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jueves, 26 de octubre de 2017

Patrick Chouinard - Antiguos Orígenes de la Raza Aria



     De Patrick Chouinard (1979), periodista investigador y escritor sobre antropología, pro-Blanco, presentamos ahora en castellano otro interesante estudio suyo (Ancient Origins of the Aryan Race) publicado en Abril de este año (renegadetribune.com), una revisión de diversas evidencias pasadas y actuales de la antigua raza caucásica en diferentes partes del mundo a la que se le ha atribuído siempre ser la iniciadora y portadora de la cultura y la civilización. En particular se detiene en probables localizaciones de sus orígenes, los que serían bastante más antiguos que lo que se ha venido supuesto. Hemos realizado aquí pequeñas correcciones y adiciones puesto que un periodista muchas veces carece del rigor filológico de las fuentes.


Antiguos Orígenes de la Raza Aria
por Patrick Chouinard
3 de Abril de 2017



     La interminable saga de la evolución humana es provocativa y profunda, y nada es más misterioso que el origen de la población europea blanca del mundo. Contrariamente a la creencia popular, su historia y herencia se remontan a una antigüedad remota y olvidada. Somos una especie con amnesia, no sabiendo de dónde vinimos, sin la memoria de la época pasada y gloriosa de la Humanidad que sólo conocemos al redescubrirla.

     Sabemos por la estadística de hoy que aquellos de ascendencia europea blanca comprenden sólo el 8% de la población del mundo. Somos una de las minorías del mundo más diminutas sólo junto a los judíos, a pequeños miembros tribales primitivos y a los aborígenes australianos. Históricamente, sin embargo, este pequeño porcentaje de la población del mundo ha sido la fuerza principal de la civilización, la tecnología y el progreso tanto en el mundo antiguo como en el moderno. También generalmente ejercimos mayor poder e influencia que cualquiera otra raza o grupo de naciones. De todas las razas de la Humanidad ninguna ha sido más problemática, más controvertida y a la cual el mundo más le debe por su regalo de la Civilización Occidental.

     Los antiguos caucásicos dieron origen a una perdida civilización global a la cual debemos nuestra cultura y civilización de hoy. Aún podemos ver los monumentos que esa civilización perdida nos ha dejado, y oír las historias de los grandes dioses blancos que los construyeron y de los grandes héroes atlantes que vinieron al mundo en su mayor hora de necesidad. Hay enormes pruebas de que en tiempos increíblemente distantes, en regiones ahora conocidas por ser no caucásicas, gentes de piel blanca, rubios o pelirrojos, fueron tanto los fundadores como los defensores de la civilización. Durante siglos ha habido informes de antiguos pueblos caucasoides que florecieron en remotos rincones del mundo que más tarde desaparecieron misteriosamente de la Historia. Esos relatos hablan de gigantes blancos y pelirrojos y bárbaros con el pelo amarillo en países ahora casi exclusivamente poblados por pueblos no caucásicos. Con el tiempo, los arqueólogos modernos han encontrado rastros de sus cadáveres milenarios conservados en arenas desérticas o frígidos glaciares, e incluso muestras viables de su ADN serían descubiertas finalmente.

     Además de tales restos físicos, una gran cantidad de evidencia histórica y mitológica, tanto en forma escrita como de tradición oral, habla de civilizaciones perdidas que consistían en dioses de piel blanca y benefactores de ojos claros que ayudaron a establecer nuevas culturas. Según numerosos relatos de los indios norteamericanos, en el alba de su sociedad ellos fueron visitados por un gran dios Blanco que llegó desde una tierra lejana localizada al otro lado del mar, estableció su nuevo modo de vida, y luego se marchó, prometiendo volver algún día. En efecto, para nuestros antepasados —aquellos que habitaron la parte occidental de Eurasia— nosotros no fuimos hechos a imagen y semejanza del dios sino que más bien los dioses fueron un reflejo de espejo de la nuestra.

     En la cultura aria, esos dioses son ejemplificados por los Olímpicos griegos y los Aesir teutónicos, entre otros. El mundo griego antiguo era mencionado por los helenos como una "Tierra de Dioses y Monstruos". Los egipcios también creían que hubo una época llamada Zep Tepi, el "Primer Tiempo". Ése era un tiempo distante, casi olvidado, cuando los dioses mismos —Osiris, Isis, Seth, Horus, Thoth y otros— se cree que caminaron junto al hombre. También en ese distante tiempo Egipto y su civilización fueron creados por nuestros lejanos antepasados, una olvidada tribu de antiguos caucásicos finalmente revelados a nosotros por el propio ADN del rey Tutankamón y últimamente por muchos otros descubrimientos genéticos y arqueológicos.

     Los arqueólogos afirman que las primeras olas de los modernos humanos en Europa hicieron su camino desde el Golfo paquistaní, y por lo tanto nuestros antepasados, los proto-europeos blancos, se originaron en India, en las áreas del Norte que lindan con las montañas Kush e Himalayas y las tierras altas de Afganistán. Todavía vemos caras de tipo notablemente europeo en aquellas áreas hasta este día. Uno de los rostros más señalados fue presentado en una famosa tapa de la revista National Geographic [de 1985], una mujer joven que años más tarde fue ubicada en su casa con su marido y unos niños, una cara que el fotógrafo nunca olvidó.


     Entre los afganos, los hindúes del Norte, los iraníes y los kurdos hay muchos pueblos que se destacan de la muchedumbre como completamente fuera de lugar entre los otros habitantes morenos. Los pueblos de esas regiones son de piel mucho más clara que aquellos del Sur, y muchos ponen en duda la separación de nuestras poblaciones europeas. Ésta es una realidad física de la migración aria que uno no puede descartar fácilmente como simplemente una variación genética arbitraria.

     En su libro "Göbekli Tepe: Genesis of the Gods", Andrew Collins hizo un esfuerzo razonable para teorizar y explicar la antigua leyenda de los Vigilantes como está descrita en el Libro de Enoc y en la alusión a los Nefilim del Libro del Génesis. Collins explica el Libro de Enoc que, por supuesto, es un texto no canónico, no incluído en la Biblia:

     «...allí se cuenta cómo a Enoc, mientas descansaba en su cama una noche, se le acercaron dos seres extraños de aspecto angelical. Llamados Vigilantes, ellos le pidieron que los acompañara a un viaje a los Siete Cielos, uno que incluía el Jardín de la Justicia, donde los cuatro ríos del Paraíso tienen su origen, mientras otro conducía a la morada de los ángeles. Cuando estaban en el establecimiento celestial de los Vigilantes, a Enoc se le mostró una prisión en la cual un grupo entero de esos seres angelicales estaban encarcelados. Al preguntar qué delito ellos habían cometido, el patriarca fue informado de que doscientos de ellos desobedecieron las leyes del cielo descendiendo entre los mortales y tomando mujeres para ellos».

