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domingo, 14 de septiembre de 2014

La Culpa Judía en el Comunismo



     El sitio islamversuseurope.blogspot.com publicó hace once meses el siguiente texto, que se presenta como una respuesta ante los comentarios de un tal Eric Dondero a otro artículo. Nos permitimos escuchar y presenciar esta respuesta porque su planteamiento es digno del interés general. Lo lúcido de sus razonamientos y analogías en cuanto a la consideración de la Historia reciente motivó que lo tradujeramos. La persona que elaboró estos razonamientos en ese prolífico sitio tiene muy claro que existe una distorsión y un desequilibrio en cuanto a la presentación de acontecimientos recientes, y que mientras aquello no se corrija, porque la razón, la sensatez y el buen sentido europeo (como opuesto a la mentalidad oriental) así lo exigen, las críticas hacia los abusos que comete cierta gente persistirán. Y ve muy claro que uno de los mayores males de este último tiempo, si no el mayor y causante de muchos otros (en particular la islamización de Europa), es la dogmática ideología del anti-nacionalismo.


Por Qué Importa la Culpa Judía en el Comunismo
por Cheradenine Zakalwe
13 de Octubre de 2013



     Usted ve como normal un mundo en el cual los europeos son continuamente insultados por los judíos, quienes los califican de "nazis", incluso a los europeos cuyos antepasados lucharon contra los nacionalsocialistas. Usted ve como normal un mundo en el cual cada manifestación de nacionalismo europeo es estigmatizada como "nazismo" y respondida con medidas represivas especiales.

     En este mundo, desollado por la culpa, que los europeos pasiva y dócilmente aceptan e interiorizan, no tienen éstos ninguna posibilidad de defender sus países contra la islamización. Vistos como corrompidos por una especie de pecado original "nazi", el único modo en que los europeos pueden redimirse es entregando en silencio sus países a los extranjeros y esperar lo mejor.

     Usted ve este mundo como normal porque éste es el mundo en el que vivimos.

     Pero yo no veo este mundo como normal. Está construído sobre una narrativa falsificada de la historia del siglo XX, una que enfatiza los males del nacionalismo, el racismo y la política derechista. Una historia auténtica, sin embargo, reconocería que el anti-nacionalismo, el prejuicio político y la política izquierdista tuvieron consecuencias que fueron tan destructivas, si es que no más, como el nacionalismo, y que los excesos del nacionalismo estuvieron entre aquellas consecuencias. En otras palabras, el nacionalismo extremo fue una reacción al anti-nacionalismo extremo artificialmente impuesto.

     Aquellas ideas anti-nacionalistas han sido expresadas en ideologías como el comunismo y el multiculturalismo. Cada uno de estos movimientos, si ellos siquiera merecen ser considerados como movimientos separados, ha exhibido una participación inmensamente desproporcionada de judíos de la diáspora en la fermentación de sus ideas, en su promoción mediante el discurso intelectual y su implementación en el nivel de la política. El anti-nacionalismo es, literalmente, la peor idea en la Historia.

     Si usted pudiera cuantificar la miseria y la muerte que la violación del principio nacionalista —la idea de que un pueblo debería vivir en un grupo étnico homogéneo en su propio territorio bajo su propio gobierno— ha provocado, sería sobrecogedor contemplarlas. La Historia es en gran parte la crónica de la falta de armonía que surge cuando este principio es violado.

     La islamización de Europa es la consecuencia de la elevación del anti-nacionalismo como el ideal moral dominante de nuestra época. La inmigración es la consecuencia más obvia de la adopción por parte de de la élite de este destructivo ideal. Y la islamización es la consecuencia de la inmigración.

     Cuando la gente es infectada por el VIH, ellos no mueren del VIH. El VIH es sólo un estado de debilidad. Es cuando ellos adquieren una infección secundaria en este estado vulnerable que resulta la mortalidad. Lo mismo ocurre con la Europa moderna. El Islam no es el problema. El Islam es lo que nos matará. Pero éste es la infección secundaria, no la enfermedad subyacente. La enfermedad subyacente es el anti-nacionalismo.

