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domingo, 11 de mayo de 2014

La Palabra "Racista", Inventada por Trotsky



     Hemos traducido la siguiente breve nota que fue publicada hace cuatro años en el sitio penetrate.blogspot.com, donde se deslinda el primer origen y uso documentado de la palabra "racista". Ello corresponde, como era de suponerse en general, al ámbito de la retorcida mentalidad del criminal judío (qué casualidad) soviético que se hacía llamar "Trotsky". La palabra en sí (y el mismo actual concepto) carece de cualquier respaldo científico ni ha estado en uso en tiempos anteriores, nunca. Es una palabra hueca, donde las haya, pero que las masas creen que por el hecho de vocalizarla la comprenden. La palabra por sí misma es un producto del resentimiento, y no puede ser de otra manera siendo un mero slogan (un grito de combate, el antiguo "apellido" en las batallas, pronunciado para congregar las fuerzas y no para debatirlo), y siendo un slogan es meramente simbólica y diseñada para que los destructores de toda sociedad se reconozcan entre sí. Hoy en día es bastante sabido que la palabra "racismo" usada como descalificativo generalmente no es sino un código que disfraza una actitud anti-raza Blanca.


"Racista", una Palabra Inventada por Trotsky
por Dustin Stanley
7 de Enero de 2010




     La palabra "racista" ha sido durante mucho tiempo el más eficaz calificativo a temer en el arsenal izquierdista y neoconservador. Durante décadas ellos lo han usado exitosamente en la arena política para difamar a los tradicionalistas, para finalizar un debate, y para dejar a los oponentes buscando un amparo. En el ámbito social, ellos han causado todavía más daño usando esa palabra para lavar el cerebro a niños y a jóvenes estudiantes universitarios impresionables, y para enseñar a la gente a odiar su nación, sus tradiciones culturales, y, lo peor de todo, a ellos mismos.

     Lo que sorprendentemente permanece casi totalmente sin discutirse, incluso en el núcleo duro tradicionalista de Derecha, es el origen de la palabra "racista". ¿Provino de un sociólogo liberal?, ¿de un profesor universitario marxista de los años '60?; ¿quizás de un político en el Partido Demócrata? No. Resulta que la palabra no fue inventada por ningún otro que uno de los principales arquitectos de la pesadilla soviética de 74 años, el fundador y primer líder del infame Ejército Rojo, León Trotsky (Lev Bronstein).

     Eche un vistazo a este documento [1], por favor, querido lector:



     Éste es un pasaje de una obra de 1930 de León Trotsky, "La Historia de la Revolución Rusa". La última palabra en aquel pasaje se transcribe en el alfabeto latino como "racistov", es decir, "racistas". En dicha obra uno encontrará que aquella palabra es usada por primera vez en la Historia.

     Mis lectores más escépticos pueden revisar Internet, o las microfichas y microfilms de su biblioteca local, así como numerosos libros, pero ellos nunca encontrarán un uso más temprano de la palabra "racista" que la acuñación de la palabra hecha aquí por Trotsky.

     Entonces la siguiente pregunta lógica es ¿cuál era el objetivo de León Trotsky al inventar esa palabra?. Para averiguarlo, veamos una traducción del párrafo en cuestión:

     «La eslavofilia, el mesianismo del atraso, ha basado su filosofía sobre la presunción de que el pueblo ruso y su iglesia son completamente democráticos, mientras que la Rusia oficial es una burocracia alemana impuesta sobre ellos por Pedro el Grande. Marx comentó sobre este tema: "Del mismo modo, los asnos teutónicos culpabilizaron el despotismo de Federico II sobre los franceses, como si los atrasados eslavos no necesitaran siempre a eslavos civilizados para entrenarlos". Este breve comentario le pone punto final no sólo a la vieja filosofía de los eslavófilos, sino también a las últimas revelaciones de los "racistas"».


     Los eslavófilos a los cuales Trotsky hacía alusión fueron históricamente un grupo de eslavos tradicionalistas que valoraban enormemente su cultura y su estilo de vida nativos, y querían protegerlos. Trotsky, por otra parte, los veía a ellos y a otros como ellos como un impedimento para sus proyectos comunistas internacionalistas para el mundo. A este hombre no le importaban un ápice los rusos eslavos a quienes él supuestamente servía. Para él, los eslavófilos, es decir, los eslavos que cometieron el "crimen" de amar a su propia gente y tratar de proteger sus costumbres tradicionales, eran simplemente "atrasados", y los otros como ellos, eran simplemente "racistas".

