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viernes, 10 de mayo de 2013

Eric Thomson - El Hitler que Amábamos




     El escritor noruego y Premio Nóbel Knut Hamsun, ante la supuesta muerte de Adolf Hitler, declaró el 1º de Mayo de 1945: "No soy digno de hablar en voz alta de Adolf Hitler, y su vida y obra no invitan a palabras sentimentales... Él fue un guerrero para la Humanidad y un heraldo del evangelio de justicia para todas las naciones. Él fue una figura reformadora del más alto rango, y fue su destino histórico el que él tuviera que trabajar en un tiempo de bajeza sin precedentes, que al final lo abatió. Así, supongo, debería el europeo occidental corriente considerar a Adolf Hitler". En un momento no posterior a Septiembre de 2003 se publicó el siguiente texto de Eric Thomson que hemos traducido, un homenaje que ha sido extractado del libro homónimo (The Hitler We Loved and Why) de Eric Thomson y Christof Friedrich (Ernst Zündel). Se presenta aquí una serie de razones por las cuales el autor declara que muchos sentían veneración por Adolf Hitler. Casi todas son razones de mucho peso y que tienen absoluta validez, puesto que son simplemente los eternos ideales de la gente en general Blanca, ideales que precisamente vino a encarnar y a defender el enviado por el Destino führer Adolf Hitler.

El Hitler que Amábamos y Por Qué
por Eric Thomson



     «En una sola voluntad se une la fuerza
de millones de vivos, de millones de muertos.
En una sola fe se congrega la fuerza
de innumerables millones de almas ansiosas.
En una sola mano el cálido saludo
de alegres multitudes de manos extendidas;
En un solo puño la demanda valiente
de filas interminables de puños endurecidos;
En un solo corazón la tormenta y la luz
de todos los corazones intrépidos de un pueblo.
Con la fuerza atronadora de campanas sonoras
su voz resuena por todo el mundo.
El mundo escuchará...»

(Gerhard Schumann).


     En ningún tiempo durante la Historia registrada ha tenido un líder, alguien que haya manejado poder en términos humanos, no como una popular figura decorativa o una celebridad, tal proximidad a sus seguidores y a su pueblo entero, como la tuvo Adolf Hitler. Aquello sólo puede ser llamado una relación de amor.

     ¿Qué otra cosa aparte del amor puede explicar la regocijada bienvenida del pueblo alemán a este humilde pero completamente dedicado salvador en las Marcas Orientales?. ¿Qué, además del amor, puede explicar cómo la gente de la gran Alemania permaneció con él en los malos tiempos y en los buenos, para mejor o para peor?. ¿Qué, además del amor, puede explicar el hecho de que aquellos que lo recuerdan lo aman todavía?.

     Lo amábamos porque él representaba lo mejor que había en nosotros, y como nuestro Líder, exigió de nosotros lo mejor de lo nuestro. Esto nunca fue la Alemania de Hitler. Siempre será: Hitler de Alemania, el hombre amado por su pueblo.

     Es por eso que lo amábamos...

     Lo amábamos porque él nos amó a nosotros y a nuestros hijos.

     Lo amábamos tanto, que nosotros, los jóvenes y los no tan jóvenes, hacíamos peregrinaciones a su hogar en los Alpes, no para pedirle favores sino simplemente para poder verlo y estar cerca de él.

     Lo amábamos porque él escuchaba a la gente y vivía de manera sencilla.

     Lo amábamos porque él manifestó los pensamientos tácitos de nuestras almas en una forma tal que todos pudieran entender. Él no "simplificó demasiado" nuestros problemas sino que él los clarificó. Él no nos sedujo con soluciones baratas y panaceas fáciles, ya que no había ninguna. Él no nos "garantizó" un mundo mejor. Él nos pidió LUCHAR por uno. La lucha la hicimos, ya que los que lo escuchamos sabíamos que él tenía razón.

     Lo amábamos porque él era honesto. Él no se explayó sobre las supuestas virtudes de la democracia para luego corromper el proceso con votos comprados.

     Lo amábamos, no porque él fuera un "gran dictador" sino porque él era un gran profesor, un ejemplo vivo del orden que él predicaba. Sin el orden, nada puede existir. ¡Cuán bien los que habíamos sufrido sabíamos esta lección!. Pero cuando no hay ninguna base para la instrucción, ningún modelo racial, ninguna herencia, la lección del orden no puede ser aprendida, no importa cuán brillante sea el instructor. Él nos enseñó esta verdad de suma importancia de la Raza. La inspiración de Hitler encendió nuestro potencial racial para la construcción y la creatividad. Su orden no fue impuesto sobre nosotros. Vino desde dentro.

