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martes, 15 de julio de 2014

Eustace Mullins - El Holocausto Secreto



     En el sitio mk.christogenea.org está publicada una edición aparentemente correcta del texto del estadounidense Eustace Mullins "The Secret Holocaust" de 1983, señaladas algunas anotaciones y sin las imágenes agregadas y sus comentarios que circulan corrientemente en inglés. Lo hemos puesto en castellano y lo agregamos al recientemente traducido por nosotros también texto suyo "El Holocausto Explicado". Aunque tienen algunos puntos en común, el siguiente texto desarrolla con mayor profundidad y agudeza otros tópicos y aspectos. Hay aquí algunos párrafos notables que lo hacen del todo recomendable, sobre todo para muchos marxistas políticos y culturales que en estos momentos llenan sus bocas hablando mal de la entidad sionista (los infraelíes) que ha vuelto a bombardear Gaza, pero los cuales jamás dirán una sola palabra de la real agenda que está detrás del judaísmo en su conjunto. Ésa es la gente que dice que el sionismo es malo y que el judaísmo en sí no tiene nada que ver con estos crímenes. Ingenuos, estúpidos o malintencionados. Aquí el honesto señor Mullins no tiene problema para hablar de esta perversa gente, los judíos internacionales, y el título del artículo alude sin duda al verdadero "holocausto" de 66 millones de cristianos, muertos en la judía Unión Soviética por judíos (silencio de los marxistas). Mullins presenta aquí claramente los motivos de la invención de la "mentira de Auschwitz", y comenta algunas noticias contingentes de la época en que fue escrito este ensayo.


El Holocausto Secreto
por Eustace Mullins, 1983



     La devastación de la civilización hasta ahora por las hordas rapaces del comunismo ateo, así como su planificada aniquilación de todas las sociedades y organizaciones políticas no-judías, comenzó a desolar al mundo en el siglo XIX. Esto ha causado un sufrimiento increíble y la muerte para muchos millones de víctimas cristianas en muchas partes del mundo. Sin embargo estas víctimas cristianas yacen en sus tumbas, no lloradas y desconocidas, mientras una nueva clase de ciudadanos internacionales, los creadores del terrorismo marxista, profesan ser las únicas "víctimas" que han soportado un sufrimiento durante los pasados 150 años. Ellos ordenan que el mundo llore por ellos, porque ellos controlan el mundo.

     Estos precursores del terror afirman ser "refugiados", ya que ellos no tenían ninguna nación propia, pero infestaron las sociedades civilizadas en cada parte del mundo durante dos mil años, llevando con ellos, en cada caso, enfermedad y muerte. Ellos han emergido desde una nación destrozada después de otra, no como refugiados sino como los vencedores finales, llevándose lejos su botín, y escabulléndose por partes que ellos han creado y que sólo ellos saben cómo seguir, hasta que llegan a otra nación anfitriona. Ellos llevan consigo, como la medieval peste bubónica (una infección que ellos fueron acusados de esparcir), una terrible contaminación, una infestación que rápidamente se difunde por el nuevo país anfitrión y que derriba a todos quienes se convierten en sus víctimas. Esta plaga es el comunismo mundial, y sus portadores conocidos, los peludos carroñeros que han encontrado su camino a través de las alcantarillas en cada lugar civilizado, son los judíos internacionales.

     Se nos pide que lloremos sólo por los judíos, y que ignoremos los muchos millones de víctimas reales del terrorismo mundial de los pasados 150 años, una crónica de tal horror que uno apenas puede mencionar este registro manchado de sangre, no simplemente por temor de que el mundo pueda dejar a un lado sus negocios a fin de afligirse por estas innumerables víctimas del terrorismo comunista internacional, sino porque el trágico destino de estos inocentes, la mayor parte de ellos mujeres y niños, es uno de tal patetismo que el corazón de alguien podría romperse por el impacto de sus aterradoras implicaciones para cada uno que vive hoy.

     Una de las primeras víctimas de los financieros internacionales, poco después de la publicación del Manifiesto Comunista por Karl Marx en 1848, fue la civilización del Sur de Estados Unidos. Los inmigrantes Blancos habían arrebatado a un territorio hostil los medios para crear una pulida cultura, una que los sectores más rudos e indoctos de la nueva República sólo podían admirar boquiabiertos, una admiración, sin embargo, que pronto se convertiría en envidia y luego en odio. Este odio llevó ejércitos al Sur estadounidense, llevando a los terroristas que, desconocidos entonces, fueron los primeros totalitarios comunistas determinados a desencadenar su odio y sus políticas de aniquilación sobre todo pueblo civilizado. Los sureños fueron lo bastante desafortunados para ser las primeras víctimas. Gobiernos militares fueron establecidos en el conquistado Sur, funcionando únicamente sobre los conceptos totalitarios del comunismo ateo, con tribunales actuando conforme a la ley marcial. Los sureños habían sido despojados de su Constitución y de sus derechos a la propiedad, e incluso a la existencia. Sus casas fueron quemadas y saqueadas, y hordas salvajes fueron soltadas para violar y desvalijar las propiedades que estaban ocupadas sólo por mujeres y niños, para negar los derechos heredados de estos sureños, que todavía se les debía conforme a las leyes de esta nación, un régimen de terror brutal, con jueces federales, tribunales federales y prisiones federales, que fueron establecidas por primera vez en algún Estado de estos Estados Unidos. Para aquellos patriotas sureños que se atrevieron a protestar por estos ultrajes, y que no habían sido ejecutados en el momento, se establecieron insanos manicomios federales.

     Desde Nueva York, políticos oportunistas judíos, los Lehman, los Baruch, y otros emisarios especiales de los Rothschild, llegaron para confiscar de las viudas y los huérfanos de los muertos Confederados sus últimos ahorros, sus últimas posesiones y sus tierras devastadas. El poder "Federal" era absoluto, ya que la militar Reconstrucción del Sur era una zona de ocupación, y ningún procedimiento democrático fue permitido a los vencidos sureños hasta que ellos hubieran sido despojados de sus últimas posesiones. Los empobrecidos sobrevivientes fueron obligados a ganarse la vida por cualquier medio lamentable dejado a ellos.

     En Europa, también, las naciones civilizadas fueron acosadas a lo largo del siglo XIX por sucesivas guerras y revoluciones, que provocaron millones de refugiados cristianos. La historia moderna comienza con el Congreso de Viena en 1815, cuando los judíos, soltados de sus ghettos y llevando una marea de oro acumulado por los Rothschild mediante su instigación y financiación de guerras desde 1775 hasta 1812, usaron su riqueza recién adquirida para subvertir los gobiernos establecidos de Europa e iniciar su descenso aterrador hacia el olvido. Sus víctimas estaban indefensas ante la ofensiva judía, porque ellos eran cristianos que creían que el amor por el prójimo dirigía los asuntos de la Tierra. Y así lo hace, hasta que Satán interviene por medio de su pueblo. Era imposible para cualquier cristiano creer que tales salvajes sanguinarios pudieran existir entre cualquier pueblo civilizado. Ni podían entender los cristianos, que creen en su religión del amor de Cristo por la Humanidad, el odio virulento que el judío tiene hacia todas las criaturas de Dios y que está más allá de la comprensión de cualquier ser humano civilizado.

     Sólo ahora, cuando los pueblos cristianos se tambalean al borde de la aniquilación mundial por causa del plan maestro judío, puede comenzar a ser vista alguna indicación de la naturaleza del enemigo. En New Republic, del 13 de Abril de 1983, se señala que un agitador polaco, Adam Michnik, es acusado de ser un sionista que está "preparado para torturar a opositores patrióticos". En la misma edición encontramos que Jerry Urban escribió en un diario polaco que "la sed de sangre de la doctrina y la práctica sionista" debe ser confrontada. Urban llama la atención hacia "el genocidio en su versión israelí", refiriéndose a las continuadas carnicerías de mujeres y niños árabes bajo la dirección de sionistas fanáticos en la conocida Masacre de Rosh Hashana, una celebración religiosa que sirvió para el propósito dual del asesinato ritual judío y los objetivos políticos del terrorista más famoso del mundo, el Primer Ministro Menájem Begin, quien desea asesinar a cada varón, mujer y niño árabe en los territorios que los judíos planean anexar y colonizar en el Oriente Medio.

