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jueves, 1 de diciembre de 2016

Robert Faurisson - Los 10 Mandamientos del "Holocausto"



     En Abril de 2011 (robertfaurisson.blogspot.com) el investigador revisionista francés Robert Faurisson publicó un curioso texto, en francés, alemán e inglés, que presentamos a continuación traducido desde el francés. Se trata de una serie de antecedentes, presentados con bastante ironía, que se refieren a un hecho que ha llegado a constituírse en un dogma de una religión totalitaria, la cual, a pesar de todo, tiene sus cimientos totalmente podridos.


Los Diez Mandamientos de la Religión del "Holocausto"
por Robert Faurisson
1º de Abril de 2011



1. En tu cabeza pondrás que el Mal absoluto se encarna en el "nazi", y que el Bien absoluto, en su víctima judía. Al judío lo llenarás de homenajes y ofrendas. Al "nazi" lo vilipendiarás y perseguirás hasta el final de la Tierra y hasta el fin de los tiempos. Los hospicios para ancianos del mundo entero recorrerás en busca del último "nazi" nonagenario enfermo. Habiéndolo desalojado de allí, tú y los tuyos lo amenazarán con un nuevo proceso judicial. Al día siguiente, se lo encontrará muerto por la impresión. Entonces, con sonido de trompetas anunciarás aquello, y todos los medios de comunicación podrán titular: «Muerto en vísperas de su detención, el criminal "nazi" escapa a su castigo». A tus hijos enseñarás que «La pena de muerte es mala excepto contra un "nazi"; en este último caso, es buena y la pedimos otra vez. Lo mismo con la tortura. ¡Vayamos a escupir sobre las tumbas de los vencidos!». Amén.


2. La buena nueva difundirás, anunciando a todos los vientos que el pueblo elegido por Yahvé, por la razón de que es el mejor de entre todos, siempre y en todas partes ha sido odiado, perseguido y exterminado sin razón alguna, a causa de un complot planetario urdido desde la noche de los tiempos por gente mala intrínsecamente perversa contra los pobres judíos intrínsecamente inofensivos. Repite después de mí: «El vientre de donde salió la bestia inmunda es todavía fecundo». Con el fin de responder a las críticas cuyo blanco son los judíos, ve a decir que los anti-semitas son estúpidos hasta el punto de creer en un complot judío. En realidad, los menos estúpidos entre ellos no lo dicen porque saben que las conspiraciones son el recurso de los débiles; los judíos son fuertes, y no necesitan por lo tanto ningún complot; ellos controlan el terreno y tienen el látigo.

     En Francia, cada año, su organización más poderosa, el CRIF (Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia) convoca en un entorno lujoso a cerca de mil "invitados" a una cena donde los más altos responsables políticos de la nación se ven duramente criticados por su ineptitud para actuar con rigor contra el anti-semitismo descrito como omnipresente; en lugar de protestar, los acusados encorvan el espinazo, asienten, agradecen y prometen hacer más y mejor el año próximo para los judíos.

     En 2011 fueron a cenar el Presidente de la República [Sarkozy], el Primer Ministro y otros quince ministros o secretarios de Estado en ejercicio. El Presidente, que es de origen judío, acabará su mandato en 2012, y luego se verá tal vez reemplazado por un adinerado judío [Dominique Strauss-Kahn] casado con una judía riquísima [Anne Sinclair]; y luego, si no es ese judío, será otro; de todos modos la presidencia de la República francesa se convertirá en un privilegio judío. Amén.


3. Con los ojos de la fe creerás en todos los testimonios de los innumerables sobrevivientes del "Holocausto". Si, por desgracia, un testimonio se revela como escandalosamente falso, replicarás diciendo que eso no tiene importancia, puesto que, cuando la historia viene del corazón, las nociones de verdadero y falso ya no cuentan.

