BUSCAR en este Blog

lunes, 8 de diciembre de 2014

Jung Juzga a los Alemanes Derrotados (1945)



     Justo tras la derrota y rendición alemana en la Segunda Guerra, en la siguiente breve entrevista de Mayo de 1945 el doctor Carl Jung pierde toda ecuanimidad en su discurso y se revela como poseído por un increíble dogmatismo, propio de quien ha sido lavado de cerebro o de quien tiene un inmenso temor por las represalias que pudiesen tomar contra él los vencedores de la guerra (o acaso actuando como uno de los victimarios). El doctor Jung aquí evidencia que ha comprado a fardo cerrado la propaganda británica y estadounidense (judía en el fondo) de demonización de los alemanes, demonización teologal literal en su planteamiento: habiendo anteriormente calificado a Hitler como el portavoz de su raza, como la voz del oráculo, como un gran chamán, aquí siniestramente cristiano lo tacha simplemente de endemoniado, poseído por demonios e infectador de su pueblo, al que denigra y difama colectivamente cual vulgar sionista de la época. Todo su oscurantismo disfrazado de ciencia psicológica se pone aquí al servicio del futuro adoctrinamiento sistemático tanto de alemanes como de europeos y occidentales en general. Esto no contrasta con sus anteriores opiniones en otras entrevistas (que presentamos en la entrada anterior) sino que más bien confirma que cuando las aguas están turbias hay que pescar con toda clase de señuelos, por si alguno no sirviere, y que siempre hay que reservarse un camino de salida por si las circunstancias cambian. Ponemos este texto en castellano desde el mismo libro (C. G. Jung Speaking, 3ª ed. 1993) de donde sacamos las anteriores entrevistas.

LOS PROBLEMAS PSÍQUICOS DE POSGUERRA
DE LOS ALEMANES
Entrevista a Carl G. Jung, 1945



     Cuatro días después de la rendición incondicional del Ejército alemán en Rheims, esta entrevista a Jung hecha por Peter Schmid fue publicada en Die Weltwoche (Zúrich) el 11 de Mayo de 1945, bajo el título de "Werden die Seelen Frieden finden?" (¿Encontrarán Paz las Almas?). Una traducción parcial fue publicada antes por el periódico PM (de Nueva York), el 10 de Mayo de 1945.


—SCHMID: ¿No cree usted que el final de la guerra provocará grandes cambios en la psique de los europeos, particularmente de los alemanes, que están ahora despertando como de un largo y terrible sueño?

—JUNG: En efecto lo creo. En cuanto a los alemanes, tenemos un problema psíquico delante de nosotros cuya magnitud no puede ser prevista aún, aunque sus contornos pueden ya ser discernidos en los casos que me toca tratar. Para el psicólogo una cosa es clara, y es que él no debería hacer la popular diferencia sentimental entre nacionalsocialistas y opositores del régimen. Dos casos que estoy tratando ahora son ambos abiertos anti-nacionalsocialistas, y sin embargo sus sueños muestran que detrás de todo el decoro, la psicología nacionalsocialista más pronunciada está todavía viva con toda su violencia y salvajismo. Cuando el mariscal de campo Von Küchler (1), preguntado por un reportero suizo sobre las atrocidades alemanas en Polonia, exclamó indignadamente: "¡Perdóneme, ésa no fue la Wehrmacht [Fuerzas Armadas], fue el Partido!". Esto demostró que establecer una división entre alemanes decentes e indecentes es completamente ingenuo. Todos ellos, consciente o inconscientemente, activa o pasivamente, tienen su parte en los horrores; ellos no sabían nada de lo que estaba ocurriendo y sin embargo ellos sabían, como si fueran parte de un gran acuerdo secreto.

(1) Georg von Küchler (1881-1968), condujo la invasión alemana de Polonia occidental en Septiembre de 1939. Él fue juzgado y condenado a prisión como criminal de guerra por el Tribunal de Núremberg.

