BUSCAR en este Blog

miércoles, 24 de mayo de 2017

El Objetivo Aliado: La Destrucción de Alemania



     Benton L. Bradberry sirvió en la Marina estadounidense entre 1955 y 1977 como oficial y piloto aviador, graduándose en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, y fruto de la inmensa campaña de demonización de los alemanes decidió investigar la otra versión de la historia de la Segunda Guerra, que fue el origen de su libro "El Mito de la Villanía Alemana" (The Myth of German Villainy) de 2012. De allí presentamos aquí en castellano su capítulo 21 (The Allied Goal? Destruction of Germany!), que demuestra que Alemania fue la verdadera víctima tanto de la Primera como de la Segunda Guerra Mundial y no su instigadora, por haber entrado en competencia directa con los designios de la Gran Bretaña imperial. Añadimos este capítulo al prefacio y capítulo 1 que ya presentamos en Diciembre de 2015.




Capítulo 21
¿El Objetivo Aliado? ¡La Destrucción de Alemania!


     "Usted debe entender que esta guerra no es contra Hitler o el Nacionalsocialismo sino contra la fuerza del pueblo alemán, que debe ser destruída de una vez para siempre, independientemente de si está en las manos de Hitler o de un sacerdote jesuíta" (Winston Churchill, 1940, citado en el libro de Emrys Hughes "Winston Churchill, His Career in War and Peace").


     Frederick Lindemann, posteriormente conocido como Lord Cherwell, era un judío nacido en Baden-Baden, Alemania, pero criado en Inglaterra. Él volvió a Alemania para obtener un doctorado en Física en la Universidad de Berlín, después de lo cual regresó a Inglaterra. Lindemann fue un temprano pionero del desarrollo tecnológico de la aviación británica, y cuando Churchill se convirtió en Primer Ministro, designó a Lindemann como el principal consejero científico del gobierno británico. En tanto judío, Lindemann abrigaba un odio patológico no sólo contra los nacionalsocialistas sino contra Alemania y el pueblo alemán. La venganza contra los alemanes motivó cada acción y opinión suya. Él fue desde un principio un partidario principal del "bombardeo de áreas" de ciudades alemanas, e ideó un "plan" para llevarlo a cabo.

     El plan de Lindemann proponía que Gran Bretaña se olvidara de los objetivos militares y concentrara sus ataques aéreos sobre la población civil de Alemania a fin de romper la moral del pueblo alemán. Después de que su moral fuera rota —creía Lindemann, y también Churchill—, el público alemán exigiría una rendición incondicional ante los Aliados. Su plan proponía que "el bombardeo debería ser dirigido a casas de la clase obrera. Las casas de clase media tienen demasiado espacio alrededor de ellas, por lo que se desperdiciarían bombas".

     "Debería ser enfatizado", dijo Lindemann, "que la destrucción de casas, servicios públicos, transporte y vidas, la creación de un problema de refugiados a una escala sin precedentes, y el colapso de la moral tanto en casa como en los frentes de batalla mediante el miedo a bombardeos extensos e intensificados, son objetivos aceptados y pretendidos de nuestra política de bombardeo. Ellos no son subproductos de intentos de golpear fábricas". En otras palabras, el asesinato de grandes cantidades de civiles debería ser el objetivo primordial de las incursiones de bombardeo.

     Lindemann no estaba escribiendo en el vacío cuando creó el Plan Lindemann. El profesor Solly Zuckerman y el profesor Desmond Bernal, ambos judíos, también hicieron estudios acerca de los efectos del bombardeo de área en las estructuras y en la gente, y ambos llegaron a ser fuertes partidarios del bombardeo masivo de Alemania.

     Bombardear ciudades como un medio de emprender la guerra total se había convertido ya en una estrategia aceptada entre los miembros del "partido de la guerra" británico. Gran Bretaña comenzó a desarrollar y construír bombarderos pesados de gran alcance tan pronto como en 1933. Estados Unidos hizo lo mismo. El Lancaster, el B17 y el B24 no fueron construídos para ningún otro objetivo que el de destruír ciudades e infligir bajas masivas a la población alemana.

      Las operaciones militares requieren aviones pequeños, rápidos, "tácticos". Las armadas de miles de pesados bombarderos "estratégicos" de cuatro motores no tenían ningún objetivo militar. El coronel (posteriormente general de brigada) Robin Olds, un oficial muy respetado y piloto de caza de la Fuerza Aérea de EE.UU. que sirvió tanto en la 2ªGM como en Vietnam, declaró más de una vez que el llamado programa de bombardeo estratégico era ineficaz, dispendioso e inútil. Hoy es generalmente reconocido que el programa de bombardeo estratégico no acortó la guerra ni en un solo día, y que al final no sirvió para ningún propósito militar. Después de todo, Alemania alcanzó su nivel más alto de producción de guerra en los últimos meses de aquélla cuando el bombardeo era más intenso.

