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martes, 3 de marzo de 2015

John Friend - El Triunfo Talmúdico en Occidente



     En Abril de 2013 en el sitio therealistreport.com apareció publicado el siguiente artículo (The Twentieth Century: Talmudic Triumph over Western Civilization) de su autor, John Friend, que hemos traducido al castellano. El señor Friend analiza aquí muchas causas de la destrucción de la civilización occidental, que pueden ser rastreadas todas en último término hasta un grupo de gente que carece de patria y que ha sido percibida como esencialmente extraña. Entre esas causas-efectos están, entre otras, cómo no, la tergiversación bíblica, el establecimiento de la tiranía financiera, la subversión comunista y la inmigración desaforada, documentadas con citas de diversos autores de distintas épocas que han tratado de estos temas.


El  Siglo  Veinte:
Triunfo Talmúdico sobre la Civilización Occidental
por John Friend
Abril de 2013



     Escribiendo en Mein Kampf, Adolf Hitler resumió perfectamente el tema central del siglo XX, un siglo que equivalió a un total triunfo judío y a la destrucción de la civilización occidental. Hitler escribió: "La ignorancia de las amplias masas en cuanto al carácter interno del judío, y la carencia de instinto y visión mostrada por nuestras clases altas, está entre los motivos que explican cómo es que tantas personas caen fácil presa de la campaña sistemática de falsedad que el judío lleva a cabo". Por supuesto, Hitler estaba describiendo específicamente a la nación alemana, pero su declaración igualmente se aplica a toda la civilización occidental. La "ignorancia de las amplias masas en cuanto al carácter interno del judío", combinada con "la carencia de instinto y visión mostrada por las clases altas" ha conducido a una destrucción total de nuestra civilización, por lo general un hecho que la mayoría de los occidentales ni siquiera reconoce porque ellos no pueden comprender la "campaña sistemática de falsedad que el judío lleva a cabo", como explicó Adolf Hitler.

     En su libro The Jewish Century, el autor judío Yuri Slezkine dijo esto en la misma primera página: "La Edad Moderna es la Edad Judía, y el siglo veinte, en particular, es el Siglo Judío... La modernización, en otras palabras, tiene que ver con cada uno convirtiéndose en judío".

     En efecto, la Edad Moderna es la Edad Judía, y el siglo XX muy ciertamente fue el Siglo Judío. La Judería organizada —una mafia criminal subversiva internacional que actúa a través de todo el globo— llegó a dominar y controlar en gran parte la política y los gobiernos occidentales, la banca y las finanzas internacionales, los medios de comunicación, la academia y otros aspectos de sociedad occidental durante el curso del siglo pasado.

     El triunfo del judaísmo talmúdico sobre la sociedad occidental —política, cultural y económicamente— fue, para todos los efectos, llevado a cabo durante el siglo XX. Por supuesto, todos los estudiosos de la Historia —la Historia real, a diferencia de la "Historia" deformada y "políticamente correcta" que a los estudiantes de "Historia" se les enseña en la escuela primaria y en la universidad— reconocen la naturaleza destructiva y parasitaria de la Judería organizada a través del tiempo, no importa en qué nación ellos se hayan instalado.

     Comenzando en el siglo XVII al menos, cuando los judíos comenzaron a emigrar y a "asimilarse" en las sociedades no-judías y en gran parte cristianas de Europa, comenzó el asalto sistemático y la eventual subversión de la civilización occidental. Los prestamistas judíos corrompieron varias Cortes europeas y a la aristocracia tradicional, y agentes judíos se infiltraron y en gran parte se apoderaron de la masonería y otras sociedades secretas —principalmente, de los muy promocionados Illuminati— a fin de hacer progresar su agenda talmúdica internacional de dominación mundial. "Intelectuales" judíos radicales formularon y desarrollaron una variedad de ideologías políticas y culturales destructivas y subversivas —principalmente el comunismo internacional y el marxismo cultural— como un medio de controlar la reacción social frente a la Revolución Industrial y sus consecuencias (el comunismo internacional) y para criticar y subvertir la sociedad europea tradicional (el marxismo cultural), preparando el terreno para la aniquilación total de la civilización occidental y sus normas sociales, culturales, religiosas, políticas y económicas.

     Sin embargo, durante muchos siglos el judío fue siempre considerado como un elemento extraño, incluso hostil, en la sociedad europea, a saber, por ser el asesino de Jesucristo e involucrarse en prácticas comerciales corruptas, incluyendo la práctica ilegítima y anti-cristiana del préstamo usurero de dinero a interés a terceros. La mayor parte de los judíos mismos vieron a los Gentiles como "el Otro", y a menudo vivieron separadamente, viendo la asimilación y el inter-matrimonio como destructivos para el pueblo judío (un fenómeno extensamente practicado hoy por los judíos). El doctor F. K. Wiebe, un intelectual alemán, publicó Alemania y el Problema Judío en 1939 de parte del Instituto para el Estudio del Problema Judío de Berlín. Él dijo lo siguiente acerca de la naturaleza de la raza judía, y del proceso por el cual este grupo hostil y ajeno llegó a infiltrarse y usurpar la sociedad europea:

     «La cuestión judía indudablemente se remonta aproximadamente a hace dos mil años. En sentido estricto es incluso más antigua, a saber, tan antigua como la historia de los judíos. La cuestión judía aparece en todas partes donde la nómada raza judía entra en contacto con otros pueblos que tienen una morada establecida. (...)

     «Es un fenómeno único, y en último término inexplicable, el que por una parte los judíos nunca han sido capaces de encontrar un hogar permanente en el cual desarrollar una existencia política y social "sui generis", mientras que por otra parte ellos nunca se han demostrado capaces de ser absorbidos por ninguno de los innumerables países en los cuales ellos han buscado la hospitalidad. (...)

     «Es un hecho histórico indiscutible el que aquellos pueblos con una morada establecida que a través de las épocas proporcionaron hospitalidad a tribus judías nómadas, invariablemente consideraron a estas últimas como una raza esencialmente distinta y no simplemente como una comunidad religiosa diferente. De aquí que la hospitalidad sólo fue concedida a los judíos bajo condiciones especiales. Es interesante observar en conexión con esto que en cada caso donde un Estado europeo era débil y financieramente empobrecido, las restricciones impuestas sobre los judíos fueron enormemente relajadas y finalmente revocadas. La preponderancia numérica de los judíos en Europa del Este —que se ha convertido en la reserva de la Judería en los tiempos modernos— es en gran medida atribuíble a la debilidad política y financiera del antiguo reino de Polonia.

