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lunes, 8 de noviembre de 2021

Sobre Marxismo Cultural y Corrección Política (1)

 

     Jefrey D. Breshears, Ph.D., es un ex profesor de Historia y presidente de un centro de estudios cristianos y temas culturales contemporáneos en Atlanta, Georgia. En 2016 fue publicado (theareopagus.org) un ilustrativo estudio suyo titulado The Origins of Cultural Marxism and Political Correctness, el cual presentamos aquí en castellano, editado y dejando de lado algunas informaciones. La extensión del texto nos hace presentarlo en dos partes, y en esta primera, el autor define la ideología de lo "políticamente correcto" y sus principios aplicados, para presentar luego los conceptos, teorías y políticas fundamentales del marxismo, y finalmente los orígenes históricos del marxismo cultural desde los años previos y posteriores a la Primera Guerra Mundial, en una documentada exposición panorámica que se completará con la segunda parte de este trabajo.

Los Orígenes del Marxismo Cultural

y la Corrección Política (1 de 2)

por Jefrey D. Breshears, 2016

 

 

     "Hay una revolución que está viniendo. No será como las revoluciones del pasado. Se originará con el individuo y la cultura, y cambiará la estructura política como su acto final. No requerirá que la violencia tenga éxito, y no puede ser exitosamente resistida por la violencia. Ésta es la revolución de la Nueva Generación" (Charles Reich, The Greening of America, 1970).

 

INTRODUCCIÓN

     En su libro acerca de la American Civil Liberties Union (ACLU), Alan Sears escribe que uno de los grandes mitos del siglo XX es que la ACLU comenzó como una organización buena, patriótica y a favor de la libertad que lamentablemente se extravió fuera de curso. La verdad, sin embargo, es que cuando miramos su historia, la evidencia muestra algo completamente diferente. Desde el principio, la ACLU tuvo una agenda subversiva: socavar los fundamentos de la cultura estadounidense tradicional por medio de la manipulación y la explotación de nuestro sistema legal.

     Un caso similar puede plantearse en cuanto a los orígenes de la Corrección Política. Para muchas personas, ése es un término algo amorfo usado para caracterizar una variedad de ideas y causas arbitrarias sin ningún tema particular de unificación aparte del hecho de que ellas son social y políticamente "liberales" o "progresistas". Por otra parte, la Corrección Política parece más bien una orientación general o una colección ad hoc de políticas, discursos y códigos de comportamiento que los guardianes morales de la Izquierda consideran como socialmente aceptables de acuerdo con su inclinación particular acerca de la justicia social. Pero la mayor parte de las personas no percibe a la Corrección Política como una ideología fija, y la presunción general es que ella es bien intencionada aunque a veces un poco extrema, hipersensible o incluso tonta. Sin embargo, una mirada más cercana a su historia revela algo completamente diferente y bastante más alarmante. Aunque a menudo es asociada con el liberalismo cultural, es de hecho una forma insidiosa del Marxismo Cultural.

     Lejos de ser simplemente una colección arbitraria de nociones idealistas, la Corrección Política es un ataque orquestado contra la civilización occidental y sus venerables instituciones. En particular, ella es una crítica completa de la moralidad y la ética tradicionales, el conservadurismo socio-político, y la fe y los valores cristianos. Según los apóstoles de la Corrección Política, todas esas influencias son anticuados impedimentos para el progreso, el objetivo del cual es una sociedad libertaria-socialista global de acuerdo con los principios de los Manifiestos Humanistas [1].

[1] Los Manifiestos Humanistas son una serie de documentos redactados por la American Humanist Association en 1933, 1973 y 2003 que articulan los principios y la visión de un nuevo orden mundial libertario / socialista basado en valores humanísticos seculares. Cada versión fue firmada por humanistas notables del gobierno, la academia, la ciencia, la literatura y las artes. Véase https://en.wikipedia.org/wiki/Humanist_Manifesto

     Los críticos de la Corrección Política consideran que ella es una forma siniestra de control social usado para censurar ideas, palabras, políticas y conductas que son consideradas ofensivas e inadecuadas por las élites liberales que dominan las alturas que controlan la cultura estadounidense: los medios predominantes de comunicación, el mundo académico y el sistema educacional, y la mayor parte de la cultura popular en la vida norteamericana contemporánea. Para los abogados de la Corrección Política, etiquetar ciertos pensamientos, discursos y acciones como "políticamente incorrectos" es una manera eficaz de censurar opiniones discrepantes o prohibir algo que ellos consideran (1) conservador y reaccionario, ya políticamente, socialmente, moralmente o religiosamente; o (2) insensible o discriminatorio hacia ciertas minorías a las que se les concede protección especial, es decir, negros, hispánicos, mujeres feministas, homosexuales, y no cristianos en general. Ésa es la mentalidad que está detrás de la obsesión de la Izquierda con las "micro-agresiones" y de la defensa de programas de adoctrinamiento totalitario tales como los talleres de "entrenamiento en diversidad".

     La obsesión de la Corrección Política con la identidad de grupo y sus esfuerzos para conceder un status de protección especial a ciertas clases de personas es la base para la tendencia reciente en la legislación de "delitos de odio" de acuerdo a la cual los autores son castigados por sus motivos (es decir, sus actitudes hacia sus víctimas) más bien que simplemente por lo que ellos han hecho. En violación de la garantía constitucional de igual justicia bajo la ley, la legislación de "delitos de odio" impone castigos más extremos para delitos cometidos contra ciertos grupos "víctimas" preferidos, lo cual es una forma de discriminación e injusticia jurisprudencial que no tiene precedentes en la historia estadounidense. Además, el simple acto de criticar el trabajo, las creencias o las acciones de alguien que pertenece a uno de esos grupos especialmente protegidos puede ser considerado "discurso de odio", como William Lind nota en su ensayo Los Orígenes de la Corrección Política: "Por primera vez en nuestra historia, los estadounidenses tienen que ser temerosos de lo que ellos dicen, de lo que ellos escriben, y de lo que ellos piensan. Ellos tienen que tener temor de usar la palabra incorrecta, una palabra [considerada] ofensiva o insensible, o racista, sexista, y homosexofóbica..." [2].

[2] http://editorial-streicher.blogspot.com/2016/01/la-correccion-politica-marxismo-cultural.html

 

LA EVOLUCIÓN DE UN TÉRMINO

     El término "Corrección Política" ha existido durante un tiempo, pero su sentido ha cambiado con el tiempo. Fue primero usado en un temprano caso de la Corte Suprema, Chisholm vs. el Estado de Georgia (1793), en que el Tribunal declaró que las referencias a "los Estados Unidos" más bien que a "el Pueblo de los Estados Unidos" eran "no políticamente correctas". En ese sentido, el Tribunal simplemente estaba declarando que "los Estados Unidos" como una persona jurídica era técnicamente impropio, siendo la inferencia el que el gobierno federal era simplemente el agente de los Estados y de la gente estadounidense.

     En el uso moderno, los investigadores remontan el término al Pequeño Libro Rojo de Mao Tse-Tung. Antes de Mao, el concepto de Corrección Política fue usado por los bolcheviques para suprimir todo el discurso contrario y acciones que se extraviaran de la línea oficial del Partido Comunista. Ya que el Partido supuestamente representaba al "Pueblo", cualquier cosa que disintiera de la ortodoxia comunista era contrarrevolucionaria, políticamente incorrecta, y por lo tanto intolerable.

     En los años '60 el término fue adoptado por neo-marxistas para enfatizar sus dogmas y silenciar a sus críticos. Según la ideología de la Nueva Izquierda, las creencias y prácticas conservadoras y cristianas tradicionales eran de manera innata "autoritarias", "represivas", "no progresistas" y "fascistas". Por lo tanto fueron consideradas "intolerantes" y deberían ser censuradas o incluso prohibidas del discurso público. En un ensayo de 1970, The Black Woman, Toni Cade Bambara declaró que "un hombre no puede ser políticamente correcto y un chauvinista también". El concepto de Corrección Política también fue usado para proteger a ciertos grupos minoritarios de injustas estereotipias o de un etiquetaje insensible. Los esfuerzos para desalentar términos burdos y humillantemente peyorativos en referencia a ciertos grupos raciales, étnicos y de nacionalidad deberían ciertamente ser aplaudidos, pero no a costa de sacrificar el derecho a la libre expresión como lo garantiza la Primera Enmienda. A veces las campañas de código de discurso políticamente correcto pueden llegar a convertirse en auto-parodias. Por ejemplo, en los años '60 los tradicionales términos "colored people" y "negroes" fueron retirados progresivamente a favor de "blacks" y luego "afro-americans", lo que fue enmendado más tarde como "african-americans" y, finalmente, "people of color".

     En los años '90, debido a su asociación con ideas izquierdistas radicales, el término "corrección política" fue usado peyorativamente por conservadores en respuesta a esfuerzos de liberales para suprimir la libre expresión y conducta. En un discurso de comienzos de 1991 en la Universidad de Michigan, el Presidente George H. W. Bush señaló el creciente movimiento en recintos universitarios para "declarar ciertos temas... expresiones... [e] incluso ciertos gestos, no permitidos". Del mismo modo, en The Death of the West, el comentarista conservador Pat Buchanan escribió que "la Corrección Política es marxismo cultural, un régimen para castigar el desacuerdo y estigmatizar la herejía social, tal como la Inquisición castigaba la herejía religiosa. Su marca registrada es la intolerancia".

     Incluso la liberal revista Newsweek, en una tema de portada de 1990 acerca de la nueva "Policía del Pensamiento", mencionó las raíces marxistas de la Corrección Política: "La corrección política es, en sentido estricto, una filosofía totalitaria... Políticamente, la Corrección Política es marxista en su origen... Hay... algunos que reconocen la tiranía de lo políticamente correcto, pero la ven sólo como una fase de transición, que ya no será necesaria una vez que las virtudes de la tolerancia sean internalizadas. ¿Le suena familiar eso? Ésa es la dictadura del proletariado" ("Taking Offense", en Newsweek, 24 Dic. 1990, pp. 51, 53, 54).

     La publicación de críticas serias de la Corrección Política en libros como Cultural Literacy (1988) de E. D. Hirsch, The Closing of the American Mind (1987) de Allen Bloom, Intellectuals (1988) de Paul Johnson, Tenured Radicals (1990) de Roger Kimball, Illiberal Education (1991) de Dinesh D'Souza, e Indoctrination U (2007) de David Horowitz, expuso el oscuro lado totalitario de esa ideología ante el gran público. Sin embargo, con la dominación liberal de los medios predominantes de comunicación, los establecimientos educacionales, las poderosas oficinas políticas y estratégicas, las industrias de Hollywood, la cultura pop y el entretenimiento, e incluso muchas denominaciones e Iglesias cristianas, los apóstoles de la Corrección Política han sido capaces de dominar áreas claves de la cultura estadounidense hasta el grado de que su agenda a menudo no tiene oposición. Pero quizá el mayor aliado de la Izquierda es el nivel general de ignorancia del público en cuanto a historia, filosofía, o incluso acontecimientos actuales en lo que están relacionados con el actual estado de nuestra cultura.

 

IDEOLOGÍA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

 

UNA NUEVA EDAD MEDIA

     En su artículo "The New Dark Age: The Frankfurt School and Political Correctness" Michael Minnicino comenta acerca de los insidiosos y acumulativos efectos de la Corrección Política en la sociedad y los valores estadounidenses contemporáneos, así como de la necesidad de un nuevo Renacimiento cultural:

     "Las personas de Norteamérica y Europa occidental aceptan ahora un nivel de fealdad en sus vidas diarias que es casi sin precedentes en la historia de la civilización occidental... Nuestras propias calles de las ciudades, hogar de legiones de personas sin hogar, son gobernadas por Dope Inc. [la Corporación de las Drogas], la industria más grande en el mundo, y en aquellas calles los estadounidenses ahora se asesinan unos a otros en una proporción no vista desde la Edad Media.

