en el cuerpo y la conciencia.




LA PLASMACIÓN

     Gerda es el nombre que los antiguos germanos dieron al astro solidario y prisionero que hoy llamamos Tierra. Una Diosa, un Aion femenino, cogido en las redes, como Pistis Sophia. Dentro de la forma esférica, que nosotros le atribuímos, deberá existir el cuerpo de un gigante sombrío y sufriente, un gigante femenino. Nos hemos transformado en sus células, con forma en parte idéntica —a "su imagen y semejanza"—, retenidos por su gravedad, Mas, ¡de aquí no procedemos!... Somos también sus prisioneros.

     La historia lleva millones de años repitiéndose, y es muy lejana. Es la historia de los Dioses que entraron en combate y fueron derrotados. Voluntariamente derrotados.

     Viniendo de la distancia del Huevo Órfico, del Eros Pre-Cosmogónico, al otro lado del Universo demiúrgico de las estrellas prisioneras, se verán entrar como un disco de luz fría, increada, a través de esos Hoyos Negros, compuestos de plasmas, de¡ silencio absoluto, donde ninguna luz de aquí penetra ni perdura. Son los Ovnis, los Vimanas, un "Carro de Fuego", algo redondo, que gira, o que las ondas gravitacionales demiúrgicas hacen girar.

     Con un plan estratégico, los Divinos se han extendido por el Cosmos, residiendo en diversos astros del firmamento, hasta llegar a Gerda. Mas, aunque esto debe apreciarse, desde el espacio-tiempo, como una entrada desde distancias inconmensurables, todo sería como un cambio de estado mental, instantáneo, el traspaso de un plano a otro, de un universo de la Mente a otro. Y también de la Energía, de tal modo que la concepción cátara de los distintos cielos, más sutiles unos que otros, y su afirmación que "desde el Quinto Cielo hacia abajo reinaba la confusión, por la mezcla demiúrgica", sería verídica.

     El Hitlerismo Esotérico considera que cada "Carro de Fuego", Vimana o Disco de Luz que penetra esta atmósfera es un Él desprendido de ELELLA, en busca de su ella, o una Ella desprendida de ELLAEL, en busca de su él. Es un Dios, es Wotan, es Baldur, es Freya.

     Pero "Aquello" que se desprendió del Huevo Órfico no puede entrar aquí entero, pues no cabría, a pesar de haber dejado la mayor parte de sí mismo en el Huevo original. De este modo, nuevamente deberá dividirse, siendo apropiado decir que cada esfera, cada Carro Combatiente, cada Vimana, trae dentro una tripulación compuesta de Einherieren, guerreros procedentes del Walhalla, o del Rayo Verde. Una Compañía, una Comandancia, un Pelotón, una Casa de Familia. Y su entrada a combatir en este mundo equivale al Misterio de la Encarnación, o Plasmación del Arquetipo en la materia cada vez menos sutilizada del Demiurgo.

     A medida que el Ovni o Vimana va pasando por diferentes planos de la condensación de la Energía, se reviste con ella, hasta hacerse visible en Gerda, de modo que podría decirse que se conforma gradualmente de su sustancia, cuando entra y cuando sale. El número de la división del Arquetipo al interior de la Esfera, su "tripulación", estará también condicionado por la densidad de la materia que cruza, o que habitará momentáneamente, por la vibración de su energía. Subsecuentemente, los componentes de la "tripulación" sus cuerpos, deberán adquirir la consistencia del medio por el que transiten, hacia afuera como hacia adentro, siendo los diferentes cuerpos que posee un cuerpo, de que nos hablan algunas doctrinas: espíritu, alma, materia. En el fondo, no hay más que un solo cuerpo que va adquiriendo diversas consistencias, desde el átomo simiente, desde una raíz genética invariable, como hoy se diría. Cuerpos del cuerpo, que serán necesarios para entrar y, en especial, para salir. Cuerpos que se han atrofiado, hasta desaparecer como potencia, hasta perder su capacidad de salirse.

     La estrategia en la invasión del mundo demiúrgico por los divinos Divyas se cumple como el "Misterio Eucarístico", por así decirlo. El Dios-Divya se divide. Entra aquí como un Disco de Luz, como un Círculo (cuya circunferencia está en todas partes y su centro en ninguna). Y es Wotan, venido de la Ciudad de Asgard, edificada (en un perenne irse transparente) en alguno de los otros planos más sutiles de la plasmación, en alguno de los cielos anteriores al Quinto (cualquier cielo podría ser mi cielo), en el Walhalla, donde rigen otras leyes y gobierna otro Aion-Tiempo; mas, dentro del Imperio del Demiurgo, siempre en su dominio.

     Abandonando el plano del Espíritu, de la Eternidad, los Dioses que salieron del Huevo pre-Cósmico y penetraron hacia el estado de la materia corrompida, en el campo del Enemigo, edifican también sus ciudades, sus cuarteles, sus castillos con la misma materia, energía y tiempo que allí van encontrando, en la enorme extensión de las estrellas, en las Casas del Zodíaco. Es así que la Asgard de Leo será distinta de la de Aries y de Piscis; la Hiperbórea Celeste, a la Hiperbórea Polar, en Gerda. Aun cuando el modelo, el prototipo de la Ciudad de Asgard, de Agartha, de Shamballah, de la Ciudad de los Césares, se edifique siempre sobre la nostalgia y el recuerdo de la morada ancestral del Rayo Verde. La consistencia de la plasmación de la Ciudad, al igual que del cuerpo de los Divyas, y la materia de que se componga el Carro o Vehículo del Dios, habrá de corresponder a la sustancia y vibración de la energía del mundo que penetren, para hacerse visible, por un instante, al órgano de la percepción de las mentes de los seres que lo habiten.

     Así habrá de comprenderse la afirmación de que "los Platillos Voladores, los Ovnis, son ángeles...". Entran, se ven por un instante y luego desaparecen. Se han "integrado", pero deberán partir rápido para no cristalizar y no perder la capacidad de "desintegrarse". El poder de Odil, de Hvareno, la Ciencia de la Implosión, la capacidad de retornar al Centro ("que está en ninguna parte").

     El Misterio de la Encarnación Odínica no es fundamentalmente distinto al de la Encarnación del Esoterismo Krístico, al Misterio Eucarístico de la Misa, o Mese, que quiere decir siembra, cosecha. Los granos se dispersan sobre la tierra del Demiurgo (¿un grano de trigo es exactamente igual a otro?, ¿lo es en su esencia?, ¿y las espigas, lo son al grano?), los ejércitos se extienden en un plan de ataque prefijado por los guerreros de Asgard, por su Jefe Supremo, el "Señor de los Ejércitos", Wotan, que también es poeta. Su Guerra es un Relámpago, una Blitzkrieg (como la del Führer); se gana o se pierde como el rayo. Porque Wotan también es el viento, el huracán. Y su caballo Sleipnir, de ocho patas, galopa sólo con cuatro en este mundo. Las otras son para la Eternidad.

     Cuando el Ovni baja aquí, se abren sus puertas y salen los guerreros como un huracán. Cada uno de esos Einherier es igual a Wotan, es Él, aunque se llame Baldur, Thor, Siegfried, Tristán o Parzival. Cada uno vivirá una historia arquetípica, que sólo en Wotan se transustancializa. Y es como la Hostia, que también es redonda como el Vimana, como el Ovni, como el Carro de Guerra del Señor de los Ejércitos, de luz radiante y que, al dividirse, en cada una de sus partes contiene al Dios entero.



LA DERROTA.
LOS VANEN Y LOS ASEN

     Mitgard es el Jardín que habitan los Bienaventurados, los Siddhas, un poco más afuera, adentro, o antes, en la respiración demiúrgica, en la Edad Dorada, solar. Quizás en el Sol. Allí, los Wanengötter, los divinos Vanen, son los "Maestros de Disciplina" de sus huestes, de sus batallones. En el Bannwald, "Bosque del Destierro". Son como los espartanos en Esparta, en el "Jardín de la Disciplina". Pero son los Asengötter, los Dioses Asen, quienes, viniendo desde la Ciudad de Asgard han entregado un alma a las formas humanas, que el Demiurgo corrompiera, "robotizándolas". Son ellos los que se enamoran de las hijas de los hombres".

     En el Polo Norte, en tiempos cuando el Eje de la Tierra, la Columna de Gerda —ER, IR— estaba derecha, apuntando recto hacia la Estrella Polar, y no había estaciones sino un clima estable, y las Casas del Zodíaco no ejercían influencia sobre Gerda, ni sobre los Dioses que la visitaban, porque no había precesión de los equinoccios, existió el Continente de Hiperbórea, en el lugar donde hoy reinan los hielos de la muerte. Eternamente verde, Greenland, Tierra Verde, Vanen y Asen lo habitaban.

     Hemos visto que la estrategia del Demiurgo y su Guerra pudo iniciarse con una Explosión (el famoso Big Bang de la ciencia judía) que divide una Totalidad pre-existente en un Universo invisible, de otra Luz. Sobre esa partición el Demiurgo sobrepone su plagio y su falsificación, haciendo aparecer los astros de este Cosmos, visible a los ojos de la carne, las galaxias y los mundos cada vez más numerosos, porque el Demiurgo extiende su plagio a expensas de los Universos de la Nada, de Espíritu, de pura Inexistencia, revistiendo de materia al Círculo, "cuya circunferencia está en todas partes y su centro en ninguna"... Es así como ha puesto el "uniforme del prisionero", en su Campo de Concentración, a todo lo que esclaviza y corrompe. Las ondas gravitacionales son las cadenas, los grilletes del Demiurgo.

