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miércoles, 17 de octubre de 2012

Ramon K. Jusino - María Magdalena y el Evangelio de Juan

     Publicado el 13 de Julio de 1998 en internet, este ensayo ("Mary Magdalene: Author of the Fourth Gospel?") del estadounidense Ramón K. Jusino, magíster en teología y profesor de escuela secundaria en Nueva York, ha alcanzado cierta resonancia por lo novedoso de su tesis, que es la enunciada en su título. En vista de la penosa traducción que él mismo presenta, hemos hecho la nuestra propia, dado lo interesante que es todo lo que plantea, y considerando, por ejemplo, que el cuarto evangelio era el único que admitían los cátaros, y que en la Antigüedad fue a duras penas ingresado en el canon por las muchas dudas que planteaba el texto a la mafia sacerdotal católica en el poder. El profesor Jusino con impecables razonamientos nos va demostrando por qué la más probable autoría de dicho evangelio correspondería a María Magdalena, de quien al final pusimos una noticia pertinente.


María Magdalena:
¿Autora del Cuarto Evangelio?
por Ramón K. Jusino
Julio de 1998



INTRODUCCIÓN

     Este artículo sostiene el argumento en favor de la atribución de la autoria del Cuarto Evangelio (el Evangelio de Juan) en el Nuevo Testamento a María Magdalena. Hasta donde sé, ningún obra anteriormente publicada ha argumentado en favor de esta hipótesis. La mayoria de los eruditos bíblicos afirma hoy que el autor del cuarto Evangelio fue un seguidor anónimo de Jesús referido dentro del texto del Evangelio como el Discípulo Amado. Se postula aquí que, en una tradición más antigua de la comunidad que compuso el cuarto Evangelio, el ahora "anónimo" Discípulo Amado era conocido como María Magdalena. Se postula además que María Magdalena fue la verdadera fundadora y protagonista de lo que ha venido a ser conocido como la Comunidad Joánica [the Johannine Community] (es decir, María Magdalena fue una de las fundadoras apostólicas originales de la temprana iglesia cristiana).

     Comprendo que esta hipótesis pueda parecer muy radical y quizá heterodoxa para usted; sin embargo, creo que está bien fundada, y respetuosamente le ofrezco lo que sigue en apoyo de ella. La evidencia que apoya a esta tesis incluye algunas de las escrituras cristianas gnósticas de la Biblioteca de Nag Hammadi, y la evidencia interna del texto del cuarto Evangelio mismo. Este estudio también se basa en gran medida en la investigación de la Comunidad Joánica hecha por Raymond E. Brown (el más importante erudito bíblico católico en Estados Unidos).

     He hecho un gran esfuerzo para escribir este artículo de una manera tal que pueda ser seguido y entendido fácilmente por cualquiera que no tenga un conocimiento previo de los estudios bíblicos. Está escrito y dedicado a todos aquellos que tienen una mente lo suficientemente abierta para investigar nuevas ideas sin sentirse amenazados por ellas. (Hay una lista de obras citadas al final de este ensayo).                


*   *   *   *   *


     María Magdalena permanece, hasta el día de hoy, como una de las figuras más elusivas y misteriosas. No es nueva la especulación acerca del rol que jugó en el desarrollo del cristianismo temprano; ha sido objeto de muchas teorías y mitos a través de la historia eclesiástica. Esta especulación ha sido el resultado del silencio ensordecedor de las propias Escrituras en cuanto a esta mujer que aparece citada en los cuatro Evangelios como la que presenció la crucifixión de Jesús y la tumba vacía en la mañana de la Resurrección. ¿Por qué no sabemos prácticamente nada más acerca de ella?; ¿hizo ella contribuciones al desarrollo de la iglesia temprana de las que no tenemos noticia?.

     Hay un hecho que pocas personas parecen saber: la Biblia nunca dice explícitamente que María Magdalena fuera una prostituta en ningún momento de su vida. Lucas no la nombra en su narrativa acerca de la "prostituta penitente" que lava los pies de Jesús con su cabello (7:36-50); ni tampoco es ella nombrada como la mujer que fue sorprendida cometiendo adulterio y salvada por Jesús de ser apedreada hasta morir (Juan 8:1-11). Ella es identificada como habiendo sido una vez poseída por demonios (Lucas 8:2). Sin embargo, la presunción de que su pasado pecaminoso consistió sobre todo en pecados sexuales es una presunción que no se hace generalmente cuando se trata de varones que son identificados como anteriormente pecadores. Susan Haskins ha publicado un libro excelente acerca de los muchos mitos e interpretaciones erróneas sobre María Magdalena (Mary Magdalen: Myth and Metaphor, New York, 1993), libro imprescindible para cualquiera que desee hacer un estudio serio de la Magdalena.


MI TESIS

     Comenzamos presuponiendo la bien fundamentada siguiente posición: Las muchas contribuciones positivas hechas por mujeres al desarollo de la iglesia temprana han sido minimizadas a través de la Historia. Claudia Setzer nos ha recordado recientemente que las mujeres, especialmente María Magdalena, fueron testigos esenciales del Cristo Resucitado. Setzer (p.259) afirma que el destacado papel de las discípulas femeninas fue una pieza firmemente arraigada de la tradición, que se convirtió rápidamente en una turbación para los lideres masculinos de la iglesia institucional emergente. Muchos prominentes estudiosos han argumentado, de manera muy convincente, que hubo un esfuerzo concertado de parte de la jerarquía masculina de la temprana iglesia para suprimir el conocimiento de cualquier contribución importante hecha por las discípulas femeninas. Se afirma aquí que mucha de la herencia de María Magdalena cayó victima de esta supresión.

     Este estudio postula la teoria de que el cuarto Evangelio, que alguna vez se creyó universalmente que había sido escrito por Juan hijo de Zebedeo, fue realmente escrito por María Magdalena. Se postula además que ella era "el discípulo amado" del cuarto Evangelio y, por lo tanto, la fundadora y lider de lo que ha venido a ser conocida como la Comunidad Joánica. De hecho, hay más evidencias que apuntan a su autoría del cuarto Evangelio que la que siempre ha señalado a la autoría de Juan.

     La investigación de Raymond E. Brown (1979) es utilizada como la base primaria para este estudio. La investigación de Brown sobre la Comunidad Joánica claramente no tiene comparación. La mayoria de los teólogos lo reconoce fácilmente hoy como el erudito católico preeminente de la Biblia en Estados Unidos. Este estudio no cuestiona ninguna de las afirmaciones esenciales de Brown sobre este tema sino que más bien utilizo mucha de la investigación suya para reforzar mi hipótesis en este artículo. Este estudio se basa en la investigación de Brown, intentando identificar al autor del cuarto Evangelio donde Brown no lo hace. En algún momento Brown argumentó que el cuarto Evangelio había sido escrito por Juan hijo de Zebedeo (1966: xcviii). Sin embargo, Brown ha cambiado desde entonces su opinión sobre esto porque encontró que habia poca evidencia para apoyar la autoría Joánica de este Evangelio (1979: 33).

     María Magdalena es postulada aquí como la autora del cuarto Evangelio, en el sentido en que la Antigüedad definía la autoría (Brown 1990: 1051-1052): El autor es la persona cuyas ideas expresa el libro, no necesariamente la persona que escribió en el papiro (Brown 1966: lxxxvii). Según Brown, el cuarto Evangelio fue escrito por un seguidor anónimo de Jesús identificado en el texto del Evangelio como el Discípulo Amado. Este Discípulo Amado conoció a Jesús personalmente y estaba en el grupo original de la Comunidad Joánica (Brown 1979: 31). El cuarto Evangelio se basó en el propio relato testimonial de este discípulo (Juan 21:24). Brown identifica varias fases en el desarrollo del cuarto Evangelio:

1) la primera versión pre-Evangelio escrita por el Discípulo Amado;
2) la obra pre-Evangelio producida por el "evangelista" o escritor principal; y
3) la versión final escrita por un redactor después de la muerte del Discípulo Amado (1979:22-23).