     Collins declara:

    «Después de leer el Libro de Enoc, me convencí de que esos Vigilantes, o "caídos", como los Anunnaki de la tradición sumero-acádica, eran individuos humanos muy poderosos que vivieron durante alguna distante edad de la especie humana. Ellos eran lo suficientemente avanzados para darnos los rudimentos de la civilización, lo que se recuerda en la manera en la cual los ángeles caídos revelaron a los mortales las artes y las ciencias prohibidas por el cielo. Más aún, sus enlaces sexuales con las "hijas de los hombres" expresaron su muy obvia naturaleza humana, así como su habilidad para co-crear a fin de producir una descendencia de carne y sangre que se parecía  a ellos tanto como a sus mujeres mortales. En el Libro de Enoc ellos son descritos como altos, con cabello blanco o rubio suelto, una tez rubicunda y ojos hipnotizadores que reslandecían tan brillantemente como el Sol. Uno podría comparar esa descripción con la mía posterior de los dioses chinos del Sol que supuestamente construyeron las Grandes Pirámides Blancas de la antigua China, las mismas estructuras que están en sitios planos pero que el gobierno chino niega que existan».

     En la literatura enoquiana, como parte de su castigo, los Vigilantes debían matar a los niños recién nacidos [fruto de su unión con las hijas de los hombres] ya que éstos eran una abominación para Dios. Los Vigilantes también podrían estar relacionados con el concepto del Cercano Oriente del djinn, los cuales eran gigantes que no quisieron inclinarse ante los Adamu, de manera que fueron exterminados por los dioses, quizá otro ejemplo de los ángeles caídos.

     El descubrimiento de momias de piel blanca en Nueva Guinea y Nueva Zelanda, y las persistentes referencias a pueblos divinos de piel blanca que habitaban masas de tierra ahora hundidas en el Océano Pacífico, plantea algunas interesantes posibilidades de una raza primordial. Sin embargo, la presencia de pueblos caucásicos perdidos en las Américas es sólo la piedra superior de una realidad mucho más amplia.

     Hoy existe un abrumador cuerpo de evidencias que sugieren una población ahora perdida de caucásicos. Las décadas pasadas del siglo XX vieron una revolución en nuestro entendimiento de la profundidad y magnitud de la migración e influencia caucásica prehistórica. En 1959, por ejemplo, comenzaron a emerger evidencias físicas concretas de primitivos pueblos proto-caucasoides que habitaron las Américas durante la Prehistoria.

     Arqueólogos que excavaban en la isla Santa Rosa fuera de la costa de California, desenterraron varios restos esqueléticos que se remontan a 10.000 a.C. con aparentes rasgos caucásicos. Dichos restos son antiguos, y tienen implicaciones mucho más allá de su aparente novedad y singularidad. Ellos son los remanentes físicos de una raza olvidada. Ellos son una serie perdida de tribus humanas cuyos descendientes ahora sólo componen el 8% de la población mundial pero que siguen influyendo en la cultura, la tecnología y los logros científicos y educacionales.

     Esta raza ha superado por lejos a cualquier otro grupo de gente en términos de artes y comunicación. Pero esos pueblos antiguos son muy diferentes de cualquier cosa presente hoy. Su linaje se remonta a una época distante y olvidada de la especie humana. Lejos en la Antigüedad, una raza perdida de hombres produjo una cultura avanzada en una época que los científicos convencionales dicen que ninguna gente podría haber hecho aquello. Ellos son un testimonio para sus dioses y de un estilo de vida que no es, ni puede ser, igualado en el pasado o el presente. Aquélla es una raza perdida de gigantes culturales y tecnológicos cuya civilización anterior se ha perdido para siempre. Su influencia, sin embargo, ha dado origen al inicio de la inteligencia humana como la conocemos, y ha dado nacimiento a la primera civilización antigua; en realidad, a toda la cultura humana.

     Los años '90 vieron el descubrimiento del hallazgo arqueológico más controvertido en historia de Norteamérica, el Hombre de Kennewick, un esqueleto de 9.000 años con rasgos claramente caucasoides, no mongoloides. Las reconstrucciones forenses del cráneo recuperado muestran una cara parecida a la de Patrick Stewart, el actor que interpretó al capitán Jean-Luc Picard en Star Trek: The Next Generation. Descubrimientos adicionales a través de todas las Américas insinuaron una población caucasoide primordial que vagó libremente a través de gran parte del hemisferio occidental.


     Hoy, hay pruebas de que las culturas antiguas alrededor del mundo fueron visitadas por razas caucásicas en antiguos tiempos, y ellas fueron representadas por historiadores y encargados de registros contemporáneos como dioses Blancos. En los textos védicos de la India, los dioses realmente son descritos como teniendo el cabello rubio. Están también las leyendas de los cristianos nestorianos de China y Asia Central que pueden ser la base del reino cristiano del Este dirigido por el mítico Preste Juan. Este autor los conecta con las momias de Tarim. Incluso se ha dicho que Kublai Khan tenía el pelo rojo y ojos verdes. Dado que hay quienes creen que los chinos viajaron hacia el Nuevo Mundo a principios del siglo XV, ellos entonces podrían haber llevado consigo la idea de un salvador que retorna, como creen los mormones.

     En "Aryan Sun Myths: The Origin of Religion" (1899), el autor Charles Morris mencionó la preponderancia del ideal mesiánico y sus orígenes en el mito y el saber indoeuropeo. Él también vinculó a los hebreos originales y los semitas con los arios, como lo hizo la polémica Helena Blavatsky. Esos viajeros de Asia a América también pudieron haber llevado con ellos su ADN caucásico. En efecto, la mayor parte de los historiadores está de acuerdo en que hubo numerosos informes acerca de "indios" caucásicos en las Américas redactados por exploradores europeos durante los primeros años de la colonización Blanca. [Hablando de la gente de la isla Santa Catalina en California, Gerónimo de Zárate relató en 1626 en sus Relaciones que "Las mujeres son muy hermosas y honestas; los niños son blancos y rubios y muy risueños"]. Es posible que nuestras leyendas tanto de gigantes como de deidades de piel blanca puedan estar relacionadas con aquellos tiempos.

     Los escritores de habla castellana del siglo XVI relataron que el pueblo incaico nativo de Sudamérica occidental reverenció a Francisco Pizarro y sus conquistadores como dioses poderosos y se refirió a ellos como "viracochas", porque su dios Viracocha —similar al de los polinésicos, mayas y aztecas— era de piel blanca. En efecto, la antigua ciudad de Tiahuanaco fue postulada como construída por una raza caída de gigantes o dioses Blancos.

