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viernes, 5 de diciembre de 2014

Richard Popkin - El Milenarismo del Siglo XVII



     El estadounidense Richard Popkin (1923-2005) fue profesor de Historia y Filosofía en diversas universidades, pero últimamente en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Fue un filósofo académico especializado en el período de la Ilustración, y un reconocido experto en el tema del milenarismo y el mesianismo en la Era moderna. Precisamente de aquello habla en el siguiente artículo (originalmente una conferencia dada en el Wolfson College de Cambridge, Inglaterra, en 1993) publicado primeramente en 1995 en un libro temático donde fueron reunidos ensayos de diversos autores en torno al tema del apocaliptismo, o acabamientos de mundo. De la traducción castellana (1998) sólo hemos suprimido sus abundantes y eruditas notas bibliográficas. Este panorama describe las vicisitudes en los años 1600 de una doctrina que se remonta a los escritos bíblicos, pero interpretados de una forma tal que ha producido todo tipo de delirios místicos (siendo ya de por sí la religión una suerte de enajenación), que presenta como uno de sus frutos hoy al contradictorio y repulsivo movimiento del sionismo cristiano, que crece principalmente en suelo Protestante.

El Milenarismo del Siglo XVII
por Richard H. Popkin



     Al término del siglo XVI y comienzos del XVII muchos pensadores religiosos, sobre todo en los países Protestantes, empezaron a sospechar que los acontecimientos que estaban ocurriendo ante sus propios ojos eran los que realmente estaban trayendo consigo el principio del Milenio, el regreso de Cristo como Mesías político y el comienzo de su reinado milenario en la Tierra, que había de ser precedido o bien seguido por el Día del Juicio, cuando se salvarían los auténticos creyentes reformados. El surgimiento de potencias políticas Protestantes en Inglaterra y en Holanda, que habían derrotado a las fuerzas católicas españolas, la victoria de Gustavo Adolfo en la Guerra de los Treinta Años, la unión de las coronas de Escocia y de Inglaterra y muchos otros hechos, fueron interpretados como señales de que Dios estaba actuando en la Historia, allanando el camino a los gloriosos acontecimientos milenarios. Varios países se consideraron como el Nuevo Israel, en el que ocurrirían los decisivos acontecimientos providenciales.

     La propia Reforma había revelado, a quienes estaban aguardando el Milenio, que el obispo de Roma era el Anticristo. Nuevas maneras de estudiar las Escrituras, aplicadas a los hechos del día, se debieron al estudio de la Biblia en hebreo y en griego, al contacto con lectores judíos y a la tradición interpretativa judía, así como a los emocionantes descubrimientos de secretos divinos en caracteres hebreos, logrados gracias al estudio de la Kábala.

     Las expectativas milenarias se habían expresado no pocas veces en el pasado. En España, Portugal e Italia, dentro del mundo católico, habían existido importantes movimientos milenaristas en los siglos XV y XVI. Lo que distinguió al milenarismo del siglo XVII de los anteriores avances fue: A) que ocurrió principalmente dentro del mundo Protestante; B) que estuvo arraigado en una nueva manera de describir los símbolos y profecías de las Escrituras, especialmente en los libros de Daniel y en el Apocalipsis, relacionándolos con personajes e instituciones históricas; y C) que consideró que los acontecimientos sociales y políticos más importantes de la época estaban íntimamente relacionados con los penúltimos pasos que se darían antes del advenimiento del Milenio y el establecimiento de la Quinta Monarquía pronosticada por Daniel, tales como la identificación y el derrocamiento del Anticristo, la reunión de todas las verdaderas Iglesias cristianas, la conversión de los judíos, la reaparición de las Tribus Perdidas, la reconstrucción del Templo de Jerusalén y el restablecimiento de los judíos en la Tierra Santa.

     Poco después de la derrota de la Armada Invencible y de las primeras victorias de las fuerzas rebeldes holandesas contra España, varios escritores religiosos empezaron a elaborar sus teorías milenaristas. El grupo incluía a sir John Napier, un escocés, a Thomas Brightman, exiliado en Holanda, a Johannes Alsted y a Joseph Mede, profesor de Cambridge. Las autoridades Protestantes de la época consideraron que la expresión milenaria era peligrosa y subversiva para la sociedad establecida (pues señalaba el inminente reemplazo del actual mundo social y político por otro totalmente distinto). Por ello, no se permitió que las obras más importantes sobre el tema fueran impresas en Inglaterra hasta el principio de la Revolución puritana. Algunas se publicaron en Holanda, donde era mucho menor el control de la prensa y donde no había un poderoso gobierno central. Pero sí se hizo un serio esfuerzo por evitar que esas obras fuesen importadas a Inglaterra. Las expresiones de opiniones milenaristas emitidas por predicadores y maestros fueron también severamente restringidas en Inglaterra hasta 1640. Algunos fueron detenidos, aprisionados y/o exiliados por sus opiniones.

     Cuando los puritanos subieron al poder en 1640, apareció toda clase de milenaristas abiertamente en la escena de Inglaterra: ranters, diggers, levellers (niveladores), etc., profetizando la llegada del Milenio, el Reino de Dios en la Tierra y la Quinta Monarquía. De pronto aparecieron, en letra impresa, libros que exponían todo esto, desde la Clavis Apocalyptica de Joseph Mede, y diversos escritos suyos hasta entonces inéditos, pasando por 666, de Francis Potter (el cual mostraba por cálculos matemáticos que el "666" que lleva en la cabeza la Bestia en el Apocalipsis era en realidad la dirección del obispo de Roma), así como las obras de Brightman, Alsted y otros.

