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viernes, 17 de octubre de 2014

Gary Lachman - Sobre las Raíces de Mircea Eliade



     El siguiente interesante artículo que presentamos en castellano ha sido tomado del sitio realitysandwich.com. En otro sitio fue presentado como "Las Ocultas Raíces Nacionalsocialistas de Mircea Eliade". En realidad, como el propio autor lo declara, éste es un fragmento de su libro de 2008 sobre política y ocultismo, y sí se centra en la figura del conocido y prestigioso Eliade (1907-1986), de quien presenta diversos aspectos de su biografía, y lo pone en relación con otros y con su contexto. Del autor, políticamente correcto y pro-judío, damos todas sus señas: Gary Lachman (Nueva Jersey, 1955), escritor y músico, es autor de varios libros acerca del vínculo que hay entre la conciencia, la cultura y el pensamiento alternativo. Entre sus libros está "Turn Off Your Mind: The Mystic Sixties and the Dark Side of the Age of Aquarius", "A Secret History of Consciousness" (2003), "In Search of P. D. Ouspensky: The Genius in the Shadow of Gurdjieff" (2004), "A Dark Muse: A History of the Occult" (2005), "Rudolf Steiner: An Introduction to His Life and Thought" (2007), y "The Dedalus Book of Literary Suicides: Dead Letters". Como Gary Valentine fue un miembro fundador, bajista y letrista (1975-1977) del grupo rock Blondie, tocó guitarra en 1981 con Iggy Pop, y estuvo al frente de sus propios grupos Know y Fire Escape. Conferencista frecuente acerca de la historia de la contracultura, Lachman ha aparecido en diversos documentales en la televisión británica, y escribe para diversos medios. Vive en Londres desde 1996. Sus libros más recientes son "Politics and the Occult: The Left, the Right, and the Radically Unseen" (2008), y "Jung the Mystic" (2010).


Arcángeles de Nuestra Naturaleza más Oscura
por Gary Lachman
25 de Noviembre de 2008


     El siguiente es un extracto de mi nuevo libro, Politics and the Ocult: The Left, the Right, and the Radically Unseen (2008). Está tomado del penúltimo capítulo, en el cual, entre otras cosas, hablo del trabajo de esoterista italiano y simpatizante fascista Julius Évola, y su influencia, así como la de otros pensadores Tradicionalistas, sobre el historiador de las religiones Mircea Eliade. También abordo la propia participación de Eliade en la política de extrema Derecha en los años '30 y '40 en su patria, Rumania. Este capítulo precede a otro extracto ya publicado del libro, An American Fascism [1], y mis comentarios aquí acerca de la Derecha cristiana estadounidense anticipan las reflexiones de aquel anterior artículo. El hecho de que éste sea un extracto de un trabajo más grande, confío, excusará las oscuras referencias a partes anteriores del libro.

[1. http://realitysandwich.com/an_american_fascism].


* * * * *


     Un seguidor muy importante de las ideas de Évola, [Eliade] también creía en la necesidad de la violencia política. En "Ordeal by Labyrinth", una serie de entrevistas con el escritor Claude-Henri Rocquet, el historiador de la religión Mircea Eliade comentó que él llegó a ser "políticamente consciente" durante su tiempo en India, donde presenció la misma represión que enfureció a gente como la teósofa y defensora de Indian Home Rule Annie Besant. Eliade comentó: "Un día escuché hablar a un extremista y tuve que admitir que él tenía razón. Comprendí perfectamente bien que tenía que haber algunos manifestantes violentos también" [2]. India, sin embargo, no es el único país en el cual el nombre de Eliade está asociado con la violencia política. En su patria Rumania, había vínculos entre ambos que, como muchos de sus detractores creen, Eliade hizo todo lo posible para ocultar. Aunque el Eliade que la mayor parte de los lectores conoce sea el tolerante y multicultural estudioso de las religiones del mundo, en una apariencia más joven, Eliade fue un escritor ferozmente nacionalista, motivado por las mismas opiniones intolerantes que caracterizaron a Schwaller de Lubicz y al mentor tradicionalista de Eliade, Julius Évola.

