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sábado, 3 de diciembre de 2011

Christian Miller - Confesiones de un ex-Racista


     Desde el interesante lugar theoccidentalobserver.net llega en traducción nuestra este artículo del 25 de Mayo de este año, donde el autor con toda honestidad reconoce el profundo error en que estaba anclado su pensamiento con respecto a ciertos asuntos biológicos y culturales, manifestando por qué ha cambiado de modo de pensar. No vemos muy frecuentemente tales muestras de honradez intelectual, de modo que esperamos que sirva como ejemplo y como incentivo para que los refractarios comprendan bien las bondades de la nueva perspectiva.



Confesiones de un ex-Racista

por Christian Miller



     Me arrepiento de mi antigua herejía. He comprendido el error de mis caminos. Estaba tan equivocado que creía que mi raza, la raza Blanca, tenía una legítima reclamación por su identidad o cualquier derecho a poner de manifiesto sus intereses colectivos. Ahora sé que, como un hombre Blanco, es mi deber esperar al margen mientras todas las otras razas se organizan y ejercen influencias para lograr privilegios legales basados en la raza, redistribuciones monetarias o subvenciones, y empleos por discriminación positiva. Pido perdón por poner reparos a la idea de repartir el dinero inmerecido, el respeto o el empleo, basado en el color de la piel de una persona. Yo solía llamar a tales programas "anti-blancos", "injustos", "inconstitucionales" o "ilegales". Ahora entiendo que ellos son parte de la "justicia social", que es profundamente necesaria para corregir las injusticias históricas cometidas por la gente Blanca contra la gente de color.

     Siento mucho haber creído que la raza es un modo práctico de predecir el comportamiento grupal. Estaba muy equivocado al decir que "la sociedad es un constructo racial", ahora que he comprendido que la raza es fundamentalmente un constructo social. Todas las estadísticas raciales de los delitos, las diferencias biológicas y las variaciones conductuales son simplemente artefactos de una sociedad supremacista Blanca. Una vez que los privilegios de los Blancos desaparecen, las razas menos capacitadas, como los africanos Negros o los aborígenes australianos, ascenderán rápidamente a los logros culturales, económicos, filosóficos y científicos en gran escala. Pero los actuales privilegios de los Blancos hacen que otras razas (excepto los judíos y los asiáticos del Norte) fracasen económicamente, cometan delitos crueles y violentos, y se estanquen como una permanente clase baja en cualquier sociedad que contenga gente Blanca.

     Ahora sé por qué hay tan grandes disparidades entre las civilizaciones. En mi anterior ingenuidad yo solía pensar que las desigualdades estaban basadas en parte en las diferencias raciales y hereditarias. Pensaba que la sociedad, la cultura y la civilización eran expresiones del pueblo de una nación, lo que significaba que el éxito de una nación dependía del inventario genético de sus habitantes. Yo solía pensar que el intercambio de los residentes de Zaire y de Suecia tendría resultados inmensamente diferentes para Zaire y Suecia. He reconocido desde entonces esta línea de pensamiento como burradas racistas que no tienen cabida en el mundo moderno.

     Yo solía indicar que el África sub-Sahariana está dotada con recursos naturales generosos pero rezagada en siglos detrás de las naciones europeas en innumerables mediciones del desarrollo. Yo había mencionado que los africanos vivían en chozas de barro sin un lenguaje escrito mientras los europeos estaban trazando los mapas de alta mar, desarrollando complejos tratados filosóficos, y descubriendo principios científicos que condujeron a aumentos geométricos en resultados tecnológicos. Ahora sé que África se rezagó de Europa debido al racismo Blanco y no debido a alguna diferencia inherente entre africanos y europeos.

     Toda mi concepción de la progresión histórica era así de retrógrada debido a mis anteriores creencias racistas en la herencia genética. Ahora que estoy bien informado, no hago caso de ninguna afirmación sobre inteligencia, criminalidad o agresividad que sea hereditaria. Yo comprendo que los rasgos hereditarios son relevantes en la evolución de los mamíferos o en la crianza de caballos, de perros y en la ganadería, pero soy lo bastante educado para comprender que ellos no tienen nada que ver con el comportamiento o la capacidad de los humanos. Fueron las creencias anticuadas, odiosas y racistas del pasado las que justificaron el estudio de patrones genéticos humanos. Estas opiniones intolerantes consideraban que los humanos estaban sujetos a las mismas leyes biológicas de la Naturaleza que los animales. Somos muy afortunados por que la Humanidad haya superado esos conceptos erróneos y se haya liberado de preocupaciones tontas como la eugenesia y la genética. Después de todo, la reproducción selectiva nunca ha producido ningún grupo digno de destacar o excepcional de humanos. Sólo creó un montón de opresores racistas Blancos.

