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domingo, 4 de septiembre de 2011

Eustace Mullins - Nueva Historia de los Judíos (1)



     Del autor estadounidense Eustace Mullins (1923-2010), hemos puesto en castellano los dos primeros capítulos de su libro "New History of the Jews" (1968). De planteamientos claros y razonables, puede percibirse en estos textos la sinceridad con que han sido compuestos. De dicho escrito copiamos la noticia sobre el autor que allí está impresa:
     A la edad de cuarenta y cinco años (en 1968), Eustace Mullins ha completado treinta años de actividad continua como escritor, artista y hombre de negocios. Con cinco libros actualmente en prensa sobre bellas artes y asuntos religiosos y económicos, él también continúa una carrera comercial de jornada completa, y es conocido como un artista de artistas, un pintor serio que ha restaurado el sitial del arte del paisaje, y cuyas pinturas han ganado muchos premios. Él también ha ganado premios por sus exposiciones de fotografías, de retratos y naturalezas muertas.
     En los negocios, él ha estado activo como economista y en relaciones públicas.
     Eustace Mullins es un veterano de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, con treinta y ocho meses de servicio activo durante la Segunda Guerra Mundial. Natural de Virginia, él se educó en la Universidad Washington y Lee, en la Universidad de Nueva York, en la Escuela de Bellas Artes, en México, y en el Instituto de Artes Contemporáneas, Washington D.C.
     Él sirvió como investigador legislativo durante la batalla del fallecido Senador Joseph McCarthy contra el comunismo, y ha sido miembro del personal de la Biblioteca de Congreso. Durante quince años, él donó sus servicios como redactor y escritor a las publicaciones conservadoras conocidas en Estados Unidos. Por varios años (1946 a 1959), hizo varios intentos por que se liberase al poeta Ezra Pound de un confinamiento ilegal en el Hospital St. Elizabeth, en Washington D.C.
     Él fue el primer escritor en serle quemado un libro en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, cuando una edición alemana de diez mil copias que hablaban acerca de la Reserva Federal fue quemada por el doctor Otto John, Director de Inteligencia de Alemania Occidental, unos días antes de que él desertara a la Alemania comunista oriental.



Capítulo I - Los Judíos y la Civilización


     A través de toda la historia de la civilización, un problema particular de la Humanidad ha permanecido constante. En todos los vastos registros de paz y guerras y rumores de guerras, todo gran Imperio después de otro ha tenido que enfrentarse a golpes con el mismo dilema... los judíos.

     A pesar de la persistencia de este problema, y a pesar de la enorme cantidad de literatura sobre este asunto, ni un escritor, ya sea a favor o en contra, ha afrontado alguna vez el dilema en su fuente... a saber, ¿quiénes son los judíos y por qué están ellos aquí?. Esta pregunta puede ser contestada sólo si el hombre pone sobre ella toda su inteligencia.

     Este asunto también puede abordarse al más alto nivel espiritual, con los más profundos motivos de la caridad cristiana, y sobre todo, con el mayor respeto por el hombre mismo, por lo que él es, por sus raíces, y por lo que está llegando a ser.

     La historia del Hombre es la historia del conflicto, de guerras entre los ricos y los pobres, de la explotación del hombre por el hombre, y de masacres terribles. En este registro manchado de sangre, sin embargo, el erudito encuentra sólo un pueblo que ha despertado los antagonismos más violentos, no importa donde ellos hayan surgido. Sólo un pueblo que ha irritado a sus naciones anfitrionas en cada parte del mundo civilizado, hasta el punto de que el anfitrión se ha vuelto contra ellos y los ha asesinado o los ha expulsado. Este pueblo son los judíos.

     El problema ha sido malentendido porque los antagonismos de grupo se encuentran en muchos países. Las masacres de los griegos por los turcos han ocurrido ocasionalmente desde hace miles de años, ocurriendo el último de tales incidentes sólo hace una generación, afectando las vidas de muchos de ellos que aún viven. Las masacres de los Hugonotes en Francia hace varios cientos de años demostraron que gentes de la misma sangre, puesta la una contra la otra por diferencias religiosas, podían ser tan terribles como los conflictos entre diferentes grupos raciales. Después de estas masacres, sin embargo, los grupos siempre se dedicaron una vez más al asunto de vivir. Las diferencias se reconciliaban, o el remanente de las víctimas se iba a vivir a otra parte. En el caso de los Hugonotes, los refugiados proporcionaron el sustrato del cual surgió la mayor parte de los pensadores dirigentes de la Revolución norteamericana.

