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lunes, 18 de febrero de 2013

E. Michael Jones - La Conversión del Judío Revolucionario



     Desde culturewars.com hemos traído este curioso texto, con algunos breves párrafos menos, que fue publicado en la edición de Octubre de 2006 de la revista Culture Wars, de la cual el autor es el editor. En este ensayo se analiza la situación tanto histórica como escatológica de ciertas gentes y su relación con la cristiandad. Hay varios datos interesantes, sobre todo si se estudian temas históricos y específicamente historia de la Iglesia, que es la perspectiva predominante del autor, cuyo planteamiento medular es acerca del concepto de "antisemitismo" en relación a la sociedad cristiana.


La Conversión del Judío Revolucionario
por E. Michael Jones
Octubre de 2006




     El 15 de Junio de 2006 la convención general de la Iglesia Episcopaliana en EE.UU. emitió una resolución condenando a los Evangelios como documentos "anti-judíos". Debido a que la conclusión que los episcopalianos sacaron al reconocer esto fue la censura de las Sagradas Escrituras, especialmente su uso litúrgico, al remover cualquier cosa que un judío pudiera considerar ofensiva, muchos episcopalianos llegaron a la conclusión de que ésta era la apostasía final en una larga caída que había comenzado en la conferencia de Lambeth en 1930 cuando dicha Iglesia aprobó el uso de anticonceptivos. Si esto es realmente así, está más allá del objetivo de este articulo. Más allá de las conclusiones que los episcopalianos hayan obtenido, la afirmación de que los Evangelios son anti-judíos es, sin lugar a dudas, verdad. La única pregunta válida es por qué les llevó a los episcopalianos dos mil años darse cuenta, o por qué no llegaron a lo que parece ser una conclusión más lógica, a saber: si quieren seguir fielmente el ejemplo de Jesús Cristo, también ellos deben ser anti-judíos.

     Los episcopalianos no dijeron que las Sagradas Escrituras eran "antisemitas". Si lo hubieran dicho, tal aserción hubiera sido falsa. Antisemitismo es una palabra relativamente nueva. Fue creada en 1870 por un alemán, Wilhelm Marr. Se refiere a la raza, y sostiene que los judíos son odiosos debido a ciertas características biológicas incorregibles. Tal idea terminó en Hitler, pero la derrota de Hitler condujo a una redefinición de la palabra. Antisemitismo tiene ahora un significado totalmente diferente. Un "antisemita" solía ser alguien que no quería a los judíos. Ahora es alguien a quien los judíos no quieren. Ningún cristiano puede ser "antisemita" conscientemente, pero todo cristiano, por el hecho de serlo, debe ser anti-judío. Contemporáneamente ambos términos han devenido prácticamente sinónimos pero sus significados son muy diferentes, y la distinción es deliberadamente oscurecida por razones políticas.

     El 16 de Octubre de 2004 el presidente Bush promulgó la Ley de Revisión del Antisemitismo Global (Global Anti-Semitism Review Act), la cual establece un departamento especial dentro del Departamento de Estado de EE.UU. para monitorear el "antisemitismo" global, que reporta anualmente al Congreso. En uno de los mayores pasos en la implementación de esta ley, la secretaria de Estado Condoleeza Rice le tomó juramento a Gregg Rickman como jefe de la Oficina de Antisemitismo Global del Departamento de Estado el 22 de Mayo de 2006. Rickman tiene lazos con organizaciones judías y con el Congreso. Fue el director del equipo del ex-senador Peter Fitzgerald (republicano de Illinois) y presidente de la Coalición Judía Republicana. Pero su principal aptitud para el puesto fue el rol que jugó junto al senador Alfonso D’Amato (republicano de Nueva York) para sacarles 2.000 millones de dólares a los bancos suizos durante la década del '90. "Gregg Rickman, trabajando con el senador D’Amato, es el principal responsable de desenmascarar la corrupción e inmoralidad de los bancos suizos", es lo que dijo William Daroff, vicepresidente de la sección de política pública de Comunidades Judías Unidas (United Jewish Communities), un grupo bajo el amparo de las Federaciones Judías de Norteamérica (North American Jewish Federations), y director de la sección de Washington. "Esa tenacidad le servirá mucho en su nuevo puesto, de acuerdo a representantes de grupos que contactan a Washington con pequeñas y vulnerables comunidades judías en el exterior". Rickman no va a tener que definir aquello que constituye "antisemitismo". Su oficina en el Departamento de Estado ya lo hizo por él. En el "Reporte sobre Antisemitismo Global" el Departamento de Estado de EE.UU. lista el siguiente conjunto de opiniones como "antisemita":

 1)   Cualquier aserción de que "la comunidad judía controla el gobierno, los medios de comunicación, los negocios internacionales y el mundo financiero" es antisemita.
 2)   "Un fuerte sentimiento anti-israelí" es antisemita.
 3)   "Una critica virulenta" hacia los lideres de Israel, pasados o presentes, es antisemita. De acuerdo al Departamento de Estado, el antisemitismo ocurre cuando una esvástica es pintada en una caricatura criticando el accionar de un líder sionista pasado o presente. Así, una caricatura que incluye una esvástica para criticar la brutal invasión a Cisjordania en 2002 orquestada por Ariel Sharon, utilizando misiles "Hell-fire" contra indefensos hombres, mujeres y niños palestinos, es antisemita. De igual manera, el uso de la palabra "sionazi" para describir el bombardeo por saturación del Líbano por Sharon en 1982 (que mató a 17.500 refugiados inocentes) es también "antisemita".
 4)   Criticar la religión judía o sus lideres religiosos o su literatura (especialmente el Talmud y la Cábala) es antisemita.
 5)   Criticar al gobierno y al congreso de EE.UU. por estar bajo excesiva influencia de la comunidad judía-sionista (incluyendo AIPAC, American Israel Public Affairs Committee) es antisemita.
 6)   Criticar a la comunidad judía-sionista por promover el globalismo (el Nuevo Orden Mundial) es antisemita.
 7)   Culpar a los líderes judíos y a sus seguidores por incitar a los romanos a crucificar a Cristo es antisemita.
 8)   Disminuír el número de victimas judías en el "Holocausto" por debajo de los 6 millones es antisemita.
 9)   Decir que Israel es un Estado "racista" es antisemita.
● 10)  Aseverar que hay una "conspiración sionista" es antisemita.
● 11)  Afirmar que los judíos y sus líderes crearon la revolución bolchevique en Rusia es antisemita.
● 12)  Formular "dichos ofensivos sobre personas judías" es antisemita.

