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miércoles, 18 de enero de 2017

La Fragmentación del Estado Espartano



     Se publicó en revistalarazonhistorica.com en su número 31 (Sept.-Dic. de 2015) el siguiente estudio del magíster español en Historia Rubén Montalbán, un repaso de la época final del antiguo Estado griego de Esparta, el cual, tras derrotas militares decisivas e intentos de resurgimiento de las glorias pasadas, acabó viendo sus instituciones disueltas y pasó a pertenecer al área de influencia del naciente Imperio romano. Hemos aprovechado en este artículo de insertar diversas imágenes relativas a la cultura espartana en cuanto a lo expuesto, las cuales, como todas las de este blog, al hacer clic sobre ellas se ven a mayor tamaño.

La FRAGMENTACIÓN del ESPEJISMO ESPARTANO.
La Decadencia de Esparta durante la Época Helenística
por Rubén Montalbán López
Septiembre de 2015



     En el siguiente artículo trataremos los cambios acontecidos en la polis de Esparta durante la época helenística. Tras la muerte de Alejandro Magno [323 a.C.], sus generales se repartieron sus dominios, trastocando los esquemas geopolíticos e internacionales de la Antigua Grecia, surgiendo nuevos y poderosos Imperios de vasta extensión. Esparta tras el desastroso resultado de la batalla de Leuctra [371 a.C.] dejaba de ser una potencia hegemónica y sus problemas internos se acrecentaban. En el presente trabajo estudiaremos los problemas presentes en Esparta, así como las acciones propulsadas por sucesivos monarcas reformadores que pretendían hacer de esa polis nuevamente la potencia hegemónica del Peloponeso. El sueño espartano se verá limitado por la incapacidad de Esparta de adaptarse al nuevo contexto internacional y por los disidentes internos, llevando finalmente a la polis a perder su autonomía a mediados del siglo II a.C., siendo sometida a los intereses de Roma, la nueva potencia mediterránea.


     "Los lacedemonios son los únicos en el mundo que desde hace más de setecientos años viven siguiendo unas mismas normas de conducta y con unas leyes que han permanecido siempre inalterables" (Cicerón, Pro L. Flacco, 63).


1. Introducción

     Para comprobar los cambios a nivel político e institucional sufridos en Esparta durante la época helenística, en primer lugar analizaremos cómo se constituía el politeuma o cuerpo político de ciudadanos espartanos, el sistema institucional de gobierno, su sistema social y la forma de vida o díaita de Esparta, en rasgos generales al menos en la época clásica.

     A continuación observaremos cómo en ese nuevo contexto político Esparta intentará recuperar la hegemonía militar perdida tras el desastre de la batalla de Leuctra para lanzarse a la conquista hegemónica peloponésica e intentar mantenerse autónoma pese a los deseos de la recién restaurada Liga Aquea que ansiaba anexionarla a su Confederación.

     A pesar de los impulsos propiciados por monarcas como Agis IV y Cleómenes III, que propulsaron reformas innovadoras en Esparta para enfrentarse a un problema histórico que se encontraba incrustado en la misma base social y biológica de la forma de vida y política, la oliganthropía o escasez de varones espartiatas, no lograron remediarlo, lo que se tradujo en una progresiva reducción de ciudadanos políticos. Ello, ligado a un proceso de concentración de tierras y grandes propietarios latifundistas, agravó ese problema.

     Por último, cómo desesperadamente el rey Nabis desarrolló un último esfuerzo fallido para engrandecer a Esparta, pero tras su fracaso la ciudad se vio condenada a su descenso político sin frenos para acabar finalmente siendo anexionada y dominada por la política común de la Liga Aquea, para finalmente, tras muchos problemas propiciados a la Liga Aquea, terminar bajo el influjo y los intereses de la nueva potencia que había surgido durante esos siglos, Roma.

     Por ello, en este trabajo comprobaremos cómo la historia de Esparta durante la época helenística es la historia de una polis que hasta entonces había mantenido una hegemonía política y militar en Grecia, y tras el auge de Tebas y la derrota propiciada por Epaminondas comenzó el declive de esa polis, que luchó ferozmente por recuperar la hegemonía perdida, mantenerse independiente y aislada del nuevo contexto internacional y político que se le avecinaba presionándola con absorberla, como lo fueron las nuevas Ligas Federales y los nuevos reinos helenísticos. A pesar de los esfuerzos espartanos por reformarse internamente y mantener aunque con matices su tradicional sistema y forma de vida, se vieron imposibilitados por las pretensiones de los Estados vecinos y el afloramiento y agravamiento de problemas históricos ligados al propio sistema espartano.


2. El Politeuma Espartano y los Hómoioi

     El régimen espartano podría ser calificado de totalitario, puesto que afectaba a todos los ámbitos de la vida del individuo, desde el mismo momento de su nacimiento. Se sabe poco de la evolución seguida por el sistema espartano, aquel que la tradición lacedemonia atribuía al mítico rey Licurgo por sentencia del oráculo de Delfos, personaje que quizás nunca existiera realmente. No obstante, se acepta que ya en el siglo VII a.C., o a lo sumo en el siglo VI a.C., la Gran Retra [la Constitución de Esparta] se encontraba en vigor.

     En Esparta, los hómoioi ("iguales" o "semejantes") eran aquellos varones espartiatas de más de 30 años que disfrutaban plenamente de derechos políticos y civiles, constituyendo el Politeuma o cuerpo cívico estatal. Los hómoioi representan a un grupo dominante y selecto, frente a nutridos y heterogéneos grupos dependientes sobre los que ejercen una presión física, política e ideológica.

     Debemos recalcar que hómoios y spartiátes no son sinónimos, ya que la condición de espartiata acompañaba al individuo desde el mismo nacimiento, pero la condición de "igual" no se lograba sino hasta que el individuo conseguía la ciudadanía plena tras haber superado la agogé [1] y se integraba por completo al ejército y accedía a un klêros [2]. El Politeuma espartano estaba constituído por un grupo reducido de espartiatas que se dedicaba en exclusivo a la guerra, el adiestramiento bélico y a la política, a diferencia de la mayoría de las polis griegas donde ciudadano era aquel que poseía tierra y era capaz de armarse como hoplita; en el Estado espartano encontramos a los periecos, que trabajaban la tierra y tenían capacidad de integrarse como hoplitas en el ejército, pero carecían de derechos políticos y de ciudadanía.

[1] Sistema de educación espartiata, muy alejado de la paidéia griega. Es descrita por Plutarco, Licurgo, 16-22, y está concebida como la piedra angular de la entidad política lacedemonia.
[2] Lote de tierra cultivable de propiedad estatal, cedida a cada espartiata para su mantenimiento.


3. Las Grandes Instituciones Espartanas de Gobierno

     La forma de gobierno espartano fue muy admirada por sus coetáneos. Estaba compuesto aquél de elementos monárquicos, oligárquicos y democráticos, formando parte del tipo de regímenes calificados por Aristóteles como constituciones mixtas. El conservadurismo tradicional espartano hizo que no se abolieran instituciones como la Monarquía o el Consejo de Ancianos, a diferencia de otras polis griegas. Esa diversidad de órganos tenía como función hacer de contrapeso mutuo y evitar un gobierno demasiado unipersonal concentrado en la figura de los monarcas.