[2. Mircea Eliade y Claude-Henri Rocquet, Ordeal by Labyrinth, Chicago, 1982, p. 55].

     En un artículo escrito en 1937, "Húngaros en Bucarest", un Eliade de treinta años se queja de que tras los recientes feriados de Navidad, tres obras dramáticas húngaras fueron representadas en la capital de su nación rumana. Pero eso no era todo. En la película "La Hija de Dracula" —una admirable secuela del clásico de Bela Lugosi— algunos de los personajes piden una Transilvania húngara. "Me hubiera encantado escuchar al auditorio burlarse durante la duración entera de la película", escribió Eliade. "Me habría encantado ver a un grupo de estudiantes despedazar la película y destrozar el equipo" [Marta Petreu, An Infamous Past, Chicago, 2005, p. 72].

     Como muchos rumanos de entonces, Eliade se ofendió por lo que él vio como incursiones húngaras en su nación, a la manera en que el Partido Nacionalista Británico se inquieta por la "migración económica" de europeos del Este hacia Gran Bretaña hoy, hecha posible por la Unión Europea. Eliade puso sus estridentes comentarios en letra impresa, en un periódico nacional, en un momento en que en Alemania muchos "patriotas" —y no sólo estudiantes— estaban haciendo exactamente la clase de cosas que él ansiaba hacer, no únicamente a proyectores de películas y pantallas de cine, sino a gente, sobre todo a judíos, los invitados universalmente no deseados.

     Es comprensible que Eliade, como Schwaller de Lubicz, haya querido olvidar un pasado tan imprudente —y que los demás también. Pero la clase de política esotérica que Évola vinculó al pensamiento Tradicionalista permaneció como una parte de las sensibilidades de Eliade. En la misma serie de entrevistas, hablando del poder político de actividades culturales como literatura y arte —él las llama "armas políticas"—, Eliade repite los llamamientos de Schwaller de Lubicz y de Guénon en pro de una élite.

     «Ya no son los políticos los que están en el centro concreto de la Historia», dijo a su entrevistador, «sino las grandes mentes, las "élites intelectuales"». Eliade tenía en mente un pequeño número de "grandes mentes", cinco o seis, pero, exagerado o no, «aquellos "cinco" o "seis" son extremadamente importantes» [Ordeal by Labyrinth, pp. 80-82]. Aunque Eliade hablaría críticamente de Guénon, y nunca expresaría públicamente su deuda con Évola, sus raíces Tradicionalistas se dejan ver a través del camuflaje de medio siglo.


TRADICIONALISTA DE ARMARIO

     A fines de los años '20 y principios de los '30, Eliade era un "seguidor distante" del grupo UR de Évola y Reghini; exactamente cómo él entró en contacto con ellos, no está claro, pero Eliade se relacionó con la obra de Guénon por medio de Reghini, al igual que lo había hecho Évola [Sedgwick, Against the Modern World, p. 109]. Eliade mantuvo una correspondencia extensa con Évola —éste incluso le envió copias de sus libros durante la permanencia de Eliade en India—, y aunque hay pocos rastros directos de la influencia de Évola en la obra de Eliade, en sus primeros años éste era claramente un seguidor de su pensamiento [3].

[3. Una indicación de la consideración que Eliade tenía por Évola se ve en la entrada de su diario referente a la muerte de este último: "Hoy me he enterado de la muerte de Julius Évola... Me surgen los recuerdos, los de mis años universitarios, los libros que habíamos descubierto juntos, las cartas que recibí de él en Calcuta..." (Mircea Eliade, Diario III, Chicago, 1989, p. 161)].

     En 1930 Eliade publicó un ensayo en el cual hablaba de Évola como de un gran pensador; en el mismo ensayo él también elogió el trabajo de otros filósofos racistas, como Arthur de Gobineau, Houston Stewart Chamberlain, y el ideólogo nacionalsocialista Alfred Rosenberg. Eliade se vio tan influído por las ideas de Évola —y tan ansioso de evitar una declaración pública de aquel interés— que en 1941, a la edad de 34 años, comenzó a escribir una novela en la cual Évola figura como un personaje, un ocultista llamado Tuliu —una aproximación cercana al propio nombre de Évola—, que propugna una fe esotérica que él llama "metafísica tradicional".

