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domingo, 31 de mayo de 2015

Los Crímenes de Posguerra contra Alemania (2)



     Del mismo sitio holocaustianity.com tomamos ahora dos artículos más que se refieren esta vez al saqueo cultural de la derrotada Alemania en la 2ªGM, pillaje llevado a cabo de manera indiscriminada y prepotente por los Aliados, tanto occidentales como soviéticos, quienes hasta el día de hoy, en especial los rusos, se niegan a devolver los inmensos tesoros artísticos y culturales robados a manos llenas desde instituciones, castillos, ciudades y casas de Alemania, y que ha causado una pérdida inestimable, pareciera, en lo que se llama la memoria histórica de una nación. No es ciertamente este capítulo de la Historia algo que se ventile mucho ni en las escuelas ni en los medios de comunicación, por razones de que los vencedores de entonces siguen con sus malas prácticas: recuérdese si no, p. ej. el organizado saqueo estadounidense del museo de Bagdad en 2003.


Saqueo y Pillaje:
La Ignorada Destrucción Cultural de Alemania



     Es apropiado comenzar con un cuento de violación. Con el tiránico reinado de Tarquino el Soberbio como el último monarca romano, los romanos estaban impacientes por explorar una nueva forma de gobierno: la república. La "Violación de Lucrecia" era un cuento popular que detallaba la caída de Tarquino: los soldados romanos que estaban lejos en la guerra decidieron volver y sorprender a sus mujeres. Sólo Lucrecia, la esposa de Collatinus, había sido leal y casta mientras su marido no estaba, pero el hijo de Tarquino, Sextus, retornó y la violó. Ella le dijo a su marido lo que había pasado, y luego se quitó su propia vida.

     El incidente provocó una rebelión conducida por Lucius Junius Brutus y Collatinus, que resultó en la expulsión de Tarquino de Roma. El cuadro de Tarquino y Lucrecia (imagen de Peter Paul Rubens) fue pintado entre 1609 y 1612. Siendo una de las mejores obras tempranas de Rubens, Federico el Grande la compró en 1765 para su colección y la colgó en su palacio en Sans Souci.

     La obra La Violación de Lucrecia desapareció en la Unión Soviética después de ser robada por el Ejército Rojo en 1945. Fue cortada de su marco, doblada y enrollada, almacenada inadecuadamente y malamente dañada. Terminó en la casa de un funcionario comunista y fue vendida más tarde por unos cuantos centavos. Luego entró la Mafia rusa. En 2003 un ruso llamado Vladimir Logvinenko intentó venderla a una galería alemana, pero él fue reportado a las autoridades rusas quienes entonces adquirieron la pintura. Ahora restaurada, cuelga en el Museo Estatal Pushkin. Siguiendo su costumbre, ellos rechazaron devolverla a su dueño legítimo: Alemania.

     Los líderes militares alemanes acusados de crímenes de guerra en Núremberg fueron acusados de "destrucción y saqueo de obras de arte", específicamente en base a la violación del Artículo 56 de la Convención de La Haya de 1907 en cuanto a los despojos de guerra. Irónicamente, la convención de La Haya sacó su inspiración de las disputas que se originaron en las guerras napoleónicas en cuanto al conocido saqueo de Napoleón. El artículo 56 fue visto como la expresión de la prohibición de cualquier confiscación unilateral de la propiedad cultural y del establecimiento de un límite explícito a la práctica previa del saqueo ilimitado. Tristemente, el robo más grande de todos, el robo de arte más masivo de todos los tiempos, el saqueo y pillaje de los tesoros alemanes, ha suscitado una escasa, si es que alguna, atención de los medios de comunicación.

     Si bien no hubo ninguna autorización general del Consejo de Control Aliado para llevarse la propiedad cultural alemana como un medio de reparación o compensación, los soviéticos ignoraron abiertamente el Derecho internacional y consideraron la enorme cantidad de tesoros y obras de arte hurtadas de Alemania como una "compensación". El llevarse la propiedad cultural iba sólo a ser legalmente permitido con el propósito de "protegerla contra los peligros de la guerra", pero ésta fue la falsa excusa usada por la Unión Soviética para sus masivas operaciones de saqueo. Tan temprano como en 1942, la Unión Soviética, codiciosa de arte como era, había comenzado un plan deliberado para recolectar el arte de Alemania. En 1945, a medida que el Ejército Rojo avanzaba por Alemania, unas "brigadas de trofeos" especiales salieron para recolectar las obras pre-designadas de los museos alemanes y transportarlas a Moscú. Desde 1945 hasta 1949, más de dos millones y medio de obras de arte fueron sacadas de Alemania, sobre todo a las metrópolis de la Unión Soviética, donde muchos de ellas están en almacenaje secreto hasta hoy.

     Una lista rusa de 40.000 artículos desaparecidos que ellos culpan a Alemania por habérselos llevado, incluye la famosa Sala Ámbar del Palacio de Catalina, pero la lista es vaga y no específica. Los alemanes, por otra parte, tienen listas muy detalladas y evidencia cuidadosamente documentada de sus tesoros perdidos, y ellos también insisten en que todo el arte ruso ya había sido devuelto. En realidad, hacia el tiempo de la Guerra Fría, los británicos y los estadounidenses habían devuelto ya la mayor parte de las obras de arte bajo su jurisdicción a sus respectivos países de procedencia, incluída Rusia: Más de 500.000 objetos fueron repatriados a la Unión Soviética (un hecho rara vez mencionado por los rusos). La posición alemana usualmente ha sido que el Derecho internacional y la Convención de La Haya de 1907 sobre las reglas de la guerra terrestre requieren que las obras sean devueltas incondicionalmente.

