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lunes, 5 de diciembre de 2016

La Intervención de EE.UU. en Rusia 1918-1920



     El investigador neozelandés doctor Kerry R. Bolton publicó en Enero de 2011 en el sitio foreignpolicyjournal.com un informe acerca de la participación estadounidense que de diversos modos ayudó a apuntalar a la incipiente Revolución bolchevique en Rusia. Por extraño que parezca, la influencia de EE.UU. en dicha revolución no se limitó al apoyo que banqueros internacionales prestaron a los revolucionarios (sus propios congéneres), sino que había partido antes, con la ayuda que se prestó a Rusia durante la 1ªGM, y prosiguió después, incluídos los esfuerzos del Presidente Wilson, como lo hace notar el señor Bolton en este artículo que ofrecemos en castellano.


LECCIONES de la INTERVENCIÓN de EE.UU.
en RUSIA 1918-1920
por Kerry R Bolton
13 de Enero de 2011



     Estados Unidos, como el "líder del mundo libre" o, alternativamente, "del Occidente", proporciona un ejemplo clásico del adagio que dice que "Con un amigo como ése, ¿quién necesita enemigos?". Estados Unidos deja en su estela una larga línea de Estados arruinados y políticos muertos que ingenuamente confiaron en los altisonantes principios morales de aquél. Estados Unidos comerció con su imagen como el baluarte contra el comunismo durante décadas, y en el proceso asustó a la mayor parte del mundo en su corral. La implosión del bloque soviético fue una especie de bendición para las élites de poder estadounidenses, pero fue sustituído pronto por otro espantajo mundial, el "Islam militante".

     El que alguien esté colocado en la lista de amigos y enemigos de Estados Unidos puede cambiar completamente muy rápidamente. Uno puede ser el receptor de la generosidad estadounidense en un determinado momento, y luego tiene que apurarse y correr por su vida al siguiente, según Batista [1], Chiang Kai Shek [2], Anastasio Somoza [3], el Dalai Lama [4] y los últimos líderes de Vietnam del Sur. Ciertas formas de comunismo también podrían ser útiles para Estados Unidos mientras otras son anatema: el "bueno" Khmer Rouge [5], o el "malvado" Stalin [6], por ejemplo.

[1] Mario Lazo, Dagger in the Heart: American Policy Failures in Cuba, Nueva York, 1968.
[2] Jung Chang y Jon Halliday, Mao: the Unknown Story, Londres, 2005, cap. 28, "Saved by Washington", pp. 292-303.
[3] Anastasio Somoza y Jack Cox, Nicaragua Betrayed, Boston, 1980.
[4] R. Sengupta, "The CIA Circus: Tibet’s Forgotten Army", Friends of Tibet (India), 15 de Febrero de 1999, http://www.friendsoftibet.org/databank/usdefence/usd7.html
[5] Strobe Talbott, "America Abroad: Defanging the Beast", Time, 6 de Febrero de 1989. http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,956883-1,00.html
[6] K. R. Bolton, «Origins of the Cold War, How Stalin Foiled a "New World Order". Relevance for the Present», Foreign Policy Journal, 1º de Junio de 2010, http://www.foreignpolicyjournal.com/2010/05/31/origins-of-the-cold-war-how-stalin-foild-a-new-world-order/

     En 1980 el ex-Presidente de Nicaragua, Somoza, dijo: "Fui traicionado por un duradero y confiable aliado" (Nicaragua Betrayed, p. 397). Él y muchos otros que se encontraron en una posición similar pudieron haber aprendido de la Historia y de las palabras del anti-bolchevique "Líder de Todas las Rusias", el almirante Alexander Kolchak [*], quien, poco antes de su fusilamiento en 1920, básicamente dijo de la "intervención" estadounidense: "¿De qué demonios se trataba esto, entonces?".