     Repite después de mí: «Creo en la autenticidad del Diario de Ana Frank fabricado, dicho sea entre nosotros, por su padre, el antiguo banquero traficante de divisas Otto Heinrich Frank que se hizo comerciante, con la complicidad, para la versión original en neerlandés, de una folletinista neerlandesa (Isa Cauvern) y, para las dos versiones en alemán, las manipulaciones de una traductora alemana (Anneliese Schütz). Creo en Martin Gray, vendedor de antigüedades falsas, luego vendedor de memorias falsas debidas a la pluma del polígrafo Max Gallo y publicadas bajo el título de "En Nombre de Todos los Míos". Creo en Filip Müller, que firmó el libro "Testigo en Auschwitz. Tres Años en las Cámaras de Gas", inverosímil testimonio redactado por Helmut Freitag y con un prefacio de Claude Lanzmann. Creo en "La Muchacha entre los Lobos", libro seguido de una película, debido a una belga que, durante la guerra, nunca salió de Bélgica. Creo en Wilkomirski, cuyo verdadero apellido era Grosjean, que nunca salió de Suiza. Creo en la franqueza de Elie Wiesel, y en la honradez de Simón Wiesenthal. No creo en y maldigo a todos los historiadores del "Holocausto" que, en lugar de repetir dócilmente que hay un sinnúmero de pruebas, sólidas como la roca, de la existencia de mágicas "cámaras de gas", se atrevieron a escribir, como en 1988 el profesor judío-estadounidense Arno Mayer, que, a fin de cuentas, sólo hay pruebas "raras y dudosas"». Amén.


4. A los revisionistas llamarás "negacionistas". Los tratarás de "cobardes" porque «ellos matan a los muertos», incluso si esa frase no quiere decir nada. Si un revisionista francés te dice: «Muéstreme o dibújeme su mágica cámara de gas nacionalsocialista», tú responderás: «No hay que preguntarse cómo fue posible técnicamente tal homicidio de masas; fue posible técnicamente puesto que se llevó a cabo». Esta "respuesta", treinta y cuatro catedráticos de universidad e historiadores, entre los cuales estaban Pierre Vidal-Naquet, Léon Poliakov y Fernand Braudel, la elaboraron admirablemente en 1979. Cuando el revisionista estadounidense Bradley Smith te pregunte: «¿Puede usted, como prueba de apoyo, proporcionarme el nombre de una sola persona que haya sido muerta en una cámara de gas de Auschwitz y cuando él agregue que, si su petición te parece fuera de lugar, habrás de decirle por qué, contestarás con el silencio.

     Repite después de mí: «Tienen razón esos franceses que dijeron que esa cuestión no puede plantearse, y tienen razón también esos millares de catedráticos de universidad que, en todo el mundo, han permanecido en silencio a la vez sobre los descubrimientos científicos debidos a los negacionistas y sobre las desastrosas derrotas que sufrieron delante de los tribunales Raul Hilberg, Jean-Claude Pressac, Robert Badinter y tantos otros». Amén.


5. Con un corazón sincero repetirás, siguiendo al estadounidense Raul Hilberg, nuestro historiador número uno, que es exacto, como lo admitió Léon Poliakov, que desgraciadamente no se encuentra en los archivos del Tercer Reich ni la menor prueba de que las autoridades alemanas hayan contemplado, organizado y perpetrado una matanza concertada de judíos. Repitiendo las palabras del mismo Raul Hilberg, explicarás que el "Holocausto" fue preparado, puesto a punto y llevado a cabo sin que hubiera ninguna orden (ni de Hitler ni de ningún otro), sin un plan, sin una organización ad hoc, sin instrucciones escritas, sin presupuesto, sin nada sino espontáneamente, gracias a un fenómeno de creación colectiva surgido ex nihilo en el seno de la vasta burocracia alemana.

     Repite después de mí: «El "Holocausto" fue preparado, puesto a punto y llevado a cabo por la vasta burocracia alemana "gracias a una increíble confluencia de los espíritus, gracias a una transmisión de pensamiento consensual", y eso sucedió "a consecuencia de un estado de espíritu, de una comprensión tácita, de una consonancia y una sincronización"». No dejes de rendir homenaje al profesor Raul Hilberg por esta explicación que tiene la impronta del sentido común talmúdico. Amén.