     El sistema político espartano contaba con una Diarquía o doble monarquía, vitalicia y hereditaria (una de la familia de los Agíadas y otra de los Euripóntidas) [3], representantes del poder ejecutivo, y el más popular dirigía al ejército en cada campaña. Los monarcas presidían el Consejo de Ancianos o Gerousía y la Asamblea, disponían de amplitud de poderes pero limitados por los Éforos y la Asamblea (quizás fueran perdiendo atribuciones desde la época clásica fruto de una sucesión de monarcas de gobierno unipersonales).

[3] Probablemente refleje las tensiones surgidas entre las diferentes aldeas que conformaron Esparta, quizá fueran los descendientes de los dos líderes de las aldeas más poderosas.

     Los Éforos era una de las magistraturas más importantes, cinco elegidos de carácter anual, colegial y escogidos por la asamblea [4]. Asumían funciones políticas, administrativas, protectores de la legislación y de la justicia, presidían la Asamblea y la Gerousía. Existen dudas sobre su condición social aunque se sospecha que procederían de familias aristocráticas. El proceso de selección no está claro, pero parece un proceso mixto de selección preliminar y posterior sorteo. Uno de ellos era denominado "epónimo", que designaba el año. Para limitar el amplio poder del que disponían, su mandato se restringía a un año y sin posibilidad de ser reelegido.

[4] Elegidos por aclamación, donde aquellos cuyo nombre provocaba un griterío mayor eran considerados elegidos.

     La Gerousía o Consejo de Ancianos estaba formado por 28 gerontes ("ancianos"), sumados los monarcas, completando los 30 miembros. Los gerontes debían haber sido ciudadanos ejemplares y superar los 60 años (exentos de servicio militar), por lo cual se sospecha que constituirían miembros aristocráticos ricos e influyentes, constituyéndose en una institución oligárquica y un elemento aristocrático. El cargo era vitalicio, disponían de funciones jurídicas y judiciales (casos drásticos como homicidio, traición, delitos contra los monarcas, etc., pudiendo condenar a muerte, destierro o pérdida de ciudadanía), no podían ser juzgados por sus acciones y disfrutaban del derecho a la iniciativa legal dando el visto bueno antes de ser llevadas a la Asamblea.

     Finalmente, estaba la Asamblea de Ciudadanos, Apella o Ekklesia, constituída por todos los varones libres, nacidos de matrimonio legítimo y con plenitud de derechos políticos (mayores de 30 años). Constituía un porcentaje muy minoritario respecto a todos los lacedemonios. Era el órgano más democrático y aprobaba todas las leyes, tratados y acuerdos, así como al rey que dirigiría al ejército. Elegían gerontes, éforos y al resto de los magistrados. Sin embargo, el derecho a hablar residía en gerontes, éforos y reyes, por lo que no se fomentaba el debate sino que se aprobaba o negaban las decisiones por aclamación.

     Se sospecha que en la práctica los éforos realizarían funciones legales que corresponderían a la Asamblea, por lo que en la práctica esa institución sería más simbólica que real. La Gerusía parece el principal órgano político espartano, aunque en algunos momentos parece influenciable por los éforos y su capacidad de atraer o influír en la Asamblea. Los gerontes por su prestigio no podían actuar libremente ya que el control de la asamblea recaía en los éforos. Los reyes fueron permanentemente sospechosos de aglutinar poder y vigilados por los éforos. Por tanto, pese a la mezcla de elementos monárquicos, democráticos y oligárquicos, existiría una élite oligárquica socioeconómica que superaría a los otros poderes, sobre la que descansaba el poder en manos de gerontes y cinco éforos. Descontando que aproximadamente el 95% de la población de Laconia (periecos, ilotas, mujeres y grupos espartiatas) carecía de derechos políticos, el gobierno se hallaba concentrado en un puñado de hombres ricos e influyentes de entre todos los hómoioi.


4. Categorías Políticas y Sociales

     La condición de ciudadano no constituía un privilegio intocable y vitalicio sino que podía ser arrebatado en el caso de enajenar su klêros, huír en combate, cometer un delito o no satisfacer las necesidades de comidas colectivas (syssitía [5]).

[5] También llamada phiditía o syskenía, aquélla era la comida comunitaria diaria que se realizaba al anochecer, donde se reunían los espartiatas de pleno derecho con el fin de estrechar y reforzar vínculos; Plutarco, Licurgo, 15. 6.


     Si tenía lugar alguna de esas situaciones, el hómoios dejaba de serlo y descendía de categoría para ser un hypomeíones ("inferior"), la que transmitiría a sus descendientes, o pasaba a formar parte de los trésantes ("temblorosos"), aquellos hómoioi acusados de atimía (cobardía o desobediencia en la batalla) [6] que constituían un grupo excluído de la ciudadanía y despreciados públicamente.

[6] Debido a razones de supervivencia, existía una legislación estatal para que los hómoioi se casaran y procrearan, debido a que a los solteros (ágamoi) se les imponía una multa; Plutarco, Licurgo, 15. 1-3.

     Los periecos (períokoi) eran los habitantes de los alrededores de Esparta [7], distribuídos en aldeas y pequeñas ciudades de Laconia y Mesenia, y pese a que mantenían cierta autonomía local, dependían militar y políticamente de Esparta. Mantenían derechos civiles, pero no políticos, y trabajaban como ganaderos, agricultores, manufactureros y en el resto de las actividades que eran denigrantes para los hómoioi según la legislación licúrgica.

[7] Probablemente fue concedido ese estatuto a las comunidades que aceptaron incorporarse al Estado lacedemonio sin oponer resistencia en el transcurso de la conquista de Laconia y la primera guerra mesenia, aunque también a las colonias fundadas con carácter estratégico por los espartanos.

     Los ilotas (heílotai) constituían el tipo más conocido de esclavitud colectiva, en alusión a su homogeneidad étnica, no la relación de dependencia que es diversa y sostenida por la conquista espartana por el derecho "de la lanza" (dorýktetos). El ilota aparecía adscrito al lote de tierra que trabajaba de su amo espartiata, que lo vigilaba, castigaba e incluso podía venderlo. Pero el Estado espartano intervenía en el contravalor monetario del esclavo, se prohibía venderlo fuera de las fronteras o liberarlo a título individual, y existía la obligación de prestar eventualmente a los ilotas, perros y caballos propios a otros hómoios; además podían prestar servicio como tropas auxiliares. Anualmente los éforos debían declararles la guerra para tener una justificación en caso de asesinarlos (Plutarco, Licurgo, 28. 7). No obstante algunos autores sospechan la posibilidad de que los ilotas pudieran guardar cierta parte de la cosecha para su subsistencia o venderla para acumular dinero; de ahí que con el tiempo pudieran incluso comprar su libertad, como ocurrió en 223-222 a.C., cuando seis mil ilotas compraron su libertad por las cinco minas áticas exigidas por Cleómenes III (Plutarco, Cleómenes, 23. 1).


