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sábado, 30 de octubre de 2021

Laurent Guyénot - Acerca de la Veneración de los Antepasados

 

     El interesante investigador francés Laurent Guyénot, de quien hemos presentado varios escritos, publicó hace una semana en unz.com el siguiente ensayo (Bring Out Your Dead... Back on the Family Altar) que presentamos aquí traducido y que viene al caso ante la proximidad del Día de los Difuntos. El autor, partiendo de la veneración a los ancestros que existe de manera normal en diversas partes del Lejano Oriente, examina lo sucedido en la historia de Occidente, donde la nefasta Iglesia cristiana desde sus inicios se esforzó siempre por cortarle al hombre todos sus lazos religiosos con sus fallecidos predecesores, siendo su último gran empuje durante el Concilio Vaticano II. Observa Guyénot además la desventaja occidental en este respecto frente a los invasores de los países Blancos.

Ponga a Sus Muertos de Vuelta en el Altar Familiar

por Laurent Guyénot

22 de Octubre de 2021

 

 

UNA LECCIÓN DESDE ASIA

     Los asiáticos no muestran ningún signo de un deseo colectivo de muerte. Ellos están generalmente orgullosos de su pertenencia étnica y nacionalidad. Eso tiene mucho que ver con su actitud general hacia sus antepasados. La adoración de los antepasados es una parte esencial de las tradiciones asiáticas, y aunque haya retrocedido en las grandes ciudades, todavía es extensamente practicada. Los antropólogos prefieren hablar de "veneración de los ancestros"; los muertos no son deificados pero se les muestra respeto y gratitud, y se espera que dirijan y protejan a los vivos, o que los reprendan cuando ellos hacen mal. Honrar a los antepasados es considerado no sólo una costumbre religiosa sino un deber moral, porque aquello es una extensión de la piedad filial, que es vista unánimemente en Oriente como el fundamento de la moralidad: vuestra piedad filial significa que usted hereda la piedad filial de vuestros padres, etc.

     En China, a pesar de décadas de adoctrinamiento comunista, la veneración de los antepasados es todavía muy común. Ella encuentra apoyo en las doctrinas de Confucio, que enfatizan la piedad filial y el respeto por los antepasados (aunque Confucio tuvo poco que decir sobre la existencia de espíritus). La gente participa en ofrendas rituales a los muertos independientemente de sus otras afiliaciones religiosas. Los católicos permanecen poco dispuestos, a pesar de que en 1939 la Iglesia se retractó de su prohibición oficial pronunciada en 1707, fingiendo que la veneración de los antepasados no era religiosa después de todo y era por lo tanto tolerada.

     La veneración de los antepasados es uno de los elementos que componen la identidad cultural de Vietnam. Sin importar si ellos se identifican como budistas, cristianos u otra cosa, casi cada familia vietnamita, rica o pobre, tiene un altar para los antepasados en su casa. En todas partes en el Oriente, pero en Vietnam más que en cualquier otro sitio, el amor a los antepasados y el amor a la nación están orgánicamente unidos, porque los antepasados son aquellos que construyeron la nación y protegieron su integridad territorial a lo largo de los siglos.

     Los servicios rituales para los antepasados tienen una rica y larga historia en Corea, y ellos son todavía una parte importante de la vida de pueblo tradicional. Esos rituales, a veces referidos como Jesa, son practicados a lo largo del año, para los ancestros hasta la quinta generación. Algunos católicos participan en ritos ancestrales, pero los Protestantes evangélicos no lo hacen. Muchos coreanos de vez en cuando se involucran en el chamanismo, que en gran parte trata con conflictos entre los vivos y los muertos (buenos y malos). Incluso en Corea del Norte, según estimaciones recientes, el 16% de la población total cree en el chamanismo.

     En Japón, a pesar de la criminalización post-2ªGM de las tradiciones nacionales, la mayoría de las personas mantiene un grado de veneración hacia sus muertos, incluso si ellos afirman no tener ninguna religión. Nobushige Hozumi, quien escribió para los occidentales un libro titulado Ancestor-Worship and Japanese Law en 1901 [1], disipa el prejuicio occidental de que los antepasados son adorados por temor. El amor, no el temor, es el fundamento antropológico de la adoración de los ancestros. Aquello es simplemente una continuación de los lazos familiares.

