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martes, 8 de octubre de 2013

Hiperbórea y la Búsqueda de la Iluminación Mística



    Jason Jeffrey, autor de las siguientes reflexiones contenidas en un artículo que estaba en el sitio newdawnmagazine.com, se ocupa de una amplia gama de materias entre las que se incluyen el desarrollo espiritual y las civilizaciones antiguas. El siguiente texto fue publicado en la revista New Dawn N°58 (Enero-Febrero de 2000). Parte importante del enfoque de este artículo que hemos traducido es la comprensión de que la tendencia a demostrar la realidad de una Hiperbórea terrestre ha eclipsado su importancia esotérica y simbólica, la que sin duda ha existido desde los antiguos días de los griegos hasta hoy. Y trata ciertamente de algo del simbolismo asociado a la imagen misma del Polo, que es lo que representa entre otras cosas la esvástica, como ya sabemos.


Hiperbórea
y la Búsqueda de la Iluminación Mística
por Jason Jeffrey
9 de Febrero de 2000


     En el lejano Norte, en algún lugar cerca de las heladas regiones del Polo Norte, la leyenda habla de una antigua y sobre todo olvidada civilización. Mítica en su carácter, se dice que la civilización hiperbórea floreció en la región de más al Norte del planeta Tierra en una época en que dicha área era apta para que la habitaran los humanos.

     Según ciertos sistemas esotéricos y tradiciones espirituales, Hiperbórea (Υπερ βορεία) fue el comienzo terrestre y celestial de la civilización, el hogar del Hombre original. Algunas teorías postulan que Hiperbórea fue el Jardín del Edén original, el punto donde los planos terrenales y divinos se encuentran. Y se dice que el Hombre transgredió la Ley Divina en esta civilización de la Edad de Oro, siendo el costo final su destierro al mundo exterior. El hombre se aventuró en otras regiones de la Tierra, estableciendo nuevas civilizaciones, llevando a un final esta gran y gloriosa Edad de Oro.

     La Edad de Oro es central en múltiples tradiciones y mitos antiguos. Significativamente, la Edad de Oro aparece con más frecuencia en las tradiciones de culturas que van desde la India a Europa del Norte, el área directamente bajo las regiones polares. Joscelyn Godwin, en "Arktos, The Polar Myth in Science, Symbolism and Nazi Survival", dice:

     «El recuerdo o la imaginación de una Edad de Oro parece ser una particularidad de las culturas que cubren el área de India a Europa del Norte... Pero en el antiguo Oriente Medio hay una reliquia obvia de la Edad de Oro en el Génesis, como el Jardín de Edén donde la Humanidad anduvo con los dioses antes de la Caída. Los egipcios hablaban de épocas pasadas gobernadas por reyes-dioses. La mitología babilónica tenía un esquema de tres Eras, en que cada una duraba mientras el equinoccio vernal (de Primavera) realizaba su precesión por cuatro signos del Zodíaco; la primera de éstas, bajo el dominio de Anu, como una Edad de Oro, finalizó con el Diluvio. Los textos iranios del Avesta hablan del Reinado de Oro de Yima de mil años, del primer hombre y el primer rey, bajo cuyo gobierno el frío y el calor, la vejez, la muerte y la enfermedad, eran desconocidos» [Joscelyn Godwin, "Arktos, The Polar Myth in Science, Symbolism and Nazi Survival", 1996, p. 16].

     La teoría de esta clase más completamente desarrollada, y probablemente la más antigua, es la doctrina hindú de los Cuatro Yugas. Las cuatro edades en este sistema son el Krita o Satya-yuga (cuatro unidades), el Treta-yuga (tres), el Dvapara-yuga (dos) y el Kali-yuga (uno), componiendo todo el período décuplo un Maha-yuga. El Krita-yuga corresponde a la Edad de Oro, y el Kali-yuga, al actual período de tiempo.

     Cada descripción del período de Edad de Oro relata cómo los "dioses" anduvieron con los hombres en un ámbito perfecto y armonioso equilibrado entre lo terrestre y lo celestial. La Humanidad no sufría ninguna enfermedad y no envejecía en este paraíso eterno. Después de la Caída, el hombre "cayó" en el Tiempo y el sufrimiento, perdiendo el regalo de la inmortalidad.

