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jueves, 15 de marzo de 2012

Vida Universal - ¿Quién en la Silla de Pedro? (2)


     Desde universelles-leben.org (de la organización alemana Vida Universal) hemos traído ahora la segunda y la tercera partes de la serie analítica del cristianismo "¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?", donde se rastrean los orígenes de cierto sacerdocio y su enraizamiento en arcaicos formalismos retrógrados, y por ende su ilegitimidad, y luego mediante preguntas y respuestas se va abarcando un panorama de las ideas que plantean como un cristianismo renovado, exposiciones que las presentamos aquí sólo porque hay ciertas ideas de interés y verdaderas.


¿Quién Está sentado en la Silla de San Pedro?
Segunda Parte
El Culto del Sacrificio Pagano
por Vida Universal




     A continuación reproducimos el contenido de la segunda parte de esta serie que lleva por título: «Para personas con buena capacidad análítica – ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?».

     La campaña en los medios de información que la silla de san Pedro en Roma desplegó a nivel mundial a comienzos del año 2005, es el motivo por el que los cristianos originarios nos reunimos para dialogar en una mesa redonda, realizando al mismo tiempo estos programas. En ellos queremos ocuparnos de las siguientes preguntas: ¿Qué se esconde realmente detrás de la silla de san Pedro?. ¿Cómo se ha presentado la silla de san Pedro en el pasado?. ¿Cuáles son sus intenciones, y qué hemos de esperar que todavía venga de ella?.


LAS RAÍCES DE LA CASTA SACERDOTAL ACTUAL

     A continuación vamos a ocuparnos nuevamente de las raíces de la casta sacerdotal actual de Roma con sus ritos y ceremonias, con su lujo, con sus espléndidas vestimentas y con su riqueza, llegando retrospectivamente hasta los tiempos del Antiguo Testamento. De nuevo planteamos la siguiente pregunta: ¿Existía una casta sacerdotal semejante ya en tiempos de Abraham?.

     Abraham era originario de la ciudad de Ur en Caldea, actualmente Iraq. La gente de aquel entonces creía en muchos dioses. Había muchos sacerdotes y diferentes cultos. La familia en la que Abraham nació y creció, como todas las demás familias en aquel tiempo vivía el politeísmo, el paganismo. Y el paganismo tenía sus correspondientes sacerdotes.

     La época en la que vivió Abraham —aproximadamente en la segunda mitad del segundo milenio antes de Cristo— era en Mesopotamia la época de los sumerios. Fue en Babilonia donde se desarrolló el mundo de los dioses de los sumerios. Había un dios del Sol, existían diferentes dioses de la ciudad, había una diosa del amor llamada Ishtar, y había una casta sacerdotal jerárquicamente organizada que se tenía por intermediaria entre Dios y los seres humanos.

     La casta sacerdotal también tenía en sus manos el poder estatal. El rey era al mismo tiempo rey de los sacerdotes y tenía que aplacar y apaciguar a su dios, o a los dioses, para establecer una comunicación entre los seres humanos y sus divinidades.

     Según las ideas de ese tiempo, aquel «dios» exigía sacrificios como algo natural, sacrificios de animales y también sacrificios humanos. En el caso de los sacrificios humanos no era extraño que el primogénito de una familia fuera sacrificado a la divinidad para satisfacer al dios en el que creían las personas de aquel entonces.

     Isaac era el primogénito de Abraham y éste lo amaba por encima de todo. Tener un hijo constituía para él una sensación de alegría muy íntima. y por ello lo declaró su heredero dándole preferencia ante todos sus otros hijos. Y Dios le dijo a Abraham: «Sacrifícame a tu primogénito, a tu hijo Isaac». Con ello Dios se refería a la atadura que Abraham tenía con su hijo y no a sacrificar al hijo mismo.

     Abraham luchó con Dios por lo que le pedía: «Sacrifícame a tu hijo, Isaac, a tu hijo predilecto». Pero él tenía tan inculcada la palabra «sacrificio», que se dijo: «sacrificios humanos, sacrificios de animales... es algo totalmente normal tener que sacrificar un hijo a Dios», y con ello estaba pensando en un dios del paganismo, del politeísmo, ya que había crecido en esa creencia. Para Abraham estaba claro que entonces tenía que ofrecer un sacrificio humano, esto es, a su amado hijo.

     Se trató así de una interpretación errónea por parte de Abraham. Dios quería que Abraham —como diríamos hoy en día— no endiosara  a su hijo, o sea, que no amara a su hijo más que a Dios, sino que pusiera a Dios en primer lugar. Pero Abraham pensó que este «sacrificio» significaba tener que matar a su hijo. Por tanto, no es que Dios hubiera querido tentar a Abraham —puesto que como sabemos intervino el ángel— sino que Abraham estaba aún muy marcado por la fe y las creencias del entorno del que procedía y por ello actuó así.

     Que el ángel se interpusiera deteniendo a Abraham diciéndole: «¡No sacrifiques a tu hijo, Dios no lo quiere!», era un símbolo. Dios no quería otra cosa que Abraham tomase a su hijo de la mano y ambos se dirigieran a él, al único Dios de amor; quería que Abraham no prefiriera a Isaac sino en todo momento a Dios, lo que Abraham en un primer momento había malentendido; él sólo quiso mostrar obediencia y matar a Isaac para realizar así el «sacrificio». Se sabe que en su lugar Abraham sacrificó finalmente a un cordero. Pero lo que sí es seguro es que todos los profetas que fueron enviados por Dios también estuvieron en contra de estos sacrificios.

     En la situación descrita se infiltró de todos modos la antigua forma de pensar pagana: «Ya que no presento a mi hijo como un sacrificio, por lo menos presento a un animal». En esto se puede constatar que en el ser humano, en el modo de ser de la persona, tuvo lugar una lucha, en este caso en Abraham, y que el Espíritu de Dios, el Dios único, fue ganando terreno muy poco a poco contra los antiguos cultos de los sacerdotes. Para ello fue necesario el paso de varios siglos en los que aparecieron los verdaderos profetas y lucharon contra los cultos paganos de los sacerdotes en favor del verdadero sacrificio, que no consiste en sacrificar animales o personas, sino en la entrega a Dios.

     En el politeísmo existía también el miedo a los dioses, de que éstos irrumpieran súbitamente ante las personas quitándoles los animales, las tierras, o para matarlas, torturarlas o para hacer cosas por el estilo. Pues en el Antiguo Testamento una y otra vez se habla de que es preciso apaciguar a Dios. Por tanto, con el sacrificio del cordero, Abraham intentó apaciguar a Dios, esperando: «Dios, no te enojes conmigo si no te sacrifico a mi hijo. Por favor, no me hagas nada, y sobre todo, no le hagas nada a Isaac, por eso te ofrezco el cordero, para apaciguarte». A pesar de que Abraham sabía ya de Dios, del Uno universal, en realidad con ello estaba pensando en el cruel  dios del paganismo, ya que este modo de pensar todavía tenía efecto en él.


DURANTE SU CAUTIVERIO EN EGIPTO EL PUEBLO DE ISRAEL ACOGIÓ MUCHAS DE LAS COSTUMBRES DE AQUEL LUGAR, POR EJEMPLO, LAS POMPOSAS VESTIMENTAS DE LOS SACERDOTES

     La idea pagana que fue cultivada por la casta sacerdotal de que Dios es un dios cruel, se vuelve a encontrar también en los otros libros de Moisés, por ejemplo, si pensamos en los informes sobre la época en la que Moisés condujo a su pueblo sacándolo de Egipto. Moisés, el gran profeta, recibió de Dios los mandamientos en el monte Sinaí, y cuando descendió del Sinaí, los israelitas habían construído un altar de sacrificio con un becerro de oro, al que de nuevo le estaban haciendo ofrendas de sacrificios. Aquí de nuevo ejercía su influencia el sacerdocio pagano, puesto que los israelitas venían de regreso de Egipto, y también en Egipto existía la casta sacerdotal pagana con sus sacrificios. Allí conocieron los israelitas todo aquello, acogiendo como algo propio muchas cosas del pueblo egipcio. Es decir, que aún no tenían confianza en el Dios misericordioso y bondadoso.

     La influencia que tenían las religiones sacerdotales paganas en los tiempos de Moisés sobre el pueblo de Israel es comprensible, puesto que el pueblo israelita había estado en cautiverio en Egipto durante algunos cientos de años y había visto allí cómo iba vestida la casta sacerdotal, lo que ésta hacía y el poder que tenía. Evidentemente los israelitas adoptaron muchas de estas cosas, empezando por las vestimentas pomposas. De la historia se conocen las vestimentas lujosas del faraón y de su casta sacerdotal, por lo que es fácil de imaginar que los israelitas observaran todo esto y lo imitaran.


LOS LIBROS DE MOISES FUERON CONCEBIDOS EN SU MAYOR PARTE UNOS MIL AÑOS DESPUÉS DE MOISÉS POR SACERDOTES QUE QUERÍAN INFILTRAR EN EL ANTIGUO TESTAMENTO LAS IDEAS Y DESEOS QUE CONVENÍAN A SUS FINES

     ¿Quién llama a los libros de Moisés la «Fuente sacerdotal», y por qué lo hace?.

