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lunes, 29 de mayo de 2017

Sobre Algunos Puntos Débiles del Islam



     Se publicó hace seis meses en counter-currents.com el siguiente texto del escritor y ensayista estadounidense James O'Meara (1956) que hemos traducido, y se trata de una erudita reseña del libro "Islamic Mysticism: A Secular Perspective" (2000) de un tal Ibn al-Rawandi, obra de índole revisionista con respecto al Islam, donde el señor O'Meara da cuenta de que el Islam es por lo visto inmune a la Alta Crítica (escuela interpretativa que ya se encargó de des-estructurar al cristianismo sobre todo bíblico), contando con la ayuda de falsos hermeneutas que son más bien apologetas encubiertos, ya que tienen también tejado de vidrio.


EL MAL SAMARITANO:
Un Vistazo a los Mitos de Mahoma
por James J. O'Meara
11 de Noviembre de 2016



     «El Islam es de hecho el último refugio para aquellos intelectuales occidentales conservadores que quisieran que fuera verdadero que el Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial, la Revolución francesa, en resumen, el "mundo moderno", nunca hubieran ocurrido. El Islam es, en efecto, el único espacio mental restante en el cual esos acontecimientos no han sucedido todavía» (Ibn al-Rawandi).

     «El Islam es la religión más estúpida» (Michel Houllebecq).


     Los neo-conservadores, los paleo-conservadores e incluso gente de la Derecha Alternativa concuerdan en una cosa: Islam delenda est [1].

[1] "Carthago delenda est", o "Delenda est Carthago" (en castellano, "Cartago debe ser destruída"), es una frase de la oratoria latina que estaba en uso popular en la República romana en el siglo II a.C. durante los últimos años de las guerras púnicas contra Cartago, por parte del partido que impulsaba una política exterior que procurara eliminar cualquier otra amenaza para la República romana de su antigua rival Cartago, que había sido derrotada dos veces antes y tenía una tendencia después de cada derrota a reconstruír rápidamente su fuerza e involucrarse en guerras adicionales. Representaba una política de eliminación de los enemigos de Roma que se involucraban en agresiones, y el rechazo del tratado de paz como un medio de finalizar conflictos. La frase fue más conocidamente pronunciada con frecuencia por el senador romano Catón el Mayor (234-149 a.C.), como una parte de sus discursos.

     Pero otra semejanza es que siempre que algún izquierdista dice algo como "Bueno, usted sabe, el cristianismo es (o, más razonablemente, ha sido) igual de malo", ellos dejan de lado sus tan importantes diferencias y todos se convierten en G. K. Chesterton (si es que no en Ignatius Reilly), salpicando de su boca espuma de cerveza y migas de galletas cuando golpean su carnoso puño en la barra del viejo bar y gritan que ellos no apoyarán ninguna de tales tonterías.

     Sin querer meter mi cuchara en esa particular reyerta de bar, diré que un punto definido donde el Islam realmente es una forma más joven y adolescente de cristianismo —una especie de Iglesia anglicana que todavía ejecuta herejes— es la manera en que todavía es creída la ingenua, literal y falta de sentido crítico explicación del Islam, de sus orígenes, su libro y su profeta, tanto por los fieles como, bastante increíblemente, por no-musulmanes, incluídos los más virulentamente anti-musulmanes [2].


[2] Eso no solía ser así: para Gibbon el Corán era una "incoherente rapsodia de fábula"; para Carlyle, una "estupidez insoportable". Vea "Los Orígenes del Corán: Ensayos Clásicos sobre el Libro Sagrado del Islam", editado por Ibn Warraq; Introducción en línea en http://www.qcc.cuny.edu/socialsciences/ppecorino/INTRO_TEXT/Chapter%203%20Religion/Koran-Origins.htm

     Por ejemplo, Jason Reza Jorjani, en su reciente ensayo "Contra la Filosofía Perenne" [3] afirma que "reformar" el Islam es tarea de un tonto; el Islam es por naturaleza incapaz de una Reforma, por no decir nada de un Renacimiento, principalmente debido a sus muy singulares escrituras.


[3] http://altright.com/2016/10/21/against-perennial-philosophy/

     Primero, él da un excelente breve resumen de los resultados del último siglo aproximadamente de la Alta Crítica de los libros sagrados de judíos y cristianos:

     «En primer lugar, el Tanaj (la Biblia judía o "Antiguo Testamento") es un abigarrado remiendo de los escritos de decenas de autores durante muchos cientos de años. Diversas versiones diferentes de historias claves, como el mito del Génesis, han sido ensambladas de un modo que acribillan el texto con contradicciones.

     «En cuanto al Nuevo Testamento, eruditos bíblicos contemporáneos como Elaine Pagels, Marvin Meyer, Bart Ehrmann, Burton Mack y la gente del Jesus Seminar, han encontrado que los Evangelios fueron escritos en base a diversas colecciones de los dichos de Jesús que al principio no incluían ninguna narrativa contextual de los acontecimientos que rodearon a cualquier dicho dado. Fueron escritos muchos Evangelios que fundamentalmente se contradecían unos a otros, probablemente decenas de ellos, y sólo cuatro fueron elegidos como "ortodoxos" en el Concilio de Nicea en 325 d.C. por dos motivos principales: primero, ellos servían muchísimo para los objetivos políticos del Imperio romano, y, segundo, ellos más o menos concordaban entre sí, comparados con las muchas divergencias de los otros Evangelios. Una atenta lectura de los evangelios del Nuevo Testamento revelará que incluso ese intento en ortodoxia, casi trescientos años después del tiempo de Jesús, no consigue entregar un cuadro coherente del presunto Mesías...» [4].


