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jueves, 26 de junio de 2014

Hermann Goering - Nacionalismo y Socialismo



     Hitler llevaba en el poder sólo dos meses cuando Hermann Göring pronunció este discurso en el Palacio de Deportes de Berlín ante la NSBO (Nationalsozialistische Betriebszellenorganisation, Organización Nacional-Socialista de Células de Fábricas), el 9 de Abril de 1933, hace 81 años. Es un buen ejemplo del mensaje que el Nacionalsocialismo presentó tempranamente: El país estaba en un caos, y el Partido Nacional-Socialista haría algo al respecto. Göring argumenta que a diferencia de los gobiernos alemanes previos, los nacionalsocialistas tenían un interés genuino en mejorar la suerte de los trabajadores. Él también sugiere que los antiguos oponentes de los nacionalsocialistas que eran "peces pequeños" no tenían nada que temer, puesto que los nacionalsocialistas no estarían por la venganza, y más bien ataca fuertemente la ola de denuncias que siguió a la toma nacionalsocialista del poder. Muchas de las imágenes que propone Gœring revelan la formación y práctica militar suyas. Habiendo tomado este discurso del sitio calvin.edu, donde está en inglés y que hemos traducido, su texto original se encuentra en Hermann Göring, "Nationalismus und Sozialismus: Rede auf der NSBO. im Berliner Sportpalast am 9. April 1933", en Hermann Göring: Reden und Aufsätze, Munich, Zentralverlag der NSDAP, 1941, pp. 36-49.


Nacionalismo y Socialismo
por Hermann Göring
9 de Abril de 1933



     ¡Alemanas y alemanes!:

     He hablado en numerosas reuniones, y he tomado posiciones repetidas sobre muchos asuntos. Pero hoy es algo muy especial para mí: es especial porque hoy estoy ante alemanes que trabajan duro cada día o que deben vivir en una terrible pobreza, y quienes han aprendido por lo tanto de sus propias experiencias lo que es el Nacionalsocialismo y lo que la victoria de éste significa para los ciudadanos productivos.

     Mis queridos ciudadanos: Estamos viviendo una revolución Nacionalsocialista. Enfatizamos el término "socialista" porque muchos hablan sólo de una revolución "nacional". Sospechoso, pero también incorrecto. No fue sólo el nacionalismo el que condujo al cambio radical. Estamos orgullosos de que el socialismo alemán también haya triunfado. Lamentablemente, aún hay personas entre nosotros hoy que enfatizan la palabra "nacional" demasiado fuertemente, y que no quieren saber nada sobre la segunda parte de nuestra cosmovisión, lo que muestra que ellos tampoco han logrado entender la primera parte. Aquellos que no quieren reconocer un socialismo alemán no tienen el derecho de llamarse nacionales.

     Sólo el que enfatiza el socialismo alemán es verdaderamente nacional. El que rechaza hablar de socialismo, que cree en el socialismo sólo en el sentido marxista, o para quien la palabra "socialismo" tiene un sonido desagradable, no ha entendido el sentido más profundo del nacionalismo. Él no ha entendido que uno sólo puede ser un nacionalista cuando ve los problemas sociales abierta y claramente. Y por otro lado, uno sólo puede ser un socialista cuando claramente ve que el nacionalismo debe triunfar para proteger el espacio vital de un pueblo amenazado por fuerzas externas.

     Tal como el nacionalismo protege a un pueblo de las amenazas de fuerzas externas, del mismo modo el socialismo sirve a las necesidades domésticas de un pueblo. Queremos que la fuerza del pueblo sea liberada dentro de la nación, forjando a la gente una vez más como un fuerte bloque. El ciudadano individual tiene que volver a tener la sensación de que, incluso si él se encuentra en la posición más simple y más baja, su vida y sus oportunidades están aseguradas. Él debería ver que su propia existencia está arraigada en la existencia de su pueblo, y que él debe servir a su pueblo con toda su fuerza. Si quiero asegurar que cada individuo tenga la capacidad de sobrevivir, que cada alemán individual pueda ser activo, pueda trabajar, pueda apoyarse a sí mismo una vez más, también debo trabajar para asegurar que las condiciones más allá de nuestras fronteras hagan esto posible.

