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miércoles, 18 de enero de 2012

John Kaminski - Los Judíos No Creen en la Libertad de Expresión


     John Kaminski es un escritor que vive en la costa de Golfo de Florida y está muy avergonzado de decir que él es un estadounidense después de todos los innecesarios asesinatos que han sido cometidos en el nombre de los estadounidenses. Esta traducción corresponde al tercer artículo de la serie "Tales of the Tribe", y carece de indicación de fecha, texto que puede ser hallado en su sitio oficial http://johnkaminski.info/


Los Judíos No Creen en la Libertad de Expresión
Su Distorsionada Versión de la Historia
Sigue Creando Tiranía y Guerras
por John Kaminski




    Puedo hacer a cualquier judío decir una mentira en sólo tres segundos. Sólo le pido: "Hábleme sobre la historia de Israel". Usted no le oirá a un judío la verdadera respuesta.

     La verdadera respuesta es: Israel es una entidad criminal no sujeta a ninguna ley sino a la suya propia, y básicamente no tiene ninguna. Fue creada por terroristas que robaron la tierra a sus dueños originales. Todo delito le es permitido a un judío contra un no-judío: éste es el núcleo de su enseñanza tanto en el Talmud como en la Torá. Los no-judíos son ganado, dice el Talmud. Eche una mirada al mundo y vea cómo este ganado está siendo asesinado ahora, sobre todo en la vecindad de Israel.

     Los soldados israelíes se especializan en disparar a los niños palestinos en la cabeza, usted sabe. La mayor parte de los judíos en Estados Unidos están muy orgullosos de esto, aunque ellos por lo general no permiten a los periódicos que poseen en EE.UU. escribir acerca de esto, excepto mediante un depravado racismo contra otros, sobre todo los musulmanes, pero también contra los Negros y los Blancos, a ninguno de los cuales ellos pertenecen.

     Mi estación local de televisión me informó que los judíos locales estaban celebrabando y apoyando la matanza por parte de Israel de palestinos en Gaza y su invasión del Líbano, donde muchos niños fueron muertos por bombas judías mientras éstos iban en un autobús escolar. Tal es la vida en el EE.UU. con muerte cerebral por estos días. Sionizada. Un gorro judío mental en la cabeza de cada uno.

     ¿Recuerda a Rachel Corrie, la joven muchacha aplastada por la máquina excavadora?. Multiplique eso por un número demasiado grande como para imaginarlo y usted tiene un cuadro exacto de la vida en Palestina bajo el despiadado talón del monstruo judío/sionista/israelí, que asesina sin motivo y sonríe ante la vista de la sangre que derrama.

     Ésta es la más importante cuestión social que ahora afronta la especie humana:

     ¡¿Qué clase de religión es este judaísmo?!. No se parece a las demás —cristianos, musulmanes, budistas e hindúes—, que anuncian la salvación a cualquiera que la desee. El judaísmo es sólo para los judíos, y para nadie más. De hecho, en el judaísmo todos los demás son un blanco legítimo para el asesinato y el robo sin ningún castigo. Lo atestigua el capitán de escuadrón israelí que recientemente fue absuelto de un cargo de homicidio sin premeditación después de meter 13 balas en el cuerpo de una muchacha palestina de diez años.

     El mayor timo alguna vez perpetrado sobre la raza humana fue la noción de anti-semitismo, donde un transparente complejo de persecución creó una permanente herida auto-inferida por medio de la cual el mayor grupo de delincuentes en la historia humana se hizo a sí mismo sagrado, y engatusó al resto de su especie para que creyeran que ellos eran Los Elegidos. Las campanillas de las cajas registradoras han estado sonando desde entonces. Y hay algo en torno a la sangre derramada que a esta gente le gusta.

     Cinco mil años más tarde, después de que las maquinaciones mágicas de Daniel y sus amigos magos en Babilonia inventaron el dinero y la religión al mismo tiempo, los dos permanecen inextricablemente entrelazados. La tribu de Dan, los dánaos que poblaron Grecia, los Tuatha de Danaan —que son los seres mitológicos (fairyfolk) de Irlanda—, se esparcieron por el mundo, llevando con ellos su ética en las ideas y patrones conductuales del Antiguo Testamento: matar por cualquier razón, y a eso llamarlo sagrado, mientras sea provechoso.

     Hoy nuestra libertad de expresión —y nuestra libertad de pensamiento— está maniatada tan ciertamente como William Blake registró las maldiciones de la prostituta en el Londres de antaño: "Arrruina con plagas el coche fúnebre del matrimonio" [último verso del poema London, de 1792].

     Sólo que hoy todo es permitido dentro del nuevo estilizado, seductor y completamente sin alma espectro de los medios informativos estadounidenses, excepto un asunto: El Holocausto. El más intocable de los temas. No podemos hablar de ello.

