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sábado, 20 de noviembre de 2021

Sobre Teilhard de Chardin y el Transhumanismo

 

     En el sitio matthewehret.substack.com su autor publicó el mes pasado el artículo que presentamos a continuación en castellano cuyo título dice perfectamente de qué habla, donde el autor traza a su entender la genealogía de la contemporánea ideología del transhumanismo o fusión del ser humano con la tecnología cibernética, tan comentada en estos días a raíz de todo lo que se le ha supuesto a las inyecciones experimentales que malignos seres al parecer no humanos quieren introducidas en la mayor cantidad de personas posibles, en un afán por corregir y modificar a la Naturaleza.

El Transhumanismo de Pierre Teilhard de Chardin

y la Secta de la Cuarta Revolución Industrial

por Matthew Ehret

27 de Octubre de 2021

 

 

     A medida que nos acercamos a la esperada cumbre COP-26 en el Reino Unido, uno tiene una sensación de un escalofriante modo de hablar como de una secta entre algunos grados superiores de pensadores imperiales que marcan las pautas culturales para las medidas que profesan transformar profundamente una nueva época en la historia humana. Brillantes estrellas del Foro Económico Mundial como Yuval Harari, Klaus Schwab y Ray Kurzweil hablan eufóricamente acerca de un inminente cambio evolutivo donde la sociedad humana llegará a ser algo más que humana.

     El renombrado futurista y principal ingeniero de Google Ray Kurzweil dio a ese momento de bifurcación un nombre: "La Singularidad". En 2005 él describió ese momento diciendo:

     "Nuestra versión 1.0 de cuerpos biológicos es igualmente frágil y sujeta a una enormidad de modos de fracaso... La Singularidad permitirá que nosotros superemos estas limitaciones de nuestros cuerpos y cerebros biológicos... La Singularidad representará la culminación de la fusión de nuestro pensamiento y existencia biológicos con nuestra tecnología, resultando en un mundo que es todavía el humano pero que trasciende nuestras raíces biológicas. No habrá ninguna diferencia, post-Singularidad, entre humano y máquina o entre la realidad física y la realidad virtual" [1]. 

 

[1] https://www.brookings.edu/research/our-cyborg-future-law-and-policy-implications/

     Kurzweil y Harari incluso predijeron la fecha 2050 para ser el momento mágico en que la nueva edad de la unificación de humano y máquina será consolidada, cuando la inteligencia artificial, bebés bio-diseñados con la tecnología CRISPR, y la interacción de nuestros cerebros con microchips en la "Internet de las cosas" verán finalmente el nacimiento de una nueva especie.

     En un sermón del Foro Económico Mundial de 2018, Harari dijo:

     "Estamos probablemente entre las últimas generaciones de homo sapiens. Dentro de un siglo o dos, la Tierra será dominada por entidades que son más diferentes de nosotros, que nosotros de los Neandertales o de los chimpancés. Porque en las próximas generaciones aprenderemos a diseñar cuerpos y cerebros y mentes. Ésos serán los principales productos de la economía del siglo XXI".

     Otros genios modernos en el panteón secular de hoy de semidioses, como Mark Zuckerberg y Elon Musk, han puesto miles de millones en empresas como Neuralink [2] y en planes de Facebook de interfaces de cerebros con chips [3] para llevar adelante esta nueva Era y "mantener relevantes a los humanos" ante máquinas que ciertamente enviarán nuestra frágil especie junto con los dinosaurios.

[2] https://elonmuskneuralink.com/

[3] https://observer.com/2019/10/mark-zuckerberg-ai-brain-chip-elon-musk-neuralink/

     ¿Desempeñará Dios algún papel en estas ecuaciones futuristas? Por supuesto que no. La moderna ciencia evolutiva ha demostrado que todo lo que se habla de Dios, alma, sentido y propósito, es absurdo. Todo lo que tenemos es complejidad, bifurcación (la transformación de estados), y el movimiento probabilístico y azaroso de átomos en un nihilista mundo de posibilidades. Por suerte, el diseño inteligente ha surgido finalmente en esta nueva era, desde el caótico capricho de todas las épocas pasadas... y aquellos diseñadores inteligentes se encuentran entre los patrocinadores de Harari que controlan estructuras de poder tales como Google, Facebook, Microsoft y otras que se ubican encima de la jerarquía piramidal en esta nueva distopía [4].