     «La apertura de la llamada "Era moderna" pareció sin embargo anunciar un período de paz y descanso permanentes para el judío errante hasta entonces inquieto. Aquella fue la época de la Ilustración, del liberalismo, de la creencia en los ideales del progreso y de los derechos del Hombre. En conformidad con los principios de moda en esa época, los judíos se diferenciaban sólo por su religión de los otros ciudadanos y, como tales, disfrutaron de igualdad junto con los adherentes de otros organismos religiosos. Ellos ya no fueron considerados como pertenecientes a una raza diferente, o, en otras palabras, como forasteros. La diferenciación sobre razones étnicas entre los judíos y la población nativa fue en principio abolida por la Revolución francesa, y a este principio se adhirieron igualmente la legislación y la costumbre social de las décadas siguientes.

     «El siglo XIX fue de esta manera dominado por el principio de la emancipación y la asimilación de los judíos».

     Antes del siglo XX los judíos buscaron, y finalmente consiguieron, igualdad de derechos y aceptación social, al menos oficialmente, dentro de sus sociedades anfitrionas, a menudo después de soportar hostilidad, desprecio y sospecha. Las ideas judeo-masónicas de "igualdad", "libertad" y "fraternidad" finalmente prevalecieron en Occidente, y en gran parte sustituyeron a las ideas racialistas o nacionalistas de la organización política. El liberalismo inspirado por los judíos (léase: comunismo) erosionó y finalmente destruyó la concepción natural del nacionalismo racial, sobre todo después de la derrota de la Alemania Nacionalsocialista en la campaña de destrucción fratricida y genocida instigada por los judíos comúnmente conocida como la Segunda Guerra Mundial.

     Como señaló el doctor Wiebe, la actitud política predominante a lo largo del siglo XIX fue la que dio legitimidad a la noción de que el judío era de hecho un miembro de la sociedad europea occidental, aunque como miembro de una minoría religiosa. A consecuencia de la aceptación política y social del judío, al menos en círculos oficiales y de la élite, él ganó prominencia en varios sectores de la sociedad occidental, en particular en la banca y en el préstamo de dinero, en la política, el comercio, las finanzas, los medios de comunicación y la academia.

     Con el ascenso del capitalismo judío internacional, que iba desde las explotadoras aventuras imperialistas financiadas por los banqueros judíos de Londres y otras principales ciudades europeas, aventuras que comenzaron a finales del siglo XV, hasta la forma plutocrática del capitalismo financiero internacional judío y el corporativismo que siguió a la Revolución Industrial, institucionalizada a una escala global hoy en día, comenzó la sistemática subversión económica de la sociedad occidental. Los judíos han sido históricamente destacados en el préstamo de dinero, el intercambio y el comercio, y establecieron oficialmente su estafa de la usura global con la fundación del Banco de Inglaterra en 1694. El sindicato criminal internacional judío ahora esencialmente tenía un monopolio sobre la práctica de la banca central privada e institucionalizó su ilegítima práctica de la usura y la esclavitud por deudas tanto a una escala nacional como internacional.

     El sistema económico estadounidense fue completamente subvertido después del establecimiento del cártel privado bancario judío comúnmente conocido como el Sistema de la Reserva Federal en 1913. El dominio del explotador y plutocrático capitalismo judío internacional fue así asegurado, y Estados Unidos se ha vuelto un esclavo económico de los parasitarios banqueros y financieros judíos desde entonces. El ilegítimo e inmoral impuesto federal sobre la renta fue institucionalizado poco después de establecimiento del privado banco central judío llamado la Reserva Federal. Quizá no es ninguna sorpresa que la Liga Anti-Difamación, que esencialmente sirve como el brazo de relaciones públicas de la Judería internacional, que demoniza y acosa a cualquiera y a todo el que hable claro contra esta banda internacional de criminales y su agenda, fuera establecida también en 1913.


     Aproximadamente cuatro años después del establecimiento del Banco de la Reserva Federal, que posee un monopolio sobre la práctica de imprimir dinero y prestarlo a interés al Gobierno estadounidense, EE.UU. entró en la Primera Guerra Mundial como un aliado de Gran Bretaña en su lucha contra los alemanes en el continente y en el mar. Oficialmente, Estados Unidos entró en la 1ªGM el 6 de Abril de 1917. Sin embargo, detrás del escenario, los intereses financieros y políticos de los judíos internacionales estaban manipulando tanto a Estados Unidos como al Reino Unido para hacer progresar su propia agenda. Los alemanes esencialmente habían ganado la guerra contra el continente, y estaban ofreciendo los términos de paz a los británicos y franceses. Benjamin Freedman, un hombre judío con conexiones con muchos de los individuos que funcionaban entre bastidores en ese tiempo, dijo lo siguiente sobre las maquinaciones de los diversos intrigantes judíos y sionistas antes del ingreso estadounidense en la 1ªGM durante un discurso que él dio en Washington DC en 1947:

     «De este modo, Alemania le ofreció a Inglaterra un Tratado de Paz. ¡A ellos se les ofreció un Tratado de Paz dos veces! Aquél estaba en el escritorio del Gabinete de Guerra británico, listo para ser firmado. Necesitaba sólo una firma. ¿Y qué ocurrió? Los judíos jázaros en Nueva York y Washington, conducidos por Brandeis, hicieron esta promesa por medio de Fleischman Sockloff en Londres. Ellos fueron al Gabinete de Guerra británico y dijeron: "Ustedes no tienen que hacer la paz, lo que equivale a rendirse. Podemos mostrarles cómo ustedes pueden ganar la guerra, si, cuando derroten a Alemania y repartan el Imperio otomano (o Turquía), ustedes nos dan Palestina. Y ellos hicieron aquel trato. Está todo escrito. No es que yo lo diga, o que otra gente lo diga. Los sionistas, en los libros que ellos han escrito, cuentan toda esta historia, cómo ellos consiguieron la promesa de Palestina, tras prometer usar su influencia para involucrar a EE.UU. en la guerra. Así es cómo ellos se van a dar vuelta contra Estados Unidos; del mismo modo en que ellos se volvieron contra Alemania, después de todo lo que Alemania hizo por ellos, desde 1822. Ellos hicieron el trato de llevar a Estados Unidos a la guerra, lo que significaba la derrota segura para Alemania, que era triunfante entonces; ofreciendo una paz que era equivalente a rendirse.

     «De este modo, cuando aquella oferta fue hecha, los sionistas en Londres fueron al Gabinete de Guerra británico, según sus propios libros, su propio registro, en el Museo Británico. Puse en circulación miles de copias de este memorándum de 12 páginas escrito por el hombre que lo negoció. Cuando Londres fue bombardeado en 1945, él pensó que moriría. Y escribió esto a máquina, esta historia verdadera, y la entregó al Museo Británico para la posteridad. Esto está disponible. Cualquiera puede tener una copia de ella. Envié miles, tal vez decenas de miles de copias de ella.

