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sábado, 25 de mayo de 2013

El Encanto Eterno de Hitler


     El eterno atractivo que produce Hitler es el tema de este texto que hallamos hace un tiempo en el sitio noruego thenewsturmer.com y que dice que está basado en un artículo publicado por National Journal. Fue publicado hace nueve años por su autor Randulf Hansen, de quien es el mencionado sitio, aunque sin firmar. El artículo va analizando algunas de las razones y consecuencias del impacto que ya tan sólo el puro nombre del Führer causa, y cómo se lo ha venido utilizando. Lo ponemos en castellano para el público general.

   
El Encanto Eterno de Hitler
por The New Stürmer, 2004





     Queridos parientes y camaradas arios:

     Ámenlo u ódienlo. Adolf Hitler no desaparece. Para cada situación política su imagen es explotada, y su memoria es libremente utilizada en cada oportunidad por varios grupos de presión, y se mantiene como un ejemplo para cualquier agenda política relevante que esté en discusión en cualquier momento determinado.

     Para algunos él es el Diablo encarnado, el anti-Cristo: el mayor mal en la historia del Hombre. Para otros él fue un salvador del Hombre, que se puso de pie contra los esclavizadores del mundo. Para otros aún, él es un genio que la Humanidad nunca verá otra vez por otros mil años. Para muchos él fue un mesías secular con una ideología de optimismo.

     Para una mayoría más grande, él fue simplemente un líder fuerte con muchas buenas ideas que podrían haber hecho un mundo mejor para todos, pero que fue demasiado lejos, causando la guerra y asesinando a millones de judíos.

     Para los Torah True Jews Adolf Hitler fue un enviado de Dios, comisionado para castigar a los judíos por sus pecados: "ES DE CONOCIMIENTO COMÚN QUE TODOS LOS SABIOS Y LOS SANTOS EN EUROPA EN EL MOMENTO DEL ASCENSO DE HITLER DECLARARON QUE ÉL ERA UN MENSAJERO DE LA IRA DIVINA, ENVIADO PARA CASTIGAR A LOS JUDÍOS DEBIDO A LA AMARGA APOSTASÍA DEL SIONISMO CONTRA LA CREENCIA EN UNA EVENTUAL REDENCIÓN MESIÁNICA" (http://www.jewsnotzionists.org/holocaust-zionism.htm).

     Para los modernos psiquiatras él era de un tipo inestable, que sufría de traumas de la infancia e ilusiones de grandeza y de su propio poder, debido a su fracaso como hombre para conseguir una ocupación básica y útil.

     Según sus enemigos, él tenía toda enfermedad mental concebible en la que uno pudiera pensar, por lo general resultado de alguna deficiencia sexual en su carácter. En este contexto DEBEMOS recordar que las personas que hacen esta acusación tienen su aprendizaje basado en las conferencias del judío Freud. Los académicos del Tercer Reich desprecian la perspectiva intelectual de este último como indecente y simplista. Para otros él estaba totalmente loco.

     Ninguna persona en el siglo XX ha tenido un efecto tan profundo como el "Führer alemán". Él levantó a un pueblo robado, hambreado, quebrantado y derrotado, y lo convirtió en una nación bien alimentada, motivada, feliz, próspera, industrialmente avanzada y altamente exitosa. Todo esto fue conseguido en tiempos de paz en unos increíbles seis años.

     "No puede haber ninguna duda: el Nacionalsocialismo fue parte de un proceso de modernización en la sociedad alemana. Aceleró los cambios sociales de Alemania. Transfirió más a los segmentos menos favorecidos de la sociedad y llevó la igualdad y la emancipación a las mujeres" (Heinz Hoehne, Gebt mir vier Jahre Zeit [Dénme Cuatro Años], Ullstein Publishing House, Berlín-Frankfurt, 1996, p.10).

