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domingo, 23 de noviembre de 2014

John Kaminski - El Asesinato como Relaciones Públicas





El Asesinato como Política Social
y de Relaciones Públicas
por John Kaminski
22 de Noviembre de 2014




antes de que él acabe con nosotros.


     El verdadero dinero se consigue matando. Siempre ha sido así.

     Sin excepción, los líderes más famosos de la Historia siempre han sido no sólo los ladrones y estafadores más audaces, sino también los asesinos más prodigiosos.

     Los juegos de video enseñan a nuestros hijos a matar, pero le esconden el hecho de que en la guerra real ellos morirán. Esto los convierte en asesinos gustosos que demasiado a menudo se convierten en cadáveres atónitos sin haber reconocido nunca totalmente la irrevocabilidad de la muerte hasta que la suya propia está justo delante de ellos de manera inevitable.

     Las escuelas enseñan a los niños a dar todo por su equipo y a morir por su país, lo que ellos hacen, nunca preguntando por qué, nunca examinando las mentiras que los hombres viejos le cuentan a los jóvenes para evitar que éstos les roben sus fortunas.

     La gente tiende a aceptar toda la matanza mientras no sea en su vecindario. Los estadounidenses prestan poca atención cuando los judíos masacran a miles de niños en Gaza, pero puede que presten más atención cuando los perros rabiosos de la guerra sean liberados en Ferguson, Missouri, que el Gobierno parece impaciente por soltar.

     Aunque matar siempre ha sido un deporte universal, desde la Antigüedad los maestros reconocidos de la matanza han sido los despiadados nómades asiáticos que durante miles de años han saqueado la civilización occidental, han secuestrado sub-repticiamente todos sus gobiernos, han asesinado afanosamente a la mayor parte de sus habitantes, y están todavía trabajando en ello, siempre inventando modos creativos de desestabilizar todas las sociedades, excepto la suya propia.

     Estos psicópatas jázaros han encontrado numerosos aliados en el crimen que considera la ganancia financiera como más importante que la vida humana. Los hunos nunca desarrollaron una sociedad propia, y por lo tanto se hicieron muy competentes en el robo de las sociedades de otros, lo cual sus descendientes los judíos han hecho muy eficazmente en todo el mundo durante miles de años.

     Cada año los judíos producen películas que son más sangrientas y más perversas que nunca, que posteriormente desestabilizan la sociedad, y producen una música popular y un entretenimiento garantizado para destruír las tradiciones antiguas, tales como el honor, la integridad y la compasión. Los muchachos no comprenden que ellos están siendo conducidos como rebaño hacia nuevas formas de campos de concentración mentales en los cuales los afectuosos valores de la familia son denigrados como retrógrados y dañinos.

     Todos los gobiernos quieren que usted olvide que el mayor y mejor amor que usted puede encontrar en este mundo viene de su madre. Éste es el vínculo que los titiriteros tratan de romper, de modo que ellos puedan hacer de usted un hijo permanentemente deforme del psicótico estado de ellos.

     Cada año los judíos aumentan la presión sobre los niños para que se hagan homosexuales, porque esto los separará de sus familias, y como pervertidos sin lealtad a nada excepto a su propia satisfacción y a la deriva entre cínicos que sólo procuran manipularlos, ellos se convertirán en saboteadores más sigilosos y asesinos más dispuestos.

     Cada año los médicos judíos inventan nuevas "enfermedades" y prescriben una medicación que va a exteriorizar la rabia interior que obliga a aquellas almas aproblemadas que son diagnosticadas y tratadas con píldoras venenosas a matar a sus compañeros de clases y a los miembros de sus familias sin saber nunca realmente por qué.

     Estados Unidos ha sido una empresa totalmente judía al menos desde 1913, cuando Paul Warburg y sus amigos extranjeros crearon la Reserva Federal y el impuesto sobre la renta, pero quizá desde 1776, cuando el ayudante más cercano de George Washington, Alexander Hamilton, que fue a la Escuela hebrea en Londres, insistió en que Estados Unidos no podía sobrevivir sin un Gobierno federal fuerte y sin un banco central.

     El producto Nº 1 de Estados Unidos es el asesinato, especialmente el asesinato de masas. Esto no es algo nuevo. Siempre ha sido de esta manera, desde la matanza de los habitantes indígenas de nuestro continente hasta el momento actual cuando nuestro Gobierno fabrica enemigos —realmente paga a gente para que sean nuestros forajidos designados— para maximizar las ganancias por la venta de armas. Mientras más de aquellas armas sean usadas, más armas ellos pueden fabricar y vender.