     Tuliu vive en una pequeña casa de erudito donde los estantes están llenos con "las obras completas de René Guénon y J. Evola", así como con "colecciones completas de Ur, Krur (el nombre de otro periódico evoliano) y Études Traditionelles". Tuliu recomienda la lectura de Guénon y de Évola a sus amigos, pero un montón desordenado de libros de Blavatsky, Steiner, Papus y Annie Besant sugiere la carencia de importancia que estos pensadores tienen para él.

     En el diario que Eliade mantuvo mientras escribía la novela, comenta que él debe dedicar un capítulo especial a la "filosofía" de Tuliu, «no sea que el lector crea que aquél es un simple caso de un atolondrado "ocultista"». Él prosigue: «En realidad, sus teorías no son completamente extrañas a las mías», y Eliade comenta que él usará a Tuliu para que «diga, por varias razones, para las cuales no hay espacio para tratar aquí, cosas que nunca he tenido el coraje de admitir en público».

     «Sólo de vez en cuando», él continúa, «he admitido ante unos pocos amigos mis creencias "tradicionalistas" (para usar el término de René Guénon)» [4]. Con comentarios como éstos, no es difícil ver a Eliade como una especie de "Tradicionalista de armario".

[4. Liviu Borda, "The Secret of Dr. Eliade", en The International Eliade, 2007, pp. 101-30. Vea también Natale Spineto, «Mircea Eliade and "Traditional Thought"», pp. 131-47, en el mismo volumen].

     No está claro por qué en su propio diario Eliade no tenía espacio para comentar acerca de sus motivos para no "admitir" nunca públicamente su adhesión a las creencias Tradicionalistas, a menos que reconozcamos que él no quería que quedara un registro —ni siquiera uno privado— de su propia admisión de una especie de cobardía intelectual. Lo que Évola mismo pensaba de esto es desconocido —la novela nunca fue terminada y los diarios salieron a la luz sólo años más tarde—, aunque él preguntó una vez a Eliade sobre su reticencia a referirse a él mismo en cualquiera de sus libros. Eliade contestó que él escribía para un auditorio general, no para "iniciados" [Sedgwick, Against the Modern World, p. 111].

     Como en el caso de Jung, Eliade parece haber tomado medidas para ver que su interés en asuntos ocultistas cuestionables no obstaculizara el tener una carrera respetable.

     Eliade se reunió con su mentor secreto en 1937. Después de su visita a Viena, donde dio una conferencia en la Kulturbund nacionalsocialista, Évola continuó hacia Hungría y Rumania. Aquí él se reunió con Eliade, y su discípulo rumano lo presentó a Corneliu Zelea Codreanu, líder en ese momento de una sociedad "caballeresca" cristiana de extrema Derecha, la Legión del Arcángel Miguel, más tarde conocida como la Guardia de Hierro. Es su asociación con esta élite espiritual, y con su "compañero de viaje", o peor aún, con el fascismo rumano, lo que, como afirman sus detractores, Eliade trató de mantener oculto.

     Gran parte de la responsabilidad de la "exposición pública" de Eliade se atribuye a la investigación de su alumno, colaborador, y más tarde albacea literario, el rumano Ioan Culianu. Como Eliade, Culianu era un brillante historiador de la religión, de la magia y de lo oculto, y se pensaba que él mismo desplegaba notables poderes de predicción y adivinación. Culianu fue también un crítico público abierto tanto del régimen de Ceaucescu como del de Ion IIiescu, que siguió a la caída del comunismo rumano.

     En 1991 el cuerpo de Culianu fue encontrado en el baño de la Escuela de Teología de la Universidad de Chicago, donde Eliade dio clases hasta su muerte en 1986. Culianu tenía un disparo en la nuca, estilo ejecución. El asesino o los asesinos de Culianu nunca fueron atrapados.