[4] Harari prosigue su discurso de 2018 diciendo: "Durante cuatro mil millones de años, nada fundamental cambió en las reglas básicas del juego de la vida. Todo lo de la vida estaba sujeto a las leyes de la selección natural, y a las leyes de la bioquímica orgánica. Pero eso está ahora a punto de cambiar. La ciencia está cambiando la evolución por la selección natural con evolución por medio del diseño inteligente, no algún diseño inteligente de algún Dios por encima de las nubes sino nuestro diseño inteligente, y el diseño inteligente de nuestras nubes, la nube de IBM, la nube de Microsoft. Éstas son las nuevas fuerzas impulsoras de la evolución".

     Escuchando hablar a cualquiera de ellos, usted de algún modo tiene la sensación de que Harari y su grupo de la élite de filósofos de Davos desean convertirse en los sumos sacerdotes de una nueva religión sintética llamada Transhumanismo.

     Antes de que uno acepte la noción que la "Singularidad" o el "Transhumanismo" son de algún modo conceptos novedosos que surgieron en las mentes de esas lumbreras del Gran Reinicio, tenga por cierto que por poderosos que puedan parecer ser estos sacerdotes modernos, creativos ellos no son.

     De hecho, la esencia misma de la Singularidad y el Transhumanismo encuentra sus orígenes en las tempranas formulaciones de la eugenesia de Galton y en el renacimiento cínico por parte de Nietzsche de las viejas teorías de Gorgias.

 

Galton, Darwin y Nietzsche: La Aparición del Culto de los Übermenschen

     Fue Friedrich Nietzsche quien enseñó, siguiendo a Calicles, alumno de Gorgias (s. V a.C.), que es sólo apartándonos valientemente de la fuerza ilusoria de nuestra conciencia, que podemos hacer uso de la energía creativa y la fuerza necesaria para imponer nuestra voluntad sobre el débil en una lucha por la supervivencia. El nuevo humano que surgiría de esa lucha de "voluntad de poder" sobre el débil e incapaz, llegaría a ser una nueva clase de Übermenschen capaces de dirigir la evolución de acuerdo a principios científicos.

     Los eugenetistas nietzscheanos que orbitaban en torno al elitista e irónicamente endogámico mundo de Francis Galton absorbieron esa ética inmoral en su nueva religión científica que utilizó la estadística para decidir la vida de quién valdría la pena conservar, y la de aquellos a ser eliminados vía la eutanasia, la esterilización o la cría selectiva.

     En su ensayo Eugenesia: Su Definición, Alcance y Objetivos (1904) [5] Galton dijo que esa nueva ciencia "debe ser introducida en la conciencia nacional, como una nueva religión. Ella tiene, en efecto, fuertes reclamaciones para convertirse en un principio ortodoxo religioso del futuro, ya que la eugenesia coopera con los mecanismos de la Naturaleza asegurando que la Humanidad será representado por las razas más aptas... No veo ninguna imposibilidad en que la Eugenesia se convierta en un dogma religioso entre la Humanidad".

[5] https://galton.org/essays/1900-1911/galton-1904-am-journ-soc-eugenics-scope-aims.htm

     La clave más importante que da cohesión estructural a las teorías tanto de Nietzsche como de Galton fue encontrada en las escrituras de un trabajo publicado en 1859 titulado El Origen de las Especies [6] de Charles Darwin. Si las teorías de Darwin que explican las causas de nuevas especies cayeran, entonces lo mismo haría cualquier argumento sostenido por los eugenetistas devotos de Galton y Nietzsche. ¿Por qué? En términos simples: la teoría de Darwin (que simplemente empaquetó de nuevo las ideas bosquejadas antes por Thomas Malthus [7]) exige que sea asumido que las nuevas especies surgen del azar y el cambio gradual carente de saltos creativos. El modelo darwiniano rompió con otras teorías que procuraban encontrar direccionalidad, objetivo, armonía y razón en la Naturaleza, imponiendo mutaciones arbitrarias en lo muy pequeño.