     En muchos países —la mayor parte de Europa, de hecho— ellos lo arrojarán a usted en la cárcel y tirarán lejos las llaves sobre un montón de tecnicismos, y usted nunca verá su casa otra vez. Sólo pregunte a Ernst Zundel, o a cualquiera de sus otros camaradas de pensamiento encarcelados en Alemania después de ser apresados y enviados desde alguna otra parte por simplemente comunicar los hechos imparciales y empíricos de la Segunda Guerra Mundial.

     Los hechos imparciales y empíricos son que los alemanes no gasearon a nadie durante la Segunda Guerra Mundial, que no hubo ninguna "solución final" planeada además de la deportación a Palestina, y que la gran vergüenza de los líderes judíos para siempre hasta el final de la Historia —y por qué ellos fueron probablemente reprobados por Dios en la Biblia— es que las organizaciones judías mundiales fueron cómplices con Hitler en el agrupamiento de judíos, y sus muertes fueron en gran parte causadas por el bombardeo Aliado de 1945, después del cual el tifus y el hambre recrudecieron. Los fundadores de Israel querían a aquella gente muerta, porque ellos no los querían en Israel. No existe ninguna evidencia válida de la existencia de cámaras de gas. Mucha gente murió; así es la guerra. Associated Press reportó un total de 875.000 judíos (muertos) en un informe de 1947. Y la religión de los Seis Millones sigue su marcha, demoliendo sociedades enteras en su desagradable camino.

     Y aquí hay otro de los interminables ejemplos de por qué los judíos no creen en la libertad de expresión: Mientras hablamos, el profesor Robert Faurisson de Francia enfrenta años de cárcel por decir simplemente "Muéstreme pruebas de las cámaras de gas" en el canal de TV Sahar de Irán (mi estación favorita, de hecho). He hablado de estos asuntos aquí mismo nueve veces y he dicho cosas mucho peores que lo que ha dicho Faurisson. ¿Tal vez yo debería ir a Francia, eh?.

     Todo lo que realmente estamos pidiendo es que los judíos demuestren que sus interpretaciones histéricas de la Historia son verdaderas, pero ellos no pueden hacer eso, de manera que ellos sobornan a la gente y hacen leyes que prohíben la discusión del asunto, porque ellos saben que perderán cualquier debate neutralmente juzgado.

     Esta es la guerra judía contra la libertad de expresión: Usted creerá esta falsa y torcida historia, o usted irá a la cárcel. Si usted quiere borrar para siempre cualquier noción que usted todavía pueda albergar sobre que los alemanes gasearon en masa a los judíos, lea el magnífico resumen (en inglés) de Paul Grubach sobre el debate: http://www.rense.com/general69/gasccm.htm [1].



     Irónicamente, creo, es un signo muy favorable para el futuro del revisionismo del Holocausto el hecho de que la mayor parte de las élites del poder Occidentales rechazan debatir con los revisionistas del Holocausto, y sólo recurren a pronunciar llamamientos, hacer amenazas de destrucción de carreras y sentencias de cárcel. Esto sugiere al mundo que el revisionismo del Holocausto no puede ser derrotado con evidencias y razones. Los opositores al revisionismo son intelectualmente impotentes, y ellos no pueden derrotarlo con hechos, pruebas y lógica. El "Holocausto" es una ideología débil y quebradiza que necesita leyes especiales, amenazas de destrucción de trayectorias profesionales y sentencias de cárcel para protegerlo.

     ¿Libertad de expresión?. Olvídese de ello. Los judíos no creen en la libertad de expresión. Los judíos controlan el Congreso, los medios, los bancos, los cines, los centros de distribución de productos, las grandes tiendas, los gobiernos locales, las profesiones médicas y jurídicas, las escuelas. Los judíos controlan las vidas de todos, de mil modos que usted ni siquiera comprende. Ellos hablan, y usted escucha, tal como (Iván) Pavlov lo enseñó.

     En la superficie, ellos pretenden estar levemente por sobre los ciudadanos promedio, sobresaliendo en escuelas hechas a la medida para ellos y llegando al espectro laboral con un alto nivel, garantizando esto su dominio sobre los otros. La nueva mafia es definitivamente judía, y está administrando el gobierno también.

     Y así también funciona en el Congreso. Nadie puede siquiera correr sin la aprobación de los judíos y sus organizaciones monstruosas, el AIPAC y la ADL. Los pocos valiosos que pasan los filtros iniciales, frecuentemente son aplastados en las elecciones generales por una avalancha de dinero judío y una cobertura negativa en los medios judíos de información, o, peor aún, son sobornados para deformar su mensaje en una cierta ligera manera para favorecer a un cierto ligero grupo.

     Para aquellos de ustedes que se enfurecerían y bramarían que esto es anti-semitismo, digo que simplemente se trata de la evidencia de los crímenes cometidos a través de toda la Historia contra todos por un solo grupo que hoy tiene a gran parte del mundo en llamas debido a su insana avaricia.

     El verdadero crimen consiste en que se les permite seguir haciendo lo que ellos hacen. La continua ignorancia de este insidioso veneno social ha permitido que éste esté ahora en proceso de destruír a la mayor parte del mundo.


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