     El coronel Olds, entre muchos otros, era de la opinión de que los cazabombarderos que llevan una sola bomba, volando bajo y rápido, habrían sido mucho más eficaces contra objetivos militares y estratégicos alemanes. Él dijo que un solo avión Mustang podría haber dejado caer una bomba de 250 kilos sobre cualquier fábrica en Alemania. Era imposible golpear una fábrica con una enorme formación de bombarderos volando a 7.600 metros de altura sin destruír todo a kilómetros alrededor de ella. Él también enfatizó que eso habría minimizado enormemente las bajas civiles. Quizá el coronel era ingenuo. Quizá él no entendió que el propósito mismo del "bombardeo estratégico" era maximizar las bajas civiles. En pocas palabras, ¡el objetivo del "bombardeo estratégico" era el genocidio!.

     Mientras Gran Bretaña y Estados Unidos construían miles de miles de bombarderos pesados de cuatro motores y de largo alcance, diseñados para ningún otro objetivo que la destrucción de ciudades y la matanza de masivas cantidades de civiles, Alemania construyó sólo bombarderos de baja altitud, ligeros y manejables, diseñados para el apoyo de tierra. Esos aviones eran inadecuados para el bombardeo de terror genocida. Hitler sólo emprendió el bombardeo de objetivos civiles británicos de mala gana, tres meses después de que la RAF (Royal Air Force) comenzara una campaña de bombardeo por saturación de ciudades alemanas. Hitler habría estado dispuesto en cualquier momento a detener la matanza.

     El Gabinete de Guerra de Churchill adoptó el Plan Lindemann en Marzo de 1942, que entonces se convirtió en la política oficial británica. Esa decisión del Gabinete de Guerra fue mantenida como un secreto bien guardado ante el público británico durante toda la guerra y muchos años después. Al pueblo británico se le dijo que sólo objetivos militares e industriales habían sido bombardeados, y que cualquier daño adicional era involuntario. La verdadera naturaleza del bombardeo británico de ciudades y civiles alemanes fue revelada en 1961 en un libro titulado "Ciencia y Gobierno" del físico y novelista Sir Charles Snow. El siguiente pasaje del libro fue inmediatamente traducido y publicado en diversos idiomas:

     «A principios de 1942 el profesor Lindemann, para esas fechas Lord Cherwell y miembro del Gabinete, presentó un informe ante el Gabinete relativo al bombardeo estratégico de Alemania. Allí describía en términos cuantitativos el efecto sobre Alemania de un bombardeo británico ofensivo en los próximos dieciocho meses (aproximadamente de Marzo de 1942 a Septiembre de 1943). El informe proponía una política estratégica. El bombardeo debía ser dirigido esencialmente contra casas alemanas de clase obrera. Las casas de la clase media tienen demasiado espacio alrededor de ellas y por ello se desperdiciarían bombas; las fábricas y los "objetivos militares" habían sido olvidados hace mucho, excepto en los boletines oficiales, ya que eran demasiado difíciles de encontrar y golpear. El informe afirmaba que, dada una concentración total del esfuerzo en la producción y el uso de aviones, sería posible, en todas las grandes ciudades de Alemania (es decir aquellas con más de 50.000 habitantes), destruír el 50% de todas las casas».

     Angus Calder escribió en su libro "La Guerra de los Pueblos" de 1969:

     «Esto puede ser una Historia Inconveniente, pero fue Inglaterra más bien que Alemania la que inició la cruel matanza de bombardear a civiles, provocando así la venganza. [Neville] Chamberlain concedió que ello [el bombardeo de civiles y ciudades] era "absolutamente contrario al Derecho Internacional". Dicho bombardeo comenzó en 1940, y Churchill creía que ése era el secreto de la victoria. Él estaba convencido de que las incursiones de suficiente intensidad podrían destruír la moral de Alemania, y entonces su Gabinete de Guerra planeó una campaña que abandonó la práctica aceptada de atacar a las fuerzas armadas del enemigo y en cambio hizo de los civiles el objetivo primario. Noche tras noche, los bombarderos de la RAF en cantidades crecientes golpearon en todas partes de Alemania, por lo general en las casas de clase obrera, porque estaban más densamente pobladas».

     Gran Bretaña dedicó más de sus recursos al Comando de Bombarderos de la RAF que a todas las otras ramas militares británicas combinadas. Habiendo descubierto a principios de la guerra que era casi imposible golpear desde la altura un pequeño blanco, como una fábrica o una pista de aterrizaje, el Comando de Bombarderos decidió concentrar alas aéreas enteras en incursiones de bombarderos de mil aviones a la vez sobre ciudades alemanas. Para evitar pérdidas de aeroplanos a manos de aviones de combate alemanes y fuego antiaéreo de tierra, esos masivos ataques ocurrían sólo por la noche a una elevada altitud.

