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jueves, 26 de enero de 2017

Schopenhauer, lo Real y la Postmodernidad



     Publicado en dos partes el 25 y el 27 de Octubre de 2010 en el sitio web theoccidentalobserver.net, el siguiente texto del profesor Tom Sunic que presentamos en castellano, enlazándolo con la entrada anterior, se refiere precisamente a la validez de ciertos planteamientos del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, su análisis de la usualmente errónea percepción de los fenómenos de la realidad (en particular de quienes mueven los hilos de la Historia), al momento de hacer la crítica de las realidades históricas y políticas predominantes actualmente.


SCHOPENHAUER y la PERCEPCIÓN de lo REAL
o la POSTMODERNIDAD SURREALISTA
por Tomislav Sunić
Octubre de 2010




     Hay un peligro en la interpretación del texto de algún autor que vivió hace tiempo, y uno mucho mayor en la de algún filósofo de peso pesado, como Arthur Schopenhauer (1788-1860). El intérprete tiende a mirar partes de la prosa del autor que puedan calzar mejor con sus propias conclusiones, evitando partes que otros críticos pueden encontrar más relevantes y que el intérprete puede considerar incomprensibles o irrelevantes. Esto es verdadero en cuanto a Schopenhauer en tanto él trata en su obra de múltiples capas con diversas materias, que van desde teorías del conocimiento al rol de las mujeres, el sexo, la eugenesia, la religión, etc., a la vez que ofrece fórmulas aforísticas acerca de cómo vivir una vida más o menos llevadera. Además, en su obra entera Schopenhauer trata extensamente con la percepción de la realidad objetiva, nuestra auto-percepción, y de cómo nuestra auto-percepción se refleja en la percepción del Otro, por ejemplo, en la mente de mi enemigo político o de mi amigo. No es sorprendente que cuando Schopenhauer es leído junto con algunos autores postmodernos, su obra puede entregar retrospectivamente algunos pensamientos innovadores, de los cuales incluso él no era consciente.

     A menudo el diablo está en los detalles [en los detalles se esconde lo interesante o lo misterioso o lo polémico], pero adentrarse sólo en los detalles puede frecuentemente eclipsar el todo. Sólo porque Schopenhauer fue crítico del monoteísmo judío, o hizo algunos comentarios críticos sobre las mujeres, no debería llevarnos a la conclusión de que él era un abanderado del anti-judaísmo o un odiador de las mujeres. El hecho de que Adolf Hitler fuera uno de sus ávidos lectores no debería eclipsar el hecho de que el padre del psicoanálisis moderno, el judío austriaco Sigmund Freud, aprendió muchísimo de Schopenhauer acerca de cómo la voluntad irracional es expresada en el impulso sexual.


Un Meta-Político Apolítico

     ¿Cuán relevante es Arthur Schopenhauer? A primera vista la prosa de Schopenhauer puede ser anticuada para nuestra comprensión del mundo de hoy. Schopenhauer puede ser catalogado como un pensador de la así llamada Revolución Conservadora intelectual en la medida en que muchos pensadores como Friedrich Nietzsche, Vilfredo Pareto, Julius Évola y otros, cien años más tarde, estuvieron fuertemente influídos por sus escritos. Ni tampoco pueden estos autores ser correctamente entendidos a menos que el lector se familiarice primero con los escritos de Schopenhauer. En segundo lugar, las enseñanzas de Schopenhauer acerca de la primacía de la voluntad que lidera nuestra percepción de la realidad también pueden ayudar a comprender la hiper-realidad política del sistema liberal moderno.

     El nombre de Schopenhauer por lo general es esociado con el pesimismo cultural. Sin embargo, él está lejos de la caricatura de un autor suicida que cava sin cesar en la cultura de la muerte, como fue el caso de muchos de sus sucesores del siglo XX, incluído el magistral Emile Cioran [1]. En sus aforismos Schopenhauer proporciona algunas recetas prácticas en cuanto a cómo minimizar una vida de dolor y pena y cómo desechar la peligrosa ilusión de la felicidad. Como un fino conocedor de la psicología humana, Schopenhauer justamente comenta que allí donde hay un violento arrebato de alegría, un desastre surge amenazadoramente sólo a la vuelta de la esquina.