     Afirmo que la contribución de María Magdalena a la escritura del cuarto Evangelio ocurrió dentro de la primera fase del desarrollo identificado por Brown, es decir, la versión inicial pre-Evangelio. El Evangelio pasó por varias fases de modificación. El resultado final de estas modificaciones fue la supresión eventual de su papel como autora de este Evangelio y como líder de su comunidad.


EL DISCÍPULO AMADO DEL CUARTO EVANGELIO

     Antes de que vayamos más lejos, echemos un vistazo a lo que dice realmente el cuarto Evangelio sobre este Discípulo Amado. En el Evangelio de Juan hay siete pasajes que se refieren al amado fundador anónimo de la comunidad Joánica. Estos segmentos son los siguientes:

1. (1:35-40) Este pasaje se refiere a "otro discípulo" que escuchó a Juan el Bautista y siguió a Jesús junto con Andrés, el hermano de Simón Pedro. Incluso aunque este pasaje no se refiere específicamente al discípulo como siendo amado por Jesús, Brown argumenta que aquí se hace una referencia al Discípulo Amado. Él dice que el discípulo no está referido simplemente como el Amado porque él no era todavía un discípulo de Jesús en este punto de la historia (Brown 1979: 33).

2. (13:23-26) Este pasaje se refiere claramente al discípulo anónimo como "el discípulo a quien Jesús amaba". El discípulo está sentado al lado de Jesús durante la Última Cena. Pedro le hace una seña al discípulo para que éste le pregunte a Jesús por la identidad de su traidor. El discípulo le pregunta a Jesús, y Jesús le dice que su traidor, por supuesto, será Judas Iscariote.

3. (18:15-16) Después del arresto de Jesús, al otro discípulo se le permite entrar al patio del sumo sacerdote con él. A Pedro, sin embargo, no le fue permitido entrar al principio. A Pedro se le permitió entrar solamente después de que el otro discípulo, que era conocido por el sumo sacerdote, le habló al portero. El otro discípulo no está referido explícitamente como el Discípulo Amado; sin embargo, Brown afirma que este pasaje se refiere al mismo discípulo a quien Jesús amaba (1979: 82).

4. (19:25-27) El Discípulo Amado está al pie de la Cruz junto con la madre de Jesús y otras mujeres, incluyendo a María Magdalena. Jesús le dice al Discípulo Amado que se haga cargo de su madre. El discípulo, se dice, llevó a su propio hogar a la madre de Jesús.

5. (20:1-11) Pedro y el discípulo a quien Jesús amaba corren a la Tumba Vacía después de serles dicho por María Magdalena que el cuerpo del Señor no estaba allí.

6. (21:7) En este pasaje, varios de los discípulos están pescando después de la Resurrección de Cristo. El Discípulo Amado es el primero que se da cuenta de que el hombre que les estaba hablando era Jesús. El Discípulo le dice a Pedro: "¡Es el Señor!".

7. (21:20-24) En una conversación entre Pedro y el Cristo Resucitado se alude a la muerte del Discípulo Amado. El pasaje también afirma que el Evangelio fue escrito por el Discípulo Amado y basado en su testimonio como testigo presencial. El capítulo 21 fue obviamente escrito por un redactor (o editor) después de la muerte del Discípulo Amado.


     Usted puede observar en este punto que en los pasajes ya citados del Evangelio de Juan, el Discípulo Amado es claramente masculino. También, que en 19:25-27 y 20:1-11 el Discípulo Amado y María Magdalena aparecen en las mismas escenas simultáneamente. ¿Cómo entonces puedo alegar que María Magdalena es "el Discípulo Amado" a la luz de esto?. La respuesta se abordará en detalle más adelante. Pero por ahora: La razón de que la Discípula Amada haya sido convertida en un varón en el texto es porque esta Discípula era claramente la fundadora y protagonista de la comunidad que produjo este Evangelio. En algún punto después de la muerte de Jesús, los lideres masculinos emergentes de aquella comunidad simplemente se desconcertaron por tener una fundadora femenina. (Recuerde: estamos haciendo referencia a actitudes masculinas hacia las mujeres hace 2.000 años). Con el fin de integrar a su comunidad dentro de la corriente mayoritaria, ellos suprimieron algunas de las prácticas más radicales que Jesús les enseñó con su ejemplo, tales como tratar a todos con igual dignidad y respeto, incluyendo a los enfermos, los pobres, los oprimidos, los leprosos y las mujeres. Jesús al parecer no se opuso a que los hombres y las mujeres compartieran el poder y posiciones de liderazgo. Algunos de sus sucesores, sin embargo, no fueron lo suficientemente valerosos para ser tan radicales. Así, en el caso del Evangelio de Juan, la Discípula Amada tuvo que ser convertida al género masculino. Daré más detalles sobre cómo creo que sucedió esto a continuación.

     Un hecho es muy claro: Por alguna razón, el escritor del Evangelio de Juan quiso mantener en secreto la identidad del Discípulo Amado. Este Discípulo era obviamente una figura extremadamente importante en la historia de su comunidad. ¿Por qué, entonces, está oculto el nombre de este discípulo?. ¿Era el objetivo proteger a este discípulo de la persecución?. Difícilmente; después de todo, el discípulo claramente había fallecido cuando fue elaborada la redacción final del Evangelio de Juan (21:20-24). ¿Es posible que el escritor de la redacción final haya olvidado el nombre del amado fundador de su comunidad?. No es muy probable. Este es, por cierto, un misterio interesante.


LA EVIDENCIA EXTERNA

     Hoy, la mayoría de los estudiosos bíblicos, tanto católicos como protestantes, afirman que Juan hijo de Zebedeo no escribió el Evangelio que lleva su nombre. Ellos atribuyen la autoría al "anónimo" Discípulo Amado. Así, si la evidencia que señala a Juan como el autor de este Evangelio es tan débil, ¿cómo, entonces, es que este libro llegó a ser conocido universalmente como el Evangelio de Juan?.

     El cuarto Evangelio fue inicialmente aceptado por cristianos "heterodoxos" más bien que por los "ortodoxos" (Brown 1979: 147). El más antiguo comentario conocido sobre el cuarto Evangelio es el del gnóstico Heracleón (m. 180). Los gnósticos valentinianos se apropiaron a tal punto del cuarto Evangelio que Ireneo de Lyon (m. 202) tuvo que refutar la exégesis que ellos hacían de él. Brown también hace notar la relación entre el cuarto Evangelio y los primeros gnósticos cristianos cuando él escribe que hay "abundante evidencia de la familiaridad con las ideas Joánicas en... la biblioteca gnóstica de Nag Hammadi" (1979: 147). En contraste con esto, Brown señala que un claro uso del cuarto Evangelio en la iglesia temprana por fuentes "ortodoxas" es difícil de probar (1979: 148). Esto parecería sugerir que el contenido del cuarto Evangelio por alguna razón en algún momento no fue atractivo para los cristianos "ortodoxos" y sí muy atractivo para los cristianos gnósticos. De hecho, el más antiguo uso "ortodoxo" indiscutible del cuarto Evangelio fue el hecho por Teófilo de Antioquía, c. 180 d.C., en su Apologia ad Autolycum [Apología destinada a Autólico]. Esta fuerte conexión entre el cuarto Evangelio y los cristianos gnósticos proporciona un apoyo significativo para mi tesis.

