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miércoles, 25 de junio de 2014

La Espiritualidad de las Artes Marciales



     El sitio newdawnmagazine.com presentó el 15 de Enero de este año este interesante artículo sobre la metafísica de ciertas artes marciales orientales. Su autor, Robert Buratti, es un director de museo, artista e investigador australiano, y este breve texto de divulgación, que resume otras investigaciones más profundas, ya había sido publicado en la edición Nº 85 de la revista New Dawn, de Julio-Agosto de 2004. Es simplemente una escueta exposición de algunos aspectos filosóficos que subyacen tras las prácticas aludidas.


Las Dimensiones Espirituales
de las Artes Marciales
por Robert James Buratti
Julio de 2004



     "Aquel que desee vivir en un arte marcial oriental, más bien que sólo practicarlo en un nivel físico, debe entonces entrenar su conciencia para alcanzar una autodisciplina, de modo que al final su mente consciente se mezcle en una identidad con el mismo principio de la vida misma" (Maurice Zalle).


     Entre las usuales ofertas estridentes y previsibles de la taquilla de cine australiana del verano pasado, la película de Hollywood "El Último Samurai" surgió como una alternativa interesante para muchos curiosos aficionados al cine. Allí nos encontramos con una perspectiva única acerca de la interacción cultural entre Oriente y Occidente. La película trata casi exclusivamente con las diferencias filosóficas, espirituales y marciales entre Japón y Estados Unidos, y presenta en gran forma la figura del samurai y el modo en que su práctica marcial tiene una poderosa dimensión espiritual con la cual el Occidente no puede ser relacionado.

     La práctica tradicional de las Artes Marciales está experimentando ahora una especie de renacimiento, y esto es en gran parte debido al hecho de que muchas personas están comprendiendo la existencia de los componentes espirituales esotéricos que están detrás de algunos estilos ampliamente conocidos. Las Artes Marciales ya no son consideradas como remanentes de viejas culturas sino como métodos válidos y eficaces de conseguir un crecimiento espiritual. Ellas realmente fueron formuladas para dicho propósito desde el principio.


Una Herencia Espiritual

     En el año 475 el monje indio Bodhidharma llegó al Sur de China. A su llegada él se trasladó a la provincia Huan donde pasó nueve años en meditación, entre las paredes rocosas de una cueva. Cuando el monje emergió de su retiro, se topó con un pequeño templo de montaña aproximadamente a una milla de distancia [1½ km.] llamado Shaolin. Bodhidharma quedó impresionado al ver el deplorable estado físico de los monjes del Templo Shaolin, quienes practicaban ejercicios de meditación durante largos períodos que, mientras los hacían espiritualmente fuertes, destruían totalmente su estado físico.

     Bodhidharma creó para los monjes un régimen de ejercicios que implicaba técnicas físicas que eran eficientes para el reforzamiento del cuerpo y que eventualmente podrían ser usadas para defenderse de los inevitables ladrones de caminos y otras bandas, abundantes en el área entonces. Esta última utilidad era un simple beneficio adicional de la práctica. La primera era el objetivo principal. El interés primario era siempre mantener la fuerza física de los monjes para el propósito de la meditación. Estos ejercicios físicos evolucionaron hacia lo que ahora conocemos como Artes Marciales.

     Entre la miríada de opciones contemporáneas para desarrollar el espíritu, las Artes Marciales permanecen como uno de los sistemas más antiguos y más universalmente eficaces para la enseñanza de ideas internas que despiertan la dimensión espiritual en todos los aspectos de la vida.


El Camino Físico hacia la Iluminación

     El verdadero valor de estudiar las Artes Marciales radica no en el aprendizaje de la técnica o sistema mismo, sino en la adquisición de cualidades internas particulares que son desarrolladas a través del proceso de aprendizaje. Los ejercicios físicos son los ejemplos concretos de principios filosóficos abstractos. Los sistemas de destreza con los pies enseñan al estudiante acerca de las cualidades de la energía, de flujo y reflujo, y el potencial tanto creativo como destructivo. Los patrones de trabajo con las manos enseñan al estudiante acerca del equilibrio, la dinámica y la intuición del espíritu natural.