     Aunque la policía de Chicago al principio pensó que la muerte de Culianu podría ser obra de algún grupo ocultista descontento con la investigación de él, la explicación más plausible es que fue obra de nacionalistas rumanos, disconformes con sus críticas de los acontecimientos políticos en su patria. También es posible que una revivida Guardia de Hierro, descontenta con la investigación de Culianu acerca del pasado de Eliade, se vengara y usara su asesinato como una advertencia para otros expatriados rumanos [Ted Anton, Eros, Magic, and the Murder of Professor Culianu, Illinois, 1996].

    Algo del "secreto" de Eliade, sin embargo, era conocido ya por muchos en la universidad y en la comunidad académica en general, aunque no fue sino hasta sus últimos años que todos los detalles de su otra vida llegaron a estar ampliamente disponibles.

     En 1969 Gershom Scholem dio a conocer que Israel no podía dar la bienvenida a Eliade, quien, como Scholem, era uno de los conferencistas "estrella" en las conferencias del Círculo Eranos. La razón era el pasado de Eliade.

     En 2000 el novelista Saul Bellow publicó un libro, Ravelstein, un relato escasamente disfrazado de los últimos días de su amigo el filósofo Allan Bloom, que murió en 1992 de complicaciones surgidas del SIDA. Bloom, un alumno de Leo Strauss, adquirió notoriedad a escala nacional a fines de los años '80 cuando su libro The Closing of the American Mind, que criticaba la decadencia de la educación universitaria bajo el predominio de profesores izquierdistas, se convirtió sorpresivamente en un éxito de librería. Como Eliade y Bellow, Bloom enseñó en la Universidad de Chicago, y en la novela Eliade aparece como el "nacionalista rumano" Radu Grielescu, quien quiere mitigar su pasado anti-judío haciendo amigos y dejándose ver con Bloom/Ravelstein, un judío.

     Bellow, para nada extraño al esoterismo —su novela Humboldt's Gift está fuertemente influída por Rudolf Steiner, y él una vez recibió una especie de "curso por correspondencia" en Antroposofía del filósofo Owen Barfield— no oculta el "secreto" de Grielescu. "El hombre era un hitlerista" —escribe Bellow—, que comparaba la presencia de judíos en Rumania con un caso de sífilis social, una referencia a un artículo escrito por Eliade en 1937 en el cual él hablaba de Rumania siendo "conquistada por judíos y despedazada por extranjeros". Incluso compatriotas de Eliade, como el dramaturgo Eugene Ionescu, criticaron a Eliade por crear "una Rumania estúpida, temerosa y reaccionaria" [Petreu, Infamous Past, p. 55].


El ARCÁNGEL MIGUEL

     La Legión del Arcángel Miguel fue establecida en Rumania en 1927 por Corneliu Zelea Codreanu. Codreanu había estudiado leyes en la Universidad de Iasi, en la frontera ruso-rumana, donde se involucró en actividades anti-judías y anti-comunistas. En 1923 un plan para asesinar a varios banqueros y políticos judíos fue abortado cuando Codreanu fue detenido, aunque él más tarde asesinó al prefecto de la policía de Iasi, un crimen por el cual él fue absuelto. Este asesinato se convirtió en el prototipo para los posteriores asesinatos políticos asociados a la Legión, cuya filosofía adoptaba una especie de fanatismo de muerte que incluía el martirio, la comunicación con los muertos, y un desprecio por el cuerpo, todos aspectos, a propósito, del chamanismo con el que Eliade más tarde llegaría a estar asociado.

     Antes de formar la Legión, Codreanu había sido un seguidor de Alexandru C. Cuza, un economista político de la Universidad de Bucarest que había fundado una Liga de Defensa Cristiana Nacional. El violento anti-judaísmo de Cuza fue visto como insuficiente por Codreanu, quien buscaba que el movimiento llevara a cabo el "rejuvenecimiento moral" de Rumania, que incluiría a pesar de todo su "purificación" de judíos, húngaros y otro indeseables, una versión temprana de las limpiezas étnicas del siglo XX. Esto ocurriría mediante la creación de un "hombre nuevo", una versión de la "regeneración" que hemos encontrado a través de todo este libro. En este sentido la Legión era tanto un movimiento espiritual como religioso, por cuanto esto era un asunto político. Su ideología estaba basada en una forma fundamentalista del cristianismo Ortodoxo, y tomó su nombre del icono del arcángel Miguel. Si el Fascismo de Mussolini tuvo al Estado como su centro, y el nacionalsocialismo de Hitler tuvo a la raza, para Codreanu y sus seguidores, Cristo, paradójicamente, era el núcleo de su credo cruel e intolerante.