     Si usted no está familiarizado con los gnósticos, sugiero que los investigue. Ellos fueron calificados tempranamente como herejes por la emergente iglesia institucional en la historia eclesiástica. Relevante para este estudio es lo siguiente: Muchos grupos gnósticos practicaban el igualitarismo radical. Ellos creían que Dios actuaba y se comunicaba a través tanto de varones como de mujeres. Se sabe que tanto varones como mujeres eran líderes y/o profetas en sus comunidades. Muchos varones, incluyendo a los de la iglesia, se sintieron amenazados por ellos.

     La popularidad del cuarto Evangelio entre los gnósticos hizo que fuera importante para la iglesia temprana despejar la cuestión de su autoría apostólica (Perkins: 946). Fue Ireneo quien defendió la apostolicidad del cuarto Evangelio apelando a una tradición que circulaba en Asia Menor que, él afirmó, relacionaba a Juan hijo de Zebedeo con el cuarto Evangelio. El testimonio de Ireneo, sin embargo, es una evidencia muy tenue para establecer a Juan hijo de Zebedeo como el autor del cuarto Evangelio. En primer lugar, resultó que Ireneo confundió a Juan hijo de Zebedeo con un presbítero de Asia Menor que también se llamaba Juan. En segundo lugar, Ireneo afirmó que él obtuvo de Policarpo (m. 156), obispo de Esmirna, su información sobre la autoría Joánica del cuarto Evangelio, cuando el propio Ireneo era un niño (Perkins: 946). La tradición de la iglesia que estableció a Juan como autor del cuarto Evangelio estaba basada, primordialmente, en ¡recuerdos de la infancia de Ireneo!. Es principalmente por esta razón, en ausencia de otras pruebas que apoyen esto, que la mayoría de los estudiosos bíblicos afirman hoy que Juan no fue el autor del cuarto Evangelio.

     La investigación de Brown revela que hubo un cisma temprano en la historia de la comunidad Joánica. Él postula que la comunidad se dividio en dos, debido a un desacuerdo cristológico interno. La mayoría de la comunidad, a quienes Brown se refiere como los Secesionistas, defendió la elevada cristología de su comunidad y derivó hacia el docetismo, el montanismo y el gnosticismo (Brown 1979: 149). El resto de la comunidad, a quienes Brown se refiere como los Cristianos Apostólicos, fueron amalgamados en la emergente iglesia institucional. Los Cristianos Apostólicos llegaron a ser aceptados como creyentes "ortodoxos" porque estuvieron dispuestos a modificar sus creencias cristológicas con el fin de conformarse con las enseñanzas de la emergente jerarquía de la iglesia. Los Secesionistas, la mayoría de la Comunidad Joánica, fueron rápidamente etiquetados como "heréticos" por la iglesia institucional porque no hicieron tales modificaciones. Este cisma ocurrió antes de la redacción canónica final del cuarto Evangelio. La redacción final que tenemos hoy es la obra de un editor que pertenecía al grupo que se alineó con la iglesia institucional. Ambos grupos, sin embargo, llevaron consigo su versión pre-canónica del cuarto Evangelio después del cisma, y la declararon como suya propia (Brown 1979: 149).

     Mi hipótesis incluye la aseveración de que, en la época del cisma, esta versión pre-canónica del cuarto Evangelio claramente identificaba a María Magdalena como el Discípulo Amado. Los secesionistas, como Brown los llama, preservaron la tradición de la Magdalena como la Discípula Amada, la fundadora y protagonista de su comunidad. Los secesionistas llevaron su tradición con ellos a varios grupos gnósticos. Esto explica la identificación de María Magdalena como la Discípula Amada en varios antiguos documentos gnósticos pertenecientes a una recopilación de literatura conocida como la Biblioteca de Nag Hammadi.

     Los cristianos apostólicos, por otra parte, gravitaron hacia la iglesia institucional, y fueron presionados para suprimir, entre otras cosas, su tradición que afirmaba que una mujer había sido su fundadora y antigua líder. El resultado final de esta supresión es el cuarto Evangelio como lo tenemos hoy.

     La siguiente reseña grafica los acontecimientos que condujeron a la difusión de la versión pre-canónica del cuarto Evangelio tanto entre cristianos "heterodoxos" como "ortodoxos". Se basa en el esbozo de Brown (1979: 166) sobre la historia de la Comunidad Joánica:

PRIMERA ETAPA (desde mediados de los años 50 hasta finales de los 80 d.C.): El grupo original de la comunidad es liderado por María Magdalena. Ella es altamente estimada como la testigo primaria de la Resurrección de Cristo. Ella es reconocida como tal incluso por los creyentes que no pertenecen a esta comunidad particular. Ella es conocida, desde muy temprano, como la compañera de Jesús, y como la discípula a quien Jesús amaba. Una parte esencial de la proclamación del evangelio de dicha comunidad es el hecho de que María Magdalena fue la primera en ver al Cristo Resucitado.

SEGUNDA ETAPA (c. 80-90 d.C.): En este punto, la comunidad tiene una versión de su Evangelio, ya escrito u oral, que incluye la tradición de que María Magdalena fue su fundadora, protagonista y líder. María Magdalena probablemente ya está fallecida en ese tiempo. Hay un cisma en la comunidad que muy probablemente es el resultado de un conflicto interno en torno a su elevada cristología. La comunidad se divide en dos grupos que Brown llama los secesionistas y los cristianos apostólicos.

TERCERA ETAPA (c. 90-100 d.C.):
—Los cristianos apostólicos: Por cuanto la iglesia está llegando a ser una institución más organizada, este grupo está temeroso del destierro y la persecución. Ellos buscan fusionarse con los líderes de la iglesia institucional emergente. La afirmación de que una discípula de Jesús había sido la primera líder y heroína de su comunidad se convierte rápidamente en una situación embarazosa. Ellos necesitan obscurecer ese hecho si esperan ser aceptados por los lideres masculinos de la creciente iglesia organizada. Un redactor en esta comunidad reescribe su Evangelio para hacerlo coherente con este oscurecimiento. El resultado de esta redacción es el cuarto Evangelio canónico como lo tenemos hoy.

—Los secesionistas: Ellos son el más grande de los dos grupos. Se aferran a su tradición que señala a María Magdalena como la Discípula Amada de Jesús. Muchos miembros de esta comunidad llevan esta tradición a varios grupos gnósticos. Su identificación de María Magdalena como la discípula a quien Jesús amaba se refleja en las escrituras cristianas gnósticas de Nag Hammadi, p. ej., en el Evangelio de Felipe y en el Evangelio de María.

     La evidencia que vincula la autoría del cuarto Evangelio con María Magdalena se encuentra en las escrituras gnósticas de la Biblioteca de Nag Hammadi. De particular interés son el Evangelio de Felipe y el Evangelio de María (refiriéndose a la Magdalena).

     La Biblioteca de Nag Hammadi fue descubierta en 1945 en la zona de Nag Hammadi en Egipto. Se ha escrito mucho sobre ella desde su publicación a mediados de los años '70. Esta biblioteca consiste en manuscritos coptos del siglo IV que son copias de manuscritos escritos originalmente en griego. Estos manuscritos pertenecieron a los cristianos gnósticos. La mayoría de los estudiosos señala la mitad del siglo II como la más temprana fecha plausible de composición de estos documentos. Sin embargo, unos cuantos de estos documentos algunos dicen que han sido escritos antes, a fines del siglo I, haciéndolos contemporáneos de los Evangelios del Nuevo Testamento (Haskins: 34). La importancia de este descubrimiento de 1945 no puede ser exagerada.