     Y logrará extenderse si se lo permitiéramos. Porque todo es creación, invención de la Voluntad. Representación de la Voluntad; en este caso, de la Voluntad del Demiurgo. Voluntad de Poder, de Potencia; Wille zur Macht.

     A la Gravitación debemos oponerle la Plasmación. A la Explosión, la Implosión. La explosión presupone un Universo finito, limitado, que se destruye con el agotarse de la energía expansiva y que se repite eternamente, dentro del Eterno Retorno, en el expirar e inspirar del Demiurgo-Brahma, del Uno, por causa de la inmortalidad de los Dioses prisioneros, decimos nosotros. La Plasmación, por el contrario, está allí, inmóvil, como Plasma y filamentos de Plasma, dentro o más allá de los Hoyos Negros implosivos, de sus campos magnéticos, en un Universo-anti, necesariamente infinito, sin comienzo ni fin, inexistente, como la Nada. Su Tiempo es otro, se halla en reserva, muy parecido a la Eternidad. Si de alguna manera llegara a expresarse sería en ondas electromagnéticas, que no provienen de su esencia, sino como una reacción al contacto con las ondas gravitacionales causadas por el Demiurgo. Y ambas, juntas, en su choque y combate, revestirían la materia, lo que vendría a ser el Universo deformado y plagiado, que nos es dado percibir desde aquí. Tampoco la gravitación es producto del Demiurgo, sino que es como una "exudación" de los Dioses, como un dolor, al ser aprisionados en el cepo de la materia corrompida. La Gravitación es el dolor de los Dioses. Por eso la ciencia judía desea extenderla a todos los Universos. Pero los Dioses son un Plasma (es decir, se han plasmado aquí), el mismo Sol es un Plasma. Y el plasma no es un gas, ni un líquido, ni es un sólido, aunque se "plasme" en ellos y en la forma de los astros y en la humana. Es un cuarto estado de la materia, según se cree. Y habrá un quinto y otros más. El Viento Solar es un plasma. Saturno-Kronos se halla rodeado por Anillos de plasma. Ellos lo sacarán un día de su prisión.

     Cada astro del firmamento es un Dios dividido por la explosión demiúrgica y aprisionado. Sirven ahora como esclavos al Demiurgo, en espera de alcanzar el último día del Ragnarök, cuando serán devorados por el Gran Lobo Fenrir. Pero debajo de cada astro, en su centro intocado, hay un Dios que pena y espera su resurrección, su transfiguración, como dentro de cada roca, de cada planta, de cada animal. Lo hemos dicho: si el Universo demiúrgico vuelve a recrearse, en un nuevo Kalpa, en una nueva Expiración de Brahma, en la Rueda del Eterno Retorno, débese a que los Dioses han entregado su energía Espiritual a ese Vampiro Oscuro. Mas, el día en que todos los Dioses sean liberados y redimidos por el combate de los Héroes, el Demiurgo desaparecerá para siempre, tocado por su propia destrucción, en el Big Crunch de su propia inspiración mecánica, inevitable, devorado por su hambre; o bien, succionado por la Implosión Divina, por ese campo magnético, donde su pura Ilusión se actualizará.

* * * *

     He aquí entonces que nos aproximamos al punto culminante y decisivo del Drama, que cambiará el acontecer dentro del Espacio-Tiempo y también en la Reserva de la Eternidad. Los guerreros divinos, los Siddhas, los Divyas, que, tras la primera explosión, han dividido voluntariamente sus Esferas, aprovechando la "reacción en cadena", esa "palanca" o "punto de apoyo externo", por así decir, han entrado a combatir dentro de los Universos del Demiurgo, tratando de liberar a los primeros Dioses-Aiones que cayeron prisioneros; algunos Él en busca de su "ella", algunas Ella, en busca de su "él". También trataban de despertar a los Dioses Neutrales, pensando poder destruír, o borrar, la "Copia" que el Gran Falsificador ha sobrepuesto sobre el Plasma, o Tela del Universo.

     Todo esto intentaban los Vanen y los Asen desde su Ciudad de Asgard, de Agartha, con su capital Shamballah, también llamada Thule, en una Hiperbórea Polar, materializada sólo a medias, en el Polo Norte, en la Edad de Oro, en el Satya-yuga, regido por Sat-Ur-No y Re-A.

     Los divinos habitantes de la Hiperbórea Polar eran los Él y Ellas desprendidos de ELELLA y ELLAEL, que no fueron hechos prisioneros, habitantes con anterioridad de otras Hiperbóreas del firmamento, de materias aún más sutiles, a veces en la proximidad misma del Sol Negro, del Rayo Verde, o en Venus, la Estrella de la Mañana. En verdad, permanecían poco aquí, para no perder la capacidad de trasladarse de mundo en mundo, entre distintos planos mentales de existencia. Entraban y salían, valiéndose del Órgano Odínico, de Urna, de Hvareno. Visitaban los Astros-Dioses prisioneros, habitados por divinos espíritus, atrapados por el Demiurgo, de distinta consistencia y vibración; "él" y "ella", animales, plantas, rocas, fuego, agua, aire, figuras arquetípicas recurrentes. Estos astros también tuvieron alguna vez otras consistencias más sutiles, porque también ellos fueron ELELLA y ELLAEL. Liberarlos significaría poder restituírles la capacidad de desintegrarse, sutilizando su materia, recuperando así un "cuerpo etérico", "astral", "mental". Para "salir en astral" nuevamente, cosa que los Vanen y los Asen efectuaban a menudo, para retornar al Walhalla, a Asgard.

     Los Vanen y los Asen, aun cuando bienaventurados, templaban sus armas en el Bosque del Destierro, en el Bannwald, envueltos en la semi-penumbra, o semi-luz, de la nostalgia del Hogar Perdido, de la totalidad primigenia, que como una música recóndita les llegaba desde más allá de las estrellas. En los inmensos espacios buscaban la otra parte de su totalidad, en las Rondas del Eterno Retorno, a sabiendas que lo lograrían venciendo en la Gran Guerra. Ellos eran los Dioses-Guerreros; ellas, las Sacerdotisas, las Asinen y Vaninen, que custodiaban el Fuego en Hiperbórea, las Lámparas de Luz Fría. La nacida quinta en una Casa de Familia, en Aryanabaiji —la Hermandad Arya de Thule— tendría la capacidad de representar la visión del Origen, del Huevo Órfico y de iniciar en el A-Mor Mágico, capaz de resucitar a los Héroes, ya caídos. Ellas poseían la Fuerza femenina llamada Aropa, contraparte del Bundi masculino. Licor dorado del sexo de la Sacerdotisa-Virgen, de la Asina, de la Vanina. Mezclada a Bundi sería capaz de desintegrar la pesada materia de las Estrellas Prisioneras, de derrotar al Demiurgo.

     Cuando era necesario producir nuevos guerreros para invadir los mundos innumerables del Demiurgo, los Divyas creaban otros cuerpos por medio de una partenogénesis mental, tal como Zeus diera vida a Atenea sacándola de su cabeza, en su justa edad y vestida de guerrero.

     Casi todos los astros, en especial aquellos más alejados de la Explosión primera, los que no emitían luz propia, eran huecos y poblados en su interior por seres que vivían historias paralelas a los habitantes de la superficie, aunque al revés. Adentro se ganaban los combates que aquí se perdían, se iba hacia el pasado en lugar de hacia el futuro, se giraba en dirección opuesta. En el inmenso Imperio del Demiurgo, del Uno, regido por Aiones-Esclavos, el Tiempo no es el mismo, marcha con distinta velocidad, porque su espacio es más, o es menos espeso, las cadenas de la gravitación pesan diferente. En la Hiperbórea Polar, los seres no morían, únicamente cambiaban de estado. Y cuando perdieron la capacidad de salirse y de transitar, despojados de Urna, de Hvareno, de Odil, cuando Bundi saltó hacia afuera —ya no integrado con Aropa—, para procrear el Hijo de la Carne, los hiperbóreos vivieron todavía mil años. Esto era en el Satya-yuga.

     Fue con la derrota de los Asen que la Muerte se precipitó como un huracán sobre los inmortales.


EL PECADO RACIAL


     La Muerte es el horno en que el Demiurgo guisa su alimento. La materia se disuelve en la materia, la energía gira, se transforma, y del dolor ascienden los vapores espesos que lo fortalecen. Su mayor alegría la extrae del sufrimiento.

     Mas, la muerte orgánica, provocada por el Demiurgo, es también la falsificación y corrupción de un Arquetipo extra-celeste (¿de la partición del Huevo Órfico, del Eros Cosmogónico?), que la iniciación de los Héroes reproduce en la Muerte Mística, Mágica, cuando al Aryo le ha sido dado descubrir el Camino de la Resurrección, y Wotan, crucificado en el árbol Iggdrasil, del Espanto, ha reencontrado las Runas.