     El criterio del Departamento de Estado tiene serias implicaciones para cualquier persona en el mundo. La más seria es que convierte a muchos judíos, quienes han sostenido muchos de los puntos arriba expresados en libros y artículos que han escrito, en "antisemitas". Pero las definiciones del Departamento de Estado también tienen serias implicaciones históricas. Si tomamos los puntos 4 y 7 por ejemplo, es claro que no sólo católicos sencillos sino también santos y Papas fueron culpables de "antisemitismo" de acuerdo a este criterio. Numerosos Papas desde Gregorio IX en 1238, han condenado el Talmud como un asalto blasfemo a la persona de Cristo y a la fe cristiana, y han urgido a los cristianos a confiscarlo y quemarlo. En cuanto al punto 7, Pedro, el primer Papa, sostuvo en los Hechos de los Apóstoles que los judíos fueron responsables por la muerte de Cristo. Inclusive Nostra Aetate, la declaración del Vaticano II sobre los judíos que abrió una era sentimental y "ecuménica", afirmó que algunos judíos fueron responsables por la muerte de Cristo. Debido a su promiscuo uso del término "antisemitismo", Rickman y sus cohortes en el Departamento de Estado han convertido a la enseñanza tradicional católica en un "crimen de odio" (hate crime). A pesar de 40 años de exageración judía y chutzpah [1], ciertos hechos se mantienen. La Iglesia no es y no puede ser de ninguna manera "antisemita", porque el término se refiere principalmente a la raza y al odio racial. La Iglesia no puede promover odio racial hacia ningún grupo, y ciertamente no hacia los judíos. Sin embargo el Evangelio de Juan deja bien claro que hay una profunda y constante animosidad cristiana contra los judíos que rechazaron a Cristo. Esta "Judenfeindlichkeit" [animadversión hacia los judíos], para usar la palabra de Brumlik, es parte esencial del catolicismo. La Iglesia es hostil a los "judíos" porque ellos se han definido a sí mismos como negadores de Cristo. La Iglesia es anti-judía, pero a diferencia de los judíos quienes, como el rabino Soloveichik ha explicado en First Things [2], creen que el odio es una virtud, a los cristianos se les enseña a amar a sus enemigos. Los "judíos", término con el cual Juan se refiere a aquellos judíos que rechazaron a Cristo, se volvieron entonces enemigos de los cristianos, pero todos los judíos habían sido transformados por la llegada de Cristo. Tenían que aceptarlo como Mesías o rechazarlo. Los judíos que lo aceptaron como tal devinieron cristianos. Los judíos que lo rechazaron devinieron "judíos".

[1] Derivada de la palabra hebrea khutzpah, que significa "insolencia", "audacia" e "impertinencia".
[2] Meir Y. Soloveichik, The Virtue of Hate, http://www.firstthings.com, Enero de 2003.

     ¿Y por qué los judíos rechazaron a Cristo? Porque fue crucificado. Querían un líder poderoso, no un siervo sufriente. Los líderes judíos, Anás y Caifás, en representación de todos los judíos que rechazaron a Cristo, le dijeron que si bajaba de la cruz lo aceptaban como Mesías. Puesto que no podían aceptar a un Mesías que sufre y muere en lugar de restaurar el reino de la manera que ellos querían, es decir de una manera carnal, los judíos que rechazaron a Cristo se volvieron revolucionarios. Los judíos que rechazaron a Cristo se convirtieron en revolucionarios al pie de la cruz, pero el sentido completo de su decisión no se puso en evidencia sino luego de 30 años, cuando los judíos se rebelaron contra Roma, y Roma respondió destruyendo el Templo. A partir de entonces los judíos no tuvieron templo, ni sacerdocio, ni sacrificio, y como resultado no tuvieron manera de cumplir con la antigua Alianza. Observando el desenlace de la batalla de Jerusalén, un rabino de nombre Johanan ben Zakkai logró escaparse de Jerusalén bajo un manto, y luego de ser reconocido como partidario de Roma le fue concedido el privilegio de fundar una escuela rabínica en Javne.

     Así es cómo, 30 años después de la fundación de la Iglesia, nació el judaísmo moderno, el judaísmo tal como lo conocemos hoy en día. Los judíos no eran ya hijos de Moisés llevando a cabo ciertos rituales para cumplir con su Alianza. El judaísmo se había vuelto esencialmente una sociedad discutidora, porque ante la ausencia del templo, eso era todo lo que los judíos podían hacer. El resultado de estos interminables debates fue el Talmud, que se escribió a lo largo de los siguientes seis siglos.

     El debate no ayudó a erradicar el espíritu revolucionario de los judíos, sino que en muchos modos lo intensificó, al enseñarles a los judíos a desear un Mesías militar. Los judíos obtuvieron su Mesías militar aproximadamente 60 años después de la destrucción del Templo, cuando Simón bar Kokeba se levantó contra Roma en el año 136. Todos los rabinos de Jerusalén reconocieron a bar Kokeba como el Mesías, y como para confirmar que el judaísmo racial había perdido todo sentido, los judíos cristianos fueron expulsados por no reconocerlo.

     La expulsión de los judíos cristianos en el tiempo de Simón bar Kokeba ratificó que el judío no era un concepto racial sino teológico. El factor determinante para ser judío se había vuelto el rechazo de Cristo, y este rechazo llevó inexorablemente a la revolución. Cuando negaron a Cristo, los judíos se volvieron revolucionarios. Durante los últimos dos mil años, la Historia ha sido una batalla entre los descendientes espirituales de esos dos grupos de judíos: los que aceptaron a Cristo como el Mesías y los que lo rechazaron. La Historia se volvió, en cierto sentido, una lucha interna judía al pie de la cruz.

     En el otoño de 2003, Mahathir Mohamed, el primer ministro de Malasia dijo que "Los judíos gobiernan el mundo por medio de testaferros. Logran que otros luchen y mueran por ellos". Mahathir fue inmediatamente denunciado como "antisemita" y acusado de hacer "una incitación absoluta a más crímenes de odio y terrorismo contra los judíos", a pesar de que no había dicho tal cosa e inclusive de que muchos judíos estuvieron de acuerdo con él. Henry Makow señaló que el discurso de Mahathir era "opuesto al terrorismo". Otro judío que está de acuerdo con que Mahathir no era un terrorista, señaló algo similar. Elias Davidson, nativo de Jerusalén, cree que los judíos verdaderamente gobiernan el mundo a través de testaferros, y explica cómo:

     «Como judío opuesto al sionismo, no necesito que el Primer Ministro de Malasia Mahathir Mohammed me diga lo que debería ser obvio ante los ojos de todos, a saber, que los judíos efectivamente controlan la política exterior de EE.UU. y de esa manera influyen en gran manera en la política de la mayoría de los países... lo mismo vale para el postulado de que los judíos controlan el mundo. Seguramente no controlan cada acción, y ciertamente no significa que cada judío participa en el "control", pero desde un punto de vista práctico el postulado es válido».

