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domingo, 24 de septiembre de 2017

Sobre el "Problema Judío" de Nietzsche (2)



     El doctor judeo-estadounidense Brian Leiter (1963), profesor de jurisprudencia en la Universidad de Chicago, y autor, entre otros libros, de "Nietzsche on Morality" (2002), publicó en Diciembre de 2015 en newramblerreview.com el siguiente artículo (Nietzsche’s Hatred of "Jew Hatred"), que hemos traducido, en el cual, continuando con la entrada anterior en este blog, realiza un breve examen del libro de 2015 de Robert Holub "Nietzsche's Jewish Problem", donde da a entender que Holub no sólo no domina la filosofía del pensador alemán sino que además, en su búsqueda de probar su tesis preconcebida, simplemente no tiene éxito. En seguida hemos puesto en castellano una breve entrevista al señor Holub, de Septiembre de 2015, acerca de su libro en cuestión (blog.press.princeton.edu), donde explica a qué apunta, y finalmente tradujimos un breve e ilustrado comentario (Nietzsche. Between Good and Evil) con motivo del mismo libro hecho por Leslie Jones, editor del sitio quarterly-review.org, con lo que finalizamos esta serie dedicada a precisar la cuestión de los judíos y el judaísmo en el pensamiento de Friedrich Nietzsche.


El Odio de Nietzsche al "Odio Judío"
por Brian Leiter
21 de Diciembre de 2015



     Revisión de "Nietzsche’s Jewish Problem: Between Anti-Semitism and Anti-Judaism", de Robert C. Holub, Princeton, 2015.


     El tema de Robert Holub proviene de un accidente histórico: el triunfo de los nacionalsocialistas a principios de los años '30 significó que todas las lecturas competidoras alemanas de Nietzsche (en ese entonces la figura preeminente en la cultura alemana) fueron suprimidas y él fue reclutado al servicio del Nacionalsocialismo, el que lo ha contaminado desde entonces con anti-semitismo. En un respecto, Holub es admirablemente claro: "No hay ninguna duda de que [Nietzsche] estaba inequívocamente opuesto a lo que él entendía como anti-semitismo y anti-semitas" (p. 125; cf. XIV, 208). Sin embargo, sostiene Holub, Nietzsche es aún así culpable de "judeofobia", es decir, de mostrar una "tendencia negativa hacia los judíos y el judaísmo" (XIV; cf. p. 209).

     Curiosamente, el libro trata de presentar su caso en gran parte por medio de cartas y material inédito —así como mediante muchas insinuaciones y especulaciones— más bien que con un involucramiento sistemático con el trabajo filosófico real de Nietzsche, hasta el capítulo final. Consideramos, en lo que sigue, las pruebas presentadas y las a veces asombrosas inferencias que Holub saca de todo ello.

     En un iluminador primer capítulo, Holub documenta las diferentes maneras en que fue recibido Nietzsche antes de la época nacionalsocialista, notando que los izquierdistas fueron atraídos hacia Nietzsche debido a sus "expresiones bastante vívidas de desprecio hacia las instituciones de la sociedad de la clase media, que ellos también rechazaban" (p. 3). A medida que la fama de Nietzsche crecía, aquellos que estaban en la Derecha alemana afrontaron el dilema de que "sus muchas declaraciones peyorativas sobre los alemanes y Alemania" hicieron "problemático" apropiarse de su figura para su causa (p. 8). Los tempranos comentaristas alemanes, como Adolf Bartles, incluso reconocen "que Nietzsche no es ningún anti-judío" (p. 8).

     El intérprete crucial para los propósitos nacionalsocialistas, sin embargo, fue Alfred Bæumler, que sostuvo en los años '30 que "los comentarios anti-alemanes de Nietzsche deben ser entendidos en el contexto del gobierno de Bismarck" (p. 13) y que la alabanza que Nietzsche prodiga a los judíos debe ser entendida "de manera retórica... como un contraste para los alemanes a fin de incitarlos a la grandeza" (p. 13). En otras palabras, aunque Nietzsche odiara el militarismo y el nacionalismo de los alemanes, se trataba sólo de la versión de Bismarck; y aunque él prodigara alabanzas a los judíos, era sólo para inspirar a los buenos alemanes a hacer mejor las cosas. Apoyado por el Estado nacionalsocialista, en el cual Bæumler sirvió como un importante enlace nacionalsocialista con las universidades, esa distorsionada hermenéutica prevaleció y ensució la reputación de Nietzsche.

     Holub critica a eruditos más tempranos como Karl Schlecta y Walter Kaufmann, que afirmaron que la reputación de Nietzsche como un anti.judío se había debido a la intromisión editorial de su hermana proto-nacionalsocialista Elisabeth. Hay pocas dudas de que ella editó selectivamente los escritos de su hermano para fines de publicación, pero Holub sostiene que "la motivación de ella para adulterar la correspondencia era principalmente personal, no ideológica; dicho simplemente, ella falsificó cartas para hacer parecer que ella era muy cercana de su hermano en la década de 1880, como lo había sido durante la década anterior" (p. 20). Y cuando Elisabeth excluyó pasajes en las ediciones de ella de los libros de Nietzsche, "casi todos los pasajes... excluídos... plausiblemente pudieron haber servido, en su mente al menos, para dañar la reputación de Nietzsche porque ellos contienen asaltos directos contra Jesús y la religión cristiana, o contra la monarquía prusiana" (p. 26). Holub es persuasivo en su exculpación de Elisabeth: Bæumler y los nacionalsocialistas hicieron mucho más daño a la reputación de Nietzsche que ella.