     La señora Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, afirmó que la "segunda raza-raíz" se originó en Hiperbórea, antes de las razas posteriores de Lemuria y Atlántida. El metafísico ruso Aleksandr Dugin dice que ése fue el hogar del "pueblo solar", relacionado con lo que es ahora Rusia del Norte. El "pueblo solar", explica Aleksandr Dugin, es de un "tipo cultural y espiritual" que es creativo, enérgico y espiritual. Ellos son lo opuesto del "pueblo lunar", un tipo psico-espiritual éste que es materialista, conservador y receloso del cambio.

     Los antiguos griegos tenían una leyenda de Hiperbórea, una tierra de Sol perpetuo más allá del "viento del Norte". Hecateo de Mileto (hacia 500 a.C.) dice que el lugar santo de los hiperbóreos, que fue construído "según el modelo de las esferas", está "en las regiones más allá de la tierra de los celtas" en "una isla en el océano". Según relatos populares, el templo del dios Apolo en Delfos fue fundado por individuos de Hiperbórea. El poeta lírico griego Alceo de Mitilene (600 a.C.) cantó el viaje real o místico de Apolo a la tierra de los hiperbóreos:

    «Oh, Rey Apolo, hijo del gran Zeus, a quien tu padre te proveyó cuando naciste con una diadema de oro y una lira de caparazón, y dándote además un carro tirado por cisnes, con el que fueras a Delfos... Pero, sin embargo, una vez montado, tus cisnes además vuelan a la tierra de los hiperbóreos».

     El uso de un traje bordado con estrellas por parte del Rey y "Gobernante del Mundo" —sirviendo la esfera celestial como un símbolo de la terrenal— es una costumbre que puede ser remontada hasta los hiperbóreos. Bordadas en oro sobre la seda azul estaban las figuras del Sol, la Luna y las estrellas. Tales trajes fueron llevados puestos por los reyes de la antigua Roma y por Julio César, así como por Augusto y los Emperadores romanos.

     Las figurillas de barro encontradas en una tumba en Yugoslavia muestran al "hiperbóreo Apolo" en un carro tirado por cisnes. El dios lleva en su cuello y pecho una figuras amarillas del Sol y las estrellas; en su cabeza hay una corona de rayos con un cintillo que tiene un modelo de zigzag. Su túnica, que llega hasta el suelo, es azul oscuro con diseños amarillos.


Colapso de Hiperbórea

     Una de las teorías más populares para el colapso de Hiperbórea es que ésta sufrió una inclinación física (catástrofe) del eje de la Tierra. La transgresión del hombre de la Ley Divina causó un cambio en el equilibrio metafísico, el efecto del cual fue catastrófico en el plano de la Tierra. Julius Évola, el conocido metafísico italiano, explica que en este punto se cerró el primer ciclo de la Historia, y que comenzó el segundo, el atlante:

     «El recuerdo de esta sede ártica es el patrimonio de las tradiciones de muchos pueblos, en la forma de verdaderas alusiones geográficas, o de símbolos de su función y significado original, a menudo transferido a un significado supra-histórico, o aplicado a otros centros que pueden ser considerados como copias del original... Por sobre todo, uno notará la interacción del tema ártico con el tema atlántico... Es sabido que el fenómeno astrofísico de la inclinación del eje de la Tierra causa un cambio del clima de una época a otra. Además, como la tradición cuenta, esta inclinación ocurrió en un momento dado, y, de hecho, mediante la alineación de un hecho físico y un hecho metafísico, como si un desorden en la Naturaleza estuviera reflejando una cierta situación de un orden espiritual... En cualquier caso, fue sólo en un cierto momento que el hielo y la noche eterna descendieron sobre la región polar. Luego, con la emigración forzada desde aquella sede, el primer ciclo se cerró y se abrió el segundo, iniciando la segunda gran Era, el Ciclo Atlante» [Revolt Against the Modern World, 1951].

     La memoria de una Edad de Oro, aunque presentada en una forma arquetípica o mitológica, sirve para un propósito supra-histórico. Esto explica por qué la rememoración de la antigua civilización de Atlántida está a veces entremezclada con la de Hiperbórea. No podemos esperar "demostrar" la existencia física de estas civilizaciones. Se sabe que todos los mitos tienen una base histórica. Transmitidos principalmente por la tradición oral, ellos están envueltos en una historia pegadiza y sencilla que asegura su supervivencia y su transmisión a través de los años. El mito sirve para una función extremadamente vital: un recuerdo de nuestros principios, un conocimiento de hacia dónde nos dirigimos, y lo que se supone que nosotros hacemos. Es sólo ahora en el Kali-yuga que nos hemos desconectado de la tradición, perdiendo la capacidad de interpretar correctamente y de entender mitos con núcleos históricos verdaderos.