[1] https://archive.org/details/ancestorworshipj00hozurich

     Hasta finales del siglo XIX había tres niveles de adoración de antepasados en Japón, explica Hozumi: familia, clan y nación. Cada familia honra a sus propios antepasados, aquellos a quienes recuerdan directa o indirectamente, de tres o cuatro generaciones pasadas o a veces más. Los muertos son honrados individualmente en los aniversarios de su muerte, pero también colectivamente en ciertas fechas festivales, que son ocasiones para reencuentros de familia. Los monjes budistas o los sacerdotes sintoístas pueden intervenir en algunos ritos, dependiendo de la familia.

     Tradicionalmente, "Cada clan tiene un dios del clan o Uji-gami, el cual es el epónimo de aquella comunidad particular". Como cada clan ocupaba un cierto territorio, los ancestros del clan tendían a fusionarse con las deidades tutelares. El principal lugar sagrado del clan era también el lugar sagrado de la deidad patrona de la tierra. La adoración de los antepasados del clan era la más importante hasta el siglo XIX, porque la unidad original de la sociedad japonesa no era la familia sino el clan, siendo cada clan legalmente representado por su jefe. "La adoración de antepasados comunes, y las ceremonias relacionadas con aquello, mantenían la impresión de una descendencia común entre grandes números de parientes ampliamente dispersos que estaban tan separados unos de otros que ellos, sin ese vínculo, no habrían tenido comunicación familiar".

     A nivel nacional había un culto al linaje imperial. Eso no era un culto al Emperador sino más bien la participación de la nación en el propio culto del Emperador a sus antepasados, en la mítica presuposición de que los antepasados imperiales son los ancestros de la nación entera. Ese culto nacional estaba también asociado a una forma de monoteísmo, ya que Amaterasu O-Mikami, la "Gran Diosa de la Luz Suprema" era considerada como el antepasado primordial, la madre del primer Emperador. Ella es representada por el sol que una vez irradió en la bandera japonesa.

     No tengo ningún conocimiento especial en la antropología asiática, pero pienso que no hay ningún debate sobre el hecho de que la veneración de los antepasados es una tradición que ha persistido hasta este día a través de todo el Oriente, a pesar del asalto de la modernidad y la influencia cultural del individualismo occidental. Habiendo conocido una familia japonesa íntimamente durante veinticinco años, he tenido la oportunidad de observar que incluso el japonés urbano occidentalizado mantiene un sentido mucho más fuerte de lealtad y endeudamiento hacia sus padres y antepasados que el europeo promedio. Me parece que aquello es parte de su configuración mental. Si eso afecta los estándares éticos de acuerdo a los cuales ellos generalmente actúan dentro de su familia, su comunidad y su nación, es algo que apenas necesita ser demostrado.

     ¿Somos nosotros, europeos, fundamentalmente diferentes? ¿Está nuestro cerebro, por alguna razón evolutiva, integrado de manera diferente y es simplemente incapaz de funcionar en ese modo holístico, transgeneracional? La Historia claramente nos informa que eso no es así.

 

¿DÓNDE SE HAN IDO TODOS NUESTROS ANTEPASADOS?

     Un gran libro de antropología histórica acerca de los arios —o indoeuropeos, si usted prefiere— es The Aryan Household, Its Structure and its Development, de William Hearn (1879). "En el mundo arcaico", escribe él, "la sociedad implicaba una unión religiosa. (...) La comunidad de adoración era, en efecto, el modo por el cual, en tiempos tempranos, los hombres eran juntados y mantenidos juntos. (...) La comida común preparada sobre el altar era el signo visible externo de la comunión espiritual entre la divinidad y sus adoradores" [2].

[2] William Hearn, The Aryan Household, Its Structure and Its Development, 1879, pp. 26-29.  https://archive.org/details/aryanhouseholdit00hear

     La asociación religiosa más fundamental para los arios siempre ha sido la familia, abarcando a los vivos y a los muertos. El culto a los muertos estructuró la sociedad desde el nivel de la familia hacia arriba. Eso ha persistido mucho tiempo después de la cristianización. Triin Laidoner escribe en Ancestor Worship and the Elite in Late Iron Age Scandinavia (2020):

    "El hecho de que las leyes de los siglos XIII y XIV a menudo mencionan los sacrificios y ofrendas en túmulos de tumbas y que los ancestros eran claramente la columna vertebral del orden social y de las normas económicas y legales muestra que las tradiciones relativas a los antepasados estaban tan profundamente establecidas en la Escandinavia temprana que ellas sobrevivieron mucho después de la conversión al cristianismo, e incluso en la época moderna".