     En su libro de 1940 "The Shadow of Atlantis" el coronel Alexander Pavlovitch Braghine afirmó que los pueblos caribes contaban leyendas de un barbado hombre Blanco al que ellos llamaban Tamu o Zune. Él había venido del Este, y había enseñado a la gente los rudimentos de la agricultura. Ese personaje después desapareció en dirección del Oriente hacia Europa Occidental. Braghine también promovió la noción de que Manco Capac era igualmente un hombre blanco y barbudo. El autor Gerd von Hassler, que habla acerca de la Atlántida, asoció la perdida raza Blanca con el bíblico Diluvio, y sostuvo aquello como la razón de su desaparición final.

     En Marzo de 2010 la comunidad arqueológica quedó impactada por el descubrimiento de otro esqueleto caucásico, esta vez en Mongolia. El ADN extraído de los huesos de ese individuo confirmó un vínculo genético directo con Occidente. En esencia, dichos restos eran claramente europeos, si no euroasiáticos occidentales. Esta vez, sin embargo, el antiguo cadáver no era tan antiguo, y sólo databa del siglo I d.C. El período de la llegada occidental prehistórica, o residencia en China y Asia de Este, está siendo continuamente empujado hacia atrás en el tiempo a una fecha aún más temprana. Los orígenes de algunas momias caucásicas se remontan a aproximadamente 6.000 años, y algunas son aún más antiguas. Pero el individuo mongol era por lo visto tenido en alta consideración por sus pares, como un actor principal en el Imperio Xiongnu, un crisol multi-étnico de antiguos nómadas euroasiáticos que desafiaron la supremacía de la dinastía Han. Esa antigua conglomeración de lenguas extranjeras y razas no-mongoloides sin duda consistió en muchos pueblos indoeuropeos.

     Durante 2007 investigadores peruanos encontraron literalmente docenas de momias caucásicas en una tumba abovedada sepultada a 25 metros bajo el suelo forestal de la selva del Amazonas. Aquéllas pertenecían a una raza pre-incaica conocida como los Chachapoyas, o "Gente de la Nube". Su descubrimiento confirmó reportes españoles del siglo XVI de "extraños indios blancos” con barbas en la misma región.

     Incluso las gigantescas estatuas de Isla de Pascua (a 3.700 kms. de la costa de Chile) atestiguan la llegada y el paso de una antigua raza caucasoide. Previamente, en 1915, la arqueóloga británica Katherine Routledge (The Mystery of Eastern Island) se enteró por un isleño nativo de la verdadera naturaleza del aspecto étnicamente diferente de los "Orejas Largas" u «hombres que vinieron de lejos en barcos. Ellos vieron que ellos tenían mejillas sonrosadas, y dijeron que ellos eran dioses» (p. 239).

     «El último verdadero ariki, o jefe, se decía que era completamente blanco. "¿Blanco como yo?", pregunté inocentemente. "Usted", dijeron ellos, "usted es roja"; el color de las mejillas europeas, a diferencia del blanco amarillento al cual ellos están acostumbrados, es para los nativos la marca que más nos distingue» (p. 221).

     John MacMillan Brown (citado en Frank Joseph, The Lost Civilization of Lemuria) convino en que "rojo" es «el término generalmente aplicado por los isleños de Pascua a los europeos. Y urukeku [ancestros de los Wai-ta-hanui, la tribu más antigua de Nueva Zelanda, llamados tambien aquellos antepasados como Moriori o Wai-ta-hanui, que se traduce como "gente del Oeste"] a menudo se ha traducido como "pelirrojo"». En efecto, las altísimas estatuas obviamente mostraban para Brown otra cosa que la fisonomía polinésica, «y si las finas caras ovaladas, los ojos grandes, el corto labio superior, y a menudo los labios delgados y arqueados de Apolo son alguna guía para una raza, ello indica una raza caucasoide». Obviamente, los antropólogos están perplejos por la aparente presencia de pueblos caucasoides en el Océano Pacífico prehistórico.

     Pruebas genéticas realizadas durante los años '90 mostraron rastros de ADN vasco en la gente de Rapa Nui y de la Gran Polinesia. Esas antiguas tradiciones orales no sólo están siendo sub-rayadas por los últimos avances hechos en la investigación genética sino que se combinan para mostrar que la prehistoria de América es mucho más rica en su trasfondo humano que lo que antes se sospechó. El argumento para una antigua presencia caucásica en remotas partes del mundo que no deberían tener ninguna tal influencia o afiliación en tiempos muy antiguos es persuasivo. Incluso tribus africanas del Oeste tienen leyendas de criaturas fantasmales que comparten el dominio sobre sus tierras y les dan el poder de pensar, cazar y organizar sus sociedades.

     Hay una masiva evidencia de una presencia aria en el Egipto antiguo. Como ha señalado la recopiladora Mary Sutherland, la momia de la esposa del rey Tutankamón tenía el cabello castaño rojizo. Además, una momia antigua con pelo rojo, bigote y barba también rojos fue encontrada sepultada dentro de las pirámides en Saqqara. Adicionalmente, las cavernas de cocodrilo de Aboutfaida poseían varias momias pelirrojas. El libro "A History of the Egyptian Mummies" [de Thomas Pettigrew] menciona un cadáver primigenio con el pelo castaño rojizo. La momia de Tutmosis II tiene el pelo de color castaño claro. Y, pruebas de una presencia gala y sajona también han sido reveladas por el profesor Vacher de Lapouge. Según De Lapouge, una momia rubia fue encontrada en Al-Amrah, y las medidas de su cráneo eran indicativas de la raza blanca. Momias rubias han sido encontradas en Silsileh también. Durante tiempos pre-dinásticos y del Antiguo Reino, Egipto era principalmente una sociedad caucásica. El ADN de momias examinadas revela que incluso las propias poblaciones de hoy principalmente semíticas y negroides irónicamente tienen rastros de aquel perdido linaje europeo.

     En "The Children of Ra" el autor Arthur Kemp destacó un estudio de ADN realizado por G. Lucotte (publicado en el American Journal of Physical Anthropology en Abril de 2003) que demostró la herencia racial mezclada de Egipto. Pero la investigación que ha continuado ha demostrado que, durante épocas pasadas, Egipto tuvo tres oleadas primarias de habitantes europoides. Durante tiempos pre-dinásticos llegaron miembros de una población pre-aria o antiguo-europea desde Europa del Este y el Mediterráneo. También llegaron invasores nórdicos durante el Antiguo Reino. Y continuadas olas de tribus indoeuropeas durante el reino Medio y principios del Nuevo Reino también llegaron a Egipto. De manera interesante, el perfil racial del rey Tutankamón es decididamente europeo occidental en su origen, y mientras uno se remonte por los orígenes egipcios, más homogénea y avanzada es la población caucásica.