     En sólo un caso podemos nosotros no encontrar ninguna prueba de una reconciliación o de que las víctimas hayan emigrado permanentemente a otros países. La historia de los judíos demuestra dos cosas: primero, que nunca ha habido una reconciliación entre ellos y sus anfitriones; segundo, que ninguna nación ha tenido éxito alguna vez en excluírlos permanentemente. Aún más sorprendente es el hecho de que en cada caso donde los judíos fueron expulsados de una nación, a menudo en condiciones de gran sufrimiento, dentro de unos pocos años... ¡los judíos han vuelto!. Nuevamente, uno no puede encontrar paralelo de esto en los registros históricos de otros grupos, esta extraña compulsión, esta persistencia increíble en poner sus cabezas en la boca del león una y otra vez. Se ha sugerido que la explicación yace en una característica rara y perversa de los judíos, en su disposición para soportar el sufrimiento, pero la idea del masoquismo de grupo deja de explicar muchas otras facetas del problema judío.

     En verdad, como las respuestas a muchos de los problemas del Hombre, la solución al problema judío ha estado delante de nosotros durante más de dos mil años. Somos nosotros los que hemos sido incapaces de verla porque hemos rechazado afrontar este problema derechamente. El problema judío es un aspecto esencial del cristianismo, y podemos solucionarlo simplemente aceptando la solución que Cristo nos ofreció, por la cual haciendo éste así, entregó su vida humana hace aproximadamente dos mil años.

     La historia de Cristo es la historia de la Humanidad, la experiencia emocionante de encontrar la redención, la salvación del alma. El judío representa todas las tentaciones de la existencia animal que se desea que superemos durante nuestra permanencia en la Tierra. A causa del judío, la salvación se hace una opción consciente, en vez de una decisión involuntaria o casual. Sin el judío y los males que él encarna, el hombre no podría tener la opción delante de él en blanco y negro. Él tendría la excusa de que él no entendió la elección que le pidieron hacer. Con la presencia del judío, ninguna excusa puede ser dada. En el mundo civilizado, en algún punto de su vida, cada hombre se ve afrontado a la tentación suprema: él es llevado a la cumbre de la montaña por Satán; los placeres y los deleites de la existencia física son extendidos delante suyo, y Satán dice: "Todo esto, y más, será tuyo si me obedeces".

     Una mayoría de aquellos que manejan la riqueza y el poder en el mundo civilizado de hoy son aquellos que han aceptado la oferta de Satán, quienes han renunciado a la posibilidad de la salvación de sus almas por Jesucristo. Estos hombres trabajan para el judío, como Winston Churchill, instrumento inerme de Bernard Baruch, o como Franklin D. Roosevelt, vasallo desfigurado de Bella Mosckowitz, hombres que habían sido llevados hasta la cumbre de la montaña y a los cuales se les habían mostrado los esplendores fabulosos y la riqueza del éxito terrenal, y se les pidió obedecer a Satán. Estos hombres estuvieron de acuerdo en ello, y debido a su acuerdo millones de personas murieron violentamente, grandes guerras se esparcieron a través del mundo como una plaga virulenta, y una bomba judía fue hecha explotar que amenazó la vida de cada ser humano sobre la Tierra.

     Churchill y Roosevelt y Stalin están muertos, pero su herencia de terror judío está con nosotros hoy. ¡Todo el poder para los judíos!. Éste era el pacto satánico que Roosevelt y Churchill firmaron, y debido a ello, cada uno de esos hombres murió maldiciendo a los judíos, afrontando la condenación eterna. Todo era cenizas en sus bocas, y ellos afrontaron la eternidad con la terrible comprensión de que por unas cuantas muchachas jóvenes y algunas botellas de whisky, ellos habían vendido sus pueblos para la esclavitud a los judíos.