     Como mucho de lo que hay en el pasado "escondido" de Eliade, la naturaleza exacta de su relación con la Legión es todavía poco clara. Los detractores sostienen que él fue un miembro "afiliado" y entusiasta, mientras los partidarios afirman que su pérdida de tiempo con la Legión fue un lamentable paso en falso de juventud, y que él la abandonó antes de que la violencia apareciera asociada con la posterior Guardia de Hierro [5]. Pero los artículos periodísticos de Eliade elogiando a la élite de Codreanu clara y públicamente lo vinculan a dicha organización. Como con la asociación de Évola con el Fascismo, el hecho de que Eliade pueda haberse nunca afiliado literalmente a la Legión parece eclipsado por sus notorias simpatías hacia ella.

[5. Por el lado de los detractores, la más enérgica es Adriana Berger, para quien Eliade es "uno de los más influyentes intelectuales de su generación y un activo ideólogo fascista". Vea "Mircea Eliade: Romanian Fascism and the History of Religions in the United States", en Tainted Greatness: Anti-Semitism and Cultural Heroes, Philadelphia, 1994, p. 51. Por el lado de los simpatizantes está Bryan Rennie, editor de varios libros dedicados a la obra de Eliade. Para Rennie, "las inclinaciones derechistas de Eliade pueden ser vistas como lamentables, pero ellas no han demostrado ser culpables"].

     La mayoría de los lectores de habla inglesa no está consciente de que en su carrera temprana Eliade fue una especie de intelectual público cabal y de que su primer ensayo acerca de la política nacionalista rumana fue una serie de artículos que él escribió bajo el encabezado de "Itinerario Espiritual". En éstos él se enfocó en los ideales políticos favorecidos por la extrema Derecha. Al igual que Évola, Eliade rechazaba el liberalismo, la democracia y la modernización; él también elogió a Mussolini, un temprano signo de su admiración por líderes "fuertes", que también tendría por Franco de España y por Salazar de Portugal, algo que él compartía con Jung.

     Eliade aprobaba un Estado nacionalista étnico fundado en la Iglesia Ortodoxa, ya que a pesar de todo su interés por las religiones orientales y "primitivas" (léase "primordiales"), Eliade siguió siendo un devoto de toda la vida del cristianismo Ortodoxo. La Legión del Arcángel Miguel era una especie de vanguardia para una revolución Ortodoxa que Eliade esperaba para Rumania. La celebración de la Legión por parte de Eliade sugiere que su Tradicionalismo siguió el énfasis de Évola en la casta kshatriya, guerrera, más bien que la versión más brahmánica de Guénon.

     De acuerdo a algunos informes, Eliade fue introducido en la Legión en 1935 por su amigo y colega escritor Emil Ciorán [Petreu, Infamous Past, p. 60]. Hacia 1937, el año en que él presentó al líder de la Legión a su mentor Évola, Eliade era reconocido como uno de sus principales propagandistas, una posición adquirida por medio de sus entusiastas artículos periodísticos.

     Sus objetivos eran impresionantes. La Legión, creía él, provocaría una revolución cristiana orientada a la creación de una nueva Rumania, y su líder, Codreanu, reconciliaría a Rumania con Dios. La victoria de la Legión era parte del destino de Rumania, declaró Eliade, y, como se mencionó, esto "daría origen a un nuevo tipo de hombre" y al "triunfo del espíritu cristiano en Europa" [Sedgwick, Against the Modern World, p. 114].