     En las universidades se enseña a los sacerdotes, a los teólogos, que los libros de Moisés fueron escritos en su mayor parte por sacerdotes. En los libros de Moisés se trata de una compilación de diversos escritos, algunos de los cuales constituyen lo que los teólogos llaman la Fuente Sacerdotal. Esta Fuente Sacerdotal procede del siglo VI a.C. y fue escrita por los sacerdotes israelitas que estaban en el exilio en Babilonia. Ellos proyectaron su fe sacerdotal y su culto situándolos prácticamente de forma retrospectiva en los tiempos de Moisés.

     Se puede suponer facilmente que en estos textos haya también influencias de la antigua Babilonia, donde igualmente regía la fe politeísta y una clase sacerdotal con túnicas especiales y que llevaba a cabo sacrificios.

     Los libros de Moisés no fueron por tanto recopilados en la época en la que vivió Moisés, sino que casi mil años más tarde. Hasta entonces existían textos aislados provenientes de la tradición: por ejemplo, las primeras anotaciones sobre Moisés datan de los tiempos del rey David y de Salomón. Los detalles sobre el culto sacerdotal se incluyeron más tarde, justamente en el siglo VI.

     Así que en realidad los sacerdotes utilizaron a Moisés para infiltrar sus ideas, sus deseos y su posición en el llamado Antiguo Testamento. Al fin y al cabo se trata del Testamento de los sacerdotes, y no de Moisés.

     Esto también lo ven así los teólogos de la Iglesia, aún cuando al respecto dicen naturalmente que en las antiguas escrituras lo sacerdotal no había sido tan importante y que sólo más tarde se reconoció su importancia.


LOS SACERDOTES SE PUSIERON CONSCIENTEMENTE ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES PARA DOMINAR A ÉSTOS CON AMENAZAS

     Una persona con buena capacidad analítica intentará averiguar por qué precisamente lo «sacerdotal» es tan importante. El sacerdocio es importante para los sacerdotes porque por medio de «lo sacerdotal» ellos se pueden situar entre Dios y lo hombres, pudiendo entonces decir a las personas: «Necesitáis a los sacerdotes para alcanzar la salvación. Necesitáis a los sacerdotes para apaciguar a Dios. Necesitáis a los sacerdotes para llevar a cabo todo aquello que está prescrito para que seáis buenos seguidores del culto». Y los sacerdotes se hacen pagar por todo ello.

     Hoy en día es muy parecido. El sacerdote es importante porque se coloca entre Dios y los hombres. ¿Y cómo fue todo esto en el caso de Jesús?. Jesús no habló en absoluto de sacerdotes, sino que enseñó: «El reino de Dios está en vuestro interior» (Lucas 17:21). En concordancia con esta enseñanza, todo sacerdote, toda casta sacerdotal y cualquier institución sacerdotal son completamente innecesarios.

     Renombrados teólogos católicos como Rupert Lay y Herbert Haag dicen que Jesús no instauró sacerdotes (Rupert Lay, "Nachkirchliches Christentum. Der lebende Jesus und die sterbende Kirche", Düsseldorf 1995 [«El Cristianismo Post-eclesial. El Jesús Vivo y la Iglesia Moribunda»]; Herbert Haag, "Worauf es ankommt: wollte Jesus eine Zwei-Stände-Kirche?", Freiburg 1997 [«De lo que Se Trata : ¿Quería Jesús una Iglesia de dos Clases?"]). Él ni fundó una iglesia ni instauró sacerdotes. Pero si los profetas no querían sacertotes y Jesús, el Cristo, aún menos, ¿por qué el pueblo quiere entonces sacerdotes?. Simplemente porque es más cómodo acudir a un sacerdote para confesarse y así él le absuelva de todos los pecados, que tener que acudir a su hermano para hacer las paces con él. El sacerdote le quita practicamente el trabajo que le corresponde a él, a la persona que se está confesando, y ésta, por así decirlo, se va al cielo gratis. Esto es una superstición que aún en la actualidad se sigue enseñando por parte de la Iglesia.

     El pueblo necesita por lo visto a personalidades de alto rango. El ego tan humano quiere tener ante sí una imagen que represente a Dios. Pero ¿existía ya esta idea en el pueblo desde el principio o le fue más bien inculcada antes?. ¿Y por quién?. Naturalmente que por aquellos que sacan provecho de ello, es decir, la casta sacerdotal.

     Cuando Jesús de Nazaret enseñó que «Dios está en vuestro interior», fue éste en realidad un mensaje que conmovió mucho a la gente. ¿Cómo es que al pueblo se le ocurrió que necesitaba confesionarios, que tenía que pagar indulgencias y llevar a cabo sacrificios?. Pues sólo porque existía una casta de sacerdotes que ejercía presión en este sentido, unido a amenazas de castigos espirituales: «Si no nos obedecéis, os iréis al infierno. Si no hacéis lo que ordenamos, no llegaréis a Dios». Aquí se repite lo que ya se encuentra en los escritos de la llamada Fuente Sacerdotal, es decir, una cierta legislación que contiene normas muy concretas para el comportamiento de las personas y la amenaza de forma masiva en el caso de que no cumplan esa normativa.

     Si los escritos de la Fuente Sacerdotal fueron escritos unos mil años después de la época en la que vivió Moisés, uno se puede imaginar con facilidad —teniendo también en cuenta quién los escribió— que lo que se encuentra hoy en día en los libros tuvo y tiene muy poco que ver con la realidad. Por el contrario, se le desfiguró y se le dió el carácter que mil años más tarde se quería que tuviese.


«Y, ¿REALMENTE DIJO DIOS ESO A MOISÉS?». RELATOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO. QUIEN NO CUMPLA LAS PRESCRIPCIONES «TENDRÁ QUE MORIR»

     Estos libros han de ser leídos por tanto con máxima cautela, teniendo siempre en cuenta que sobre el profeta Moisés escribe aquí la casta sacerdotal, el enemigo natural del profeta, como lo expresó una vez el teólogo Walter Nigg en su libro "Prophetische Denker, Löschet den Geist nicht aus" (Pensadores Proféticos. No Extingáis al Espíritu), pág. 124 y siguientes, en alemán. Preguntémonos siempre: ¿realmente dijo Dios eso a través de Moisés?, y nos daremos cuenta cuán poco probable es que Dios dijera a través de Moisés, por ejemplo, lo siguiente:

     Leemos en Éxodo 28:1-4: «Harás llegar delante de ti a Aarón con tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón. Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura. Y tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle, para que sea mi sacerdote. Las vestiduras que harán son estas: un pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan pues las vestiduras sagradas para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes».

     Continúa en Éxodo 28:6-14: «Tomarán oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido y harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra primorosa. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, y así se juntará. Y su cinto de obra primorosa que estará sobre él, será de la misma obra, parte del mismo; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Y tomarás dos piedras de ónice y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al nacimiento de ellos. De obra de grabador en piedra, como grabaduras de sello, harás grabar las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; les harás alrededor engastes de oro. Y pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Yahvé sobre sus dos hombros por memorial. Harás, pues, los engastes de oro, y dos cordones de oro fino, los cuales harás en forma de trenza; y fijarás los cordones de forma de trenza en los engastes».

     Nos saltamos algunos versículos y continuamos leyendo en Éxodo 28:31:

     «Harás el manto del efod todo de azul; y en medio de él por arriba habrá una abertura, la cual tendrá un borde alrededor de obra tejida, como el cuello de un coselete, para que no se rompa. Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas de oro alrededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y granada, en toda la orla del manto alrededor. Y estará sobre Aarón cuando ministre; y se oirá su sonido cuando él entre en el santuario delante de Yahvé y cuando salga; si no tendrá que morir».

     A una persona con buena capacidad analítica le surgirán serias dudas de si Dios dijo esto realmente. Uno no se puede imaginar que Dios haya tenido necesidad de esta lujosa adoración. Sobre todo, cuesta imaginarse que una persona tenga que morir sólo porque no se atiene a semejantes prescripciones.

     «Si no, tendrá que morir» se lee en los libros de Moisés; o sea, tiene que ser matado. Y Dios, el Eterno, dijo claramente a través de Moisés en los Diez Mandamientos: «No matarás». Estas contradicciones se encuentran en muchos pasajes del Antiguo Testamento, en los que supuestamente Dios llama una y otra vez a matar a las personas que no cumplen determinadas disposiciones. Esto se encuentra a lo largo de todos los escritos de la Fuente Sacerdotal. Sin embargo, lo que es seguro es que estas prescripciones no fueron establecidas por Dios.


DETALLADAS DISPOSICIONES SOBRE LAS VESTIDURAS DE LOS SACERDOTES Y ACTOS RITUALES (UNCIONES) EN EL ANTIGUO TESTAMENTO COMO MODELOS PARA LA IGLESIA DE HOY. ¿QUÉ DIJO JESÚS, EL CRISTO, SOBRE LOS ESCRIBAS Y FARISEOS?. EL PROFETA JEREMÍAS ANUNCIA LA FALSIFICACIÓN DE LAS ESCRITURAS.

     Las vestiduras de la casta sacerdotal actual son muy parecidas a las del Antiguo Testamento, y proceden por tanto también del paganismo. En Éxodo 28, 36-38 podemos leer:

     «Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ello como grabadura de sello, "Santidad al Señor". Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las cosas santas que los hijos de Israel hubiesen consagrado en todas sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente para que obtengan gracia delante del Señor».