5. La Oliganthropía, el Problema Histórico de la Escasez de Hombres

     El número de hómoioi fue descendiendo desde el siglo VIII a.C., fenómeno conocido como oliganthropía ("escasez de hombres") u oligandría ("escasez de varones"), señalado ya por Jenofonte (Const. Lac. 1. 1). Esa escasez de ciudadanos se producía por problemas económicos y sociales más que demográficos, ya que Esparta sufría de escasez de ciudadanos soldados más que de población. Tras la conquista de Laconia y Mesenia, los espartiatas crearon una situación en la que nunca constituyeron más que una pequeña porción de la población del territorio (se estima que en torno a una doceava parte del total de la población territorial).

     Además esa situación se vio agravada, ya que a diferencia del resto de las polis griegas, la ausencia de comercio y de colonización limitaron el crecimiento de la población en Esparta, ligada a la extendida xenofobia (no contraían matrimonio con extranjeros ni admitían a nuevos ciudadanos, excepto durante situaciones desesperadas), lo que limitaba drásticamente el número de la población espartana.


     Plutarco, en su biografía sobre el mítico rey Licurgo (Licurgo, 8. 3), establece que había 9.000 espartiatas como beneficiarios de la equitativa distribución de tierras. Cada hómoios disponía de una parcela de igual tamaño, además de ilotas para que la cultivaran, frente a unos 30.000 klêros de inferior calidad, que fueron asignados a los periecos. Durante el período clásico se hallan cifras que muestran el descenso del número de ciudadanos, hasta llegar a la batalla de Leuctra en 371 a.C., donde participaron 700 "iguales", de los que cayeron 400, arrojando una cifra de unos 1.300 espartiatas adultos antes del enfrentamiento y quedando reducida a 900 después.

     Aristóteles confirmaría esa cifra, cuando expone que había menos de un millar de "iguales" a mediados del siglo IV a.C. (Aristóteles, Pol. 2. 1270a 30-31). Hacia 244 a.C. no alcanzaban los 700, de los cuales sólo un centenar disponía de klêros, según Plutarco (Agis, 5. 6), de lo que se extrae que habría unos 100 que dispondrían de grandes propiedades frente a unos 600 que dispondrían de pequeñas parcelas que les permitirían conservar la ciudadanía, aunque algunas estarían hipotecadas. Las causas de ese descenso podrían entenderse por la elevada mortalidad de varones (belicismo constante y moralidad autoritaria), los efectos del terremoto de 464 a.C. y las bajas tasas de natalidad [8], factores agravados por el aumento de diferencias económicas entre los "iguales", cuando en el primer tercio del siglo IV a.C. unos pocos se enriquecieron a costa del empobrecimiento de muchos, peligrando su ciudadanía.

[8] Producto del infanticidio sistemático e institucionalizado, la endogamia, los matrimonios tardíos, escasas oportunidades de mantener relaciones conyugales (maridos ausentes durante períodos de guerra o entrenamiento) y la extendida homosexualidad (incluso femenina). Para paliarlos, el Estado otorgó privilegios legales a aquello espartiatas que tuvieran más de tres hijos y cierta permisividad con las relaciones extra-conyugales.

     La oliganthropía supuso una constante amenaza para la supervivencia del Estado espartano, acrecentado por el elevado número de población sometida que dependía de una clase dominante en reducción. No obstante, se tomaron ineficaces medidas para paliar ese problema, ya que la raíz de aquél radicaba en la redistribución de la tierra y la reforma de la cualificación económica para asistir a las sisitías [9].

[9] Admitidos por cooptación y unanimidad de miembros (Plutarco, Licurgo, 12. 9-10), si los hómoioi no podían aportar a la mesa la cantidad estipulada, perderían sus derechos como un "igual".

     En principio, cada espartiata varón que hubiera superado la agogé y hubiera sido admitido en las comidas colectivas alcanzaba la plena ciudadanía y se le entregaba un klêros e ilotas para garantizar su sustento y para que gozara de tiempo libre (sholé) para dedicarse a la guerra y a la política, siguiendo la díaita o forma de vida espartana, que condenaba que el ciudadano se dedicara a tareas manuales o comerciales. Sin embargo, bajo la fachada de elementos de igualdad existían diferencias sociales y económicas. En la cúspide social estarían los miembros de las familias Reales y nobles, constituyendo una clase aristocrática (kailogathoí, "bellos y buenos"), que serían los elegidos para conformar la Gerousía, y se sospecha que acapararían las magistraturas. En segundo lugar, estarían aquellos espartiatas que hubieran recibido honores por sus servicios a la polis, y los gerontes que formaban parte de una institución prestigiosa cuyas decisiones eran tomadas como leyes de obligado cumplimiento. Destacaban también los trescientos hippeîs (caballeros) entre los "iguales", que constituían la guardia de corps Real, así como los agathroergoí ("bienhechores"), un grupo de veteranos licenciados a los que se encomendaban misiones especiales [10].

[10] Los cuales, a pesar de su nombre, no constituían un cuerpo de caballería. El cuerpo de caballería en el ejército espartano no existió sino hasta 424 a.C., obligados por las circunstancias de las adversidades de la Guerra del Peloponeso, contra su costumbre; por ello reclutaron a los individuos menos capaces físicamente y menos deseosos de gloria; Jenofonte, Hellenica, 6. 4. 11.


     Es imposible que los lotes de tierra se mantuvieran inalterables, ya que influían en su reparto el número de hijos o la supervivencia del padre. Aristóteles ya señala que algunos espartiatas contaban con vastas haciendas (geómoroi) y otras eran tan pequeñas que apenas daban para la subsistencia (Aristóteles, Pol. 2. 1270a 15-19). Aun siendo deshonroso sería posible vender y comprar propiedades en Esparta [11]. Según la tradición, fue la reforma del éforo Epitadeo la que legalizaría la compra y venta de las propiedades hasta entonces inalienables, sin embargo, la división de la propiedad por la herencia y la donación ya constituirían ventas encubiertas [12]. El resultado será un proceso de concentración de tierras y la generación de una élite socioeconómica dentro de la misma élite sociopolítica y jurídica (por lo que la igualdad económica era ilusoria) [13]. Además debemos considerar que no toda la tierra sería pública sino que existirían propiedades privadas.

[11] Desconocemos cuáles eran, dónde estaban y quiénes poseían las partes exentas de la compraventa, aunque se apunta a que serían los lotes originales heredados de generación en generación.
[12] Sin embargo, es posible que ese sistema idílico y rígido, que sólo fue alterado por la reforma de Epitadeo, sea una imagen falsa fruto de la historiografía posterior, ya que el proceso de acumulación fue previo.
[13] Aunque todos habían sido educados por la agogé, portaban las mismas armas, y en la batalla luchaban codo con codo en la falange.

     La disparidad económica se tradujo en mayor disponibilidad de ciertos sectores para contribuír en la sisitía [14] y excedentes alimentarios, con una clara finalidad de ganar prestigio social. Además la escasez de ciudadanos afectaría a la estructura del ejército lacedemonio, que se vio paulatinamente obligado a incorporar a periecos en sus filas (se estima que en Platea ya constituían un 50% del total y en Leuctra el 70%), e incluso de ilotas, en principio como tropas de armamento ligero (psiloí); pero durante la Guerra del Peloponeso, ante la amenaza de invasión tebana, se tuvo que recurrir a conceder la libertad a los ilotas implicados en la defensa territorial [15].

