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lunes, 19 de septiembre de 2011

V. S. Herrell - El Engaño del Nombre Sagrado


     Damos ahora la traducción de otro escrito del doctor en cristianismo V. S. Herrell, representante principal de la estadounidense Iglesia Separatista Cristiana, donde se dedica a analizar las falacias que pretenden dar por sentado otra lengua original de antiguas escrituras y un nombre inventado para un actor principal de dichas escrituras. La vehemencia del pastor Herrell pierde relevancia ante la solidez de su argumentación. Publicamos este texto por el interés que pueda suscitar entre quienes se interesan por aspectos de la arqueología bíblica y por asuntos que atañen directamente a una acción concertada para trastocar aún lo más impensable.



El Engaño del Nombre Sagrado
por V.S. Herrell


     Como hemos dicho antes, los diablos vivientes y que respiran, desde el principio del cristianismo procuraron falsificar el verdadero cristianismo. Pablo se refiere a estos cristianismos impostores, falsificados, como "otro evangelio". Los judíos mestizos de Palestina y los talmudistas a través de los años siempre han odiado el nombre de Jesús Cristo, o Jesús Elegido. Ellos han buscado deliberada e implacablemente, mediante cultos especulativos e iglesias falsas, legitimar su ateísmo y su odio a Jesús Cristo afirmando que ellos creen en el dios del Antiguo Testamento, aunque ellos admiten que rechazan a Jesús Cristo como Dios encarnado.

     El judío mestizo sabe que si él puede convencer al hombre blanco de que él cree en el mismo dios y que está al servicio del mismo dios que el blanco, entonces él ha desarmado y ha destruído la capacidad del hombre blanco de sentir el peligro inminente y la amenaza del mestizo sanguinario. Una de las formas en que los judíos han hecho esto es convenciendo a un gran porcentaje de gente blanca estúpida de que ellos creen en el dios del Antiguo Testamento, enseñando la doctrina judía, talmúdica y masónica del inefable nombre sagrado y diciéndole a la gente que si ellos no se dirigen a Dios como Yahweh o Yah, Dios no podrá oírlos. Cada hombre blanco debería entender claramente al dios ficticio que los judíos talmúdicos pretenden adorar. Además de esto, existe el movimiento demente "Judíos por Jesús" que se presenta en una variedad de aspectos que enseñan que no hay que llamar a Jesús Cristo con ese título, y enseñan a los hombres a llamarlo con el nombre judío de Yahshúa. Por lo tanto se hace importante entender cómo esta táctica talmúdica ha sido llevada a cabo. Primero, consideraremos los dos supuestos nombres para Dios en el Antiguo Testamento hebreo: Elohim y Yahweh.

      En la época de la división del reino del Norte [Israel] y el reino del Sur [Judá], ocurrió una guerra civil. El rey de Israel entonces expulsó al sacerdocio levita. Él luego puso en su lugar a su propio sumo sacerdote y su propio clero. El reino del Sur, o el sumo sacerdote de Judá, sostuvo que el nombre correcto de Dios era el título Yahweh, lo que muestra la influencia moabita en el carácter del sacerdote. El reino del Norte siguió refiriéndose a Dios como El o Elohim, una designación equivalente a Theos o Dios en el Nuevo Testamento.

     Mediante este comienzo, los mestizos judíos edomitas del primer siglo y los mestizos judíos talmúdicos de los siglos posteriores y de hoy crearon y mantuvieron la doctrina de que el inefable nombre divino de Dios era Yahweh, y la variedad de "Judíos por Jesús", como Jacob Meyer lo planteó después, en este punto mantuvo que el nombre divino inefable de Jesús era realmente Yahshúa. La influencia judía sobre los masones entregó esta doctrina a esta organización. Los masones, sin embargo, tienen una opinión ligeramente diferente a la de los judíos sobre la doctrina del nombre inefable, y estas ideas masónicas pueden ser oídas hoy resonando en la jerarquía de las llamadas Iglesias de Identidad del Reino (Kingdom Identity Churches).

     A los que postulan lo del Nombre Sagrado les gusta argumentar que el sagrado nombre de Dios o lo que ellos llaman "el nombre divino" es el tetragrama [cuatro letras] hebreo YHWH o Yahweh, aunque es un punto de gran controversia entre los del Nombre Sagrado dónde y cómo las vocales deberían ir puestas, formándose así también una variedad de otras palabras. Por ejemplo, algunos creen que es Jehovah, otros Yehovah, algunos Yahaveh, etc. En el Antiguo Testamento del rey James, esta palabra hebrea es traducida como "Señor", y en algunas otras traducciones como Jehovah. Los masones transcriben el tetragrama como IHUH en vez de YHVH, aunque ellos citen el mismo hebreo. Esto lo hacen porque la U, la V y la W son todas intercambiables, como lo son la I, la Y y la J. Una discusión de esto se encuentra en la página 697 de Morales y Dogma del judío masónico Albert Pike. Los masones también creen que Ih y Alhim son también nombres inefables de Dios. Los masones creen que el nombre inefable era un símbolo de creación y que cada letra del nombre representa un atributo diferente, incluída la bisexualidad.