[6] https://archive.org/details/originofspecies00darwuoft

[7] https://www.strategic-culture.org/news/2020/05/13/how-huxleys-x-club-created-nature-magazine-sabotaged-science-150-years/

     Esas mutaciones arbitrarias eran parecidas a un dado siendo constantemente hecho rodar en una mesa de ruleta que de vez en cuando da al "ganador" del juego de dados evolutivo una garra más grande, o una carrera más rápida o la pluma más bonita necesarias para derrotar al competidor más débil, más lento o menos bonito en la carrera para satisfacer nuestros apetitos dentro de un mundo de rendimiento decreciente. Ya que la aleatoriedad sustituyó al "anticuado" concepto de la fuerza motriz inherente en el deísmo, ninguna direccionalidad dominante era permisible en ese universo darwiniano sino sólo cambio y complejidad carente de moralidad.

     Por supuesto, esa teoría no satisfizo los actuales registros fósiles que carecían de saltos creativos, o aleatoriedad (o sentido común básico, en realidad), pero aquello no era nada sino una cantidad enorme de propaganda [8] que no podía esperar resolverse.

[8] https://www.strategic-culture.org/news/2020/05/13/how-huxleys-x-club-created-nature-magazine-sabotaged-science-150-years/

     La religión era por supuesto un problema principal, y aunque a menudo se ha afirmado arrogantemente que todos los opositores del darwinismo eran creacionistas de mentes simples que adherían todos a una interpretación literal de la Escritura, la verdad es bastante diferente. Figuras como James Dwight Dana, Benjamin Silliman, Charles Cuvier, Jean-Baptiste Lamarck y Karl Ernst von Baer todos abordaron la evolución desde el punto de vista de lo armónico (¿cómo las partes dentro de un todo y cómo las especies calzan dentro de una biosfera?). Ellos también abordaron, en grados diversos, asuntos tales como objetivo, intención y cambio creativo.

     Dentro de los primeros años del siglo XX, el dominante espíritu de Dios no estaba totalmente roto, y el optimismo cultural todavía prevalecía como una fuerza dominante incluso entre científicos. Los descubrimientos hechos por grandes mentes como Max Planck, Dimitry Mendeleev, Marie Curie, Albert Einstein e innumerables otros sólo confirmaron la creencia de que el universo no sólo era ordenado y razonable sino también que existía una armonía profunda dentro de la especie humana y en toda la creación. Aquellos que vivieron dentro de ese campo cultural optimista creyeron que era necesario y posible terminar con el imperialismo y establecer un mundo de paz, justicia y cooperación, similar a "La Ciudad de Dios" de Agustín en esta Tierra, antes del nuevo milenio.

     Tales científicos no creyeron eso de manera pasiva por supuesto, pero actuaron como pruebas vivientes de ese principio 1) haciendo descubrimientos del principio, 2) compartiendo aquellos descubrimientos con otros, y 3) traduciendo aquellos descubrimientos en nuevas formas de progreso científico y tecnológico.

     Al grado en que eso fue hecho (y al grado en que los sistemas económicos políticos se conformaron a esa realidad), la ciencia nietzscheana de la eugenesia era una píldora imposible de tragar.

 

Entra Pierre Teilhard de Chardin

     Nacido en 1881 en Auvergne, Francia, Pierre Teilhard de Chardin fue matriculado en una escuela jesuíta a sus 14 años, y cuando la orden fue excluída de Francia en 1901, terminó sus estudios en Inglaterra, donde cayó bajo la influencia de un teólogo modernista principal llamado George Tyrrell. Los modernistas estaban obsesionados con la reconciliación del cristianismo con la nueva ética y ciencia que surgió en la época moderna. Uno de los desafíos más difíciles que tuvieron que enfrentar los modernistas jesuítas dentro de la Iglesia durante ese período fue reconciliar los dos sistemas aparentemente irreconciliables del cristianismo y el darwinismo. Allí donde el cristianismo veía a la Humanidad como sagrada, el universo maquinal de la evolución darwiniana negaba la existencia de lo divino en la Humanidad o en el universo más amplio. La armonización de esos dos mundos se convirtió en la nueva misión de Chardin en la vida.

