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sábado, 1 de febrero de 2014

Kevin MacDonald – Entrevista y Reseña



     Presentamos ahora una entrevista que se le hiciera al intelectual estadounidense Kevin B. MacDonald (quien acaba de cumplir 70 años la semana pasada, el día 24) para la revista alemana Zuerst el 12 de Noviembre de 2013 y publicada en castellano en tribunadeeuropa.com hace nueve días. El señor MacDonald es profesor de psicología en la California State University en Long Beach y es autor de libros sobre psicología social y psicología evolutiva, en especial de ciertas etnias, y un analista de la política inmigratoria estadounidense. En Enero de 2010 se convirtió en el director del partido político American Third Position, el cual declara a Estados Unidos como una nación cristiana y de Blancos y aboga por la limitación de la inmigración no-Blanca, la que, si no es contenida, hará de los euro-estadounidenses una minoría en el mediano plazo, destruyendo su identidad y cultura. Muchos artículos suyos pueden ser hallados en el sitio theoccidentalobserver.net, en inglés. Agregamos a esta entrevista una reseña, aparecida en American Renaissance (amren.com) en Marzo de 1999 titulada "Cherchez le Juif" y firmada por Stanley Hornbeck (seudónimo), que es un comentario del libro de MacDonald titulado The Culture of Critique, de 1998. Dicha reseña fue traducida (salvo un par de párrafos) por el sitio qbitacora.wordpress.com y publicada allí el 13 de Octubre de 2007, la que publicamos con diversas correcciones en vista del original.




Las Armas del Lobby Sionista
Entrevista a Kevin MacDonald
12 de Noviembre de 2013


1) Profesor MacDonald: El Consejo Central de Judíos en Alemania (Zentralrat der Juden, ZdJ) es tal vez uno de los lobbies más influyentes de Alemania: es una filial del Congreso Mundial Judío (WJC). La crítica dice que la influencia del ZdJ es desproporcionadamente grande en comparación con el número de judíos que viven en Alemania. ¿Es eso correcto?

— Yo no estoy familiarizado con la situación en Alemania en lo que respecta al poder del lobby sionista. Pero yo sé que en los países con los que estoy familiarizado, concretamente en Estados Unidos, los sionistas están muy bien organizados y son muy efectivos a la hora de lograr sus intereses. Ellos se han infiltrado perfectamente en las élites de los medios de comunicación, de la política, de los negocios y del mundo académico, y han desarrollado grupos de presión muy bien financiados, en particular la Liga Anti-Difamación (ADL). Por eso no me sorprendería descubrir que existiera una situación similar en Alemania.


2) El ZdJ —al igual que el WJC— juega un papel complejo en Alemania, y en Occidente en general. Por una parte, la organización pide representar a las comunidades judías en Alemania y Europa Occidental, mientras que por otra parte ellos actúan en nombre de Israel y hacen campaña a favor de la política israelí. ¿Cómo puede ser compatible esto?

— Ocurre algo parecido en Estados Unidos, donde la Liga Anti-Difamación ha sido un poderoso seguidor de los gobiernos ultraderechistas y racialistas de Israel, mientras que a la vez ha perseguido un amplio rango de intereses políticos sionistas en Estados Unidos vinculados a la izquierda política. Lo más importante es que los grupos sionistas han estado al frente de la campaña política en lo que respecta al multiculturalismo y al desplazamiento de la población por inmigrantes que llevará a que los estadounidenses blancos seamos una minoría dentro de 20 ó 30 años.

     Con anterioridad a la fundación del Estado de Israel, una amplia sección de la comunidad judía de Estados Unidos se opuso al sionismo porque estaban preocupados de que apoyar a un gobierno extranjero los hubiera llevado a ser vistos como desleales, algo que ha sido una acusación constante por parte de los anti-judíos a lo largo de los siglos. Sin embargo, estas preocupaciones desaparecieron en 1948, y las décadas subsiguientes muestran un gran incremento en el poder del lobby sionista y un apoyo público no disimulado por parte de los judíos estadounidenses hacia Israel. Para estar seguros, los judíos estadounidenses que apoyan a Israel afirman de manera cuidadosa que los intereses de Israel y los intereses de Estados Unidos coinciden. Y en ocasiones esto puede dar lugar a afirmaciones cómicas, como las recientes peticiones hechas por parte de judíos estadounidenses neoconservadores para que Estados Unidos bombardease Siria con el propósito de prevenir que Siria atacase a EE.UU. con armas químicas. O que Irán estuviera a punto de poder destruír a Estados Unidos o, incluso, invadirlo.

     El lobby israelí defiende las acciones militares contra Siria porque esto prolongaría mínimamente una guerra que Assad está ganando, consiguiendo debilitar a Siria y a Hezbolá en el futuro. Y tal vez esto pudiese llevar a la caída de Assad y a un gobierno suní que fuese duro con Irán. Irán y sus aliados son vistos como un enemigo mucho más peligroso para Israel que las naciones árabes y los rebeldes suníes que se oponen al gobierno de Assad, sin importar su fanatismo religioso musulmán, su odio a Israel y su posible alianza con al-Qaeda.

     Las buenas noticias son que hay señales de que los estadounidenses se están dando cuenta de la situación. La administración Obama ha resistido las peticiones de guerra más extremas por parte del lobby sionista (como por ejemplo atacar Irán), y la opinión pública fue decididamente contraria a bombardear Siria, a pesar de los deseos de la administración Obama, a pesar del apoyo de los medios de comunicación y a pesar del fuerte apoyo del lobby israelí. Al final, la opinión pública impidió el ataque sobre Siria, y esto es una muy buena señal para el futuro. Los ciudadanos estadounidenses están cansados ver los informes de miles de sus compatriotas que han muerto o han sido gravemente heridos en las guerras de Iraq y Afganistán, guerras que fueron fuertemente apoyadas y, en el caso de Iraq, incluso conducidas por el lobby israelí. Estas guerras no han desarrollado los intereses de Estados Unidos, y cuando las tropas estadounidenses han abandonado esas áreas, ellos vuelven a las sociedades tribales no democráticas que siempre han sido. Ahora mismo, Iraq es un hervidero debido a la violencia sectaria desatada que dejó la invasión norteamericana. Estas guerras verdaderamente costosas no han tenido un beneficio tangible, pero si un enorme coste para Estados Unidos y sus aliados, así como para la gente de estas regiones.


3) En Berlín, al igual que en Washington, existen otros muchos grupos de presión activos: el lobby armenio, el lobby ucraniano, el lobby turco, el lobby árabe y otros muchos. ¿Por qué parece que el lobby israelí es el más exitoso de todos ellos?