     Veamos algunos importantes extractos de la Biblioteca de Nag Hammadi. Este primer pasaje llega a nosotros desde el Evangelio de Felipe:

    «Y la compañera del [Salvador es] María Magdalena. [Pero Cristo amaba] a ella más que [a todos] los discípulos [y solía] besarla [a menudo] en su [boca]. El resto de [los discípulos estaba ofendido] por ello [y expresaron su desaprobación]. Ellos le dijeron a él: "¿Por qué la quieres a ella más que a todos nosotros?". El Salvador contestó y les dijo a ellos: "¿Por qué no los quiero a ustedes como a ella?. Cuando un hombre ciego y uno que ve están ambos juntos en la oscuridad, no hay diferencia entre uno y otro. Cuando viene la luz, entonces el que ve verá la luz, y el que es ciego permanecerá en la oscuridad"» (NHC II.3.63.32ss) (Robinson 1977: 138).

     Otro pasaje del Evangelio de Felipe dice lo siguiente:

    «Eran tres las que siempre caminaban con el Señor: Maria su madre, su hermana (de él), y Magdalena, la que era llamada su compañera. Su hermana y su madre y su compañera eran cada cual una María» (NHC II.3.59.6-11) (Robinson 1988: 145).

     El Evangelio de María (que se refiere a la Magdalena) dice lo siguiente:

    «Pedro le dijo a María: "Hermana, sabemos que el Salvador te quiso a ti más que al resto de las mujeres. Dinos las palabras del Salvador que tú recuerdas, las que tú sabes pero nosotros no, ni las hemos escuchado". María le contesto y dijo: "Lo que está oculto para ti, yo te lo proclamaré"» (NHC BG 8502,1,10,1-8) (Robinson 1988: 525).

     En este punto en el texto, María Magdalena le habla a Pedro, a Andrés y a Leví acerca de sus visiones del Cristo Resucitado y de sus conversaciones con el Señor. Estas visiones implican algo a lo que ella se refiere como los siete poderes de la ira (NHC BG 8502,1,16,12-13) (Robinson 1988: 526). Después de que ella concluye su discurso sobre sus revelaciones del Señor, los hombres discuten acerca de si deben aceptar la autenticidad de la visión de la Magdalena.

     El Evangelio de María concluye de la siguiente manera:

    «Cuando María hubo dicho esto, ella se quedó silenciosa, porque fue hasta este punto que el Salvador había hablado con ella. Pero Andrés respondió y dijo a los hermanos: "Digan lo que ustedes (quieran) decir sobre lo que ella ha dicho. Yo, por lo menos, no creo que el Salvador haya dicho eso. Pues ciertamente estas enseñanzas son ideas extrañas". Pedro contestó y habló con respecto a estas mismas cosas. Él les preguntó acerca del Salvador: "¿Él realmente habló con una mujer sin nuestro conocimiento (y) no abiertamente?. ¿Hemos de volvernos para escucharla a ella?. ¿Él la prefirió a ella en vez de nosotros?"».

    «Entonces Maria lloró y le dijo a Pedro: "Mi hermano Pedro, ¿qué piensas?. ¿Piensas que yo me inventé esto en mi propio corazón, o que estoy mintiendo sobre el Salvador?". Leví contestó y le dijo a Pedro: "Pedro, siempre has sido irascible. Ahora te veo contendiendo contra la mujer como los adversarios. Pero si el Salvador la hizo digna, ¿quién eres tú en verdad para rechazarla?. Ciertamente el Salvador la conoce muy bien. Por eso es que él la amó más que a nosotros. Debemos más bien estar avergonzados y revestirnos del hombre perfecto y adquirirlo para nosotros mismos como él nos ordenó, y anunciar el evangelio, no añadiéndole ninguna otra regla u otra ley más allá de lo que el Salvador dijo". Cuando [...] y ellos comenzaron a ir adelante [a] proclamar y predicar» (NHC BG 8502.1.17.7ss) (Robinson 1988: 526-527).

     Por algún razón, hay cuatro páginas que faltan en el relato de las revelaciones de ella en el texto existente. En total, faltan diez de las diecinueve páginas del Evangelio de María (Robinson 1988: 524, 526).

     Claramente, estos pasajes establecen como un hecho incuestionable que, por lo menos en algunas antiguas comunidades gnósticas, se pensaba que María Magdalena había sido la "Discípula Amada" y la compañera del Señor. Ella es señalada en varias ocasiones como la discípula a quien Jesús amaba más. Esto parecería contradecir la aseveración en el cuarto Evangelio de que el fundador masculino de la Comunidad Joánica fue "el discípulo a quien Jesús amaba" (Juan 13:23). ¿Cómo puede haber dos fuertes tradiciones cada una identificando a dos distintas personas como el discípulo a quien Jesús amaba más?. Esto comienza a tener sentido sólo si exploramos la posibilidad de que, en realidad, ambas tradiciones se estén refiriendo al mismo discípulo.


INVESTIGANDO EXPLICACIONES POSIBLES

     No hay duda de que el Discípulo Amado en la versión canónica del cuarto Evangelio es un discípulo masculino anónimo. Pero, como hemos visto, las escrituras de la Biblioteca de Nag Hammadi reflejan una fuerte tradición que repetidamente nombra a María Magdalena como la discípula a quien Jesús amaba. ¿Cómo explicamos esta perturbadora contradicción?. Hay solamente tres explicaciones posibles para esto:

     —No hay conexión alguna entre el cuarto Evangelio y los escritos gnósticos citados aquí. Ellos simplemente reflejan dos tradiciones diferentes que mencionan a dos personas diferentes como el discípulo favorito de Jesús. Esto es simplemente una coincidencia.

     —La explicación de Brown: Los escritores de los evangelios gnósticos estaban influídos por el retrato de María Magdalena como una extraordinaria predicadora del Cristo Resucitado. Esta descripción de María Magdalena inspiró a los escritores gnósticos a hacerla la discípula que Jesús más amaba y la principal receptora de la revelación posterior a su Resurrección (Brown 1979: 154). En otras palabras, los escritores gnósticos dieron lugar a una tradición que nombraba a María Magdalena como la Discípula Amada en respuesta a lo que habían leído en el cuarto Evangelio. En este escenario, el cuarto Evangelio canónico es más antiguo que las tradiciones reveladas en las escrituras de Nag Hammadi.

     —Mi tesis: La versión pre-canónica del cuarto Evangelio nombraba claramente a María Magdalena como la discípula a quien Jesús amaba, tal como las escrituras gnósticas aún lo hacen. Éstas reflejan una dependencia en sus textos frente al cuarto Evangelio pre-canónico que los "secesionistas" llevaron a los grupos gnósticos después del cisma (Brown 1979: 149). El resto de la comunidad, los "cristianos apostólicos" de Brown, también tenía el mismo texto del cuarto Evangelio pre-canónico. Ellos, sin embargo, redactaron su texto para hacerlo más aceptable para la iglesia institucional emergente a la que ellos deseaban integrarse. Ellos suprimieron todas su referencias a María Magdalena como fundadora de su comunidad, y, a cambio de eso, hicieron referencias en el texto a un "Discípulo Amado", pero convirtieron a este discípulo en un varón anónimo. En dos pasajes del texto ellos tratan en su redacción de hacer que el Discípulo Amado y María Magdalena parezcan ser dos individuos diferentes, al hacerlos aparecer juntos en las mismas escenas. (Defectos estructurales dentro de esos dos pasajes, que se analizan a continuación, apoyan esta afirmación). Ellos hicieron esto porque sabían que los lideres de la iglesia no aceptarían la autenticidad de un Evangelio escrito por una mujer. Como Brown ha observado: "La aceptación del (cuarto) Evangelio en el canon... ocurrió solamente al precio de una garantía de que tenía orígenes apostólicos" (1979: 149). Y, en la visión del mundo de esos líderes de la iglesia institucional, el ministerio de ninguna mujer podría ser considerado apostólico.

