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miércoles, 2 de abril de 2014

Sobre el Ejército de Violadores de Stalin



     La entrada anterior, una revisión de un libro que da cuenta de la bestial ocupación rusa de los territorios del Reich durante el final de la Segunda Guerra, da pie a lo siguiente, tres textos (all too British) que presentamos en castellano que enfrentan el lamentable e indignante caso de las violaciones masivas llevadas a cabo por las hordas soviéticas en su avance hacia el Oeste desde 1944. No eran calumnias las advertencias que había hecho antes Goebbels. Es un tema penoso en Alemania, por lo vergonzoso de suyo, y en Rusia, por el evidente menoscabo de la fama de sus militares, que si bien es pésima por sus despiadadas actuaciones detrás de la Cortina de Hierro y contra sus propios connacionales, es necesaria para la cohesión interna de todos esos pueblos. Varias voces oficiales y semi-oficiales rusas al día de hoy no aceptan estos testimonios por considerarlos como una moderna campaña de infamia, pero los hechos y los múltiples informes de dichas atrocidades difícilmente pueden ser confutados. El salvaje abuso contra personas indefensas y frágiles no tiene justificación (aunque sí explicación). Los guerreros honorables no realizan tales acciones, y si lo hacen, pierden su buen nombre. Pero el respeto que es propio de la decencia genética no halla cabida en quienes declaradamente se apartan de las convenciones de la guerra, y ante eso sólo cabe prepararse para resistir o morir, dado que las probabilidades de soportar la carga psicológica de tales traumas paradójicamente se reducen con el paso del tiempo, que pasa a ser un indeleble tiempo obsesivo. El dolor que está agazapado en las capas profundas del inconsciente colectivo necesaria e inexorablemente ha de resurgir en un tiempo u otro, de una forma u otra. Fue el propio Freud quien determinó como una ley psíquica el "retorno de lo reprimido". Sólo cabe esperar que dichas heridas logren sanar y que ese dolor se sublime y se reconozca la realidad de lo ocurrido.
     El primer artículo, de Andrew Roberts, aparecido en dailymail.co.uk, es de Octubre de 2008 y parte su análisis del tema a raíz de la película del mismo año A Woman in Berlin, una adaptación del diario escrito por una alemana de la época titulado Eine Frau in Berlin. Hemos agregado también un artículo publicado antes en telegraph.co.uk por Daniel Johnson, en Enero de 2002, que toma como referente los trabajos del historiador británico Anthony Beevor (1946). Y finalmente presentamos un texto sobre el mismo tema del propio señor Beevor, aparecido en Mayo de 2002 en theguardian.com, donde nos ilustra acerca del lastimoso y deplorable asunto ya planteado. Y recordemos que los tres artículos, que son meros vistazos de este oscuro aspecto, presentan una perspectiva de los ingleses, cuyas fechorías contra los alemanes aún esperan juicio.




El Ejército de Violadores de Stalin:
El Brutal Crimen de Guerra que Rusia y Alemania
Trataron de Ignorar
por Andrew Roberts
24 de Octubre de 2008


     Las relaciones entre Rusia y Alemania no han sido buenas desde la belicosidad nacionalista de Vladimir Putin este verano (boreal), pero ellas están ahora a punto de ponerse mucho peor.

     Una nueva película a ser estrenada en Alemania obligará a ambos países a reexaminar parte de su historia reciente que cada uno preferiría más bien olvidar. Sin embargo, es justo que la verdad horrorosa deba ser finalmente reconocida.

     La película, Una Mujer en Berlín (A Woman in Berlin), está basada en el diario de la periodista alemana Marta Hillers, y describe el horror de la captura por parte del Ejército Rojo de la capital del Tercer Reich en Abril y Mayo de 1945.

     Marta fue una de los dos millones de mujeres alemanas que fueron violadas por soldados del Ejército Rojo; en su caso, como en tantos otros, varias veces.

     Ésta fue una característica de la "liberación" y ocupación por los rusos de Alemania del Este al final de la Segunda Guerra Mundial que es bastante familiar para los historiadores, pero que ningún país se preocupa de reconocer que ocurrió en la escala en que ocurrió.

     Para Rusia, el episodio desprestigia el "buen nombre" del Ejército Rojo que había luchado tan duro y había sufrido tanto en su campaña de cuatro años contra la Wehrmacht.

     El coraje y la resistencia de los rusos comunes en lo que ellos llamaron la Gran Guerra Patriótica son indiscutibles, y por cada cinco soldados alemanes muertos en combate en toda la Segunda Guerra Mundial, cuatro murieron en el frente del Este.

     Pero el conocimiento de que el victorioso Ejército Rojo cometió violaciones masivas a través de Prusia y Alemania del Este a medida que se acercaba a Berlín degrada su reputación, lo que es inaceptable para muchos rusos hoy.

     Cuando el historiador Antony Beevor escribió sobre ello en su libro Berlín: The Downfall 1945, el embajador ruso en Londres, Grigory Karasin, lo acusó de "un acto de blasfemia", diciendo: "Ésta es una calumnia contra el pueblo que salvó al mundo del nacionalsocialismo" [!].