     Las acciones de bloqueo, desvío, golpe, rotura y lanzamiento, todas contienen conceptos que pueden ser aplicados al espíritu humano. Entonces en el combate unimos estos conceptos, y en el proceso descubrimos nuestra propia naturaleza que es obligada a manifestarse bajo una tensión y una presión extremas.

     Uno nunca se ve confundido tanto como cuando está bajo ataque. En este acto es probado el temple de cada uno, y de allí se surge con una nueva visión de sí mismo y, en muchos casos, con una visión del verdadero Yo. Éste es un primer paso para la auto-comprensión.

     El legendario esgrimista japonés Myamoto Musashi descubrió que mientras más él buscaba la habilidad y la eficacia en su entrenamiento, más él buscaba la habilidad y la eficacia en todas las cosas. Él comenzó a buscar el objetivo más profundo en todo lo que él hizo.

     Trabajando en la agricultura, él tomó la tierra que había quedado inutilizable por las inundaciones anuales y la convirtió en tierra productiva construyendo sus diques y campos según la forma del flujo natural del agua. Los agricultores construyeron un santuario en su honor por sus conceptos y rezaron en aquel lugar diariamente. Él encontró que cada parte de su vida afectaba a cada otro aspecto, y comenzó a buscar la espiritualidad en todas las áreas de su vida.

     El combate hace grandes demandas a las capacidades del guerrero. Tales demandas actúan como poderosas situaciones de aprendizaje para el auto-descubrimiento y la auto-confrontación.


Enfrentando a la Muerte

     "Derrotar a mil enemigos está bien, pero el samurai que se derrota a sí mismo es el más grande de los guerreros" (El Dhammapada).

     Quizá la primera y la más importante de estas situaciones es la confrontación con la muerte. A través de toda la vida nos vemos esporádicamente encarados con la muerte, ya sea a través de la familia, la televisión o la literatura. En el mundo moderno estamos muy familiarizados con la muerte, pero raramente, si es que alguna vez, somos confrontados con la perspectiva de nuestro fallecimiento personal. Pero cuando esto llega, muy probablemente será un acontecimiento repentino e irrevocable e inoportuno del cual no aprendemos nada. El practicante de Artes Marciales ni ignora ni espera la muerte, pero camina derecho hacia ella.

     En las Artes Marciales la muerte es una presencia constante. La actividad entera gira alrededor de ella. El ataque, la defensa y el contraataque son todos realizados como si una verdadera situación de vida o muerte estuviera implicada. Con la habilidad aumenta el vigor de las acciones, y si uno usa armas, uno puede emplear, por ejemplo, una espada desnuda en vez de una espada de bambú o de madera, todo lo cual hace la situación en verdad peligrosa. El practicante encara la muerte y hace la paz con ella, en el conocimiento de que es inevitable. Con este entendimiento, allí no existe más miedo, y el practicante de Artes Marciales es realmente libre ahora.

     Todos los sistemas espirituales establecen una confrontación con la muerte, ya que encarar a la muerte es quizás el elemento más importante de la espiritualidad. Las prácticas preparatorias básicas del budismo implican el reconocimiento de que la vida de uno es corta y que uno puede morir mañana. En el rito Chod del Tíbet, los practicantes visitan un cementerio por la noche (donde los cadáveres son dejados expuestos a los elementos y a los animales carroñeros) e invitan a los demonios a venir y tomarlos. Los cristianos y los musulmanes invitan al Todopoderoso a tomar sus almas en cualquier momento.

     El miedo a la muerte es el mayor obstáculo para el artista marcial. Este miedo tiene una cualidad de rigidez, o de parálisis, o de pérdida del control; uno puede congelarse con el terror, o uno puede entrar en pánico y reaccionar ciega e irracionalmente. Tales reacciones, que se entrometen en el momento crucial en el combate, significarán la muerte, incluso para el luchador técnicamente consumado.

     Pero la libertad con respecto a este miedo incapacitante libera grandes poderes. Hay una historia de un Maestro de la japonesa Ceremonia del Té de la provincia de Tasa, un hombre de ninguna habilidad marcial pero de gran logro meditativo y espiritual. Él por casualidad ofendió a un samurai de alto rango y fue desafiado a un duelo.