     A algunos europeos, sin duda, les parecerá banal decir que la islamización es la consecuencia de la inmigración porque, para muchos de ellos, las dos son inseparables. Pero esto es mucho menos obvio para los estadounidenses, ya que Estados Unidos ha sido un país de inmigración desde su inicio. Por cuanto la influencia estadounidense es dominante dentro del movimiento Contra-yihadista, y porque la mayor parte de dicho movimiento desea parecer tan inofensivo como le sea posible ante la opinión de la élite, en un lamentable intento de ganar aceptación pública, esta verdad bastante obvia pasa generalmente inadvertida. Muchos activistas de la Contra-yihad se abstendrán de decir cualquier cosa sobre la inmigración por temor a ser acusados de racismo.

     Una historia más completa del siglo XX sería la más clara refutación posible del ideal del multiculturalismo. Aquélla mostraría que el hecho de tener pueblos diferentes viviendo en el mismo territorio inevitablemente produce resultados desagradables. Incluso después de siglos, los pueblos separados retienen su propio sentido de diferenciación étnica, porque el deseo de identificarse con su propio grupo ancestral de parientes es una parte inextirpable de la naturaleza humana. Apreciando su propia diferenciación, estos bien definidos grupos étnicos inevitablemente generan conflictos de intereses y terminan por conspirar unos contra otros.

     Los judíos conspiraron contra los europeos en cuyos países ellos vivían, y los europeos conspiraron en respuesta, o viceversa. No importa. El punto es que el mejor modo de tener un mundo armonioso es tener pueblos separados viviendo en sus propios territorios. Ésa es la conclusión política a la que una historia auténtica del siglo XX tendría que llegar.

     La aberrante narrativa a la que hemos sido todos expuestos hasta ahora, sin embargo, sugiere exactamente la conclusión opuesta, a saber, que el nacionalismo, la identificación étnica y la búsqueda de la homogeneidad territorial es un azote terrible contra el cual debemos estar todos en guardia constante; que tener pueblos diferentes viviendo en el mismo territorio es una gran cosa y enriquecedora; y que todo lo que necesitamos es un Estado dispuesto a victimizar a la población mayoritaria, a criminalizar su libertad de expresión y a usar su poder para aplastar cualquier incipiente manifestación de orgullo o auto-afirmación entre su pueblo.

     La reciente persecución del partido Golden Dawn es un buen ejemplo de hacia dónde nos lleva la narrativa dominante. Ahora bien, Golden Dawn está lejos de ser mi ideal político. Cualesquiera sean sus imperfecciones, sin embargo, ellos eran una de las mejores esperanzas para detener la islamización de Grecia y de Europa en la única forma que realmente importa: logrando el poder gubernamental y utilizándolo para frenar la in-migración musulmana y facilitar u obligar la ex-migración musulmana.

     Aquella esperanza puede haberse extinguido ahora, en parte por la presión directa e indirecta de organizaciones judías, y en parte por la mitologizada narrativa de la historia del siglo XX, que adjudica generalmente un significado demoníaco al nacionalismo, al racismo y a la política derechista. La English Defence League (EDL) [movimiento de protesta contra la islamización] igualmente ha sido herida por las mismas extrañas obsesiones de culpa europeas que provienen de este distorsionado relato de la Historia.

     Los judíos generalmente no tienen ninguna dificultad con el concepto de motivación ulterior, o incluso subconsciente. Después de todo, Freud, quien inventó el concepto de subconsciente, era un judío. Es común escuchar hablar, por ejemplo, de gobiernos europeos acusados de anti-semitismo disfrazado o subconsciente por sus políticas hacia Israel o los palestinos. ¿Por qué, entonces, tiene usted dificultad con la idea de que judíos activos en los movimientos comunistas podrían haber tenido motivaciones ulteriores o incluso subconscientes relacionadas con su judeidad?.