[4] Jorjani describe muy correctamente a éstos como «un Jesús que es un celoso (quizá esenio) rabino judío cuya única preocupación es para "los hijos de Israel", y que es considerado un rey judío de la línea Real davídica, y que se opone a los fariseos en Jerusalén sólo porque ellos se han apartado de la fe ortodoxa congraciándose ellos mismos con los paganos ocupantes romanos. Tenemos a otro Jesús que es un reformador de la religión judía, un Salvador universal y un futuro entronizado juez de la conciencia de toda la Humanidad. Este segundo Jesús puede haber sido moldeado como consecuencia de la misión de Pablo de difundir el evangelio entre los Gentiles y de reformular a Jesús más al estilo de Júpiter o Mitra. Finalmente, tenemos un tercer Jesús, el filósofo gnóstico, quien cree que el dios-creador judío es el Diablo y el archi-engañador, un Jesús cuya doctrina representa una síntesis de filosofías místicas paganas como el hermetismo y el pitagorismo, y que debe abolir aquí la religión organizada y liberar a los espíritus de los elegidos del mundo material de dolor y poder».

     Esa "incoherencia históricamente condicionada del judeo-cristianismo milita en contra de las interpretaciones fundamentalistas del Nuevo Testamento" (y paradójicamente alimenta el desarrollo del racionalismo y la ciencia de Europa), mientras que, por otra parte,

     «Una lectura cuidadosa y honesta del Corán muestra que los términos "fundamentalismo islámico" e "Islam político" son redundantes... El Corán mismo contiene un cuerpo claro de leyes civiles divinamente promulgadas, establecido por un solo legislador, a saber, Mahoma, cuya realidad como una figura histórica (relativamente reciente) no está en cuestión. El Corán fue compuesto en sólo 22 años (610-632) por sólo un hombre. Fue escrito por escribas en fragmentos, en piedras y en los huesos de los omóplatos de camellos durante la propia vida de Mahoma, y también memorizado por bardos profesionales o ha'afiz. El texto, como lo tenemos hoy, fue compilado en la forma de manuscrito por el propio escriba de Mahoma, Zayd bin-Thabit, bajo la dirección del califa Uthman, alrededor del año 650, sólo unos 20 años después de la muerte de Mahoma».

     Éste es un resumen exacto de las creencias no sólo del más endogámico follador de camellos del pueblo más piojento del mayor pozo séptico en el Oriente Medio, sino también de la mayor parte de los historiadores, "eruditos" religiosos, e incluso políticos [5]. En resumen, desde La Meca a Georgetown hay un solo libro, y Mahoma es su autor [6].


[5] Por ejemplo, "Mahoma: Su Vida, Basada en las Fuentes más Tempranas" (Londres, 1983), de Martin Lings, que era tanto un académico legítimo como un discípulo de Frithjof Schuon. Las fuentes pueden ser "tempranas", pero ¿cuál es su valor?.
[6] Aunque sólo fuese un despliegue retórico, yo me atrevería a decir que "una sola lectura", por muy "cuidadosa y honesta" que fuera, bastaría apenas para dar un sentido exacto de la historia de un texto, sobre todo de una historia tan larga como el Corán, que en sí mismo es incoherente. Aquí está lo que el erudito alemán Salomon Reinach pensó: "Desde el punto de vista literario, el Corán tiene poco mérito. La declamación, la repetición, la puerilidad, una carencia de lógica y coherencia golpean a cada instante al lector no preparado. Es humillante para el intelecto humano pensar que esa literatura mediocre ha sido objeto de innumerables comentarios, y que millones de hombres están todavía perdiendo tiempo absorbiéndola". Véase "Ensayos Clásicos sobre el Corán", op. cit.


     ¿Pero cuán probable es que el Islam, y el Corán, siendo ellos mismos los productos de la misma fábrica semítica de un doble y triple hablar, dejaran de sufrir de las mismas debilidades? [7]. Uno de los lectores de Al-Rawandi tiene una sugerencia:

     "El carácter evasivo y de disculpa de tanta erudición occidental acerca del Islam surge del hecho de que muchos de esos eruditos, eran, y son, creyentes, aunque del credo rival, el cristianismo. Si bien ellos podrían querer mostrar a Mahoma bajo una pobre luz comparado con Jesús, ellos no fueron hábiles para presionar demasiado lejos los argumentos de falta de historicidad y de divinidad, ya que comprendieron que tales argumentos podrían igualmente ser usados contra sus propias queridas creencias. Ellos prefirieron una complicidad de deshonestidad intelectual con los musulmanes ante un ambiente cada vez más escéptico y secular" [8].


[7] "La tradición afirma tanto A como No A, y lo hace con tal regularidad que uno, si estuviera inclinado a ello, podría volver a escribir la mayor parte de la biografía de Montgomery Watt acerca de Mahoma al revés" (Patricia Crone, citada por Al-Rawandi).
[8] Reseña de "Por Qué No Soy un Musulmán", originalmente publicada en New Humanist, en línea en https://infidels.org/library/modern/ibn_al-rawandi/review.html. Dado que uno de los pocos detalles biográficos dados por nuestro autor con seudónimo es que él escribe para dicha revista, supongo que éste puede ser el propio "Al-Rawandi", de acuerdo a todo lo que sabemos.


     Como dice el árabe, el enemigo de mi enemigo...

     Aparece ahora un tal "Ibn al-Rawandi", seudónimo del autor de "Misticismo Islámico: Una Perspectiva Secular". El Al-Rawandi histórico era un escéptico islámico bastante famoso; este "Al-Rawandi" nos dice sólo un poco acerca de sí mismo: él se unió a una orden sufí en Chipre en 1985, la que abandonó en 1988; él prestó "ayuda musulmana" en Londres pero ahora escribe para revistas como Philosophy Now y New Humanist.