     Los británicos desistieron de objetivos militares temprano en la guerra y decidieron concentrarse completamente en las ciudades de Alemania, usando los centros de las ciudades como su punto a golpear. Los centros de las ciudades eran la parte más vieja de ellas, que se remontaban a la Edad Media y más allá. En los centros de la ciudad las calles eran estrechas y los edificios estaban cercanos, construídos sobre todo de madera altamente inflamable, cubierta de yeso, que se encendía fácilmente y se quemaba furiosamente. La gente en esas viejas ciudades sufrió muertes horrendas cuando ellos fueron fritos, cocinados y asados por los incendios, o volados en pedazos por las explosiones.



* * * *

     Estados Unidos entró en la guerra aérea en Europa en Septiembre de 1942 con grupos aéreos de B-24 y B-17 volando desde Gran Bretaña. Estados Unidos al principio no atacó a civiles directamente, pero intentó realizar bombardeos de precisión de fábricas e instalaciones militares alemanas. Mientras que los británicos llevaban a cabo todas sus incursiones de noche, los estadounidenses hicieron sus carreras de bombardeo durante la luz del día, para mejorar la exactitud del bombardeo. Pero el "bombardeo de precisión" a una elevada altitud era una fantasía, ya fuese durante el día o por la noche, ya que invariablemente más bombas caían en áreas que rodeaban al objetivo que sobre el objetivo mismo. Después de un tiempo, los estadounidenses desistieron de los "bombardeos de precisión" y se unieron a los británicos en el "bombardeo de área", es decir, apuntando a ciudades enteras.

     Hacia el final de la guerra, 1.000 ciudades y pueblos alemanes habían sido bombardeados, con aproximadamente 160 de los más grandes reducidos a escombros. Esas ciudades y pueblos estaban entre los más antiguos y bellos de Europa, similares en valor artístico y cultural a Florencia, París o Roma. Esas ciudades destruídas contenían los tesoros culturales acumulados de siglos, incluyendo arte, galerías de arte, estatuas, arquitectura, bibliotecas, museos, palacios, puentes, ayuntamientos, iglesias y catedrales. Los accesorios de esta cultura altamente desarrollada que tomó mil años construír y acumular fueron borrados en minutos por las bombas.

     Por supuesto, hubo mucha objeción en ese entonces a lo que estaba sucediendo, aunque la vasta mayoría del público lo apoyó. El semanario católico liberal Commonweal, escasamente un órgano pacifista, a principios de 1944 denunció la política de bombardeos estratégicos como "el asesinato de gente inocente y el suicidio de nuestra civilización".

     La reseña del Times de Londres acerca de la historia oficial británica de la Ofensiva Aérea Estratégica, comentó:

     "Uno cierra estos volúmenes sientiéndose incómodo, sintiendo que los verdaderos héroes de la historia que ellos cuentan no son ni los contendientes mariscales del aire, y ni siquiera los 58.888 oficiales y hombres del Comando de Bombarderos que resultaron muertos en combate. Los héroes eran los habitantes de las ciudades alemanas bajo ataque; los hombres, mujeres y niños que estoicamente soportaron y trabajaron entre las ruinas ardientes de sus casas y fábricas, hasta el momento en que los ejércitos Aliados los invadieron".

     Esa clase de salvajismo se auto-perpetuó durante el curso de la guerra hasta que todo el fingimiento de cumplir con las tradicionales "reglas de la guerra civilizada" fue finalmente abandonado, ya que ambos lados tácitamente adoptaron el principio de que cualquier acto era justificable si ofrecía siquiera una posibilidad remota de que eso pudiera impedir las horribles consecuencias de la derrota.

     Pero otro factor estaba también en funcionamiento en la continuación inútil e insensata de bombardeos por saturación de ciudades y pueblos alemanes, incluso después de que la victoria era cierta, y aquél era la simple "inercia". Las masivas incursiones de bombardeo siguieron porque eso era lo que el Comando de Bombarderos y la Fuerza Aérea del Ejército de Estados Unidos habían organizado hacer. Tal como cualquier organización compleja y dinámica, después de un tiempo el complejo industrial militar entero tomó vida propia y en algún grado se manejó solo.

     Las cadenas de montaje de aviones, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, producían una corriente constante de nuevos bombarderos. Los fabricantes de bombas dirigían sus cadenas de montaje de bombas día y noche. El sistema de suministro de combustible a aviones funcionaba automáticamente, entregando el combustible a tiempo en los puntos necesarios. Los comandos de entrenamiento siguieron formando a miles de nuevos pilotos y tripulaciones aéreas. Los oficiales de Estado Mayor asignados para escoger objetivos e informar a los equipos de bombarderos antes de despegar siguieron haciendo su trabajo.