     ¿Realmente se espera que nosotros creamos que fue pura coincidencia que un grupo de forasteros excluídos adoptaran y pusieran en práctica una ideología que denigró casi cada aspecto de la sociedad europea tradicional, que aprobó su desconstrucción, la borradura de todas sus tradiciones, la erradicación del cristianismo, la supresión de los movimientos patriotas europeos y la criminalización del anti-semitismo?.

     Ya no tomo más en serio las acusaciones de antisemitismo que lo que tomo las acusaciones de islamofobia o racismo. Éstos son términos diseñados para acabar con la discusión racional, imputando motivaciones oscuras a los oponentes y elevando consideraciones subjetivas, como la emoción y la motivación, por encima del criterio central de la verdad objetiva. En el mundo del discurso serio, sin embargo, las motivaciones de una persona no interesan. Son los hechos los que importan. Es el examen de los hechos lo que me ha conducido a asumir una visión crítica de la influencia que los judíos han tenido en la historia europea mediante su promoción de ideas anti-nacionalistas. No es que esto importe, pero yo estaba emocionalmente con buena disposición hacia los judíos antes de darme cuenta de estos hechos. Si cualquiera de los hechos que he citado es inexacto, yo daría la bienvenida a su corrección.

     Pero eso sería involucrarse en el discurso racional. Y no hemos visto ningún signo de una disposición a hacer aquello. Incluso usted, en su comentario, no hace ningún intento de citar alguna inexactitud fáctica. Su comentario-respuesta consiste casi completamente en citas de un historiador judío que reconoce el papel judío en las dictaduras comunistas, y equilibra esta presentación de hechos —de manera excesiva, yo diría— ofreciendo una apreciación comprensiva del contexto en el cual los judíos escogieron las opciones que escogieron.

     En vez de un compromiso racional, vemos exactamente lo que yo esperaba cuando decidí plantear este asunto: los obligados insultos de "anti-semitismo", tanto como los obligados insultos de "islamofobia", y la silenciosa retirada de apoyo de sitios web que afirman ser parte de un movimiento de Contra-yihad. Está claro que dichos sitios web están involucrados principalmente no en resistir a la Yihad islámica sino en promover los intereses (detectados) de la judería.

     Ellos están interesados en resistir al Islam sólo en la medida en que la agenda islámica entra en conflicto con los intereses de la judería, lo que claramente hace en un grado significativo. Pero sólo eso y no más que eso. Cuando las dos agendas entran en conflicto, la agenda anti-yihad se queda en el camino. Incluso los sitios de Contra-yihad dirigidos por gentiles temen la desaprobación de los judíos, porque ellos se apoyan económicamente en éstos de algún modo, o porque han interiorizado los códigos de conducta creados para deslegitimar la crítica a los judíos.

     Como dije, esta respuesta era esperada cuando primero comencé a hablar de este asunto. Sin embargo, es desalentador ver la carencia de integridad moral e intelectual en gente que usted alguna vez respetó. Ésta es gente que pasa la mayor parte de sus vidas presentando pruebas tangibles a un hostil auditorio mayoritario reacio a dejar de lado sus prejuicios en favor de los hechos. A cada instante ellos son acusados de tener oscuras motivaciones y de estar animados por el odio.

     Usted esperaría entonces que esta misma gente, habiendo enfrentado ellos mismos la intimidante acusación de maldad, habiendo blandido valientemente la verdad fáctica ante los hostiles árbitros de la opinión aceptable, cuando sus propias ideas fueron desafiadas, fuera mejor que sus propios adversarios. Pero, trágicamente, ellos no lo son. Cuando se les presentan hechos que desafían sus ideas preconcebidas sobre los judíos, ellos reaccionan exactamente del mismo modo que sus interlocutores cuando se les presentan hechos que sacuden sus prejuicios sobre los musulmanes.