     Mede había encontrado la respuesta a la omnipresente duda escéptica que lo rodeaba en la certidumbre que descubrió en las profecías bíblicas. Ofreció un sincronismo entre las profecías que aparecen en Daniel y las ofrecidas por el Apocalipsis, de modo que ambos libros podían interpretarse juntos en el sentido de que anunciaban futuros hechos providenciales. Con base en esto, había sostenido con gran erudición que el Milenio empezaría 1.260 años después de la caída del Imperio romano. Por tanto, todo lo que había que hacer para determinar cuándo comenzaría ese hecho decisivo era averiguar exactamente cuándo había caído Roma. En tiempos de Mede se consideraba que la caída de Roma había ocurrido alrededor de 400 d.C. Por tanto, los creyentes se convencieron de que no faltaba mucho ya para el fin de los días. De hecho, una creyente, Mary Cary, anunció que el principio del Milenio ocurriría en 1655 ó 1656.

     Tres importantes pensadores milenaristas europeos, John Dury, escocés que había estudiado en Leiden; Samuel Hartlib, alemán emigrado a Inglaterra, y Jan Amos Comenius, el exiliado jefe de los Hermanos Moravos, se reunieron en Londres en 1641 para decidir lo que debía hacerse en preparación para los grandes hechos venideros. Comenius ya estaba dedicado a revisar y a reformar el sistema educativo y a escribir nuevos libros de texto. Dury era un ministro [religioso] que se volvió activo corresponsal de Mede cuando se enteró, por boca de William Twisse, jefe de la Asamblea de Teólogos de Westminster, de la existencia del silencioso doctor Mede, que sabía cuándo terminaría el mundo actual. Dury comenzó una cruzada —que duraría su vida entera— para reunir a todas las Iglesias Protestantes formulando una armonía de confesiones. También se dedicó activamente a encontrar maneras de convertir a judíos y de unir a judíos y cristianos. Samuel Hartlib, curioso refugiado alemán, había llegado a Inglaterra poco después de 1620 y ahí intentó unir a personas de ideas afines para mejorar la enseñanza, las actividades sociales y el conocimiento del cristianismo. Tenía en la cabeza cientos de proyectos de reforma, que prepararían el escenario humano para la inminente Segunda Venida.

     Las propuestas de Comenius, Dury y Hartlib de 1641 son, en verdad, un asombroso conjunto de planes destinados a transformar la vida intelectual, religiosa, económica y social de Inglaterra en un mundo cristiano puro pre-milenario, en espera de la aparición del Mesías. Sus planes habrían parecido absolutamente ridículos si no hubiera sido por el hecho de que podían llegar al oído de quienes por entonces gobernaban Inglaterra. Cuando escasearon los fondos para algunas de sus reformas, Comenius se fue a la Europa continental y efectuó desde allí sus reformas educativas, acompañado por su profeta personal, Drabnik, quien interpretaba para él los acontecimientos cotidianos en el plano del escenario milenarista. Dury fue nombrado representante personal de la Asamblea de Teólogos, a fin de negociar la reunión de todas las Iglesias por el mundo. (Llevó consigo su autorización durante décadas, y actuó en consecuencia, predicando la reunificación con luteranos y calvinistas y otros grupos en Holanda, Alemania, Suecia, Suiza y Francia). Él y Hartlib buscaban modos de facilitar la conversión de los judíos y de llevar la cristiandad a los musulmanes y a los indios norteamericanos.

     Se habían propuesto establecer un colegio de estudios judíos en Londres para ayudarse en sus preparativos milenaristas. El colegio haría que el judaísmo fuese mejor conocido de los cristianos, y el cristianismo menos ofensivo a los judíos, y prepararía a ambos grupos para los papeles que habrían de desempeñar en el inminente Milenio. Las personas propuestas para dirigir ese colegio (para el cual Dury y Hartlib solicitaron al Parlamento que les asignara 1.000 libras anuales) serían el rabino Menasseh ben-Israel, de Ámsterdam; Adam Boreel, jefe del grupo religioso holandés los "Colegiantes", y el profesor Constantine Ravius, de Berlín. El proyectado colegio nunca se materializó, pero sí produjo una notable interacción de intelectuales judíos y cristianos dirigida, al menos por el lado cristiano, a favorecer sus perspectivas milenarias. Durante cuarenta años o más hubo una activa labor cooperativa de rabinos y teólogos holandeses e ingleses cristianos, que produjo una nueva edición de la Mishná, con puntos en las vocales hebreas, además de traducciones al castellano y al latín. Hubo una activa cooperación para tratar de construír un modelo "exacto" del Templo de Salomón, microcosmos del universo. (El modelo estuvo en exhibición junto a la sinagoga de Ámsterdam, hasta que fue llevado a Inglaterra, donde fue obsequiado a Carlos II).

     Por entonces, Inglaterra no tenía residentes judíos legales; los judíos habían sido expulsados en 1290. Holanda sí tenía comunidades judías libres, formadas principalmente por judíos españoles y portugueses, que habían sido obligados a convertirse al catolicismo en Iberia y habían encontrado la libertad religiosa en la República holandesa. Pudieron allí establecer sinagogas y escuelas, publicar libros y debatir con los cristianos acerca de la verdad de su religión. En su mayoría, se habían criado como católicos en España o Portugal. Pudieron interactuar con teólogos holandeses, y algunos, como Menasseh, llegaron a ser maestros hebreos de eruditos Protestantes holandeses.