     Lo que distingue a un judío como Davidson de otro como, por ejemplo, Stanley Fish no es precisamente su etnicidad. No es ni siquiera su política. Lo que los distingue son sus divergentes modos de crítica literaria. Davidson cree en la objetividad de una declaración. Juzga al Primer Ministro de Malasia Mahathir Mohamed por lo que realmente dijo, y entonces no encuentra nada "antisemita" en sus declaraciones.

     «Mahathir», continua Davidson, «nunca ha solicitado una discriminación contra los judíos, ni mucho menos matar judíos. Es vergonzoso compararlo con Hitler. Urge a los musulmanes a combatir a los judíos adoptando métodos modernos, tecnología y educación; en otras palabras, quiere sobrepasar a los judíos en excelencia. ¿Qué hay de malo en ello?. De este modo está ayudando a los musulmanes (más de un billón de personas) y a la Humanidad. Los judíos deberían saber cuál es su lugar y contentarse con la influencia derivada de su pequeño número. Los judíos deben aprender algo de humildad...».

     Los judíos, si con esto nos referimos a la camarilla que gobierna a los judíos con el nombre de Sanedrín, Kahal, politburó, ADL (Anti-Defamation League), o cualquiera de las otras grandes organizaciones judías, han tenido siglos de experiencia lidiando con judíos como Makow y Davidson. El modus operandi de los lideres judíos con aquellos judíos que no están de acuerdo con su liderazgo se remonta a los comienzos del judaísmo moderno, es decir a los tiempos de Cristo, cuando, de acuerdo al Evangelio de Juan, los padres del hombre nacido ciego se negaron a hablar "por miedo a los judíos, quienes ya habían decidido expulsar de la sinagoga a todo aquel que reconociera a Jesús como el Cristo". Todo judío que elija el Logos —en cualquiera de sus formas— por sobre el Talmud, representando este último la ideología anticristiana confeccionada por lideres judíos para mantener a su gente oprimida, sufrirá la ira de la judería organizada. Spinoza la sufrió en Ámsterdam en el siglo XVII; en nuestros días Norman Finkelstein también la ha sufrido. Debido a que suena un tanto ridículo llamar "antisemitas" a los judíos que no están de acuerdo con otros judíos, el Kahal de nuestros tiempos ha inventado un nuevo termino. Los judíos que disienten con el Kahal son llamados "judíos que se odian a si mismos" (self-hating Jews) o judíos auto-aborrecedores, y son expulsados de la sinagoga del discurso aceptable.

     El kahal era el sistema legal autónomo que los judíos establecieron en Polonia para manejar sus propios problemas legales. El espíritu del Talmud impregnaba al kahal. De acuerdo a la Enciclopedia Judía, el Talmud es "la suprema autoridad en religión... para la mayoría de los judíos". El Talmud es una "sistemática deformación de la Biblia" en el cual "el orgullo racial con la idea de dominación universal es exaltado hasta niveles demenciales... los Diez Mandamientos dejan de ser una obligación... en cuanto a los goim (no-judíos), todo está permitido: robo, fraude, perjurio, asesinato...". Cada vez que sus contenidos se hicieron públicos, los cristianos han condenado el Talmud como incompatible con cualquier orden social racional. Los judíos conversos al catolicismo desde el tiempo de Nicolás Donin [3] en adelante, han condenado igualmente el Talmud. Numerosos Papas han condenado el Talmud porque era un asalto directo tanto hacia la divinidad de Cristo como al orden moral legado por Moisés. De acuerdo al ex-rabino Drach, "el Talmud prohíbe expresamente a un judío salvar de la muerte a un no-judío o devolverle sus posesiones perdidas, etc., o tener piedad de él".

[3] Judío converso al cristianismo al principio del siglo XIII, conocido por su papel en la Disputatio de París en 1240, la cual resultó en un decreto que quemó públicamente varias copias disponibles del Talmud.

     El Talmud fue creado para mantener a los judíos prisioneros y oprimidos por los líderes judíos, al prohibir todo contacto con el Logos, sea esto entendido como la persona de Cristo, o la verdad, o la razón basada en principios filosóficos y en la lógica. Enseñados por el Talmud a engañar, los judíos terminaron engañándose a ellos mismos y siendo manipulados por sus líderes.

     El Talmud ha conducido a la revolución. No es necesario ser religioso para ser talmudista. Kart Marx era ateo, pero de acuerdo a Bernard Lazare, también era "un claro y lúcido talmudista", y por lo tanto, "lleno de ese viejo materialismo hebreo que siempre sueña con un paraíso en la tierra y siempre rechaza la lejana y problemática esperanza de un paraíso luego de la muerte" (p. 99). Marx fue el arquetipo del talmudista y el arquetipo del judío revolucionario, y como tal, propuso uno de los más prominentes falsos Mesías en la historia judía: el comunismo mundial.  Baruch Levy, allegado a Marx, propuso otro falso Mesías igualmente potente: la Raza Judía. De acuerdo a Levy, el pueblo judío tomado colectivamente será su propio Mesías... En esta nueva organización de la Humanidad, los hijos de Israel hoy desparramados en toda la superficie del globo... se convertirán en la clase dominante sin ninguna oposición... Los gobiernos de las naciones que conforman la república mundial o universal pasarán, sin ningún esfuerzo, a las manos judías gracias a la victoria del proletariado... Así es cómo la promesa del Talmud será cumplida: cuando la Era mesiánica llegue, los judíos controlarán la riqueza de todas las naciones de la Tierra.

     Entonces había una base en la historia judía para entender los dichos de Mahathir Mohammed, además de amplia evidencia —la creación del Estado de Israel, por ejemplo— de que la judería mundial había avanzado considerablemente hacia su objetivo de dominio mundial en la centuria y media desde que Levy le escribió a Karl Marx. Los judíos, sencillamente, no pudieron sacarse de encima la noción de que eran el pueblo elegido de Dios, ni siquiera luego de dejar de creer en Dios. Al rechazar a Cristo, se condenaron a adorar a falsos Mesías, uno tras otro —más recientemente, el comunismo y el sionismo. En el libro "La Question du Messie", los hermanos Lemann, ambos conversos del judaísmo al catolicismo y ordenados sacerdotes, comparan a los judíos contemporáneos con los israelitas al pie del monte Sinaí: "Habiéndose cansado de esperar el retorno de Moisés... festejaron y bailaron alrededor del becerro de oro". El sionismo y el comunismo son dos de los últimos Mesías ante los cuales los judíos se han postrado y adorado. Habiendo rechazado al Mesías sobrenatural que murió en la cruz, los judíos se condenaron a adorar a una sucesión de falsos Mesías naturales y a repetir el ciclo de entusiasmo seguido de desilusión, una y otra vez a lo largo de la Historia. Esas ilusiones al mismo tiempo se cumplieron en —y se prestaron a su creación— el Estado judío. El 6 de Enero de 1948, el rabino jefe de Palestina anunció que "Eventualmente [Israel] conducirá a la inauguración de la verdadera unión de las naciones, mediante la cual se cumplirá el eterno mensaje a la Humanidad de nuestros profetas inmortales". En la historia del mesianismo judío, fantasías de superioridad racial se alternan con fantasías contradictorias de hermandad universal. "El gran ideal del judaísmo", declaró el Jewish World el 9 de Febrero de 1883, "es que... el mundo entero estará embebido de enseñanzas judías, y que en una hermandad universal de naciones —de hecho un judaísmo agrandado— todas las razas y religiones separadas habrán desaparecido" (p. 98).