     Pero no nos adelantemos. Estamos aún en Paradesha, la Región Alta, polar, junto al Monte de la Revelación. Asen y Vanen viajaban constantemente a otros astros del firmamento, conformando ellos mismos sus Vehículos, sus Vimanas, desintegrando y rehaciendo sus formas materiales, sutilizándolas o densificándolas. No se han encontrado osamentas fósiles de aquellas lejanías, pues los huesos no existían ni siquiera en el animal-hombre, menos en los "ángeles", ambos de consistencia semi-vaporosa. La gran falla de la "fabricación" demiúrgica queda de manifiesto en la economía con que se han montado los órganos de la reproducción, confusamente mezclados con los de evacuación de residuos corporales. La misma boca que besa, come.

     La sangre original de los Divyas era ígnea, envuelta en ese color azul que desprende la llama. Así, el color del cuerpo y de la sangre de los Hiperbóreos era azul, como el de Krishna y el de Shiva. De este modo se veían aquí. Sus cabelleras eran casi blancas de doradas, como filamentos de seda o de lana. Las guedejas de las Asinen y Vaninen flotaban al viento de los milenios, bajo las encinas de Hiperbórea.

     La sangre era lo más preciado, era un río de fuego frío, de Luz Helada; era la Vía Regia, que aún se preservaba en la conexión de Él y Ella con la Mónada, con lo que aún restaba del Huevo Primigenio, de ELELLA Y ELLAEL, con Aquello que se quedara esperando como al borde de una Fuente (fons perennis). La sangre era el Cordón Dorado que mantenía la unión con lo Indecible, la Nostalgia, la Voz, el Recuerdo de la Eternidad. La Sangre era la Memoria de la Raza de los Inmortales, de los Dioses. Mientras esa sangre se mantuvo pura.

     Y he aquí que los Asen mezclaron su sangre.

* * * *

     Los viejos textos, el "Libro de Enoc", nos cuentan de la caída de los ángeles, del enamoramiento de los Nefelim por las hijas de los hombres. Como la mayoría de los documentos han sido expoliados débese pensar que también aquí existe adulteración. ¿Qué significa "hijas de los hombres"?. ¿Y qué es el hombre?; ¿cómo y cuándo aparece? Sin duda, debe ser también un plagio del Demiurgo, jamás una creación, porque el Demiurgo es incapaz de crear. ¿De dónde obtiene el original para adulterarlo? Pensemos: ¿Qué ha pasado con "él" y con "ella", una vez salidos del Huevo pre-Cosmogónico, que la explosión demiúrgica alcanzara? Ni ese "él" ni esa "ella" tienen realidad ontológica separados de su centro original. Ha sido fácil para el Demiurgo aprisionarlos "vampíricamente", y producir la involución del mono, de los grandes homínidos, del Hombre de Neanderthal, de los antropoides, de los animales que son una degenerada corrupción y subdivisión de los "él" y "ellas", falsificación y copia. Así, la Humanidad sería "él" y "ellas" corrompidos por el Demiurgo, aprisionados, devenidos mortales. He aquí Adán y Eva. Adán, el "hombre rojo", hecho a imagen de Lucifer, corrupción de Odín, pero sin la materia incorruptible, de verdadera Vajra Roja (producto de la Rubedo, de la Alquimia Tántrica), dura como el rubí. Eva, corrupción de Lilith-Freya. Son los animales-hombres, máquinas "robóticas" del Demiurgo, su alimento.

     Pero esa "mujer humana", "hija de los hombres" y de la tierra, en algo preserva su primordial belleza, en un cierto magnetismo irresistible, que fuera capaz de "enamorar a los ángeles", una sustancia femenina abisal. A causa de la muerte, el Demiurgo ha debido dotarla de órganos físicos de la reproducción, que le permiten multiplicar su alimento, y que son capaces de mezclar el placer intenso del orgasmo con el dolor y la sangre de los nacimientos. Así evita el Demiurgo que con la muerte su "combustible" también desaparezca. Con el nacimiento obliga a otros "él" y "ellas" a encarnarse, aprisionándolos en sus redes. La energía capaz de crear nuevos cuerpos y dar nuevas vidas, el Demiurgo la obtiene de esa sangre ígnea que "él" y "ella" también poseían, fuego mágico desprendido del Eros proto-Cosmogónico, potencia que han llamado Kundalini, en sánscrito, y que es una Serpiente de fuego y plumas de fuego, la Serpiente del Paraíso, de Hiperbórea, una pequeñísima parte de la cual se expresa en la energía sexual y una mayor en la Fuerza Odil, con la que Zeus creara a Atenea, Corrompida por el Demiurgo, será capaz de dar vida a nuevos cuerpos, como una trampa para aprisionar en su materia a los "él" y "ellas" trashumantes.

     ¿Qué hizo que los Asen se "enamoraran" de las hijas de los hombres, cayendo en las redes de la reproducción? La leyenda nos cuenta que Hiperbórea se encontraba separada de los otros continentes de esta Tierra por un Cordón Dorado, de oro y plata. Más allá de esos límites habitaban las "hijas de los hombres". Los Asen las vieron un día y no pudieron resistir la tentación de amarlas. Debió ser también el Demiurgo quien dotara a los Asen de los órganos de la reproducción física, de que ellos carecían. ¿Significó un pacto con el Demiurgo?, ¿o fue un riesgo aceptado, puesto que conllevaba la muerte y el peligro de la pérdida de la inmortalidad, riesgo inmenso, pero que ofrecía a cambio algo jamás soñado ni por los más grandes utopistas...?.

     Tampoco habría sido difícil para los divinos Asen hacer aparecer en sus cuerpos los órganos de la reproducción física, por medio del poder de Odil; separados al comienzo de cualquiera otra función biológica, hasta su corrupción demiúrgica. El Mito nos revela que los divinos no pensaban valerse del sexo de un modo permanente. Zeus —el Ziso de los germanos— crea un hijo de la carne, Hefestos-Vulcano, que nace feo y deforme. Por ello lo arroja al centro de la Tierra y deja de procrear de ese modo. Hará nacer a Atenea de su cabeza, como ya lo hemos dicho.

     Hace casi cuarenta años, así relataba [yo] en "Ni por Mar ni por Tierra" [1950] la caída del divino Asen: "Viéndola reposar sobre el primer Monte sobreviviente, el Monte Cassuati, donde cinco hombres se salvaron del Diluvio, descubre reflejos de cielo. Dentro de esa forma está también su mundo; pero más duro, más espeso, más lleno de dolor. Y el Ángel cae (...) ¿Qué gran caída hubo en el Universo? Parece como que la tierra es una escoria, que nuestro mundo lo es... Caída, primero, involución... El Ángel se enamora del hombre... el pecado fue la unión de los Dioses con el animal-hombre...".

     Hace cuarenta años la misma concepción, casi idénticas palabras. Venía yo de vuelta de la Antártica, donde el Hitlerismo Esotérico me había sido revelado por el Avatãra.

     El Demiurgo nada crea. ¿De dónde ha sacado, entonces, la capacidad de hacer aparecer seres nuevos por "inseminación"? Pues, procreación artificial es la que el Demiurgo logra por medio del sexo de los humanos. Copia también, plagio y corrupción de la "partenogénesis" de los Dioses. Al Demiurgo pertenece sólo la Explosión, la división, como revertimiento de la Implosión, del ensimismamiento divino. Partición, destrucción de la Totalidad. Lo hemos dicho: también su Explosión ha venido a servir de palanca o trampolín a los Dioses para salir por la herida o ventana abierta en el Huevo Primigenio, en busca de una "cantidad" que por allí se escapara. Pero el Huevo no se ha roto, únicamente ha adelgazado sus paredes como para permitir filtrarse, salir, a "él" y "ella". Y, luego, a los Él y las Ella. Esa aparente herida abierta ya no cicatrizará jamás, aun cuando el Huevo siga existiendo como  Mónada, como Purusha, como Morada Ancestral. Así, también, de este prototipo se plagia la procreación física demiúrgica. Del ovario, a través de sus paredes adelgazadas, escapa un óvulo que será alcanzado por la "explosión" seminal; se ha filtrado una célula, que es ya predestinada a aprisionar a un "él" o a una "ella" en la tierra.

     ¿Qué es el semen? Es la sangre de los divinos succionada por el Demiurgo y convertida en sustancia espesa de luz blanca con la ayuda de un Aion prisionero, de Surya, el Sol de Oro. El semen es la Runa Odal transustanciada, el Fuego Azul empalidecido, es el robo del Gral, el aniquilamiento de Kundalini, el debilitamiento y muerte de la Serpiente del Paraíso, de la Serpiente de Quetzalcóatl. El semen es el Poder de los Dioses arrojado a una sentina. Otra forma en que el Demiurgo bebe la sangre de los Dioses, destruyendo su Poder y su Voluntad Creadora. Por ello, la iniciación Tántrica de la India Aria prohíbe la eyaculación del semen a sus adeptos, como una pérdida del Oro alquímico, del aurum potabile.