     Urban señala un punto de vital importancia al referirse a las conocidas prácticas genocidas del Gobierno israelí, sugiriendo que los judíos se deleitan ahora con el asesinato de masas como una forma de compensación por el mito de que ellos fueron silenciosamente a sus "muertes" en la notoria fantasía del "Holocausto", sin resistir a sus "asesinos" nazis. La idea de que los judíos anteriormente "pasivos" están, por primera vez en su historia, aprendiendo a matar, desmiente la historia registrada entera de esta plaga. Hay demasiadas masacres bien documentadas en la Historia en las cuales los judíos torturaron y asesinaron a sus víctimas con el mayor regocijo, deleitándose en bárbaras prácticas tales como arrancar los corazones de mujeres y niños y untar la sangre en sus caras, mientras las mujeres judías arrancaban las entrañas vivas de sus víctimas agonizantes, envolviendo las vaporosas evidencias de su victoria alrededor de sus cinturas, y comenzando el baile judío tradicional del Hatikvah como la celebración de su triunfo sobre sus enemigos vencidos.

     El Libro de Ester registra una de muchas de tales masacres de sus víctimas por los judíos. Ester 8:11 señala: "La carta decía que el rey había otorgado a los yahudim que estaban en todas las ciudades el derecho a reunirse y a defender sus vidas destruyendo, matando y exterminando cualquier fuerza de cualquier pueblo o provincia que los atacara a ellos, tanto a sus pequeños como a sus mujeres, o que tratara de tomar sus bienes por saqueo".

     Así, una prostituta judía empleó su poder sobre el Rey para exigir que él permitiera que los judíos masacraran "tanto a pequeños como a mujeres", no simplemente en una ciudad sino a través de todo el Reino, porque "los judíos estaban en cada ciudad", como ellos lo están hoy. Esta historia bíblica registra el primer caso de guerra total, en la cual las mujeres y los niños debían ser muertos, a diferencia del combate militar tradicional, en el cual soldados profesionales, entrenados para este papel, se encontraban en el campo de batalla para luchar unos contra otros, y ganar o perder honorablemente en el campo. Los judíos, como sus apologistas que ganan un millón de dólares por semana, Pat Robertson y el "reverendo" Jerry Falwell, hacen grandes esfuerzos para explicarnos que no tuvieron que luchar en el campo de batalla para ganar territorio, porque Dios les había prometido la Tierra, y esta "Promesa Sagrada" es la única ley en el mundo hoy. Debe ser esperado que en algún punto Falwell y Robertson nos mostrarán los documentos reales en los cuales este hecho histórico fue registrado. Hasta ahora, ellos ignoran todas las preguntas sobre alguna prueba de sus fantásticas afirmaciones en nombre de los judíos, y los millones les siguen llegando. A pesar de los esfuerzos flagrantes de Falwell y Robertson en nombre del plan de asesinato mundial judío, el registro muestra que el judío prefiere evitar el campo de batalla y los riesgos del combate cara a cara, y establecer furtivamente las masacres de mujeres y niños indefensos. Tal ha sido su historia, y hoy lo hemos visto incluso en directo por la televisión en color.

     Fue la arraigada sed de sangre de los judíos la que los condujo a seleccionar como su principal festividad "religiosa" el Banquete de Purim, que celebra su masacre de los inocentes. Ester 8:17 señala: "En todas las provincias y ciudades donde la orden y decreto del rey arribaba, los yahudim tuvieron regocijo y alegría, fiesta y un buen día; y muchos de los goyim fueron circuncidados, y se convirtieron en yahudim, porque el temor a los yahudim estaba sobre ellos".

     Una de las partes más asombrosas de esta conocida cita del Libro de Ester, el único libro genuinamente judío de la Biblia, y, por esta razón, el único en el cual Dios no es mencionado, es la revelación de que la palabra en código de los judíos para indicar su conocimiento del Plan de Asesinato Mundial judío, es su conmemoración de su masacre de los inocentes por su frase en código de que "tuvieron un buen día". Desde aquella masacre, los judíos siempre se han ofrecido esta frase de reconocimiento unos a otros, en yíddish o en cualquier otra lengua de la nación particular de la que ellos planearon apoderarse, diciendo "Que tenga un buen día", significando, por supuesto, "estamos planificando más masacres de las mujeres y niños de los goyim, o el ganado gentil".

     Ahora que los judíos han alcanzado tan enorme poder económico y político en Estados Unidos, ellos han instruído a todos sus empleados gentiles en las redes enormes de venta al público de tiendas de comestibles, fármacos y de ropa que ellos poseen en todas partes de Estados Unidos, en cuanto a que ellos deben saludar a cada cliente diciendo "Que tenga un buen día". Este saludo aparentemente amistoso y supuestamente inocuo permite, al judío que sepa, ser informado de que él está en una tienda poseída por judíos, y que los dueños esperan "tener un buen día" en el futuro por medio de más matanzas de inocentes e indefensos mujeres y niños gentiles.

     La declaración más importante en el Libro de Ester es la advertencia de que "el miedo a los judíos cayó sobre ellos". Hoy, la sombra tenebrosa de la tragedia inminente surge sobre cada cristiano, debido a su miedo a los judíos, y debido a su conocimiento instintivo, como el ganado encerrado en un matadero, de que el judío tiene la intención de matarlos para su beneficio. Jacob Timerman, en una iluminadora serie de artículos en la revista New Yorker en 1982, dijo: "Comprender la existencia del Otro y luego admitir su existencia sin odio es algo nuevo para Israel en su conjunto". El Otro, por supuesto, significa el no-judío, una persona que el judío no puede ver sin odiar. A causa de su naturaleza salvaje, el judío desea sólo matarlo y beber su sangre. Es este deseo terrible el que excluye al judío de la existencia pacífica en cualquier nación civilizada, y que ha sido únicamente responsable de la resistencia ocasional pero ineficaz que las planeadas víctimas cristianas han ofrecido como oposición a sus proyectos asesinos.

     El judío tiene sólo un objetivo en el Oriente Medio, y aquél es asesinar a todos los habitantes árabes y tomar sus tierras. El gran erudito doctor Eric Bischoff descubrió esta revelación en el texto judío oficial del Thikune Zohar, Edición Berdiwetsch, 88b, un libro que, como todos los textos "religiosos" judíos, es realmente un código de rituales cabalísticos que detallan las instrucciones sobre cómo asesinar a los gentiles.

     "Además", dice el Thikune Zohar, "hay un mandamiento referente a la matanza de forasteros, que son como bestias. Esta matanza tiene que ser hecha según el método judío legal. Aquellos que no se atienen a la ley religiosa judía deben ser ofrecidos como sacrificios al Dios Altísimo".

     Desde el punto de vista del historiador, la guerra mundial judía contra todos los cristianos se desarrolla como una sucesión ininterrumpida de acontecimientos desde la historia antigua, cuando prostitutas judías como Ester persuadían a los gobernantes para que destruyeran a su propia gente por antojo de los judíos. En 1773 Mayer Anselm Rothschild se reunió con doce judíos principales para trazar la perdición de las naciones cristianas emergentes tanto en el Nuevo Mundo como en el Viejo. Durante la lucha estadounidense por la independencia, Rothschild fundó su fortuna sobre el dinero recibido por el príncipe Elector de Hesse (Alemania) en pago por los mercenarios que él alquiló a los británicos en su tentativa de aplastar a los colonos estadounidenses.

     La Guerra de 1812 fue instigada por los Rothschild para forzar la renovación de su contrato con el Banco de los Estados Unidos. Cuando dicho contrato fue vetado por el Presidente Andrew Jackson en 1836, los judíos precipitaron un pánico financiero y establecieron su plan para provocar la Guerra Civil, que destruiría simultáneamente la República estadounidense y despojaría a las familias cristianas ricas del Sur. El Manifiesto Comunista de 1848 prendió fuego a Europa con revoluciones, guerras y contrarrevoluciones.