     Los judíos fueron condenados a buscar asilo en la tierra a través de falsos Mesías desde el momento en que eligieron a Barrabás en lugar de Cristo, un hecho que lleva al ya mencionado ciclo de entusiasmo seguido de desilusión. Cuando los judíos rechazaron ser los "heraldos del reino sobrenatural", se condenaron a la interminable tarea de imponer al resto del mundo su visión de un paraíso natural en la Tierra, "y han puesto toda su energía y tenacidad en la lucha por la organización de la futura época mesiánica". Cada vez que una nación le da la espalda al Mesías Sobrenatural, como fue el caso durante las revoluciones francesa y rusa, dicha nación "tiende a ser sujetada por el Mesías Natural", y termina siendo gobernada por judíos.

     ¿Significa esto que todo judío es una mala persona?. Por supuesto que no. La dirigencia judía controla la "sinagoga de Satán", la cual controla al grupo étnico en el cual el judío nace. Nadie tiene control sobre las circunstancias de dicho nacimiento. Esta es la razón por la cual el "antisemitismo", si con ese término nos referimos al odio hacia los judíos debido a características raciales inmutables e irreversibles, está errado. A lo largo de sus vidas los judíos se dan cuenta de que el suyo es un grupo étnico diferente del resto. A pesar de la propaganda de superioridad racial que el Talmud busca inculcarles, muchos judíos comprenden que un espíritu peculiarmente maligno se ha afincado en el corazón de su etnia. Una vez que se dan cuenta de la magnitud del mal, los judíos tienen que tomar una decisión. Dependiendo de la disposición del alma, que sólo Dios puede juzgar, se vuelcan al mal o lo rechazan —completamente, como en el caso de Pablo, Nicolás Donin, Joseph Pfefferkorn [4] y otros judíos demasiado numerosos para mencionar aquí— o parcialmente, como en el caso de los judíos que se niegan a realizar acciones que saben que son moralmente reprensibles, como el aborto o la desposesión de los palestinos de sus tierras ancestrales.

[4] Judío alemán de principios del siglo XVI, que se opuso a textos judíos subversivos de la fe cristiana.

     El propósito del Talmud es impedir defecciones de la sinagoga de Satán. Una educación basada en el Talmud naturalmente conduce al resentimiento por parte de aquellos que no son judíos. Los líderes de los judíos promueven ese comportamiento sabiendo muy bien que causará reacciones, porque "los pogroms en los cuales las clases bajas judías sufrieron, sirvieron al objetivo de mantenerlos en absoluta dependencia de sus líderes". Esto es otra forma de decir que los Trotsky promueven la revolución y los Braunstein sufren las consecuencias. Los líderes judíos promueven audazmente pogroms, como el de Gomeler en 1905 o como cuando agentes del Mossad mataron deliberadamente a judíos iraquíes con el fin de crear pánico, porque los pogroms generan miedo, y el miedo es la manera en que el Kahal mantiene a los judíos comunes en vereda.

     Alice Ollstein, una estudiante judía de secundaria en Santa Mónica, California, notó esto cuando fue a una conferencia del AIPAC (American Israel Public Affairs Committee) en Washington DC en 2006. Ollstein entró como una entusiasta sionista pero salió sintiéndose "manipulada, trastornada y disgustada con la mayoría de lo que vi allí [5]".

[5] http://www.jewishjournal.com/home/preview.php?id=15634

     Lo que vio fue una continua propaganda con el fin de generar miedo. De hecho lo primero que notó en la conferencia fue "la atmósfera de miedo y urgencia cuidadosamente generada". El salón donde las sesiones plenarias se llevaban a cabo estaba siempre lleno de música clásica dramática, luces rojas y grandes carteles con la leyenda "Ahora es el momento". Eso, combinado con los montajes de videos de terrorismo proyectados en seis pantallas gigantes, arrastró a la audiencia hacia un fervor del tipo "Salven a Israel", que la mayoría encontró inspirador. Cuando terminamos la comida, la audiencia parecía impaciente para estar de acuerdo en cualquier cosa que protegiera a Israel, inclusive la guerra... Cada orador jugó con los miedos más profundos de la audiencia...

     Los neoconservadores estaban al mando de la propaganda. En particular, John Podhoretz, el hijo de Norman y columnista del New York Post, "tuvo la primera y la última palabra en casi todas las preguntas". Ollstein halló las comparaciones que el AIPAC hacía entre el presidente iraní Ahmadineyad y Hitler particularmente manipuladoras.

     Al tono de más música clásica dramática, las seis enormes pantallas mostraron flashes alternando entre Hitler dando discursos anti-judíos y Ahmadineyad dando discursos anti-Israel. El famoso mantra post-Holocausto "nunca más" apareció varias veces. Todo estaba pensado para persuadir a la audiencia de que otro holocausto es evidente... a menos que nosotros  ataquemos primero.

     Alice Ollstein se disgustó "por ser forzada a pensar" que el mandatario iraní era "el mal encarnado, a través de astutos sonidos e imágenes coloridas". Salió de la conferencia sintiéndose manipulada por lo que Walt y Mearsheimer [6] han caracterizado como el principal agente del lobby israelí en Estados Unidos. Ella no es la única persona judía que piensa de esta manera. El sionismo ha alcanzado un estado de tales excesos, que ya están ocurriendo señales de una reacción. La desilusión judía con el dios que fracasó conocido como comunismo, ha mutado en el neoconservadurismo. La reacción judía al sionismo puede verse en la proliferación de "orgullosos judíos auto-aborrecedores".