     El capítulo 2 comienza la búsqueda de Holub de pruebas de la judeofobia de Nietzsche. Nos enteramos de que creciendo en Sajonia (Nietzsche nació en 1844), Nietzsche habría tenido poco o ningún contacto con judíos o con la cultura judía antes de su transferencia a la universidad en Leipzig. Nos enteramos de que cuando joven Nietzsche había pensado ir a Breslau a estudiar con el erudito judío en materias clásicas Jacob Bernays (p. 36); que en 1864 él tomó un favorable "interés en la obra de Lessing acerca de la tolerancia religiosa ["Nathan el Sabio"], y que hizo dos comentarios liberales [de dicha obra], lo que sugiere que él era de una mente bastante abierta hacia la cuestión judía" en esa etapa (p. 39); que su reverenciado mentor, el filólogo clásico Friedrich Ritschl, estaba casado con una judía, por la cual "Nietzsche sentía un gran respeto y admiración" (p. 41); que "ninguno de los amigos de Nietzsche [en Leipzig] estaba involucrado en actividades judeofóbicas" (p. 41); y que "no hay ninguna prueba de que Nietzsche haya leído o hubiese buscado autores que exhibieran judeofobia o textos que contuvieran temas judeofóbicos" durante su tiempo en la universidad (p. 44).

     Sin embargo, Holub toma otras evidencias aducidas en este capítulo para mostrar que es "simplemente falso" que Richard Wagner —el compositor y notorio anti-judío a quien Nietzsche conoció en 1868— hubiera sido "principalmente responsable de infectar a Nietzsche con un desdén hacia los judíos y el judaísmo" (p. 44). ¿En qué consiste esa evidencia pre-Wagner?:

—Primero, durante 1865-1867, Nietzsche de vez en cuando visitó a la familia de un amigo en Berlín, en el cual el padre "muestra una abierta antipatía hacia los judíos y los asocia con aspectos adversos de la existencia urbana" (p. 40). Holub no aduce ninguna prueba de que Nietzsche respaldara o repitiera aquellas opiniones, sólo que él no criticó a ese padre en su correspondencia.

—Segundo, los dos amigos íntimos de Nietzsche en Leipzig, Carl von Gersdorff y Erwin Rohde, "expresan libremente declaraciones anti-judías" en sus cartas, aunque, como admite Holub, "sus comentarios racistas son hechos al pasar y son parte de un clima cultural general" en el cual los comentarios despectivos sobre los judíos eran aceptados (p. 41; Holub cita ejemplos en la p. 42).


—Tercero, Holub cita breves extractos de tres cartas realmente escritas por Nietzsche cuando era un veinteañero en las cuales él hace comentarios despreciativos sobre los judíos (p. ej., "encontré una taberna donde no tuvimos que soportar mantequilla aceitosa y jarras judías"), aunque Holub admite que ésos "son más irreflexivos adornos retóricos que la expresión de una convicción profundamente arraigada" (p. 43).

—Cuarto, Holub señala la obra en la cual Schopenhauer se encarga de la cuestión judía, y recomienda que los judíos se conviertan. Aunque Holub reconozca que no hay ninguna prueba de que Nietzsche alguna vez leyera ese material (o que alguna vez escribiera algo sobre ello), él comenta que eso "bien podría haber tenido un impacto en Nietszche" (p. 48).

Nietzsche en Leipzig en 1866

     El capítulo 3 aborda la cuestión de la influencia del virulento anti-judaísmo de Wagner sobre Nietzsche. La diatriba anti-semítica más celebre de Wagner, el ensayo originalmente escrito bajo seudómino y titulado "El Judaísmo en la Música", fue publicada de nuevo, en esa oportunidad bajo su propio nombre en 1869, justo en la época enque Nietzsche se estaba convirtiendo en un devoto wagneriano. Como Holub correctamente reconoce, "el propio Nietzsche nunca comentó" acerca del ensayo (p. 52), aunque Holub señale una carta de 1870 en la cual Nietzsche parece ver el ensayo de manera favorable (pp. 52-53) (la carta es más ambigua que lo que Holub reconoce, pero es coherente con la opinión convencional de que Nietzsche careció de sentido crítico con respecto al anti-semitismo de Wagner durante un tiempo).

     Lo que es más asombroso en la evidencia presentada es cuán moderada es la retórica de Nietzsche en comparación a las invectivas anti-judías de Wagner. El que Nietzsche en 1873, por ejemplo, haya menospreciado al compositor Meyerbeer (un objetivo frecuente de la polémica anti-judía de Wagner) comparándolo con Beethoven, es sin duda en parte una consecuencia de la influencia de Wagner, pero es también un sensato juicio estético: Meyerbeer era un compositor inferior.

     Un puñado de las cartas de Nietzsche de entre 1869 y 1871 una vez más revelan a Nietzsche complaciéndose en el anti-semitismo ocasional de su entorno —p. ej., al describir a alguien vestido "con una falta de gusto increíble, como un judío teatral" (p. 64)—, pero nada como la sistemática paranoia anti-judía que uno encuentra en Wagner. Holub finalmente admite que Nietzsche, a diferencia de Wagner, "no está obsesionado con la influencia judía en Alemania" (p. 66). En efecto, como revelan sus trabajos más tarde publicados, la opinión sistemática de Nietzsche era exactamente opuesta a la de Wagner, un punto al cual volveremos.

     Hasta ahora, parece que Nietzsche en esa etapa había adoptado un poco de la irreflexiva retórica anti-judía de su época, pero sus actitudes judeofóbicas eran moderadas y no centrales en su pensamiento. Holub reconoce en el capítulo siguiente que Nietzsche en la década de 1870 no era "virulentamente anti-judío como lo eran algunos de sus contemporáneos, y él no rechazó asociarse con judíos" (p. 103).

     Al tratar de mostrar la influencia que tuvo sobre Nietzsche el ensayo "El Judaísmo en la Música" de Wagner, Holub sólo puede aducir el borrador de una conferencia que anticipa temas de "El Nacimiento de la Tragedia" en el cual Nietzsche explícitamente denigra a "la prensa judía" (p. 68). No obstante Holub reconoce que ni siquiera sabemos si Nietzsche pronunció dicha crítica en público (p. 68); sabemos ciertamente que nada similar aparece en "El Nacimiento de la Tragedia", publicada en 1872. En efecto, como Holub tiene que admitir, «En sus escritos publicados del período wagneriano, desde "El Nacimiento de la Tragedia" hasta la última de las "Consideraciones Intempestivas", no hay ninguna mención directa de los judíos, del judaísmo o de la actividad judía en el mundo contemporáneo» (p. 70).