     No fue mucho antes de que los talentos de Chardin fueran reconocidos cuando ese joven hombre había adquirido ya seguidores devotos entre sus propios compañeros de clase e incluso entre algunos superiores de la orden. Después de enseñar paleontología en El Cairo durante tres años (1905-1908), Chardin fue llamado para volver para unas relajantes vacaciones en Piltdown, Inglaterra, cuando he aquí que uno de los mayores descubrimientos en la Historia ocurrió durante un breve paseo cuando Chardin descubrió un cráneo y fragmentos de hueso en un campo. Era 1912, y el cráneo y el maxilar fueron aclamados como el largamente esperado "eslabón perdido" entre el mono y el hombre cuya ausencia frustró a los darwinianos gradualistas durante décadas. La prensa internacional anunció el nuevo descubrimiento como la gran prueba de que Darwin estaba en lo correcto, y pronto un equipo de arqueólogos británicos fue desplegado por la Academia Real para terminar el trabajo de excavación. Aunque Chardin rápidamente se convirtió en una celebridad, persistieron continuas dudas entre la comunidad científica, sobre todo entre dentistas. ¿Por qué no se encontraron dientes en el Hombre de Piltdown? ¿Por qué parecía el maxilar tan similar al de un orangután?

     A pesar de que el sitio de excavación estaba notablemente sin protección, con personas presentes que frecuentaban el sitio para removerlo libremente durante semanas, Chardin pronto retornó una vez más de vacaciones y convenientemente tropezó con un diente que nadie más vio. Ese segundo conmocionador descubrimiento otra vez envió su meteorito aún más al espacio, y no fue sino hasta años más tarde (¡en 1953!) que los científicos que estudiaban los restos demostraron concluyentemente que el Hombre de Piltdown realmente era una mandíbula de mono muerto y afeitado junto con un cráneo humano. El verdadero dueño del diente encontrado por Chardin era un perro (pintado y afeitado cuidadosamente para que encajara en la mandíbula).

     Después de la Primera Guerra Mundial Chardin fue a China, donde él viviría los próximos 20 años de su vida.

 

La Verdad de la Fe Misantrópica de Chardin

     Sus teorías de un nuevo cristianismo neo-darwinista se hicieron muy populares entre amplias agrupaciones de sus compañeros jesuítas, pero también provocaron inquietud en Roma donde influyentes obispos y cardenales estaban preocupados de que el trabajo de él comenzaba a desafiar el dogma fundamental de la Iglesia misma y hasta la naturaleza de la divinidad de Cristo, la naturaleza del pecado, el perdón, y la misa. Aquello era simplemente demasiado para que la Iglesia lo soportara, y Chardin fue privado pronto de sus derechos de enseñar o publicar sus teorías, y se le dijo en cambio qe se concentrara en el trabajo de misionero.

     Frente a esa orden Chardin quedó disgustado, habiendo demostrado una antipatía bastante profunda por los chinos y los pobres en general (él nunca se molestó en aprender siquiera los rudimentos de la lengua china a pesar de ser obligado a vivir allí durante más de 20 años).

     El racismo de Chardin fue visto temprano, cuando en 1929 él escribió: «¿Tienen los amarillos [los chinos] el mismo valor humano que los Blancos? Licent y muchos misioneros dicen que su actual inferioridad se debe a su larga historia de paganismo. Me temo que eso sea sólo una "declaración de pastores". En vez de eso, la causa parece ser el fundamento racial natural... El amor cristiano vence todas las desigualdades, pero no las niega».

     En otra carta en 1936 Chardin presenta su odio tanto hacia la igualdad de las razas como hacia el nacionalismo, que él creía que debería ser sustituído por una nueva religión científica:

     «La unidad filosófica o "sobrenatural" de la naturaleza humana no tiene nada que ver con la igualdad de las razas en lo que concierne a sus capacidades físicas para contribuír a la construcción del mundo... Como no todos los grupos étnicos tienen el mismo valor, ellos deben ser dominados, lo que no significa que ellos deban ser despreciados, sino al contrario... En otras palabras, al mismo tiempo debería haber un reconocimiento oficial de: (1) la primacía o prioridad de la Tierra por sobre las naciones; y (2) la desigualdad de pueblos y razas. Ahora el segundo punto es actualmente vituperado por el Comunismo... y por la Iglesia, y el primer punto es de manera similar denostado por los sistemas fascistas (y, por supuesto, ¡por los pueblos menos dotados!)».