     Del mismo modo, las alemanas vivas no quieren que los acontecimientos que las humillaron y las violaron, a ellas y a sus madres y abuelas, sean exhibidos para el examen público, como esta película promete hacer.

     Para muchas mujeres alemanas, la memoria era algo que ellas sublimaron y de lo que nunca hablaron a sus maridos que volvieron del frente.

     Éste fue el gran hecho inmencionable de 1945, que está aflorando no sólo en los libros de Historia sino delante de una audiencia masiva e internacional. Los dolorosos recuerdos del brutal abuso sexual están siendo evocados a la fuerza y presentados delante de los testigos insensibles del cine.

     Además para los alemanes, está también el sentido añadido de que si no hubiera sido por la Operación Barbarroja —la invasión de la URSS por Hitler— estos crímenes en primer lugar nunca habrían sido cometidos contra las mujeres alemanas.

     Tres millones de soldados alemanes cruzaron la frontera soviética en Junio de 1941 en una tentativa para extirpar el Estado ruso, y el compromiso nacionalsocialista con la Guerra Total produjo atrocidades tan terribles que ellos estuvieron obligados a ser vengados una vez que el Ejército Rojo alcanzó el suelo alemán.

     Como tan a menudo en la guerra, iban a ser mujeres indefensas, muchachas e incluso señoras mayores las que debían pagar con dolor y ultraje por los crímenes de sus compatriotas masculinos.

     Muchas abortaron o fueron tratadas por la sífilis que ellas contrajeron. Y en cuanto a los llamados "bebés rusos" —los niños nacidos de la violación—, muchos fueron abandonados.

     En su buen nuevo libro, World War Two: Behind Closed Door, el historiador Laurence Rees señala que aunque la violación fuera oficialmente un delito en el Ejército Rojo, de hecho Stalin lo condonó explícitamente como un método de recompensar a los soldados y de aterrorizar a los civiles alemanes.

     Stalin dijo que la gente debería "entenderlo si un soldado que ha cruzado miles de kilómetros a través de sangre y fuego y muerte se divierte con una mujer o toma alguna cosa de poca importancia".


     En otra ocasión, cuando se le hizo ver que los soldados del Ejército Rojo maltrataban sexualmente a los refugiados alemanes, él dijo: "Sermoneamos a nuestros soldados demasiado; dejémosles tener su iniciativa".

     Mientras Stalin excusó la violación como un instrumento de la política militar estatal, su jefe de policía Laurenti Beria era un violador en serie.

     Un diplomático estadounidense, el guardaespaldas de Beria y la actriz rusa Tatiana Okunevskaya dieron testimonio de los métodos de aquél para capturar a mujeres de la calle y empujarlas a su limusina y luego a su cama.

     "Estás lejos de todas partes, de modo que si gritas o no, no importa", diría Beria a las mujeres cuando él las llevaba a su casa de campo. "Estás en mi poder ahora. Así que piensa en eso y compórtate en consecuencia".

     Más de 100 muchachas en edad escolar y mujeres jóvenes fueron drogadas y violadas por el hombre que dirigía el NKVD, el temido precursor del KGB.

     "Todo lo cual significa, por supuesto, que si los informes que daban cuenta de que soldados del Ejército Rojo estaban violando a mujeres en Europa del Este eran enviados al NKVD en Moscú, dichos reportes finalmente llegaban a su vez al escritorio de un violador", dice Rees.

     La violación de la población femenina de Berlín —cualquiera entre los 13 y los 70 años estaba en peligro— fue cruelmente viciosa.

     En un incidente angustioso, un abogado de Berlín, que de alguna manera había protegido a su esposa judía de la persecución a lo largo del período nacionalsocialista, fue baleado tratando de protegerla de la violación por soldados del Ejército Rojo. Mientras él yacía agonizante producto de sus heridas, vio a su esposa siendo violada por un grupo.

     "Ellas no hablan una palabra de ruso, pero eso lo hace más fácil", escribió un soldado del Ejército Rojo en una carta a casa en Febrero de 1945. "Usted no tiene que persuadirlas. Usted sólo apunta con un revólver y les dice que se acuesten. Entonces usted hace su trabajo y se marcha".

     Era inusual que los soldados del Ejército Rojo admitieran, en sus cartas a casa, haber violado, que es por lo cual esta nueva película alemana probablemente conmocionará a las sensibilidades patrióticas rusas.

     Ni tampoco la rendición de Alemania calmó el comportamiento de los rusos, al menos en el corto plazo.

     "Semanas antes de que usted entrara en esta casa, sus arrendatarios vivían en un miedo y temor constantes", escribió el rico editor alemán Hans-Dietrich Muller Grote al presidente Truman sobre el lugar en el que él se quedó durante la conferencia de Potsdam de Julio de 1945.