     El complejo militar/industrial entero, diseñado y organizado para entregar miles de toneladas de bombas diariamente sobre ciudades alemanas, trabajó como una máquina gigantesca bajo piloto automático. Nadie tenía que decirle que hiciera su trabajo. Todo lo contrario: cualquiera con una alta autoridad habría tenido que decirle que se detuviera. Incluso si alguien le hubiera dicho que se detuviera, habría encontrado una enorme resistencia burocrática. Además, aquellos que estaban al mando del gigantesco aparato de bombardeo, Churchill, Roosevelt, el mariscal del aire Harris y el general Hap Arnold, optaron por continuar el bombardeo, justificado o no.

     Tanto Alemania como Japón habrían terminado la guerra en cualquier momento con un armisticio si se les hubiera dado la posibilidad de hacer eso, incluso tan tempranamente como en la primavera de 1943. Si se hubiera permitido que eso sucediera, la mayor parte de la muerte y destrucción habría sido evitada, pero la política de rendición incondicional de Roosevelt, apoyado por Churchill, hizo imposible tal final.

     La demanda de la rendición incondicional garantizó que la lucha larga y extrema que dejó en ruinas a la mayor parte de Europa Occidental, con millones de muertos, continuaría hasta su amargo final. Churchill y Roosevelt, no Hitler, fueron los responsables de ello. En el verano de 1943, cuando Churchill estaba a punto de dejar Londres para reunirse con Roosevelt en una conferencia en Quebec, un reportero de la revista Time le preguntó: "¿Ofrecerá usted términos de paz a Alemania?". Churchill, con una voz jovial, replicó: "¡Cielos, no! Ellos aceptarían inmediatamente". Todos se rieron.

     Cerca del final de la guerra, la mayoría de las grandes ciudades y pueblos en Alemania había sido destruída, de manera que las pequeñas ciudades y pueblos estaban siendo apuntados ahora sin motivo salvo que ellos no habían sido bombardeados antes. Miles de civiles alemanes inocentes sufrieron muertes horrorosas cada día y cada noche por ninguna razón excepto el capricho del oficial del Estado Mayor que más o menos arbitrariamente había elegido tal ciudad como el objetivo de aquel día. Todos los que estaban empleados dentro del gigantesco aparato de bombardeo siguieron haciendo el trabajo que se les había asignado, y nadie con autoridad les dijo que se detuvieran, de modo que el bombardeo continuó, día tras día, noche tras noche.

     Norman Stone, profesor de Historia Moderna en Oxford, escribió en el Daily Mail:

     "Ya hacia 1944... continuamos bombardeando ciudades alemanas meses después de que había quedado claro que ganaríamos, y que Stalin sería potencialmente un enemigo terrible. Algo del bombardeo era simplemente inútil. En los últimos días de la guerra golpeamos en las viejas ciudades de pan de jengibre al Sur de Wurzburg, donde no había ningún objetivo militar en absoluto... sólo refugiados, mujeres y niños. De esos actos de sadismo gratuito, el peor fue el bombardeo de Dresden".

     ¡Dresden! Dresden era una de las ciudades más hermosas de Europa antes de que fuera bombardeada, un centro cultural lleno de palacios elegantes, catedrales y estatuas. Era una ciudad de cuento de hadas, con sinuosas calles de adoquín, agujas de iglesia y casas de pan de jengibre. No tenía ningún significado militar en absoluto. En el último año de la guerra había sido una ciudad-hospital, cuidando a miles de soldados alemanes heridos. Ni una sola unidad militar alemana fue estacionada allí.

     En las primeras semanas de 1945, el invierno más frío en un siglo, cientos de miles de refugiados habían inundado Dresden para escapar del ejército ruso que avanzaba. Los habitantes de Dresden recibieron a tantas de esas pobres almas como les fue posible, pero no era posible recibirlos a todos. Cientos de miles de refugiados asustados, hambrientos y desesperados, se concentraron en la Ciudad Vieja, acampando en las aceras y en cada jardín y cada parque de la ciudad. Ellos dormían en la tierra y se acurrucaban juntos para impedir morirse de frío. Los niños lloriqueaban y pedían comida. Los servicios sociales de la ciudad se vieron abrumados, aunque hicieron todo lo posible para tratar de alimentarlos y cuidarlos. Entonces llegaron los bombarderos.

     La primera ola de bombarderos fue británica, la que llegó sobre la ciudad a las 10:00 PM el 13 de Febrero de 1945, dejando caer miles de enormes bombas altamente explosivas sobre la Ciudad Vieja, atestada de refugiados, para destruír los techos de los edificios, en preparación para las bombas incendiarias que debían llegar muy pronto. Las bombas altamente explosivas arruinaron el sistema de advertencia de incursiones aéreas, destruyeron las estaciones de bomberos, rompieron las cañerías de agua y causaron una masiva destrucción y muerte. Las muchedumbres de refugiados no tenían ningún lugar donde correr y ningún lugar para esconderse. Luego vinieron los bombarderos cargados con bombas incendiarias que convirtieron la Ciudad Vieja en un salvaje océano de fuego. La temperatura del aire se elevó hasta 590 grados Celsius. Vientos de hasta 160 kms. por hora sorbieron todo el oxígeno en el centro de la tormenta. Cientos de miles de personas fueron quemadas vivas.