[6] Profesores en Harvard y Chicago respectivamente que publicaron en Marzo de 2006 el articulo "The Israel Lobby", http://www.lrb.co.uk/v28/n06/mear01_.html

     Como respuesta a la revista danesa que publicó una serie de caricaturas anti-musulmanas en Marzo de 2006, un grupo de israelíes organizó una competencia de caricaturas anti-judías. Gilad Atzmon, quien describió la competencia en su sitio de Internet, encuentra natural que «algunos judíos motivados étnicamente y suficientemente talentosos para expresarse elevaran sus voces» en protesta contra lo que fue fundamentalmente una operación negra diseñada para enfurecer a los países europeos con la reacción musulmana, de manera que apoyaran un ataque nuclear contra las centrales nucleares iraníes. Atzmon sostiene que «la conducta moralmente deteriorada del Estado judío y sus lobbies de apoyo en todo el mundo» ha generado «una explosión de lo que tiendo a definir como un "orgulloso auto-aborrecimiento judío"».

     Atzmon está bromeando sólo a medias. La verdadera causa de esta parodia es la lenta diseminación del desencanto entre los israelíes con respecto al sionismo. Al mismo tiempo que Israel a través de testaferros como el AIPAC gobierna el mundo, los judíos que ellos dicen representar están sufriendo una ola de profundo desencanto. Gilad Atzmon, el músico israelí quien se ha auto-designado como el vocero de los judíos auto-aborrecedores, cree "que son los orgullosos judíos auto-aborrecedores quienes tumbarán al sionismo israelí, e inclusive al sionismo global".

     Nacido en Israel, Atzmon había sido sometido a la propaganda sionista a lo largo de toda su vida. Luchó en el ejército, pero un día se despertó y ya no creyó más:

     «El mismo programa que funcionó tan bien y todavía funciona en general con mis antiguos compatriotas, falló en mi caso. No sólo había dejado de amarme a mí mismo, sino que también había dejado de odiar a los goyim. Allí me dí cuenta por primera vez de que realmente no había "antisemitismo" alrededor. De algún modo, cuando dejé de amarme a mí mismo, también comencé a sospechar de toda la narrativa histórica judía oficial, tanto la sionista como la bíblica. Cómo decirlo... no pasó mucho tiempo antes de que empezara a cuestionar el cuento del "holocausto" sionista oficial».

     Creer en el sionismo o en el comunismo es asunto de todo o nada. Cuando la primera duda arraigó en la mente de Atzmon, todo el edificio estaba destinado al derrumbe. La primera duda de Atzmon fue el dogma de que "odiar a los judíos es un acto irracional de locura o alguna tendencia cristiana retardataria". A diferencia de Ruth Wisse, quien expresó uno de los dogmas del judaísmo contemporáneo cuando sostuvo que "el anti-judaísmo no está dirigido contra la conducta de los judíos sino contra la existencia misma de los judíos", Gilad Atzmon comenzó a abrigar «la posibilidad de que los sentimientos anti-judíos puedan ocurrir como una respuesta o incluso como una represalia ante actos judíos».  De hecho, continuó, «el sionismo es mantenido por el "antisemitismo". Sin "antisemitismo" no hay necesidad de un Estado judío, y sin el "Holocausto" no hubiera incluso existido un Estado judío». 

     Según Atzmon, organizaciones judías como el AIPAC y la ADL "son todas especialmente aptas para generar odio contra los judíos". A su vez este odio produce miedo, y es el miedo lo que mantiene al judío común cautivo de la Sinagoga de Satán. Durante el curso de este soliloquio, Atzmon concluye que, en cuanto orgulloso judío auto-aborrecedor, no odia ni a los judíos ni al judaísmo, al que define en términos étnicos. Su disputa es con lo que él llama "judeidad" (Jewishness), la tendencia a la supremacía que extrae su fuerza de una pseudo interpretación materialista y secularizada del código judaico. Es "la judeidad, más que el judaísmo, lo que fomenta el sionismo con celo criminal".

     Lo que Atzmon llama "judeidad" es lo que Nicolás Donin, Joseph Pfefferkorn y los hermanos Lemann hubieran denominado el Talmud, es decir la ideología racista y mesiánica, el motor principal que dirige a los judíos revolucionarios a través de la Historia. Muchos judíos han tenido esta experiencia. Se despiertan un día y perciben que su grupo étnico ha sido colonizado por alguna fuerza oscura durante centurias. El nombre de esta perversión es el Talmud. El Talmud es la Constitución de la Sinagoga de Satán, la intriga que ha regido mediante el miedo durante dos mil años a los judíos.

     Atzmon no es el único en sentir desilusión por el sionismo. Yuri Slezkine también dice que "La revolución sionista se acabó".

     La característica original de la juventud, los ejercicios deportivos, la beligerancia, la mentalidad individualista, es asumida por una cansada élite de viejos generales. Media centuria luego de su fundación, Israel conserva una lejana semejanza familiar con la Unión Soviética, media centuria luego de la Revolución de Octubre. Los últimos representantes de la primera generación sabra [judío nacido en Israel] están todavía en el poder, pero sus días están contados (p. 367).

     La retórica de la superioridad racial es desesperanzadamente anacrónica, aún disimulada por la victimización del "Holocausto" a manera de un biombo. La cultura del "Holocausto" postergó el cálculo final, pero al comienzo del siglo XXI ha quedado claro que "la retórica de la homogeneidad étnica y las depuraciones étnicas —tabú en otras partes de Occidente— es una rutina elemental de la vida política israelí". El discernimiento está a medio camino entre la película Munich de Steven Spielberg, cuanto el fabricante de juguetes judío convertido en fabricante de bombas le dice a Avner Kaufman que "los judíos no se equivocan..., porque  son nuestros enemigos quienes se equivocan. Se supone que nosotros somos justos". Durante el transcurso de Munich, Avner Kauffman llega a la comprensión que ya he mencionado, la misma que convirtió a Gilad Atzmon en un orgulloso judío auto-aborrecedor.

     A esta altura no está claro si el orgulloso judío auto-aborrecedor puede instrumentar su desilusión con el sionismo como un escape de la dialéctica de la historia judía, con su ciclo regular de entusiasmo seguido de desilusión, seguido de entusiasmo por un nuevo Mesías. El objetivo implica una comprensión de lo que Atzmon llama "Jewishness" o "judeidad". Jewishness, no es precisamente otra versión de etnicidad, como la "irlandeidad", la "polacidad" o la "argentinidad", sino que es una ideología. Es una deformación talmúdica del Logos que ha producido sufrimiento, enormemente en forma de revolución, a través de los últimos dos mil años de historia.