     Él acudió al Maestro Zen local para buscar consejo. El Maestro Zen le dijo francamente que él tenía poca probabilidad de sobrevivir al encuentro, pero que él podría asegurar una muerte honorable tratando el combate como él lo haría con el ritual formal de la Ceremonia del Té. Él debería calmar su mente, no prestando ninguna atención a los pequeños ruidos de los pensamientos sobre la vida y la muerte. Él debería tomar la espada con determinación, tal como tomaría el cucharón en la Ceremonia del Té; y con la misma precisión y concentración de la mente con la cual él vertería el agua hirviente en el té, debería avanzar, sin pensar en las consecuencias, y abatir a su opositor de un golpe.

     El Maestro del Té se preparó en consecuencia, abandonando todo temor a la muerte. Cuando llegó la mañana del duelo, el samurai, encontrando el equilibrio total y la intrepidez de su opositor, quedó tan afectado que prontamente pidió el perdón y suspendió la lucha.

     La aceptación y el triunfo mental sobre la muerte es el mayor poder del artista marcial, en el cual él se concentrará en el hecho de que él tiene poco tiempo y que por lo tanto deja a sus actos que fluyan. Cada acto es su última batalla en la Tierra, y sólo con esta filosofía sus actos tendrán su poder legítimo. De otra manera ellos serán, mientras se esté vivo, los actos de un hombre tímido.

     En palabras de una leyenda samurai, "ser tímido está bien si usted ha de ser inmortal, pero si usted va a morir, no hay tiempo para la timidez, simplemente porque la timidez le hace a usted aferrarse a algo que existe sólo en sus pensamientos". Esto lo calma mientras todo está en calma, pero entonces el mundo impresionante y misterioso abrirá su boca para usted, como la abrirá para cada uno de nosotros, y luego usted comprenderá que sus caminos seguros no estaban seguros en absoluto. Ser tímido nos impide examinar y explotar nuestra parte como hombres.


Dominio de la Energía

     Para el artista marcial, la Energía se manifiesta dentro de cada individuo como espíritu, y el espíritu en cada individuo se manifiesta como la mente. Esta Energía o "Chi", como es conocida en China, o "Ki" en Japón, lo impregna todo, y de aquí que sea tanto la conexión más fuerte del artista marcial con su enemigo así como su arma más fuerte contra éste.

     El dominio de esta energía es un elemento central de todas las formas tradicionales de la práctica de las Artes Marciales. Dos expresiones ampliamente reconocidas de este ideal son el arte chino del Tai Chi Chuan, y el arte japonés del Aikido.

     El Tai Chi Chuan integra muchos elementos de la cultura china tales como filosofía y religión, medicina y práctica militar. Obtiene su inspiración para el movimiento principalmente de la filosofía del yin y el yang. Incorpora la teoría de los Cinco Elementos de la cosmología y los principios del Bagua ("Ocho Trigramas") junto con el movimiento, creando un flujo continuo de movimiento que refleja las ideas detrás de estas ideologías.

     El símbolo del Yin-Yang, que a menudo se encuentra unido con el Tai Chi Chuan, representa la interacción de Yin y Yang. El Yin y el Yang son mostrados en cantidades iguales, pero la parte Yin del Yin-Yang contiene una pequeña cantidad de Yang, y la parte Yang, una igualmente pequeña cantidad de Yin.

     Los antiguos chinos veían el universo como una unidad enorme con cada parte de él relacionada con y dependiente de cada otra parte. Dentro de esta unidad hay un cambio continuo en un ciclo interminable entre dos compañeros, el Yin (femenino, oscuro, suave, dócil) y el Yang (masculino, duro, agresivo).

    "El universo está completamente hecho de estas dos formas de energía, y a fin de que todas las cosas progresen armoniosamente, las fuerzas de Yin y Yang deben constantemente interactuar la una con la otra. Mientras hacen eso, cada una debe evolucionar, con el tiempo, hacia su opuesta, tal como el día gradualmente se convierte en la noche. Por esta razón, todo lo que parece ser Yin contiene algún Yang y todo que es Yang también contiene algún Yin, sin lo cual el cambio no sería posible" (Chen Lei).