     "Al mismo tiempo, mil horrores más pequeños son tan triviales que pasan inadvertidos. Nuestros hijos pasan tanto tiempo sentados delante de televisores como en la escuela, mirando con regocijo escenas de tortura y muerte que podrían haber impresionado a un auditorio en el Coliseo romano. La música está en todas partes, casi inevitable, pero ella no eleva, ni siquiera tranquiliza, sino que se clava en los oídos, a veces escupiendo una obscenidad. Nuestras artes plásticas son feas, nuestra arquitectura es fea, nuestra ropa es fea.

     "Nuestras universidades, la cuna de nuestro futuro tecnológico e intelectual, se han visto abrumadas por la "Corrección Política" de la Nueva Era estilo Internacional Comunista. Con el colapso de la Unión Soviética, nuestros recintos universitarios ahora representan la más grande concentración del dogma marxista en el mundo...

     "Tendremos que afrontar el hecho de que la fealdad que vemos alrededor nuestro ha sido conscientemente fomentada y organizada de tal manera que una mayoría de la población está perdiendo la capacidad cognoscitiva de transmitir a la siguiente generación las ideas y métodos sobre los cuales nuestra civilización fue construída. La pérdida de aquella capacidad es el indicador primario de una Edad Oscura. Y en una nueva Edad Oscura (o Edad Media) es exactamente en lo que estamos. En tales situaciones, el registro de la Historia es inequívoco: o bien creamos un Renacimiento, un renacer de los principios fundamentales sobre los cuales se originó la civilización, o nuestra civilización muere" [3].

 

[3] http://editorial-streicher.blogspot.com/2015/07/la-escuela-de-frankfurt-y-la-correccion.html

     Minnicino está manifiestamente en lo correcto. A pesar de ser la nación más próspera y acaudalada en la historia humana (el trabajador estadounidense promedio se ubica en el 1% superior en nivel de ingresos a nivel mundial), Estados Unidos está descendiendo rápidamente hacia una "Edad Oscura" marcada por la discordia social, la violencia, la corrupción, la estupidez y la fealdad. Esto es obvio no sólo en nuestros sistemas de educación y políticos: observe la mayoría de la arquitectura moderna, la mayor parte de las películas y la televisión (incluyendo las noticias televisivas), y la mayoría de la "música" contemporánea (músicas pop, heavy metal, rap y hip-hop predominantes). La sociedad y la cultura estadounidenses nunca han sido tan groseras, tan ordinarias, y tan lascivas. Esto no es por casualidad, y corre diametralmente contrario a lo que uno razonablemente podría esperar en términos de evolución social. Fuerzas siniestras han conducido estas tendencias, explotando hábilmente el lado oscuro de la naturaleza humana, y gran parte de ello es atribuíble a décadas de propaganda difundida por marxistas culturales so pretexto de la Corrección Política.

 

SIETE PRINCIPIOS DE LA CORRECCIÓN POLÍTICA

     Hay siete principios que esencialmente definen la Corrección Política. Note que algunos de éstos son obviamente contradictorios, pero la consistencia racional es raramente considerada como esencial por los izquierdistas radicales que tienden a menospreciar la lógica misma como "pensamiento occidental".

1. Elitismo Liberal. Las únicas ideas y prácticas sociales y políticas que tienen legitimidad son aquellas que están de acuerdo con la agenda humanística secular liberal. Como argumentó el neo-marxista [judío] Theodor Adorno en "La Personalidad Autoritaria" (1948), sólo el verdadero liberal puede ser considerado mentalmente sano y socialmente equilibrado. Según Adorno, los conservadores y los tradicionalistas son reaccionarios que retardan la evolución social humana. Tal gente es también de manera innata fascística, lo que los hace mentalmente y/o moralmente inferiores. Los conservadores no están simplemente equivocados: ellos son ignorantes y peligrosos. Como tales, sus ideas son indignas de una consideración seria, y deberían ser excluídos del espacio público.

     Tal como los cerdos en "La Granja de los Animales" de George Orwell, los liberales culturales creen que "Todos son iguales, pero algunos son más iguales que otros". Aquellos que son "más iguales" son las élites culturales liberales del mundo académico, los medios de comunicación, el mundo del espectáculo y el gobierno. Aquellos que han sido adecuadamente educados en los valores del liberalismo cultural son los líderes naturales en la sociedad. Comprometida con la tolerancia y la democracia igualitaria, la élite tiene el derecho y la responsabilidad de conducir a otros por caminos correctos de pensamiento y vida.

2. Una Visión Evolutiva de la Sociedad y la Cultura. Junto con la evolución biológica humana, las sociedades e instituciones humanas también evolucionan hacia mayores alturas de conciencia y sofisticación. Lo que podría haber sido "verdadero" o "razonable" en el pasado, es a menudo anticuado en el presente. Por lo tanto, según liberales contemporáneos, aquellos que se aferran a valores conservadores y tradicionales están en "el lado equivocado de la Historia".

3. Relativismo Moral. No hay absolutos morales. Todos los estándares, incluyendo todas las leyes, son condicionales, circunstanciales, y socialmente determinados. Además, todo es subjetivo y se deriva de la herencia cultural, la raza, la clase social, el sexo, la orientación sexual, las experiencias de vida, y el estilo de vida de alguien. Los post-modernistas también añadirían que todas las leyes son imposiciones sobre los débiles de parte de los poderosos.

     Las opiniones y los valores morales de cada persona son de igual valor y significancia, y a nadie debería serle permitido imponer sus creencias a otros. Sin embargo, hay excepciones a este principio: por cuanto muchas de las creencias y las prácticas de conservadores sociales son ignorantes, obsoletas, insensibles, intolerantes y críticas —en resumen, odiosas—, no deberían ser permitidas en el espacio público.

4. Cinco Valores Inviolables. Hay cinco valores que deberían gobernar todo el pensamiento y la interacción social en una sociedad libre y democrática.

a) Tolerancia. La tolerancia es una virtud absoluta. Deberíamos aceptar a cada persona, grupo y cultura de manera no crítica, y nadie tiene derecho a juzgar a ninguna persona, grupo o cultura como inferior o equivocada. Sin embargo, este principio no se aplica a los cristianos o conservadores sociales porque tal gente es prejuiciosa, intolerante y criticona.

b) Igualitarismo. La única forma legítima de gobierno es la democracia. No debería haber ninguna restricción de votación y tenencia de cargos en base a la raza, el sexo, la educación o factores morales (excepto quizá en el caso de ciertos tipos de criminales). En años recientes muchos liberales argumentan que incluso los extranjeros ilegales tienen derecho a todos los derechos de ciudadanía, incluído el derecho a voto.

c) Multi-Culturalismo. Todas las sociedades y culturas son moralmente equivalentes e igualmente legítimas, ya que todas son herencias culturales y tradiciones. El cristianismo y la cultura occidental no son mejor que cualquier otra religión o herencia cultural, y pensar de otra manera es ser intolerante, exclusivista y etnocéntrico. El Multiculturalismo es la base para la veneración políticamente correcta de la "diversidad", que los liberales culturales consideran como algo innatamente bueno.

     [Nota: es importante distinguir entre la sociología del multi-culturalismo y la ideología del multi-culturalismo. La sociología multicultural es simplemente descriptiva: un estudio de varias culturas y sus rasgos distintivos, religiones, historias únicas y tradiciones, etc. Ése es un conocimiento útil (o incluso necesario) dada la realidad de nuestra sociedad global contemporánea, y es relativamente no polémico. La ideología del multi-culturalismo, sin embargo, es algo totalmente diferente. Derivada de una cosmovisión humanística secular y basada en presuposiciones relativistas, ella difumina las diferencias cualitativas entre varias culturas, tal como el pluralismo religioso procura presentar a todas las religiones como esencialmente la misma. Pero la realidad consiste en que las culturas —como las religiones, los sistemas políticos y los seres humanos individuales— son todos diferentes. Todas tienen sus defectos, pero algunas son obviamente mejores que otras. La ideología del multi-culturalismo, sin embargo, promueve una agenda socio-política izquierdista que denigra la unicidad de la civilización occidental y la herencia judeo-cristiana a fin de hacer avanzar una clase de sociedad y cultura radicalmente nueva basada en valores humanísticos seculares].

d) Inclusión. Ningún individuo o grupo tiene derecho a discriminar en contra de cualquier otro. Sin embargo, es a veces necesario conceder un status especial y un tratamiento preferencial a minorías y otros grupos a fin de rectificar las injusticias del pasado. Ésta es la base para la Affirmative Action (discriminación inversa).

e) Pluralismo Religioso. Todas las religiones son productos del hombre, y en la medida en que hay alguna verdad o valor en ellas, todas son (más o menos) igualmente válidas (o no válidas). Es el colmo de la intolerancia creer que alguna religión particular (como el cristianismo) es exclusivamente "el Camino, la Verdad y la Vida".

5. Educación y Transformación Social. El objetivo primario de la educación no es acumular una amplia variedad de conocimiento de acuerdo con la filosofía tradicional de la educación —es decir, una introducción sustancial a las artes liberales— sino adquirir los necesarios valores y habilidades de socialización que son esenciales para vivir de manera cooperativa en nuestra diversa sociedad multicultural. Para tal efecto, la competición en la educación debería ser minimizada tanto como sea posible por el bien de aumentar la auto-estima de los estudiantes.

     La clave para el progreso social y político es por medio de la educación humanística secular, una forma de adoctrinamiento que libera a la gente joven de prejuicios tradicionales para hacer avanzar la evolución social. De ser apropiadamente educados, los ciudadanos hoy pueden llegar a ser más tolerantes, informados y socialmente conscientes que aquellos del pasado.

6. Conciencia Social. El individualismo es egoísta y socialmente irresponsable. La gente debería pensar y actuar de acuerdo a los intereses del bien común de la sociedad (commonweal) a fin de promover los ideales de igualdad y justicia social. Nadie debería imponer sus valores morales a otros. Sin embargo, porque muchas personas no han evolucionado todavía hasta el nivel necesario de conciencia social, la élite liberal tienen una responsabilidad de proteger a las víctimas de la injusticia social de aquellos que son insensibles a sus necesidades.

          El individualismo es una amenaza para la armonía social. La política tiene que ver con la identidad de grupo, de acuerdo a lo cual la gente es definida principalmente por su raza, pertenencia étnica, clase, religión, sexo y orientación sexual. Debido a la discriminación pasada, debería ser acordado un status especial a minorías raciales y étnicas, homosexuales, y en algunos casos, mujeres.

7. (Todas las culturas pueden ser igualmente válidas, pero...) la civilización y los valores occidentales son la fuente de la mayoría de los problemas del mundo. A través de toda la Historia, la civilización y la cultura occidentales han estado marcadas por el racismo, el sexismo, la homosexofobia, la conquista, la violencia, el imperialismo cultural, la opresión, la explotación, la intolerancia religiosa, etc. En tiempos modernos el capitalismo, que está basado en la avaricia y la explotación de la gente y de los recursos, ha contribuído a la desigualdad y la injusticia social. Además, el cristianismo tradicional ha inhibido el progreso social debido a sus reclamaciones de poseer la verdad exclusiva, su intolerancia de otras religiones, y su historia de represión y opresión.

 

MARXISMO BÁSICO

 

LA DIALÉCTICA MARXISTA

     La Corrección Política contemporánea es una forma de marxismo cultural que es un derivado de una cosmovisión naturalista (atea) y una filosofía humanística secular. La Corrección Política sigue la dialéctica marxista en términos de su teoría de la Historia y su visión del progreso social y cultural.