     Este último hecho podría haber disuadido en un investigador el empeño por proseguir un caso contra dicha pausa de Nietzsche, pero, según Holub, cada crítica contra la prensa, o la modernidad o la vida urbana, en esas obras, es realmente una crítica "cifrada" contra los judíos (p. 71). ¿Por qué supuestamente Nietzsche adoptó ese código? Según Holub, fue porque Cósima Wagner, la esposa igualmente anti-judía del compositor, escribió a Nietzsche una carta aconsejándole no atacar directamente a los judíos (p. 70). Holub no aduce ninguna prueba de la respuesta de Nietzsche a ese consejo; sólo nos enteramos de que él visitó a los Wagner poco después de que dicha carta fue enviada (y según el diario de Cósima, hablaba del borrador de la "conferencia"), y de que Gersdoff también le escribió acerca de las protestas judías contra las presentaciones de Wagner alrededor del mismo tiempo. Unas páginas más tarde, sin embargo, Holub afirma que "Nietzsche se convenció de que la judería en Alemania poseía considerable poder y que no vacilaría en ejercerlo contra sus enemigos" (p. 73), aunque no haya sido proporcionada ninguna prueba de que Nietzsche haya estado convencido de una cosa tal.

     Por supuesto, Holub piensa que el hecho de que los escritos publicados de Nietzsche a partir de ese período carezcan de invectivas anti-judías respalda su caso (más bien que lo opuesto), pero aquello sólo sería verdadero si el lector ya encuentra plausible la afirmación de Holub de que los escritos de ese período están, de hecho, llenos de referencias "cifradas" a los judíos. Ese código era tan suficientemente difícil de descifar que, como Holub revela en el capítulo siguiente, Nietzsche atrajo dentro de poco a partir de entonces a "un ferviente grupo de seguidores judíos en Viena" (p. 104).

     Holub aduce, a mi entender, sólo un caso plausible de una referencia anti-judía cifrada en los insultantes comentarios de Nietzsche sobre "aquellos que trafican con dinero" en su obra de 1876 "Wagner en Bayreuth". Un comentario anti-judío en un "encomio" a Wagner (como Holub correctamente lo llama en la p. 87) es apenas sorprendente, pero ésa es una evidencia muy frágil para la ambiciosa tesis de Holub, como él claramente reconoce.

     Holub trata de mostrar que la principal obra de Nietzsche de ese período, "El Nacimiento de la Tragedia" (1872), promueve "las propensiones racistas [de Wagner], sin recurrir directamente a frases judeofóbicas" (74), pero termina sólo revelando que él no entiende las afirmaciones filosóficas de Nietzsche. Holub insinúa que la crítica que hace Schopenhauer del judaísmo como una religión "optimista" influyó en la crítica de Nietzsche de lo que éste llama "optimismo socrático" (p. 75). Pero Schopenhauer piensa que el judaísmo es "optimista" (en comparación con su propio pesimismo) porque no respalda el veredicto de que la vida no vale la pena vivirla. El optimismo socrático, por contraste, se distingue por "un nuevo y sin precedentes conjunto de valores acerca del conocimiento" ("El Nacimiento de la Tragedia", 13), que "asigna al conocimiento y al entendimiento el poder de una panacea" (Idem, 15).

Nietzsche en 1872

     La sobrevaloración socrática del conocimiento y de la verdad —la búsqueda equivocada, como escribe Nietzsche en el prefacio de 1886 a "La Gaya Ciencia", de "la verdad a cualquier precio"— es un objetivo de la crítica de Nietzsche a través de toda su carrera, desde sus tempranas conferencias acerca de Tales de Mileto hasta los trabajos de sus productivos años finales. Contra ese optimismo socrático, Nietzsche enfatiza repetidamente que "la verdad es terrible", y que la ilusión y el error son condiciones necesarias de la existencia. Lo opuesto del pesimismo schopenhaueriano no es el optimismo socrático (ya que éste no tiene nada que ver con las críticas del optimismo judío que realiza Schopenhauer); en efecto, Nietzsche ve el optimismo socrático como la contribución a una perspectiva pesimista precisamente debido a su sobrevaloración de la verdad. Nietzsche, por contraste, se entiende a sí mismo como un opositor tanto del pesimismo de Schopenhauer como del optimismo socrático, que en el cuadro simplista de Holub ¡parecería alinearlo con el optimismo judío!.

     En el capítulo 4, Holub vuelve a la cuestión de cómo evolucionaron las opiniones de Nietzsche después de su ruptura con Wagner. Holub sostiene, de manera razonable, que el anti-judaísmo de Wagner no fue la razón principal de la ruptura, pero la comprensión superficial de Holub del desarrollo filosófico de Nietzsche nuevamente obstaculiza la descripción. Estaba claro para los Wagner, como Holub relata, que el libro de Nietzsche "Humano, Demasiado Humano" de 1878 era un escrito anti-wagneriano, que valoraba a la ciencia por sobre el arte, y que incluso fue dedicado a Voltaire, el cual "en tanto francés y racionalista ilustrado no agradaba particularmente" a los Wagner (p. 89). Holub encuentra desconcertante aquello, dado que "Wagner había sido el mundo de Nietzsche durante la mayor parte de la década" entre 1868 y 1878 (p. 90).

     Pero esta afirmación es manifiestamente falsa, ya que ahora sabemos bastante sobre las lecturas de Nietzsche de las ciencias de su época durante esa década, un interés estimulado originalmente por la "Historia del Materialismo" de Friedrich Lange, libro que Nietzsche leyó en 1866, y obra que el propio Nietszche puso a la par con su descubrimiento de Schopenhauer como central para su evolución filosófica. (Lange es mencionado sólo una vez en el libro de Holub, y no en este punto). Holub incluso dedica una nota a pie de página a algo de la investigación histórica relevante acerca del creciente interés de Nietszche por las ciencias y por una comprensión "naturalista" de los seres humanos (p. 215 nota 6), pero por lo visto no entendió su importancia. La ruptura de Nietzsche con Wagner puede haber estado sobredeterminada por factores personales, como Holub sugiere, pero la cosmovisión resueltamente naturalista de "Humano, Demasiado Humano" tenía antecedentes reconocibles que se remontan al involucramiento de Nietzsche con Schopenhauer y Lange en la década de 1860.