    Para aquellos que conocen la historia de la Humanidad, no hay nada nuevo o espantoso en esto. Durante cinco mil años, los líderes políticos han estado escuchando los halagos de los judíos, y ellos tienen a todas y cada una de sus arruinadas naciones en este mismo encalladero. En las publicaciones de los mismos judíos descubrimos hechos tan poco conocidos como la revelación alarmante de que Julio César, el amo del mundo civilizado, fue asesinado por sus propios senadores porque él había vendido al pueblo romano a los judíos. Durante las semanas siguientes, los judíos se juntaban para llorar en el punto donde él había sido muerto, como se juntaron para llorar por Roosevelt, por Churchill, por John F. Kennedy. A través de toda la Historia este cuento sórdido se repite una y otra vez, y a través de toda la Historia, para los líderes y para los dirigidos, el mensaje de Jesucristo permanece el mismo: "Aléjate de Satán y sígueme".

     A pesar de la simplicidad de este mensaje, de estas mágicas palabras que ofrecen todo a la Humanidad, millones de personas han sido incapaces de entenderlo y han muerto sin salvación. ¿Por qué es esto?. Primero que nada, los judíos han sobrevivido porque ellos son maestros para confundir los asuntos. Después de la crucifixión de Cristo, cuando su mensaje de salvación comenzó a atraer a miles de seguidores, los judíos hicieron una maniobra típica: Más bien que oponerse a Él, ellos trataron de controlarlo. Ellos proclamaron al mundo que Cristo era un judío; por lo tanto, según ellos, uno podría hacerse cristiano simplemente haciendo lo que los judíos ordenaran que debía hacerse.

     Haciendo esto, los judíos no hicieron caso de Isaías 5:20: "¡Ay de aquellos que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno, malo; que hacen de la luz, tinieblas, y de las tinieblas, luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!".

     Bastante increíblemente, millones de personas fueron engañados por esta estratagema de los judíos. A pesar de todos los registros que demostraron que Jesucristo en su forma física era un Gentil de ojos azules, con el pelo muy rubio, de Galilea, miles de ministros cristianos dicen a sus fieles: "Adoremos a Cristo el judío". No sólo es ésta la última blasfemia contra Nuestro Salvador, sino que también viola cada precepto del sentido común. Si Cristo fue tan buen judío, ¿por qué exigieron los judíos que él fuera crucificado?. ¿Por qué los Sabios de Sión, reuniéndose en secreto en la Sinagoga de Satán, planearon causar su muerte física?. Bastante extraordinariamente, no hay ni uno solo de los llamados ministros cristianos en Estados Unidos que quiera estar de pie ante sus fieles y hacer esta pregunta. A cambio, algunos ministros cristianos hoy están llevando adelante el programa para judaizar a la gente.

     Algunos líderes religiosos se reúnen en cónclaves solemnes para exonerar a los judíos de toda complicidad en la crucifixión de Jesucristo. Los judíos están entregando millones de dólares para llevar a cabo este fin. En efecto, esta convención de líderes religiosos proclamaría al mundo que el Libro Santo ¡es una mentira!. ¿Cuál es el sentido de esto?. El sentido es claro. Los sacerdotes también son seres humanos. Ellos también pueden ser conducidos a la cumbre de la montaña por Satán. En el análisis final, ningún intermediario puede afrontar el ajuste de cuentas del individuo, que debe encontrar a Dios cara a cara. La verdadera función de los sacerdotes es enfatizar para nosotros el mensaje de Cristo, la oferta de redención de nuestras almas.

     Los registros pueden ser alterados o destruídos, los hombres pueden ser persuadidos a seguir falsos dioses, pero en sólo un lugar la verdad nunca puede ser falsificada, y ése está en el alma. Por consiguiente, aquellos que escuchan el tono del corazón inconexo, aquellos que siguen el precepto de no mentirse a uno mismo, pueden hacer la elección correcta, la elección que la presencia del judío en la Tierra ha simplificado para nosotros: podemos vivir la vida como una mentira judía, y morir sin salvación, o podemos abrazar la verdad de Jesucristo y elevarnos a la gloria en sus brazos.