— El lobby israelí tiene éxito debido a ciertas características de su pueblo, como expliqué en mi artículo "Comprendiendo la Influencia Judía: Características Históricas del Activismo Sionista". Los sionistas estadounidenses son el grupo identificable más rico de EE.UU., representando menos del 3% de la población pero más del 35% de los multimillonarios. En gran medida, debido a su control de los medios de comunicación, el lobby tiene una fuerte influencia en las corrientes de pensamiento y de opinión. Los periódicos estadounidenses, la televisión y la radio, de forma sistemática propagan el punto de vista de las figuras principales del gobierno israelí y la defensa más extrema del expansionismo de Israel, el desalojo de los palestinos y la segregación racial. Por ejemplo, la Radio Pública Nacional (National Public Radio), una emisora de radio que funciona con fondos públicos, a menudo entrevista a prominentes miembros del Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente (WINEP), un centro de estudios pro-israelí que apoya a la extrema derecha en Israel y la intervención militar estadounidense en Oriente Medio.

     El WINEP es un buen ejemplo de cómo funciona el lobby sionista. Fue creado para dar la impresión de ser un centro de pensamiento separado del Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), el principal grupo de presión que actúa en nombre de Israel, con el objetivo de parecer imparcial y objetivo en lo que respecta a Israel, y es considerado por los medios de comunicación de masas como imparcial y objetivo. Pero el WINEP fue creado exclusivamente por el AIPAC. Fue fundado por los propios contribuyentes del AIPAC, sus miembros son empleados del AIPAC, y durante años su sede estuvo establecida al lado de las oficinas centrales del AIPAC. Es cierto que el WINEP también contrata a otras personas que nada tienen que ver con Israel y los anima a escribir lo que ellos deseen desde su propio punto de vista personal en cuestiones que no están relacionadas con Israel. Pero respecto a Israel, los escritores tienen que seguir la línea del AIPAC.

     Como resultado de la riqueza de los sionistas y su compromiso étnico, el lobby sionista está muy bien financiado, por lo que los candidatos políticos que no den su apoyo al lobby verán cómo sus oponentes reciben un gran apoyo financiero. Los políticos, por tanto, frecuentemente apoyan al lobby, incluso aunque no tengan especial interés en Israel, dado que mostrar apoyo es algo realmente beneficioso y no implica exponerse a ningún tipo de presión negativa. En otras palabras, las fuerzas que critican a Israel son débiles, están pobremente financiadas y no son efectivas.

     Además, la infraestructura étnica judía proporciona numerosas oportunidades para desarrollar una beneficiosa carrera profesional tanto a judíos como a no judíos. Un ejemplo notable de esto es la política exterior oficial de los neoconservadores, que está estrechamente relacionada con el lobby sionista. Como señaló Scott McConnel, "podemos encontrar a lo largo de Washington docenas de neoconservadores veinteañeros, treintañeros y de más de cuarenta años, que trabajan en centros de estudios, en editoriales, en el gobierno, en cualquier parte. En cambio, puedo contar con los dedos de las manos el número total de jóvenes que conozco en Washington y que trabajan para la seguridad nacional, a los que se puede llamar realistas".

     La conclusión es que oponerse al lobby sionista y a otros intereses sionistas es muy costoso, pero ir al lado del lobby de los intereses sionistas puede ser muy beneficioso. Las personas, sean sionistas o no, entienden que desarrollar una buena carrera implica estar de acuerdo con las actitudes y los intereses sionistas, ya sea en lo relativo a Israel o en cuestiones relacionadas con la inmigración y el multiculturalismo.

     Sin embargo, existen algunas señales para un optimismo moderado. El grupo de presión Calle J es menos extremo que el AIPAC, el cual ha dominado durante mucho tiempo la política exterior norteamericana en Oriente Medio. Por ejemplo, ellos están abiertos al dialogo con Irán en lo relativo a armas nucleares, son fuertes defensores de la paz con los palestinos y critican duramente el expansionismo israelí. Ellos parece que están ganando influencia en la escena política estadounidense, aunque todavía están muy lejos de ser tan poderosos como el AIPAC.


4) La crítica hacia la política de Israel es denunciada como anti-judaísmo (antisemitismo) por el lobby israelí. ¿Por qué esta estrategia todavía sigue funcionando?

— La acusación de anti-judaìsmo es la acusación más mortífera que uno puede imaginar en el mundo actual, y es realmente cierto que los defensores de Israel a menudo hacen esta acusación contra los críticos de Israel sin importar si esa acusación está bien fundada y si se basa en evidencias. Esto sigue siendo una táctica efectiva porque se alimenta del ambiente de corrección política donde cualquier crítica hacia las minorías no-Blancas es considerada un "ataque racista". Durante décadas y particularmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las organizaciones sionistas y los activistas judíos del mundo académico han promovido la idea de que cualquier crítica a los judíos es algo irracional que se debe a un desorden psíquico y a la falta de inteligencia. Como resultado de la influencia sionista en las altas esferas de los medios de comunicación y del mundo académico, los estadounidenses han internalizado esta mentalidad, por lo que es frecuente que aquellos que critican a los sionistas inmediatamente se retracten de sus comentarios y se disculpen por lo que han hecho. Aunque la libertad de expresión todavía sigue viva y funciona en Estados Unidos, existen numerosas sanciones informales contra la crítica hacia los sionistas u otras minorías. Los que critican a los sionistas han perdido sus trabajos debido a la presión sionista, por lo que la acusación de anti-judaìsmo es una acusación realmente grave, visto lo visto.


5) En los países occidentales el lobby sionista pretende de manera más o menos exitosa intervenir en las cuestiones internas. Ellos hacen campaña por la abolición de partidos derechistas y a favor de leyes contra el anti-judaísmo. ¿Por qué ellos encuentran escasamente una resistencia ante esta intromisión?

— Las organizaciones sionistas han estado, de hecho, a la cabeza de la defensa de la inmigración no-Blanca, a favor del multiculturalismo en los países occidentales, y trabajando contra los partidos políticos "derechistas" que defienden el tradicionalismo y la cultura occidental. Desde el comienzo del siglo XIX los sionistas han apoyado, generalmente, a la izquierda. Existe una serie de razones para ello, pero la principal razón es la hostilidad de los sionistas hacia las instituciones tradicionales occidentales, como la cristiandad, porque las ven como instrumentos para la opresión y la persecución de los judíos. La base psicológica de esto está clara: los miembros de grupos excluyentes con marcada identidad generalmente tienen una visión negativa sobre los grupos no excluyentes, especialmente cuando estos grupos no excluyentes son vistos como enemigos históricos. Y para numerosos activistas sionistas —los mismos que han acabado teniendo una fuerte influencia en la cultura— la historia de Occidente comienza con la destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos, avanza rápidamente hacia los saqueos de los Cruzados y las expulsiones desde Europa Occidental durante la Edad Media, pasa por el Tribunal de la Inquisición de España a principios de la Edad Moderna y culmina con las persecuciones zaristas, con Henry Ford, Hitler y el "Holocausto".