[14] Ya que pese a la igualdad comunitaria que existía en las comidas colectivas, las diferencias socioeconómicas entre los hómoioi son evidentes: unos aportaban a la mesa pan de trigo en lugar de cebada, y el postre (epaîklon), de carácter voluntario y servido al tiempo que el cocinero (mágeiros) anunciaba el nombre del donante.
[15] Medida que causó gran recelo entre muchos espartiatas, al observar que 6.000 ilotas se inscribieron como voluntarios; Forrest, W. G., History of Sparta, Londres, 1995, p. 138.

     En definitiva, el término hómoioi denotaría igualdad jurídica, pero no económica y social, generando tensiones. La evolución de la Esparta clásica no hizo sino acrecentar las disparidades ya existentes y favorecer la concentración de riqueza entre determinados sectores, por lo que en ese contexto estallará la stásis o conflicto entre clases, surgiendo figuras de monarcas reformadores como Agis IV, Cleómenes III o Nabis.


6. El Declive de Esparta tras la Batalla de Leuctra

     Tras la batalla de Leuctra en 371 a.C. [de Esparta contra Tebas, que ganó esta última] comenzó el declive de la hegemonía espartana mantenida desde el fin de la Guerra del Peloponeso (404 a.C.). A la derrota y humillación moral espartana le sucedieron una época de invasiones y expulsión de influencia y control espartano de numerosos lugares del Peloponeso. Hasta 369 a.C. Esparta había ocupado tres quintas partes del Peloponeso, mientras que el resto era controlado mediante tratados y alianzas desiguales. La Liga del Peloponeso y los espartanos observaron cómo Epaminondas invadía y devastaba Laconia. Tan crítica fue la situación que incluso se ofreció la libertad a los ilotas laconios que colaborasen en la defensa territorial. Esparta perdió Mesenia, con consecuencias traumáticas al ser privada de más de un tercio de su territorio así como de la mayoría de ilotas, llevando al sistema de explotación espartiata al colapso. Muchos hómoioi perdían así sus parcelas y con ello caían en la miseria, perdiendo la ciudadanía.


     Esas pérdidas territoriales, unidas a la concentración de parcelas que se venía produciendo desde el siglo IV a.C. [16], indujeron a una grave crisis socioeconómica y geopolítica que asoló Esparta. El fenómeno de la concentración de la propiedad se debía en parte a la acumulación de oro y plata obtenidos con la guerra del Peloponeso, en un Estado exclusivamente agrario, donde el único bien donde invertir eran las tierras; además se propició ese comercio con la abolición de la inalienabilidad del klêros propuesta por el éforo Epitadeo (Plutarco, Agis, 5. 1-4). Ese fenómeno de concentración de la propiedad y distanciamiento entre ricos y pobres fue imperante en toda Grecia, lo que llevó a reivindicaciones sociales de abolición de deudas y redistribución de tierras.

[16] Aristóteles apunta ese proceso y además argumenta que gran parte de la riqueza y tierras estaban en manos de las mujeres; Aristóteles, Pol. 2. 1270a 10 ss.

     El Estado espartano, a pesar de la permanencia de algunos ilotas en Laconia después de 369 a.C., se enfrentaba a un proceso de disminución de ciudadanos con raíces históricas que se vio acrecentado, sirviéndose cada vez más de ilotas y periecos para conformar el ejército espartano, además de las pérdidas de territorios que hizo que muchos ciudadanos descendieran en su status, pero no fueron dados de baja en el servicio militar.

     Esparta no luchó contra Filipo II en Queronea (338 a.C.), y se mantuvo fuera de la Liga de Corinto. Tras la batalla de Queronea, Filipo invadió Laconia y privó a los espartanos de buena parte de sus territorios, aislándola de nuevo. Se opuso a unirse a la Liga Helenística de Filipo, y aprovechando la campaña asiática de Alejandro Magno, el rey Agis III promovió un movimiento peloponésico de resistencia a Macedonia, lo que llevó en 331 en Megalópolis a un desigual enfrentamiento entre macedónicos de Antípatro y peloponésicos, finalizando con la muerte de Agis III, razón que quizás explique la no unión de la dañada Esparta a los alzamientos griegos de 323-322 a.C.


7. El Punto de Inflexión, las Reformas Reales:
Agis IV y Cleómenes III

     En Esparta, las desigualdades sociales eran más profundas que en otros lugares, debido probablemente al escaso número de ciudadanos políticos. Hacia 240 a.C. había solo unos 700 ciudadanos plenos y unas 100 familias que poseían tierras, frente a otros que habían conseguido grandes patrimonios territoriales (Plutarco, Agis, 5. 1-4), por lo que durante el siglo III a.C. sufrió de las dificultades que asolaron al resto de las polis, pero en un grado mayor a causa de la polarización de la propiedad y la monopolización del poder político en un número cada vez más reducido de ciudadanos plenos. Los monarcas espartanos, conscientes para paliar el problema de la escasez ciudadana y recuperar la hegemonía perdida, llevaron a cabo una serie de reformas, abogando volver a las costumbres arcaicas (instituciones licúrgicas, como el retorno de la agogé).

     Esas reformas nos son narradas por Plutarco, cuya fuente era Filarco de Atenas, aunque debemos de precavernos de su visión filosófica posterior (del siglo II d.C.) en torno a la idea del rey filósofo y justo, mostrándose favorable a esos reyes, incluso hasta el punto de distorsionar la realidad. En segundo lugar, contamos con el testimonio de Polibio que, dado que era hijo de un prominente general de la liga aquea, aporta una visión claramente anti-espartana, motivado por intereses personales en una época donde el recuerdo de esos acontecimientos permanecía en la memoria colectiva. Incluso en la actualidad, no existe consenso sobre la postura adoptada por esos monarcas, ya que algunos son calificados como reaccionarios que buscaban paliar la decadencia inevitable, frente a otros que fueron idealizados como gobernantes "progresistas" que querían promover la extensión de ciudadanía para todos.

     Tanto Agis IV como Cleómenes III afirmaban reestablecer el modelo tradicional de vida espartano, afirmación no del todo cierta, ya que buscaban resucitar las viejas tradiciones y legitimar su poder con esa apelación [17], y se introducían elementos novedosos como la extensión de la ciudadanía a grupos sociales hasta entonces ausentes del modelo político y social espartano.

[17] Ya que la díaita, o tradicional forma de vida espartana, parecía haber desaparecido desde la imposición de Esparta como potencia a finales del siglo V a.C.