     La gente del Norte de la India contiene una proporción significativa del haplogrupo genético R1a, la firma genética racial aria. Los invasores arios establecieron el sistema de castas, o Varna, que en sánscrito significa "color". El Bhagavad-Gita y los Vedas describen a los dioses de los hindúes como de piel clara y ojos azules. Los antiguos textos hindúes describen tanto los diferentes conflictos raciales de los Antiguos como los inminentes. En ellos, el líder de los arios era Indra, y éste es descrito como "destructor de los Dasyus", los negroides de la India. "Tú eres, Indra, el destructor de todos los castillos del enemigo, el asesino de los Dasyus, el prosperador del hombre, el señor del Cielo" (Rig Veda lib. 8, himno 87).

     El Rig Veda continúa describiendo a los Dasiu y utiliza el término "negro" en el curso de su referencia: "Indra, el matador de Vritra, el destructor de fortificaciones, ha dispersado los ejércitos de los Dasyus que habitan en el vientre negro" (Rig Veda, II, 20:7). El Rig Veda describe detalladamente la naturaleza de piel blanca de los adoradores arios que tienen "luchas que otorgan la luz del cielo" (Rig Veda, I, 130:8).

     En Afganistán tenemos muchos casos de cabellos rubios y ojos azules y verdes entre la población. Durante las batallas post-11 de Septiembre [de 2001, en EE.UU.], es sabido que cuando las razas mezcladas golpeaban el campo de batalla, los luchadores afganos eran implacables, pero, una vez que los arios entraron al campo de batalla, aquellos mismos afganos no eran encontrados en ninguna parte. Algo de la población de esa región ha permanecido intocado durante 8.000 años y es el receptáculo más fuerte del ADN R1a.

     Cuando Johann Friedrich Blumenbach (1752-1840) primero usó el término "caucásico" en 1795 para describir a la población Blanca de Europa, él apenas podía imaginar la historia épica que iba a desplegarse. Las enseñanzas de Blumenbach —un médico alemán e historiador natural— en anatomía comparada fueron aplicadas a la clasificación de las razas humanas. Él adoptó el término "caucásico" a partir de los habitantes nativos de las montañas del Cáucaso en Europa del Sudeste, una raza que él creyó que era la más hermosa y vigorosa en la Tierra. Sus argumentos ya no están de moda, pero había mucho más en la historia de los antiguos caucásicos que lo que Blumenbach o cualquier otro de su época podría haber imaginado.

     Nuestros antepasados, de aquellos de nosotros que somos de ascendencia europea blanca, habían estado mirando las estrellas y trazando el mapa del movimiento del cielo durante decenas de miles de años. Tanto los lingüistas como los antropólogos culturales han demostrado nuestro antiguo vínculo con la cultura védica de la India y la vecina antigua civilización persa. Los textos sánscritos de la antigua India están basados en una línea de tiempo que precede a cualquier concepción moderna de la proto-Historia. Eso coloca por consiguiente el origen de la civilización aria hace millones de años. Las escrituras sánscritas de la India tratan con la cultura, creencias e historia de los pueblos indo-arios. Muchos eruditos creen que los arios invadieron la India y establecieron los fundamentos de la cultura hindú. Creo que los textos védicos son completamente claros al respecto. Los arios antiguos son una cultura que se remonta a la época más oscura de la Antigüedad. En Europa, sin embargo, las pruebas genéticas así como las conclusiones de la antropología física demuestran que los europeos anatómicamente modernos, con el mismo fenotipo y rasgos culturales similares, aquellos que muestran semejanzas con los antiguos indios e iranios, puede ser remontados a fechas entre 45.000 y 30.000 a.C.

     En un artículo de Diciembre de 2005 los editores de la revista National Vanguard reportaron:

     «La más antigua evidencia biológica de europeos fue revelada recientemente en Mayo de 2005, cuando huesos encontrados en la República Checa fueron confirmados como representantes del asentamiento más temprano de humanos modernos en Europa. Los huesos, encontrados en Mladec, fueron fechados sometiendo dientes antiguos a la datación del Carbono-14, y se encontró que tenían aproximadamente 31.000 años. Este descubrimiento se relaciona con fechas de otros sitios en Europa que contenían artefactos característicos de la cultura Auriñacense, que datan de entre 30.000 y 40.000 años. Un hueso de mandíbula recuperado desde un sitio en Rumania es realmente más antiguo que el hallazgo en Mladec, pero los huesos de la República Checa representaban a media docena de humanos, la primera verdadera presencia grupal en suelo europeo» (National Vanguard, Diciembre de 2005)».

     El 19 de Septiembre de 1991 en los Alpes Ötztal cerca de la frontera austriaco-italiana, un increíble hallazgo arqueológico fue descubierto por una pareja alemana [Helmut y Erika Simon] que estaba de excursión en las montañas durante vacaciones. Ese milagroso descubrimiento era una "momia húmeda" europea, naturalmente conservada en una antigua capa de hielo. Ese cadáver es de gran significado para el estudio de los orígenes caucásicos y fue descrito en "The Iceman", un libro del científico alemán Konrad Spindler. El "Hombre del Hielo", u "Otzi", como ha sido llamado desde entonces, vivió y cazó en dicha región siglos antes de que el primer bloque de las pirámides egipcias fuera colocado. El Hombre del Hielo también llevaba consigo una lámina de sílex, una capa hecha de hierbas, y otros sofisticados implementos. Él también tenía 61 tatuajes.


     En el episodio de 1998 de la serie televisiva documental NOVA que apareció en el canal Public Broadcasting Service (PBS), titulado "Momias de Hielo: El Hombre del Hielo Retorna", fueron planteadas las principales cuestiones en cuanto a dicho antiguo cadáver:

    «La primera cuestión que los científicos tuvieron que abordar era la edad del Hombre del Hielo. ¿Podría realmente él tener esos [5.300] años? Para averiguarlo, pequeñas muestras de hueso fueron removidas para su datación con radiocarbono. Como todas las cosas vivas, el hueso contiene una forma de carbono llamado Carbono-14. Cuando un organismo muere, aquel carbono comienza a decaer en una proporción precisa como un reloj que transcurre en la eternidad.

    «Junto con el cadáver mismo, también se descubrió una variedad de instrumentos e implementos, incluyendo fragmentos de ropa andrajosa, un hacha de cobre, puntas de flechas a medio terminar, y diversos contenedores hechos de abedul. Los otros objetos eran "cuerdas de cuero crudo, dos hongos secados en correas de cuero... ropa finamente cosida hecha de pieles de animales... un arco inacabado más alto que el propio Hombre del Hielo, y restos de una bota llena de hierba todavía atada a un pie"» (NOVA, 24 de Nov. de 1998, The Iceman Returns).