     "De día y de noche, soldados rusos saqueadores entraban y salían, violando a mis hermanas ante sus propios padres e hijos, golpeando a mis ancianos padres. Todo el mobiliario, los armarios y los baúles fueron destrozados con bayonetas y culatazos, sus contenidos ensuciados y destruídos en una manera indescriptible".

     Las atrocidades del Ejército Rojo contra las mujeres en Dresden en la primavera de 1945, una ciudad que había sufrido ya enormemente por el bombardeo Aliado, fueron realizadas en una manera enfermizamente sistemática.

     "En la casa vecina a la nuestra, tropas soviéticas entraron y sacaron a las mujeres a la calle, sacaron sus colchones y las violaron", recordó un habitante, John Noble.

     "Los hombres tenían que mirar, y luego se les pegaba un tiro. Justo al final de la calle, una mujer fue atada a una rueda de vagón y terriblemente maltratada.

     "Por supuesto, usted tenía el sentimiento de que usted quería detener aquello, pero no había ninguna posibilidad de hacer eso". Las mujeres que pasaban por delante de piquetes del Ejército Rojo yendo al trabajo o volviendo, eran rutinariamente violadas.

     El historiador Chris Bellamy cree que aunque no haya ningún registro escrito que sobreviva para demostrarlo, "el espectro horrible de la violación múltiple no sólo fue perdonado, sino que fue —podemos estar bastante seguros— legalmente sancionado por los funcionarios políticos que hablaban por el gobierno soviético".

     Tampoco es verdadero que la violación fue principalmente llevada a cabo por unidades de la reserva que llegaron detrás de las tropas de primera línea.

     El corresponsal de guerra ruso Vassily Grossman estaba incorporado en el Octavo Ejército de Guardias, élite de primera línea, y también cometió violación, como lo hizo al menos uno de sus propios colegas, otro corresponsal de guerra.

     Así como hubo aproximadamente dos millones de violaciones en Alemania, hubo entre 70.000 y 100.000 en Viena y de 50.000 a 200.000 en Hungría, así como miles en Rumania y Bulgaria, que había estado a favor de los alemanes, pero también en Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia, que no habían estado.

     En efecto, como Beevor indica, el Ejército Rojo incluso violó a mujeres que habían sido liberadas de los campos de concentración, demacradas y llevando su uniforme de prisión.

     En general, sin embargo, los soldados rusos tendieron a preferir a las mujeres más gordas y mejor alimentadas, y un diarista registró la satisfacción sentida por algunas mujeres de Berlín que resultaron ser mujeres de funcionarios del Partido Nacionalsocialista.

     El vodka desempeñó un papel, por supuesto, pero lo peor del comportamiento fue alimentado por puro odio y agresión, así como un sentido despiadado de la disuasión para el futuro.

     "Está absolutamente claro que si realmente no los asustamos ahora, no habrá ningún modo de evitar otra guerra en el futuro", escribió un soldado del Ejército Rojo en ese tiempo.

     En un libro recientemente publicado por el profesor de Historia moderna en Cambridge, Richard Evans, un joven oficial ruso es mencionado recordando cómo cuando su unidad dio alcance a una columna fugitiva de refugiados alemanes: "Mujeres, madres y sus niños, yacen a la derecha y a la izquierda a lo largo de la ruta, y delante de cada una de ellas está una armada estridente de hombres con sus pantalones abajo.

     Las mujeres que están sangrando o perdiendo el conocimiento son empujadas a un lado, y nuestros hombres les disparan a las que tratan de salvar a sus hijos".

     Un grupo de oficiales "sonrientes" aseguró que "cada soldado sin excepción tomaría parte".

     De los archivos de Evans: "La violación a menudo era acompañada de tortura y mutilación, y con frecuencia terminaba con la víctima siendo baleada o golpeada hasta la muerte. La violencia furiosa era indiscriminada".

     La insistencia en que los varones presenciaran las violaciones era una política deliberada, orientada a "acentuar la humillación".

     En la base de toda esta inmunda inhumanidad estaba el modo en que el Ejército alemán y sus aliados se habían comportado durante su invasión a Rusia.

     Claramente ésa no era la única explicación: esto no explica por qué el Ejército Rojo violó a polacas, checoslovacas y yugoslavas, e incluso mujeres rusas, por ejemplo; para ello uno tiene que cavar profundamente en los repliegues más oscuros de la psique masculina.

     Pero los cuatro años del conflicto a vida-o-muerte trataron brutalmente al campesino-soldado soviético y le enseñaron a comportarse como una bestia contra las mujeres de sus enemigos una vez que le dieron la posibilidad. La guerra soviético-alemana duró 1.418 días sin tregua, y en cuanto a sus horrores no hay nada que los iguale en los anales extensos y monstruosos de la guerra humana.

     "Eliminó la compasión, abandonó cualquier restricción, se burló incluso de una apariencia de legalidad", escribió el historiador principal profesor John Erickson. (...)

     La Vernichtungskampf (guerra de aniquilación) de Hitler contra los eslavos se mezcló en su Rassenkampf (guerra de exterminio racial) contra judíos y comunistas. (...)