     Para el psicólogo, la cuestión de la culpa colectiva, que preocupa tanto a los políticos y que continuará preocupándolos, es un hecho; y será una de las tareas más importantes de la terapia lograr que los alemanes admitan esa culpa. Incluso ahora recibo muchas solicitudes de alemanes que quieren ser tratados por mí. Si ellos provienen de aquellos "alemanes decentes" que quieren poner la culpa sobre un par de hombres de la Gestapo, considero el caso como irremediable. No tendré ninguna alternativa sino contestar las solicitudes con un cuestionario haciendo ciertas preguntas cruciales, como "¿Qué piensa usted de Buchenwald?" [A]. Sólo cuando un paciente ve y admite su propia responsabilidad puede ser considerado el tratamiento individual.

[A] Véase, p. ej., http://es.metapedia.org/wiki/Buchenwald (NdelT).

—S: ¿Pero cómo fue posible que los alemanes, de toda la gente, se metieran en ese irremediable enredo psíquico?. ¿Le pudo haber sucedido a alguna otra nación?

—JUNG: Aquí usted debe permitirme volver un poco y recapitular mi teoría en cuanto a los antecedentes psíquicos generales de esta guerra nacionalsocialista. Consideremos un pequeño ejemplo práctico como un punto de partida. Un día una mujer se acerca a mí y estalla en las acusaciones más salvajes contra su marido: que él es un verdadero diablo que la atormenta y la persigue, etcétera, etcétera. En realidad el buen hombre es un ciudadano absolutamente respetable, completamente inocente de cualquier tal intención demoníaca. ¿De dónde le viene esta loca idea a esta mujer? Es el diablo en su propia alma el que ella está proyectando; ella ha transferido sus propios deseos y su propia rabia a su marido. Yo le dejo esto en claro a ella; ella lo admite y se convierte en un pequeño cordero arrepentido. Todo parece estar en orden. Y sin embargo eso es justo lo que encuentro más inquietante, porque no sé dónde se ha ido el diablo, que se había adherido antes a la imagen del marido.

     Exactamente la misma cosa sucedió a gran escala en la historia de Europa. Para el hombre primitivo el mundo está lleno de demonios y poderes misteriosos que él teme; la Naturaleza toda está animada por estas fuerzas, que no son sino los propios los poderes interiores del hombre proyectados en el mundo exterior. El cristianismo y la ciencia moderna han des-demonizado a la Naturaleza, lo que significa que los europeos consecuentemente han tomado de vuelta los poderes demoníacos del mundo y los han puesto en ellos mismos, y han cargado constantemente su inconsciente con ellos. A partir del hombre mismo los poderes demoníacos se sublevan contra las supuestas restricciones espirituales del cristianismo. Los demonios comienzan a irrumpir en el arte del Barroco: las columnas se retuercen, el mobiliario se cubre de pies de sátiros. El hombre es lentamente transformado en un uróboros, "el que se muerde la cola" que se devora a sí mismo, que es desde la Antigüedad un símbolo del hombre acosado por los demonios. El primer ejemplo perfecto de esta especie fue Napoleón.

     Los alemanes muestran una debilidad específica ante estos demonios debido a su increíble sugestionabilidad. Esto se muestra en su amor por la obediencia, su sumisión pasiva a las órdenes, que son sólo otra forma de sugestión. Esto es coherente con la inferioridad psíquica general de los alemanes, y es el resultado de su precaria posición entre el Este y el Oeste. De todos los pueblos occidentales, ellos fueron, en el éxodo general desde la matriz oriental de las naciones, los que permanecieron demasiado tiempo con su madre.

     Finalmente ellos salieron, pero llegaron demasiado tarde, mientras que los mujiks nunca soltaron las amarras en absoluto. De ahí que los alemanes estén profundamente aproblemados con un complejo de inferioridad nacional, que ellos tratan de compensar mediante la megalomanía: "Am deutschen Wesen soli die Welt genesen" (Sólo el carácter alemán salvará al mundo) (2), ¡aunque ellos no están en absoluto demasiado cómodos dentro de sus propios pellejos!. Ésta es una típica psicología adolescente, evidente no sólo en la extraordinaria prevalencia de la homosexualidad, sino en la ausencia de una figura del ánima en la literatura alemana (la gran excepción aquí es Goethe). Es también evidente en el sentimentalismo y "Gemütlichkeit" [benignidad, blandura] alemanes, que no es realmente sino dureza del corazón, insensibilidad y carencia de alma. Todas aquellas acusaciones de falta de alma y bestialidad que la propaganda alemana aplicó a los rusos, se aplica a ellos mismos [B]; los discursos de Goebbels no son sino la psicología alemana proyectada sobre el enemigo. La inmadurez de la personalidad también se mostró de un modo aterrador en el Estado Mayor alemán, cuya falta de carácter se pareció a la flacidez de un molusco dentro de un tanque de guerra.