[1] Artículo "Emil Cioran and the Cult of Death" de Tomislav Sunic http://planetcioran.blogspot.com/2006/10/emile-cioran-and-culture-of-death.html

     Es por lo tanto con los máximos esfuerzos que tenemos que contener los cambios en nuestro estado de ánimo: la ansiedad es sólo el otro lado del éxtasis. No hay que abrirle camino al gran júbilo o a la gran pena, ya que la variabilidad de todas las cosas puede transfigurar a aquéllos en cualquier momento. Por contraste, hay que disfrutar el "aquí y ahora", posiblemente en una manera alegre. Ésta es la sabiduría de la vida (C. H. Beck, Die Kunst glücklich zu sein, 1999, p. 56).

     Schopenhauer no está interesado en elaborar tratados políticos con su trabajo, ni tampoco habla de la sociología política de la Europa que se estaba industrializando rápidamente, o de las instituciones gubernamentales de su época. Los cambios políticos que él presenció, por dramáticos que fueran —como las guerras napoleónicas en Europa, el ascenso al poder de Estados Unidos y la época post-napoleónica—, no eran de ningún interés para él. Completamente consecuente con sus opiniones misantrópicas con respecto a la naturaleza humana, él permaneció por encima de la lucha política e histórica hasta el punto del desinterés total.

     Schopenhauer rechaza cualquier fórmula para cualquier sistema ontológico, político o ético cual fuese. En vez de eso, él demuele todas las doctrinas y todos los sistemas, sean ellos religiosos o políticos. Él se resintió de la política y puede ser justamente descrito como un "anti-intelectual" en un sentido moderno de la palabra. Para Schopenhauer el mundo es fundamentalmente absurdo y ninguna filosofía política puede cambiar su absurdidad. Un teórico francés de la postmodernidad, el filósofo Clément Rosset, es probablemente uno de los mejores autores que resumieron el significado de Schopenhauer para nuestros tiempos:

     "El hombre siempre ha sido exitoso en hacer pasar acontecimientos pasados como acontecimientos nuevos. Se ha pensado que él es capaz de actuar dentro del tiempo libre y del tiempo que se regenera. En realidad, sin embargo, él ha estado en los brazos del cadáver. Un horror retrospectivo se extiende hacia su pasado, en el cual él ha vivido desde entonces, aunque, tal como su futuro, aquel tiempo hubiera transcurrido para siempre. Esta enfermedad del tiempo, una profunda fuente de intuición acerca de la ausencia de toda finalidad, se expresa en el obsesivo tema de la repetición" (Clément Rosset, Schopenhauer, Philosophe de l’Absurde, 1967, p. 97).

     En otras palabras, por más que podamos ansiar afectar el flujo del tiempo o adjudicarle algún objetivo o propósito, su despiadada naturaleza cíclica siempre nos lleva a posteriores ilusiones y al inevitable statu quo.

     En ninguna parte es esta absurda y repetitiva voluntad de vivir tan visible como en el deseo sexual del hombre, que Schopenhauer describe en su famoso capítulo y ensayo "La Metafísica del Sexo". Una vez que un apetito sexual es aplacado, la voluntad sigue manifestándose una y otra vez en una incesante repetición del deseo sexual.

     Se sigue de esta absurda reiteración que la historia entera de la especie humana es el enmarañamiento de re-actuaciones. Los asuntos mundiales y la toma de decisiones políticas son manifestaciones de un auto-impuesto deseo de algo nuevo. Basado en tales percepciones de la realidad repetitiva, Schopenhauer no muestra ningún interés por la Historia, notando que es siempre la misma gente la que toma la escena mundial, con las mismas ideas, aunque enmarcada en una retórica diferente. En resumen, el objetivo de su crítica es la filosofía del optimismo y la idea de progreso que están injertadas en la enseñanza de la Ilustración.