Hiperbórea Revivida

     La leyenda de Hiperbórea revivió durante los siglos XVIII y XIX cuando se publicó una gran cantidad de libros que trataban con la idea de que la civilización había aparecido primeramente no en el Oriente Medio sino en otra parte.

     La teoría popular de entonces postulaba que los llamados "arios" (europeos) eran superiores y más inteligentes que los semitas (pueblos de Oriente Medio). Por lo tanto, lógicamente, la civilización no podía haberse originado en el Oriente Medio, y con toda probabilidad el hebreo no había sido la primera lengua.

     Los franceses de la época de la Ilustración no tenían ninguna duda en cuanto a que "Edén" estuvo situado en una tierra elevada. Los alemanes, del mismo modo, que buscaban su Aufklärung, también procuraron liberarse de una historia vinculada al Mediterráneo y a las regiones de Oriente Medio. Los eruditos británicos y alemanes estudiaron la antigua civilización india (védica) y se inclinaron por la lengua sánscrita. Muchos creían que el sánscrito había sido la lengua original de los "arios".

     Con nuevas fuentes de conocimiento del antiguo Egipto, Caldea, China e India, los investigadores estaban pisando en un terreno peligroso en cuanto a cuestionar los orígenes del Hombre. La historia bíblica todavía era estrictamente sostenida, y moverse demasiado lejos de este límite histórico podía conducir a ser silenciado.

     Escritores tales como Jean-Sylvain Bailly (1736-1793), el doctor William Warren (siglo XIX), Bal Gangadhar Tilak (1856-1929) y H. S. Spencer (siglo XX), desarrollaron teorías, a menudo tomadas prestadas de fuentes más antiguas, que intentaban demostrar los orígenes del hombre en la región polar.

     El libro de Tilak "Artic Home" (publicado en 1903) comienza declarando el hecho bien conocido de que el clima cálido permanece en las regiones árticas, lo que muestra que el clima era muy diferente durante el período interglacial. Según Tilak, los científicos admiten realmente la existencia, en el pasado, de un continente circumpolar cálido, y las circunstancias allí no habrían sido tan desfavorables como se ha imaginado.

     Tilak estaba convencido de que los antiguos textos indios védicos señalaban de modo inconfundible un "reino de los dioses" donde el Sol se levanta y se pone una vez al año, mostrando que sus escritores podían entender las condiciones astronómicas en el Polo Norte.

     Tilak, que tenía un dominio perfecto de la lengua védica, ubicó la existencia del hogar ártico original alrededor de 10.000 a.C., justo antes de su destrucción y del principio de la última Era Glacial.

     Su libro tuvo poco impacto en Occidente, pero fue popular en India. Cuando el docto zoroastriano H. S. Spencer escribió su libro "The Aryan Ecliptic Cycle" (1965), un desarrollo del trabajo de Tilak, él fue capaz de obtener el respaldo de sir S. Radhakrishna, entonces presidente de India, así como de dignatarios de la Sociedad Teosófica en Adyar y del ashram de Sri Aurobindo en Pondichary.

     El enfoque de Spencer comenzaba no con las escrituras védicas sino con las zoroastrianas, yendo más allá que Tilak al trazar el avance de los "arios" desde el Norte a sus nuevos hogares, y los cismas que los asediaron por el camino.

     Los "arios" de Spencer hicieron sentir su presencia después de que ellos viajaron por todas partes. Ellos dieron forma a las religiones y las culturas de Egipto, Sumeria, Babilonia y las de los semitas, adoradores hasta ese momento de deidades lunares femeninas.

     Sin embargo, la búsqueda realizada por muchos investigadores de una "Hiperbórea" terrestre y el desplazamiento de una "raza" original, ha sido extremadamente dificultosa y atrevida. Demostrar la posible residencia humana en el Polo Norte en algún momento entre 8.000 y 10.000 a.C. no es ninguna hazaña menor, en particular si usted vivía en el siglo XVIII. Las numerosas teorías postuladas que han ofrecido "evidencias" contradictorias o tendenciosas han servido sólo para desacreditar la noción entera de Hiperbórea. Lo mismo podría ser dicho de teorías que intentan demostrar la existencia del "continente perdido de la Atlántida". La tendencia a demostrar la realidad de una Hiperbórea terrestre ha eclipsado su importancia esotérica y simbólica.