6. En los milagros judíos y en los millones de judíos salvados milagrosamente, tú creerás. Si se te anunciara que en Lourdes un día se ha producido un milagro, que el día siguiente se constataron allí diez milagros y, dos días después, cien milagros, reirías a carcajadas con razón; en cambio, si tú percibes que con el tiempo el número de los salvados milagrosamente que reclaman dinero no deja de crecer, repite después de mí: «En este asunto, mientras más salvados milagrosamente hay, más milagros hay comprobados». Apartarás de tu espíritu la tentación de objetar y de llegar a decir: «Si un superviviente judío es la prueba viviente de algo, es en realidad de que no hubo ningún exterminio de judíos; tal multitud de salvados milagrosamente no es más un milagro sino una prueba muy evidente de que los alemanes no tuvieron ninguna política de exterminio de los judíos». Cuando se encuentra que los sobrevivientes nacieron en Auschwitz o que eran niños que estuvieron en Auschwitz, maravíllate de esos milagros. Amén.



7. Delante de nuestras reliquias te inclinarás y forzarás a los goyim a inclinarse. Irás en peregrinación a los santos lugares, por ejemplo a Auschwitz, el Gólgota del gran martirio judío transformado en un circo de Barnum, donde no verás ni verdaderas cámaras de gas ni verdaderas ruinas de cámaras de gas; en Auschwitz-I se te mostrará una "cámara de gas", pero «Todo es falso allí» (Eric Conan, historiador francés, en 1995). Verás masas de zapatos, gafas o cabellos «de gaseados» o incluso pastillas de jabón supuestamente hechas de la grasa de nuestros hermanos y hermanas judíos.

     Piadosamente alejarás de tu espíritu la idea de que, en todos los países de la Europa en guerra, tanto en los campos como fuera de ellos, la escasez, la penuria, el bloqueo y la destrucción por los bombardeos Aliados obligaron a la recuperación de toda clase de materiales que se hicieron preciados, así como a su reparación, renovación o reciclaje, y que los cabellos, por ejemplo, fueron utilizados en la industria textil. Olvidarás que las pastillas de jabón, tras un peritaje, revelaron ser pastillas de jabón muy corrientes. Te tragarás todo lo que se te diga al respecto. En el Holocaust Memorial Museum de Washington te inclinarás delante del mejor testimonio posible de la existencia de las mágicas cámaras de gas: por encima de un montón de zapatos más o menos gastados o reciclados, con todas sus letras podrás leer: "Somos los últimos testigos" ("We are the last witnesses"): sí, los zapatos hablan.

     Si en ese vasto museo, desprovisto de toda representación científica de cualquier "cámara de gas" nacionalsocialista, percibes cajas de Zyklon B, con todas tus fuerzas resistirás la tentación de llegar a creer que los alemanes las empleaban para un uso normal (el de un producto, a base de ácido cianhídrico, inventado por el científico judío Haber hacia 1922 para matar parásitos, en particular piojos, los transmisores del tifus); te persuadirás de que los alemanes se servían de eso para matar a los judíos, porque en todo conviene no hacer juicio en relación a los judíos consubstancialmente condenados al exterminio. Como moneda de curso legal —conviene decirlo— aceptarás los cuentos alucinantes de nuestros vendedores y vendedoras profesionales que hacen un recorrido por escuelas, colegios, institutos y otros lugares de formación de los goyim. Sabrás que, en la evocación de ese pasado, la Memoria es superior a la Historia, la novela histórica superior al estudio científico, y el teatro y la ficción superiores a la baja realidad material. Métetelo en la cabeza: el estómago de un creyente en el "Holocausto" es capaz digerir piedras. Amén.


8. Al pináculo del Templo de Jerusalén llevarás al sacerdote Patrick Desbois quien, en el marco de la asociación Yahad-In Unum que formó con consejeros judíos, desarrolló la más impresionante operación holocáustica que se pueda imaginar. Percibiendo con razón que el gas no estaba siendo comprado y que convenía pues no procurar más vender demasiado la cámara mágica, él sustituyó la «Shoah por gas» primero por la super-mágica «Shoah por balas», y luego por la ultra-súper-mágica «Shoah por asfixia». En el marco de la «Shoah por balas» él ya había descubierto, en Junio de 2009, en una parte del antiguo «Frente del Este» más de 1.200 fosas comunes que contenían más de un millón de cadáveres de judíos asesinados por balas alemanas.