     Sin embargo, se debe recordar que el tetragrama no era y no es un nombre personal sino un título que corresponde al griego kürios (señor).

     Es importante recordar que la palabra "Señor" (Lord), o "Amo" (Master), como ha sido traducida en la Anointed Standard Version, son traducciones para la palabra griega Kürios [o Kyrios]. La palabra Kyrios es la misma palabra griega que los traductores de la Septuaginta usaron para la palabra hebrea Yahweh. Aunque tanto Kyrios como Yahweh fueron usadas para referirse a hombres en el Viejo y en el Nuevo Testamento, ellas fueron más frecuentemente usadas en referencia al dios omnipotente. Yahweh era un título usado para el Poderoso El o Dios en hebreo, y la palabra llevaba el sentido primario de amo y dueño. Es por esta razón que los traductores de la Septuaginta usaron la palabra kyrios aproximadamente trescientos años antes de Cristo, y éste era el título aplicado por los israelitas en la dispersión al dios de la Biblia, a quien los judíos palestinos llamaban Yahweh. Pero los apóstoles de Jesús, viendo el ejemplo de la Septuaginta, se refirieron a Cristo como Kyrios, trazando una obvia correlación con el uso de la Septuaginta. También debemos tener presente que la única Escritura que Jesús Cristo o sus apóstoles reconocieron como tal era la Versión de los Setenta.

     Los primeros cristianos prefirieron la muerte antes que llamar Kyrios al César, porque ellos rechazaban reconocerlo como su amo o dueño. Kyrios se usa en el Nuevo Testamento para significar a los amos de esclavos, exactamente igual como cuando el apóstol Pablo a menudo se refería a él mismo como un siervo, siendo su amo, dueño o Kyrios, Jesús Cristo. Kyrios era más que sólo un término de respeto, como cuando ahora usamos "Señor" [Mister, sir]. Puesto que se aplicaba a los propietarios de esclavos, el título a menudo llevaba la connotación de dueño. Era, como hemos dicho antes, la palabra griega usada para el título hebreo más importante de Dios –Yahweh– y ellos lo aplicaron a Cristo.

     Aunque Yahweh haya sido históricamente usado para referirse a hombres, los escritores del Antiguo Testamento usaron la palabra exclusivamente para el Poderoso El, esto es, para Dios, y el título Yahweh se había convertido así en sinónimo del Poderoso El, o Theos, como fue traducido en la Septuaginta, al punto de que muchos de los judíos palestinos lo consideraron el verdadero nombre de Dios, aunque se ha mostrado que esto es una falacia, por el uso de la palabra Kyrios que hacían los israelitas dispersos de habla griega. Note que el hebreo El y Elohim y el griego Theos son los términos que se traducen como Dios. Los del Sagrado Nombre tendrían mayor probabilidad de demostrar que Elohim o El era el nombre sagrado antes que probar que lo era Yahweh. Sin embargo, ellos no intentan hacer esto, porque estos términos (El y Elohim) son usados demasiado a menudo para referirse a otros dioses como para sostener que éste era el inefable nombre divino del dios hebreo. Para los israelitas, "amo" o "señor" era el único sentido que implicaba Yahweh, y así cuando los israelitas oían el título Yahweh ellos no pensaban en el rey de Babilonia o en ningún otro hombre a que pudiese referirse, sino que pensaban en el Poderoso El, el dios de la guerra. Como Yahweh fue traducido como kyrios en la Septuaginta, kyrios comenzó a adquirir el mismo significado entre los israelitas dispersos de habla griega, y ciertamente en tiempos de Cristo, cuando un israelita usaba el término kyrios, se entendía que se estaba refiriendo a Theos o Dios.

     Jesús era tanto el Señor como el Elegido, es decir, Yahweh y el Mesías. Él era "Señor de todos" (Hechos 10:36) y "Señor de señores" (Apocalipsis 17:14). La frase "Señor de señores" o kyrios kyrion muestra que mientras los israelitas de habla griega usaban el término Kyrios que se aplicaba al dueño de esclavos, Jesús era el Señor o Kyrios incluso de ellos, y era por lo tanto Kyrios o Señor o Dueño de todos. Esto nuevamente establece la correlación entre Kyrios usado para referirse a Jesús y Kyrios como usado para Theos o el Poderoso El. Pablo escribió que cada ser debería admitir que Cristo es Kyrios. Cuando Pablo dijo esto, él quiso decir que Jesús era Kyrios de todos, como lo era el Poderoso El, Señor de todos.

     Esto es importante recordarlo porque el Nuevo Testamento fue escrito en griego. Por lo tanto toma importancia para los del Nombre Sagrado crear el argumento mentiroso de que el Nuevo Testamento fue escrito en hebreo o arameo, de modo que pueda ser argumentado que originalmente el Nuevo Testamento contenía el término Yahweh y el nombre Yahshúa. Como nosotros veremos, esto es completamente falso, y una mentira condenable que desafortunadamente condena a demasiadas personas desorientadas de raza blanca. Este argumento ha sido ahora trasladado a la Septuaginta.