     La política de "tierra arrasada" adoptada por la Wehrmacht llevó a que millones más murieran, y durante el sitio de 900 días de Leningrado, se vendió semi-abiertamente carne humana en las calles. No es de extrañar que cuando "Ivan" tuvo su posibilidad para la venganza, él iba a aprovecharla de una manera tan bruta y bestial como le fuera posible.

     El hecho de que las mujeres de Alemania fueran en gran parte inocentes, arrastradas al horror más bien que habiendo sido responsables de ello, no significó nada para un ejército que había sufrido 13,5 millones de bajas a manos de los alemanes.

     ¿Y qué hay del avance Aliado en el Oeste a través de Alemania? No eran desconocidos los casos de violación reportados, pero ellos fueron considerados como un delito grave y castigados en consecuencia.

     El hecho de que Alemania sea hoy una democracia pacífica —en realidad, desde muchos puntos de vista, un país modelo— puede en gran parte ser atribuído a la invasión monstruosa del Ejército Rojo, pero también al bombardeo despiadado de sus ciudades y pueblos por las fuerzas aéreas británica y estadounidense desde 1941 hasta 1945. (...)

     Si ha sido hecha de manera sensible, esta nueva película podría ser capaz de reconciliar a los dos países cuando ellos lleguen a un entendimiento en cuanto a los crímenes cometidos en la primera mitad de los años '40.

     Igualmente, la capacidad para el resentimiento recíproco está presente siempre. Una Mujer en Berlín es, de esta manera, pólvora cinematográfica. Pero ningún lado debería hurtarse de las duras verdades históricas que el film cuenta, por muy desagradables que ellas pudieran parecer.–



Las Tropas del Ejército Rojo
Violaron incluso Mujeres Rusas
cuando las Liberaban de los Campos de Concentración
por Daniel Johnson
24 de Enero de 2002


     La orgía de violaciones del Ejército Rojo en los días agonizantes de la Alemania Nacionalsocialista fue cometida a una escala mucho mayor que lo que antes se sospechaba, según un nuevo libro del historiador militar Anthony Beevor.

     Beevor, el autor del éxito de ventas "Stalingrado", dice que las tropas soviéticas que avanzaban violaron grandes cantidades de mujeres rusas y polacas que estaban en los campos de concentración, así como a millones de alemanas.

     El grado de indisciplina y depravación del Ejército Rojo salió a la luz mientras el autor estudiaba los archivos soviéticos para su próximo libro "Berlín".

     Beevor —quien fue educado en Sandhurst y sirvió en el regimiento (inglés) 111 Húsares (el del propio príncipe Alberto), un regimiento de caballería de élite— dice que los detalles del comportamiento de los soldados soviéticos lo han obligado a revisar su opinión acerca de la naturaleza humana.

     "Habiendo siempre en el pasado rechazado ligeramente la idea de que la mayor parte de los hombres son potenciales violadores, tuve que llegar a la conclusión de que si hay una carencia de disciplina en el ejército, la mayoría de los hombres con un arma, deshumanizados por haber vivido dos o tres años de guerra, llegan a ser realmente violadores potenciales", dijo a The Bookseller.

     Él parece repetir la célebre afirmación de la feminista estadounidense Marilyn French en cuanto a que "en sus relaciones con las mujeres, todos los hombres son violadores, y eso es todo lo que ellos son".

     Cualquier tal parecido es, sin embargo, superficial. Beevor es cuidadoso para calificar cualquier sugerencia de que lo que ocurrió a partir de 1944 en adelante es de alguna manera típico del comportamiento masculino en tiempos de paz. Pero él confiesa que fue "sacudido hasta el corazón" al descubrir que mujeres rusas y polacas y muchachas liberadas de los campos de concentración también fueron violadas.

     "Aquello debilitó completamente la noción de que los soldados rusos usaban la violación como una forma de venganza contra los alemanes", dijo.

     "Cuando los rusos alcanzaron Berlín, los soldados consideraban a las mujeres casi como un botín carnal; ellos pensaban que porque ellos  estaban liberando a Europa podían comportarse como quisieran. Esto es muy aterrador, porque uno comienza a comprender que la civilización es terriblemente superficial y la fachada puede ser hecha a un lado en un muy corto tiempo".

     La alta reputación de Beevor como historiador asegura que sus afirmaciones serán tomadas en serio. Su libro Stalingrad fue extensamente elogiado y se le concedió el prestigioso Premio Samuel Johnson, el Premio Wolfson en la categoría Historia, y el Premio Hawthornden.

     Su relato del sitio de Berlín, sin embargo, promete ser más polémico. "Desde muchos puntos de vista, el destino de las mujeres y las muchachas en Berlín es mucho peor que el de los soldados que pasaron hambre y sufrieron en Stalingrado".

     Para entender por qué la violación de Alemania fue tan singularmente terrible, el contexto es esencial. La Operación Barbaroja, la invasión nacionalsocialista de Rusia en 1941, dio comienzo al conflicto más genocida de la Historia. Quizás 30 millones de habitantes de la Unión Soviética se piensa ahora que murieron durante la guerra, incluyendo a más de tres millones que fueron deliberadamente privados de comida en campos alemanes de prisioneros de guerra.

