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jueves, 14 de abril de 2016

Guillaume Durocher - Schopenhauer y Hitler



     El siguiente artículo fue publicado en tres partes durante el pasado Marzo en countercurrents.com, las que hemos reunido en una sola entrada para presentarlo en castellano. Aquí su autor, el ensayista francés Guillaume Durocher, determina una serie de asociaciones entre los pensamientos de ambos personajes nombrados, notando cuánto el segundo tomó o siguió del primero, y los valores que en común compartían. Este artículo presenta entonces, dice el propio autor, las opiniones políticas de Schopenhauer y alude a la acción política de Hitler, en una especie de diálogo entre maestro y alumno.


SCHOPENHAUER Y HITLER
por Guillaume Durocher
Marzo de 2016



     Recientemente me encontré con una colección de escritos de Arthur Schopenhauer titulada Ensayos y Aforismos [1]. Realmente es una maravillosa materia, despiadadamente realista, profunda, y a menudo muy entretenida. En temas tan diversos como vanidad, mujeres, periodismo, libros, y muchos más, Schopenhauer proporciona una corriente interminable de ingenio y sabiduría. Una muestra:

     «El arte de la no-lectura es muy importante. (...) Usted debería recordar que el que escribe para tontos siempre encuentra un público grande. Una condición previa para leer buenos libros es no leer malos libros, ya que la vida es corta» (p. 210).

[1] Arthur Schopenhauer, Essays and Aphorisms, Londres, 2004.

     Schopenhauer es considerado uno de los más grandes filósofos alemanes, pero en contraste con la mayor parte de éstos, su escritura tiene el mérito de ser (en gran parte) muy comprensible y clara [2].

[2] "La verdadera característica nacional de los alemanes es el espíritu de la pesadez", señala Schopenhauer (p. 208).

     Schopenhauer no escribió mucho sobre política, y parece haber relativamente pocos comentarios de sus opiniones políticas. Sin embargo, él era muy obviamente un hombre de Derecha, aunque no fuera por ninguna otra razón sino que él estaba íntimamente convencido de la desigualdad fundamental entre los hombres. Schopenhauer repetidamente enfatiza, a menudo de modo muy divertido, la mediocridad intelectual y cultural del ser humano promedio. Un ejemplo: "El juicio, una cualidad que la mayoría de las personas posee, tanto como un castrado posee el poder de procrear hijos" (p. 224).

     Si bien Schopenhauer vitupera contra las falsas pretensiones de igualdad, él también aconseja la indulgencia y la generosidad para los inferiores, y en realidad para todas las criaturas. Por consiguiente, él es desdeñoso con respecto a la democracia e incluso cuestionador de la libertad de prensa. Él argumenta muy elocuentemente en favor de lo que hoy es llamado la Reacción y, en particular, en favor de un gobierno de un autócrata nacional paternalista y una aristocracia ilustrada. En este artículo me gustaría destacar las citas más relevantes para la Derecha hoy.

     El estudiante más influyente de Schopenhauer fue sin duda Adolf Hitler. A la inversa, Hitler citó a Schopenhauer por encima de todas sus influencias filosóficas. Esto no es una pequeña cosa si uno tiene en cuenta la evaluación del historiador británico Hugh Trevor-Roper de Hitler como "el más filosófico... conquistador que el mundo haya conocido alguna vez" [3].

[3] No sea que yo parezca que engaño, aquí está la cita completa de Trevor-Roper sobre Hitler: «El más formidable entre los "terribles simplificadores" de la Historia, el más sistemático, el más histórico, el más filosófico, y sin embargo el más rudo, el más cruel, el conquistador menos magnánimo que el mundo haya conocido alguna vez». Hugh Trevor-Roper (editor), "Conversaciones de Sobremesa de Hitler, 1941-1944: Sus Conversaciones Privadas", Londres, 2000, p. XLII.

     El cabo Hitler llevó en su mochila el enorme libro "El Mundo como Voluntad y Representación" de Schopenhauer durante toda la Primera Guerra Mundial, y más tarde era capaz de citar de memoria las obras del filósofo. Como el Führer alemán durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler, siempre que ilustraba la cualidad del genio, repetidamente se refería al ejemplo de Schopenhauer [4].

[4] Citando de las Conversaciones de Sobremesa de Hitler, de Martin Bormann (ed.), Schopenhauer es mencionado como la clase de genio (junto con Kant y Nietzsche) a quien los judíos eliminarían si ellos gobernaran Alemania (p. 38), como el único escritor de la generación pasada con el suficiente genio para tener quizá derecho a reformar la lengua alemana (p. 151), como entre "los más grandes de los pensadores" (nuevamente, junto con Kant y Nietzsche) honrado con un busto en la biblioteca de Linz (p. 310).

     Por cierto, personalmente quedé sorprendido por la extraña similitud entre partes del estilo y Weltanschauung de Hitler, y los de Schopenhauer. Hay algunas diferencias aparentes muy marcadas, como veremos, pero muchas de las opiniones de Schopenhauer claramente proporcionan al menos algunos de los fundamentos filosóficos más firmes para el Nacionalsocialismo. Uno no puede suponer lo que Schopenhauer habría hecho de su autoproclamado alumno; él bien puede haber quedado impactado. Sin embargo, podemos decir que por medio de Hitler, Schopenhauer se convirtió, quizá a pesar de él, en uno de los filósofos de mayor impacto mundial e histórico.