     No hicimos una revolución nacional en el sentido de un hiper-patriotismo estéril y anticuado, sino que más bien esta revolución es, en el más verdadero sentido de la palabra, una revolución Nacional-Socialista. Previamente, los dos [conceptos] luchaban el uno contra el otro, divididos por el odio y la desafortunada enemistad. El nacionalismo y el socialismo permanecieron opuestos: la burguesía apoyaba el nacionalismo, y los marxistas, el socialismo. La burguesía cayó en un hiper-patriotismo estéril, perdido en la cobardía pacifista. Por otro lado, un estrato marxista del pueblo, una clase marxista, no quería tener nada que ver con el Reich o con un pueblo. No había ningún puente entre ellos.

     El socialismo marxista se degradó hasta llegar a preocuparse sólo del salario o del estómago. La burguesía degradó el nacionalismo hasta convertirlo en un hiper-patriotismo estéril. Ambos conceptos, por lo tanto, deben ser limpiados y mostrados al pueblo de nuevo, en una forma muy clara. El nacionalismo de nuestra cosmovisión llegó en el momento preciso. Nuestro movimiento se apoderó del concepto de socialismo de los cobardes marxistas, y arrancó el concepto de nacionalismo de los cobardes partidos burgueses, y echó ambas nociones en el crisol de nuestra cosmovisión, produciendo una síntesis clara: el nacional-socialismo alemán. Esto proporcionó los fundamentos para la reconstrucción de nuestro pueblo. De este modo esta revolución fue Nacional-Socialista.

     Nuestra idea surgió desde el pueblo. Y porque surgió desde el pueblo, conducida por el cabo desconocido de la Guerra Mundial, fue destinada para poner un final a la fragmentación y forjar una vez más la unidad entre nuestro pueblo.

     En apariencia, el Reich era débil, existiendo sólo en el papel. Interiormente, el pueblo estaba desgarrado, sangrando de mil heridas. En casa, la lucha dominaba entre partidos, ocupaciones, grupos, clases y religiones. Nuestro Führer Adolf Hitler vio que el Reich podría sobrevivir y ponerse fuerte sólo si se lograba la unidad dentro del pueblo alemán. Ése fue el trabajo de nuestro partido durante los últimos catorce años: construír una vez más un pueblo alemán a partir de un pueblo con intereses contrapuestos, de un pueblo de diferentes religiones, ocupaciones, grupos y clases.

     ¡Mis conciudadanos alemanes!:

     Cuán a menudo hemos estado en este lugar, cuán a menudo en otras partes de Alemania, hoy en esta ciudad, mañana en otra... Hemos corrido de un lugar a otro, hemos hablado, levantando los espíritus, incluso los de aquellos que se desesperaron. Todas las veces hemos criticado fuertemente a las masas, cien veces, mil veces, diez mil veces: ¡Un pueblo alemán debe levantarse!. Estábamos divididos unos con otros por la desesperación de los partidos, clases y grupos, y los convertimos en los ladrillos, los pilares de este nuevo Reich. Trabajamos duro durante años. Hoy, en medio del júbilo de la victoria, podemos recordar tranquilamente la difícil lucha, la terrible necesidad, que a menudo ya no creíamos que podríamos dominar, pero que siempre nos condujo a una nueva fuerza interior, a un intento más. El movimiento sufrió un colapso, apenas nacido, fragmentado, pero escalando una vez más.

     ¡Qué enorme esfuerzo, qué inmenso sacrificio, qué dedicación!. Por eso, en medio de nuestras reuniones y celebraciones que demuestran el poderoso despertar de nuestro pueblo, siempre debemos recordar a aquellos que dieron todo lo que tenían. Muchísimos de ellos ya no están vivos. Otros están mutilados, y todavía otros quedaron solos. Ellos lucharon, ellos lo sacrificaron todo. Su único lema era combatir y trabajar. Y cuando los Rojos afirman que nosotros somos ahora los peces gordos, les contestamos, conciudadanos, como sigue: No hemos tenido el tiempo para convertirnos en peces gordos. No tuvimos tiempo, y sí demasiado trabajo y demasiadas batallas por luchar, lo cual nos endureció. Queremos ser sólo trabajadores en la construcción alemana, albañiles en los proyectos alemanes. Con una labor extenuante y mediante un gran esfuerzo hemos construído lentamente esto que se ha levantado.