     La Iglesia Católica siempre ha condenado el anti-judaísmo porque el anti-judaísmo, es decir, el odio a la raza judía, es erróneo en y por sí mismo. Pero más allá de este "antisemitismo" existe también una respuesta inapropiada a lo que Atzmon denomina "judeidad". El "antisemitismo" es de muchas maneras una forma que está en competencia con la "judeidad". Antisemitismo no puede referirse a "judeidad", porque un judío no es alguien con el ADN de Abraham en sus células. La mayor parte de los judíos ni siquiera son semitas. El judío, definido por su "judeidad", es una construcción teológica. Es un negador de Cristo. El Talmud fue creado para mantener al pueblo judío en sujeción al liderazgo que bajo manifestaciones diversas ha existido a través de toda la Historia: el Sanedrín, el Kahal, el Politburó, la ADL, el AIPAC. Cada uno de estos grupos ha propuesto un falso Mesías como antídoto y alternativa al verdadero Mesías, y cada uno ha llevado a través de la Historia a una reacción violenta o a un igualmente violento desengaño. En los veinte años que siguieron a 1648 se desarrolló el ciclo completo. Los pogroms de Chmielnicki y luego Sabbatai Zevi, fueron la reacción, el Mesías y la desilusión.

     Hay algún indicio de que lo mismo está ocurriendo otra vez. Hace sesenta años el Imperio comunista se extendía por la faz de la Tierra, y sin embargo al mismo tiempo los judíos que habían apoyado a Stalin tan fielmente comenzaron a experimentar una gran desilusión con el comunismo. Lo mismo está ahora ocurriendo con el sionismo, en el preciso momento cuando el lobby de Israel ha alcanzado el pináculo del poder mundial.

     En este caso ¿cuáles son las opciones del momento actual?. En uno de sus pasajes más crípticos, Atzmon afirma que "la salvación es la Massada del orgulloso auto-aborrecedor".  Atzmon se está refiriendo al suicidio masivo que siguió a la insurrección del 70 d.C. contra Roma que terminó en la destrucción del Templo. La versión de Massada del siglo XXI podría  resultar mucho más dramática a causa de que los desesperados sionistas de hoy poseen armas nucleares, un hecho que da urgencia a la necesidad en disuadir a los judíos de llevarse al mundo entero con ellos cuando pasen por uno de esos inevitables períodos de desilusión.

     La otra opción es la conversión, la opción que ha existido siempre desde el comienzo. Esto significa conversión al Logos en todas sus formas, desde el realismo filosófico y los principios de la Ontoteología hasta la aceptación de Jesús Cristo como el único Mesías. Esto también significa un rechazo igualmente firme de la todas las formas de engaño talmúdicas, incluyendo la liberación sexual, el racismo, las políticas mesiánicas y la deconstrucción.

     La Iglesia Católica, que a través de su historia ha urgido siempre la conversión de los judíos, ha sido hasta ahora incapaz de proporcionar asistencia a este respecto, porque ha sido lisiada por una interpretación de Nostra Aetate que contradice los Evangelios. Uno de los rituales del ecumenismo posterior a la declaración Nostra Aetate, que se ha desarrollado en los últimos 40 años, consiste en que algún dignatario de la Iglesia se ponga de pie en una reunión ecuménica  —después de que los judíos denunciaran a la Iglesia como la fuente de todo anti-judaísmo y la causa inmediata del genocidio realizado por Hitler— y proclame que los judíos no necesitan a Cristo como su salvador. [...]


Profunda crisis

     Nostra Aetate ha llevado a una profunda crisis en la Iglesia Católica. A fin de participar en el diálogo ecuménico con los judíos, los "expertos" católicos estuvieron dispuestos a realizar afirmaciones heréticas que contradijeron la enseñanza de la Iglesia Católica. Ellos estuvieron dispuestos a negar principios fundamentales de la teología católica. La Iglesia estuvo de pronto en una situación donde no hubiera podido articular una posición coherente, porque la negación del Evangelio se había convertido en la condición sine qua non del diálogo con los judíos.

     De muchas maneras, este problema recorrió todo el camino hasta la cumbre. En la "Declaración sobre las Relaciones de la Iglesia con el Judaísmo", dirigida a un grupo judío en Mainz, Alemania, en 1980,  Juan Pablo II «en realidad  comentó que la antigua alianza con los judíos "de hecho no había sido nunca revocada por Dios"». La afirmación era teológicamente defendible, porque Dios nunca revocó las alianzas con Noé y Abraham, pero dio la impresión de que la "Alianza nueva y eterna" que Cristo mismo estableció no se aplicó a los judíos.

     Los gestos del Papa Juan Pablo II fueron peores a este respecto. Su oración ante el Muro de los Lamentos en Jerusalén fue teatral pero ambigua. Los judíos que oran ante el Muro de los Lamentos ruegan por la restauración del Templo. Ningún Papa podría siquiera tener la intención de hacer lo que sería un acto absolutamente perverso, pero los artistas judíos no perdieron un minuto en eternizar este acto y toda la ambigüedad que encarna, como un medio de justificar su llamado a una prohibición a toda forma de "proselitismo". No es de extrañar pues que se confunda gente como Roy Schoeman. Schoeman es un judío convertido al catolicismo convencido de que los últimos tiempos han llegado. En cuanto católico, Schoeman ahora espera la restauración del Templo, sin entender que si esto ocurriese, sería equivalente a la abominación de la desolación referida en el libro del Apocalipsis y no a la Segunda Venida.

     La idea de la conversión de los judíos en la cumbre de su poder mundial es improbable, salvo considerada desde una perspectiva teológica, pero debido a que la premisa de nuestro razonamiento es que "el judío" es un concepto esencialmente teológico, así es precisamente cómo deberíamos ver el asunto. Para comenzar, la Sinagoga de Satán debe ser considerada como la antítesis de la Iglesia. De este modo, si los cristianos, siguiendo el ejemplo de Pablo, pueden decir "cuando soy débil, entonces soy fuerte", la Sinagoga de Satán tendría que decir exactamente lo opuesto, a saber, "cuando soy fuerte, entonces soy débil". Y esta admisión corresponde sobrenaturalmente al fenómeno psicológico del "orgulloso judío auto-aborrecedor" que hemos estado discutiendo.