     Este artículo presenta entonces las opiniones políticas de Schopenhauer y alude a la acción política de Hitler, en una especie de diálogo entre maestro y alumno. Recalco: Schopenhauer proporciona poderosos argumentos para todos los hombres de Derecha independientemente de la opinión de éstos con respecto al Nacionalsocialismo alemán.

     En efecto, Schopenhauer es particularmente relevante para los nacionalistas Blancos y la Derecha europea en tanto que él, a diferencia de Hitler, tenía una identidad auto-conscientemente europea más bien que una estrechamente alemana [5]. Los juicios de Schopenhauer tienen mucho más que ver con Europa que con Alemania: los efectos positivos y negativos del cristianismo en Europa, el mal del feminismo europeo, el equilibrio de fuerzas europeo como evidencia del salvajismo del hombre, etcétera. Él elogia el uso de la lengua latina por crear "un público culto europeo universal" y por permitir a los europeos comunicarse directamente con la "Antigüedad romana [...] toda la Edad Media de cada tierra europea y los tiempos modernos hasta la mitad del siglo pasado" (p. 228). Él lamenta el surgimiento de las lenguas nacionales, ya que "en toda Europa el número de cabezas capaces de pensar y de formar juicios es además tan pequeño ya, que si su reunión es rota y separada por barreras de idiomáticas, su efecto beneficioso se ve infinitamente debilitado" (p. 228). Schopenhauer era un buen europeo.

[5] Hitler sin embargo no fue un nacionalista pequeño burgués que veía al Estado alemán como un fin en sí mismo. Más bien él veía el nacionalismo alemán como legítimo sólo al servicio de una "Idea" superior, a saber, la construcción de una potencia mundial a fin de no sólo defender el derecho a la vida de Alemania sino también crear una Humanidad superior, basada en los elementos superiores nórdicos y germánicos de aquélla.


Del Budismo al Hitlerismo: El Doble Filo de la "Voluntad de Vivir"

     La religión más de acuerdo con la filosofía de Schopenhauer es probablemente el budismo, que él había estudiado. El método filosófico básico de Schopenhauer recuerda las técnicas meditativas budistas: Simplemente sea, contemple su propia existencia, el sentimiento de sus funciones corporales, sus fluctuantes pensamientos, el vórtice caótico de su conciencia. A partir de esto, y de sus propias lecturas filosóficas y dialéctica de alto nivel, Schopenhauer produce, casi intuitivamente, asombrosas apreciaciones. Porque vuestro propio Yo, que usted conoce por su propia experiencia, es de la misma materia que el resto del universo.

     ¡Cuán extraño es que un hombre alimentado por Buda pudiera inspirar por su parte al Führer! Aunque quizá el budismo y el Hitlerismo tengan algunas suposiciones similares, a pesar de sus conclusiones radicalmente diferentes. Ambos procuran poner al individuo en armonía con el cosmos: Siddhartha Gautama y Schopenhauer impulsan la negación de la voluntad del individuo y de ese modo la realización de la unidad con el universo, mientras que Hitler exige que el individuo se someta a la Naturaleza y sus leyes (incluyendo, donde es apropiado, el servir a un Estado nacionalsocialista en sí mismo dedicado a las leyes de la Naturaleza).

     A partir de sus meditaciones, Schopenhauer llegó a creer que el mundo estaba en cierto modo hecho de "voluntad", la voluntad de vivir o fuerza de la vida, es decir, los esfuerzos de cada ser por existir. El mundo sólo puede existir, es decir, ser percibido, si hay un ser que lo perciba, y ese ser sólo puede surgir y existir mediante una implacable voluntad de vivir. Si bien esto puede parecer bastante esotérico, la idea práctica que Schopenhauer sacó de esto sorprendentemente prefiguró la posterior teoría de Darwin de la evolución. Schopenhauer creía que todos los seres eran definidos por su voluntad de vivir, es decir, que se habían adaptado para el propósito específico de supervivencia y reproducción, citando el impulso sexual como el ejemplo más obvio de esto.

     Donde Schopenhauer y Hitler aparentemente diferían más radicalmente, es en la actitud que hay que tomar en cuanto a la voluntad de vivir y al mundo. Schopenhauer, como en el budismo, postuló que la voluntad tenía que ser vencida, y sólo emancipándose de ella podría uno conseguir la ética o la filosofía, en pocas palabras, la Iluminación. La esperanza de un resultado positivo en este mundo era vana y los hombres deberían dar la bienvenida a su reincorporación a su estado original como parte de la voluntad universal: Cuando morimos, nos convertimos en lo que éramos antes de haber nacido.