     Así de tarde en la guerra, la ciencia del bombardeo había sido bien desarrollada. El patrón de bombas dejadas caer por los británicos fue diseñado para producir una "tormenta de fuego", y la tormenta de fuego de Dresden fue una de las más espectaculares de la guerra.

     Miles se asfixiaron en los sótanos a medida que el oxígeno era succionado por las llamas afuera. Miles más fueron lanzados en el aire como muñecas de trapo y sorbidos por los feroces vientos directamente hacia el infierno. La succión del aire por la tormenta de fuego era tan fuerte que desarraigó árboles y levantó los techos de las casas hasta kilómetros de distancia. Un completo pánico afligió a la gente. Los caballos retrocedían y corrían hacia las muchedumbres. Animales salvajes como leones y tigres escaparon de los recintos rotos del zoológico y corrieron hacia las aterrorizadas multitudes. Enormes serpientes se deslizaron entre los pies de aquellos que huían. Los trenes de hospital, todavía llenos de soldados heridos del frente, se estaban quemando y trataron de salir de la estación, y en el proceso cortaron miembros de pequeños niños que habían buscado protegerse de las bombas debajo de los trenes.

     La siguiente ola de bombarderos llegó tres horas más tarde con bombas explosivas y anti-personas. El espaciado de las olas de bombarderos, así como los tipos de bombas dejadas caer, habían sido cuidadosamente calculados para producir la más alta proporción posible de muertos. Esa tercera ola de bombarderos alcanzó a los hombres de emergencia y bomberos, así como a multitudes de aquellos que escapaban de los fuegos al aire libre, como había sido planeado. El resultado fue una carnicería.

     Al día siguiente, el 8º comando de la Fuerza Aérea estadounidense completó la destrucción de la ciudad. Durante el bombardeo, un total de 1.300 bombarderos pesados británicos y estadounidenses dejaron caer casi 4.000 toneladas de bombas altamente explosivas y dispositivos incendiarios sobre Dresden. El episodio más ignominioso del ataque aéreo contra Dresden fueron los aviones cazas Mustang estadounidenses que siguieron tras la ola de bombarderos B-17.

     Multitudes de personas que huían de las bombas y buscaban refugio en las orillas del río Elba fueron ametralladas por los cazas Mustang. Pilas de cuerpos estaban en todas partes a lo largo de las orillas a consecuencia del ametrallamiento aéreo. Así es cómo lo describió un testigo ocular: "Muchísimos cazas Mustang se zambulleron hasta abajo sobre la gente que estaba acurrucada en las orillas del Elba, así como en los grandes céspedes del Gran Jardín, a fin de ametrallarlos".

     La ciudad fue completamente destruída, y había tantos cadáveres que el ejército de Alemania envió unidades para juntarlos, amontonarlos en piras funerarias hechas de tramos de vías férreas y quemarlos. Prisioneros de guerra estadounidenses retenidos en la ciudad fueron llevados para ayudar. Kurt Vonnegut, el autor estadounidense de "Slaughterhouse Five", fue uno de ellos. Ellos buscaron en los sótanos y sacaron a todos aquellos que se habían asfixiado o quemado hasta la muerte, y luego los incineraron. Había tantos cuerpos que se requirieron semanas para terminar el trabajo. Ellos amontonaron a soldados muertos, mujeres jóvenes y ancianas, muchachos en pantalones cortos, muchachas con largas trenzas, enfermeras de la Cruz Roja, bebés... Esas piras ardieron día y noche.

     Nadie sabrá nunca el número total de bajas civiles que resultaron del bombardeo de Dresden debido a los innumerables refugiados que habían tomado refugio en la ciudad, pero las estimaciones han llegado tan alto como a 500.000 personas. El historiador británico David Irving, que escribió el primer libro autorizativo acerca del bombardeo de Dresden, estima que 135.000 personas fueron asesinadas.

     No había ninguna necesidad militar para el bombardeo de Dresden. Aquello fue un simple asesinato de masas de una gente que habíamos crecido odiando como resultado de la propaganda judía anti-alemana. Y a pesar de todo, el bombardeo de ciudades y pueblos continuó, justo cuando el Reich estaba colapsando. ¡Aquellos que planearon y realizaron esas incursiones de bombardeo fueron y son criminales de guerra de acuerdo a la definición de cualquiera! Mientras Simon Wiesenthal y otros cazadores judíos de nacionalsocialistas todavía están buscando en las salas geriátricas de todo el mundo "criminales de guerra alemanes", los que sólo sirvieron a su país en la guerra, habría que pensar en el crimen de Dresden y cientos de otras ciudades y pueblos hechos volar en pedazos y quemados hasta los cimientos, sin ninguna otra razón que la maldad. "Aquellos inocentes que perdieron sus vidas en Dresden fueron muertos no debido a algo que ellos hubieran hecho sino debido a un accidente de nacimiento. Aquellos que murieron en el holocausto de Dresden el 13 y 14 de Febrero de 1945 eran simplemente alemanes" (Ingrid Rimland).