[*] https://es.wikipedia.org/wiki/Aleksandr_Kolchak


La Elevada Rectitud de Wilson, una Pose para la Hegemonía Estadounidense

     La reputación de Estados Unidos como el "líder del mundo libre", siempre exitado contra algún mal mundial u otro, en gran parte se remonta a los "Catorce Puntos" de Woodrow Wilson para la reconstrucción post-Primera Guerra Mundial. Desde entonces, EE.UU. ha posado en la escena mundial como el guardián y la conciencia moral. Esta revolución democrática mundial Wilsoniana —que continúa bajo otros nombres y tanto bajo administraciones Republicanas como Demócratas— fue presentada como la alternativa liberal al bolchevismo totalitario. Wilson declaró acerca de los bolcheviques en la Conferencia de Paz de París de 1919:

     «Existe a través de todo el mundo la sensación de una rebelión contra los intereses creados [7] que influyen en el mundo tanto en la esfera económica como en la esfera política. El modo de remediar esta dominación es, en mi opinión, una constante discusión y un lento proceso de reforma; pero el mundo en general se ha puesto impaciente por la tardanza. Hay hombres en Estados Unidos del mejor carácter, si no del mejor juicio, que tienen simpatía por el bolchevismo porque les parece que aquel régimen ofrece a los individuos la oportunidad que ellos [los hombres de EE.UU.] desean ocasionar» [8].

[7] Típico truco, dado que el propio Wilson estaba rodeado por "intereses creados" por medio de su confidente el "coronel" Edward House.
[8] Michael Sayers y Albert E Kahn, The Great Conspiracy against Russia, Londres, 1946, p. 74.

      El plan de Wilson no era luchar contra el bolchevismo, en ese entonces en una posición muy precaria, sino aceptar a los soviéticos, con la confianza de que los bolcheviques, mediante una "constante discusión y un lento proceso de reforma", se integrarían en la "comunidad mundial", es decir, en el "mercado mundial".

     Sin embargo, el gran mito de una lucha de proporciones Zoroastrianas entre democracia y comunismo, tras la cual el comunismo fue derrotado finalmente por la superioridad de Estados Unidos, es uno de los paradigmas fundamentales del análisis político e histórico. De ahí que el experto en Rusia del ministerio de Asuntos Exteriores estadounidense George Kennan escribiera lo siguiente acerca del papel de EE.UU. en la "intervención" Aliada en Rusia, supuestamente para derrotar a los bolcheviques ayudando al movimiento "Blanco":

     «Existen hoy aquellos que ven el invierno de 1917-1918 como uno de los grandes puntos decisivos de la Historia moderna, el punto en el cual allí se separaron y ramificaron, claramente y para que todos las vieran, las dos grandes respuestas contrarias —totalitaria y liberal— a los problemas emergentes de la época moderna...» [9].

[9] George F. Kennan, The Decision to Intervene, New Jersey, 1958, p. 13.

     La participación de Estados Unidos en la "intervención" no fue nada por el estilo, y parece haber proporcionado una fórmula para la destrucción de diversos Estados por parte de EE.UU. desde entonces.

     Las historias de la "Guerra Civil rusa" por lo tanto generalmente siguen aquella línea. En palabras del historiador David S. Fogles:

     «Desde la Revolución bolchevique hasta el final de la Guerra Civil rusa, Estados Unidos procuró animar y apoyar movimientos anti-bolcheviques en una variedad de formas sigilosas y semi-secretas. Obligado por un declarado compromiso con el principio de la autodeterminación, y restringido por sentimientos idealistas y posteriormente aislacionistas, Wilson y sus consejeros buscaron métodos para ayudar a fuerzas anti-bolcheviques que evadieron el escrutinio público y evitaron la necesidad de asignaciones monetarias del Congreso» [10].

[10] David S. Fogles, America’s Secret War against Bolshevism: US Intervention in the Russian Civil War, University of North Carolina Press, 1995, p. 5.