     7.314 pinturas pertenecientes a la oficina alemana que administró los antiguos bienes de los Hohenzollern en Prusia fueron catalogadas en 1939. Hoy, más de 3.000 todavía están faltando. Esto ni siquiera hace referencia a las esculturas, porcelanas, instrumentos musicales, relojes, artículos de plata, mobiliario, grabados y dibujos, y millones de libros raros saqueados por igual por los Aliados y el Ejército Rojo. Usando la previsión durante el bombardeo Aliado de Alemania, el personal de los museos valientemente intentó salvaguardar las obras maestras a su cargo trasladando las colecciones de varias bodegas a minas de sal, iglesias, sótanos y propiedades rurales para salvar los objetos de la destrucción. Cuando Berlín caía, los tesoros de arte de los viejos castillos prusianos fueron escondidos en sitios seguros en el campo. Casi todas las 3.000 pinturas faltantes no destruídas por los bombardeos fueron tomadas por los rusos. Desde el tiempo en que ellos conquistaron Potsdam en Abril de 1945, donde muchas colecciones habían acabado, hasta 1946, todo lo que podía ser movido fue llevado a Moscú.

     Los rusos no se muestran arrepentidos y sí arrogantes sobre su robo, y parecen seguir este camino descarado con la aprobación tácita de las naciones civilizadas. La muestra de 1995 del Museo Pushkin de Moscú, ridículamente llamada "Dos Veces Salvadas", exhibió 63 pinturas que iban desde fines del siglo XIV hasta finales del siglo XIX, de colecciones privadas y de museos alemanes y húngaros. Un mes más tarde, el Museo Ermitage de San Petersburgo abrió "Tesoros Escondidos Revelados", una exhibición de 74 pinturas principalmente impresionistas y post-impresionistas de artistas como Degas, Renoir, Gauguin y Van Gogh, robadas casi completamente de colecciones alemanas privadas.


     Probablemente la imagen más famosa del Berlín destruído es la "heroica" fotografía de rusos levantando su bandera sobre la incendiada y bombardeada ciudad en 1945. Fue vista por todo el mundo. El soldado del Ejército Rojo abajo a la derecha en la imagen original, que fue exhibida recientemente en Berlín, lleva puestos en su antebrazo dos relojes alemanes saqueados. El fotógrafo Yevgeny Khaldei, que capturó la imagen el 2 de Mayo de 1945, notó los relojes y los suprimió. Él también manipuló la bandera para hacerla ondear dramáticamente, y luego añadió humo a la línea del horizonte del devastado Berlín. Un recuerdo duradero de los sobrevivientes de los días de la conquista de Berlín por el Ejército Rojo fue la demanda de relojes por parte de las tropas soviéticas. Parte del saqueo frenético fue acompañado por el grito: "Vino, mujeres, relojes". Ellos tomaron todas estas tres cosas.

     A los rusos les gustaba el oro también. Después de la caída de Berlín, el mayor Feodor Novikov del Ejército Rojo ordenó que las bóvedas del Reichbank fueran abiertas. Aparecieron 90 lingotes de oro por un valor de 1,3 millón de dólares y monedas de oro por 2,1 millones de dólares, más 400 millones de dólares en bonos negociables. Novikov ordenó que las bóvedas fueran cerradas y exigió las llaves. El contenido entero de la bóveda desapareció. El oro nunca fue visto otra vez, pero los bonos siguen apareciendo hasta hoy por todo el mundo.


OTRAS PIEZAS DE ORO

     En la exposición "Dos Veces Salvadas", entre las obras de museos alemanes y de colecciones privadas alemanas y húngaras, había pinturas de Lucas Cranach el Viejo, Hendrick Ter Bruggen, El Greco, Tintoretto, George Romney, Veronese, Bartholomaeus Bruyn el Viejo, Vigee-Lebrun, Goya, Corot, Daumier, Manet, Degas y Renoir, que representaban aproximadamente un sexto de las disputadas pinturas que quedaban en su colección. Se registró la procedencia de antes de la guerra de sólo 37 obras, y más de la mitad era de museos alemanes, incluyendo 11 del Schlossmuseum en Gotha y dos de la Galería de Dresden que el Museo Pushkin adquirió de ladrones soviéticos en 1973 y 1984.

     Más de una docena de pinturas provenía de colecciones privadas; el resto fue descrito como de "colección desconocida". El Retrato de una Mujer, de Goya, es una pintura claramente visible en fotografías de antes de la guerra, tomadas en la casa del famoso coleccionista alemán Otto Gerstenberg, cuya hija heredó las obras después de su muerte en 1935. Estaba entre las obras que fueron almacenadas en la Nationalgalerie de Berlín para su custodia segura en 1943 y robadas por la Unión Soviética. Otras obras familiares de arte en la muestra del Museo Pushkin incluían obras de Renoir y Daumier. Entre otras pinturas notables de origen particular estaban las colecciones de Otto Krebs y del industrial alemán Bernhard Koehler, que incluían obras de Tintoretto, Corot y El Greco.

     En otra exposición del Museo Pushkin que abrió el 29 de Abril de 2006 y que fue titulada "Arqueología de Guerra: Retorno desde el No-Ser", las obras presentadas del mundo antiguo estaban en gran parte basadas en la colección de Rusia del arte alemán saqueado de la Segunda Guerra Mundial. La alemana Fundación de la Herencia Cultural Prusiana no fue invitada a involucrarse en el proyecto y se rechazó el acceso a los depósitos rusos de tesoros de arte alemán.

     Aproximadamente 350 de las antigüedades mostradas en dicha exposición originalmente provinieron de colecciones de Berlín robadas por las soviéticas "brigadas de trofeos", que violaron, saquearon y hurtaron durante todo su camino a través de las ruinas de Alemania. El Museo Pushkin desvergonzadamente insiste, incorrectamente y en violación del Derecho internacional, en que todo el arte saqueado pertenece a Rusia porque aquél no debería ir a "aquellos que comenzaron la guerra". Los principales objetivos de los saqueadores eran los tesoros de los reyes alemanes, incluyendo los de Federico el Grande, quien mantuvo reglas estrictas contra cualquier saqueo por parte de su ejército y aplicó un severo castigo a cualquier soldado encontrado saqueando. Las grandes pinturas que él coleccionó, sus escritos y su música, e incluso retratos de él y su familia, fueron arrebatadas y llevadas a Rusia.