     En Agosto de 1903, Max Nordau, en su discurso ante el 6º Congreso Sionista en Basilea, Suiza, reveló el plan para aún mayores conflagraciones, las próximas guerras mundiales:

     "Déjenme decirle las palabras siguientes como si yo les estuviera mostrando los peldaños de una escala que conduce hacia adelante y hacia arriba: El Congreso Sionista; la proposición de una Uganda inglesa; la futura Guerra Mundial; la Conferencia de Paz donde, con la ayuda de Inglaterra, será creada una Palestina libre y judía".

     Hacia adelante y hacia arriba, sobre los cuerpos de más cincuenta millones de cristianos muertos. Ésta fue la visión extática de Max Nordau de la venidera Guerra Mundial, y así llegó a ocurrir. Los historiadores profesionales nunca han sido capaces de ofrecer una explicación satisfactoria de cómo las naciones europeas se involucraron en la Primera Guerra Mundial. El archiduque Fernando fue asesinado por Gavrilo Princip en Sarajevo; Austria exigió una disculpa de Servia; Servia se disculpó, pero Austria inexplicablemente declaró la guerra de todos modos. Tres consejeros judíos del Káiser Wilhelm, el canciller Bethmann-Hollweg, Max Warburg y Albert Ballin, luego hicieron que el Káiser declarara la guerra, y las otras naciones se vieron implicadas. ¿Por qué? Para llevar a cabo el Plan judío.

     El 8 de Febrero de 1920 Sir Winston Churchill expresó su alarma sobre los acontecimientos mundiales en una entrevista publicada en el Sunday Illustrated Herald de Londres [1]: "Desde los días de Adam Weishaupt (Spartacus) a los de Karl Marx, Trotsky, Bela Kun, Rosa Luxemburgo y Emma Goldman, esta conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización y para la reconstrucción de la sociedad sobre la base del desarrollo detenido, de malevolencia envidiosa e igualdad imposible, ha estado creciendo constantemente... No hay ninguna necesidad de exagerar la parte desempeñada en la creación del bolchevismo y en la actual suscitación de la Revolución rusa por estos judíos internacionales, en su mayor parte ateos. Es ciertamente una muy grande: probablemente sobrepasa a todas las otras. Con la excepción notable de Lenin, la mayoría de las figuras principales son judíos. Además, la inspiración principal y el poder impulsor provienen de los líderes judíos".

[1. http://editorial-streicher.blogspot.com/2011/08/blog-post_07.html].

     Churchill se refería, por supuesto, al derrocamiento de la cristiana Iglesia Ortodoxa en Rusia y su reemplazo por una pandilla odiosa de maníacos homicidas, cuyo éxito inimaginable fue llevado a cabo por la astuta ayuda financiera de Jacob Schiff dada a los revolucionarios judíos, y por Max Warburg en Alemania, el cual, en el momento crucial de la revolución en Rusia, hizo arreglos para que Lenin fuera transportado a través de Alemania hacia Rusia en un tren sellado para que condujera a los conspiradores hacia su triunfo bolchevique.

     La orgía de asesinato, tortura y pillaje que siguió al triunfo judío en Rusia nunca ha sido igualada en la historia del mundo. Durante más de mil años, los rusos Blancos, descendientes de pobladores alemanes en Rusia, habían proporcionado un clima económico en el cual Rusia, el "granero de Europa", había prosperado. En unos cuantos días, esta civilización estable desapareció, quizás para nunca volver. Los afortunados fueron aquellos que reconocieron el peligro a tiempo para huír con solamente la ropa en sus espaldas. Aquellos que se demoraron o que procuraron salvar a otros fueron fusilados en ejecuciones masivas persistentes durante la noche, siendo el constante traqueteo de las ametralladoras amortiguado por el rugido de motores de camión funcionando a toda máquina para ahogar el sonido de los tiros y los gritos de los moribundos.

     El 13 de Marzo de 1917 Jacob Schiff envió a Milyukov, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno Revolucionario bolchevique y amigo personal de Schiff, un telegrama reproducido en el New York Times el 10 de Abril de 1917: "Permítame, como el enemigo irreconciliable del tiránico gobierno autocrático que persiguió despiadadamente a nuestros co-religionarios, congratular por su intermedio al pueblo ruso por lo que ellos han llevado a cabo tan gloriosamente, y desear el éxito a sus compañeros en el gobierno y a usted mismo". La edición también reproduce la respuesta entusiástica de Milyukov: "Somos uno con usted en nuestro odio y antipatía por el viejo régimen que ha sido derrocado".

     La palabra clave aquí es "odio". Los judíos eran libres para complacer sus fantasías más fervientes de asesinato masivo de víctimas indefensas. Los cristianos fueron arrancados de sus camas, torturados y asesinados. Unos realmente fueron cortados en pedazos, trozo por trozo, mientras otros fueron marcados con hierros calientes, y sus ojos sacados para inducir un dolor insoportable. Otros fueron colocados en cajas con sólo sus cabezas, manos y piernas sobresaliendo de ellas. Entonces ratas hambrientas eran colocadas en las cajas para roer sus cuerpos. Algunos fueron clavados al techo por sus dedos o sus pies, y dejados colgando hasta que murieran de agotamiento. Otros fueron encadenados al suelo y se les vertió plomo caliente en sus bocas. Muchos fueron atados a caballos y arrastrados por las calles de la ciudad, mientras la muchedumbre los atacaba con rocas y los pateaba hasta la muerte.

     Las madres fueron llevadas a la plaza pública y sus bebés arrebatados de sus brazos. Un terrorista Rojo tomaría a un bebé, sosteniéndolo por la cabeza, lo pondría cabeza abajo y exigiría que la madre cristiana renegara de Cristo. Si ella no lo hacía, él arrojaba al bebé por el aire, mientras otro miembro de la muchedumbre se precipitaba avanzado para agarrarlo con la punta de su bayoneta. Las mujeres cristianas embarazadas fueron encadenadas a árboles y sus bebés arrancados de sus cuerpos. Hubo muchos sitios de ejecución pública en Rusia durante los días de la Revolución, uno de los cuales fue descrito por la estadounidense Comisión Rohrbach (revista Defender, de Octubre de 1933):

     "El suelo de cemento entero del pasillo de ejecución de la Cheka judía de Kiev estaba inundado con sangre; ésta formaba un nivel de varias pulgadas. Era una mezcla horrible de sangre, cerebros y pedazos de cráneos. Todas las paredes estaban salpicadas con sangre. Pedazos de cerebros y de cueros cabelludos estaban pegados a ellas. Un canal de 25 cms. de ancho por 25 cms. de hondo y aproximadamente 10 metros de largo estaba en toda su longitud llena hasta el tope con sangre. Algunos cuerpos estaban desentrañados, otros tenían miembros mutilados, algunos estaban literalmente cortados en pedazos. Unos tenían sus ojos fuera de sus cabezas, y su cara y el cuello y el tronco estaban cubiertos de heridas profundas. Posteriormente, encontramos un cadáver con una cuña introducida en su pecho. Algunos no tenían lenguas. En una esquina descubrimos una cantidad de brazos y piernas desmembrados que no pertenecían a ningún cuerpo que pudiéramos localizar".

     Ya sabemos del regocijo con el cual Jacob Schiff y otros banqueros judíos saludaron las noticias de que su co-religionarios en Rusia estaban involucrados ahora en la práctica judía favorita del asesinato de masas, pero ¿qué ocurrió con los funcionarios del gobierno estadounidense, que estaban bien informados por varias fuentes de Inteligencia acerca de estas atrocidades? Tenemos al menos un registro de una respuesta pública de un prominente funcionario del gobierno, Woodrow Wilson, el presidente de Estados Unidos. El 2 de Abril de 1917, Wilson, después de enterarse de estas atrocidades, fue delante del Congreso de Estados Unidos y dijo: "La autocracia que coronó la cumbre de su estructura política (de Rusia), mucho tiempo como había durado y terrible como era la realidad de su poder, de hecho no era rusa en su origen, carácter u objetivo; y ahora ha sido quitada, y el gran y generoso pueblo ruso ha sido añadido en toda su ingenua majestad y poder a las fuerzas que están luchando por la libertad en el mundo, por la justicia, y por la paz. He aquí un compañero adecuado para una Liga de Honor".