 

HUMANISMO SECULAR

     Como un ateo con una cosmovisión naturalista / materialista, Karl Marx (1818-1883) era despectivo de la religión en general y del cristianismo en particular. En ese aspecto en él influyeron en particular los escritos de Ludwig Feuerbach (1804-1872), quien en "La Esencia del Cristianismo" (1841) presenta la teoría de que la religión es una invención puramente humana y una influencia generalmente negativa porque distrae al hombre de lo que es real, enfocando su atención en una imaginaria vida futura. En el Manifiesto Comunista (1848) Marx se hace eco de esos sentimientos con comentarios como "La religión es el opio del pueblo" y "El hombre es el ser supremo para el hombre".

     Dado su prejuicio ateísta, Marx dejó de apreciar que la religión (o más correctamente, el anhelo de trascendencia) es una necesidad humana básica. Intrínsecamente, queremos saber de dónde vinimos, por qué estamos aquí, y qué será de nosotros cuando muramos, preguntas para las cuales el naturalismo no tiene ninguna respuesta satisfactoria. Además, la religión proporciona una base para la moralidad y la preocupación social, desafiándonos a ir más arriba y más allá de nuestros propios intereses personales. Es por eso que, en general, la gente de fe es la gente más caritativa y benévola en el mundo. Además, numerosos estudios confirman que la gente religiosa es generalmente más feliz, mejor adaptada y emocionalmente más estable que los no creyentes. La utópica e idealista sociedad comunista de Marx era en algunos aspectos una versión secularizada del Reino de Dios: una comunidad armoniosa y cooperativa, pero sin Dios. Cegado por sus prejuicios, Marx omitió el único factor y único poder que realmente podría superar el interés propio, el egoísmo y el conflicto humanos, que es por lo cual las sociedades comunistas han estado entre las más tiránicas y brutales en toda la historia humana.

     Marx sostuvo una visión cínica del cristianismo y de la historia cristiana que distorsiona la realidad. Si bien estuvo correcto en la observación de que la religión (incluído el cristianismo nominal) a menudo fue usada por los ricos y poderosos para servir a sus propios intereses y conservar el statu quo, él dejó de apreciar que el Evangelio de Jesucristo es un mensaje de liberación. Cuando es clara y honestamente proclamado, realmente confronta y condena a las fuerzas de explotación y opresión que han plagado a todas las sociedades y culturas a lo largo del tiempo.

     El humanismo secular es una filosofía centrada en el hombre, que se deriva de una cosmovisión naturalista. Históricamente, se remonta a la Grecia clásica, en particular, a los filósofos sofistas que sustituyeron la cosmovisión panteísta / pagana tradicional por una anti-religiosa. El sofisma fue mejor resumido por Protágoras en su famosa máxima de que "El hombre es la medida de todas las cosas" (en contraste con que los dioses son la medida).

     Una de las primeras referencias al término "humanismo" fue en la época del Renacimiento, y según fue originalmente usado, no tenía ninguna connotación anti-religiosa. Esencialmente, el humanismo del Renacimiento era una celebración de la creatividad humana, particularmente en la literatura y las artes. Como tal, honró la dignidad y la santidad de la vida humana como creada de acuerdo a la imago Dei. Aunque tendió a cambiar algo el foco desde una perspectiva centrada en Dios a una que estaba más orientada hacia el hombre, el humanismo del Renacimiento ciertamente no fue expresamente secular. Durante los siguientes siglos dicho concepto fue un término generalmente inofensivo, y muchos de los grandes eruditos e intelectuales de las épocas medieval tardía y de la Reforma se refirieron a sí mismos como humanistas cristianos.

     Durante la Ilustración, sin embargo, el concepto de humanismo dio un giro decididamente secular. Los philosophes de la Ilustración tendieron a mirar la cultura clásica pre-cristiana en busca de inspiración intelectual y de su modelo de sociedad ideal, y para muchos de ellos el cristianismo representó la represión religiosa institucionalizada, el dogmatismo teológico y la superstición anticuada. Desafortunadamente, el statu quo tradicional del cristianismo no estuvo a la altura de los desafíos intelectuales del momento, y como Os Guinness ha notado en "The Dust of Death", "Cuando el siglo XVIII llegó a su final, toda la sabiduría y todo el ingenio aparentemente estaban del lado de la Ilustración".

     A mediados del siglo XIX la ciencia también pareció volverse en contra de la fe bíblica tradicional. La vieja teoría geocéntrica del universo había sido ya hace mucho tiempo refutada con los trabajos de Copérnico, Galileo, Kepler y otros. Ahora, debido a progresos adicionales en astronomía y a nuevos descubrimientos en geología y paleontología, la creencia en un universo joven y una joven Tierra —incluída la creación reciente de la Humanidad sólo hace unos miles de años— fue puesta en duda. Con la aparición de la teoría de la evolución de Darwin, la biología también pareció desafiar la creencia de que la Humanidad es una creación especial de Dios. En vez de eso, se argumentó que los procesos naturalistas eran suficientes para reemplazar a Dios como la causa explicativa de todas las formas de vida. Además, las nuevas metodologías literarias de la crítica histórica y textual parecieron poner en duda la inspiración divina de la Biblia. Por consiguiente, muchos cristianos, no queriendo ser dejados detrás, abandonaron creencia bíblicas tradicionales por teorías y filosofías más compatibles con la "ciencia" y el pensamiento moderno.

     Desde el alba del cristianismo, pero sobre todo en tiempos modernos bajo la influencia de Feuerbach, Darwin, Marx y Freud, siempre ha habido dentro del naturalismo ateo una hostilidad especial hacia la fe cristiana. A finales del siglo XIX esa antipatía fue más vociferantemente expresada por Friedrich Nietzsche en obras como "El Anticristo", en el cual él denigró al cristianismo como "la gran maldición" y "la corrupción última" del mundo moderno. Según Nietzsche, "La Iglesia cristiana no ha dejado nada intocado por su depravación; ella ha convertido cada valor en algo sin importancia, y cada verdad en una mentira, y cada integridad en bajeza del alma".

     Con la llegada del siglo XX muchas de las fuerzas e influencias secularísticas que habían estado actuando en la sociedad estadounidense desde el tiempo de la Ilustración se fusionaron para engendrar nuevos movimientos y organizaciones. De una manera que no es casual, el humanismo secular como una filosofía definida surgió con plena fuerza sólo después de la Primera Guerra Mundial, justo cuando los académicos neo-marxistas en Alemania estaban elaborando sus teorías y estableciendo su agenda.

     Desde un punto de vista organizativo, varios acontecimientos notables ocurrieron en Estados Unidos en los años '20 y '30 que hicieron avanzar una agenda Humanística Secular. En 1920 una coalición de abogados y activistas liberales fundó la American Civil Liberties Union, y la ACLU ha funcionado desde entonces como un poderoso brazo legal para la agenda izquierdista. También ha estado en la vanguardia de la guerra cultural contemporánea, emprendiendo agresivas campañas contra el cristianismo en la vida pública estadounidense.

     En 1929 Charles Potter, un predicador religioso, fundó la Primera Sociedad Humanista de Nueva York, y el año siguiente él escribió un influyente libro, "Humanismo: Una Nueva Religión", en el cual él presentó una visión para una sociedad y cultura totalmente secularizadas. Tres años más tarde un grupo de 34 abogados, académicos, educadores y otros profesionales organizó la American Humanist Association y redactó el Manifiesto Humanista. Basado en el Manifiesto Comunista de Marx, el Manifiesto Humanista proporcionó una plataforma filosófica para el movimiento humanista y planteó una visión secular radical para Estados Unidos. También significativa fue la formación en 1961 de la Iglesia Unitaria / Universalista, una fusión de los dos grupos más prominentes asociados con el humanismo religioso en Estados Unidos.

     Durante los últimos cuarenta años la alianza humanista secular ha estado en la vanguardia de la guerra por la cultura en Estados Unidos, promoviendo de manera agresiva y despiadada diversas causas izquierdistas, desde el aborto a petición y el "matrimonio" del mismo sexo hasta la amnistía para extranjeros ilegales. Ellos constantemente han ganado ímpetu con el tiempo, y desde los años '80 su agenda ha sido llevada adelante por varias organizaciones bien financiadas e influyentes.

     [Nota: Como Charles Potter y muchos otros han reconocido, el humanismo secular no es una filosofía neutra sino una religión atea. En 1961, en el caso de Torcaso vs. Watkins, la Corte Suprema estadounidense lo reconoció como tal cuando declaró: "Entre las religiones en este país que no enseñan... una creencia en la existencia de Dios, están el budismo, el taoísmo... el Humanismo Secular y otros"].

 

FILOSOFÍA DE LA HISTORIA

     El marxismo clásico estaba basado en la teoría del determinismo económico, la guerra de clases, y la lucha por el control de los medios de producción. En las líneas iniciales del Manifiesto Comunista Marx escribió que "La historia de toda sociedad existente hasta ahora es una historia de luchas de clases". Según él, las sociedades progresaron a través de varias etapas de desarrollo hasta que ellas alcanzaron el nivel de capitalismo. Inevitablemente, las explotadas clases obreras se levantarían, derrocarían a sus opresores capitalistas, y establecerían una sociedad (sin clases) comunista pura basada en el principio igualitario que dice "De cada uno según su capacidad a cada uno según su necesidad".

     Sin embargo, la transición desde el capitalismo competitivo al comunismo cooperativo no ocurriría de la noche a la mañana, ya que los seres humanos han sido condicionados históricamente para pensar y actuar de manera individualista más bien que cooperativamente. La evolución hacia una sociedad sin clases pura debe ser dirigida por una "dictadura del proletariado", una clase de élite de intelectuales iluminados (como Marx, por ejemplo) que diseñaría socialmente el proceso.

     Anticipando el post-modernismo, el políticamente correcto neo-marxismo es propagado en base a la creencia de que toda la Historia es conducida por relaciones de poder. Ciertos grupos —definidos por raza, religión, sexo y clase— dominan a otros que son las víctimas de opresión e injusticia. A fin de crear una sociedad igual y justa, la clase de la élite liberal —en particular, políticos, jueces, educadores, artistas, y los medios de comunicación— debe moldear la opinión pública y promover legislación y valores que muevan a la sociedad hacia el utópico ideal izquierdista.

 

TEORÍA SOCIAL

     La estereotipia basada en la sociología, la polarización social y el conflicto de clases (e incluso la guerra de clases) son aspectos integrales de la teoría social marxista clásica. El marxismo clásico dividió a la sociedad en gente "buena" y "mala" de acuerdo a amplias líneas socio-económicas. Los "buenos" eran las clases "productivas", es decir, la clase proletaria de trabajadores comunes, obreros industriales, artesanos, agricultores y campesinos que trabajaban con sus manos. Los "malos" eran los explotadores predadores, la clase de la burguesía, los capitalistas, los industriales, los banqueros, los administradores, los propietarios, el clero, etc.

     En el pensamiento neo-marxista contemporáneo es perpetuada esa clase de estereotipia social simplista, salvo que ahora los "buenos" son las minorías victimizadas —mujeres feministas, negros, hispánicos, homosexuales, etc.— y los "malos" son los varones Blancos, las mujeres Blancas no feministas, y los cristianos.

     La división de la Humanidad a lo largo de amplias líneas sociológicas más bien que según el carácter individual ha sido un tema que se repite desde la Antigüedad, pero por lo general ha sido planteado en términos económicos. La política racial y sexual es un concepto únicamente del siglo XX. Pero mucho antes de Marx, notables estadounidenses reconocieron el antiquísimo problema de la envidia de clase y el conflicto de clase. John Adams lo dijo de esta forma: "En cada sociedad donde la propiedad existe habrá alguna vez una lucha entre ricos y pobres". James Madison, escribiendo en The Federalist, señaló que "La más común... fuente [de conflicto a través de la historia humana] ha sido la diversa y desigual distribución de la propiedad". Cincuenta años más tarde, Abraham Lincoln observó: "Esos capitalistas generalmente actúan armoniosamente, y en concierto, para trasquilar al pueblo".