EL MONARCA MÚSICO: FLAUTAS ROBADAS

     Los acólitos de Joseph Stalin vaciaron casi todos los museos, colecciones, archivos y depósitos de refugio en su zona de ocupación, y durante más de cuatro décadas sus sucesores escondieron de la vista del mundo muchos de esos objetos, tesoros que representan la historia alemana entera. En 1955 los funcionarios soviéticos públicamente escenificaron una devolución de algunas obras importantes, incluída la Virgen Sixtina de Rafael, robada de la Galería de Pintura de Dresden, lo que distrajo del hecho de que ellos todavía tenían miles de obras más. Un tratado de 1990 concluído con la Unión Soviética estipulaba el retorno de la propiedad cultural que había sido trasladada debido a la guerra. Sin embargo, Rusia faltó a su palabra y decidió que la propiedad cultural alemana había sido "legalmente transferida".

     Berlín era la presa de ladrones y vándalos. En 1941 el Ejército Rojo robó la colección del oro de Troya de Heinrich Schliemann desde su sala de seguridad en un búnker de concreto en el destruído Zoológico de Berlín, y no fue sino en 1993 que los rusos reconocieron que el tesoro estaba en Rusia. En las ciudades y pueblos de Alemania Oriental, las ventanas con vitrales fueron arrancadas de las iglesias y enviadas a la Unión Soviética, los monumentos de bronce fueron derretidos por su valor nominal, y documentos que databan su antigüedad en siglos fueron destruídos o dispersados.

     450.000 cargas de trenes fueron recibidas en Moscú sólo en 1945, junto con antiguas prensas de imprenta, instrumentos musicales antiguos, pianos y vino. Hubo también aviones de carga para transportar el botín, como el oro de Troya, desde Berlín, y una Biblia de Gutenberg del Museo del Libro de Leipzig. Las "brigadas de trofeos" también robaron, entre los manuscritos, incunables, manuscritos orientales y películas, además de grabaciones folklóricas de las colecciones alemanas y archivos hanseáticos medievales alemanes de Bremen, Hamburgo y Lübeck que fueron luego dispersados sin orden ni concierto a través de toda la URSS.

     Miles de raros dibujos del Kunsthalle de Bremen fueron puestos en un castillo para su seguridad, sólo para desaparecer bajo la ocupación soviética, hasta que algunos reaparecieron en el mercado de arte de Nueva York en los años '90, requiriéndose de una demanda judicial para conseguirlos de vuelta. Desde el mismo castillo, Victor Baldin, en ese entonces un oficial del Ejército soviético, "rescató" dos pinturas y 362 dibujos que están actualmente retenidos por funcionarios rusos.

     La propiedad cultural que las autoridades y los soldados rusos sacaron de Alemania en 1945 incluía no sólo obras del arte alemán, sino dos millones de libros y archivos que de ser colocados en fila se extenderían por tres kilómetros.

     El saqueo soviético fue tan torpe, que raras pinturas de antiguos maestros fueron usadas como cubiertas de mesas, y antiguas pinturas de desnudos fueron cortadas de sus marcos y pegadas en camiones del Ejército Rojo sólo por diversión. Trenes sin calefacción llevaban cargamentos no acolchonados de preciosas obras de Rembrandt y de Da Vinci a través de un clima glacial hacia Moscú. Otras obras maestras fueron arrancadas de sus bastidores de modo que sus marcos pudieran ser quemados para alimentar las fogatas de soldados borrachos. Cuando los tesoros fueron llevados a Rusia, fueron dejados al frío y la lluvia en patios desocupados y callejones, e incluso tirados o almacenado en desvanes o sótanos en horribles condiciones. El mobiliario antiguo fue cortado en pedazos y quemado, y raras porcelanas chinas fueron rotas, los cristales fueron rotos, y antiguas obras en metal fueron desfiguradas o fundidas.

     La Rüstkammer, o armería, del castillo Wartburg solía contener una colección inestimable de más de 800 piezas del magnífico período de las armaduras, desde el rey Enrique II de Francia hasta los artículos de Federico el Sabio, el Papa Julio II y Bernhard von Weimar. El Ejército de Ocupación soviético robó la colección en 1946 y desde entonces ha estado "desaparecida" en la Unión Soviética. Sólo cinco pequeñas piezas fueron devueltas por la URSS en los años '60.

     Otros también desempeñaron un papel en el saqueo de Alemania. En 1805 un barón von Hüpsch legó su "Kunst und Naturalienkabinett" (Gabinete de Arte y Curiosidades) al landgraf de Hessen Ludwig X. Entre la colección Hüpsch en Darmstadt habían invaluables esculturas de marfil del siglo XII, reliquias de apóstoles y símbolos de los cuatro evangelistas. El 11 de Septiembre de 1944 el museo fue destruído por las bombas, pero las colecciones más preciosas del museo ya habían sido evacuadas a Baviera y almacenadas en el castillo Rauhenzell cerca de Immenstadt.

     El 30 de Abril de 1945 la 2ª División de Infantería marroquí de las tropas francesas ocupó Immenstadt, y sus oficiales se instalaron en el castillo Rauhenzell, y las piezas medievales de marfil desaparecieron. En 1983 el Louvre había comprado ya dos de las piezas, y en 1993 al Louvre le ofrecieron dos más. Resultó que una de esas piezas coincidía con el grupo que el Louvre había comprado ya en 1983. Alemania y Francia hicieron otro trato para una devolución parcial de los tesoros alemanes. En Septiembre de 1993, cinco piezas más del mismo lote que desapareció del castillo Rauhenzell aparecieron para su subasta en París. El "Hessisches Landesmuseum Darmstadt" reportó esto a la policía francesa y trató de retirar de la subasta dichas obras de arte, pero la ley francesa permite la posesión de bienes robados si el propietario puede demostrar que él los compró ignorando esa condición. Sin embargo, la casa de subasta fue puesta bajo presión y el propietario privado se vio finalmente frustrado. Finalmente, cinco piezas fueron devueltas a Alemania en 1994.

