BUSCAR en este Blog

lunes, 5 de agosto de 2013

Richard Smoley - René Guénon y el Kali-Yuga



    En newdawnmagazine.com hallamos hace un tiempo este texto que sólo ahora hemos puesto en castellano y que se publicó hace casi tres años, escrito por el teósofo Richard Smoley, autor de los libros "The Dice Game of Shiva: How Consciousness Creates the Universe", "Hidden Wisdom: A Guide to the Western Inner Traditions", "Inner Christianity: A Guide to the Esoteric Tradition", "Forbidden Faith: The Secret History of Gnosticism", y "Conscious Love: Insights from Mystical Christianity". Como se deducirá de estos títulos, el artículo a continuación también trata de esoterismo, pero centrándose en la figura del pensador René Guénon.


Esperando el Final del Mundo:
René Guénon y el Kali-Yuga
por Richard Smoley
19 de Septiembre de 2010



     Actualmente el temor —o la esperanza— del cierre de la Era impregna el aire como un vapor espeso. A veces este final es previsto como una calamidad medioambiental, a veces como la segunda venida de Cristo, a veces como el retorno de los hermanos espaciales para reclamar lo suyo propio.

     Figuras que incluyen a Jose Argüelles, el profeta de la Convergencia Armónica de 1987, a Terence McKenna, el fallecido Papa de la psicodelia, y a la entidad canalizada conocida como Kryon, han apuntado a 2012 como el punto decisivo.

     Una figura menos conocida, aunque de una manera igualmente influyente, fue el filósofo esotérico francés René Guénon, cuyas escrituras a menudo hablan del final de un ciclo que él comparó con el Kali-yuga, la "edad oscura" de la cosmología hindú. Aunque él no señaló 2012 o ninguna otra fecha específica, sus ideas resuenan realmente con algunas de estas expectativas para la naciente Era venidera

     Nacido en Blois, Francia, en 1886, Guénon tuvo una educación convencional en matemáticas. En su juventud él comenzó a explorar las corrientes ocultistas en París y fue iniciado en grupos esotéricos relacionados con la francmasonería, el martinismo, el taoísmo y el Advaita Vedanta. En 1911 él fue iniciado en una orden sufí al mando de un jeque egipcio, Abder Rahman Elish El-Kebir. En 1930 él se trasladó a Egipto, donde se convirtió al Islam y vivió hasta su muerte en 1951. Mientras tanto, él publicó una amplia variedad de libros, artículos y reseñas exponiendo lo que él dijo que era la tradición universal y primordial que subyace en todas las religiones.

     Para Guénon, la tradición es el non plus ultra de la vida humana. Él concibe la tradición como una jerarquía: el conocimiento superior emana desde un centro espiritual, ahora escondido a toda la especie humana, por medio de las tradiciones "ortodoxas", entre las cuales él incluye (con muchas salvedades y reparos) a las grandes religiones mundiales así como a ciertas otras líneas tales como la francmasonería. O, para ponerlo más exactamente, esta tradición es preservada en ciertos linajes iniciáticos que están empotrados en esta fe, como la Cábala en el judaísmo, el taoísmo en la religión china, y el sufismo en el Islam. La dimensión esotérica del cristianismo —él creía— prácticamente había desaparecido hacia finales de la Edad Media y estaba conservada ahora (si de alguna manera) por pequeños grupos iniciáticos que él aparentemente consideraba como inaccesibles. En realidad, la conversión de Guénon al Islam estuvo motivada en parte por su creencia de que estos linajes occidentales se habían extinguido casi completamente hacia el siglo veinte.

     De hecho, según Guénon, esta transmisión del conocimiento tradicional —la "doctrina", como él a menudo la denomina— ha llegado a estar casi completamente bloqueada en nuestra época. Esto —él argumentaba— es el resultado de un largo ciclo cósmico que es llamado un Manvantara en la cosmología hindú, y que está dividido en cuatro yugas o edades: el Satya-yuga, el Treta-yuga, el Dvapara-yuga, y el presente Kali-yuga. Los problemas y las ansiedades de la actual época son el resultado de esta última Edad. Vale la pena explorar por qué él creía esto y lo que él pensaba que esto significaba.