     Por estas razones, Schopenhauer se opuso tanto al judaísmo (una religión verdaderamente y miserablemente cruel y materialista, en su opinión) como al paganismo greco-romano (demasiado práctico, demasiado ingenuo, demasiado mundano). Él por lo tanto también consideró la aparición del cristianismo, una religión rechazadora del mundo y ascética como el budismo, como algo beneficioso, aunque él fuera también muy crítico de aquella fe. Estos puntos de vista también llevaron a Schopenhauer a hacer algunos de los más famosos argumentos en defensa de la anti-natalidad y el suicidio. Los hombres son cosas débiles, miserables, desiguales, de modo que deberíamos ser sobre todo indulgentes unos con otros.

     Uno se sorprende de cuán radicalmente estas opiniones se apartan de las de Hitler, que compartía la aceptación de parte de Friedrich Nietzsche de la voluntad y del optimismo, junto con su desprecio por el cristianismo y su moralidad de esclavos. Hitler, en una rara instancia, dijo que Nietzsche era superior a Schopenhauer específicamente en este respecto:

     «De él [Schopenhauer] aprendí mucho. El pesimismo de Schopenhauer, que surge en parte, pienso, de su propia línea de pensamiento filosófico y en parte del sentimiento subjetivo y las experiencias de su propia vida personal, ha sido superado por lejos por Nietzsche» [6].

[6] Conversación del 16 de Mayo de 1944. Bormann, Conversaciones de Sobremesa, p. 310.

     ¿Distorsionó Hitler el pensamiento de Schopenhauer o simplemente adoptó una de sus posibles interpretaciones? No sé qué fin consideraba Schopenhauer que el mundo debería tener, pero, como un moralista, dudo que él estuviera contento con toda vida, incluyendo la vida humana, simplemente extinguiéndose. Si uno debiese dar un objetivo a la vida humana, Schopenhauer aconseja conseguir la conciencia negando la voluntad.

     De aquí, Hitler puede suponer fácilmente: la conciencia sólo puede ser conseguida por seres superiores (los chimpancés no pueden filosofar, ni tampoco la mayoría estúpida y corruptible de la Humanidad), y por lo tanto hay que crear una Humanidad superior reproduciendo y cultivando sus mejores elementos.

     Partes de esta clase de razonamiento son evidentes en la evaluación que hace Schopenhauer de la mujeres. En esta época de censura, incluso un judío poderoso y bien relacionado como Larry Summers ha enfrentado la persecución por comentar acerca de las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres, a pesar de que aquéllas han sido ampliamente documentadas por la investigación científica. Los escritos de Schopenhauer acerca de las mujeres tienen su marca registrada de despiadado realismo. Poniendo las cosas de manera sucinta, él creía que las mujeres estaban perfectamente desarrolladas para reproducir la especie explotando instintivamente a sus maridos para conseguir recursos para su protección. Las mujeres entonces tienen un universo mental muy restringido comparado a los hombres ("miopía mental"). Siendo más prácticas e intuitivas las mujeres, los hombres deberían buscar el consejo femenino. Pero, al igual que Hitler, Schopenhauer sostuvo que a consecuencia del carácter de las mujeres ellas deberían estar política y personalmente subordinadas a los hombres. La igualdad civil con los hombres había conducido a "mujeres infelices, de las cuales Europa está actualmente llena" (p. 89).

     Schopenhauer sin embargo añadió que la propensión de las mujeres a engañar y manipular a sus maridos estaba completamente justificada por razones evolutivas:

     «Para hacerse cargo de la propagación de la raza humana, la Naturaleza ha elegido a los hombres jóvenes, fuertes y de apariencia atractiva, de modo que la raza no degenere. Ésta es la firme voluntad de la Naturaleza en esta materia, y su expresión es la pasión de las mujeres. En antigüedad y fuerza esta ley precede a cualquiera otra: de modo que ay de aquel que pone sus derechos e intereses en el camino de esta ley: Independientemente de lo que ellos digan o hagan, en el primer encuentro serio, serán despiadadamente aplastados... Las mujeres... por lo general están menos preocupadas por su conciencia [cuando engañan a sus maridos] que lo que suponemos, porque ellas están conscientes en los más oscuros recovecos de su corazón de que al violar su deber como individuos ellas cumplen tanto mejor su deber con las especie, cuyos derechos son incomparablemente mayores» (p. 84).

     ¿No predicó Hitler la sumisión y la adopción de "la firme voluntad de la Naturaleza"?. ¿No aplacó él también su conciencia con el conocimiento de que su necesaria crueldad hacia otros estaba "cumpliendo mucho mejor [su] deber con la especie, cuyos derechos son incomparablemente mayores"? Como tal, todo el sacrificio estaba justificado por la comunidad nacional (Volksgemeinschaft). Como decía el slogan nacionalsocialista: "Gemeinnutz geht vor Eigennutz" (El bien común antes que el interés privado).

     Debo señalar que realmente tengo problemas desenredando las paradojas planteadas por la doctrina budista-Schopenhaueriana de negación de la voluntad (¿no deseará uno la negación misma?) [7].

[7] Por ejemplo, Schopenhauer reconocía en la Naturaleza una sabiduría más profunda que la razón de los hombres: "El intelecto... es mera torpeza comparado con lo que procede directamente de la voluntad como cosa en sí y no es comunicado mediante una idea, de lo cual las obras de la Naturaleza son un caso" (p. 212).