     De las tres explicaciones posibles, la tercera es la más verosímil.

     La primera explicación puede ser refutada fácilmente. Ciertamente hay una conexión entre el cuarto Evangelio y las escrituras gnósticas citadas aquí. La investigación de Brown muestra que la mayoría de la Comunidad Joánica (los secesionistas) llevaron con ellos una versión pre-canónica del cuarto Evangelio al ir donde los docetistas, los montanistas y los gnósticos (1979: 149). Además de esto, como hemos visto, el cuarto Evangelio era muy popular entre los gnósticos mucho antes de su aceptación y canonización por la iglesia institucional (Perkins: 946). Y Brown señala que hay "abundante evidencia de la familiaridad con las ideas Joánicas" en las escrituras gnósticas de Nag Hammadi (1979: 147). Hubo obviamente mucho contacto entre la Comunidad Joánica y los grupos gnósticos desde muy temprano. Por lo tanto no puede ser mera coincidencia que María Magdalena aparezca citada en los escritos gnósticos como "la discípula a quien Jesús amaba" casi de la misma manera en que el anónimo discípulo masculino es mencionado como tal en el cuarto Evangelio. Las semejanzas son demasiado contundentes como para desecharlas como no relacionadas.

     Para refutar la segunda explicación, que es la que ofrece Brown, debemos analizar cuidadosamente la evidencia interna que apoya mi tesis.


LA EVIDENCIA INTERNA

     Según se indicó previamente, una importante afirmación mía es que un redactor ocultó cuidadosamente la identidad de María Magdalena como la Discípula Amada, refiriéndose a ella solamente como un discípulo anónimo. A medida que el redactor reelaboró los siete pasajes ya citados que se refieren al Discípulo Amado, él simplemente cambió cualquier referencia a María Magdalena substituyéndolas por referencias anónimas al Discípulo Amado o a "otro discípulo". En la mayor parte del documento esto era bastante fácil de hacer y el texto resultante parecía ser congruente. En vez de ver el nombre de la Magdalena, al lector simplemente se le presentaba el anónimo discípulo masculino.

     Suprimir las referencias a María Magdalena de la mayor parte de la historia era fácil. Sin embargo, en el curso de su obra el redactor se vio enfrentado con un problema. La tradición que ubicaba a María Magdalena al pie de la Cruz y en la tumba vacía en la mañana del Domingo era demasiado fuerte para ser negada. La presencia de la Magdalena en ambos acontecimientos era de conocimiento común entre la mayoría de las comunidades cristianas tempranas. (Esto está evidenciado por el hecho de que los otros tres Evangelios del Nuevo Testamento reportan su presencia en estos acontecimientos). El redactor no podía simplemente omitir cualquier referencia a la Magdalena en la Crucifixion o cualquier referencia a ella como un testigo primario de la Resurrección. Sin embargo, el redactor a pesar de todo quiso establecer al Discípulo Amado como el fundador de su comunidad y como un testigo presencial de estos importantes acontecimientos en la obra de la salvación. De esta manera, él podría aún asegurar que el fundador de su comunidad había sido un testigo presencial de los acontecimientos del Evangelio, a pesar de que inexplicablemente no revela su identidad (Juan 21:24).

     En este punto, el redactor probablemente se hizo una pregunta muy similar a ésta: ¿Cómo puedo suprimir el conocimiento de María Magdalena como la fundadora de nuestra Comunidad sin ser tan obvio como para quitarla de los relatos de la Crucifixión/Resurrección, con los cuales la mayoría de los cristianos ya están familiarizados?.

     La solución del redactor para este problema fue realmente muy simple. En aquellos dos acontecimientos donde él no podía negar la presencia de la Magdalena, él reelaboró el texto de modo que hiciera parecer como si María Magdalena y el Discípulo Amado fueran dos individuos distintos que se presentan simultáneamente en el mismo lugar, al mismo tiempo. Por consiguiente, María Magdalena y el Discípulo Amado aparecen juntos en el cuarto Evangelio en sólo dos pasajes —19:25-27 (al pie de la Cruz) y 20:1-11 (en la tumba vacía en la mañana del domingo). ¿No es esto interesante?. Y es precisamente en estos dos segmentos que encontramos algunas inconsistencias estructurales importantes dentro del texto del cuarto Evangelio. Brown explica estas inconsistencias en ambos pasajes. (Eso muestra que no me estoy imaginando incongruencias en pasajes que no tienen ninguna). Notablemente, Brown no encuentra tales defectos estructurales en ninguno de los otros pasajes que contienen referencias al Discípulo Amado.


INCONSISTENCIAS ESTRUCTURALES EN EL CUARTO EVANGELIO

     El pasaje del cuarto Evangelio que presenta a María Magdalena y al Discípulo Amado juntos al pie de la Cruz dice lo siguente:

    «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre allí, y junto a ella al discípulo a quien amaba, él dijo...» (Juan 19:25 y ss.).

     Corté el pasaje aquí con el fin de señalar un punto. La estructura de este pasaje (perícopa) es muy desconcertante. En la primera secuencia (v.25) leemos una lista de las mujeres que estaban junto a la Cruz de Jesús. En la segunda sentencia (v.26) el escritor parece referirse a la lista ya mencionada de mujeres junto a la Cruz cuando él llama a una de ellas "el discípulo a quien (Jesús) amaba". Si uno leyera solamente la primera parte del fragmento citado, uno asumiría fácilmente que el Discípulo Amado es una de las mujeres que estaban junto a la Cruz con la madre de Jesus. (Léala nuevamente y vea si usted no está de acuerdo).

     El pasaje entero dice lo siguente:

    «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre allí, y muy cerca al discípulo a quien él amaba, él dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego le dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Desde entonces ese discípulo la recibió en su casa» (Juan 19:25-27).

     La versión original pre-canónica de este pasaje probablemente se refería a María Magdalena como la discípula a quien Jesús amaba. Mediante el uso de determinantes y declinaciones de género masculino (en griego), el redactor pudo cambiar a la Discípula Amada por el varón anónimo, aparentemente como una idea posterior. La estructura de este segmento parece un poco forzada e indica que fue probablemente alterada como he afirmado.

     Brown de ninguna manera postula la tesis propuesta por mí aquí. Sin embargo, él notó la inconsistencia entre el v.25 y los vss. 26-27. En una parte de su discusión sobre este pasaje él pregunta por qué el Discípulo Amado no fue incluído en la lista de las personas que estaban junto a la Cruz en el v.25 (Brown 1970: 922). Él observó que la madre de Jesús y el Discípulo Amado no fueron enumerados por los otros tres evangelios como habiendo estado junto a la Cruz. Él llegó a la conclusión de que la madre de Jesús "fue específicamente mencionada en la tradición que le llegó al evangelista, como puede verse en el v.25, pero que la referencia al Discípulo Amado... es un añadido a la tradición" (Brown 1970: 922). Brown sintió, por razones distintas de las postuladas aquí, que el "Discípulo Amado" parecía extrañamente fuera de lugar en este pasaje.

     Si comparamos Juan 19:25-27 con el segmento del Evangelio de Felipe citado previamente, notamos algunas semejanzas sorprendentes.

    «Eran tres las que siempre caminaban con el Señor: Maria su madre, la hermana de él, y Magdalena, la que fue llamada su compañera. Su hermana y su madre y su compañera eran cada cual una Maria» (NHC II.3.59.6-11) (Robinson 1988: 145).