     Tan grande habrá sido la conmoción producida por la caída de los Asen de Asgard, de Paradesha, de Hiperbórea, que los Vanen no pueden resistirlo y desean castigar a los infractores de la Sagrada Ley Racial de los Divinos. Todos los textos sobrevivientes del más lejano pasado nos cuentan de una Guerra Inmensa acaecida en los cielos (¿del quinto hacia abajo?). El ángel Gabriel lucha contra Lucifer (que en verdad es Miguel, patrono de los germanos). Y Lucifer es exiliado en el Polo Norte, donde cae de cabeza, con los brazos abiertos y extendidos, como la Runa Ir, de la Muerte (Muerte Mística). La simbología de esta Historia Cósmica y sacra deberá ser siempre revisada por el Hitlerismo Esotérico, pues ha sido adulterada por el judeo-cristianismo.

     Por esa Ley de Solidaridad, o "sincronismo", la catástrofe interior de la Raza de los Inmortales será seguida por otra exterior en la Naturaleza y en el Cosmos. Entonces se produce la desviación del Eje de la Tierra y el salto de los polos, de modo que el Polo Norte pasará a ser el Polo Sur, en la Antártica (es allí donde se encuentra Lucifer ahora), helándose el Continente de Hiperbórea y dejando en ambos extremos cerradas las entradas a la Tierra Hueca, las que antes se hallaban permanentemente abiertas, uniendo el interior al exterior, por una escala o rayo de luz ("dentro" y "fuera" eran meras palabras). La Escala de Luz era la Runa Sieg. Ahora esas entradas sólo se abrirán en las estaciones del verano, o en el equinoccio de primavera, conjuntamente con la "Ventana del Ozono", en el Polo Sur y en el Polo Norte.

     Ha desaparecido la Hiperbórea Polar, cubierta por los hielos. Gerda queda prisionera de la ronda de las constelaciones del Zodíaco, por la ley de la gravedad y por la Precesión de los Equinoccios, que a su vez producirá la traslación de los continentes, por la desviación del Eje, que es causa de ese balance de la esfera. Saturno habrá sido transmutado en Satán, desapareciendo el Sat-ya-yuga, o Edad Dorada. El Tiempo-Kronos devora a sus propios hijos y, al final, se lo traga todo, como el Lobo Fenrir.

     Los Vanen no pueden resistir tanta desgracia, entran en la Tierra Interior por la Puerta-Herida del Polo, se trasladan a ese Mundo astral, al alma, a aquello que aún resta de materia más sutil en este planeta, para instalar allí sus Ciudades de Agartha y Shamballah. También la Ciudad de los Césares de la leyenda del Sur, a la que sólo se llega en el Caleuche; con el Hombre que Vendrá.

     La catástrofe cósmica y planetaria se produce cuando una parte importante de los divinos, profundamente distraídos en su amor con las mujeres de la Tierra, ha dejado de luchar por la regeneración de la materia, perdiendo poco a poco la potencia Odínica, y por causa de la impureza depositada en su sangre con la mezcla con el animal-hombre. Así pierden la capacidad de desintegrarse, no pudiendo pasar con sus cuerpos a otros planos menos densos del Universo y a otra dirección del Tiempo. Llegarán a olvidarse de su origen divino, sin recordar que fueron una vez Dioses. Se pensarán iguales a los mortales. Han perdido la posibilidad de restablecer el contacto con los Divyas o Siddhas de Agartha y Shamballa. Ya no podrán entrar a la Tierra Hueca, ni oirán la Voz en la Memoria de la Sangre, por las impurezas de la mezcla con el Sudra. Se habrán olvidado de Asgard, del Paraíso de los Asen y de sus antepasados inmortales. Serán así los verdaderos expulsados del Paraíso, de Paradesha, de la Hiperbórea Polar.

     La Tierra gira ahora en dirección contrapuesta, dextrógiramente. Por ello, los seres del Éxodo llevarán como Emblema la Swástika Dextrógira, guiados por un guerrero de nombre Rama, en la Era del Carnero. La Tierra ha entrado en el círculo de las estaciones; el clima estable ha dado paso al clima cíclico. Los que algún día pretendan regresar a Paradesha deberán hacerlo con la Swástika Levógira, girando hacia atrás, hacia el origen polar. El Guía será Wotan-Lucifer.


LUCIFER, LA ESTRELLA DE LA MAÑANA.
LOS GIGANTES

     Lucifer es la Luz más Bella. Los cátaros lo llamaban Lucibel. Sólo una parte de Él ha caído de cabeza en el Polo Norte, quedando allí encadenado. Lo más esencial, lo mejor de Sí permanece en la Estrella de la Mañana, también llamada Venus y Frija. Es Baldur, es Wotan, es Quetzalcóatl, es Bafomet. Es la Virgen de la Constelación de Virgo, sobre la de Piscis, que ha regido por dos mil doscientos años. El Sol es la Virgen en Leo. Para los germanos el Sol es femenino, die Sonne. Pero la Estrella de la Mañana es doble, pues también es la Estrella de la Tarde. Oyeihue y Yepun para los araucanos. Se representa en la doble Runa Sieg, en los dos guerreros templarios sobre un solo caballo y en Bafomet, con una cabeza y dos rostros. Es un Dios-Diosa, un gran Combatiente que vino a fijarse voluntariamente en el cielo, casi justo cuando el Asen cayó enamorado de las hijas de los hombres. Porque Venus no era una estrella sino un cometa peregrino, viajero del infinito, venido de fuera del espacio demiúrgico, y se detuvo allí para poder ayudar a los héroes prisioneros, recordándoles, con sus señales y su luz, la nostalgia del origen divino y el dolor de la pérdida. Esto sucedería poco antes de la aparición de la luz diurna de die Sonne, "la Sol". Porque la luz de Lucibel es luz andrógina, doble. Por ello, Otto Rahn decía que "Lucifer era un ejemplo para vivir y morir...". A Venus van a residir por un tiempo las divinas Walkirias que partieron de esta tierra para entregar su eternidad al Amado, las Ella, las Lilith, las Medea, Allouine, que ayudan con su recuerdo y nostalgia, en la espera de los guerreros que vencen en el Combate, de los héroes, de los Vîras. Allá les aguardan; porque es en la Estrella de la Mañana donde se encuentra su Walhalla.

     Los hijos de los Dioses y los hombres fueron los gigantes de los tiempos antiguos, al perderse el Continente de Hiperbórea, sumergido por los hielos de la muerte. Emigran hacia el Gobi donde fundan una alta civilización. Y cuando también esa región es transformada en un desierto ("el Desierto se extiende", decía Nietzsche) peregrinan en dirección de Occidente, refugiándose en el Himalaya (en el Himavat) donde existen entradas a la Tierra Hueca, que a menudo ellos no ven.

     Ha comenzado la lucha entre los gigantes y los hombres, entre los héroes, los Vîras y los Sudras. Algunos héroes traicionan y colaboran en la destrucción de los gigantes, como Heracles-Hércules. Utilizan la astucia, que es un subproducto de la mezcla de las sangres. Sin embargo, Hércules también ayudará a Prometeo a liberarse.

     La Guerra ha descendido a la corteza terrestre, y ya no se irá más. El Demiurgo necesita de sus emanaciones y hedores para alimentarse. Y ya nadie sabe por qué se combate. No lo sabrán hasta la llegada del Führer, Adolf Hitler, y hasta la encarnación del Ultimo Avatãra.

     Son los gigantes quienes construyen la civilización del paleolítico, la más grande y sabia civilización instaurada en la Tierra, posterior a la pérdida de Hiperbórea. En esa época aún el hombre semi-divino, el héroe, el gigante, no había perdido totalmente su poder ni la capacidad de sus funciones, superiores a las centradas en el cerebro racional, en la corteza cerebral y terrestre. Pensaba con otro órgano del cuerpo, con otros cerebros, u otro hemisferio del cerebro. Por ello dejó que la Piedra permaneciera en estado crítico, encontrando su equilibrio molecular; o bien, provocó su desequilibrio, por medio de tensiones, para lograr comunicarse con el Dios que allí dentro se halla aprisionado, obteniendo su colaboración. Si hubiese pulido la piedra, habría interferido en su "pensamiento", impidiendo su acción "solidaria", o "sincronismo" con la Mente del Hombre-Divino, del Mago del Armanen. Los menhires, los dólmenes, los cromlesh son muestras de una sabiduría y una magia perdidas en la Historia, pero que fuera activa en la ante-Historia, en la pre-Historia. Stonehenge nos lo muestra. Lo he experimentado personalmente allí. Siempre me llamó la atención, en mis años de India, en la lectura de sus textos sacros y de sus poemas heroicos, lo que solía decirse de los Vimanas, o carros voladores: fueron construídos de piedra. "¿Cómo podría elevarse una piedra?", me preguntaba.

     Muchos años después la respuesta me fue dada. En Stonehenge, en las planicies de Gales. Era un día de Sol, muy frío y transparente, de fuerte viento, con el mar cercano. Penetré en el círculo de menhires y dólmenes, ya incompleto, perdida la mayor parte de su magia y equilibrio, por falta de muchas de sus rocas, desaparecidas o destruídas. Fui a apoyarme en un altísimo dolmen, con las palmas de las manos tocando la roca y reposando allí el cuerpo. Cerré los ojos y escuché el viento, sintiendo que la piedra comenzaba a vibrar, a "murmurar", como si el viento fuera un arco raspando una cuerda; muy quedo al comienzo, pero en aumento constante. Supe que si me dejaba ir, si no interrumpía el "proceso solidario" de la Naturaleza, el viento se transformaría en huracán, y, poco a poco, perdería el control de mi mente, "perdería el  conocimiento". Supe que la piedra se iría, se saldría, como desintegrada, sumida en sí-misma. Y yo me iría con ella, desapareciendo... Éste era el Vimana de Piedra... E interrumpí el proceso; porque aún tengo cosas que hacer aquí...