     A partir esta visión de la existencia y la energía fue elaborado el estilo Tai Chi Chuan. Es una expresión física perfecta de la filosofía Yin-Yang y funciona dentro de los mismos parámetros y limitaciones.

     Mientras otros estilos marciales son violentamente rápidos y rígidos, el Tai Chi es lento y controlado, con técnicas que fluyen sin parar entre sí. Tal como la energía del Yin-Yang mantiene un flujo continuo, así lo hace la técnica Tai Chi. No hay una detención y un arranque rígidos, sólo una mímica natural controlada de la energía. Por eso el Tai Chi a menudo es visto como una de las Artes Marciales más gráciles y pacíficas. Tal como la energía es circular en su flujo, todo el ejercicio en el Tai Chi es circular en la dirección, y así como la energía es un fenómeno natural, las posturas de defensa del Tai Chi tienen siempre una forma natural, no rígidas posturas militares como las del boxeo.

     La práctica eficaz del Tai Chi se basa en un entendimiento puro y profundo del Yin-Yang, la visión que el Tai Chi tiene del Chi y del Universo. Sin esta dimensión espiritual de dicho arte, el estudiante no está practicando Tai Chi, sino que él simplemente está realizando movimientos vacíos de poco significado para sí mismo o para el mundo que lo rodea.

     Otra arte que trata con la dinámica de la energía fue fundada por Morihei Ueshiba en 1942. El arte japonés del Aikido fue considerado una continuación de las Artes de los Samurai, y toma prestada la mayor parte de su dimensión y expresión espiritual del Bushido ("El Camino del Samurai"), en particular su uso de prácticas tradicionales de espada. Es un sistema relativamente contemporáneo y en gran parte una continuación de los valores y de la cultura japoneses por cuanto es un cultivo de filosofía y espíritu.

     El significado de Aikido es literalmente el "hábil camino de descubrimiento de acumulación de Ki". Ki es la traducción japonesa de Chi, y comparte una definición idéntica. Se sugiere que el Ki "nació" en el mismo instante que el resto del universo, y que nosotros somos todos nacidos del Ki del universo. Todos los organismos vivos tienen un acceso igualitario al Ki, y él recorrerá nuestro sistema si lo permitimos. La práctica diaria del Aikido está dirigida principalmente al mantenimiento de un estado física y emocionalmente equilibrado, y a practicar las formas de cultivar dicha energía.

     Tal como el Tai Chi, el Aikido es una expresión física de este modo de ver el mundo. Por consiguiente, no tiene ninguna forma de ataque, porque atacar a un oponente sería como atacar a un miembro de la familia o de dañar el flujo de la energía del Ki Universal que sostiene al mundo. Una vez más, puesto que el Ki se mueve constantemente, así lo hace el artista marcial, con todo el maniobrar del Aikido ocurriendo en patrones circulares. El Aikido también pone gran atención en el aspecto de equilibrio de la energía, y de aquí que haya creado una conciencia de equilibrio esencial para sus maniobras. Las técnicas principales del estilo implican patrones particulares de lanzamiento y lucha que son precisamente dependientes del perfecto equilibrio de quien lo practica.

     En el Aikido, como en todas las Artes Marciales, el equilibrio físico y el emocional son co-dependientes. El equilibrio físico ayuda a engendrar el equilibrio emocional. Una comprensión de la naturaleza de nuestro espíritu ayudará al practicante a crear una alineación eficaz de pensamiento y acción. Cuando cada aspecto del individuo está alineado, el individuo está mejor capacitado para adaptarse y cambiar.


La Espiritualidad y el Samurai

     El Camino del Zen perpetúa las más antiguas tradiciones budistas. Esto significa el estado natural perfecto de iluminación. El Zen no puede ser racionalizado, sólo experimentado, vivido y realizado. Imposible de conseguir mediante el pensamiento concreto y el análisis, el Camino del Zen es encontrado a través de la práctica meditativa que involucra tanto a la mente como al cuerpo. El Zen puede ser considerado una expresión única del budismo Mahayana. Se originó en las regiones del Norte de la India y posteriormente se trasladó a China y luego a Japón, donde se convirtió en una fuerte influencia a partir aproximadamente de 1190 d.C. en adelante. Ejerció tal influencia, que hasta hace unos años habría sido difícil encontrar una persona de orígenes japoneses nobles que no hubiera sido expuesta a la filosofía Zen.