     Como Évola y Guénon, Eliade creía en un "centro espiritual supremo" geográfico, un "depósito de la tradición primordial", una especie de Agartha o Shambhala rumana, que en su caso estaba localizada en Dacia, la provincia romana de la cual los rumanos afirman que descienden. Parte de la misión de la Legión era limpiar este "espacio sagrado y primordial" de intrusos no deseados. Unido a esto estaba el culto de Zalmoxis, una deidad dacia en el centro de una religión monoteísta de "muerte y resurrección" como el cristianismo, con el cual podría ser fácilmente asimilado. De manera inquietante, a pesar de sus connotaciones esotéricas y ocultistas, gran parte de la retórica de Eliade sobre la Legión del Arcángel Miguel encuentra ecos sorprendentes en los ideales similares defendidos por la actual Derecha cristiana estadounidense.

     Junto con Ciorán, quien profesaba una admiración por Hitler (y quien, a diferencia de Eliade y Heidegger, más tarde se arrepintió públicamente de ello), otras figuras cercanas a Eliade estuvieron implicadas con la Legión, de manera más significativa su profesor de filosofía Nae Ionescu, con quien Eliade y Évola almorzaron después de su reunión con Codreanu. Tal como Eliade y Ciorán, Ionescu formaba parte del influyente grupo Criterion de nuevos intelectuales rumanos, y la curiosa filosofía de Ionescu, que él llamaba "Trairismo" —una mezcla de existencialismo, nacionalismo rumano y misticismo cristiano—, propugnaba también un régimen orientado a la "purificación" de Rumania de elementos extranjeros. Mientras muchos fueron inspirados por el "espíritu legionario" de Eliade, otros fueron menos entusiastas y vieron la polémica de éste como "mística, densa y sofocante", que promovía "consecuencias prácticas nocivas" que se reducían a "la eliminación de judíos mediante actos de represión física y persecución" [Petreu, Infamous Past, p. 61; Adriana Berger, "Mircea Eliade", p. 60].

     Un lector de los artículos de Eliade era el Rey Carol II de Rumania, quien, alarmado por el creciente poder de la Legión, tomó control de ella en 1938, deteniendo a Codreanu y a otros miembros, incluído Eliade. Codreanu y sus doce partidarios más cercanos fueron estrangulados en sus celdas —un acontecimiento que llevó a Évola hasta las lágrimas—, y Eliade pasó algunas semanas en prisión, pero fue liberado finalmente. El rey Carol II luego puso el control de la Legión en manos de Horia Sima, un simpatizante nacionalsocialista, que la transformó en la célebre Guardia de Hierro, una orden "caballeresca" cuyas atrocidades rivalizaron con las de la SS, y a quien los Aliados reconocerían como el Partido Nacionalsocialista rumano.


DIPLOMÁTICO FASCISTA

     Después de su detención, Eliade rechazó firmar una declaración de disociación con la Legión; él más tarde sostuvo que hacer eso sólo lo hubiera puesto en su "lista negra" si ellos volvieran al poder.

     Pero su asociación con el fascismo no terminó allí. Mediante la ayuda de su alumno Michel Vâslan, quien se había integrado a un grupo de Tradicionalistas separados conducido por Vasile Lovinescu, y que más tarde se convertiría en un seguidor de Guénon, a Eliade se le dio un cargo como agregado cultural en el Reino Unido; él fue transferido posteriormente a París, y luego a Portugal, que estaba entonces bajo la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar, por quien Eliade tenía un gran respeto.

     Durante los siguientes años Eliade funcionó como un enviado cultural de Rumania, la cual en 1940 formó un gobierno pro-nacionalsocialista bajo el nuevo rey, Miguel I. Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, al quedar bajo un gobierno soviético, Rumania tuvo una serie de gobiernos fascistas, incluyendo el efímero Estado Legionario Nacional, que tenía a la cruel Guardia de Hierro casi bajo completo control. En 1941, después de una fracasada y sangrienta Rebelión Legionaria, cuando la Guardia de Hierro hizo el intento de conseguir el control absoluto, Rumania estuvo bajo la dictadura fascista de Ion Antonescu. Aquel mismo año Rumania oficialmente se unió a las potencias del Eje. En aquel punto Eliade se convirtió en el agregado cultural de una dictadura fascista, coligada con la Alemania nacionalsocialista y la Italia fascista, mientras residía en la capital de otra dictadura, la de Salazar. Parte de su trabajo era distribuír propaganda en apoyo del régimen totalitario de Antonescu.