El Polo Espiritual

     En la búsqueda para descubrir la localización "física" de Hiperbórea, la mayor parte de los escritores pasaron por alto la posibilidad de que la mitología haya servido para un objetivo simbólico y espiritual especial. ¿Y si la verdad detrás de la leyenda fuera esotérica, y no exotérica, como algunos incluso hoy todavía sostienen?.

     Muchas tradiciones hablan de un centro espiritual supremo o "país supremo", el "país supremo" que no necesariamente está en un punto terrenal específico, pero existe en un estado primordial, no afectado por cataclismos terrestres.

     El "país supremo", comúnmente considerado como "polar" en su orientación, siempre es representado simbólicamente como estando en el "Eje del Mundo", y en la mayor parte de los casos es mencionado como una "Montaña Sagrada". René Guénon en su libro "El Señor del Mundo" dice:

     «Casi cada tradición tiene su nombre para esta montaña, tal como el Meru hindú, el persa Alborj, y el Montsalvat de la leyenda occidental del Grial. Está también la montaña árabe Qaf y el Olimpo griego, que tiene desde muchos puntos de vista el mismo significado. Esta montaña consiste en una región que, como el Paraíso Terrenal, se ha hecho inaccesible para la Humanidad ordinaria y está más allá del alcance de aquellos cataclismos que trastornan el mundo humano al final de ciertos períodos cíclicos. Esta región es el auténtico "país supremo" que, de acuerdo a ciertos textos védicos y avésticos, estaba originalmente situado hacia el Polo Norte, incluso en el sentido literal de la palabra. Aunque pueda cambiar su localización según las diferentes fases de la historia humana, todavía permanece como polar en un sentido simbólico, porque esencialmente representa el eje fijo alrededor del cual todo gira» [René Guénon, The Lord of the World, p. 50].

     Los textos védicos dicen que el "país supremo" es conocido como Paradesha, también llamado el "Corazón del Mundo". Es la misma palabra de la cual los caldeos formaron Pardes, y Paraíso los habitantes de Occidente.

     Existe, sobre todo, otro nombre para ello probablemente aún más antiguo que Paradesha. Ese nombre es Tula, llamado por los griegos Thule. Común a las regiones desde Rusia a América Central, Tula representó el estado primordial desde el cual emanaba el poder espiritual.

     «Es sabido que el lugar mejicano llamado Tula (Tolan) debe su origen a los toltecas que llegaron, se dice, de Aztlán, la "tierra en medio del agua", que es evidentemente la Atlántida. Ellos llevaron el nombre Tula desde su país de procedencia y se lo dieron a un centro que por consiguiente debe haber sustituído, hasta cierto punto, el del continente perdido. Por otra parte, el Tula atlante debe ser distinguido del Tula hiperbóreo, ya que este último representa el centro primero y supremo...» [René Guénon, The Lord of the World, p. 56].

     En este caso, Tula, que representa un centro de autoridad espiritual, no permanece fijado en una localización geográfica. Guénon declara que el ciclo atlante, sucesor del ciclo hiperbóreo, está asociado con Tula. El Tula atlante es una imagen del estado primordial original situado en una posición del Norte o polar. A medida que los ciclos del mundo progresan hacia adelante, la sede suprema del poder espiritual retrocede más y más a la clandestinidad y la oscuridad. Esto, por supuesto, es deliberado y previsible cuando la Humanidad desciende hacia el final de la Edad (Kali-yuga), entrampándose cada vez más en el plano material hasta que sea impuesta la inversión del orden mundial establecido.

     Debería enfatizarse aquí que Tula, o el centro de la autoridad espiritual, constituye el punto fijo conocido simbólicamente en todas las tradiciones como el "polo" o eje alrededor del cual el mundo gira. Metafísicamente hablando, el mundo gira alrededor de este centro de poder incluso si no es geográficamente del Norte o del Sur.

     En la tradición budista "Chakravarti" significa literalmente "el que hace girar la rueda", que equivale a decir aquel que, estando en el centro de todas las cosas, dirige todo el movimiento sin participar él mismo, o el que es, para usar las palabras de Aristóteles, el "motor inmóvil".

     El girar del mundo, el "Polo" y el eje, se combinan para representar una rueda en las tradiciones celticas, caldeas e hindúes. Tal es el verdadero significado de la esvástica, vista por todo el mundo desde el Lejano Oriente al Lejano Oeste, que es intrínsecamente el "signo del Polo".