     Los judíos de la diáspora en Occidente reaccionan principalmente como un grupo de refugiados, lo que quiere decir que se identifican con el multiculturalismo, con la inmigración, y con la izquierda anti-Blanca de Estados Unidos y de otras regiones. Que los sionistas se identifiquen con la izquierda es una estrategia diseñada para incrementar el poder sionista como una élite opuesta a los intereses de la mayoría estadounidense, la cual es Blanca y de origen europeo. De hecho, la comunidad sionista organizada ha sido no solamente la fuerza más importante para acabar con la tendencia europea de las leyes de inmigración estadounidenses, sino que también ha llevado a cabo con frecuencia alianzas con grupos étnicos no-Blancos, incluídos negros, "latinos" y asiáticos; estos grupos están verdaderamente alineados con el Partido Demócrata, llevando a la progresiva racialización de la política estadounidense, donde los Blancos se unen en el Partido Republicano, y el 80% de los no-Blancos (y los judíos) votan por los Demócratas. Como muestra el caso Geert Wilders, la comunidad sionista organizada y los neoconservadores (quienes generalmente están a favor de los republicanos) no apoyarán a ningún candidato político que se oponga a la inmigración masiva no-Blanca, sin importar lo fervientemente que apoye a Israel.

     Por supuesto, no debe sorprendernos que un grupo que se considera a sí mismo perseguido desarrolle actitudes hostiles hacia la cultura que lo rodea. Históricamente, otros grupos perseguidos también han sido hostiles hacia las sociedades, viéndolas como el sujeto que los oprimía. Por ejemplo, no hay duda de que los afro-estadounidenses tienen un legítimo resentimiento histórico contra el pasado estadounidense. Sin embargo, no hay duda de que por ellos mismos, los Negros no hubieran sido capaces de crear una cultura de hostilidad hacia la mayoría Blanca. La creación de dicha cultura tuvo éxito porque tuvo su origen en las élites universitarias, en la industria de Hollywood, en bufetes de abogados bien posicionados y en los más importantes medios de comunicación de masas, como el New York Times —las instituciones académicas, políticas y de información de Estados Unidos.

     La diferencia entre los Negros y los judíos es que estos últimos han sido mucho mejor en este juego que cualquier otro grupo, mucho mejor a la hora de convertirse en miembros de una élite influyente y de una cultura popular. En la actualidad, los Blancos estadounidenses sienten miedo de sentirse y de identificarse como miembros de la raza Blanca que tienen interés en defender su mayoría demográfica y su cultura tradicional. Yo estoy seguro de que este es el caso de Alemania.

     De hecho, el caso de Alemania debe de ser peor debido al sentimiento de culpa sobre el "Holocausto", que es continuamente expuesto en los medios de comunicación y en el sistema educativo. Esta mentalidad se ha desbordado hacia Estados Unidos, donde los que se oponen a la inmigración y al multiculturalismo son generalmente etiquetados como "nazis" por la prensa y por figuras políticas. A lo largo de Occidente, cualquiera que crea que los Blancos tienen razones legítimas para querer mantener sus culturas y control político son condenados al ostracismo por los políticamente correctos.


6) A la hora de llevar a cabo planes de guerra (por ejemplo contra Siria, aunque también contra Libia o Iraq), el lobby sionista hace campaña a favor de la guerra. ¿Dónde están las protestas de los grupos pacifistas contra estas campañas?

— Como he mencionado anteriormente, la opinión pública estadounidense estaba firmemente en contra de la guerra contra Siria. Las guerras en Iraq y en Afganistán fueron tan duras que apagaron el apetito de más guerras que no responden realmente a intereses estadounidenses. Estas actitudes no se reflejaron en protestas masivas, pero fueron sentidas por los políticos, hasta el punto de que la propuesta de Obama para bombardear Siria no fue bien recibida por el Congreso. Esa fue la mayor derrota del lobby israelí, pero no hay duda de que ellos continuarán con la presión sobre el gobierno de Estados Unidos para ir a la guerra contra Irán.


7) Algunos analistas dicen que la existencia de Israel se debe solamente al gran trabajo que realiza el lobby sionista en Occidente. ¿Es eso cierto?

— Israel es un país muy bien armado y por supuesto que no corre ningún peligro por parte de sus vecinos. Israel es, por lejos, el país militarmente más poderoso de la región, con armas nucleares, misiles de largo alcance, submarinos nucleares (procedentes de Alemania), sistemas de defensa antimisiles, etc. Incluso sin la ayuda de Occidente, Israel podría mantener su potencial militar en el futuro. Sin embargo, es incuestionable que la relación de Israel con Estados Unidos y con otros países occidentales es vital para su éxito a largo plazo. Israel sigue siendo un país pequeño que ha dependido de la tecnología estadounidense, tanto en lo que se refiere a la transferencia de armamento y ayuda (la cual actualmente supera los 3.000 millones de dólares al año), como en lo que se refiere a espionaje industrial. Esto es por lo que los activistas sionistas consideran que es verdaderamente crítico disponer de poder sionista a lo largo de todo el Occidente y en Estados Unidos en particular, porque su poder militar y económico es el foco principal de los esfuerzos sionistas. A pesar de las señales de cambio mencionadas anteriormente, el poder del lobby sionista en Estados Unidos no va a disminuír seriamente en el corto plazo.–


Buscad al Judío
Un Provocativo Análisis
de las Causas de la Decadencia Blanca
comentado por Stanley Hornbeck


     En "La Cultura de la Crítica" (The Culture of Critique: An Evolutionary Analysis of Jewish Involvement in Twentieth-Century Intellectual and Political Movements, 1998, 379 págs.), Kevin MacDonald expone una tesis cuidadosamente estudiada, pero extremadamente controvertida: que ciertos movimientos intelectuales del siglo XX —en gran parte establecidos y liderados por judíos— han cambiado las sociedades europeas de una manera fundamental y han destruído la confianza del hombre occidental. Él afirma que estos movimientos fueron diseñados, consciente o inconscientemente, para favorecer intereses judíos, aun cuando fueron presentados a los no-judíos como universalistas e incluso utópicos. Concluye que el creciente predominio de estas ideas ha tenido profundas consecuencias políticas y sociales que beneficiaron a los judíos pero causaron un gran daño a las sociedades no-judías. Este análisis, que hace con considerable fuerza, es una acusación poco frecuente a un pueblo generalmente considerado más como víctima que como agresor.