     Hacia el final él nos dice que su objetivo en ese libro era "ofrecer argumentos para [abandonar el Islam] y proporcionar la base intelectual sobre la cual aquello puede ser hecho". Eso explica el engañoso título; el "misticismo" da cuenta sólo de una pequeña parte del libro, pero como el autor nos dice, es ese aspecto del Islam el que más atrae al occidental inteligente, erudito o no, y presenta la cara "más amable y más suave" del Islam al mundo. El autor planea tirar la alfombra debajo del sufismo (y del perennialismo occidental de la clase del de Schuon) no sólo criticando al misticismo mismo sino debilitando su base en el Islam y el Corán; a esto corresponde el resto del libro, que será de interés más general.

     Desde el punto de vista estructural, el libro de Al-Rawandi es un modelo de presentación objetiva e imparcial de pruebas. Hay cuatro capítulos, "Orígenes [del Islam]", "[Naturaleza del] Islam", "Sufismo o Misticismo Islámico" [9] e "Islam en el Mundo Moderno"; cada uno está dividido en dos partes, "Visión del Islam de Sí Mismo" y "Una Perspectiva Secular".


[9] A pesar del título del libro, ésta es la única discusión del "misticismo islámico".

     Lamentablemente, desde el punto de vista del contenido, está entre los libros más "objetivos" —en el mal sentido— imaginables; es más bien como una de aquellas viejas historias de filosofía o teología que proporcionan los hechos pero no ofrecen ninguna perspectiva nueva o personal en absoluto.

     Con esto dicho, el lector general haría bien en saltarse el primer capítulo de cada parte, ya que es simplemente la Sabiduría Recibida que Hemos Oído Antes y todavía oímos, tanto de parte de fundamentalistas como de la mayoría de los "islamistas" occidentales, e incluso de "anti-yihadistas".

     El verdadero interés está en la "visión secular", donde el lector conseguirá algunas nociones sobre lo que un puñado sorprendentemente pequeño de verdaderos eruditos académicos han logrado entender (más bien que los clichés neo-cons de que "el Islam apesta" que podría sugerir el designarla como "visión secular").

     Es a la vez refrescante, comparado con la opinión ortodoxa —que logra ser ingenua y banal—, y fascinante también, como estar en el siglo XIX cuando el andamiaje del cristianismo estaba siendo primeramente derribado.

     La Parte Uno presenta "Los Orígenes". La visión fundamentalista académico-fideísta convencional de Mahoma y los orígenes del Islam es presentada y luego sometida a una destructora crítica de parte de un grupo sorprendentemente pequeño y sorprendentemente reciente de eruditos como John Burton (profesor emérito en la Universidad de St. Andrews), John Wansbrough (Escuela de Londres de Estudios Orientales y Africanos) y, quizá los más radicales, Patricia Crone y Michael Cook, quien "primero presentó sus opiniones en un coloquio acerca del primer siglo de la sociedad islámica realizado en Oxford en 1975, que fueron publicadas más tarde como Hagarismo: La Fabricación del Mundo Islámico (1977)".

     El "gran logro" de este trabajo consiste en "acabar con el consenso académico y demoler la deferencia hacia la visión musulmana de las cosas [10], haciendo posible de esa manera proponer hipótesis alternativas radicales para los orígenes del Islam".


[10] "El problema es el modo mismo del origen de la tradición, no algunas distorsiones menores introducidas posteriormente. Permitir que surjan distorsiones desde diversas lealtades dentro del Islam, como las de un área particular, una tribu, secta o escuela, no ayuda en nada a corregir la tendenciosidad que proviene de la lealtad al Islam mismo. La tradición entera es tendenciosa, y su objetivo es la elaboración de un historia santa (Heilgeschichte) árabe, y esa tendenciosidad ha formado los hechos como los tenemos, y no agregó simplemente algunas declaraciones partidistas que podamos deducir" (Patricia Crone, "Esclavos a Caballo: La Evolución del Régimen Islámico", 1980).

     Una vez que uno rechaza la adhesión servil a la mera tradición y examina la propia evidencia documental —o la cantidad ínfima que podría llevar aquel nombre— el cuadro que surge es en realidad completamente parecido a aquel de lo que sabemos de los orígenes del cristianismo: una especie de revolución copernicana en la cual no hay ningún profeta Mahoma [11], ningún Corán, y en realidad ningún Islam como lo conocemos ahora [12], todo lo cual son ficciones posteriores inventadas para proporcionar explicaciones y justificaciones para el hecho crudo de la conquista árabe:

     «Una vez que los árabes habían adquirido un Imperio, se requería una religión coherente a fin de mantener unido aquel Imperio y legitimar su dominio. En un proceso que implicó una masiva relectura de la Historia, y en conformidad con los modelos judíos y cristianos disponibles, eso significó que ellos necesitaban una revelación y un revelador (profeta), cuya vida pudiera servir a la vez como un modelo para la conducta moral y como un marco para la aparición de la revelación; de ahí que el Corán, el hadith y la sira [la "biografía" del Profeta] fueran concebidos y unidos durante un período de un par de siglos [13]. Después de un siglo y tanto de monoteísmo judeo-musulmán centrado en Jerusalén, a fin de hacer del Islam algo distintivamente árabe, llegó a ser apremiante la necesidad de un origen exclusivamente hijazi [es decir, de La Meca].

     «Es en ese punto que el Islam como lo reconocemos hoy —con una biografía árabe interna del profeta, La Meca, Quaraysh, hijra, Medina, Badr, etcétera— realmente nació como un artefacto puramente literario, un artefacto, además, basado no en recuerdos fidedignos de acontecimientos reales sino en las fértiles imaginaciones de cuentistas árabes que elaboraron, a partir de referencias alusivas en textos coránicos, el texto canónico del Corán, no fijado durante cien años o más [14]. Este escenario tiene al menos tanto sentido de las fuentes como la narración tradicional, y elimina muchas anomalías» [15].