     Ya que ha sido cada vez más difícil para los del Sagrado Nombre refutar el hecho de que la Versión de los Setenta fue la única escritura que Cristo y los apóstoles citaron y leyeron, entonces se ha argumentado ahora que la Septuaginta fue originalmente escrita en griego pero los nombres sagrados fueron mantenidos en hebreo. Dan Gayman en su libro En Defensa del Nombre Jesús Cristo, cita a alguien, supuestamente un erudito, diciendo esto, pero no nos dice quién, sin duda porque él no quiere que nosotros sepamos que su fuente es un judío. Es verdad que algunas tempranas traducciones judías de la Biblia hebrea al griego fueron hechas de esta forma, pero esto no es verdadero en el caso de la Septuaginta. Esto pone de relieve la disposición de Dan Gayman y otros partidarios judíos para decir una mentira desvergonzada. Hubo varias versiones tempranas de las escrituras hebreas en griego que fueron hechas por los judíos, pero éstas no son la Versión de los Setenta.

     David Tate, en su libro La Septuaginta Contra el Texto Masorético, nos dice:

     Las tres versiones griegas menores de Aquila (de Sinope o del Ponto), Teodoción (de Efeso) y Simaco (el Ebionita) fueron hechas a partir de las escrituras "hebreas" editadas alrededor del siglo II d.C., y fueron hechas a la medida con el designio de promover el texto hebreo de esa época por sobre la versión de los LXX y suplantarla con otra versión griega. Ninguna de estas versiones suplantó con éxito a los LXX, como era el propósito de los judíos, y lo que queda de ellas hoy es mayormente fragmentario.

     Antes de llegar a convertirse al judaísmo temprano, Aquila, un gentil, se había criado en la religión pagana y practicó la magia y la astrología judiciaria. Siendo impresionado por los milagros que él vio obrar a los profesantes del cristianismo en su tiempo, él llegó a convertirse a éste, pero con las mismas expectativas de Simón Mago (Hechos 8) de obtener ese poder y de hacer las mismas obras que los discípulos y apóstoles; pero encontrando que él no tenía creencia o fe en el cristianismo, queriendo sólo los milagros, él volvió a su magia y fue excomulgado de la comunidad cristiana, y luego más tarde fue circuncidado y se convirtió al judaísmo. Después de llegar a ser experto en la lengua judía, él fue elegido para hacer una traducción del texto promovido en esa época por los judíos, cuya traducción era tan literal que uno tenía que ser estudiante de hebreo y griego para entenderla.

     No mucho después de Aquila, otras dos traducciones de las escrituras hebreas fueron hechas, supuestamente de un texto similar, la primera por Teodoción, la segunda por Simaco, de quienes se cree que se convirtieron a la secta cristiana de los ebionitas, que se decía que habían estado más cercanos a la religión de los judíos que a la de los cristianos. Humphrey Prideaux afirma que Teodoción y Simaco "ambos emprendieron la elaboración de sus versiones con la misma intención que Aquila lo hizo, aunque no totalmente para el mismo objetivo, puesto que los tres emprendieron este trabajo para pervertir las escrituras del Antiguo Testamento, pero Aquila lo hizo para servir al interés de la religión judía, mientras que los otros dos para servir al interés de aquella secta herética a la cual pertenecían; y todos ellos distorsionaron aquellas santas escrituras en sus versiones tanto como pudieron, para hacerlas hablar para los diferentes fines que ellos se propusieron".

     Mientras la versión de Aquila se apegó demasiado estrechamente a la lengua hebrea, Simaco tomó el camino opuesto e hizo de su versión casi una paráfrasis, y procuró expresar lo que él pensaba que era el verdadero sentido del texto. El trabajo de Teodoción era el camino intermedio entre las dos, y fue considerada una traducción confiable, pero aunque respetada por todos, e incluso usada hasta cierto punto por la temprana iglesia cristiana, los judíos se adhirieron a la versión de Aquila cuando se usaba una versión griega, rechazando todas las otras. De las tres versiones surge la seria pregunta sobre cuán a fondo cada uno de los tres traductores conocía el hebreo, y se cree que los tres fueron dirigidos por eruditos judíos, al punto de que ellos, como gentiles, no fueron los únicos responsables de sus traducciones y nunca podían haber emprendido sus tareas sin la ayuda y dirección de la jerarquía judía. El punto más importante que esta historia enfatiza es que mientras los judíos y las sectas orientadas hacia los judíos intentaron lo mejor que pudieron para suplantar la versión de los LXX con otras versiones griegas, ninguno de ellos nunca tuvo éxito debido al amor y respeto que los primeros cristianos tempranos mantuvieron por la Septuaginta.