     «Ahora, Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial. ¿Cómo fue que entró? Ellos no sabían cómo involucrarnos, porque los alemanes se echaron hacia atrás. Éstos dijeron: "¡No vamos a hacer nada en tierra, en el mar o en el aire, para provocar o justificar una declaración de guerra de Estados Unidos, porque seríamos derrotados! ¡Ahora, hemos ganado la guerra!". Lo cual efectivamente habían hecho. Los ejércitos rusos estaban en retirada; en Francia, el ejército se había rebelado, y no lucharía. Ya no quedaba resistencia por parte de los Aliados. De este modo, ¿qué sucedió?.

     «Ellos fueron a Gran Bretaña, e hicieron esta oferta; Gran Bretaña la aceptó. Entonces surge la pregunta: ¿Cómo involucrar a EE.UU. en la guerra? Ellos no podían hacernos participar si los alemanes no nos provocaban o no nos daban una justificación. De modo que ¿qué hicieron ellos? Se envió un mensaje a Washington de que el S.S. Sussex, un barco que iba de Dover a Calais, había sido torpedeado en el Canal y que 38 estadounidenses habían perdido sus vidas.

     «Sobre la base del torpedeo y la pérdida de 38 vidas de nuestros conciudadanos, el Congreso declaró la guerra contra Alemania. Ahora, después de que los 4 millones de hombres que el general Pershing había estado ejercitando estaban en camino, algunos de ellos lucharon en Europa. Un miembro del Parlamento y otros, que no pudieron soportarlo ya por más tiempo, salieron con el secreto de que el Sussex no fue hundido y ninguna vida de estadounidenses se perdió. ¡Y ya nosotros estábamos en la guerra! Ahora, así es cómo los judíos nos metieron en la Primera Guerra Mundial, y todo aquello comenzó porque Wilson fue elegido. Teníamos una deuda pública de mil millones de dólares. Y desde entonces ella ha aumentado. Me parece que ahora es de 465.000 millones, después de las guerras que hemos estado teniendo; de manera que así es cómo los judíos nos metieron en dicha guerra mundial».

     La Primera Guerra Mundial resultó ser una guerra terriblemente destructiva y fratricida, con millones de hombres, mujeres y niños europeos que experimentaron una horrenda muerte y la miseria. Después de que millones de soldados rusos lucharon y murieron en la 1ªGM, un grupo de psicopáticos y despiadados revolucionarios judíos —financiados por una conspiración criminal de banqueros judíos internacionales en Londres, Nueva York y Alemania— lanzó lo que equivalió a una destrucción total de la Rusia zarista y todo lo que ella apoyaba. El Zar y su familia fueron brutalmente asesinados, junto con todas las facciones leales de la élite rusa. Los individuos que no se alinearon con la agenda comunista bolchevique fueron purgados, muy a menudo detenidos, torturados y ejecutados o enviados a campos de trabajo esclavo. La guerra civil estalló, azuzando a los judíos comunistas bolcheviques y sus aliados contra el Ejército Blanco, que representaba a los rusos de mentalidad nacionalista, ucranianos y otros pueblos de Europa del Este. Los carniceros bolcheviques judíos finalmente prevalecieron, y de ello siguió muerte, destrucción y caos. Millones de personas europeas cristianas Blancas fueron asesinadas, muchos de las maneras más depravadas y demoníacas imaginables.

     En 1919, una colección de informes de la Inteligencia británica desde Rusia conocida como el informe Rusia Nº 1 describió de manera segura la naturaleza del comunismo bolchevique internacional y su objetivo final. Sir M. Findlay, un testigo ocular del terror bolchevique desatado sobre la población rusa, advirtió proféticamente a sus parientes en el Gobierno británico lo que estaba sucediendo exactamente en la Rusia de entonces, y la amenaza que esto representaba para la civilización occidental:

     «El informe anterior indicará la naturaleza extremadamente crítica de la actual situación. El peligro es tan grande ahora que siento que es mi deber llamar la atención de los británicos y de todos los otros Gobiernos hacia el hecho de que si no se pone un final al bolchevismo en Rusia, sin tardanza la civilización del mundo entero se verá amenazada. (...)

     «Considero que la supresión inmediata del bolchevismo es el mayor asunto ahora ante el mundo, ni siquiera excluyendo la guerra que todavía se está librando, y, a menos que, como se declaró, el bolchevismo sea cortado de raíz inmediatamente, está obligado a extenderse en una forma u otra sobre Europa y el mundo entero, ya que está organizado y manejado por judíos que no tienen ninguna nacionalidad, y cuyo único objetivo es destruír para sus propios fines el orden existente de cosas».

     El ex-Primer Ministro británico Winston Churchill, escribiendo en la edición del 8 de Febrero de 1920 del Illustrated Sunday Herald, opinaba que los "Judíos Internacionales" habían producido "otro sistema de moral y filosofía, tan malévolo como el cristianismo era benévolo, que, si no es detenido, romperá irreparablemente todo lo que el cristianismo ha hecho posible", y siguió describiendo a los líderes del bolchevismo internacional:

     «La mayoría, si no todos, de ellos han abandonado la fe de sus antepasados, y han divorciado de sus mentes todas las esperanzas espirituales de la otra vida. Este movimiento entre los judíos no es nuevo. Desde los días de Spartacus-Weishaupt hasta los de Karl Marx, pasando por Trotsky (Rusia), Bela Kun (Hungría), Rosa Luxemburgo (Alemania) y Emma Goldman (Estados Unidos), esta conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización y para la reconstitución de la sociedad sobre la base del desarrollo detenido, de envidiosa malevolencia e igualdad imposible, ha estado creciendo constantemente. Dicho movimiento ha jugado, como una escritora moderna, la señora Webster, lo ha mostrado tan hábilmente, una parte definitivamente reconocible en la tragedia de la Revolución francesa. Ha sido la principal causa de cada movimiento subversivo durante el siglo XIX; y ahora finalmente esta banda de personalidades extraordinarias del submundo de las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos ha agarrado al pueblo ruso por sus cabellos y se ha convertido prácticamente en el amo indiscutible de aquel enorme Imperio».


     Muy irónicamente, Churchill ayudaría más tarde a lo que él describió en 1920 como "una conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización" cuando él condujo el esfuerzo de guerra británico contra la Alemania nacionalsocialista, que incluyó la campaña de bombardeo de ciudades alemanas y sitios industriales, terminando o destruyendo las vidas de millones de civiles alemanes en la manera más horrorosa.