     Entre los judíos existía una creciente convicción mesiánica de que Dios los redimiría pronto, después de sus muchas tragedias que habían culminado con la expulsión de los judíos no conversos de España en 1492, y de Portugal en 1497. Ciertos cálculos cabalísticos les hacían esperar que esta redención (en forma de aparición del Mesías judío) ocurriría en 1648. Por desdicha, lo que ocurrió fue el peor pogrom en la historia de la Europa oriental antes de Hitler.

     Cientos de miles de judíos fueron masacrados, ultrajados y robados en Polonia y Ucrania. Esto parece haber causado entre algunos judíos una reconsideración del curso de la Historia Divina, y un nuevo cálculo de cuándo ocurriría su redención: el año 1666 sería estimado crucial.

     Algunos rumores acerca de esta reconsideración parecen haber producido una de las más extrañas expresiones de la expectativa milenaria inglesa: el relato de un supuesto Consejo Judío que, según se dijo, se había reunido fuera de Budapest en 1650 para considerar si de hecho ya había venido el Mesías. Este documento pasó de mano en mano entre el círculo de Hartlib y Dury, y fue publicado en 1655. Su argumento era que los judíos se hubieran convertido entonces si se hubiesen encontrado con el cristianismo puro que existía en la Inglaterra puritana, y no con el falso y corrompido cristianismo de la Iglesia de Roma.

     Un "signo de los tiempos" más emocionante se manifestó cuando llegaron a Inglaterra rumores provenientes de los puritanos de Nueva Inglaterra, en el sentido de que los nativos de Nueva Inglaterra podían ser las Doce Tribus de Israel. Mede y su discípulo, Henry More, habían tenido una opinión muy negativa de los indígenas, y hasta llegaron a considerarlos hijos de Satanás. Dury, por su parte, estaba dispuesto a creer que los indígenas formaban una parte decisiva del drama providencial. Dury estaba preparando la introducción a un libro sobre el tema, y recordó lo que Menasseh ben-Israel le había dicho de un explorador judío portugués, que afirmaba haber encontrado en los Andes una tribu indígena que estaba celebrando un servicio religioso judío. Dury pidió más detalles a Menasseh y luego le preguntó la opinión judía acerca de la reaparición de las Tribus Perdidas. Esto movió a Menasseh a escribir su célebre obra, Esperanza de Israel, en 1650.

     La obra, escrita en castellano, pronto fue traducida al inglés por un deslumbrado milenarista, Moses Wall, y fue dedicada (por Dury) al Parlamento inglés. Menasseh, tratando cuidadosamente de moderar la emoción que Dury estaba generando acerca de los indígenas norteamericanos, había afirmado que en América del Sur parecía haberse hallado una parte de una Tribu Perdida, pero que los indígenas en su mayor parte habían llegado de Asia, cruzando un puente de tierra. Menasseh dio entonces una explicación de sus propias expectativas mesiánicas. (Un importante jesuíta portugués, Antonio de Vieira, regresó a toda prisa de Brasil, donde había estado convirtiendo indígenas, para conferenciar con Menasseh en Ámsterdam acerca del significado del informe de las Tribus Perdidas en los Andes. Luego, Vieira escribió su propia obra milenarista, La Esperanza de Portugal, en que describía sus expectativas: que los judíos pronto volverían a Portugal y se reunirían con sus hermanos conversos. Entonces, Cristo vendría a Portugal y llevaría a los judíos de allí a la Tierra Santa. Vieira fue detenido después por la Inquisición y acusado de "conspirar con un rabino". El jesuíta fue finalmente liberado y pudo reanudar sus actividades milenaristas).

     Menasseh, después del éxito de su libro Esperanza de Israel entre los milenaristas, escribió una humilde petición a Cromwell, explicándole que casi todos los acontecimientos profetizados que ocurrirían antes de la llegada del Mesías judío en realidad ya habían acontecido. El principal hecho que faltaba era la completa dispersión de los judíos por los cuatro rincones del mundo. Por lo que sabía Menasseh, el rincón que no tenía judíos era Inglaterra. Por ello, había que llamar judíos a Inglaterra antes del fin de los tiempos. Esta noticia hizo que el gobierno británico nombrara una delegación para negociar con Menasseh acerca de las condiciones del retorno de los judíos a Inglaterra. Los milenaristas estaban convencidos de que si se pudiera hacer regresar a Inglaterra a los judíos para hacerles experimentar allí el cristianismo puro del mundo puritano, no tardarían en convertirse v entonces podría comenzar el milenio. Cromwell había inaugurado el Parlamento en 1653, llamándolo el "Parlamento de los Santos", que haría surgir el Nuevo Israel en Inglaterra. Los movimientos milenaristas populares de ranters, diggers, levellers, etc., agitaban con objeto de crear los requisitos necesarios para el Milenio en una sociedad sin clases.

     Muchos de los milenaristas creían que la conversión de los judíos se realizaría en 1655-1656, por lo que no había tiempo que perder. Otro elemento que participó en eso fue la respuesta que el "doctísimo y piadoso" Joseph Mede había dado a William Twisse acerca de cómo sería la verdadera conversión de los judíos. Twisse se había preguntado si cada judío, en cualquier lugar del mundo, tendría que convertirse como preludio para el Milenio. Mede le explicó que tal vez sólo ocurriría una conversión simbólica, pero que ésta bastaría. Saulo de Tarso se había convertido, en los tiempos bíblicos, para ser el apóstol Pablo. Tal vez habría otro converso importante, quien representaría a todos los judíos. (Menasseh deliberada o inadvertidamente contribuyó a este posible plan, al nombrarse a sí mismo "agente del mundo judío" antes de irse a Inglaterra).