     "La Cultura de la Crítica" es el título final en el masivo estudio en tres volúmenes de los judíos y su papel en la Historia del profesor MacDonald. Los dos volúmenes anteriores son "A People that Shall Dwell Alone" (Un Pueblo que Morará Solo) y "Separation and its Discontents" (La Separación y sus Sinsabores), publicados por Praeger en 1994 y 1998. La serie está escrita desde una perspectiva socio-biológica que ve al judaísmo como una estrategia de supervivencia única que ayuda a los judíos a competir con otros grupos étnicos. El profesor MacDonald, que es psicólogo en la Universidad de California en Long Beach, explica esta perspectiva en el primer volumen, que describe a los judíos como teniendo un muy fuerte sentido de identidad que los ha mantenido social y genéticamente separados de otros pueblos. El segundo volumen traza la historia de las relaciones entre gentiles y judíos, y encuentra las causas del anti-judaísmo primariamente en el casi invariable predominio comercial e intelectual de los judíos en las sociedades gentiles y en su rechazo a asimilarse. "La Cultura de la Crítica" trae este análisis al siglo actual, describiendo el papel judío en la crítica radical de la cultura tradicional.

     Los movimientos intelectuales de que habla el profesor MacDonald en este volumen son el marxismo, el psicoanálisis freudiano, la escuela sociológica de Frankfurt y la antropología de Franz Boas. Quizá más relevante desde una perspectiva racial, también traza la historia del papel de los judíos en la promoción del multi-culturalismo y la inmigración tercermundista. A través de su análisis el profesor MacDonald reitera su visión de que los judíos han promovido estos movimientos en su calidad de judíos y para su propio beneficio, aunque ellos han intentado frecuentemente dar la impresión de que no tenían intereses distintivos propios. Por lo tanto, la acusación más profunda del profesor MacDonald contra los judíos no es el etnocentrismo sino la deshonestidad, ya que mientras afirman estar trabajando por el bien de la Humanidad a menudo han trabajado por su propio bien y en detrimento de otros. Mientras intentan promover la hermandad del Hombre disolviendo la identificación étnica de los gentiles, los judíos han mantenido precisamente el tipo de intensa solidaridad de grupo que ellos condenan como inmoral entre los demás.


Promoviendo la Diversidad

     El profesor MacDonald afirma que una de las maneras más consistentes en la que los judíos han favorecido sus intereses ha sido promoviendo el pluralismo y la diversidad —pero sólo para los demás. Desde el siglo XIX han liderado movimientos que intentaron desacreditar los fundamentos tradicionales de la sociedad no-judía: el patriotismo, la lealtad racial, la base cristiana de la moralidad, la homogeneidad social y la moderación sexual. Al mismo tiempo, dentro de sus propias comunidades y con respecto al Estado de Israel, han apoyado con frecuencia las mismas instituciones que ellos atacan en la sociedad de los gentiles.

     ¿Por qué esto está en el interés de los judíos? Porque la lealtad tribal de grupo característica de los judíos atrae mucha menos atención en una sociedad que no tiene un núcleo cultural y racial cohesionado. La determinación judía de no asimilarse completamente, que explica su supervivencia como pueblo por miles de años —incluso sin un país— ha atraído el escrutinio invariablemente desagradable e incluso criminal en naciones con identidades nacionales bien definidas. En la visión del profesor MacDonald es por lo tanto de interés para los judíos el diluír y debilitar la identidad de cualquier pueblo entre los que vivan. La identidad judía puede florecer con seguridad sólo cuando la identidad no-judía es débil.

     El profesor MacDonald cita un notable pasaje de Charles Silberman:

    «Los judíos estadounidenses están comprometidos con la tolerancia cultural a causa de su creencia —firmemente enraizada en la Historia— de que los judíos están seguros sólo en una sociedad que acepte un amplio rango de actitudes y comportamientos, así como una diversidad de grupos étnicos y religiosos. Es esta creencia, por ejemplo, de no aprobar la homosexualidad la que lleva a una aplastante mayoría de judíos estadounidenses a aprobar los "derechos de los homosexuales" y a tomar una postura liberal en la mayoría de los otros así llamados asuntos "sociales"».

     Él está diciendo, en efecto, que cuando los judíos enarbolan el argumento de que "la diversidad es nuestra fuerza", es porque están apoyando su objetivo real de diluír la homogeneidad de una sociedad para que los judíos se sientan seguros. Ellos están formulando una agenda judía de tal forma que ellos piensan que los gentiles la aceptarán. De igual manera, como la segunda parte de la cita de Silberman sugiere, los judíos pueden apoyar movimientos pervertidos, no porque piensen que es bueno para el país sino porque piensan que es bueno para los judíos.

     El profesor Silberman también proporciona una cita esclarecedora de un economista judío que pensaba que los Republicanos tenían políticas económicas más sensatas pero que votó por el candidato presidencial Demócrata a pesar de ello. ¿Su motivo?: "Yo más bien preferiría vivir en un país gobernado por las caras que vi en la convención Demócrata que por las que vi en la convención Republicana". Este hombre aparentemente desconfía de los gentiles Blancos y votó por un partido racialmente mestizo, incluso si sus políticas económicas eran equivocadas. Lo que es bueno para los judíos parece anteponerse a lo que es bueno para el país.

     Earl Raab, el anterior presidente de la fuertemente judía Brandeis University plantea el argumento de la diversidad de una manera ligeramente diferente. Expresando su satisfacción con la predicción de que para la mitad del próximo siglo [XXI] los Blancos serán una minoría, él escribe: "Hemos pasado más allá del punto en que un partido nazi-ario sería capaz de prevalecer en este país". Él está aparentemente preparado para desplazar al pueblo y la cultura del linaje fundador a fin de impedir el teórico ascenso de un régimen anti-judío. El profesor Raab parece ver a los Blancos principalmente como nazis en potencia, y está dispuesto a sacrificar su continuidad cultural y nacional a fin de desactivar una amenaza imaginaria para los judíos. Esta cita da por hecho la futura existencia continuada de los judíos como una comunidad distinta, incluso mientras los gentiles Blancos declinan en número e influencia.

     En el mismo pasaje, el profesor Raab continúa observando que "nosotros [los judíos] hemos estado nutriendo el clima estadounidense de oposición al fanatismo durante medio siglo. Ese clima todavía no ha sido perfeccionado, pero la naturaleza heterogénea de nuestra población tiende a hacerlo irreversible..." —tal como tiende a hacer el desplazamiento final de la cultura europea también irreversible.

     El profesor MacDonald remonta el desarrollo de esta estrategia de diversidad a diversas fuentes. Está ampliamente reconocido que el inmigrante judío-alemán Franz Boas (1858-1942) casi sin ayuda estableció la actual configuración de la Antropología, desechando todas las explicaciones biológicas para las diferencias en la cultura y el comportamiento humano. El profesor MacDonald informa que él y sus seguidores —con las notables excepciones de Margaret Meade y Ruth Benedict— fueron todos judíos con fuertes identidades judías: «La identificación judía y la búsqueda consciente de intereses judíos, particularmente para favorecer una ideología de pluralismo cultural como un modelo para las sociedades occidentales, ha sido el "argumento invisible" de la Antropología estadounidense».

