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martes, 26 de enero de 2016

Acerca de Traidores y de Prometeo



     Los siguientes dos artículos que ofrecemos en castellano los hemos traído desde renegadetribune.com, y ambos están firmados por el seudónimo Sacred Runes. El primero, de Septiembre pasado, a partir de un pasaje de la Divina Comedia de Dante, recorre diversos pensamientos referidos a la conducta de la traición. El segundo, de Octubre de 2015, contemplando el mito griego de Prometeo encadenado, establece una serie de analogías entre aquél y la civilización occidental, actualmente encadenada y a merced de sus enemigos.


LOS TRAIDORES y el NOVENO CÍRCULO del INFIERNO
por Sacred Runes
6 de Septiembre de 2015




     La pintura de arriba muestra a Dante con Virgilio en el noveno círculo del infierno. El noveno círculo del infierno de Dante era el círculo más profundo y más oscuro, reservado para la forma más baja de existencia humana de todas: los traidores. Convenientemente, Satán mismo residía en el centro de ese reino, congelado en el lago como los demás.

     Los traidores en el noveno círculo de Dante incluyen a los traidores a los parientes de alguien, los traidores a la comunidad de alguien, los traidores a los huéspedes de alguien, los traidores al señor feudal de alguien, y los traidores a Dios.

     A través de toda la Historia, los traidores han sido universalmente despreciados como los absolutos más bajos de los viles, para no confiar nunca en ellos, para ser rechazados y avergonzados, para ser básicamente condenados al ostracismo, a menudo expulsados, a veces incluso siendo linchados por muchedumbres airadas en tiempos menos civilizados que el nuestro.

     La idea de nueve círculos del infierno viene del poema del siglo XIV de Dante Alighieri "La Divina Comedia", y explora el concepto de nueve círculos concéntricos localizados dentro de la Tierra, ordenados en una jerarquía de acuerdo a la gravedad del pecado cometido, con el noveno círculo reservado para lo peor de lo peor. En la primera parte de la Divina Comedia, conocida como el Infierno, el poema de Dante cuenta la historia de su viaje hacia abajo por los diferentes círculos del infierno, mientras es guiado por el poeta romano Virgilio.


El Traidor: Mis Pensamientos y los Pensamientos de Otros

     Dentro de los círculos del infierno de Dante el traidor es una forma de entidad aún inferior que un asesino, un asesino de masas, un sodomita o un usurero.

     Después de todo, ¿cuál es la gente más peligrosa entre nosotros?: ¿los ladrones?, ¿los violadores?, ¿los asesinos?, ¿los pedófilos?. No. Los traidores son la gente más peligrosa que está entre nosotros. Los traidores son la gente más peligrosa de toda porque ellos ponen en peligro a la nación entera y a cada uno en ella.

     Pero el término "traidor" puede ser bastante amplio, abarcando a cualquiera que las personas perciban que actúa en una manera traicionera hacia ellas.

     Esto entonces invita a preguntarse: ¿a quién exactamente deberían los nacionalistas Blancos considerar como "traidores"? La respuesta es bastante directa, realmente. ¿A aquellos que traicionan sus intereses nacionales? ¡Ciertamente! ¿A aquellos que traicionan los intereses de sus propios consanguíneos? ¡Absolutamente! ¡Por encima y más allá de todos!.

     Pero la cuestión de definir al traidor puede no ser completamente tan en blanco y negro como pensaríamos. Por ejemplo, ¿qué decisión debería tomarse hacia un Blanco anti-Blanco que despierta de la red de mentiras y muestra un potencial para ponerse a nuestro lado? Pienso que en tal caso obviamente usamos el sentido común y animamos a un potencial nuevo recluta. Debemos recordar que muchos Blancos hoy que son traidores a su propia gente son de aquel modo debido a las mentiras que han sido inventadas y han atrapado las mentes de muchos.

     Otro punto importante que hay que notar es la diferencia entre un traidor y un enemigo. En nuestro movimiento, tenemos muchos de ambos con los cuales contender. Mientras ambas categorías causan grandes cantidades de daño a nuestra causa, el enemigo al menos puede ser considerado con algún nivel de respeto, porque ellos no han descartado su humanidad.

     El traidor, por otra parte, nunca puede ser respetado, porque ellos han decidido vender sus propias almas, y han traicionado sus principios, a su prójimo, a su país, y hasta a los dioses mismos. Los traidores han hecho su elección y han elegido su lado. Ellos han perdido todo honor y han renunciado a su humanidad. Ellos de hecho han renunciado a sus derechos a tener algún derecho humano, y han elegido vivir sus vidas como entidades no humanas.