     Las masivas agitaciones sociales y económicas provocadas por la aparición del capitalismo moderno y la Revolución Industrial sólo exacerbaron las tendencias y las tensiones de clases, como Marx correctamente apuntó en el Manifiesto Comunista: "La sociedad en conjunto está separándose cada vez más en dos grandes campos hostiles: burguesía y proletariado". Eso no era nada nuevo. Una década antes de Marx, la plataforma de la Asociación Política Republicana de Trabajadores de Pennsylvania declaró el mismo tema: "Parecen existir dos clases distintas: los ricos y los pobres, los oprimidos y los opresores, aquellos que viven por su propio trabajo y los que viven por el trabajo de otros, los aristocráticos y los democráticos, los despóticos y los republicanos, que están en oposición directa unos con otros en sus objetivos y búsquedas".

     Para cuando surgieron los movimientos de reforma Populista y Progresista a finales del siglo XIX, muchos reformadores habían llegado a aceptar la inherente injusticia de la bifurcación de la sociedad en dos clases mutuamente excluyentes y competidoras. Considere esta declaración en el Manifiesto Populista de 1892: "Por un lado están los ejércitos aliados de los monopolios, el poder del dinero, los grandes consorcios y las corporaciones ferroviarias, que buscan la promulgación de leyes para que los beneficien a ellos y empobrezcan a la gente; en el otro están los agricultores, los trabajadores, los comerciantes, y toda otra gente que produce la riqueza y soporta las cargas de los impuestos...".

     Durante toda su extensa carrera política, el político cristiano evangélico y reformador social William Jennings Bryan a menudo expresó sentimientos similares: "Por un lado están los intereses corporativos de Estados Unidos, los intereses del dinero, la riqueza agregada y el capital, imperiosos, arrogantes, sin compasión...". Como Bryan, la agitadora reformadora populista Mary Lease se quejó contra el tipo de capitalismo de amigos que dominaba las fortunas económicas y políticas de la nación a finales de la década de 1800. En su famoso discurso de campaña "Wall Street Posee el País", y en su posterior libro, "El Problema de la Civilización Solucionado" (1895), ella declaró: "Wall Street posee el país. Ya no es un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, sino un gobierno de Wall Street, por Wall Street y para Wall Street".

     La llegada del siglo XX fue un tiempo de grandes movimientos de reforma ya que tanto los Populistas como los Progresistas desafiaban el statu quo socio-económico tradicional. Aunque sus énfasis fueran diferentes, la coalición Populista-Progresista empujó una agenda de base amplia que pedía un gobierno más limpio y menos corrupción política, sufragio femenino y un sistema político más democrático, regulación gubernamental de consorcios y corporaciones, un ambiente de trabajo más salubre y seguro, mejores pagas y menos horas para los trabajadores, legislación de protección del consumidor, seguro de invalidez y planes de jubilación para trabajadores, nuevas leyes laborales que protegieran a mujeres y niños, y leyes para limitar el día laboral a diez horas. Como un reformador dijo, "El verdadero corazón del movimiento es usar al gobierno como una agencia de bienestar humano".

     Muchos de los estadounidenses más excepcionales de la época fueron atrapados en las grandes causas humanitarias y de reforma de ese tiempo, con progresistas burgueses, como Helen Keller, que a menudo parecían tan radicales como los socialistas: "Este país es gobernado por los más ricos, por las corporaciones, los banqueros, los especuladores de tierras, y por los explotadores del trabajo... Hay una competición y un conflicto naturales entre esos grupos competidores que sólo pueden ser resueltos por una supervivencia del más apto".

     A principios del siglo XX la principal diferencia entre reformadores de la clase media como Helen Keller o Jane Addams y socialistas democráticos como Eugene Debs era una cuestión de grado, no de tipo. Pero aunque su retórica a menudo sonaba parecida, había al menos una diferencia filosófica fundamental entre ellos. Muchos humanitarios progresistas creían que el capitalismo podía ser reformado y hecho más humano bajo una apropiada regulación del gobierno, sindicalización, y nuevas innovaciones tecnológicas. Además, ellos no creían, como los socialistas y marxistas, que hay un inevitable e irreconciliable conflicto de intereses entre la burguesía y las clases proletarias. Con el tiempo, por supuesto, eso resultó ser generalmente verdadero ya que década tras década mejoraron gradualmente las condiciones de trabajo, los ingresos y el estándar de vida de las clases obreras.

     El progreso social y económico no es un "juego de suma cero" en el cual alguien debe perder siempre que algún otro gane. En una nación en la cual todas las restricciones legales basadas en el género y la raza han sido eliminadas, es posible (en la medida en que cualquier sistema hecho por el hombre lo permite) tener una sociedad de igualdad de oportunidades en donde la gente tiene éxito o fracasa según la calidad de su carácter. Ése debería ser el ideal, pero eso frustraría los objetivos de los marxistas culturales que usan el conflicto social como un pretexto para transformar radicalmente la sociedad y la cultura estadounidenses por medio de una persistente agitación. Por lo tanto, una táctica clave en su asalto sobre los valores e instituciones tradicionales es la explotación no sólo de la envidia de clase sino también de la política racial y sexual.

 

AUTORITARISMO

     Teóricamente, el objetivo último del marxismo ha sido siempre una sociedad sin clases (o comunista) en la cual cada uno es igual. Ya que ese objetivo desafía la realidad de la naturaleza humana, se requiere una clase especial de gente en la sociedad con el poder de imponer el igualitarismo sobre todos los demás. En los escritos de Marx, él llamó a esa fase interina entre la caída del capitalismo y el alba del comunismo, la "dictadura del proletariado". Naturalmente, él dedujo que aquélla era una dictadura benévola (al menos, benévola después de que todos los "contrarrevolucionarios" en la sociedad hubiesen sido eliminados), pero para cientos de millones que han tenido que soportar Dictaduras Comunistas del Proletariado en lugares como la Unión Soviética, China, Europa del Este, Cuba, Corea del Norte y otras partes, ha sido cualquier cosa menos humana y justa.

     Al igual que su patriarca Marx, los neo-marxistas están convencidos de que aquellos que se oponen a su agenda son tradicionalistas estúpidos sin conciencia social y sin ningún respeto por la justicia social. Por lo tanto, la clase de la élite cultural tiene una responsabilidad moral de proteger a las víctimas de la injusticia social —las minorías pobres, raciales y étnicas, feministas, homosexuales, ideólogos políticos izquierdistas radicales, et al.— de la intolerancia y explotación de conservadores trogloditas.

     Además, puesto que su causa es justa, los de la élite cultural están justificados para utilizar cualquier medio necesario para suprimir el disenso y controlar la sociedad y la cultura por el bien común del "pueblo". Por lo tanto, una cierta cantidad de censura es necesaria a fin de suprimir opiniones "políticamente incorrectas" por el interés de una sociedad más equitativa, justa y armoniosa... como la define la élite cultural, por supuesto.

 

TEORÍA DE LA EXPROPIACIÓN Y LA REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

     El marxismo clásico enseñaba que después de la revolución, el proletariado tenía el derecho de expropiar la tierra, las fábricas y otras propiedades de la burguesía. Por supuesto, en las etapas iniciales todos los bienes y los recursos tenían que ser confiscados por el Estado y por "el Partido del Pueblo" (es decir, el Partido Comunista) hasta que la dictadura del proletariado hubiera preparado a las masas para la transición hacia una sociedad comunista pura. Pero al menos teóricamente, un componente esencial de la teoría de la expropiación era la redistribución de la riqueza y el poder a fin de castigar a los ricos por sus pecados y recompensar a las víctimas de la injusticia social. Para reunir apoyo entre las clases obreras para una revolución comunista, Marx pidió "un fuerte impuesto sobre la renta, progresivo o gradual" junto con la "abolición de todos los derechos de herencia". En último término, sin embargo, su objetivo era confiscar la riqueza de los capitalistas y la burguesía y redistribuírlo a las masas, como él señaló en el Manifiesto Comunista:

     "La característica distintiva del Comunismo es... la abolición de la propiedad burguesa... La propiedad privada del moderno burgués es la expresión final y más completa del sistema de producción y apropiación de productos, que está basado en antagonismos de clases, en la explotación de los muchos por los pocos".

     La expropiación y la redistribución de la riqueza son perennemente populares ya que eso apela y le saca partido a la envidia de clase que está presente en prácticamente todas las sociedades a través de toda la Historia. Entre las clases pobres y obreras, siempre ha existido la tendencia a ver al rico y al poderoso con temor y aborrecimiento. En algunas sociedades, por supuesto, el antagonismo de clases está bastante más justificado, pero incluso en las sociedades más libres y abiertas eso siempre será una fuente de confrontación. Considere los comentarios siguientes del organizador Populista Ignatius Donnelly en 1894:

     "Este gobierno fue fundado por hombres sencillos, no por millonarios. Pero ahora tenemos dos partidos formados el uno contra el otro, la aristocracia contra la gente común. Treinta mil familias poseen una mitad de la riqueza de este país, y ellos no tienen ninguna parte en la producción de ella. Ellos la han robado de la actividad y el trabajo duro que ha producido la nación".

     Del mismo modo, el socialista estadounidense Eugene Debs era apasionado para desacreditar la enorme disparidad entre los ingresos y los estilos de vida de ricos y pobres, que él consideraba como innatamente injusta: "Me opongo a un orden social en el cual es posible para un hombre que no hace absolutamente nada que es útil, acumular una fortuna de millones de dólares, mientras millones de hombres y mujeres que trabajan todos los días de sus vidas aseguran apenas lo suficiente para una existencia desgraciada".

     Además, no eran sólo reformadores radicales y socialistas los que expresaron indignación por la disparidad entre la élite privilegiada y las clases obreras comunes. En 1886 el escritor, humorista y comentarista social Samuel Clemens (Mark Twain) escribió: "¿Quiénes son los opresores? Pocos: el rey, los capitalistas y un puñado de otros capataces y superintendentes. ¿Quiénes son los oprimidos? Muchos: las naciones de la Tierra, las personas valiosas, los trabajadores, los que hacen el pan que comen los de manos suaves y ociosas. ¿Por qué es correcto que no haya una división más justa de los recursos en todas partes? Porque las leyes y las Constituciones han ordenado otra cosa. Entonces es lógico que las leyes y las Constituciones deban cambiar y decir que habrá una división más igual".

     En nuestro día, los que imponen la Corrección Política han tomado el clásico tema marxista de la expropiación y la redistribución de la riqueza y lo han convertido en un sistema de despojos racial (y a veces basado en el género) en la educación, el gobierno y en el Estados Unidos corporativo. Una vez que los fanáticos de la Corrección Política se atrincheran en una universidad, una burocracia del gobierno o una corporación, ellos a menudo ponen en práctica un programa de expropiación so pretexto de la "diversidad", y lo imponen por medio de cuotas para minorías. Cuando se inició en los años '70, el concepto de Affirmative Action fue promovido como un medio de compensar injusticias pasadas. En algunos casos había algún mérito en ese intento de "nivelar el campo de juego", pero con el tiempo tales programas simplemente institucionalizan una forma de discriminación inversa. En vez de que el mérito y la capacidad individual sean los factores decisivos en admisiones, contratos y promociones, los criterios primarios ahora son la raza, la pertenencia étnica o el género (y en algunos casos, la preferencia sexual).

 

TOLERANCIA SELECTIVA

     En el marxismo clásico los burgueses eran castigados como "contrarrevolucionarios" y "enemigos del pueblo". Como explotadores viles, ellos no merecían ningún respeto y ningún derecho. Hoy, los marxistas políticamente correctos promueven la diversidad cultural basada en la raza y el género como un método por medio del cual ellos pueden romper la supuesta dominación social y económica de varones Blancos.