     Holub luego desciende a insinuaciones chismosas acerca de la relación de Nietzsche en la década de 1870 con "un trío de amigos y admiradores judíos" (pp. 96 y ss.). Considere sólo el caso más prominente: la cercana amistad de Nietzsche con Paul Rée, un judío que se convirtió al protestantismo. Nietzsche, como es sabido, comenzó su crítica de los "psicólogos ingleses" de la moralidad en su obra de 1887 "La Genealogía de la Moral" hablando del trabajo de Rée, ¡incluso aunque él no fuera inglés! Como reconoce Holub, en Nietzsche no hay publicada ninguna referencia a Rée aludiendo a que él fuera judío (pp. 100-101). Sin embargo, después de que Lou Salomé, la única mujer de quien Nietzsche se había enamorado, rompió relaciones con él en favor de Rée, encontramos en cartas y cuadernos de Nietzsche un puñado de peyorativas referencias a la judeidad de  Rée. Eso es patético, pero no muy interesante: el herido pretendiente —siendo humano, demasiado humano— se sirvió de algunas modernas categorías culturales para reclamar su venganza.

     En este punto, el lector imparcial comenzará a preguntarse: ¿Y qué hay del trabajo filosófico real de Nietzsche?. En el resto del capítulo 4, Holub finalmente examina pasajes de la obra publicada de principios y mediados de la década de 1880, y se ve obligado a reconocer que los comentarios de Nietzsche acerca de los judíos "representan una enorme modificación de la ideología wagneriana" (p. 118) y "evidencian bastantes altos elogios para los judíos" (p. 124). Siendo siempre el acusador, sin embargo, Holub se preocupa de que el material que Nietzsche realmente publicó sobre los judíos "es difícil de reconciliar" con algunos comentarios que aparecen en el material inédito de sus cuadernos de la misma época en que aparece como judeófobo (p. 121). Holub nunca explica por qué se requiere alguna reconciliación: Nietzsche mantenía voluminosos cuadernos, y entresacó de ellos sus obras publicadas; el material que él desechó y no publicó es razonablemente interpretado como notas que él consideró indignas de ver la luz.

     Incluso con las obras publicadas de Nietzsche, Holub otra vez demuestra ser un lector no confiable. Considere el aforismo 251 de "Más Allá del Bien y el Mal", del cual Holub pretende hablar (pp. 114-115, 121-123, 161-162). Nietzsche ahí denuncia varias "estupideces" de los alemanes, incluyendo "la estupidez anti-judía", con la cual él reconoce haber sido "infectado" en un tiempo (una referencia a su período wagneriano). Él nota que los alemanes tienen "dificultad... para tratar" con el número de judíos que ellos tienen, lo cual refleja el

     "instinto de un pueblo [los alemanes] cuyo tipo es todavía débil y lo suficientemente indeterminado... como para ser borrado fácilmente por una raza más fuerte. Pero los judíos son sin duda la raza más fuerte, más pura y más tenaz que vive en Europa hoy. Ellos saben prosperar incluso en las peores condiciones...

     "El hecho de que los judíos, si ellos quisieran (o si ellos fueran forzados, como los anti-semitas parecen querer), podrían ya ser dominantes, o en efecto podrían tener literalmente el control de la Europa actual, es algo establecido. El hecho de que ellos no están trabajando y haciendo planes para conseguir ese fin es algo igualmente establecido... Lo que ellos desean y quieren en cambio... es ser absorbidos y asimilados en Europa... en cuyo caso podría ser práctico y apropiado expulsar a los rufianes anti-judíos del país".

     Este pasaje ejemplifica el típico desprecio de Nietzsche por los alemanes, y pone todos los clichés anti-semitas estándares del día sobre sus cabezas. Por supuesto que los judíos podrían controlar Europa, ya que ellos son una "raza más fuerte", pero ¡es "algo establecido" el que ellos no tienen ningún interés en hacer eso! Y precisamente porque ellos son superiores a los alemanes, debería serles permitido asimilarse, al contrario de los anti-semitas, que son los que realmente deberían ser expulsados del país. Holub, notablemente, obscurece todo esto por medio de citas selectivas y paráfrasis de pies planos; p. ej., Holub parece pensar que las burlas de Nietzsche contra la antipatía alemana hacia los judíos realmente "validan la necesidad alemana de excluír a los judíos como cruciales para la salud de la nación" (p. 122).

     Cuando Holub vuelve al mismo pasaje en el capítulo 5, él sugiere que allí se respalda un distinción entre "el anti-judaísmo y una actitud judía más aceptable y menos virulenta" (p. 161), siendo que no hace nada por el estilo. El punto de Nietzsche es que él tiene que "encontrar aún a un alemán que esté bien dispuesto hacia los judíos", un hecho sólo obscurecido por el otro hecho de que algunos alemanes anuncian su rechazo del anti-judaísmo extremo. Pero ya que los alemanes en conjunto (a diferencia de otros europeos) son "un pueblo cuyo tipo es todavía débil e indeterminado", sugiere Nietzsche que incluso aquellos que rechazan el anti-semitismo extremo todavía mantienen una actitud anti-judía. La tergiversación que hace Holub del texto de Nietzsche aquí es reveladora.

     El capítulo 5 documenta a regañadientes la extraordinaria hostilidad de Nietzsche hacia los anti-semitas a lo largo de la década de 1880, aunque las principales preocupaciones de Holub son claramente distinguir entre el anti-judaísmo "político" de ese tiempo y las actitudes judeofóbicas (aunque ambos aspectos están obviamente bastante relacionados), y sugerir, otra vez mediante muchas insinuaciones, que la hostilidad de Nietzsche hacia los anti-judíos fue motivada por intereses personales y no por "una creencia en la tolerancia o en derechos civiles iguales para toda la gente" (p. 131; cf. 158, 209). Ciertamente no estuvo motivada por esto último, pero esa clase de liberalismo no era obviamente parte de la visión de Nietzsche, el cual era anti-liberal y anti-igualitario, pero de ninguna manera específico de los judíos. Lo que está claro, y lo que incluso Holub no puede negar, es que Nietzsche "era violentamente antagonista del anti-judaísmo" (p. 208).