     No hay manuscritos existentes de la Septuaginta con nombres hebreos intercalados. En primer lugar, haber hecho eso sería haber fracasado en el objetivo de traducir del hebreo al griego. La gente que lee la Versión de los Setenta griega no podía leer el hebreo. Éste era el objetivo de la traducción. Si los traductores hubiesen querido retener los nombres sagrados en la Septuaginta, entonces habrían transliterado los nombres usando letras griegas. Ésta era la práctica con todos los otros nombres hebreos en el Antiguo Testamento, y esto es lo que hubieran hecho si Yahweh o Elohim fueran nombres y no una designación genérica para "amo" o "señor", además de la designación genérica para Dios.

     A fin de entender mejor algunas de estas cuestiones, tenemos que mirar el nombre Yahshúa, el supuesto nombre sagrado de Jesús. Esto es aseverado por el mismo grupo del Yahweh judío que (mantiene) el hebreo gauvh, que ellos transcriben en una variedad de formas, principalmente Yahshúa o Yehoshua. Aquí hay algunos hechos que a muchos no les gusta comentar, con respecto al llamado nombre sagrado Yahshúa.

     Cuando surge la cuestión de si el nombre es Yehoshua o Yahshúa, sus únicos puntos para ello son, primero, que el Nuevo Testamento fue escrito en hebreo o arameo y que por lo tanto originalmente se usó Yahshua o Yehoshua, y posteriormente fue traducido al griego (lo que es una evidente mentira), y segundo, que de alguna manera el Joshua (Josué) del Antiguo Testamento representaba a Jesús, basados sobre versículos que ellos sacan del aire y que no dicen nada ni cercano a lo que ellos sugieren, y que ciertamente no demuestran sus falsas pretensiones.

     Luego ellos pasan a demostrar que de hecho no es Yahshúa sino Yehoshua, y se supone que nosotros creamos la presunción no probada del punto primero, y luego ellos procuran demostrar la pronunciación correcta, asumiendo que los ignorantes goyim han comprado su engaño. La mayor parte de tal escritura espuria está basada sobre conjeturas no probadas que se supone que la gente da por sentado que son la verdad, pero estos supuestos pueden ser rastreados hasta el trabajo de Jacob Meyer y otros que se hacen llamar "Judíos por Jesús". La doctrina Yahshúa primero ganó impulso entre la gente blanca después de que Jacob Meyer comenzó a promoverla e hizo una traducción de la Biblia llamada la Biblia del Nombre Sagrado hace aproximadamente treinta años, y esta doctrina fue recogida por Wesley Swift, Sheldon Emory, Bill Gayle, Lester Blessing y Bertrand Comparet. No estoy seguro de cuánto sabe usted de la Biblia del Nombre Sagrado y de su creador. Jacob Meyer es un judío confeso. No puedo hablar cortésmente de este huevón demonio judío Jacob Meyer o de sus malvados colaboradores masónicos, ya que ellos han corrompido casas enteras y han hecho más daño al movimiento Identidad y al movimiento cristiano blanco que cualquier otra gente que yo conozca en este tiempo. Ellos son la raíz de la maligna hiedra venenosa que ha estrangulado a cientos si no miles. Jacob Meyer es un judío de Bethel, Pennsylvania, un asistente regular de las reuniones de la Liga Antidifamatoria de la logia B'nai B'rith. Él promueve enseñanzas judías talmúdicas y ha conducido el asalto judío contra la Iglesia de Jesús Cristo (Church of Jesus Christ) desde 1966, año en que echó a andar su iglesia, Las Asambleas de Yahweh. Él es el mentiroso más judío y obvio en Estados Unidos hoy. Su perturbada charlatanería demuestra solamente que él es un judío, y él está engañando a miles con sus mentiras escritas. Él promueve abiertamente los matrimonios inter-raciales, y engaña a los negros con hacerse miembros y "ministros" de su iglesia blasfema. Él es un Satán viviente que profana y blasfema la fe cristiana con cada trazo de su asquerosa pluma. Él es la causa primordial de que Christian Identities estén engañadas con un así llamado nombre sagrado judío, masónico, un nombre inpronunciable, promovido por los masones y los judíos.

     Este proxeneta blasfemo de la falsa religión y representante principal de la puta de Babilonia ha llevado con engaños a segmentos del movimiento de identidad racial a creer mentiras evidentes. No hay ninguna prueba de que el nombre del Salvador fuera Yahshúa, Yehoshua, o cualquier otra clase de shua. De hecho y en verdad, la verdadera prueba demuestra que ésta es una mentira patente nacida en el infierno de Pennsylvania en 1934, a través de la mente pervertida y corrupta de un timador judío ateo cuyos argumentos imaginarios están todos basados sobre autoridades judías ateas, mientras él hábilmente soslaya la gran herencia académica de la raza blanca para promover sus enseñanzas de anticristo.