     Muy interesante es también el uso de ungüentos que recuerdan a las unciones actuales. Sobre esto podemos leer, por ejemplo: «Del aceite para la unción vertió una parte sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió, para consagrarlo» (Lev. 8:12). O bien: «Con el aceite hizo siete unciones hacia el altar, lo ungió a él a y todos sus instrumentos, para inaugurar la pila y su soporte» (Lev. 8:12).

     Uno se acuerda con esto inmediatamente de los rituales actuales: cuando se consagra una iglesia, cuando es consagrado un obispo, un sacerdote, un diácono. Siempre hay determinadas disposiciones de cómo tiene que hacerse todo. En el fondo es algo tan complejo y su sentido tan incomprensible como se describe en la cita.

     ¿Y qué dijo Jesús, el Cristo, sobre todo este culto?. Él dijo a las personas aproximadamente lo siguiente: «Tú eres el templo del Espíritu Santo. Engalana tu alma con el adorno de la virtud, con pensamientos buenos, del agrado de Dios. Vive según los diez mandamientos de Dios y según las palabras de vida, que yo, Jesús, traje a las personas, por ejemplo, en el sermón de la montaña». Jesús nunca habló de ceremonias de culto, ni mucho menos de tener que instaurar a un sacerdote.

     De que en esto algo no era correcto, ya lo advirtió el profeta Jeremías, puesto que en el Antiguo Testamento, cap. 8 vers. 8, leemos: «Cómo pueden ustedes decir: "Somos sabios y poseemos la ley de Yahvé", cuando he aquí que la pluma mentirosa de los escribas la convirtió en mentiras». O sea que un gran profeta como fue Jeremías dice que hay algo en todo esto que no está en orden. Las escrituras, la palabra, ya fueron falsificadas aquí por los sacerdotes.

     Las disposiciones sobre las vestiduras harán que más de alguien recuerde lo que dijo Jesús sobre las personas vestidas de esa manera, y que se puede leer en el evangelio de Mateo: «Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen rabí (maestro)» (Mateo 23:5-7). Después viene la conocida frase: «Pero vosotros no os debéis hacer llamar rabí, pues sólo uno es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos y hermanas» (Mateo 23:8). Esto vale de acuerdo con el sentido naturalmente para hermanos y hermanas. En todo caso Jesús enseñó la igualdad y no la jerarquía de sacerdotes y cargos de funcionarios.


LOS SACRIFICIOS DE ANIMALES EN EL ANTIGUO TESTAMENTO: «OFRENDAS DE OLOR GRATO PARA EL SEÑOR». JESÚS SIEMPRE INTERVINO EN FAVOR DE LOS ANIMALES

     ¿Qué dijo Jesús respecto al sacrificio de animales?.

     Hay una cita de Jesús procedente de un escrito apócrifo del que sólo se conservan algunos pliegos, habiéndose conservado curiosamente sólo esa parte: «He venido para suprimir los sacrificios de animales» para que cese el sufrimiento de los animales entonces (Evangelio de los Ebionitas N°6, citado en Epiphanius contra Haereses 30, 4 s.). También se puede leer en el Nuevo Testamento que Jesús estuvo en el desierto y vivió en paz con los animales salvajes; o cómo él en el templo liberó a los animales que iban a ser vendidos por los mercaderes para ser sacrificados. Hay muchos ejemplos en los que Jesús intervino a favor de los animales. Algunos de ellos se encuentran en la Biblia, pero la mayor parte se encuentra en escritos ajenos a la Biblia.

     Una declaración muy significativa se encuentra también en el evangelio de Marcos, en el cap. 11 vers. 17. Allí se dice: «¿No está acaso escrito, mi casa será una casa de oración para todos los pueblos?. Pero vosotros habéis hecho de ella una cueva de asesinos». Jesús habla de una «cueva de asesinos» [?]. ¿Quiénes eran asesinados? Los animales. [Jeremías 7:11 "¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa, sobre la cual es invocado mi nombre?"].

     ¿Qué dicen por el contrario los escritos de la Fuente Sacerdotal del Antiguo Testamento?. Dicen que el Señor llamó a Moisés, le habló delante de la tienda de la revelación y dijo: Los holocaustos son sacrificios de animales, en los que se quema el animal entero sobre el altar, a diferencia de otros sacrificios en los que sólo se quema una parte del animal y la otra parte es cedida a los sacerdotes, o bien es consumida en el banquete del sacrificio por la comunidad que dona la víctima (resumido del Levítico).

     En Levítico 1:3-9 podemos leer instrucciones muy detalladas: «Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión ante el Señor. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya. Entonces degollará el becerro en la presencia del Señor; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de reunión. Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas. Y los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego. Luego los sacerdotes hijos de Aarón acomodarán las piezas, la cabeza y la grosura de los intestinos sobre la leña que está en el fuego que habrá encima del altar; y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para el Señor».

     Estas palabras «de olor grato para el Señor» suenan completamente a paganismo: «hacer sacrificios para aplacar a los muchos dioses». El Levítico está lleno de prescripciones para los sacrificios, es decir, de disposiciones sobre cómo hay que matar a los animales. Y allí incluso se afirma, en  el capítulo 8:13-18, que Moisés consagró a los sacerdotes de la siguiente manera:

     «Después Moisés hizo acercarse los hijos de Aarón, y les vistió las túnicas, les ciñó con cintos, y les ajustó las tiaras, como el Señor lo había mandado a Moisés. Luego hizo traer el becerro de la expiación, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro de expiación, y lo degolló; y Moisés tomó la sangre, y puso con su dedo sobre los cuernos del altar alrededor, y purificó el altar; y echó la demás sangre al pie del altar, y lo santificó para reconciliar sobre él. Después tomó toda la grosura que estaba sobre los intestinos, y la grosura del hígado, y los dos riñones, y la grosura de ellos, y lo hizo arder Moisés sobre el altar. Mas el becerro, su piel, su carne y su estiércol, lo quemó al fuego fuera del campamento, como el Señor lo había mandado a Moisés. Después hizo que trajeran el carnero del holocausto...»

     Esto sigue así, con indicaciones increíblemente repulsivas. Y el «informe» siempre acaba con la frase: «Se hizo un holocausto para crear un aroma apaciguador, una víctima de fuego para el Señor, tal como se lo indicó el Señor a Moisés» (Lev. 8:21).

     En otro pasaje se describe cómo se ha de sacrificar a una paloma: «El sacerdote ha de llevarla al altar, cortarle la cabeza, y consumirla en humo. Su sangre ha de ser exprimida contra la pared del altar» (Lev. 1:15).

     Estos crueles actos rituales están descritos en el libro Levítico. Y es parte de aquellos libros de Moisés que por lo menos en su mayor parte fueron escritos posteriormente por los sacerdotes, contradiciendo completamente al primer libro de Moisés, el Génesis, en el que Dios expresó: «Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os será para comer. Y a toda bestia de la tierra, y todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Gén. 1:29-31).

     Esto contradice también a muchos pasajes de la Biblia que ya hemos citado. Contradice ya sólo al hecho de que Moisés recibiera poco antes los Diez Mandamientos, en los que Dios expresamente ordenó: «No matarás».

     Para completar la imagen, a continuación mostramos una cita más de cómo tiene que comportarse presuntamente el sacerdote en honor a Dios ante el altar. Hemos escuchado cómo han de ser tratadas las palomas. Las instrucciones para el sacerdote terminan así: «Y le quitará el buche y las plumas, lo cual echará junto al altar, en el oriente, en el lugar de las cenizas. Y la henderá por sus alas, pero no la dividirá en dos; y el sacerdote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para el Señor» (Lev. 1:16-17).

     Vemos cómo aquí se describe a un dios cruel: «de olor grato para el Señor». Sin embargo, Jesús, el Cristo, nos enseñó el Dios del amor, el Dios de la paz, el Dios de la unidad que está con la Naturaleza, a favor de la Madre Tierra.

     Jerónimo, que fue quien seleccionó de la multitud de escritos aún existentes en aquel entonces los escritos que habían de conformar la primera Biblia (la Vulgata), introdujo, modificó y «mejoró» algunas cosas en los textos que utilizó. Una clara afirmación de Jerónimo, quien aún tenía ante sí los escritos originales, dice que: «La degustación de la carne de animal era desconocida hasta el diluvio. Pero a partir del diluvio, nos han sido embutidos en la boca los tejidos y los jugos pestilentes de la carne animal». Él no dice: «Dios lo mandó», sino que dice «nos han sido». Y continúa diciendo: «Jesús, el Cristo, que apareció cuando se había cumplido el tiempo, volvió a unir el final con el principio, de manera que ya no nos es permitido comer carne de animales».

(Jerónimo, Adversus Jovinianum, Lib. 1.30, citado en la obra de Robert Springer, Culturgeschichte der Menschheit im Lichte der phytagorischen Lehre (Historia de la Cultura de la Humanidad a la Luz de la Enseñanza de Pitágoras), Editorial Schmorl & Seefeld, Hannover 1884, pág. 307-308 en alemán, y en el mismo Adversus Jovinianum, 18, citado por Carl Anders Skriver: Die vergessenen Anfänge der Schöpfung und des Christentums (Los Comienzos Olvidados de la Creación y del Cristianismo), 1977, pág. 123 en lengua alemana].