     Es este conocimiento de la redención el que ha inspirado a los grandes artistas y músicos y filósofos de nuestra civilización. En los pasajes elevados de la música de Johann Sebastian Bach, en las pinturas de cientos de artistas del Renacimiento, en los escritos de muchos filósofos cristianos, el esplendor del estilo de vida cristiano ha sido hecho claro para nosotros. Pero aquí también el judío no ha dejado de encontrar la emulación. Él ha inundado el mundo del arte con embarradas carentes de sentido, en algunos casos hechas por perros y monos, como la expresión última del desprecio judío hacia la credulidad del goy o gentil; él ha convertido el mundo de la música en chillidos cacofónicos de bocinas de automóviles y monótonos martilleos de tambores; él ha convertido el mundo de la escritura en cuentos repetitivos del libertinaje humano.

    Bien podríamos preguntar: ¿cómo puede el judío hacer esto, cómo puede él cometer tales ultrajes sobre la sensibilidad humana?. La respuesta es que la vida judía sólo puede ser una de odio y venganza, porque, por su misma naturaleza, él no puede aceptar la oferta de Cristo de redención del alma. Él es un animal que gruñe, condenado para siempre a la esfera terrenal... El cielo le es negado. Ésta es la verdadera tragedia del judío.

     La gente joven hoy, con sus cabezas trastornadas por esta marea creciente de suciedad judía, encuentra difícil de oír el mensaje de Jesucristo. Pero, como dijo el gran poeta Lord Byron, "En la adversidad se encuentra el camino a la verdad". Para aquella gente joven que puede mantener erguida su cabeza en este tiempo de degradación universal, que todavía puede oír el mensaje de Jesucristo, las recompensas son grandes. Y para aquellos cuyos corazones todavía no están abiertos a Jesucristo, ha sido escrito este libro. Es la historia actual de los judíos, y si, después de leerlo, uno todavía puede negar a Cristo, entonces uno está realmente perdido.



Capítulo II - El Judío Biológico


     Nos hemos referido ya al papel del judío en la civilización, y la presencia de la Sinagoga de Satán. Pero el hombre, como un ser filosófico, como una criatura de Dios, si usted quiere, ocupa en la Tierra un cuerpo biológico. ¿Cuál es la relación biológica del gentil y el judío?. Declaramos, sin temor de contradecirnos, que ningún escritor ha afrontado alguna vez este problema judío en su fuente. ¿Por qué es esto?.

     La respuesta es clara: Ningún escritor ha sido capaz alguna vez de afrontar derechamente el problema judío debido a una reacción emocional o biológica a favor o en contra de los judíos. Lógicamente, debe haber una explicación para el conflicto entre judíos y gentiles a través de miles de años, y lógicamente, un escritor debería ser capaz de escribir sobre ello. Sin embargo, ningún escritor gentil ha sido capaz alguna vez de tratar con este problema. Ningún escritor judío ha sido capaz alguna vez de escribir lógicamente sobre los judíos, pero esto no les ha impedido escribir cientos de libros sobre el asunto.

     De manera bastante interesante, cada libro escrito por un judío para explicar el anti-judaísmo sale con la misma respuesta: "los gentiles no gustan de nosotros debido a nuestra religión". Desde el principio del tiempo, ésta es la única respuesta que los judíos han sido capaces de ofrecer al problema del anti-judaísmo. ¿No es extraño que un pueblo tan inteligente e ingenioso, que ha logrado sobrevivir durante miles de años en ambientes hostiles, pueda ofrecer una respuesta tan ilógica?.

     Supongamos que pudiéramos reunir a mil gentiles a los que no le gustan los judíos, y que fueran capaces de sostener en público que no les gustan los judíos. Le preguntaríamos cada uno de ellos: ¿Qué sabe usted sobre la religión judía?. Y cada uno de ellos tendría que contestar: no conozco nada sobre la religión judía.

     La única cosa que los gentiles saben sobre la práctica judía de la religión es que ellos se reúnen en sinagogas. En vista de esta ignorancia, ¿cómo podría cualquier odio de un gentil hacia los judíos deberse a su religión?. Si los gentiles pudieran leer el libro santo judío, su Talmud, y averiguaran algo sobre la religión judía, ellos realmente se convertirían en anti-judíos, porque ese libro está lleno de nombres viles para Jesucristo, descripciones de extraños ritos sexuales y fórmulas para maldecir a los gentiles. Por consiguiente, los judíos durante siglos han tenido una regla: que cualquier gentil que averigüe los contenidos del Talmud, o que posea una copia de él, debe ser asesinado instantáneamente.