     El comunismo internacional y su forma radical y violenta que destruyó Rusia y gran parte de Europa del Este conocido como bolchevismo, es esencialmente la manifestación política y económica del Talmud judío. En efecto, el influyente rabino estadounidense y líder del sionismo internacional Stephen Wise dijo en respuesta a la investigación de un reportero acerca de la naturaleza del comunismo en 1935: "Algunos lo llaman Comunismo; yo lo llamo Judaísmo". No puede haber duda de que el comunismo internacional era y sigue siendo un movimiento político judío radical orientado al derrocamiento de la civilización occidental, y, en última instancia, a la erradicación de la raza blanca y la conciencia nacional.

     La Revolución rusa, como es comúnmente conocida, fue de hecho una revolución bolchevique judía contra el establecimiento político, militar y cultural, en gran parte cristiano y de mentalidad nacionalista, en Rusia y otras partes de Europa del Este. Millones de cristianos de raza blanca rusos, polacos, húngaros, ucranianos y de otros pueblos de Europa del Este fueron brutalmente torturados, asesinados y de otras maneras oprimidos por bolcheviques judíos y su policía secreta. Una vez que los judíos bolcheviques internacionales se aseguraron el control del Estado ruso y fundaron la Unión Soviética, sus actividades revolucionarias a nivel mundial, incluído el espionaje, la infiltración y la subversión (política y cultural), se hicieron mucho más organizadas y sistemáticas en su naturaleza. Las naciones occidentales fueron puestas en la mira para la subversión y la infiltración, y los movimientos comunistas, las organizaciones de fachada y los espías alrededor del mundo fueron activamente animados y dirigidos desde Moscú.

     Comenzando a principios de los años '30, el gobierno federal de Estados Unidos fue infiltrado en los niveles más altos por agentes comunistas soviéticos y otros "compañeros de viaje". M. Stanton Evans y Herbert Romerstein en su imprescindible libro Los Agentes Secretos de Stalin: La Subversión del Gobierno de Roosevelt, documenta y detalla en extenso la infiltración y subversión del Gobierno federal de Estados Unidos y otros aspectos de la sociedad, incluyendo los medios noticiosos predominantes, la academia, los sindicatos y otras organizaciones, por una amplia variedad de simpatizantes comunistas pro-soviéticos y agentes derechamente soviéticos, incluyendo figuras notables como Harry Dexter White (Ministerio de Economía), Alger Hiss (Ministerio de Asuntos Exteriores), Harry Hopkins (Casa Blanca) y Lauchlin Currie (Casa Blanca). David Martin ha escrito una excelente reseña del libro de Evans y Romerstein que recomiendo altamente.

     En breves palabras, los agentes de la conspiración talmúdica internacional para derrocar la civilización occidental —la conspiración comunista internacional— esencialmente se habían apoderado del Gobierno federal de Estados Unidos bajo el Presidente Franklin D. Roosevelt, quien en mi opinión puede haber sido un comunista él mismo dadas sus acciones y declaraciones.  

     Los agentes soviéticos actuaron en los niveles más altos del Gobierno federal de Estados Unidos, formulando la política, involucrándose en espionaje, y por otro lado implementando la agenda comunista internacional a petición de Moscú y en perjuicio de los intereses nacionales estadounidenses. Evans y Romerstein resumen este período de la Historia en el capítulo final de su libro (págs. 254-255):

     «Antes que nada, ya no puede haber ningún cuestionamiento serio, al menos entre gente seria, de que la penetración comunista y pro-soviética del Gobierno estadounidense fue extensa, involucrando a muchos cientos de sospechosos, y que hacia la época de la Segunda Guerra Mundial y las etapas tempranas de la Guerra Fría alcanzó niveles significativos. La documentación ahora disponible con respecto a esto es enorme.

     «Segundo, los infiltrados en numerosos casos fueron capaces de ejercer un importante impulso en la política estadounidense en el extranjero en los años de guerra y de la temprana Guerra Fría. Esto fue conseguido mediante agentes pro-soviéticos que controlaban de diversas maneras el flujo de información oficial, que trataron de influír en sus superiores a favor de causas pro-rojas, o en algunos casos realmente tomaron decisiones claves o las orientaron. Mediante tal poder, gente como Lauchlin Currie, Harry White y Solomon Adler (o, en Gran Bretaña, el comunista James Klugman) fue capaz de conducir las políticas de Occidente a favor de intereses pro-comunistas.

     «Tercero, la penetración pro-roja y el resultante daño de la política ocurrieron porque los agentes soviéticos se aprovecharon de la credulidad de funcionarios que eran ignorantes de los métodos comunistas y aparentemente no tenían ningún interés en conocerlos. Un destacado hecho que puede comprobarse en el registro es el grado hasta el cual sofisticados agentes soviéticos se apegaban a ingenuos funcionarios estadounidenses que eran muy susceptibles a la desinformación. Los casos clásicos fueron White con Henry Morgenthau en la Tesorería, y Alger Hiss con Stettinius en el departamento de Estado, pero hubo muchas parejas similares en otras partes durante el curso de la lucha de la Guerra Fría.

     «El efecto neto de estos factores convergentes fue una serie de marchas atrás del mundo libre, en tanto las fuerzas pro-comunistas triunfaban en diversos países europeos durante las primeras etapas de la Guerra Fría, seguido de la caída de China ante el comunismo unos años más tarde. Estos acontecimientos serían un preludio a las conquistas marxistas en otras partes, en sitios tan dispares como Indochina, los Estados iberoamericanos de Cuba y Nicaragua, las naciones africanas, incluyendo Zimbabwe y Angola, y numerosos otros casos de naturaleza parecida.

     «Es significativo que estas victorias pro-rojas fueran por lo general conseguidas no por ejércitos convencionales marchando a través de fronteras nacionales sino por las acciones de elementos subversivos dentro de las naciones puestas en la mira, incitados y ayudados por las potencias comunistas exteriores y con la ayuda frecuente de fuerzas en Estados Unidos u otras naciones occidentales».

     Después de la Primera Guerra Mundial y del descaradamente injusto Tratado de Versalles, que fue en gran parte dictado por banqueros, diplomáticos y expertos judíos internacionales, un cabo del Ejército alemán, Adolf Hitler, comenzó su carrera política. Después de afiliarse al Partido de los Trabajadores Alemanes, más tarde Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP), Hitler dedicó su vida a rectificar las injusticias y la traición cometida contra la nación alemana al final de la 1ªGM, y a revitalizar al pueblo alemán. Adolf Hitler y el NSDAP lucharon durante años en la arena política, a menudo combatiendo a los subversivos comunistas y venciendo la represión estatal oficial, antes de llegar al poder finalmente en 1933. Al ser el NSDAP un movimiento político anti-usura, anti-globalista, abiertamente anti-judío y nacionalista, la Judería internacional inmediatamente declaró la guerra contra Alemania.