     Su ejército, extraído del pueblo, ahora motivado por esta poderosa nueva filosofía, superado en número y en armamento, se convirtió en una fuerza casi invencible que llevó al mundo entero a la derrota. Su destrucción, causada por el poder del dinero internacional (los enemigos de los alemanes y todos los sistemas de oposición), acabó con él totalmente en un bien preparado plan de campaña de destrucción. Ellos usaron su enorme poder monetario para comprar y controlar a políticos y aristócratas alrededor del mundo, y luego usaron la fuerza militar de tantos países como les fue posible para atacar el Tercer Reich. "La verdadera razón por la que Estados Unidos entró a la guerra en contra de Alemania fue por la interrupción que provocó Hitler de una economía mundial en funcionamiento [Nuevo Orden Mundial]" (Las Conversaciones de Sobremesa de Hitler, Ullstein Publishers, Frankfurt, 1989, p. 21).

     Hitler asombró al mundo en todo lo que él llevó a cabo. Para la gran mayoría del pueblo alemán él fue un redentor. Él les dio un verdadero liderazgo y los motivó para alcanzar las mayores alturas en cada campo de actividad. Alemania era una colmena palpitante de la industria. Cada sección del país respondió a sus ideas y estímulo. Él le dio al pueblo alemán la alegría de estar vivo y el orgullo de ser simplemente un alemán (en vez del pueblo humillado y quebrantado que él había heredado). Hubo un contagioso sentimiento de entusiasmo y expectativa en la tierra, por cuanto día tras día y semana tras semana Hitler sacó a su pueblo del infortunio y liberó a los alemanes de la humillación en otras tierras.

     Para Hitler, "el Nacionalsocialismo era el socialismo natural". Él equiparó a Dios con "el dominio de las leyes naturales a través de todo el universo". Esta idea era atractiva y fue fácilmente comprendida por la nación alemana. Hoy ésta es una filosofía muy moderna. La única diferencia es que pocos entienden que el supuesto "loco" la creó.

     Para sus admiradores, él fue un verdadero patriota y un héroe de guerra, habiendo sufrido los horrores de las trincheras durante la Primera Guerra Mundial. La gente sintió que por fin ellos habían encontrado de pie ante ellos a un hombre en el cual podían confiar y que creía en sí mismo y en los talentos y las capacidades de su propio pueblo.

     No es sorprendente entonces lo que intelectuales (Gertrude Stein) y políticos alrededor del mundo dijeron, incluyendo al Primer Ministro británico Winston Churchill, que lo elogió altamente cuando escribió:

     "Siempre he dicho que si Gran Bretaña fuera derrotada en la guerra, yo esperaría que debiéramos encontrar un Hitler que nos condujera de vuelta a la posición que nos corresponde entre las naciones" (Winston Churchill en el Times de Londres, 7 de Noviembre de 1938).

     Y David Lloyd George (ex-Primer Ministro del Reino Unido), quien declaró en el Daily Express (17 de Sept. de 1936): "Ésta no es la Alemania de la primera década posterior a la guerra: quebrantada, abatida e inclinada hacia abajo, con un sentido de aprensión e impotencia. Está ahora llena de esperanza y confianza, y con un renovado sentido de determinación para conducir su propia vida sin la interferencia de ninguna influencia fuera de sus propias fronteras. Un hombre ha llevado a cabo este milagro. Él es un líder nato de los hombres. Una personalidad magnética y dinámica con un objetivo decidido, una voluntad resuelta y un corazón intrépido".

     Él creó una Alemania que influyó sobre la gente de mucho más allá de sus fronteras. Durante la Segunda Guerra Mundial un millón de extranjeros se unió a las Fuerzas Armadas Alemanas (Waffen SS) simplemente porque ellos creyeron en lo que Hitler estaba tratando de conseguir, y voluntariamente se sacrificaron a cambio de ninguna recompensa excepto por una creencia profunda en aquello por lo cual ellos estaban luchando.

     Hitler creó imágenes visuales del Nacionalsocialismo y el Tercer Reich que son tan excepcionales, que hasta este día ninguna persona o país ha superado jamás su influencia artística y espiritual. Estas poderosas imágenes del Tercer Reich han sido tan eficaces que incluso hoy los estudios de cine de Hollywood han hecho miles de millones de dólares desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y todavía continúan llenando asientos de teatro, sólo por el poder del nombre de Hitler.