     Yo solía estar indignado por la decadencia de tantas ciudades estadounidenses. Ahora comprendo que mi enojo estaba alimentado por el odio, que era una consecuencia de pensar en mi privilegio como Blanco como algo distinto de una carga y una vergüenza. Yo solía lanzar improperios por cómo ciudades alguna vez grandes como Detroit, Saint Louis, el Distrito de Columbia y Atlanta están ahora devastadas por crímenes violentos, horribles graffiti, basura y pobreza mugrienta. No puedo creer cuán corrompido y odioso yo solía ser. Yo acostumbraba pensar que esto era una consecuencia del cambio demográfico de residentes Blancos a residentes Negros.

     Es difícil de creer, pero yo solía decir a la gente que en las ciudades interiores los resultados de las pruebas y los porcentajes de graduación, que caen en picada, estaban exactamente correlacionados con el aumento de escolares no-Blancos (excepto por los judíos y los asiáticos del Noreste). Por supuesto, he visto la luz y ahora comprendo que los alumnos de color no pueden aprender porque el privilegio de los Blancos actúa como una barrera para su éxito. Por supuesto, los alumnos judíos y los asiáticos del Noreste son de alguna manera inmunes a este privilegio Blanco y parecen sobresalir en las academias. Mi corazón espera el día en que los científicos descubran cómo transplantar esta inmunidad de los judíos y los asiáticos del Noreste a los mestizos y africanos.

     El fracaso de Estados Unidos para eliminar la brecha de los logros académicos raciales es un fuerte testimonio contra la existencia del privilegio de los Blancos. Este completo fracaso fue uno de los argumentos más poderosos que me condujeron a renunciar a mis opiniones racistas del pasado. Yo sabía que miles de millones de dólares fueron gastados para salvar la brecha en el transcurso de las décadas. Contemplé los innumerables programas y esfuerzos hechos para elevar los logros de Negros y mestizos: más profesores de color, menos profesores de color, programas de baloncesto a medianoche, nuevos libros de texto que enfatizaban las obras maestras culturales producidas por africanos sub-Saharianos, programas de almuerzos gratis, programas de desayunos gratis, regímenes disciplinarios más estrictos, regímenes disciplinarios más relajados, e incluso tutorías y orientaciones después de la escuela. Ninguna de estas medidas funcionó, y la brecha de logros raciales permaneció tan extrema como siempre. Esto demuestra concluyentemente que el privilegio de los Blancos penetra el aire y actúa como una fuerza perniciosa e inevitable que impide a los alumnos no-Blancos (nuevamente, con las excepciones de judíos y asiáticos del Noreste) aprender y conseguir tanto como sus homólogos Blancos. Como consecuencia de esta profunda verdad, yo apoyo los persistentes esfuerzos para descubrir la combinación de programas que eliminará el abismo de logros raciales. Sé que un día descifraremos la clave, y la diferencia de logros raciales desaparecerá y nunca será vista otra vez en el escenario académico estadounidense. ¡Ése es el cambio en el que puedo creer!.

     Estoy muy avergonzado de que yo soliera estar orgulloso de mi raza, la raza Blanca. Ahora comprendo que el que la gente europea haya inventado casi todo lo asociado con la civilización moderna fue simplemente un golpe de suerte histórico. Si los europeos Blancos no hubieran estado tan ocupados explotando a los hombres de color, otras razas habrían contribuído más al progreso de la civilización, la cultura y la tecnología humanas. Si los Blancos no hubieran oprimido a los africanos sub-Saharianos no hay duda de que hubiera sido un bantú y no un Blanco (William Shockley) el que habría inventado el transistor. Lo mismo vale para la Internet, la prensa, la televisión, el computador personal, la electricidad, el teléfono, la ampolleta eléctrica y el motor de combustión interna. Todo esto habría sido inventado por africanos Negros, porque ellos tienen las capacidades intelectuales y creativas para hacerlo, de ser dejados a sus propios recursos.