     Amábamos a Hitler porque él era un hombre Blanco. Él practicó nuestras virtudes Blancas de honestidad franca, y sus acciones correspondían a sus palabras. Si algo era sucio, él lo eliminaba como a la suciedad con meticulosidad sanitaria. Él no veneraba las excrecencias de las mentes enfermas. Él no estaba avergonzado de quemar la vergonzosa propaganda enemiga que estaba orientada a la destrucción de nuestras almas.

     Él no era como nuestro enemigo racial y sus títeres democráticos que predicaban la libertad de prensa y practicaban la supresión.

     Lo amábamos porque él sustituyó la ociosidad inútil de nuestro sistema penal con el trabajo productivo y el castigo con la redención. Incluso los criminales habituales cumplían papeles útiles en nuestra sociedad, papeles que hasta ellos podían considerar con orgullo. No sólo él nos salvó de ellos, sino que él los salvó de nosotros.

     Lo amábamos porque nos protegió de los charlatanes religiosos, de los predicadores con fines de lucro que se hacían pasar por profetas de Dios a fin de prosperar como vampiros a costa de la confianza de los simples creyentes.

     Lo amábamos porque él nos defendió contra la campaña del enemigo racial para difundir la perversión entre nosotros. Él sabía que la perversión sexual era un veneno y que suficiente de ello podría matar a cualquier raza.

     Le agradecimos por quitar de circulación las muchas mugrientas publicaciones judías que propugnaban toda clase de desviaciones sexuales, incluído el aborto, en nombre de la "libertad de prensa".

     Lo amábamos porque él removió a nuestros dominadores foráneos y los colocó de nuevo entre los suyos.

     Lo amábamos porque él nos liberó de aquellos que estaban corrompidos por el oro y los sustituyó por hombres capaces e incorruptibles.

     Lo amábamos porque él no se rodeó de personas que buscaban vanos privilegios sino que en cambio buscaban el privilegio de servirnos a nosotros. Ningún medio de ayudar a nuestro pueblo era demasiado humilde para nuestros "altos y poderosos" líderes. Contribuímos libremente, ya que amábamos a nuestros dirigentes casi tanto como a nuestro Líder.

     Lo amábamos porque él hizo que nuestra fuerza policial trabajara para nosotros, no contra nosotros. Nuestros jóvenes aprendieron que nuestra policía no estaba contra nosotros, sino que era una ayuda necesaria en el establecimiento de una sociedad sana. Ciertamente toda la ayuda disponible era necesaria para proteger a los ciudadanos honestos de las maquinaciones de los traidores, sociedades secretas y grupos minoritarios de presión. Apoyamos a nuestra policía porque ellos eran la policía alemana, trabajando para el gobierno alemán. Así, hubimos de requerir muchos menos policías para "mantener el orden público" bajo Hitler que los que requerimos hoy, bajo dominación extranjera.

     Lo amábamos porque él no persiguió a nuestros enemigos sino que los procesó, sin miedo ni favor, de acuerdo a la ley, nuestra ley.

     Lo amábamos porque él nos salvó de los invasores foráneos que promovían la extinción de nuestra raza, la Raza Blanca.

     Lo amábamos porque él mantuvo nuestros medios de entretenimiento sin la perversión de la mezcla de razas y el suicidio racial.

     Lo amábamos porque él usó los medios de entretenimiento para educarnos sobre la vida y los verdaderos valores. Las temáticas nos elevaban y de ninguna manera buscaban embotarnos. Lo mejor de todo era que ellas eran NUESTRAS recreaciones y películas, hechas por NUESTRO pueblo.

     Lo amábamos porque él nos enseñó la verdad sobre la Raza y demostró, incluso a los escépticos, que la raza Blanca ha sido la fundadora de todas las grandes culturas y civilizaciones, y que la mezcla de la raza es el gran destructor.

     Lo amábamos porque él no escondió nada de nosotros. Él confiaba en nuestra fuerza para afrontar las peores atrocidades que nuestros enemigos tuvieran para ofrecer, y para superarlas con coraje y determinación.