     Sin embargo, Fogles también declara que a pesar de la participación estadounidense en la "intervención" Aliada, el régimen soviético consideró que Estados Unidos era la fuente más probable para asegurar relaciones diplomáticas y comerciales (Fogles, op. cit., p. 6). Mientras la Fuerza Expedicionaria Estadounidense (AEF) estaba en Rusia, Ludwig Martens, el representante soviético en Estados Unidos, estaba llevando adelante animadas comunicaciones con intereses comerciales estadounidenses. Así, cuando los agentes del Comité Lusk de Nueva York asaltaron las oficinas de la agencia soviética de Martens el 12 de Junio de 1919, fueron encontradas comunicaciones con aproximadamente mil firmas comerciales [11]. Un informe de la Inteligencia británica señaló que la empresa de J. P. Morgan la Guaranty Trust Company de Nueva York estaba financiando a Martens [12].

[11] Antony C. Sutton, Wall Street and the Bolshevik Revolution, Nueva York, 1974, p. 115.
[12] Basil H. Thompson, Special Report Nº 5 (Secret), British Home Office Directorate of Intelligence, Scotland Yard, Londres, 14 de Julio de 1919; US State Dept. Decimal File, 316-22-656. Citado por Antony C. Sutton, op. cit., p. 115.



Banqueros en la Conferencia de Paz

     Mientras tanto, la flor y nata del capitalismo, los banqueros internacionales, estaban ocupados en la Conferencia de Paz de París tratando de conseguir que los bolcheviques fueran reconocidos, en un momento en que el régimen soviético parecía tener pocas probabilidades de durar. Wilson y Lloyd George estaban impacientes por extender el reconocimiento al gobierno soviético. El que ellos no lo lograran fue en gran parte debido a la oposición emprendida por Henry Wickham Steed, editor del Daily Times de Londres, que parece haber lanzado una cruzada individual para exponer no sólo a los bolcheviques, sino que, más importante aún, a sus amigos en la Alta Finanza, recordando que "influyentes intereses financieros internacionales estaban trabajando a favor del reconocimiento inmediato de los bolcheviques", quienes a cambio estaban ofreciendo "extensas concesiones comerciales y económicas" [13].

[13] Henry Wickham Steed, Through Thirty Years 1892-1922. A personal Narrative, Nueva York, 1924, "The Peace Conference, The Bullitt Mission", vol. 2, p. 301.

     Steed relató que él fue contactado por el consejero de Wilson, Edward "coronel" House, el cual estaba preocupado por la denuncia de Steed de la relación entre bolcheviques y financieros:

     «Ese día el "coronel" House me pidió que lo visitara. Lo encontré preocupado tanto por mi crítica a cualquier reconocimiento de los bolcheviques, como por la certeza, que él no había comprendido antes, de que si el Presidente llegara a reconocer a los bolcheviques a cambio de concesiones comerciales, el "idealismo" entero de él estaría irremediablemente comprometido como un comercialismo disfrazado. Le indiqué que Wilson no sólo quedaría completamente desacreditado, sino que la Sociedad de Naciones caería por la borda, porque todos los pequeños pueblos y muchos de los grandes pueblos de Europa serían incapaces de resistir al bolchevismo que Wilson habría acreditado» (Henry W. Steed, op. cit.).

     House, en una manera maquiavélica, pidió a Steed que se comprometiera a apoyar la ayuda humanitaria supuestamente para beneficio de todos los rusos. Steed consintió en considerar aquello, pero poco después de hablar con House averiguó que el Primer Ministro británico Lloyd George y el Presidente Wilson iban a proceder con el reconocimiento al día siguiente. Steed por lo tanto escribió el artículo principal para el Daily Mail de París del 28 de Marzo exponiendo las maniobras y preguntando cómo una actitud pro-bolchevique era coherente con los principios morales declarados de Wilson para el mundo de posguerra.

Henry Wickham Steed

      Charles Crane [14], quien había hablado recientemente con Wilson, dijo a Steed que Wilson estaba a punto de reconocer a los bolcheviques, lo que provocaría una opinión pública negativa en Estados Unidos y destruiría los objetivos internacionalistas de posguerra de Wilson. Significativamente, Crane también identificó a la facción pro-bolchevique como la misma que el Gran Empresariado, declarando a Steed: "Nuestra gente en casa ciertamente no apoyará el reconocimiento de los bolcheviques que están bajo las órdenes de Wall Street".