     Entre el tesoro estatal alemán robado por el Ejército Rojo estaba el Tesoro de Príamo, una importante colección de esculturas etruscas, floreros, terracotas y otros artículos que se remontaban a la antigua Grecia. En 1992, después de que la Unión Soviética se desintegró, los Gobiernos alemán y ruso hicieron otro acuerdo de cooperación cultural, pero después de que Alemania cooperó totalmente, los rusos una vez más faltaron a su palabra en la mayor parte del acuerdo. En 1997, una alianza de nacionalistas y comunistas en la Duma, el Parlamento ruso, aprobó la legislación que ¡prohíbe indefinidamente la devolución del arte robado a Alemania!.

     En Austria, las obras de arte tomadas o prestadas para su uso por el Tercer Reich desaparecieron casi todas a manos de los Aliados después del final de la guerra: pinturas de Brueghel, Miguel Ángel, 73 grabados de Ghisi, de aproximadamente el año 1650, tapicerías de gobelinos de mesas y sillas, y antiguo mobiliario austriaco muy valioso desaparecieron. Al Kunsthistorisches Museum Wien (Museo Vienés de Historia del Arte) todavía le faltan diversas valiosas tapicerías del siglo XVII que se perdieron al final de la guerra sin dejar rastro, como ocurrió con 9 tapicerías que fueron prestadas a la casa de campo de Hermann Göring. Seis de éstas eran escenas de caza tejidas alrededor de mediados del siglo XVII a partir de esbozos de Peter Paul Rubens, y las otras tres se remontaban a mediados del siglo XVIII. Dos fueron encontradas más tarde en el Museo Nacional de Varsovia, en Polonia, y devueltas a Alemania.

     Pinturas de Angelika Kaufmann y otras que fueron adquiridas por el Emperador Joseph II están entre las pérdidas sufridas por el Museo Austriaco de Artes Aplicadas y por la Galería Austriaca en el Belvedere. Propiedades de la Biblioteca Nacional austriaca han sido descubiertas en el Ermitage de San Petersburgo, pero la burocracia rusa ha impedido su devolución. Los castillos, las grandes mansiones, las universidades, los conventos y las iglesias fueron puestos en la mira por saqueadores a través de toda Austria. 30 cajas con manuscritos y libros pertenecientes a la Biblioteca Universitaria de Graz fueron robadas por tropas de la ex-Yugoslavia, y en el castillo Grafenegg, en la Austria Inferior, los soldados soviéticos transportaron todos sus grabados y mobiliario en vagones de carga, dejando detrás un castillo vacío. En conjunto, sin embargo, las pérdidas culturales germánicas de Austria fueron menores que las de Alemania.

     Un gran vacío también ha quedado en la herencia cultural literaria de Alemania, ya que la mayor parte de las colecciones alemanas robadas fueron alguna vez colecciones completas. A veces los ladrones sólo seleccionaban las piezas de mayor valor, rompiendo series y conjuntos históricos. Las grandes bibliotecas de Moscú y San Petersburgo, donde terminaron muchos libros y manuscritos saqueados, simplemente los integraron en el stock existente sin ninguna intención de conservar las colecciones intactas. En 1990 fue revelado que millones de libros alemanes antiguos, que iban desde diseños aeronáuticos a archivos acerca de operaciones militares durante las guerras napoleónicas, habían sido dejados para que se pudrieran bajo excrementos de paloma en una iglesia abandonada fuera de Moscú. Los desplazados fragmentos de los archivos de la herencia cultural, tan meticulosamente organizados a través de las épocas en Alemania, fueron dispersados tan extensamente, que ellos nunca serán encontrados e identificados todos, incluso si hubieran sobrevivido a las miserables condiciones de almacenaje.

     El 3 de Diciembre de 1996 Ucrania devolvió tres álbumes preciosos a Alemania: álbumes de litografías y grabados que habían estado desaparecidos desde 1945, incluyendo un volumen con 57 litografías basadas en el renombrado artista sajón Franz Gareis (1775-1803), un segundo álbum con 69 aguafuertes en color de los siglos XVIII y XIX, y 95 grabados de Johann Blaeu que databan de 1700 y que describían escenas de festividades, ceremonias y las residencias de los duques de Saboya. A cambio, Ucrania recibió generosas donaciones de arte de Alemania.

     Hoy, el departamento de grabados y dibujos de un museo alemán todavía carece de aproximadamente 640 antologías, álbumes y álbumes ilustrados, así como de libros que contienen miles de grabados, grabados en madera y litografías. También están faltando aproximadamente 10.400 estampados del Renacimiento al siglo XX, 3.300 dibujos en álbumes y libros de bocetos, toda la biblioteca histórica de arte, y valioso material de archivo. Sobre todo, debido a la guerra, el museo posteriormente perdió 1.500 dibujos únicos, principalmente de calidad excepcional, de artistas como Durero, Cranach, Rubens, Kollwitz y Menzel.

     Los alemanes consideran otros artículos como una parte integrante de la herencia de su país, incluyendo aproximadamente 5.800 libros antiguos de la famosa biblioteca de Gotha, dos Biblias de Gutenberg impresas en 1454 y diversas pinturas importantes. Hacia 1580, dicha biblioteca era una biblioteca de referencia que contenía libros de teología, Historia, medicina, cirugía, leyes, matemáticas, filosofía, minería, arquitectura, astronomía, guerra, torneos y festivales, numismática, mineralogía, biología y agricultura. La colección también incluía grabados, mapas e ilustraciones de la vida en la Corte. Huelga decir que aquellos tesoros que fueron lo bastante afortunados para sobrevivir a los bombardeos fueron enormemente saqueados y robados por los soviéticos.