     Si no hay ningún real noveno círculo del infierno reservado para tal gente después de la muerte, entonces sólo podemos esperar que haya algo igualmente tortuoso esperando por ellos.

     No hay nada —absolutamente nada— más peligroso, más despreciable, más vil y más repugnante en esta tierra que un traidor.

    «He aprendido a odiar a todos los traidores, y no hay ninguna enfermedad sobre la cual yo escupa más que la traición» (Esquilo).

    «Me gusta la traición, pero no los traidores» (Julio César).

    «Los traidores desprecian incluso a aquellos a quienes ellos han prestado servicio» (Tácito, antiguo historiador romano).

     La cita de César es completamente interesante cuando uno considera que el hombre era una de las figuras más narcisistas, completamente despiadadas y maquiavélicas que usted podría encontrar alguna vez en la Historia. Pero incluso él tenía las suficientes agallas e integridad moral para denunciar a los traidores con desprecio.

     Los traidores tienen la sangre de su propia gente en sus manos. Marco Tulio Cicerón explica muy elocuentemente el peligro que representa el traidor para todos nosotros en la famosa cita siguiente:

    «Una nación puede sobrevivir a sus tontos, e incluso a sus ambiciosos, pero no puede sobrevivir a la traición desde dentro. Un enemigo frente a las puertas es menos formidable, ya que él es conocido y lleva sus estandartes abiertamente. Pero el traidor se mueve libremente dentro de los muros, con sus maliciosos rumores que se esparcen por todos los callejones, oídos en los mismos salones del gobierno; por cuanto el traidor no aparece como un traidor, él habla con acentos familiares a sus víctimas, y él aparenta el rostro y los argumentos de éstas, apelando a la bajeza que está profundamente arraigada en los corazones de todos los hombres. Él pudre el alma de una nación, él trabaja en secreto y amparado por la noche para socavar los pilares de la ciudad, él infecta el organismo político de modo que ya no pueda resistir. Un asesino es menos de temer. El traidor es la plaga» [1].

[1] Esta cita es efectivamente famosa, sobre todo en el mundo de habla inglesa, pero no es de Marco Tulio Cicerón. Aparece en la novela de 1965 "A Pillar of Iron" (La Columna de Hierro), en el cap. 57, de Taylor Caldwell, atribuída a dicho personaje bajo la mentira de ser un discurso dado ante el Senado romano y supuestamente registrado aproximadamente en 42 a.C. por Salustio. Una búsqueda en las obras auténticas y apócrifas de este último revela que dichos pensamientos (y otros también ampliamente citados) fueron elaborados por la fantasiosa señora Caldwell. NdelT.

     "Ya que el traidor no aparece como un traidor", Cicerón nos advierte en esta cita. Y en ese punto él tiene razón. Muchos traidores permanecen ocultos.


Traidores en el Mundo de Hoy

     Pero la declaración de Cicerón sobre los traidores ocultos, tan de principios básicos como pudiera sonar, no tiene mucha influencia en el mundo moderno. Con lo mucho que me gustaría creer que los traidores dentro de nuestras sociedades son un acontecimiento bastante raro, similar a una rata solitaria que corretea a través del suelo antes de que sea vista, lo que veo en el mundo hoy simplemente no es coherente con este cuadro.

     Los traidores hoy pueden ser vistos por todas partes, a plena vista, a menudo no haciendo ni el más mínimo esfuerzo para ocultar su identidad o acciones. Ocultando sus intenciones tal vez, pero no sus acciones. Y muchas personas dentro de la sociedad simplemente se recuestan y miran despistadamente cómo la traición se despliega. La verdad es que muchas personas están despiertas y pueden ver lo que está sucediendo, pero con tantos otros todavía siendo tan genuinamente engañados o siendo tan genuinamente estúpidos, podemos ver claramente que hay algo muy equivocado con la capacidad de percibir de la gente. Quizás esta situación ha sido bastante recurrente a través de toda la Historia, pero dudo seriamente que alguna vez haya sido como lo es hoy.

     Pienso que la siguiente cita de Eugene V. Debs resume perfectamente cuál es el problema con nuestra civilización:

    «Si fuésemos reales traidores de la gente y de su bienestar y progreso, tendríamos altos cargos, tendríamos ingresos principescos, y pasearíamos en limusinas; y seríamos señalados como los elegidos que han tenido éxito en la vida en una búsqueda honorable, y dignos de emulación por la juventud del país... Es precisamente porque somos desleales con los traidores que somos leales a la gente de esta tierra» (Eugene V. Debs, discurso en Ohio, Junio de 1918).