El Reinado de la Cantidad y el Final de una Era

     Guénon era primaria y principalmente un metafísico. En efecto, él fue uno de los más grandes y más lúcidos pensadores que han ahondado en este arcano asunto. Y para él, la metafísica se refiere a los principios universales; los detalles de circunstancias son de valor sólo en tanto que éstos ilustren a aquellos. Al comienzo de su obra más conocida, El Reinado de la Cantidad y los Signos de los Tiempos (publicada primeramente en 1945), él escribe que "las consideraciones de ese orden" —a saber, los detalles objetivos— «no sirven de nada excepto en cuanto ellos representan una aplicación de principios a ciertas circunstancias particulares» [René Guénon, The Reign of Quantity and the Signs of the Times, Middlesex, UK, Penguin, 1972, p.7].

     Así, Guénon dijo que él no era un profeta en ningún sentido convencional del término. Él no fue un visionario y creía que la profecía visionaria de la época actual no era nada más que una nube de mentiras emitidas por siniestras fuerzas "contra-iniciáticas". Si él habló de una perspectiva que hizo posible "prever, al menos en sus líneas generales, lo que será la forma de un mundo futuro", él insistió en que «las visiones proféticas de esta clase no tienen realmente ningún carácter "adivinatorio" en absoluto, sino que están fundadas completamente en... las determinaciones cualitativas del tiempo» [Guénon, The Reign of Quantity, p.57].

     El uso de la palabra "cualitativa" puede parecer inusual aquí, pero para Guénon la polaridad entre "calidad" y "cantidad" era central para comprender la dinámica en juego. En su libro de 1931 El Simbolismo de la Cruz, él describió la realidad en la forma de una cruz tridimensional, una que tiene la dimensión de altura y profundidad además de las dos familiares de longitud y anchura. En lo alto de esta cruz está lo que él llamó la "cualidad absoluta", un estado abstracto que es imposible de concebir por nosotros, porque no tiene ningún elemento de cantidad en absoluto. (Un interesante juego mental: trate de concebir un universo en el cual no hay ningún número o cantidad de ninguna clase. Es casi imposible). En el fondo de esta cruz está la "cantidad absoluta", otro estado abstracto que es imposible de concebir. (Nuevamente, trate de imaginar un universo donde existe sólo el número, en el cual no hay nada que tenga ninguna cualidad particular como color, forma, o algo más de esa especie).

     De aquí que no sea posible en este nivel relativo de la existencia alcanzar el final absoluto de cada polo; pero en una época dada, uno de los dos será más pronunciado y el otro menos pronunciado en un grado exactamente inverso. Según Guénon, el Manvantara se desenvuelve en un ciclo de edades de duración, desde una Era donde es enfatizada la cualidad —el tiempo legendario conocido por los hindúes como el Satya-yuga y por los griegos antiguos como la Edad de Oro— a una Era en la cual la cantidad llega a dominar cada vez más. Esta última es nuestra Era actual, el Kali-yuga o lo que los griegos llamaron la Edad de Hierro. Por eso Guénon habla de la Era actual como una de "el reinado de la cantidad". Él llega a sostener que todas las características primarias de nuestro tiempo son el resultado de este reinado de la cantidad.

     Guénon presenta a la filosofía y a la ciencia modernas como evidencia para su argumento. La filosofía occidental moderna para todos los efectos y propósitos comienza con René Descartes (1596-1650), quien dividió el mundo en lo que él llamó res cogitans (literalmente, "la cosa que piensa") y res extensa (literalmente, "la cosa expandida"). Es decir, el mundo es dividido en el que experimenta —res cogitans— y en el que es experimentado: res extensa. Según Descartes (al menos como es interpretado por Guénon), todo lo material está caracterizado por —y sólo por— la extensión, por aquello que puede ser medido y cuantificado.