     El 16 de Febrero, sólo dos días después del bombardeo de Dresden, los bombarderos británicos atacaron la pequeña ciudad de Pforzheim, conocida sólo por producir loza y vajilla de mesa, y mataron a la mitad de sus 63.000 habitantes. Esos ataques continuaron hasta el día en que Alemania se rindió. En los primeros días del desarrollo del bombardero como un arma de guerra, Winston Churchill dijo: "El aire abrió caminos a lo largo de los cuales la muerte y el terror podían ser llevados lejos detrás de las líneas del enemigo actual; a mujeres, niños, ancianos y enfermos, quienes en luchas anteriores necesariamente habrían sido dejados intactos". La visión glacialmente desapegada de Churchill de las capacidades de guerra desde el aire estaba encontrando su materialización en la campaña aérea británica contra Alemania.

     Las estimaciones de civiles muertos en el bombardeo de Alemania se extienden a más de un millón, y posiblemente tan alto como dos millones, con millones de otros sufriendo heridas horribles. Cerca del final de la guerra, cuando Alemania estaba esencialmente indefensa y el bombardeo era más intenso, las ciudades y pueblos alemanes, sobre todo en el Este, abundaban en masas de incontables refugiados que huían del avance del ejército ruso. Nadie sabe cuántos millones de refugiados había. Cientos de miles de esas pobres personas fueron simplemente quemadas hasta ser reducidas a cenizas en los incendios que resultaron del bombardeo, sin dejar ningún rastro, y por lo tanto no podían ser contados. Ha habido una tendencia en años recientes a reducir el número estimado de muertes por deferencia a la "corrección política". Admitir la verdadera naturaleza de las atrocidades Aliadas contra los alemanes durante la guerra no es una cosa popular que se haga hoy. Después de todo, nosotros éramos los "tipos buenos".

     El profesor Frederick Lindemann, autor del Plan Lindemann para el asesinato masivo de civiles alemanes mediante el bombardeo aéreo, era también un entusiasta partidario del "Plan Morgenthau", un plan para desmantelar la industria de Alemania después de la guerra y reducir a Alemania a una sociedad medieval y campesina. Morgenthau escribió en su diario, p. 11: "Alemania debe ser convertida en una tierra baldía, como sucedió allí durante la Guerra de los Treinta Años". Morgenthau era el Secretario de Tesorería de Roosevelt y un amigo cercano y consejero de Roosevelt. El ayudante de Morgenthau en la Tesorería era el judío comunista Harry Dexter White (Weiss). Había sido realmente él, White, quien redactó el Plan Morgenthau.

     Según John T. Flynn, en su libro "El Mito de Roosevelt", de 1948 y revisado en 1956, White era un agente secreto de la Unión Soviética y sirvió como un conducto para entregar información ultra-secreta a los soviéticos. (Eso fue demostrado como verdadero después de la Perestroika cuando se permitió el acceso a los archivos soviéticos). Según Flynn, los comunistas, que eran totalmente leales a la Unión Soviética, tuvieron posiciones claves en cada ministerio y agencia de la administración de Roosevelt, casi todos ellos judíos, que transmitieron cada secreto inmediatamente a los soviéticos.

     Ellos también recibían órdenes directamente de Stalin. Uno de esos agentes judíos de los soviéticos, Nathan Silvermaster, quien había trabajado en el Ministerio de Agricultura, fue designado por Roosevelt como jefe de la División de Oriente Próximo del Consejo de Bienestar Económico. Él formó el "Grupo Silvermaster", una agencia de espionaje soviético, compuesta por funcionarios en altos puestos dentro de la administración de Roosevelt, incluyendo a Harry Dexter White. (El Grupo Silvermaster incluía a Nathan Silvermaster, su esposa Helen, Schlomer Adler, Norman Bursler, Frank Coe, Bela Gold, Sonia Steinman Gold, Lauchlin Currie, Irving Kaplan, George Silverman, William Ullman, Anatole Volkov y Harry Dexter White, todos judíos y todos comunistas, y todos funcionarios altamente posicionados dentro de la administración de Roosevelt).

     White tenía acceso ilimitado a la información más secreta del gobierno. El "Servicio Secreto" era una agencia del Ministerio de Economía, y como Subsecretario de Tesorería, White tenía una completa información interna, que él diligentemente trapasó a los judíos que controlaban la Unión Soviética. La secretaria personal de Harry Dexter White era una judía comunista, Sonia Gold, suministrada a él por Nathan Silvermaster.