     Imaginémonos lo que Stonehenge sería en la pre-Historia, cuando estaba completo, con todas sus rocas en tensión equilibrada, cuando era, además, un observatorio estelar y allí sólo entraban los Armanen, los Maestros-Magos de las Runas, los Runenlauteren, los Bauhülte, los "albañiles", poderosos Guías de los gigantes. Sus mantras, sus signos, o mudras, recuperaban la posibilidad de salirse y entrar, gracias al reencuentro con las Runas por el Héroe-Dios Wotan, el Guía de los Asen en el Destierro. Allí se practicaría la Muerte Mística y el A-Mor Mágico.

     Como en los Externsteine del Bosque de Westfalia, como en Tiahuanacu y en la Isla de Pascua, en Te-Pito-O-Te-Henua, tras el hundimiento de la Lemuria y la desaparición de la Atlántida, como en las rocas de Santo Domingo, en las playas de Chile, las piedras fueron puestas a propósito por una raza de gigantes hiperbóreos.


     En "Adolf Hitler, el Ultimo Avatãra" me he referido detenidamente a los Externsteine y a la crucifixión del Dios-Gigante, Wotan, que ahí se plasmara en la roca, como un recuerdo perenne, para los siglos, dentro del espacio-tiempo, del sacrificio del Gran Asen, en el Árbol Iggdrasil, para poder reencontrar las Runas que redimirían al Héroe de su caída, superando el Destierro. Las Runas son ese Poder perdido en Hiperbórea, hecho visible como Signo exterior durante el Éxodo y con la materialización del Dios. Wotan hará posible así la Resurrección del Héroe, de Baldur, del Hijo-Camarada. La Resurrección de Sí-Mismo.


     El simbolismo profundo de todo esto lo trataremos alguna vez. Por ahora, bástenos señalar cuánto ha plagiado el cristianismo de Roma y de qué modo ha destruído ese simbolismo esotérico de la crucifixión de un Dios-Héroe y de la Resurrección de Baldur-Wotan, sobreponiéndose a la Muerte Mística de un Aryo, un nacido dos veces, un re-nacido; del Héroe que ha sido capaz de remontar la mezcla con los hijos del animal-hombre y purificar su sangre hiperbórea.

     Fue en el Castillo de Wewelsburg, que orientaba sus torreones como la Lanza de Longinus hacia la Crucifixión de Wotan en los Externsteine, donde los iniciados SS trataron también de re-nacer, de resucitar como Aryos, valiéndose de la recuperación del Poder de Odil y por el uso mágico de las Runas, del Futhark de Wotan y de la Ciencia Implosiva del Paleolítico. En la sala central del Castillo aún pendía una enorme piedra en "estado crítico", sin pulir, indicándonos lo que el Hitlerismo Esotérico fue y lo que aún es: el grandioso intento de creación del Hombre-Dios, del Superhombre, por medio de la Alquimia Tántrica de la Piedra, de lapis, y de la recuperación de la pureza de la sangre de los Asen divinos, del Fuego de la Serpiente del Paraíso, que en sánscrito se ha llamado Kundalini.


LA APARICIÓN DEL YO

    Con insistencia, una y otra vez, nos repetiremos la pregunta- ¿La mezcla de los divinos con las hijas de los hombres, fue una derrota, una caída, o fue un acto voluntario, propiciado por los Asen?. ¿Una estrategia audaz para el Combate? Si el Demiurgo extendía sus dominios a expensas de los mundos espirituales, la respuesta más apropiada habría sido introducirse a la vez en el mundo del Enemigo, penetrándolo. Ciertamente, el Divya ha puesto en peligro su inmortalidad y hasta su divinidad; pero, si llegara a tener éxito, habría arrebatado al Demiurgo parcelas que le pertenecían; también los prisioneros-zombis, encantados en el Schastel Marveile de Clinschor. Con su sacrificio y heroísmo habrá hecho posible la divinización de algunos Sudras, del animal-hombre, a la vez que Él mismo se hacía parcialmente hombre, descendiendo en el hombre. (Misterio esotérico de la Encarnación-Plasmación-Krística). Se ha servido de la ley demiúrgica de la termodinámica, que rige en esos dominios. El Dios encarnado acata esta ley, además de la entropía, haciéndose mortal.

     Al exponer de este modo un tan profundo Misterio, nos será dado penetrarlo aún más con el Kristianismo Esotérico, nimbado de Luz Odínica y de la Crucifixión de Wotan en el Árbol Iggdrasil; con la Luz que se desprende de Hangatyr, el Crucificado en el mundo de la materia, que con anterioridad fuera Tyrkreis, el Crucificado en el Árbol del Zodíaco. Porque la Crucifixión terrestre, esa Plasmación en la Piedra de los Externsteine, es la reproducción de un Arquetipo astrológico, zodiacal.

     Cumplida la caída y la mezcla de sangres, la Divinidad ha perdido el Poder Odílico. Todo se ha oscurecido, obnubilado, su Universo mismo se ha destruído en una catástrofe solidaria; se ha sumergido Asgard, Hiperbórea, se ha desviado el Eje de la Tierra, la Columna de Gerda, Irmin, el Irminsul. El Lobo Fenrir ha devorado el mundo, el Walhalla de los Dioses. Y en esa oscura noche, Wotan se ha crucificado. Pende allí por nueve noches zodiacales, sufriente, solo, sin hidromiel para beber, sin Soma de su sangre, herido en el costado por la Lanza de un joven Vanen en su shakra cordial, en Anahatha, en la constelación de Aries, hasta el momento en que redescubre las Runas, por su sacrificio y su tormento. O sea, el Poder que se perdiera con la mezcla y que ahora se le retornará en la materia terrestre y cósmica, como Signo, que es la Espada capaz de combatir al Demiurgo y de recuperar la inmortalidad para el Héroe. Rayo de la Victoria, Arma invencible, Lanza de Longinus que hace posible la Resurrección [1]. Éste es el Futhark de Wotan.

[1] La punta de esta Lanza se guardaba en el Castillo de Wewelsburg, de los SS.

     El Dios ha resucitado como el Hijo, de nombre Baldur. Y también como Kristos. Porque Wotan es Zeus-Donar-Thor y también es Júpiter y es Shiva. Y Baldur es el rubio Dios Blanco, Vishnú, de Hiperbórea, de Sveta Dipa, la Isla del Esplendor, en el Polo Norte.

     Por todo esto, Wotan será el Maestro de la Yoga Rúnica, como Shiva lo es de la Yoga Tántrica. Ellos entregarán a los Héroes, que aquí luchan contra el Demiurgo y su propia caída, el Arma y la Sabiduría capaz de hacerlos resucitar desde el abismo de su mezcla, para transmutarse en Hombres-Absolutos, en Sonnenmenschen, en Superhombres, en Hombres-Dioses.

* * * *

     No ha sido el Demiurgo quien ha dado un alma al animal-hombre. Él lo ha degradado hasta el chimpancé, aprisionando en formas decadentes la energía impersonal de un "él" y una "ella", desprendidos de la Divinidad Andrógina. El alma la ha aportado el Asen divino, con el sacrificio de la mezcla con las "hijas de los hombres". ¿Y qué es el alma? Es una Energía implícita, una potencia —Geist, viento, soplo, pneuma, espíritu— capaz de desintegrar la materia demiúrgica, transmutándola en materia espiritual. Es esa Fuerza Odílica —de Odín-Wotan—, que también puede ser un "órgano" de la forma arquetípica de la Divinidad, recuperado para el Héroe-Vîra mezclado con el animal-hombre.

     Es entonces que comienza a funcionar con gran intensidad el Molino de Viento de Wotan, llamado Grotti, primero en el firmamento, donde sus granos son los astros-Dioses y, luego, en Gerda. Su producto, como harina de trigo, no ya tan azul ni tan blanca, será el yo de los Héroes, algo que Wotan no ha pretendido conscientemente, pues los Dioses bienaventurados "nada sienten por sí mismos", como decía Hölderlin. Y son las Walkirias, Fenja y Menja, las que hacen girar la Rueda del Molino de los Asen y los Vanen, en dirección contraria al Viento de Satán-Saturno-Kronos, la Swástika Levógira, que los Albañiles Bauhülte llamarían la Rueda Katharina, con un extraño parecido al nombre Kathar (Cátaro), y que en griego quiere decir puro.

     Pareciera que nadie habría deseado esto, que se hubiera producido solo, por un azar lleno de sentido. ¿O ya lo presentía el Asen cuando puso en práctica su estrategia fatal, aceptando el sacrificio de la mezcla y la plasmación, cuando descendió cabeza abajo en el abismo, con la Runa Ir, para hacer así posible algo jamás soñado ni por los más grandes utopistas?.

     Porque, he aquí que el yo se origina en esa "explosión", en ese choque violento de dos sangres contrapuestas, la terrestre, corrompida por el Demiurgo, como imitación, plagio, química, materia, y la Divina. Allí se genera esa conciencia crepuscular de sí mismo, al tiempo que se atrofia el Órgano de Odín, posiblemente en la hipófisis, o lo que a ello corresponda en un plano más sutil, y que se ha llamado "Tercer Ojo", Ojo de los Gigantes, de Polifemo.