     La prensa occidental controlada por los judíos comenzó una implacable campaña de propaganda contra la Alemania de Adolf Hitler, que prosigue hasta este mismo día. Después de llegar al poder por medio de canales políticos legítimos, Hitler y el NSDAP procuraron reconstruír y revitalizar a la nación alemana, mientras diplomáticamente procuraban rectificaciones del injusto Tratado de Versalles. Millones de alemanes en Prusia del Este, Checoslovaquia, el Rhineland y otras partes de Europa, estaban bajo ocupación o dominación extranjera, y estaban siendo suprimidos cada vez más, a menudo por la violencia física, una situación insostenible por decir lo menos. En Enero de 1939 el conde Jerzy Potocki, embajador polaco ante Estados Unidos, describió el papel de la prensa judía en EE.UU. durante la preparación de la 2ªGM de esta manera:

     «Sobre todo, la propaganda aquí está completamente en manos judías... Cuando se tiene en cuenta la ignorancia pública, su propaganda es tan eficaz que la gente no tiene ningún real conocimiento de la verdadera situación en Europa... Es interesante observar que en esta campaña cuidadosamente estudiada... no se hace ninguna referencia en absoluto a la Rusia soviética. Si aquel país es mencionado, es sólo en una manera amistosa, y a la gente se le da la impresión de que la Rusia soviética es parte del grupo democrático de países... La judería fue capaz no sólo de establecer un peligroso centro en el Nuevo Mundo para la diseminación del odio y la enemistad, sino que también tuvo éxito en dividir al mundo en dos campos bélicos... Al Presidente Roosevelt se le ha dado el poder... para crear inmensas reservas de armamentos para una futura guerra hacia la cual los judíos se dirigen deliberadamente».

     Los escritores y propagandistas judíos tanto en Occidente como en la Unión Soviética pidieron abiertamente la aniquilación total de la nación alemana antes y durante la Segunda Guerra Mundial. El escritor judío Theodore Kaufman, un propagandista engañoso y psicopático que residía en Estados Unidos, escribió el panfleto Alemania Debe Perecer [Germany Must Perish] en 1941, pidiendo descaradamente la destrucción y el genocidio del pueblo alemán. Kaufman, que [psicológicamente] proyectó los objetivos (de dominación mundial) de su propia tribu sobre los alemanes, escribió en parte:

     «Esta vez Alemania ha forzado una GUERRA TOTAL sobre el mundo. Como resultado, ella debe estar lista para recibir un CASTIGO TOTAL. Y existe un, y sólo uno, Castigo Total: ¡Alemania debe perecer para siempre! ¡En los hechos, no en la imaginación! (...)

     «El objetivo de la dominación mundial debe ser quitado del alcance de los alemanes, y el único modo de llevar a cabo aquello es remover del mundo a los alemanes. (...)

     «Queda entonces sólo una manera de librar al mundo para siempre del Germanismo, y ésta consiste en detener la fuente de la cual surgen aquellas almas deseosas de guerra, impidiendo para siempre a la gente de Alemania reproducir nuevamente su tipo».

     Quizás aún más descaradamente, el propagandista soviético Ilya Ehrenburg, un judío bolchevique radical, abiertamente animó al Ejército Rojo a asesinar alemanes, tanto soldados como civiles:

     «Los alemanes no son seres humanos... Si usted no ha matado al menos un alemán por día, usted ha desperdiciado ese día... Si usted no puede matar a su alemán con una bala, mátelo con su bayoneta... No hay nada más divertido para nosotros que un montón de cadáveres alemanes.

     «No cuente los días... Cuente sólo el número de alemanes muertos por usted. Mate al alemán: ésa es la petición de su abuela. Mate al alemán: ése es el rezo de su hijo. Mate al alemán: ésa es la fuerte petición de su patria. No falle. No lo deje pasar. Mate... Mate. ¡Hombres del Ejército Rojo, maten! Ningún fascista es inocente, esté él vivo o todavía por nacer».

     La Alemania Nacionalsocialista fue completamente destruída por orden de los capitalistas y propagandistas judíos plutocráticos de Occidente, y de sus aliados comunistas judíos en la Unión Soviética durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Como Thomas Goodrich, autor de Hellstorm: The Death of the Nazi Germany, 1944-1947, ha demostrado tan hábilmente, la nación y el pueblo alemanes fueron totalmente aniquilados durante la 2ªGM y después. Los aliados occidentales lanzaron lo que equivalió a una campaña genocida de bombardeo aéreo de ciudades alemanas y centros industriales durante la guerra, mientras el Ejército Rojo violó, asesinó y saqueó al pueblo alemán y su propiedad en Prusia y otras partes de Europa del Este, y en su orgía destructiva en Berlín hacia el final de la guerra. Los barcos de transporte de civiles alemanes fueron atacados y hundidos, provocando la muerte de incontables mujeres y niños alemanes. Después de la guerra, millones de prisioneros de guerra y civiles alemanes sufrieron muertes horrendas a manos de las fuerzas de ocupación estadounidenses, británicas y francesas, y millones más fueron desarraigados de sus patrias ancestrales en Prusia, Silesia y otras partes de Europa del Este.

     El complot comunista internacional para derrocar la civilización occidental estuvo en gran parte completo después de la derrota de la Alemania nacionalsocialista de Adolf Hitler. En una palabra, la 2ªGM equivalió a una derrota total del nacionalismo, y a un triunfo del comunismo internacional. Los soviéticos y los sionistas (léase: los judíos) tenían agentes en todas las posiciones claves de influencia en la sociedad estadounidense, e incluso en la británica —en la prensa, el Gobierno, la academia, los negocios, etc.—, remontándose todo a principios de los años '30, y el último obstáculo restante para la tiránica agenda global de la Judería internacional de dominación mundial fue destruído.

     Después de la 2ªGM las organizaciones terroristas de los sionistas internacionales comenzaron una campaña de violencia y genocidio en Palestina, que culminó en el establecimiento del ilegítimo Estado canalla de "Israel", que ha servido como el cuartel central de la Judería internacional y que ha resultado ser "un asilo para sinvergüenzas condenados y una universidad para ladrones en ciernes", como Adolf Hitler elocuentemente lo predijo en Mein Kampf. Durante los últimos 20 años al menos, "Israel" y sus agentes han controlado abiertamente la política, los medios de comunicación, la banca y otros sectores importantes de la sociedad occidental, permitiendo a una mafia judía internacional detrás del misterioso "Nuevo Orden Mundial" del que escuchamos tanto de parte de payasos como Alex Jones, involucrarse en el terrorismo de falsa bandera y en la organización de otros acontecimientos para llevar adelante su tiránica agenda de dominación y subyugación mundial.