     Para Schopenhauer no hay nada nuevo bajo el Sol, ya que con cada breve segundo lo nuevo se convierte en lo viejo y lo viejo se convierte en lo nuevo; la rueda del tiempo da vueltas por siempre. El tiempo para Schopenhauer es carente de historicidad. Por lo tanto, un estudio de algún acontecimiento histórico, o de algún drama político, es totalmente irrelevante. Schopenhauer aboga por el abandono de la ilusoria voluntad de crear un mundo mejor. Él era un espontáneo partidario del gobierno monárquico porque aquella forma de gobierno ofrecía alguna apariencia de autoridad y estabilidad.

     A pesar de su filosofía estática que rechazaba el mejoramiento humano y político, Schopenhauer se aventura a menudo en su extensa obra en interesantes y bien fundamentados análisis, como su breve estudio acerca de la importancia de la herencia [genética]. Pero hay que ser cuidadoso para no extrapolar sus dispersos comentarios en torno a la raza y la herencia y suponer que ellos componen el grueso de su obra. Él creía en el mejoramiento hereditario de la Humanidad, y algunos de sus comentarios sobre el mejoramiento biológico están correctos en su objetivo. Independientemente del hecho de que él no profundiza mucho en el asunto de la herencia, hay que estar de acuerdo en que Schopenhauer podría ser fácilmente usado como un arma por los modernos sociobiólogos o realistas raciales.

     "Si pudiéramos esterilizar a todos los sinvergüenzas, y encerráramos a todos los estúpidos gansos en monasterios, y diéramos a personas de carácter noble un harén entero y proporcionáramos hombres, y en realidad hombres completos, para todas las doncellas de mente y entendimiento, pronto surgiría una generación que produciría una mejor Edad que la de Pericles" (The World as Will and Idea, p. 331, Herencia)

     Los comentarios de Schopenhauer acerca de la herencia son absolutamente compatibles con sus enseñanzas sobre la independencia de la voluntad. Como nunca podemos cambiar la naturaleza predeterminada de nuestros genes y nuestra genealogía, no podemos cambiar la naturaleza predeterminada de la voluntad:

     "La única libertad que existe es de un carácter metafísico. En el mundo físico la libertad es una imposibilidad... La voluntad misma, como algo que está más allá del tiempo, y mientras exista de alguna manera, nunca cambia... De ahí que cada hombre consigue sólo lo que está irrevocablemente establecido en su naturaleza, o que nace con él" (Schopenhauer, Free Will and Fatalism [2]).

[2] https://ebooks.adelaide.edu.au/s/schopenhauer/arthur/human/chapter3.html


La Voluntad versus la Engañosa Realidad

     La principal fuerza impulsora de la universalidad entera es la voluntad. Las ideas, los conceptos y las imágenes son simplemente la objectificación de nuestra voluntad en diferentes niveles de percepción. La voluntad es una fuerza ciega; no está sujeta ni al tiempo ni al espacio, ni obedece los principios de causalidad, ni tampoco está sujeta a accidentes.

     En este sentido, Schopenhauer representa una gran ruptura con las enseñanzas de racionalistas e idealistas de su tiempo, que estaban enamorados de los principios de causalidad, y de ahí que él viera a la Necesidad como una piedra angular de la vida en la Tierra. Schopenhauer se destacó como una rareza en su tiempo, que estaba imbuído de la herencia de la Ilustración.

     La voluntad es más importante que el pensamiento. Sin embargo, a nivel conceptual, como algunos eruditos señalaron, hay que distinguir cuidadosamente entre la voluntad y el instinto, como señaló su posterior admirador crítico y comentarista el ministro nacionalsocialista Alfred Rosenberg en su capítulo "Voluntad e Instinto" de su ahora famoso libro El Mito del Siglo XX [3]: "La voluntad es siempre lo opuesto del instinto (Trieb), y no idéntica con él, como Schopenhauer pareció enseñar".