[11] Y quizá ningún "Mahoma" en absoluto; véase de Robert Spencer, "¿Existió Mahoma?: Una Investigación de los Oscuros Orígenes del Islam" (2012).
[12] "El Hagarismo fue un movimiento mesiánico judío destinado a reestablecer el judaísmo en la Tierra Prometida, con poco de árabe en sí mismo aparte del idioma".
[13] "Bajo la influencia de los samaritanos, los árabes procedieron a poner a Mahoma en el papel de Moisés como el líder de un éxodo (hijra), como el portador de una nueva revelación (Corán) recibida en una conveniente montaña sagrada (árabe), el monte Hira. Dicha influencia permaneció entre ellos para que compusieran un libro sagrado" (Ibn Warraq, op. cit.).
[14] «Finalmente los cuentistas se ganaron bien la vida inventando hadiths de entretenimiento, los cuales las masas crédulas disfrutaban con ansia. Para atraer a las muchedumbres los cuentistas dejaron de tener algún valor. "El manejo de hadiths se hundió tempranamente hasta el nivel de un negocio. Los viajes (en busca de hadiths) favorecieron la avaricia de aquellos que tuvieron éxito en fingir ser una fuente del hadith, y con la creciente demanda apareció un deseo siempre creciente de ser pagado en dinero efectivo por los hadiths suministrados"» (Ibn Warraq, op. cit.).
[15] Lo mismo, por supuesto, es verdadero del cristianismo, sustituyendo "modelos judíos y cristianos" por "modelos judíos y paganos".


     La fabricación de La Meca, por ejemplo, es notablemente similar a la fabricación de Nazaret en el Nuevo Testamento: Jesús, habiendo sido mencionado como un "nazareno", probablemente significando que en algún punto él fue considerado como un asceta errante, como Sansón, los escritores del Evangelio, no familiarizados con la geografía de Palestina, inventaron un pequeño pueblo de Nazaret para que él fuese de allí [16]. El problema de que no existiera tal pueblo fue resuelto más tarde por gente nativa emprendedora que simplemente fundó tal pueblo, el que los cristianos crédulos visitan cada Navidad para "caminar por donde nació nuestro salvador" [17]. Yo siempre he encontrado esto como una pequeña pero clarísima sinécdoque (ejemplo representativo) de la impostura cristiana entera: en parte una equivocación, en parte un juego de estafa [18].


[16] Kenneth Humphreys, en "Jesús Nunca Existió: Una Introducción a la Herejía Final" (2014) tiene la fascinante sugerencia de que la falsa geografía del NT estaba destinada a sugerir que Jesús viajó alrededor de un enorme auditorio al aire libre. Vea mi reseña "Cuentos del Mito de Christos" en https://www.counter-currents.com/2015/05/tales-of-the-christos-mythos/
[17] Aparte de la inexistencia, el otro problema era cómo reconciliar eso con la noción del Salvador viniendo de la ciudad de David, Belén. Eso fue resuelto por la invención de un "censo mundial" (tan no documentado en la historia romana como el surgimiento del Islam) que absurdamente requirió que José viajara —con su esposa embarazada de 9 meses— a la "ciudad de su nacimiento", Belén, y que luego regresara con todos de vuelta a Nazaret.
[18] Aparte de dar a los opositores del Islam algunas municiones, ese capítulo es también útil para inculcar en el occidental típico la desestabilizadora noción de que todas esas religiones semíticas son sólo cuentos de hadas y palabras insinceras, y que si él insiste en tomarlas en serio, debería al menos insistir también en la reafirmación de su libertad para interpretarlas de cualquier modo que él considere adecuado, no importa cuán fuertemente el visitante obispo anglicano de Uganda —sólo a un par de generaciones de los caníbales él mismo— grite: "¡Pero está escrito!". Cuente sus propias historias si usted debe hacerlo, hombre Blanco, pero no espere que yo esté impresionado cuando usted permite que un africano le dé a usted una conferencia sobre el Levítico.

      Hemos visto que la descripción académica y fundamentalista de los orígenes del Islam es ficticia; en particular, que La Meca, la ciudad comercial supuestamente próspera, nunca existió, o si lo hizo, no era un próspero centro de comercio [19]. Las implicaciones de esto, como Al-Rawandi dice en la Parte Dos, son "muy literalmente devastadoras": si La Meca es una falsificación, entonces también lo es el Corán, ya que su propia historia de origen dice que él fue revelado en... La Meca [20].


[19] Tal como con los acontecimientos literalmente impactantes del Nuevo Testamento, las fuentes paganas son notablemente silenciosas al respecto. "Cook luego mira las fuentes no musulmanas: griegas, siríacas y armenias. Aquí surge un cuadro totalmente inesperado. Aunque no cabe duda de que alguien llamado Mahoma existió, que él era un comerciante, que algo significativo sucedió en el año 622 y que Abraham era central en su enseñanza, no hay ninguna indicación de que la carrera de Mahoma se desplegara en la Arabia interior, ni tampoco hay ninguna mención de La Meca, y el Corán no hizo su aparición sino hasta los últimos años del siglo VII. Además, resulta de estas evidencias que los musulmanes rezaban en una dirección mucho más al Norte que La Meca, y de ahí que su santuario no puede haber estado en La Meca" (Ibn Warraq, op. cit.).
[20] La historia de Nazaret, por contraste, es sólo una vergüenza momentánea, eclipsada por problemas mucho más grandes, aunque uno podría imaginar a alguien usándola como el hilo que cuando se tira conduce al des-anudamiento de la tela entera. De ahí la insistencia abrahámica en la "fe".