El Saqueo Continuado


     El masivo proyecto llamado el "Almanaque de Gotha" era un directorio de la nobleza de Europa primeramente publicado en 1763 en la Corte ducal de Friedrich III de Saxe-Coburg-Saalfeld, que incluía la ciudad de Gotha. Allí estaban registradas las Casas gobernantes de Europa y sus ramas, y aquellos a quienes éstas habían ennoblecido, y era el libro-fuente primario para la referencia a las casas Reales. Hasta 1918 un aristócrata que deseaba casarse y tener su progenie que llevara su título tenía que casarse con una mujer de rango similar. Esto es incluso ahora un archivo fascinante de gran importancia histórica. Sin embargo, cuando los soviéticos ocuparon Gotha en 1945, ellos hicieron un espectáculo público de la destrucción de todos los archivos del Almanaque para protestar por todo lo que aquello significaba. Por suerte, quedaron suficientes copias que al menos salvaron sus registros, pero desde 1945 el Almanaque no fue publicado, y aquellos que rastrean la ascendencia de la nobleza alemana han usado un sustituto. Los aristócratas europeos que tratan de reclamar propiedad robada por los regímenes comunistas pueden consultar el nuevo Almanaque publicado en Londres que podría ayudarles en sus reclamaciones, pero aquel resultado es improbable.

     El hermoso castillo barroco Schloss Moritzburg fue construído entre 1542 y 1546 como un pabellón de caza para el duque Moritz de Sajonia, y más tarde remodelado como un lugar de recreo con un parque formal para Augusto el Fuerte por los arquitectos Matthäus Daniel Pöppelmann y Longeloune. Cuando las tropas soviéticas se acercaban durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, la familia Real escondió algunos tesoros para impedirles ser saqueados por las tropas soviéticas.

     Parte del tesoro permaneció escondida durante más de medio siglo hasta que un cartero alemán encontró algo de ello con un detector de metales. Eso fue reclamado por la familia Real, la cual más tarde vendió una buena parte del grupo en subasta, incluyendo un cofre de joyas de adorno de oro y de plata hecho en 1701 para Augusto el Fuerte. Los tesoros de la familia eran sólo una fracción de la colección de la casa Real de Sajonia, ya que la mayor parte de la colección sepultada fue encontrada por las autoridades soviéticas después de que el guardabosque del latifundio fue obligado a revelar dónde había sido escondida. Sólo tres cajas estaban sepultadas en otra parte y escaparon a su detección, siendo estos objetos parte de ellas. Los beneficios de la venta fueron usados para financiar el regreso de la familia a la nueva Sajonia libre de comunistas.

     La Biblioteca Estatal sajona comenzó en Dresden hace 440 años, primero bajo los auspicios de la nobleza dirigente de Sajonia y luego de administradores y eruditos que seleccionaron cuidadosamente y compraron la colección. Desde que Sajonia se había convertido en uno de los Estados territoriales más poderosos en Alemania a mediados del siglo XVI, muchos libros fueron coleccionados por el Elector Augusto, 1553-1585, y se incluían manuscritos de la Edad Media y también aquellos pertenecientes a la industria local y a los negocios profesionales, muchos de los cuales fueron uniformemente encuadernados por los encuadernadores de Dresden en 1556. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, la Biblioteca Estatal sajona tenía 2.384 incunables sobrevivientes. Hoy más de la mitad de éstos está en Rusia.

     En el verano de 1999, más de 5.100 manuscritos, predominantemente partituras de música (incluyendo una importante parte del archivo de la familia Bach) alguna vez robados por una brigada de trofeos ucraniana desde la Sing-Akademie de Berlín, fueron descubiertos en Kiev. Una cantata de Carl Philip Emanuel Bach que no ha sido oída en 225 años desde su estreno inicial en 1785, estaba entre ellos. Raros libros impresos y archivos de correspondencia de la colección todavía están desaparecidos, y todavía no ha sido encontrado ningún rastro de ellos.

     En 2007, joyería de oro europea de entre los siglos V y VIII d.C. fue exhibida en Moscú por primera vez desde que fue incautada por el Ejército Rojo desde un museo de Berlín en 1945. En Mayo y Junio de 1945 los soldados del Ejército Rojo saquearon tres cajas con 1.538 artefactos de joyería y otros objetos de la época merovingia que un museo de Berlín había escondido para su seguridad en un búnker en Berlín para protegerlos del bombardeo. Ésos son objetos de la época de los reyes germánicos de 482 a 714 d.C., una época que ha producido menos artefactos que alguna otra en la historia europea, como una vaina de espada alemana de hierro del siglo VII de Sigmaringen-Gutenstein.

     700 artículos de los 1.300 que surgieron de sus sucios escondites para ser mostrados fueron robados desde Alemania. Rusia llama al saqueado arte-trofeo "arte almacenado en condiciones de guerra". ¿Cuál fue la reacción de la Alemania moderna? Al mismo tiempo que los funcionarios rusos reiteraban rudamente su rechazo oficial a devolver el botín cultural a Alemania, el ministro de Cultura alemán asistió a la apertura oficial y dijo que la exposición marcaba "un acontecimiento especial en las relaciones culturales germano-rusas", y prestó más de 200 objetos para complementar la muestra cuyo catálogo de exposición ¡fue impreso en Alemania!.

     En una repugnante demostración de arrogancia, rencor, avaricia... y violación de la Convención de La Haya, Polonia se ha aferrado tercamente a uno de sus tesoros alemanes saqueados. Durante décadas, Alemania ha pedido a Polonia que devuelva una colección enorme e inestimable de manuscritos alemanes originales de escritura y música que fue una vez parte de la colección de la Biblioteca Prusiana que conforma una parte integral de la historia alemana. El tesoro fue escondido en castillos y monasterios para su seguridad durante la guerra, sobre todo en la abadía benedictina y sus dos iglesias en la ciudad alemana de Grussau en Silesia, que en ese entonces era todavía parte de Alemania.