Agis IV

     Desde el período de la derrota de la guerra cremonidea (262-261 a.C.) hasta el ascenso de Agis IV al trono en 244 a.C. existe un silencio en las fuentes clásicas, aunque se sospecha que la ciudad seguiría inmersa en la crisis económica y social que había comenzado previamente. Plutarco presenta a Agis IV (244-241 a.C.) como un rey preocupado por la pobreza de una gran masa de ciudadanos que habían perdido sus tierras en favor de los ricos, y éstos se aglutinaban en la ciudad con ánimo de organizar revueltas. El joven rey contaba con solo 20 años cuando emprendió el restablecimiento de la antigua igualdad de tiempos de Licurgo y el intento de ampliación del cuerpo político. Contó con el apoyo de los jóvenes, gracias al entusiasmo que suscitó el retorno de la disciplina de antaño. Lo que el rey hizo tras alcanzar el trono fue proponer, a través del éforo Lisandro, una reforma que perdonaba las deudas contraídas (chreôn apokopé) y que repartiría tierras (gés anadasmós) entre colonos y espartanos (4.500 klêros en territorio espartano y 15.000 en el exterior) (Plutarco, Agis, 8).

     Los 4.500 lotes interiores serían asignados a espartiatas, por lo que debería de haber 4.500 ciudadanos, incluyendo a periecos y extranjeros que habían recibido una educación liberal y en la "flor de la vida"; los 15.000 restantes del exterior serían asignados a los periecos que fueran capaces de portar armas. Se alteraba, por tanto, el cuerpo de ciudadanos de Esparta que se veía ampliado, así como la composición de la sisitía con mesas más grandes donde se fomentara la integración social de los nuevos ciudadanos. El mismo Agis y su familia abandonaron sus bienes con motivo de esa redistribución equitativa. Con esa reforma se pretendía solucionar la endémica oliganthropía y engrosar las filas hoplitas del ejército con nuevos hombres.

     El pueblo se hallaba lleno de esperanza, pero los éforos se mostraron hostiles al proyecto, así como el otro monarca Leónidas que se opuso a la Retra bajo la presión de las clases más pudientes, aunque fue obligado a exiliarse en Tegea, mientras la Gerusía vacilaba ante la situación. El conflicto entre Agis y los éforos se envenenó, obligando al rey a destituírlos y a nombrar dos nuevos éforos, entre ellos su tío Agesilao, consiguiendo finalmente aprobar la Retra de Agis IV [18]. Fue entonces cuando el éforo Lisandro persiguió al monarca Leónidas II bajo el pretexto de tener dos hijos con una asiática, práctica prohibida, condenando al exilio y nombrando al cuñado de Leónidas, Cleómbroto II, como monarca, ya que éste apoyaba la reforma (Plutarco, Agis, 11).

[18] Según Plutarco, la bestia negra de Agis; Plutarco, Agis, 13.

     Así, la reforma fue aprobada, si bien los problemas llegarían a la hora de ejecutarla. La lucha de poder se evidencia entre la posible actitud de la Apella (constituída mayoritariamente por muchos ciudadanos empobrecidos) y la Gerusía (compuesta por la élite económica de entre los "iguales"). Se propugnó una nueva y revitalizada agogé donde asistirían los hijos de viejos y nuevos ciudadanos, se reorganizaron las mesas de comida comunitaria (Plutarco, Agis, 8), se abolieron las deudas y se eliminaron los registros e hipotecas (klária).


     Agis IV entonces tuvo que asumir un gran problema técnico en el segundo punto de su reforma, el reparto de tierras, ya que muchas de aquéllas estaban agravadas por hipotecas [19]. Los endeudados lógicamente aclamaban la abolición de las deudas, pero los propietarios rechazaron la redistribución, apoyándose de nuevo en el depuesto rey Leónidas II [20]. El éforo Agesilao retrasó la reforma por los intereses que se oponían a ella, aprovechando una amenaza etolia de los aqueos para enviar al monarca Agis a enfrentarse a ellos. Tras ser enviado para auxiliar al ejército, fue ejecutado por ahorcamiento a su regreso, en una Esparta convulsa, en la que Agesilao prolongó el año de mandato como éforo [21], lo que hizo que el pueblo lo odiara y acabara siendo asesinado.

[19] En un sistema económico casi exclusivamente agrícola, el préstamo hipotecario constituía la única inversión en Esparta, ya que apenas existía comercio.
[20] Se referirían a un elevado número de individuos que no disfrutaban de la ciudadanía plena aunque fueran hombres libres y por tanto en clara situación de dependencia, los que podrían ser descendientes de antiguos "iguales" o de ilotas liberados.
[21] Se rodeó de una guardia personal y desafió la tradición espartana, al intentar ser nombrado éforo otro año más.

     La reforma de Agis IV se inspiraba en un deseo de retorno a la simplicidad original licúrgica, y aunque fue llevada a cabo con éxito, los problemas de supervivencia de Esparta no se solucionaron, ya que la formación de nuevos ciudadanos y la redistribución de tierras no aplacaron la debilidad de la polis de Esparta en el nuevo contexto político y económico helenístico, dado que la reforma promovía paralelamente retomar los valores espartanos de igualitarismo y austeridad, no de una mayor productividad y desarrollo económico.


Cleómenes III

     El rey Leónidas II fue restituído tras la ausencia de Agis, pero según Plutarco cometió un grave error, ya que casó a su hijo Cleómenes con la viuda del rey muerto, Agiatis. Su objetivo probablemente era hacer fortuna fundiendo ambas casas reales, significando el final de la tradición de la Diarquía, estableciendo un mayor peso a la dinastía Aquíada. El joven Cleómenes tuvo como tutor al filósofo estoico Esfero de Borístenes (o de Olbia), que más tarde ayudaría a darle forma a sus reformas y a buscar la restauración de la antigua disciplina igualitaria espartana (Plutarco, Cleómenes, 11). Seis años después Cleómenes sucedía a su padre como rey en el trono agíada (en 235 a.C.), iniciándose paralelamente presiones militares aqueas a Esparta, que añoraban incorporarla a la Liga. Cleómenes debía enfrentarse al peligro aqueo y ambicionaba promover cierta expansión territorial, por lo que requería de un incremento del cuerpo cívico. Cleómenes, ante la expansión de la Liga Aquea, comenzó una serie de intervenciones militares arrebatándoles a los etolios varias ciudades del Peloponeso.


     Tras ocho años de reinado, en 227 a.C., probablemente ante la muerte del rey co-reinante (el hijo menor de Agis IV), invitó al hermano de Agis a convertirse en rey y a atacar a los éforos que se opondrían a sus intentos de reformas [22]. Cuatro éforos fueron asesinados y sus cargos abolidos, ya que se oponían a la forma licúrgica, salvándose sólo uno, que fue ocupado por el mismo monarca, legitimando que ningún ciudadano más estaba en concordancia con la doctrina de Licurgo. Cleómenes III proscribió a 80 opositores latifundistas más y convocó una asamblea, y así renegó de la línea política paterna apoyada en las clases más pudientes, para intentar saciar el aumento de fatiga que sufrían las clases bajas.

[22] Revitalizó la Diarquía para no ser acusado de ser un tirano, pero abandonó posteriormente el rígido principio de las dinastías de las dos líneas dinásticas familiares diferentes, una Agíada y otra Euripóntida, nombrando como rey a su propio hermano Euclidas, para Plutarco y para Pausanias denominado Epiclidas; Plutarco, Cleómenes, 11, y Pausanias 2. 9.