     El uso del antiguo signo de la Esvástica por Hitler convirtió a ésta en el emblema más famoso y más fácilmente reconocido en todo el mundo hoy, y los objetos de recuerdo del Tercer Reich cambian de manos por altos precios en subastas públicas o en espacios particulares de venta.

     Decenas de miles de personas compran copias de material de archivo del Tercer Reich, y en la intimidad de sus propias casas miran con fascinación al hombre que intentó cambiar al mundo y devolver la simplicidad a su organización. En el Museo del "Holocausto" en Washington DC, las instalaciones de campos de concentración se exhiben junto a una sala de cine que muestra la famosa Convención del Partido Nacionalsocialista en Nuremberg (de Leni Riefenstahl, El Triunfo de la Voluntad). Esta sala está continuamente abarrotada de visitantes fascinados, mientras que las secciones que muestran los "sufrimientos judíos" están casi siempre vacías.

     Interminables libros han sido publicados que tratan acerca del Tercer Reich, en gran parte vilipendiando a Hitler y a sus partidarios. Incluso hoy ocurren debates a todo nivel, continuando con la tentativa de entender o de degradar este fenómeno.

     Hace algunos años el historiador alemán Rainer Zitelmann, en un estudio académico estableció que la perspectiva de Hitler era "racional, coherente y moderna", y tan tempranamente como en 1953 el respetado historiador británico Hugh R. Trevor Roper evocó la imagen de Hitler como una especie de "síntesis de Napoleón y Spengler", haciendo notar que de todos los conquistadores mundiales Hitler había sido el más "filosófico".

     Hitler no tuvo una actitud invariable hacia Estados Unidos. Él elogió las políticas raciales estadounidenses en favor de los Blancos y sus restricciones sobre la inmigración de no-Blancos, y su adopción pionera de medidas de eugenesia, anteriores a la década de los '40. Mientras que el sistema de apartheid estadounidense duró hasta 1963, Hitler estuvo consternado por el crecimiento espectacular del poder judío que intentó introducir el Plan Kaufman ("Alemania Debe Perecer", 1941) por medio del uso del sistema democrático estadounidense para la propia agenda de los judíos. El plan de Theodore N. Kaufman, que éste lo llamó como "La Solución Final", procuraba exterminar a la nación alemana entera por medio de la esterilización, y fue aclamado por políticos estadounidenses y por los medios de comunicación: "Una Idea Sensacional" (Revista Time).

     Muchas personas en posición de autoridad que siguen elogiando a Hitler hoy, tienen que hacerlo clandestinamente, o ellos afrontan la ira y la retribución del Congreso Mundial Judío. Figuras menos famosas deben cuidar sus palabras o ellos serán etiquetadas como nazis y pueden afrontar la discriminación y el despido desde sus lugares de trabajo. En algunos países ellos pueden ser multados y encarcelados.

     Los gobiernos están aterrorizados de cualquier movimiento que tenga semejanzas con el estilo o con las ideas del Führer alemán, y arrestan, castigan o multan a cualquier individuo que se atreva a mostrar su apoyo o a expresar un serio interés por los ideales de Hitler. En los países más democráticos (sobre todo en Alemania), sus libros están prohibidos y los editores se arriesgan a ser detenidos y a ser fuertemente multados si publican material nacionalsocialista. Según el Informe Anual de la "Oficina Federal Alemana para la Protección de la Constitución" (George Orwell no podía haber inventado un título más siniestro), la maquinaria de persecución alemana procesó entre 1994 y 2002 a un total de 80.703 ciudadanos por expresar opiniones políticamente incorrectas en Alemania.

     En Gran Bretaña, en Estados Unidos y en Israel su libro "Mein Kampf" puede ser fácilmente obtenido. Las universidades de Israel tienen muchas copias de "Mein Kampf" que son usadas para estudios políticos por los estudiantes.