SÓLO POCOS LO SABEN: LA SILLA DE SAN PEDRO DETERMINA QUE EL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO «SON AMBOS LA VERDADERA PALABRA DE DIOS». EN LOS RELATOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO IMPERA UN CRUEL DIOS PAGANO.

     Uno se puede imaginar ahora por qué Dios, nuestro Padre eterno, nos envió a su hijo Jesús, el Cristo: para poner término a todos estos cultos, a todo el paganismo. Y Jesús, el Cristo, enseñó también esto. Él estuvo en contra y en la actualidad continúa estando en contra de la casta sacerdotal, que toma a Dios sólo como medio para conseguir sus fines.

     Habrá quien diga: «Esto antes fue así. Pero todo eso sucedió hace ya muchísimo tiempo». La casta sacerdotal actual dice por el contrario: «El Antiguo Testamento ha de iluminarse en el Nuevo». ¿No significa esto tal vez que en algún momento esos horribles escenarios del Antiguo Testamento fluirán hacia el Nuevo?. La Iglesia católica misma ha establecido por último esto efectivamente en su Catecismo cuando en el comentario N°140 leemos: «El Antiguo Testamento prepara al Nuevo, mientras que éste completa al Antiguo. Ambos se iluminan mutuamente», y continúa diciendo «ambos son la verdadera palabra de Dios».

     Por tanto, lo que leemos en los libros de Moisés presuntamente ha de ser ¡la verdadera palabra de Dios!. Por ejemplo, en el Levítico uno se entera de que «quien maldijere a su padre o a su madre, ha de ser castigado con la muerte» (Lev. 20:9). O, que «si un hombre cometiere adulterio, el adúltero y la adúltera serán castigados con la muerte» (Lev. 20:10). También se puede leer: «Si un hombre se acuesta con un hombre como con una mujer, ambos han cometido un hecho abominable. Ambos serán castigados con la muerte» (Lev. 20:13). O también: «Un hombre que cohabita con un animal, será castigado con la muerte. También el animal deberá ser matado» (Lev. 20:15). Esto a pesar de que el animal no tiene la culpa. Allí se dice también que «una mujer que se acerca a un animal para aparearse con él, ha cometido una abominación y su destino es la muerte» (Lev. 20:16).

     Interesante es también una afirmación en el Deuteronomio, que dice:

     «Si un hombre tuviere un hijo contumaz y rebelde, y que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva, y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz, es glotón y borracho. Entonces, todos los hombres de su ciudad lo apedrearán y morirá» (Deut. 21:18-21).

     Éstos son solamente algunos ejemplos de la gran cantidad de crueles instrucciones que están contenidas en este libro. Entre otras cosas, en él también figura lo siguiente: «Y si un hombre procede insolentemente, no escuchando al sacerdote que se encuentra allí al servicio de Yahvé tu Dios, o al juez, ese hombre morirá y tú harás desaparecer el mal de Israel» (Deut. 17:12).

     Igualmente se puede leer que Dios supuestamente animó a aniquilar a todos los enemigos y a  destruír todo lo que esté en contra de las ideas de uno.

     Algunos intentan minimizar los pasajes sangrientos de este libro diciendo que tan sólo se trata de mitos o de relatos de tiempos muy remotos. Pero esto, si nos atenemos a la enseñanza de fe de la Iglesia, es una equivocación garrafal. Todavía en el año 1965, en el famoso Concilio Vaticano II, con el que la Iglesia supuestamente dio un giro hacia los tiempos modernos, se decidió lo siguiente: «Lo manifestado por Dios, y que está contenido en la escritura sagrada, está escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. Pues debido a la fe apostólica, en nuestra Santa Madre Iglesia, valen los libros del Antiguo como del Nuevo Testamento en toda su totalidad, y con todas sus partes, como sagrados y canónicos» (citado en Neuner-Roos, Nº150).

      A decir verdad, resulta increible que la Iglesia enseñe cosas semejantes, pues con ello el contenido de esa enseñanza dice que todas las crueldades contenidas en el llamado Antiguo Testamento son un producto del Espíritu Santo. Jesús nos enseñó algo muy diferente.


LA EXTREMA CONTRADICCIÓN DE LAS ENSEÑANZAS DE LA IGLESIA CON LAS VERDADERAS ENSEÑANZAS DE JESÚS. ¿HA DE RESURGIR EL ANTIGUO TESTAMENTO UTILIZANDO COMO PRETEXTO A «JESÚS» Y A «CRISTO»?

     ¿Por qué tenemos aún en nuestros días una casta sacerdotal que actúa de modo semejante a como en los tiempos del Antiguo Testamento?.

     ¿Es que Dios, nuestro Padre eterno, envió en vano a Jesús, quien se convirtió en nuestro redentor?. Pues la casta sacerdotal actual actúa de nuevo en contra de Jesús, en contra de su enseñanza, y hace alarde de las palabras «Jesús» y «Cristo» de modo similar a como sucedió en los escritos de la Fuente Sacerdotal. Allí tomaron el nombre de «Moisés» y citaron y siguen citando una y otra vez a Moisés. Fueron los sacerdotes los que escribieron semejante «disparate». Dios quiere otra cosa, y así lo anunció a través de los profetas del Antiguo Testamento, y muy especialmente a través de Jesús. Jesús también enseñó cosas muy diferentes a lo que enseñan los sacerdotes de la época actual. Hay una enorme diferencia entre el llamado «Dios» del Antiguo Testamento así como la casta sacerdotal actual, y Jesús, quien enseñó a la Humanidad la existencia de un Padre amoroso.

     Sobre la oración Jesús dijo: «Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará» (Mateo 6:5-6). Esto tiene que ver con lo que Jesús también dijo en otro pasaje: «Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado» (Mateo 23:12).

     ¿Y qué dijo Jesús sobre la casta sacerdotal?. En el envangelio de Mateo, en el capítulo 23, versículos 8 y 9 leemos: «Pero vosotros no os hagáis llamar rabí, pues sólo uno es vuestro maestro. Pero todos vosotros sois hermanos y hermanas. Tampoco debéis llamar "padre" a nadie en la tierra, pues sólo uno es vuestro Padre, el de los cielos».

     Y continúa diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, vosotros hipócritas!, porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. ¡Ay de vosotros guías ciegos!» (Mateo 23:15-16). Y en Mateo 23:13 Jesús dice: «Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos. Vosotros mismos no entráis en él, y tampoco dejáis que entren los que quieren entrar en él».

     Sin lugar a dudas que aquí se pone de manifiesto una extrema contradicción entre lo que enseñó Jesús y lo que contienen los escritos de la Fuente Sacerdotal del Antiguo Testamento. Una persona con buena capacidad analítica tiene que hacerse consciente de que esta enorme contradicción es agravada más aún por el hecho de que una Iglesia que dice que su modelo y ejemplo es Jesús de Nazaret, se arroga el derecho a enseñar que este Antiguo Testamento, con todos los textos que contiene la Fuente Sacerdotal  y que son tan opuestos a las leyes de Dios —contra los que Jesús también se pronunció expresamente—, es una manifestación de Dios que tiene vigencia en la actualidad e ilumina presuntamente al Nuevo Testamento, en el que están contenidas las enseñanzas de Jesús de Nazaret.

     A decir verdad, ¿cómo se puede iluminar el Antiguo Testamento en el Nuevo, en la maravillosa enseñanza del amor, de la paz y de la unidad?. En realidad esto puede suceder sólo cuando uno se califica a sí mismo de «Nuevo Testamento». Pues lo que hemos leído de los escritos de la Fuente Sacerdotal se ha iluminado en verdad en la casta sacerdotal actual, pero no en el Nuevo Testamento. Si examinamos detenidamente esta afirmación, ésta no dice otra cosa que: el Antiguo Testamento debe resurgir de nuevo. Y para ello se utiliza a Jesús, el Cristo, el nombre de «Jesús», que estaba a favor del amor, de la paz, de la unidad, de la Naturaleza, de la Madre Tierra, a favor de cada animal.

     Por tanto, nosotros los cristianos originarios consideramos como nuestra tarea el hacer esto presente a todas las personas, para que no se crea de forma equivocada que las instituciones que no tienen nada que ver con lo que enseñó Jesús de Nazaret son las que representan su enseñanza bajo el pretexto de llamarse «cristianas».–



¿Quién Está Sentado en la Silla de San Pedro?
Tercera Parte
por Vida Universal


Prólogo

     Las primeras transmisiones de nuestra serie «Para personas con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?» han tenido una gran acogida entre nuestros oyentes. Entretanto hemos recibido muchas cartas en la que se nos plantean diversas preguntas sobre los actos de cultos, sobre los dogmas, sobre los crímenes de la casta sacerdotal católica, sobre la fortuna de miles de millones de la Iglesia, sobre las raíces paganas y sobre muchos temas más.

     Algunas de estas preguntas, y otras que se vayan incorporando a ellas, queremos contestarlas hoy.


¿Fue Jesús de Nazaret vegetariano?. ¿Fueron los primeros cristianos vegetarianos?

     Una oyente de Alemania nos ha escrito la siguiente pregunta: «Yo soy vegetariana, pero cuando hablo con mis amigos sobre ello me dicen siempre que la Biblia no dice nada de eso, de que Jesús no comiera carne. ¿Cómo es posible? En su programa ustedes también dijeron que Dios no quería los sacrificios de animales que se describen en el Antiguo Testamento, y también que Jesús no quería que las personas matasen a los animales. ¿Pueden darme más explicaciones al respecto? ¿Hay escritos sobre ello?»