     ¡Los partidos se han acabado! Ellos tiemblan en su cobardía. Ellos eran cobardes porque nacieron de la cobardía. El Sistema era cobarde, y se marchó de un modo cobarde, porque también surgió de la cobardía. Cuán miserablemente ellos se fueron, removidos por un teniente y dos oficiales. Ni siquiera se requirió de una docena de hombres. ¡Cómo estos líderes laborales traicionaron a los trabajadores!. Puedo decirles esto: Si yo tuviera el tiempo y la oportunidad para permitir al trabajador alemán que viera los archivos de sus supuestos líderes, las innumerables solicitudes a sus jefes en demanda de apoyo, incluso cuando ellos mismos tenían los cargos más altos, él aprendería la verdad sobre aquellos líderes. Uno podría mostrar al trabajador alemán el intento de un pez gordo del partido Rojo para conseguir un crédito para su pensión por el tiempo que él traicionó al pueblo alemán y a nuestra patria como editor de un periódico Socialdemócrata. Treinta o cuarenta años de crédito de pensión no fueron bastante para estos señores. Ellos querían comenzar a los dieciocho [años], con su servicio militar. ¡Así es cómo se comportaban aquellos señores Rojos!. Ellos perdieron a sus seguidores porque ellos pensaban sólo en sí mismos, y ya no en sus seguidores. Nadie les exigió que ellos mismos vivieran en la pobreza, pero no se esperaba que ellos se olvidaran de aquellos para quienes la vida era difícil. Uno esperaba que ellos trabajaran para otros, no para ellos mismos, que es la expectativa que los alemanes siempre han tenido del trabajo.

     Hemos comenzado lentamente a crear la unidad a partir del caos de los partidos. Hoy, estos viejos partidos desempeñan sólo un papel cómico. Hoy, cuando un orador dice algo político sobre ciertos partidos, le cuesta hacerlo. Tan pronto como él nombra a ciertos partidos, la risa estalla en la reunión, ya que la gente no los toma más en serio. ¿Quién sabe algo hoy sobre todos estos ridículos partidos y grupos disidentes de partido? Todo el mundo se ríe de estas sobras de otros tiempos, como cuando uno mira a animales antediluvianos. Uno sacude la cabeza de que tales cosas alguna vez existieran en el Reich alemán.

     Sólo después de que Adolf Hitler hubo establecido los primeros fundamentos de la unidad doméstica pudimos comenzar a pensar en reforzar al Reich internacionalmente. Durante siglos, esto había sido sólo una esperanza, un sueño, en Alemania: Él restableció la unidad del Reich con una sola ley del gobierno del Reich. ¿Dónde están todos aquellos líderes de partido que sólo hace unos meses decían: Herr Hitler aprenderá pronto que, al Sur del río Main, su día ha terminado?. Esta ley consiguió lo que las generaciones habían añorado: el Reich, el cetro del Reich, gobierna todas las provincias alemanas. La variedad, la singularidad, la herencia étnica, todo aquello será mantenido.

     Ahora que el Reich una vez más controla firmemente las provincias individuales, el pueblo alemán debe ser forjado en una unidad similar. Ahora, mis camaradas nacionales, ustedes los miembros de células de las fábricas son ahora los herreros que están forjando a nuestro pueblo alemán. Ustedes deben trabajar orientados hacia esto en sus células, en sus fábricas. Ustedes deben explicar constantemente, educar constantemente, intentar constantemente aclarar a sus camaradas nacionales fragmentados acerca de lo que está en juego.

     Camaradas: Durante años luchamos por el alma alemana, para persuadir a cada individuo, para transformarlo, para liberarlo de toda la suciedad de un sistema corrupto, para hacer de él nuevamente un luchador alemán, una persona alemana. Ahora ustedes deben proseguir esto en sus fábricas. Ustedes deben luchar continuamente por cada alma alemana individual. Ustedes deben levantarlos de su letargo, y deben educar y persuadir a aquellos que han sido engañados.