     Junto con aparecer el yo, asciende a la superficie otro continente —la "corteza cerebral"—. Se hunde la "Atlántida" —el cerebro arcaico, del Paleolítico— y aparece el pensamiento racional, hecho para trabajar en el mundo demiúrgico, demoníaco.

     Paulatinamente se ha dado a luz al Héroe, al Vîra, mezcla de lo divino y lo demoníaco, yendo ahora por el delgado territorio, por la angosta cinta del Libre Albedrío, por el doble filo de una Espada.

     Nunca antes, hasta ahora, existió algo semejante, ni en éste ni en otro Universo, porque los Dioses carecen de conciencia de Ellos Mismos, "nada sienten", siendo, además, inmortales. Los Héroes van perdiendo, poco a poco, la inmortalidad, junto con la "memoria-sin recuerdo" de su divinidad. El "yo" pareciera ser así un subproducto de la Muerte, porque es consciente de ella, de su difícil tránsito, y la teme. El "yo" es resultado de una Desgracia, de un Naufragio. De un modo dramático, es la compensación dolorosa por el sacrificio de Wotan, venido a combatir; por su crucifixión; es el resultado de la mezcla del Dios Asen con las "hijas de los hombres", del "enamoramiento" de los inmortales.

     No hay modo ya de poder desentenderse de esta carga. Aún en el más profundo Samadhi, o éxtasis, en esa "pérdida", persiste el "yo", para que se pueda recordar que se ha estado más allá del "yo". Únicamente en la muerte física, cuando Él pareciera ser reabsorbido por su Mónada, o, cuando, perdida finalmente su Batalla, es devorado por el Demiurgo, desaparecerá el "yo". Mas, dentro del Eterno Retorno, en el vientre de Saturno-Kronos, volverá por un número de Rondas prefijadas, mientras guarde energías.

     La única salida que para el Héroe queda, no es escapar de su "yo" terrestre, sino fortalecerlo, de tal modo que pueda transmutarlo en un Yo Absoluto, por medio del éxtasis tántrico llamado Kaivalia (de Kundalini, de la Tantra Kaula, o Kula) que significa "separado", "aparte", al revés de Samadhi, que significa "fusionado con el Uno", con el Ser Primordial, con el Demiurgo, Yahvé, o con Brahma, la Mónada, el Inmóvil, el Anciano de los Días ("Días de Brahma"), el Paralítico Eterno, con el Cristo del cristianismo con "c", o el Brahma de la Yoga Vedanta. El Héroe nunca más retornará a su Purusha, a su Huevo Original, Órfico, para ser reabsorbido, fusionado "vedantinamente", cristianamente en Dios, como un santo. Será, en cambio, un Mago, separado para siempre, más allá de todo, más allá de todo, en la última soledad. Será el Hombre-Absoluto, superior a los Dioses, consciente de Sí-Mismo, será un Astro, "más allá de las estrellas".

     No hay otra salida. Y afanosamente se la buscaba en los Laboratorios alquímicos, tántrico-genéticos, de los SS, en el Castillo de la Iniciación del Hitlerismo Esotérico, en Wewelsburg.

     Aquello que una vez fue el Divya, el Dios encarnado aquí y mezclado, el Asen, el Guerrero Divino, nunca más lo volverá a ser, pues ya no recuperará Asgard, Paradesha, la Hiperbórea Polar, la Atlántida sumergida. Como una vez lo fuera, de la misma forma, con esa pureza prístina, el Vîra, el Héroe mezclado, no lo será más, ni siquiera en la Rueda del Eterno Retorno, en los "Días y Noches de Brahma", en los Kalpas, Manvantaras y Yugas. Porque el Dios fue "contaminado" de un modo irreparable. Su pureza, su ingenuidad primeras, las ha perdido para siempre en la mezcla con las hijas de los hombres, con el animal-hombre, en la encarnación. La bienaventuranza, la inconsciencia de sí Mismo, su luminosa oscuridad, no volverán nunca. El único camino que le resta al Dios devenido Héroe, es seguir en el Combate, no retroceder jamás, insistir, hasta llegar a crear, en el "naufragio de su propia esperanza", la "cosa contemplada", como decía Shelley, su particular Paraíso, su Otra Asgard, su Nueva Totalidad, por medio del A-Mor, creando una Inmortalidad Consciente, fuera de todo, en "algo no soñado, ni por los más grandes utopistas...".

     Es el camino glorioso de los Guerreros Esotéricos del Hitlerismo.

     De cómo esto llegara a suceder, "ni los más grandes sabios, ni los Dioses, en los más altos cielos, lo saben... Pero tal vez los poetas lo sepan, o puedan llegar a imaginarlo...".

     Nos lo dicen los Vedas.

* * * *

     He aquí el Dios, el Asen, sobre la Tierra. Por un instante su forma se reproduce en la luz, se hace visible. Es un gigante luminoso, un Nefelim. Recordemos el cuadro de Leonardo, La Anunciación. El ángel ve a la mujer de carne, hecha de tierra, la "ella" prisionera, encadenada por el Demiurgo, y, en lo más profundo, siente la nostalgia, como un eco lejanísimo de Asgard, del Paraíso de ELELLA. La mujer lo mira sorprendida, con sus ojos traspasados de abismo y le extiende los brazos para invitarlo a participar de su íntimo dolor, del placer ilusorio, de su nada, del sueño de Maya. Y, así, nace el Hijo, un Gigante, un héroe; el Vîra. Porque el Dios ha penetrado en ese abismo, contaminando su sangre, invadiendo el campo del Enemigo.

     El héroe, el Hijo, no es ya un Dios, no es más un Divya; es una mezcla de Dios y hombre. Aún siendo un gigante, Dios no cabe entero en ese cuerpo. Menos en el cuerpo de un gigante-niño. ¡Qué mejor que aquí, en el crecimiento del cuerpo de un ser desvalido, se expresa el drama! Nada puede por sí mismo, ni siquiera caminar. Ya crecido, tendrá muy pocos años de madurez, para luego envejecer y morir, aun cuando en la Edad Dorada, en el Satya-yuga, la vida durara mil años. En la infancia, el niño carece de un "yo" consciente, siendo gobernado desde afuera por un Él ("Angel de la Guarda"). Es por esto que el niño no dice: "yo" quiero comer, sino: "el niño" quiere comer, "el niño" tiene hambre, "el niño" tiene frío. Se está mirando desde afuera.

     ¿Cuándo el niño viene a sentirse "yo"? Sólo cuando el Dios, o la Persona, entra en él, cuando una parte del Ángel lo penetra. Porque tampoco podrá entrar entero. Únicamente una parte de aquel Ser se aprisionará en el cuerpo, pasando a sentirse "yo", algo totalmente nuevo para el Ser, para la Persona, para Él, de modo que permanecerá escindido para siempre, unido solamente por un Cordón de Plata a ese cuerpo material, así como se encuentra unido a ELELLA, al Purusha, a la Mónada, por un Cordón Dorado. Y Alguien se habrá quedado esperando como al borde de una Fuente.

     El "yo" es así un resultado de la mezcla, del encuentro de un Dios con el animal-hombre, de la contaminación de una divina sangre. Encarnado el Dios Asen y aparecido el "yo", entrará en conflicto mortal, dramático con la Divinidad, con la Persona, con el Ángel, que se retira cada vez más a lejanías o profundidades inalcanzables. La seguridad se habrá perdido, conjuntamente con el Poder. Adviene el reino de la duda, tesis y antítesis, en la Constelación de Géminis, donde Cástor es mortal y Pólux inmortal. Es la muerte, la crucifixión de Baldur en Aries. La piel del Cordero sacrificado, el Vellocino de Oro pendiendo de la Encina del Firmamento. En Sagitario, Baldur, el Dios sacrificado, es herido por la flecha del Centauro (el conocimiento del "yo"), por la Lanza de Longinus. Porque el Arquetipo se reproduce y recorre todo el Universo demiúrgico. Lo que es arriba es abajo y viceversa.

* * * *

     Al acercarse el final de la encarnación en la vida de un héroe, por causa de los procesos mecánicos de una biología demiúrgica, por la entropía y la gravedad, por el Tiempo, el "yo" también se va como alejando del cuerpo envejecido, permitiendo que la energía retorne a una fuente, a la Persona que espera, para reabsorberse y desaparecer en ella, hasta el retorno en una nueva Ronda. O para ser devorados todos juntos por el Demiurgo, al terminarse el plazo de las Rondas prefijadas en el Eterno Retorno. En el Ragnarök.

     La diferencia que puede existir entre esta exposición y otras de un conocimiento abstracto, textos de filosofía o metafísica, de un cercano antaño, es la que existe entre un filósofo, un cientista y un Rishi de la India védica. Los dos primeros lucubran, permaneciendo al margen de lo por ellos descrito; el Rishi experimenta con su propia vida y de allí extrae un conocimiento vivencial. Rishi quiere decir "el que ve". Esta exposición la estoy sustrayendo de la Memoria de la Sangre, del recuerdo de lo que yo he visto. Así también se escribieron los textos védicos, las Edda, los versos de Homero, de Píndaro y todas mis obras.