     La noción de que un pueblo —cualquier pueblo— podría provocar un odio insensato e irracional en casi todos con los que entra en contacto, es muy extraña, tanto como la idea de que una religión podría provocar un odio irracional y temor en cualquiera que entre en contacto con sus practicantes.

     Pero estas muy extrañas ideas son aceptadas sin cuestionamiento en el discurso dominante de nuestros tiempos. Si yo afirmara, por ejemplo, que supe de un perro que era perseguido en todas partes donde él iba, que otros perros le ladraban y lo atacaban, que nadie le daba comida, que los niños le lanzaban piedras sin motivo, que los conductores se desviaban bruscamente para intentar atropellarlo, etc., la historia provocaría un escepticismo extremo.

     Sonaría tan completamente fantástica, tan en desacuerdo con nuestra comprensión normal del mundo, que insinuaría casi algo sobrenatural. Los individuos que afirmaran ser perseguidos de esta manera serían clasificados como esquizofrénicos paranoides. En vez de tratar con indulgencia estas fantasías, el mejor modo de ayudar a alguien que sufre de esta aflicción sería explicarle que las respuestas de otra gente ante él estarían motivadas por su propio comportamiento, tal como sucede con cada otra persona en el mundo, y que la idea de ser señalado para la persecución de alguna manera fatídica sería absurda. El hecho de que tantos judíos aparentemente racionales puedan tomar en serio la idea de que ellos tienen alguna identidad mística que hace que ellos sean perseguidos sin motivo, es profundamente inquietante.

     Esto atestigua un modo de pensar oriental, no europeo, en el cual las cosas suceden debido a factores sobrenaturales. La mente europea, por contraste, busca explicaciones racionales para la manera en que funciona el mundo.

     Cuando un pueblo intenta vivir como una minoría separada en la patria de otro, poniéndose aparte, adoptando una mentalidad de "nosotros y ellos", favoreciendo a su propio grupo en cada interacción, va a acabar mal, tarde o temprano. Esto es simplemente la naturaleza humana en funcionamiento. Esto no es el resultado de algún mal místico llamado anti-semitismo.

     La lección que hay que sacar de la experiencia trágica de los judíos a través de la Historia es que el anti-nacionalismo —en otras palabras, tener pueblos diferentes viviendo en el mismo territorio— es una mala idea. Pero la mayor parte de los judíos, al menos los judíos de la diáspora, han sacado exactamente la conclusión opuesta. Ningún pueblo puede estar seguro sin una patria propia. Pero el efecto de las ideas anti-nacionalistas abogadas por tantos judíos es que los pueblos de Europa perderán el control de sus patrias.

     Tengo que decir que estoy disgustado(a), pero no sorprendido(a), por la incapacidad de los judíos para reconocer sus faltas. Es la analogía perfecta de la incapacidad musulmana para reconocer sus faltas porque esto entra en conflicto con su auto-imagen ordenada por el Corán como la "nación perfecta". ¿Por qué es anti-semítico simplemente tomar nota del hecho de que las ideas anti-nacionalistas han tenido efectos destructivos sobre el mundo y de que los judíos han estado desproporcionadamente implicados en la generación de dichas ideas, abogando por ellas y poniéndolas en práctica?. Si tomo nota del hecho de que las ideas socialistas han tenido efectos destructivos sobre el mundo y de que los escoceses han estado desproporcionadamente implicados en la generación de ellas, abogando por ellos y poniéndolas en práctica, ¿aquello me convierte en un anti-escocés o en un escotofóbico?.