[3] PDF en inglés en http://nseuropa.org/English/Alfred%20Rosenberg%20-%20The%20Myth%20of%20the%2020th%20Century.pdf y en castellano en https://archive.org/details/ElMitoDelSigloXx

     En otras palabras, al contrario de Schopenhauer, Rosenberg objeta que Schopenhauer use el término "voluntad" en una manera demasiado general. Similar a Nietzsche y sus seguidores, Rosenberg argumenta a favor de la "implementación" del libre albedrío para objetivos prometeicos y políticos, contrastándolo con los impulsos biológicos primitivos a los que él llama "instinto" (Trieb).

     El hombre originalmente no es un ser de conocimiento sino una criatura de instinto y voluntad, una voluntad que cobra vida en el tiempo cíclico y de un modo no lineal. La voluntad es la realidad fundamental del mundo, la cosa-en-sí, y su objectificación es lo que es visible en los fenómenos externos, tales como los objetos o los acontecimientos políticos que presenciamos diariamente. En la vida práctica el antagonismo entre la voluntad y la razón proviene del hecho de que la voluntad es una sustancia metafísica, mientras que la razón es algo accidental y secundario: un "anexo" de la voluntad. La voluntad es un deseo autónomo, es decir, una necesidad irracional de actuar o hacer algo. La voluntad es libre en cada proceso de pensamiento y acción, pero no necesita y generalmente no sigue los preceptos de la razón.

     A diferencia de la mayoría de los filósofos de su tiempo, incluyendo a Hegel, Schopenhauer no tiene a la razón en alta estima. Nuestras ilusiones, basadas en percepciones egoístas, permanecen muy atrincheradas a pesar de los más sofisticados llamados a la razón. Por lo tanto, Schopenhauer puede ser justamente etiquetado como el mayor filósofo anti-racionalista de todos los tiempos. Sólo el genio tiene alguna capacidad para la objetividad en tanto pueda controlar su voluntad y convertirse en sujeto de puro conocimiento.

     Lo absurdo de la voluntad "libre" de Schopenhauer es que el hombre es esclavizado por ella sin siquiera conocer su origen y razón. Los humanos actúan, pero no saben por qué ellos actúan del modo en que lo hacen: aparte de unos pocos genios, sus percepciones no son nada más que ilusiones. Esto nos lleva a una vida terrible, llena de angustia por una parte y extasiadas expectativas por otra. Lo absurdo de nuestra voluntad no consiste en cómo alcanzar el río y apagar nuestra sed: lo absurdo consiste en la voluntad de estar sediento. La voluntad no tiene causa y, dado que excluye la causalidad, no tiene ninguna necesidad o propósito.

     "Que el ser sea sin ninguna necesidad es ya un problema terrible. Pero que este mismo ser sea además infeliz y miserable, sólo enfatiza la ausencia de una razón de ser" (Rosset, p. 16).

     Las teorías de Schopenhauer de representación y percepción pueden fácilmente hoy hacer que se le clasifique en la categoría de los padres fundadores de la teoría postmoderna del Doble y de lo Hiper-real. Todo lo que vemos son breves "representaciones" y no los fenómenos físicos reales. Soñamos incluso cuando estamos despiertos. Bien; ¿cómo entonces detectar la diferencia entre la verdad política real y la verdad política fabricada?.

     Schopenhauer es una fuente crucial para entender el impacto psicopatológico de religiones, mitos y sistemas de creencia. A veces él los etiqueta como "alegorías", mientras que en otras partes él los describe como la "metafísica de las masas" o la "metafísica del pueblo" (Volksmetaphysik). Tal como la gente tiene poesía popular y las sabidurías populares o proverbios, así ellos también necesitan la metafísica popular. Ellos necesitan una interpretación de la vida, y esa interpretación debe ser adecuada a su comprensión. La gran mayoría de los humanos tiene a lo sumo una facultad débil para evaluar razones y para discriminar entre hechos y ficciones. ¿Le suena familiar esto?.