     Hacia 1915, Boas y sus alumnos controlaban la Asociación Antropológica Estadounidense (AAA), y para 1926 ellos encabezaban cada departamento universitario importante de Antropología en Estados Unidos. Desde esta posición de predominio promovieron la idea de que la raza y la biología son asuntos sin importancia, y que es el medioambiente lo que explica todo. Ellos hicieron una refundición total de la Antropología de manera que proporcionara apoyo intelectual para la inmigración abierta, la integración y el mestizaje. También pusieron el fundamento para la idea de que como todas las razas tienen el mismo potencial, los fracasos de los no-Blancos deben ser atribuídos exclusivamente a la opresión Blanca. La conclusión final de la antropología boasiana fue que dado que el entorno es el responsable de todas las diferencias humanas, cada desigualdad en los logros puede ser eliminada cambiando el entorno. Ésta ha sido la justificación de los enormes e inútiles programas de intervención del gobierno.

     Todo el movimiento de "derechos civiles" puede ser visto como una consecuencia natural del triunfo del pensamiento boasiano. Puesto que todas las razas eran equivalentes, la separación era inmoral. La línea del color también agudizaba la auto-conciencia Blanca de tal manera que podía hacer a los Blancos más conscientes del tribalismo judío. Así fue, según el profesor MacDonald, que los judíos casi sin ayuda lanzaron el movimiento contra la segregación. Sin el liderazgo de los judíos, la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People, Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color), nunca podría haber sido establecida, y hasta 1975 cada uno de sus presidentes fue un judío. El profesor MacDonald informa que en 1917, cuando el separatista Negro Marcus Garvey visió la oficina central de la NAACP, vio tantas caras Blancas que salió furioso, quejándose de que aquella era una organización Blanca.

     El profesor MacDonald concluye que los esfuerzos de los judíos fueron decisivos para la transformación de los "derechos civiles" de Estados Unidos. Él menciona a un abogado del American Jewish Congress que afirma que "muchas de estas leyes [de derechos civiles] fueron realmente escritas en las oficinas de agencias judías por personal judío, introducidas por legisladores judíos y presionadas para su materialización por votantes judíos".

     Mientras la escuela de Boas estaba promoviendo la integración y la equivalencia racial, era también crítica de, en palabras del profesor MacDonald, "la cultura estadounidense como excesivamente homogénea, hipócrita, y represiva emocional y estéticamente (especialmente en lo referente a la sexualidad). Fundamental en este programa fue la creación de etnografías de culturas idílicas [del Tercer Mundo] que estuvieran libres de las características negativamente percibidas que eran atribuídas a la cultura occidental".

     El papel del antropólogo llegó así a ser el de criticar todo lo de la sociedad occidental a la vez que glorificaba todo lo primitivo. El profesor MacDonald observa que las descripciones boasianas de los pueblos no-occidentales ignoraban deliberadamente el barbarismo y la crueldad o simplemente atribuían aquello a la contaminación de Occidente. Él ve esto como un intento deliberado de socavar la confianza de las sociedades occidentales y hacerlas permeables a las influencias y pueblos del Tercer Mundo. Hoy, esta visión está consagrada en el dogma de que Estados Unidos debe permanecer abierto a la inmigración debido a que los inmigrantes traen un espíritu y una energía de que los naturales de alguna manera carecen.


Personalidades Autoritarias

     Con el objetivo de abrir las sociedades derivadas de Europa a la inmigración que las transformaría, fue necesario desacreditar la solidaridad racial y el compromiso con la tradición. El profesor MacDonald argumenta que éste fue el propósito básico de un grupo de intelectuales conocido como la Escuela de Frankfurt. Lo que es propiamente conocido como el Instituto de Investigación Social fue fundado en Frankfurt, Alemania, durante el período de Weimar por un millonario judío, pero fue cerrado por los nacionalsocialistas poco tiempo después de que ellos tomaran el poder. La mayoría de sus miembros emigraron a Estados Unidos y el instituto se reconstituyó en UC Berkeley. La organización estaba encabezada por Max Horkheimer, y sus miembros más influyentes eran T. W. Adorno, Erich Fromm y Herbert Marcuse, todos los cuales tenían fuertes identidades judías. Horkheimer no hizo de la naturaleza partidista de las actividades del instituto un secreto: "La investigación sería capaz aquí de transformarse directamente en propaganda", escribió (cursiva en el original).

     El profesor MacDonald dedica muchas páginas a un análisis de "La Personalidad Autoritaria", que fue escrito por Adorno y apareció en 1950. Fue parte de una serie llamada Studies in Prejudice, producida por la escuela de Frankfurt, que incluía títulos como Anti-Semitism and Emotional Disorder. El libro The Authoritarian Personality fue particularmente influyente porque, según el profesor MacDonald, el American Jewish Committee financió fuertemente su promoción y porque los académicos judíos tomaron su mensaje de manera muy entusiasta.

     El propósito del libro es hacer que toda afiliación a un grupo suene como si fuera un signo de desorden mental. Todo, desde el patriotismo a la religión, pasando por la lealtad a la familia y a la raza, serían signos de una peligrosa y defectuosa "personalidad autoritaria". A causa de que deducir distinciones entre diferentes grupos es ilegítimo, todas las lealtades de grupo —incluídos los lazos familiares más cercanos— son "prejuicios". Como Christopher Lasch ha escrito, el libro lleva a la conclusión de que el prejuicio "podría ser erradicado solamente sometiendo al pueblo estadounidense a lo que equivaldría a una psicoterapia colectiva, tratándolos como a internos en un asilo psiquiátrico".

     Pero, según el profesor MacDonald, es precisamente el tipo de lealtad de grupo, respeto por la tradición y conciencia de las diferencias que es central en la identidad judía lo que Horkheimer y Adorno describían como enfermedad mental en los no-judíos. Estos escritores adoptaron lo que eventualmente llegó a ser una táctica soviética favorita contra los disidentes: Cualquiera cuyos puntos de vista políticos fuesen diferentes de los estatales era considerado como enfermo. Como el profesor MacDonald explica, la Escuela de Frankfurt nunca criticó o siquiera describió la identidad de grupo judía, sino solamente la de los no-judíos: "el comportamiento que es fundamental para el judaísmo como una exitosa estrategia evolutiva de grupo es conceptualizado como patológico en los no-judíos".

     Para estos intelectuales judíos, el anti-judaísmo también era un signo de enfermedad mental: Ellos concluyeron que la auto-negación cristiana, y especialmente la represión sexual, causaba odio hacia los judíos. La Escuela de Frankfurt fue entusiasta con el psicoanálisis, según el cual "la ambivalencia edipiana hacia el padre y las relaciones sádico-anales en la temprana infancia son la herencia irrevocable del anti-judío".