     ¿Por qué ustedes los judíos no hacen un reconocimiento tan simple?. ¿Están ustedes tan inmersos en una narrativa lacrimosa de victimización en la cual judíos inocentes sufren continuamente a manos de malvados goyim, que ustedes no pueden admitir que los judíos, como todo otro pueblo en la Tierra, han tenido a veces conflictos de intereses con otros pueblos y, a veces, han cometido graves males contra aquellos otros pueblos?. Ningún pueblo europeo que yo sepa afirma haber pasado inocentemente por la Historia sin haber tenido nunca un conflicto de intereses con otros pueblos, sin nunca haberse involucrado en disputas con otros pueblos y, a veces, habiendo hecho mal a aquellos otros pueblos.

     En mi conocimiento, los musulmanes son el único otro pueblo que hace esta afirmación. El Corán le dice a los musulmanes que ellos son la "Nación Perfecta". Los judíos creen que ellos son el Pueblo Elegido. Aunque raramente expresada en público por estos días, está claro que esta idea todavía influye en el punto de vista de muchos judíos. Nada más puede explicar tal renuencia a reconocer las propias faltas o la fuerza de la curiosa convicción de que un pueblo está destinado a ser el objetivo constante de la persecución y de que esta persecución carece completamente de relación con sus propias acciones.

     Ustedes dicen que no tienen ninguna dificultad para culpar a judíos cuando es apropiado, y luego citan un ejemplo en el cual ustedes culpan a judíos por no resistir al nacionalsocialismo más enérgicamente. Pero esto fue mera pasividad de parte de los judíos, no una maldad real contra otro pueblo. ¿Pueden ustedes darme algún ejemplo de la Historia en el cual los judíos se involucraron en hacer el mal a otro pueblo?.

     Tengo que decir que la falta de voluntad de los judíos para reconocer la responsabilidad de sus acciones históricas me lleva mucho más cerca a un sentimiento de anti-semitismo general que lo que lo hace mi conciencia del papel judío en el comunismo. El papel judío en el comunismo es un detalle de la Historia, en una época en la cual había muchas circunstancias atenuantes para explicar las opciones que los judíos eligieron. La falta de voluntad judía para reconocer su responsabilidad no es, sin embargo, una curiosidad histórica. Está aquí mismo entre nosotros en el día de hoy, y proviene de judíos que viven en circunstancias completamente seguras y quienes de otro modo parecerían gente razonable.

     Podríamos comparar el papel judío en las atrocidades del comunismo y en el genocidio turco de los armenios en la época de la Primera Guerra Mundial. Como varios diplomáticos han indicado, intentando persuadir al gobierno turco para ser racional en este asunto, esto no necesariamente tiene algo que ver con la Turquía moderna. Si Turquía reconociera que el genocidio hubo ocurrido, y admitiera la maldad cometida por una generación anterior de turcos y presentara sus excusas, el asunto quedaría cerrado y podríamos continuar.

     El hecho de que la Turquía moderna sea reacia a hacer esto, sin embargo, hace alusión a que algo siniestro y feo continúa sucediendo. Esto sugiere que cualesquiera sean las actitudes que estén detrás del genocidio armenio, todavía existen. Y la renuencia judía a reconocer su culpabilidad en relación a las atrocidades del comunismo evoca la misma posibilidad.

     La discusión y la exploración de la culpa judía en el comunismo son importantes por las siguientes razones:

    —1) Esto establecería que el anti-nacionalismo tuvo consecuencias que fueron tan destructivas, o más todavía, como el nacionalismo.

     Éste es un punto crítico. La narrativa política dominante retrata al nacionalsocialismo —y, por extensión, a la política derechista— generalmente como siendo exclusivamente siniestro y asociado con la violencia y el asesinato de masas. El análisis de los hechos, sin embargo, no apoya aquella afirmación.

     Los exterminios masivos provocados por el prejuicio político del comunismo fueron mayores en su alcance que los nacionalsocialistas basados en el prejuicio racial. A lo largo de la época post-Segunda Guerra, el terrorismo derechista ha sido casi desconocido en Europa, mientras que el terrorismo izquierdista ha sido un problema crónico. Actualmente, Europol publica informes anuales que catalogan los incidentes terroristas en Europa. De estos informes queda en claro que los incidentes terroristas derechistas son raros o inexistentes, mientras que cada año ocurren docenas de incidentes terroristas izquierdistas. Destacar las atrocidades del comunismo es un modo de restaurar el equilibrio ante la percepción pública.