      Lo que parece haber sido un momento crítico para los planes de Menasseh fue la visita que hizo a Bruselas en 1654 para ver a la reina Cristina de Suecia, quien acababa de abdicar al trono. Al parecer, Cristina creía que desempeñaría un papel decisivo en el Milenio. De hecho, en su primera parada al salir de Suecia, fue a la casa de su banquero judío, Diego Teixeira, en Hamburgo. La saludó allí Juan de Prado, refugiado marrano, recién llegado de España, quien le dijo: "Salve al nuevo Mesías... pero ¡quién habría esperado que fuera una mujer!".

     Cristina volvió a aparecer en casa de Teixeira en 1666 cuando se recibió la noticia de la aparición del Mesías judío, Sabbatai Zevi. Cristina participó en la frenética danza religiosa en celebración del gran acontecimiento.

     En Bélgica, Cristina vivía al lado de la casa del secretario del príncipe de Conde, Isaac La Peyrère, importante milenarista francés. (Suponíase que La Peyrére organizaría el matrimonio de Cristina con el príncipe). La Peyrère había escrito una tremenda obra milenarista, Du Rappel des Juifs, publicada en 1643, en que esperaba que los judíos fuesen llevados de vuelta a Francia (de donde habían sido expulsados al término del siglo XIV), y que luego se convirtieran a una cristiandad judía, para después ser llevados a reconstruír la Tierra Santa por el rey de Francia, quien gobernaría el mundo con el Mesías judío, cuya llegada se esperaba ya inminentemente.

     En una obra que aún no había publicado, el Præ-Adamitæ, La Peyrère establecía un sistema radicalmente herético de interpretación bíblica en apoyo de su visión milenarista ("dirigido a todos los judíos y a todas las sinagogas del mundo, por alguien que desea ser uno de vosotros"). Menasseh, extremadamente familiarizado con lo que los milenaristas cristianos pensaban acerca de las cuestiones judías, al parecer no había oído las ideas de La Peyrère hasta su visita. El rabino corrió de regreso a Ámsterdam, donde fue a la casa de un importante milenarista holandés, Peter Serrarius, y dijo ante un grupo reunido que era inminente la llegada del Mesías. Esto movió al milenarista checo Paul Felgenhauer a publicar una obra, Buenas Noticias para los Judíos, dedicada a Menasseh. En este libro, Menasseh añadió una carta en que enumeraba a cuatro personas que estaban enteradas de que pronto estaría aquí el Mesías, además del autor del Du Rappel des Juifs. Menasseh escribió entonces su obra más mesiánica, Piedra Gloriosa, que fue ilustrada por Rembrandt, y luego se preparó a ir a Inglaterra a solicitar la readmisión de los judíos. Antes de partir se encontró en Amsterdam con La Peyrère. Éste estaba a punto de publicar allí (a expensas de Cristina) su obra más herética, el Præ-Adamitæ. Menasseh y Felgenhauer deseaban discutir con él acerca de la teoría de que hubiesen existido hombres antes de Adán. Ambos escribieron refutaciones del libro, pero Menasseh parece haber aceptado una parte del milenarismo francófilo de La Peyrère.

     En Inglaterra hubo una gran expectativa milenaria en el verano de 1655. Ciertos informes indican que toda clase de personas del gobierno, de los negocios y de las Iglesias pensaban seriamente que el "fin de los días" estaba a la mano, y vieron la llegada de Menasseh como prueba de esto. (Tal vez se considerara a Menasseh como un judío simbólico, como el "judío convertible"). En la primera noticia que tenemos de su llegada, se encontró con un milenarista monárquico galés que tenía el sorprendente nombre de Arise Evans, quien creía que el exiliado Carlos Estuardo era el Mesías o el rey que gobernaría el mundo junto con el Mesías. Evans había leído Esperanza de Israel, de Menasseh, y deseó dar su gran noticia al rabino. Contamos con un testimonio de la conversación, al parecer anotada, puesto que no hablaban un lenguaje común. Cuando Evans preguntó a Menasseh si creía que Carlos Estuardo podía ser el Mesías, el rabino dijo que no, pero pensó que acaso el rey de Suecia o, como lo ha dicho un importante francés, el rey de Francia, podían serlo. Menasseh parece haber adoptado la forma de milenarismo de La Peyrère. En el único libro que escribió y publicó en Inglaterra, Menasseh citó específicamente partes del Rappel des Juifs para justificar una manera de reconciliar el judaísmo con el cristianismo. La diferencia entre las religiones era simplemente una diferencia de opiniones sobre lo que había ocurrido en el siglo I. Pero estaban de acuerdo en lo que debía suceder, a saber: que vendría en carne y hueso un Mesías encargado de transformar al mundo. Por ello, judíos y cristianos debían enfocar el presente y el futuro, dejando en paz su mínima diferencia acerca del pasado.

     En el otoño de 1655, Menasseh se reunió con varios destacados milenaristas ingleses. La comisión nombrada por Cromwell consideró los pros y los contras de readmitir en Inglaterra a los judíos, y no llegó a ninguna conclusión. Habló acerca de las implicaciones teológicas, económicas y sociales de la readmisión de los judíos.

     Pese a todo este entusiasmo milenarista, los judíos no se convirtieron en 1655-1656, y no apareció en escena ningún Mesías judío ni ningún Mesías político cristiano. Sin embargo, dos acontecimientos nos indican la fuerza que por entonces tenía el milenarismo en Inglaterra.