     Si esto no fuera suficiente para dar dolores de cabeza a los apologistas de Eliade, y a sus detractores una excusa para la justa indignación, en París después de la Segunda Guerra Mundial Eliade comenzó un diario anti-comunista llamado La Estrella de la Mañana (su título rumano, Luceafârul, sugiere la conexión con Lucifer más claramente). Éste fue financiado por Nicolae Malaxa, un industrial y financiero rumano de la Guardia de Hierro que había sido un socio corporativo del nacionalsocialista de alto rango Hermann Goering. En cierta ocasión Malaxa y Goering colaboraron en un plan para incautar los bienes de un hombre de negocios judío, y, durante la guerra, Malaxa había puesto su considerable Imperio industrial detrás del esfuerzo nacionalsocialista. (Curiosamente, aunque un reconocido nacionalsocialista, Malaxa fue permitido más tarde en Estados Unidos, con el apoyo del gobierno y la ayuda de un joven Richard Nixon) [Berger, "Mircea Eliade", pp. 64-65]. Eliade era también conocido por tener una alta consideración por Alain de Benoist, el fundador de la Nueva Derecha francesa, que es un pagano profeso, altamente influído por Julius Évola, y también por el jurista y teórico político nacionalsocialista Carl Schmitt, cuyas ideas, junto con las de Leo Strauss y de Eric Vogelin, dan forma a algunos aspectos del conservadurismo estadounidense hoy.


LA POLÍTICA DEL MITO

     En The Politics of Myth, Robert Ellwood sostiene que Eliade más tarde se arrepintió de sus simpatías fascistas juveniles y adoptó una visión más tolerante y "moderna" de la religión y la sociedad. Sin embargo, puesto que él estaba en su treintena de años cuando fue un diplomático, es discutible cuán "juveniles" fueron las simpatías de Eliade, y éste nunca hizo una retractación pública de sus polémicas actividades. Los eruditos han escudriñado la obra posterior y más conocida de Eliade en busca de sus fuentes Tradicionalistas y de rastros de su filosofía política, encontrando en sus trabajos académicos ampliamente considerados, elementos de su "espíritu legionario" temprano. Que las ideas evolianas pudieran haber conformado algunos de los trabajos posteriores de Eliade, no necesariamente le quita mérito a su valor. Algunos críticos, sin embargo, han tomado el punto de vista "duro" de que en la obra que lo hizo famoso, Eliade vendió un ethos Tradicionalista bajo el disfraz de una erudición "objetiva".

     Pero no es difícil ver que aunque mucho más abierto a las ideas modernas, la visión posterior de Eliade es todavía una de la primacía del pasado, de lo que podemos llamar "raíces ontológicas", como lo deja en claro una mirada al libro que cimentó su reputación en el mundo de habla inglesa, El Mito del Eterno Retorno. El "eterno retorno" de Eliade no es la noción de Nietzsche de una repetición eterna de los acontecimientos, sino una visión del mito y el ritual como un medio de decretar de nuevo los actos originales y "primordiales" que dan a la vida su carácter sagrado. Para Eliade, el hombre "arcaico" o "tradicional" no tenía ningún interés en la Historia, en el flujo incesante del Devenir, sino sólo en el Ser, al cual entraba retornando a la mítica "primera vez". La Historia para el hombre tradicional existía en lo que Eliade llama el "tiempo profano", un tiempo carente de sentido, escape desde el cual sólo era concedido entrando en el "tiempo mítico", el "una vez y sólo una vez" de los ritos originales y primarios. En efecto, Eliade habla del "terror a la Historia", el temor del "hombre primordial" a ser tragado por el flujo implacable de los acontecimientos carentes de significado, y recordamos la falta de interés de Guénon en los dos mil años pasados (Évola, también, mostró un altanero desdén por el "devenir").