     Por supuesto, sabemos que los "traidores" a los que Debs se refiere son por su parte simplemente los peones de caníbales predadores que están mucho más alto que ellos en la cadena alimentaria. Esos depredadores canibalescos de la cima me parece que caen en una categoría completamente separada que la cual la mera palabra "traidor" puede llegar alguna vez casi a describir. Está más allá del alcance de este artículo intentar siquiera clasificar a esa gente.

     El actual paradigma político en el que estamos atrapados se presta a proporcionar una inversión completa y total de la verdad, haciendo que los actos de traición parezcan estar en lo correcto, y que de hecho son lo fructífero y próspero que hay que hacer:

    «La traición realmente nunca prospera: ¿cuál es la razón? Porque si prosperara, nadie se atrevería a llamarla traición» (Sir John Harrington).

     No sorprendentemente, pero al mismo tiempo con suprema ironía, los traidores que están en posiciones de poder a menudo etiquetarán como "traidores" a los héroes que intentan resistirse a ellos:

    «Un traidor es todo aquel que no esté de acuerdo conmigo» (Rey George III).

    «La verdad es traición en un Imperio de mentiras» (George Orwell).

     Aunque todavía pueda haber opiniones divididas en cuanto a todo el asunto de Edward Snowden, me parece que su siguiente cita es digna de ser considerada:

    «Si soy un traidor, ¿a quién traicioné? Di toda mi información al público estadounidense, a periodistas estadounidenses que informan sobre cuestiones estadounidenses. Si ellos ven aquello como traición, pienso que las personas realmente tienen que considerar para quién ellas piensan que están trabajando. Se supone que el público es su jefe, no su enemigo» (Edward Snowden).

     Mientras los líderes traicioneros permanecen completamente inmunes a las consecuencias que deberían estrellarse sobre sus cabezas, aquellos que desprecian el árbol de la traición y todos sus frutos pueden afirmar dentro de sus propios corazones qué lado ellos desean elegir:

    «No puedo ser un traidor, ya que no le debo ninguna lealtad. Él no es mi Soberano; él nunca recibió mi homenaje; y mientras haya vida en este cuerpo torturado, él nunca lo recibirá» (William Wallace refiriéndose al rey Edward I).

     El héroe de la guerra civil (estadounidense) Ulises Grant mostró su firme comprensión de las realidades de la política y la intriga en la cita siguiente. En cierto sentido la cita de algún modo recuerda la disyuntiva bipartidista Republicano-Demócrata que la mayor parte de los estadounidenses hoy ve como su única opción. Sin embargo, Grant destila y simplifica el cuadro hasta sus fundamentos más básicos:

    «Hay sólo dos partidos ahora: los traidores y los patriotas. Y quiero de aquí en adelante ser clasificado entre estos últimos que, confío, serán el partido más fuerte» (Ulises S. Grant).


El Castigo Debido

     Con los atestados nidos de traidores que tenemos en las naciones occidentales hoy, realmente tenemos pocas opciones, salvo confiar en las leyes del país para procesar y castigar a esas entidades no humanas.

     Pero es interesante mirar la cólera y la ira que los traidores en el pasado han inspirado entre la gente:

    «¿Tú me estás hablando de suposiciones? Tú eres un traidor: ¡Córtenle su cabeza!» (William Shakespeare, Ricardo III, acto III, escena 4).

    «Ningún castigo es demasiado grande para el hombre que construye su grandeza sobre la ruina de su país» (George Washington).

    «Usted puede perdonar a un asesino, pero nunca a un traidor» (Anónimo).

    «Perdono a aquellos que asesinan y roban porque ellos lo hicieron por necesidad, pero a un traidor nunca» (Emiliano Zapata).

    «Si sólo me quedara una bala, y un soldado enemigo y un traidor estuvieran delante de mí, le dispararía al traidor» (Cornelius Codreanu).

    «¡No hay suficientes maldiciones ni truenos ocultos en las bodegas del cielo, rojo con una ira poco común, para golpear al hombre que debe su grandeza a la ruina de su país!» (Joseph Addison).