Nietzsche en 1882

     Esto nos lleva al capítulo 6 en el cual, por fin, la atención se vuelve a dos de las obras de Nietzsche, "La Genealogía de la Moral" y "El Anticristo". Holub describe el primero de los tres ensayos de la Genealogía (el único que él nota) en lo que concierne a la "moral judía de esclavos" (p. 167), aunque Nietzsche siempre la llame sólo "moral de esclavos". Nietzsche piensa, obviamente de manera correcta, que "existió una fuerte continuidad entre los valores judíos en los siglos previos al nacimiento de Jesús y las enseñanzas que fueron finalmente incorporadas en el cristianismo" (p. 166), y tal afirmación "contradice al anti-judaísmo cristiano de su época [de Nietzsche], que estaba basado en una estricta distinción entre el cristianismo y el judaísmo" (p. 171). A pesar de esta admisión crucial, Holub insiste en que para Nietzsche "el cristianismo es un simple vehículo para esa actividad judía vengativa y decadente" (p. 170), aunque él no pueda presentar ninguna evidencia que apoye su repetido uso de la palabra "simple", con su implícita absolución del cristianismo.

     Uno no tiene que ser un lector sutil de Nietzsche para estar sorprendido por el encuadre de Holub. Tome sólo dos de los libros de Nietzsche de su último año productivo. "El Anticristo" concluye con unas propuestas "Leyes contra el Cristianismo" [1], entre las que se incluyen observaciones como "Habría que ser más severo con los Protestantes que con los católicos, y más severo con los Protestantes liberales que con los ortodoxos. La criminalidad de ser cristiano aumenta con su proximidad a la ciencia", y la propuesta de que "El execrable lugar donde el cristianismo puso sus huevos de basilisco debería ser arrasado hasta el suelo... y serpientes venenosas deberían ser criadas encima de él".

[1] NdelT: En efecto, después del capítulo 62 (final) de "El Anticristo" de Nietzsche viene un texto que ha sido suprimido de todas las ediciones de dicha obra, el "Decreto contra el Cristianismo", que consta de siete proposiciones, fragmento que fue publicado recién en 1961 y que actualmente sólo lo hemos encontrado en una traducción inglesa de la Universidad de Cambridge, en un volumen que contiene cinco obras de Nietzsche ("The Anti-Christ, Ecce Homo, Twilight of the Idols, and Other Writings", edición de Aaron Ridley y Judith Norman, Nueva York, Cambridge University Press, 2005) y en una versión en alemán de "Der Antichrist" que está en el sitio archive.org.

     En el penúltimo párrafo de su autobiografía "Ecce Homo", Nietzsche escribe que "Lo que me pone aparte, lo que me singulariza fuera y sobre el resto de la Humanidad es el hecho de que destapé la moralidad cristiana... La ceguera con respecto al cristianismo es el crimen par excellence, el crimen contra la vida". Nietzsche nunca publicó nada comparablemente corrosivo sobre judaísmo o sinagogas. Holub, finalmente, admite que "el objetivo primario de Nietzche... es indudablemente el cristianismo" (p. 190).

     Lamentablemente para Nietzsche, "anti-cristiano" no es una categoría de interés significativo para los eruditos contemporáneos, mientras que "anti-semitismo" sí lo es. En ambos casos, el objetivo de Nietzsche obviamente no es la religión o sus adherentes, sino los valores que ellos abrazan, la mora "ascética" (como él la llama en el Tercer Ensayo de "La Genealogía de la Moral") que denuncia el deseo de sexo, riqueza, crueldad y poder, moralidad característica de todas las religiones principales del mundo, pero que era desconocida en el mundo griego y romano antiguo con el cual Nietzsche estaba profundamente familiarizado. Holub en ninguna parte nota esto.

     Nietzsche, de hecho, usa el judaísmo y el cristianismo de modo intercambiable en todas partes de "La Genealogía de la Moral": "Todo está siendo hecho perceptiblemente judío, cristiano o plebeyo (¡qué importan las palabras!)" (Genealogía, 9). Él compara la "rebelión de los esclavos" en la moral —el derrocamiento de los valores de la Antigüedad griega y romana con los valores que ahora asociamos con la moralidad "judeo-cristiana"— con el Nuevo Testamento, con la Reforma y con el triunfo del Papa católico en Roma. La explicación obvia de estas equivalencias, como Nietzsche dice tempranamente en el Primer Ensayo (nuevamente, en ninguna parte notado por Holub), consiste en que no él quiere tener nada que ver con "librepensadores" cuyo lema es "Aborrecemos la Iglesia, no su veneno... Aparte de la Iglesia, también amamos el veneno" (Ibid.). El "veneno" es la moral, compartida por las religiones ascéticas (judía, católica, Protestante), que es el verdadero objetivo de Nietzsche.

     Holub afirma que la "moralidad de los señores" derrocada en la "rebelión de los esclavos" tiene que ver con una "casta aristocrática... definida en términos vagamente raciales como aria y rubia" (p. 168; cf. 177). Él no cita ningún texto, pero debe estar pensando en la sección 5 del Primer Ensayo, donde Nietzsche sostiene que la distinción evaluativa entre "bueno" y "malo" se originó en distinciones de clases sociales, citando pruebas lingüísticas del alemán, el persa, el sánscrito, el griego, el latín y el gaélico. (Sólo la evidencia lingüística latina y gaélica sugiere alguna asociación con atributos arios).

     Más adelante (sección 11), Nietzsche asocia la "moral de los señores" con la "nobleza romana, árabe, germánica, japonesa, los héroes homéricos, los vikingos escandinavos" (éste es también el famoso pasaje de la "bestia rubia", una obvia referencia a leones metafóricos, sean japoneses o árabes o alemanes). Lo que él quiere explicar es cómo los valores ascéticos triunfaron en el mundo antiguo. El tema real de Nietzsche en ninguna parte es notado por Holub, quien parece pensar que "La Genealogía de la Moral" y "El Anticristo" son principalmente sobre "la historia de la religión" (p. 166), y en vez de leer cuidadosamente los textos completos, ocupa la mayor parte del capítulo especulando acerca de las fuentes históricas para algunas afirmaciones de Nietzsche sobre minucias religiosas.