     Desde luego, hemos ganado una gran victoria, y cada victoria tiene ciertas consecuencias. Una de tales consecuencias es la competencia. Sabemos que hay muchos que realmente no nos dan ningún apoyo profundo, quienes no tienen ninguna comprensión en absoluto para el Nacionalsocialismo, pero hoy ellos se han convertido repentinamente en los mejores nacionalsocialistas que hay. Ellos se han propagado como hongos. ¡Debemos ser cautelosos! La ropa no es suficiente para hacer de alguien un nacionalsocialista, ni la insignia por la cual fuimos perseguidos durante una década, ni el saludo de ¡Heil!. Sólo el corazón determina si uno es un nacionalsocialista. ¡No queremos a ningún luchador, ningún nacionalsocialista, que lo sea sólo de la mente! No, sino sólo al que lo es de corazón; él debe llegar a nosotros a partir de sus propios sentimientos y percepciones, y llegar a convertirse en uno de los nuestros. Por lo tanto debemos mirar clara y agudamente, con una visión fría, en sus corazones, no en sus cerebros, para ver si ellos han llegado a ser nacionalsocialistas.

     Pero por otro lado, ciudadanos, también deberíamos ser generosos. No queremos tomar pequeñas venganzas. Nosotros somos, después de todo, los vencedores. ¿Qué diferencia hace si alguien alguna vez nos llamó criminales, o bandidos marrones, u otra cosa? Los años han pasado, y ahora ellos han venido a nosotros con una verdadera convicción. Y nosotros mismos, tampoco fuimos nacionalsocialistas desde el nacimiento. Así que seamos generosos, recordando que nosotros también alguna vez pensamos de manera diferente, ¡y estamos agradecidos de aquellos que nos condujeron a este espléndido objetivo!. Mientras más somos nacionalsocialistas, más fuertes y más libres lo sentimos, y más podemos olvidar el pasado y extender cálidamente la mano de la reconciliación. Pero por otra parte, allí donde fueron cometidos crímenes reales contra el pueblo, no debe haber compasión sino sólo venganza. Ése es el requisito previo si debemos perdonar a los otros. Los grandes deben ser capturados, no los pequeños. Queremos dejar en paz a los pequeños, pero debemos saldar cuentas con los grandes, quienes saben manipular las cosas de acá para allá, haciendo su negocio por todas partes. Ellos deben recibir sólo venganza con dureza despiadada.

     Éste es el contexto en el cual tenemos que entender la nueva ley de Servicio Civil, ya que todo está siendo limpiado, purificado y reconstruído. Ciudadanos, no podemos negarlo: Ésta es una ley dura. Afecta al individuo, cuando es necesario, con gran fuerza. Destroza carreras si es incorrectamente aplicada. Ya que es tan dura, y debe ser así de dura, he ordenado que nadie excepto un ministro mismo pueda decidir la carrera de un subordinado. Tanto si se refiere al destino de un trabajador como al de un portero o de un secretario estatal, no hace ninguna diferencia. Cada uno es afectado igualmente.

     Queremos ser claros sobre esto: la ley no puede ser usada por nadie que quiera aplicar sus instintos personales, o que quiera arreglar viejas cuentas con alguien con quien él haya sido infeliz desde sus días escolares. Eso no puede ocurrir. El único factor que cuenta es si la persona en cuestión está a favor del Estado o contra su pueblo. Ése es el único factor que puede ser considerado. El funcionario civil individual que tenga una buena conciencia puede mantener orgullosamente su cabeza en alto. Nada le pasará a él o a ningún otro empleado. En la medida en que una persona pueda ser justa, la justicia será la política aquí. Estén conscientes de la gran responsabilidad aquí, ya que ustedes tienen esta responsabilidad también, no sólo el ministro.