     Prácticamente toda la oposición al sionismo y el comunismo internacionales, a la agenda de "Israel" en Oriente Medio, y a la agenda global total de los banqueros internacionales de Londres y Nueva York, fue liquidada en Occidente a lo largo del siglo XX. Una campaña sistemática para eliminar físicamente o condenar al ostracismo social y desacreditar a la oposición estadounidense al sionismo y a la agenda judía internacional ha sido completamente evidente ya desde la administración de Roosevelt. Elizabeth Dilling, Charles Lindbergh, y otros estadounidenses nacionalistas y patrióticos asociados con el America First Committee y otras organizaciones anti-comunistas y pacifistas, fueron sometidos a acosos, detenciones, difamación y otras formas de violencia física y psicológica antes y durante la Segunda Guerra Mundial. El general George Patton y el antiguo ministro de Defensa James Forrestal sufrieron muertes misteriosas después de expresar su oposición al sionismo y a la agenda judía en Oriente Medio. Hay amplia evidencia de que ambos estadounidenses patrióticos fueron de hecho asesinados.

     Otros ejemplos de estadounidenses patrióticos físicamente eliminados o socialmente marginados y desacreditados incluyen al antiguo senador Joseph McCarthy, quien investigó y expuso la masiva infiltración soviética del Gobierno y la sociedad estadounidenses ya descrita; al Presidente John F. Kennedy, que habló de una "conspiración monolítica y despiadada" internacional que utiliza la infiltración, la subversión y la intimidación para fomentar su tiránica agenda, antes de que él fuera asesinado por elementos del Mossad y la CIA; y George Lincoln Rockwell, el fundador del American Nazi Party. Ezra Pound es también otro ejemplo. Ejemplos más recientes de estadounidenses asesinados o purgados de la política o debilitados en su influencia incluyen al antiguo senador Paul Wellstone, y a los ex-congresistas Cynthia McKinney y James Traficant, por nombrar sólo unos pocos.

     Después de la Segunda Guerra Mundial, el asalto cultural sobre la civilización occidental se intensificó. La Rusia zarista y la Alemania nacionalsocialista tuvieron que ser destruídas físicamente, y las naciones occidentales serían destruídas mediante infiltración y subversión, políticamente y sobre todo culturalmente. Un grupo de radicales y pervertidos "intelectuales" judíos llegó a dominar los medios predominantes de comunicación, las academias, y otros aspectos de la sociedad estadounidense, lo que ha provocado la destrucción cultural y espiritual total de Estados Unidos.

     En primer lugar, el cristianismo predominante organizado ha sido y sigue siendo un objetivo de la Judería organizada, en sus esfuerzos para derrocar la civilización occidental, y dicho cristianismo ahora sirve como un arma primordial en su arsenal, después de ser pervertido y distorsionado por intereses judíos.

     Aunque hay diversos problemas asociados con el cristianismo organizado, con la Iglesia Católica, y con la manera en la cual el cristianismo ha sido pervertido para justificar el imperialismo y el universalismo, el cristianismo de hecho ha servido como un importante contrapeso a la influencia, subversión y trapacerías judías, históricamente. El Imperio bizantino y sus políticas anti-judías son un ejemplo principal. Es claro también que el cristianismo fue organizado e institucionalizado más para objetivos políticos y como un medio de ejercer el poder político sobre diversas poblaciones, que por motivos espirituales o religiosos genuinos. Hay toda clase de problemas con la institucionalización de la fe cristiana.

     Dicho eso, con el tiempo los intereses judíos constantemente ganaron impulso dentro del cristianismo organizado para guiar a éste en una dirección que sirviera a los intereses judíos y que torciera las enseñanzas cristianas genuinas. Se ha reportado que la infame familia bancaria judía internacional de los Rothschild se hizo cargo de las finanzas de la Iglesia Católica a principios del siglo XIX, y es un hecho conocido el que los intereses judíos pro-sionistas financiaron la publicación del veterano de la Guerra Civil estadounidense Cyrus Scofield, su perversión de la Biblia del rey James [KJV, King James Version] en 1908. Charles E. Carlson, fundador de We Hold These Truths (whtt.org), resumió este acontecimiento bastante bien en un artículo titulado «La "Biblia" de Scofield Creada por los Sionistas». Él escribió en parte:

     «Los líderes sionistas mundiales iniciaron un programa para cambiar a Estados Unidos y su orientación religiosa. Uno de los instrumentos usados para llevar a cabo este objetivo fue un veterano de la Guerra Civil obscuro y maleable llamado Cyrus I. Scofield. Un instrumento mucho más grande fue una venerable casa editora europea de libros, respetada a nivel mundial, la Oxford University Press.

     «El plan era alterar la perspectiva cristiana acerca del Sionismo, creando y promoviendo una subcultura pro-sionista dentro del cristianismo. El papel de Scofield era volver a escribir la King James Version de la Biblia insertando notas al margen amistosas con los sionistas, entre versículos y capítulos, y al final de las páginas. La Oxford University Press usó a Scofield, en ese entonces un "pastor", como editor, probablemente porque necesitaba a un hombre tal como su imagen. La Biblia revisada fue llamada la Biblia de Referencia Scofield, y con una publicidad y una promoción ilimitadas, se convirtió en una Biblia éxito de ventas en Estados Unidos, y ha permanecido así durante 90 años.

     «La Biblia de Referencia Scofield no debía ser sólo otra traducción, subvirtiendo pasajes menores un poco a la vez. No. Scofield produjo un libro revolucionario que cambió radicalmente el contexto de la versión King James. Su Biblia fue diseñada para crear una subcultura alrededor de un nuevo icono de adoración, el moderno Estado de Israel, un Estado que todavía no existía pero que estaba ya en los tableros de dibujo de los comprometidos y bien financiados autores del Sionismo Mundial».

     El clavo final en el ataúd del cristianismo organizado y su subversión total por los intereses judíos llegó con las declaraciones del Concilio Vaticano Segundo, que abordó las relaciones de la Iglesia Católica con el mundo moderno. El Concilio Vaticano II fue en gran parte organizado y dictado por judíos "convertidos" al catolicismo, y resultó en una capitulación total de la Iglesia Católica frente a los intereses judíos. El Jewish Daily Forward, un periódico judío respetado y popular, publicó un artículo en Junio de 2012 con este revelador título e información:

"Conversos que Cambiaron la Iglesia.
Clérigo Nacidos como Judíos 
Impulsan las Reformas del Vaticano II"...