     El hacha de cobre elegantemente formada era quizás su posesión más notable. Databa de antes de la Edad del Cobre, y los científicos creen que fue usada principalmente para un objetivo ceremonial o simbólico, quizá para denotar el status del Hombre del Hielo como un guerrero, sobre todo si él era un proto-ario, ya que los indoeuropeos son principalmente una raza guerrera, y la mayor parte de las raíces de sus palabras están relacionadas con la caza y la batalla, al igual que sus imágenes religiosas. Hasta finales de los años '70 se presuponía que el desarrollo local en Europa había sido un producto de la difusión, es decir, una asimilación gradual de conceptos y tecnologías extranjeros por medio de un contacto con culturas del Mediterráneo del Este y del Cercano Oriente durante largos períodos de migración.

     Por ejemplo, sitios de enterramiento de la temprana Edad del Bronce en Wessex, Inglaterra, fueron una vez considerados como productos de la civilización micénica. Si bien la evidencia actual sugiere que los antiguos caucásicos emigraron hacia e influyeron sobre la aparición de las antiguas civilizaciones de America y China, esta teoría del desarrollo caucásico es completamente incorrecta. Los europeos Blancos y sus antepasados en Asia realmente tuvieron una chispa creativa muy temprana que cambió el destino del mundo. Métodos más actualizados para determinar la edad revolucionaron nuestra conciencia de esa fase de la prehistoria europea.

     Recientemente, los científicos en Balzano, Italia, realizaron una prueba de ADN sobre el Hombre del Hielo. La prueba mostró que su linaje paterno es compartido ahora por casi todos los europeos modernos y está relacionado con algunos pueblos de Europa del Noroeste. Los estudios de su ADN mitocondrial, sin embargo, que puede ser rastreado sólo por el linaje materno, demuestran que él era parte de una raza alpina que se originó en las montañas hace aproximadamente 13.000 años que ahora está totalmente extinguida. Él era realmente una mezcla de sangre nórdica y esta distinta y ahora olvidada raza pre-aria. Esta raza era previamente desconocida por los antropólogos. Sin embargo, algunos aspectos de su ADN paterno también se parecen a aquellos de la gente que ahora se encuentra en Cerdeña.

     Pero ¿vino él de Cerdeña? No, dicen los científicos. La gente de Cerdeña ha estado aislada de otros grupos demográficos europeos durante mucho tiempo, y su antiguo ADN ha permanecido menos diluído por las posteriores oleadas de Blancos que invadieron el continente de Europa hace muchos siglos. De ahí que la gente de Cerdeña hoy se parezca más estrechamente a la mayoría de los europeos de la época del Hombre del Hielo, o al menos así dice la teoría.

     El mundo del Hombre del Hielo era ya antiguo cuando Stonehenge y las Pirámides fueron construídos. La civilización largamente perdida de Otzi está envuelta en las nieblas del tiempo, y la arqueología ha revelado efectivamente sus secretos:

    «En Junio de 2005 los arqueólogos descubrieron la civilización formalizada más antigua de Europa, una red de docenas de templos, 2.000 años más antiguos que Stonehenge y las Pirámides egipcias. Más de 150 monumentos gigantescos fueron encontrados bajo tierra en campos y ciudades en Alemania, Austria y Eslovaquia, construídos hace más de 7.000 años, entre 4800 y 4600 a.C. Más de 150 asentamientos han sido identificados hasta ahora, y se espera que poco a poco se descubran más. Construídos de tierra y madera, ellos tenían terraplenes y empalizadas que se extendían hasta por 800 metros. No debería, por lo tanto, ser sorprendente enterarse de que una gran parte de lo que es tradicionalmente aceptado como cultura europea, y cultura europea cristiana, es de hecho parte de una herencia cultural mucho más antigua y largamente establecida que se remonta a muchos miles de años. El cristianismo sólo ha sido una religión dominante en el continente de Europa durante menos de 1.600 años —y en algunas partes de Europa del Norte y del Este durante menos de 900 años— y entonces es de interés particular ver que muchos rituales y costumbres son, incorrectamente, tan a menudo considerados como cristianos en su origen» (National Vanguard, 2008).

     «Aproximadamente entre 7000 y 3500 a.C. los habitantes de esa región desarrollaron una organización social mucho más compleja que sus vecinos occidentales y del Norte, desarrollando asentamientos que a menudo equivalían a pequeños pueblos, una inevitable especialización en las artes y creando instituciones religiosas» (Marija Gimbutas, [...] 1-10).

     «Un templo prehistórico recientemente descubierto está cuestionando el paradigma aceptado de la civilización humana. Göbekli Tepe ("colina barriguda" en turco) está fechada en alrededor de 12.000-10.000 a.C., o el tiempo de la destrucción de la Atlántida. El sitio incluye masivas piedras esculpidas, incluyendo dos pilares en forma de T. Rodeando a esos megalitos principales, que tienen aproximadamente 5 metros de alto, hay varias piedras más pequeñas que miran hacia dentro. En los costados de las piedras hay adornos detalladamente esculpidos de zorras, leones, escorpiones y buitres» (Andrew Curry, 2008).


     Coppens menciona el descubrimiento de "la ciudad bíblica de Jericó y sus murallas de piedra", que fueron datadas de 8000 a.C. Tal como Göbekli Tepe, el descubrimiento de Jericó empujó hacia atrás la aparición de las primeras ciudades a una fecha mucho más temprana. El descubrimiento de Jericó marcó el primer golpe contra el paradigma mundial aceptado.

     Tanto Andrew Collins como Laird Scranton han hecho un trabajo muy significativo sobre el asunto de los antiguos caucásicos en el mito y en la realidad. Ambos autores vinculan la estructura de entre 12.000 y 25.000 años de Turquía, Göbekli Tepe, con el origen de la civilización antigua. Yo también teorizaría que Göbekli Tepe precedió al nacimiento de la Atlántida, la cual explico que es una antigua civilización indoeuropea que fue inundada y luego hundida bajo el Mar Negro cuando éste fue a su vez inundado hace 7.600 años. Otras culturas, incluyendo los semitas y los indo-iranios, se originaron allí, lo que explicaría las similitudes existentes entre las escrituras bíblicas y hebreas y la de los textos arios.

     Scranton, sin embargo, no logra establecer la conexión entre los antiguos caucásicos, una raza que habitó la región en ese entonces, y pasa demasiado tiempo entusiasmándose con la tribu Dogón, de Mali. Giorgio Tsoukalos y los otros del grupo partidario de los Antiguos Alienígenas creen que los dioses de los dogones, o gente del cielo, eran extraterrestres, no fijándose en los antiguos caucásicos, de quienes creo que tuvieron en un tiempo una tecnología más considerablemente avanzada, como los Vimanas y muchas otra armas y tecnología de vuelo actualmente desconocida por nosotros.