     Ningún sistema de creencias, ninguna ideología ni ninguna religión es inmune a los egoístas e ilusorios principios vinculados a falsas percepciones de la realidad, aunque, a su debido tiempo, cada uno de ellos experimente el proceso de des-mitologización y finalmente llegue a ser un hazmerreír para aquellos que ven las ilusiones subyacentes de esos engañosos mitos.

     Podemos ilustrar esta cambiante mascarada de la Historia repitiéndose a sí misma observando el modo de pensar de los modernos fabricantes de opinión. La gente siempre ha deseado, por medio de diferentes alegorías, trascender su maldita realidad y hacer frecuentes excursiones a las esferas de lo hiper-real, lo irreal o lo surrealista, a fin de compensar lo absurdo de su existencia. Es natural que ellos recurran a mecanismos religiosos e ideológicos, por aberrantes o criminales que esos mecanismos alegóricos puedan posteriormente resultar ser.

     En consecuencia, el motor de la imitación religiosa de las masas, que Schopenhauer describe, es nuevamente nuestra voluntad objectificada. Por consiguiente, el curso entero de la vida humana es formado de acuerdo al principio de imitación, donde incluso la cosa más pequeña en nuestra percepción es tomada prestada de aquel modelo a imitar que es visto ahora como un innovador que abre camino o como un nuevo mesías. La imitación es el poderoso motor de la voluntad, el tema que fue ampliado más tarde por discípulos de Schopenhauer, como Gustave Le Bon [4].

[4] El libro "The Crow" de Gustave Le Bon, en inglés https://archive.org/details/crowdastudypopu00bongoog    y en castellano como "Psicología de las Masas" en http://www.disenso.info/wp-content/uploads/2013/06/Psicologia-de-las-masas-G.-Le-Bon.pdf    y también en https://es.scribd.com/doc/187128031/Psicologia-de-Las-Masas-GUSTAVE-LE-BON

     Los individuos inteligentes que hay entre nuestras modernas y desarraigadas masas comprenden que algunas creencias son fraudulentas y dañinas, pero por el bien de la concordia social ellos las aceptan. Ellos más bien escucharán a otros antes que confiar en su propia cabeza. Como Schopenhauer escribe, lo malo acerca de todas las religiones consiste en que en vez de ser capaces de admitir su naturaleza alegórica, ellas la ocultan. Los absurdos forman una parte esencial de las creencias populares.

     La enseñanza de Schopenhauer acerca de las religiones, incluyendo su denuncia de la voluntad de poder político, fue tomada prestada de las religiones del hinduísmo y el budismo. Él, sin embargo, tiene buenas palabras para el catolicismo, el cual para él es una religión de pesimismo (The World as Will and Idea, p. 372). Pero sería un serio error, en base a una lectura fragmentaria de su obra, concluír que él estaba rechazando una religión a costa de otra. Aunque Schopenhauer pueda ser descrito como un ateo o un agnóstico, su sentido de espiritualidad era muy fuerte. De todas las religiones, el judaísmo es la peor, señala Schopenhauer en su famoso libro Parerga und Paralipomena:

     "La genuina religión de los judíos... es la más tosca de todas las religiones. El actual desprecio por los judíos, entre sus pueblos contemporáneos, puede haber sido en alto grado debido a las sórdidas cualidades de su religión... En cualquier caso la esencia de cualquier religión consiste, como tal, en el convencimiento que nos proporciona, a saber, que nuestra existencia actual no está limitada sólo a nuestra vida sino que permanece eterna. La miserable religión judía no cumple con eso; en realidad, ni siquiera lo intenta... Por lo tanto, es la más burda y la peor de todas las religiones, y consiste sólo en un absurdo y chocante teísmo... Mientras todas las otras religiones se esfuerzan por explicar a la gente mediante símbolos y parábolas el significado metafísico de la vida, la religión de los judíos es completamente inmanente y proporciona solamente un mero grito de guerra (Kriegsgeschrei, slogan) en su lucha con otras naciones" (pp. 136-137).