     No pasa un día sin que las estaciones de televisión de todo el mundo transmitan programas sobre Hitler y sus políticas. El "Holocausto" es el asunto del que más se discute ahora en el mundo de la política. Los actuales intelectuales liberales, quienes, como un solo hombre, han sido obligados a aceptar el nuevo experimento multicultural sobre la Humanidad (promovido por una raza que ella misma no practica lo que predica), condena en su mayoría las ideas de Hitler. Mientras las revistas y los periódicos mencionan constantemente el nombre de Hitler, por lo general lo acompañan de una foto dramática de él para que sus lectores la miren maliciosamente. "El nacionalsocialismo siempre vende. Hitler funciona casi tan bien como Jesucristo", dijeron los editores estadounidenses a su colega alemán Suhrkamp cuando éste se quejó de que ellos sólo deseaban comprarle la literatura de Hitler (Der Spiegel 28/1999, p. 178).

     Los intelectuales, en su mayoría judíos, todavía siguen tratando de no comprender el misterio de dónde y cómo surgió este poder inmenso. Los nerviosos rabinos, enloquecidos por siglos de adoctrinamiento kabalístico, tienen preocupantes nociones de que Hitler fue enviado por el enemigo de su dios Yahvé para librar batalla con ellos en preparación de la batalla final aún por venir.

     Otros judíos están tan impresionados por su singular mentalidad, sus capacidades y su fuerza, que ellos han sugerido incluso que Hitler era de hecho judío de nacimiento, implicando de manera sutil que, no importando cuán mal él haya sido retratado por sus propias agencias de propaganda en los medios, sólo una persona de sangre judía podría ser alguna vez tan genial.

     Sin la existencia de Adolf Hitler no habría ningún Israel moderno hoy desde donde la gente judía puede hacer funcionar libremente sus Imperios de negocios mundiales, libres de interferencias y restricciones no-judías.

     Sin él y sus políticas hacia la gente judía a comienzos de los años '30 el Acuerdo de Transferencia no habría sido firmado, y los judíos en Alemania estaban orgullosos de ondear su bandera con la Estrella de David junto a la Esvástica. «...El placer con el cual algunos líderes sionistas en Alemania dieron la bienvenida a la subida al poder de Hitler, porque ellos compartían su creencia en la primacía de la "raza"» (Israel Shahak, "Historia Judía, Religión Judía", Pluto Press, Londres, 1994, págs. 71-72).

     La actitud hostil de Hitler hacia los judíos no era ni irracional ni aberrante. Él simplemente vio a los judíos como Jesucristo antes que él. Jesús dijo a los judíos: "Vosotros pertenecéis a vuestro padre el diablo y queréis realizar los deseos de vuestro padre. Él fue un asesino desde el principio, y no permaneció en la verdad, ya que no hay ninguna verdad en él" (Juan 8:44). Hitler vio a los judíos como "la personificación de una gran mentira": mientras ellos simulaban ser una comunidad religiosa, él abiertamente expuso el hecho de que ellos eran un grupo étnico nacional auto-seleccionado y completamente constituído, con ambiciones internacionales: "El Ministerio del Interior estaba sometiendo a algunos inmigrantes provenientes de la ex-URSS a pruebas de ADN a fin de comprobar su ascendencia judía. El bien respetado diario israelí Ha'aretz dijo que a docenas de nuevos inmigrantes se les había pedido hacerse el examen, y que aquellos que habían rehusado arriesgaban la deportación" (Jewish Chronicle, Londres, 10 de Julio de 1998, pág. 3). "Los JUDÍOS DEBERÍAN ser capaces de registrarse como miembros de un grupo étnico así como religioso en el siguiente censo, según el Instituto para la Investigación de Política Judía" (Jewish Chronicle, Londres, 5 de Marzo de 1999, pág. 8).

     Hitler fue tan necesario para las ambiciones territoriales judías en el Oriente Medio, que si él no hubiera existido habría tenido que ser inventado para tal propósito.