     Como se mencionó antes, los izquierdistas se hacen pasar por los campeones de la tolerancia, pero en realidad ellos son sólo selectivamente tolerantes cuando se trata de la verdadera diversidad. Ellos no tienen ningún interés en la diversidad ideológica si eso incluye a cristianos, conservadores sociales o tradicionalistas morales. Ellos justifican su fanatismo e intolerancia del mismo modo que los marxistas siempre lo han hecho. Tal como los partidos comunistas, haciéndose pasar por la voz oficial del "pueblo", proscribieron todos los partidos de oposición ("contrarrevolucionarios"), los marxistas culturales creen que ellos tienen una responsabilidad de erradicar los últimos vestigios de influencia cristiana y dominio masculino Blanco en las instituciones culturales de Estados Unidos.

     Eso explica por qué tantas instituciones tradicionalmente conservadoras finalmente terminan haciéndose liberales con el tiempo. Los conservadores razonables entienden que, debido a la falibilidad de la Humanidad, los valores y las prácticas tradicionales son imperfectos, de manera que ellos tienden a tolerar a la gente cuyas opiniones son más liberales o relativistas. De modo similar, en su escepticismo hacia los valores tradicionales, los liberales tienden a tolerar a aquellos que son más radicales que ellos mismos. Los radicales incondicionales, sin embargo, son ideólogos fundamentalistas de Izquierda. A diferencia de los moderados y de la mayor parte de los conservadores, ellos entienden el principio de la Guerra Cultural. Ellos comprenden que lo que está en juego es una lucha entre dos cosmovisiones incompatibles e irreconciliables. Es por eso que ellos son resueltos e implacablemente hostiles hacia cualquiera más tradicional o conservador que ellos. Con esa mentalidad, es inevitable que con el tiempo las instituciones culturales se inclinen cada vez más hacia la izquierda.

 

POLÍTICA SEXUAL

     En tiempos modernos, uno de los atractivos más fuertes de la ideología izquierdista radical ha sido su promoción de la liberación sexual. Ése era un tema inspirador en la Revolución francesa, y fue presentado muy a la vista en los escritos de Karl Marx y Friedrich Engels. Ambos abogaron por la abolición de la familia tradicional, y en "La Ideología Alemana" (1845) de Marx y en "El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado" (1884) de Engels ellos sostuvieron que el patriarcado masculino tradicional oprimía a las mujeres al considerarlas como propiedad de sus padres y maridos. En el Manifiesto Comunista Marx también pidió la abolición del matrimonio y la abierta "comunidad de las mujeres" (es decir, sexo libre).

     Como se declaró antes, la Corrección Política es esencialmente marxismo cultural, y como una ideología ella se deriva de una cosmovisión naturalista y una filosofía humanística secular. Como Dinesh D'Souza menciona en su libro "What’s So Great about Christianity" (2007), una de las mayores atracciones del naturalismo son sus implicaciones sexuales. Los secularistas y los ideólogos izquierdistas en particular siempre han sabido eso, y D'Souza cita a uno que dice que "Contra el poder de la religión empleamos un poder igual, si no más grande: el poder de las hormonas".

     Desde los años '20 los neo-marxistas han enfatizado el factor "X" [sexual] como parte de su estrategia para la subversión cultural. Al igual que otros radicales sociales antes de ellos, los neo-marxistas sostienen que la sexualidad tradicional y convencional es represiva, y que no debería haber ningún límite en la experimentación y expresión sexual. Un componente clave del Marxismo Cultural, y una astuta estrategia de su parte, ha sido la integración de marxismo y freudismo. Como los freudianos, ellos creen que la moralidad sexual tradicional basada en la Biblia es una fuerza represiva que dificulta la evolución social.

     La psicología freudiana, la Revolución Sexual del siglo XX, y el hedonismo estilo Playboy están arraigados en una cosmovisión naturalista que considera que hombres y mujeres son animales altamente evolucionados. Eso hace problemática cualquier apelación a la "moralidad", ya que "moralidad" llega a ser cualquier cosa que el individuo sienta que es "natural" o que la sociedad juzgue aceptable. En el pasado, la mayoría de las sociedades reprimían el libertinaje sexual porque era considerado irresponsable y resultaba en consecuencias sociales negativas. Pero los propagandistas del sexo del siglo XX han sostenido que la represión de la libido sexual es psicológicamente malsana y por lo tanto peor que el libertinaje sexual. Para los seres humanos propensos al egoísmo y conducidos por impulsos bajos, ésa es una tentación casi irresistible, y ha sido explotada muy eficazmente por radicales culturales que usan la política sexual para socavar la integridad moral de nuestra sociedad y hacer progresar su agenda última.

 

EPÍLOGO: VERDAD Y CONSECUENCIAS

     En cuanto a la ideología de la Corrección Política, es provechoso tener dos puntos en mente:

(1) La mentalidad de lo políticamente correcto tiende a adjudicar valor a la gente según su identidad de grupo, dentro de amplias categorías sociológicas definidas por raza, clase, género, orientación sexual, etc.; y

(2) Las controversias de lo políticamente correcto a menudo implican la supresión de la verdad. Para los ideólogos izquierdistas, ciertas verdades deben ser censuradas y suprimidas porque ellas son "intolerantes", "insensibles", y hieren los sentimientos de la gente. Según esa mentalidad, a ciertos grupos protegidos —por ejemplo, minorías raciales, homosexuales, no cristianos, y mujeres feministas— debe concedérseles un status de exención especial ante la crítica.

     Ahora en primer lugar, poner juntos a esos grupos es ilógico, injustificado, y hasta insultante. Los negros son una raza, el feminismo es una ideología, y el homosexualismo es una cuestión moral o quizá un estilo de vida. Es ilógico e injustificado criticar a la gente debido a su raza o género por la simple razón de que raza y género no tienen nada que ver con sus creencias, valores, carácter o estilo de vida. Por otra parte, el feminismo es una ideología, y es un legítimo objeto para la crítica, como lo es el homosexualismo, el ateísmo, el liberalismo, el conservadurismo, o cualquier otra ideología basadas en creencias.

     Pero bajo el tipo de códigos de lenguaje que los abogados de la Corrección Política procuran imponer, cualquier crítica de cualquiera de esos grupos de status especial es potencialmente una forma de "discurso de odio". Incluso peor es la tendencia a aplicar esa clase de censura totalitaria en el nivel individual. No sólo ciertos grupos son considerados como inmunes ante la crítica, sino incluso individuos dentro de esos grupos son intocables. A la inversa, por supuesto, un doble estándar deplorable es aplicado en el caso del "discurso de odio" que es dirigido hacia las personas Blancas (en particular, los varones Blancos), heterosexuales y cristianos.

     La Corrección Política es tiránica, hipócrita, santurrona, hipersensible y sin sentido del humor. Además, es anti-individuo e irracional. Según las reglas políticamente correctas de enfrentamiento, es insuficiente valorar a los seres humanos según el contenido de su carácter; la gente debe ser aceptada (o rechazada) sobre la base de la categoría de grupo sociológico en la cual ellos calzan. En efecto, eso priva a los individuos de su identidad individual.

 

MARXISMO CULTURAL: ORÍGENES HISTÓRICOS

 

LA MAYOR AMENAZA

     A finales de los años '80 muchos observadores de la cultura fueron alarmados por la aparición de la "Corrección Política" en la enseñanza superior, una forma de imperialismo cultural izquierdista que era firmemente doctrinario e implacablemente intolerante de todas las opiniones contrarias. La misma clase de ideólogos izquierdistas radicales que provocaron el Movimiento de Libre Expresión en Berkeley en 1964 y protestaron contra la "conformidad" en la sociedad estadounidense y la carencia de diversidad intelectual en la enseñanza superior, estaba firmemente atrincherada ahora en la academia, donde ellos se comprometieron a la restricción de la libre expresión y al control del comportamiento de una nueva generación de estudiantes. La ironía es asombrosa, por decir lo menos.

     Muchos de aquellos que ocuparon edificios de administración y cerraron recintos universitarios en los años '60 no son menos radicales hoy, salvo que ahora ellos tienen posiciones claves en la academia como administradores, decanos y profesores de planta. Ahora que ellos y sus colegas ideológicos controlan la enseñanza superior, de vez en cuando ellos son sorprendentemente sinceros en cuanto a su agenda. Uno de los más influyentes es Henry Louis Gates, un ex-profesor de literatura en Duke (y ahora en Harvard), quien comentó en 1991: "La nuestra fue la generación que tomó el control de edificios a finales de los años '60 y exigió la creación de programas de estudios sobre negros y mujeres, y ahora, como el retorno de lo reprimido [concepto de Freud], hemos vuelto para desafiar el plan de estudios tradicional" [Citado en D’Souza, "Illiberal Education", en The Atlantic Monthly, Marzo de 1991, p. 56].

     Ampliando este tema, Gates identificó "una coalición de arco iris de negros, izquierdistas, feministas, desconstruccionistas y marxistas" que se ha infiltrado en la academia y está ahora "lista para tomar el control". Eso no tomará mucho tiempo, predijo él. "A medida que la vieja guardia se retira, nosotros estaremos a cargo. Entonces, por supuesto, ¡las universidades se harán más liberales políticamente" [Ibíd., p. 71]. Aquí hay un testimonio similar de Jay Purini, un profesor de inglés en el Middlebury College:

     "Después de la Guerra de Vietnam, muchos de nosotros no retrocedimos simplemente a nuestros cubículos de biblioteca; asumimos posiciones académicas. Con la guerra acabada, nuestra visibilidad se perdió, y pareció durante un tiempo —para los no observadores— que nosotros habíamos desaparecido. Ahora tenemos una contratación fija, y el duro trabajo de reformar las universidades ha comenzado de verdad" [Ibíd., p. 57].

     Académicos como Annette Kolodny, una ex-radical de Berkeley y ahora decana de la facultad de Humanidades en la Universidad de Arizona, son a menudo completamente abiertos en cuanto a su agenda. Según Kolodny, "veo mi conocimiento académico como una extensión de mi activismo político". Típico de esa mentalidad es Frederick Jameson de la Universidad de Duke, quien describe su misión académica como la creación de "una cultura marxista en este país, hacer del marxismo una presencia inevitable en la vida social, cultural e intelectual estadounidense; en suma, formar una intelectualidad marxista para las luchas del futuro". El desconstruccionista J. Hillis Miller es aún más expansivo, afirmando que su objetivo es nada menos que "demoler más allá de la esperanza de reparación la máquina de la metafísica occidental".

     Thomas Sowell, un antiguo miembro de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, está convencido de que la mayor amenaza para la civilización occidental viene no de la China comunista o del yihadismo islámico o de cualquier otra amenaza externa, sino desde dentro, específicamente, de los medios de comunicación de la élite y dentro de nuestras propias universidades. En los comentarios siguientes, Sowell hace la pregunta de si puede la civilización occidental sobrevivir al ataque de sus propios intelectuales:

     "La civilización occidental ha sobrevivido a las invasiones de Gengis Kan desde el Este, del Imperio Otomano desde el Sur, y dos guerras mundiales que se originaron desde dentro. Pero si ella sobrevivirá a sus propios intelectuales, es mucho más dudoso.

     "El frente de batalla está en todas partes, pero especialmente donde los jóvenes están siendo enseñados, desde la escuela primaria a la universidad. Los pecados de la raza humana les están siendo enseñados como las depravaciones especiales de Estados Unidos o de la civilización occidental.

     "A los pensadores profundos les gusta hablar de cosas tales como la opresión de las mujeres en la sociedad occidental, cuando de hecho las mujeres han tenido una posición muy inferior en las culturas islámicas (...) y los bebés femeninos a menudo eran rutinariamente muertos en algunas partes de Asia. Fue una nación occidental —Gran Bretaña— la que acabó con la incineración de viudas vivas en las piras de entierro de sus maridos en India.

     "La esclavitud es por supuesto la carta de triunfo de los críticos de la civilización occidental. Pero el hecho trágico es que esa abominación ha existido en cada continente habitado por el hombre... La esclavitud existió tanto en América del Norte como en Sudamérica antes de que el primer Blanco pusiera el pie en el Hemisferio Occidental...