     En cualquier caso, Schopenhauer reconoció que como un asunto práctico la voluntad debe estar involucrada en los esfuerzos diarios, incluyendo la política:

     «En asuntos de Estado, en la guerra, en finanzas y negocios, en intrigas de toda clase, etcétera, la voluntad debe en primer lugar, mediante la vehemencia de su deseo, obligar al intelecto a ejercer todas sus energías para detectar todos los motivos y las consecuencias del asunto en cuestión. En efecto, es asombroso cuán lejos más allá de la medida normal de sus energías el acicate de la voluntad puede conducir a un intelecto dado en tal caso» (p. 157).

     ¿No fue el animar la voluntad de vivir entre sus seguidores y su nación, invocando sus sentimientos patrióticos —en realidad, espirituales— para soportar el esfuerzo y el sacrificio para conseguir hechos grandes, casi sobrehumanos, el talento fundamental de Hitler y el fundamento de todo su trabajo? Hitler le dijo al Reichsführer-SS Heinrich Himmler y a un comandante SS danés el 22 de Febrero de 1942: "Es un alivio inmenso para un hombre cuyo negocio es infundir vida en un movimiento no tener que preocuparse de asuntos de administración" [8]. Hitler era célebre, tanto como líder del Partido durante el Kampfzeit [tiempo de lucha] y como Führer alemán en tiempos de paz y guerra, por exigir "lo imposible" de sus seguidores... y así a menudo realmente alcanzando aquello [9].

[8] Bormann, Conversaciones de Sobremesa, p. 139. Schopenhauer también comenta sobre cuán insoportables son los deberes mundanos y las interrupciones para un hombre de genio.
[9] El general estadounidense George S. Patton de manera similar dijo: "Nunca diga a la gente cómo hacer las cosas. Dígales qué hacer, y ellos lo sorprenderán a usted con su ingenio".

     Schopenhauer define la poesía como "el arte de poner la imaginación en acción por medio de palabras" (p. 159).

     Creo que entonces puede decirse sin peligro que Hitler ha sido un seguidor de Schopenhauer. Hitler adoptó más bien que negó la voluntad. Quizás lo más cercano a la meditación que él emprendió fueron sus largas permanencias en su hermoso retiro montañés bávaro en Obersalzberg. Fue allí, afirmó Hitler, que "todas mis grandes decisiones fueron tomadas", incluídas las decisiones más trascendentales de la guerra y la paz [10]. Hitler más bien que negar, se rindió a la voluntad de vivir, pero eso fue de acuerdo con su papel como estadista más bien que como filósofo, como Schopenhauer. Y como estadista, él fue inspirado no simplemente a contemplar la filosofía de Schopenhauer, sino a extender realmente y aplicar muchas de sus doctrinas en todo el mundo.

[10] Bormann, Conversaciones de Sobremesa, p. 70.


La Crítica de Schopenhauer de la Democracia

     Las opiniones políticas de Schopenhauer estaban basadas en su valoración extremadamente baja de la calidad intelectual y moral de la gran mayoría de la Humanidad. Uno no podía gobernar contra la voluntad de la gente, por lo tanto:

     «El pueblo es el soberano. Pero esa soberanía nunca llega a su edad madura y por lo tanto tiene que permanecer bajo el cuidado permanente de un guardián: nunca puede ejercer sus derechos por sí mismo sin dar ocasión a peligros ilimitados, especialmente ya que, como todos los menores, es fácilmente engañado por la astutos impostores, los que son llamados por lo tanto demagogos» (pp. 150-151).

     Schopenhauer argumentó sobre razones Hobbesianas en favor de un monarca hereditario autocrático que gobierne como "el padre nacional" (p. 151). A este respecto, deberíamos destacar una probable importante diferencia con Hitler en la medida en que Schopenhauer consideraba al Estado como deseable sólo como un mal necesario, como un reflejo de los corazones oscuros de los hombres:

     «La necesidad del Estado en último término depende de la injusticia reconocida de la raza humana... Desde este punto de vista es fácil ver la ignorancia y la trivialidad de aquellos filosofastros quienes, en frases pomposas, describen al Estado como el objetivo supremo y el mayor logro de la Humanidad, y de ese modo consiguen una apoteosis de incultura materialista» (p. 149).

     Probablemente Schopenhauer estaba pensando en Hegel.

     La monarquía era el gobierno "más natural para el hombre", por cuanto éste tenía "un instinto monárquico", mientras que las repúblicas eran "anti-naturales" (p. 153). Schopenhauer escribió:

     «Una Constitución que encarnara solamente la justicia abstracta sería una cosa maravillosa, pero no sería adecuada para seres tales como los hombres. Como la gran mayoría de los hombres son egoístas en el más alto grado, injustos, desconsiderados, engañosos, a veces incluso malévolos, y equipados además con una inteligencia muy mediocre, existe la necesidad de un poder completamente no sujeto a control, concentrado en un solo hombre y que esté incluso por encima de la justicia y la ley, ante el cual todo se inclina y que es considerado como de un orden superior, un soberano por la gracia de Dios. Sólo así puede la Humanidad a largo plazo ser refrenada y gobernada. (...)