     Las colecciones fueron encontradas, tomadas como botín y almacenadas en la Universidad Jageloniana de Cracovia desde el final de la guerra. Las decenas de miles de documentos, ahora rebautizados como la "Colección Berlinka" por Polonia, incluyen los archivos del compositor Robert Schumann, una carta escrita por Martin Lutero en 1530, un decreto firmado por Luis XIV datado de 1664, e incluso alguna correspondencia de George Washington. La colección también contiene trabajos originales de escritores y compositores alemanes de fama mundial tales como Goethe, Schiller, Bach, Beethoven y Mozart, todo una parte crucial de la historia y la cultura alemanas. En este robo descaradamente criminal, Polonia ha sido obstinada en su rechazo a mostrar buena voluntad y hacer lo correcto. Polonia siente que ellos lo merecen a cambio del daño de guerra hecho a Polonia por Alemania, a pesar de haber recibido ya una compensación enorme y gratis de parte de Alemania al final de la guerra, incluyendo miles de empresas alemanas, minas, fábricas, casas (amuebladas hasta con los juguetes de los niños más pequeños dejados por civiles expulsados) y cientos de ciudades medievales intactas ahora hechas pasar como parte de la herencia cultural DE ELLOS, así como parques, líneas férreas, carreteras, puentes, bosques, ríos, puentes y lagos.


LOS ESTADOUNIDENSES Y OTROS

     El rey sajón Heinrich I y sus sucesores habían dado hace mucho varios tesoros a la iglesia de Quedlinburg. Esos tesoros incluían un peine de marfil intrincadamente esculpido, dos manuscritos con tapas decoradas con joyas, uno de las cuales fue escrito completamente con tinta de oro, y un pequeño cristal de roca y reliquias de oro empotradas con fragmentos incorporados de tela y madera dichos ser del traje de la Virgen y de la verdadera Cruz. Peregrinos de todas partes de Alemania alguna vez visitaron dicha iglesia para verlos. Durante la Segunda Guerra Mundial, los tesoros fueron escondidos para su seguridad en una cueva cerca de la ciudad.

     Cuando la Segunda Guerra Mundial estaba llegando a un final en 1945, el Ejército estadounidense llegó y ocupó brevemente la somnolienta Quedlinburg, una de las afortunadas aldeas que escaparon a la destrucción por bombardeos. Doce de los tesoros más preciados desaparecieron, pero antes de que pudiera comenzarse una investigación, Quedlinburg fue entregada al Ejército Rojo.

     En 1983 surgieron rumores que condujeron a una investigación por parte de una agencia alemana dedicada a la recuperación de tesoros nacionales saqueados. El rastro condujo al Estado de Texas y a un excéntrico ladrón de nombre Joe Tom Meador, alguna vez un observador avanzado de una unidad de artillería, y uno de los muchos hombres que hicieron del robo un arte avanzado durante su servicio en Alemania. Aunque dos de las obras todavía no sean explicadas, Alemania logró comprar de vuelta los tesoros por un precio escandaloso de 3 millones de dólares desde las pertenencias de Meador. Esta escena a menudo ha sido repetida durante los años.

     Los castillos fueron gravemente dañados. En la Rhineland, el mobiliario y las obras de arte del castillo de Rimburg fueron dispersados, rotos y arrojados al foso, y los cuartos cerrados con llave fueron destruídos y saqueados. Allí las pinturas fueron acuchilladas, y cajas con libros de la biblioteca de Aquisgrán fueron abiertas a la fuerza y sus contenidos esparcidos por cazadores de recuerdos. En Augustusburg en Bruehl, las tropas Aliadas acamparon en el castillo dañado por las bombas y causaron incluso más destrucción. La policía no tenía autoridad (o incentivo) para controlar a los soldados estadounidenses que siguieron entrando y saliendo, saqueando como les placía. Dos retratos de Durero fueron robados del castillo Schwarzburg, que fueron devueltos posteriormente sólo después de una batalla judicial. El castillo Schloß Rurich cerca de Hückelhoven, que databa en parte del siglo XIII, sobrevivió a la inmensa destrucción causada por la "Operación Reina" del 16 de Noviembre de 1944, que devastó varias ciudades y pueblos cercanos, sólo para ser golpeado después por un ataque con granadas durante la Navidad de 1944, que causó un inmenso daño, y en parte irreparable. La valiosa biblioteca del castillo de más de 18.000 volúmenes fue completamente saqueada por soldados estadounidenses.

     Los tesoros de familia del ducado de Hessen fueron almacenados para su cuidado seguro en el palacio de Kronberg. En 1945 el ejército estadounidense confiscó el palacio para su uso como club de oficiales, y ellos descubrieron los tesoros escondidos en el sótano y los dividieron en partes. Algunas fueron a EE.UU. y otras fueron vendidas a Suiza. En 1946 el robo fue descubierto, pero era demasiado tarde.

     Las tropas británicas robaron las joyas del duque de Mecklenburg desde el palacio Gluckenburg en 1945. Ellos también abrieron a la fuerza los sarcófagos en la cripta del palacio, arrojando a un lado las momias mientras buscaban objetos de valor. Los palacios en Schleswig Holstein y Buckeburg perdieron sus tesoros y mobiliario antiguo, que las tropas británicas enviaron a casa a Gran Bretaña. No fueron sólo los soldados de infantería los que saquearon. El mariscal de campo británico del Estado Mayor sir Alan Brook personalmente removió libros valiosos e ilustraciones desde la biblioteca de Potsdam en Cecilienhof. Sus compañeros en este delito incluían nada menos que al duque de Cummingham, almirante de la Marina británica, y a sir Charles Portal, el Mariscal de la Real Fuerza Aérea, quien tan celosamente hizo una cruzada para la destrucción total de Alemania mediante bombardeos.

     Waldenburg en Baden-Württemberg fue primero mencionado como sede de un castillo, un feudo de la familia noble Hohenlohe, en el año 1253, y fue designado como ciudad en 1330. En el siglo XVI, el viejo castillo fue convertido en una residencia del Príncipe de los duques de Württemberg. En el siglo XIX fue extensamente renovado por una línea de los Hohenlohe-Waldenburg. Hacia 1944 la ciudad de Stuttgart decidió mover su impresionante colección de arte a la Staatsgalerie de Baden-Württemberg, a una localización más segura. Nunca imaginando que un viejo castillo somnoliento sería un objetivo de las bombas Aliadas, ellos enviaron muchos de los tesoros a la diminuta ciudad de Waldenburg, en la cima de una colina, a 65 kms. de distancia. Se dice que los ciudadanos de Waldenburg formaron una cadena humana para transportar cuidadosamente los libros y obras de arte, uno por uno, por la colina escarpada hasta el castillo.