     Yo fui educado como un evolucionista estricto, y creo que hubo un amplio tiempo en este planeta para que nuestra gente evolucionara. He leído el libro "Hamlet's Mill" [de Giorgio de Santillana y Hertha von Dechend] y también he estudiado el colapso del Imperio romano y cómo los europeos descendieron hacia una edad oscura y primitiva donde la gente no podía siquiera identificar las desintegradas ruinas del Imperio como construídas por manos humanas. Pienso que es muy probable que los antiguos caucásicos sean la civilización global perdida que Graham Hancock y otros han estado buscando, y la base de la creencia en gigantes y dioses del cielo. Pienso que después de que la raza de gigantes intelectuales fue destruída, como lo describí en mi libro "Lost Race of the Giants" (2013), tuvimos lo que Graham Hancock había llamado amnesia racial, pero el grupo que cree en los Antiguos Alienígenas va por el camino incorrecto en sus deducciones.

     No tengo dudas de que nuestra especie ha encontrado extraterrestres en el pasado distante, y tal vez ellos incluso sembraron la vida aquí en un tiempo, pero rechazo la noción de que ellos sean los únicos creadores de la antigua civilización o que tengan en sus manos nuestra historia y futuro destino. Aquéllos representan la transmisión de información a los mortales, y creo que los antiguos caucásicos eran más altos, mucho más altos que el humano promedio de entonces, más inteligentes y más físicamente aptos, y que tenían un gran genio tecnológico e ingenieril. Tan racista como esto pudiera sonar, pienso que la Historia exige esta deducción.

     El fenómeno del Mar Negro, como yo lo llamo, no es el único origen probable de los proto-Indoeuropeos o de la localización de su patria. Está el hecho de que India ha permanecido como una de las civilizaciones arias más antiguas y más continuamente habitadas, y en un tiempo la más avanzada. En la escritura sánscrita de la India es presentada una prehistoria épica para la raza aria. La fuerza racial que India una vez poseyó ya ha acabado. Además, su civilización, al menos la civilización de los antiguos arios, se ha ido hace tiempo. Pero tal como China, otra civilización que una vez fue aria, todavía se mantiene como un lugar de integridad y éxito como una nación independiente.

     En su libro "Forbidden Archaeology and Human Devolution", el brillante investigador Michael Cremo planteó el argumento de una mayor antigüedad de la raza humana. Yo acepto la noción de que esos textos védicos hablaban específicamente del origen de los indoeuropeos, quienes pueden haberse originado en las antiguas montañas del Norte de la India, y aquél podría ser incluso el origen de la vieja idea europea de dioses que residen en las montañas, como el monte Olimpo, o el uso mismo del nombre "gente del cielo". Los Antiguos Arios y su dios Indra podrían, en efecto, haber descendido como águilas desde su reclusión en sus montañosos nidos en los Himalayas y el Hindu Kush.


     Los arios antiguos, o grandes dioses Blancos, también pueden haber estado vinculados completamente a las estrellas por medio de la religión astrológica. Sólo por esa razón los antepasados de los indios, iraníes, afganos, kurdos y europeos de hoy, y sus descendientes, pueden haber sido vistos como gente del cielo. Entre pueblos de Asia Occidental, del Sur y Central hay muchos remanentes de aspecto muy nórdico de esa población hace mucho desaparecida. Eso, sin embargo, está disminuyendo lentamente en todas partes, sobre todo en Europa, donde el índice de natalidad de la población nativa está por debajo del nivel de reemplazo y que ahora tiene que luchar con millones de africanos y pueblos árabes musulmanes que se han aglomerado allí; como dijo la judía sionista Barbara Spectre, definitivamente va a haber una transformación. Yo respeto y admiro nuestra propia cultura y civilización, y no doy la bienvenida a esta transformación por ningún motivo.

     Volviendo a Göbekli Tepe, pienso que Scratton subestima o al menos es inconsciente de la investigación hecha en cuanto a los pueblos europeos o indoeuropeos, entre los que se incluye el pueblo védico primordial. El autor racial Arthur Kemp, en su libro "March of the Titans: The Complete History of the White Race", hizo la observación de que el color claro de la piel, los ojos y el cabello puede ser simplemente una mutación genética no relacionada sólo con el medioambiente. Eso podría colocar el origen de la raza caucásica en la antigua India, en las frías regiones de las montañas del Himalaya o en algún lugar más al Sur. En efecto, la idea largamente considerada de colocar a los arios en Asia Central o Europa puede estar equivocada.

     En cuanto a antiguas civilizaciones claves del pasado, Scranton menciona a los dogones de Mali. Eso me parece raro porque a pesar de su muy avanzada mitología relacionada con la astronomía, la cual los teóricos de los Antiguos Alienígenas favorecen fuertemente, los dogones no son ni significativos ni únicos. Pero Scranton mencionó realmente que los dogones, así como otros, sienten que ellos tuvieron un avanzado mentor racial que los guió durante su prehistoria.

    «Ya hemos hablado de diversas culturas cuyas tradiciones con respecto a una creación parecen ser fundamentalmente similares unas con otras. Entre éstas se incluyen las culturas de la tribu Dogón de Mali de nuestros días, los antiguos egipcios, los antiguos budistas, las tribus tibetanas Na-Khi, y los antiguos chinos. En cada una de estas culturas hay una incesante creencia de que las capacidades civilizacionales relativas a la agricultura, el arte textil, la cerámica, la metalurgia, la albañilería de la piedra, la domesticación de animales y el lenguaje escrito —entre otros— fueron intencionalmente dadas a la Humanidad en alguna remota Era por sabios y cuasi-míticos ancestros-maestros o ancestros-deidades» (Laird Scranton, Point of Origin, p. 9).

     Eso puede tener sentido, ya que tanto los asiáticos como muchos otros pueblos tienen algún ADN en común con los antiguos europeos Blancos, similitudes que no están allí simplemente por nuestra herencia humana común. Esto sugiere que algún tipo de mezcla o mestizaje hubo ocurrido en el pasado distante entre pueblos europeos Blancos y no europeos. Esto también sugeriría que los antiguos caucásicos tuvieron una amplia presencia en tiempos antiguos, y el poder y la tecnología para mantener aquella presencia mediante avanzados medios de transporte.

     En la edición de Enero/Febrero de la revista de Historia The Barnes Review se analizó la evidencia mitológica y arqueológica de la influencia blanca sobre el surgimiento de la civilización global, en un artículo titulado "Ancient Caucasians: The Legacy of the Fallen Race". Ese artículo echó un vistazo al enorme número de civilizaciones globales que acreditan que "dioses blancos" llevaron a sus pueblos los fundamentos de la civilización, incluyendo la religión, la astronomía, la medicina, la agricultura, avanzadas técnicas de construcción y más. Entre la gente que a menudo se ha creído que evolucionó independientemente del Mundo Occidental estuvieron los chinos. A principios de los años '90, sin embargo, la solidez de la teoría de unos aislados orígenes asiáticos fue cuestionada para siempre.