     Los alemanes, no habiendo mostrado clemencia, no podían esperar nada a cambio. Sus bajas fueron también a una escala enorme. Sólo en la Batalla de Berlín más de un millón de soldados alemanes fue muerto o murió más tarde en cautiverio, más al menos 100.000 civiles. La Unión Soviética perdió más de 300.000 hombres.

     En este horrible contexto, Stalin y sus comandantes perdonaron o incluso justificaron las violaciones, no sólo contra alemanas sino también contra sus aliados en Hungría, Rumania y Croacia. Cuando el comunista yugoslavo Milovan Djilas protestó ante Stalin, el dictador explotó: "¿Puede él entender que un soldado que ha cruzado miles de kilómetros a través de sangre y fuego y muerte se divierta con una mujer o tome alguna cosa de poca importancia?".

     Y cuando los comunistas alemanes le advirtieron que las violaciones estaban volviendo a la población contra ellos, Stalin se enfureció: "No permitiré que nadie arrastre la reputación del Ejército Rojo por el barro".

     Las violaciones habían comenzado tan pronto como el Ejército Rojo entró en Prusia Oriental y Silesia en 1944. En muchas ciudades y pueblos cada mujer, de 10 a 80 años, fue violada. Alexander Solyenitsin, el laureado Nóbel que era entonces un joven oficial, describió el horror en su poema narrativo Prussian Nights: "La pequeña hija está en el colchón, / muerta. ¿Cuántos han estado sobre ella, /un pelotón, una compañía quizás?".


     Pero Solyenitsin era un caso raro: la mayor parte de sus compañeros consideraba la violación como legítima. Mientras la ofensiva rusa golpeaba profundamente en Alemania, las órdenes del mariscal Zhukov, su comandante supremo, declararon: "Ay de la tierra de los asesinos. Conseguiremos una venganza terrible por todo".

     Cuando el Ejército Rojo alcanzó Berlín, su reputación, reforzada por la propaganda nacionalsocialista, había aterrorizado ya a la población, muchos de los cuales huyeron. Aunque la lucha desesperada llegara a un final en Mayo de 1945, las duras pruebas de las mujeres alemanas no habían acabado.

     ¿Cuántas mujeres alemanas fueron violadas? Uno sólo puede conjeturar, pero fue una alta proporción de al menos 15 millones de mujeres que vivían en la zona de la Unión Soviética o que fueron expulsadas de las provincias del Este. La escala de la violación es sugerida por el hecho de que aproximadamente dos millones de mujeres se practicaron abortos cada año entre 1945 y 1948.

     No fue sino hasta el invierno de 1946-1947 que las autoridades soviéticas, preocupadas por la propagación de dicha fiebre, impusieron serias represalias a sus fuerzas en Alemania Oriental para fraternizar con el enemigo.

     Los soldados soviéticos veían la violación, a menudo realizada delante del marido de una mujer y de su familia, como un modo apropiado de humillar a los alemanes, que habían tratado a los Eslavos como una raza inferior (Untermenschen) con quienes las relaciones sexuales fueron desalentadas. La sociedad patriarcal de Rusia y el hábito del alcoholismo excesivo fueron también otros factores en juego, pero más importante fue el resentimiento al descubrir la riqueza comparativa de Alemania.

     El hecho, destacado por Beevor, de que las tropas soviéticas violaron no sólo a alemanas sino también a las víctimas recientemente liberadas de los campos de concentración, sugiere que la violencia sexual fue a menudo indiscriminada, aunque muchas menos mujeres rusas o polacas fueran violadas cuando sus áreas fueron liberadas comparado con las zonas alemanas conquistadas.

     Los judíos, sin embargo, no necesariamente fueron considerados por las tropas soviéticas como víctimas de los alemanes. Los comisarios soviéticos habían requisado los campos de concentración alemanes a fin de encarcelar a sus propios prisioneros políticos, entre los que se incluían los "enemigos de clase" así como funcionarios nacionalsocialistas, y su actitud hacia los presidiarios previos fue, por decir lo menos, no sentimental.

     En cuanto a los millones de presos rusos o trabajadores esclavos que sobrevivieron a los nacionalsocialistas, aquellos que no fueron ejecutados como traidores o enviados al Gulag, podían considerarse afortunados. Las mujeres entre éstos no fueron probablemente tratadas mejor que las alemanas, quizás peor.

     La violación de Alemania dejó un amargo legado. Contribuyó a la impopularidad del régimen comunista de Alemania Oriental y su posterior dependencia de la policía secreta Stasi. Las víctimas mismas quedaron permanentemente traumatizadas: las mujeres de la generación de la guerra todavía se refieren al monumento conmemorativo del Ejército Rojo en Berlín como "la Tumba del Violador Desconocido".