     Eliade está interesado no en un pasado asociado con la Historia sino en un pasado abrazado por el mito, y una visión poco generosa podría sugerir que la filosofía posterior de Eliade proporciona una justificación para su propia falta de interés en el propio pasado histórico de éste. Como escribe su crítica Adriana Berger, para Eliade "el pasado no es válido porque represente la Historia sino porque representa los orígenes" [Ibid., p. 57]. Esta fascinación con los orígenes, con los comienzos, está unida a la búsqueda de las raíces arias, o, en el caso de Eliade, de las raíces dacias. Esto está en el fondo de la mayoría de las ideologías racistas, incluyendo la del mentor de Eliade, Julius Évola.

     En esencia, esto es una especie de esnobismo. Sostiene que de donde usted proviene es más importante que qué tipo de persona es usted o lo que usted hace de usted mismo. Entre aristócratas, la nobleza, y el "dinero antiguo", el hombre que se forja a sí mismo [self-made man] es siempre una especie de advenedizo y no realmente "uno de nosotros". Tristemente, para la mayor parte de la historia occidental, el judío ha sido caracterizado como el advenedizo perenne, pero otros han desempeñado este papel también.

     Aunque, como Ellwood argumenta, la visión del pasado adoptada por Eliade (y por Jung y muchos otros) es realmente una idealizada visión moderna de aquello a lo que se parecía este tiempo mítico —si alguna vez existió— y que todavía funciona como un poderoso atractivo para aquellos insatisfechos con la modernidad. La visión de una "sociedad homogénea, en gran parte rural, y arraigada" con una "superestructura jerárquica", poseedora de una "tendencia religiosa o mística capaz de expresar su unidad ritual y empíricamente" [6], es atractiva desde muchos puntos de vista, considerando nuestro propio mundo “atomístico" de "cosmopolitismo desarraigado", y que es seductora la idea de que tal sociedad "sagrada" existió alguna vez en el pasado inmemorial.

[6. Robert Ellwood, The Politics of Myth: A Study of C. G. Jung, Mircea Eliade and Joseph Campbell, Albany, 1999, p. 29].

     Pero la idea del pasado como preferible al presente no es nueva. En efecto, el deseo de retornar a algún gran tiempo bueno parece tan viejo como la Humanidad misma: desde Adán y Eva hemos estado tratando de regresar al jardín. Y la noción de que el futuro será mejor que el pasado —la esencia de la modernidad— es, muy correctamente, sólo una idea relativamente reciente.

     Como el filósofo Leszek Kolakowski señala, la esencia del conservadurismo es la creencia en que hay algunas cosas que son dignas de ser conservadas [7], el reconocimiento de que "en algunos de sus aspectos, aunque secundarios, el pasado fue mejor que el presente" [8], y en que el flujo implacable del "terror a la Historia" en un progreso incierto puede no siempre ser deseable. Muchos de nosotros, yo mismo incluído, perplejos por la corriente interminable del avance tecnológico y el cambio social, pueden estar de acuerdo con esto. Pero mientras la atracción de los orígenes es grande, hay algo que debe ser dicho en cuanto a lo que el filósofo neo-marxista Ernst Bloch llamó el "no todavía", las posibilidades y potenciales que están delante, la promesa de lo nuevo. Por cierto, la visión de la Historia como un "no todavía" tiene problemas propios; como testigo de esto están los restos dejados por las muchas tentativas para, en frase de Eric Vogelin, "inmanentizar el ésjaton" [el tiempo final], para dislocar violentamente la Historia a fin de provocar el Milenio. Extrañamente, las fuerzas de la política de extrema Derecha en el Estados Unidos de los años recientes parecen combinar los peores elementos de los dos puntos de vista opuestos: un retorno a algún mejor tiempo en el pasado y un apocalipsis inminente que dará origen a una nueva Era.–

[7. Esto se aplica también a ámbitos distintos que la política. En este sentido, cualquiera que esté interesado en "salvar al planeta" es un conservador].
[8. Leszek Kolakowski, Modernity on Endless Trial, Chicago, 1990, p. 5].





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