     Lo amábamos porque él enseñó a nuestros semejantes Blancos los polacos la verdad sobre sus "libertadores" soviéticos judíos. Él mostró al mundo la cara horrorosa del comunismo al revelar la masacre en el bosque de Katyn del cuerpo de oficiales polacos, demostrando para siempre la culpa del sistema soviético.

     Lo amábamos porque él tenía proyectos valientes que beneficiaban al Hombre y armonizaban con la Naturaleza.

     Lo amábamos porque él nos dio las mejores carreteras en el mundo, envidiadas y emuladas por otros pueblos desde entonces. No sólo él nos dio caminos sino además un automóvil barato y práctico para andar sobre ellos, el Volkswagen: el Automóvil del Pueblo.

     Lo amábamos por darnos dinero honesto y de esa manera salvar nuestros empleos, nuestras casas y nuestra industria. Él hizo nuestras vidas no sólo soportables sino fructíferas.

     Lo amábamos porque él hizo la Obra del Señor, expulsando de nuestro país a los cambistas de dinero. Él nos enseñó que la verdadera riqueza no está basada en el oro ni en el crédito sino sobre la productividad de nuestra tierra y nuestra gente. El dinero honesto sólo es posible con hombres honestos. Ningún sistema de ley u oro puede protegernos de los criminales en el gobierno. No hay ningún sustituto para los hombres honestos.

     Lo amábamos porque él arrebató la creación de nuestro dinero lejos de los judíos, como su precursor estadounidense, Abraham Lincoln. Él restauró nuestra economía a la prosperidad de los tiempos de paz. No fue la preparación para la guerra la que terminó con nuestra depresión económica. Allí donde los judíos retuvieron su poder monetario, la depresión empeoró. El desempleo se elevó drásticamente en Estados Unidos y Gran Bretaña en ese tiempo. Como el estratega militar británico Liddell Hart mantuvo:

     "La última cosa que Hitler quería era la guerra. Pero la guerra llegó finalmente... y justo a tiempo para los banqueros judíos. La guerra fue declarada por Gran Bretaña en 1939, pero pocos enfrentamientos ocurrieron. Gran Bretaña anunció los términos judíos para terminar la guerra: Matar a Hitler y volver al patrón oro internacional. Para Alemania, las opciones eran la muerte cierta por el hambre o la muerte posible en la batalla".

     Los banqueros judíos habían creado el desempleo masivo en nuestro país [Alemania], tal como ellos lo habían hecho en Inglaterra, Francia, EE.UU. y en todo el mundo. Ellos hicieron esto disminuyendo el suministro de dinero, al cual nuestros gobiernos renegados raciales habían permitido que ellos controlaran completamente.

     Antes de que Hitler subiera al poder, siete millones de alemanes estaban desempleados y más de seis millones sólo parcialmente empleados. En los cuatro años sombríos desde 1929 hasta 1933, la desesperación y la desesperanza causaron la muerte mediante suicidio de aproximadamente 250.000 personas de nuestro pueblo.

     Lo amábamos porque él nos liberó de la estrecha dependencia de los caprichos y manías de los proveedores extranjeros para las necesidades domésticas. Él nos enseñó que la independencia política era posible sólo con la independencia económica.

     En cuatro años, desde 1933 hasta 1937, él nos hizo prácticamente autosuficientes en la producción de acero, aluminio, productos químicos, petróleo y producción industrial general.

     Lo amábamos porque él sentía una profunda reverencia por nuestro pasado. Un pueblo cuyas raíces son fuertes no puede ser derribado por las ráfagas de la moda, las costumbres y las innovaciones estúpidas.

     Lo amábamos porque él era un hombre profundamente espiritual que no permitió que los judíos confundieran las enseñanzas cristianas. Las iglesias cristianas lo amaban. Más del 40% de los SS era católicos.

     Lo amábamos porque él construyó iglesias para nosotros. Iglesias cristianas. En nombre del cristianismo, nuestros enemigos destruyeron esas iglesias, jactándose posteriormente de la "precisión" de sus incursiones de bombardeo. Hoy, los rabinos dan conferencias en escuelas "cristianas". El Talmud de los judíos, su "libro santo", describe a los no-judíos como "bestias del campo" y como "ganado". Los judíos no han cambiado. ¿Por qué han cambiado los cristianos?.

     Lo amábamos porque él reafirmó la bondad y la sabiduría del trabajo saludable y de la comida sana.