     Mientras más personas mueren, mejor es el arma, más alto es el precio en la etiqueta y más neta la ganancia para los pervertidos que babean producto de este síndrome demencial y que sonríen con macabra satisfacción dentro de sus cerrados santuarios.

     La piedra angular del producto nacional bruto de Estados Unidos es la venta de armas, que no son usadas para ninguna otra cosa que la práctica del asesinato al por mayor. Desde el comienzo, EE.UU. siempre ha estado en guerra, a veces consigo mismo, pero sobre todo con algún otro.

     Se dice que el asesino no sólo mata a sus víctimas, sino que también se mata a sí mismo por hacer tal cosa: tal es el daño irreversible que él hace a su propia alma. Mate a bastantes personas y usted ya no tiene un alma, que es exactamente la situación en la que EE.UU. se encuentra hoy, cuando el Gobierno le enseña a usted que matar es la cosa más importante y que no tener un alma es el objetivo primordial. Sólo siga órdenes, las almas son innecesarias. Los muchachos que juegan juegos de video pueden comprenderlo bien. Eso les ayuda a ganar sus juegos y a matar a sus enemigos.

     El asesinato como drogadicción: Ernest Becker teorizó que matar a algún otro disminuye nuestro propio miedo a la muerte, que es por lo cual los hombres que combaten se sienten eufóricos e inmortales una vez que sus enemigos han sido despachados. Las pesadillas que esta práctica trae cuando el soldado está en su casa y seguro y tratando sin éxito de relacionarlas con una cariñosa familia en un mundo pacífico, lo llevan a matarse de vergüenza por sus acciones y por las mentiras que le hicieron hacer aquello.

     Es una de las cosas más difíciles de entender el que nuestro Gobierno realmente haya creado enemigos con el propósito de aumentar el número de asesinatos, pero vemos aquello sucediendo claramente en Iraq hoy, donde nuestro Gobierno deliberadamente ha fomentado y financiado a terroristas criminales, y luego ha enviado nuestras tropas —nuestros hijos e hijas— para matarlos, y terminar matándose unos a otros.

     Pero eso no es tan difícil de comprender como el hecho que se hace más obvio cada día: que el Gobierno estadounidense tiene planes muy desarrollados para matar a muchos estadounidenses, usando comida, medicina, aire y agua contaminados y balas de punta hueca para despoblar gravemente el planeta entero y convertirlo en una plantación global para los ultra-millonarios.

     Si usted de algún modo ha estado siguiendo las noticias hasta ahora, sabrá que hay un enorme proyecto para reducir radicalmente la población del planeta por diversos medios. La infame declaración del Club de Roma de que la población humana debe ser reducida en cinco sextos (otros dicen en siete octavos) es un complot judío, una excusa para el asesinato de masas al por mayor, respaldado por todos los elitistas ultra-ricos del mundo, puesto que la mayoría de los miembros del Club de Roma son supuestos intelectuales judíos. Realmente ellos han sido y son maníacos homicidas.

     Ahora, con todos los líderes del mundo enfatizando la necesidad de una población más pequeña, se ha abierto la temporada de caza sobre la gente del mundo, con guerras fabricadas, enfermedades diseñadas, océanos envenenados, comida falsa, y policías que quieren robarle a usted su propiedad y pegarle un tiro a su perro, haya usted cometido un delito o no.

     Una forma verdaderamente justa de control demográfico sería deshacerse de toda la realeza y de todos los banqueros, abogados y políticos. Sobre ellos debería estar abierta la temporada de caza permanentemente, y si los valores humanos deben tener prioridad otra vez en este planeta, si Dios lo quiere, lo tendrán.

     Mucha gente objeta que yo señale a los judíos como los facilitadores de nuestra miseria y los creadores de nuestra esclavitud.

     Usted no puede discutir con un judío. Ésa es una tarea [undertaking] totalmente inútil, que lo conducirá a usted directamente al empresario de pompas fúnebres [undertaker].

     Los judíos sólo simularán aceptar el punto de vista de usted, y luego trabajarán infatigablemente para debilitarlo, sabotearlo e impedirlo. Si ellos son incapaces de hacer eso, y si fallan sus tentativas de chantajearlo, intimidarlo, hacerle perder su trabajo o arruinarlo socialmente, entonces ellos lo matarán.