     La verdadera razón del anti-judaísmo entre los gentiles está explicada en la Biblia, en numerosas referencias a los judíos. Así, Ezequiel 36:31-32:
     "Y os acordaréis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron buenas; y os avergonzaréis de vosotros mismos por vuestras iniquidades, y por vuestras abominaciones.
     "No lo hago por vosotros, dijo el Señor Yahvé, sabedlo bien: avergonzaos y confundíos de vuestras iniquidades, oh casa de Israel".

     El anti-judaísmo, entonces, a través de toda la Historia ha sido la reacción de los gentiles a los hechos de los judíos en medio de ellos. ¿Quiénes son los judíos y qué hacen ellos viviendo en medio de los gentiles?. Para comprender esto, otra vez debemos volver a los hechos biológicos. Los judíos son un pueblo parásito cuyos miembros vagan por el mundo civilizado, buscando cualquier punto donde ellos pueden instalarse en medio de una comunidad establecida, y donde puedan permanecer y prosperar a expensa de otros.

     Como un pueblo parásito, los judíos sólo pueden sobrevivir viviendo del trabajo de otros. Ellos no llevan nada con ellos, y ellos existen mediante la apropiación de la propiedad de sus anfitriones. Quizás la memoria de nuestros lectores no sea demasiado corta. Ellos pueden recordar 1948, cuando, como se nos ha dicho, valientes pioneros judíos fueron al desierto y fundaron el Estado de Israel. Al menos, ésta es la manera en que ellos lo cuentan. Pero, de hecho, ¿no invadieron los judíos a un pacífico país árabe y, con la ayuda de millones de dólares en armas de banqueros judíos de muchos países, se apropiaron de las ciudades y granjas y negocios de una nación árabe trabajadora?. El mismo origen de la única nación judía en la historia del mundo identifica a este pueblo como una tribu de bandidos.

     Ya que los judíos no llevan nada con ellos, ¿cómo es que las naciones anfitrionas permiten que ellos se queden?. ¿Por qué permiten ellos que los judíos se apropien de sus bienes, y hasta de sus vidas?. En realidad, el judío lleva realmente algo con él. Él lleva su ingenio y su determinación de permanecer en el país anfitrión, a pesar de todos los esfuerzos para desalojarlo. Usando su ingenio, el judío pretende ofrecer algo que el pueblo anfitrión quiere o necesita. El judío ofrece uniones comerciales con tierras extranjeras, información sobre enemigos o potenciales enemigos; o bien él aparece como un comediante o un mago que ofrece entretenimiento; o aparece como un ser esotérico, ofreciendo nuevos caminos hacia el cielo y garantizando pasaportes al paraíso. Si el pueblo anfitrión necesita dinero, él se lo ofrece, o la promesa de dinero. En cualquier caso, si al judío se le permite quedarse, incluso por un breve rato, él hunde sus tentáculos en el pueblo anfitrión, y después es imposible desalojarlo.

     Cuando el pueblo anfitrión recobra su juicio, y comprende que ha permitido que un parásito peligroso haya entrado en su ser, amenazando su salud y prosperidad, ¿hará el pueblo anfitrión una pausa para analizar calmadamente el problema?. Por supuesto que no. El pueblo anfitrión reacciona biológicamente. En todas partes de la Naturaleza, uno puede ver a animales y peces sacudirse erráticamente, lanzándose al aire y haciendo giros salvajes. En muchos casos, éstos son anfitriones que intentan desalojar a sus parásitos.

     Entre los humanos, el anfitrión no actúa menos desesperada e irreflexivamente. La primera reacción de la comunidad gentil hacia el judío es de pánico. Luego viene la cólera, y finalmente la violencia. El pánico surge cuando la comunidad descubre que alberga una cantidad peligrosa y desconocida, una que obviamente no significa nada bueno. Luego sigue la cólera: la comunidad atacará a este parásito y lo expulsará. Luego tiene lugar la violencia, el tradicional pogrom contra el judío. Como dice el judío: "¡Oy, gewalt!". Ésta es una de las frases en yídish más antiguas, que se traduce como "Oh, violencia".