     Respuesta: Se parte de la base de que Jerónimo tenía sin duda a su disposición todas las escrituras sobre la enseñanza de Jesús. Él recopiló por encargo del Papa la llamada Vulgata, esto es, la primera Biblia, los cuatro evangelios. En todo caso él sabía muy bien que Jesús no había comido carne, y que éste enseñó a amar también a los animales y a no matarlos. En una carta a Juveniano, Jerónimo hizo una acotación muy especial sobre este tema, cuando escribió: «El placer por la carne era desconocido hasta el diluvio; pero desde el diluvio se nos han embutido las fibras y los jugos pestilentes de la carne animal. Jesucristo, que apareció cuando se cumplió el tiempo, volvió a unir el final con el principio, de manera que ya no nos está permitido comer carne» (Adversus Jovinianum).

     De este texto se desprende que Jesús sin duda mandó no comer carne, lo que algunos antiguos evangelios, que están fuera de la Biblia, lo testimonian. A pesar de ello Jerónimo suprimió este importante aspecto de la enseñanza de Jesús al recopilar la Vulgata, la Biblia actual, incluyendo al mismo tiempo antecedentes ya falsificados.

      Cada día millones de animales tienen que pagar con su vida esta falsificación de la enseñanza de Jesús. Innumerables cantidades de miles de millones de animales han sido desde entonces expuestos a enfermedades y asesinados en establos, y especialmente los pueblos cristianos se han transformado en devoradores de carne. Las consecuencias de esta estafa para la Naturaleza, los animales y también para los seres humanos son incalculables.


¿Por qué Jerónimo dejó frases en la Biblia que ponen a la silla de san Pedro al descubierto como anticristiana?.

     Pregunta: «En vuestro primer programa habéis citado una frase del Apocalipsis, en la que se invita abiertamente a las personas a salirse de la Iglesia. Si esto es así, ¿por qué se ha dejado esa frase en la Biblia, si por su parte las Iglesias han manipulado tanto todo lo que se refiere a ella?».

     Respuesta: El párrafo mencionado está en la Revelación de Juan, 18:4, donde podemos leer: «Sal de ella, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas». Se podría decir que esto es una llamada a abandonar a la ramera babilónica. La «ramera babilónica» a que se hace mención en la revelación, también conocida como el Apocalipsis, en el transcurso de los siglos se interpretó como que era la Iglesia, que fue la que se puso en lugar del cristianismo de los primeros tiempos. Y por eso la pregunta que se plantea es en realidad de ¿cómo puede ser que este párrafo tan especial haya quedado dentro de la Biblia?.

     Aquí tendríamos que volver a referirnos a Jerónimo. Acabamos de oír que él ocultó algunas expresiones del evangelio, pero por otra parte él dejó dentro otras que no son del agrado de la silla de san Pedro. Jerónimo tenía una personalidad muy variopinta, como sucede con muchos teólogos. Del Papa Dámaso recibió en el siglo IV la tarea de hacer un texto unificado en base a los muchos textos que todavía existían, pero ya entonces él dijo que esta era una tarea muy difícil. En una carta escribió: «Se encontrará a más de alguno que tan pronto como tome en sus manos esta Biblia me llame a viva voz un falsificador y un sacrílego de la religión, ya que he poseído el atrevimiento de agregar algunas cosas a los libros antiguos, cambiarlos o corregirlos» (J. P. Migne, Patrologiae cursus completus, Sp. 525 y siguientes).

     Esto significa que para Jerónimo era algo indudable que tendría que tomar decisiones muy voluntariosas y doctrinarias. Al respecto es preciso considerar que él quería hacer carrera en la Iglesia, quería incluso ser Papa, y por eso aceptó la tarea, a pesar de que en el fondo de su alma seguramente ya sabía que muchas cosas de la Biblia no eran correctas. En sus primeros tiempos, él fue seguidor de Orígenes, quien quería volver a hacer revivir el antiguo cristianismo y el que ya sin duda se había dado cuenta de la falsificación de la Biblia. Orígenes vivió en el siglo III, es decir, antes de Jerónimo, que vivió en el siglo IV; Jerónimo era consciente de que por ser adepto de Orígenes corría el peligro de ser considerado un hereje, y por tanto confinado. Por este motivo tomó un camino intermedio, dejando algunas cosas fuera, como, por ejemplo, lo que se refiere a los animales, pero dejando también algunas cosas dentro, algo que es digno de atención y que llevó a que personas de épocas posteriores notaran que en la Biblia había aspectos que no estaban claros, que la enseñanza y la manera de vivir de las Iglesias no correspondían a lo que estaba en la Biblia, por ejemplo, el hecho de que haya sacerdotes. Jesús dijo: «No hagáis que os llamen rabí» (Mateo 23:8). O el hecho de que la Iglesia justifique las guerras, cuando Jesús dijo claramente: «El que coja la espada, morirá bajo la espada» (Mateo 26, 52). Estas expresiones, así como el párrafo que se mencionó de la Revelación de Juan, quedaron dentro de la Biblia.

     A esta pregunta se une la siguiente: ¿Podría ser que la Iglesia tal vez canonizó a Jerónimo porque éste falsificó la Biblia?, ¿porque se sometió a la Iglesia?.

     Respuesta: Esto se puede suponer sin lugar a dudas. Él cumplió una tarea muy importante para la Iglesia, puesto que en aquel entonces había muchos textos. Existían los llamados escritos apócrifos que contenían muchas cosas como, por ejemplo, el amor de Jesús de Nazaret por los animales. Nadie de aquella época dijo: «este texto es más importante que este otro».Cualquiera podía buscar los textos que él consideraba verdaderos y que podía examinar con el corazón. Jerónimo entonces limitó todo esto creando así un canon válido desde el punto de vista de la Iglesia.


También quien ha sido un gran pecador puede ser canonizado, siempre que haya traído los correspondientes beneficios a la silla de san Pedro.

     Pregunta: Por lo tanto, de todo esto se puede deducir que quien haya sido o sea canonizado por la Iglesia católica tiene que someterse a ésta. El que sea un pecador o no, ¿es algo que no cuenta?

     Respuesta: Así es, puesto que Jerónimo cumplió la tarea que la Iglesia le había encomendado y esto condujo a que fuera canonizado. A todos los «santos» se les puede clasificar bajo esta rúbrica, y no cuenta el que se sea un pecador o no. Lo que importa es que se preste un servicio a la Iglesia.

     También se venera como a un santo al emperador Constantino. Él era un hombre muy cruel y violento que hizo asesinar a sus propios parientes, a su mujer, a su hijo; a sus aliados más cercanos los hizo matar cruelmente. La Iglesia honra a Constantino debido a que él le otorgó muchos derechos y privilegios. Así es también con otros santos.


Los privilegios de los sacerdotes fueron impuestos cruelmente por los gobernantes.

     Aquí va muy bien otra pregunta que nos ha llegado: «Habéis comentado que en el Antiguo Testamento posiblemente se hayan introducido elementos del paganismo babilónico. ¿Se encuentra también en la Biblia algo que apoye esto, o en qué os basáis para decirlo?».

     Respuesta: Los israelitas estuvieron durante varias generaciones en el cautiverio en Babilonia. En ese tiempo, el rey de los persas, Ciro, conquistó Babilonia. La historia del regreso de los israelitas está contenida en la Biblia. Así leemos en el Libro de Esdrás, en una especie de mirada retrospectiva, en el capítulo 6, cómo se inició el retorno de los israelitas: «El año primero del Rey Ciro, el rey Ciro ha ordenado: Templo de Dios en Jerusalén. Constrúyase el templo como lugar donde se ofrezcan sacrificios» (Esdrás 6:3).

     El regreso estaba unido a la tarea de volver a reconstruír el templo de Jerusalén. Al mismo tiempo se mencionan ya los sacrificios de animales que están descritos en el Antiguo Testamento. En otra parte del Antiguo Testamento se dice que los grandes profetas de la Antigua Alianza se declararon abiertamente en contra de estos sacrificios de animales. Es decir, que si se lee entre líneas y con los ojos bien abiertos, uno nota algunas cosas. La pregunta que se plantea ahora es cómo reaccionaron los israelitas ante ello. Esto lo leemos en el capítulo 3, 12 del libro de Esdrás, donde dice: «Muchos sacerdotes, levitas y jefes de familia, ya ancianos, que habían conocido con sus propios ojos el primer templo, sobre sus cimientos, lloraban a voz en grito, mientras que otros lanzaban gozosos clamores».

     Aquí se pone de manifiesto una contradicción. Los unos gritaban de júbilo y los otros lloraban. ¿Lloraban de alegría o lo hacían tal vez porque sentían que se había introducido o fortalecido algo en el comportamiento de la casta sacerdotal que no tenía nada que ver con la voluntad de Dios?. ¿Qué pasaba entonces con aquellos que se rebelaban?. También esto es interesante. Ya la primera orden del rey Ciro establecía: «A todo aquel que no cumpla este edicto —cuidado, que ahora se pondrá peligroso— le será arrancada de su casa una viga, se le amarrará a ella y será azotado; en cuanto a su casa, será reducida, por este delito, a un montón de escombros» (Esdrás 6:11).