     El reinado de Cleómenes III fue el catalizador del proceso del uso del pasado como legitimador de su proyecto reformativo. Instauró los tradicionales ritos de iniciación adaptados a la efebía helenística. Las reformas propuestas a la Eklesía fueron la abolición de deudas y reparto equitativo de tierras, ligado a una ampliación del cuerpo ciudadano con la inclusión de periecos, incluyendo su propio patrimonio personal al fondo común. Por otro lado, limitó el poder de la Gerousía, que perdió su función legislativa y sus miembros perdieron el carácter vitalicio del cargo, limitándolo a un año. Además creó una nueva institución oficial, los patronomos ("guardianes de la tradición"), que reemplazarían a los éforos, un nuevo colegio de seis miembros, siendo uno de ellos epónimo. Con todas esas reformas se buscaba revitalizar la disciplina licúrgica (adoctrinamiento militar estricto, revitalizadas sisitías y educación en torno a la agogé), reestablecer el poderío militar espartano y obtener un cuerpo de 4.000 hoplitas con armamento macedónico para resistir las amenazas y lanzarse a la conquista peloponésica, así como una acumulación de poderes en la figura del monarca, aunque para Plutarco no podía calificarse a Cleómenes como un tirano, ya que se regía por la mesura, justicia y ausencia de soberbia.


     A partir de 229 a.C. Esparta observó cómo aumentaban los peligros: Argos se adhería a la Liga Aquea y amenaza a Laconia. En respuesta, la Liga Etolia cedió territorios a Esparta, que comenzó la guerra abierta contra Arato, estratega de la Liga Aquea. Con la reforma de Cleómenes y la inclusión de los periecos como ciudadanos entrenados a la espartana, se sucedieron los triunfos contra los aqueos; Cleómenes se lanzaba a recuperar la hegemonía del Peloponeso [23], hasta el punto de recibir fondos del monarca egipcio Ptolomeo III Evergetes. Muchos habitantes de las diferentes ciudades peloponésicas apoyaron las reformas promovidas por Cleómenes, esperando la liberación de la sumida miseria en que vivían en la Liga Aquea (Plutarco, Cleómenes, 17). Según Polibio, la ambición de Cleómenes era dominar toda Grecia, y lo califica como un tirano (Polibio 2. 47); aunque este testimonio esté influído por el prejuicio filo-aqueo, se sospecha que entre sus objetivos estaría dominar el Peloponeso, ya que toda Grecia nunca fue un objetivo espartano (Polibio 2. 49).

[23] Ya que las reformas cleoménicas tendrán particular eficacia sobre el ejército, no sólo por el aumento de efectivos sino por su grado de motivación, entrenamiento y disciplina.

Guerras de Cleómenes III de Esparta

     Los acontecimientos hicieron que Arato de Sición declarase la guerra a Esparta [24] en coalición con el rey Antígono III Dosón (Plutarco, Cleómenes, 16), mientras que Esparta contaba con el apoyo de los etolios y Ptolomeo III, aunque la alianza resultó poco eficaz, ya que aunque consiguieron una serie de victorias iniciales espartanas, sus partidarios manifestaron titubeos a la hora de realizar las propuestas prometidas. Ante tal inestabilidad, Cleómenes recurrió a la desesperada a conceder la libertad a aquellos ilotas capaces de pagar cinco minas áticas [25], compareciendo un total unos 6.000 ilotas, de los que el rey armó a 2.000 de ellos como infantes ligeros (Plutarco, Cleómenes, 23).


     La situación se tensó y Antígono movilizó a su ejército para penetrar en el Peloponeso en 224 a.C., derrotando a los espartanos en la batalla de Selasia [26]. Antígono sería así el primer invasor que se adueñó de Esparta, abolió las reformas, restituyó la Constitución tradicional (Polibio 2. 70) y la institución de los éforos (probablemente los exiliados simpatizaban con su régimen), y abolió la Diarquía. Cleómenes III huyó a Egipto y pidió fracasadamente ayuda a Ptolomeo IV Filopator; desesperado, lanzó un ataque contra Alejandría (en 219 a.C.), resultando muerto junto con sus seguidores (Plutarco, Cleómenes, 37).

[24] Tan insostenible parecía la situación para la Liga Aquea, que llegó a modificar su Constitución para nombrar a Arato strategòs autocrátor ("general plenipotenciario"); Plutarco, Arato, 41.
[25] Esa liberación de ilotas, sin embargo, se contradecía con la alusión al retorno de la tradición de Licurgo, medida extrema que no fue planteada por su predecesor Agis IV.
[26] Polibio (2. 65-69) realiza una descripción de la batalla.

     Para Plutarco, ese monarca constituyó el emblema de la realeza justa por su noble carácter, ya que encarnaba las virtudes promovidas por la filosofía estoica (Plutarco, Cleómenes, 39). Incluso el anti-espartano Polibio reconoció que pese a que fuera un tirano, se trató de un hombre hábil, con dotes de mando e índole Real (Polibio 5. 39).

     Tanto Agis como Cleómenes no fueron revolucionarios deseosos de satisfacer a las masas; no extendieron la ciudadanía a la población pobre sino a espartiatas (que ya eran miembros de la comunidad), periecos (que en el fondo eran lacedemonios) o a una élite extranjera. La excepción lo constituye la acción desesperada de Cleómenes en 223-222 a.C., al vender la ciudadanía a 6.000 hoplitas, debido a la necesidad de obtener ingresos y reforzar el ejército [27]. Esas acciones Reales se explican por la necesidad de brindar a Esparta un cambio fundamental legitimado por el llamamiento al retorno de la tradición licúrgica.

[27] Podían comprar su libertad por el precio de cinco minas áticas, reuniendo según Plutarco una cantidad de 500 talentos; Plutarco, Cleómenes, 23.

     Los problemas de Esparta eran extensibles al resto de las polis griegas, aunque era evidente que se encontraba sumida en un proceso de concentración de tierras de una élite en detrimento del empobrecimiento de muchos ciudadanos. Lo que las élites aqueas temieron no fue la inversión del orden social sino que sus beneficios se vieran reducidos en favor de otros individuos de una clase muy parecida a la suya. Con el fracaso de Cleómenes, las reformas fueron abolidas por aqueos y macedónicos que perpetuaron los intereses de las clases ricas [28], y si bien Cleómenes reafirmó el poder militar espartano, la política exterior decidió la suerte de Esparta. Los exilios posteriores abrieron la ciudad a la influencia de monarquías y ligas helenísticas, mostrando la incapacidad de la polis para mantenerse independiente y autónoma en el nuevo contexto geopolítico.

[28] Ya que parece más sencillo que aquellos exiliados retornaran a la ciudad y recuperaran sus propiedades, y más aún debido a que muchos de los nuevos ciudadanos habrían caído en combate; aunque existen dudas respecto a sí todas las reformas de Cleómenes fueron abolidas totalmente.


     La derrota de Selasia no llevó la paz al Peloponeso, ya que desde el fracaso de Cleómenes III hasta el advenimiento de Nabis se sucedieron en el trono dos usurpadores (Licurgo y Macánidas). Esos años se caracterizaron por una intensa lucha social (stásis) entre partidarios de Cleómenes y de Antígono, surgiendo nuevamente la institución de la realeza de esa violenta lucha política [29]. Con la muerte de Macánidas en la batalla de Mantinea (207 a.C.) se elevó al trono un coetáneo de Cléomenes III, Nabis.