[14] Crane fue un miembro de una Misión Diplomática Especial a Russia en 1917, y miembro de la Sección Estadounidense de la Conferencia de Paz de París en 1919.

     Steed fue otra vez visto por House, quien declaró que su artículo en el Daily Mail de París "había penetrado bajo la piel del Presidente". House pidió que Steed pospusiera posteriores denuncias en la prensa, y nuevamente planteó la perspectiva de un reconocimiento basado en la ayuda humanitaria. Lloyd George también fue enormemente perturbado por los artículos de Steed en el Daily Mail, y se quejó de que él no podía emprender una política "sensible" hacia los bolcheviques mientras la prensa tuviera una actitud anti-bolchevique (Henry W. Steed, op. cit.).

     Leyendo informes periodísticos de la época, uno continuamente ve prácticamente de manera diaria la pregunta en cuanto a si los Aliados reconocerían al regimen Blanco, un asunto al cual el almirante A. V. Kolchak y otros que combatían contra el Ejército Rojo daban mucha importancia. Ellos nunca recibieron reconocimiento, ni de facto ni de jure, y es evidente, a partir de lo que relata Henry Steed, que los Aliados nunca tuvieron la intención de conceder el reconocimiento, y que Wilson y George deseaban más bien reconocer a los bolcheviques.


Por Qué los Aliados Intervinieron

    Lo que debería ser tenido en cuenta es que cuando los Aliados "intervinieron" y enviaron fuerzas a Rusia en 1917, después de la Revolución bolchevique, ellos lo hicieron en un momento en que no era seguro si los soviéticos firmarían un armisticio con Alemania. Los Aliados intentaron

(1) asegurar que las grandes reservas de materiales de guerra que habían sido dados a Rusia por los Aliados para luchar contra Alemania no fueran capturadas por los alemanes, y

(2) proporcionar un salvoconducto a los prisioneros de guerra checos que habían sido liberados por los bolcheviques y que intentaban alcanzar Francia para luchar contra los alemanes y asegurar un lugar para la nacionalidad checa en el mundo de posguerra [*].

[*] https://es.wikipedia.org/wiki/Intervenci%C3%B3n_aliada_en_la_Guerra_Civil_Rusa

     El derrocamiento de los bolcheviques no era parte del plan, y había una probabilidad de que aquéllos se unieran a los Aliados contra Alemania más bien que firmar un armisticio.


IMAGEN. Teniente coronel estadounidense Nichols con el regimiento Nº 31 de infantería del Ejército estadounidense en Vladivostok durante la intervención de EE.UU. en la guerra civil rusa

    Robert Service declara: "La mayoría de los líderes bolcheviques... pensaban que una paz separada con las Potencias Centrales era una concesión insufrible para el imperialismo capitalista" [15]. A pesar de las instrucciones de Lenin, Trotsky, en su calidad de Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores, en vez de firmar un tratado de paz en Brest-Litovsk, llamó a una revolución contra Alemania; y con la intransigencia de Trotsky, el armisticio se rompió, con los alemanes lanzando otra ofensiva en el Frente del Este, donde ellos ahora lucharon contra el improvisado Ejército Rojo. Eso provocó un sentido de "solidaridad" entre los soviéticos y los representantes Aliados (George F. Kennan, op. cit., p. 35).

[15] Robert Service, Trotsky: A Biography, Oxford, 2009, p. 210.

    Los británicos, mediante el agente especial del Gabinete de Guerra R. H. Bruce Lockhart, buscaron a Trotsky por instrucciones de Lloyd George. Tan cerca estuvieron Lockhart y Trotsky en su concordancia, que la esposa de Lockhart comentó que él se estaba ganando entre sus colegas en Gran Bretaña una reputación de ser un "rojo" [16].

[16] R. H. Bruce Lockhart, British Agent, Londres, 1933, libro IV, "History from the Inside", cap. 3.