     El colapso final de la resistencia judía al Logos tendrá lugar cuando hayan alcanzado la cima del poder mundial. No tenemos modo de conocer cómo será el futuro, pero podemos decir con confianza que en ningún momento de la historia de los últimos dos mil años han tenido los judíos mayor poder que el que tienen en el presente. El hecho de que los judíos estén ahora en completa posesión de Jerusalén y, según algunos informes, planeando reconstruir el Templo, otorga verosimilitud a la creencia de que el escenario está siendo preparado para la última gran batalla sobre quién gobernará el alma judía. El sacerdote Agustín Lemann, judío converso él mismo, presiente que la futura conversión del pueblo judío es segura. Fundamenta esto en el testimonio de muchos Padres de la Iglesia. "Hay una muy conocida tradición estimada por los fieles", escribe Agustín, "de que en los últimos días antes del Juicio, el gran y admirable profeta Elías va explicar la ley a los judíos y a conducirlos a la aceptación del verdadero Mesías Nuestro Cristo" (Denis Fahey, "The Kingship of Christ and the  Conversión of the Jewish Nation", p. 101). Entonces "estos israelitas carnales", continúa Agustín, "que hoy rehusan creer en Jesucristo, creerán un día en él". O sea, profetiza su conversión en los siguientes términos: "Los hijos de Israel permanecerán muchos días sin rey y sin sacrificio, y sin altar y sin efod y sin terafim" [7]. "¿Quién", se pregunta Denis Fahey, "no ve en estas palabras un retrato del estado presente del pueblo judío?" (pp 101-2).

[7] Los efods eran vestiduras sacerdotales, y los terafims estatuas de forma humana, descritas en varios pasajes del Antiguo Testamento.

     Agustín no es el único en su creencia de que los judíos se convertirán en algún momento cercano a la culminación de la historia humana. Tomás de Aquino afirma que "así como por la caída de los judíos los gentiles que habían sido enemigos fueron reconciliados, así después de la conversión de los judíos cerca del fin del mundo habrá una resurrección general por la cual los hombres se levantarán desde la muerte para la vida inmortal" (p. 105).

     Pablo afirma que su conversión únicamente tendrá lugar al fin del tiempo, y hasta entonces los judíos continuarán "llenando siempre hasta el tope sus pecados: porque la ira de Dios ha caído sobre ellos hasta el fin". Jerónimo también cree que los judíos se convertirán al fin del mundo cuando "se encontrarán a sí mismos en una luz deslumbradora, como si Nuestro Señor estuviera volviendo desde Egipto hacia ellos". Según Suárez "la conversión de los judíos tendrá lugar en las proximidades del último Juicio y en el colmo de la persecución que infligirá el Anticristo a la Iglesia". Los judíos, de acuerdo con la opinión general, continuarán expresando su hostilidad a Cristo hasta el momento de su conversión. La conversión será dramática y en el último tiempo los cristianos se parecerán a los judíos "a causa de nuestros pecados, que de hecho serán peores". A este respecto Orígenes apoya el punto de vista de Yuri Slezkine en su afirmación de que la modernidad es judía. Juan Crisóstomo afirma que "Dios volverá a llamar a los judíos como un segundo tiempo" cuando los cristianos hayan abandonado la fe. Los judíos se volverán cristianos cuando los cristianos se hayan vuelto judíos.


El  Anticristo será un judío

     A esta altura de la apostasía aparecerá el Anticristo, y será un judío, que, de acuerdo con Suárez, encontrará "su principal apoyo entre los judíos". Querrá también "restaurar la ciudad de sus antepasados y su templo, del cual siempre estuvieron especialmente orgullosos",  porque si no lo hiciera no podría "ser aceptado como el Mesías por los judíos que sueñan en la gloria terrena de Jerusalén e imaginan que esa ciudad se convertirá en la capital del futuro reino mesiánico". Si Suárez pudiera haber sido catapultado al futuro para contemplar la situación del Estado de Israel en 2006, bien pudiera concluír que la conversión de los judíos es inminente. Si leyera el sitio web de Gilad Atzmon, podría también concluír que la conversión de los judíos es inminente. La fuerza sin precedentes de los judíos, unida a la debilidad sin precedentes de la Iglesia, no permite sino explicaciones apocalípticas.

     Al culminar la Historia, el anti-Cristo judío será fuerte, más fuerte de lo que jamás ha sido en la Historia, y la Iglesia será débil, más débil de lo que jamás ha sido en la Historia. En ese  momento, el reino mesiánico del Cielo en la Tierra, el reino de la máxima riqueza y poder de los judíos (y la máxima miseria para cualquier otro) será inminente, y todo lo que la Sinagoga de Satán ha deseado por centurias parecerá estar a su alcance. En ese instante, los judíos estarán ante una elección obligatoria, y de acuerdo a la tradición cristiana, muchos elegirán a Cristo. Por qué ellos harían entonces esto, es bastante fácil de explicar. El rabino Dresner lo hace en su libro sobre las dificultades de la familia estadounidense, que es realmente una parte de las dificultades de los judíos estadounidenses, que en su búsqueda de pasión, placer y poder, se han perdido a sí mismos en el reino de César: «No es motivo de risa que los descendientes de quienes escribieron los Salmos y ofrecieron oraciones por el mundo se convirtieran, de acuerdo a la opinión general, en los de menor piedad... El pueblo elegido achatado en la normalidad, volviéndose "como las naciones", aquello contra lo cual los profetas habían advertido... Muchos judíos postmodernos han descubierto una verdad enigmática:  Ninguna licencia ha reemplazado a la Ley, ninguna sinfonía a los Salmos, ningún candelabro a las candelas del Sabat; ninguna ópera al Yom Kippur, ningún country club a la sinagoga; ninguna concubina a la esposa; ningún banquete a la cena del Éxodo; ninguna enorme metrópoli a Jerusalén; ningún hombre a Dios» (p. 329).

     En el corazón del panegírico del rabino Dresner de los judíos estadounidenses, descubrimos el mecanismo psicológico que llevará a su conversión. Cuando ellos son fuertes, son débiles. Alan Dershowitz ha dicho algo similar sobre la demografía judía en EE.UU. en su libro "The Vanishing American Jew". Cuanta más riqueza y poder acumulan los judíos, más débiles se vuelven, porque  el enriquecimiento ha privado a los judíos de sus más perdurables ilusiones. Como Dresner indicó oscuramente, "Los judíos lo han ensayado todo". Después de haber "agotado la modernidad", ahora "buscan la recuperación de lo sagrado" (p. 330).

     Lo que Dresner no alcanzó a entender es que lo sagrado no puede ser recuperado realizando ritos anacrónicos. Los judíos no pueden encontrar lo sagrado entre los muertos. Sólo pueden encontrarlo entre los vivos. La Iglesia puede capitalizar este momento y salvar al mundo de una Massada con armas nucleares, pero sólo si reafirma sus posiciones tradicionales sobre los judíos. Esto significa "sicut Iudeis non..." [no como los judíos], lo que establece que nadie puede dañar al judío o turbar su culto, pero que los cristianos tienen un deber igualmente solemne de impedir la subversión judía de la fe y las costumbres. Esto significa que la Iglesia condenaría el "antisemitismo", lo que significa el "odio a los judíos como raza", pero por la misma razón la Iglesia no debería permitir que los judíos le definan el significado del término, porque en ese caso los judíos usarán "la palabra para designar cualquier forma de oposición a ellos" y su infernal proyecto de subversión cultural. De acuerdo con la definición judía del término, "cualquiera que se opone a las pretensiones judías está más o menos trastornado mentalmente".