     Jacob Meyer es un anticristo viviente y que respira, que trabaja febrilmente para destruír a la raza blanca y al cristianismo blanco. Él es la raíz, mientras que muchas personas engañadas, ignorantes y estúpidas, han llegado a ser sus ramas, y el fruto que ellos producen es la blasfemia del más alto grado. Los judíos siempre han odiado el nombre de Jesús, pero Meyer ha engañado a los cristianos con una pronunciación indemostrable, distorsionando (ese nombre) de modo que los pobres goyim no sean ofensivos para el judío. Yo llamo a todos los hombres piadosos que aman a sus hermanos de la raza blanca a estudiar los hechos de la erudición y la historia blancas, así como las Escrituras, y a vencer el vino embriagador y el engaño de este embaucamiento inspirado por el judío, que pretende dividir a la nación cristiana blanca. Las doctrinas de anticristo y las enseñanzas imaginarias de las llamadas Asambleas de Yahweh están apareciendo por todas partes de este país. Él es responsable de la mayor parte de la literatura sobre el Nombre Sagrado que está circulando actualmente en los círculos llamados de Identidad. Y si no es su literatura propiamente dicha, es literatura que lo usa a él como fuente. La única otra gente que usa el nombre Yahshúa es el movimiento "Judíos por Jesús", que en meses recientes han publicado en grandes periódicos y otros medios que el verdadero nombre de Jesús es Yahshúa.

     Así, cuando miramos algunas cosas que Meyer tiene que decir, y su método para demostrar la cuestión del nombre sagrado, inmediatamente encontramos agujeros del porte de una caverna en su razonamiento. En su prólogo a su Biblia del Nombre Sagrado, en la página ii él declara que el arameo era la lengua común en el tiempo de Jesús. Ésta no es sólo una mentira parcial: es una mentira completamente. La verdad es que el griego era la lengua común. El griego había sido la lengua común del mundo civilizado después de las conquistas de Alejandro el Grande; éste es un hecho verificable en cualquier enciclopedia o libro sobre el asunto. El arameo sólo era hablado por pequeñas sectas de judíos ultrapiadosos en localidades aisladas en Palestina y sus alrededores. Sin embargo, a partir de este razonamiento, Meyer continúa y declara que el Nuevo Testamento fue originalmente escrito en arameo, y que fue traducido más tarde al griego para adaptarse al idioma común y corriente. También ésta es una descarada mentira judía.

     Es verdad que existen partes de un Nuevo Testamento en arameo, pero este arameo fue de hecho traducido por los que podríamos llamar los "Judíos por Jesús" del tercer o cuarto siglo. Las escrituras griegas fueron redactadas en el siglo primero y el griego era la lengua en la que ellas fueron originalmente escritas. Éste es un hecho absoluto y verificable. La única gente en todas partes que niega esto es Jacob Meyer, sus seguidores, y la gente deliberadamente engañada que lo usa a él como prueba, como en el libro ¿Cuál Es Su Nombre? de John Charles Green publicado por el fallecido Eldon Purvis de los llamados New Beginnings que directamente cita a Meyer. Usted tiene que entender que el dinero de los masones estaba detrás de este Purvis, y ellos querían combinar al movimiento Identidad con el Pentecostalismo, lo que no puede hacerse. De hecho, este tipo Purvis estaba muy orgulloso de ser un becado de Oxford (Rhodes scholar), y antes de integrarse a Identidad él había "pastoreado a negros y tenía una enorme lista de direcciones". Él está muerto ahora. Pero usted notará en el libro de Green que él usa a Jacob Meyer como su autoridad, junto con un par de judíos de Nueva York. Nuevamente, esta clase de cosas simplemente alimenta la falsa devoción, y aquellos atrapados en la falsa devoción se vuelven a sí mismos inútiles para la guerra del Espíritu de Verdad.

     No conozco al señor Green, pero sé realmente que su libro es una mentira blasfema que usa a Jacob Meyer y a la erudición artificial judía como sus autoridades. E insto al señor Green, si él todavía está vivo, a arrepentirse, si él realmente es capaz. Sugiero que él doble sus rodillas allí en North Warren, Pennsylvania, y busque el perdón con lágrimas, asumiendo por supuesto que él no es un judío. Estos lacayos judíos y masónicos crearon una sociedad de admiración mutua y afirmaron ser de Identidad, viviendo buenamente a expensas de su lista de nombres de inocentes patriotas blancos, entretejiendo hábilmente sus doctrinas judías y masónicas en la tela de Identidad. Los tipos como Purvis no son la única gente engañada para enarbolar la bandera judía de Jacob Meyer, sino que su influencia todavía se percibe en el engaño de los patriotas cristianos blancos. Además de que muchos de los patriotas han sido engañados por los satanes en nuestro medio, ellos han sido alejados de la pura palabra divina por los diabólicos conspiradores y los impostores de Pennsylvania.