     Además de ridiculizar el patriotismo y la identidad racial, la Escuela de Frankfurt glorificó la promiscuidad y la pobreza inherente a la vida bohemia. El profesor MacDonald ve a dicha escuela como una influencia germinal: «Ciertamente muchas de las actitudes centrales de la grandemente exitosa revolución contracultural de los años '60 encuentran expresión en "The Authoritarian Personality", incluyendo la idealización de la rebelión contra los padres, las relaciones sexuales no comprometidas, y el desprecio por el ascenso social, el estatus social, el orgullo familiar, la religión cristiana y el patriotismo».

     Del más grande interés aquí, sin embargo, es el éxito del movimiento en calificar las antiguas lealtades a la nación y a la raza como enfermedades mentales. Aunque vino después, el "desconstruccionista" judeo-francés Jacques Derrida estaba en la misma idea cuando escribió:

    "La idea detrás de la desconstrucción es desconstruír [des-estructurar] las obras de los Estados-naciones fuertes con enérgicas políticas de inmigración, desconstruír la retórica del nacionalismo, la política de la localidad, la metafísica de la tierra nativa y el idioma nativo... La idea es desarmar las bombas... de la identidad que los Estados-naciones construyen para defenderse contra los extraños, contra los judíos, los árabes y los inmigrantes...".

     Como el profesor MacDonald dice, "Visto a su nivel más abstracto, un objetivo fundamental es de esta manera influír en los pueblos de ascendencia europea de Estados Unidos para que vean la preocupación sobre su propio eclipse demográfico y cultural como irracional y como una indicación de psicopatología". Demás está decir que este proyecto ha sido exitoso: cualquiera que se oponga al desplazamiento de los Blancos es rutinariamente tratado como un "promotor del odio" mentalmente desequilibrado, y cada vez que los Blancos defienden sus intereses de grupo son descritos como psicológicamente inadaptados. La ironía no se le escapó al profesor MacDonald: "La ideología de que el etnocentrismo era una forma de psicopatología fue promulgada por un grupo que a través de su larga historia ha sido claramente el grupo más etnocéntrico entre todas las culturas del mundo".


Inmigración

     El profesor MacDonald argumenta que es perfectamente natural que los judíos promuevan la inmigración abierta. Ella da lugar a la "diversidad" que los judíos encuentran cómoda, y mantiene a Estados Unidos abierto a sus correligionarios perseguidos de todo el mundo. Él dice que los judíos son el único grupo que siempre ha luchado en favor de la inmigración masiva; unas pocas organizaciones étnicas europeas han hecho esporádicos esfuerzos para hacer más fácil que su propio pueblo viniera, pero sólo los judíos han promovido consistentemente las fronteras abiertas para todos los que venían. Además, a pesar de cualquier desacuerdo que ellos pudieran haber tenido en otros asuntos, los judíos de todas las tendencias políticas han favorecido la inmigración masiva.

     Esto, también, se remonta a muchos años atrás, y el profesor MacDonald traza con bastante detalle el sostenido esfuerzo judío pro-inmigración. Israel Zangwill, autor de la obra epónima de 1908 "The Melting Pot", era de la opinión de que "hay sólo un camino para la paz mundial, y es la absoluta abolición de pasaportes, visas, fronteras, aduanas...". Él era, sin embargo, un apasionado sionista y desaprobaba los matrimonios de judíos con no-judíos.

     Aunque la Estatua de la Libertad, conocida propiamente como "La Libertad Iluminando al Mundo", fue un regalo de Francia a Estados Unidos como un homenaje a las tradiciones políticas estadounidenses, el soneto de la judía Emma Lazarus ayudó a convertirla en un símbolo de la inmigración. Impreso en la base de la estatua varias décadas después de su construcción, el poema da la bienvenida a Estados Unidos a "masas hacinadas anhelantes de respirar libre / el mísero desecho de vuestras rebosantes playas".

     El profesor MacDonald ha descubierto que los inverosímiles argumentos sobre la diversidad como la quintaesencia de la fuerza estadounidense han sido planteados por los judíos durante mucho tiempo. Él da cuenta de que en 1948 el American Jewish Committe estaba instando al Congreso a creer que "el norteamericanismo es el espíritu que está detrás de la bienvenida que Estados Unidos ha extendido tradicionalmente a gente de todas las razas, todas las religiones, todas las nacionalidades". Por supuesto, nunca ha habido tal tradición. En 1952, el American Jewish Congress argumentó en las audiencias sobre la inmigración que "nuestra experiencia nacional ha confirmado más allá de toda duda que nuestra propia fuerza yace en la diversidad de nuestros pueblos". Esta, también, fue una época en que la ley de inmigración de Estados Unidos estaba aún explícitamente diseñada para mantener una mayoría Blanca.

     A menudo se ha dicho que cuando la vieja política de inmigración fue desechada en 1965, con dificultad alguien sabía, y nadie predijo, que la nueva ley cambiaría la composición racial del país. El profesor MacDonald niega esto, argumentando que éste ha sido el objetivo de los grupos judíos desde el principio.

     El profesor MacDonald descubre que los judíos han sido los principales partidarios de la inmigración en Inglaterra, Francia y Canadá, y que grupos judíos fueron los opositores más vehementes a la independencia de Quebec. Judíos australianos encabezaron los esfuerzos para desmantelar la política de "Australia Blanca", una de las razones por las que fue citada en un editorial en el Australian Jewish Democrat: "El reforzamiento de la Australia multicultural o diversa es también nuestra política más efectiva para estar seguros contra el anti-judaísmo. El día que Australia tenga un Gobernador General australiano de origen chino yo me sentiría más confiado en mi libertad para vivir como un judío australiano". Como Earl Raab escribiendo sobre Estados Unidos, este judío australiano está preparado para sacrificar la cultura tradicional, el pueblo y la identidad de Australia ante intereses específicamente judíos. No sería sorprendente si tal objetivo expresado abiertamente tuviera el efecto opuesto al deseado, e incrementara el sentimiento anti-judío.


Los Judíos y la Izquierda

     Es bien sabido que los judíos han estado tradicionalmente asociados con la Izquierda, y el profesor MacDonald investiga esta conexión con algún detalle. Históricamente fue comprensible que los judíos deberían apoyar movimientos que fomentaran el derrocamiento del orden existente. Tras la emancipación, los judíos encontraron resistencia entre las élites gentiles que no querían perder terreno frente a los competidores, y los forasteros fácilmente se convirtieron en revolucionarios. Sin embargo, en opinión del profesor MacDonald, el compromiso judío con las causas izquierdistas a menudo ha estado motivado por la esperanza de que el comunismo, especialmente, sería una herramienta para combatir el anti-judaísmo, y por la expectativa de que las soluciones sociales universalistas serían todavía otra manera de disolver las lealtades de los gentiles que podrían excluír a los judíos. El atractivo de las ideologías universalistas está ligado a la comprensión implícita de que el particularismo judío quedará exento: "Al final, la aceptación de una ideología universalista por los no-judíos tendría como resultado el que éstos no percibirían a los judíos como en una categoría social diferente en absoluto, mientras que sin embargo los judíos serían capaces de mantener una fuerte identidad personal como judíos".