"Ellos Violaron a Toda Mujer Alemana
entre 8 y 80 Años"
por Antony Beevor
1º de Mayo de 2002


     «Los soldados del Ejército Rojo no creen en "relaciones individuales" con las mujeres alemanas», escribió el dramaturgo Zakhar Agranenko en su diario cuando servía como un oficial de infantería de marina en Prusia del Este. «Nueve, diez, doce hombres a la vez; ellos las violan de manera colectiva».

     Los ejércitos soviéticos avanzando en Prusia del Este en Enero de 1945, en enormes y largas columnas, eran una mezcla extraordinaria de moderno y medieval: tropas de los tanques con acolchados cascos negros, soldados cosacos de caballería sobre caballos peludos con el botín atado a la silla de montar, Studebakers y Dodges de arriendo remolcando ligeros cañones de campo, y luego un segundo cuerpo de tropas en carros tirados por caballos. La variedad de carácter entre los soldados era casi tan grande como la de su equipamiento militar. Había saqueadores que bebían y violaban muy desvergonzadamente, y había comunistas idealistas y austeros y miembros de la intelectualidad horrorizados por tal comportamiento.

     Beria y Stalin, atrás en Moscú, sabían perfectamente bien lo que estaba ocurriendo por varios informes detallados. Uno establecía que "muchos alemanes declaran que todas las mujeres alemanas en Prusia del Este que quedaron atrás fueron violadas por los soldados del Ejército Rojo". Se citaron numerosos ejemplos de violación en grupo, de "muchachas menores de 18 y ancianas incluídas".


     El mariscal Rokossovsky publicó la orden Nº 006 en una tentativa de encauzar "los sentimientos de odio para enfocarlos hacia el combate contra el enemigo en el campo de batalla". Parece haber tenido poco efecto. Hubo también unos pocos intentos arbitrarios de ejercer la autoridad. Se dice que el comandante de una división de rifleros "personalmente disparó a un teniente que alineaba a un grupo de sus hombres ante una mujer alemana que yacía en el suelo". Pero los propios oficiales estuvieron implicados, o quizá la carencia de disciplina hacía demasiado peligroso restaurar el orden entre soldados borrachos armados con metralletas.

     Los llamados a vengar a la Patria, violada por la invasión de la Wehrmacht, habían dado la idea de que casi cualquier crueldad sería permitida. Incluso muchas jóvenes mujeres-soldados y el personal médico en el Ejército Rojo no parecieron desaprobar aquello. "¡El comportamiento de nuestros soldados hacia los alemanes, en particular hacia las mujeres alemanas, es absolutamente correcto!", dijo uno de 21 años del destacamento de reconocimiento de Agranenko. Una gran cantidad parecía encontrarlo divertido. Varias mujeres alemanas registraron cómo las militares soviéticas miraban y se reían cuando ellas fueron violadas. Pero algunas mujeres se vieron profundamente conmovidas por lo que ellas presenciaron en Alemania. Natalya Gesse, una amiga cercana del científico Andrei Sajarov, había observado al Ejército Rojo en acción en 1945 como una corresponsal soviética de guerra. "Los soldados rusos violaban a cada mujer alemana, de ocho a ochenta años de edad", contó ella más tarde. "Era un ejército de violadores".

     El alcohol de todas las variedades, incluyendo productos químicos peligrosos incautados de laboratorios y talleres, fue un factor principal en la violencia. Parece como si los soldados soviéticos necesitaban el coraje alcohólico para atacar a una mujer. Pero luego, demasiado a menudo, ellos bebían demasiado e, incapaces de completar el acto, usaban la botella a cambio con efectos espantosos. Varias víctimas fueron mutiladas obscenamente.

     El tema de las violaciones masivas del Ejército Rojo en Alemania ha sido tan reprimido en Rusia que hasta hoy los veteranos rechazan reconocer lo que realmente pasó. El puñado de hombres preparado para hablar abiertamente, sin embargo, carece totalmente de arrepentimiento. "Todas ellas levantaban sus faldas para nosotros y yacían en la cama", dijo el líder de una compañía de tanques. Él incluso se jactó de que "dos millones de nuestros niños nacieron" en Alemania.

     La capacidad de los oficiales soviéticos para convencerse a sí mismos de que la mayor parte de las víctimas estaba feliz con su destino, o de que al menos aceptó que era su turno para sufrir a partir de lo que la Wehrmacht había hecho en Rusia, es asombrosa. "Nuestros compañeros estaban tan hambrientos de sexo", dijo un comandante soviético a un periodista británico entonces, "que ellos a menudo violaban a ancianas de sesenta, setenta o hasta ochenta años, para gran sorpresa de estas abuelas, si es que no un completo deleite".

     Uno sólo puede rasguñar en la superficie de las contradicciones psicológicas. Cuando mujeres violadas por bandas en Königsberg pidieron a sus atacantes que después las sacaran de su miseria, los hombres del Ejército Rojo parecen haberse sentido insultados. "Los soldados rusos no balean a mujeres", contestaron ellos. "Sólo los soldados alemanes hacen eso". El Ejército Rojo había logrado convencerse a sí mismo de que porque había asumido la misión moral de liberar a Europa del Fascismo podía comportarse completamente como gustase, tanto personal como políticamente.