     Uno de los agentes de Cromwell, Jean Baptiste Stouppe, de la Iglesia Reformada francesa en Londres, parece haber sido parte de una conspiración teológico-política destinada a crear un reino milenario Protestante en Europa. Él, además de la reina Cristina, del príncipe de Conde y de Menasseh, participaron en la planeación. Stouppe estaba tratando de hacer que los Protestantes de Francia se rebelaran, y de convencer a Conde de ponerse a la cabeza del levantamiento. Cromwell enviaría un ejército a Francia. Luego se establecería una alianza entre Mazarino y Cromwell. Cristina sería entonces regente de Bélgica. La justificación de la invasión inglesa de Francia sería que las autoridades católicas francesas estaban persiguiendo en Saboya a los grisones, grupo sobreviviente de los fieles elegidos, los valdenses, grupo proto-Protestante. Stouppe escribió varios fervientes panfletos milenaristas, en los que pedía el rescate de los grisones (él mismo era uno de ellos). Fue luego a Francia a obtener el apoyo de los Protestantes y escapó a Holanda, donde realmente ofreció a Conde el trono de Francia en nombre de Cromwell, si se ponía a la cabeza de la revuelta, después de la cual Cromwell invadiría Francia, y quedaría creado el Estado milenarista Protestante. Conde dijo, cautelosamente, que sólo podría actuar después de la invasión de Cromwell. Así pues, nada surgió de esta conjuración teológico-política, que aparece en centenares de informes de agentes en Bélgica y otros lugares.

      El otro acontecimiento, que acaso tuviera mayor efecto, fue que en Inglaterra sí apareció un Mesías. Los cuáqueros se habían contagiado del fervor milenarista popular durante el decenio de 1650. En Octubre de 1656 el jefe de los cuáqueros, James Nayler, ex oficial del Ejército, anunció que Cristo estaba dentro de él y que él era Cristo. Entró en Bristol montado en un asno, mientras sus seguidores lo proclamaban "Rey de los judíos" y cantaban "Hosanna en las alturas". Se dijo que había levantado de la tumba a una mujer. Las acciones de Nayler causaron gran conmoción. Fue detenido por las autoridades y procesado en la Cámara del Parlamento por blasfemia. Antes del juicio, Margaret Fell, "la madre de los cuáqueros", escribió un opúsculo en que apremiaba a Menasseh a convertir a todos los judíos. Nayler quedó convicto, aunque Cromwell lo defendió. Fue brutalmente castigado y permaneció cuatro años en prisión. Sin arrepentirse, sus seguidores huyeron a Holanda y a los puestos comerciales de los cuáqueros en el Levante y en el hemisferio americano, y parecen haber llevado consigo su mensaje milenarista.

     Los principales milenaristas holandeses e ingleses se desanimaron al ver que en 1655-1656 no ocurrían los grandes acontecimientos. Siguieron buscando claves en la Astrología, en hechos históricos extraños y en cálculos cabalísticos. Cuando un rabino de Jerusalén llegó a Ámsterdam en 1657, y les pareció "sympathique" ya que parecía abrigar opiniones pre-cristianas sobre varios temas, entre ellos si Cristo podía ser el Mesías, inmediatamente vieron su aparición y su actitud como signo providencial de que pronto se convertirían los judíos. Dury publicó un emocionado panfleto, citando las asombrosas observaciones pre-cristianas del rabino. Milenaristas holandeses e ingleses reunieron una gran cantidad de contribuciones caritativas para los hermanos del rabino en la Tierra Santa, la primera de tales empresas cristianas pro-judías en la Historia, y dieron al rabino un Nuevo Testamento, que debía traducir al hebreo para beneficio de sus hermanos. (Huelga decir que el rabino no se convirtió, y a su regreso a Jerusalén fue condenado por sus correligionarios por aceptar limosnas de los gentiles).

     Varios de los milenaristas asistían regularmente a los servicios religiosos de la sinagoga de Ámsterdam, y no dejaban de hablar con sabios judíos acerca de posibles claves sobre cuándo llegaría el Mesías. Había que estudiar los hechos naturales extraños, como los cometas, o acontecimientos humanos como muertes súbitas y nacimientos monstruosos, para determinar si eran signos de lo que había de venir. En los escritos místicos judíos se buscaron claves acerca de la llegada del Mesías. La publicación en latín de la Kabbala Denudata, colección de tales obras, desde el Zohar hasta escritos cabalísticos del siglo XVII, ofreció mucho material para quienes continuaban la investigación.

     La Restauración de Carlos II puede haber puesto fin a las expectativas milenarias de muchos de los que estaban relacionados con el gobierno de la commonwealth [república], y con las grandes esperanzas de los puritanos. (Algunos fueron ejecutados, exiliados otros u obligados a un temprano retiro). John Dury, quien trataba de no ser condenado como regicida, escribió a Carlos II, diciéndole que un alumno de Peter Serrarius, en Ámsterdam, había tenido un sueño en que preveía que Carlos sería restaurado y que él, Carlos, convertiría a los judíos. Carlos no se dejó impresionar por este papel milenarista y envió a Dury al exilio permanente en la Europa continental (donde siguió tratando de reunir a las Iglesias cristianas, en preparación para el Milenio).

     Otros intentaron moderar su milenarismo para que no pareciese una amenaza a la Iglesia ni al Estado, pero conservaron la gran esperanza de que dentro de una década o dos ocurrirían acontecimientos trascendentales. Muchos de los que participaron en la formación de la Real Sociedad de Inglaterra sostenían tales ideas. Y otros más se negaron a aceptar la Restauración con su restablecimiento de una Iglesia de Inglaterra, ahora asentada sobre bases sólidas. Sobrevivieron en la clandestinidad o en grupos religiosos marginados, como los sabatarios.