     Ahora habría que preguntarse: si esto fue tan bonito, si fue realmente la voluntad de Dios que los israelitas regresaran y construyeran el templo de Dios en la forma prescrita por Ciro, ¿por qué entonces más de uno se rebeló en contra de ello?. ¿Y por qué se tuvo que hacer amenazas de castigos tan crueles?. ¿No podría ser que con esta orden de Ciro, aquellos que todavía sabían que la voluntad de Dios era la de no hacer sacrificios de animales tenían que ser diezmados de modo tan cruel ya antes del regreso?.

     Si seguimos leyendo, nos encontraremos con el sacerdote Esdrás, al que entonces se le dio el encargo de echar las bases de todo y también de corregir los escritos. En el capítulo 7:6 de Esdrás leemos: «Este Esdrás subió de Babilonia. Era un escriba versado en la Ley de Moisés que había dado Yahvé, dios de Israel. Como la mano de Yahvé su dios estaba con él, el rey le concedió todo lo que pedía». La pregunta es ahora si todo realmente fue así. ¿O el rey le hizo esta concesión ya que Esdrás cumplió la voluntad del rey?.

     Si se sigue leyendo, se habla en seguida del dinero que Esdrás habría de recaudar: «Con este dinero procura comprar novillos, carneros, corderos, con las oblaciones y libaciones correspondientes, para ofrecerlo luego sobre el altar del templo de vuestro Dios en Jerusalén». Y poco después leemos el párrafo siguiente: «Os hacemos saber también que no se puede percibir impuesto, contribución o peaje de ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, donados ni de ninguno de los servidores de este templo de Dios» (Esdrás 7:24). Aquí se establece en seguida la liberación de impuestos, el privilegio de los sacerdotes que estos ya introdujeron de contrabando en el Antiguo Testamento.


 La transformación del 5° Mandamiento da cabida a la justificación de matar.

     Ahora habría que preguntar: Si Dios ha sido el que ha ordenado todo eso, ¿qué tiene entonces que ver esto con los diez mandamientos, por ejemplo, con el mandamiento «No matarás»?. Aquí Dios presuntamente da la orden de matar, y sin embargo, en sus mandamientos dice: «No matarás». ¿Es Dios acaso un dios que se contradice, o es Dios el Absoluto?. O los Diez Mandamientos son erróneos o bien lo son esas otras órdenes.

     La Iglesia siempre se reservó el derecho de interpretar correctamente los Mandamientos y en este caso la interpretación eclesiástica es que el mandamiento «No matarás» vale sólo para personas en particular, pero no para las autoridades. Por ejemplo, estas últimas pueden hacer valer la pena de muerte o dar la orden de hacer una guerra. Es decir, que las autoridades eclesiásticas interpretan la ley así como le conviene a ellas.

     Un intento de disimular aún más esta contradicción ha sido la última falsificación bíblica, con la que se ha cambiado el mandamiento «No matarás»  en «No asesinarás». Si se observa esto desde el punto de vista jurídico, es así porque para el asesinato no existe justificación alguna, ya que se trata de un modo de matar especialmente reprobable. Pero para el «matar» la legislación estatal ha encontrado muchas justificaciones, también en lo que se refiere a las autoridades, y por ello se ha sacado probablemente la palabra «matar» de la ley de Dios, para poder interpretar en caso dado alguna justificación.


El sacrificio de la misa: la idea pagana de hacer sacrificios de sangre, practicada de forma extrema y en exceso de exaltación mística

     Una pregunta sobre los aspectos que se introdujeron del paganismo, que están contenidos en la Biblia y que fueron acogidos por el cristianismo de Iglesia: «En el segundo programa habéis explicado la creencia en los sacrificios por parte del paganismo. ¿No es acaso la celebración de la misa por parte de la Iglesia también una misa de sacrificio en la que se introdujeron ideas paganas?».

     Respuesta: Aquí se trata incluso de la falsificación más grave e importante de la enseñanza de Jesús de Nazaret. En lo que se denomina «el sacrificio de la misa», la Iglesia ve lo que ella llama ponerse de modo simbólico y sin sangre en la situación del sacrificio de sangre de Jesús en la cruz. En cada misa este sacrificio de sangre vuelve a ser tematizado y simbolizado. Se trata de una idea del sacrificio que proviene del paganismo. Originalmente fueron sacrificios humanos, después fueron sacrificios de animales y después volvió a ser un sacrificio humano, esto es, el sacrificio del Hijo de Dios. Se dice que é habría venido a la Tierra para morir como «cordero de sacrificio», para reconciliar a los hombres con Dios, como lo anunció Pablo y como fue acogido por la Iglesia durante siglos y que por ello hoy en día cada católico común y corriente lo acepta. Si uno pregunta: ¿Por qué vino Jesús a la Tierra?, la mayoría responderá diciendo: «Para morir por nosotros, puesto que sólo así él podía redimirnos». Pero como sabemos, Jesús de Nazaret no vino a la Tierra para morir, sino que para fundar el Reino de Paz, el Reino de Dios en la Tierra. Él vino para traer a los hombres la Buena Nueva, la enseñanza que conduce a toda persona a una vida en el Espíritu de Dios, a la paz, a la gran unidad de la vida, y, sobre todo, a Dios en su interior.

     Esta idea del sacrificio de sangre, esta «mística de la sangre», se podría decir que vino al llamado cristianismo a través de Pablo. Quien cree en esta idea del sacrificio, no representa a la enseñanza de Jesús sino que representa a la doctrina de Pablo. Ésta es la falsificación más grave que se ha hecho de la enseñanza de Jesús, pues aquí se hace como si existiera un dios iracundo que es tan brutal y cruel que exige que su propio hijo sea una víctima expiatoria y por ello lo envía a la Tierra. No hay nada peor y más brutal que esta aseveración.


¿«Sacrificios de sangre» también en las guerras?. Los soldados se han de entregar y sacrificar por la patria. ¿«Los cañones de la guerra» como «portavoces de la misericordia exhortativa» de Dios?.

     A propósito de la «idea de sacrificios de sangre», en los Mandamientos se establece: «No matarás». Ese mandamiento fue cambiado hace poco en «No asesinarás». Si tanto la Iglesia católica como la protestante están a favor de las guerras, aunque sea de las llamadas guerras de defensa, ¿no es así entonces que las personas que mueren bajo los disparos son sacrificios humanos para salvar a un Estado o para liberarlo?.  Esto corresponde a la afirmación de que se puede matar pero no asesinar. Por eso, dicho en una frase, cabe la pregunta: ¿No se trata en las guerras también de la idea de los sacrificios de sangre?.

     Seguramente que hay muchos curas castrenses que dieron a conocer esta idea a los soldados en la Primera y también en la Segunda Guerra Mundial, de que tenían que entregarse, sacrificarse por la patria. El cardenal alemán Faulhaber, a quien se le declaró después como un gran combatiente de la resistencia contra el régimen del Tercer Reich, siendo cura castrense dijo durante la Primera Guerra Mundial: «Los cañones de la guerra» son «portavoces de la misericordia exhortativa» de Dios [Karlheinz Deschner, «Ein Jahrhundert Heilgeschichte» (Un Siglo de Historia de la Salvación), tomo I, pág. 253, en alemán]. O sea que aquí está contenida la idea de que la guerra es una especie de purificación que limpiará las faltas morales del pueblo, y de que el soldado tiene que entregarse y sacrificarse por una meta más elevada. Lo macabro de este hecho es naturalmente el que a ambos lados del frente había tales curas castrenses que decían lo mismo a todos los soldados que se mataban unos a otros.

     O sea que la idea de los sacrificios de sangre sigue siendo actual, pero es puramente pagana. Pues, ¿qué dijo Jesús de Nazaret cuando Pedro tomó la espada?. Él dijo: «El que coja la espada, morirá bajo la espada» (Mateo 26:52). Ésta fue una advertencia muy clara a los hombres: cuando ellos ejercen violencia, esto es algo que no es lo que Dios quiere, sino que ellos mismos tendrán entonces que cosechar esa siembra.

     Curiosamente Jesús dijo esto tratándose incluso de una situación en la que se actuaba en defensa personal, cuando su vida estaba en peligro, y sin embargo, le dijo a su apóstol: «Guarda la espada» (Mateo 26:52). La Iglesia diría: «¡Ataca!, ¡asesta el golpe!. Pues tú tienes derecho a defenderte y a llevar a cabo una guerra justa». Todas las enseñanzas sobre la «guerra justa» son puestas al descubierto como anticristianas por ese pasaje de la Biblia y las palabras de Jesús de Nazaret.

     Sin embargo, habría que decir también que la Iglesia es más astuta aún. Ella no dice simplemente: «Estamos a favor de la guerra defensiva», sino que dice: «sólo como último recurso y cuando todo lo demás no haya resultado».

     Aquí hay que añadir en seguida una gran interrogante: Se dice «Si no existen otros recursos está permitido recurrir a las armas», pero la Historia nos muestra que no siempre se agotaron los esfuerzos por recurrir a esos otros recursos. La hipocresía dentro de la Iglesia católica no conoce fronteras.


La hipocresía de la Iglesia católica adopta formas extremas. Los Papas anuncian públicamente: Alabanza a la Inquisición; el genocidio durante el descubrimiento de América fue «una culpa feliz», y otras cosas más.