     El Evangelio de Felipe hace referencia al mismo grupo de mujeres que están junto a la Cruz en el cuarto Evangelio. Sin embargo, el Evangelio de Felipe claramente hace referencia a María Magdalena como la "compañera" de Jesús. La explicación de Brown para esta semejanza es que los escritores gnósticos estuvieron de alguna manera influídos por el cuarto Evangelio para hacer de María Magdalena la discípula a quien Jesús más amaba (1979: 154). En otras palabras, según se afirmó previamente, él argumenta que lo que leemos en el Evangelio de Felipe es una reacción a lo que está escrito en el cuarto Evangelio canónico. Esto es altamente improbable. Afirmar que el autor del Evangelio de Felipe respondió de esa manera al cuarto Evangelio no explica por qué la inconsistencia estructural aparece en este pasaje del cuarto Evangelio en el primer lugar. Además, Brown argumenta que los gnósticos convirtieron a María Magdalena en el Discípulo Amado en respuesta a la descripción de ella en el cuarto Evangelio. Sin embargo, él no procura explicar por qué el nombre del Discípulo Amado en el cuarto Evangelio está escondido en el secreto en primer lugar. Creo que la explicación más plausible es que la literatura gnóstica citada aquí refleja la temprana tradición. El redactor del cuarto Evangelio modificó aquella tradición por las razones ya indicadas.

     El pasaje del cuarto Evangelio que describe a María Magdalena y al Discípulo Amado juntos ante la tumba vacía dice lo siguente:

    «El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que tapaba la entrada había sido removida. Entonces se fue corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús amaba, y les dijo: "¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto!".

    Entonces Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Y agachándose para mirar, vio allí las vendas de lino tiradas, pero no entró. Detrás de él llegó Simón Pedro, y entró en el sepulcro. El también vio allí las vendas de lino tiradas; y además vio que el paño que habia servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto con las vendas de lino sino enrollado y puesto aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado, y creyó. Pues todavía no habían entendido lo que dice la Escritura, que él tenía que resucitar. Luego, aquellos discípulos regresaron a su casa. María se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando» (Juan 20:1-11).

     Las inconsistencias estructurales en esta lectura son manifiestas. En su discusión de esta perícopa Brown observa que "hay un extraordinario número de inconsistencias que revelan la mano de un redactor que ha logrado una coherencia combinando materiales dispares" (1970: 995). Este pasaje también ha sido descrito como conteniendo "un alto dramatismo y una confusa coreografía" (Setzer: 262).

     En sus comentarios sobre Juan 20:1-11, Brown menciona varias inconsistencias. Una de ellas, en particular, que vale la pena mirar para los propósitos de este estudio, es esta observación de Brown: "No está claro cuándo o cómo la Magdalena volvió a la tumba en el v.11" (1970: 995). Brown observa que hay una huella discontinua en los recorridos de María Magdalena de un lugar a otro en esta perícopa:

    —En el v.2 María Magdalena se va corriendo LEJOS desde el sepulcro a donde Pedro y el "otro discípulo" para decirles que el cuerpo de Jesús no estaba en la tumba. En este punto, Maria Magdalena está LEJOS del sepulcro junto con Pedro y el "otro discípulo".
    —En el v.3 Pedro y el "otro discípulo" corren hacia el sepulcro. María Magdalena no es mencionada como habiendo retornado allí con los dos hombres. Ella ha permanecido detrás, todavía LEJOS del sepulcro.
    —En el v.11 María Magdalena es abruptamente descrita como que ha quedado detrás llorando cerca del sepulcro. Sin embargo, no hay mención de su regreso al sepulcro en esta escena después de que ella le dice a Pedro y al "otro discípulo" que el cuerpo de Jesús no estaba.

     ¿Cuándo retornó María Magdalena al sepulcro?. El lector pierde la pista de su rastro entre el v.2 y el v.11. Brown notó esto (1970: 995). Yo sostengo que esta inconsistencia es debida a la inserción del alter ego de ella, el Discípulo Amado masculino, en los versículos 2 al 10. Es obvio que este pasaje ha sido sometido a una extensa reelaboración. El esfuerzo del redactor para esconder la identidad de María Magdalena como la Discípula Amada, y de hacer dos individuos a partir de uno, ha creado un relato confuso del paradero de la Magdalena entre los versículos 2 y 10 en este pasaje.

     Brown asevera que este pasaje "ha experimentado un desarrollo considerable" (1970: 1001). Él considera la posibilidad de que Lucas 24:12 refleje una tradición anterior en la cual Pedro corre a la tumba sin el otro discípulo. Una versión pre-canónica del cuarto Evangelio pudo haber reflejado esto antes de que el redactor la reelaborara. Brown afirma que la inserción del Discípulo Amado en la escena en Juan 20 fue la obra del redactor. En efecto, él mantiene que es precisamente la introducción del Discípulo Amado en este texto lo que ha causado las inconsistencias de las que he hablado aquí (Brown 1970: 1001).

     Setzer describe la inserción del Discípulo Amado en este segmento como una "estratagema" (262). Ella observa, como lo hace Brown, que el relato acerca de Pedro y el Discípulo Amado corriendo juntos hacia el sepulcro está "intercalado entre" el descubrimiento inicial de María Magdalena del sepulcro vacío y de su primer encuentro con el Jesús Resucitado. Ella afirma que esta "estratagema" permitió que el Evangelio conservara la tradición de que María Magdalena fue la primera que descubrió el sepulcro vacío y a la vez diera la preeminencia al Discípulo Amado como la primera persona en llegar al sepulcro vacío y creer que Jesús había resucitado (Setzer: 262).

     La observación de Setzer es muy consistente con la hipótesis que he propuesto aquí. Mi tesis también afirma la existencia de una estratagema de parte del editor final del cuarto Evangelio. El redactor quiso establecer categóricamente que el Evangelio estaba basado en el testimonio presencial del fundador y protagonista de su comunidad. Sin embargo, él no deseaba admitir que este fundador y héroe era una mujer. Pero él no podía negar absolutamente la presencia de María Magdalena en la Crucifixión y en el sepulcro vacío. Así pues, su "estratagema", como Setzer la califica, era convertir a María Magdalena en un discípulo masculino anónimo a través del texto, excepto en aquellos lugares en donde él no podría negar la presencia de ella debido a la fuerte tradición anterior en contrario. En aquellas escenas, él colocó al Discípulo Amado y a María Magdalena juntos en los mismos pasajes. Esto explica las inconsistencias estructurales, la confusa coreografía y el evidente artificio.

     Otra inconsistencia que Brown observó (1970: 995) es digna de ser señalada aquí:

    «Finalmente el otro discípulo, que habia llegado primero al sepulcro, también ingresó. Él vio, y creyó. (Ellos aún no comprendían lo que dice la Escritura, que Jesús tenía que resucitar de entre los muertos» (Juan 20:8-9).

     El contraste entre "él vio, y creyó" en el v.8 y "todavía no habían entendido" en el v.9 es peculiar. El versiculo 9 está haciendo claramente referencia al versiculo 8. Sin embargo, la referencia es contradictoria. Parece ser un intento de mezclar dos diversas tradiciones: una en la cual los discípulos no comprendieron inmediatamente, o no creyeron en, la Resurrección (Mateo 28:17; Marcos 16:11,13; Lucas 24:11), y otra en la cual María Magdalena, convertida aquí en el "otro discípulo", inmediatamente se da cuenta de la verdad (Mateo 28:1,8; Marcos 16:9; Lucas 24:10).