     El Zen ofrece una perspectiva interesante en el mundo de las Artes Marciales y la espiritualidad, porque se hace difícil ver dónde finaliza la filosofía espiritual y dónde comienza la práctica marcial. Mientras la mayoría de las filosofías de Arte Marcial son un proceso constructivo que nos suministra instrumentos y entendimiento, la experiencia del Zen es un proceso destructivo, en el sentido estricto en que quita de nuestras vidas las cosas que nos impiden la iluminación. La liberación obtenida por el Zen deriva en una autonomía absoluta. No hay dioses, ni denominaciones, y ninguna autoridad superior. Es necesario abandonar todas las muletas y proceder a avanzar sin ayuda.

     El papel del Zen en la sociedad samurai es extraordinariamente complejo. Sostuvo el espíritu guerrero de dos maneras: moralmente, porque el Zen es un sistema que enseña al individuo a no mirar hacia atrás una vez que el curso ha sido decidido; y filosóficamente, porque el Zen trata a la vida y a la muerte con indiferencia.

     El texto clásico "Hagakure" o "Escondido tras las Hojas", atribuído al samurai Yamamoto Tsunetomo, declara que "El Camino del Samurai se encuentra en la muerte", y continúa diciendo que el samurai es poderoso porque su mente ya no está atada ni a la vida ni a la muerte. El samurai "conquistará la inmortalidad muriendo sin vacilación". Los grandes hechos son llevados a cabo cuando uno alcanza el estado Zen de "no-mente".

     Es por este estado Zen de "no-mente" que el manejo de la espada se convierte no en un acto de matanza sino en un instrumento de auto-disciplina espiritual. El individuo, la espada y el objetivo llegan a ser uno y el mismo. La espada se mueve por sí misma bajo la influencia del objetivo sin ninguna decisión individual, siempre encontrando un golpe perfecto. El reconocimiento del dominio en la espada es también el reconocimiento de un grado superior de la espiritualidad Zen. El concepto Zen de "no-mente" es uno de los más influyentes para inmiscuírse en la psique samurai.

     Una mente inconsciente de sí misma es una mente que no es perturbada en absoluto por afectos de ninguna especie. Se trata de la mente original y no de la engañosa que está repleta de afectos. Siempre está fluyendo; nunca se detiene ni se vuelve sólida. Llena todo el cuerpo, difundiéndose por cada parte del cuerpo. Nunca es como una piedra o como un pedazo de madera. Si debiera encontrar un lugar de descanso en alguna parte, no es una "mente de no-mente". Una no-mente no conservará nada en ella. Es por ello llamada mushin.

     Este "vaciamiento de la mente" se aplica a todas las actividades creativas, como el baile y el manejo de la espada. La mente fluye libremente de un objeto a otro, no deteniéndose en ninguna singular preocupación. En este proceso la mente es libre y realiza cada función requerida de ella. Cuando la mente se detiene en un pensamiento singular, pierde su libertad. No puede oír, no puede ver, aun cuando el sonido entra en los oídos o la luz destella delante de los ojos. Cada mente tiene la naturaleza de Buda, y cada persona ya está liberada más allá del nacimiento y la muerte. Ellos sólo deben comprender este hecho. El Zen procura promover esta comprensión, el proceso gradual que es mencionado como Satori. La consecuencia del Satori es una manera completamente nueva de ver el mundo y el lugar de uno dentro de él. Según el Zen, la liberación no debería ser buscada en el mundo venidero, ya que éste es el siguiente mundo y ya está liberado. Estamos ya en nuestro objetivo, aunque no podamos comprenderlo.

     El Zen no requiere involucrarse en especulaciones, textos o escrituras sagradas, y cada teoría es válida sólo como una indicación hacia el Camino. Originalmente una doctrina secreta, transmitida por Buda a su discípulo Mahakassapa, el Zen mismo surgió como una reacción contra los rituales fantásticos y superfluos del hinduísmo tradicional, y mientras aparece como completamente relajado en la forma, realmente funciona sobre la base de una severa auto-disciplina que apelaba al samurai. Lejos de las rudas prácticas ascéticas de los sistemas contemporáneos, la disciplina Zen implica una forma más sutil e interior que actúa en cuatro niveles.