     En 1999 los pueblos servio, ruso y chino acusaron a Estados Unidos y a la OTAN por comportarse peor que Hitler, y denunciaron a ex-políticos buenos judíos como Albright, Cohen, Rubin y Berger, de ser la imitación del día moderno de Hitler. Y los líderes de la OTAN, Clinton y Blair, fueron obligados a usar el nombre de Adolf Hitler para denigrar a los servios acusándolos de ser nazis.

     En cada agitación política moderna que involucra a gente tomándose las calles, carteles y banderas con el nombre de Hitler son usados contra aquello a que ese día se esté opuesto. En Noviembre de 2003 George Soros, un multimillonario judío, comparó al presidente estadounidense George W. Bush con Hitler cuando él denunció la guerra de USRAEL contra Iraq.

     Hitler se ha convertido en el instrumento de mercadotecnia más famoso en la historia del Hombre, y es poco probable que su memoria se descolore hasta el olvido, porque "demasiadas personas todavía lo necesitan". Mientras su recuerdo sigue prosperando, sus opositores de la época de la guerra, Winston Churchill, Josef Stalin y F.D. Roosevelt, son obviamente inservibles como instrumentos de márketing. Churchill, el famoso fumador de puros, no fue ni siquiera usado para promover los cigarros "Habana". Josef Stalin, el mayor asesino de masas en la historia del Hombre (junto con sus comisarios judíos), no garantiza siquiera un solo segundo de publicidad, es decir, de pistolas de gas y armas de juguete así como funerarias. Finalmente, Roosevelt, el ejemplo de la globalización económica, no es digno siquiera de una mención en los foros económicos modernos. Si estos tres individuos no hubieran elegido a Adolf Hitler como su enemigo número uno, su destino habría sido el olvido total. Su fama todavía depende de Adolf Hitler. Sin él, ellos son unas nulidades.

     Y esto sobre todo entre la gente judía, para mantener la presión anti-semítica sobre su "propia raza" (rayado de esvásticas en cementerios judíos, por ejemplo), para impedir que la gran mayoría de la gente judía mezcle su raza y abandone su misión histórica.

     En discursos y charlas, cada partido político o grupo políticamente orientado, en algún momento de su existencia va a dar lugar al nombre de Hitler. Es siempre seguro para ellos usar su nombre. Él nunca se marcha.

     La filosofía de Hitler es como un canto de sirena, llamando a sus admiradores y a los millones de personas confusas que sienten que las opiniones de él acerca de las "leyes naturales" son correctas y que son las únicas leyes que pueden ser entendidas y que puede confiarse en ellas en nuestro multicultural, inarmónico y desviado Nuevo Orden Mundial.

     El encanto del Hitlerismo es contagioso para jóvenes y viejos igualmente.

     Ante la desfachatez (chutzpah) y la audacia judía y sus mentiras descaradas, la resistencia debe ser un deber nacional.


     Heil og sæl.



1 comentario:

  1. Hitler perdió la batalla pero no la guerra.

    Se instaló en la Antártida.

    La operación Higt-Jump (Almirante Byrd) en 1947 fue un intento jazaro para destruir bases alemanas en la Antártida.

    Ovnis alemanes destruyeron gran parte de la armada jázara, que huyeron por donde vinieron.

    Lo reintentaron en 1958, ahora lanzando cohetes con cabezas nucleares, que los alemanes destruían en el aire sin que detonaran. Nuevamente los corrieron a palos...

    Es muy factible que los ovnis en la “batalla de Los Ángeles, 1942” fue una visita del Führer.
    Los yankees les tiraron con todo, pero el Führer no lastimó ni una mosca, para demostrarles superioridad completa.

    Entre el 12 y el 29 de Julio de 1952, nuevamente flotillas de ovnis del Führer hacen paseos nocturnos sobre el capitolio yankee.

    A esos hay que sumarle los ovnis de George Adamsky, y los de Billy Meier.

    Los Ovnis de Hitler contra el NWO: https://www.youtube.com/watch?v=Fl6KAvfvtf0

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