(2) Un lema nacionalsocialista derivado de un poema de Emanuel Geibel (1815-1884), "Deutschlands Beruf". Las líneas de Geibel se hicieron famosas cuando Wilhelm II las citó (inexactamente, como arriba) en un discurso en Münster en 1907. [Los versos originales de 1861 dicen "Und es mag am deutschen Wesen, / Einmal noch die Welt genesen", algo así como "Y puede que el carácter alemán, sin embargo, alguna vez recupere al mundo"].
[B] Sin duda en Mayo de 1945 el ingenuo doctor Jung no estaba enterado aún del indignante infierno desatado por el ejército de asesinos y violadores de mujeres de Stalin, entre otras cosas, en Alemania y en otros países también, tras la victoria de los Aliados. (NdelT).

     Alemania siempre ha sido la tierra de las catástrofes psíquicas: la Reforma, las guerras de los campesinos y las guerras de religión. Bajo el Nacionalsocialismo, la presión de los demonios llegó a ser tan grande que ellos pusieron a los seres humanos bajo su poder y los inflaron hasta convertirlos en lunáticos superhombres, y a Hitler el primero de todos, quien entonces infectó al resto. Todos los líderes nacionalsocialistas fueron "poseídos", en el sentido más verdadero del término, y sin duda no es ninguna casualidad que su ministro de Propaganda [Goebbels] estuviera marcado por la antigua señal del hombre endemoniado: el pie deforme. El diez por ciento de la población alemana hoy son irremediables psicópatas.

—S: Usted ha estado hablando de la inferioridad psíquica y de la susceptibilidad de los alemanes ante los demonios, pero ¿cree usted que esto también se aplica a nosotros los suizos, en tanto que somos germánicos en nuestro origen?

—JUNG: Estamos aislados contra esa susceptibilidad por la pequeñez de nuestro país. Si ochenta millones de suizos fueran amontonados, podría ocurrir lo mismo, ya que los demonios se lanzan de preferencia sobre la masa. En cualquier colectividad el hombre está desarraigado, y gracias a eso los demonios pueden atraparlo. De aquí la técnica de los nacionalsocialistas, no para formar nunca a individuos sino sólo masas enormes. De ahí, también, las caras del hombre endemoniado de hoy: sin vida, rígido, en blanco. Nosotros los suizos estamos protegidos contra esos peligros por nuestro federalismo y nuestro individualismo. Una similar acumulación de masas no sería posible entre nosotros como lo fue en Alemania, y en este aislamiento yace quizás la terapia con la cual se puede conquistar a los demonios.

—S: ¿Pero qué ocurrirá si esta terapia se lleva a cabo mediante bombas y cañones?. El sometimiento militar de la nación endemoniada ¿acaso simplemente no intensificará el sentimiento de inferioridad y hará la enfermedad peor?

—JUNG: Los alemanes hoy se parecen a un hombre borracho que se despierta a la mañana siguiente con una resaca. Ellos no saben lo que han hecho y no quieren saberlo. El único sentimiento es una de la miseria ilimitada. Ellos harán esfuerzos convulsivos para rehabilitarse a sí mismos de cara a las acusaciones y el odio del mundo circundante, pero ése no es el camino correcto. La única redención radica, como ya lo he indicado, en una admisión completa de la culpa. Mea culpa, mea maxima culpa! De la contrición honesta por el pecado viene la gracia divina. Ésta no es sólo una verdad religiosa sino también psicológica.