EVIDENCIA CONFIRMATORIA ADICIONAL

     Brown llega a muchas conclusiones en su investigación que son consistentes con mi tesis. Ciertamente todo en el perfil del Discípulo Amado hecho por Brown es compatible con lo que se sabe sobre María Magdalena, es decir, a excepción de su sexo.

     Brown dice que "la actitud Joánica hacia las mujeres era absolutamente diferente de la atestiguada en otras iglesias cristianas del primer siglo". Él agrega: "El único lugar dado a las mujeres en el cuarto Evangelio (como anunciadoras), refleja la historia, la teología y los valores de la Comunidad Joánica" (Brown 1979: 183). ¿Puedo sugerir respetuosamente una explicación adicional?: Quizá el único lugar dado a las mujeres en el cuarto Evangelio se debe a que ha sido originalmente escrito por una mujer.

     Brown sugiere que la representación Joánica llega a ser más comprensible si [se sabe que] el Discípulo Amado había sido un discípulo de Juan el Bautista, y si el discípulo comenzó a seguir a Jesús cuando Jesús estaba en compañía del Bautista (1979: 32-34). Éste es ciertamente un escenario plausible que no contradice mi tesis.

     Brown también observa que el cuarto Evangelio contiene muchas referencias exactas a los lugares y a las costumbres de Tierra Santa (1979: 22). Estas referencias sugieren la autoría de un testigo presencial que vivió en Tierra Santa antes de la destrucción del Templo en 70 d.C. Todas estas observaciones de Brown son coherentes con un paradigma que incluye a María Magdalena como la autora del cuarto Evangelio.

     Otro factor que tiende a apoyar mi tesis es la "superioridad" del Discípulo Amado en relación a Pedro en el cuarto Evangelio (Brown 1979: 31). La relación de yuxtaposición entre Pedro y el Discípulo Amado en el cuarto Evangelio es muy similar a la relación entre Pedro y María Magdalena en los escritos de Nag Hammadi. Esto sugiere que el redactor del cuarto Evangelio convirtió a María Magdalena en el anónimo discípulo masculino pero preservó el tema de la rivalidad entre ese discípulo y Pedro.

     Brown ha observado que muy a menudo en el cuarto Evangelio el Discípulo Amado es explícitamente contrastado con Pedro. Algunos de los ejemplos que él menciona (Brown 1979: 82-83) son los siguentes:

    —En 13:23-26 el Discípulo Amado está reclinado sobre el pecho de Jesús, mientras que Pedro tiene que solicitarle al Discípulo que le haga una pregunta a Jesús de parte de él.
    —En 18:15-16 el Discípulo Amado tiene acceso al palacio del sumo sacerdote mientras que Pedro no.
    —En 20:2-10 el Discípulo Amado cree inmediatamente en la Resurrección mientras que Pedro y el resto de los discípulos no comprenden lo sucedido.
    —En 21:7 el Discípulo Amado es el único que reconoce al Cristo Resucitado mientras éste les habla desde la orilla a los discípulos, que están en su barco de pesca.
    —En 21:20-23 Pedro celosamente le pregunta a Jesús acerca del destino del Discípulo Amado.

     Los escritos de la Biblioteca de Nag Hammadi contienen esta misma clase de "rivalidad" entre Pedro y María Magdalena:

    —El Evangelio de María describe a Pedro como estando celoso de las revelaciones que la Magdalena recibió del Cristo Resucitado (NHC BG 8502.1.17.7ss) (Robinson 1988: 526-527).
    —El Evangelio de Tomás presenta a Pedro diciendo lo siguiente sobre la Magdalena: "Que María se aleje de nosotros, porque las mujeres no son dignas de la vida" (NHC II.2.51.19-20) (Robinson 1988: 138).
    —En el Evangelio de Felipe la relación entre Jesús y María Magdalena es constratada con la existente entre Jesús y el resto de los discípulos (NHC II.3.63.32ff) (Robinson 1977: 138; 1988: 148).
    —Ejemplos similares de Pedro siendo superado por María Magdalena ocurren en el Evangelio de los Egipcios y en la Pistis Sofía (documentos gnósticos encontrados antes del descubrimiento de la Biblioteca de Nag Hammadi).


OBSERVACIONES FINALES

     Postular a María Magdalena como autora del cuarto Evangelio no desafía su origen apostólico. Si María Magdalena fue la líder y protagonista de la comunidad del cuarto Evangelio, entonces ella fue probablemente reconocida como una apóstol dentro de esa comunidad. Efectivamente, en reconocimiento del hecho de que ella fue la primera que proclamó la Resurrección de Cristo, la Iglesia Católica Romana la ha honrado con el título de Apostola Apostolorum, que se traduce como "la enviada a los enviados".

     Al proponer esta tesis ciertamente no estoy desafiando la integridad del cuarto Evangelio. Tampoco estoy imputando una intención engañosa sobre ninguno de los redactores del Evangelio. Es bien sabido hoy que la Biblia está llena de escritos pseudónimos: una práctica común en la Antigüedad que no era vista como deshonesta. A pesar de las redacciones y de las inconsistencias que ellas pudieron haber causado, la intención del autor, el evangelista, y de cualquier redactor posterior, era proclamar el evangelio "en tal manera que nos dijeran la honesta verdad sobre Jesús" (Dei Verbum, Nº19) (Abbott: 124). Ellos también preservaron "sin error la verdad que Dios hizo consignar en las escrituras sagradas por el bien de nuestra salvación” (Dei Verbum, Nº11) (Abbott: 119). En otras palabras, al ocultar la identidad del Discípulo Amado, o al convertir a ese discípulo en varón en vez de una hembra, el redactor no estaba alterando ningún dogma fundamental del evangelio de Jesús. Por lo tanto, el redactor del cuarto Evangelio estaba todavía entregando la Verdad.

     Los lectores deberían también abstenerse de suponer o de deducir que Jesús y María Magdalena tuvieron algún tipo de relación amorosa ilícita, basados en cualquiera de las escrituras citadas aquí. No debemos tener tanta prisa para mirar la literatura antigua a través de un "lente moderno".

     Ciertamente no estoy haciendo ninguna afirmación de poseer la palabra final sobre esta tema. Sin embargo, las conclusiones de este estudio no pueden ser etiquetadas como pertenecientes a las "deducciones excesivamente imaginativas sobre la historia eclesiástica" contra las cuales Brown nos advierte (1979: 19). Hay algunas razones de mucho peso para considerar la posibilidad de la autoría de María Magdalena del cuarto Evangelio:

    —Hay una sólida evidencia documental extra-bíblica que establece una fuerte tradición entre por lo menos algunos de los cristianos gnósticos que nombran a María Magdalena como la discípula a quien Jesús más amaba. Ésta es una fuerte evidencia externa que corrobora la identificación de María Magdalena como el Discípulo Amado.

    —Hay una conexión histórica bien establecida entre el cuarto Evangelio y los cristianos gnósticos, que antecede tanto a la canonización del cuarto Evangelio como a la atribución de su autoría a Juan hijo de Zebedeo (Perkins: 946). Esto corrobora la hipótesis que dice que los secesionistas de la comunidad Joánica llevaron consigo su cuarto Evangelio pre-canónico a las comunidades cristianas gnósticas después del cisma.

    —Hay una fuerte evidencia interna que muestra extensas inconsistencias estructurales en los dos pasajes del cuarto Evangelio que presentan a María Magdalena y al Discípulo Amado apareciendo juntos. Esto corrobora la hipótesis que dice que un redactor reelaboró las anteriores versiones pre-canónicas del cuarto Evangelio, como se dijo anteriormente.