     Kennan declara que cuando los estadounidenses enviaron su primer representante a Arcángel (Archangel, Arkhangelsk) en 1917,

     «En el momento de la toma bolchevique del poder en Petrogrado los Aliados estaban interesados en Arkhangelsk no sólo por su importancia como un canal de entrada y egreso para la Rusia europea, sino que también por el hecho de que allí también, como en Vladivostok [en el O. Pacífico, en el límite ruso con China], las provisiones de guerra transportadas a antiguos gobiernos rusos se habían acumulado en grandes cantidades» (George F. Kennan, op. cit., p. 17).

     El general William S. Graves, comandante de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense en Siberia, explicó:

     «Se debería recordar que la razón principal planteada por aquellos interesados en la intervención militar en Siberia, era la necesidad inmediata y urgente de la protección a los checos, los cuales se suponía que tratarían de pasar a través de Siberia hasta Vladivostok y luego al frente occidental donde ellos podrían unirse a los Aliados» [17].

[17] William S. Graves, America’s Siberian Adventure 1918-1920, Nueva York, 1941, "Aid to the Czechs".

     Con el temor a un ataque alemán, las fuerzas Aliadas desembarcaron en Murmansk para apoyar a los soviéticos. Kennan señala que ése fue probablemente la primera llegada de fuerzas Aliadas en territorio ruso, y fue emprendido por invitación de las autoridades soviéticas locales (Kennan, Ibid., p. 52).


Contacto con los Blancos

     Si bien los Aliados persiguieron una política de negociación con los bolcheviques en cuanto a objetivos de guerra, ellos también dejaron sus opciones abiertas en cuanto al anti-bolchevique movimiento Blanco, conducido por el almirante Kolchak, que había establecido su autoridad sobre Siberia del Este. Había una buena probabilidad de que el movimiento Blanco derrotara a los soviéticos, y si los Blancos no podían conseguir el apoyo de los Aliados, ellos se verían obligados a acudir a Alemania. Aunque el almirante Kolchak fuera lealmente pro-británico, algunos del movimiento Blanco, como el atamán cosaco Grigory Semenoff, estaban fuertemente respaldados por los japoneses, uno de los Aliados, pero sin embargo incluso entonces era sospechoso; y otros comandantes Blancos tenían una orientación pro-alemana.

     En Abril de 1918 el ministro de Asuntos Exteriores británico Arthur Balfour, sobre la base de alentadores informes de Lockhart, sugirió una intervención Aliada conjunta en cooperación con los soviéticos (Kennan, Ibid., p. 346). El coronel William Wiseman del Servicio Secreto británico, que había desempeñado un papel en la facilitación del retorno de Trotsky desde Nueva York a Rusia y posiblemente había incluso reclutado a Trotsky como un agente británico [18], era de la misma opinión, cablegrafiando al confidente del Presidente Wilson, Edward House, desde Londres el 1º de Mayo de 1918 diciéndole que los Aliados deberían intervenir por invitación de los bolcheviques y ayudar a organizar el Ejército Rojo [19]. Sin embargo, los Aliados permanecieron inseguros de la fiabilidad de los soviéticos.

[18] Richard B. Spence, "Interrupted Journey: British Intelligence and the Arrest of Leon Trotsky April 1917", Revolutionary Russia, Nº 1, 2000.
[19] Charles Seymour (ed.), The Intimate Papers of "Colonel" House, Nueva York, vol. III, p. 421.


Estallido de la "Guerra Civil"

     El catalizador para el inicio de las hostilidades implicó una disputa entre los prisioneros de guerra checos liberados y los soviéticos. En camino a lo largo del ferrocarril trans-siberiano llegó una orden de Trotsky para que los checos se desarmaran. Los checos creyeron que aquello era un intento traicionero y estalló una rebelión, volviendo los checos de regreso a Rusia, y, llegando a Samara en el río Volga, ofrecieron sus servicios al "Comité de Miembros de la Asamblea Constituyente" Socialista-Revolucionaria [anti-bolchevique]. Los aguerridos checos derrotaron al Ejército Rojo, y la región entera del Volga quedó bajo los revolucionarios socialistas. Rusia estaba en una desorganización con huelgas industriales, resistencia de campesinos, y una oposición a los bolcheviques desde anarquistas a zaristas. Además, los enfrentamientos pronto estallaron entre los bolcheviques y sus socios, los Revolucionarios Socialistas de Izquierda [20].