     Algunas palabras de Schopenhauer sobre el poder de la voluntad ciega pueden ser fácilmente aplicadas a nuestros tiempos postmodernos; por ejemplo, cómo la voluntad de creer en algo ha sido secuestrada por las élites políticas liberales.


Lo Hiper-Real: la Negación y su Doble

     Podemos saltar ahora al siglo XX y al XXI y observar cómo las ideas de Schopenhauer proporcionan un buen sacudón a las ilusiones de masas que acompañan la marea alta de la mística democrática. ¿Cómo la voluntad se objetifica en la arena política hoy? Como escribí en mi ensayo "Vilfredo Pareto and Political Irrationality" [5], los políticos están inclinados a proyectar su percepción del mundo real en el embellecido Doble de éste, es decir, "tienden a percibir un fenómeno social como si estuviera reflejado en un espejo convexo. Ellos aprecian su valor sólo después de primero haber deformado la realidad objetiva de aquél", el que es visto "a través del prisma de las convicciones personales".

[5] http://tomsunic.com/?p=165

     Ejemplo: Ninguno de nosotros es completamente feliz con su apariencia; ningún teórico político está feliz con el mundo tal cual es. Nos esforzamos por ser alguien más; deseamos proyectar nuestro orden físico o el actual orden político en su sustituto más elevado, más distante y más romántico. Por consiguiente, las masas —pero también nuestros políticos— aprecian los valores y la realidad objetiva no como ellos son sino más bien como les gustaría verlos. Nuestra apasionada necesidad de un cambio, por regla general, resulta en una inevitable desilusión y sentimientos de traición.

     Siguiendo la lógica de Schopenhauer, es un serio error suponer que algún político contemporáneo en Estados Unidos, el Reino Unido o Croacia es un mentiroso o un criminal sólo porque sentimos o pensamos que estamos siendo engañados u oprimidos por él. Más probablemente, aquellos malvados líderes políticos son víctimas de auto-ilusiones. Su maniático deseo de un mejoramiento mundial está basado en honestas ilusiones auto-proclamadas como "científicas" y "razonables" y en buenos deseos "veraces", que ellos benévolamente desean compartir con nosotros o con sus votantes.

     Para ilustrar la voluntad de auto-ilusión, uno puede observar a militantes izquierdistas y anti-fascistas contemporáneos dentro del marco de análisis de Schopenhauer. Lo que ellos dicen ya está basado en sus previas auto-convicciones, que son los reflejos de las creencias predominantes de su tiempo. Pareto, como un valiente discípulo de los métodos de Schopenhauer, señala que "muchas personas no son socialistas porque ellas hayan sido persuadidas por el razonamiento. Muy por el contrario; dicha gente consiente tal razonamiento porque ellos son ya socialistas". Su voluntad, por aberrante que pueda ser la forma en que se objetifica en los desvaríos de alguna mística comunista, desafía cualquier argumento empírico.

     Schopenhauer tiene importancia suprema en la comprensión de nuestra percepción de la realidad postmoderna, o nuestra hiper-realidad, como algunos autores la llaman. El mundo surrealista del dogma liberal —es decir, el mundo en el cual vivimos— encaja perfectamente con la enseñanza de Schopenhauer acerca de la defectuosa percepción de lo real. Además, la obra de Schopenhauer es un instrumento útil para descifrar la falsedad liberal, que se ha convertido hoy en la piedra angular del nuevo orden mundial. El Occidente postmoderno está envuelto en la realidad virtual de la época electrónica (la "videósfera") y en el hacer creer que practican los medios de comunicación, los cuales sin cesar convierten cada acontecimiento político real en una imagen virtual.