      La Parte Dos distingue "dos formas ampliamente opuestas en que los occidentales se acercan al Islam": la racional-analítica, que estudia al Islam "desde el exterior y procura saber cómo llegó a ser del modo en que es"; y la místico-romántica, que "estudia al Islam desde el interior y lo acepta en su propia valoración... y considera a las explicaciones tradicionales como divinamente guiadas". Ejemplos del primer enfoque son los ya mencionados Cook, Crone y compañía, junto con algunas figuras más antiguas como John Burton y Montgomery Watt. Los más prominentes entre éstos son los "tradicionalistas" [21], cuyo "mayor exponente" en Occidente hoy es Seyyed Hossein Nasr.


[21] Aunque el interés de Évola en el Islam fue lo bastante favorable como para llevar a algunos a afirmar que él era de hecho un musulmán secreto (véase de Julius Évola "Los Sufíes de Roma"), él no es mencionado aquí, sin duda porque el autor parece haber encontrado el Tradicionalismo a  través lo que podríamos llamar la escuela "ortodoxa" o de Schuon.


     Al-Rawandi luego examina las opiniones de ellos acerca del valor del Corán y las tradiciones interpretativas o hadices, y nota que a pesar de producir "literaturas separadas acerca del Islam que escasamente reconocen la existencia de las otras", ambas escuelas son "indeleblemente occidentales, en cuanto a que ninguna podría haber surgido dentro del mundo musulmán", lo que es completamente subjetivo y auto-suficiente.

     Además, como hemos notado al principio, mientras más auto-conscientemente cristiano es un crítico racional-analítico, más sus conclusiones tienden a apoyar al Islam fundamentalista, ya que los mismos procedimientos críticos despojarían de veracidad histórica al cristianismo también. El cristianismo una vez más se revela como una "quinta columna" entre nosotros.

     Si los creyentes encontraran la crítica de los orígenes musulmanes ya ofrecida, ellos, como cristianos, pueden "apartar la mirada, denunciar todo eso como obra de Shaitan [Satán] y seguir creyendo en el relato tradicional"; o pueden "adoptar la postura de la escuela místico-romántica" y desestimar la importancia de tales críticas para una fe que "no depende de orígenes históricos sino de un conocimiento interior de la divinidad, el acompañamiento y la recompensa de la piedad". En otras palabras, misticismo.

     Y de esta manera somos llevados a la Parte Tres: Sufismo o Misticismo Islámico. Y aquí la mayor parte del trabajo ya ha sido hecha: puesto que el sufismo se adhiere al relato tradicional de los orígenes del Islam, y asume las creencias del Islam como lo dispone el Corán y el hadiz, el sufismo es expuesto a la misma crítica de la escuela analítica presentada en las Partes Uno y Dos.

     «El sufismo es en gran medida un constructo tardío resultante de la adquisición por parte de los árabes de un Imperio como el propio Islam. Las cadenas de descendencia (silsila) de las hermandades sufíes, que incluyen a Mahoma y a Alí, son simplemente una fantasía más, encima de todas las otras que pasan por Historia en el Islam».

     Además de su disfraz islámico, las ideas específicamente místicas del sufismo son simplemente otra irrupción de perennes nociones místicas tales como "podrían haber sido pronunciadas por cualquiera, en cualquier parte, en cualquier momento", y simplemente "encontraron su camino en textos que son claramente islámicos en otros respectos", mostrando que

     «El misticismo es un rasgo común de la naturaleza humana y puede levantar su cabeza en cualquier contexto, tomando a partir de entonces el color de su entorno, en este caso añadiendo referencias a Mahoma y el Corán».

      Por ejemplo, el "istmo o barzakh, el mundo de la imaginación (alam al-khayal)" del cual eruditos como Corbin hacen tanta cuestión, es simplemente "el equivalente islámico del plano astral, familiar en el ocultismo occidental", como en la Sociedad Teosófica, la Orden del Dorado Amanecer o las "instrucciones precisas" y las "saludables advertencias" de Aleister Crowley.

     Al-Rawandi luego pasa a examinar el tema del misticismo en general; las habituales obras, de Stace, Staal y Katz, son invocadas, sobre todo para criticar las certidumbres bastante auto-satisfechas de tradicionalistas como Schuon, Lings y Chittick; pero aunque él pueda proporcionar interesantes indicaciones a los no iniciados, la discusión es demasiado breve para contribuír mucho a esos debates en curso; sobre todo, él y la gente de su editorial dejan de ver cuán auto-satisfecha es su propia certeza "científica" [22].


[22] Para una discusión mucho más interesante, profunda y positiva de tales reinos paranormales, véase de Jason Reza Jorjani, "Prometeo y Atlas" (Londres, 2016); mi reseña está en https://www.counter-currents.com/2016/09/jason-jorjanis-prometheus-and-atlas/. En particular, en cuanto a la bien conocida crítica de Katz de la imposibilidad de que alguna experiencia mística —o cualquiera en realidad— esté disponible fuera del lenguaje y por lo tanto que no esté envuelta ya en alguna cosmovisión, podríamos recordar la insistencia de Feyerabend en que todas las observaciones están "cargadas de teorías"; él incluso usa los mismos ejemplos que Al-Rawandi, como la Merkabah o el misticismo del "carro" [de la divinidad] de los rabinos medievales, y diversos métodos para subir esfera tras esfera de los siete cielos. La diferencia es que Feyerabend celebra la variedad de cosmovisiones, y procura aprender de todas ellas, declarando que "todas dan lo mismo", mientras los Katzes de este mundo parecen argumentar, o implicar, que eso deja a las observaciones de los místicos como indignas de estudio. Jornani toma, en cuanto a lo paranormal, su evidencia de William James, no mencionado por Al-Rawandi.