     «Hace cincuenta años este otoño, los obispos católicos se reunieron en Roma para un concilio que pondría a la Iglesia al día haciéndola hablar más directamente al mundo moderno. Después de tres años de deliberación, los obispos votaron a favor y aceptaron declaraciones que permitían a los fieles asistir a misa en sus propias lenguas, los animaban a la lectura de las Escrituras, y que les pedían a los católicos que pensaran en las otras religiones como fuentes de verdad y gracia. El concilio se refirió a la Iglesia como "pueblo de Dios" y sugirió un ordenamiento más democrático de las relaciones entre los obispos y el Papa. También aprobó una declaración sobre las religiones no-cristianas, conocida por su título latino de Nostra Aetate ("En Nuestros Tiempos"). La cuarta parte de esta declaración, una declaración acerca de los judíos, demostró ser la más polémica, varias veces casi fallando debido a la oposición de obispos conservadores.

     «Nostra Aetate confirmó que Cristo, su madre y los apóstoles eran judíos, y que la Iglesia tenía su origen en el Antiguo Testamento. Negaba que los judíos pudieran ser considerados colectivamente responsables de la muerte de Jesucristo, y desacreditó todas las formas de odio, incluído el anti-judaísmo. Citando la Carta de Pablo a los romanos, Nostra Aetate calificó a los judíos como "los más queridos" por Dios [Romanos 9:25 y 11:28 se refieren a los israelitas, no a los judíos]. Estas palabras parecen de sentido común hoy, pero ellas iniciaron una revolución en la enseñanza católica.

     «A pesar de la oposición desde dentro de sus filas, los obispos sabían que ellos no podían permanecer callados con respecto a los judíos. Cuando el documento se empantanó en Mayo de 1965, uno de ellos explicó por qué ellos deben seguir adelante: «El contexto histórico: 6 millones de judíos muertos. Si el concilio, que está teniendo lugar 20 años después de esos hechos, permanece silencioso sobre ellos, entonces esto evocaría inevitablemente la reacción expresada por Hochhuth en su drama "El Vicario"». Este obispo se estaba refiriendo a la descripción que el dramaturgo alemán Rolf Hochhuth hizo de un silencioso e insensible Pío XII ante el "Holocausto". Ésa ya no era la Iglesia en la que estos obispos querían vivir.

     «El problema era que ellos no habían poseído ningún lenguaje propio con el cual romper el silencio. Más que la mayoría de las disciplinas académicas, la Teología es una maraña compleja con cada una de sus ramas custodiada por una camarilla irritable de expertos. Aquellos que deseaban comprender las complejidades de las relaciones de la Iglesia con los judíos tenían que estudiar escatología, soteriología, patrística, el Viejo y el Nuevo Testamento, y la historia de la Iglesia a través de todos sus períodos. De esta manera, los obispos se encontraron confiando en grupos diminutos de expertos que se habían preocupado bastante de acumular las inusuales calificaciones intelectuales para esta tarea.

     «Como descubrí mientras investigaba mi libro recientemente publicado, "From Enemy to Brother: The Revolution in Catholic Teaching on the Jews, 1933-1965" [de John Connelly, 2012], estos expertos no comenzaron su trabajo en los años '60. Desde puestos de avanzada en Austria y Suiza, varios habían tratado de formular argumentos católicos contra el anti-semitismo bajo la sombra del Nacionalsocialismo tres décadas antes. Ellos eran tan poco representativos del catolicismo como uno pueda imaginar. No sólo eran ellos, europeos Centrales, lo bastante valientes para resistir a Hitler cuando ello significaba algo, sino que ellos en su mayoría no habían nacido católicos. Los católicos que ayudaron a llevar a la Iglesia al reconocimiento de la continua santidad del pueblo judío eran conversos, muchos de ellos de familias judías».

     En tiempos modernos, los judíos celebran abiertamente la destrucción racial y cultural de Europa y Estados Unidos, mientras aquellos países continúan siendo inundados por invasores de color, provocándose una pérdida de identidad y espíritu nacionales. Ynetnews, un destacado medio noticioso israelí, publicó un artículo en Noviembre de 2012 con el siguiente titular, que demuestra el odio innato que los judíos tienen hacia los no-judíos, especialmente hacia los pueblos europeos Blancos:

Islamización de Europa, una Buena Cosa

     «El rabino Baruch Efrati cree que los judíos deberían "alegrarse del hecho de que Europa esté pagando por lo que nos hizo durante cientos de años, perdiendo su identidad". Él elogia al Islam por promover la modestia y el respeto por Dios...

     «En la medida en que crecen las preocupaciones con respecto al creciente número de musulmanes en Europa, parece que nadie está preocupado por el asunto, incluyendo a un rabino israelí que incluso da la bienvenida al fenómeno.

     «El rabino Baruch Efrati, jefe de una yeshiva [escuela de estudios talmúdicos] y rabino comunitario en el asentamiento de Efrat en la Cisjordania [Palestina], cree que la islamización de Europa es realmente una buena cosa. (...)

     «Efrati escribió como respuesta que la islamización de Europa era mejor que una Europa cristiana por motivos éticos y teológicos, como un castigo contra los cristianos por perseguir a los judíos, y por el hecho de que el cristianismo, a diferencia del Islam, es considerado como una "idolatría" desde un punto de vista legalista talmúdico.

     «"Los judíos deberían alegrarse del hecho de que la Europa cristiana esté perdiendo su identidad como un castigo por lo que nos hizo durante los cientos de años que estuvimos en el exilio allí", explicó el rabino como la razón ética para favorecer a los musulmanes, citando descripciones espantosas de la literatura Rishonim (escrita por rabinos principales que vivieron durante los siglos XI al XV) sobre pogroms y asesinatos de masas cometidos por cristianos contra judíos.

     «"Nunca perdonaremos a los cristianos de Europa por matar a millones de nuestros niños, mujeres y ancianos... No sólo en el "Holocausto" reciente sino a través de las generaciones, en una manera sistemática que caracteriza a todas las facciones del cristianismo hipócrita...

     «"Ahora, Europa está perdiendo su identidad a favor de otra gente y otra religión, y no quedará ningún remanente ni sobreviviente de la impureza del cristianismo, que derramó tanta sangre que no será capaz de expiar"».

     Es un hecho bastante conocido, aunque no mencionado, el que los judíos controlan los medios occidentales de comunicación y también Hollywood. El Times of Israel publicó una entrada de blog en Julio de 2012 titulada "Los Judíos REALMENTE Controlan los Medios de Comunicación", y el escritor judío Joel Stein se jactó abiertamente en Los Angeles Times de que los judíos controlan Hollywood y otros aspectos de la cultura, el Gobierno y las finanzas estadounidenses. Neal Gabler, otro escritor judío, escribió An Empire of Their Own: How the Jews Invented Hollywood, que documenta el papel judío en Hollywood. A través de su control de los medios noticiosos predominantes, de Hollywood y del mundo del espectáculo, y de su influencia en la academia, la Judería internacional ha denigrado y degradado sistemáticamente la cultura y la sociedad occidentales, promoviendo la homosexualidad, la degeneración sexual, los "estilos de vida alternativos", y otros comportamientos sociales repugnantes y depravados.