     La estúpida alusión de Wilson a la naturaleza "no-rusa" del gobierno del Zar se refería al hecho de que los Zares eran descendientes de alemanes que se habían instalado en Rusia mil años antes. ¡La dinastía más antigua en Europa, la aristocracia rusa, fue denunciada por el propagandista comunista Wilson como que era "no-rusa"!. Uno se pregunta cómo Wilson habría descrito sus propios orígenes, un presidente de Estados Unidos cuya familia había estado en Estados Unidos durante menos de cien años, y cuyos orígenes raciales y geográficos permanecen como un asunto de considerable especulación.

     Wilson aparentemente creía que los mil años que los Romanov habían vivido en Rusia no los calificaba para la ciudadanía rusa, pero ellos fueron sustituídos por comunistas que no sólo no eran rusos sino que no pertenecían a ninguna nación de esta Tierra. El Comité Overman publicó en 1919 un informe de sus conclusiones que son pertinentes para este tema. Titulado "Audiencia de la Propaganda Bolchevique ante el Subcomité, del Comité sobre Judicatura, Senado de Estados Unidos, 65º Congreso", el informe registra el testimonio del doctor George A. Simons, antiguo superintendente de las Misiones Metodistas en Rusia, del cual citamos brevemente:

    «Nos dijeron que cientos de agitadores habían seguido la huella de Trotsky-Bronstein, habiendo venido estos hombres desde el lado Este inferior de Nueva York. Algunos de ellos cuando supieron que yo era el ministro religioso estadounidense en Petrogrado, se acercaron a mí y parecieron muy complacidos de que hubiera alguien que pudiera hablar inglés, y su pésimo inglés mostraba que ellos no habían calificado como verdaderos estadounidenses. Varios de estos hombres me visitaron y estaban impresionados por los extraños elementos yíddish en este asunto desde el principio, y pronto se hizo evidente que más de la mitad de los agitadores en el llamado movimiento bolchevique eran judíos... Tengo una firme convicción de que este asunto es yíddish, y que una de sus bases se encuentra en el lado Este de Nueva York... La última información sorprendente, dada a mí por alguien con buena autoridad, es que en Diciembre de 1918, en la comunidad del Norte de Petrogrado —que es lo que ellos llaman la sección del régimen soviético bajo la presidencia del hombre conocido como Apfelbaum (Zinoviev)—, de 388 miembros, sólo 16 resultaban ser verdaderos rusos, a excepción de un hombre, un negro de Estados Unidos que se llama a sí mismo el profesor Gordon.

    «Yo estaba impresionado por esto, senador, de que poco después de la gran revolución del invierno de 1917 había cantidades de judíos que estaban en bancas y tribunas improvisadas, hablando hasta que sus bocas espumeaban, y yo a menudo comentaba a mi hermana: "Bien; a lo que hemos llegado de una u otra forma. Todo esto parece tan yíddish". Hasta aquel tiempo nos encontramos con muy pocos judíos, porque había, como usted sabe, una restricción contra tener judíos en Petrogrado, pero después de la revolución ellos se aglomeraron allí, y la mayor parte de los agitadores eran judíos.

    «Yo podría mencionar que cuando los bolcheviques subieron al poder, por todas partes de Petrogrado, inmediatamente tuvimos un predominio de proclamas en yíddish, grandes carteles, y todo en yíddish. Se hizo muy evidente que ahora aquél debía ser uno de los grandes lenguajes de Rusia; y los verdaderos rusos no miraban aquello con buenos ojos».

     Un diario francés ampliamente conocido, "L'Illustration", del 14 de Septiembre de 1918, comentó: "Cuando uno vive en contacto con los funcionarios que sirven en el Gobierno Bolchevique, una característica llama la atención, que es que casi todos ellos son judíos. No soy en absoluto anti-judío, pero debo declarar lo que choca al ojo: en todas partes en Petrogrado, en Moscú, en los distritos provinciales, en las intendencias, en las oficinas de distrito, en Smolny, en los Soviets, he encontrado solamente judíos y otra vez judíos... Mientras más uno estudia la revolución más uno se convence de que el bolchevismo es un movimiento judío que puede ser explicado por las condiciones especiales en las cuales la gente judía estaba colocada en Rusia".

     El Informe Overman explica por qué Woodrow Wilson estaba tan feliz de que los "no-rusos" Romanov, intrusos que sólo habían vivido en Rusia durante mil años, hubieran sido sustituídos mediante un derrocamiento violento de su gobierno por judíos hablantes de yíddish del lado Este inferior de Nueva York, pero quienes, siendo de la propia clase de Wilson, debían ser aclamados ahora por el gobierno de Estados Unidos como asesinos de masas que eran "un compañero adecuado para una Liga de Honor".

     Uno sólo puede conjeturar si Wilson, quien nunca fue examinado por problemas mentales a pesar de sus muchas acciones erráticas que culminaron en su colapso final, no anheló estar allí con su co-religionarios, una Liga de Honor que se complacía a sí misma arrancando a bebés de los vientres de sus madres, caminando de rodillas profundamente en la sangre de sus víctimas, arrancando un ojo aquí, una lengua allá, cortando una pierna o un brazo; en resumen, tratando de ser imparcial al impartir la "justicia" judía a los "autócratas no-rusos" cuya única falta había sido que ellos habían sido demasiado estúpidos y demasiado calmos para proteger sus casas y familias contra las invasiones de terroristas judíos hasta que fue demasiado tarde. Alexander Solzhenitsyn relata que aproximadamente 66 millones de "rusos verdaderos" han sido asesinados desde la Revolución Bolchevique a manos de los revolucionarios yíddish, y ahora 200 millones de ciudadanos de Estados Unidos esperan su turno en los mataderos de los sanguinarios terroristas sionistas.

     Denis Fahey, en su libro "The Rulers of Russia", expuso los nombres reales de muchos de los terroristas judíos que hicieron funcionar la máquina de asesinato soviética en Rusia. Trotsky era Bronstein, Martov era Zederbaum, Zinoviev era Apfelbaum, Kamenev era Rosenfeld, Parvus era Helphand, Bohrin era Nathanson, etcétera.

     Muchos de los rusos Blancos huyeron hacia la costa del Pacífico, desde Vladivostock a Port Arthur (Dalian o Darien). Las mujeres rusas que habían presidido los palacios más corteses conocidos por la civilización europea, fueron obligadas a recurrir a la prostitución para encontrar el pan para sus hijos que morían de hambre; otras, encontrando la degradación insoportable, se suicidaron o murieron lentamente de hambre. Décadas después de la Revolución rusa, algunas mujeres rusas Blancas todavía podían ser encontradas en casas de prostitución en Shanghai, Pekín y Tokio.

     Los varones sobrevivientes del Terror marxista, muchos de ellos muy cultivados académicos, filósofos y científicos, no encontraron ningún medio de apoyo en sus talentos altamente especializados en el duro mundo asiático de los refugiados. Un general ruso fue visto tirando de un ricksha [carro de dos ruedas para transportar a un pasajero] como un vulgar culi en Shanghai durante unos días; él más tarde se colgó en su cuarto vacío. Aquellos que sobrevivieron al Terror inicial en Rusia estaban predestinados para una muerte aún más ruda, una lenta agonía como prisioneros en un campo de concentración manejado por judíos.

     Durante muchos años los judíos, mediante su control total de los medios de comunicación en las naciones cristianas, impidieron que cualquier comentario de los horrores que ellos diariamente perpetraron sobre los cristianos en la Rusia soviética alcanzara el mundo exterior. Finalmente una víctima, que había sobrevivido a una condena en un campo de concentración, Alexander Solzhenitsyn, alcanzó la seguridad. En su libro "Archipiélago Gulag" él informó a un mundo incrédulo que los terroristas judíos enloquecidos por la sangre ¡habían asesinado a 66 millones de víctimas en Rusia desde 1918 hasta 1957!.