     La hipótesis jázara es famosa en todo el mundo por el asesinato como una política social, y por no haber tenido nunca un país que ellos mismos hubieran construído. La ola de saqueos se extiende desde los días de Gengis Jan y Atila el huno y llega hasta nuestros días en una estela implacable de sangre y lágrimas.

     Lamentablemente para cada uno, los judíos dirigen este país y el mundo. Esto no es ningún invento, es un hecho. Los judíos escogen a los Presidentes, poseen las redes, dirigen los negocios, controlan el dinero, y escriben las canciones que se hacen parte de nuestros recuerdos más queridos.

     Lo que los judíos han hecho y están haciendo a la gente en Gaza es exactamente lo que ellos planean hacer a la gente en el resto del mundo, una desconsideración total sin piedad. Eso es lo que sus así llamadas creencias religiosas ordenan que ellos hagan.

     Los judíos han tomado el control del mundo convirtiendo a una gran parte de la población en maníacos sexuales, los cuales, una vez aquejados de ello, no pueden concentrarse en nada más. Cualquier relación basada únicamente en el sexo no será sincera y no durará, causando la destrucción garantizada de la estructura de familia.

     Cuando separamos el sexo de la procreación, como prácticamente todas las religiones nos han advertido en contra desde el principio del tiempo, negamos el valor de la vida, de modo que el matar se convierte en una respuesta más natural, porque matar a alguien es realmente matarnos a nosotros mismos, por la vergüenza por nuestra irreflexión.

     Este es el punto final de la civilización, y un signo seguro de que no sobreviviremos como especie.

     No necesitamos un Gobierno que nos diga qué comer cuando la comida que ellos nos dicen que es buena para nosotros es realmente veneno y hace que nos enfermemos.

     No necesitamos un Gobierno que nos diga qué aprender en la escuela cuando los asuntos que ellos nos enseñan actualmente nos hacen más estúpidos y realmente no pertenecen al conocimiento que necesitamos para vivir vidas felices, sanas y satisfactorias.

     No necesitamos un Gobierno que nos ordene que matemos a millones de personas en otros países cuando la razón de ello es robar materias, como minerales y drogas, que sólo hacen más ricos a los banqueros y que hacen a la gente corriente más pobre.

     Tenemos que terminar con este Gobierno antes de que éste tenga una oportunidad para matarnos a todos nosotros, que es lo que tiene la intención de hacer.

     Se ha puesto de moda en los últimos siglos criticar duramente a las creencias religiosas por sus obvias hipocresías, sus plagiados dogmas y su camuflado abuso de niños. A través de toda la Historia cada civilización que ha tratado de conseguir la paz en base a una filosofía central de predicar el bien mediante el punto de referencia de un dios imaginario ha fallado en su tarea porque el dogma es falso y sus practicantes están corrompidos.

     Y, sin embargo, no podríamos alcanzar una relación realista con ninguno de nuestros amigos sin reconocer que poderes más altos que los nuestros crean las flores, forman las montañas y proporcionan la generosidad y el amor que nos dan nuestros placeres más deseables en esta vida. Algo más grande que nosotros —no necesariamente un anciano gruñón con una frondosa barba blanca que vomita veneno sobre aquellos que no siguen sus órdenes— debe ser reconocido. Pero no debe permitirse que aquel reconocimiento nos convierta en esclavos que por una orden matan a víctimas que no han dañado a nadie y que son cínicamente llamadas daños colaterales.

     El patriotismo es solamente un engaño llevado a cabo por hombres astutos sobre un pueblo incompetente para conseguir que éste cometa sus asesinatos por ellos. La verdadera compasión no requiere ningún patriotismo ni ninguna lealtad a ningún sistema filosófico, sino sólo un respeto sincero por todas las otras criaturas.

     Los judíos luchan para mantenernos a todos nosotros aparte, sabiendo que lo que podría unir al mundo y conducir a una Edad de Oro de paz permanente sería que cada uno se uniera contra ellos y los prohibiera de la sociedad civilizada de una vez para siempre del modo más eficaz posible.

     No importa cuántos judíos puedan resultar muertos en este proceso, el total nunca igualará a la cantidad de gente inocente que los judíos han matado durante el curso de la Historia.–



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