     Mientras todo esto puede parecer muy abstracto, Guénon argumentó —correctamente, me parece— que esta actitud ha formado profundamente el pensamiento occidental durante los siglos pasados. Esencialmente, dice él, la ciencia materialista se enfoca exclusivamente en la cantidad: «El punto de vista más específicamente "científico" como el mundo moderno lo entiende... procura rebajar todo a algo cuantitativo, y cualquier cosa que no pueda ser tratada así no es tomada en cuenta, y es considerada como más o menos inexistente» [Guénon, The Reign of Quantity, p.85]. Lamentablemente, como Guénon sigue diciendo, esto crea un enorme número de contradicciones lógicas. La ciencia concebida puramente en términos de cantidad sostiene que las mismas causas producen los mismos efectos, pero como Guénon señala, esto es absurdo, por cuanto no hay dos acontecimientos que sean completamente idénticos alguna vez. Él también critica «la ilusión que consiste en pensar que un gran número de hechos puede ser de uso en sí mismo como "prueba" de una teoría; ...incluso un pequeño pensamiento hará evidente que hechos de la misma clase son siempre indefinidos en la multitud, de modo que ellos nunca pueden ser considerados en su totalidad» [Guénon, The Reign of Quantity, p.87].

     Éste es exactamente el problema que los filósofos contemporáneos llaman "la justificación de la inducción". Usted basa una teoría en un número de acontecimientos similares que han ocurrido en el pasado; pero ¿cómo puede usted explicar aquellos que usted no ha visto, y cómo puede usted estar seguro de que los futuros hechos producirán los mismos resultados?. La noción de causalidad es al menos problemática [1]. Estos hechos colocan un techo en el grado hasta el cual la ciencia puede entender y explicar el universo.

[1. Para una discusión más completa de estos asuntos, vea mi libro The Dice Game of Shiva: How Consciousness Creates the Universe, Novato, California, New World Library, 2009, caps. 4 y 5].


El Verdadero Significado de "Valor"

     Como incluso esta breve discusión sugiere, Guénon plantea cuestiones filosóficas profundas, y el pensamiento contemporáneo no ha hecho un trabajo muy impresionante que digamos para enfrentarse con ellas. Pero, él argumenta, los problemas van más allá. En un capítulo de El Reinado de la Cantidad titulado "La Degeneración de la Moneda", él explora los aspectos económicos de la cuestión. A primera vista, uno podría pensar que nada es más puramente cuantitativo que el dinero. Pero eso, sostiene Guénon, es una ilusión fomentada por la época degenerada en la que vivimos: «El punto de vista "económico"..., y la concepción exclusivamente cuantitativa del dinero que es inherente a él, son sólo productos de una degeneración que es en general bastante reciente, ...dinero poseído en su origen, y retenido durante mucho tiempo, [con] un carácter completamente diferente y un valor verdaderamente cualitativo, notable como esto pueda parecer a nuestros contemporáneos» [Guénon, The Reign of Quantity, p.133].

     En las sociedades tradicionales, dice Guénon, el dinero tenía un carácter sagrado. No sólo las monedas eran estampadas con las imágenes de los dioses y otros símbolos sagrados, sino que el dinero era controlado por las autoridades espirituales más bien que por los poderes seculares. El dinero se suponía que era un recordatorio de "valor" en un sentido tanto cualitativo como cuantitativo. Hoy, sin embargo, «nadie es capaz ya por más tiempo de concebir que el dinero pudiera representar algo además de una simple cantidad» [Guénon, The Reign of Quantity, p.136]. Incluso palabras tales como "valor" y "estimación" han sido privadas de su carácter cualitativo, y hoy, cuando preguntamos cuánto vale un hombre, casi siempre pensamos en términos de dinero efectivo más bien que de calibre moral o espiritual.