     Lo amábamos porque él confió en su pueblo. Él no encontró necesario restringir la propiedad de armas de fuego. Ningún verdadero Líder teme a los miembros armados de su Raza.

     Lo amábamos porque él nos enseñó a apreciar la belleza creándola con nuestras propias manos. La perfección y la excelencia eran nuestros objetivos. Cuando trabajábamos para dominar nuestro medio, aprendimos a observar la Naturaleza y a aplicar sus Leyes. Así llegamos a ser artistas y también Nacionalsocialistas, ya que el Nacionalsocialismo es simplemente la aplicación de las Leyes de la Naturaleza a la política.

     Lo amábamos porque él animó a los sexos a realizar sus potenciales plenos, como seres complementarios más bien que competitivos. Los hombres fueron hechos para las mujeres y las mujeres para los hombres. Cada uno fue entrenado para aquello que él o ella podría hacer mejor. Esto no significaba que los hombres no podían ser artísticos o creativos, ni tampoco significaba que las mujeres no podían ser grandes aviadoras, fotógrafas, directoras de cine, atletas, etc. Esto simplemente significaba que cualquier cosa que hiciésemos, nuestros hombres eran viriles y nuestras mujeres femeninas. La inculcación enemiga de la confusión del papel sexual con el objetivo de mutilar el papel de los sexos en la crianza de los hijos fue así derrocada y dispersada a los vientos.

     Lo amábamos porque él dedicó mucho esfuerzo y cuidado para proporcionar al aún no nacido y a los futuros padres un ambiente sano y agradable. Comenzando con padres jóvenes sanos, Hitler animó el buen cuidado pre-natal, enfatizando en la dieta sana, el ejercicio y en el apartarse de productos tóxicos. El enfermizo y el deficiente mental fueron desalentados de producir más de ellos mismos sobre nuestra apremiada población; la esterilización fue recomendada para los portadores de defectos genéticos. El pueblo alemán podía decidir quién debería tener hijos, no los banqueros judíos.

     Lo amábamos porque él protegió los derechos de los aún no-nacidos y porque trató a los jóvenes con el amor y el respeto que ellos merecen como nuestros sucesores, y él los hizo dignos de aquel amor y respeto entrenándolos para la adultez responsable.

     Lo amábamos porque él a los europeos nos reunió. Con él, conocimos nuestra fuerza y sentimos la impresionante importancia de nuestra Misión Racial como nunca antes. Él nos reunió a todos nosotros, incluso a estadounidenses, rusos y británicos. Hombres Blancos de todos los países de Europa se integraron a sus filas para defender la Sagrada Bandera de la Esvástica de nuestra Raza. Como luchamos hasta el final, la destrucción de la Civilización Blanca fue evitada. ¡Nuestro sacrificio no fue en vano!.

     Lo amábamos porque él sacó lo mejor de nuestros guerreros. Él nos obsequió una nueva generación de héroes. Él fue leal con nuestros aliados y respaldó sus palabras con la acción.

     Lo amábamos por su grandeza en pasar por alto los trucos de la propaganda de los tábanos enemigos.

     Lo amábamos por su caballerosidad, por su conducta en la guerra de modo que tuviera que perder tan pocas vidas Blancas como le fuera posible, de amigos o enemigos.

     Lo amábamos porque él honró a nuestros héroes. Una raza sin héroes es una raza muerta o agonizante. Nuestros héroes Blancos son valientes, directos, fuertes y amables. Los "héroes" de nuestro enemigo racial son cobardes, cazurros, débiles y crueles. Una raza es conocida por sus héroes, porque los héroes son ejemplos para valorar e imitar. Así nos diferenciamos realmente de nuestro enemigo racial, el judío.

     Lo amábamos porque su presencia espiritual impedía que nuestros sufrimientos y penas nos abrumaran.

     Él fue adorado como ningún otro mortal, antes o desde entonces.

     Hoy, su espíritu se eleva más allá de las costas del hogar del hombre Blanco en Europa. Dondequiera que estemos, él está con nosotros.


     ¡HEIL HITLER!



2 comentarios:

  1. Muchas gracias Julius por esta entrada. Me estremece de emoción.

    Victoria

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    Respuestas
    1. En verdad no es frecuente encontrar declaraciones en este estilo. Es profundamente verdadera, sincera y lírica, y las almas sensibles lo agradecerán. Saludos.

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