     En su capítulo final, Holub reconoce que la verdadera pregunta es si los supuestos comentarios judeofóbicos de Nietzsche "tienen que ver con cuestiones de importancia filosófica" (p. 211) y si por ello deberían afectar el cómo entendemos su filosofía. Para contestar esta pregunta, sin embargo, tenemos que estar más claros que Holub con respecto a qué cuenta como judeofobia objetable. Seguramente es injusto atacar a cierta gente en base a estereotipos negativos relacionados con la religión que ellos practican. Pero de acuerdo a la evidencia de Holub, esa clase de judeofobia no desempeña ningún papel en la obra filosófica de Nietzsche (una vez que la corregimos de sus lecturas incorrectas).

     Pero ¿es similarmente objetable ser crítico de una moralidad asociada con el judaísmo (y el cristianismo, el Islam, etc.)? De ser así, entonces Nietzsche no es sólo un judeófobo, sino además un cristianófobo, un islamófobo, etcétera. El corpus entero de Nietzsche es un ataque contra valores respaldados por las principales religiones del mundo que él sostiene que tienen perniciosos efectos psicológicos. Holub guarda silencio acerca de si Nietzsche tiene razón o está equivocado en cuanto a su tema real, pero que él argumente en contra de moralidades respaldadas por cristianos, musulmanes y judíos no es un caso de ilegítimo prejuicio anti-judío.

     Holub se queja [2] de que las descripciones previas de este tema eran "tendenciosas" y que los autores "llegaron al material con algo que ellos querían demostrar y luego buscaron la evidencia en los escritos de Nietzsche". Uno tiene precisamente la misma impresión del libro de Holub. A pesar de alguna erudición y detalles históricos interesantes, el libro es un tratado partidista lleno de insinuaciones, inferencias dudosas y malentendidos filosóficos.

[2] En la entrevista que va a continuación de este artículo, http://blog.press.princeton.edu/2015/09/08/an-interview-with-robert-holub-on-nietzsches-jewish-problem/

     Si uno realmente lee a Nietzsche en su contexto, lo que es asombroso es que las invectivas genuinamente anti-judías de las cuales él estuvo rodeado (y que Holub documenta poderosamente) no tuvieron ningún impacto sistemático sobre su obra y, en efecto, sirvieron para muchas burlas. Holub, irónicamente, deja de percibir la verdadera importancia de sus propias evidencias.–



Entrevista con Robert Holub
sobre "Nietzsche’s Jewish Problem"
por Debra Liese
8 de Septiembre de 2015


     Las opiniones de Nietzsche sobre los judíos y el judaísmo han sido sometidas a un considerable debate durante el último siglo, aunque una opinión cada vez más popular hoy crea que él era un adversario por principio del anti-semitismo. En "El Problema Judío de Nietzsche" Robert Holub sostiene que la evidencia de los escritos publicados e inéditos de Nietzsche junto con sus cartas revelan que él de hecho albergó prejuicios anti-judíos durante toda su vida. Robert C. Holub es profesor de alemán en la Universidad Estatal de Ohio y ex-canciller de la Universidad de Massachusetts en Amherst. Es autor de varios libros sobre historia literaria, cultural e intelectual alemana de los siglos XIX y XX, y es también editor de ediciones de Nietzsche ("La Genealogía de la Moral" y "Más Allá del Bien y el Mal").


—El tema de la relación de Nietzsche con los judíos y el judaísmo, ¿por qué ha sido tan discutible durante los años?

—Robert Holub: Hubo controversia con respecto a las opiniones de Nietzsche acerca de la judería desde un principio. Algunos anti-semitas de su tiempo creyeron que él tenía simpatías por la causa de ellos porque su editor era un célebre anti-judío y su hermana se había casado con un líder del movimiento anti-semita. Además, Nietzsche estaba asociado con la ideología wagneriana, que tenía obvias dimensiones anti-judías, y los comentarios en muchos de los escritos de Nietzsche podrían ser fácilmente entendidos como judeófobos. Pero Nietzsche también rechazó de la manera más categórica lo que él entendía como anti-semitismo, y muchos aforismos, sobre todo durante su período medio, podrían ser fácilmente considerados como filo-judíos...

     El tratamiento de posguerra de sus escritos generalmente consideró sus comentarios acerca del anti-semitismo como la opinión definitiva de Nietzsche sobre los judíos y el judaísmo, y por cualquier asociación de Nietzsche con la judeofobia pusieron la culpa sobre su hermana o sobre las distorsiones de las interpretaciones nacionalsocialistas. La controversia sobre este tema es por lo tanto el resultado de las peculiaridades de la historia alemana junto con las posiciones aparentemente contradictorias de Nietzsche en cuanto a la Cuestión Judía.

—¿Por qué los tratamientos anteriores de este tema han sido insatisfactorios?. ¿Por qué le pareció a usted que había necesidad de su libro?

—R. Holub: La mayoría de las descripciones anteriores eran tendenciosas y selectivas en su metodología. Leyéndolas, uno tiene la impresión de que ellas llegaron al material con algo que ellos querían demostrar y luego buscaron las pruebas en los escritos de Nietzsche. Cuando Nietzsche fue asociado con el Nacionalsocialismo en el Tercer Reich, por ejemplo, usted puede detectar una interpretación canónica de sus opiniones sobre los judíos apoyada por las citas idénticas de sus escritos. En el período de posguerra, su condena del anti-semitismo fue puesta en primer plano, y otros comentarios, más cuestionables, acerca de la judería fueron ignorados. Las descripciones anteriores eran por lo tanto parciales, en ambos sentidos de esa palabra, y me pareció que era necesario un nuevo estudio que examinara todo el material, y, sobre todo, que situara los comentarios de Nietzsche en el contexto del discurso del siglo XIX sobre los judíos y el judaísmo.

—Usted sostiene que Nietzsche estaba en contra del anti-semitismo, pero al mismo tiempo usted afirma que él tenía sentimientos anti-judíos. ¿Cómo es eso posible?