     En base a lo que se acaba de exponer, vemos cómo muchas cosas han sido veladas o enturbiadas. Por ello a veces uno no se da cuenta de la hipocresía que está detrás de todo. ¿Acaso no es otra cosa que hipocresía lo que vivimos hoy en día, cuando el Papa actual manifiesta estar en contra de la investigación en embriones, diciendo que con ello quiere «proteger la vida»?. El mismo Papa es el que tal vez poco después se preocupa de que aquellos a los que ha querido proteger, sean matados en las guerras —que él mismo ha aprobado— por soldados que antes han sido bendecidos por curas castrenses por encargo papal.

     La hipocresía de la Iglesia católica se muestra también en el hecho de que el Papa actual quiere continuar de modo tan consciente la labor de su antecesor [en el nombre], Benedicto XV, de quien se dice que habría luchado tanto por la paz de Europa. Este Papa, que durante la Primera Guerra Mundial estaba a la cabeza de su Iglesia, siempre se lamentó públicamente de la desgracia que significaba la guerra que destruyó Europa. ¿Pero qué hizo él en realidad?. Se preocupó de que ambos contrincantes, Francia y Alemania y todos los países involucrados en la guerra, incrementaran de modo especial el número de curas castrenses. ¿Por qué entonces no excomulgó a ninguno de los hombres de Estado que estuvieron involucrados en la guerra?. En otros casos la Iglesia siempre ha estado dispuesta a excluír a las personas que no siguen sus enseñanzas.

     Este Papa, Benedicto XVI, llevó también en otro caso la hipocresía y esquizofrenia a la cúspide. Fue él mismo quien defendió la Inquisición. Pocas semanas antes de ser elegido Papa, dio una entrevista muy novelesca el 3 de Marzo de 2005 en el programa titulado «Kontraste», de la primera cadena de televisión alemana ARD. Allí él declaró prácticamente: «Estamos en la continuidad de la Inquisición». Es difícil de creer que haya dicho esto con tanta calma. Pero resultó aún más increíble cuando en su segunda frase expresó aproximadamente lo siguiente: «No se puede negar que la Inquisición haya traído ciertos progresos, cuales fueron el que los acusados antes de todo hayan sido escuchados e interrogados».

     En realidad aquí se trata de una enorme muestra de cinismo, sobre todo cuando uno piensa que tales «interrogatorios» de la Inquisición estaban unidos a torturas terribles, después de las cuales muchos de los «interrogados» morían. El que un cardenal que es el sucesor de la Inquisición —en aquel entonces él era todavía el presidente de la Congregación Para la Doctrina de la Fe de Roma— de modo tan descarado pueda alabar públicamente a la Inquisición diciendo que fue un progreso, es en realidad una exigencia excesiva para la opinión pública. ¿Qué pasaría con otro si calificara la brutalidad de un dictador en Chile o tal vez la de los soviéticos en Rusia como algo progresista, sólo porque en los sótanos de tortura de Pinochet o de Stalin a los presos antes de ser matados se les interrogaba brevemente?.

     Nuestra serie de programas tiene el título genérico de: «¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?. Declaraciones del Papa, como las mencionadas, dan bastante que pensar. Y un cardenal, que en mayor o menor medida apoyaba todo esto, ahora es Papa, y al mismo tiempo es el llamado «Santo Padre». Por tanto, sigue tratándose de: apoya el matar, apoya el asesinar, pero sigue al servicio de la Iglesia —y entonces serás un «santo».

     Lo expresado se puede ver en muchos ejemplos. El antecesor del actual Papa, Juan Pablo II, por el que muchos ahora quieren iniciar un proceso de canonización, con motivo de la fiesta de conmemoración de los 500 años de la evangelización de Sudamérica, dijo: La conquista de Latinoamérica por los conquistadores católicos españoles muestra sin duda rasgos de violencia, y en este sentido habría que condenarla. Pero, como en verdad «la admirable evangelización» contribuyó a una «mayor ampliación de la historia de la salvación», se trata en última instancia de una «culpa feliz» (publicado en la prestigiosa revista alemana «Spiegel» en su edición especial 3/2005, pág. 91). ¿Cuánto cinismo hay detrás de estas palabras, si se considera cuántos millones de víctimas costó en aquel entonces la conquista de Sudamérica y se habla después de una «culpa feliz»?. [...]

     Sobre estas costumbres tan extrañas recibimos otra pregunta: «¿De dónde viene la costumbre de hacer penitencia arrastrándose de rodillas, como en Altötting o por las escaleras de Roma?».

     Respuesta: La costumbre de hacer penitencia arrastrándose de rodillas tiene algo que ver con el ejercicio de penitencias. Se cree que cuando una persona lleva a cabo determinadas penitencias —esfuerzos externos que también en lo posible han de producir dolor—, con ello ella se liberará de sus pecados. Tales prácticas ya existían en el paganismo. Y todo esto tiene que ver con los llamados actos de confesión que ya se daban en el jainismo, en el culto a Anaetis en los misterios samotracios de los Cabiros, en el culto a Isis, todo esto citado del libro del conocido historiador y crítico alemán Karl Heinz Deschner «Der gefälschte Glaube» (La Fe Falsificada), pág. 144 en alemán: «...en el que los penitentes bajo las amenazas del sacerdote se arrojaban al suelo del templo, golpeaban con la cabeza la sagrada puerta, imploraban a los puros con besos y hacían peregrinajes, mientras que en la época de las religiones primitivas —pues a las otras se las llama «elevadas», dice Deschner— se actuaba según la creencia de agitar en el aire astillas y pajas regocijándose, ya que todos los pecados se los habría llevado el viento». En algunos cultos místicos se daban a conocer las culpas al sacerdote, al que se consideraba representante de la divinidad, para liberarse así uno de las consecuencias.

     En la religión de Isis, escribe Deschner, «donde se encontraba indulgencia incluso para la apostasía, ya existía una completa práctica de indulgencias, como se dio más adelante en el catolicismo» (pág. 115).


 Las enseñanzas de la silla de san Pedro: contradicciones, cosas increíbles, absurdidades. Quien no cree en ellas es «excluído», maldito, condenado.

     Ya hemos hablado de que según las prescripciones de la Iglesia católica, hay que creer en algunas cosas determinadas que ésta enseña. Si no se cree en ellas, uno está condenado «por toda la eternidad». Un oyente planteó al respecto la siguiente pregunta: «En el libro de Neuner y Roos («Der Glaube der Kirche in den Urkunden der Lehrverkündigung» [La Fe de la Iglesia en los Documentos de la Proclamación de la Enseñanza]), que es una obra fundamental, se hablaba antes de "condenado eternamente"; hoy se habla de "excluido". ¿Significa esto que ahora ya no se está condenado eternamente cuando uno duda de la fe católica?».

     Respuesta: No significa eso, ya que «excluído» significa «condenado eternamente». Antes se expresaba sin decoro, y ahora, en nuestro tiempo, adaptándose a la época, se formula de forma más moderada, aparentemente más inofensiva, pero el sentido es el mismo. También el significado de «excluído» es «excluído de la salvación», y por tanto «condenado eternamente». La expresión original en latín es «anathema sit» y significa precisamente: «Que sea maldito», o bien «condenado».

     Aquí podemos agregar además la pregunta: ¿Podría ser que este cambio se introdujo en consideración a las otras religiones?. Hoy, cuando se habla un poco de ecuménico, y se trata con ello de engañar a los demás, esta palabra tal vez suena muy dura. ¿Pero no es así que los que profesan otras religiones, según la enseñanza católica, están todos «condenados eternamente»?.

     Si leemos de nuevo en el libro de Neuner y Roos (Nº 381), comprobamos que: «La Iglesia romana anuncia que nadie fuera de la Iglesia católica, ni paganos, ni judíos, ni los no-creyentes, ni los que se han separado de la unidad, serán partícipes de la vida eterna, sino que más bien caerán en el fuego eterno, que está dispuesto para el diablo y sus ángeles, si antes de la muerte no se unen a la Iglesia».

    Hagamos aquí un inciso para aclarar la pregunta: ¿Qué clase de libro es en realidad el de Neuner y Roos?. Para ello, tal vez sea lo más práctico leer la cubierta del mismo libro, donde en su edición en alemán dice: «Este libro contiene los documentos católicos más importantes desde la época de las profesiones de fe apostólicas hasta nuestros días. Pero aquí no se trata de acompañar las verdades de la fe a través de los dos mil años de la historia de la Iglesia y de presentar todas sus luchas dogmáticas y decisiones, sino de presentar las enseñanzas de la Iglesia que han sido de especial importancia en la formación eclesial de la manifestación divina...». El texto finaliza con la frase: «Precisamente en la actualidad, es un derecho y una obligación de los creyentes saber lo que la Iglesia misma ha dicho y dice sobre la fe, en sus documentos de anunciación de la enseñanza». Es decir, que en este libro se encuentra «la formación eclesial de la manifestación divina», aunque ¿no se debería mejor hablar de una «de-formación», viendo lo que la Iglesia ha hecho de ella?.