 

El Fraude del Hombre de Piltdown 2.0

     Evitando el contacto humano con los chinos tanto como le fue posible, Chardin se mantuvo muy ocupado viajando por todas partes de China, Tíbet, Xinjiang, Birmania e incluso EE.UU. entre 1923-1945. En cierta ocasión Chardin pasó algunos meses en Pekín donde él se unió a una expedición financiada por la Fundación Rockefeller que descubrió un nuevo eslabón perdido en 1926. La sospecha de que el anterior Hombre de Piltdown era un fraude se estaba extendiendo a través de la comunidad científica, pero eso no detuvo a Chardin de publicar varios informes científicos acerca de su nuevo hallazgo que creaba una nueva sensación a través del mundo.

     Finalmente, un eslabón perdido entre el mono y el hombre realmente fue descubierto y pudo decirse finalmente que ¡la teoría de Darwin quedaba probada como verdadera! Al descubrimiento incluso se le dio un nombre: el Hombre de Pekín.

     Tristemente, cualquiera que deseara investigar esas afirmaciones tendría mucha mala suerte ya que cientos de fragmentos de hueso fueron rápidamente puestos en cajas para ser enviados a EE.UU. para exámenes adicionales, pero ellos fueron misteriosamente perdidos, no siendo encontrados nunca otra vez. Chardin extrañamente pareció no sentir ningún remordimiento por esa pérdida, y no hizo ningún intento para rastrear el apreciado hallazgo. Él simplemente dijo a sus amigos que no había ninguna razón para llorar por la leche derramada y que cada uno debería continuar su día con una renovada fe en que el darwinismo debiera ser aceptado como la esencia del cristianismo.

     Para demostrar la fuerza duradera de ese fraude de Piltdown 2.0, los científicos hasta este mismo día lo tratan como un hecho consumado y siguen escribiendo discursos apologéticos para los huesos desaparecidos.

 

La Creación de una Nueva Religión

     Si hay alguna duda de que Chardin se veía a sí mismo como un nuevo Moisés llevando a cabo una insurrección total contra el cristianismo, simplemente léase su carta a un amigo en 1936: "Lo que cada vez más domina mi interés es el esfuerzo para establecer dentro de mí, y difundir alrededor de mí, una nueva religión (llamémosla un cristianismo mejorado si le gusta) cuyo Dios personal ya no es el gran terrateniente neolítico de tiempos idos sino el Alma del mundo".

     En una carta datada el 21 de Marzo de 1941 él escribió: "No puedo luchar contra el cristianismo; sólo puedo trabajar dentro de él tratando de transformarlo y convertirlo. Una actitud revolucionaria sería mucho más fácil, y mucho más agradable, pero sería suicida. Entonces debo ir paso a paso, tenazmente".

     Mientras muchos son atraídos a conceptos tales como "el alma del mundo" y "un dios personal", vale la pena preguntar qué clase de nueva religión y Dios estaba creando Chardin.

     En primer lugar, el nuevo cristianismo darwiniano de Chardin profesaba restar importancia a la problemática función de aleatoriedad inherente en el sistema original carente de dirección de Darwin, mediante la inserción de una forma de direccionalidad... pero no una cargada por la idea de moralidad, propósito o de mejor y peor. En vez de aquello, la direccionalidad de Chardin estaría vinculada a un futuro "Punto Omega", momento en el cual la Humanidad de alguna manera se bifurcaría hacia un nuevo organismo evolutivo parecido a la idea de la "Singularidad" de Ray Kurzweil ahora de moda.

     En el sistema de Chardin, ese futuro punto Omega conduce teleológicamente la creciente complejidad a través del tiempo, con el universo entero dividido en cuatro fases: 1) la creación del universo en un Big Bang (cosmogénesis); 2) la aparición de la vida (biogénesis); 3) la aparición de la cognición (homogénesis), y 4) la convergencia espiritual de la Humanidad (Cristogénesis). La tercera fase también fue denominada como la edad de la Noósfera por Chardin, mientras que la cuarta fase es el Punto Omega.