    «Hay tres cosas en este mundo que odio: los tontos, los mentirosos y los traidores. A un tonto le puedo enseñar, a un mentiroso lo puedo perdonar, pero a un traidor yo le pegaría un tiro, ya que él es tanto un tonto como un mentiroso» (Anónimo).

     En tiempos de tal traición y engaño, donde los traidores prosperan y la traición es una carrera, la persona temeraria puede considerar ir más allá de las leyes del país y emplear una especie de Volksgericht [tribunal popular] para tratar con esa gente.

     ¿Debemos de hecho arrastrar a estos no-humanos delante de una asamblea de pares en uno de nuestros propios tribunales personales? No. Y tampoco necesitamos hacerlo. Ya hemos de hecho juzgado y condenado a esa "gente" en la sala de tribunal de nuestro propio Volksgericht personal: nuestras propias mentes.

     La mayor parte de los traidores hoy en día no son nada difícil de identificar. Los vemos en la televisión, en la Internet y en los periódicos. Oímos lo que ellos dicen y las mentiras que ellos dicen. El observador puede ver las maquinaciones y las traiciones demasiado bien. Con su criminalidad claramente desplegándose, no tenemos que molestarnos siquiera en argumentar contra esa gente. Ellos mismos lo están haciendo.

     Los segmentos de la sociedad que han despertado pueden ver claramente quiénes son los principales traidores dentro de nuestras sociedades. Toda la gente despertada entre nosotros ha juzgado ya y ha condenado a esos elementos criminales en el Volksgericht de sus propias mentes.

     Y cuando el tiempo sea el adecuado, y las leyes del país estén listas para ser aceptadas para aplicárselas a esos criminales, entonces quizá ellos estarán un paso más cerca de su viaje al noveno círculo del infierno. Quizás Virgilio un día estará esperándolos en las puertas para mostrarles el camino.–



LA HERMANDAD de PROMETEO
por Sacred Runes
12 de Octubre de 2015



La Historia de Prometeo y Su Legado

     Prometeo desafió a Zeus robando el fuego del monte Olimpo para dárselo a la Humanidad, y Zeus lo castigó por ello. El astuto Prometeo había engañado a Zeus demasiadas veces en favor de la Humanidad, a la que él favorecía lejos por encima de los dioses.

     Como castigo, Prometeo fue encadenado al lado de una montaña en el Cáucaso con cadenas irrompibles, para sufrir el tormento para siempre, mientras un águila gigantesca se abatiría para devorar su hígado durante el día, sólo para que Prometeo tuviera su hígado regenerado durante la noche.

     Finalmente, sin embargo, el águila fue muerta por Heracles (Hércules) —nada menos entonces que un hijo de Zeus— y Prometeo fue puesto en libertad.

     Prometeo no fue sólo el creador de la Humanidad sino también su salvador. Él no sólo le había dado el fuego sino, como lo revela en el Catálogo de las Artes, una enorme serie de habilidades y conocimientos para asegurar su supervivencia: escritura, matemáticas, medicina, agricultura, arquitectura, metalurgia, navegación, astronomía, y otros. Éste por su parte era el conocimiento que Prometeo había conseguido de Atenea.

     Prometeo era un Titán en la mitología griega, un artesano ejemplar tenido en alta estima como el más brillante de su raza. Su nombre se traduce como "pre-visión", y la astucia de Prometeo en efecto estuvo enfocada en la previsión y la cautela para beneficio de la Humanidad, más bien que para los dioses del monte Olimpo, cuya auto-indulgencia e indiferencia ante el sufrimiento del hombre él despreciaba

     Pero Prometeo era más que sólo todas estas cosas. Mucho más. Él fue la semilla de un arquetipo que dura hasta este mismo día. Prometeo es tradición, mito, leyenda, símbolo y arquetipo, y ha proporcionado un interminable estímulo para inspirar a las mentes astutas de la civilización occidental en muchos esfuerzos.

     La inspiración proporcionada por el arquetipo de Prometeo está bien documentada, sobre todo durante y después del Renacimiento, y ha inspirado fuertemente a nuevas generaciones de pensadores dentro de una gran variedad de disciplinas, desde artistas, poetas, escritores, escultores, hasta cineastas, ingenieros e inventores. Su esencia y significado siguen permanentemente grabados dentro de nuestra civilización.

     En efecto, la notable pieza literaria de Mary Shelley, "Frankenstein", tiene como título completo "Frankenstein o el Prometeo Moderno". Y convenientemente, dentro de dicha novela, vemos el resultado final del "fuego" que Victor Frankenstein infundió en su creación, saliéndole el tiro por la culata, con el doctor Frankenstein mismo castigado tal como Prometeo lo fue.