     El tratamiento estadounidense de conducir a la población civil a través de los campos de concentración y dejarles ver todas las abominaciones cometidas allí es por lo tanto muy correcto. Lo único, es que la lección no debería ser entregada en los hogares mediante una instrucción moral; el arrepentimiento debe surgir desde dentro de los alemanes mismos. Es posible que las fuerzas positivas emerjan desde la catástrofe, que de esta introversión surjan profetas una vez más, ya que los profetas son tan característicos de este extraño pueblo como los demonios. Cualquiera que cae tan bajo tiene profundidad. Con toda probabilidad habrá una milagrosa cosecha de almas para la Iglesia católica; la Iglesia Protestante está demasiado dividida. Hay informes de que la miseria general ha despertado de nuevo la vida religiosa en Alemania; comunidades enteras caen de rodillas por las tardes, suplicando a Dios que los libre del Anticristo.

—S: ¿Entonces uno podría esperar que los demonios sean desterrados y que un mundo nuevo y mejor mundo surgirá de entre las ruinas?

—JUNG: No, los demonios no han sido desterrados. Ésa es una tarea difícil que todavía está por delante. Ahora que el ángel de la Historia ha abandonado a los alemanes, los demonios buscarán una nueva víctima. Y no será difícil. Cada hombre que pierde su sombra, cada nación que cae en la auto-justificación, es su presa. Amamos al criminal y tomamos un ferviente interés en él porque el diablo nos hace olvidar la viga en nuestro propio ojo cuando observamos la brizna en nuestro hermano, y de esa manera se burla de nosotros. Los alemanes se recuperarán cuando ellos admitan su culpa y la acepten; pero los demás se convertirán en víctimas de la posesión si, en su horror por la culpa alemana, ellos olvidan sus propios defectos morales.

     No deberíamos olvidar que exactamente la misma fatal tendencia a la colectivización está presente en las naciones victoriosas tanto como entre los alemanes, de manera que ellos pueden muy repentinamente convertirse en víctimas de los poderes demoníacos. La "sugestionabilidad general" desempeña un papel enorme en Estados Unidos hoy, y a partir de los últimos acontecimientos, fácilmente puede verse cuán fascinados están ya los rusos por el demonio del poder, lo cual debiera desalentar un poco nuestro alborozo por la paz. Los más sensibles a este respecto son los ingleses: su individualismo los salva de ser engañados por los slogans, y los suizos comparten su asombro ante la insensatez colectiva.

—S: ¿Entonces nosotros debemos esperar ansiosamente y ver qué camino los demonios van a tomar después?

—JUNG: He sugerido ya que la única salvación radica en el trabajo paulatino y sistemático de educar al individuo. Eso no es tan imposible como puede parecer. El poder de los demonios es inmenso, y los medios más modernos de sugestión de masas —la prensa, la radio, el cine, etc.— están al servicio de ellos. Pero el cristianismo, también, fue capaz de asegurar lo propio contra un adversario abrumador, no mediante la propaganda y las conversiones masivas —eso vino después y fue de poco valor— sino por medio de la persuasión de hombre a hombre. Y ése es el modo en que también debemos actuar si deseamos conquistar a los demonios.

     No le envidio a usted su tarea al escribir acerca de estas cosas. Espero que usted tenga éxito al presentar mis ideas de tal modo que la gente no las encuentre demasiado extrañas. Lamentablemente es mi destino que otra gente, sobre todo aquellos que están poseídos por demonios, me consideren loco porque creo en estos poderes. Pero ése es un asunto de ellos; sé que ellos existen. Hay demonios, sin duda, tan cierto como que hay un Buchenwald.–






2 comentarios:

  1. Así que estas son las entrevistas de Jung de las que se refiere Miguel Serrano en su libro Manú y que lo llevo a romper con él. Gracias por publicarlas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Serrano aludió en más de un escrito a una entrevista hecha a Jung acerca de Hitler y Mussolini (la hecha por el periodista Knickerbocker en 1938), pero la citó sólo como referencia y para dar a entender cómo Jung alguna vez vio a Hitler. Serrano nunca se refirió a ésta, pero por lo que es evidente aquí, no puede ser más decidora. Es una verdadera lápida sobre la consecuencia y honradez intelectual de Jung. Sin embargo, las razones que Serrano dijo que lo llevaron a descartar intelectualmente a Jung, sabemos que algunas, entre otras, referidas a la cercana vinculación del psicólogo con la masonería. Quizá estas palabras aquí de Jung hayan sido también determinantes. Saludos.

      Eliminar