[20] Robert Service, Trotsky: A Biography, p. 220. Los "Revolucionarios Socialistas de Izquierda" eran una facción originalmente pro-bolchevique que se había desligado del Partido de Revolucionarios Socialistas por la cuestión del apoyo a los bolcheviques.

     Después de meses de dilación, las tropas estadounidenses desembarcaron en Siberia y en el Norte de Rusia en Julio de 1918, sin avisar a los franceses y británicos que habían estado insistiendo en una acción decisiva. Allí el almirante A. V. Kolchak había formado un Ejército Blanco. Animado por los desembarcos de tropas Aliadas, tuvo éxito un golpe anti-bolchevique en Arcángel con la expulsión de los soviéticos. Una pequeña fuerza estadounidense conducida por un teniente persiguió a los soviéticos durante 120 kms. al Sur a lo largo del ferrocarril Arcángel-Vologda.

     Sin embargo, es importante comprender que un enfrentamiento militar contra los bolcheviques contravenía la política estadounidense, y tales acciones fueron emprendidas por entusiastas hombres militares en la escena, haciendo caso omiso de la directiva de Wilson de no involucrarse con el Ejército Rojo. El general William S. Graves, comandante de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense en Siberia, escribió acerca de esto:

     «Si yo hubiera permitido que las tropas estadounidenses fueran usadas para combatir a los "ejércitos Rojos", como se ha declarado, yo habría tomado una responsabilidad inmensa sobre mí, ya que nadie encima de mí, en autoridad, me había dado ninguna tal orden» (Graves, op. cit., "Before the Armistice").


El Beso Estadounidense de la Muerte dado por W. Graves

     Como gran parte del mundo ahora comprende, cuando Estados Unidos entra en un conflicto, ése es un "beso de la muerte" para sus supuestos amigos. El general Graves tomó su lugar en la Siberia de Kolchak como comandante de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense, siendo su único objetivo proteger el ferrocarril trans-siberiano, y definitivamente no combatir al Ejército Rojo. Graves insistió en mantener una estricta "neutralidad", excepto cuando surgieron oportunidades en las que él pudo enfrentar a Kolchak y al movimiento Blanco, hacia el cual sentía un persistente desprecio, escribiendo más de una década más tarde:

     «En el momento de mi llegada a Vladivostok, cuando los representantes Aliados hablaban de los rusos, ellos querían decir los viejos funcionarios zaristas, que sentían que era bastante seguro entonces para ellos aparecer en sus magníficos uniformes cada tarde, y desfilar pot Svetlanskaya, la principal avenida pública» (Graves, Ibid.).

Almirante Aleksandr Kolchak

      A pesar de la ventaja de la visión retrospectiva años después, Graves siguió condenando las atrocidades y la represión de las autoridades Blancas, pero nunca él reconoció el así llamado "Terror Rojo" que había estado oficialmente vigente desde Diciembre de 1917, o la naturaleza totalitaria del régimen bolchevique, insistiendo en sus memorias en que

     «A la prensa extranjera constantemente se le estaba diciendo que los bolcheviques eran los rusos que estaban cometiendo esos terribles excesos, y la propaganda había sido usada hasta tal punto que nadie alguna vez creyó que estaban siendo cometidas atrocidades contra los bolcheviques» (Graves, op. cit., "Kolchak and Recognition").

     Del general Ivanoff-Rinoff, uno de los comandantes de Kolchak, Graves declaró ante el Alto Comisionado británico Sir Charles Eliot: "En lo que a mí concierne, el pueblo podría traer a Ivanoff-Rinoff frente al cuartel central estadounidense y colgarlo en aquel poste telefónico hasta que él esté muerto, ¡y ningún estadounidense le prestaría ayuda!" (Sayers y Kahn, op. cit., p 69). Ése era un ejemplo de la participación de Graves supuestamente no-partidaria. La caracterización de Graves del gobierno de Kolchak era la de "una muchedumbre de reaccionarios" (Graves, Ibid., "Mobilization of Russian Troops").