     La realidad del origen de la palabra está de hecho muy lejos de la versión liberal-izquierdista de la historia: de que la palabra fue acuñada de buena fe para identificar a gente que era simplemente intolerante contra ciertos grupos raciales, y como un grito de guerra para los buenos liberales para proteger de los intolerantes a las minorías raciales. Muy por el contrario, el concepto real detrás de la palabra (aunque él no lo hubiera inventado completamente aún) —que el "atraso" etnocéntrico debe ceder su protagonismo ante el internacionalismo "iluminado"— a menudo fue usado por el comisario del ejército y naval Trotsky como un grito de batalla para los buenos comunistas del Ejército Rojo para que emprendieran alborotos criminales contra pueblos que se resistían a tener su estilo de vida tradicional sepultado y reemplazado por un sistema ajeno [2].

     Trasladándonos al presente hoy en 2010, los únicos cambios en dicha palabra y su concepto subyacente desde 1930 (además de que los marxistas han perfeccionado el arte de conseguir lo mismo con menos sangre pero no con menos miseria) consisten en que los destinatarios de la palabra se han ampliado desde sólo los eslavos que no se rendirían ante el plan internacionalista marxista de desarraigar y destruír su cultura y estilo de vida tradicional, a todas las personas de raza Blanca, eslavas o no, que no se rendirán ante aquel mismo vil plan marxista. También, aquellos que usan dicho calificativo como arma se han multiplicado desde un puñado de comunistas al establishment liberal y neoconservador entero en naciones de todo el mundo.

     León Trotsky, después de ayudar a Lenin a crear la máquina de asesinato soviética por medio de la cual ambos asesinaron a entre 1 y 4 millones de personas [3], fue removido del poder y expulsado de la Unión Soviética en el año 1929 después de perder una lucha por el poder para convertirse en el sucesor de Lenin, en pugna con Josef Stalin. Sin embargo, antes de desaparecer de las páginas de la Historia, Trotsky haría una última cosa en 1930 que causaría posiblemente más daño a Occidente que lo que pudo haber hecho alguna vez todo el arsenal nuclear soviético de Stalin y sus sucesores.

     Él inventaría una palabra que facultaría literalmente a las comadrejas más putrefactas y traidoras dentro de Occidente para redefinir a aquellos que son leales a sus pueblos, sus tradiciones culturales y estilos de vida, como el peor mal, y para enviar al gobierno, al sistema de educación y a los medios de comunicación todos a una cruzada ilimitada hasta que ellos mismos y prácticamente todos los demás alrededor de ellos realmente creyeran en ello. Y esta creación impía sería repetida innumerables veces, apoyada por una historia revisionista fabricada por más de las mismas comadrejas putrefactas, historia que falsamente retrata al hombre Blanco como el único autor de esclavitud y genocidio en el mundo [4]. Y esto continuaría sin cesar hasta que Occidente se rindiera por causa de la desmoralización, en beneficio de la agenda internacionalista trotskista entera sin disparar un solo tiro.

     Podemos ver las etapas finales de este juego ahora mismo, con dobles estándares raciales que han sido creados aquí en Estados Unidos [5] (a costa de los hombres Blancos estadounidenses, por supuesto), con la creación en Europa de los delitos de "racismo" y de "discurso de odio" (sólo dirigido a la población autóctona, por supuesto), junto con los gobiernos canadiense y australiano que han puesto en práctica el "multiculturalismo" como la política estatal oficial (a costa de las culturas canadienses y australianas preexistentes), y sobre todo con la enorme ola de inmigración desde el Tercer Mundo hacia Occidente, apoyada por todos los gobiernos occidentales (de otro modo no estaría ocurriendo), que está cambiando radicalmente la composición y la cultura de aquellos países, y que está amenazando a sus poblaciones originales con llegar a convertirse en una minoría en sus propios países dentro de sólo unas décadas.

     Debido sobre todo a la mano de Trotsky en el asesinato de millones de personas bajo el régimen de Lenin, así como a la recesión global en curso que está provocando que muchos que se habían declarado neutrales estén escogiendo un bando en estos asuntos, los derechistas tienen una real oportunidad de cerrar la tapa sobre esta palabra de una vez por todas, simplemente diciendo la verdad sobre quién inventó el término y cuál era (y es) su propósito. Ésta es una oportunidad que no podemos permitirnos perder. Uno difícilmente puede imaginar un verdadero movimiento Euro-nacionalista cuando la mayor parte de la gente en él cree que ellos son "racistas" por atreverse a emprender un proyecto de este tipo, como el sistema reinante de hoy nos quiere hacer creer.–