     ¿Cómo la mística liberal o, para usar la palabra de Schopenhauer, la "alegoría", funciona hoy? El proceso que comenzó con la abstracción de lo objetivo, como un resultado de los medios de comunicación, ha terminado ahora en la realidad integral, como el autor postmoderno Jean Baudrillard escribe. Lo virtual mismo es "negacionista" o propenso a la negación. Lo virtual le arrebata la sustancia a lo real. "Vivimos en una sociedad de negación histórica como resultado de su virtualidad".

     La incredulidad reina en todas partes, incluso si hay pruebas sólidas y empíricas de lo contrario. Ningún acontecimiento histórico o político es percibido ya como "real" o verídico. Por ejemplo, la memoria del "Holocausto" funciona hoy como la religión cívica más grande de Occidente. El "Holocausto" es un sistema de creencias que cumple no sólo un objetivo conmemorativo, sino que es también un paradigma cognoscitivo para interpretar todos los aspectos de nuestra sociedad contemporánea. La cuestión, sin embargo, ya no es la cantidad de gente que murió en el "Holocausto" sino que más bien el asunto es el hecho de que el mundo virtual postmoderno por definición minimiza o maximiza lo hiper-real a costa de lo real.

     Este predominio de lo hiper-real o el Doble se aplica ahora a todas las grandes narrativas, especialmente a aquellas que abundan en temas victimistas. Incluso honestos historiadores o teóricos sociales ya no pueden ser tomados como reales. ¿Por qué? La gran pregunta postmoderna comenzará inmediatamente a cernerse sobre sus cabezas: ¿Y si aquel tipo está diciendo mentiras?; ¿y si él no dice la verdad? La victimología [6] y el victimismo ya no parecen persuasivos cuando ellos han encontrado sus hiper-sustitutos de los medios de comunicación, los que actúan de nuevo o desactivan el verdadero crimen pasado.

[6] NdelT: La victimología es el estudio de las maneras en que la conducta de víctimas de crímenes puede haber conducido o contribuído a su victimización; y es también la afirmación de que los problemas de una persona o grupo son el resultado de una previa victimización.

     Por lo tanto, los modernos medios de comunicación y los políticos deben tomar decisiones políticas post-profilácticas en un intento desesperado para desmantelar lo previamente real, es decir, la mala decisión previa, la anterior inacción, congraciándose con la víctima real con una exageración de retórica arrepentista y una toma de decisión post-profiláctica (controles de seguridad masivos en los aeropuertos, siempre nuevas conmemoraciones de masas, etc.). Si las vidas de las masas de personas que perecieron no pueden ser restauradas, ¡restauremos su memoria mediante los hiper-reales medios de comunicación! ¿Por qué resucitar a los vivos cuando la resurrección de los muertos es un negocio mucho mejor?.

     Uno puede analizar las guerras postmodernas, la llamada Guerra del Golfo en 1991 y la guerra en Bosnia en 1995, usando los conceptos de lo hiper-real y el Doble. Cuando esas guerras fueron televisadas y comentadas por cabezas parlantes en las pantallas de televisión, su verdadera y horrible realidad fue anulada. Los espectadores estuvieron por lo tanto mucho más dispuestos a apoyar dichas guerras.

     Tampoco puede nuestra escritura de la Historia ser más un asunto de discusión académica. Las narrativas históricas acerca de crímenes fascistas reales o surrealistas, o acerca de crímenes del hombre Blanco, o el actual mantra acerca de la culpa del hombre Blanco, han alcanzado un nivel absurdo de saturación psicológica, hasta el punto de que para los Blancos políticamente conscientes ellos pronto caerán en el olvido —y la risa— a medida que ellos son desconstruídos. Incluso si algunos crímenes masivos pasados son empíricamente verificables, las masas comenzarán a reconstruír su negativo Doble, después de desconstruír primero su antecedente real.

     La época de la Postmodernidad es básicamente la época de la desconstrucción, donde ninguna verdad puede ser influyente durante mucho tiempo. Aquí está el círculo vicioso de lo hiper-real. Si uno es animado a desconstruír el mundo real y a denunciar las creencias políticas como una alegoría que pasa, como lo hizo Schopenhauer, ¿por qué no desconstruír las nuevas religiones cívicas contemporáneas, tales como el monoteísmo del mercado capitalista o la religión cívica del victimismo?.