     En la primavera de 1944, según Flynn, el Grupo Silvermaster en Washington recibió instrucciones del Kremlin que perfilaban el plan de Rusia para Alemania después de la rendición. Las instrucciones eran claras: destruír la capacidad de Alemania como una nación industrial y reducirla al nivel de un mero país agrícola. El Grupo Silvermaster transmitió esas instrucciones a Harry Dexter White para su implementación. A White se le dio dicho trabajo debido a su relación con Morgenthau, y debido a la relación de Morgenthau con Roosevelt. White se puso a trabajar inmediatamente y produjo el infame Plan Morgenthau.

     El Plan Morgenthau pedía que Alemania fuera dividida en pequeños Estados independientes, con parte de Alemania traspasada a Rusia y otros países, incluyendo Polonia. Los principales centros industriales de Alemania, incluyendo el área del Saar, el área del Ruhr y Silesia superior, debían ser internacionalizados o anexados por países vecinos. Todo el equipamiento industrial de Alemania debía ser desmantelado y transportado a la Unión Soviética. Lo que no pudiera ser llevado debía ser destruído. Las minas debían ser destruídas inundándolas. Alemania era un país completamente industrializado. El Plan Morgenthau habría causado obviamente millones de muertes por hambre en Alemania, como ellos bien sabían.

     Cuando Roosevelt fue a la Conferencia de Quebec el 12 de Septiembre de 1944 para reunirse con el Primer Ministro Churchill, él no llevó consigo ni al ministro de Asuntos Exteriores Hull, ni al secretario de Guerra Stimson, como el protocolo habría requerido, y llevó sólo a su Secretario y Subsecretario de Tesorería, Hans Morgenthau y Harry Dexter White. Roosevelt ya tenía algún conocimiento previo del Plan Morgenthau y sabía que Hull y Stimson se opndrían fuertemente a ello, de modo que los dejó en casa. En la conferencia, Morgenthau y White presentaron el plan que White había planteado a Roosevelt y Churchill.

     Churchill reaccionó con cólera e indignación cuando el Plan le fue presentado, al igual que su ministro de Asuntos Exteriores Anthony Eden. Pero al final, Churchill estuvo de acuerdo con el Plan. Fue revelado posteriormente que Morgenthau le ofreció 6.500 millones de dólares en dinero de Préstamo y Arriendo que Churchill no estaba en condiciones de rechazar. Gran Bretaña estaba en quiebra y necesitaba desesperadamente el dinero, de manera que él retiró sus objeciones a cambio del dinero, y dicho Plan se convirtió en la doctrina de los Aliados.

     El párrafo final del Plan pedía la retirada de las fuerzas armadas estadounidenses y británicas de Alemania cuanto antes después de la rendición, dejando a Alemania bajo el control de la Unión Soviética. Cuando Roosevelt retornó a Washington, él no hizo ningún anuncio acerca de ese trascendental acuerdo, y no se lo comentó ni a Hull ni a Stimson. Éstos sólo se enteraron de que el Plan Morgenthau había sido adoptado leyéndolo en los periódicos varios días más tarde. Ellos también leyeron que Churchill debía conseguir 6.500 millones de dólares como una retribución por retirar sus objeciones al Plan. Ambos hombres calificaron a dicho Plan como una "venganza ciega", y ambos se indignaron por ello. Cuando ellos encararon a Roosevelt por dicho plan, Roosevelt al principio lo negó. Sin embargo, esos lineamientos se convirtieron en la política estadounidense y Aliada.

     El Plan Morgenthau era realmente un plan ruso. El Kremlin había publicado órdenes para su agente en el gobierno estadounidense, Harry Dexter White, quien preparó el plan según las especificaciones del Kremlin, y luego lo entregó a Hans Morgenthau, el cual entonces lo presentó a un enfermo y debilitado Roosevelt, quien entonces lo convirtió en la política estadounidense. Churchill fue sobornado para que cooperara. ¡Los judíos habían prevalecido una vez más! Los judíos que controlaban la Unión Soviética habían combinado sus esfuerzos con los judíos que controlaban la administración de Roosevelt, y produjeron un plan que fue entusiastamente adoptado por el judío británico Frederick Lindemann, para destruír al azote de ellos, la Alemania Nacionalsocialista, completamente, y para siempre.

     La Judería Internacional, ya fuese en la Unión Soviética, Estados Unidos o en Gran Bretaña, poseía un odio patológico hacia el pueblo alemán y abrigaba un ardiente deseo de venganza. Ellos combinaron sus esfuerzos, no en interés de los países que ellos representaban sino para conseguir los objetivos de la judería mundial. Ahora ellos tendrían su venganza sobre los odiados alemanes. Los alemanes, por supuesto, obtuvieron una copia del Plan Morgenthau, un plan para su destrucción total, del cual ellos llegaron a entender que no tenían ninguna otra opción sino seguir luchando.