     "Fue precisamente en Occidente —principalmente en Inglaterra— que se desarrolló una repugnancia moral contra la esclavitud y un movimiento para acabar con ella en todas partes a finales del siglo XVIII.

     "Groseros dobles estándares al juzgar las culturas occidentales y no occidentales se han hecho tan triviales entre los intelectuales, que pocos parecen seguir notando aquello... Aquellos que habitualmente usan tales dobles estándares (...) son alguna de la gente más afortunada y mimada en la sociedad occidental, incluyendo a intelectuales de los medios de comunicación altamente pagados, e incluso académicos con horarios livianos y numerosas gratificaciones. Por qué ellos deberían estar entre los críticos más venenosos de Occidente —y los más ciegamente unilaterales— es sin duda una historia larga y compleja. Sin embargo, los niños mimados rara vez se han destacado por su gratitud" [Tomas Sowell, "Will Western Civilization Survive Intellectuals’ Attack?", Marietta Daily Journal, 4 de Oct. de 1987, p. 2D].

 

EL MARXISMO Y LA GRAN GUERRA (1914-1918)

     Karl Marx predijo que cuando la siguiente gran guerra europea hiciera erupción, la conciencia de clase prevalecería por sobre la lealtad nacionalista. Según él lo previó, las clases obreras a través de Europa se levantarían y se rebelarían contra sus explotadores capitalistas y los políticos burgueses que controlaban a esos gobiernos. Según Marx, la guerra era ciertamente inevitable porque, por su misma naturaleza, las naciones capitalistas están constantemente compitiendo por el control de materias primas vitales y recursos naturales que alimentan sus fábricas industriales. Sin embargo, una vez que el conflicto viniera, la solidaridad social del proletariado reemplazaría a cualquier sentimiento patriótico residual que ellos sintieran. Por lo tanto, por ejemplo, los trabajadores pobres y oprimidos en Gran Bretaña y Francia sentirían un mayor sentido de comunidad con sus homólogos de Alemania que con sus propias élites de clase alta.

     La largamente esperada Gran Guerra finalmente estalló en 1914, pero para consternación de los socialistas de Europa, las masas de trabajadores se unieron y lucharon por sus países como ellos siempre lo habían hecho en el pasado. Pero Marx estaba en lo correcto con respecto a una cosa: tal como él había predicho, la guerra fue un desastre absoluto para la civilización europea ya que destruyó la frágil estabilidad política, social y económica del continente junto con la mayor parte de lo que quedaba de cualquier influencia cristiana residual.

     Un propagandista marxista que capitalizó la crisis fue el bolchevique ruso Vladimir Ilich "Lenin" (1870-1924). Al principio del conflicto Lenin escribió "Socialismo y Guerra", en el cual él declaró: "La guerra no puede ser abolida a menos que las clases sean abolidas y el socialismo sea creado". A la inversa, él sostuvo que las guerras civiles generadas por las clases —"guerras emprendidas por la clase oprimida contra la clase opresora"— eran "legítimas, progresistas y necesarias". Ése era el contexto en el cual él proclamó su famosa máxima: "Conviertan la guerra imperialista [la Primera Guerra Mundial] en guerra civil" [la Revolución bolchevique]. Lenin fue no sólo un revolucionario rabioso sino también un evangelista marxista doctrinario. Como él exhortó a sus compañeros bolcheviques en "Socialismo y Guerra", "expliquen a las masas que ellas no tienen ningún otro camino a la salvación excepto el derrocamiento revolucionario de sus gobiernos".

     La gran ironía fue que al comenzar el siglo XX la mayor parte de los europeos estaban optimistas en cuanto a sus perspectivas para el futuro. Europa y gran parte del resto del mundo parecían estar al borde de una nueva edad de paz, progreso y prosperidad sin precedentes. La democracia y la autodeterminación fueron aclamadas como la ola del futuro y la solución a rivalidades y disputas nacionalistas tradicionales, y el concepto de gobierno constitucional se hizo más universalmente aceptado que nunca antes. El capitalismo, la industrialización y las nuevas invenciones y tecnologías estaban produciendo una serie enorme de productos y servicios innovadores, todos los cuales estaban contribuyendo a niveles de vida más altos para las masas. Muchas naciones decretaban leyes de trabajo progresistas para proteger los derechos de los trabajadores, del mismo modo que ponían en práctica programas de redes de protección de asistencia social en beneficio de indigentes y enfermos mentales. Además, con el establecimiento del Tribunal Permanente de Arbitraje (en efecto, el primer "Tribunal Mundial") autorizado por la Conferencia de Paz de la Haya de 1899, la guerra en gran escala pareció una cosa del pasado.

     El académico y periodista Norman Angell (1872-1967) ejemplificó el espíritu de la época. No haciendo caso de la realidad de la naturaleza humana, Angell estaba convencido de que el sentido común y la razón hacían de la guerra algo impensable. En su muy vendido libro The Great Illusion (1910) él sostuvo que las naciones se habían hecho tan financiera y económicamente interdependientes que las espadas serían inevitablemente convertidas en rejas de arado. Después de todo, ¿por qué alguna nación sería tan tonta como para involucrarse en una guerra abierta cuando era obvio que tanto vencedores como vencidos sufrirían consecuencias tan devastadoras? Por lo tanto, él predijo que Europa y el resto del mundo industrializado nunca cometerían un error otra vez en un conflicto principal como las guerras napoleónicas que habían devastado el Continente un siglo antes. Comprando el popular paradigma darwinista social del día, Angell escribió que la guerra "pertenece a una etapa de desarrollo que ya hemos pasado", y él dudó de que la Humanidad, "en obediencia ciega a instintos primitivos y viejos prejuicios, esclavizada por éstos, iría siempre de nuevo a la guerra".

     [Nota: Aunque Angell se equivocó sistemáticamente sobre casi todo, él fue sin embargo una fuerza influyente en asuntos europeos durante casi 30 años. Tanto antes como después de la Gran Guerra él fue uno de los activistas de paz británicos más enérgicos, y en los años de entreguerras (1919-1939) él fue un diputado del Partido Laborista y sirvió en el Comité Ejecutivo de la Sociedad de Naciones. En 1933, el mismo año que Hitler subió al poder en Alemania, a Angell le fue concedido el Premio Nóbel de la Paz. En el curso de su carrera él escribió 41 libros en los cuales siguió sosteniendo que la guerra era anticuada, todo en medio del más sangriento y más destructivo medio siglo en la historia humana].

     Todo ese optimismo ingenuo aparte, había otras personas, bastante más perspicaces, que advirtieron de una "Europa naufragada", una civilización atrapada en un progreso científico y tecnológico y un éxito materialista, pero carente de la clase de moral y valores espirituales que mitigan los conflictos humanos. Con respecto a eso, el destino del "Inhundible Titanic" en su viaje inaugural sirve como una metáfora apropiada para los horrores que esperaban a la civilización europea en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

     Friedrich Nietzsche fue bastante más perspicaz que la mayor parte de los intelectuales de entonces. Nietzsche era un cínico y un apóstol del nihilismo cuyo mensaje principal era la "muerte de Dios". Su punto, por supuesto, no era que hubo alguna vez un Dios real (literal): más bien, la idea misma de Dios como el Árbitro Moral Soberano del Universo y aquel ante quien toda la Humanidad era responsable era lo que estaba muriendo en los círculos intelectuales europeos hacia finales del siglo XIX. Ahora, con el avance de la ciencia (o, para ser más exactos, el culto del cientismo), el concepto de Dios estaba pasado de moda. Dios ya no era una causa explicativa necesaria para el mundo material natural, que es la única realidad que existe.

     Según Nietzsche, la creencia en Dios ya no mueve a la imaginación humana o gobierna cómo la gente vive sus vidas. Perspicazmente, él entendió que la "muerte de Dios" tenía ciertas consecuencias inevitables, y que las ramificaciones socio-políticas de dicha muerte eran extremas. Si no hay ningún Dios, no hay ningún estándar absoluto para lo que es Verdadero, Bueno y Hermoso. Llevaría tiempo el que la palabra se filtrara hasta las masas, pero finalmente las Malas Noticias de la muerte de Dios lo cambiarían todo. Una cultura no puede perder su centro filosófico y moral y sobrevivir mucho tiempo. Inevitablemente, habría un quiebre total en la sociedad humana en cada nivel, individualmente así como para la familia, la comunidad, la sociedad y la cultura. Con el colapso de todos los límites morales, la Humanidad sería libre de perseguir "la deificación de la pasión" y la "espléndida animalidad". La consecuencia última, como él advirtió en 1880, era que una catastrófica "Edad de Barbarie" descendería sobre Europa: "Nuestra cultura europea entera se mueve durante algún tiempo hasta ahora con una torturada tensión que crece de década en década, como hacia una catástrofe... Habrá guerras como nunca han sucedido en la Tierra".

     Nietzsche también predijo el ascenso del totalitarismo. La muerte de Dios deja a los seres humanos demasiado débiles para vivir sin reglas, e inevitablemente el Estado —el "Nuevo Ídolo"— sería establecido como un sustituto de lo Absoluto, forzando a la gente a servirlo a él más bien que a Dios. Comprensiblemente, Nietzsche tenía poco respeto por filósofos como Hegel y Marx, que teorizaban que había algún propósito más alto o último en la Historia. Igualmente, él descartó a los Románticos como el historiador cultural suizo Jacob Burckhardt, quien buscaba el sentido de la vida a través de la estética, la veneración del arte, la música y la belleza. Pero él era particularmente despectivo de aquellos humanistas seculares optimistas que predecían un futuro brillante y mejor para la Humanidad en un mundo post-cristiano. Como nota el crítico social cristiano Os Guinness:

     «Los humanistas afirmaban que ellos podrían retener valores cristianos [como la dignidad inherente del hombre y una base objetiva para la justicia] y darles una validez independiente de Dios. Pero Nietzsche descartó eso como imposible ya que la fe cristiana era el soporte entero de toda la civilización occidental, no sólo de sus creencias religiosas sino también de sus valores sociales y su visión fundamental de la naturaleza humana. Su diagnóstico no era el progreso sino un tiempo de decadencia cuya lógica es el nihilismo. Allí permanece sólo el vacío... Para aquellos que no afrontarían el extremo desesperado de la verdad expuesta a ellos, él tenía solamente desprecio. Nietzsche estuvo de acuerdo con Burckhardt en odiar a "los charlatanes detestables del optimismo progresista" y vio sólo el horror del abismo» [Os Guinness, The Dust of Death, 1994, p. 37].

     Irónicamente, Nietzsche entendió las consecuencias de la "muerte de Dios" y la erosión de la influencia cristiana en la civilización occidental mucho mejor que la mayor parte de la intelectualidad de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Prósperos, progresistas, optimistas, y generalmente post-cristianos, pocos europeos imaginaron el cataclismo que le esperaba al Continente. Una vez que el conflicto comenzó, los propagandistas le dieron bombo publicitario a ello como "la guerra para terminar todas las guerras" y, en Estados Unidos, como "la guerra para hacer al mundo seguro para la democracia". De hecho, aquella guerra fue un desastre absoluto. Como el Papa Benedicto XV (1914-1922) más tarde observó, "Esta guerra fue el suicidio de Europa".

     Con la erosión de la influencia cristiana vino el desencadenamiento no sólo de impulsos agresivos encerrados, sino el colapso de la cordura moral y el sentido común. En su ensayo "Sarajevo: The End of Innocence" el historiador Edmund Stillman reflexiona sobre la causa de la mayor guerra en la historia humana hasta aquel tiempo, y la carencia aparente de cualquier factor causal racional:

     «¿Pero por qué la irracionalidad de la guerra que siguió, las desatinadas diplomacias y los proyectos imprudentes que hicieron inevitable el desastre una vez que las hostilidades estallaron? Es todo tan absurdo: grandes y aplastantes consecuencias sin causas proporcionadas. Cuando el infierno... se terminó por fin, los destruídos sobrevivientes se hicieron la misma pregunta, procurando entender la terrible cosa que había ocurrido. Haber soportado el infierno sin una razón justificadora, ser obligado a admitir que una guerra de tal terror y alcance había sido sólo una ciega y despreocupada locura, era intolerable. Era más fácil pensar en ella como una causa indigna o injusta que como un chiste horroroso y titánico en la Historia.