     Es una vergüenza que áreas como Haití y la totalidad del África sub-Sahariana existan en sus condiciones actuales. Ellas serían sociedades limpias, seguras y muy avanzadas, como los países escandinavos, si tan sólo la gente Blanca no hubiera maniatado culturalmente a los africanos. Ahora entiendo la profundidad de la culpa Blanca. Cada fracaso, ineptitud, empobrecimiento e inferioridad exhibidos por la gente de color es una consecuencia del privilegio Blanco. Ésta es una tremenda carga psicológica sobre la psique de los Blancos, y la respuesta natural es la total vergüenza, la desesperación y la culpa por las injusticias históricas cometidas por la raza Blanca.

     Lamento profundamente mis anteriores objeciones a los millones de hombres de color que legal o ilegalmente emigraron a todas las naciones Blancas. Era equivocado de mi parte describir el reemplazo racial demográfico de los estadounidenses Blancos como "genocidio Blanco". Aunque los mestizos de Méjico en parte españoles y en parte aztecas no tengan nada que ver con los indios Pueblo y apaches que alguna vez vagaron por el Sudoeste estadounidense, reconozco que Estados Unidos efectivamente robó aquella tierra de los actuales residentes de Méjico. Suena complicado, pero sólo un racista puede negar esta particularidad transitiva de la reivindicación racial, así que no descienda aquel camino.

     Para intentar compensar los continuos pecados de la raza Blanca, quiero restaurar el derecho racial colectivo de los mestizos mejicanos a crearse una parte en los soberanos Estados Unidos de América. Aztlán es un vibrante concepto cultural y una celebración de la diversidad digna de elogio. Después de todo, las ciudades en Estados Unidos que ya han sido enriquecidas por la diversidad mejicana son símbolos brillantes de esperanza y progreso. Yo sólo espero que los mejicanos de Aztlán amen la diversidad tanto como yo, porque lamentaría perder la propiedad de mi rancho en Arizona o ser atacado sólo porque soy Blanco, aunque yo sienta que lo merezco. Dudo que yo tenga que preocuparme, sin embargo, porque he demostrado mi tolerancia y empatía por la gente de color. Estoy absolutamente seguro de que los futuros herederos del Sudoeste estadounidense me tratarán con bondad, dignidad y respeto, en reconocimiento a mis sentimientos raciales altruístas.

     No puedo creer que yo alguna vez me opusiera a los millones de africanos y árabes que se derraman por las naciones europeas, aunque yo no viva en Europa. Ahora comprendo que la lealtad, la afinidad y la compasión que sentí por los europeos era un sentimiento racista resultado de mis actitudes supremacistas Blancas. Era equivocado de mi parte ver a los europeos Blancos como mi familia mayor —lo que era un punto de vista divisorio y odioso. No comprendí todas las ventajas de la diversidad que estos extranjeros de color proporcionan a Inglaterra, Alemania, Francia, Suecia y otras naciones europeas. Ahora veo que el multiculturalismo es un éxito estupendo. Los hombres no-Blancos se mezclan tan bien que es difícil notar su presencia entre las poblaciones europeas nativas. Esta perfecta integración es muy alentadora para la perspectiva de más inmigración de color. Después de todo, la diversidad es nuestra mayor fuerza.

     La idea de la que estoy más avergonzado, es que una vez creí firmemente que mi familia debería permanecer Blanca. Ahora que sé que el concepto de raza carece de sentido (a menos que sea usado para corregir una injusticia histórica cometida por Blancos contra hombres de color), no me preocupa en absoluto tener nietos mulatos. De hecho, doy la bienvenida a ello. Imagino cómo ellos proporcionarían un asombroso contraste a mis otros aburridos parientes Blancos, con su lacio pelo rubio y sus ojos claros. Pienso con mucha ilusión en mi árbol genealógico siendo bendecido con la fuerza híbrida que tantos académicos y activistas políticos promueven.

     Sería una tremenda hazaña social si yo tuviera un nieto mulato, porque todos envidiarían mi familia. Yo observo durante cuánto tiempo la gente contempla la prole mulata de las parejas de razas mezcladas; es como si ellos no pudieran quitar sus ojos de ella. Ellos parecen tan increíblemente fascinados, casi en shock, como si ellos estuvieran muy sobrecogidos por la belleza y la diversidad de la situación. Tal vez algún día me sonrojaré cuando algunos con sus ojos muy abiertos miren fijamente y dejen caer sus mandíbulas de admiración por mi familia y por mí. Sólo debo aguardar.



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