  El primero es el dominio de los objetos externos, en particular de las reacciones que emanan de ellos. El alumno debe entender que cada vez que un anhelo lo conduce hacia algo, él no está en control del objeto externo sino que más bien es el objeto el que está en control de él. "Él que ama un licor, se ha engañado a sí mismo con el pensamiento de que él está bebiendo el licor; la verdad es que es el licor el que lo está bebiendo" (Hagakure).

  La segunda etapa ve al alumno dominar el cuerpo físico. A menudo en este nivel el entrenamiento marcial acompaña al crecimiento espiritual como una contraparte iniciatoria. Es de aquí que surgieron las leyendas de samurais y maestros sobrehumanos que podían resistir los extremos de calor y frío, y romper árboles y piedras con sus manos desnudas. El samurai ejerce el dominio sobre su cuerpo y el dominio sobre su propio funcionamiento mental.

     Imagine su propio cuerpo como algo distinto de usted. Si grita, tranquilícelo en seguida, como una madre estricta hace con su propio hijo. Si es caprichoso, contrólelo como lo hace un jinete con su propio caballo, mediante la brida. Si está enfermo, adminístrele medicinas, como un doctor hace con un paciente. Si le desobedece, castíguelo, como lo hace un profesor con un alumno (Hagakure).

  La tercera etapa implica controlar la emoción personal, y establecer un equilibrio interior. Mediante prácticas meditativas el alumno confronta cada miedo y entusiasmo, en un intento de "tener el corazón bajo control".

  La cuarta etapa es el rechazo del Ego, y es la más difícil. El núcleo de la filosofía promueve una forma más alta de espontaneidad, libertad y tranquilidad en la acción. Las artes tradicionales se originaron en el Oriente como una respuesta y como ejecución de este estado mental. Muchas de estas artes fueron desarrolladas como medios para conseguir la conciencia Zen. Mientras la mayoría es marcial en su naturaleza, el elemento Zen se extiende al arte del drama, la ceremonia del té, los arreglos florales y la pintura. El dominio en cualquiera de estas artes no puede ser conseguido sin la iluminación interior y el poder transformativo del Zen.

     Generalmente el Zen no promueve la existencia tipo ermitaño encontrada en la leyenda sino que más bien pide que el practicante viva en el mundo en un estado Zen de conciencia que debería ser permanente e impregnar cada experiencia y actividad. El alumno trabajará con su mente y cuerpo hasta que ellos hayan alcanzado el límite extremo de todas las facultades naturales, y finalmente consigan el Satori. Sólo se supone que el estudiante pase el período de adiestramiento en monasterios Zen, y una vez que ha conseguido el Satori, el estudiante vuelve al mundo, eligiendo un modo de vida que calce con sus necesidades.

     Los sistemas de Artes Marciales están todos unidos en el hecho de que ellos exigen del practicante que re-ajuste su estilo de vida. Aparte de ser una búsqueda intelectual y física, la práctica verdadera surge en la expresión del Arte a través de la vida y el pensamiento diarios de uno. Asistir a una clase de Artes Marciales una vez por semana no liberará el enorme potencial transformativo de esta opción, pero lo encaminará hacia un sendero antiguo que ha afectado las vidas durante siglos. Como todos los esfuerzos espirituales, esto requiere compromiso y paciencia.–




2 comentarios:

  1. Excelente artículo.
    Muy interesante y dentro de su brevedad ,bastante completo.

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  2. El significado de Aikido es literalmente el "hábil camino de descubrimiento de acumulación de Ki". Ki es la traducción japonesa de Chi, y comparte una definición idéntica. Se sugiere que el Ki "nació" en el mismo instante que el resto del universo, y que nosotros somos todos nacidos del Ki del universo. Todos los organismos vivos tienen un acceso igualitario al Ki, y él recorrerá nuestro sistema si lo permitimos. La práctica diaria del Aikido está dirigida principalmente al mantenimiento de un estado física y emocionalmente equilibrado, y a practicar las formas de cultivar dicha energía.

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