     «Después del acontecimiento Winston Churchill escribió: "Pero había un extraño estado de ánimo en el aire. Insatisfechas por la prosperidad material, las naciones [de Europa] se volvieron agitadamente hacia la lucha... Uno casi podría pensar que el mundo deseaba sufrir". Sin embargo, si esta opinión hubiera sido extensamente aceptada, habría sido un juicio sobre la naturaleza humana demasiado terrible de soportar. Y así surgió una nueva mitología de la guerra, una mitología de posguerra de cinismo materialista casi tan manipulada como las ficciones de propaganda de guerra... Ella abrazaba los mitos de los fabricantes de municiones que habían ideado una guerra que ellos eran, de hecho, incapaces de controlar; de diplomacias maquiavélicas e imperialistas; de una carrera armamentista siempre aumentando en espiral, cuando de hecho la carrera naval entre Inglaterra y Alemania había, si es que algo, disminuído un poco hacia 1914.

     «Pero ninguna causa única o combinación de tales causas explicarán la Primera Guerra Mundial. Ni los alemanes, ni los austríacos, los rusos, los franceses, los italianos ni los británicos fueron a la guerra para realizar una gran ambición, para conquistar Europa, o el mundo, o para promover una ideología. Ellos no buscaban siquiera el dominio económico por medio de la guerra. La verdad sombría es que la civilización occidental, durante cien años sin una guerra principal y absorta en una revolución social y tecnológica —progreso, en suma— se volvió contra sí misma en un paroxismo de matanza» [Emund Stillman, "Sarajevo: The End of Innocence", en William L. Langer, ed., Perspectives in Western Civilization, 1972, pp. 218-219].

     Puntuando la tesis de Stillman, Richard Miller, en su libro "Bohemia: The Protoculture Then and Now", describe el "torrente de acontecimientos" y el "karma de violencia" que para siempre interrumpió la paz y la tranquilidad de Europa durante esos años traumáticos:

     «Al principio, la mayor parte de los soldados creía que ellos estaban luchando por la civilización, la paz y la libertad; más tarde, ellos lucharon simplemente por la supervivencia. Hacia Noviembre de 1918, 60 millones de ellos, algunos llevando agotadoras hebillas de cinturón que decían Gott mit Uns (Dios con Nosotros), otros con ornamentos de gorra con colores brillantes que decían Dieu et Mon Droit (Dios y Mi Derecho), y todavía otros que seguían la bandera de Libertad, Igualdad y Fraternidad, se habían acuchillado y disparado y apuñalado y bombardeado unos a otros hasta que casi 10 millones yacían muertos y 21 millones habían sido heridos. La juventud europea —la mejor— y con ello el futuro europeo, había sido físicamente exterminada o mentalmente transformada. La mayoría de los jóvenes idealistas estaban muertos. Entre los sobrevivientes, destrozados o enteros, la tierna cualidad idealista del alma había sido cauterizada y sacada su costra...

     «Nada podría ser de nuevo otra vez como había sido. Agosto de 1914 liberó un torrente de acontecimientos que nos trae silencio y un karma de violencia todavía no reparado. Una generación había sido perdida; un capital enorme había sido malgastado. Los estadounidenses solos gastaron bastante dinero como para haber construído una buena nueva casa con un garaje y un Ford T para cada familia en el país...

     «Para millones, Dios, y con Él las tradiciones cristianas, yacía pudriéndose junto a Sus sirvientes muertos en Francia del Norte, Polonia, los Alpes italianos... No sólo Dios estaba muerto, sino que el Hombre también» [Richard Miller, Bohemia: The Protoculture Then and Now, 1977, pp. 127-128].

     Como Stillman y Mller observaron, el estrago moral y espiritual causado por la Gran Guerra era incalculable, un tema que el novelista Erich Maria Remarque abordó en su clásico pacifista All Quiet on the Western Front:

      "Para nosotros muchachos de 18 años, [nuestros mayores] deberían haber sido mediadores y guías hacia el mundo de la madurez, el mundo del trabajo, del deber, de la cultura, del progreso... hacia el futuro. A menudo nos reíamos de ellos y les hacíamos bromas, pero en nuestros corazones confiábamos en ellos. La idea de autoridad, que ellos representaban, estaba asociada en nuestras mentes con una mayor perspicacia y una sabiduría más varonil. Pero la primera muerte que vimos [en el campo de batalla] rompió esa creencia. Tuvimos que reconocer que nuestra generación era más confiable que la de ellos. Ellos nos superaban sólo en retórica inteligente. El primer bombardeo nos mostró nuestro error. Y bajo ello, el mundo como ellos lo habían enseñado a nosotros se hizo pedazos" [Erich Maria Remarque, Sin Novedad en el Frente, 1928, pp. 16-17].

 

REVOLUCIONES ABORTADAS EN ALEMANIA

     Como consecuencia de la Gran Guerra dos revoluciones comunistas independientes en Alemania amenazaron con derrocar la recién establecida República de Weimar. En Berlín, el Levantamiento Espartaquista hizo erupción en Enero de 1919, menos de tres meses después del final oficial de la guerra. Aunque la rebelión no fuera al principio orquestada por el Partido Comunista, rápidamente se asoció con la Liga Espartaquista, una organización marxista conducida por Rosa Luxemburg y Karl Liebnecht. Luxemburg era una judía polaca y una marxista radical, y era una activista apasionada, carismática y organizadora. Antes de la guerra ella fue encarcelada tres veces por protestar contra el militarismo e imperialismo alemán, y en medio del conflicto ella co-fundó la Liga Espartaquista junto con Liebnecht. A medida que la guerra se prolongaba, el gobierno del Káiser se puso menos tolerante de los disidentes, y tanto Luxemburg como Liebnecht fueron encarcelados durante los últimos dos años y medio del conflicto por actividades traicioneras.

     En Enero de 1919 una huelga general de trabajadores inundó las calles de Berlín con protestantes, y las manifestaciones rápidamente se convirtieron en batallas callejeras entre militantes y el gobierno de Weimar. Una vez que la violencia hizo erupción y la sangre fue derramada, a la rebelión se unieron varios grupos izquierdistas como el Partido Socialdemócrata Independiente (USPD), la Liga Espartaquista, y el Partido Comunista de Alemania (KPD). El gobierno respondió llamando a un regimiento de milicia de primera, los Freikorps, para reprimir el levantamiento, y durante un período de cuatro días cientos de protestantes fueron muertos. En algún punto en el tumulto, tanto Luxemburg como Liebnecht fueron detenidos y sumariamente ejecutados.

     Mientras tanto, una segunda revolución estaba ocurriendo en Baviera bajo la dirección del político y periodista [judío] marxista Kurt Eisner. Al igual que Luxemburg y Liebnecht, Eisner había sido encarcelado durante la guerra acusado de traición. Tras su liberación de la prisión cerca del final de la guerra, él organizó una revolución en Baviera que derrocó a la monarquía, y él y sus partidarios declararon a Baviera un Estado libre. Una coalición de comunistas y socialistas eligió a Eisner como el Primer Ministro de la República Socialista bávara, pero en Enero de 1919 su partido fue derrotado en las urnas. Un mes más tarde, cuando iba camino a presentar su dimisión al Parlamento bávaro, Eisner fue asesinado.

     Con el fracaso del Levantamiento Espartaquista y la caída de la República Socialista bávara, el comunismo falló en su esfuerzo para hacerse con el poder político en Alemania. A lo largo de los años '20 el Partido Comunista alemán permaneció como una fuerza potente, pero finalmente su archirrival, el Partido Nacionalsocialista, prevaleció cuando la incompetente y corrupta República de Weimar finalmente colapsó en 1933.

 

LA REPÚBLICA SOVIÉTICA DE HUNGRÍA

     La revolución comunista más exitosa en Europa después de la Primera Guerra Mundial ocurrió en Hungría bajo el mando de Bela Kun (1886-1938). Kun nació en Transilvania, una provincia en el Imperio Austro-Húngaro de entonces. (Después de la guerra, Transilvania fue incorporada en la nueva nación de Rumania). El padre de Kun era un judío no practicante y su madre una Protestante nominal, y cuando joven él se identificó con el Partido Socialdemócrata húngaro.

     Kun trabajó como un periodista investigador antes de la Primera Guerra Mundial, y él más tarde luchó en el ejército austro-húngaro. Capturado por tropas rusas en 1916, él se convirtió al comunismo en un campo de prisioneros de guerra. Después de la Revolución bolchevique y la firma del Tratado de Brest-Litovsk que terminó la participación de Rusia en la guerra, Kun sirvió en el Ejército Rojo durante los primeros meses de la Guerra Civil rusa.

     Cuando la Primera Guerra Mundial oficialmente terminó en Noviembre de 1918, Kun volvió a Hungría junto con otros varios cientos de comunistas húngaros. Inmediatamente, él y sus compañeros fundaron el Partido Comunista Húngaro y lanzaron una importante campaña de propaganda contra el gobierno. Como la mayor parte de Europa, Hungría fue devastada económica y socialmente por la guerra. La inflación estaba fuera de control, junto con el desempleo masivo y una carencia de vivienda, comida y combustible. Kun, un orador apasionado e intenso y un talentoso organizador, organizó una serie de huelgas y demostraciones de protesta hasta que él fue detenido como un agitador comunista y arrojado en prisión en Febrero de 1919.

     En medio de toda esa confusión, el ejército húngaro luchaba contra un movimiento de independencia rumano que era apoyado por los Aliados occidentales. Cuando los Aliados amenazaron con intervenir en Hungría en favor de los rumanos, el gobierno socialdemócrata húngaro, desesperado por conseguir potenciales aliados, tendió la mano a la URSS. Ya que se sabía que Kun tenía el apoyo de Lenin, los socialdemócratas entablaron negociaciones con éste incluso mientras Kun estaba todavía en prisión. La Socialdemocracia concordó formar una coalición con los comunistas, y en un extraño giro de los acontecimientos, Kun fue liberado de la prisión y prontamente juró como el Comisario para Asuntos Exteriores en la nueva República soviética de Hungría.

     Como el funcionario dominante en el gobierno, Kun se movió rápidamente para solidificar su base de poder. En una carta a Lenin, él se jactó de que "Mi influencia personal en el Consejo de Gobierno Revolucionario es tal que la dictadura del proletariado está firmemente establecida, ya que las masas me apoyan". En realidad, Kun era aún más radical que Lenin y los bolcheviques, y bajo su dirección el soviet húngaro nacionalizó la mayoría de la propiedad privada y convirtió toda la tierra agrícola en granjas colectivas más bien que distribuír la tierra a los campesinos. Entonces, puesto que nadie en el gobierno ni entre los campesinos tenía alguna experiencia en el manejo de granjas grandes, ellos terminaron reteniendo a los antiguos dueños de tierras como administradores. Así, en efecto, nada realmente cambió para las masas rurales.

     El gobierno húngaro era más doctrinario que competente, y en breve tiempo llevó a la economía más aún a la depresión. La inflación y la cesantía siguieron aumentando mientras la producción agrícola e industrial cayó a plomo hasta nuevos niveles. Para controlar el disenso, Kun organizó una policía secreta que orquestó una campaña de "Terror Rojo".

     En Rusia, los bolcheviques estaban enfocados en sus propios problemas internos, de modo que ellos nunca intervinieron en la guerra de Hungría con los rumanos. Con apoyo occidental, los militares rumanos invadieron Hungría en el verano de 1919, tomaron Budapest, y obligaron al gobierno húngaro a capitular. El efímero régimen comunista de Kun había durado sólo 133 días.