     «Él es, por así decir, la personificación o el monograma de toda la gente, que en él adquiere individualidad. En este sentido él puede decir justamente L'Etat c'Est Moi. (...) [Los reyes en las obras de Shakespeare] se consideraban como encarnaciones de sus nacionalidades. Esto está de acuerdo con la naturaleza humana, y es precisamente por qué el monarca hereditario no puede divorciar el bienestar propio y el de su familia del de su país» (pp. 152-153).

     Mientras Schopenhauer claramente tenía en mente a un monarca hereditario más bien que un dictador revolucionario, uno puede casi oír la ingenua profesión de fe de un benévolo, casi infantil y sonriente Rudolf Hess: "¡Hitler es Alemania, como Alemania es Hitler!. ¡Salve, victoria!".

     Schopenhauer se opuso a la libertad de prensa por las mismas razones. Mientras ella podría aliviar ciertas tensiones sociales y permitir que un gobierno se auto-corrigiera, las oportunidades para corromper a la gente eran demasiado grandes:

     «La libertad de prensa es a la maquinaria del Estado lo que la válvula de seguridad es al motor a vapor: Cada descontento por medio de ella es inmediatamente aliviado en palabras; en efecto, a menos que ese descontento sea muy considerable, se agota de esa manera. Si, sin embargo, es muy considerable, debe saber también de ello a tiempo, para repararlo. Por otra parte, sin embargo, la libertad de prensa debe ser considerada como un permiso para vender veneno: veneno de la mente y veneno del corazón. Porque ¿qué no puede ser puesto en las cabezas de las masas ignorantes y crédulas? sobre todo si usted sostiene ante ellos la perspectiva de ganancia y ventajas. ¿Y de qué fechorías no es capaz un hombre una vez que algo ha sido puesto en su cabeza? Me temo muchísimo, por lo tanto, que los peligros de la libertad de prensa pesan más que su utilidad, especialmente donde hay remedios legales disponibles para todos los agravios. En cualquier caso, sin embargo, la libertad de prensa debería estar condicionada a la prohibición más estricta de cualquier clase de anonimato» (p. 152) [11].

[11] En efecto, Schopenhauer queda muy molesto y contrariado al contemplar el lamentable estado de la gramática en los periódicos alemanes de su época, sugiriendo incluso que el gobierno se encargue de someter a censura aquello (206).

     Los escritos de Schopenhauer acerca de los periodistas y el público lector son algunos de los más divertidos suyos ("Todos los escritores de periódicos son, por el bien de su negocio, alarmistas", p. 223).

     Finalmente, está la crítica brillante y mordaz de Schopenhauer de la demagogia utópica y el proyecto entero del "progreso" materialista e igualitario:

     «La gente siempre ha estado muy descontenta con los gobiernos, las leyes y los organismos públicos; en su mayor parte, sin embargo, esto ha sido sólo porque ella ha estado dispuesta a culparlos por la miseria que es inherente a la existencia humana como tal. Pero esta tergiversación nunca ha sido propuesta en una forma más engañosa e impúdica que por los demagogos del día presente. Como enemigos del cristianismo, ellos son optimistas, y según ellos el mundo es "un fin en sí mismo" y, por ello, en su constitución natural, es una estructura totalmente espléndida, un domicilio regular de la felicidad.
     El mal colosal del mundo que grita contra esa idea, ellos lo atribuyen completamente a los gobiernos: Si éstos sólo cumplieran su deber, sería el Cielo en la Tierra, es decir, podríamos todos, sin trabajo o esfuerzo, hartarnos de comida y bebida, propagarnos y caernos muertos: porque ésta es una paráfrasis de su "fin en sí mismo" y del objetivo del "progreso interminable de la Humanidad" que en frases pomposas ellos nunca se cansan de proclamar» (p. 154).

     ¿No es éste un resumen perfecto del marxismo y de la democracia consumista, de la maligna doctrina judeo-cristiana de la igualdad absoluta de todos los bípedos implúmedos y de su supremacía absoluta sobre la Naturaleza, de la afirmación perversa de que nosotros los supremacistas no tenemos ningún objetivo más alto que el llenar nuestros vientres mediante la violación de este planeta y la esclavización y exterminio de su vida?. Imagine una Humanidad obesa, sin raza, de color café, llegando a casa en sus vehículos todoterreno cargados de porciones extra grandes de comida basura, precipitándose para llegar a casa a tiempo para mirar el juego de pelota en sus televisores de pantalla plana. Y luego piense en todas las mentiras y agitación marxistoides, en todas las selvas tropicales destruídas, todos los animales masacrados, toda la vida fosilizada bombeada desde la tierra e inútilmente consumida, y toda la basura producida para conseguir ese fin, esa gloriosa alta nota de la civilización y el intelecto humanos...

     Pero me estoy yendo por las ramas.

     Olvidamos cuán poco digna de respeto ha sido la noción misma de democracia durante la mayor parte de la Historia humana y para la mayoría aplastante de nuestras mejores mentes.

     Schopenhauer se mofó de la ilusión liberal (o engaño) de que el Derecho podría sustituír al Poder, ya que la Fuerza "nunca puede ser anulada o realmente abolida del mundo: siempre hay que apelar a ella, y lo más que uno puede esperar es que ella esté en el lado de la justicia" (p. 151) [12].