     En Enero de 1943 el Primer Ministro Churchill y el Presidente Franklin D. Roosevelt se habían reunido en la ciudad de Casablanca, Marruecos, en lo que es conocido como la Conferencia de Casablanca. Joseph Stalin no asistió. El acontecimiento más notable que salió de la Conferencia de Casablanca fue la proclamación hecha por Roosevelt de una "rendición incondicional" como la política de los Aliados. Roosevelt y Churchill también decidieron en la Conferencia intensificar el bombardeo estratégico de ciudades alemanas. Enfrentados a la demanda de la rendición incondicional, después de la cual ellos serían sometidos al destructivo y criminal Plan Morgenthau, los alemanes tenían sólo dos opciones: seguir luchando y ser destruídos, o rendirse y ser destruídos. Seguir peleando pareció ser el camino más honorable a tomar.

     Al final, una versión aguada del Plan Morgenthau, conocida como la Directiva 1067 de los Jefes de Estado Mayor Conjunto, o JCS-1067, se convirtió en la doctrina ocupacional Aliada. La JCS-1067 era sólo ligeramente menos opresiva que el Plan Morgenthau original.



* * * *

     Hitler había tratado repetidamente de alcanzar un acuerdo de paz con Gran Bretaña, primero después de la guerra con Polonia, y segundo después de Dunkerque, sólo para ver rechazadas sus propuestas de paz. Él también había enviado a Rudolf Hess en una misión quijotesca durante la Batalla de Gran Bretaña para tratar de conseguir un acuerdo de paz, pero Churchill rechazó incluso escuchar a Hess. Él lo hizo arrojar en prisión donde permaneció durante toda la guerra.

     Los británicos sólo querían destruír Alemania y no tenían ningún interés en hacer la paz. Hitler, por otra parte, habría dado la bienvenida a cualquier posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz tanto con Gran Bretaña como con Estados Unidos en cualquier momento durante la guerra. La "rendición incondicional" fue la respuesta de Roosevelt y Churchill. Al mismo tiempo que ellos rechazaron aceptar nada salvo la rendición incondicional, Gran Bretaña y Estados Unidos siguieron destruyendo despiadadamente una ciudad alemana tras otra mediante masivas incursiones de bombarderos.

     Los Procesos de Núremberg fueron realizados después de la guerra en los cuales los líderes nacionalsocialistas fueron encontrados culpables de crímenes de guerra y ejecutados o se les dieron largas condenas a prisión. Pero aquellos que se sentaron para presidir el juicio contra los alemanes no eran menos culpables. El así llamado "Holocausto" fue inventado en los procesos de Núremberg, para el asombro absoluto de los acusados, los que afirmaron al unísono que ellos nunca habían oído hablar de ninguna tal cosa hasta que los procesos comenzaron. Una considerable duda ha sido puesta sobre las afirmaciones del "Holocausto" en años recientes, pero incluso si el supuesto "Holocausto" fuera verdadero en cada detalle, no se compararía con el bombardeo de Alemania como crimen de guerra.

     La palabra "genocidio" es usada contra los alemanes, pero el bombardeo de Alemania fue el verdadero genocidio. Ése fue también un culturicidio. La campaña de bombardeo fue llevada a cabo para destruír Alemania completamente, y para matar a tantos alemanes como fuera posible. Los civiles alemanes fueron muertos en masa, no porque ellos fueran culpables de algo sino sólo porque eran alemanes. Ésa es la definición misma de "genocidio".

     El gran teólogo católico del siglo XIII Tomás de Aquino y el Protestante holandés Hugo Grotius del siglo XVII elaboraron una "Teoría de la Guerra Justa" para determinar la moralidad de una guerra particular. Para que una guerra fuera justa, dijeron ellos, en primer lugar debe ser defensiva en su naturaleza. Los prisioneros tomados en la guerra deben ser protegidos. La guerra debe ser públicamente declarada por una autoridad adecuadamente constituída. Para ser moral o "justa", la guerra debe ser ganable: un Estado no puede dedicar la población a una misión suicida sin posibilidad de ganarla. Para cumplir con las exigencias de una guerra "justa", una guerra no puede provocar más males que los que elimina. Después de que la guerra se ha terminado, sólo aquellos directamente responsables de la agresión pueden ser castigados. La "venganza" no es una justificación para la guerra, ni tampoco la "venganza" es justificada después de una victoria. Tomar venganza es algo antitético a los valores cristianos. Una guerra "justa" no debe ser dirigida contra civiles. Finalmente, la decisión de ir a la guerra debe ser tomada como un último recurso después de que se han agotado todos los esfuerzos para evitarla.

     Tanto la causa de la guerra como la conducta al ejecutarla tienen que ser justas. Si esos estándares hubieran sido aplicados en Núremberg, todos los lados habrían sido culpables de crímenes de guerra.–




Prefacio y capítulo 1
http://editorial-streicher.blogspot.com/2015/12/sobre-la-mentira-de-la-maldad-alemana.html



Capítulos 22 y 23
http://editorial-streicher.blogspot.com/2017/05/alemania-y-occidente-victimas-de-la-2agm.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario