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jueves, 4 de diciembre de 2014

Jean-Michel Angebert - Hitler o el Sol Negro



     En 1971 se publicó en francés un libro titulado Les Mystiques du Soleil (Los Místicos del Sol), firmado por Jean-Michel Angebert, pseudónimo colectivo de los autores Michel Bertrand (1944, ex oficial de Marina) y Jean-Victor Angelini (1943). Su traducción castellana data de 1974. Dentro del género al que tanto se dedican los franceses de entrelazar esoterismos y misticismos surtidos en los estudios históricos y culturales, esta obra contiene un capítulo, el séptimo, titulado Adolf Hitler o el Sol Negro. Presentamos ahora de aquél una buena parte. Como ha de esperarse, los autores aquí difunden diversas especulaciones que no pueden probarse o que han sido desmentidas, algunas tendenciosas o bien fruto de las informaciones de esa época (hace 43 años). Otros encadenamientos de ideas y datos han sido bien logrados y son los que se espera que sirvan de algo a los lectores interesados en estos temas. Las tesis de "Angebert", que intentan dar por demostrada la conexión del Führer con el ocultismo, la astrología y quizá qué otras cosas (incluído el satanismo), además de no ser algo cierto, necesitan un mayor fundamento evidencial, por lo que si presentamos esto es a modo de ejemplo de una literatura que se sabe que circula y que tiene motivos inconfesables, generalmente de propaganda adversa al nacionalsocialismo o distorsionadora de éste. Pero hay varias informaciones interesantes, sin embargo, y el libro en su conjunto, que se ocupa de diversos temas, no carece de atractivo.


Adolf Hitler o el Sol Negro
(Selección)
por Jean-Michel Angebert




2. La Cruz Gamada y Su Misterio

     El origen de la esvástica se pierde en la noche de los tiempos, tanto que cabe considerarla como el más viejo símbolo utilizado por la Humanidad. La más antigua significación que se da de ella es la del simbolismo solar. Su tradición se remonta a la India védica, pero las enseñanzas brahmánicas nos dicen que su origen es mucho más antiguo. Ciertos tradicionalistas, por su parte, no dudan en hacer de la cruz gamada un emblema conocido de los atlantes, cuando no se trata del más antiguo e hipotético continente de Mu, o Lemuria. Demos un vistazo a esta teoría.

     Ante todo conviene aportar algunas aclaraciones a propósito de esta última tierra apodada Lemuria, equivalente asiático de la Atlántida y de la Hiperbórea. La existencia de este continente, que se habría extendido allí donde hoy sólo existe el océano Pacífico, entre las Filipinas y el archipiélago de las Marquesas, es atestiguada por los ocultistas, entre los cuales está madame Blavatski, autora de La Doctrina Secreta, esa monumental obra que pretende referir la historia de la Humanidad desde sus más remotos orígenes. Pero es el coronel Churchward quien, en un libro más audaz que cualquier novela [James Churchward, Mu, le Continent Perdu, 1969], hace una descripción minuciosa de aquella terra incognita. El autor asegura haber heredado de un sacerdote de la India unas tablillas grabadas que relataban la historia del continente de Mu. Churchward hace remontar así el Imperio de Mu a más de 200.000 años, y data su apogeo en 75.000 años aproximadamente antes de nuestra Era. Las cosas se ponen interesantes en esta novela-ficción cuando el oficial estadounidense confiesa sus creencias racistas otorgando a la raza blanca una ancianidad y una superioridad "histórica" en la transmisión de la TRADICIÓN PRIMORDIAL. Pero oigamos antes:

     «Esta narración nos da la solución del misterio de las razas blancas de los mares del Sur y nos enseña cómo una gran civilización floreció en el centro del Pacífico, para quedar completamente borrada en una noche».

     Y, más adelante, el autor añade:

     «Una de mis comprobaciones más pasmosas es que los indígenas polinésicos son una raza blanca. Además, son extraordinariamente bellos, un lazo que los acerca a todas las razas blancas de la Tierra. Como he demostrado, los documentos nos indican que el Hombre hizo indiscutiblemente su primera aparición en el Continente de Mu, y las islas polinésicas son los restos destrozados de aquella tierra desventurada. Existen documentos que prueban que Méjico y la América Central fueron colonizados por pueblos procedentes de Mu. Las tradiciones confirman que aquellos primeros colonos de Mu ERAN BLANCOS RUBIOS, que aquellos BLANCOS RUBIOS fueron expulsados del país por otra RAZA BLANCA más morena, QUE LOS BLANCOS RUBIOS HUYERON A BORDO DE SUS NAVES EN DIRECCIÓN DEL SOL NACIENTE —AL ESTE— y se establecieron en el Norte de Europa, la Escandinavia actual»..

     Esto explicaría que la cruz gamada, uno de los símbolos del Sol en el Imperio de Mu, haya sido conocida por los pueblos germánicos. Para Churchward, en efecto, si bien el primerísimo símbolo usado por los hombres fue la cruz ordinaria, que representaba las cuatro direcciones del espacio, su evolución inmediata culminó en la cruz rodeada por un círculo, símbolo del huevo del Sol o del mundo gobernado por la LUZ, que se transforma en ESVÁSTICA o CRUZ GAMADA para simbolizar la MARCHA ADELANTE y la evolución constante de la RUEDA DE LA VIDA. Y Churchward nos explica que la religión de aquel Imperio universal era la del Sol, principio de unidad, de vida y de acción creadora.

     «Es un símbolo de las cuatro fuerzas sagradas, que, con innumerables nombres y aspectos diferentes, han desempeñado un papel importante en la concepción humana del Creador y de la Creación, desde el alborear de los tiempos hasta el día de hoy... Ellas gobiernan, por consiguiente, los movimientos de todos los cuerpos en el Universo... girando en torno de un centro. El símbolo demuestra que este centro es la fuerza primaria, es decir, el gran infinito, o el Todopoderoso...».

     Así la CRUZ GAMADA no es solamente considerada como un signo de FUEGO, un signo solar, sino como el CENTRO o EJE DEL MUNDO que otros ocultistas, principalmente los "teósofos" nacionalsocialistas, han situado en Thule, capital de la Hiperbórea.

     Sobre esta raza primera de las regiones árticas, en un capítulo consagrado a la esvástica, Maurice Magre, fundador, con el inglés Rolt-Wheeler, de Grand Pyrénéen (revista comprometida en la búsqueda de Montségur), escribe:

     «¡Los pueblos hiperbóreos! Es imposible resistir a la evocación mágica de estas palabras. Vemos playas de cristal apagado donde, de pie en la bruma, hombres de ojos azules buscan, en el horizonte de los mares velados, los contornos de la Irlanda fabulosa» [Maurice Magre, La Clef des Coses Cachées, p. 27].

     Y desde luego es Guénon quien, bebiendo en una fuente que permanece desconocida, afirma el ORIGEN POLAR DE LA ESVÁSTICA, cuando escribe:

     «Una de las formas más notables de lo que hemos llamado la cruz horizontal, es decir, la cruz trazada en el plano que representa un determinado estado de existencia, es la figura de la esvástica, que parece efectivamente enlazarse directamente con la Tradición Primordial... Hemos dicho en otra parte que la ESVÁSTICA es esencialmente el SIGNO DEL POLO. Si la comparamos con la figura de la cruz inscrita en la circunferencia, podemos darnos cuenta fácilmente de que, en el fondo, son dos símbolos equivalentes en ciertos aspectos» [René Guénon, en Le Symbolisme de la Croix, Nouvelle édition Plon, p. 165].

     Si la cruz gamada es en verdad el signo de la raza hiperbórea, que no sería otra que las de los «altos arios rubios de ojos azules», se comprende que Hitler, procedente del grupo Thule, hubiera hecho de ella el emblema de su partido.

     En cuanto a la orientación levógira de este signo en la bandera nacionalsocialista, se ha hablado mucho de ello sin dar, no obstante, una respuesta verdaderamente satisfactoria. Así, se ha dicho que la dirección de rotación levógira de la esvástica era una inversión de su orientación normal y que correspondía a las fuerzas negras que apoyaban a Hitler. En realidad, la cruz gamada suele representarse indiferentemente dextrógira o levógira, en la India y en el Tíbet, sin que los ocultistas vean en ello un símbolo «negro» o «blanco». Lo que puede hacerse observar, es que la dextrógira simboliza la «marcha del tiempo». Quien invierte el signo pretende, pues, «parar el tiempo». Ello corresponde perfectamente a la ética de Hitler, «hombre contra el tiempo», que se imaginaba trabar durante un milenio la «degeneración» anunciada para la última edad de nuestro ciclo, apodado por los hindúes Kali-yuga o Edad de Hierro. En esta perspectiva, el coletazo racista, reanudando la «tradición primordial», había de preparar los tiempos futuros y forjar una «selección de superhombres» que deberían resistir a la catástrofe final.

     Pero volviendo a la cruz gamada, puede señalarse su extraordinaria difusión en la Antigüedad, tanto en Occidente como en Oriente, aunque hoy sólo siga siendo un signo sagrado en la única parte del mundo donde aparece el Sol.

     En lo que concierne a los países de Europa, la utilización de la esvástica es atestiguada por los druidas, poseedores de un profundo saber iniciático. Aquellos hombres sabios colocaron el emblema en los altares y los santuarios galos [1]. Se encuentran numerosos rastros de ello en la región pirenaica, y el signo aparece entre los vascos en forma de cruz con comas, en las armas de la ciudad de Bayona.

[1] Prueba de ello son las estatuas galas que se encuentran en el museo Borély de Marsella. En el hombro de una de esas divinidades puede observarse la presencia de una cruz gamada esculpida.

     Si nos atenemos a un estudio histórico, su más antigua aparición conocida pertenece a la India brahmánica. La esvástica sería el instrumento original que utilizaban los brahmanes de la India para la producción del FUEGO SAGRADO. Acordémonos de Zoroastro. Para otros, y ello no es incompatible, se añadiría un símbolo de alegría, de vida y, en definitiva, de energía. Burnouf, el sabio indianista, piensa que la cruz gamada representa los fenómenos cósmicos del Fuego Celeste, el relámpago y el rayo. Estamos muy cerca en esta interpretación de la exégesis nacionalsocialista que hace de la esvástica el Sol Negro o PRINCIPIO OCULTO DE LA ENERGÍA situado en un mundo etérico e hipercósmico, más allá del mundo visible, en la línea de la filosofía de Yámblico y de la Gnosis. Expliquémonos. La cruz gamada, símbolo del Sol visible, figura el lado exotérico de la doctrina, en tanto que su significación esotérica es la del Sol Invisible.

     Es en este sentido que la GAMMA está representada en el Tíbet, y se repite, esculpida en todos los templos, como un leitmotiv obsesionante. Todos los viajeros que han visitado el «Techo del mundo» lo han destacado. Uno de ellos escribe: «Invariablemente, se encuentran cuatro cosas en los aledaños de las casas». Y después de haber enumerado las pértigas de rezos y otros objetos que tienen menos interés, el narrador prosigue:

     «Por último, en cuarto lugar, está la esvástica, signo cabalístico, rematada con el símbolo toscamente dibujado de la Luna y del Sol. Este signo, se verá en todas las puertas de entrada en el Tíbet [Perceval Landon, A Lhassa, 1906, p. 234]. El pueblo ve en ella principalmente un amuleto, un signo profiláctico, lejano recuerdo de alguna cosa mucho más importante, y que se vincula al carácter sagrado de la esvástica en los templos búdicos. De la Hiperbórea, el signo solar, siempre según una determinada tradición de ocultistas, se habría transmitido a la Atlántida, cuya existencia parece admitida en más vastos círculos de pensamiento» [2].

[2] A este respecto, el alemán Frobenius ha hecho en África interesantes descubrimientos en ciertas regiones donde antaño se habría conocido la civilización atlante: «Mientras que en todas las profundidades de África la Luna es masculina y tiene por amante a Venus, en el ámbito atlántico el Sol es masculino y la Luna femenina. Sólo en este mismo ámbito son indígenas los tres símbolos sagrados, la MANO, la ROSETA DE OCHO FOLÍOLOS y la ESVÁSTICA, que no aparecen, como teniendo tal carácter, en toda la inmensa África». Cabe añadir que la mano abierta se encuentra en forma de saludo germánico y romano típico de Occidente y ligado al culto solar. Se ha hallado igualmente una mano sagrada de esteatita con reflejos verdes en los Pirineos, cerca de Montségur. Este emblema sería de origen celta.

     Para un escritor como Scott-Eliot, autor de una Historia de la Atlántida, este continente sería una estribación de la Lemuria desaparecida. Poblada por razas diferentes, los toltecas rojos, los acadios blancos, los semitas y los turanios amarillos, la Atlántida habría sido así el teatro de conflictos espantosos que vieron el triunfo final de la RAZA BLANCA y de la RAZA ROJA, ambas adoradoras del Sol, como parecen atestiguarlo la religión de los incas y de Japón, así como la de la India. Scott-Eliot escribe:

     «En aquellos tiempos primitivos estaba prohibido representar cualquier imagen de la divinidad. El disco del Sol era considerado como el único emblema digno de representar la cabeza divina, y había uno de ellos en cada templo.
     Este disco de oro estaba dispuesto generalmente de manera que el primer rayo del Sol diese en él al equinoccio de primavera y al solsticio de verano».

     Pero, ¿cómo concluye este escritor que pretendía haber visto todos aquellos acontecimientos por un don de clarividencia sobrenatural? Si lo seguimos en este terreno, la civilización de los toltecas fue sumergida finalmente por un maremoto gigantesco con su capital «de puertas de oro», y los acadios blancos permanecieron como los únicos depositarios del «saber». De ellos había de nacer la RAZA ARIA. En cuanto a los semitas, Scott-Eliot les ajusta las cuentas afirmando que pusieron al descubierto el misterio de Dios: «La trinidad personificada fue descubierta» y «esta idea fue más tarde MATERIALIZADA Y DEGRADADA POR LOS SEMITAS».

     La lección que este «clarividente» saca de los acontecimientos no sería renegada por Hitler. Únicamente los arios que no han practicado la magia negra se convierten en la raza elegida por los maestros de sabiduría:

     «Una luz más intensa que la que iluminaba la senda de nuestros antepasados atlantes resplandece en el presente sobre la raza aria. Menos dominados por las pasiones de los sentidos, más sensibles a la influencia del espíritu, los hombres de nuestra raza lograron y logran un conocimiento más firme y un desarrollo más amplio de la inteligencia».

     Hitler, por su parte, ve en el ario al «Prometeo de la Humanidad». Se comprende que Rosenberg se haya adherido con entusiasmo a estas teorías «ocultas» que tanto aprovechaban al «racismo positivo». Esta historia «fantástica» era enseñada en las Burgen SS que formaban a la selección de la Alemania futura, cuando se explicaba el capítulo sobre la cruz gamada. Lo que es cierto, en cualquier caso, es la extraordinaria difusión de este signo en la Antigüedad.

     En tibetano, la cruz gamada se denomina gyung-drung, y los lamas la consideran como el signo místico por excelencia, quizá por alusión al «rey del mundo», soberano invisible de la Tierra cuyo emblema estaría justamente representado por el signo que nos ocupa. La «leyenda» recogida por Saint-Yves d'Alveydre (en su Mission de l'Inde) afirma en efecto que el «maestro de Agarta» posee un sello de cruz gamada. Lo que es seguro, por el contrario, es que el gran conquistador Gengis Jan llevaba un anillo de cruz gamada, que se conserva en el museo de Ulan-Bator (Mongolia exterior). Esta sortija habría pertenecido, según la «tradición», al «rey del mundo» que la regaló al fundador del Imperio mongol.

     Posteriormente, el sentido esotérico de este signo se perdió en la bruma de la ignorancia, particular al mundo profano. Un hombre como Rosenberg, nutrido de esoterismo, aunque ferviente del racismo, no ignoraba el sentido oculto de la cruz gamada y su terrible poder evocatorio sobre las muchedumbres. El estado de hipnosis es el resultado fatídico de su contemplación, reforzado por la trinidad coloreada del negro, blanco y rojo, colores simbólicos eternamente asociados en las ciencias tradicionales y en las religiones antiguas, trátese de la Alquimia, de la Ciencia de los Números o, por ejemplo, de la Gnosis maniquea.

     En la Edad Media, los cátaros bogomilos de los Balcanes, secretamente afiliados al culto solar, adoptaron la esvástica como uno de sus emblemas sagrados al lado de la RUEDA SOLAR, en señal de su filiación maniquea consagrada a la luz. Es sabido que, en Occidente, los cátaros albigenses del Mediodía occitano hicieron de los castillos de Montségur y de Quéribus verdaderos templos que acogían la luz del Sol en determinados períodos del año (solsticios, por ejemplo). Esta tradición no había de ser renegada por los sucesores gnósticos de los cátaros, los Templarios. Los Caballeros del Temple usaban en efecto varias CRUCES diferentes, al lado de la cruz llamada «templaria» que conocemos perfectamente. Entre aquéllas, cabe señalar la CRUZ CÉLTICA, definida por una circunferencia y cuya significación no es necesario recordar. Este signo era conocido por los DRUIDAS de la antigua Galia, que pretendían tenerla a su vez de una tradición más antigua.

     El otro signo crucífero de la orden militar medieval era la CRUZ RUTENA, rica en simbolismo solar. Consta de cinco círculos circunscritos en un cuadrado. Si borramos los semicírculos de los ángulos del cuadrado, obtenemos el signo que nos interesa. Por último, el tercer signo, el menos extendido y más esotérico, si puede decirse, era la CRUZ GAMADA, sin que sea necesario volver sobre el sentido oculto de este símbolo. Tenemos actualmente la prueba de esa utilización. Así se ha encontrado, en el curso de unas excavaciones, un cofrecito marcado con la cruz gamada que contenía, entre otras cosas, unos discos de cobre acuñados con la esvástica. Se cree que estas piezas servían de contraseña en las reuniones de los altos dignatarios de la orden.

     Más próxima a nosotros, la Fraternidad de los Rosa-Cruz, heredera de la enseñanza tradicional tras la desaparición del templo, tomó de nuevo, al menos en su enseñanza esotérica, la misma emblemática sagrada. La innovación consistió en sobrecargar la cruz con una ROSA, equivalente occidental del LOTO hindú, señal de que la acción de la fama fraternitatis se desenvolvería bajo la égida del Amor y de la dulzura allí donde la acción material y guerrera de los templarios había fracasado. En el monasterio de Loudun puede contemplarse todavía una inscripción preñada de significado, pues representa una rosa cargada de una cruz gamada. El dibujo está firmado por Guyot, monje del siglo XIV, que no sería otro que el Kyot de la leyenda arturiana del Grial.

     A partir del siglo XVII, el uso de la esvástica parece desaparecer en Occidente. No olvidemos que esta misma fecha correspondería al retorno de los «Maestros de Sabiduría» hacia el Asia. En lo sucesivo habrá que esperar al resurgimiento en Alemania de los grupos ocultistas que habían de engendrar el fenómeno hitleriano para ver renacer un emblema que se creía desaparecido de Europa para siempre.


3. Los Iniciadores de Adolf Hitler

     En el origen de la carrera «mesiánica» de Adolf Hitler se encuentran tres grupos esotéricos diferentes por la forma y la organización, pero que concurren en realidad al mismo objetivo. Se trata de la ORDEN DEL NUEVO TEMPLE, fundada por el ex-cisterciense Lang; el grupo THULE, organizado por el barón Von Sebottendorf, y la SOCIEDAD DEL VRIL, inspirada por el pensamiento del escritor francés Louis Jacolliot. A títulos diferentes, estas tres sociedades secretas pueden jactarse de haber inspirado de manera determinante el pensamiento y la acción del señor del Tercer Reich.

     Para explicar la influencia de la ORDEN DEL NUEVO TEMPLE, hay que remontarse a la infancia de Adolf Hitler, nacido en Braunau am-Inn, el 20 de Abril de 1889. Destinado por su padre a ser funcionario de Aduanas, el niño ingresa en un colegio católico regido por benedictinos, la abadía de Lambach. Es en este edificio religioso donde parece que el destino ha dado a Hitler su primera cita.

     De la abadía de Lambach, Hitler guardará una precoz experiencia mística que se desarrollará más tarde en tendencias maniqueas, y sobre todo en el signo de la cruz gamada grabado treinta años antes en todo el monasterio por el padre abad Theodorich Hagen. Eclesiástico muy erudito, el padre Hagen era más o menos versado en Astrología y Ciencias Ocultas. Era igualmente un especialista del Apocalipsis según Juan, del cual es sabido que estaba en la base de la doctrina cátara y de las interpretaciones milenaristas de Joachim de Fiore, el célebre autor-visionario, profeta del Tercer Imperio y del Espíritu Santo, en el seno de la corriente Imperial cuyo Mito se trasladó sobre Federico II.

     En 1856, el abad efectuó un largo viaje al Próximo Oriente, visitando entre otras poblaciones Jerusalén, y luego la isla de Patmos, donde Juan tuvo sus visiones celestes. Estuvo también en el Irán, patria de Zoroastro, en Turquía y en los países del Cáucaso donde, según los textos tibetanos, habría imperado el «rey del mundo» antes de su regreso a Oriente.

     De vuelta en Lambach, en 1869, aquel monje algo raro se puso en seguida en busca de obreros y ebanistas a los que ordenó esculpir en todos los rincones de la abadía, en la piedra, en la madera y hasta en los objetos del culto, un signo desconocido por todos: la esvástica. Adolf Hitler, que tenía unos diez años de edad, no pudo menos que quedar impresionado por la repetición del signo solar que se le grabó en el subconsciente. Cosa más significativa aún ocurrió que, en la misma época, cuando Hitler era todavía alumno de Lambach. En la abadía se recibió la visita de un monje cisterciense que respondía al nombre de Adolf-Josef Lang, físicamente el arquetipo del ario rubio con ojos azules. El hombre, atraído por la austeridad de la vida monástica, estuvo varias semanas encerrado en la biblioteca del monasterio, entregado a misteriosas investigaciones. ¿Descubrió en ella lo que buscaba? Parece ser que sí. Sabemos, en efecto, que la orden cisterciense, a la cual pertenecía Lang, fue reformada en la Edad Media por Bernardo, el mismo que se entusiasmó por los templarios hasta el punto de redactar la REGLA DE LA ORDEN y hacerla aceptar por el Papa.

     El caso es que, colgando los hábitos, Adolf Lang se fue poco tiempo después a Viena, donde fundó el año siguiente (1900) la Orden del Nuevo Temple, inspirada, como indica su nombre, en los célebres monjes-soldados medievales. Se proclamó su nuevo gran maestre confesando haber recibido la iniciación de un sucesor de Jacques de Molay [3]. De creer a Wilfried Daim, Hitler fue un lector asiduo de Ostara, el periódico publicado desde 1905 por un tal Georg Lanz von Liebenfels, alias Adolf-Josef Lang, que, hecho singular, había adoptado la CRUZ GAMADA por emblema. Para Lanz, las «razas inferiores» de cabello oscuro eran los «simios» de Sodoma representados por la Biblia, los demonios salidos de Gog y Magog, opuestos a los «arios rubios de ojos azules», «obra maestra» de los dioses, dotados de poderes supranormales en forma de «estaciones de fuerza» y de «órganos eléctricos» que les aseguraban una supremacía absoluta sobre todas las demás criaturas. Lanz pretendía «despertar» a los dioses que dormitaban en el hombre a fin de restituírle la «potencia divina» que le devolvería el «poder original».

[3] Ultimo Gran Maestre de los Caballeros del Temple, condenado a muerte por orden de Felipe el Hermoso y muerto en la hoguera en 1314.

     Aparte de su nebulosa teoría, lo que permanece más inquietante entre los escritos del ex cisterciense, son sus PREDICCIONES, cuyo contenido se aplica perfectamente al destino de Adolf Hitler. En una curiosa coincidencia, Lanz hace remontar el origen de la raza blanca a Thule y a los hiperbóreos, y ve una justificación de sus teorías en el pasaje bíblico (Libro de Enoc) que evoca seres translúcidos de cabellos blancos surgidos de una raza de gigantes. Más atrás en el tiempo, el primer filósofo «racista» que conocemos, el francés Fabre d'Olivet, da también a la raza primordial un origen BOREAL, y casi divino [4].

[4] Este último escribe, efectivamente, en su Histoire Philosophique du Genre Humain (París, 1966-1967, 2 vols.): «He de dedicarme solamente a la RAZA BLANCA, a la cual pertenecemos, y esbozar su historia desde la época de su última aparición en los alrededores del POLO BOREAL... Es seguramente muy difícil decir en qué época la raza blanca, o hiperbórea, comenzó a reunirse mediante algunas formas de civilización y aún más en qué época más remota empezó a existir. Moisés, que habla de ellos en el sexto capítulo del Bereshit (el Génesis), con el nombre de ghilboreanos, cuyos nombres eran tan célebres, según él, en la profundidad de los tiempos, sitúa su origen EN LAS PRIMERAS EDADES DEL MUNDO» (p. 82). Más adelante, Fabre d'Olivet escribe estas líneas, fechadas en 1821, en el tomo II, capítulo VI, "Mission d'Odin": «Ninguna de las circunstancias felices que le podían favorecer (a Odín) escaparon al discípulo de Zoroastro. Vio de una ojeada esa inmensa región que se extiende desde el Volga, en los confines de Asia, hasta las costas de Armórica y de Bretaña, en los extremos de la Europa prometida a sus dioses y sus armas» (p. 44). ¿No se aplica admirablemente este pasaje a las conquistas de Adolf Hitler, ese nuevo Odín? El escritor francés añade, por su parte: «Su valor, cantado por los bardos discípulos suyos, ha sido transformado por éstos en una virtud sobrenatural. Al correr de los tiempos, han encerrado en su historia particular todo cuanto pertenecía a la historia general de la RAZA BOREANA, a causa de Bore que él se había dado por antepasado» (p. 49). El circuito queda así cerrado, observaremos nosotros.

     Pero volvamos a los textos proféticos de Ostara, publicados en un número que hará época, el de la primavera de 1912. En ese artículo, Lanz recuerda que Odín, el más grande de los dioses de la mitología germánica, asimilable a Zeus o Júpiter, reinaba, según las sagas escandinavas, sobre el pueblo de los ases, oses u osetas, cuya ciudad sagrada, la «capital santa», es Asgard, una tierra situada, según Lanz, «en el punto donde las corrientes del Volga y del Don se acercan más», lo cual corresponde exactamente a la posición de Stalingrado, centro de una lucha titánica entre rusos y alemanes en el curso de la Segunda Guerra Mundial. De este «reino de los ases», el fundador de Ostara no es el único en hablar y, curiosamente, Renán acude en su socorro. Por esto encontramos, escritas por el escritor celta estas palabras enigmáticas:

     «Una amplia aplicación de los descubrimientos de la fisiología y del principio de la selección podría conducir a la creación de una raza superior, que tendría su derecho de gobernar, no solamente en la Ciencia, sino en la superioridad misma de su sangre, de su cerebro y de sus nervios». Y el escritor continúa: «Una fábrica de "ases", una ASGARD, PODRÁ SER RECONSTITUÍDA EN EL CENTRO DE ASIA...»

     ¡Nos parece soñar! Expulsados de sus tierras de elección por invasiones, los ases, guiados por Odín, de creer al ex monje, habrían refluído de la región que ocupaban en torno del Cáucaso hasta el mar Báltico. El emblema real de Odín, como el lector habrá adivinado, no habría sido otro que la cruz gamada [5], y Lanz indicaba:

     «Varias leyendas explican que un día los ases, conducidos por las valkirias y el gran Caballero blanco, convertido en señor supremo, irán a reconquistar la ciudad santa de Asgard, la tierra prometida de los antepasados, la Osetia en el Cáucaso, y la montaña mágica, el Elbruz, sobre el cual, según las leyendas, encalló el arca de Noé después del diluvio».

     Y Lanz se pone a profetizar:

     «La vida verdadera del señor supremo transcurrirá durante un período de seis veces doce años a fin de que pueda cumplir su misión bajo el signo de la RUEDA SOLAR que cambiará la faz del Universo».

[5] A propósito de la cruz gamada y de la relación entre este símbolo y el dios germánico Odín o Wotan, Madame Blavatski escribe, en su Doctrine Secrete (tomo III, p. 15, París, 1904): «Es el martillo de Thor, el arma mágica forjada por los enanos para usarla contra los gigantes, o las fuerzas titánicas pre-cósmicas de la Naturaleza que se rebelan y que, mientras están vivas en la región de la materia, no quieren ser domeñadas por los dioses —los agentes de la armonía universal—, pero han de ser destruídas primero. Es por esto que el mundo está formado de restos de Ymir degollado. La esvástica es el Mjolnir, el "martillo de la tormenta", y es por ello, se dice, que cuando los Ases, los dioses santos, después de haber sido purificados por el fuego —el fuego de las pasiones y de los sufrimientos, durante sus encarnaciones— se hacen dignos de vivir en Ida, en una paz eterna, el Mjolnir se tornará inútil». En cuanto al ocultista ya citado, Fabre d'Olivet, afirma que el gran dios de la mitología germánica «llamado Frighe, hijo de Fridulphe, apodado Wotan por los escandinavos, nos es conocido por el nombre de Odín». Y añade: «Frighe (hombre divinizado) era celta o escita de origen, como su nombre indica bastante. Un antiguo historiador de Noruega asegura que mandaba a los Ases, pueblo de origen céltico, CUYA PATRIA ESTABA SITUADA ENTRE EL PONTO EUXINO Y EL MAR CASPIO» (Fabre d'Olivet, op. cit., pp. 42 y 43). Esta afirmación, que sitúa justamente la morada de los Ases en la Osetia actual y su capital de Asgard, la moderna Stalingrado, coincide perfectamente con la tesis de Lanz, y no es el hecho menos sorprendente cuando se sabe que Fabre d'Olivet escribía en 1921. Más adelante, el autor llega a decir nada menos (p. 44): «Frighe era sectario de Zoroastro, conocía además todas las tradiciones de los caldeos y de los griegos, como lo prueban rotundamente varias instituciones que dejó en Escandinavia. Estaba iniciado en los MISTERIOS DE MITRA». No vamos a añadir nada más.

     Y vamos a ver cómo los escritos de este «mago» se inscriben en la línea de los «místicos del Sol», cuando afirma que el futuro «señor» tendrá «la revelación del signo CRUZ NEGRA GIRATORIA COMO EL SOL NEGRO». Aquí comienza un simbolismo de las cifras. En efecto, el enviado supremo permanecerá oscuro a los ojos de todos durante «dos veces doce años».

     «Al cabo de doce años después de su VERDADERO NACIMIENTO, tendrá en primer lugar la plena revelación del sentido del signo, y luego fabricará su estandarte. Después de haber recibido los pequeños misterios y los grandes misterios, será elegido, subiendo así los doce grados ascendientes del superhombre que le darán los poderes mágicos para realizar su alta misión. No obstante, deberá sufrir todavía la prueba del hierro y del fuego, hasta en su carne, antes de comenzar a reunir a sus discípulos y aparecer a plena luz, al final de su segunda edad verdadera».

     Su «tercera edad verdadera» lo verá caminar hacia el triunfo:

     «Cuatro etapas de tres años le serán necesarias para que sea reconocido por todos los de su pueblo. Dará un mensaje universal que no será comprendido por todos, pues en el curso de la segunda etapa conducirá a sus discípulos con este mensaje. En el curso de la tercera etapa, reunirá a la multitud creciente de sus discípulos en la nueva ciudad santa donde irradiará la cruz giratoria. Hasta el curso de la cuarta etapa no caminará hacia el mando de todo su pueblo. Entonces comenzará su cuarta edad verdadera. Emprenderá la cruzada contra las fuerzas del MAL, que lo convertirá en señor supremo de todo el Universo».

     Y Lanz se torna entonces de una precisión alucinante:

     «Esta cruzada durará cuatro veces cuatro años. El primer período será aquel durante el cual forjará su espada. El segundo período lo verá desenvainar el acero. El tercer período será aquel en que azotará como el rayo para arrancar la Humanidad a la corrupción judía y a la dominación materialista para conducir la cruzada hasta la RECONQUISTA DE ASGARD, la tierra santa de los ases, y PLANTAR SU ESTANDARTE EN LA CUMBRE DEL MONTE DEL ARCA».

     Y el fundador de Ostara concluye así:

     «...poseyendo toda la verdadera potencia de Odín, hará conocer a sus enemigos el fuego del cielo que estará a su servicio y azotará a la Tierra con más violencia que mil relámpagos. Será el señor supremo del mundo e instaurará en todas partes las leyes de su orden por mil años. (No obstante) Cuando la Era del espíritu esté instaurada durante cuatro veces tres años y su hijo haya alcanzado la plenitud de su edad verdadera, dos veces doce años, el señor supremo se dispondrá al gran viaje. El hijo habrá construído el ÁGUILA DE ORO que, al término exacto de la sexta edad verdadera del señor supremo, conducirá a éste hasta las PUERTAS DE LA CIUDAD CELESTE marcada con las doce cruces negras giratorias que irradian en la noche de los tiempos».

     En medio de muchas oscuridades, la simbólica cifrada y alegórica de Lanz nos puede sumir en un abismo de reflexiones a condición de ser correctamente interpretada.

     Pero sigamos la profecía paso a paso. Se desarrolla a tono con la vida de Hitler. Si consideramos que la cifra OCHO, según la tradición, es la de la INICIACIÓN, de la RESURRECIÓN, el «nuevo nacimiento» del señor, es decir, de Hitler (nacido en realidad el 20 de Abril de 1889) sería 1889 + 8 = 1897, fecha que corresponde al ingreso del niño como alumno en la abadía de Lambach-am-Traun, donde tuvo por primera vez la revelación de la cruz gamada.

     La cifra siguiente, DOCE, es la de la REALIZACIÓN o de la PLENITUD, es la de los misterios de la Antigüedad, de lo sagrado (los doce apóstoles, los doce signos del Zodíaco, los doce trabajos de Hércules). Es también el múltiplo de 3, y la trinidad es el misterio supremo tanto en Oriente (la tríada sagrada china, la Trinidad cristiana, los tres soles de Yámblico) como en Occidente (las tríadas druídicas). Es igualmente el múltiplo de 4, la cifra cuadrada que simboliza las diferentes regiones del espacio (Norte, Sur, Este y Oeste), los diferentes brazos de la cruz, permanente en la Naturaleza terrestre (las cuatro estaciones) y hasta infernal (subterránea: los cuatro jinetes del Apocalipsis). Cuatro es además el atributo de los elementos agua, aire, tierra y fuego, que son las fuerzas del Cosmos. De creer al historiador André Brissaud, fue en 1909 (1897 + 12) cuando Hitler descubrió Ostara y «compuso un proyecto de tapa para un libro que quería escribir, La Revolución Germánica, sobre la cual figuraba un estandarte de cruz gamada irradiante inscrita en un círculo» (En Miroir de l'Histoire, Nº 248, p. 44). Hitler tuvo, de esta manera, «la plena revelación del signo» evocada por Lanz.

     Si añadimos doce años más, obtenemos la fecha de 1921, que es la de los inicios del partido nacionalsocialista. En 1921 sobre todo, Hitler se convierte en «presidente» y jefe supremo del partido sucediendo a Anton Drexler. A partir de 1921, el médium de Braunau salva «los doce grados ascendentes del superhombre» y entra en la «tercera edad verdadera» que incluirá «cuatro etapas de tres años». En el curso de la primera, «dará un mensaje universal que no será comprendido por todos». Efectivamente, el putsch de Munich intentado por Hitler fracasa el 9 de Noviembre de 1923 a pesar de los éxitos iniciales del NSDAP y se ve en la prisión de Landsberg en 1924. De esta fecha a 1927, el partido nacionalsocialista se reforma. Es el período durante el cual Hitler «conducirá a sus discípulos con este mensaje». La tercera etapa termina en 1930, año en el que los nacionalsocialistas logran un gran triunfo electoral (107 diputados en el Reichstag). «Reunirá a la multitud creciente de sus discípulos». Por último, en la cuarta etapa Hitler accede al cargo de canciller y celebra su victoria en el Congreso de Núremberg. «Caminará hacia el mando de todo su pueblo».

     Entonces comienza «la cuarta edad verdadera» en cuyo transcurso «emprenderá la cruzada contra las fuerzas del mal». De 1933 a 1936, Hitler organiza el rearme de Alemania. «El primer período será aquel durante el cual forjará su espada». En el curso de la segunda etapa (1936 + 3 = 1939) Hitler inaugura la Era de los golpes de fuerza, el primero de los cuales es la reocupación militar de Renania, seguida por la anexión de Austria y la absorción de Checoslovaquia. Es la época que «lo verá desenvainar el acero».

     En 1939, al comienzo del «tercer período», estalla la Segunda Guerra Mundial, «en la que azotará como el rayo». Hitler (1939 + 3 = 1942) va de triunfo en triunfo. Tres años más y estamos en 1942. El Führer se halla en la cúspide de su poderío, pues ha conquistado Europa y la mitad de Rusia. Sólo le falta apoderarse de Stalingrado, capital de la Osetia, «para conducir la cruzada hasta la RECONQUISTA DE ASGARD Y PLANTAR SU ESTANDARTE EN LA CUMBRE DEL MONTE DEL ARCA», lo cual es un hecho cuando un grupo de soldados alemanes planta la bandera de la cruz gamada en el monte Elbruz, cumbre del Cáucaso y «montaña sagrada de los arios». La esvástica ondea también en Stalingrado, entre el Don y el Volga, pero a partir de este momento, las profecías de Lanz se estropean. Hitler, por las razones místicas que ahora conocemos, rehusa evacuar Stalingrado donde sus ejércitos están cercados y son destruídos, no será jamás el «señor supremo del mundo que instaure en todas partes las leyes de su orden por mil años», ese MILLENARIUM que no cesaba de anunciar el Führer. No poseerá el FUEGO DEL CIELO, la bomba atómica que «azotará a la Tierra con más violencia que mil relámpagos». Es el estadounidense Truman quien lanzará el «Sol de Hiroshima» y desatará el fuego de la energía nuclear. ¿Qué habría pasado si un comando Aliado no hubiese logrado destruír, en 1943, la fábrica de agua pesada instalada en Noruega? Hitler... señor del mundo. Hemos pasado muy cerca de la «predicción de Lanz». En fin, el astrólogo debió de haberse equivocado en sus cálculos. A menos que el porvenir no nos depare otras sorpresas en una época próxima que vería el «águila de oro» llevar al «señor supremo hasta las puertas de la ciudad celeste marcada con las doce cruces negras giratorias que irradian en la noche de los tiempos».


El Grupo Thule

     Si Hitler fue influído por las «predicciones» de la revista Ostara y estuvo quizás afiliado a la Orden del Nuevo Temple en los años inmediatos que precedieron a la Primera Guerra Mundial, el influjo de la Thulegesellschaft sobre el partido nacionalsocialista en sus inicios no deja de ser irrefutable y mucho mejor probado.

     Esta «sociedad secreta» fue creada en Agosto de 1918 por iniciativa del barón Von Sebottendorf, personaje extraño que merece toda nuestra atención. El grupo Thule en sí no era más que la emanación de una sociedad iniciática mucho más importante intitulada ORDEN DE LOS GERMANOS (Germanenorden), fundada en 1912 y de la cual Sebottendorf llegó a ser una de las «cabezas pensantes», hasta el punto de que le fue confiada, en Enero de 1918, la dirección de la rama bávara de la orden.

     Nacido en Sajonia en 1875, Sebottendorf realizó antes de 1914 numerosos viajes al Próximo Oriente. Durante la guerra balcánica de 1912-1913, dirigió incluso la organización de la MEDIA LUNA ROJA turca y fue elevado a la maestría del Rosario (Rosenkranz). En cualquier caso, la influencia de este personaje en la Alemania de posguerra era considerable, puesto que podía amenazar impunemente al jefe de policía de Munich con desencadenar programas que arrastrarían al Gobierno en caso de que algún miembro del grupo Thule fuese molestado. En este «caldo de cultivo» de las sectas racistas alemanas con vocación oculta, surge el DAP (Partido Obrero Alemán) fundado por Anton Drexler e inspirado directamente por nuestro famoso barón, movimiento que había de hallar su fórmula definitiva en el NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) y su «gran inspirado» en Adolf Hitler.

     La Thulegesellschaft cobijaba bajo su sombra toda una red de grupos similares inspirados por la misma doctrina racista y anti-judía con base de ocultismo, tales como la Unión del Martillo, que contó un momento entre sus miembros influyentes con el economista Gottfried Feder, uno de los futuros «cuadros» del partido nacionalsocialista. En cuanto al nombre de la secta, se inspira en la mitología germánica, ya que el martillo en cuestión es precisamente el «martillo de Thor» [6] herramienta del dios paralelo a Vulcano que forja en su antro las armas de Odín, el RAYO. Esta herramienta simbólica está figurada por la letra Tau invertida, y consta siempre de la esvástica, la cual no sería otra, en esta interpretación, que el símbolo de la TRANSMUTACIÓN ALQU1MICA. Su origen remoto sería egipcio.

[6] Es el momento de recordar aquí la profecía del escritor alemán Henrich Heine. Fue redactada una noche del mes de Marzo de 1840 por un hombre presa de un éxtasis indescriptible, sentado ante una jarra de cerveza, en una pequeña taberna de Múnich. Con mano temblorosa y febril, el gran pensador alemán que fue Heine, trazaba estas líneas proféticas y terribles: «El cristianismo ha suavizado el brutal ardor bélico de los germanos, pero no ha podido destruirlo, y cuando la cruz, ese talismán que lo encadena, sea rota, desbordará de nuevo la ferocidad de los antiguos guerreros... Thor se alzará con su martillo gigantesco y demolerá las catedrales góticas. Cuando oigáis los estruendos y el tumulto, poneos en guardia, queridos vecinos de Francia. El pensamiento precede a la acción como el relámpago al trueno. El trueno de Alemania es alemán, la verdad sea dicha. No es muy ágil y rueda con lentitud. Pero vendrá, y cuando oigáis un crujido como nunca un crujido igual se ha dejado oír en la Historia del mundo, sabed que el trueno alemán habrá alcanzado su objetivo. Entonces se representará un drama al lado del cual la Revolución francesa no habrá sido más que un inocente idilio».

     Pero para volver a la acción de la Sociedad, cabe preguntarse cuál era su implantación. Por sorprendente que parezca a primera vista, el Sur de Alemania era mucho más receptivo a este género de «propaganda» esotérica, y las reuniones del grupo tenían lugar principalmente en Múnich, plataforma giratoria de los movimientos secretos y anti-weimarianos. Destaca igualmente en este círculo de iniciados la presencia de Hans Franck, abogado del partido nacionalsocialista, que había de ser un día gobernador general de la Polonia ocupada.

     En su obra, hoy imposible de encontrar, Bevor Hitler kam (Antes de que Viniera Hitler) el animador del grupo Thule recuerda cuál fue la fuente esotérica de su doctrina, y ello coincide con nuestro punto de vista y demuestra que los fundadores del partido nacionalsocialista usando curiosamente la óptica de Federico II de Hohenstaufen, no desdeñaban buscar en el Islam, religión en eterno devenir, una parte de su inspiración gnóstica. Sebottendorf no dudaba en escribir: «El Islam no es una religión petrificada. Muy por el contrario, su vitalidad es mayor que la del cristianismo». ¿De dónde puede venir su fuerza? De su manantial escondido «de un agua viva que lo fecundaba todo en los primeros tiempos de la Iglesia y que suscitó en la Edad Media las más maravillosas floraciones». No se puede comprender esta búsqueda en las fuentes de las grandes religiones, monoteísmo de Akenatón, zoroastrismo, maniqueísmo, gnosis, budismo, Islam, de no tener en cuenta la INICIACIÓN SOLAR común a todas estas tentativas metafísicas. Los «nuevos señores» de Alemania no podían ignorar esta filiación, y Hitler menos que nadie. Era menester, en esta perspectiva, recobrar el «hilo del conocimiento perdido» y «el camino que lleva a la real Thule», y para hacerlo, utilizar las corrientes esotéricas tradicionales, únicas que pueden reconstituír, página tras página, el «gran libro de la epopeya de los arios».

     Esto está corroborado por la explicación de Sebottendorf que escribe:

     «Es necesario demostrar que la francmasonería oriental conserva todavía fielmente, en nuestra época, las antiguas enseñanzas de la sabiduría, olvidadas por la francmasonería moderna, cuya constitución de 1717 fue un desvío de la justa senda».

     Según su propia visión, Sebottendorf estaba encargado de realizar una misión:

     «No se me puede reprochar ninguna profanación ni sacrilegio alguno descubriendo la fuente de estos misterios... Es el camino que las órdenes de derviches suelen recorrer a fin de adquirir fuerzas especiales mediante técnicas particulares. Son en su mayoría hombres que aspiran a la alta iniciación, aquella de la cual provienen los que han sido formados y preparados para misiones de jefes espirituales del Islam...

     «Esta alta iniciación es la base práctica de la masonería, y constituía la obra de los alquimistas y de los Rosa-Cruz... Pero para responder a la acusación de una traición por parte mía, es menester declarar que este texto ha sido escrito A PETICIÓN DE LOS JEFES DE LA ORDEN. La razón de ello es que una vasta organización de la incredulidad, de dimensiones monstruosas, quiere someter al mundo civilizado. Las instituciones religiosas están tan profundamente socavadas que no pueden siquiera rehacerse ni oponer una resistencia unificada. Si no surgen jefes espirituales en Occidente, el caos puede arrastrarlo todo hacia el abismo. En este desamparo, los "hermanos musulmanes" se acordaron de que la tradición afirma que hubo un tiempo en que Europa CONOCÍA LA ALTA CIENCIA... El desamparo del momento hizo desvanecerse toda objeción a la publicación de esta obra».

     En esta iniciación, Sebottendorf reivindica como maestro suyo al dirigente de la Unión del Martillo Theodor Fritsch (1852-1933), autor del Manual de la Cuestión Judía, folleto que tuvo en su tiempo cierto éxito. El libro de Fritsch evocaba los «grandes mitos» familiares para el lector, tales como los «temibles gigantes» o la «mistificación cristiana».

     Fritsch ejerció una influencia notable en las teorías de la «Orden de los Germanos», fundada en 1912, que se parecía a ciertas logias de la masonería prusiana (racista), así como a algunas asociaciones anti-judías declaradas. En Thale, en Mayo de 1914, según refiere Von Sebottendorf, los militantes de la Germanenorden formaron una alianza secreta, la primera logia anti-judía destinada a oponerse como sociedad consciente a la alianza secreta judía.

     El grupo Thule se convirtió en una filial particularmente activa de la sociedad matriz, puesto que los principales intelectuales nacionalsocialistas habían de salir de él, copiándole numerosos ritos, principalmente el del saludo Sieg Heil!, según el testimonio de Sebottendorf. La prohibición de su libro en Alemania en 1934 incita a creer que decía la verdad.

     Las reglas de la Germanenorden eran muy estrictas: Ante todo, la orden sólo admitía como miembros a alemanes «de pura sangre», y a mujeres únicamente con el grado «de amistad».

     En vísperas de la guerra de 1914, un centenar de logias estaban ya constituídas en todas partes de Alemania, agrupando varios miles de miembros. Por supuesto, la organización permanecía secreta. En Diciembre de 1917, a instancias de Sebottendorf, fue decidida la publicación de las «Noticias Generales de la Orden» destinadas únicamente a los iniciados, y de las «Runas» accesibles a las titulares del grado «de amistad».

     Fue en aquella ocasión cuando Von Sebottedorf consiguió el importante puesto de jefe para toda Baviera. Lo aprovechó luego para escribir esta frase reveladora: «Esta elección ha sido importante, pues Baviera se convierte así en la cuna del movimiento nacionalsocialista». En las publicaciones de la orden figuraba en lugar destacado la cruz gamada acompañada del símbolo del dios Wotan. En cuanto al apelativo de Thule, que sucedió a «Orden de los Germanos» hasta el punto de absorberlo completamente, sabemos con qué se relaciona. Este nombre «mágico» no podía por menos que atraer al ocultista Sebottendorf, muy versado en Astrología, pues estableció numerosos horóscopos para altas personalidades. Por iniciativa suya, a partir de 1918 las logias se celebraron todos los sábados, día de Saturno, astro muy vinculado al destino de Adolf Hitler, nacido bajo el signo de Aries, que transcribió el símbolo astrológico en su firma.

     Añadamos que la sigla oficial de la Thulegesellschaft, que decoraba todas las logias, representaba la cruz gamada sobrecargada con dos lanzas. ¿Por qué este triple símbolo? Según Rosenberg, porque los pueblos nórdicos aportaron la cruz gamada, como también por lo demás la lanza, la aureola y la cruz ordinaria, bastante antes del año 3000 a.C., a Grecia, a Roma y a las Indias.

     La derrota de 1918 favoreció a los grupos esotéricos racistas aprovechando la desesperación de numerosos alemanes. Así, el 9 de Noviembre de 1918, o sea, dos días antes del armisticio, Sebottendorf pronunció el discurso siguiente, instructivo y premonitorio:

     «Tengo la intención de empeñar a la "Thule" en este combate mientras posea el martillo de hierro... Lo juro sobre esta cruz gamada, sobre este signo que nos es sagrado, a fin de que lo oigas, ¡oh, SOL TRIUNFANTE!, y mantendré mi fidelidad para con vosotros. Tened confianza en mí como yo la tengo en vosotros... Nuestro dios es el padre del combate y sus runas son las del águila... que es el símbolo de los arios. Así es que, para destacar la facultad de combustión espontánea del águila, se la representará en rojo... Tal es nuestro símbolo, el águila roja, que nos recuerda que debemos pasar por la muerte para poder revivir».

     El simbolismo del águila será repetido por los nacionalsocialistas, acompañado de la esvástica. El Sol alado representa un símbolo muy antiguo adoptado tanto por los egipcios como por los mazdeístas o los griegos.

     En su libro, Antes de que Hitler Llegase, Sebottendorf publicó la lista completa de los miembros del partido nacionalsocialista que habían pertenecido al grupo Thule. Entre ellos figuran los nombres de Dietrich ECKART, redactor del Völkischer Beobachter y consejero de Hitler (muerto en 1923); de Rudolf HESS, y de Alfred ROSENBERG, colaborador de Dietrich Eckart y Reichsleiter del partido nacionalsocialista, autor del famoso El Mito del Siglo XX. Aparte de estos «brillantes segundos», la Thulegesellschaft se enorgullecía de contar a Adolf Hitler entre sus «hermanos visitantes».


La Sociedad del «Vril»

     Encontramos en el origen de esta sociedad, conocida igualmente con la denominación de logia luminosa, al escritor francés Louis Jacolliot (1837-1890). Había sacado su inspiración de los «iluministas», entre los cuales estaban el sueco Swedenborg y el francés Louis-Claude de Saint-Martin, fundador de la orden martinista, así como del alquimista alemán del siglo XV Jacob Boehme, restaurador del movimiento de los Rosa-Cruz. Jacolliot pasó gran parte de su vida en Oriente, y más particularmente en la India, donde fue mucho tiempo magistrado en los antiguos establecimientos franceses. Entre las obras destacadas de este escritor «esotérico», citemos algunos títulos significativos: Krishna et le Christ, Les Traditions Indoasiatiques, y Rois, Prétres et Castes.

     Jacolliot ve el principio de toda acción humana transcendente en el VRIL, formidable reserva de energía de la cual el hombre no suele utilizar más que una ínfima parte. Los yoguis de la India saben perfectamente de qué se trata cuando hablan del despertar de Kundalini, la «serpiente de fuego» situada en la columna vertebral y que puede ser liberada mediante prácticas tántricas de base sexual.

     La secta del «Vril» sigue viviendo en la India como grupo esotérico, y sumaba todavía hasta hace algunos años dos millones de adeptos repartidos esencialmente en el Estado de Maisur. Los «adoradores» del Vril veneran al Sol, y todas las mañanas saludan el renacer del astro del día. Sus templos están marcados en los ángulos con motivos de CRUCES GAMADAS, lo cual no ha de extrañarnos habida cuenta del significado del símbolo.

     La «Sociedad del Vril», fundada en Alemania a principios del siglo XX, tenía en ese país estrechos lazos con ciertos círculos teosóficos y, en el extranjero, con la Golden Dawn británica, fundada por S. L. Mathers, a la cual perteneció el célebre escritor inglés H. G. Wells, autor de La Guerra de los Mundos y menos conocido como filósofo. Curiosamente, Wells se revela en su libro Dios, el Invisible Rey como un místico del Sol. En efecto escribe, no sin razón según parece:

     «...las más antiguas tradiciones religiosas que cabe considerar como las más próximas a esa revelación primitiva cuya existencia nos incita a postular bastantes hechos que desembocan en la constatación de que estaban fundadas en el CULTO DEL SOL, tanto en la época de los dólmenes como en las civilizaciones precolombina, egipcia, escandinava, y hasta en Japón, donde el Sol es una diosa».

     Para Wells «el primer foco de la religión solar fue verosímilmente la Atlántida... De la Atlántida, la religión solar pasó a Méjico, a Perú, a Egipto, a Caldea», y el autor añade esta frase que habla por sí sola: «La religión hiperbórea era solar como lo fue la de los druidas». Estos escritos de Wells son el reflejo de la enseñanza de la Golden Dawn o «alba dorada», no sin relación con la Rosa-Cruz de oro holandesa que contó entre sus miembros al maestro francés Gadal, especialista del catarismo y amigo de Otto Rahn.

     Entre los miembros berlineses de la «Sociedad del Vril», destaca el nombre de Karl Haushoffer. Nacido en 1889, este personaje dará mucho que hablar hasta su muerte en 1946. Efectuó numerosos viajes a Oriente, principalmente a Japón, donde estudió el budismo zen, y a la India. En 1918 Haushoffer fue a afincarse en Múnich, refugio de todas las sociedades secretas, y fue uno de los primeros afiliados al Partido Obrero Alemán fundado el mismo año por el obrero cerrajero Anton Drexler (partido que se transformó en NSDAP por impulso de Adolf Hitler).

     El papel de Karl Haushoffer, fundador de la «Geopolítica», fue ciertamente importante, principalmente como conferenciante y "proveedor de fondos" del movimiento nacionalsocialista en sus inicios. Karl Haushoffer no sobrevivió mucho tiempo a la muerte de su "discípulo" Adolf Hitler, pues se suicidó en 1946 haciéndose el harakiri a la manera de los samurais. Su hijo Albrecht, que conoció una parte de la verdad a propósito de los secretos de la «logia del Vril», se puso al lado de la resistencia anti-nacionalsocialista y participó en el complot del 20 de Julio de 1944, que se proponía asesinar a Hitler. La red a la cual pertenecía se titulaba la «Rosa Blanca», puro símbolo del conocimiento iniciático.


4. El Iniciado Adolf Hitler

     Adolf Hitler nació el 20 de Abril de 1889, en Braunau-am-Inn, río que sirve de frontera entre Austria y Alemania. La Alta Baviera es el país de los médiums, y no lejos de allí discurre el majestuoso Danubio, poblado de las leyendas de la mitología germánica. Baviera es, además, el país de los bosques y de los castillos fantásticos erigidos por el rey Caballero Luis II, en pleno siglo XIX, y Wagner, ese titán de la música, podrá por fin realizar en Bayreuth su sueño de un templo de la armonía consagrado a su obra. Todas estas influencias impregnan con sus efluvios místicos el alma de aquel que, antes de lanzarse en la política, habrá querido ser tan sólo un artista. (...)

     He aquí lo que no ha de sorprendernos en cualquier caso. La semejanza entre ambas personalidades SOLARES, de Hitler y de Napoleón, es reforzada por otros signos. Así, lo que, más que su genio, hizo sin duda la grandeza de Napoleón, es la extraña fascinación que ejercía a su alrededor y que sigue ejerciendo, amplificada por la posteridad. Ahora bien, un poder magnético del mismo orden, provocador de entregas fanáticas y absolutas, se inscribe innegablemente en el horóscopo del canciller del Reich... Encontramos también el mismo espíritu aventurero, apasionadamente enamorado de la grandeza, pero, como contrapartida, con la misma despreocupación de la personalidad (y hasta de la vida) ajena. Napoleón se rodeaba mal: Hitler parece estar predestinado a ser perjudicado y hasta traicionado por sus segundos. (...)

     Sabemos que Hitler tuvo a su lado varios astrólogos a lo largo de toda su carrera. Hanussen, el «mago» que anunció el incendio del Reichstag, es el más conocido. Fue asesinado en 1933. Otros lo sucedieron con más o menos éxito. Entre ellos, encontramos el nombre de Elisabeth Eberstein, que editaba en Goerlitz libros y revistas astrológicos. Bastante renombrada por la calidad de sus trabajos, fue presentada a Hitler por el jefe supremo de la SS Heinrich Himmler, en el curso del año 1934. Ella fue quien aconsejó al Führer la construcción del «nido de águila» de Berchtesgaden, en la cima del monte Kehlstein. Desde lo alto de aquella terraza, podía contemplarse muy bien la bóveda celeste y consultar a los astros. Elisabeth Eberstein, a consecuencia de no se sabe qué intriga, cayó súbitamente en desgracia y volvió a su ciudad de Goerlitz. A principios de Octubre de 1939, los periódicos anunciaron la muerte repentina de la «pitonisa». (...)

     Hitler estaba perfectamente preparado para su papel de «receptáculo» de las fuerzas ocultas desde su primera juventud. Impresionado desde la edad de quince años por la música patética de Wagner, cae en éxtasis místico tras una representación de Rienzi [7] y, abandonando a su amigo August Kuzibeck, corre fuera de la ciudad y sube a la colina que domina Linz. Delante de las estrellas, en esta noche de otoño, Hitler, por primera vez, traba conocimiento con lo INVISIBLE. Más tarde, en Viena, al tiempo que «devora» Ostara, Hitler, en el transcurso de aquellos años errabundos, se lee bibliotecas enteras. Así guardaba mejor en la memoria que muchos profesores, la sustancia de los 25.000 versos de Parsifal. Martín Lutero y toda la historia de la Reforma le gustaban mucho, y manifestaba un vivo interés por el dominico Savonarola. Estaba muy instruído acerca de las actividades de Zwinglio en Zúrich y de Calvino en Ginebra, y había leído las enseñanzas de Confucio así como las de Buda y de su época. Leyó enormemente obras sobre Moisés, Jesús, los orígenes del cristianismo, e incluso estudió las obras de Renán y de Rosaltis [8].

[7] Cola Rienzi, político italiano, se esforzó en reformar las instituciones romanas. Gibelino, fue vencido por los partidarios del Papa y asesinado por el populacho en 1354. Wagner se inspiró en aquel tribuno del pueblo para una ópera.
[8] Citado por Joseph Grenier en Hitler, les Années Obscures, por Ernst Hanfstangl, París, 1969.

     Nos percatamos, al descubrir los autores preferidos de Hitler, que su elección estaba orientada por consideraciones muy particulares. El estudio de la sabiduría oriental y tibetana, del nacimiento del cristianismo que vio florecer en las primeras edades a los autores gnósticos, y luego de la Reforma anti-católica, se completa por la lectura de autores con clave cuya obra está fuertemente teñida de esoterismo: Dante y Goethe, por citar sólo los más conocidos.

     El florentino fue posteriormente agregado al panteón nacionalsocialista de los "genios de la raza aria". Dante, según Rosenberg, es de origen germánico. Se llamaba Durante Aldiger... Toda su vida se puso al lado de esa idea nórdica de que el poder temporal ha de ser independiente de la dominación de los sacerdotes. «No temió someter al tormento a los Papas depravados, de decir que Roma era una cloaca, y sobre todo escribía en la lengua del pueblo». Pero vayamos más lejos en el análisis. El adalid de la causa gibelina e imperial no podía sino ser favorablemente acogido tanto entre los «iluminados de Baviera» como en «la estrella azul de Praga», o en Viena, entre los sucesores de los «señores de las marcas lombardas». Dante da importancia a la raza y proclama que «todo casamiento desigual es un pecado contra la sangre». En cuanto al sueño del IMPERIUM, grato a los hitlerianos, cuando el rey alemán, conde de Luxemburgo, Enrique III, entra en Italia y se hace coronar emperador en Roma, Dante prepara con entusiasmo el terreno a este príncipe-templario que murió envenenado por una hostia, por orden del Papa. En términos nacionalsocialistas, la Sehnsucht [nostalgia] de Dante por el Indo y el Ganges, a través del mito de la monarquía universal, «es mencionada como la expresión de la nostalgia del lugar original de los grandes antepasados». Inscrito en el programa de los «colegios SS» y de las «escuelas» del Partido, Dante fue objeto de estudios numerosos por parte de los sabios nacionalsocialistas. En la Cracovia ocupada o en el Romanischer Seminar de Viena, enseñaban que «Dante era un valeroso y auténtico TEMPLARIO, que había comprendido perfectamente que el gobierno del mundo corresponde a la selección, una selección Blanca, y que respeta a la mujer como lo hace actualmente todo ario, en el caso del poeta. Es ante todo gracias a su apoyo y luego después al del gran burgundio Bernhard [9] que fue posible la ascensión hacia el SOL de los Caballeros blancos».

[9] Que no es otro que Bernardo de Claraval, protector de los templarios.

     No se acabaría de disertar acerca de las opiniones literarias de Hitler y sobre el prisma a través del cual él veía a los grandes personajes de la Historia cuya sucesión, en cierta manera, se adjudicaba. Si bien pone en el pináculo al Zaratustra [10] visto por Nietzsche, Hitler no desdeña ni mucho menos otras figuras históricas ilustres desde la Antigüedad hasta nuestros días. Siente un parentesco con Juliano cuyas obras ha leído y que, a sus ojos,

     «se debería difundir a millones el libro que contiene las reflexiones del emperador Juliano. ¡Qué maravillosa inteligencia y qué discernimiento! ¡Toda la sabiduría antigua!» [11].

[10] Una actitud semejante encontramos en el enjuiciamiento de Rosenberg sobre Zoroastro: «Zaratustra se remite en ello a la sangre aria que debe obligar a todo persa a servir al Dios de la Luz» que ha de triunfar de Angra-manyu (Ahrimán). «Actualmente, en el centro y en el Norte de Europa, la misma alma de la Raza que vivía antaño con Zaratustra, despierta con una fuerza mítica y adquiere una conciencia más elevada de sí misma» (El Mito del Siglo XX, trad. francesa, pp. 22 y 23).
[11] Adolf Hitler, Libres Propos, Flammarion, 1954, p. 87, tomo I.

     Estos elogios ditirámbicos dirigidos al adorador de Mitra y de Helios-Rey no han de extrañarnos en boca del hombre del SOL NEGRO presente en la cruz gamada, y en este concepto:

     «Sería mejor hablar de Constantino el Traidor y de Juliano el Fiel, que de Constantino el Grande y de Juliano el Apóstata».

     Y el Führer concluye sin ambages:

     «Lo que los cristianos han escrito contra el emperador Juliano es casi del mismo calibre que lo que los judíos han escrito contra nosotros. Los escritos del emperador Juliano, en cambio, pertenecen a la más alta sabiduría.
     Si la Humanidad se tomase la molestia de estudiar y de comprender la Historia, sacaría consecuencias de un alcance incalculable» (Ídem, p. 247).