     La ciudad de Stuttgart en efecto fue absolutamente nivelada por el bombardeo Aliado, y en Abril de 1945, con el débil pretexto de que "nacionalsocialistas se escondían en Waldenburg", las fuerzas Aliadas golpearon duramente la cima hasta que el pequeño pueblo y el antiguo castillo fueron casi totalmente destruídos por unidades de artillería estadounidense. Una versión de la historia dice que "los aldeanos sin hogar y desesperados quemaron cualquier cosa que ellos pudieron encontrar a fin de calentarse, incluyendo los tesoros" (los mismos aldeanos que hicieron un tremendo esfuerzo para llevar los objetos a un lugar seguro poco tiempo antes). La otra versión es que fueron arrojados a una de las numerosas hogueras encendidas por los soldados Aliados después de su carnicería. En cualquier caso, después de la guerra, los encargados supusieron que la colección entera fue quemada. Una colección encuadernada de 53 grabados que mostraban a la nobleza de Augsburgo en diversos vestidos ornamentales y armaduras llamada el "Augsburger Geschlechterbuch" estaba entre los tesoros evacuados presumiblemente perdidos. Creado en la primera parte del siglo XVI, se trataba de un objeto muy importante.

     Los descendientes de un oficial de Ejército estadounidense que estuvo allí en 1945 en el momento en que la 63ª división de Infantería devastó Waldenburg, terminaron teniendo el libro. A ellos se les dijo que dicho oficial salvó el libro de los incendios comenzados por soldados Aliados. Durante la mayor parte de los siguientes 50 años, el libro estuvo en su estante de libros, y cuando él murió, el libro fue vendido y revendido. Después de una prolongada batalla, un tribunal de Nueva York ordenó a un coleccionista de libros que devolviera el libro a sus dueños legítimos, un museo de Stuttgart, más de seis décadas después de que fue robado.

     Por todas partes de Alemania, inestimable arte, tesoros religiosos y seculares, fue violentamente arrancado de los altares de iglesias, sacado de paredes de museos o incluso robado de colecciones y hogares privados por soldados Aliados. Los ataúdes de Schiller y Goethe fueron saqueados por soldados estadounidenses que tomaron seis de las medallas de Goethe. Mientras oficialmente EE.UU. y Gran Bretaña no estaban "incautando" ninguna obra de arte como despojos de guerra, escuadrillas enteras de ladrones Aliados estaban personalmente ocupados "liberando" libros raros, manuscritos iluminados, objetos religiosos de oro y de plata, escultura y pinturas, así como intimidando a civiles alemanes para que entregasen sus pocos objetos de valor.

     El "Salzburgo del Kapuzinerberg", un grabado en madera de 1565, era uno de los retratos más antiguos de Salzburgo. Durante los bombardeos, fue escondido para su seguridad en una mina de sal en las cercanías. En 1945 los soldados de las Fuerzas estadounidenses en Austria (USFA) se hicieron cargo de la conservación y la restitución del arte, y durante su vigilancia innumerables objetos de valor fueron robados, incluyendo esa inestimable obra de arte. Nunca ha sido recuperada.

     Tropas estadounidenses en Salzburgo y Austria Superior bajo el general estadounidense Harry Collins, la 42ª división estadounidense, robó varios tesoros de arte de Austria, incluyendo una colección de monedas de oro de Salzburgo escondida en Hallein. Siete valiosas pinturas que incluían un Rubens y un Van Dyck, y siete valiosos grabados, incluyendo cuatro de Durero, fueron robadas de la mina de sal de Alt-Aussee mientras estaban bajo supervisión del personal estadounidense, con pleno conocimiento de las autoridades Aliadas. Los miembros de la 83ª división de infantería estadounidense saquearon el monasterio de St. Florian en Austria en 1945, tomando libremente pinturas, mobiliario antiguo y tesoros celtas de oro que ellos removieron con 5 camiones del ejército.

     Seis toneladas y media de oro por un valor de más de siete millones de dólares en 1945 fueron "recuperadas" del castillo de Ribbentrop, el Schloss Fuschl, cerca de Salzburgo, y entregadas al Ejército estadounidense el 15 de Junio de 1945. Desaparecieron totalmente y no hay registros de que ello fuera recibido en el depósito estadounidense de Divisas Extranjeras en Frankfurt. Gran parte del oro "recuperado" por los estadounidenses fue fundido de nuevo, borrando con eso cualquiera y toda señal y números de identificación.

     De la misma manera según la cual paneles pintados de Albrecht Dürer terminaron en el Brooklyn y un manuscrito de Federico el Grande fue llevado a EE.UU. por un soldado estadounidense, millones de libros raros, ilustraciones y otros tesoros fueron robados, algunos por medios aparte del robo. Miles de cámaras, espadas antiguas, cuchillos y armas antiguas que a los civiles alemanes se les ordenó que fueran entregados al final de la guerra, terminaron en EE.UU., por lo general indicando una falsa procedencia. En los sitios de subasta de Internet hoy, hay páginas y páginas de "recuerdos" colectados o arrebatados de desafortunadas víctimas de la guerra por soldados Aliados, incluyendo juguetes, Biblias de familia y fotografías.

     A raíz de una información de que 7 pinturas en miniatura del siglo XVI robadas de Alemania por soldados estadounidenses al final de la Guerra fueron revendidas en EE.UU., el Gobierno alemán pidió su devolución. El nuevo "dueño" se negó y en vez de ello se involucró con Alemania en una prolongada batalla legal. Él era un conservador de museos que afirma que las compró "pensando que ellas eran reproducciones".