     El judío sabe que cuando él entra en la comunidad gentil, tarde o temprano su presencia allí provocará la violencia. Por consiguiente, él está listo para ella. La comunidad gentil ataca a los judíos, pero hace poco daño real. Unos pocos judíos son alquitranados y emplumados, y algunos de sus edificios son quemados. A los judíos esto no les preocupa. Ellos saben que los gentiles tendrán que pagar por esto.

     Ahora los líderes de los gentiles dicen a su comunidad que los judíos han aprendido su lección, y que ellos se comportarán como es debido. Los gentiles se instalan una vez más en una existencia tranquila. Pero el pogrom ha sido valioso para los judíos. Les ha revelado justo a quienes ellos deben temer entre los gentiles, los líderes naturales que pueden responder a una amenaza de esta clase. Los judíos no han sido sacudidos del todo por el levantamiento contra ellos. Ahora ellos pueden enseñorearse de la comunidad. El parásito ha ampliado sus tentáculos demasiado profundamente en la comunidad como para ser quitado por una muchedumbre enojada, unos pocos edificios quemados, o un chamuscado en sus partes traseras.

     El parásito comienza a socavar sigilosamente y a destruír a los líderes naturales de la comunidad gentil, aquellos que condujeron el pogrom. Estos líderes de repente encuentran que sus fortunas desaparecen. Se descubren papeles que demuestran que su propiedad pertenece a alguien más. Sus hijas se corrompen y vagan lejos a otras ciudades. Sus reputaciones son arruinadas, y la comunidad gentil se vuelve contra ellos. Ahora algunos nuevos líderes surgen entre los gentiles. Sin excepción, éstos son hombres que repentinamente acceden a la prosperidad, y sin excepción, su fortuna puede ser remontada hasta los judíos.

     Cualquiera que se atreva a oponerse a los nuevos líderes comparte el destino de los arruinados. Su propiedad es confiscada, sus familias son deshechas, la comunidad es persuadida de que ellos son hombres malos y peligrosos, y ellos son desterrados. Así el pueblo anfitrión, privado de sus leales líderes naturales, ahora se encuentra bajo el férreo control de hombres que a cambio deben responder a los judíos. Así ha sucedido en nación tras nación, a lo largo de los siglos, y cuando sucedió en Rusia, a la enfermedad judía se le dio un nuevo nombre: Comunismo.

     Si los nuevos líderes en cualquier momento deciden cambiar de opinión, sus ánimos pronto son detenidos totalmente, ya que los judíos siempre están listos contra una posible deserción. Esto rara vez ocurre, ya que los judíos nunca permiten que nadie se eleve a una posición de mando entre los gentiles sin que tenga un Panamá. Ahora bien, un Panamá no se refiere a un sombrero, sino a un canal. Aunque no se piense generalmente en el Canal de Panamá como un punto decisivo en la historia estadounidense, en realidad lo es, ya que el Canal de Panamá marca el éxito final de los judíos en la obtención del dominio sobre los líderes políticos de Estados Unidos. Por medio de sobornos, al son de cuarenta millones de dólares, pagados por la Tesorería de Estados Unidos, por supuesto, y pasados a los políticos en Washington, los judíos tenían a estos hombres, y mediante ellos, al pueblo norteamericano, a su merced.

     Los judíos guardaron registros de esos sobornos, y desde aquel tiempo los políticos han sido incapaces de rechazarles nada. Por consiguiente, se dice que cada importante político estadounidense durante los pasados cincuenta años tiene su Panamá. O sea, a ningún norteamericano le permiten elevarse a una posición de mando político a menos que él tenga algún escándalo financiero, algún Panamá en su historial, que los judíos pueden usar para hacerlo entrar en vereda en cualquier momento. Por esta razón, la mayoría de los políticos estadounidenses en las cinco décadas pasadas han sido ejemplos clásicos del tema del paso de los harapos a la riqueza. Lejos de ilustrar la leyenda de Horatio Alger de trabajo duro e integridad, sin embargo, cada una de estas carreras de riqueza repentina proviene del saqueo del público con la connivencia de los judíos.