     Este enfoque cuantitativo se extiende a cada objeto que usamos. «En una civilización tradicional», escribe Guénon, «cada objeto estaba al mismo tiempo tan perfectamente adaptado como era posible para el uso para el cual estaba inmediatamente destinado, y también estaba hecho de modo que pudiera en cualquier momento, y debido al hecho mismo de que se le estaba dando un verdadero uso (en vez de ser tratado más o menos como una cosa muerta, como los modernos hacen con todo lo que ellos consideran como una "obra de arte"), servir como un "apoyo" para la meditación... así ayudando a todos a elevarse a un estado superior según la medida de sus capacidades» [Guénon, The Reign of Quantity, p.137]. Un ejemplo obvio son las herramientas de la Masonería, como la escuadra, el compás y la plomada, cada una de las cuales estaba orientada a comunicar un sentido espiritual y ético en los días en que la Masonería estaba limitada a la práctica de los albañiles de la piedra. Los productos manufacturados no tienen tal significado o valor.

     No es posible aquí seguir adelante en la crítica de Guénon, pero incluso este breve artículo revela que sus percepciones sobre los infortunios de la época actula eran notablemente perspicaces y proféticas. En La Crisis del Mundo Moderno, publicado en 1927, él dijo: «Ha de esperarse que los descubrimientos, o más bien las invenciones mecánicas e industriales, continuarán desarrollándose y multiplicándose cada vez más rápidamente hasta el final de la época actual; y quién sabe si, considerando los peligros de destrucción que ellas llevan en sí mismas, no serán uno de los agentes principales en la catástrofe final, si las cosas alcanzan un punto en el cual ésta no puede ser evitada» [René Guénon, The Crisis of the Modern World, Ghent, N.Y., Sophia Perennis et Universalis, 1996, p.39].

     La acusación de Guénon de que el mundo moderno no tiene ningún uso aparte de la cantidad podría ser justificada por casos de cada fuente concebible. Escribiendo sobre el derrame de petróleo llevado a cabo por British Petroleum en el Golfo de México, un artículo de primera página en el The Wall Street Journal a principios de Julio de 2010 reportó: "BP está tratando de arreglar su pozo de petróleo fuera de control en el Golfo para el 27 de Julio, posiblemente semanas antes de la fecha límite que la compañía está discutiendo públicamente, en un intento de mostrar a los inversionistas que ha logrado contener sus aumentadas responsabilidades financieras". ¿Por qué BP eligió esa fecha?. "La fecha-objetivo del 27 de Julio es el día que se espera que la compañía reporte las ganancias del segundo trimestre y hable a los inversionistas" [Monica Langley, "BP Sets New Spill Target", The Wall Street Journal, 8 de Julio de 2010, A1]. En otras palabras, el hecho de que el derrame de BP, uno de los mayores desastres medioambientales en la Historia, haya ensuciado una gran parte del Golfo de México, matado a innumerables criaturas, y devastado las vidas de las personas a lo largo de la costa del Golfo, no era razón suficiente para la compañía para apresurarse: necesitaba un reporte de ganancias del segundo semestre como aguijón para ponerse en acción. Nada podría ilustrar el reinado de la cantidad más claramente.


El Kali-yuga

     Dicho todo esto, cuando llegamos a la argumentación de Guénon sobre el Kali-yuga como una doctrina hindú tradicional, él está sobre un terreno mucho más inestable. Él dice que el Kali-yuga comenzó hace aproximadamente seis mil años [Guénon, The King of the World, New York, p.49]. Él también dice que esta Era está cerca de su final. En La Crisis del Mundo Moderno él escribe: «Hemos entrado de hecho en la última fase del Kali-yuga, el período más oscuro de la "edad oscura", el estado de disolución desde el cual es imposible emerger excepto mediante un cataclismo» [Guénon, The Crisis of the Modern World, 17.14].

     No todas las fuentes tradicionales están de acuerdo sobre este punto. El sabio hindú Sri Yukteswar, mejor conocido como el maestro del famoso yogui Paramahansa Yogananda, habla del asunto en su libro La Ciencia Sagrada. Sri Yukteswar dice que el Kali-yuga realmente ha terminado, aunque esto no haya sido reconocido incluso por muchas autoridades hindúes. Irónicamente, a la luz de las afirmaciones de Guénon, fue la misma obstrucción del centro sagrado lo que hizo imposible calcular los yugas correctamente.