     Acontecimientos ocurridos en el mundo católico, como los cambios de Papas y los ataques de los turcos al católico Imperio austro-húngaro, producían continuamente "pruebas" de que el fin se acercaba, de que estaba a punto de ocurrir la Redención Divina. Grupos Protestantes radicales de Polonia y de Transilvania atizaban las expectativas milenaristas. Su anti-trinitarismo se unió a una interpretación literalista del cuadro veterotestamentario del Mesías esperado. De hecho, algunos de estos grupos llegaron hasta el extremo de adoptar prácticas judías, preparándose para la pronta llegada del Mesías político judío.

     En este estado de cosas comenzó un nuevo capítulo del milenarismo del siglo XVII cuando a la Europa central y occidental llegó la noticia de que en el mundo judío estaban ocurriendo hechos asombrosos, en el Imperio otomano. Un judío místico de Esmirna, Sabbatai Zevi, el día del Año Nuevo judío de 1665-1666, anunció que él era el Mesías. Acaso fuera influído por el anterior pretendiente mesiánico cuáquero. Su padre trabajaba para unos mercaderes cuáqueros. Y pronto fue denunciado como "judío-cuáquero".

     Sabbatai Zevi empezó a hacer cosas que sólo estaban reservadas al Mesías tanto tiempo esperado. Modificó el ritual judío; declaró que su cumpleaños, el noveno día del mes de Ab (en el calendario judío), tradicionalmente celebrado como un sombrío día de ayuno que conmemoraba la caída del primero y del segundo Templo y la expulsión de España de los judíos, ¡ahora sería día festivo! Y nombró nuevos reyes de la tierra: un grupo de sus amigos y seguidores.

     En lugar de ser visto como un hombre airado y un demente, Sabbatai Zevi pronto fue aceptado por más del noventa por ciento de la población judía en el mundo entero. La comunidad judía de Ámsterdam, casi íntegramente, se dejó llevar por el entusiasmo. Algunos de sus dirigentes corrieron a Palestina a tomar parte en el retorno de los judíos a Sión. Y podemos encontrar repercusiones de la emoción mesiánica judía entre los milenaristas de Holanda, Inglaterra y Estados Unidos. Peter Serrarius fue uno de los seguidores de Sabbatai Zevi, y produjo toda una serie de escritos breves en inglés y en holandés acerca de los hechos maravillosos que estaban ocurriendo. Se dijo que cerca de Aberdeen había atracado un navío con velas de seda y estandartes hebreos que anunciaban el retorno de las Tribus Perdidas. Díjose, asimismo, que los judíos y las Tribus Perdidas estaban asediando La Meca, y que pronto el sultán entregaría su corona a Sabbatai Zevi. En lugar de ello, el siguiente acto de este petit drame fue que Sabbatai Zevi se volvió musulmán. El sultán puso a su disposición un castillo en los Dardanelos. Allí, Sabbatai Zevi recibió, como en una corte, a peregrinos judíos llegados del mundo entero. Acudió un rabino polaco, que pronto llegó a la conclusión de que Sabbatai Zevi era un impostor, y así lo dijo a las autoridades turcas. El sultán mandó comparecer ante sí a Sabbatai Zevi y le dijo que efectuaría una prueba para ver si era el auténtico Mesías. Los arqueros del sultán dispararían flechas contra él. Si era el Mesías, detendría las flechas en el aire. Y si no... En ese mismo momento, Sabbatai renunció a sus pretensiones y se convirtió al Islam. Fue después un funcionario de segunda clase en el Imperio otomano. En los últimos diez años de su vida insinuó a sus seguidores que sólo corporalmente se había convertido, pero no en espíritu. Surgió un milenarismo judío de quienes ahora estaban aguardando el retorno glorioso de Sabbatai Zevi como el auténtico Mesías. Aún hoy tiene seguidores en Grecia, Turquía y Palestina.

     Como podía esperarse, hubo un terrible escándalo en el mundo judío, el cual continúa hasta la actualidad. Muchos partidarios de Sabbatai Zevi fueron obligados a renunciar a sus creencias, o fueron expulsados. En Ámsterdam, muchos de sus seguidores se volvieron creyentes secretos, y así siguieron hasta comienzos del siglo XVIII. Algunos de sus seguidores cristianos, entre ellos Serrarius, se las arreglaron para aceptar la conversión de Sabbatai Zevi como parte del plan divino. Serrarius dijo a Enrique de Oldenburgo que todo esto era prueba de que Dios actúa en formas misteriosas. Serrarius falleció en 1669, cuando iba en camino a ver al nuevo Mesías. Hay razones para creer que Comenius siguió siendo uno de sus fieles, hasta su muerte, ocurrida en 1670.

     Algunos milenaristas recordaron que Menasseh ben-Israel les había dicho que habría dos Mesías: uno de ellos de la casa de José, y el otro de la casa de David. Por ello, Sabbatai Zevi podía ser uno de los dos. Otros milenaristas, como Dury y Jean de Labadie, trataron de averiguar dónde encajaba Sabbatai Zevi dentro del cosmos milenarista. Al principio, Dury trató de minimizar la importancia de Sabbatai Zevi. Lo vio como un simple potentado de escala menor, rey de los judíos, dentro del Imperio otomano. Luego, cuando él y Labadie sopesaron las cosas, llegaron a la conclusión de que, puesto que los cristianos no se habían reformado lo bastante, Dios había decidido recompensar primero a los judíos dándoles su Mesías, antes de que los cristianos recibieran el suyo.