—R. Holub: Me parece que el status del anti-semitismo en el pensamiento y los escritos de Nietzsche ha sido una importante fuente de confusión. El anti-semitismo para Nietzsche era un movimiento político que surgió a principios de la década de 1880, y fue asociado en su mente con sentimientos vulgares y rencorosos. Se trató también de un movimiento que colocó a Nietzsche en una incómoda posición en cuanto a su editor y su hermana, de manera que Nietzsche estaba sobredeterminado para desdeñar el anti-semitismo. Ese rechazo categórico del anti-semitismo, sin embargo, no le impidió albergar opiniones que consideraríamos anti-judías, ya que Nietzsche, así como contemporáneos suyos como su amigo Franz Overbeck, siguieron identificando a los judíos con rasgos de carácter desfavorables, y vieron la necesidad de encontrar una solución a la Cuestión Judía. El rechazo de Nietzsche del anti-semitismo junto con sus sentimientos anti-judíos no estaban en contradicción para él. En realidad, ellos definen su actitud hacia los judíos y el judaísmo.

—¿Debería Nietzsche ser considerado como un precursor del Nacionalsocialismo y su ideología racista?

—R. Holub: Hay poderosos argumentos contra el considerar a Nietzsche como un precursor del Nacionalsocialismo. Quizás los dos pilares ideológicos del Nacionalsocialismo eran el nacionalismo ferviente y el anti-judaísmo virulento, y Nietzsche no evidencia nada de ello. Él fue nacionalista y judeófobo durante su período wagneriano, pero nunca abrazó esos principios apasionadamente y sin reservas. Por otra parte, Nietzsche admiró a líderes fuertes y dictatoriales, como Napoleón; él detestaba la democracia, el gobierno parlamentario y la igualdad de derechos. Y él coqueteó con la eugenesia en sus últimos años, aunque nunca se trató de una eugenesia basada racialmente. Entonces, hay argumentos a favor y en contra de esa proposición. Por supuesto Nietzsche fue establecido como un precursor del Nacionalsocialismo por filósofos e ideólogos nacionalsocialistas, pero deberíamos recordar que algunos miembros del Partido encontraron difícil integrarlo en su perspectiva.

     También deberíamos recordar que Nietzsche en su propio tiempo se opuso vehementemente a cualquier tarea colectiva, ya estuviera a la derecha o a la izquierda del espectro político. Es difícil saber cómo habría reaccionado él ante el ascenso del Nacionalsocialismo en Alemania varias décadas después de su muerte. Uno de los puntos principales de mi libro es que la especulación de esa clase no sirve de nada, y que el lente del Nacionalsocialismo ha contribuído a un registro investigativo menos que óptimo de las opiniones de Nietzsche acerca de la judería. Sólo podemos determinar con algún grado de certeza dónde estuvo Nietzsche en cuanto a las manifestaciones políticas que él realmente confrontó en el siglo XIX.

—¿Cómo cambia su libro nuestras opiniones de Nietzsche en cuanto filósofo?

—R. Holub: Esa pregunta es difícil de contestar. Muchas de las contribuciones más importantes de Nietzsche a la filosofía tienen una escasa conexión con sus opiniones acerca de los judíos y el judaísmo, de manera que existe la tentación de considerar esas cuestiones como secundarias al considerar la filosofía de Nietzsche y carentes de importancia para cualquier evaluación de su pensamiento. En efecto, muchos de los filósofos más prominentes en la tradición alemana expresaron opiniones sobre la judería que eran tan malas, o peores, que cualquier cosa que Nietzsche tuvo que decir al respecto. Pero también deberíamos considerar que los filósofos poseen una manera de pensar acerca del mundo, y que parte del modo de pensar de Nietzsche acerca del mundo contenía estereotipos sobre raza, género y pertenencia étnica que él era incapaz de superar. Sería tonto considerar todo lo que Nietzsche escribió como contaminado por el racismo; pero también sería tonto considerar que sus reflexiones sobre asuntos tanto históricos como abstractos no habían sido afectadas por la manera en la cual él abordó la Cuestión Judía.–




Nietzsche, entre el Bien y el Mal.
Referencias Precisas de su "Anti-Semitismo"
por Leslie Jones
31 de Marzo de 2016


     ¿Friedrich Nietzsche era anti-judío? En "El Problema Judío de Nietzsche" Robert C. Holub muestra que la resolución de esta pregunta requiere un análisis meticuloso de su pensamiento, tanto el publicado como el inédito, al igual que de su correspondencia. También exige una comprensión del entorno en el cual él vivió y de cómo las concepciones del anti-judaísmo han cambiado con el tiempo. En este contexto, el libro "The Socialism of Fools?" de William I. Brustein y Louisa Roberts proporciona un material inestimable.

     Probablemente no había habitantes judíos en Röcken, Sajonia, donde Nietzsche nació en 1844, o en Naumburg, adonde su familia se trasladó en 1850. Elizabeth Förster-Nietzsche recordó que ni ella ni su hermano conocieron a ningún judío durante sus primeros años. No es sorprendente, entonces, que no haya ninguna referencia a judíos o judaísmo en sus cuadernos de ese tiempo o en su correspondencia antes de asistir por vez primera a la Universidad de Bonn en 1864 o durante el año en que él residió allí.


     En 1865 Nietzsche se matriculó en la Universidad de Leipzig como estudiante de filología clásica. En aquel mismo año él visitó Berlín con su compañero de estudios Hermann Mushacke, cuyo padre Eduard era abiertamente anti-judío. Aquello evidentemente no molestó a Friedrich y los dos se hicieron amigos inmediatos. Él también toleró declaraciones anti-judías de sus compañeros de estudios Carl von Gersdorff y Erwin Rohde. Gersdorff, por su parte acusó a los "judíos de la Bolsa de comercio" de instigar guerras y de beneficiarse económicamente de ellas. (Brustein y Roberts notan que, con el paso del tiempo, Henri Rochefort, editor de L'Intransigeant, culparía a los judíos por la guerra franco-prusiana y por las reparaciones después. Y J. Hobson, igualmente, en "Imperialism", atribuiría la guerra de los Bóers a la influencia de "hombres de una raza única y peculiar"). El propio Nietzsche hizo observaciones peyorativas sobre los comerciantes judíos que participaban en las ferias comerciales de Leipzig. A su madre él escribe que él estará aliviado pronto "del olor de la grasa y de los numerosos judíos".