     Sé que hoy están apareciendo denunciadores, en gran número, quejándose de alguno u otro, sobre todo por envidia, ya que ellos quizá quisieran tener el trabajo de alguien, o porque no les gusta alguien. La gente es condenada al ostracismo, murmurada o denunciada. Camaradas del pueblo: El que denuncia a alguien revela su verdadero carácter. El que abiertamente dice: "Yo acuso", será escuchado, pero él debe estar dispuesto a respaldar su acusación. Los denunciadores son aquellos que llevan a cabo su sucio negocio durante la noche, con cartas anónimas con la peor clase de acusaciones. En su mayoría, éstas consisten en mentiras. Debemos mantener puros nuestro Estado y nuestra gente. Cualquiera tiene el derecho de hacer una acusación, pero si sus cargos son falsos, si ellos son mentiras, las leyes de libelo se aplicarán. Si seguimos esta pauta, estoy seguro de que esta ley será una bendición para nuestro pueblo a pesar de todas las dificultades.

     Camaradas del pueblo:

     Hemos hablado de todos aquellos que están demasiado impacientes por acusar a otros, que son conducidos por la envidia, Pero permítanme asegurarles que no todo el que viene hoy a nosotros hace aquello por envidia. Créanme: A pesar de los entrometidos, a pesar de todos los excesos, esta gente es, gracias a Dios, una diminuta minoría. Otros motivos y otras razones explican los miles y las decenas de miles de otros que han venido hasta nosotros. En parte, como ustedes saben, la presión, la fuerza era tan pesada que muchos difícilmente podían hacer algo, incluso si ellos quisieran. Ése no es el punto más importante. No olvide otra cosa, algo de lo cual podemos estar orgullosos y felices: Millones de alemanes a través de toda Alemania durante estos años no tuvieron ni idea de lo que era el Nacionalsocialismo. Ellos vieron las columnas marrones, ellos leyeron cosas terribles sobre aquellas columnas cada día en la prensa judía, ellos leyeron cuán malo era el Nacionalsocialismo, ellos leyeron que éste lo destruiría todo, que lo arruinaría todo, que podría conducir a la anarquía, al colapso. Esos alemanes no nos conocían. En parte, ellos habían llegado a estar demasiado embotados como para preocuparse del destino nacional. No le encontraban sentido. Todo era demasiado triste, demasiado trágico, y la desesperación era demasiado grande. Y entonces, de repente, vino el movimiento, irrumpiendo por entre las nubes. De pronto había luz otra vez, y el Sol brilló. Cientos de miles, incluso millones, de personas de improviso se despertaron. Las escamas cayeron de sus ojos, y ellos vieron algo maravilloso. Ellos repentinamente vieron cómo un movimiento que había sido insultado, proscrito, mal mirado, tomó la luz en sus manos. Ellos estuvieron felices de ver venir una nueva primavera que lo cambiaría todo. Había una nueva alegría, una nueva esperanza. Una fe que había sido sepultada, que había sido manchada, cobró vida. Aquellos son los que vienen a nosotros hoy, los que dicen: "No lo conocíamos. Acúsennos de ser demasiado débiles. Pero no éramos malos. No sabíamos. Todo aquello con lo que siempre soñamos, lo que estaba en nuestro subconsciente, se ha hecho realidad. ¡Déjennos entrar!". ¡El número de estos camaradas del pueblo está creciendo!. Éstos son buenas personas que pueden ser luchadores mañana. Ustedes deben posteriormente despertarlos y reforzar sus sentimientos. Ellos deberían llegar a convertirse en un gran ejército, de modo que un día Alemania piense y sienta sólo en forma nacionalsocialista. Entonces esta unidad del pueblo será eterna.

     ¡Hombres y mujeres de las células de las fábricas!: Ustedes ciertamente deberían manejar problemas económicos y sociales en sus células de las fábricas. Ustedes deberían ciertamente ser un apoyo económico para sus camaradas. ¡Pero ésa no es la tarea principal! No, lo material no es el objetivo principal sino más bien los ideales. Las células de las fábricas, también, están llamadas en primer lugar para entrenar al trabajador alemán, al empleado alemán, en asuntos de cosmovisión, para formarlo, para educarlo, hasta que él haya llegado a ser un nacionalsocialista alemán. Ésa es su tarea principal. Ustedes deben dejarle en claro al antiguo marxista o comunista que el trabajo no es una maldición sino que más bien es una bendición.