     Tras el desastre del movimiento sabateo, ocurrió una secuela, centrada en torno a un danés que aspiraba a ser Mesías, Oliger Pauli, quien afirmaba ser descendiente de Abraham y haber tenido un abuelo judío. Pauli, importante mercader, reunió a un grupo de rabinos a su alrededor y trató de lograr que los gobernantes políticos del mundo lo aceptaran. Su principal propagandista era Moses Germanus, rabino de Ámsterdam que había comenzado su carrera intelectual como católico alemán, estudiando con los jesuítas. Luego se volvió luterano, asociado al pietista Jacobo Spener, luego menonita y después Protestante radical, antes de convertirse al judaísmo y trasladarse a Ámsterdam. Había trabajado en la Kabbala Denudata y participó en el milenarismo de Knorr von Rosenroth y Van Helmont, amigos de Leibniz. En sus escritos, Moses Germanus trató de transformar la imagen de Cristo en la de un maestro moral judío que había sido absurdamente presentado como una figura divina varios siglos después de su muerte. El auténtico Mesías estaba apareciendo ahora en la figura de Oliger Pauli. Otros movimientos mesiánicos y milenaristas, centrados alrededor de individuos importantes o insignificantes, continuaron y aún continúan en nuestros días.

     A partir de 1640 se había estado desarrollando entre algunos de los hombres de ciencia una especie de milenarismo. Éstos vieron el aumento de los conocimientos como signo providencial de que el clímax de la Historia se acercaba, y creyeron estar ayudando a la obra de Dios al sondear los secretos de la Naturaleza. Surgió una especie de fraternidad espiritual de científicos, pensadores religiosos e intérpretes de la Biblia, al principio en torno a Robert Boyle, Hartlib y otros, y de ahí derivaron instituciones de vanguardia con tendencias milenaristas, como la Real Sociedad de Inglaterra y los Rosacruces. Ese milenarismo estaba apartado de los hechos políticos inmediatos, y fue desarrollado por dos de los más importantes intelectuales de Inglaterra: el platónico de Cambridge Henry More y el gran científico-matemático Isaac Newton.

     Durante el período de la Commonwealth, More atacó lo que llamó "entusiasmo", la actitud de muchos de quienes lo rodeaban que estaban seguros de conocer el mensaje divino cuando en realidad no era así. Consideró a los cuáqueros, ranters y otros, como personajes emocionalmente perturbados. En lugar de esas tendencias, propuso una interpretación más apacible, un tanto desapegada y ahistórica del significado de la Revelación. More se apartaba de los activistas políticos y abogaba por un mejoramiento espiritual como preparativo para los grandes hechos que algún día ocurrirían. Trabajó durante un tiempo con su contemporáneo más joven de Cambridge, Isaac Newton, interpretando los símbolos de Apocalipsis y de Daniel. Ambos recibieron gran influencia de la obra de Joseph Mede. No se pusieron de acuerdo sobre hasta qué punto debía tomarse literalmente cierta parte del texto.

     More falleció en 1687 habiendo publicado dos obras sobre el Apocalipsis. Newton, quien conquistó su gran reputación en 1687 con la publicación de los Principia Mathematica, había estado dedicado desde sus años de colegial a descifrar el mensaje de Dios, especialmente en los dos libros proféticos. Sin que lo supiera casi ninguno de sus contemporáneos, dedicó una extraordinaria cantidad de tiempo a trabajar sobre historia bíblica, historia eclesiástica e interpretación de las Escrituras. Newton llegó a la conclusión de que las fuerzas del Anticristo se habían adueñado de la Iglesia cristiana en los primeros siglos y que habría que restaurar la Iglesia auténtica antes de la Segunda Venida. Consideraba que la doctrina de la Trinidad era una gran falsedad que sacerdotes como Atanasio habían impuesto a la comunidad de los fieles.

     Al considerar que en la Iglesia prevaleciente imperaba una gran iniquidad, Newton vio que su propia versión anti-trinitaria del mensaje de Dios sería considerada herética, y que él perdería su posición en la sociedad, o algo peor, si daba a conocer sus opiniones. Por tanto, aunque escribió profusamente (más de la mitad de sus escritos) sobre temas religiosos, no publicó ninguno durante su vida. Poco después de su muerte fue editada una de las varias versiones de sus Observaciones sobre Daniel y el Apocalipsis de Juan. Dos décadas después, también se hicieron públicas dos cartas que había enviado a John Locke contra la doctrina de la Trinidad. El resto de su enorme corpus de escritos teológicos ha quedado inédito. Los manuscritos fueron rematados en Sotheby's en 1936, y hoy se encuentran dispersos por el orbe. La colección más numerosa se encuentra en la Biblioteca Nacional de Israel, en Jerusalén, y en King's College, Cambridge.

     Esos escritos revelan que Newton fue un hombre muy docto en historia eclesiástica. Estaba convencido de que el libro de la Naturaleza y el libro de las Escrituras estaban escritos en clave y habían de ser descifrados por los sabios cuando Dios así lo quisiera. Durante su vida, ambos libros estaban siendo gradualmente decodificados y, por consiguiente, se había revelado la dominación divina de los universos físico y humano. Por sus estudios, Newton comprendió que había que revisar la fecha de la caída del Imperio romano ya que, aunque en forma trunca, el Imperio sobrevivió hasta llegar a los siglos VI y VII en el Exarcado de Rávena. Por tanto, valiéndose del cálculo de Mede, el Milenio no empezaría sino hasta finales del siglo XIX o comienzos del XX.