     Incluso ahora, mientras lentamente labramos nuestro camino por entre el siglo XXI, el arquetipo de Prometeo está cualquier cosa salvo muerto.


El Arquetipo de Prometeo y la Civilización Occidental

     El arquetipo de Prometeo muy definitivamente tiene paralelos con la situación en que nuestra gente se encuentra hoy, puesto que, tal como Prometeo fue el mayor benefactor de la Humanidad sólo para ser castigado a perpetuidad por sus acciones, del mismo modo la civilización occidental, después de proporcionar a la Humanidad la mayor explosión de contribuciones beneficiosas que la raza humana haya conocido alguna vez, también está teniendo sus entrañas roídas día tras día. Y, tal como sucedió con Prometeo, estamos indefensos, habiendo sido encadenados a la fuerza mientras miramos impotentemente cómo nuestra civilización, y por extensión nuestra gente, está siendo comida viva.

     A diferencia del caso de Prometeo, no es Zeus o ninguno de los dioses del monte Olimpo los que son nuestros enemigos, sino los auto-designados dioses de este mundo, que han visto adecuado usurpar nuestra civilización, saquear sus magníficos logros, y desecharnos a un lado para que nos marchitemos y muramos.

     Nunca ha habido un acto más despreciable y desgraciado de traición que éste en la esfera entera de la existencia humana. Los auto-designados dioses de este mundo han usado antes similares estrategias parásitas muchas veces, pero nada en absoluto comparable a la escala en la cual ello está siendo usado contra nuestra gente hoy.

     Empleando una viciosa y cuidadosamente orquestada red de constante desinformación, distorsiones y difamación contra nuestra gente y nuestra historia, los dioses de este mundo nos han crucificado y encadenado a esta roca en la cual ahora nos encontramos abandonados.

     Los dioses de este mundo, que están más cercanos a ser entidades demoníacas más bien que deidades o humanos, han inventado la falsa ecuación de que la civilización occidental es equivalente a opresión eterna, explotación y crueldad, y que su gente por lo tanto no es digna de ser salvada. Ellos selectivamente han magnificado, minimizado, distorsionado y mentido, sólo enfocándose siempre en lo negativo, y con exclusión de todo lo demás.

     Pero la civilización occidental es el patrimonio de nuestra gente. De nadie más. ¡De la nuestra! Y vamos celosamente a recuperarla.

    "La época de la culpa se ha terminado. No pediremos perdón por nuestros logros. Nuestra historia no puede ser usada como un arma contra nosotros. No estamos en deuda con nadie. Nuestro glorioso pasado es un asunto de orgullo y alegría para nosotros. Independientemente de lo que hayamos hecho en el pasado, sólo nos inspira hoy para hechos aún mayores mañana" (Kai Murros).

     ¡Es debido a nuestra civilización que las vidas de aproximadamente 5.000 millones de personas han sido salvadas!. ¡La civilización de nadie más, sino la nuestra! Es debido a nuestra civilización que el 40% de la población de la Tierra hoy puede seguir comiendo. Es en gran parte debido a nuestra civilización que la población del mundo aumentó de 2.500 millones a 7.000 millones dentro del espacio de 70 años. Es debido a nuestra civilización que la esperanza de vida de los pueblos en muchas partes del mundo prácticamente se ha duplicado, y que las tasas de mortalidad infantiles han sido reducidas, y que la viruela ha sido erradicada, y que una gran multitud de enfermedades mortales es evitable ahora, y ya no mata a incontables millones.

     Es debido a nuestra civilización que innumerables tecnologías han sido exportadas a naciones en desarrollo, creando el entramado mismo de prácticamente el mundo moderno entero. ¡Nuestra civilización exploró el planeta, implementó la electricidad, perfeccionó los principios de la ingeniería, creó el computador, dividió el átomo, alcanzó la Luna y envió sondas hacia el Sistema Solar para observar los planetas!.

     Todos estos logros supremos y muchos, muchos más. Éstos son logros dignos del nivel más alto de orgullo. Nunca ha habido ninguna civilización que haya igualado siquiera remotamente a la nuestra. Sume cada logro de cada otra cultura, sociedad, civilización o gente, y luego multiplíquelo por 100 o incluso por 1.000, y usted todavía no estaría ni siquiera cerca de la interminable miríada de tecnologías que salvan vidas y avances beneficiosos que la civilización occidental ha proporcionado al mundo. Y ahora mire los agradecimientos que nuestra civilización ha recibido por todo esto...