     Solzhenitsyn citó la Orden de la Cheka Nº 10, publicada el 8 de Enero de 1921, titulada "Para Intensificar la Represión de la Burguesía". Fue sobre esta orden que se basó el establecimiento de los terribles campos siberianos, Kolyman y muchos otros. Solzhenitsyn también llevó al mundo cristiano los nombres de los asesinos de masas que dirigían estos campos. Todos ellos eran judíos. Típico era un tal Lazar Kogan, que miró a miles de trabajadores esclavos morir durante su período como jefe de la construcción del Canal del Mar Blanco. Él comentaría a veces a un nuevo prisionero: "Creo que usted personalmente no es culpable de nada. Pero, como una persona educada, usted tiene que entender que una profilaxis social está siendo extensamente aplicada".

     "Profilaxis social" era una de las crueles frases judías que ellos usaban como eufemismo para su masacre de los cristianos. Sus víctimas, una vez que eran consignadas a los campos, ya no eran consideradas como humanos, ya que los judíos consideraban a todos los demás como no-humanos. Ellos eran conocidos simplemente por el apodo de "zeks", argot para "zakluchenny", que significa "prisionero" en ruso.

     Los judíos tuvieron otra oportunidad de masacrar a cristianos indefensos durante la Guerra Civil española. Ernest Elmhurst declara en "World Hoax", pág. 157: "De no menor significancia fue la transferencia del antiguo delegado de paz de la Rusia soviética en Ginebra, el judío Rosenberg (Moses Israelsohn) con su personal de 140 miembros, al cargo de Embajador en España en Agosto de 1936".

     Este grupo de especialistas altamente entrenados en tortura y asesinato pasó sobre un régimen de terror que fue en gran parte ignorado por el resto del mundo, porque los periodistas que cubrieron la Guerra Civil española, Ernest Hemingway y muchos otros, tenían ellos mismos simpatías por los comunistas, y ellos procuraban sólo desacreditar a los patriotas españoles, los "fascistas", como despectivamente los llamaban.

     Los equipos de asesinato del embajador Rosenberg eran llamados "Escuadrillas de Purificación del Movimiento Revolucionario Mundial". Su "purificación" consistía principalmente en masacres de sacerdotes, monjas, muchachos del coro y mujeres y niños, como está tan bien descrito en el Libro de Ester y la ocasión de la celebración judía de la Fiesta de Purim. Arthur Bryant, en sus bien documentadas "Atrocidades Comunistas en España", cuenta de una escuadrilla de asesinato que fue al convento dominico en Barcelona e informó a la monja superior que "debido a la posible violencia de la muchedumbre" las monjas deberían acompañar a la escuadrilla hacia un lugar más seguro. Ellas fueron llevadas entonces a los suburbios y asesinadas. Su líder judío comentó: "Necesitábamos el edificio. No queríamos estropearlo antes de que lo ocupáramos". E. M. Godden, en "Conflicto en España", dice en la pág. 72: "Durante la última semana de Julio de 1936, los cuerpos de las monjas fueron exhumados de sus tumbas y apoyados en las paredes de sus conventos. Carteles obscenos y ofensivos fueron atados a sus cuerpos". En Madrid, se estimaba que una décima parte de la población de España fue asesinada por los judíos comunistas hacia 1939. De Fonteriz en "El Terror Rojo en Madrid", cuenta cómo cuadrillas de la Cheka organizadas por Dimitrov y Rosenberg llevaron a cabo un programa de tortura y asesinato tan obsceno que no puede ser repetido o descrito.

     Para llevar adelante su Plan de Asesinato Mundial, los judíos permitían de vez en cuando que algunos de los suyos fueran sacrificados. Esto fue puesto de manifiesto en la reunión en la casa de Rothschild en 1773, cuando se declaró: "Pero esto nos ha pagado aunque hayamos sacrificado a muchos de nuestro propio pueblo. Cada víctima en nuestro lado vale por mil Goyim". Lo que el orador quería decir era que si un judío resulta ser asesinado, él será vengado por la muerte de mil cristianos, o "ganado", como los cristianos son burlonamente mencionados por la secta judía. El orador continuó señalando a sus embelesados oyentes que "Estamos interesados en exactamente lo opuesto... en la disminución, en la matanza de los Goyim".

     Ciertamente ningún plan de asesinato había sido antes tan meticulosamente presentado alguna vez o puesto en operación de manera tan precisa. Las cifras están allí, y son indiscutibles: 50 millones de víctimas en la Primera Guerra Mundial, unos 150 millones de víctimas en la Segunda Guerra Mundial, 66 millones de cristianos asesinados por fanáticos judíos en Rusia desde el triunfo de la Revolución Bolchevique. Muchas, si no la mayoría, de estas víctimas del terrorismo judío fueron mujeres y niños. Millones de ellos fallecieron de hambre y exposición a la intemperie en las campañas comunistas de expulsión de sus hogares.

     Típica fue la expulsión de los alemanes Sudetes desde Checoslovaquia después de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual murió más de un millón de alemanes, y la expulsión de los alemanes desde Polonia, un viaje horrible que costó la vida de dos millones de alemanes.

     Los judíos se deleitaron especialmente con las muertes de estos millones de refugiados cristianos, ya que la manera de su muerte materializaba la doctrina más apreciada del odio judío hacia todos los cristianos: que los no-judíos, siendo considerados como no-humanos o como ganado, según el término judío "Goyim", no deben ser sepultados. Ésa sería una violación de la ley judía, que prohíbe que los "animales" sean sepultados. Estos millones de refugiados cristianos quedaron donde cayeron durante dichas terribles expulsiones comunistas, y nunca recibieron un entierro cristiano.

     A comienzos de la Segunda Guerra Mundial los comunistas se deleitaron con la oportunidad de permitirse su deporte favorito del asesinato de masas. Durante los primeros días de la guerra, 15.000 oficiales polacos, que eran la flor de la nación, fueron capturados. Ellos fueron llevados a tres campos comunistas manejados por los judíos, Starobiesk, Kozielsk y Ostashkov. Sólo 448 fueron vistos vivos otra vez. El resto desapareció, pero no sin rastro. El campo Kozielsk estaba situado en las tierras de un antiguo monasterio Ortodoxo, a 8 kilómetros de la estación de ferrocarril de Kozielsk. A este campo aproximadamente 5.000 fueron enviados en pequeños grupos, continuando dicho proceso hasta Abril de 1940. Parfeon Kisselev dijo que en la primavera de 1940 los prisioneros fueron llevados al Bosque Katyn en tres o cuatro autobuses diariamente. Desde su casa él oyó disparos y gritos. Se rumoreaba que 10.000 polacos fueron fusilados allí. Cuando el Ejército alemán ocupó el área en 1943 comenzó una investigación.

     El Informe Final de la Policía alemana fechado el 10 de Junio de 1943 declara que "Fue probado que, sin excepción, la muerte fue causada por un tiro detrás del cuello. Las siete tumbas colectivas de oficiales polacos asesinados que han sido removidas, cubren un área relativamente pequeña. De la traducción de diarios, memorias y otras notas encontradas con los cuerpos, se demostró que los oficiales que habían sido tomados presos por el Ejército soviético en 1939 fueron enviados a varios campos: Kozielsk, Starobielsk, Ostashkov, Putiviel, Bolotov, Pavlishcev Bor, Shepyetovka y Gorodok. La mayoría de aquellos asesinados en el Bosque Katyn había estado en el campo de Kozielski. Desde finales de Marzo hasta el primer día de Mayo de 1940, los presos de Kozielsk llegaron por ferrocarril. Las fechas exactas no pueden ser establecidas. Salvo por unos breves intervalos, un grupo era enviado casi cada día; el número de presos variaba entre 100 y 300 personas... Desde aquel lugar, temprano por la mañana, los presos eran trasladados en vagones especiales al Bosque Katyn. Allí los oficiales eran fusilados inmediatamente, arrojados en las tumbas que esperaban, y sepultados, como puede ser visto por la evidencia del testigo Kisselev, que ha visto las zanjas siendo preparadas. Que los disparos ocurrían inmediatamente después de la llegada de una hornada de presos se prueba por testigos que oían disparos después de cada una de tales llegadas. No había ningún alojamiento en el bosque aparte de la casa de descanso, que tiene una capacidad limitada. Por la posición de los cuerpos puede suponerse que la mayoría fueron asesinados fuera de las tumbas. Muchos de los muertos tenían sus manos amarradas detrás de sus espaldas. La evidencia de los testigos confirma que el acceso al bosque estaba prohibido. Voss, Secretario de la Policía de Campaña".