     Hemos señalado ya que el pueblo anfitrión, en aproximadamente cinco mil años, nunca ha sido capaz de desalojar a los parásitos judíos mediante las comunes reacciones biológicas de pánico, cólera y violencia. A causa de su incapacidad para desalojar a los parásitos, en cada caso la comunidad gentil ha descendido por un oscuro camino hacia el olvido. Los registros están allí para cualquiera que desee verlos. A pesar de la falsificación de la Historia en una escala enorme, a pesar del incendio de bibliotecas durante miles de años, los judíos no han sido capaces de erradicar los registros de sus fechorías. La mayor parte de los archivos que han sobrevivido están clasificados ahora como "libros raros", y ellos son escondidos lejos del público en archivos especiales. Esos registros son puestos a disposición sólo para los eruditos aprobados por los judíos en los que puede confiarse que no revelarán lo que ellos averigüen. Con todo eso, igualmente sabemos la historia de los judíos.

     Sabemos que Babilonia fue una gran civilización, que Babilonia llegó a ser anfitriona para una importante comunidad judía, y que Babilonia fue destruída. Sabemos que Egipto fue una gran civilización, que Egipto llegó a ser anfitrión para una importante comunidad judía, y que Egipto fue destruído. Sabemos que Roma fue una gran civilización, que Roma llegó a ser anfitriona para una importante comunidad judía, y que Roma fue destruída. Sabemos que Inglaterra tenía un gran Imperio, que Inglaterra llegó a ser anfitriona para una importante comunidad judía, y que el Imperio británico se extinguió en unas pocas décadas. Si éstas son o no simples coincidencias que reaparecen a través de toda la Historia de la Humanidad, deberíamos recordar que Estados Unidos tiene una importante comunidad judía.

     ¿Por qué los judíos destruyen una nación gentil una vez que ellos obtienen el control de ella?. Éste es también un proceso natural. Uno no puede esperar que el parásito pueda administrar con éxito los asuntos del anfitrión, aunque desee hacerlo así. El judío no desea hacerlo así porque su primera preocupación es su propia seguridad. Él debe permanecer adherido al anfitrión, y todo lo demás, incluído el futuro del anfitrión, es sacrificado a este objetivo. Incluso aunque él ejerza el dominio completo sobre el anfitrión, el parásito judío nunca puede sentirse seguro.

     Su propia salud depende completamente del anfitrión gentil, y por esta razón el judío desarrolla un odio terrible e irracional hacia su anfitrión. El libro sagrado judío, el Talmud, está lleno de imprecaciones salvajes contra los gentiles y contra Cristo, que ofreció conducirlos a la salvación, y salvarlos del judío. Tan viles son esas expresiones, que cuando la comunidad gentil aprende sobre ellos, se alza contra los judíos.

     Estas expresiones de odio, sin embargo, son manifestaciones biológicas más bien que odio genuino. El judío odia al gentil porque el anfitrión es todo lo que el parásito nunca puede ser: autónomo, capaz de defenderse contra enemigos físicos por la fuerza más bien que por la astucia, y capaz de aceptar la salvación del alma. El judío no puede ser ninguna de estas cosas. Por lo tanto, cada asamblea judía expresa desprecio para el ganado gentil, los goyim. El judío considera a los pueblos gentiles como ganado en el campo, para ser matado para la cosecha. Y si éstos son bestias del campo, ¿qué es el judío sino una mosca que come estiércol que se posa en las espaldas del ganado?. Esto también lo sabe el judío, y si él siente desprecio y odio hacia el ganado gentil, él siente aún un mayor desprecio y odio hacia su propia especie. Ningún gentil puede entender lo que es la grosería hasta que él oye a los judíos dirigiéndose a alguno en un templo de Detroit, no a algún gentil anti-judío, sino a otro judío incapaz de poner la vista en su propia especie.