     No preguntarás cuántas fosas abrió él, visto que no abrió ninguna. No insistirás en saber cómo él contó cadáveres, visto que no exhumó ninguno. Ponte aquí en la escuela de la aritmética talmúdica según la cual cero + cero = más de un millón. No le preguntarás cómo ha hecho sus sumas de cadáveres, cadáveres que nadie, comenzando con él, vio ni percibió. Simplemente creerás su palabra. Él es un santo hombre consagrado. Incluso entre los historiadores que acabaron por criticarlo, ni uno solo se atreve a decir que el rey está desnudo como un gusano, y que el sacerdote Desbois no tiene a su haber rigurosamente ningún descubrimiento de fosas comunes, ni ningún descubrimiento de cadáveres judíos o no judíos (salvo algunos cadáveres enterrados normalmente, por ejemplo, en el cementerio judío de Busk en Ucrania).

     En Londres, en 2006, «el rabino Schlesinger, de mucha edad» le enseñó al sacerdote Desbois que «los judíos asesinados por el Tercer Reich eran tsadiqim, "santos", y que la plenitud de la vida eterna les había sido concedida. A causa de esto, sus sepulturas, dondequiera que estén localizadas, bajo una autopista o en un jardín, deben ser dejadas intactas con el fin de no perturbar su quietud» (Patrick Desbois, "Porteur de Mémoires. Sur les Traces de la Shoah par Balles", 2007). En Ucrania y en Galitzia, tierras de innumerables batallas entre alemanes y rusos durante la Segunda Guerra Mundial, el sacerdote Desbois tuvo la sorpresa de descubrir casquetes de balas alemanas. Él se apresuró a deducir de eso que aquéllas constituían pruebas materiales de que civiles judíos y solamente judíos habían sido muertos por balas. Doctamente, él afirmó: «Los alemanes no utilizaban más de una bala para matar a un judío. Trescientos casquetes, trescientas balas, trescientas personas ejecutadas aquí».

     En su santa paparrucha, el sacerdote Desbois sobrepasa a los más insolentes apóstoles de todos los tiempos y de toda la Tierra: que le sea rendido un homenaje. Él nos lo ha dicho: han muerto mucho más de seis millones de judíos. Cuando leas su capítulo final sobre la «Shoah por asfixia» efectuada durante la noche con colchas o almohadas, y cuando consideres la medida de este inédito "Holocausto" que es la cumbre de la matanza impulsiva de los judíos, contendrás la risa y te dirás: «Ésta es una infame mezcolanza de la más sublime especie. Él nos haría tragar todo. Así es cómo hay que dirigirse a los cristianos, esas palomas desplumadas (en su infancia, con su abuelo, él desplumaba y vendía pollos). Él realmente merece la distinción de la Legión de Honor con que lo condecoró Sarközy-Mallah [Nicolas Sarközy es hijo de Pál Sarközy, húngaro, y de Andrée Mallah, descendiente de sefardíes], y luego la alfombra amarilla que se le desenrolla por todas partes en el mundo, y luego las sinagogas totalmente llenas de sombreros, y luego los honores de la Sorbonne con el respaldo del profesor Edouard Husson. El Premio Nóbel de la vulgaridad y del trampantojo espera al sacerdote Desbois» Amén.


9. En nombre de la Memoria, siempre exigirás más dinero y más cruzadas guerreras contra los nuevos Hitler, que son legión con sus armas —de hojalata— de destrucción masiva. Holocaustos demandarás, pero holocaustos de goyim. Repite después de mí: «Nos hace falta dinero, siempre más dinero». O bien: «¡Cuanto más lloro, más recibo; mientras más recibo, más lloro!». O incluso: «¡Guerras, siempre guerras y todavía más guerras! Eso es bueno para el Shoah Business y la Industria del "Holocausto. Yahvé, por tu oración, detendrá el curso del Sol alrededor de la Tierra con el fin de que se prolongue, durante todo el día, la masacre de los goyim. Yahvé reconocerá a los suyos. Es hermoso el futuro que así se nos prepara.