     Es así también como sé que el "yo" se retira del cuerpo de un hombre anciano, poco a poco, porque lo he visto, lo he vivenciado. "Sincronísticamente", por ley de solidaridad, este proceso se reproduce en la biología humana y ha sido llamado arterioesclerosis. La ciencia materialista percibe sólo el cuerpo físico, visible al ojo terrestre. Pero lo que en verdad acontece es la retirada del Ángel, que una vez entrara en el cuerpo del niño, habiéndose ya cerrado su ciclo experimental en ese cuerpo. "Y el anciano volverá a ser como un niño". Es la llamada "segunda infancia de los viejos". Afuera de él mismo, habrá recuperado su Ángel de la Guarda. Habrá retornado a la Fuente.

     Visité al poeta hitlerista Ezra Pound, al final de sus días, cuando ya no hablaba. Su silencio era casi total, había enmudecido. Me senté junto a él, en su casa de Venecia, y, mirándolo a los ojos, fui quien habló y habló, sin obtener respuesta alguna. Con sus manos cruzadas, ni siquiera me veía, yéndose muy lejos, por la pequeñísima ventana de su cuarto, quizás si con las palomas de la Plaza de San Marcos, o sobre la cúpula de la Catedral de la Salutte, o junto al caballo de la estatua del Coleone. Entonces recordé, y me puse a hablarle no a su cuerpo allí sentado, sino un poco más arriba de su cabeza, dirigiendo mi voz hacia el techo... Y Ezra Pound me respondió... "At last you came!... You are one of the few!".

     El único monumento a Ezra Pound está en Medinaceli, en España. Contribuí de un modo decisivo a su instauración y a su inauguración.

     Así, también, recuerdo la primera vez que me sentí "yo", cuando una punta del Ángel entrara en mi cuerpo de niño, en mi existencia humana, mientras la otra parte de esa entidad se retiraba a enormes lejanías. Sucedió allá, en nuestra añosa casona de campo, en los aledaños de Los Andes sagrados. Fue como si de pronto el "yo" entrara de golpe, o bien despertara y comenzara a ver el mundo a través mío. Porque también antes de ese "yo" hubo un "mí", impersonal, es cierto, aunque paradójicamente se sintiera una persona antiquísima, estando diluído en el paisaje, fundido con los animales y las plantas, con la gran encina del jardín, con las anémonas, las rosas, las cumbres nevadas y los cóndores que las circundaban. También, con el agua de los ríos y de las cascadas. Ciertamente, allí había una persona, que pensaba y soñaba como tal, que se sabía muy antigua, depositaria de una dignidad de siglos, cosa que jamás podrá pretender el "yo" advenedizo. Es por esto que si a ese niño se le amonestara, se estaría cometiendo una falta imperdonable, atentando contra su soberanía real. Porque esa persona es un Él desprendido de ELELLA, cumpliendo con el sacrificio de nacer como un niño, en el cuerpo de un animal-hombre para poder recuperar a su "ella" y vencer al Demiurgo que la ha hecho prisionera. Para poder salvar su Mundo, combatiendo al Enemigo de los inmortales.

     La aparición, o advenimiento del "yo", quizá se cumpla cuando una cierta madurez biológica es alcanzada en el desarrollo del cuerpo físico y del cerebro, como si un "conmutador" allí existente se activara. Mas, curiosamente, esto no sucede a todos. El mito del cristianismo ha querido hacernos creer que los hombres son todos iguales, que tienen un alma y una individualidad semejantes, es decir, un "yo". Idéntica creencia del "humanismo" masónico, impuesta en la Masonería por el judío, que bien sabe que no es así. Hay animales-hombres en los que nunca se encarnará un Dios, o un Ángel, sin divinidad sufriente, aprisionada, sin posibilidad de redención, de resurrección. Son las almas inferiores, los semi-monos, llevados a ese grado de involución sin retorno por el Demiurgo. Y también ciertos componentes mestizos, mulatos y bastardos, que están recorriendo las últimas Rondas del Eterno Retorno, antes de ser devorados y disueltos en el vientre de Satán-Yahvé.

     El "yo" deberá nacer en el momento en que el Asen, el Divya encuentra en el cuerpo del terrestre y en su karma alguna condición que hace posible su encarnación, su penetración, la que se efectuaría a través del cráneo, por alguna abertura allí pre-existente, o que la Mente abre en un determinado instante. Es como si la Mente penetrara en el cerebro nuevo, recién fabricado, su instrumento. Pero no toda la Mente, debiendo seguir trabajando gran parte de ella desde fuera. Al comienzo, el Dios, el Ángel entrará y saldrá repitiendo así el proceso ya descrito en la encarnación de los divinos hiperbóreos, proceso arquetípico de entrar y salir a voluntad en la materia, hasta que, por algún error, o bien, por estrategia guerrera, se pierde esta capacidad y la abertura se cierra, permaneciendo "alguien" prisionero. Es el "yo". La Prisión del "yo". Y la incapacidad de volver a comunicarse con las plantas, los árboles y los cóndores del cielo, de hablar con ellos, de ser ellos.

     Deviene el drama fatal, la tragedia. Él será sólo un Vîra dejado de la mano de los Dioses, de los Ángeles. Tendrá que valerse por sí mismo; también ha sido hecho prisionero. Antes, no dudaba de nada, al igual que los animales y las plantas, o las estrellas. El animal está regido por eso que han llamado instinto, es como un Dios. Jamás un perro duda en el ataque, ni en hacer su presa. Dog ("perro" en inglés) es God —Dios— al revés, en el otro extremo. Sólo el Vîra duda en su acción y en sus decisiones, por causa de su "yo" razonador, dividido entre el impulso y la conciencia, entre la tesis y la antítesis, entre el bien y el mal.

     Desde tiempos inmemoriales se ha buscado encontrar una salida para este drama, que es mucho más intenso en aquellos que recuerdan el momento en que por primera vez se sintieron "yo", sin poder entender que otros también puedan sentirse de igual modo "yo", estando, asimismo, separados e individualizados aquí. Las religiones, las prácticas esotéricas, las yogas de la India post-védica han pretendido encontrar una solución en el aniquilamiento del "yo", por medio de ascetismos y tormentos de todo orden, para volver a fundirse en el Alma impersonal, universal, en el Uno, en Brahma, en lo indiferenciado, en eso que también han llamado Dios. Generaciones de ascetas y de santos cristianos han trabajado en la destrucción del "yo". En la India son los vedantinos de Shankaracharya y los yogas Bahktis, valiéndose del Samadhi, que en sánscrito significa, precisamente, "unido con el Ser Primordial", como ya hemos dicho.

     Este camino y concepción deberán partir del supuesto de que el "yo" es una caída, que la personalidad es un "pecado", que hay que corregir, redimir. Y hasta cierto punto tendrían razón, en el sentido de que el "yo" y la individualidad nacen como algo único en todo el Universo, y, quizás, en todos los Universos; algo impensado, jamás soñado y que ha sido hecho posible por la encarnación de una Divinidad, de un Ser de espíritu puro, en el mundo de la carne, corrupto por el Demiurgo. El Hijo-Héroe ya es un ser mezclado y escindido entre su Dios y un Demonio. Y el "yo" es producto de esa mezcla.

     Pero lo que el Hitlerismo Esotérico no podrá olvidar es que la encarnación, el sacrificio, el "enamoramiento del Asen por las hijas de los hombres", por la "ella" prisionera del Demiurgo, pudo ser, además de una derrota, de una caída, una estrategia propiciada para vencer en el Combate definitivo de la Inmortalidad y la Resurrección, que, aún sin pensarlo ni soñarlo, ha llevado a hacer posible "algo jamás imaginado ni por los más grandes utopistas...". Siempre que no se destruya el "yo" [2].