     En la "confusión" de los últimos días de la Guerra, cuando las fuerzas de la 66ª y de la 71ª divisiones estadounidenses de Infantería de reserva ocuparon la bombardeada ciudad de Pirmasens, las pinturas que pertenecían a la ciudad que habían sido almacenadas en el refugio antiaéreo durante la guerra, fueron robadas algún día de Marzo de 1945, mientras los ciudadanos estabn sepultando a sus muertos. En el año 2003, mediante el Programa de Robo de Arte de la FBI estadounidense, tres de las 50 pinturas del pintor alemán Heinrich Bürkel fueron recuperadas y han sido desde entonces devueltas a su dueño legítimo, el Museo de la Ciudad de Pirmasens. Pero éste es un caso excepcional.

     Algo del botín encontró su camino a casa. Una encantadora figura barroca de marfil elaborada por Balthasar Permoser en 1700, que representaba a Omphale y Hércules, fue vista por última vez en un cargamento de tren con obras de arte destinado a "salvaguardarlas" en Kassel en Marzo de 1945. Dicha figura apareció en 2006 en las subastas de Sotheby en Nueva York, gracias a un coleccionista de California. Después de demostrar su procedencia, fue devuelto al Museo de Artes Decorativas de Berlín. El personal de ejército estadounidense también robó tres escritos originales de Martín Lutero, que fueron encontrados y devueltos en 1996. Un raro manuscrito de Robert Schumann fue encontrado en una subasta en Londres en los años '90. 200 pinturas famosas tomadas del Kaiser-Friedrich-Museum de Berlín por soldados estadounidenses tuvieron que ser devueltas en Marzo de 1948 bajo la presión pública.

     No fueron sólo los soldados de infantería estadounidenses los que saquearon, tampoco. Los oficiales estadounidenses robaron un escrito original de Aristóteles, una Biblia de Gutenberg y 250 cartas originales a Erasmo de Rotterdam de la biblioteca de la Universidad en Leipzig antes de entregar la ciudad a los comunistas. Incluso el Alto Comisionado estadounidense Lucius D. Clay trató de confiscar la colección filatélica del Museo Postal del Reich para EE.UU., pero su plan fue rechazado por los tribunales superiores. Ocho de los sellos más valiosos de la colección, sin embargo, fueron tomados. El Das Hildebrandslied es el poema heroico más antiguo de la literatura alemana y el único ejemplo sobreviviente en el alemán de su género. El códice mismo fue escrito en el primer cuarto del siglo IX. El códice fue saqueado por un oficial de ejército estadounidense en 1945 y vendido a un distribuidor de libros. Fue descubierto en California y retornó a Alemania en 1955, pero en una condición enormemente dañada. La primera hoja, que había sido recortada y desfigurada para evitar su identificación, no fue encontrada sino hasta 1972 en Filadelfia. El manuscrito está ahora en casa, en la Murhardsche Bibliothek en Kassel.

     Los bienes inmuebles y las casas enteras de los millones de alemanes étnicos expulsados, proporcionaron botín durante los años siguientes en aquellas áreas. Los libros alemanes, incluso algunos raros manuscritos, prohibidos por los soviéticos y los Aliados igualmente durante la "re-educación", si bien eran generalmente quemados, a menudo desaparecían sin la responsabilidad de nadie. No sólo hubo un robo desenfrenado de patentes alemanas, derechos intelectuales, música, datos de investigación, estudios científicos y educacionales, sino un requisamiento masivo e injustificado de la propiedad alemana en casi cada parte del mundo, a menudo hecho con el más débil de los pretextos.

     En algunas áreas de Europa del Este donde la propiedad de alemanes étnicos fue robada, hubo algunos intentos de compensar. En Rumania el 90% de 128.000 intentos para reclamar propiedad confiscada ha dejado de producir resultados hasta ahora, pero hay algún progreso: la caballerosidad no está muerta. En Bulgaria el antiguo monarca Simeon Saxe-Coburg, que huyó de su patria cuando niño en 1946 después de la toma comunista del poder, regresó del exilio a su patria. Él se convirtió en Primer Ministro desde 2001 hasta 2005. La ley búlgara ahora permite la restitución de la propiedad Real nacionalizada. En 1991 Hungría se convirtió en el primer país post-comunista de la región en aprobar leyes para la compensación parcial por la propiedad incautada. Hacia 2005 hubo 817.811 reclamaciones presentadas solicitando compensación por la propiedad requisada durante el comunismo. En la República Checa, tener sangre alemana hace casi imposible reclamar la propiedad legítima de alguien, y aquello sólo muy raramente ha ocurrido. Polonia es el único país post-comunista en la región que no ha aprobado una ley de compensación o restitución.

     Otro lucrativo saqueo fue el científico. Al final de la Segunda Guerra Mundial, científicos expertos de Inteligencia de los Aliados como de los soviéticos acompañaron a las fuerzas de invasión en Alemania para saquear tanto equipo y conocimientos como fuera posible de los escombros, y ellos estuvieron encantados y sobresaltados a la vez por los avanzados logros técnicos alemanes que ellos encontraron.

     Instituciones culturales alemanas recientemente publicaron un catálogo (2008) que detallaba miles de objetos de arte que desaparecieron de Berlín al final de la guerra con la esperanza de que los gobiernos extranjeros les devolvieran el arte robado. Más de 180.000 artículos desaparecieron sólo de las colecciones alemanas clasificadas e inventariadas, junto con miles de otros tesoros culturales que nunca han sido recuperados.

     Finalmente, en este punto en el tiempo, muchos individuos cuyas familias habían vendido voluntariamente obras de arte incluso antes de la guerra y a quienes se les pagó por aquellas obras, están demandando hoy el arte supuestamente saqueado por los nacionalsocialistas, afirmando que sus familias deben haber estado "bajo presión". Esto no ha evolucionado en nada más que en un lucrativo negocio ilegal para algunos, y está vaciando los museos alemanes y austriacos del precioso poco arte que les queda. Para hacer peores las cosas, Alemania ha pagado mucho en compensación por el arte realmente robado por los soviéticos o destruído por los Aliados en las series de bombardeos.–



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