     El doctor Kevin MacDonald, autor del libro "La Cultura de la Crítica: Un Análisis Evolutivo de la Participación Judía en los Movimientos Intelectuales y Políticos del Siglo Veinte", sostiene que los diversos movimientos intelectuales y políticos judíos radicales descritos con gran detalle en su libro, "son tentativas de alterar las sociedades occidentales en una manera que neutralizaría o terminaría con el anti-semitismo y mejoraría las perspectivas para la continuidad judía como grupo en una manera abierta o semi-secreta". Él prosigue:

     «Varios de estos movimientos judíos (p. ej, el cambio en la política de inmigración que favorece a pueblos no-europeos) han intentado debilitar el poder de sus detectados competidores, los pueblos europeos que a principios del siglo XX habían asumido una posición dominante no sólo en sus patrias tradicionales en Europa sino también en Estados Unidos, Canadá y Australia. En un nivel teórico, estos movimientos son vistos como el resultado de conflictos de intereses entre judíos y no-judíos en la construcción de la cultura y en diversos asuntos de política pública. En último término, estos movimientos son vistos como la expresión de una estrategia evolutiva grupal por parte de los judíos en su competencia por el dominio social, político y cultural con los no-judíos. (...)

     «Desde los años '60 una élite hostil y adversaria ha surgido para dominar el debate intelectual y político. Es una élite que casi por instinto aborrece las instituciones tradicionales de la cultura europeo-estadounidense: su religión, sus costumbres, su educación y sus actitudes sexuales».

     MacDonald sostiene que la civilización occidental esencialmente ha sido judaizada, ya que los revolucionarios líderes intelectuales y culturales judíos, incluyendo a Theodore Adorno, Sigmund Freud y muchos otros, y sus ideas, han sido "ávidamente abrazados por la gran mayoría de los intelectuales no-judíos", lo que demuestra cómo "el mundo intelectual occidental se ha judaizado: las actitudes e intereses judíos, las preferencias y las aversiones judías, ahora constituyen la cultura de Occidente, incorporada por judíos y no-judíos por igual". El doctor MacDonald continúa:

     «La judaización del Occidente no es en ninguna parte más obvia que en la veneración del "Holocausto" como el icono moral central de la civilización entera. Estos acontecimientos constituyen una transformación profunda de la tradición del individualismo crítico y científico que había formado la tradición occidental desde la época de la Ilustración. Lo que es más importante, debido a la profundamente arraigada hostilidad judía hacia la cultura occidental tradicional, la judaización de Occidente significa que a los pueblos que crearon la cultura y las tradiciones occidentales se les ha hecho sentir profundamente avergonzados de su propia historia, ciertamente el preludio a su desaparición como cultura y como pueblo».

     Otra importante característica del asalto intelectual y cultural judío radical sobre la civilización occidental destacada por el doctor MacDonald fue el esfuerzo de la comunidad judía organizada para marginar, desacreditar y finalmente sustituír las perspectivas evolutivas humanas basadas en lo racial y lo biológico por concepciones marxistas y "anti-racistas" del desarrollo humano, que enfatizaron falsamente que la inteligencia y el potencial humano no tenían nada que ver con la raza o la genética. Esto completó la destrucción total de las ideas racialistas o nacionalistas de la organización y el pensamiento políticos, y en gran parte afectó las desastrosas políticas de inmigración conducidas por los judíos y adoptadas por Estados Unidos en 1965. El activista judío Earl Raab expresó la agenda judía en la promoción de la ilimitada inmigración masiva de hombres no-Blancos a Estados Unidos cuando él escribió:

     «La Oficina del Censo acaba de reportar que aproximadamente la mitad de la población estadounidense será pronto no-Blanca o no-europea. Y todos ellos serán ciudadanos estadounidenses. Hemos sobrepasado el punto donde un partido nacionalsocialista y ario sería capaz de prevalecer en este país.

     «Nosotros (los judíos) hemos estado alimentando el clima estadounidense de oposición a la intolerancia durante aproximadamente medio siglo. Aquel clima todavía no ha sido perfeccionado, pero la naturaleza heterogénea de nuestra población tiende a hacerlo irreversible, y hace nuestras restricciones constitucionales contra la intolerancia más prácticas que nunca».

     Un importante tema a lo largo del siglo XX ha sido el asalto sistemático sobre cualquier forma de organización política y cultural nacionalista o racialista, excepto la de los judíos. Nahum Goldmann, un fanático ultra-sionista y fundador del World Jewish Congress, resumió la mentalidad judía y el objetivo último del siglo XX cuando él escribió en 1915:

     «La misión histórica de nuestro tiempo es organizar una nueva cultura de la Humanidad, una que sustituirá el sistema de gobierno anterior. Esta reorganización consiste en dos elementos esenciales: la destrucción del antiguo orden y la construcción del nuevo. En primer lugar, todos los puestos fronterizos físicos, las barreras éticas y las definiciones sociales del viejo sistema deben ser eliminados y reemplazados por elementos del nuevo sistema. Así ¡la primera tarea de nuestro tiempo es la DESTRUCCIÓN! Cada estrato social y todas las formaciones sociales creadas por el viejo sistema deben ser destruídos; cada individuo tiene que ser desarraigado de sus ambientes ancestrales; ninguna tradición será considerada por más tiempo como sagrada; lo Viejo es simplemente un signo de enfermedad, y el nuevo credo es: ¡Lo que fue, debe irse!. Y aunque durante la primera fase toda la gente sea declarada como lo mismo, en la fase siguiente y final ellos tienen que ser divididos de nuevo y diferenciados, y un nuevo sistema jerárquico piramidal debe surgir».

     Otros supremacistas judíos repitieron los sentimientos satánicos de Goldmann tanto en palabras como en hechos, incluyendo a Maurice Samuels, que escribió: "Nosotros judíos, nosotros, los destructores, permaneceremos como los destructores para siempre".

     Y eso es exactamente lo que la comunidad judía organizada hizo al mundo occidental durante el siglo XX. El siglo veinte equivalió a un triunfo talmúdico total sobre la civilización occidental, para todas las intenciones y propósitos. A medida que proseguimos en el siglo XXI, y cada vez más de nuestra gente reconoce la tiránica conspiración talmúdica para derrocar y destruír la civilización occidental, un renacimiento de la conciencia nacional y una revitalización de la civilización occidental deben ser defendidos y perseguidos por todos los individuos racionales y patrióticos de la raza europea blanca.–





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