     Hay ahora miles de millones de personas en este planeta que ni siquiera existirían si no fuera por nuestra civilización. Piense en eso. Miles de millones. Llévese la civilización occidental, ¿y qué tiene usted?: ¿una población global de 2.000 millones?, ¿2.500 millones quizás? Ésta es una deuda que el resto del mundo nunca podrá reembolsar a nuestra civilización. Nunca jamás. Y tampoco creo que ellos alguna vez querrán hacerlo. La mayor parte de ellos nos desprecian. Qué irónico.

     Encadenados a la roca como Prometeo, siendo comidos vivos. Sólo mire el estado desgraciado y lamentable a que ha sido reducida tanta de nuestra gente. Las mentiras, las distorsiones, las omisiones, la propaganda. Ningún orgullo por su magnífica civilización, sólo repugnancia. Ningún orgullo de ellos como los hijos e hijas de Europa, sólo auto-odio. Ninguna condena por el nivel detestable y enfermante de garantías legales para las "minorías" que está siendo permitido que se derramen en nuestras tierras, sino sólo sumisión y auto-postración.

     Esto tiene que terminar. La ignorancia sobre los gloriosos logros de nuestra civilización, el número incalculable de vidas que ha salvado, y los aspectos positivos que ha llevado a la gente del mundo tiene que ser enmendada. Es tiempo para abordar agresivamente esta cuestión, y comenzar a trabajar duro para ponerle un fin a este engaño masivo que infecta las filas de nuestra gente, impuesto sobre ellos por los auto-designados dioses de este mundo.

     Todos nosotros que estamos despiertos necesitamos ser como Prometeo. El espíritu de nuestros pueblos está decayendo, y ellos necesitan el regalo del fuego, una clase especial de fuego: el fuego de la verdad acerca de nuestra gente y nuestra civilización, de modo que las mentiras puedan ser finalmente extinguidas para siempre. Necesitamos este fuego para que queme y crezca en sus corazones en una furiosa tormente de fuego de amor, dedicación y lealtad hacia nuestra gente, para que arda en sus corazones y nunca salga.

     Sí, en efecto, nosotros que estamos despiertos necesitamos llegar a convertirnos en una especie de Prometeo colectivo —una hermandad, si usted prefiere— a fin de destruír el engaño masivo y salvar a nuestra gente y nuestra civilización. Entonces no habrá ningún límite a lo que podamos conseguir.

     La Hermandad de Prometeo no se retira, no pide perdón, no se acobarda. El fuego que se quema dentro de nosotros nos enseña la verdad sobre nuestra gente y nuestro lugar en este mundo. Sabemos que sólo nosotros y nosotros solos podemos encargarnos de nuestro propio futuro, y así lo haremos.

     Y entonces pregunto a todos ustedes, queridos hermanos: ¿se unirán ustedes a la Hermandad de Prometeo, desafiarán ustedes a los dioses de este mundo?. Y para esto, hermanos, espero que todos ustedes declaren vigorosamente con un coro ensordecedor: "¡Los desafiamos!".

     Una nueva alba comienza. Un alba de fuego.–




1 comentario:

  1. «Es un intento ocioso querer discutir qué raza o razas fueron las depositarias de la cultura humana y los verdaderos fundadores de todo aquello que entendemos bajo el término "Humanidad". Pero sencillo es aplicar esa pregunta al presente, y, aquí, la respuesta es fácil y clara. Lo que hoy se presenta ante nosotros en materia de cultura humana, de resultados obtenidos en el terreno del arte, de la ciencia y de la técnica es casi exclusivamente obra de la creación del ario. Es sobre tal hecho en el que debemos apoyar la conclusión de haber sido éste el fundador exclusivo de una Humanidad superior, representando así el "prototipo" de aquello que entendemos por "hombre". Es el Prometeo de la Humanidad, y de su frente brotó, en todas las épocas, la centella del Genio, encendiendo siempre de nuevo aquel fuego del conocimiento que iluminó la noche de los misterios, haciendo elevarse al hombre a una situación de superioridad sobre los demás seres terrestres. Excluyásele, y, tal vez después de pocos milenios descenderán una vez más las tinieblas sobre la Tierra ¡La civilización humana llegaría a su término y el mundo se volvería un desierto!»

    Adolf Hitler, Mi Lucha, I, cap. 11

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