     ¡Viva la enseñanza obligatoria del "Holocausto", comenzando con la de los niños pequeños gracias al «maletín escolar Simone Veil»!. ¡Viva el adoctrinamiento especial de gendarmes, policías, jueces, militares, profesores y periodistas!. ¡Viva la multiplicación de las placas holocáusticas en los edificios, sobre la fachada de las escuelas, sobre los monumentos!. ¡Vivan las peregrinaciones hacia Auschwitz con vuelos de aviones y buses llenos!. ¡Viva el chantaje al cual han sucumbido tantas instituciones como la SNFF [Sociedad Nacional de los Ferrocarriles Franceses, Société Nationale des Chemins de Fer Français] y tantos países como Suiza! Queriendo al principio resistir, algunos requirieron justificaciones. ¡Pero se les tomó a mal! Se les argumentó muy justamente que tales reacciones anti-judías agravaban su caso y que debían pagar sin cuestionar las sumas que les habían sido fijadas. Ellos se inclinaron ante ello. Ellos pagaron hasta el último céntimo. Eso quiere decir que se volverá a ir hacia ellos para exigir una cantidad mucho mayor de «restituciones, reparaciones, indemnizaciones y compensaciones». Alemanes cuyos padres ni siquiera habían nacido en 1945 pagarán por lo menos hasta el año 2030 miles de millones a judíos que, en este día, aún ni siquiera han venido al mundo. «Juivre ou mourir» [Defraudar o morir, o Judeificarse o morir]: tal es la consigna que deberá dictar todas las conductas.

     Ante un ideal tan noble conviene sacrificarlo todo, y luego, en cuanto ellos lo hayan dado todo, a los responsables políticos se les exigirá dar todavía más. Algunos goyim pensarán de esos judíos: «Esto no es posible; ellos sin embargo se detendrán un día y van a acabar por darse cuenta de que han ido demasiado lejos». Es en ese momento que habrá que hacer «más que demasiado». Mediante nuestro descaro, nuestro aplomo imperturbable, deberemos dejar estupefactos a los goyim. Tomemos ejemplo de Francia donde, gracias a la comprensión del señor Guillaume Pépy, director de la SNFF, cada viajero que paga el precio de un billete de tren paga por ese mismo hecho, sin saberlo, su ofrenda al riquísimo barón Eric de Rothschild, el guardián a cargo de la Memoria del "Holocausto". Amén.


10. Así te harás digno de aquellos de entre nosotros que, en 1900, inventaron la gallina de los huevos de oro con el maravilloso golpe de los Seis Millones. Ya es tiempo de revelarlo: desde 1900, y tal vez incluso antes de ese año, ciertos judíos de New York tuvieron, con el rabino Stephen Wise, la idea genial de una machacante campaña publicitaria con el invariable y lucrativo estribillo: «¡Para nuestros seis millones de hermanos en camino de morir en Europa, haga su donación!». Haciendo una especialidad de la publicación de esos anuncios publicitarios, el New York Times durante las décadas los años 1900, 1910, 1920 y 1930 repitió ese estribillo.

     En una primera etapa, los verdugos [de los judíos] designados por los judíos estadounidenses fueron los rusos, los ucranianos, los Zares. En una segunda, los verdugos fueron los polacos y sus generales. Una tercera vez, en los años '30, los alemanes y Hitler se convirtieron en el blanco. El dinero fluía a raudales para alimentar una propaganda que alcanzó dimensiones fabulosas. El odio contra el verdugo del pueblo de los judíos iba en aumento. La gran cruzada contra Hitler se perfilaba en el horizonte. Todavía un esfuerzo más de propaganda, todavía más dinero para la propagación de la fe en la democracia, incluída la democracia soviética, y he aquí, finalmente, que en 1941 la nueva guerra se hizo mundial. Un Gran Negocio estaba en perspectiva. Estados Unidos debía entrar en el baile al lado del Tío Joe [Stalin]. Ellos enviaron al otro lado del Atlántico a sus boys y a sus Fortalezas Volantes para fosforizar a las poblaciones civiles, y luego atomizar las ciudades japonesas (y, más tarde, tratar a otras diversas poblaciones con napalm, el agente naranja y el uranio empobrecido). La Santa Alianza de Roosevelt, Churchill y Stalin multiplicó las mentiras piadosas y rojas. He aquí 1945: la guerra ha sido ganada. Cae el telón.