     Ya en 1974 la enorme tumba del primer Emperador de China había sido desenterrada, presentando un ejército entero de soldados de terracota individualmente moldeados y adornados como si estuviesen dispuestos a seguir al Emperador en la vida futura. Si bien los soldados de terracota simplemente corroboraron las presunciones chinas sobre sus propios orígenes, otro descubrimiento que se remonta a los primeros años del siglo XX, y finalmente descubierto de nuevo casi 100 años más tarde, resultaría ser dañino para la cosmovisión china. En 1988, en una sala trasera de un viejo museo, el profesor Victor H. Mair de la Universidad de Pennsylvania tropezó con uno de los mayores descubrimientos arqueológicos chinos de todos los tiempos: momias caucásicas.


     Dispersas a través de las desérticas arenas de la cuenca del Tarim en la actual Xinjiang [el desierto Taklamakan al Oeste de China] había momias tan diferentes de la población estándar de Asia del Este que ellas indicaban una historia estimulada por visitantes del Oeste. En efecto, una leyenda antigua en cuanto al nacimiento del mundo decía que un ser gigante, Pan'Ku, que fue descrito como de un largo cabello rubio que cubría la mayor parte de su cuerpo, creó el mundo y su gente de su propio cuerpo y cabello. Esa leyenda refleja antiguos mitos europeos como los de tribus tanto germánicas como célticas.


     El hecho de que fueran antiguos arios los que llevaron a los chinos la rueda, el caballo domesticado, e incluso armas de hierro, ha sido conservado en su mitología como una memoria racial de acontecimientos pasados. Según el mito chino, algunas de sus pirámides más antiguas, incluyendo aquellas que están cerca de Mongolia y la cuenca del Tarim donde las momias caucásicas fueron encontradas, fueron construídas por dioses del Sol. Esos dioses chinos del Sol fueron representados como altos, rubios y de ojos azules, con una tez clara y rubicunda. En el mito hindú los arios son descritos como los brillantes, a quienes el poder del Sol les dio sus derechos de nacimiento.

     También, en el mito tibetano, Agni, el dios del fuego y la creación, usó el símbolo del Sol, una esvástica, como el instrumento de creación, conocida como taladro para fuego [fire-whisk, o también conocida como cruz bifurcada]. La esvástica es el símbolo eterno de los arios, del Sol y la creación, y es también el símbolo de los dioses chinos del Sol.

     Se ha dicho que Kublai Khan tenía el pelo rojo, ojos verdes y pecas, habiendo tomado su padre a una mujer blanca como una de sus compañeras. Los chinos comunistas han negado durante mucho tiempo la existencia de sus pirámides debido a leyendas que afirman que ellas fueron construídas por hombres Blancos, no por sus antepasados chinos.

     Hay una enorme pirámide sumergida en el Mar de China conocida como el monumento Yonaguni. Esa pirámide escalonada, hecha famosa por el popular escritor Graham Hancock y el geólogo inconformista Robert Schoch, está estructurada como las de Asiria, que era originalmente con toda probabilidad una nación aria.


     Las momias chinas presentan un problema único a aquellos que suponen que los asiáticos del Este son más inventivos que los Blancos, o que China fue siempre un país mongoloide. No lo fue. Durante los últimos 2.500 años ocurrió una importante transformación biológica en la población china. Antes de ese gran cambio, ocurrió una modificación aún más dramática. De este modo, los chinos de hoy contrastarían drásticamente con aquellos de hace 9.000 años. A medida que los mongoloides aumentaron en número, sus migraciones desplazaron a la población china blanca nativa, empujándola a través del continente hacia Rusia y Europa. Las autoridades chinas y el establishment liberal y marxista en Europa y Estados Unidos siguen negando estos hechos.

     Andrew Collins ha aparecido con la brillante idea de identificar a los Vigilantes de la Biblia y el Libro de Enoc, con altos chamanes de tipo nórdico que ayudaron a comenzar la edad Neolítica y que bien pueden haber sido aquellos que crearon Göbekli Tepe. En "Göbekli Tepe: Genesis of the Gods", Collins escribe:

     «En la literatura enoquiana ellos son descritos sólo como altos de estatura, con un cabello largo y blanco, piel pálida, tez rubicunda y ojos hipnotizadores que muy literalmente brillan como el Sol».

     Collins cita un texto fragmentario conocido como el Testamento de Amram [de los Rollos del Mar Muerto] que dice que los Vigilantes eran "de cabezas alargadas, con un rostro estrecho, que se calificaría como viperino". Aquí vemos descripciones idénticas de dos culturas distintas, las culturas del Oriente Próximo y la de la antigua China. También se ha dicho que los Vigilantes habían sido portadores del conocimiento sagrado, el cual habrían revelado tanto a Enoc como a las hijas de los hombres con las cuales tuvieron contacto íntimo y produjeron descendientes, los Nefilim, quienes fueron posteriormente muertos por los Vigilantes como castigo por desobedecer las leyes de Dios y de la Naturaleza.

     Hacia comienzos del quinto milenio a.C. muchas de esas pequeñas tribus entraron en un período de rápida expansión y erigieron estupendos monumentos de piedra llamados megalitos. Éstos fueron construídos con una tecnología todavía desconocida por la ciencia moderna. En las regiones danubiana y báltica, el temprano desarrollo neolítico fue acelerado a un ritmo inimaginable. En las culturas Starcevo (cerca de Belgrado, en la actual Servia) y Danubiana, se alcanzaron grandes niveles de innovación. La cultura Sesklo (en Tesalia, en la antigua Grecia), localizada en los Balcanes del Sur, fue el primer pueblo en Europa que construyó ciudades reales, construídas en una especie de diseño "proto-urbano". Eso fue llevado a cabo hace aproximadamente siete mil años, incluso antes de que las naciones de Mesopotamia surgieran del sofocante polvo de la Tierra. Pueblos fortificados que se parecían muchísimo a algunos centros municipales de las tempranas ciudades-Estados, también en Tesalia, caracterizaron la cultura Dimini (Enciclopedia Encarta 98).

     Las excavaciones en los Balcanes han mostrado que hace 6.000 años el hacha de cobre, el mismo exacto instrumento encontrado junto al Hombre del Hielo, había estado en uso durante décadas en la cultura Vinca (hacia 4500-3000 a.C.). Durante esa nueva edad, el comercio, sobre todo de ámbar del Báltico, se estaba convirtiendo en una parte vital de esas sociedades crecientes. En Europa Central (Bohemia, en lo que es ahora la República Checa), los depósitos de cobre y de estaño fueron utilizados a medida que la Edad del Bronce surgía durante el tercer milenio a.C. Cuando la nobleza, y finalmente la realeza, se convertían en un hecho de la sociedad humana, inmensas tumbas estaban siendo construídas para alojar los cuerpos y las almas de los líderes caídos (Encarta 98).