     Así es cómo queremos construír el Estado una vez más. Lentamente, con un esfuerzo agotador, debemos restablecer el derecho a trabajar. Queremos dar trabajo al pueblo alemán otra vez para que ellos puedan ganar su propio pan. Queremos sembrar una vez más, y mostrar que una persona puede vivir de sus propios esfuerzos, y no dependiendo de alguna clase de apoyo, y que nadie pase hambre porque alguien le ha robado el derecho a trabajar. La nación entera debe exigir esto. Por otra parte, exijo que cada individuo ponga toda su fuerza al servicio de este pueblo y esta nación.

     ¡Camaradas del pueblo!:

     Mucho ha sucedido en las semanas pasadas. Hemos visto y hemos experimentado nuevas cosas. En las pocas semanas pasadas, el marxismo al parecer sufrió un colapso, en apariencia, al menos. Por medio de leyes, regulaciones y otras tales cosas, uno puede destruír la organización externa del marxismo. Pero eso es sólo externo. El Estado, la policía, el gobierno, sólo pueden tratar con las formas externas. Ustedes, sin embargo, deben aplastar y destruír la idea del marxismo. Uno no puede destruír y eliminar una idea con medios externos, sino que más bien la fuerza para derrotar una idea debe venir de otra idea, una idea mejor. Debe ser clara, más activa, más enérgica, si debe expulsar del mundo a la otra idea. La cosmovisión Nacionalsocialista destrozó a la locura marxista de esta manera. Las células de las fábricas tienen que seguir atacando al marxismo. Ustedes pueden hacer esto sólo desde dentro. La fuerza que ustedes necesitan debe ser encontrada en su confianza en lo que predicamos, en lo que hacemos, en lo que queremos construír. Y además, se requiere de una lealtad ciega, la lealtad al Führer que ha creado todo, sin el cual no habría nada de lo que vemos hoy. Vuestra fuerza crece con la disciplina. Una unidad militar puede tener todo lo que necesita. Puede tener la mejor posición, el mejor material, una gran superioridad, el mejor mando; puede tener todo eso, pero sin la disciplina de hierro será derrotado, será destruído. Una unidad pequeña pero disciplinada siempre vencerá y derrotará a una muchedumbre indisciplinada más grande. Por eso es necesaria la disciplina interior, primero la disciplina interior del individuo, que entonces brilla desde el grupo, del movimiento al cual él pertenece.

     Hay dos fuentes más de la fuerza, y ellas sobre todo les ayudarán a llevar nuestra idea a la victoria y a la otra idea a la derrota. Es esta fe inconmovible: Alemania debe vivir, el alemán vivirá, porque lo queremos, porque es necesario. Esta idea les dará la fuerza. Y de esta fe vendrá la esperanza, el punto de partida, el deseo, que siempre ayuda a una persona a ganar, aun cuando ella quiera desesperarse. La noche puede rodearnos, pero mientras brille la antorcha de nuestra esperanza, nadie será derrotado. La acción debe venir de estas fuentes interiores de la fuerza. Ustedes deben portar la idea y ayudarla a la victoria.

     Confianza, lealtad, disciplina, fe y esperanza: Éstos son los pilares sobre los cuales este movimiento debe descansar, porque este movimiento se ha convertido en el portador de esta poderosa idea.

     Queremos vivir, y por lo tanto viviremos. Hay un enorme campo de ruinas delante de nosotros. Todo ha colapsado. Dondequiera que uno mire, las cosas han sido socavadas, vaciadas, rotas, y se han podrido. Las pequeñas medidas ya han sido tomadas. Un poco ha sido despejado, y aquí y allá está el principio de una tierra firme sobre la cual se puede construír. Pero la destrucción se extiende lejos, lejos hacia el horizonte, con la tierra baldía por todas partes, todo en ruinas. Camaradas de mi pueblo: Ustedes están acostumbrados a trabajar, y por lo tanto en los días venideros hay sólo un lema: trabajo, trabajo, y todavía más trabajo para nuestro pueblo y para nuestra patria que debe ser reconstruída. ¡Pónganse a trabajar, y pueda Dios bendecir nuestro trabajo!.–






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