     Newton también insistió en que no estábamos en condición de determinar con ninguna exactitud cuándo ocurrirían los hechos profetizados. Dios no se había propuesto que cada uno de nosotros fuese un profeta. Sólo podemos determinar cuándo se han cumplido las profecías, cuándo han ocurrido los hechos profetizados. No podemos augurar, sólo podemos decir post factum que Dios se muestra activo en la Historia. Asimismo, en vista de todas las profecías que se han cumplido o que hoy se están cumpliendo, comprendemos que las relacionadas con el Milenio se cumplirán en un futuro cercano o relativamente cercano.

     El sucesor elegido de Newton en Cambridge, William Whiston, reunió todo esto y lo presentó en una de las "conferencias Boyle" sobre el cumplimiento de las profecías bíblicas, combinando la mejor información científica de la época con unos cálculos en que se predecían los hechos providenciales. Newton guardó en secreto su milenarismo, que reveló sólo a unos cuantos discípulos elegidos. Whiston, en cambio, lo hizo público, denunciando la doctrina de la Trinidad y a la Iglesia establecida. Tuvo que abandonar su cátedra de matemáticas en Cambridge y se volvió una especie de paria, que iba ofreciendo sus predicciones por los cafés. Se hizo célebre por interpretar acontecimientos naturales insólitos, como los terremotos, cometas y tempestades, como signos de que estaban a punto de ocurrir los hechos anunciados en Daniel y el Apocalipsis.

     Una forzada interpretación milenarista de los hechos de su época la ofreció un líder Protestante francés, Pierre Jurieu. Como muchos hugonotes, Jurieu había huído a Holanda. Allí se vio envuelto en un plan destinado a restaurar la situación de los Protestantes franceses por medio de la acción humana y divina. Entró en tratos con los judíos de Holanda y con Guillermo de Orange. Se percató de que la realización de todas las profecías de las Escrituras, incluyendo las relacionadas con los judíos, estaban cumpliéndose en ese mismo momento. Jurieu esperaba que, ganándose la amistad de los judíos, pudiera hacerles reconocer la verdad del cristianismo y admitir que el Mesías ya había venido. La gran obra de Jurieu, El Cumplimiento de las Profecías de la Escritura o la Próxima Liberación de la Iglesia, está dedicada "a la nación de los judíos". Dijo a los judíos que las profecías acerca de la reconstrucción de Jerusalén y de su reunión en su propia tierra pronto se realizarían. En la decisiva sección sobre lo que ocurrirá a los judíos, dijo Jurieu: "Por tanto, deberá venir un tiempo, que será el reinado del Mesías y de los judíos, en que esta Nación será exaltada (como se le había prometido) por encima de todas las naciones". Los judíos serían los últimos pueblos convertidos, y esto se lograría por intervención divina. "Cristo los convertirá mediante alguna gloriosa y sorprendente aparición". El comienzo de los acontecimientos divinos que conducirían a la conversión de los judíos y al Milenio ocurriría, afirmó Jurieu, cerca de 1710 ó 1715.

     Después del triunfo de Guillermo en Inglaterra, Jurieu vio que Dios estaba actuando activamente en la Historia del momento, restaurando a su pueblo elegido y trayendo consigo el Milenio. Predijo que pronto sería derrocado el Anticristo, que también caería el rey de Francia y que empezaría el reino milenario.

     Pierre Bayle ridiculizó implacablemente las predicciones de Jurieu y su milenarismo. Pero las ideas de Jurieu fueron importantísimas para los hugonotes que aún vivían en Francia, y cuyo mundo se veía cada vez más restringido en la medida en que la política oficial trataba de obligarlos a convertirse al catolicismo. Los más empecinados, que vivían ocultos en cuevas en las Cévennes, se representaron su salvación en términos de una intervención divina. Las ideas de Jurieu los convencieron de que al permanecer como auténticos testigos de la fe desempeñarían un papel importantísimo en el mundo venidero. Algunos se volvieron profetas y empezaron a predecir lo que no tardaría en ocurrir. Cuando algunos de estos profetas franceses escaparon a Inglaterra a principios del siglo XVIII, se volvieron jefes de un nuevo movimiento milenarista, el cual pronto conquistó la imaginación de intelectuales, aristócratas y simples creyentes. De hecho, uno de los discípulos más cercanos de Newton, el matemático suizo Fatio du Vallier, se convirtió en una de sus principales figuras. Los profetas franceses se volvieron auténticamente subversivos y fueron severamente perseguidos.

     Las ideas milenaristas que se desarrollaron en el siglo XVII continuaron surgiendo en tiempos posteriores, algunas de ellas a nivel teórico, como las presentadas por los obispos John Clayton y Thomas Newton, y por David Hartley y Joseph Priestley. Otras aparecieron en movimientos populares, como los de los profetas franceses, los convulsionarios en Francia y las comunidades milenaristas de Estados Unidos. El milenarismo volvió a surgir como gran fuerza política e intelectual cuando ocurrieron revoluciones en Estados Unidos y luego en Francia, produciendo movimientos religiosos y políticos que han sido importantes desde entonces.

     El milenarismo del siglo XVII echó las bases para interpretar los textos clave de las Escrituras, y para relacionarlos con hechos históricos que estaban ocurriendo. Uno de sus resultados ha sido un sionismo cristiano, que ha desempeñado un papel importante al alentar a los judíos a retornar a Palestina y a la construcción de una patria judía allí mismo. Esa idea tiene sus orígenes en el pensamiento de milenaristas filo-judíos del siglo XVII. El pensamiento milenarista del siglo XVII ha arrojado una larga sombra sobre siglos ulteriores, y ha engendrado muchos de los movimientos fundamentalistas milenarios posteriores, o les ha dado una base teológica e interpretativa.–


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