     La dominación y la humillación impregnaron el tratamiento dado por la mayor parte de los soldados a las mujeres en Prusia del Este. Las víctimas no sólo llevaron el peso de la venganza por los crímenes cometidos por la Wehrmacht, sino que ellas también representaban un objetivo atávico tan viejo como la guerra misma. La violación es el acto de un conquistador, observó la historiadora feminista Susan Brownmiller, orientado a los "cuerpos de las mujeres del enemigo derrotado" para enfatizar su victoria. Pero después de que la furia inicial de Enero de 1945 se disipó, el sadismo se hizo menos marcado. Cuando el Ejército Rojo alcanzó Berlín tres meses más tarde, sus soldados tendieron a considerar a las mujeres alemanas principalmente como un derecho informal de conquista. El sentido de dominación ciertamente prosiguió, pero esto fue quizás en parte un producto indirecto de las humillaciones que ellos mismos habían sufrido a manos de sus comandantes y de las autoridades soviéticas en conjunto.

     Diversas otras fuerzas o influencias tuvieron que ver en esto. La libertad sexual había sido un tópico de acalorado debate dentro de los círculos del Partido Comunista durante los años '20, pero durante la década siguiente, Stalin aseguró que la sociedad soviética se representara a sí misma como prácticamente asexuada. Esto no tenía nada que ver con el puritanismo genuino: era porque el amor y el sexo no calzaban con el dogma diseñado para "des-individualizar" al individuo. Los impulsos y las emociones humanas tenían que ser suprimidos. El trabajo de Freud fue prohibido, el divorcio y el adulterio eran objeto de una fuerte desaprobación por parte del Partido. Sanciones criminales contra la homosexualidad fueron introducidas de nuevo. La nueva doctrina se extendió incluso a la supresión completa de la educación sexual. En el arte gráfico, el esbozo del contorno de los pechos de una mujer era considerado como peligrosamente erótico. Ellos tenían que ser disfrazados bajo amplios trajes. El régimen claramente quería que cualquier forma de deseo fuera convertida en amor por el Partido y sobre todo por el camarada Stalin.

     La mayoría de los maleducados soldados del Ejército Rojo sufría de ignorancia sexual y de actitudes completamente ignorantes hacia las mujeres. De esta manera, las tentativas del Estado soviético de suprimir la líbido de su gente crearon lo que un escritor ruso describió como una especie de "erotismo de cuartel", que era mucho más primitivo y violento que "la pornografía extranjera más sórdida". Todo esto fue combinado con la deshumanizante influencia de la propaganda moderna y los atávicos impulsos guerreros de hombres marcados por el miedo y el sufrimiento.

     El novelista Vasily Grossman, un corresponsal de guerra agregado al Ejército Rojo invasor, pronto descubrió que las víctimas de violación no eran sólo alemanas. Las mujeres polacas también sufrieron. También sufrieron jóvenes mujeres rusas, bielorrusas y ucranianas que habían sido enviadas a Alemania por la Wehrmacht para trabajo esclavo. "Las muchachas soviéticas liberadas muy a menudo se quejan de que nuestros soldados las violan", notó él. «Una muchacha me dijo con lágrimas: "Él era un anciano, más viejo que mi padre"».

     La violación de mujeres y muchachas soviéticas socavó seriamente los intentos rusos para justificar el comportamiento del Ejército Rojo con el argumento de la venganza por la brutalidad alemana en la Unión Soviética. El 29 de Marzo de 1945 el comité central del Komsomol (la organización juvenil de la Unión Soviética) informó a Malenkov, socio de Stalin, en un informe del Primer Frente ucraniano. "Durante la noche del 24 de Febrero", registró el general Tsygankov en el primero de muchos ejemplos, "un grupo de 35 tenientes provisionales de un curso y su comandante de batallón entraron en el dormitorio de las mujeres en el pueblo de Grutenberg y las violaron".

     En Berlín, muchas mujeres simplemente no estaban preparadas para el trauma de la venganza rusa, a pesar de la copiosa propaganda de horrores que ellas habían escuchado de Goebbels. Muchas se tranquilizaron a sí mismas con que, aunque el peligro debiera ser grande en el campo, las violaciones en masa difícilmente podían ocurrir en la ciudad delante de todos.


     En Dahlem, oficiales soviéticos visitaron a la hermana Kunigunde, la madre superior de Haus Dahlem, una clínica de maternidad y orfanato. Los oficiales y sus hombres se comportaron impecablemente. De hecho, los oficiales incluso advirtieron a la hermana Kunigunde acerca de las tropas de segunda línea que venían detrás. Su predicción demostró ser completamente exacta. Las monjas, las muchachas jóvenes, las ancianas, las mujeres embarazadas y las madres que acababan de dar a luz fueron todas violadas sin compasión.