[29] Aunque después de la humillación de Selasia algunos habitantes de Laconia estuvieron complacidos con la intervención de Antígono, declarándolo su benefactor, Evergetês, e incluso con el apelativo de Sôtêr ("salvador").


8. Esparta después de Selasia y el Reinado de Nabis

     Nabis (207-192 a.C.) probablemente reinó solo y de nuevo llevó al Estado espartano un intento de reforma social y política (más profunda aún sí cabe que la iniciada 20 años antes por Cleómenes III), aunque su situación vacilase cerca de la ilegalidad ya que era el único rey y la legitimidad de su título se ponía en duda. Frente a Cleómenes mantuvo guardaespaldas y adoptó elementos de las monarquías helenísticas, aunque ajenas a Esparta, como desfiles de caballos y suntuosos palacios, y además promovió la expansión de sus reformas al exterior aprovechando los conflictos e intereses vecinos.

     Puede que Tito Livio y Polibio (las principales fuentes para el estudio de la figura de Nabis), estuvieran influídos por su contexto para la visión de tirano (tyrannos) que otorgan a ese monarca, aunque puede influír que el monarca imitara la riqueza de los tiranos sicilianos anteriores, como Dionisio I de Siracusa, que también extendió la ciudadanía a los esclavos, en el caso espartano a muchos ilotas, pero no a todos [30]. No sabemos si los esclavos (duloi) se constituían como ilotas, cuya situación empeoró y se confundió con la de los esclavos, debido a la apropiación privada de los klêros, aunque lo parece si atendemos a Tito Livio (34. 27), que afirma que Nabis armó a 10.000 habitantes de esclavos utilizados en los campos. La idea de fondo de esa manumisión de esclavos era la de aumentar el cuerpo político y reestablecer la igualdad en la propiedad de las tierras. Pero a diferencia de Cleómenes, Nabis no contó con un filósofo que influyera en los historiadores posteriores de que se basaba en una idea estoica de justicia social.

[30] Nabis manumitió a los esclavos y les dio en matrimonio a las mujeres e hijas de sus amos exiliados; Polibio, 16. 13 y Livio 34. 31.

     Una vez que Esparta se encontró libre de las distracciones de la política exterior, Nabis se concentró en sus reformas internas. Adoptó el título de Rey típico helenístico, prescindiendo de su compañero diarca, así como del resto de instituciones como los éforos y la Gerousía, delegando su poder absoluto en familiares y amigos próximos (Polibio 13. 6). La revolución de Nabis fue acompañada por la implantación de una tiranía, con las instituciones típicas de ese régimen: guardia de corps formada por mercenarios extranjeros (cretenses y tarentinos), régimen de terror, política de prestigio (con la creación de una marina, Livio 39. 28-30), donaciones a Delos, reforzamiento del ejército con mercenarios y construcción de murallas en Esparta (Livio 34. 27). Polibio nos expone que persiguió a los ricos y que perpetró exilios y asesinatos. Diodoro (27. 1) señala su necesidad incesante de dinero para pagar a los mercenarios, recurriendo a torturas si era necesario, así como actos de piratería (Livio 34. 36) y saqueo de santuarios (Pausanias 4. 29), obteniendo botines que sufragaran las reformas desarrolladas.

Nabis, último rey de Esparta

     Nabis recogió el legado de Agis y Cleómenes al apoyarse sobre la masa de la población empobrecida y atacando a la minoría privilegiada, e incluso realizando una purga con exilios y ejecuciones de los ciudadanos sospechosos de atentar contra su estabilidad (Polibio 13. 6). Rompió con el tradicional modelo espartano de la díaita licúrgica, incitando a los espartiatas a dedicarse al comercio y la producción artesanal, y la discreta arquitectura clásica fue sustituída por una más monumental. Improbablemente todos esos cambios se debieron a Nabis sino que más bien se trataba de una polis que a finales del siglo III a.C. sufrió una normalización respecto al resto de Grecia.

     En política exterior consiguió ciertos éxitos como el control de la ciudad de Argos, donde hizo abolir las deudas y redistribuír las tierras (en gran parte confiscadas a las clases dirigentes de la ciudad, cuyas opciones fueron asentir o marcharse), y así la expansión territorial fue ligada con un cambio social revolucionario. También cultivó las relaciones diplomáticas con la nueva potencia en escena, Roma, pero fue traicionado y Roma invadió Laconia. Esparta de nuevo perdía gran parte del territorio perieco. La revolución dio un pretexto a Macedonia, a la Liga Aquea y a Roma para intervenir en Lacedemonia [31]; para Roma significó el comienzo de su intervención en Grecia, que no finalizaría sino hasta 146 a.C. [32].

[31] Junto a ciudades griegas que se aliaron con esas potencias, quizás por las apatías de las clases más pudientes a esas revoluciones promovidas por el monarca espartano; Livio 34. 34.
[32] Este episodio revela la naturaleza de la libertad griega que sólo tenía un límite: el arbitraje romano, a veces bienvenido y hasta cierto punto reclamado por los intereses griegos, actuando como un patrocinio romano.

Espartanos contra romanos

     Roma siguió siempre la misma técnica de liberación: apoyarse en los exiliados desfavorecidos por las reformas, aprovechándose de los disidentes que aún quedaban dentro de la ciudad. Roma privó a Nabis de su flota y fue acorralado, teniendo que rendirse finalmente en 195 a.C. El monarca permanecería en Esparta pero sin la posibilidad de intervenir en el exterior y perdiendo Argos y gran parte del territorio de los periecos [33]. La resistencia de Nabis y la presencia de 2.000 argivos en la ciudad incitan a pensar que contaría con el apoyo de buena parte de la población, pero pese a que pretendía recuperar el territorio perdido, sucumbió ante el estratega aqueo Filopemen (Plutarco, Filopemen, 14. 1-7), dejando nuevamente a Esparta bloqueada y sin salida al mar.

[33] Livio, 34. 42-43. No obstante, no todo cambió en la propia Esparta más que los lugares de la costa que fueron cedidos a la vigilancia de los aqueos, pero sin ser incluídos plenamente en la confederación.

     El golpe final fue asestado por Alexámeno, estratega de la Liga Etolia, que entró a la ciudad bajo el pretexto de negociar una posible alianza, y asesinó a Nabis (Plutarco, Filopemen, 15). Las ambiciones espartanas quedaron finalmente neutralizadas tras la incorporación a la Liga Aquea en 192 a.C., bajo la presión de Filopemen apoyado en una minoría de la población, finalizando la historia de Esparta independiente [34], lo que no significó el fin de la agitación peloponésica [35], ya que el dêmos se mantuvo fiel al soberano, y pese a que Filopemen abogó por la reconciliación, los aqueos respondieron con extrema brutalidad; en 188 a.C. Esparta será tomada, destruída, sus instituciones abolidas y los beneficiarios de las reformas de Nabis expulsados.