     La Noósfera de Chardin sería una criatura muy diferente de la Noósfera del brillante académico ruso Vladimir Vernadsky (1863-1945) [9], que se trabó en su propia lucha paralela contra los mecanicistas que intentaban aplastar el alma de la ciencia en Rusia.

[9] https://risingtidefoundation.net/2021/06/03/the-end-of-closed-system-geopolitics-and-the-rise-of-open-system-development-vernadskys-law-for-the-21st-century/

 

Más Allá del Bien y el Mal

     Sustituyendo el concepto de cambio moral (cambio para bien o mal, según un estándar universal de correcto versus incorrecto), Chardin introduce la idea de la "complejidad cuantitativa". De hecho, en su sistema neo-darwiniano, los actos del mal se convierten en actos de naturaleza pura carentes de cualquier juicio moral.

     En su obra Comment Je Vois les Choses (Cómo Veo las Cosas), Chardin dice: "En nuestra perspectiva moderna de un Universo en un proceso de cosmogénesis, el problema del mal ya no existe". Los acontecimientos están "esencialmente sujetos al juego de probabilidades en sus configuraciones... eso es absolutamente incapaz de progresar hacia la unidad sin engendrar [el mal] aquí o allá por necesidad estadística".

     El acto mismo de matar, la guerra y el mal en la Tierra eran simplemente acontecimientos necesarios en el camino de la vida gobernada por aquel hermoso Punto Omega futuro en el cual la Humanidad evolucionaría hacia una especie transhumana de tiernos cyborgs [organismos cibernéticos]. El ex-jesuíta historiador Malachi Martin escribió que «Teilhard no estaba demasiado sobresaltado por la matanza, consideraba la violencia como un fenómeno concomitante necesario de la Evolución, y pareció haber disfrutado de la guerra, lo que él vio de ella. La muerte, sangrienta o no, era lo que él llamaba una "mutación"».

     Ya que el mal no tenía ninguna existencia real en el sistema de Chardin (siendo la estadística y la complejidad el simple efecto de fuerzas darwinianas en una lucha por la supervivencia), no hay nada que le impida alabar las virtudes de la eugenesia racialmente orientada en un sistema cerrado de recursos limitados. En "Energía Humana" Chardin escribe:

     ¿"Qué actitud fundamental... debería tomar el sector progresista de la Humanidad ante grupos étnicos fijos o definitivamente no progresistas? La Tierra es una superficie cerrada y limitada. ¿Hasta qué punto debería ella tolerar, racialmente o nacionalmente, áreas de actividad menor? Más generalmente aún, ¿cómo deberíamos juzgar los esfuerzos que prodigamos en toda clase de hospitales para salvar lo que tan a menudo no es más que lo rechazado por la vida?... ¿Hasta qué punto no debería el desarrollo del fuerte... tener prioridad sobre la preservación del débil?" [10].

[10] https://archive.org/details/HumanEnergy

     Puro Nietzsche, Galton y Malthus (este último también se vestía con el hábito de un hombre santo).

 

Adoptando la Eugenesia

     Mientras Chardin es ciertamente un racista, en su defensa él creía en expandir enormemente la eugenesia para todas las razas, y llamó a emplear lo mejor de la ciencia para mejorar el fondo de genes humano:

     "Por un complejo de oscuros motivos, nuestra generación todavía considera con desconfianza todos los esfuerzos propuestos por la ciencia para controlar la maquinaria de la herencia, de la determinación del sexo y el desarrollo de los sistemas nerviosos. Es como si el hombre tuviera el derecho y el poder de interferir con todos los canales en el mundo excepto aquellos que lo hacen ser él mismo. Y sin embargo es eminentemente por esta razón que debemos intentarlo todo, hasta su conclusión".

     En 1951 Chardin amplificó de nuevo su pedido de una ciencia y religión de la eugenesia:

     "Hasta ahora ciertamente hemos permitido que nuestra raza se desarrolle al azar, y hemos prestado demasiado poca atención a la pregunta de qué factores médicos y morales deben reemplazar a las fuerzas brutas de la selección natural si llegáramos a suprimirlas. En el curso de los siguientes siglos es indispensable que una forma noblemente humana de la eugenesia, de acuerdo a un estándar digno de nuestras personalidades, sea descubierta y desarrollada. La eugenesia aplicada a individuos conduce a la eugenesia aplicada a la sociedad".