El Polo y la Iluminación Mística

     Es en el Irán medieval (Persia) que encontramos la literatura existente sobre el Polo Espiritual y la experiencia de la ascensión mística hacia él. Los sufíes iranios, tomando no sólo las tradiciones del Islam sino de las de los mazdeístas, los maniqueos, los herméticos, las tradiciones gnósticas y platónicas, mezclaron un conocimiento sagrado reputado como "científico", místico y filosóficamente práctico.

     «Esotéricamente, los teósofos persas situaban su "Oriente" ni hacia el Este ni hacia el Sur reseco al cual ellos se volvían para rezar hacia la Ka'ba. "El Oriente buscado por el místico, el Oriente que no puede ser localizado en nuestros mapas, está en dirección del Norte, más allá del Norte" (The Man of Light in Iranian Sufism, de Henry Corbin, 1978). Alrededor de este Polo reina una Oscuridad perpetua, dice en "El Filósofo Autodidacta" (o Historia de Hayy ibn Yaqzan), uno de los visionarios relatos de Avicena (Ibn Sina). "Cada año el Sol creciente brilla sobre allí en un tiempo fijo. El que confronta aquella Oscuridad y no rechaza sumergirse en ella, sin temor a las dificultades, llegará a un enorme espacio, ilimitado y lleno de luz" [Ibíd]. Esta Oscuridad, dice Corbin, es la ignorancia del hombre natural. "Pasar a través de ella es una experiencia aterradora y dolorosa, ya que arruina y destruye todas las cosas obvias y las normas bajo las cuales el hombre natural vivía y de las que dependía..." [Ibíd]. Pero debe ser afrontada conscientemente antes de que uno pueda adquirir la gnosis salvadora del más allá de la luz.

     «La Oscuridad alrededor del Polo, anualmente atravesada por los rayos del Sol, es a la vez terrestre y simbólica. Por una parte, ésta es la situación en el Polo Norte, donde hay seis meses de noche y seis de día. Es característico de la tradición esotérica que la misma imagen sea válida en dos o más niveles. Pero, como Corbin y Guénon nunca se cansan de señalar, el nivel simbólico no es un constructo imaginario sobre la base del hecho terrestre puro: es completamente al revés. En el presente caso, la experiencia mística de penetrar la Oscuridad en el Polo es la realidad fundamental y la experiencia auténtica del individuo. El hecho que el mecanismo del mundo material refleje la geografía celestial es lo contingente. En resumen, en esta enseñanza como en el platonismo, es el reino suprasensible el verdadero, y el reino material el que es una sombra de ello» [Joscelyn Godwin, Arktos, The Polar Myth in Science, Symbolism and Nazi Survival, p. 167-8].

     El buscador, a través de la meditación profunda sobre asuntos espirituales, tiene éxito en entrar a un mundo de experiencia mística, y hace una peregrinación a una Hiperbórea que no puede ser descubierta en los mapas. Aristeas, el poeta griego, en un éxtasis chamánico, se dice que hubo viajado a Hiperbórea mientras estaba "poseído por Apolo". Los místicos viajes del alma a Hiperbórea son comunes en la literatura griega antigua.

     El viaje a este Polo es a veces ilustrado como el ascenso de una columna de luz, que se extiende desde las profundidades del infierno al paraíso luminoso en el Norte cósmico.

     Como se mencionó anteriormente, el Polo es también una Montaña, llamada el Monte Qaf en la tradición islámica, cuya subida, como el ascenso hecho por Dante de la montaña del Purgatorio, representa el progreso de los peregrinos a través de estados espirituales.

     Guénon, en "El Señor del Mundo", explica que «la idea que evoca la representación en discusión es esencialmente una de "estabilidad", que es una característica del Polo». La Montaña, referida como una "Isla", «permanece inmóvil entre la agitación incesante de las olas, una perturbación que refleja la del mundo externo. En consecuencia, es necesario cruzar el "mar de las pasiones" a fin de alcanzar el "Monte de la Salvación", el "Santuario de la Paz"».

     Nuestra búsqueda de Hiperbórea es nuestro deseo de retornar a Paradesha o Paraíso, la primavera primordial de la existencia original del Hombre. La importancia de conocer la localización terrestre de una civilización perdida en las regiones del Norte es así eclipsada por su importancia simbólica.

     Buscar Hiperbórea es buscar una iluminación espiritual. La Montaña, la Isla, la Roca inmóvil, fijada en una orientación polar, comunica una representación simbólica de nuestra búsqueda de la Realidad Última. Su inmovilidad nos ancla a esta importante tarea.−





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