     La datación tradicional para el comienzo del Kali-yuga parte de la muerte de Krishna, el avatar de Vishnú, al final de la guerra entre los Pandava y los clanes Kaurava, relatada como crónica en la epopeya hindú el Mahabharata. Algunas fuentes datan esto en 3012 a.C., otros en 1400 a.C. Cuando el Kali-yuga comenzó a alborear, Yudhisthira —el victorioso rey Pandava— entregó su trono a su nieto, Raja Parikshit. "Junto con todos los sabios de su corte", según Sri Yukteswar, Yudhisthira "se retiró a los montes Himalayas, el paraíso del mundo. De esa manera, no había nadie en la corte de Raja Parikshit que pudiera entender el principio de calcular correctamente los años de los distintos yugas" [Jnananavatar Swami Sri Yukteswar, The Holy Science, Los Angeles, 1990, págs.16-17].

     Sri Yukteswar sostiene que el Kali-yuga realmente terminó en 1699 d.C. Mientras que sus puntos de vista pueden haber estado imbuídos con una creencia en el progreso, debido aquello a su propia educación británica y no necesariamente correspondiente a las creencias de la mayoría de los hindúes, por lo menos su pretensión de ser una fuente del conocimiento "tradicional" es mucho más alta que la de Guénon. David Frawley, un astrólogo védico estadounidense, está de acuerdo con Sri Yukteswar en su afirmación de que el Kali-yuga terminó en 1699 [2]. En cualquier caso, la datación está lejos de ser clara. En efecto, muchas fuentes tradicionales calculan por una escala mucho más grande la duración del Kali-yuga, colocando su duración en 432.000 años. Si éste fuera el caso, esto haría cualquier final inminente para esta época algo altamente improbable [3].

[2. David Frawley, Astrology of the Seers: A Guide to Vedic/Hindu Astrology, Twin Lakes, Wisconsin, Lotus, 2000, págs. 36-39].
[3. Para un práctico resumen de las diversas opiniones, vea Joseph Morales, "The Hindu Theory of World Cycles in the Light of Modern Science", http://baharna.com/karma/yuga.htm].

     Una de las fuentes que más se acerca a la opinión de Guénon con respecto al Kali-yuga es H.P. Blavatsky (1831-1891), fundadora de la Sociedad Teosófica. En su opus magnum, La Doctrina Secreta, Blavatsky escribe: "El Kali-yuga reina ahora sin disputa en India, y parece coincidir con la época occidental" [H.P. Blavatsky, The Secret Doctrine, 1:377]. Blavatsky, que escribe alrededor de 1888, data el comienzo de esta época a "hace 4.989 años" —cerca de la fecha tradicional de 3012 a.C.— y coloca su final aproximadamente a fines del siglo XIX: "No tenemos que esperar mucho tiempo, y muchos de nosotros presenciarán el Amanecer del Nuevo Ciclo" [Blavatsky, The Secret Doctrine, 1:XLIII-XLIV].

     Este parecido es muy sui generis, porque Guénon aborrecía a Blavatsky y a la Teosofía, y los criticó en su primer libro publicado, "Teosofía: Historia de una Pseudo-Religión". Para Guénon, la teosofía era la última fuerza contra-iniciática, que distorsionaba y pervertía la verdad del conocimiento tradicional. Él detestaba especialmente la doctrina teosófica de la evolución, que enseña que cada criatura —en realidad cada átomo— progresa en un ciclo de involución en la materia seguido de una evolución hacia la conciencia superior. El punto de vista teosófico es similar al de Guénon, cuando afirma que la época actual es aquella en la cual la materialidad es lo más dominante y que está llegando a un final, pero la teosofía generalmente describe el progreso de la raza humana en términos mucho más positivos que Guénon.