     El judío, entonces, considera a su anfitrión gentil con terribles sentimientos variados de odio, envidia y desprecio. Él siente de esta manera aunque sabe que su propio bien depende de su anfitrión. Esto establece una extraña dicotomía en la mente judía que a menudo causa esquizofrenia violenta, es decir, una personalidad desdoblada y la locura incurable. Por una parte, el judío quiere destruír el antipático cuerpo gentil del cual él depende; por otra parte, él sabe que es suicida para él hacer aquello. A causa de esta esquizofrenia en el judío que se ha convertido en el amo del destino del gentil, él conduce a la comunidad gentil hacia proyectos salvajes. A menudo él trae gran prosperidad, pero sólo durante un corto tiempo y mediante el despilfarro imprudente, como la destrucción deliberada de los recursos naturales, aventuras suicidas en guerras extranjeras, y corrompiendo a los jóvenes de modo que ellos sean incapaces de formar familias sanas.

     Y siempre los judíos están negociando en el extranjero con los enemigos del anfitrión gentil, nunca desviándose de su modelo de subversión y traición. Cuando Ciro y sus ejércitos llegaron a las puertas de Babilonia, fueron los judíos los que abrieron las puertas para él. En un solo día él se convirtió en Ciro el Grande, y Persia llegó a ser el amo del mundo. Por supuesto Ciro estaba agradecido. Él amplió todos los privilegios de los judíos. Oh, destino: era poco antes de que la araña estuviera tejiendo su red en las ruinas polvorientas del palacio de Ciro.

     Los judíos tuvieron una exitosa y próspera comunidad en Babilonia, y ellos vivieron allí durante cientos de años. A pesar de ello, ávidamente destruyeron Babilonia debido a la posibilidad de hacer un trato con los Persas. No sólo eso, sino que en su ansiedad por ocultar el registro de su traición ellos destruyeron cada biblioteca en Babilonia, y desde entonces ellos han lanzado improperios contra los babilónicos con todo el odio de que ellos son capaces. ¡La Puta de Babilonia!: ¿Quién no ha escuchado aquella frase?. Incluso los eruditos clásicos nos dicen que los babilónicos eran un pueblo sobrio y decente, dedicado a las artes y a la vida cortés. Sin embargo, los judíos han sido capaces de estampar sobre el mundo su versión deformada de una nación viviendo sólo para la depravación.

     En toda la Historia registrada, hubo sólo una civilización que los judíos no pudieron destruír. A causa de esto, ellos le han dado un tratamiento de silencio. Pocos graduados estadounidenses de la universidad con un grado de doctor en Filosofía podrían decirle qué era el Imperio Bizantino. Era el Imperio de Oriente de Roma, establecido por los líderes romanos después de que los judíos habían destruído Roma. Ese Imperio funcionó en Constantinopla durante mil doscientos años, la duración más larga de cualquier Imperio en la Historia del mundo. A través de toda la historia de Bizancio, como era conocido, por edicto imperial a ningún judío se le permitió tener ningún cargo en el Imperio, ni se les permitió educar a la juventud. El Imperio bizantino finalmente cayó a manos de los turcos después de doce siglos de prosperidad, y los judíos han intentado borrar todos los rastros de la historia de éste.

     A pesar de ello, sus edictos contra los judíos no fueron crueles; de hecho, los judíos vivieron tranquilos y prósperamente en el Imperio a través de su historia, pero sólo aquí el círculo vicioso de anfitrión y parásito no tuvo lugar. Aquél fue una civilización cristiana, y los judíos no fueron capaces de ejercer ninguna influencia. Tampoco los sacerdotes Ortodoxos aturdieron a sus fieles con ninguna mentira viciosa sobre Cristo como siendo un judío. No es de extrañar que los judíos quieran erradicar la memoria de tal cultura. Fue Ezra Pound quien emprendió un estudio de la civilización bizantina, y quien rememoró el mundo de esa tierra felizmente no-judía. De los bizantinos Pound derivó su fórmula no violenta para controlar a los judíos. "La respuesta al problema judío es simple", dijo él. "Manténgalos fuera de la banca, fuera de la educación y fuera del gobierno".

     Y esto es así de simple. No hay ninguna necesidad de matar a los judíos. De hecho, cada pogrom en la Historia ha pasado por sus manos, y ha sido en muchos casos hábilmente instigado por ellos. Sáquese a los judíos del control de la banca y ellos no podrán controlar la vida económica de la comunidad. Sáquese a los judíos de la educación y ellos no podrán pervertir las mentes de los jóvenes con sus doctrinas subversivas. Sáquese a los judíos del gobierno y ellos no podrán traicionar a la nación.



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