     El Punto Omega de Chardin aquí adquiere un significado aún mayor cuando la mascarada de la "conciencia de Cristo" y del "amor global" es arrancada de la dulce chapa de su mensaje y puede verse ahora todo el misantrópico fanatismo eugenésico de un sumo sacerdote en alguna distópica dictadura científica. La cercana amistad de Chardin con el fundador del Transhumanismo (y eugenetista principal) Sir Julian Huxley aquí toma un nuevo sentido también.

 

Julian y Pierre: Sumos Sacerdotes del Transhumanismo

     Escribiendo acerca de su admiración de Huxley en 1941, Chardin dijo a un amigo: "Sigo trabajando para conseguir una mejor presentación, más clara y más sucinta, de mis ideas sobre el lugar del hombre en el universo. Julian Huxley acaba de sacar un libro, o mejor dicho una serie de ensayos, llamados La Singularidad del Hombre, en una forma tan paralela a mis propias ideas (aunque sin integrar a Dios como el término de la serie) que me siento enormemente animado".

     No es ninguna paradoja que el ateo radical Huxley y el sacerdote jesuíta Chardin encontraran el uno en el otro un espíritu afín.

     Julian Huxley había estado trabajando arduamente durante décadas tratando de salvar el trabajo de su abuelo al presentar a Darwin junto a H. G. Wells y J. B. S. Haldane bajo un nuevo sistema llamado la Nueva Síntesis Evolutiva (bosquejada en La Singularidad del Hombre de Huxley, ya citado por Chardin). Esa "Nueva Síntesis" era esencialmente idéntica a la tesis de Chardin salvo que carecía de cualquier pretexto para armonizar con la escritura bíblica.

     Chardin estaba tan lleno de admiración no sólo por Julian sino por el clan Huxley entero, que él escribió su obra "El Lugar del Hombre en la Naturaleza" (1949) [11] como un homenaje a "El Lugar del Hombre en la Naturaleza y Otros Ensayos Antropológicos" de Thomas Huxley (1904) [12]. Julian por su parte estuvo tan conmovido por la tesis de Chardin que él escribió la introducción al famoso tratado del sacerdote "El Fenómeno del Hombre" [13].

[11] https://archive.org/details/MansPlaceInNature/page/n2/mode/2up?q=huxley

[12] https://www.gutenberg.org/files/40257/40257-h/40257-h.htm

[13] https://archive.org/details/ThePhenomenonOfMan

     En su libro "El Futuro del Hombre" [14] Chardin escribió que su Punto Omega "representa nuestro paso, por traslación o desmaterialización, a otra esfera del Universo: no un final del Ultrahumano sino su acceso a alguna clase de Trans-Humano en el corazón último de las cosas".

[14] https://archive.org/details/TheFutureOfMan/page/n7/mode/2up

     Julian Huxley rindió homenaje al fraude del Hombre de Pekín de Chardin hablando de sus visiones paralelas de Transhumanismo en 1957 escribiendo en "Nuevas Botellas para Vino Nuevo": "Creo en el transhumanismo: una vez que haya suficientes personas que puedan decir realmente eso, la especie humana estará en el umbral de una nueva clase de existencia, tan diferente de la nuestra como la nuestra de la del Hombre de Pekín. Ella por fin estará conscientemente cumpliendo su verdadero destino" [15].

[15] https://archive.org/details/NewBottlesForNewWine

     Aquí vale la pena tener presente que Julian Huxley no era simplemente un comentarista de torre de marfil sino un gran estratega extremadamente activo [16], habiendo servido como presidente de la British Eugenics Society, fundado las primeras organizaciones medioambientalistas del mundo (la International Union for the Conservation of Nature y su vástago el World Wildlife Fund), y también fundado la United Nations Education Science and Cultural Organization (UNESCO) en 1946. En el manifiesto para la UNESCO [17] Huxley había pedido explícitamente revivir la eugenesia como la más importante de todas las ciencias, a la vez que inducía a la Humanidad a aceptar un gobierno mundial.