     Las conexiones entre Guénon y la Teosofía son intrincadas. Uno de sus primeros profesores espirituales (de Guénon) fue el ocultista Papus (Gérard Encausse), que era el líder de la rama francesa de la Sociedad Teosófica; y el académico Mark Sedgwick, cuyo libro Contra el Mundo Moderno es la mejor introducción al impacto del pensamiento de Guénon, ve a la Teosofía como una de principales influencias de Guénon [4]. Siendo imposible entrar en esa controversia aquí, está al menos claro que tanto Blavatsky como Guénon creían que el final del Kali-yuga estaba a la mano. Otra figura central en el esoterismo del siglo XX, C.G. Jung, no trató con mucho detalle sobre el Kali-yuga, pero en Æon, su análisis compendioso del simbolismo de las Eras astrológicas, él sugiere 1997 como el punto de partida de la Nueva Era, por intrincadas razones astronómicas [5].

[4. Mark Sedgwick, Against the Modern World: Traditionalism and the Secret Intellectual History of the Twentieth Century, Oxford, Oxford University Press, 2004, págs. 40-44].
[5. C.G. Jung, Aion: Researches into the Phenomenology of the Self, Princeton, 1959, p.94].


Esperando el Final del Mundo

     ¿Estamos, entonces, al final de un ciclo?. En un sentido, sí, por supuesto que lo estamos. Hay muchos ciclos en la Naturaleza: cada año, cada día, es el final de un ciclo. Pero si estamos al final del Kali-yuga está, por lo menos, sujeto a discusión. Mi propia impresión es que los más genuinamente tradicionales hindúes tienden a ver al Kali-yuga en términos de un marco de tiempo mucho más extenso, de 432.000 años. Mientras Guénon vilipendió a Occidente y su tentativa de erosionar los valores tradicionales de la civilización asiática, irónicamente su opinión de que el final está a la mano está mucho más cercana al espíritu del cristianismo, la última religión occidental —que durante 2.000 años ha estado prediciendo el regreso inminente de Jesús—, que al pensamiento hindú.

     ¿Qué significa esto en términos prácticos para nosotros hoy?. Esperar el final del mundo (o de la Era) es una especie de narcótico. Esto permite a la mente humana acomodar su propia noción de la justicia cósmica a la realidad circundante (porque los malvados —que son siempre, por supuesto, los demás— serán derribados, mientras los buenos —uno mismo y cualquier grupo con el que uno se identifique— será exaltado). Esto también sirve como lo que la psicología llama un desplazamiento del miedo a la muerte. Para cada uno de nosotros individualmente, el final del mundo ciertamente se está aproximando, en unas cuantas décadas para el que tenga el plazo más largo. Pero a los seres humanos les disgusta contemplar la certeza de la muerte. Ellos encuentran más fácil tratar con ella poniéndola en la forma remota y muy improbable de cualquier cataclismo que suceda, para satisfacer las modas del momento. (Para un tratamiento más completo de esta dinámica, vea el capítulo "Nostradamus y los Usos de la Profecía" en mi libro The Essential Nostradamus).

     Lamentablemente, no podemos quedarnos esperando el final del mundo para que solucione nuestros problemas. Si de verdad estamos en el umbral de una nueva Era, seremos capaces de cruzarlo sólo si desechamos el apocaliptismo artificial que impregna la cultura de masas y frente al cual Guénon, un pensador tan poderoso como él era, no estaba inmune.

     Sin embargo, la afirmación de Guénon de que estamos viviendo bajo el reinado de la cantidad es difícil de refutar. Uno sólo tiene que leer los principales diarios, como el The Wall Street Journal y The Economist, para ver que el verdadero protagonista en todas sus historias es el dinero, el dinero en abstracto, como una especie de entidad hipostática que estipula todo valor y dicta toda moralidad. Lo que es bueno, se nos dice, es lo que es bueno para el dinero. Si el Kali-yuga está a punto de terminarse o no, aún así podemos traer el final del reinado de la cantidad unos pasos más cerca examinándonos y asegurándonos de que los valores por los cuales guiamos nuestras vidas son más que simplemente económicos.–


No hay comentarios:

Publicar un comentario