[34] La alianza romana de los aqueos favoreció la inclusión de toda la Península del Peloponeso a la Confederación Aquea.
[35] La situación será tensa y aumentará desde 191 a.C., por los antiguos partidarios de Nabis.

     Las reformas de Nabis fueron valoradas como necesarias para la única salida de la situación de ruina económica, crisis social y declive político y militar que azotaba a Esparta durante la época helenística. El hecho último de que las revoluciones fueran agrarias refleja cómo la economía espartana aún era arcaica y agrícola mayoritariamente. El objetivo era el de conseguir una defensa más eficaz y realizar la reconquista de su glorioso pasado militar. Su sueño estuvo basado en una sociedad inmóvil y de subsistencia asegurada, bajo un ideal totalitario. El fracaso de esas revoluciones se debió a que se produjeron en un contexto de estancamiento y decadencia económica, con ausencia total del desarrollo técnico. Con Nabis moría el último intento espartano por acomodarse a la nueva realidad helenística y de recuperar su posición militar para ocupar un lugar hegemónico. En el complejo e inestable tablero geopolítico helenístico, Esparta había luchado sólo como sabía hacerlo, aislada y en solitario, vanamente contra un destino al que parecía abocado el orden romano.


9. El Final de la Independencia de Esparta:
La Incorporación a la Liga Aquea

     La adhesión a la Liga Aquea no solucionó automáticamente los problemas internos espartanos. Los aqueos permitieron que Esparta conservara intacto su tradicional sistema político, pero aquellos mercenarios e ilotas que habían conseguido la ciudadanía fueron deportados, esclavizados, exiliados o ejecutados. El peligro de revuelta social de Esparta fue constante, lo que llevó a Filopemen a tomar medidas drásticas [36], lo cual incitó más los ánimos secesionistas, entrando Roma como árbitro del conflicto (donde existían partidarios de ambas facciones).

[36] Destruír sus murallas, derogar las medidas de Nabis, disolución de instituciones espartanas, imposición de sistema de administración aqueo, y parte del territorio espartano pasaba a ser regido a la Liga; Livio 38. 34 y Polibio 22. 12.

     Finalmente, el Senado romano optó por "liberar" a todas las polis integrantes. Roma asestó un golpe decisivo a la Liga, que amenazaba sus intereses en el Peloponeso (Polibio 38. 15). Las ciudades aqueas revueltas contra Roma pagaron un precio elevado: por su posición fueron castigadas [37]. Esparta, fiel a Roma, no sufrió represalias pero su victoria no fue plena, ya que no recuperaron sus territorios periecos y eran en política exterior autónomos pero dependientes, y el poder político recayó en aquellos ciudadanos ricos que se habían mantenido anti-aqueos y pro-romanos. Los romanos se convertían en amos indiscutibles de toda Grecia. Esparta mantenía ciertas instituciones tradicionales pero reformadas: el eforado integrado en la Gerusía, el cuerpo ejecutivo supremo lo constituían los seis patronomoi, la agogé se mantenía, y se conservaba la syssitia pero sin el propósito social de antaño; se abandonó el sistema de ilotismo y la explotación de los klêros.

[37] Ejecuciones, deportaciones, altas reparaciones de guerra e imposición de gobiernos oligárquicos; Pausanias 7. 16.


10. Conclusión

     Observamos cómo la supuesta igualdad de los hómoioi escondía una desigualdad económica histórica, como lo evidencia la existencia de una aristocracia en el seno de la totalidad espartiata, que desde antaño poseyó una mayor propiedad de tierras. Sin embargo, será en la época helenística cuando ese abismo económico se polarice y llegue a sus máximos extremos. La razón de esa polarización social que había comenzado desde la Guerra del Peloponeso se vio acelerada tras la reforma del éforo Epitadeo, no siendo exclusiva de esa polis griega sino común en el marco griego desde finales del siglo IV a.C. No obstante, en Esparta el aumento de la desigualdad fue más grave debido a la autarquía y a la perdida territorial que dañaban el sistema económico agrícola espartano, sistema económico en retroceso desde el desastre de Leuctra (371 a.C.) y estrepitosamente fracasado tras el intento de Areo I (reinó entre 309 y 265 a.C.) de recuperar la hegemonía perdida.


     Pero el más grave de los problemas estructurales del sistema y gobierno espartanos fue el fenómeno de la oliganthropía. Ese problema estaba lejos de ser un acontecimiento puntual, pero en esa época sí que se verá acrecentado con la pérdida de territorios y con la polarización económica, que agudizaron ese problema histórico, social y biológico de pérdida de ciudadanos espartanos. Esos dos graves problemas: la escasez de ciudadanos y los grandes desequilibrios económicos, reflejaban la situación de una Esparta debilitada internamente y débil en el nuevo contexto que se abría tras la muerte de Alejandro Magno, con la creación de grandes reinos helenísticos y nuevos Estados federales griegos, como la Liga Etolia o la Aquea. La débil posición internacional de Esparta hacía incluso que la autonomía de la polis peligrara de sucumbir ante la presión de las nuevas fuerzas hegemónicas helenísticas.

     Para mantener la independencia espartana y recuperar la hegemonía militar e internacional varios monarcas pretendieron lanzarse a fortalecer el cuerpo político de ciudadanos espartanos para reforzar una situación interna potente que posibilitara la capacidad de lanzarse a la conquista hegemónica del Peloponeso. El punto culminante de las reformas sociales, políticas y económicas fueron propulsadas por los monarcas Agis IV y Cleómenes III. Ambos, bajo la idea de la abolición de las deudas y la redistribución de tierras, pretendían paliar el problema de la oligantropía y ampliar el cuerpo ciudadano espartano, que se traduciría así mismo en un saneado ejército.

     Para legitimarse hicieron uso del pasado y abogaron por el retorno a las prácticas tradicionales de tiempos del mítico rey Licurgo, aunque en la práctica se retomaran los ideales de la díaita e instituciones como la agogé de la época clásica espartana. En esencia, se alteraban otros ámbitos del modelo de vida espartano, como el rígido modelo de clases sociales espartanas, extendiendo la ciudadanía a grupos como los periecos. Esta proclama a la tradición refleja el ideario heleno de que el pasado fue mejor. No obstante, ese retorno del modelo totalitario y austero espartano, basado en el aislacionismo y el militarismo de una sociedad bastante inmóvil, fracasó ante las presiones de las potencias exteriores y de una población desfavorecida por las reformas, pereciendo el deseo de autonomía y recuperación de la hegemonía perdida tras el fracaso de Nabis en Selasia (195 a.C.).

     Esparta era sometida y expiraba su independencia política, al ser obligada a adherirse a la Liga Aquea, y a pesar de los problemas internos que generó a la Liga y conseguir marcharse de ésta, no consiguió reestablecerse de nuevo como polis totalmente independiente al caer bajo el yugo romano. Esparta sucumbía en el nuevo contexto geopolítico de época helenística como había hecho hasta entonces, luchando aislada, movida por unos ideales más o menos cerrados, y hasta el final impulsada probablemente por el deseo ansiado y añorado del recuerdo de una época pasada de tiempos mejores, donde habían gozado de ser una potencia líder y polis hegemónica.–



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