     Ellos han confiado y han tomado la palabra de la gente que ha afirmado ser de Identidad, y en el proceso ellos han permitido que fueran divididos posteriormente y debilitados por un complot judío de engaño. Incluso ahora, demasiados quieren comprometer la palabra divina y la Historia y la verdadera erudición so pretexto de la busqueda de unidad y promoción de la hermandad. Pero la unidad nunca puede ser conseguida sobre un fundamento de mentiras, y aquellos que hacen mercancía del verdadero pueblo de Dios y blasfeman de las Escrituras y de las doctrinas de Jesús Cristo no son nuestros hermanos. Ellos son anticristos. Cada patriota blanco que cree que son sagrados la sangre y el sacrificio del Cordero de Dios necesita obedecer la Escritura y estudiar y demostrar todas las cosas, en vez de tomar la palabra de la gente como si fuese  la verdad contenida en un panfleto o en un folleto. Hemos llegado a tal punto en nuestra nación, que si un hombre habla la verdad sin temor, él es acusado de promover la desunión. Pero la defensa del evangelio de Jesús Cristo no es un acto de desunión, sino que es en verdad un acto de unidad. El verdadero pueblo de Dios sólo puede ser unificado en la verdad de las Escrituras y no sobre fábulas judías e imaginaciones retorcidas.

     Ahora bien; mientras Jesús puede haber sido capaz de hablar en arameo, como usted o como yo podríamos ser capaces de hablar en alemán o en francés, no hay absolutamente ninguna evidencia para indicar que ésa era su lengua natal. De hecho, toda la evidencia señala otro camino. Jesús era de Galilea, un área que había sido completamente helenizada antes del siglo primero. Todos los apóstoles eran también de localidades que habían sido helenizadas, y todos ellos hablaban griego; de hecho, todos los apóstoles excepto Judas Iscariote eran también de Galilea. Ellos tenían nombres griegos y ellos escribían en griego, y Jesús era un nombre ario, muy popular entre los israelitas dispersados. Ahora, para Meyer la importancia de decir que el Nuevo Testamento fue escrito en arameo consiste en que esto permite que él continúe y diga que en las supuestas escrituras originales en arameo Jesús era conocido como Yahshúa y que el nombre Jesús no existía hasta que estas escrituras fueron traducidas al latín y al griego. Pero ésta otra vez es una mentira dicha por un hombre que posee una radioemisora en las Filipinas y predica a mestizos, ese pedazo de misionero judío antiguo.

     El nombre Jesús es la transcripción para la palabra griega Iesous, con la letra "i" pronunciada como una "y", y así transcrita de esta manera para mostrar la pronunciación correcta. La traducción latina de las Escrituras completada por Jerónimo simplemente transliteró la palabra griega en latín quedando en Iesous, y la temprana versión de 1611 del rey James en adelante transcribió esto como Iesus, pero nuevamente la "i" siempre era pronunciada como una "y" debido al hecho de que está seguida de otra vocal. Jesús era un nombre muy común en las antiguas sociedades helenísticas, y sobre todo entre los verdaderos israelitas dispersados, como aquellos representados por Filón, por ejemplo; de hecho, hay varios otros hombres en la Biblia cuyos nombres son dados como Jesús. Pero los judíos, que odian el nombre Jesús, impulsaron movimientos como "Judíos por Jesús" para promover el nombre Yahshúa y establecer a judíos como Meyer para publicar información que no tiene absolutamente ninguna base de hecho y que fácilmente se prueba ser falsa mediante investigaciones simples.

     Ahora, los del Nombre Sagrado como Meyer apuntan al Joshua (Josué) del Antiguo Testamento, y mediante aproximadamente cinco versículos, determinan que Joshua tiene una correlación directa con Jesús, y así por lo tanto ellos erróneamente concluyen que el verdadero nombre de Jesús, hebreo o arameo, debe ser Joshua. El hebreo dado para Yahshúa y Joshua es idéntico y es sólo un asunto de cómo la palabra se transcribe lo que da las dos diferentes pronunciaciones. Tratar de usar el así llamado hebreo antiguo es una falacia, porque éste no tenía ninguna vocal, y así es posible demostrar casi cualquier cosa por el llamado hebreo, tomando las mismas consonantes y añadiendo vocales diferentes; pero eso no es una prueba de nada. Es por esta razón que hemos señalado al verdadero pueblo de Dios que la Septuaginta era la única escritura que los cristianos, incluído Jesús Cristo, reconocían. Si no hubiera ninguna otra razón, deberíamos considerar la Septuaginta como sagrada sólo porque éste es el ejemplo de Jesús y sus apóstoles.

     Como Separatistas Cristianos, no aceptamos mitos judíos o autoridades judías en materia de traducción. No vivimos con temor de lo que los judíos piensen. Si en efecto el Joshua del Antiguo Testamento representa realmente a Jesús, entonces no hay ninguna prueba de que Joshua se deba realmente deletrear como Joshua. No podemos acudir al texto masorético, porque todas las vocales fueron añadidas a ese texto hebreo en el año 900 d.C. después de mil años o más de copiar el texto, y el hebreo que tenemos hoy no está ni cerca del hebreo original, y entonces la correcta pronunciación o deletreo de los nombres que aparecen en el texto masorético es un argumento que carece de sentido. Si tratásemos de determinar la pronunciación original de Joshua, entonces la cosa más inteligente sería mirar la Versión de los Setenta. En prácticamente cada caso, los traductores de la Versión de los Setenta transcribieron los nombres de los personajes del Antiguo Testamento en griego exactamente, y son paralelos en forma casi idéntica al texto masorético salvo unas pocas excepciones. Por ejemplo, el nombre Jacob, es Jakob en la Septuaginta, y el nombre Israel es Israël en la misma. De casi cada nombre en hebreo hay un equivalente casi exacto en la Septuaginta, o al menos un equivalente muy cercano.