    —La "superioridad" del Discípulo Amado en relación a Pedro en el cuarto Evangelio es muy similar a la relación entre Pedro y María Magdalena en los escritos de Nag Hammadi. Esto ayuda a corroborar la hipótesis que dice que el Discípulo Amado del cuarto Evangelio y María Magdalena son, en realidad, uno y lo mismo.

    —Hay muchas referencias exactas en el cuarto Evangelio a lugares y costumbres de Tierra Santa que denotan la autoría de un testigo presencial que vivió en Tierra Santa antes de la destrucción del Templo en 70 d.C. (Brown 1979: 22). María Magdalena estaba ciertamente en condiciones de dar testimonios muy vívidos y precisos de los acontecimientos representados en el cuarto Evangelio. Esto puede explicar algunas notables diferencias entre el cuarto Evangelio y los Evangelios Sinópticos que, según la mayoría de los eruditos bíblicos, son pseudónimos y no fueron escritos por testigos oculares.

    —La posición única dada a las mujeres como anunciadoras en el cuarto Evangelio era muy diferente de su posición en las otras iglesias cristianas del primer siglo (Brown 1979: 183). Esto es muy consistente con la hipótesis que dice que el cuarto Evangelio fue, en efecto, escrito por una mujer, es decir, por María Magdalena.


     Bien. Espero que el material expuesto haya sido una lectura provechosa para usted. Sé que mi hipótesis parecerá muy radical a usted, por lo menos al principio. Sin embargo, antes de que usted la descarte, quisiera que usted considerara algunas cosas.

     ¿Esta tesis le parece radical a usted solamente porque propongo que una mujer fue la autora de uno de los cuatro Evangelios de la Biblia?. Si tuviera una tesis que propusiera a Bartolomé, o Andrés, o Santiago, o a cualquiera de los otros apóstoles masculinos como autor del cuarto Evangelio en vez de Juan, ¿sería considerado aquello muy radical?. Probablemente no. De hecho, la iglesia no tiene ningún problema con la erudición prevaleciente que dice que un hombre, de quien no sabemos ni siquiera su nombre, escribió uno de los documentos cristianos más sagrados. Imagínese: hasta un varón sin nombre es preferible a una mujer.

     ¿Y qué se hace con toda la evidencia que he examinado para usted?. Compare eso con el fundamento gracias al cual la autoría del cuarto Evangelio se ha atribuído a Juan hijo de Zebedeo por casi 2.000 años. La mayoría de los eruditos bíblicos rechazan ese fundamento hoy. (¿Recuerda?: la base eran los recuerdos de infancia de Ireneo). Ésta es la razón de por qué el Evangelio de Juan es considerado anónimo por ellos hoy. Pero, por desgracia, las exigencias de la prueba para establecer a una mujer como la autora de un Evangelio son muchísimo más altas. Y a pesar de los documentos gnósticos y de las inconsistencias estructurales, la Iglesia en general probablemente nunca reconocerá a María Magdalena como autora de un Evangelio del Nuevo Testamento.

     Quizá las cosas realmente no han cambiado mucho desde los días tempranos de la iglesia. Tal vez la autoría de un Evangelio por una mujer sigue siendo la turbación que Setzer dice que habría sido hace 2.000 años.

     Aquí hay algo más para pensar: ¿Por qué María Magdalena es la prostituta más famosa del mundo cuando la Biblia nunca dice expresamente que ella fuera alguna vez una prostituta?. Oh, usted está seguro de que recuerda haber leído eso en la Biblia, ¿cierto?... Busque la cita y envíemela a mi correo electrónico y yo la publicaré en este sitio web.

     Raymond Brown ha comparado la búsqueda para identificar al autor del cuarto Evangelio con una buena historia de detectives (1966: lxxxvii). Un buen detective filtra la evidencia que es relevante y descarta la que no lo es. Cuando la evidencia comienza a señalar en una cierta dirección, él o ella examina los indicios y explora todas las varias explicaciones y coartadas. Cuando una teoría emerge como plausible y más creíble que cualquiera otra, el detective saca una conclusión que por lo general implica nombrar a un sospechoso o sospechosos. La evidencia que apoya la autoría de María Magdalena del cuarto Evangelio es mucho más fuerte que la que estableció a Juan hijo de Zebedeo como su autor por casi dos mil años. Después de una cuidadosa consideración de la evidencia ya citada, afirmo respetuosamente que el "principal sospechoso" en cualquier búsqueda para identificar al autor del cuarto Evangelio debería ser María Magdalena.–



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OBRAS CITADAS

Abbott, Walter M., ed. gen.
1966. "The Documents of Vatican II", New York, Guild Press.

Brown, Raymond E.
1979. "The Community of the Beloved Disciple", New York, Paulist Press.
1970. "The Gospel According to John (xiii-xxi)", New York, Doubleday & Co.
1966. "The Gospel According to John (i-xii)", New York, Doubleday & Co.

Brown, Raymond E. y Raymond F. Collins.
1990. Canonicity, pp. 1034-1054, en "The New Jerome Biblical Commentary", editado por Raymond E. Brown, et al., Englewood Cliffs, NJ, Prentice Hall.

Haskins, Susan.
1993. "Mary Magdalen: Myth and Metaphor", New York, Harper Collins.

Perkins, Pheme.
1990. The Gospel According to John, pp. 942-985 en "The New Jerome Biblical Commentary", editado por Raymond E. Brown, et al., Englewood Cliffs, NJ, Prentice Hall.

Robinson, James M., ed. gen.
1988. "The Nag Hammadi Library in English. Revised edition". San Francisco, CA, Harper & Row.
1977. "The Nag Hammadi Library in English". San Francisco, CA, Harper & Row.

Setzer, Claudia.
1997. "Excellent Women: Female Witnesses to the Resurrection", Journal of Biblical Literature 116:259-272.


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NOTA:

     María Magdalena (Μαρία Μαγδαληνή) es mencionada en los cuatro evangelios canónicos, pero en ninguno ella es descrita como una prostituta. Esta popular imagen de la Magdalena viene de la confusión entre ella y dos otras mujeres: María la hermana de Marta y una pecadora anónima que aparece en el evangelio de Lucas (7:36-50). Ambas mujeres lavan los pies de Jesús con su cabello. El Papa Gregorio declaró que las tres mujeres eran la misma persona, y no fue sino hasta 1969 que la iglesia católica dio marcha atrás.

     La homilía del Papa Gregorio (el Grande...) sobre el evangelio de Lucas, fechada el 14 de Septiembre de 591 sugirió por primera vez que María Magdalena era una prostituta: "Aquella a quien Lucas llama la mujer pecadora, a quien Juan llama María, creemos que es la María de quien siete demonios fueron expulsados, de acuerdo a Marcos. ¿Y qué significan estos siete demonios sino todos los vicios?... Es claro, hermanos, que la mujer usó previamente el ungüento para perfumar su carne en actos prohibidos" (homilía XXXIII).

     En 1969 el Vaticano, durante el papado de Pablo VI, sin hacer comentarios acerca del razonamiento del Papa Gregorio, rechazó implícitamente esto separando la mujer pecadora de Lucas de María de Betania y de María Magdalena por medio del Misal Romano.

     Esta identificación de María Magdalena como una prostituta fue seguida por muchos escritores y artistas hasta el siglo XX. Incluso hoy esto es promulgado por algunos grupos seculares e incluso cristianos. Está reflejado en la adaptación que hizo Martin Scorsese de la novela de Nikos Kazantzakis "La Última Tentación de Cristo", en "El Evangelio de Acuerdo a Jesucristo" de José Saramago, en el musical "Jesucristo Superestrella" de Andrew Lloyd Webber, en "La Pasión de Cristo" de Mel Gibson, y otras obras.–




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