     El Informe del profesor Butz establecía que «Los documentos encontrados en las víctimas (carnets de identidad —pero no pasaportes militares—, diarios, cartas, tarjetas postales, calendarios, fotografías, dibujos, etc.), dieron los nombres, edad, profesión, origen y relaciones familiares de las víctimas. Las patéticas anotaciones en los diarios testifican el tratamiento dado a las víctimas por el NKVD. Las cartas y las tarjetas postales de parientes en Silesia superior, en el "Gobierno General" y en la zona ocupada por los rusos, escritas, a juzgar por los sellos de correos, entre el Otoño de 1939 y Marzo o Abril de 1940, señalan claramente la época del crimen (primavera de 1940)».

     El Caso Katyn llegó delante del tribunal de Nuremberg como parte del proceso judicial general en contra de "criminales de guerra alemanes", habiendo afirmado los soviéticos que esta atrocidad había sido cometida por los alemanes. Aunque estuviera en la agenda, los soviéticos la omitieron en el juicio, y tampoco se permitió que ningún polaco declarara sobre ello. El señor G. F. Hudson escribió en la publicación trimestral "International Affairs" que "los muertos inquietos de Katyn todavía caminan por la tierra". En años posteriores, varios miembros del Congreso estadounidense han procurado reabrir el caso, incluyendo a George A. Dondero, Ray Madden y otros. Un Comité Escogido del Congreso estadounidense reportó el 2 de Julio de 1952 que "El comité unánimemente concuerda en que la evidencia que tiene que ver con la primera fase de su investigación demuestra concluyente e irrevocablemente que el NKVD soviético (Comisariado de Asuntos Internos del Pueblo) cometió la masacre de oficiales del Ejército polaco en el Bosque Katyn cerca de Smolensk, Rusia, no después de la primavera de 1940. El comité posteriormente concluye que los soviéticos habían tramado este exterminio criminal del mando intelectual de Polonia tan pronto como en el otoño de 1939, poco después de la traicionera invasión de Rusia de las fronteras nacionales polacas. No puede haber duda de que esta masacre fue un complot deliberado para eliminar a todos los líderes polacos que posteriormente se habrían opuesto al plan de los soviéticos de comunistizar Polonia".

     El final de la Segunda Guerra Mundial dio a los comunistas la oportunidad de desatar la venganza sobre todos aquellos que se habían opuesto a ellos durante la guerra. Como resultado, entre dos y cinco millones de víctimas fueron masacrados por terroristas judíos en Francia, Italia, Checoslovaquia y otros países en los cuales los Aliados permitieron a los comunistas asesinar a voluntad a todos los anti-comunistas o "fascistas". El Sunday Oklahoman arroja alguna luz sobre este horror, en un artículo del 21 de Enero de 1973 titulado "Documento Revela la Parte Aliada en la Muertes de Miles":

     "Un antiguo asesor de la Casa Blanca ha proporcionado al Sunday Oklahoman un documento secreto que expone por primera vez lo que parece ser la complicidad Aliada en las muertes de miles de confiados y liberados prisioneros de guerra y personas desplazadas después de la Segunda Guerra Mundial. Se cree que el documento, un informe del Ejército británico de 10 páginas, es parte de voluminosos archivos anglo-estadounidenses relativos a la repatriación forzosa a la Unión Soviética de aproximadamente 2 a 5 millones de reacios anti-comunistas entre 1944 y 1948. Los archivos, bajo el nombre en clave de Operación Keelhaul, todavía son mantenidos bajo fuertes medidas de seguridad en Londres y Washington como prácticamente el último secreto importante de la Segunda Guerra Mundial. El informe británico secreto resume una operación de repatriación en Italia en la cual prisioneros de guerra y oficiales instructores rusos fueron entregados al Ejército Rojo para su casi cierta ejecución, después de ser engañados por los británicos para que creyeran que se les daría asilo en Occidente. El informe relata la agonía y el horror experimentado por los prisioneros".

     El principal criminal en esta ejecución masiva de entre dos y cinco millones de anti-comunistas fue —quién otro— nuestro sonriente Ike [Dwight Eisenhower, ex-Presidente de EE.UU.], jefe del sector europeo de los ejércitos Aliados. El crimen de la Operación Keelhaul no estuvo en la agenda en los juicios de Nuremberg.

     Para financiar el Estado de Israel que fue creado como un resultado directo de la victoria judía sobre las naciones cristianas en la Segunda Guerra Mundial, los judíos, que habían cometido todas las atrocidades, ahora impusieron enormes demandas de "reparaciones" al conquistado pueblo alemán. Hasta ahora, ellos han extorsionado más de 35.000 millones de dólares de los trabajadores alemanes, dinero que ha sido recolectado a punta de bayonetas, no bayonetas judías sino las del Ejército estadounidense, que ha sido mantenido como una fuerza de ocupación en Alemania Occidental durante casi cuatro décadas, únicamente para proporcionar el poder militar detrás del Gobierno marioneta alemán, que tiene como su función primaria proporcionar dinero para el Estado parásito de Israel.

     Aproximadamente veinte años después de la Segunda Guerra Mundial, los judíos comenzaron a temer que los investigadores pudieran concentrarse en las terribles masacres de mujeres y niños llevadas a cabo durante aquella guerra por los ejércitos dirigidos por los judíos. La incineración de miles de familias por masivos bombardeos de fuego sobre las ciudades de Colonia, Hamburgo, Berlín, Dresden y otros centros culturales europeos; las tormentas de fuego que mataron a muchos miles de familias en Tokio, así como los holocaustos nucleares desatados sobre poblaciones civiles en Hiroshima y Nagasaki en los últimos días de la Guerra contra Japón, cuando el Estado Mayor Imperial ya había demandado la paz (los judíos no quisieron perder esta oportunidad para probar su nueva Bomba del Infierno judía sobre objetivos humanos); éstos y sus numerosos otros crímenes de guerra, comenzaron a preocupar a los judíos. Su culpa era inevitable; parecía una mera cuestión de tiempo hasta que sus crímenes hicieran descender la retribución sobre sus cabezas. Para impedir esta posibilidad, los judíos comenzaron una campaña furiosa por sí mismos, una campaña mundial altamente sincronizada y coordinada que publicitaba su nuevo mito, el "Holocausto", en el cual se decía que seis millones de judíos habían sido quemados. También se dijo que seis millones de judíos habían sido gaseados. Si esto significaba que hubo realmente doce millones de judíos "asesinados", nadie parece saber.

     Que ocurrieron holocaustos, o asesinatos de masas mediante fuego, durante la Segunda Guerra Mundial, es una materia del registro histórico. Existen fotografías de pilas de cadáveres quemados, que fueron tomadas en Colonia, Hamburgo y Dresden después del bombardeo masivo de aquellas ciudades por los aviones Aliados. El problema que los judíos afrontaban era que no había habido ningún holocausto de víctimas judías durante la Segunda Guerra Mundial, ni tampoco había ninguna fotografía de cuerpos judíos quemados. Pero no había de qué preocuparse: los judíos simplemente se apropiaron de las fotografías de los cuerpos de sus víctimas alemanas, que son exhibidas hoy en macabros "museos" en Alemania como pruebas visibles de judíos muertos.

     Es una materia del registro histórico el que a los judíos realmente les había ido bastante bien durante la Segunda Guerra Mundial. En Alemania, increíbles sagas de soborno y corrupción en el frente doméstico habían asegurado la evacuación masiva de todos los judíos desde las ciudades alemanas justo antes de que comenzaran los bombardeos incendiarios. Mientras familias alemanas enteras perecieron entre escenas de un horror indecible, los judíos estaban sin peligro instalados en cómodos cuartos en campamentos de refugiados tales como Auschwitz. El testimonio final en cuanto a su rescate al ser segregados en estos campos remotos, lejos del peligro de las incursiones de bombardeos masivos, viene de —quién más— los judíos mismos. Como ellos nunca dejan de asegurarnos, ellos "sobrevivieron". Aunque ellos sobrevivieran entre escenas de genocidio o masacres de no-judíos en muchos países, ellos comprendieron varias décadas más tarde que era necesario para sus objetivos afirmar que ellos habían sido "exterminados". Los campos de protección en los cuales ellos habían sido segregados sin peligro por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial ahora se convirtieron en "campos de exterminio". No sólo aquéllos eran campos de exterminio, sino que hubo campos tales como Auschwitz, rememorados en el Atlantic Monthly de Septiembre de 1981, que tenían "su propio estadio de fútbol, su propia biblioteca, su propio laboratorio fotográfico y su propia orquesta sinfónica".