     Sin embargo, algunos nombres no suenan ni siquiera parecidos, y son totalmente diferentes. Uno de esos nombres es Joshua. En la Septuaginta, el hebreo Joshua fue transcrito como Iesous o Jesus. Si en el hebreo original el nombre fuera Joshua, entonces hubiera sido posible transliterar esto en griego, y la Septuaginta diría hoy Joshua y no Jesus. Sin embargo, no es el caso, y todas las evidencias apuntan hacia el hebreo que ha sido corrompido por judíos Edomitas y no hacia la Versión de los Setenta. La Historia señala que en la época después de Esdrás la conservación de la palabra divina en la antigua lengua hebrea ya no era mantenida.

     Además, si usted estudia el libro de Esdrás, usted se encontrará con que ellos no podían ni siquiera hablar en hebreo, y por un período de más o menos cien años, los judíos Edomitas se hicieron con el control del oficio de los escribas y comenzaron a inyectar pensamientos edomitas o arameos a fin de justificar su corrompida versión de hebraísmo y poner sus filosofías babilónicas, y Filón, un israelita en la dispersión, escribió volúmenes en griego, la lengua de la Diáspora, contra sus malignas actividades, como hicieron los primeros cristianos del siglo segundo.

     La verdad es que nuestros antiguos padres hebreos eran más parecidos a los blancos griegos que a los fangosos Edomitas. Aquellos que han leído a Josefo detalladamente habrán notado que había una facción del pueblo que quería adoptar una cultura más griega, y éstos eran sacerdotes bien respetados que abogaban por establecer escuelas griegas o gimnasios y procuraron identificarse con sus primos blancos griegos. Muchos de los hebreos, sobre todo los de Alejandría, afirmaban que los griegos eran descendientes de las tribus de Israel, y que Platón derivó mucha de su filosofía de las leyes de Israel. Los judíos talmúdicos contradicen estos hechos históricos. Pero volviendo a Palestina, los judíos Edomitas babilónicos enfurecieron al rey Mediato por sus intrigas políticas, y el rey reaccionó de manera exagerada y quemó un cerdo en el Templo de Jerusalén. Esto jugó a favor de los Edomitas. Mi entendimiento de este período de la Historia es que los Medas estaban predominantemente constituídos por antiguos israelitas convertidos al paganismo y eran en su mayor parte parientes raciales.

     Los Edomitas ahora pedían una Judea unida basado sobre el patriotismo y los límites geográficos y formaron el partido Zelote. La nación ya no fue definida como la raza, y los judíos han estado predicando un falso patriotismo, poniendo desde entonces a los hermanos raciales unos en contra de otros, y, mis amigos, quiero que ustedes sepan que esto es sembrar la discordia entre hermanos, lo cual es una de las siete cosas que Dios odia. Ustedes ven, mis amigos: si ustedes se apartan de la verdad, ustedes destruyen la unidad de la Historia y de la palabra divina. Las tácticas de los judíos son siempre las mismas: destruír la unidad racial del cristianismo verdadero mediante las mentiras de su propaganda. A propósito, quiero estar allí cuando el gobierno de Estados Unidos arreste a Dios por delitos de odio.

     Pero regresando al nombre sagrado, la misma idea de un nombre sagrado se muestra que es errónea cuando examinamos aquellos pocos versículos que los del Nombre Sagrado señalan para decir que debe haber un nombre sagrado. La palabra griega para nombre es "onoma" y literalmente significa "autoridad". En todos los versículos que parecen implicar un nombre sagrado, haríamos bien en substituírlo por la palabra "autoridad" y conseguiríamos un cuadro completamente diferente y descubriríamos que la verdadera cuestión es la autoridad. De hecho, así es cómo los traductores de la versión del Rey James entendieron el término "nombre", para implicar la autoridad del rey. Piense en esto: "Deténgase, en el nombre del rey". Esto significa: "Deténgase, por la autoridad del rey. Lo estoy arrestando en el nombre del rey". El asunto es la autoridad, no algún nombre mágico. El hecho triste es que una cantidad increíble de corrupción ha tenido lugar, la mayoría de ella iniciada por judíos como Meyer, en el área de la crítica bíblica. De hecho, no existe una copia hebrea confiable de las escrituras del Antiguo Testamento, ni en ninguna otra lengua, como el arameo, el etíope, el armenio, etc., a la que se le pueda dar crédito alguno. Ahora, yo no estoy diciendo esto sin ser capaz de demostrarlo. He estudiado todas estas cosas, y la verdad es la verdad. Mi punto es que no puede permitirse que el engaño perpetrado por los judíos destruya a la verdadera Identidad. Nosotros de cualquier forma realmente tenemos que tener una casa limpia basada sobre la verdad. Como un Separatista Cristiano, estoy interesado en la unidad y en construír la unidad basada sobre la verdad y no sobre la mierda, y hay sólo una manera de hacer esto, y es diciendo la verdad.