     Richard Wagner no es responsable de la opinión negativa que tenía Nietzsche de los judíos porque, como lo demuestra el profesor Holub, mucho antes de que él primero conociera a Wagner a finales de 1868, Nietzsche ya había adquirido los prejuicios "de una nociva judeofobia alemana", que él nunca realmente abandonó. En realidad, Richard y Cósima Wagner posiblemente ejercieron una influencia refrenadora sobre el anti-judaísmo de Nietzsche. Brustein y Roberts muestran simplemente cuán frecuentes eran en ese tiempo tales prejuicios, que influyeron profundamente en el movimiento socialista.

     Así, en 1894 Jean Jaurès fue expulsado de la Asamblea Nacional francesa después de que él criticó al gobierno por no apoyar una pena de muerte para Alfred Dreyfus. Tal como Édouard Drumont, el autor de "La France Juive", Jaurès estaba convencido en esa crisis de que ricos financieros judíos (les tripotages cosmopolites) controlaban Francia y estaban protegiendo a Dreyfus, su correligionario. Jaurès citó con aprobación el ensayo de Marx de 1844 "Sobre la Cuestión Judía". Brustein y Roberts opinan que este último texto "articuló... la hostilidad hacia los judíos que pueden ser descrita como anti-capitalista". Con el tiempo, la posición de Jaurès con respecto a ese tema evolucionó a medida que el anti-semitismo se convirtió predominantemente en el dominio de la Derecha radical, aunque él permaneció profundamente ambivalente sobre los judíos.

     En su capítulo inicial, "El Ascenso y la Caída del Anti-Semitismo Nietzscheano", el profesor Holub recuerda que Theodor Fritsch, el editor de la Antisemitischen Correspondenz, se puso en contacto con Nietzsche a finales de la década de 1880. Fritsch dedujo incorrectamente que, porque Nietzsche estaba asociado con Wagner y porque su cuñado era [el maestro de escuela] Bernhard Förster, un iniciador de la Petición Anti-Judía de 1880 [la Antisemitenpetition, que pedía la remoción de todos los judíos de todas las posiciones públicas, apoyada por 225.000 firmas], Nietzsche era un recluta potencial para la causa. Pero, como posteriormente observó Eugen Dühring, Nietzsche finalmente desconoció a Wagner y repudió repetidamente el anti-semitismo como movimiento político. En efecto, Ernst Jünemann, discípulo de Dühring, incluso sugirió que Nietzsche tenía ascendencia judía y atribuyó su fama eventual al control judío de la prensa.


     Nietzsche no era un pensador sistemático, de manera que su pensamiento está eminentemente abierto a interpretaciones diversas. "¿Quién no puede reclamar a Nietzsche como propio?", preguntó Kurt Tucholsky, el escritor satírico judeo-alemán de la época de Weimar. Entonces tenemos a Nietzsche como el precursor del anarquismo y del fascismo, e incluso del socialismo. Más tarde, nuevamente, tenemos a Nietzsche el existencialista y el cosmopolita. También tenemos a Nietzsche el anti-semita, ¡pero también al anti-antisemita! Y el profesor Holub propone todavía otro Nietzsche: el discípulo de Galton que consideraba a los judíos como altamente seleccionados y que abogó por que se mezclaran en matrimonio con la nobleza alemana (los Junkers).

     Durante la Gran Guerra (1ªGM), "Also sprach Zarathustra" fue distribuído a las tropas alemanas. De su autor se apropiaron elementos völkisch y militaristas, quienes escogieron artículos pertinentes de los textos de Nietzsche, sobre todo del póstumamente publicado "La Voluntad de Poder" (1901-1906). Ese proceso alcanzó su apogeo durante fines de la República de Weimar y comienzos del Tercer Reich.

     En "Nietzsche, el Filósofo y el Político" (1931) el filósofo Alfred Baeumler, que se unió al Partido Nacionalsocialista en 1933, afirmó que Nietzsche "En su ser íntimo era reticente hacia los judíos". Baeumler posteriormente sostuvo que Nietzsche había anticipado el Estado Nacionalsocialista. Él ignoró el hecho inconveniente de que Nietzsche tuvo varios discípulos judíos, principalmente Georg Brandes, Paul Rée y el Círculo Pernerstorfer de Viena, y minimizó o "contextualizó" sus numerosas declaraciones anti-alemanas.

     Las nociones de la supuesta decadencia de los "valores judíos" y de la moral de esclavos eran centrales en lo que Holub llama la "apropiación nacionalsocialista" de Nietzsche. En efecto, en su libro "Nietzsche" (1941), Clarence Crane Brinton, el historiador de Harvard, estuvo de acuerdo con exégetas nacionalsocialistas, como Heinrich Härtle, en cuanto a que Nietzsche había considerado a los judíos como decadentes y parásitos y como finalmente responsables del cristianismo, la democracia y el marxismo.

     Después de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, se llevó a cabo un proceso de saneamiento o de "descontaminación" de la reputación del pensador alemán. Ahí, Elisabeth Förster-Nietzsche, a cuyo funeral en 1935 asistió Hitler, nada menos, sirvió como una útil coartada o "cabeza de turco". Para Richard Roos, Elisabeth fue "la soeur abusive".

Elisabeth Förster-Nietzsche recibe la visita de Hitler

     Otros influyentes comentaristas, entre ellos Walter Kaufmann y R. J. Hollingdale (citando la investigación de Karl Schlechta hecha en los archivos de Nietzsche), señalaron que Elisabeth había falsificado ciertos textos y cartas. Ellos afirmaron que al publicar escritos nunca aprobados por Nietzsche y reteniendo ciertos otros, ella había asociado falsamente a su hermano con el Nacionalsocialismo. Sin embargo, el profesor Holub indica que Elisabeth había dado la bienvenida a comentarios sobre los escritos de su hermano hechos por exégetas judíos y que ella criticó la dura política de Hitler hacia los judíos. En efecto, Holub sospecha que Nietzsche sólo se opuso al movimiento anti-judío en Alemania porque en 1886, Bernhard Förster había llevado a su querida hermana (a la que apodaba Lama) lejos a Paraguay, donde él intentó fundar una colonia alemana racialmente pura, Nueva Germania.

     Ninguno de estos volúmenes impecablemente investigados será la última palabra en estas complicadas cuestiones. Pero ellos serán seguramente el punto de partida para cualquier análisis posterior.–



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