     El mismo artículo se jacta orgullosamente de que "el hospital en Auschwitz creció hasta un tamaño considerable, con aproximadamente veinte doctores y más de trescientas enfermeras". ¿Era éste un "campo de exterminio"?. El hecho era que no había ni un solo hospital de campaña militar alemán cerca de ningún frente de combate tan importante o tan bien equipado como el hospital en el "campo de la muerte" de Auschwitz, y sin embargo Auschwitz siempre es citado por los judíos como el lugar donde millones de judíos fueron "llevados a la muerte". El objetivo del enorme y moderno hospital nunca ha sido satisfactoriamente explicado, ya que los judíos ahora afirman que dentro de unas horas después de llegar a Auschwitz, ellos eran apresuradamente llevados a las "cámaras de gas". Esta aseveración podría tener más validez si no hubiera sido por un desafortunado descuido de los judíos: ellos no construyeron las cámaras de gas en Auschwitz sino hasta que la Segunda Guerra Mundial ya había terminado.

     Casi cuarenta años después de la guerra, en la cual "seis millones de judíos fueron asesinados por los nazis", como ellos afirman, hay festivales anuales, convenciones y otras reuniones masivas de muchos miles de "sobrevivientes de los campos de exterminio". Incluso más peculiar, difícilmente alguno de estas prósperas, saludables y bien alimentadas "víctimas" afirma haber sido sobreviviente de sólo un "campo de la muerte". Casi todos ellos declaran haber sido prisioneros en cinco o seis de los campos, y esto en un momento en que Alemania, peleando una guerra en dos frentes, no podía abastecer a sus tropas en las áreas de combate. Los judíos nos piden que creamos que cada pocos meses ellos eran transferidos desde un campo, puestos en un tren y llevados a cientos de kilómetros a otro "campo de exterminio" para ser asesinados, y luego unos pocos meses más tarde, aparentemente no habiendo sido muertos, ellos eran subidos al tren a todavía otro "campo de la muerte", donde ellos permanecieron sin ser dañados hasta el final de la guerra.

     La razón de las afirmaciones, por otra parte inexplicables, de los "sobrevivientes" judíos de que ellos estuvieron en muchos diferentes "campos de exterminio", es revelada por una explicación simple: dinero ("gelt"). Los "sobrevivientes" reciben regularmente pagos mensuales de los alemanes conquistados. "Garfinckel" recibe desde Alemania un pago mensual en Israel porque él fue un preso en Auschwitz. "Rosenfeld" recibe desde Alemania un pago mensual en Israel porque él fue un preso en Treblinka. "Steinberg" recibe de Alemania un pago mensual regular en Israel porque él fue un preso en Dachau. ¿Garfinckel, Steinberg y Rosenfeld, no los conoce usted? Él es el mismo judío sonriente y grasoso que usted vio en la cobertura noticiosa de la convención del "Holocausto".

     "Y NO PRESTEN OÍDOS A LAS FÁBULAS DE LOS JUDÍOS" (Tito 1:14). El Mito del Holocausto, o los "seis millones de judíos desaparecidos" no es únicamente un asunto de recolectar ingresos de los enemigos derrotados. Es también una de las más poderosas armas de propaganda en las manos de los judíos en su impulso hacia el poder mundial total. Hoy, todos los funcionarios que procuran seguir en el poder o que buscan un cargo más alto en Estados Unidos deben no sólo hacer una promesa ritual de fe eterna e incondicional en el Mito del Holocausto. Cuestionar el Mito del Holocausto significa desafiar la dictadura mundial judía, lo cual debe ser castigado inmediatamente con la sentencia más severa. Así, las elaboraciones más fantásticas sobre la mentira básica de los "Seis Millones" aparecen con regularidad en los programas religiosos, en libros educativos y en la prensa estadounidenses.

     Entre las raras figuras públicas que se han atrevido a cuestionar el Mito del Holocausto están individualidades como el actor Robert Mitchum, que dijo a un entrevistador de la revista Esquire, en respuesta a una pregunta sobre "los seis millones": "Así dicen los judíos". "¿Así dicen los judíos?", chilló el horrorizado entrevistador. "Sí", refunfuño Mitchum, "así dicen los judíos". Otro actor, Ronald Reagan, mientras buscaba un cargo público, dijo ante un público judío en California que "Podría ayudar a su causa si ustedes limitaran sus afirmaciones de víctimas a números que ustedes realmente pudieran demostrar". Un reportero notó que "la audiencia comenzó a sisear como gansos, en una cacofonía rápidamente creciente mientras el aspirante político se fue del lugar, para no reaparecer nunca en el auditorio particular".

     Cualesquiera hayan sido las dudas de Reagan sobre "los seis millones", él las ha mantenido desde entonces para sí mismo. La Administración de Reagan será recordada por la consagración definitiva de "la solución final". Dos edificios del gobierno en el Washington Mall [la Explanada, parque y lugar público en Washington DC] han sido dados ahora por "nuestro gobierno" a los judíos para que se construya un "monumento conmemorativo del Holocausto". El Washington Mall, como el Foro romano, es el centro de las aspiraciones estadounidenses para nuestra República, y va desde la Casa Blanca al Capitolio con su adorno principal, el magnífico Monumento a Washington. Para consternación de la mayoría de los estadounidenses, el Monumento a Washington puede ser llamado ahora el "Callejón Judío". Muchos nativos de Washington han comenzado a expresar críticas por este increíble acontecimiento. En el Washington Post del 25 de Abril de 1983, William Raspberry escribe en la página editorial: "Simplemente no lo entiendo". Él señala que aunque esto va a ser un monumento estadounidense oficial, ni los victimarios ni las víctimas eran estadounidenses. Él cita a un profesor de la Universidad Howard como preguntándose por qué no debería haber un monumento conmemorativo de la Esclavitud en la Explanada para honrar la memoria de los esclavos, o un monumento conmemorativo de Wounded Knee para los indios. Lo que él no dice es que la erección de un monumento judío en la Explanada de Washington es una jactancia del poder absoluto, de que los judíos han conseguido el poder absoluto sobre sus esclavos goyim en Estados Unidos. Podemos entender que haya un enorme monumento conmemorativo de Karl Marx erigido en la Plaza Roja en Moscú. ¿Somos incapaces de entender por qué un monumento a los judíos es erigido en la Explanada de Washington?.

     Raspberry, quien es Negro, sigue pellizcando las grandes narices de sus patrones judíos, la familia Meyer que posee el Washington Post, diciendo que "una promesa de que nada de esta clase se permitirá jamás que suceda otra vez" le preocupa, porque está sucediendo ahora mismo. Él no menciona el ejemplo obvio, la Masacre de Rosh Hashana de mujeres y niños árabes en el Líbano, pero por supuesto Raspberry deja de entender dos factores cruciales: primero, que "aquello" nunca sucedió en absoluto, y segundo, que los judíos están intentando colocar al resto del mundo sobre aviso de que el "Pueblo Elegido" es sagrado, y de que nadie debe dañar jamás un solo cabello de sus cabezas. Está completamente bien masacrar a todos los goyim o ganado no-judío en Camboya, Vietnam, África o Líbano; aquello no tiene nada que ver con la presencia "sagrada" del judío.