     En conclusión,

     «El sufismo es una forma de sofisticado discurso apologético diseñado para hacer que ideas inverosímiles parezcan ligeramente menos improbables [23]. Esto es combinado con un método... diseñado para inducir experiencias en conformidad con la doctrina, dejándolas así sin ningún valor como evidencia para algo objetivo».


[23] Nuevamente, notamos que la "erudición" islámica occidental —aquí, la muy extraña y "sofisticada" literatura del sufismo— es realmente análoga a la apologética cristiana.


     La Parte Cuatro, "El Islam en el Mundo Moderno", examina los modos en que el Islam ha tratado con el triunfo del mundo moderno. Éste es un problema particular para el Islam, ya que no se suponía que las cosas sucedieran de esa manera: el Islam, sumiso a Alá, debería haber puesto al mundo entero bajo su benévola dictadura; Occidente, rechazando la clara Verdad, debería haber encallado, o bien haber sido destruído como Sodoma y Gomorra por su mal. En vez de eso,

     «Al no creer, al dudar y cuestionarlo todo, incluyendo la religión y la revelación, Occidente ha conseguido el éxito más brillante que el mundo haya visto alguna vez» [24].


[24] Nuevamente, a los conservadores anti-Islam no les gusta admitir que el éxito de Occidente viene de dudar de la "religión y revelación" del tipo cristiana. Cuando nuestro autor dice que aquellos que elogian la herencia científica del Islam deberían admitir que "cualquiera fuese el éxito material que el mundo musulmán alguna vez haya conseguido, fue a pesar del Islam, no debido a él", él repite de manera inconsciente la respuesta de Évola a aquellos que hablan de la cristiandad: cualquier cosa que la Iglesia romana haya dado a Europa, eso fue la parte de Roma, no la parte de la Iglesia.


     Como hemos visto, el sufismo es la relativamente amistosa alternativa "esotérica" a la cara desagradable del Islam "exotérico", de modo que hay dos respuestas a la modernidad. La primera es afirmar la existencia de una clase de "ciencia islámica", lo cual, como la "democracia islámica", es simplemente una contradicción en los términos.

     El "representante principal" del otro enfoque, esotérico o místico, es el ya mencionado Seyyed Hossein Nasr. Si miramos detrás de la plétora misteriosamente bien financiada de bien producidas publicaciones y de los prominentes puestos académicos de Nasr y sus colegas tradicionalistas, encontramos opiniones convenientemente "esotéricas" sobre ciencia y religión que representan una disminuyentemente pequeña fracción de musulmanes reales, y que por sus propios méritos han sido sometidas a demoledoras críticas de parte de expertos académicos actuales.

     Por ejemplo, David King, examinando la obra "Ciencia Islámica" (1976) de Nasr, de "impresionante aspecto", concluye que "él parece no estar completamente al corriente de muchos recientes conocimientos en el campo de la ciencia islámica"; en cuanto a la religión, Muhammad Salman Raschid concluyó así su reseña de las Conferencias Gifford de 1981 de Nasr (publicada como El Conocimiento y lo Sagrado):

     «Esto no representa la expresión de ideas islámicas (es decir, coránicas). Está más bien basado en una mezcla confusa de lo que podría ser caracterizado como un neoplatonizado Teísmo Semítico con una mezcla de Vedanta distorsionado. Si esto suena como una formulación extraordinariamente incoherente, acepto que es un reflejo directo de la incoherencia básica del caso entero de Nasr».

     Por supuesto, Nasr, como Huston Smith, es "poco más que un aparentemente respetable testaferro académico del tradicionalismo", que apoya lo que modestamente es mencionado como la Verdad.

     «Esta Verdad es conocida como verdadera por medio del... intelecto. Esto significa que la Verdad del tradicionalismo es conocida como verdadera sólo por una élite intelectual y moral... lo que explica el tono arrogante y dogmático de mucha literatura tradicionalista».

     Incluso si ésta es una posición plausible en general, debemos someter a un serio escrutinio cualquier afirmación particular de ser "una élite intelectual y moral". Al-Rawandi así examina las obras de Frithjof Schuon, el más prolífico y respetado (en realidad, literalmente adorado) de aquellos que han continuado el proyecto comenzado por René Guénon. Nasr, por ejemplo, dice que Schuon parece como

     «El intelecto cósmico mismo impregnado por la energía de la gracia divina que contempla la totalidad de la realidad que rodea al hombre y explica todas las preocupaciones de la existencia humana a la luz del conocimiento sagrado».

     ¿Qué entonces podemos decir de este personaje? Al-Rawandi sabiamente evita la discusión filosófica y se concentra en las calificaciones de Schuon como miembro —en realidad, un líder— de una élite moral, algo nunca discutido por aquellos que promueven sus libros.

     ¿Cuántos, por ejemplo, saben que Schuon dirigió un grupo sufí secreto (que incluía a "testaferros académicos" como Huston Smith) durante décadas, basando sus calificaciones (¿recuerda aquellas "cadenas de descendencia" mencionadas anteriormente?) en una iniciación que él recibió de un jeque muerto hace mucho, en un sueño?; ¿o que posteriores "revelaciones" condujeron a innovaciones doctrinales tales como éstas?:

     «Schuon se consideraba a sí mismo a la vez amante e hijo adoptivo de la Virgen, el Paracleto, una encarnación del Logos, y un avatara único que encarnaba la quintaesencia de todas las religiones al final de los tiempos... Su cuerpo era un sacramento viviente que irradiaba bendiciones divinas, especialmente cuando estaba desnudo. Entre las seguidoras de Schuon, esa bendición era comunicada por medio del contacto físico...».