     Otras formas de "no-interferencia" por parte de Graves incluyeron:

• Impedir que la Cruz Roja estadounidense entregara ropa interior cálida a las fuerzas Blancas, amenazando con retirar la protección estadounidense a los trenes de la Cruz Roja (Graves, Ibid., "The Railroad Agreement").

• Demandar que los japoneses desarmaran al cosaco de Ussuri, el atamán Kalmikoff (Graves, Ibid., "After the Armistice").

• Intentar interferir con las fuerzas japonesas, las que ejecutaron a cinco bolcheviques sospechosos, convocando el comandante estadounidense al Jefe de Estado Mayor japonés, y declarando que los estadounidenses deberían haber usado la fuerza contra sus "aliados" japoneses más bien que permitir las ejecuciones (Graves, Ibid., "Japan, The Cossacks and Anti-Americanism").

• Retener 14.000 armas desesperadamente necesitadas por las ya sub-equipadas fuerzas Blancas, en represalia por el fracaso de Kolchak en reprimir la crítica de prensa contra los estadounidenses, armas que habían sido pagadas para por la administración de Kolchak ("Released Rifles Held Up by Graves", New York Times, 3 de Oct. 1919).

• Intervenir de manera armada para impedir que los cosacos de Semenoff obtuvieran 15.000 rifles, intentando Estados Unidos asegurar que Semenoff no recibiera ninguna arma ("Semenoff Demanded Arms of Americans", New York Times, 2 de Nov. 1919).

• Impedir que Kolchak disparara sobre una fuerza revolucionaria en Irkutsk, que había organizado un golpe de Estado y se había apoderado de la estación de ferrocarril.

• Persuadir a los japoneses para que dejaran de combatir al Ejército Rojo en un momento en que las fuerzas de Kolchak estaban en su lucha final por su vida [21].

[21] "America and Japan Agree on Siberia Plan. Tokio Modifies Policy – Will Now Protect Railways as First Priority, Regardless of Kolchak", New York Times, 27 de Dic. 1919.

• Impedir de manera armada que los japoneses protegieran al gobernador ruso, general Rozanov, en Vladivostok, cuando los revolucionarios sitiaron su casa. Afortunadamente para Rozanov, los japoneses fueron capaces de facilitar su fuga [22].

[22] "Americans Block Japanese Action. Prevent Attempt by Mikado’s Troops to Save Gen. Rozanov from Revolutionists", New York Times, 8 de Feb. 1920.


"El Juicio de la Historia"

     Tal era el antagonismo de las Fuerzas Expedicionarias Estadounidenses en Siberia hacia Kolchak que muchos rusos consideraron que los estadounidenses eran "bolchevistas" en sus actitudes.

     Curiosamente, el capitán Montgomery Schuyler, Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Expedicionarias Estadounidenses en Siberia, se formó la misma opinión de sus compatriotas estadounidenses que la prensa Blanca, escribiendo en un mensaje desde Omsk al teniente general Barrows en Vladivostok:

     «Usted sentirá que estoy siendo apasionado con respecto a este asunto pero es que estoy seguro de que va a traer un gran problema para Estados Unidos cuando el juicio de la Historia sea registrado acerca del papel que hemos jugado. Es muy en gran parte culpa nuestra que el bolchevismo se haya extendido como lo ha hecho, y no creo que seremos encontrados inocentes de las miles de vidas inútil y cruelmente sacrificadas en salvajes orgías de matanza para establecer un gobierno autocrático y despótico de principios que han sido rechazados por cada generación de la Humanidad que ha sido salpicada con ellos» [23].

[23] Capt. Montgomery Schuyler, reporte del 1º de Marzo de 1919, Record Group 120, Records of the American Expeditionary Forces, 383.9 Military Intelligence Report, p. 2.