     Se levanta el proceso de Núremberg que será el acto central de un espectáculo digno de Hollywood y de Broadway: esta vez los Seis Millones ya no están «en trance de morir en Europa» sino que son declarados lisa y llanamente muertos, asesinados, aniquilados. No obstante, ¿cómo hacer avalar por los jueces de Núremberg esa cifra de Seis Millones de judíos? Esa obsesiva cantidad, la delegación estadounidense, cuyos miembros son judíos en un 75% (según el fiscal del Tribunal Supremo de Núremberg Thomas J. Dodd, en una carta íntima revelada en 2007), naturalmente la tenía en mente desde siempre. Una solución providencial se presenta en la persona de un prisionero alemán amenazado de ser entregado a los comunistas húngaros pero al que se va a hacer cantar.

     En los últimos meses de la guerra, el teniente coronel Wilhelm Höttl, que iba a ser excluído de la SS por malversación de fondos, se había entrevistado con los Aliados. Él quedó en manos del equipo "estadounidense" de Núremberg, quienes lo miman. Höttl da pruebas de un celo notable. Un buen día, el 7 de Noviembre de 1945, él firmó una declaración bajo juramento según la cual su colega Eichmann le habría declarado un día, en Budapest en Agosto de 1944, casi nueve meses antes del fin de la guerra, que ya dos millones de judíos habían sido exterminados en el Este, y cuatro millones en «campos de exterminio» (Vernichtungslagern).

     La declaración, sea dicho entre nosotros, es absurda: contiene —signo de la falsificación— un anacronismo, ya que "Vernichtungslagern" es sólo la traducción del neologismo estadounidense «extermination camps», que data de Noviembre de 1944. En Jerusalén, en 1961, Eichmann, interrogado respecto a dicha declaración por el juez de instrucción israelí Avner Less, hablará de eso como de una «mezcolanza de ensaladas» (ein Sammelsurium von Durcheinander) inventada por Höttl, y este último, a su vez, en 1987, acabó por aceptar que no había que conceder importancia a semejante disparate: Eichmann, dirá él, había hablado bajo el efecto de la embriaguez y él sufría ante Höttl de un complejo de inferioridad que lo llevaba a exagerar los hechos y las cifras. Afortunadamente, los jueces de Núremberg habían procurado que la defensa nunca pudiera interrogar a Höttl y, para acabar, habían llegado incluso a pronunciar en su veredicto final que los alemanes habían exterminado a seis millones de judíos tal como lo había declarado... ¡Eichmann en persona!.

     Como eres un buen creyente, honrarás los millares de falsificaciones que han sido así cometidas por los magistrados y los historiadores. Gloria sea dada a ellos, porque sin ellos, el edificio entero de la Gran y Piadosa Mentira del "Holocausto" se desmoronaría. Un deber te impondrás por el resto de tus días: a semejanza de esos historiadores y magistrados, deberás decir todo, hacer todo e inventar todo para evitar que desaparezca para siempre el edificio ya tambaleante y fracturado de nuestro muy santo y querido "Holocausto". Yahvé te estará agradecido, ya que si no lo haces, según la palabra de David, te castigará «con flechas punzantes y brasas de retama» [Salmo 120:4].

     Es posible que el delirio de mentir y de creer se pegue como la sarna. ¡Pero qué importa! Contraigamos esa sarna. Ocupémosnos de contaminar, durante el presente, a seis mil millones de hombres y, en las futuras generaciones, a muchos otros miles de millones más. Hagamos que la corteza terrestre esté irritada hasta el final de los tiempos. Amén.





2 comentarios:

  1. Sencillamente, extraordinario.

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  2. Una verguenza que el holocuento se siga creyendo como un tabu, con la gran cantidad de libros revisionistas que hay...

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