     El profesor MacDonald sostiene que los judíos tenían motivos específicamente judíos para apoyar la revolución bolchevique. La Rusia zarista era conocida por su política anti-judía y durante sus primeros años la Unión Soviética pareció ser la tierra prometida para los judíos: terminó con el anti-judaísmo de Estado, intentó erradicar el cristianismo, abrió oportunidades para los individuos judíos, y predicó una sociedad "sin clases" en la cual la judeidad presumiblemente no atraería la atención negativa. Además, puesto que el marxismo enseñaba que todo conflicto era económico más bien que étnico, muchos judíos creyeron que anunciaba el fin del anti-judaísmo.

     El profesor MacDonald enfatiza que aunque los comunistas judíos predicaban el ateísmo y la solidaridad de la clase trabajadora mundial, tomaron medidas para preservar una identidad judía definida y secular. Él refiere que Lenin mismo (quien tenía un abuelo judío) aprobó la continuación de una identidad explícitamente judía bajo el comunismo, y en 1946 el Partido Comunista de Estados Unidos votó una resolución que también apoyaba al pueblo judío en los países comunistas. Así, aunque el comunismo se suponía que carecía de fronteras o de religión, los judíos estaban confiados en que habría un sitio para su propia identidad grupal. Él escribe que a pesar del discurso oficial de que todos los hombres eran hermanos, "muy pocos judíos perdieron su identidad judía durante toda la Era soviética".

     Los comunistas judíos algunas veces revelaron un notable particularismo. El profesor MacDonald cita a Charles Rappoport, el líder comunista francés: "El pueblo judío [es] el portador de todas las grandes ideas de unidad y comunidad humana en la Historia... La desaparición del pueblo judío significaría la muerte de la Humanidad, la transformación final del Hombre en una bestia salvaje". Esto parece atribuír a los judíos una posición elitista incompatible con la "unidad y comunidad humana".

     El profesor MacDonald sostiene que muchos judíos comenzaron a distanciarse del comunismo sólo después de que Stalin se mostrara como anti-judío. Y tal como los judíos habían sido los revolucionarios líderes en la Rusia anti-judía pre-revolucionaria, los judíos se convirtieron en los disidentes líderes en una Unión Soviética anti-judía. Un patrón similar se puede encontrar en los gobiernos comunistas impuestos en Europa Oriental, que estuvieron mayoritariamente dominados por judíos. La mayoría de los líderes del Partido Comunista polaco, por ejemplo, hablaban mejor el yiddish que el polaco, y mantenían también una fuerte identidad judía. Después de la caída del comunismo, muchos dejaron de ser polacos y emigraron a Israel.

     El profesor MacDonald escribe que en 1919 en el gobierno comunista de corta vida de Bela Kun en Hungría, el 95% de los líderes eran judíos, y que en el momento de la sublevación de 1956, el comunismo estaba tan cercanamente asociado con los judíos, que las revueltas casi habían tenido el sabor de un pogrom. MacDonald sostiene que en Estados Unidos también, el núcleo principal entre los comunistas y miembros de Students for a Democratic Society (SDS) era principalmente judío. Aquí, también, una visión del mundo revolucionaria, atea y universalista era completamente compatible con una fuerte identificación como judíos. El profesor MacDonald cita de un estudio de izquierdistas estadounidenses:

    "Muchos comunistas, por ejemplo, afirman que ellos nunca podrían haberse casado con una esposa que no fuera izquierdista. Cuando se les preguntó a los judíos si podrían haberse casado con no-judías, muchos dudaron, sorprendidos con la pregunta, y la encontraron difícil de responder. Tras reflexionar, muchos concluyeron que siempre habían dado por hecho el matrimonio con alguien judío". Su compromiso como judíos era aún más fundamental e incuestionable que su compromiso con la Izquierda.

     El profesor MacDonald da cuenta de que muchos judíos estadounidenses también abandonaron el comunismo cuando éste llegó a ser cada vez más anti-judío. Para muchos, la ruptura de relaciones diplomáticas de la Unión Soviética con Israel durante la guerra de 1967 fue la última gota. Un antiguo activista de SDS sin duda habló en representación de muchos cuando explicó: «Si yo debo elegir entre la causa judía y un SDS "progresista" anti-Israel, elegiré la causa judía. Si se levantasen barricadas, yo lucharé como judío». Según el profesor MacDonald, el neo-conservadurismo estadounidense también puede ser descrito como un cambio superficial en la política externa que deja inalterado el compromiso más fundamental con la identidad judía. Así, antiguos izquierdistas abandonaron una ideología que se había vuelto contra Israel y remozaron la apariencia del conservadurismo estadounidense como un movimiento diferente, siendo el único tema inalterable el del apoyo a Israel. Los neoconservadores también apoyan altos niveles de inmigración, y fueron activos en excluír la identificación racial Blanca de la derecha "respetable".


Objeciones

     Hay muchas objeciones posibles a la tesis del profesor MacDonald. La primera es que está en su mayor parte construída sobre la presunción de que los judíos son deshonestos. Es siempre arriesgado dar por hecho que uno entiende los motivos de otros mejor que ellos mismos. Los judíos tradicionalmente se han visto a sí mismos como una presencia benévola, incluso como una "luz para las naciones" o como un "pueblo elegido". Esto se refleja hoy en la auto-imagen judía como defensores de los excluídos y oprimidos. La mayor parte de las veces, lo que aparenta ser "justicia social" tiene el efecto de socavar las tradiciones y lealtades de la sociedad no-judía; pero ¿están los judíos deliberadamente socavando estas cosas más bien que corrigiendo lo que perciben que está mal?.

     El profesor MacDonald reconoce que muchos judíos son sinceros en su apoyo a causas liberales, pero luego extiende su acusación argumentando que "los mejores engañadores son aquellos que se engañan a sí mismos". En otras palabras, muchos judíos que están realmente trabajando por intereses judíos, primero se han convencido a sí mismos de lo contrario. Un judío que principalmente quiera que Estados Unidos llegue a ser menos Blanco puede también haberse convencido a sí mismo de que Estados Unidos se beneficia por albergar una multitud de culturas. Habiéndose convencido a sí mismo él puede convencer con más eficacia a otros.

     Muchos judíos, afirma el profesor MacDonald, no son ni siquiera conscientes del grado en el cual su judeidad es fundamental para su identidad o su opinión política. Él cita al rabino Abraham Joshua Heschel sobre su sorpresa sobre cuán apasionadamente éste abrazó el lado israelí durante la guerra de 1967: "Yo no había sabido cuán judío yo era". Ésta es una llamativa declaración de un hombre que fue considerado quizá el mayor líder espiritual judío de su época. Y si afecta o no a su política, los judíos ciertamente parecen tener un sentido étnico muy nítido. El profesor MacDonald cita al teólogo Eugene Borowitz quien dice que "la mayoría de los judíos afirma que ellos están equipados con un dispositivo sensor de amigo-o-enemigo que les permite detectar la presencia de otro judío, a pesar del pesado camuflaje". Pensar siempre en términos de "amigo o enemigo" no es un asunto sin importancia.