     Más cerca de nosotros, Hitler califica al «corso Napoleón» de «genio militar único en el mundo» y, en el fondo de su corazón, casi le tiene envidia. Quiere seguir sus huellas, y en 1939 se pone la guerrera militar que ya no volverá a quitarse. La asimilación llega más lejos, puesto que se encarga de la dirección de la guerra y, en los primeros años del conflicto al menos, igual que el francés, alcanza éxitos fulminantes. Cuando en Junio de 1940 las tropas alemanas entran en París, Hitler da órdenes para que desfilen bajo el Arco de Triunfo de la Estrella, en señal de respeto por Napoleón, y cuando hace una visita relámpago a la capital, se presenta personalmente de manera inmediata en los Inválidos y allí, ante la tumba de pórfido que contiene los restos del Emperador, medita largamente y oye una voz que le murmura al oído: «¡Ve a Rusia! ¡Ve a Rusia!». Y como Napoleón 129 años antes, Hitler se lanza, el 21 de Junio de 1941 [12], aniversario del paso del Niemen por la «Grande Armée», a la conquista de la inmensa Rusia. Entre la coronación de NAPOLEÓN EMPERADOR y la llegada de Hitler al poder (1804 y 1933) encontramos el mismo intervalo de 129 años. Podríamos ir más lejos en la analogía al constatar, por ejemplo, que Napoleón y Hitler reinaron cada uno once años (1804-1815 y 1934-1945), pero, ¿acaso no son normales semejantes coincidencias en dos hombres marcados por los ASTROS de una misma configuración? De la misma manera, no se puede interpretar como un gesto dictado únicamente por el oportunismo político la decisión de repatriar a Francia las cenizas del «Aiglon» [Napoleón II, hijo del anterior], enterrado en Viena.

[12] Que es el día del solsticio de verano, epifanía solar.

     La ceremonia del traslado de las cenizas estuvo rodeada de una gran pompa, tal como había querido Hitler para rendir homenaje al hijo de Napoleón. Esta faceta del Führer, situándose de nuevo en la «cadena de los muertos» consagrados al SOL NOCTURNO es el equivalente del aspecto despiadado y demiúrgico del dictador alemán.

     Lo que distingue a Hitler de los otros místicos es su carácter excesivo, su voluntad de dominación que hace de él a la vez un INICIADO y un GRAN SACERDOTE. En el plano de la disciplina corporal, Hitler seguía las reglas estrictas del iniciado de todas las religiones, trátese de los "perfectos" cátaros, de los pitagóricos o de los sacerdotes mazdeístas: alimentación VEGETARIANA y CONTINENCIA SEXUAL. Un ascetismo semejante facilitaba sus éxtasis de médium y le permitía entrar en contacto con determinados «magos» diseminados por Europa. (...)

     El 12 de Abril de 1945, cuando la tempestad de la artillería soviética comenzaba a desencadenarse sobre el Berlín asediado, en el fondo del búnker de la Cancillería del Reich, Goebbels, ministro de Propaganda y «fiel entre los fieles», iba de estancia en estancia exclamando: «¡La zarina ha muerto! ¡La zarina ha muerto!» [13]. A su juicio y al de Hitler, se trataba de un verdadero milagro análogo al que salvara la vida del rey de Prusia Federico II cuando, rodeado por los ejércitos enemigos, se disponía a poner fin a sus días. La muerte inopinada de la zarina Catalina II, en 1762, provocó un cambio de alianzas favorable al monarca prusiano.

[13] No se trataba de la esposa alemana del zar Nicolás II, atraída por los «magos» y las «ciencias ocultas», asesinada en Ekaterinburgo con la familia imperial por los bolcheviques. En su agonía había trazado, en la pared de la casa Ipatiev, donde estaba presa, una cruz gamada. Es el punto de partida de una «curiosa aventura» en la que se inspiraron los servicios secretos franceses para «hacer publicar» un libro de espionaje en forma novelada (antes de 1939)... Libro destinado a hacer comprender a los dirigentes nacionalsocialistas que no eran los únicos en interesarse muy detenidamente por «el enigma del Dragón verde»... Pero esa es otra historia que nos llevaría muy lejos.

     Pero, esta vez, la hora del destino había sonado sin que el «milagro» de la «casa de Brandeburgo» se repitiese. La muerte de Roosevelt, asimilado por Goebbels a Catalina II, no había de provocar revoluciones diplomáticas ni aplazar la derrota ineluctable del Tercer Reich.

     La PROVIDENCIA, palabra que encubría extrañas potencias y que él invocaba constantemente en sus discursos, no acudió en auxilio del Führer [14]. La alquimia nacionalsocialista que, a través de los tres colores, negro, blanco y rojo, del estandarte con cruz gamada, había de desembocar en la «piedra filosofal» por la creación del superhombre, triunfador del HIELO por el FUEGO (teoría grata al sabio nacionalsocialista Horbiger), fracasó completamente. El 30 de Abril de 1945 [15], la seca detonación de una pistola Walther hacía saber a los habitantes del búnker que el Führer acababa de quitarse la vida. El cuerpo de Hitler, envuelto en una manta, conoció el fin terrestre de los «iniciados» al ser consumido por el FUEGO purificador, en una hoguera solitaria, al resplandor de las explosiones anunciadoras del «crepúsculo de los dioses».

[14] A propósito de la carrera "mesiánica" y propiamente religiosa de Adolf Hitler, cabe citar este pasaje asombroso hallado en un órgano nacionalsocialista: «La Unción del Señor es nuestro camarada de lucha, Dios nos ha enviado un Salvador, nuestro Führer» (Citado por G. Welter, en Histoire des Sectes Chrétiennes, París, 1950, p. 264).
[15] Coincidencia o no, es igualmente el 30 de ABRIL que cae tradicionalmente la «noche de Walpurgis», que ve a los fantasmas liberados de sus cadenas volver entre los vivos. Esta leyenda es típicamente germánica.

     No obstante, si interrogáis a numerosas personas, os contestarán que Hitler no ha muerto, «que se esconde para reaparecer un día», o «que se halla retirado en una base secreta situada en el océano Antártico». Así, hasta inconscientemente, la Prensa y el rumor público, haciéndose eco de estas «leyendas», renuevan y «actualizan» sobre la cabeza de Hitler el mito milenario del «gran monarca» y del «Emperador dormido» que ha de despertar a Europa. Federico II de Hohenstaufen, no lo dudemos, seguirá teniendo émulos, cuidadosamente preparados y «lanzados» al escenario del mundo. Recordemos, a este propósito, que en la misma fecha del 30 de Abril de 1945, un gran tetramotor emprendía el vuelo de la Alemania en ruinas, llevando en sus flancos, cual el ave del Apocalipsis, a los «cardenales del sacro colegio hitleriano» hacia un destino lejano, el Tíbet, ese «Techo del mundo», objeto de todas las codicias, que será invadido quince años más tarde por las tropas avanzadas del SOL ROJO, Mao Tsé-Tung.–




2 comentarios:

  1. Wotans Krieger Raccomanda: Il Sole Nero Svelato (Black sun unveiled) acquistabile su amazon.com come The Final battalion.
    Ho appena trascorso le ultime due o tre settimane a leggere e studiare il recente Black sun Unveiled da James Pontolillo [2013]. Si tratta di un tomo enorme composto di 792 pagine e 65 capitoli con cinque appendici! Pontolillo fa uno splendido lavoro di scovare le origini della Schwarze Sonne mythos e così facendo egli approfondisce i campi dell'alchimia medievale, XIX e la letteratura del XX secolo, tra cui la fantascienza prima che arrivi al più interessante [per me] parti del libro. La seconda parte del libro si compone di opere rare ariosophical e Armani vi tradotte in inglese, molti per la prima volta sembrerebbe insieme con l'esplorazione di come il simbolismo del Sole Nero è penetrato la scena musicale folk e narrativa contemporanea. Esempi di importante lavori includono la completa Das Mysterium der Zentralsonne da Peryt Shou [1912], un lavoro estremamente difficile capire [in tedesco o in inglese!] e stralci tradotti di opere di HP Blavatsky, Karl Maria Wiligut, Emil Ruediger, Erich Halik, Wilhelm Landig, Rudolf J. Mund, Savitri Devi, Miguel Serrano, Robert Charroux, Jean-Michel Angebert, James Madole, il Tempelhofgesellschaft, Ordine degli Angli Nove, Norbert Jürgen Ratthofer, Ralph Ettl, Gerhard Hess, Jan van Helsing e molti altri. Il libro è disseminato di ben prodotte fotografie e le illustrazioni in bianco e nero. Durante le varie opere tradotte Pontolillo ha aggiunto note copiose. Questi tendono ad essere piuttosto ripetitivo se si legge il libro dall'inizio alla fine, come ho fatto, ma può essere molto utile se si leggono i capitoli appena selezionati di maggiore interesse per voi o se approfondire il libro frammentario, nel qual caso la ripetizione è molto useful.At alla fine di ogni capitolo c'è una pagina di riferimento molto utile di libri di fonti pertinenti. Il capitolo di apertura è lungo 67 pagine ed è dedicato a discutere la relazione tra Heinrich Himmler, il Schwarze Sonne , Schloss Wewelsburg e SS occultismo in cui il autore cerca di dissipare molte inesattezze relative a questi temi perpetuati da autori più sensazionalistici. Si tratta di un lavoro scientifico e l'unico del suo genere quindi non ho alcuna esitazione nel consigliare a chiunque sia interessato al tema del Sole Nero, Armanesimo o ariosofia.

    Prego di diffondere al massimo tutto il materiale presentato qui sotto :
    TRATTO DA
    http://www.ereticamente.net/2015/05/sullorlo-della-storia-terza-parte.html

    https://www.scribd.com/doc/264496505/RUZZAI-La-vera-origine-delle-Razze-umane-secondo-la-tradizione-e-aggiornamenti-su-Thule-Atlantide-e-civilta-perdute

    https://www.scribd.com/doc/264626728/Ex-oriente-lux-ma-sara-poi-vero-Di-Fabio-Calabrese

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  2. Heil
    someone can tell me if at Maya Incas and Aztecs, the white descendants from the Gods of America was the Black Sun concept?
    Thank you

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