[12] La fantasía de que el Derecho podría sustituír a la Fuerza en la política internacional es la doctrina oficial de la República Federal Alemana y de la Unión Europea hoy. Esto ha sido expresado notablemente por los fundadores de la Unión Europea Jean Monnet y François Mitterrand. Esa falsa doctrina también ha sido verbosamente teorizada por el académico marxistoide Jürgen Habermas, el principal funcionario intelectual de la República Federal y de la Unión Europea, el único miembro goyishe de la Escuela de Frankfurt.

     Quizá, si uno fuera afortunado, el Poder a lo sumo podría ser convencido de servir al Derecho. Éste era para Schopenhauer "el problema del arte de gobernar, y éste es ciertamente uno difícil: con qué dificultad usted comprenderá si usted considera que el egoísmo ilimitado reposa en casi cada pecho humano" (p. 152). Él ofrece, y uno está inseguro de cuán seriamente, una gran solución eugenésica:

     "Si usted quiere proyectos utópicos, yo diría: La única solución al problema es el despotismo de los sabios y de los miembros nobles de una aristocracia genuina, una genuina nobleza, conseguida apareando a los hombres más magnánimos con las mujeres más inteligentes y más dotadas. Esta propuesta constituye mi Utopía y mi República platónica" (p. 154).

     ¿Acaso no es esto muy exactamente lo que Hitler intentó hacer al seleccionar, formar y por último criar a la SS como una élite dirigente espiritual y biológica para Alemania y en realidad para toda Europa? Hitler afirmó que la fuerza debe gobernar al mundo. Pero él usó diversas técnicas y doctrinas para abordar "el problema del arte de gobernar" y se aseguró de que la Fuerza estuviese al servicio del Derecho: el avivamiento del patriotismo (el etnocentrismo está vinculado a la solidaridad grupal), la promoción del carácter, garantizando el nexo entre el pueblo y la élite mediante una meritocracia absoluta, y, finalmente, una educación ideológica sistemática (uno podría decir: civil y religiosa) en esos valores.


Schopenhauer acerca del Genio

     En contraste con la mayoría mediocre de la Humanidad, existe el genio raro. Las meditaciones de Schopenhauer acerca de la trágica soledad del genio, sin duda en parte autobiográficas, son algunas de las más conmovedoras y consoladoras. Hay razón para pensar que Hitler simpatizó con y quizá intentó actuar de acuerdo al modelo del genio descrito por Schopenhauer. Por ejemplo:

     "Todos los hombres que piensan por sí mismos están fundamentalmente de acuerdo. (...) La señal característica de las mentes de primer orden es la inmediatez de todos sus juicios. Todo lo que ellos producen es el resultado de pensar por sí mismos y ya en el modo en que se habla en todas partes lo anuncia como tal. El que realmente piensa por sí mismo es como un monarca, en cuanto a que no reconoce a nadie por sobre él. Sus juicios, como las decisiones de un monarca, surgen directamente de su propio poder absoluto" (p. 92). Y también:

     "La gente de la mayor capacidad por regla general se colocará por sobre la gente de capacidad muy limitada más que por sobre la gente de capacidad corriente, por la misma razón que el déspota y el plebeyo, y los abuelos y los nietos, son aliados naturales" (p. 178).

     Schopenhauer y Hitler también expresaron lamentaciones muy similares acerca del destino trágico de los genios durante sus vidas, a menudo ignorados, viviendo en la pobreza, y muriendo en una miserable oscuridad. Schopenhauer instó a la escritura de una "Historia Trágica de la Literatura" documentando esto (p. 210), mientras Hitler repetidamente se lamentó de que Mozart hubiera sido tan sub-apreciado por los vieneses como para que él fuera sepultado en una tumba no identificada.

     Para Schopenhauer, la filosofía más alta, que es la mayor conciencia de la naturaleza del mundo, por definición sólo puede ser conseguida por excepcionales hombres de genio. Una vez concebida, tal filosofía es necesariamente incomprensible para la estúpida mayoría y sólo les puede ser presentada como religión, como una alegórica filosofía popular [13]:

     "No hay ninguna otra revelación que los pensamientos del sabio, aun si éstos —sujetos al error, como todas las cosas humanas— a menudo están vestidos de extrañas alegorías y mitos y son llamados entonces religiones. (...) Si usted tiene en cuenta la enorme desigualdad intelectual que hay entre los hombres, entonces los pensamientos de uno bien pueden ser considerados al lado de los de otros como una revelación" (p. 181).

[13] Schopenhauer escribe: "El grado de pensamiento, o de clara conciencia de la propia existencia de alguien y de la de otros, varía muchísimo dentro de la raza humana misma según la medida del poder intelectual natural, el grado hasta el cual éste ha sido desarrollado, y la cantidad de tiempo libre disponible para la reflexión" (p. 172). Además, hay "diferencias intrínsecas e innatas en el poder intelectual" y "tiene que ser admitido que muchos hombres poseen al menos un grado décuplo de existencia que otros, que existen diez veces más" (p. 172).