     "Nunca Más", el muy publicitado slogan de los judíos que se refiere al Mito del Holocausto, debería ser más correctamente "Nunca", significando que no sólo aquello nunca ocurrió sino que está bien para los judíos masacrar al ganado gentil siempre que sirva a sus propósitos, porque el Mito del Holocausto da carta blanca a los judíos para matar a tantos gentiles como les sea posible, "la disminución, la matanza de los Goyim", como el viejo Anselm Rothschild tan lujuriosamente dijo, porque es obvio que mientras más gentiles son asesinados, menos permanecen vivos como una amenaza posible para los judíos.

     El Mito del Holocausto es interpretado por los judíos como si se les diera permiso para mantener escuadrones internacionales de asesinato cuyos asesinos rutinariamente realizan ejecuciones en cada país del mundo, no sólo contra los "enemigos de Israel" sino también contra aquellos que son simplemente sospechosos de ser "enemigos potenciales de Israel". Vale la pena tener cuidado. En ningún país los escuadrones de asesinato del Mossad, el servicio de Inteligencia israelí, tienen mayor libertad que en Estados Unidos. La cooperación con los asesinos judíos es la primera línea de negocios para la CIA, la FBI y el IRS (Servicio de Impuestos Internos). El Mossad rutinariamente entrega a estas agencias del Gobierno listas de individuos estadounidenses en sus listas de odio, a los que se les debe prestar una "atención especial". Estas listas constituyen más de la mitad de todas las "auditorías especiales" del IRS hechas a ciudadanos estadounidenses.

     A pesar de la cooperación frenética de las oficinas estadounidenses oficiales con los asesinos israelíes, el favor es raramente devuelto. Los judíos tratan a los goyim estadounidenses con justificable desprecio, y raramente pierden una oportunidad para escupir en sus caras. Nuestros Infantes de marina pronto averiguaron esto en el Líbano, cuando los soldados israelíes rutinariamente los amenazaban, cortando ofensivamente las líneas marítimas, y disparándoles. La postura política de Menájem Begin en este momento es mantener una fuerte presencia militar israelí en el Líbano, a pesar de los frecuentes gimoteos del presidente Reagan de que los israelíes realmente deberían salir de aquel país desgarrado por la guerra. Ante estas peticiones, los israelíes respondieron con el asesinato del presidente Gemayel, y con la Masacre de Rosh Hashana de mujeres y niños. Las últimas peticiones de una retirada israelí se encontraron con la "misteriosa" explosión que hizo volar la Embajada estadounidense en Beirut, con gran pérdida de vidas. Se afirma con toda certeza que esta explosión nunca será aclarada. Mientras los judíos Walt Rostow y Henry Kissinger (ambos sionistas) estuvieran traicionando los intereses de Estados Unidos, las cosas estaban bien. El secretario Shultz debe preguntarse cuándo Begin ordenará que él sea asesinado, y el presidente Reagan y otros también.

     Los israelíes son los más probables sospechosos de la explosión de la Embajada estadounidense. Un extremista llamado Abu Nidal fue nombrado en la columna de Jack Anderson, el 25 de Abril de 1983 en el Washington Post, en cuanto a que «informes secretos del Departamento de Estado citaban la explicación de dos fuentes de inteligencia muy calificadas de que la explosión estaba en los intereses de Israel por cuanto ayudaba a "dividir para vencer" al desorganizar a la OLP poniendo a una facción contra otra. Las fuentes dijeron que Israel había proporcionado en secreto fondos al grupo de Abu Nidal».

     Desde el comienzo, el Mito del Holocausto ha tenido sus problemas en cuanto a las cifras. No ha sido fácil vender la historia del "exterminio" de un pueblo entero, cuando aquella gente es más numerosa, más visible, más próspera y más poderosa en más países que en ningún otro momento durante su historia. Es aún más difícil vender la historia de "sobrevivientes de los campos de la muerte", que sobrevivieron, no un año, sino que permanecieron de cuatro a seis años en "campos de exterminio", en los cuales, según el testimonio de los "sobrevivientes", "cada uno estaba siendo asesinado cada día"; supervivencia, no simplemente en un "campo de exterminio", sino viajes a cinco o seis campos por el período de cuatro a seis años. El porcentaje de bajas sería más alto en un viaje en autobús por el Bronx.

     Requirió una cierta cantidad de coraje fijar el número de aquellos "exterminados" en la cifra mágica de "seis millones" durante un período en que el censo mundial de judíos mostró un aumento de 10 millones a 12,5 millones. Incluso los judíos más empedernidos se arredraron por la exposición y censura ciertas que se derivarían de vender tales mentiras fantásticas al más crédulo de los goyim. Por suerte, ellos no tuvieron que hacerlo. Si Ronald Reagan expresó alguna vacilación para aceptar la cifra mágica de seis millones temprano en su carrera, otros goyim, principalmente los grandes evangelistas, no mostraron tales escrúpulos. Hay ahora una cierta rivalidad entre los títeres de un millón de dólares a la semana que saltaron al Carro de la Victoria, pero parece haber poca duda de que no fue Billy James Hargis, el homosexual golpeador de la Biblia, sino Billy Graham, "aquel agradable muchacho de Carolina del Norte", quien primero encontró oro en el Mito del Holocausto. Graham pronto demostró que su lealtad a Dios era superada sólo por su lealtad al Estado de Israel, mientras Billy James Hargis y el "reverendo" Carl McIntire soplaron y resoplaron en el bien formado trasero de él. En años recientes, ellos han sido superados por dos aún más pulidos vendedores ambulantes del "cristianismo fundamentalista", Jerry Falwell y Pat Robertson. Cada día estos serviles shabez goyim rinden homenaje al Mito de los Seis Millones, instando a su hechizado auditorio de televisión a enviarles más dinero, y por supuesto, a Israel. Aunque la tajada de ellos caiga desde la cumbre, Israel consigue realmente una buena parte del beneficio, pero el supuesto beneficiario de toda su recaudación de fondos, Dios, se dice que no consigue nada en absoluto.

     Aunque Estados Unidos se jacta de ser el lugar de nacimiento del "periodismo investigador", donde un agresivo Mike Wallace empuja un micrófono en la cara de un charlatán servil mientras lo denuncia por cobrar demás a un paciente anciano por una aspirina, el Mito del Holocausto sigue disfrutando de una completa inmunidad en las actividades entrometidas de diez mil periodistas jóvenes que sueñan con el Premio Pulitzer, el Club del Libro del Mes y el contrato en Hollywood. Estos sueños pueden convertirse en realidad, como Woodward y Bernstein [denunciantes del caso Watergate] descubrieron cuando ellos publicaron sus fantasías sobre la Casa Blanca como hechos; pero el Mito de los Seis Millones está a salvo de cualquier invasión de estos "grandes periodistas" o de cualquiera de sus compatriotas, ya que ninguno de ellos se atreve a cuestionar la santidad de dicha cifra incuestionable.

     Durante años los judíos han rechazado proporcionar ante un tribunal cualquier prueba aceptable que justificara esas afirmaciones, aun cuando se ofreció una recompensa de 50.000 dólares por probar que algún judío había sido gaseado en algún tipo de operación "Holocausto" durante la Segunda Guerra Mundial; pero esta oferta asombrosa nunca excitó la curiosidad de ningún "periodista investigador" en Estados Unidos. En circunstancias normales, un billete de 20 dólares o un almuerzo con dos Martinis es todo lo que se requiere para ponerlos tras la pista. Hasta que estos profesionales altamente entrenados tomen el olor como sabuesos, seguiremos siendo plagados por las afirmaciones judías de que seis millones de su gente más brillante y mejor fueron vilmente llevados a la muerte durante la Segunda Guerra Mundial. Si una oferta de 50.000 dólares no puede brindar una prueba de tan sólo una muerte, ¿cuánto costaría encontrar la prueba de que seis millones murieron?.

     El registro muestra que sólo los cristianos han sido las víctimas de las masacres históricas. Los judíos, cuando ellos no cometieron la matanza por ellos mismos, como siempre prefieren hacer, han estado siempre en un segundo plano como los únicos instigadores de estos crímenes contra la Humanidad. Podemos y debemos protegernos contra la bestialidad sanguinaria del judío mediante cada medio posible, y debemos ser conscientes de que el credo cristiano de amor y piedad puede ser eclipsado por la obsesión judía de que todos los no-judíos son animales para ser muertos.–


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