     Cuando las fuerzas estadounidenses que protegían el ferrocarril trans-siberiano dejaron Vladivostok, ellas hicieron eso con la aclamación salvaje por parte del régimen revolucionario. El New York Times reportó:

     «Desfiles, reuniones callejeras y pronunciamiento de discursos marcaron hoy el segundo día de la liberación completa de la ciudad de la autoridad de Kolchak. Las banderas rojas flamean en cada edificio del Gobierno, muchas casas comerciales y hogares.

    «Hay un pronunciado y evidente sentimiento pro-estadounidense. Delante del cuartel central estadounidense los líderes revolucionarios se subieron a escalinatas de edificios a través de la calle, haciendo discursos calificando a los estadounidenses de verdaderos amigos, que en un momento crítico salvaron el actual movimiento. La gente insiste en una política Aliada de no-interferencia internacionalmente en asuntos políticos.

     «El Personal General del nuevo Gobierno en Nikolsk ha telegrafiado al comandante estadounidense, mayor general Graves, expresando su aprecio por los esfuerzos para garantizar una política Aliada de no-interferencia durante la ocupación de la ciudad, también en ayuda en un arreglo pacífico de la situación local» [24].

[24] "Vladivostok Pro-American. Revolutionist Staff Thanks Graves for Preserving Neutrality", New York Times, 15 de Feb. 1920.

     En 1920, en medio del fracaso, Kolchak declaró que "El sentido y la esencia de esta intervención permanecen completamente obscuros para mí" [25]. Kolchak fue capturado después de ser traicionado por su guardia checa y fue fusilado por el régimen revolucionario el 7 de Febrero [26]. Graves, mientras se sentía consternado por los informes de los castigos supuestamente llevados a cabo por el régimen Blanco, excusó la ejecución de Kolchak como siendo el resultado del "justificado resentimiento de la gente" y como habiendo sido adecuadamente juzgado y condenado por un "tribunal militar" (Graves, Ibid., "The Gaida Revolution").

[25] Jon Smele, Civil War in Siberia: The Anti-Bolshevik Government of Admiral Kolchak 1918-1920, Nueva York, 1996, p. 201.
[26] "Kolchak Sought to Save Companions. 48 Officers and Civilians Refused to Leave Him When Miners Halted Train. Czech Guard Gave Him Up", New York Times, 22 de Feb. 1920.

Cartel "Víctimas de la Internacional"

     El New York Times editorializó un pertinente análisis de la intervención Aliada y el inminente colapso de los remanentes Blancos:

     «No puede haber ninguna duda de que los gobiernos Aliados deben llevar una gran parte de la culpa por el colapso de este movimiento. Como The New Europe recientemente observó, "las vacilaciones públicamente proclamadas de nuestros estadistas bien valen un cuerpo de ejército entero para los bolcheviques» ("Kolchak’s Fall", New York Times, 30 de Dic. 1919).

     Robert Service comenta que mientras las fuerzas Blancas procuraron reagrupar y desafiar al Ejército Rojo,

     «Sus esperanzas fueron socavadas por la decisión del Reino Unido y Francia de frenar su intervención en la Guerra Civil. En Diciembre de 1919 los británicos se retiraron de Arcángel, y los franceses de Odessa [Sudoeste de Ucrania]. Ni Trotsky ni sus principales compañeros hicieron mucho comentario porque ellos estaban recelosos de concluír que la amenaza de una cruzada anti-bolchevique se había acabado... Los Rojos habían estado cerca del fracaso varias veces desde la Guerra Civil... La Guerra Civil fue una conflictiva estrecha carrera entre los Rojos y los Blancos» (R. Service, op. cit., pp. 244-245).

     Las fuerzas Blancas no habían entendido que sus opositores más letales no provenían simplemente del ámbito revolucionario de Europa y del bajo vientre de Estados Unidos, sino que estaban sentados alrededor de las mesas de negociaciones de consejos corporativos y Gabinetes. Actos similares de sabotaje fueron perpetrados contra otros diversos regímenes, hasta el grado en que uno podría preguntar si aquéllos fueron por casualidad o por diseño, y si no hay procesos dialécticos en acción en la aparentemente contradictoria política exterior estadounidense.–



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