Verdades Espectrales, Mentiras Virales

     Todos vivimos en lo hiper-real, como escribe el filósofo francés Rosset; ansiamos el Doble, ya sea en su forma negativa o positiva. Deseamos ser algo que no somos, el duplicado de nosotros mismos. «En lugar del mundo como es, inventamos un "duplicado" o un "doble", un universo paralelo que funciona como un fantasma rival para el mundo existente».

     La desventaja de vivir en el mundo real es que la vida en él es apagada, espantosa o aburrida; la ventaja de la vida "duplicada" está no sólo en el hecho de que tal vida no existe sino que tal vida no tiene que siquiera existir para que nosotros creamos que ella es verdadera y real! En otras palabras, ese deseo de un mundo espectral no es tanto un deseo de algo diferente como un deseo de deshacerse del mundo real.

     ¿Quiénes son los nuevos paradigmas o los modelos a imitar de nuestra postmodernidad hiper-real? Hubo una vez un tiempo en que el modelo a imitar para el hombre occidental era un individuo vigoroso, un Prometeo desencadenado, un héroe de guerra, un conquistador como Cortés, Colón o el general Lee. Hoy la voluntad por lo hiper-real requiere su doble o su negación, o mejor aún, la "negación duplicada". Por consiguiente, los nuevos modelos a imitar para Occidente son los degenerados, los retrasados, los hombres de color, los pederastas, los patéticos y los pervertidos. Baudrillard: "El Cortesano era la figura más notable del orden aristocrático. El Militante era la figura más notable del orden social y revolucionario. El Penitente es la figura más notable de nuestros avanzados políticos democráticos postmodernos".

     Pero estos degenerados modelos a imitar están por su parte sometidos a la desconstrucción, sobre todo de parte de gente Blanca orgullosa y psicológicamente sana que está siendo victimizada por la legitimación de esos modelos a imitar.


     Por supuesto, estamos presenciando el final de las grandes narrativas, como la victimología anti-fascista. Sin embargo, el trabajo no concluído de llorar a las víctimas reales (o hiper-reales) del fascismo o el racismo está en plena oscilación. En otras palabras, la guerra anti-fascista y anti-racista (con todas sus prohibiciones políticas, mediáticas y legales) continúa en pleno vigor. Incluso si el verdadero racismo y fascismo están muertos y ya no existen, ellos tienen que ser resucitados en una manera negativamente duplicada a fin de dar a los lamentadores una oportunidad de arrepentirse por el deber fracasado de impedir que eso sucediera. ¡Nunca más, nunca más!: éste es un nuevo grito de guerra de nuestro discurso hiper-real.

     Esta estrategia del hiper-real "nunca más" está dirigida no sólo a impedir que acontecimientos similares sucedan otra vez en el futuro, como está expresado en las formas de una miríada de centros conmemorativos que conmemoran el "Holocausto". También está destinada a ser un instrumento de explicación, de un modo sustitutivo e imaginario, del verdadero desastre histórico pasado que aconteció a los judíos o los hombres de color. Del mismo modo, las guerras en Afganistán e Iraq son emprendidas hoy como el Doble post-profiláctico; en efecto, ellas no son sólo las guerras para detener el terrorismo sino que son las guerras para remover los pecados pasados de la clase política, que condujeron al verdadero terror del terrible 11-S. El objetivo es ahora anular retroactivamente la desgracia nacional infligida y la humillación de las élites dirigentes. Por eso las guerras actuales y nuestro discurso público por todo el Occidente son "no-acontecimientos". ¡Nunca más, nunca más!.

     Y por eso lo hiper-real o el Doble son puras ilusiones. Ellos no pueden durar. Lo violento y lo objetivo real están preparados esperando y pronto tomarán la ventaja. ¿Es ello algo en serio y real?.–



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