[2] Ha sido el judaísmo, desde los más lejanos tiempos del éxodo del Desierto del Gobi, tras la destrucción de esa alta civilización, desde el hundimiento de la Atlántida, que, infiltrando las corrientes del pensamiento estratégico de los arios, de los Vîra, ha desviado sus concepciones hacia el aniquilamiento del yo, sea en el budismo de la India y de China, sea en el hinduísmo epopéyico y heroico de los tiempos de los Grandes Bharathas. Por medio de los judíos Beni-Israel —a los que, ¡vaya uno a saber! a lo mejor pertenecieron Shankaracharia, Ramakrishna y el Ramana Maharishi—, han impuesto la aniquilación del yo con el Samadhi, la pérdida, la fusión en el Uno (que es Yahvé, que es el Demiurgo o Demonio). En el Tíbet, con Padmasanbhava y el Lamaísmo Tántrico, destruyen la civilización guerrera de los Dropas blancos. Todo esto facilitado por el mestizaje fatal de los conquistadores arios con los negroides dravidias, los amarillos y los mongoles. En Occidente ha sido el cristianismo judío, con su más alto producto, el santo, el que ha hecho los más grandes esfuerzos para aniquilar el yo.
     Sin embargo, todo este enorme peligro para el camino de la Resurrección del Héroe-Guerrero-Iniciado, para el Mago y su transmutación en Superhombre, en Hombre-Absoluto, en Sonnenmensch, en Hombre-Sol, viene a ser poco ante el horror que se avecina. Las generaciones actuales han destruído su individualidad con drogas letales y, así, el mundo ario va siendo preparado para hacer su entrada en el aniquilamiento final, por medio del arma decisiva que el Demiurgo ha puesto en manos de sus servidores incondicionales, de su Golem Genético, el judío: la tecnología electrónica, la "informática computarizada", el "robot", el complot "mundialista" tecnocrático, mecanicista, el "dinero plástico" y "electrónico" (transferencia electrónica de fondos), con la marca final del Número de la Bestia, que es 666, en la carne de los goyim, en la frente o en la palma de la mano, para "poder vender y comprar", como lo adelantara ese misterioso documento fatídico, el Apocalipsis, terrible anticipo de los "Protocolos de los Sabios de Sión". Se lo ha atribuído a Juan el Evangelista, pero habría sido escrito en varias épocas, por uno, o más rabinos cabalistas, de la Cábala numeral adulterada. Se ha llegado a atribuír la parte principal, vengativa, política, al agitador celote, de nombre Jeshua, hijo de Judas de Gamala, como un mensaje en clave simbólica, escrito hace dos mil años durante su exilio en Egipto y enviado a sus partidarios que intentaban restaurar para él el trono de David.
     Lo referente al código 666, sería un agregado muy posterior, que entraría de lleno ya en los planes del sionismo para los últimos días, los actuales, y su aplicación definitiva hoy. El 666 ya está en el "código de rayas" de la "marca universal de productos", en las tarjetas plásticas ("dinero plástico") de crédito y débito, y llegará a estarlo en la carne, o sea, en la vida total, en el nacimiento y muerte de los esclavos del "Planeta Electrónico", bajo el gobierno supremo de los Sabios de Sión. Esto sí va a acabar en definitiva con el yo de los Héroes, de los Vîras aún no liberados, con su posibilidad de triunfo en el Combate, engrillados y marcados electrónicamente en su carne, tatuados con láser, prisioneros de la "informática", "empadronados" desde el nacimiento, destruída su capacidad de pensar, inutilizados sus dos hemisferios cerebrales, robotizados, cortados de todo origen divino, nivelados los goyim del planeta Tierra en una masa amorfa e indiferenciada, sin posibilidad de verdadera inmortalidad y resurrección. Será la esclavitud total en el Imperio Mundial Judío, totalitario, demiúrgico, el último antes de la destrucción del Kalpa, con la desaparición momentánea del universo demiúrgico, dentro de sus fauces, como Lobo Fenrir.

* * * *

    Hacia atrás, el Dios, y hacia adelante el animal; seguros de sí ambos, sin dudar nunca. El Dios vuela, el animal se arrastra; pero no dudan. Por eso el Dios vuela. Los Dioses no dudan porque representan una sola tendencia. Thor es el Dios del Martillo; Freija-Afrodita, del Amor; Brahma es el Creador; Vishnú, el Preservador; Shiva, el Destructor. Y están inmóviles, en una sola posición, como los árboles y las montañas; o en una sola actividad, como Shiva y Krishna, en la Danza. También los animales se especializan, se "programan", como se diría hoy; hay perros de caza, perros guardianes y pastores. Sólo el Vîra, el Héroe, el Dios aprisionado en la materia demiúrgica, se halla escindido entre tendencias contrarias, en ese tormento, y se muere sin poder volar. Pero hubo un momento en que el niño-hombre también voló. Los místicos y los santos nos hablan de la fe y de que ella "mueve las montañas". Y tienen razón. Mas, ¿qué es la fe? Es algo que viene de afuera y que se recibe precisamente cuando, de algún modo, se aniquila el "yo". "La fe viene de Dios", nos dicen. Procede de algo externo, que sobrepasa al individuo. El Héroe, el hijo de un Dios y de una mujer de tierra, ya no tiene esa fe, porque tiene un "yo". Por lo tanto, duda poder volar. Y esa duda diabólica, incontrolable, instantánea, se presenta siempre en los momentos más decisivos de su vida, justo cuando va a empezar a volar. Entonces, se derrumba. Por esto el Héroe es un ser que va atravesando un abismo por sobre una cuerda que él mismo sostiene con sus manos. El joven iniciado SS sale por una ventana de la Torre de la Iniciación del Castillo del Hitlerismo Esotérico, de Wewelsburg. Y ya sin alas, porque no es más un ángel. Si en ese momento lo ataca la duda, caerá irremisiblemente en el abismo, que también él ha abierto para su ser; para poder llegar a ser Sí-Mismo.

     No es la fe la que permite al Héroe cruzar el abismo abierto entre la persona y la personalidad, entre el Dios que fuera y el Superhombre que será. Es la Voluntad.

     El Hitlerismo Esotérico sabe que la solución no se halla en la superación del "yo" por medio de su aniquilación, sino, por el contrario, en su exaltación en un Yo Absoluto. Era esto lo que se pretendía en las prácticas esotéricas y en las disciplinas de esa Yoga nórdica, hiperbórea, enseñada en Wewelsburg y en los Laboratorios mágicos y secretos de la élite SS. Alcanzar el Yo Absoluto, como único medio para el Héroe de superar el drama de la dicotomía de la encarnación. Bien entendido, no se trata tampoco del sistema junguiano de la "psicología de las profundidades", de la "Individuación", donde se está "psicologizando" algo que es espiritual y mágico, alquímico, un proceso de transmutación divina del Héroe, del Vîra. Para Jung, se trataría de trasladar el acento desde el individuo o persona recortada y racional, hacia un punto ideal, equidistante entre la conciencia y lo inconsciente, que vendría a ser el Selbst de Nietzsche, el Sí-Mismo. Ésta es la individuación, la totalización junguiana. Algo ideal.

     Pero el Hombre-Total, el Superhombre, el Sonnenmensch, el Hombre-Sol del Hitlerismo, es un Héroe que, gracias a las prácticas iniciáticas rúnicas y de Signos aun más antiguos que las Runas, redescubiertas por Wotan en el Árbol Iggdrasil, y gracias a la Ciencia Implosiva del A-Mor, de los Minnesänger, de los Armanen, ha llegado a recuperar su "ella", a reintegrarla a su ser, al mismo tiempo que ha encontrado a la Ella de ELLAEL, como Mujer-Absoluta, como Walkiria, y la ha A-Mado. Le ha sido así posible resucitar con el cuerpo, inmortalizándolo en la materia roja de Vajra. Al personalizarse de este modo, le ha dado un Rostro a su alma, el Rostro de la Amada. Ha dejado de ser un "yo" pequeño y recortado, vacilante, para transmutarse en NOS. También, por un proceso mágico e inexplicable a la razón, le habrá donado personalidad a la Persona, que se quedara esperándolo como al borde de una Fuente. Y, sin fundirse en Ella, la habrá recuperado afuera y dentro de sí mismo, unidos y separados para siempre. Así estará el Hombre-Total, Absoluto, frente a ese Dios.

     El éxtasis que acompaña esta Magia no es el Samadhi, que fusiona y pierde, sino el Kaivalia tántrico, que separa. No es el santo, sino el mago. Kaivalia viene de Kundalini, del Tantrismo Kaula, nombres sánscritos, de ese idioma hiperbóreo, y es la Serpiente ígnea, es la sangre de fuego de los Asen y los Vanen, recuperada por el Vîra, por el Héroe resucitado, por el Aryo, el nacido dos veces.

     Se ha recuperado el Poder de Odín (la Runa Odal) en la Memoria de esa Sangre, de modo que se ha vencido la Duda, la vacilación entre los extremos contrapuestos, alcanzando una seguridad artificial, si se pudiera decir, pero ya indestructible, la Voluntad Absoluta, Shudibudishvabhava, y la posesión del Arquetipo (no la posesión por un Arquetipo). Le ha sido posible al Héroe reabrir esa Ventana en la cima de su cráneo, más allá del shakra Sahasrara; Sunya, el Vacío, el Sol Negro, el Hueco Negro. Y redimir al Aion Saturno, liberar a Prometeo por medio de un trabajo de Hércules. Con el mantra Saham, que quiere decir: "Yo soy Tú". Y salirse hacia NOS, con el mantra Hamsa: "Tú eres Yo".

     La "biología robótica", demiúrgica, ha sido derrotada desde dentro por el Héroe, por el Vîra, por el Iniciado Hitleriano, la Naturaleza ha sido transfigurada por el Idealismo Mágico, en el que creían Novalis y los antiguos Minnesänger germanos. El Mago SS se ha dejado traspasar por un rayo, ha hecho estallar un explosivo sobre su cabeza, sin destruírse, ha sido transmutado. El Héroe ha reabierto esa "glándula" espiritual, ese Poder, ese Tercer Ojo del gigante Polifemo, que le permitía salirse y entrar, desintegrarse y reintegrarse, vivir en varios mundos a la vez, ser un Tulku, un Jivanmukti, un Boddhisattva, si lo desea, un Avatãra. Estar como Rudolf Hess, con el Führer y frente al Führer. Porque ha cumplido la Misión que Él le encomendara. La Verdadera Misión, el Verdadero Combate... Ha cruzado el abismo sobre una cuerda que él mismo sujetaba.

     Ésta es la Guerra del Hitlerismo Esotérico.–



1 comentario:

  1. Qual e' la differenza fra il demiurgo di Platone e il demiurgo degli gnostici e di Serrano?E nell'Induismo?

    Grazie

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