     Estimados lectores: tal vez tenga alguno de ustedes la costumbre de decir: «Bueno, se pueden contar muchas cosas, pero ¿quién las puede demostrar?». Para comprobar todo esto se puede ir a una librería o una biblioteca y leerlo allí en el libro de Neuner-Roos, «Der Glaube der Kirche in der Lehrverkündigung» (La Fe de la Iglesia en la Anunciación de la Enseñanza). Las frases que acabamos de citar se encuentran en los Nº 381 y Nº 417 —de donde las hemos traducido del alemán al castellano, ya que no nos fue posible encontrar un libro ya traducido—, y aún se podrán encontrar muchas cosas más. La verdad es que este libro es una lectura excepcional y muy esclarecedora, donde el lector mismo se puede hacer su propia imagen. Si se continúa leyendo en él, se descubren cosas sorprendentes, y esto tal vez a más de alguno le haga también intensificar la decisión de seguir la recomendación del Apocalipsis de salirse de tal congregación católica. (En todo caso, los traductores de estos textos nos hemos preguntado si el motivo de que este prestigioso libro sobre teología católica en idioma alemán no haya sido traducido hasta ahora al castellano, no ha sido tal vez precisamente el hecho de que una investigación tan exhaustiva constituye un peligro y un motivo de apostasía para el lector hispanohablante católico que piensa de forma analítica).

     No tratamos todas estas cosas tan increíblemente extrañas ni nos ocupamos de sucesos tan crueles, porque alguna institución o algún clan lo prescriban para sus miembros o para los que son dependientes de ellos. Cada uno puede ser feliz de acuerdo con sus ideas.

     El motivo por el que nosotros tratamos este tema es porque a todas estas cosas tan extrañas, tan increíbles —habría que decir: a todas estas perversidades— se les ha puesto la etiqueta de cristianas y se dice que tienen algo que ver con Jesús de Nazaret. Por eso es que aquí los cristianos originarios se sienten llamados a corregir esto. Pues basta ya de que Jesús, el Cristo, siga siendo calumniado, burlado, ridiculizado y se esté abusando de él desde hace 2.000 años por parte de la casta sacerdotal. Ha llegado el tiempo de poner punto final a este abuso. Los cristianos originarios han comenzado a hacerlo. Y a usted, estimado lector, estimada lectora, le pedimos que como persona inteligente a la que le gusta analizar las cosas, reflexione y se pregunte: ¿Quién está sentado realmente en la silla de San Pedro?. ¿Tiene realmente todo esto algo que ver con Jesús, el Cristo?; ¿o lo que hemos escuchado o leído hoy no nos está acaso indicando que él fue precisamente todo lo contrario de lo que representa quien está sentado en dicha silla?.


 ¿Al «representante de Dios», al «conductor del orbe», no le deberían obedecer los elementos de la naturaleza?. A Jesús de Nazaret sí le obedecían.

     Nos ha llegado una pregunta, que dice: «A través de la Radio Vaticano en Junio de 2005 se informó que, en vista de la catástrofe de la sequía, en amplios territorios de Australia se declaró un domingo como el día de la oración por la lluvia. Si pido a Dios que llueva, esto significa que Dios es responsable de que llueva o no. ¿De dónde viene esta creencia? ¿No viene también del paganismo?». Y otra pregunta más: «¿Rezan también los cristianos originarios para que llueva?».      

     Respuesta: Con respecto a la primera pregunta: En el tiempo del paganismo, del politeísmo, era usual que uno o más dioses fueran responsables del tiempo, y en especial de la lluvia. Entre los germanos era el dios Donar; entre los egipcios lo era el dios Set que después fue el dios Baal; entre los griegos era Zeus el dios del tiempo, y entre los dioses mesopotámicos lo eran los dioses Anu y Enlil, para nombrar a algunos de ellos. Los seres humanos creían en aquel entonces que los dioses eran responsables del tiempo y por consiguiente a estos dioses había que ofrecerles sacrificios para que el tiempo pudiera ser influenciado positivamente. Y si ahora la Iglesia católica llama a que se le rece a Dios para que llueva, esto está entonces en una relación directa con la tradición pagana.

     En la tradición pagana también era usual que personas en particular dijeran ser los «representantes de Dios»; pensemos aquí, por ejemplo, en los faraones de Egipto. También esto existe en el catolicismo, donde el Papa es el representante de Cristo. En Neuner y Roos, bajo el número 434, al margen se dice que «el obispo de Roma tiene la primacía sobre todo el orbe» y en el rito de la coronación, con la cual los Papas fueron introducidos en su cargo hasta el siglo XX, leemos: «Debes saber que tú eres el padre de los príncipes y reyes, el conductor del orbe».

     Continuemos preguntando: Si el Papa es el conductor del orbe, ¿qué conduce él entonces?. Viendo la situación actual hay que preguntarse qué está conduciendo el Papa. ¿Conduce él las epidemias, conduce las necesidades, conduce las catástrofes de la naturaleza, las catástrofes de inundaciones que vivimos ahora?. ¿Es él el conductor de todas estas desgracias que atacan a los hombres, a la Naturaleza y a los animales?.

     De acuerdo con estas lógicas deducciones, habría que decir que él está conduciendo el mal hacia los hombres. Como a él se le trata de «santo», en este caso tendría que tener poder sobre la lluvia, las inundaciones, las enfermedades, los terremotos, por ejemplo, los maremotos. A él le tendrían que obedecer los elementos, etc.

     En realidad esto debería ser para él algo muy sencillo. Él se deja venerar y apostrofar como «representante de Dios». Sin embargo, si todos los efectos de su actividad como representante son así como acabamos de ver, entonces sólo hay dos posibilidades: o él sólo aparenta ser el representante de Dios, y no tiene poder alguno para ejercer influencia —ni siquiera puede sanar sus propias enfermedades—, o bien, lo que sucede en la Tierra tiene lugar realmente por su intervención. En ese caso él no es el representante del Dios del amor, del Dios de todos los seres humanos, sino que en consecuencia él sólo puede ser el representante del Dios de los infiernos.

     Aquí se vuelve a plantear la pregunta: ¿Quién está sentado en la silla de San Pedro?. Pues en la Biblia está escrito «Someted la tierra» (Génesis 1:28). ¿Qué quiere decir esto?. Si el Papa es el conductor del orbe, tendrían que obedecerle la Tierra, las inundaciones, etc.

     Jesús por su parte sí que podía reinar sobre los elementos. Pensemos sólo en el pasaje de la Biblia en que se cuenta que los discípulos estaban sentados en una barca y tenían miedo de la tempestad, y Jesús se enfrentó a la tormenta y se impuso al viento. Es decir que Jesús sí podía hacerlo, pero el «representante de Dios» no puede. Sólo puede hacerlo en un sentido. Ya lo hemos escuchado hoy varias veces, y éste es el de destruír todo. Hemos hablado de las matanzas, de los abusos, del aprovecharse de otros, de destrucción. En consideración al pasado y al presente de la silla de san Pedro, «someted la Tierra» significa en suma para él: Destruye la Tierra. Pues de este modo han actuado siempre la Iglesia católica y los representantes de esta ideología.

     La carta contenía también la pregunta: ¿Rezan los cristianos originarios para que llueva?. Los cristianos originarios no rezan para que llueva. Sabemos que Dios nos ha dado un planeta maravilloso. Es nuestra tarea el vivir en unidad con la Naturaleza y con el mundo animal. Si se hubiera entendido correctamente la frase «Someted la Tierra», hoy en día seguiría siendo un planeta maravilloso, ya que las personas vivirían en esa unidad. Pero desgraciadamente éste no es el caso en nuestros días. El medio ambiente es destruído cada vez más. Esto nos está llevando a grandes cambios climáticos, y todo esto no es la culpa de Dios, sino que nosotros los seres humanos lo hemos causado, y en parte procurado.

     Cuando los cristianos originarios rezamos, no lo hacemos para que llueva o nieve o haga buen tiempo, sino que Jesús nos ha enseñado a pedir que se haga la voluntad de Dios. En la práctica esto significa que si oramos por la Naturaleza que está sufriendo, esta oración puede tener efecto sólo si nosotros mismos nos esforzamos en poner en práctica lo que por nuestra parte corresponda, preguntándonos: ¿qué podemos hacer para ayudar a la Naturaleza que está sufriendo? —y también lo hacemos.


Los seres humanos no necesitamos ni una Iglesia católica ni una protestante luterana. Necesitamos a Jesús, el Cristo. El poderoso espíritu del amor vive en cada persona.

     Jesús, el Cristo, resumió todo de manera muy clara. Él nos enseñó: «Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mateo 7:12). Esta frase es conocida por lo común como la «Regla de Oro». Dicho de otra manera: «Lo que no quieras que te hagan los demás, no se lo hagas tú a ellos», ni a personas, ni a animales ni a plantas. Si en todo el mundo los seres humanos tomaran esto en consideración, entonces no necesitaríamos la Iglesia católica que practica el paganismo. Tampoco necesitaríamos ninguna Iglesia luterana que sólo es una extensión de la Iglesia católica. Nosotros los hombres necesitamos a Jesús, el Cristo. Y éste nos enseñó que nos recogiéramos en un aposento tranquilo para mantener allí un diálogo con Dios, nuestro Padre. Pues Dios es Espíritu del amor. Dios es Espíritu de la paz. Dios es Espíritu de la unidad.

     Quien cumple las enseñanzas de Jesús, el Cristo, deja vivir a la Madre Tierra y todo lo que está sobre y dentro de ella, porque la vida es Dios. Quien destruye y mata premeditadamente la vida, actúa en contra del amor de Dios.–


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