     Nuestra comprensión de los orígenes europeos ha aumentado exponencialmente durante las últimas décadas. Parece que la piel clara y el pelo rubio se hicieron predominantes entre los europeos tan tempranamente como en la Edad del Bronce entre 1000 y 3000 a.C. Antes de ese período, es evidente ahora que los ojos azules, una mutación única entre los europeos, eran generalizados ya hace 8.000 ó 7.500 años entre los europeos nativos, o pre-arios, cazadores-recolectores que tenían la piel morena parecida a aquella vista en India Central o el Oriente Medio. Los expertos del pasado estuvieron de acuerdo en que los europeos descendían de dos linajes ancestrales distintos: los cazadores-recolectores de ojos azules y piel morena, y los tempranos agricultores europeos que llegaron alrededor de hace 7.500 años a lo que es la actual Alemania. Esos tempranos agricultores no eran poblaciones de habla indoeuropea y estaban más principalmente relacionados con los vascos de la península ibérica.

     Un nuevo estudio, sin embargo, indica un tercer linaje. Investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard y de la Universidad de Tubingen en Alemania han documentado ahora una contribución genética de un tercer ancestro: antiguos euroasiáticos del Norte. Ese grupo parece haber contribuído a los caucásicos actuales también. Ese mismo linaje es el antepasado común tanto de los europeos del Norte como de los indios norteamericanos. De hecho, la mayor parte de los indios norteamericanos comparten más en común con los pueblos más antiguos de Europa que con los de Siberia o África. "El mismo grupo euroasiático del Norte Antiguo contribuyó a ambos". Es incluso verdadero que aquellos europeos que descendieron de recién llegados del Cercano Oriente alrededor de hace 6.000 años comparten conexiones con un linaje aún más antiguo llamado los Euroasiáticos de Base.

     El estudio de cómo evolucionaron los primeros europeos hasta convertirse en la población Blanca de hoy fue iniciado por Johannnes Krause, el profesor de arqueo- y paleogenética de la Universidad de Tubingen y co-director del nuevo Instituto Max Planck para Historia y Ciencias en Jena, Alemania. Para hacer eso él recolectó el ADN de miles de individuos por todo el mundo y nueve antiguos humanos de Suecia, Luxemburgo y Alemania. Ente éstos se incluían ocho cazadores-recolectores de 8.000 años antes de la llegada de la agricultura y uno de hace 7.000 años, entre los cuales también se incluyó el ADN del famoso Hombre del Hielo, llamado Otzi.

     El ADN de antiguos euroasiáticos del Norte no estaba presente en los cazadores-recolectores de hace 8.000 años, ni en los tempranos agricultores de hace 7.000 años. Esto sugiere que este nuevo linaje fue introducido más recientemente. "Casi todos los europeos tienen una ascendencia de todos esos tres grupos ancestrales", dijo Iosif Lazaridis, un investigador en genética del Reich Laboratory [de la Universidad de Harvard, en EE.UU.] y primer autor del informe.

    «Las diferencias entre ellos se deben a proporciones relativas de ascendencia. Los europeos del Norte tienen más ascendencia de cazadores-recolectores —hasta aproximadamente el 50% entre los lituanos— y los europeos del Sur tienen más ascendencia de agricultores».

     «La ascendencia asiática del Norte Antigua», añadió Lazaridis, «es proporcionalmente el componente más pequeño en todas partes en Europa, nunca más del 20%, pero lo encontramos en casi cada grupo europeo que hemos estudiado y también en poblaciones del Cáucaso y el Oriente Próximo. Una transformación profunda debe haber ocurrido en Eurasia del Oeste después de que llegó la agricultura».

     Al principio el ADN euroasiático del Norte era un marcador genético distinto pero desconocido. Ninguna equivalencia de ADN conocido podría ser hecha. Se trataba de algo completamente único para los investigadores. Entonces, en Enero de 2015 un resto euroasiático del Norte fue encontrado en Siberia. Eso permitió a los investigadores determinar a los parientes más cercanos, incluyendo europeos del Norte e indios nativos norteamericanos. El grupo conocido como los Euroasiáticos de Base se bifurcó de todos los remanentes del ADN africano incluso antes de que lo hicieran los aborígenes australianos, haciendo de ese antepasado de los europeos uno de los más antiguos en la Tierra.

     En el curso de este artículo hemos examinado el descubrimiento del Hombre del Hielo, así como sugerencias de que tanto los europeos Blancos como las civilizaciones de Irán e India se remontan a una edad mucho más distante que lo que antes se pensaba. También hemos sugerido que la población de Europa, al menos los indoeuropeos, tuvo su principio fuera de Europa o Asia Central, y puede incluso haberse originado en la montaña, comenzando en el Norte de la India o incluso más al Sur. ¿Pero qué hay del Hombre del Hielo? Con la información recolectada por esta investigación, sabemos lo que sucedió. Hace cinco mil años, un montañista solitario fue de excursión por la escabrosa tierra salvaje alpina. Su verdadero destino e identidad se han perdido para siempre en las arenas del tiempo. Por lo que sabemos, él llegó a una cañada cercana. Agotado, se detuvo y descansó al lado de una gran roca. Lo que pasó después cambiaría al mundo para siempre: él obviamente fue sobrepasado por los elementos y falleció.

     Cincuenta siglos más tarde, él surgiría de su helada tumba para sorprender y cautivar al mundo de los hombres. En 1998 el gobierno austriaco entregó el cuerpo del Hombre del Hielo a Italia, su verdadero lugar de origen. Él fue llevado a la ciudad italiana de Bolzano, en la localización de su asentamiento original miles de años antes. Flanqueado por una escolta militar, fue llevado a un museo de diez millones de dólares construído en su honor. Él había completado el círculo. A Otzi el Hombre del Hielo le puede haber tomado varios milenios, pero su espíritu pudo brillar con toda justicia sobre su cuerpo sin vida y sonreír diciendo "Bienvenido a Casa".

     Otzi, un involuntario viajero del tiempo, plantea muchas preguntas. Dan Rather, el periodista estadounidense, lo calificó como "el cadáver más famoso desde el rey Tutankamón" (NOVA, Nov. de 1998, The Iceman Returns). Ese hallazgo y todos los otros descubrimientos como aquél, son esenciales para el estudio de los orígenes de la Europa del Norte, y en realidad para la subespecie caucásica entera. Lo que es asombroso sobre ese particular desentierro arqueológico es que rivaliza en comparación con algunos grandes hallazgos de Egipto, el Oriente Medio y las Américas, pero fue en el corazón de Europa donde la raza nórdica primero apareció.–



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