    —2) Esto dejaría en claro que cuando individuos que se auto-identifican como pertenecientes a pueblos diferentes viven en el mismo territorio, ellos finalmente se percibirán a sí mismos como amenazado por los intereses y las acciones del otro grupo, y tratarán de evitar la amenaza percibida del otro grupo.

     Esto causará un estado de displacer en al menos una de las facciones étnicas, y muy a menudo en ambas. Y esto es verdadero sin tener en cuenta cuán altamente calificados o económicamente exitosos sean los grupos, refutando la opinión central de los apologistas de la inmigración en cuanto a que la inmigración debería ser evaluada únicamente en términos de los obvios indicadores del éxito económico.

    —3) Esto establecería que los europeos pueden ser tanto víctimas como victimarios. A diferencia del anti-semitismo, que es un fenómeno marginal, el anti-europeísmo es la ideología dominante en el mundo. Es tan aplastantemente dominante que no es ni siquiera considerada como una ideología distinta. Es simplemente considerada como la "norma".

     La sugestión emocional de esta ideología se basa en cuentos acerca de europeos que hacen cosas malas a no-europeos en casos como el "Holocausto", la trata de esclavos transatlántica, el imperialismo, etc. Estos relatos son, por decir lo menos, desequilibrados.

     Ellos excluyen hechos claves, como el de que todas las sociedades que conocemos practicaron la esclavitud desde el alba de los tiempos registrados, y que los europeos, después de entregarse a dicha práctica durante algunos cientos de años, fueron los que la erradicaron; que el imperialismo a menudo llevó un mejoramiento a los países que lo experimentaron en maneras que pueden ser medidas a través de indicadores, como la esperanza de vida, el tamaño demográfico, etc.

     Los relatos estándares del "Holocausto" son también fundamentalmente desequilibrados en cuanto a que ellos dejan de mencionar el hecho clave de que el nacionalsocialismo fue una reacción frente al bolchevismo, que el bolchevismo fue un fenómeno abrumadoramente judío, y que millones de europeos, y casi cada elemento constituyente de la sociedad europea, fueron liquidados bajo el régimen bolchevique. Aquélla fue una guerra étnica que llevaba puesta la máscara de la moralidad.

    —4) Esto destruiría el dañino mito de la inocencia de los judíos. La narrativa dominante del siglo XX adjudica a los judíos el papel de víctimas pasivas e inocentes de un mal insensato e irracional.

     Esto les da una especial autoridad moral, que ellos no han titubeado en invocar en cada oportunidad para insistir generalmente en la inmigración de fronteras abiertas, la diversidad y la des-europeización de las sociedades europeas.

     Esto puede que no sea evidente en Estados Unidos, pero en Europa, cualquier tentativa de limitar la inmigración, de hablar de sus efectos dañinos o de distinguir entre varias corrientes de inmigrantes, provoca que la carta "nazi" sea jugada casi instantáneamente. Una vez que se establece en la mente pública la verdad de que el fascismo fue una reacción al bolchevismo, y de que el bolchevismo fue un fenómeno mayoritariamente judío, aquella especial autoridad moral desaparece para siempre.

     La mitología estándar es una herramienta extraordinariamente poderosa que los judíos pueden usar para llevar adelante sus propios objetivos. Es comprensible que cualquier pueblo esté poco dispuesto a renunciar a una carta de triunfo tal que todo lo vence. Sin embargo, la verdad exige que ellos renuncien a ella.

    —5) Es simplemente un imperativo moral que las atrocidades de esta magnitud sean reconocidas y que sus autores rindan cuentas.