     Incluso dentro de un par de días, un patrón de conducta surgió de entre los soldados, al encender linternas en las caras de las mujeres acurrucadas en los búnkers para elegir a sus víctimas. Este proceso de selección, a diferencia de la violencia indiscriminada mostrada antes, indica un cambio definitivo. A esas alturas los soldados soviéticos comenzaron a tratar a las mujeres alemanas más como botín sexual de guerra que como sustitutos de la Wehrmacht sobre los cuales dar rienda suelta a su rabia.

     La violación a menudo ha sido definida, por escritores que tratan del tema, como un acto de violencia que tiene poco que ver con el sexo. Pero ésa es una definición desde la perspectiva de la víctima. Para entender dicho crimen, uno tiene que ver las cosas desde el punto de vista del autor, sobre todo en las etapas posteriores cuando la agresión extrema de Enero y Febrero había dado paso a la violación no agravada.

     Muchas mujeres se encontraron obligadas a "admitir" a un soldado con la esperanza de que él las protegería de otros. Magda Wieland, una actriz de 24 años, fue llevada a rastras desde un armario de su departamento de la avenida Kurfürstendamm. Un soldado muy joven de Asia Central la arrastró. Él estaba tan excitado con la perspectiva de una hermosa joven rubia que él eyaculó prematuramente. Con lenguaje de señas, ella se le ofreció como novia si él la protegía de otros soldados rusos, pero él se marchó para jactarse ante sus compañeros, y otro soldado la violó. Ellen Goetz, una amiga judía de Magda, también fue violada. Cuando otros alemanes trataron de explicar a los rusos que ella era judía y que había sido perseguida, ellos recibieron la réplica: "Frau ist Frau" ("Una mujer es una mujer").

     Las mujeres pronto aprendieron a desaparecer durante las "horas de caza" de la tarde. Las hijas jóvenes eran escondidas en desvanes de almacenaje durante días durante el final. Las madres aparecían en la calle para conseguir agua sólo temprano por la mañana cuando los soldados soviéticos dormían por el alcohol consumido la noche antes. A veces el mayor peligro provenía de una madre que denunciaba el escondrijo de otras muchachas en un intento desesperado por salvar a su propia hija. Los berlineses más viejos todavía recuerdan los gritos cada noche. Era imposible no oírlos porque todas las ventanas habían sido destrozadas.

     Las estimaciones del número de víctimas de violación de los dos principales hospitales de la ciudad iban entre 95.000 y 130.000. Un doctor dedujo que de aproximadamente 100.000 mujeres violadas en la ciudad, aproximadamente 10.000 murieron como consecuencia de ello, sobre todo de suicidio. Se pensó que el índice de mortalidad había sido mucho más alto entre el 1,4 millón de víctimas estimadas en Prusia del Este, Pomerania y Silesia. En total, se piensa que al menos dos millones de mujeres alemanas habían sido violadas, y una minoría sustancial, si no una mayoría, parece haber sufrido múltiples violaciones.

     Si alguien intentaba defender a una mujer contra un atacante soviético, se trataba o bien de un padre que trataba de defender a una hija o de un hijo joven tratando de proteger a su madre. "Dieter Sahl de 13 años", escribieron los vecinos en una carta poco después del acontecimiento, "se lanzó agitando los puños sobre un ruso que estaba violando a su madre delante de él. Él no tuvo éxito en absoluto excepto conseguir que él mismo fuera baleado".

     Después de la segunda etapa en que las mujeres se ofrecían a sí mismas a un soldado para salvarse de otros, vino la necesidad post-batalla de sobrevivir al hambre. Susan Brownmiller señaló "la borrosa línea que separa a la violación de guerra de la prostitución de guerra". Poco después de la rendición en Berlín, Ursula von Kardorff encontró a toda suerte de mujeres prostituyéndose ellas mismas por comida o por el dinero alternativo que eran los cigarrillos. Helke Sander, una cineasta alemana que investigó el tema con gran detalle, escribió acerca del "área gris de la fuerza directa, el chantaje, el cálculo y el verdadero afecto".

     La cuarta etapa fue una forma extraña de cohabitación en la cual los oficiales del Ejército Rojo se instalaron con "mujeres de ocupación" alemanas. Las autoridades soviéticas quedaron impactadas y enfurecidas cuando varios oficiales del Ejército Rojo, intentando permanecer con sus amantes alemanas, desertaron cuando era el tiempo de volver a la Patria.

     Incluso si la definición feminista de violación como meramente un acto de violencia resulta ser simplista, no hay ninguna justificación para la complacencia masculina. Si revelan algo, los acontecimientos de 1945 muestran cuán delgado puede ser el barniz de la civilización cuando hay poco temor a las represalias. Esto también sugiere un lado mucho más oscuro en la sexualidad masculina que lo que podríamos querer admitir.–





2 comentarios:

  1. Muchas gracias, su artículo me está ayudando bastante para mi proyecto de titulación que trata acerca de los crímenes de guerra cometidos contra las mujeres en la segunda guerra mundial.

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  2. Muy buen artículo. ...horror graficado...pero sólo un ejemplo de la violación como método de represión histórica. ...

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