     No hay ninguna promesa de derrotar a nuestros enemigos comunes a menos que mantengamos el Nuevo Convenio como la revelación final de Dios. Esto es fácil de hacer. Usted tome el libro y lea, y usted crea lo que dice o no. La pregunta que la mayor parte de las personas se hace es: ¿Cómo sería llamado Jesús si volviéramos a aquel tiempo y habláramos su lengua materna?. Cuando comprendemos que la lengua del mundo helenístico era la griega, y que ésta era la lengua materna de Jesús, entonces entendemos que Jesús era realmente su nombre.

     Lo que hizo a Jesús único fue la adición del título Cristos a su nombre. El título Cristos significa Elegido o El Elegido, y así Jesús era El Elegido, porque recuerde nuevamente, Jesús era un nombre común en aquellos tiempos, tanto como Juan o Guillermo hoy. Cada argumento propuesto por los suscriptores del nombre sagrado es fácilmente rechazado. La idea entera se basa en creer que el Nuevo Testamento fue escrito en arameo, y, contrariamente a toda la evidencia histórica y a cada hombre vivo del siglo primero que escribió algo, ya fueran cartas amorosas, hechos o contratos comerciales, incluyendo a los historiadores contemporáneos, en creer que la lengua común de esa época era el arameo. Nada podría ser más absurdo. Este argumento también es usado por los judíos para decir que Yahweh es un nombre sagrado y no sólo un título.

     Sabemos que el único lugar en la Historia y en la arqueología que respalda las especulaciones sobre YHVH viene de la piedra Moabita, de la escritura de un rey corrupto y mestizo. Sabemos que incluso en el texto masorético, llamado el Antiguo Testamento Hebreo, el llamado nombre sagrado es usado para hombres y reyes, y la evidencia más que justifica la idea de que éste era un título, y sabemos que los traductores de la Septuaginta lo tradujeron en cada ocasión como kyrios, o Señor o Amo, 300 años antes de Jesús Cristo, y sabemos que el hebreo del que ellos tradujeron estaba más cercano al griego que al arameo.

     Habría sido posible haber transliterado el nombre Yahveh o Yahshúa en griego si hubiera sido el nombre original, o si se entendiera incluso que ello era un nombre. Sabemos que es un hecho que la Versión de los Setenta no tenía originalmente tetragramas hebreos en lugar del título Theos y Kyrios, como es popularmente afirmado por los judíos mentirosos. Sabemos esto por Orígenes, Filón, Josefo, y los escritores del Nuevo Testamento, juntamente por los papiros. El Nuevo Testamento no fue escrito originalmente con el tetragrama hebreo para reemplazar el nombre sagrado en lugar de Theos y Kyrios, porque ni un solo texto de ese tipo ha sido alguna vez encontrado, y tenemos los papiros de la época y de los primeros padres de la Iglesia. Para que aquello fuese verdad, los textos originales tendrían que haber sido cambiados dentro de un período de diez años, asumiendo que todos habían olvidado los textos originales. Es también altamente improbable que los diferentes copistas de nuestros más de 1.100 textos griegos del Nuevo Testamento hubieran cambiado todos el tetragrama y hubieran participado en la supuesta conspiración, una conspiración, le recuerdo, de la cual tenemos para justificarla sólo la palabra de los judíos, y que todos los textos originales con el tetragrama hebreo se hubieran perdido. Además de esto, si el Nuevo Testamento fue traducido del hebreo, o si estaba escrito con tetragramas, que por supuesto es la única manera en que ellos pueden racionalizar el nombre Yahshúa, entonces los otros trabajos, como el de Josefo, habrían tenido que haber sido cambiados, y los tempranos papiros originales que han sido encontrados a partir de entonces habrían tenido que haber sido alterados.

     Las probabilidades de que la Septuaginta haya usado palabras hebreas para el nombre sagrado y de que el Nuevo Testamento hubiera hecho lo mismo o de que incluso hubiera sido escrito en hebreo, son las mismas probabilidades de que hubiera sido escrito en chino mandarín. No hay ninguna prueba para nada de ello. Toda la evidencia señala otro camino, y la única autoridad que ellos citan para esto es Jacob Meyer, el judío de Pennsylvania.

     Si usted quiere ocultar la verdad, y usted no quiere encolerizar a los judíos ni ofenderlos, entonces ciertamente usted querrá llamar Dios a algo además de Jesús. Pienso que habla muy mal de Estados Unidos el que los ministros que dicen que son cristianos tengan miedo de decir Jesús en público en una ceremonia de oración, porque ellos tienen miedo de ofender a judíos diabólicos, que son los Satanes manifiestos de este mundo. La falsa doctrina del nombre sagrado no es sino la nueva erección de la muralla divisoria que los judíos habían erigido en tiempos de Cristo.


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