     Uno quisiera añadir: "Por supuesto que así sería".

     Cuando fueron añadidos niños a las "reuniones primordiales", la justicia se interesó, y se produjo algún escándalo. Nuestro interés en esto no es revolver los escándalos sino sólo apreciar las reacciones de los colegas tradicionalistas de Schuon (y miembros de cultos secretos, como ahora sabemos). Martin Lings, el autor de aquella bien acogida "biografía" de Mahoma —"basada en las fuentes más tempranas"— simplemente dijo que "Schuon es divino". Y Nasr dijo a los medios locales de comunicación que "Él pertenece a un mundo diferente. Él es en gran parte un hombre pre-moderno". Y ésa es una buena cosa, ¿verdad?.

     Como Al-Rawandi concluye, "tal es la honestidad y el juicio de algunos de los más prominentes apologistas del Islam en Occidente".

     El autor luego dedica algunas páginas al jeque Nazim, a quien algunos han acudido en busca de la Verdad, incluyendo, uno sospecha, al propio autor. Eso fue bastante fascinante, ya que esa figura era desconocida para mí, y como nota Al-Rawandi, él representa un acercamiento bháktico [del movimiento hinduísta Bhakti], en contraste con el gnóstico de Schuon. Sin embargo, no hay escándalos aquí, sólo aquel "recurso indispensable del lunático teórico de la conspiración": los judíos lo controlan todo. Pero en último término, el jeque es completamente inútil: "La causa de todos los problemas es la carencia del Islam, y la solución a todos los problemas es más Islam".

     Y ése es el problema: ya se lo disfrace para los occidentales con toda la parafernalia del sufismo o el tradicionalismo o la Ciencia Islámica, aquello se reduce a una demanda de una creencia indisputada en algún Libro y en su supuesto Mensajero, una demanda que Occidente en realidad ya ha rechazado, con resultados indiscutiblemente exitosos, por más que los conservadores despreciadores del Islam rechacen admitirlo [25].


[25] "Nuestro mayor enemigo... no es el Islam sino la mentalidad tradicionalista... que no puede tolerar la incertidumbre fundamental y el honesto conflicto intelectual" (Jorjani, op. cit.).

     Finalmente, Al-Rawandi ofrece un anexo acerca de la teoría del Número 19 de Rashad Khalifa, fallecido fundador de la secta de sólo Corán /anti-Hadith ahora llamada "Los Sometidos".

     Eso es de limitado interés para el lector promedio [26], pero el punto de él es interesante: si existe un patrón extremadamente intrincado que involucra al número 19 en el Corán, fue probablemente puesto allí para "convencer" a los lectores de que sólo Dios podría haber revelado una obra tan compleja; en realidad, ello realmente demuestra que el Corán es una falsificación, pasajes arbitrarios cosidos juntos por congéneres humanos (Homo homini lupus est) que intentaban perpetrar un fraude sobre un auditorio crédulo [27].


[26] Véase "Did Adam and Eve Have Navels?: Debunking Pseudoscience", de Martin Gardner (2001).
[27] George Bernard Shaw dijo que las historias de milagros en el Nuevo Testamento eran un intento de persuadir a la fuerza a sus lectores, pero un intento al que realmente le salió el tiro por la culata, quitando mérito al noble mensaje moral original y haciendo que dichas historias se lean como la biografía de un mago de escenario barato.


     Aunque el autor mencione a Plotino y el neoplatonismo varias veces (siendo las verdaderas fuentes del "misticismo islámico" del título, así como de la "Verdad" de Nasr), él no menciona que la edición póstumamente publicada de los escritos de Plotino, las Enéadas, fue reunida por su discípulo Porfirio simplemente de esa manera: 9 divisiones (de ahí "Enéadas") cada una conteniendo 9 tratados. Por supuesto, para hacer eso él tuvo que editar, cortar y pegar una cantidad considerable, ensuciando los ya nebulosos procesos de pensamiento de Plotino y haciendo una pequeña industria artesanal para eruditos y candidatos a doctor, haciéndole ingeniería inversa al proceso para producir "reconstrucciones".

     Tampoco éste es un paralelo irrelevante de la literatura secular: los griegos, y más tarde los romanos, tendieron a tratar a sus filósofos como sabios y al menos como seres semi-divinos. Así, Porfirio escribe el prefacio a sus Enéadas con una "Vida de Plotino" que, otra vez, es menos que provechosa para los modernos que simplemente buscan información "biográfica" [28], escrita según el modelo de muchas "vidas de sabios" en las cuales uno sabe, deductivamente, que siendo X divino, su nacimiento debe haber tenido tales y cuales características.


[28] De manera bastante conocida comienza con "Plotino parecía avergonzado de estar en un cuerpo", y así, fue menos que sincero en cuanto a detalles biográficos, y finaliza con su espíritu escapando en su muerte en la forma de una serpiente que se deslizó desde su cama.


     Y de esa manera fue tramada la biografía de Mahoma, y así, a pesar de siglos de ingenuidad cristiana, las supuestas biografías de Jesús que corren bajo el nombre de "Evangelios", simplemente rellenan el mero puñado de datos de las Epístolas con una historia más o menos elaborada basada en la hagiografía pagana y en citas sacadas del Antiguo Testamento [29].


[29] "Cuando queremos saber sobre Cristo, leemos el Nuevo Testamento. Pero los primeros cristianos no tenían ningún Nuevo Testamento. Ellos leían el Antiguo Testamento, y lo interpretaban como les convenía" (Robert A. Price). Vea mi reseña "La Biblia de Lovecraft: Robert M. Price y la (Des)Fabricación del Nuevo Testamento" en https://www.counter-currents.com/2015/05/lovecrafts-bible/

     Hablando del Viejo y el Nuevo Testamento, recuerde que comenzamos señalando la extraña inmunidad del Islam a la Alta Crítica, a la que le ha sido permitido, por contraste, borrar en gran parte el cristianismo tras serias consideraciones. Uno sospecha que por más que ellos odien al Islam, sus críticos occidentales más "conservadores" se abstienen de desplegar dicha arma, no sea que ellos tengan que admitir que su propia rama fue cortada hace mucho.