Balance

     Jamás en su historia la Iglesia ha sido "antisemita". La enseñanza católica tradicional sobre los judíos siempre ha implicado un delicado balance.

     "Por un lado la Iglesia ha hablado a favor de los judíos para proteger sus personas y su culto contra ataques injustos... Por otro lado la Iglesia ha hablado contra los judíos, cuando ellos desearon imponer su yugo al fiel y provocar la apostasía. Se ha esforzado siempre por proteger al fiel de la contaminación de ellos. Como lo demostró la experiencia de pasadas centurias, si los judíos lograran alcanzar altos cargos del Estado abusarían de sus poderes en detrimento de los católicos. La Iglesia siempre se esforzó para evitar que los católicos cayeran bajo su yugo. Se les prohibió  hacer prosélitos y no se les permitió tener cristianos como siervos o servidores" (Fahey, p. 80).

     En la más negra hora de la persecución nacionalsocialista, durante los años '30, el Papa Pío XI defendió a los judíos de sus perseguidores proclamando que "el antisemitismo es inadmisible. Somos espiritualmente semitas". Menos conocido es el resto de lo que tuvo que decir. Después de confirmar que "es imposible para los cristianos ser anti-judíos", el Papa Pío XI llegó a otorgar "el reconocimiento de que todo el mundo tiene el derecho de defenderse, en otras palabras, de tomar las precauciones necesarias para su protección contra todo lo que  amenace sus legítimos intereses".

     Glosando el discurso de Pío XI, Denis Fahey simplemente reitera lo que la Iglesia ha proclamado siempre en las declaraciones sobre los judíos conocidas como "Sicut iudeis non".

     Por un lado, los soberanos Pontífices se esfuerzan en proteger a los judíos de la violencia física y de asegurar el respeto a su vida familiar y a su culto, como vida familiar y culto de personas humanas. Por otra parte, ellos pretenden incesantemente proteger a los cristianos de la contaminación del naturalismo judío y tratan de evitar que los judíos logren el control de los cristianos. La existencia de esto último debe ser fuertemente subrrayado, porque hasta cierto punto esto ha sido perdido de vista en tiempos recientes. Los católicos necesitan  familiarizarse no sólo con las repetidas condenas papales del Talmud, sino con las medidas tomadas por los Soberanos Pontífices para preservar a la sociedad de las invasiones del naturalismo judío. De otro modo estarán expuestos al riesgo de hablar del Papa Pío V y del Papa Benedicto XIV como modelos de "antisemitas"...

     La oposición a la ambición judía de "imponer su mando a las otras naciones" no es "antisemitismo", incluso si los judíos lo presentan así. El cristiano debe oponerse al "antisemitismo" definido como odio a los de raza judía, pero también debe oponerse al proyecto judío de oposición al Logos. Como muchos católicos hicieron en el pasado, la Iglesia debe oponerse al proyecto del judío revolucionario, incluso ahora —sí, especialmente ahora— cuando los judíos han adoptado la retórica conservadora para encubrir sus verdaderas armas.

     El Papa Pío X presintió que el fin de los tiempos había llegado en 1903. Y en un sentido tenía razón, en tiempos en que la confusión se había establecido después de la Primera Guerra Mundial, todos los Imperios católicos restantes de Europa se habían derrumbado, y el comunismo anti-crístico judío se había asentado en el trono vacante del César cristiano. Quizá Pío X tuvo una visión del futuro cuando en Octubre de 1903 escribió que

     «Quienquiera que pondere estas cosas tiene ciertamente razón en temer que semejante perversión mental pueda pregonar los males anunciados para el fin de los tiempos y, por así decirlo, los comienzos de estas calamidades, y que el hijo de la perdición de quien habla el Apóstol puede ya haber hecho su aparición aquí abajo. Tan grande es la furia y el odio con que la religión es atacada en todas partes, que parece haber un esfuerzo decidido por destruír todo vestigio de relación entre Dios y el hombre. Por otro lado —y esto está de acuerdo con el mismo Apóstol, la característica peculiar del Anticristo— con espantosa presunción el hombre está intentando usurpar el lugar del Creador y tratando de encumbrarse a sí mismo por sobre todo lo que es llamado Dios... Está consagrando el mundo visible a sí mismo como un templo, en el que tiene la pretensión de recibir la adoración de sus semejantes. "De modo  que se siente en el templo de Dios presentándose como si fuera Dios"» (II Tes. 2:3).

     Como ha escrito Juan el Evangelista, hay "muchos anti-Cristos" (I Juan 2:17), y los judíos  le dieron la bienvenida a todos. «A través de los siglos», escribe el sacerdote Lemann, «los judíos le han dado la bienvenida a todos los enemigos de Jesús Cristo y de su Iglesia, y se han establecido a sí mismos como sus auxiliares. En el Gran Sanedrín, constituído en Paris en 1807, aplicaron los títulos bíblicos que estaban reservados exclusivamente para el Mesías, a Napoleón, a pesar de que Napoleón no era de sangre judía. Incluso han saludado los principios de la Revolución francesa como el Mesías: "El Mesías nos llegó el 28 de Febrero de 1790, con la declaración de los Derechos del Hombre"» (p.187).

     Inspirado por la afirmación de Pío X, el arzobispo Robert Hugh Benson escribió "El Señor del Mundo" (Lord of the World), una novela publicada en 1907 pero que se desarrolla en el siglo XXI, más o menos  cien años después, es decir en 2007... En esa novela un pueblo inglés debilitado enfrenta a un anti-Cristo que lleva el nombre icónico de Julian Felsenburgh en los llanos de Megiddo.

     En Junio de 2006 el Papa Benedicto XVI anunció que iría a Megiddo en 2007 [fue a Israel en Mayo de 2009]. Megiddo es otro nombre para Armagedón. El aura apocalíptica de esta visita fue eclipsada por la naturaleza apocalíptica de la época. George W. Bush, como el anticristiano Juliano el Apóstata, estaba encerrado en una guerra imposible de ganar en Iraq, y está intentando extenderla hacia el Este lanzando bombas atómicas contra Irán. A juzgar por las apariencias, la conversión de los judíos no parecía inminente. Nunca los judíos habían sido tan poderosos; la Iglesia era débil. Pero las apariencias pueden engañar. Benedicto XVI fue el autor de la declaración Dominus Jesus (2000) y ha dicho, ya antes de convertirse en Papa, que estaba esperando la conversión de los judíos. El cambio estaba en el aire.–


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