     La carrera política de Kun no terminó con la caída del régimen soviético en Hungría. Inicialmente, él huyó a Viena, pero fue encarcelado por el gobierno durante casi un año antes de ser liberado en un intercambio de presos con Rusia en Julio de 1920. Con el patrocinio de Lenin, él se convirtió en un funcionario en el Partido Comunista, y mientras servía en Crimea él, según se informa, ordenó un genocidio de masas contra miles de minorías étnicas en esa área. Además, él fue responsable de la ejecución de decenas de miles de prisioneros de guerra rusos blancos a quienes se le había prometido la amnistía si ellos se rendían. Como un aliado político de Grigory Zinoviev, líder de la Internacional Comunista (alias la Comintern), Kun se convirtió en un dignatario dentro de dicha organización. En 1921 él fue enviado a Alemania como un diplomático soviético, pero falló en su misión de provocar un levantamiento comunista contra el gobierno de Weimar. Más tarde, él trabajó como un agente de la Comintern en Austria y Checoslovaquia. Kun tenía una personalidad desagradable, y constantemente se peleaba con otros líderes comunistas. Durante la purga de Stalin de los antiguos bolcheviques a finales de los años '30, Kun fue detenido, acusado de ser un trotskista, encarcelado y ejecutado, probablemente en 1938.

 

LA RUSIA BOLCHEVIQUE

     Sorprendentemente, el único lugar donde una revolución comunista realmente tuvo éxito a largo plazo fue en Rusia, una nación que Marx nunca habría esperado. Rusia era un país improbable para una revolución comunista ya que era una de las naciones más atrasadas en Europa y escasamente se había industrializado o siquiera convertido al capitalismo. Pero bajo el mando de Vladimir Ilich Lenin (1870-1924) los bolcheviques se hicieron con el poder en la Revolución de Octubre de 1917. Una vez con el control ellos firmaron el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania el 3 de Marzo de 1918, que efectivamente sacó a Rusia de la guerra. Eso permitió que los bolcheviques comenzaran el largo proceso de consolidar su control sobre toda Rusia.

     Aquella era una tarea ardua ya que los comunistas encontraron una fiera oposición. La anarquía prevaleció puesto que había un caos generalizado en las ciudades y en los campos con decenas de miles de campesinos armados, muchos de los cuales eran veteranos de guerra, que vagaban por el campo, saqueando, desvalijando, apoderándose de tierras y matando a cualquiera que se interpusiera en su camino. Para eliminar a todos los "enemigos del Estado" Lenin designó a León Trotsky (1879-1940) como jefe del Ejército Rojo y le encargó que le rompiera la espalda a cualquier y todo movimiento de resistencia y oposición en todo el país.

     Durante más de tres años los bolcheviques lucharon contra una variedad de facciones rebeldes. Sus opositores principales eran varios ejércitos "Blancos", monárquicos conservadores que eran leales al Zar y al antiguo régimen. Teóricamente, los Blancos deberían haber sido capaces de derrotar a los Rojos, pero las rivalidades internas dentro de sus propias filas debilitaron su posición y ellos finalmente fueron derrotados. Un enemigo mucho más pequeño pero tenaz eran los Revolucionarios Socialistas, una débil coalición de anarquistas violentos que consideraban a los bolcheviques demasiado moderados. En su tentativa de derrocar al gobierno, dichos revolucionarios recurrieron al terrorismo y a asesinatos, e incluso lograron balear a Lenin en 1918. Además, equipos paramilitares locales llamados los "Verdes" recorrían los campos, trabándose en escaramuzas tanto con los Rojos como con los Blancos.

     La cantidad de víctimas en la Guerra Civil rusa fue catastrófica, realmente más alta que la de la Primera Guerra Mundial. Aproximadamente un millón de personas resultaron muertas en batallas y escaramuzas, casi tres millones murieron de hambre, y otros seis millones fueron víctimas de una importante epidemia de cólera.

     En medio de la Guerra Civil, Rusia fue invadida por fuerzas militares Aliadas en 1918. Al principio, tropas de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia aterrizaron en Rusia para proteger las armas Aliadas que estaban siendo almacenadas en Murmansk y Arcángel y evitar que cayeran en manos alemanas. Una vez en Rusia, sin embargo, los Aliados confabularon con varios contingentes del ejército Blanco que intentaban derrocar a los bolcheviques. En la posterior propaganda comunista, la Intervención Aliada fue descrita como un acto de agresión imperialista y como un intento de las potencias occidentales de derrocar al gobierno "legítimo" de la URSS [4].

[4] Un análisis realizado por Kerry Bolton acerca de la participación estadounidense en Rusia en 1918-1920 puede verse en  http://editorial-streicher.blogspot.com/2016/12/la-intervencion-de-eeuu-en-rusia-1918.html

     Obviamente, los Aliados tenían solamente desprecio para el régimen bolchevique que había negociado unilateralmente con los alemanes, sacado a Rusia de la guerra, y roto todos los tratados que el gobierno del Zar tenía con Occidente. Los Aliados esperaban ver el colapso del régimen comunista y consideraban probable que sería sustituído por un gobierno amistoso, pero cuando la tarea resultó ser demasiado difícil, el apoyo a la Intervención Aliada disminuyó y las tropas fueron removidas. Treinta años más tarde, Winston Churchill comentaría que uno de los mayores errores del siglo XX había sido "el fracaso en estrangular al bolchevismo en su cuna".

     Lenin y sus compañeros fueron absolutamente despiadados cuando ellos convirtieron Rusia en el primer Estado totalitario en la Historia moderna de acuerdo con el concepto de Marx de Dictadura del Proletariado. Oficialmente ateos y negando cualquier estándar moral y ético que pudiera atenuar su tiranía, los comunistas impusieron una dictadura sobre el pueblo ruso que no tenía paralelo en su alcance y profundidad de depravación. En la búsqueda de su utópica visión de "igualdad" y "justicia social", los bolcheviques eran tan fanáticos y dogmáticos como cualquier fanático religioso en la Historia. En aquel respecto, ellos racionalizaron que el fin justificaba los medios o, como Lenin declaró, "Ni un solo problema de la lucha de clases ha sido solucionado alguna vez en la Historia excepto por la violencia... Usted no puede hacer una tortilla sin romper huevos". Comentando sobre el diabólico relativismo moral y la retorcida lógica inherente en la ideología bolchevique, el filósofo judío ruso Semyon Frank observó:

     «Sacrificándose él mismo [Lenin] por esta idea, él no vacila en sacrificar a otra gente a favor de ella. Entre sus contemporáneos él ve simplemente o a las víctimas del mal del mundo con que él sueña con erradicar, o a los autores de aquel mal... Ese sentimiento de odio hacia los "enemigos del pueblo" forma el fundamento psicológico concreto y activo de su vida. Así el gran amor a la Humanidad del futuro da a luz a un gran odio hacia la gente; la pasión para organizar un paraíso terrenal se convierte en una pasión por la destrucción» [Citado en Michael Burleigh, Sacred Causes: The Clash of Religion and Politics from the Great War to the War on Terror, 2007, p. 39].

     Muchos liberales y socialistas occidentales, inicialmente apoyadores de la Revolución bolchevique en teoría, quedaron impresionados una vez que ellos comprendieron cuán cruel y sádico realmente era el régimen de Lenin. Uno de ésos era el filósofo socialista británico Bertrand Russell, que acompañó a una delegación de funcionarios del Partido Laborista en una visita a la URSS en 1920. Horrorizado por lo que presenció, Russell más tarde escribió: "Sentí que todo lo que yo valoraba en la vida humana estaba siendo destruído en interés de una filosofía charlatana y estrecha, y que en ese proceso estaba siendo infligida una miseria incalculable sobre muchos millones de personas" [Ibíd.].

     Atribuyendo el ascenso del comunismo en Rusia a los efectos catastróficos de la Gran Guerra y al colapso del cristianismo tradicional, Russell prosiguió: "La guerra ha dejado en todas partes de Europa un estado de ánimo de desilusión y desesperación que pide a gritos una nueva religión, como la única fuerza capaz de dar a los hombres la energía para vivir vigorosamente. El bolchevismo ha suministrado la nueva religión. Promete cosas gloriosas" [Ibíd.].

     Una vez que los bolcheviques habían establecido su control sobre los principales centros de población y habían eliminado o al menos neutralizado a su oposición principal, Lenin se preparó para "exportar la revolución" invadiendo Europa. Retrospectivamente, el plan parece absurdo, pero en los meses que siguieron al final de la Primera Guerra Mundial la mayor parte de Europa estaba en el caos completo. Lenin siempre había sido un estratega arrogante y audaz, y él calculó que Europa estaba madura para la conquista. El plan era encender una serie de revoluciones comunistas en todas partes de Europa del Este y conectarlas con los comunistas en Alemania.

     Como un marxista doctrinario, Lenin estaba convencido de que el comunismo era un proceso histórico inevitable que no podía ser contenido dentro de un solo país como Rusia. Él creía que finalmente se extendería a través del mundo entero, y que la supervivencia del comunismo en la URSS dependía del derrocamiento de gobiernos capitalistas poco amistosos. Como él dijo, "Mientras el capitalismo y el socialismo existan, no podemos vivir en paz. Al final uno u otro triunfará". Ayudado por sus aduladores simpatizantes en el Oeste —socialistas y liberales a quienes Lenin se refiría como "tontos útiles" de los bolcheviques— él estaba confiado en que una democracia occidental tras otra se rendirían al comunismo hasta que finalmente Estados Unidos caería en sus manos "como una fruta madura".

     Una parte integral de la estrategia global de los bolcheviques era el establecimiento de la Tercera Internacional Comunista (o Comintern), fundada en Moscú en 1919. Temiendo que el régimen bolchevique en Rusia sufriera el mismo destino que la Comuna de París después de la guerra franco-prusiana, el objetivo de la Comintern era coordinar la exportación de la revolución por medio de la organización de grupos (células) comunistas dentro de los países-objetivo "por todos los medios disponibles, incluyendo la fuerza armada, para el derrocamiento de la burguesía internacional y para la creación de una república soviética internacional como una etapa de transición hacia la abolición completa del Estado". En efecto, los diversos partidos comunistas funcionarían como una subversiva quinta-columna detrás de las líneas enemigas. Para tal efecto la Internacional Comunista produjo en serie propaganda para la distribución masiva junto con secretas notas internas instruyendo a los partidos comunistas extranjeros para que tomaran de los bolcheviques su ideología, organización y estrategias. Ya que la Vieja Europa había colapsado y una variedad de grupos izquierdistas competían por influencia y poder, gran parte de la propaganda de la Comintern fue apuntada a partidos socialistas rivales. Así, aunque en teoría era una organización internacional, la Internacional Comunista era de hecho un órgano de propaganda del régimen bolchevique de Rusia.

     Para Lenin, el primer paso en la exportación de la revolución era conquistar Polonia, que había recobrado recientemente su independencia nacional según los términos de los tratados que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial. Pero los límites del Este de Polonia estaban mal definidos, y las tropas polacas y rusas habían estado luchando en Ucrania desde antes del final de la guerra. Lenin pensó que Polonia era el puente hacia Europa Central y Occidental, y la ruta más directa a Berlín y París pasaba a través de Varsovia. En 1919 Trotsky condujo al Ejército Rojo hacia Polonia, pero sufrió una derrota aplastante en la Batalla de Varsovia (conocida también como la Batalla del Vístula) en Agosto de 1920. Posteriormente, las fuerzas polacas forzaron a los rusos a retirarse más lejos hacia el Este, asegurando la independencia de Polonia y estabilizando sus fronteras del Este.–

 

 

Segunda Parte

https://editorial-streicher.blogspot.com/2021/11/sobre-marxismo-cultural-y-correccion_9.html

 

 

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