     Aunque yo aconsejara saltarse las secciones "Visión del Islam de Sí Mismo", la parte acerca del Mundo Moderno tiene una interesante forma de hablar digna de considerar:

     «Si el mundo como tal es distracción, dispersión y carencia de centro [30], el mundo moderno eleva esas cualidades negativas al status de principios y modos de vida. Desde el punto de vista de aquel mundo, el Islam sólo puede parecer un caso de desarrollo detenido, una virtual detención de la Historia que atrapa a una sección entera de la Humanidad en una mentalidad "bíblica"... [Pero para el Islam] los acontecimientos que produjeron el mundo moderno no son señales de vida, en contraste con la rigidez cadavérica del Islam, sino signos de una traición prometeica que rechaza las demandas del cielo».

[30] Vea de Frithjof Schuon, "Tener un Centro", Indiana, 1990, 2015.

     Rechazar el materialismo científico del mundo moderno como "una oscura visión que deja de ver cualquier cosa que esté más allá de lo material" y como una consecuencia "ciega ante la transparencia metafísica de los fenómenos" [31], en favor de la Verdad supuestamente revelada de una religión o de la Verdad supuestamente intuída de una "unidad transcendental" detrás de todas las religiones, es una poderosa tentación. ¿Quién no quiere recibir consuelo de la fijeza de lo Absoluto?.

[31] James Wetmore da una exposición bastante lúcida de esta doctrina tradicionalista en "En la Tierra como Es en el Cielo", en Merhdad Zarandi y Merhdad M. Zarandi, "La Ciencia y el Mito del Progreso" (Indiana, 2003), donde sirve como el curso medio (tertium quid) metafísico entre la biología materialista y el creacionismo bíblico. Por su parte, Jason Reza Jorjani hace uso de Schelling y Rupert Sheldrake para presentar una explicación bastante diferente pero igualmente anti-materialista de la interacción de arquetipos y ejemplificaciones físicas en "Prometeo y Atlas" (Londres, 2016), revisado en https://www.counter-currents.com/2016/09/jason-jorjanis-prometheus-and-atlas/

     Aunque Al-Rawandi estaba indudablemente pensando en sus editores, podemos ver aquí una referencia a "Prometeo y Atlas" del ya mencionado Jason Reza Jorjani, donde el académico persa-estadounidense nos pide rechazar tanto la ciencia de mente cerrada como la revelación abrahámica [32], y, rechazando también la "Verdad" estática de una filosofía perenne [33], exige que tengamos el coraje nietzscheano que nos permita saltar hacia el abismo, asumidos —en realidad, poseídos— por los verdaderos arquetipos de nuestra herencia occidental, los titanes Prometeo y Atlas. Como está inscrito en las paredes del Centro Rockefeller en esta aparente paradoja, "Sabiduría y Conocimiento serán la estabilidad de los Tiempos" [34].

[32] Como fue señalado en mi reseña, Jorjani, de manera algo irónica, desprecia el punto de vista de la Alta Crítica y toma la Biblia como una historia literal, pero una de encuentros con, y manipulaciones de parte de, poderes malévolos, mientras que en su más reciente obra "Contra la Filosofía Perenne" él muestra una comprensión exacta de los resultados del último siglo de escrutinio crítico de las escrituras.
[33] Ése es un punto desarrollado de manera más definitiva en su ensayo "Contra la Filosofía Perenne", op. cit. "Si una sociedad cree que existe una Sabiduría eterna e inmutable que puede ser definitivamente alcanzada por una persona que viva dentro del tiempo actual, y que otra persona inteligente sólo tiene que estudiar bajo tal sabio para recibir ese conocimiento, entonces aquella sociedad nunca verá la clase de revoluciones científicas y políticas que son catalizadas por filósofos genuinos... Nuestro mayor enemigo... no es el Islam sino la mentalidad tradicionalista... que no puede tolerar la incertidumbre fundamental y el conflicto intelectual honesto".
[34] Debe ser dicho, sin embargo, que "rechazar las demandas del cielo" en efecto recuerda las tradiciones "mágicas" o alquímicas favorecidas por Évola, aunque evitadas por Guénon y los otros "tradicionalistas". Véase de Évola "La Tradición Hermética", especialmente la Introducción a la Parte Uno, "El Árbol, la Serpiente y los Titanes", y mi discusión sobre Lucifer en el ensayo que le da título a mi libro "¡Nazis Verdes en el Espacio!" (San Francisco, 2016).

     Hablando de la editorial (Prometheus Books), ésta es una típica producción de ellos, la anti-religión en una forma suave y de la vieja escuela. Como mi profesor, el doctor John Deck, una vez dijo de la obra de Walter Kaufmann, es por lo general exacta pero nunca profunda. Al-Rawandi es claramente alguien que ha luchado para liberarse del Islam y de un moderno culto sufí; pero quizás para conservar su anonimato, ninguno de sus detalles biográficos aparece, y el libro es realmente sólo un ordenamiento y un resumen de varios críticos del Islam, desde historiadores a filósofos de la experiencia mística. Como tal, es bastante fácil de leer, y recomendado para todos, especialmente para aquellos críticos del Islam que están en la Derecha, los cuales, como diría Ayn Rand, tendrían que "comprobar sus premisas" cuando se trata de sus propias religiones, así como de su rebelión contra el mundo moderno.–





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