La Defensa de Schopenhauer de la Religión

     En un diálogo, Schopenhauer tiene al personaje de Demopheles defendiendo la religión. Acerca de las masas, Demopheles dice célebremente que la verdad "debe aparecer ante ellos fuertemente velada" (p. 104). Y Demopheles continúa destacando las ventajas sociales y políticas de la religión:

     "El acuerdo en opiniones metafísicas fundamentales es la cosa principal para el hombre, porque la unión social genuina y duradera es posible sólo entre aquellos que concuerdan en eso. La estructura social, el Estado, estará completamente firme sólo cuando esté fundada en un sistema metafísico universalmente reconocido. Tal sistema puede ser naturalmente sólo una de las metafísicas de la gente, es decir, la religión, la cual se funde entonces con la constitución estatal y con cada manifestación social de la vida del pueblo, como también ocurre con cada acto solemne de la vida privada" (p. 109) [14].

[14] Demopheles también dice: "Los filósofos y los fundadores de religiones vienen al mundo para sacudirlo de su estupefacción y para señalar el elevado sentido de la existencia: filósofos para los pocos, los emancipados; fundadores de religiones para los muchos, para la Humanidad en su conjunto. La filosofía no es para todos, como dijo vuestro amigo Platón y como usted no debería olvidar. La religión es la metafísica del pueblo, la que absolutamente debe serles permitido conservar; y eso significa que usted tiene que mostrar un respeto externo por ella, ya que desacreditarla es arrebatárselas. Tal como existe una poesía popular y, en los proverbios, una sabiduría popular, del mismo modo tiene que haber una metafísica popular, ya que los hombres tienen una necesidad absoluta de una interpretación de la vida, y tiene que ser una que ellos sean capaces de entender. Por eso ella siempre se viste con alegorías; y, por lo que se refiere a su efecto práctico como una guía para el comportamiento y sus efectos sobre la moral como un medio de consuelo y alivio en el sufrimiento y la muerte, ella obra tanto quizás como la verdad misma si la poseyéramos" (p. 96).
     "Incluso si una filosofía realmente verdadera ha tomado el lugar de la religión, por lo menos nueve décimos de la Humanidad la recibirían como una autoridad, de modo que eso también sería un asunto de creencias. La autoridad, sin embargo, puede ser establecida sólo por el tiempo y las circunstancias" (p. 105).
     "Usted tiene una idea inadecuada de cuán limitada es la capacidad de la mayoría de la gente" (p. 106).

     Schopenhauer escribe (en su propia voz): "La religión en general constituye la verdadera obra maestra en el arte de la formación, particularmente el entrenamiento de las capacidades mentales, el cual, como es bien sabido, no puede ser comenzado demasiado temprano" (p. 177). En la gente, el propósito de la educación ideológica o religiosa (o civil) es entonces como una poderosa programación cultural, capaz de influír profundamente en el comportamiento de la sociedad entera. La naturaleza humana es muy maleable, aunque obviamente no de manera infinita, mediante tal educación.

     Schopenhauer, sin embargo, estaba consciente del aspecto supersticioso y autoritario [15] de la religión tradicional. Él creía que ésta sería fnalmente destruída por la ciencia en una "guerra de exterminio" (bellum ad internecionem, p. 197). "La Humanidad está saliendo de la religión como de su ropa de infancia" (p. 197). Hitler tenía una creencia más o menos similar, en particular en cuanto al cristianismo. En efecto, mientras que Schopenhauer nota que "ninguna ciencia impresiona a las masas más que la astronomía" (p. 214), Hitler repetidamente afirmó su ambición de tener observatorios y telescopios instalados en ciudades y pueblos alemanes, lo mejor para debilitar la creencia del pueblo en el cristianismo presenciando las glorias del cosmos con sus propios ojos.

[15] Un ejemplo que recuerda la religión mundial de la Shoah [Holocuento]: "Qué mala conciencia debe tener una religión que debe ser juzgada por el hecho de que está prohibido bajo pena de un severo castigo el burlarse de ella" (p. 197).

     Schopenhauer escribe:

     "La pieza fundamental, secreta y primordial de la astucia de todos los sacerdotes, en todas partes y siempre, ya se trate de un brahmán, un budista o un cristiano, es como sigue. Ellos han reconocido y han comprendido la fuerza enorme y la inerradicabilidad de la necesidad metafísica del hombre: ellos entonces simulan poseer los medios de satisfacerla, ya que la solución para el gran enigma, por canales extraordinarios, les ha sido directamente comunicada. Una vez que ellos han persuadido a los hombres de la verdad de eso, pueden conducirlos y dominarlos para el contento de sus corazones. Los gobernantes más prudentes entran en alianza con los sacerdotes: los demás son gobernados por ellos. Si, sin embargo, como la más rara de todas las excepciones, un filósofo asciende al trono, la comedia entera es interrumpida de la manera más impropia" (p. 181).

     ¿No debe Hitler haberse considerado un revolucionario civil y religioso Schopenhaueriano, inspirado por la filosofía y la ciencia evolucionaria, para iluminar al pueblo alemán con una inspirada ideología política? Schopenhauer escribe que la gente esconde su voluntad primordial, animalística, que es visible "sólo en arrebatos de emoción y pasión. Y por eso cuando las pasiones hablan, siempre y correctamente, inspiran creencias, no importa de qué pasión se trate" (p. 166).