[16] https://www.strategic-culture.org/news/2021/05/24/how-the-unthinkable-became-thinkable-eric-lander-julian-huxley-and-the-awakening-of-sleeping-monsters/

[17] https://archive.org/details/huxley-unesco-its-purpose-and-philosophy

     La cibernética (la ciencia de control que usa el procesamiento binario y a las máquinas como modelos para las mentes humanas y la sociedad en su conjunto) [18] estaba apareciendo en la escena hacia 1945. Chardin hizo uso directamente de esa corriente con el vigoroso entusiasmo de un líder de secta religiosa, incluso pidiendo una combinación de los humanos con las máquinas mucho antes de que se hiciera moda.

[18] https://www.strategic-culture.org/news/2021/05/31/from-russell-and-hilbert-to-wiener-and-harari-the-disturbing-origins-of-cybernetics-and-transhumanism/

     En "El Futuro del Hombre" vemos a Chardin preguntar retóricamente:

     «¿Cómo podemos dejar de ver a la máquina como jugando una parte constructiva en la creación de una conciencia realmente colectiva?... Pienso, por supuesto, en primer lugar, en la extraordinaria red de comunicaciones de radio y televisión que... ya nos unen a todos en una especie de conciencia universal "eterizada". Pero también pienso... en aquellos asombrosos computadores electrónicos que, pulsando con señales a razón de cientos de miles por segundo, no sólo alivian nuestros cerebros del trabajo tedioso y agotador, sino, por cuanto ellos realzan la esencial (y demasiado poco notada) "velocidad del pensamiento", también están preparando el terreno para una revolución en la esfera de la investigación... todos esos instrumentos materiales... son finalmente nada menos que la manifestación de una especie de súper-cerebro, capaz de alcanzar el dominio sobre alguna súper-esfera en el universo».

     Hacia el final de su vida, un amigo le preguntó qué le parecía que sus obras todavía la Iglesia prohibiera su publicación. Él respondió diciendo: "Tengo tantos amigos ahora, en buenas posiciones estratégicas, que no tengo ningún temor del futuro. He ganado el juego".

     Cuando Chardin murió en 1955, sus obras todavía estaban en gran parte prohibidas por el Vaticano como herejías. Su trabajo siguió difundiéndose como una especie de literatura clandestina, reclutando cada vez a más conversos a su particular "cristianismo nuevo y mejorado". La lógica usada por los seguidores de Chardin en apoyo de esa nueva marca cibernética de religión, en oposición a los tradicionalistas dogmáticos del Vaticano, era que ya que los tiempos estaban cambiando, también debía hacerlo la religión. El mundo del Estado-nación, del crecimiento industrial y del individualismo era una cosa de la anticuada época conservadora. El mundo post-Estado-nación de conciencia planetaria colectiva estaba sobre nosotros a medida que la sociedad se movía hacia un místico punto Omega. Esa fe significaba que el cristianismo tenía que evolucionar con los tiempos como cualquier criatura que deseara evitar la extinción dentro de una darwiniana lucha por la supervivencia.

     Durante las décadas siguientes, los seguidores de Chardin desempeñaron un papel principal en la formación del resultado de la descentralización y liberalización de la Iglesia, en la forma del Concilio Vaticano II lanzado por el Papa Juan XXIII en 1962. Esas mismas redes concentradas en Iberoamérica innovaron una nueva forma de la doctrina llamada "Teología de la Liberación", con la lógica de que el Marxismo era la expresión más pura del mensaje de Cristo y de que todos los cristianos verdaderos estaban obligados a emprender la Revolución contra el capitalismo alrededor del mundo durante los oscuros días de la Guerra Fría. Cuando se le preguntó qué debería hacerse con la estancada Iglesia católica, Chardin pidió esa nueva fusión marxista revolucionaria diciendo: "Una buena zambullida en el marxismo podría comenzar el movimiento de las cosas otra vez".

     Mientras los Papas Juan Pablo I y II trataron de empujar hacia atrás esa desconstrucción del cristianismo, un poco de veneno y un par de balas de un asesino llevaron a la Santa Sede rápidamente atrás a la línea, ya que el terreno estaba preparado para una toma de control jesuíta de la Iglesia y para la integración del cristianismo en una nueva religión conducida por la eugenesia.–

 

 

 

 

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