NOTAS

[1] http://www.1917.com/Marxism/Trotsky/HRR/1-1.html

[2] Hay una carencia sobrecogedora de buen material disponible en Internet sobre la tragedia adicional de la represión sobre la soberanía regional y sobre los movimientos de auto-determinación después del colapso del Zar en Rusia provocado por el Ejército Rojo de Trotsky. Una de las mejores cosas que usted encontrará en la web sobre ello es la entrevista a Nina Turmarkin, localizada aquí: http://www.pbs.org/heavenonearth/interviews_tumarkin.html. La señora Turmarkin habla del optimismo que existía después de la Revolución de Febrero que derrocó al Zar, en pueblos que declararon su independencia del régimen y que crearon sus propias banderas, etc. Ella no cuenta lo que le sucedió a aquellos pueblos, pero si usted conoce la historia, sabe por supuesto que ellos fueron forzados a volver al redil, un redil aún peor que el del Zar en realidad, a punta de bayonetas de un Ejército Rojo comandado por Trotsky, y que aquellos que no regresarían al peor redil fueron por cierto asesinados. Como sea, yo realmente sugeriría que el lector interesado en este asunto consiga libros como fuente para lecturas adicionales, porque lamentablemente lo que circula en la web es el fondo del barril.

[3] La estimación más alta de asesinatos estatales (4 millones) bajo el régimen de Lenin/Trotsky es la del cientista político R. J. Rummel en su libro "Lethal Politics: Soviet Genocide and Mass Murder Since 1917", que se encuentra aquí: http://www.hawaii.edu/powerkills/NOTE4.HTM. A mí mismo me enseñaron una estimación inferior de entre 1 y 2 millones durante mis años escolares. Los factores principales en dichas muertes fueron ejecuciones de disidentes, supresiones brutales de los movimientos de autodeterminación que surgieron después de la caída del Zar y como reacción al estado policiaco soviético temprano, y la hambruna rusa de 1921. El nuevo gobierno soviético (después del Zar) fue ciertamente responsable de los primeros dos factores. Ellos fueron al menos responsables de alguna manera del tercero, pero exactamente cuán responsables, es materia de debate que está más allá del alcance de este artículo. De cualquier modo, 1 a 2 millones, 4 millones, o alguna cifra intermedia, es absolutamente atroz lo que sucedió bajo aquel régimen.

[4] http://bnpsalford.wordpress.com/the-truth-about-slavery/

[5] http://illinoisreview.typepad.com/illinoisreview/2010/01/ten-new-reasons-why-obamacare-can-still-be-killed.html




1 comentario:

  1. De acuerdo con Pierre-André Taguieff (The force of prejudice: On racism and its doubles) y con Charles Maurras, fundador del movimiento nacionalista francés Action Française, el registro más antiguo del término "racista" data del siglo XIX, concretamente en el año de 1897 y se le atribuye al escritor nacionalista francés Gaston Méry. En el ejemplar del 18 de noviembre de 1897 del periódico conservador francés La Libre Parole (Libertad de Expresión) Méry escribía al respecto: "Es realmente tiempo de que, en las reuniones populares, las auténticas voces francesas -realmente racistas- opongan su elocuencia contra la retórica de los internacionalistas jactanciosos..."[3]. Charles Maurras reconoció que Méry fue la primera persona en acuñar el término racista.[4][5][6][7]
    El siguiente registro histórico de los términos "racista" y "racismo" data de 1922 en la obra del poco conocido autor belga llamado Théophile Simar: Estudio Crítico de la Doctrina de la Raza Durante el Siglo XVIII, y su Expansión en el Siglo XIX, texto que se oponía al creciente clima nacionalista que se estaba viviendo en Alemania en aquella época.
    Posteriormente, el término fue utilizado en 1930 por el judío marxista León Trotsky en un panfleto titulado Historia de la Revolución Rusa. En uno de los párrafos, Trotsky usa el término para mofarse de lo que llamó "eslavofilia". En el mismo sentido, un párrafo referido a los así llamados por él "racistas", se refiere a ellos como "asnos teutónicos", y en un artículo sobre el socialismo alemán de 1933, continúa hablando de "racismo". Últimamente se ha difundido el mito de que fue Trotsky quién acuñó el término racista, pero como se puede constatar con la información aquí vertida, el mismo ya había sido utilizado treinta y tres años antes en la escena nacionalista francesa por Gaston Méry.
    El término fue popularizado después y usado de forma más extendida por el judío Magnus Hirschfeld, un sexólogo y activista pro-homosexualismo, en el texto y título de un libro suyo de 1933, Racism que fue traducido al inglés y publicado por primera vez en 1938 por Eden y Cedar Paul. Cabe señalar que Hirschfeld murió en 1935, antes de la publicación del libro de Dennis a quien se ha atribuido erróneamente el término.[2]
    "Racismo", es, por consiguiente, un término, originado en la escena nacionalista francesa. Independientemente de su origen, el término "racismo" ha sido utilizado ampliamente tanto en su acepción negativa como en la positiva. En su connotación negativa el judaísmo, el marxismo cultural y la izquierda política han utilizado el término en un claro contexto eurofóbico; mientras que en su acepción positiva el término "racista" ha sido desde sus orígenes utilizado por muchas personalidades y movimientos nacionalistas blancos.

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