Compasión

     En ningún aspecto fue Hitler una personalidad más de doble cara que en cuanto a la compasión. Hitler tenía compasión, y en efecto él la exigía de todos, pero sólo acerca de los animales y la Humanidad germánica y nórdica. En cuanto a otras naciones, él estaba dispuesto a ser absolutamente despiadado, motivado a veces por el furor vengativo contra otros, o por la fría razón, al perseguir los intereses alemanes y el mejoramiento genético de la Humanidad (p. ej. el exterminio de extranjeros, esterilización de masas, etc.). Curiosamente, Schopenhauer define el hecho de no ser "provocado" como una de las cualidades más altas:

      "Si se rinde ante tal emoción, el mayor genio se hace igual al hijo más común de la tierra. (...) Él debe ser, p. ej., capaz de tomar nota de la odiosa opinión de otro sin sentir la suya propia despertada por ello: en efecto, no hay ningún signo más cierto de la grandeza" (p. 175).

     Schopenhauer citó a Arthur de Gobineau y reconoció las diferencias raciales en inteligencia y temperamento, creyendo que los duros inviernos en Europa del Norte habían seleccionado a la gente para la previsión. Sin embargo, él era compasivo, siendo extremadamente crítico de las crueldades de la esclavitud de los negros estadounidenses, citando eso como prueba del salvajismo humano congénito que duerme bajo el barniz de la civilización. Él defendió a los "inocentes hermanos negros a quienes la fuerza y la injusticia han entregado en sus diabólicas garras [de los esclavistas]" (p. 138).

     Gracias a esa misma compasión, Schopenhauer fue un temprano abogado del bienestar de los animales, exigiendo que el "hedor judío” (foetor judaicus) en esa área fuera removido:

     "Es obviamente el momento oportuno para que la concepción judía de la Naturaleza, por lo menos en cuanto a los animales, deba llegar a un final en Europa, y que el ser eterno que, así como vive en nosotros, también vive en cada animal, deba ser reconocido como tal, y, como tal, tratado con cuidado y consideración" (pp. 188-189).

     Él inmediatamente añade: "El mayor beneficio proporcionado por los ferrocarriles es que ellos ahorran a millones de caballos de tiro su existencia miserable". Evidentemente, Schopenhauer estaba similarmente disgustado de que la esclavitud Negra pudiera ser instituída por motivos puramente económicos (él incluso más tarde sugiere, en un argumento monárquico, que la esclavitud puede ser necesaria para sostener repúblicas "anti-naturales" como las antiguas ciudades-Estados griegas o como Estados Unidos, y es claramente insensible ante el argumento de que la institución de la esclavitud podría permitir tiempo libre a los más dotados).

     La compasión de Schopenhauer por los animales ¿inspiró el famoso vegetarianismo de Hitler? [16].

[16] Un ejemplo apasionado entre muchos, del 11 de Noviembre de 1941: "Uno puede lamentar vivir en un período en que es imposible formarse una idea de la forma que asumirá el mundo del futuro. Pero hay una cosa que puedo predecir a los comedores de carne: ¡el mundo del futuro será vegetariano!", Bormann, Conversaciones de Sobremesa, pp. 53-54.

     Schopenhauer era anti-judío y profundamente despreciador de los valores judíos. Hitler cita a Schopenhauer sólo dos veces en sus dos libros: una vez llamando al judío "el gran maestro de la mentira", y otra acerca de la vanidad francesa: "África tiene sus monos, Europa tiene sus franceses". No puedo comentar sobre éstas. Alain Soral ha afirmado que El Arte de Tener Razón Siempre de Schopenhauer, una colección de falacias lógicas, es una descripción enciclopédica de la casuística talmúdica.

     La Humanidad aprende lentamente, y nosotros los herejes debemos mostrar paciencia y largueza de ánimo: "Si vemos ya al individuo obstinadamente aferrándose a sus errores, con la masa de hombres es aún peor: una vez que ellos han adquirido una opinión, la experiencia y la instrucción pueden trabajar durante siglos contra ella, y trabajar en vano" (p. 125). Del mismo modo:

     "Para estimar a un genio usted no debería tomar los errores en sus producciones, o en sus obras más débiles, sino sólo aquellas obras en cual él se distingue. Porque incluso en el reino del intelecto, la debilidad y el absurdo se aferran tan firmemente a la naturaleza humana que incluso la mente más brillante no está siempre libre de ellos. (...) Lo que distingue al genio, por otra parte, y proporciona una medida para estimarlo, es la altura a la cual él fue capaz de elevarse cuando el tiempo y el ánimo fueron propicios y que permanece por siempre inalcanzable para los talentos ordinarios" (p. 224).

     Yo recientemente fui capaz de caminar en el estacionamiento en Berlín que hoy es la localización no señalizada del Führerbunker. Al contemplar la calamidad de la Segunda Guerra Mundial —los millones de europeos que murieron en aquel infructuoso conflicto, el trágico destino de nuestra Europa misma, esclavizada y degradada— la sabiduría popular de Schopenhauer quizá ofrece algún consuelo: "Después de su muerte, usted será lo que era antes de su nacimiento" (p. 67).–




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