     Todo lo que es verdadero del "Holocausto" —los monumentos conmemorativos, las ceremonias conmemorativas, la presencia en libros de texto y en la imaginación popular, el mantra de "nunca debemos olvidar"— es igualmente verdadero de las atrocidades de los regímenes bolcheviques, que fueron mayores en su alcance que el "Holocausto". Es una monstruosidad que estas verdades no sean más generalmente conocidas. Imagine que viviéramos en un mundo donde el "Holocausto" hubiera sido opacado por la Historia.

     La gente estaría generalmente consciente de que hubo una guerra, de que hubieron sucedido cosas malas y de que mucha gente resultó muerta, pero nada sabrían las personas comunes acerca de un programa deliberado para exterminar a los judíos. Sólo unas pocas personas que leen libros esotéricos tropezarían de vez en cuando en esta verdad.

     Siempre que ellos trataran de presentarlo para la discusión pública, ellos serían inmediatamente acusados de anti-germanismo paranoide, de anti-europeísmo o de anti-cristianismo, y hechos callar. Ése es el mundo en que vivimos. Al revés. Cualquiera que niegue la culpa judía en las atrocidades del comunismo después de que los hechos les hayan sido presentados es el equivalente de un negador del "Holocausto".

    —6) Hay, me parece, un valor inherente en establecer el punto de que el mundo es explicable, y de que hay motivos por los cuales las cosas ocurren. Si debemos mejorar el mundo, debemos primero entenderlo.

     Una narrativa que postula la existencia de un mal insensato e irracional que misteriosamente aparece de manera intermitente en la existencia de vez en cuando, es infantil, primitiva, absurda y anti-europea.

     Así es cómo los orientales ven el mundo, en un simplista claroscuro del bien contra el mal. Una comprensión madura del mundo puede acomodar los matices y asignar papeles más moralmente complejos a los actores de la Historia que la caracterización caricaturesca de buenos contra malos.

     La verdad sobre los conflictivos totalitarismos de la Europa del siglo XX es que los judíos y los europeos mutuamente se victimizaron unos a otros por motivos que eran parcialmente comprensibles, incluso si la forma atroz que tomó su venganza fuera en último término imperdonable. Si deseamos evitar la posibilidad de que tales cosas puedan suceder otra vez, debemos entender por qué ellas ocurrieron la primera vez.

     Y la narrativa estándar —de que los nacionalsocialistas subieron al poder mediante una combinación de crisis económica y la retórica hechizante de un malvado demagogo— es simplemente falsa. Tal relato priva a las supuestas atrocidades nacionalsocialistas de su sentido.

     Los judíos que murieron a manos de Hitler no van a ser honrados o ennoblecidos por medio de falsos informes de lo que condujo a su asesinato. Lo contrario es lo verdadero. La verdad es que en el núcleo de los conflictivos totalitarismos de la Europa del siglo XX había un conflicto étnico.

     Y este conflicto étnico sólo ocurrió porque el principio del nacionalismo —pueblos diferentes que viven como grupos homogéneos en sus propias patrias bajo sus propias autoridades gubernamentales— había sido violado. Los judíos estaban viviendo fuera de su patria ancestral gobernada por no-judíos. Los alemanes estaban viviendo en los márgenes de una Alemania gobernada por no-alemanes. Estos hechos gemelos desencadenaron reacciones emocionales en cadena que culminaron en tragedia.

     Una vez que yo vea de parte de los judíos el reconocimiento general de su culpabilidad moral en esto; una vez que los vea expresar arrepentimiento e involucrarse en un auto-examen moral crítico y público en el cual los europeos se han involucrado en cuanto al nacionalismo; una vez que vea que la culpa judía en el comunismo se convierte en un asunto de conocimiento público y se establezcan paralelos con la moderna adopción judía del multiculturalismo, estaré feliz de dejar caer este asunto. Hasta entonces, seguiré hablando de ello. Si esto hace a la gente infeliz o incómoda, entonces ellos mejor hubieran ido a otra parte.–






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