     El profesor MacDonald es por lo tanto escéptico de los desmentidos judíos: "Las declaraciones superficiales de una carencia de identidad judía pueden ser altamente engañosas". Él hace notar que las publicaciones judías escriben sobre el poder e influencia de los judíos estadounidenses en un lenguaje que los judíos inmediatamente denunciarían como "anti-semita" si fuera usado por no-judíos. Él concuerda con Joseph Sobran, que ha dicho que "ellos quieren ser judíos entre sí mismos, pero se ofenden al ser vistos como judíos por los no-judíos. Quieren perseguir sus propios definidos intereses mientras aparentan que no tienen tales intereses...".

     El profesor MacDonald sostiene que el éxito de los movimientos intelectuales encabezados por judíos ha sido posible sólo porque su carácter judío estuvo oculto. Si el multi-culturalismo o la inmigración masiva o el libro The Authoritarian Personality hubieran sido promovido por judíos ortodoxos vestidos con abrigos negros, el elemento judío habría sido claro. El profesor MacDonald escribe que, en efecto, "la agenda política judía no fue un aspecto de la teoría, y las teorías mismas no tenían un abierto contenido judío. Era por lo tanto improbable que los intelectuales no-judíos al abordar estas teorías las vieran como aspectos de la competencia cultural entre judíos y gentiles o como un aspecto de una agenda política específicamente judía". El profesor MacDonald también afirma que los judíos a menudo han intentado disimular el carácter judío de un movimiento intelectual reclutando gentiles simbólicamente para posiciones visibles como portavoces. MacDonald escribe que esta táctica fue tan habitual en el Partido Comunista estadounidense que los no-judíos a menudo lo veían claro y renunciaban.

     ¿Pero cómo los motivos pueden ser alguna vez completamente conocidos?. El profesor MacDonald pone una prueba difícil: "La mejor evidencia de que los individuos realmente han cesado de tener una identidad judía es si ellos escogen una opción política que ellos perciban como que claramente no está en los intereses de los judíos como grupo. En ausencia de un claramente percibido conflicto con los intereses judíos, queda como posibilidad el que las diferentes opciones políticas entre judíos étnicos sean sólo diferencias en cuanto a las tácticas sobre cómo conseguir mejor los intereses judíos".

     Esta norma puede parecer excesivamente severa, hasta que se aplica a los no-judíos Blancos. La inmigración tercermundista, la discriminación inversa (affirmative action), las leyes anti-discriminatorias y la integración forzada claramente no están en el interés de los Blancos, y aún así muchos Blancos las abrazan, demostrando así cuán completamente ellos han abandonado su identidad racial.

     Finalmente, el profesor MacDonald plantea la inquietante posibilidad de que algunos judíos, debido a siglos de conflictos con los gentiles, odien activamente la sociedad de éstos y conscientemente deseen destruírla: "una motivación fundamental de los intelectuales judíos involucrados en la crítica social ha sido simplemente el odio de la estructura de poder dominada por los gentiles y percibida como anti-judía". MacDonald describe al poeta judeo-alemán del siglo XIX Heinrich Heine como "usando su habilidad, reputación y popularidad para socavar la confianza intelectual del orden establecido".

     En defensa de esta idea altamente provocativa, el profesor MacDonald cita a Benjamin Disraeli acerca de los efectos que siglos de relaciones entre judíos y gentiles han provocado sobre los judíos: "Ellos pueden haber llegado a ser tan odiosos y hostiles hacia la Humanidad como para merecer por su conducta actual, no importa cómo se haya originado, el oprobio y los malos tratos de las comunidades en las cuales ellos moran y con las que apenas se les permite mezclarse".

     Aparte de cualquier cuestión sobre los motivos, sin embargo, está la cuestión de los números. Los judíos son una pequeña minoría en Estados Unidos, y dentro de esa minoría hay un desacuerdo incluso en materias que claramente afectan a los judíos. ¿Cómo pueden los judíos probablemente ser responsables de los cambios dramáticos en el panorama intelectual?. En opinión del profesor MacDonald, la explicación yace en la inteligencia, energía, dedicación y cohesión de los judíos. Él atribuye una gran parte al coeficiente intelectual promedio de los judíos —de 115, una diferencia completa de la norma, por sobre el promedio de los no-judíos Blancos— y a "su duro trabajo y dedicación, su deseo de dejar huella en el mundo, y su deseo de ascender en el mundo, de ocuparse en la promoción personal, y lograr el reconocimiento público...". Él también cree que los judíos han trabajado juntos infatigablemente en cualquier asunto que hayan considerado necesario para la supervivencia: "La actividad intelectual es como cualquier otro esfuerzo humano: Grupos cohesivos vencen las estrategias individualistas". Él observa que nunca ha habido una época en la que grandes cantidades de estadounidenses Blancos favorecieran la inmigración no-Blanca; fue una minoría [judía] compacta y decidida la que venció la resistencia desorganizada de la mayoría.

     El profesor MacDonald cree que debido a la efectividad de algunos judíos no fue incluso necesario que la mayoría de los judíos apoyara activamente los movimientos anti-mayoritarios, pero aún así aquella actividad judía fue decisiva. Como él dice, "los movimientos intelectuales dominados por judíos fueron un factor crítico (condición necesaria) para el triunfo de la izquierda intelectual en las sociedades occidentales de finales del siglo veinte". Esto, por supuesto, no puede ser examinado, pero no puede haber duda de que los judíos estadounidenses han tenido un efecto desproporcionado sobre el intelecto estadounidense. El profesor MacDonald cita a Walter Kerr, escribiendo en 1968, en el sentido de que "lo que ha ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial es que la sensibilidad estadounidense se ha vuelto en parte judía, quizá tan judía como todo lo demás... La mente estadounidense culta de alguna manera ha llegado a pensar de manera judía".

     Aparte de la cuestión de si el profesor MacDonald tiene razón, está el asunto adicional de qué diferencia hace si él tiene razón. Si es correcta, su tesis ciertamente arroja luz sobre la rapidez con la que los Blancos perdieron su voluntad. Hace sólo unas décadas los Blancos eran una raza segura de sí misma, orgullosa de sus logros, convencida de su aptitud para dominar el mundo. Hoy ellos son un pueblo en declive que vive pidiendo perdón, avergonzado de su historia y no seguro incluso de reclamar las tierras que han ocupado durante siglos. Es muy raro que los conceptos fundamentales permanezcan en sus cabezas en el transcurso de sólo una generación o dos, como ha sucedido con la mentalidad acerca de la raza. Tal velocidad sugiere que ha habido algo más que un cambio natural.–




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