     La adoración a los ancestros no era sólo una religión doméstica, porque se extendía a los cultos públicos de grandes hombres, aquellos que los griegos llamaron héroes. Lewis Richard Farnell definió al héroe como "una persona cuya virtud, influencia o personalidad eran tan poderosas durante su vida o por las circunstancias peculiares de su muerte, que su espíritu después de la muerte es considerado como de un poder sobrenatural, reclamando ser venerado y propiciado" [3]. No había ninguna separación clara entre los muertos domésticos y los héroes adorados en un nivel más público [4].

[3] Lewis Richard Farnell, Greek Hero Cults and Ideas of Immortality, 1921. Otra importante obra clásica sobre el tema es de Erwin Rohde, Psyche: The Cult of Souls and the Belief in Immortality among the Greeks, 1925.

[4] Martin P. Nilsson, Greek Popular Religion, Columbia UP, 1940. Nilsson muestra que los héroes eran los protagonistas de historias de fantasmas, tal como otros muertos. Más recientemente, Carla Antonaccio, en An Archaeology of Ancestors: Tomb Cult and Hero Cult in Early Greece, 1995, ha mostrado que hacia el tiempo en que los Evangelios fueron escritos, Grecia estaba "saturada con héroes" (p. 1).

     De hecho, no había ninguna frontera entre el reino de los dioses y el reino de los muertos. Según el gran historiador islandés Snorri Sturluson (1179-1241), el dios del Norte Freyr era originalmente un rey sueco adorado después de su muerte debido a los beneficios que él siguió otorgando a su pueblo. Cuando Freyr murió, fue colocado en su túmulo pero se afirmó que él estaba todavía vivo, de manera que los suecos lo tuvieron en cuenta y le llevaron ofrendas. Como las cosechas fueron buenas durante tres años después de su muerte, los suecos hicieron de él el dios del mundo y lo adoraron por las buenas cosechas y la paz (Sturluson, Historia de los Reyes de Noruega, I, 10).

     La escuela del siglo XIX de Mitología Comparativa solía interpretar tales historias como casos de hombres que inventan un origen humano para sus dioses (un proceso que ellos llamaron evemerismo, aunque eso sea lo exactamente opuesto de lo que Evémero sugirió en el siglo IV a.C.). Pero la antropología histórica ahora adopta la antigua teoría que ve la conversión de los "grandes muertos" en dioses como una tendencia general entre todos los pueblos.

     Hay incluso un amplio espectro de argumentos en favor de la aceptada teoría de que la cultura se desarrolló a partir de ritos funerales [5]. Es para sus muertos que los hombres construyeron sus primeras viviendas de piedra [6]. Fue para inmortalizar a sus muertos que ellos formaron sus primeras imágenes [7], contaron sus primeras historias épicas y sus mitos del otro mundo [8] o representaron su primer drama [9].

[5] Jan Assmann, Mort et Au-Delà dans l’Égypte Ancienne, 2003.

[6] Pierre Deffontaines, Géographie et Religions, 1948.

[7] Hans Belting, Pour une Anthropologie des Images, 2004.

[8] Frands Herschend, "Material Metaphors. Some Late Iron Age and Viking Examples", en Margaret Clunies Ross, ed., Old Norse Myths, Literature and Society, University Press of Southern Denmark, 2003, pp. 40-65.

[9] Máscaras de la muerte eran usadas para hacer hablar a los muertos, como era todavía reportado acerca de los funerales de César por Apiano de Alejandría (2.146-147).  https://www.livius.org/sources/content/appian/appian-caesars-funeral/

     La teoría de que la veneración de los antepasados es la raíz primaria de la religión había sido defendida por Numa Denis Fustel de Coulanges en su obra maestra "La Ciudad Antigua. Un Estudio de la Religión, Leyes, e Instituciones de Grecia y Roma", publicada en 1864: "Esta religión de los muertos parece ser la más antigua que ha existido entre esta raza de hombres. Antes de que los hombres tuvieran cualquier noción de Indra o de Zeus, ellos adoraban a los muertos". Entre los antiguos griegos y romanos la familia era la institución religiosa primaria:

    "La generación establecía un misterioso vínculo entre el niño, que nacía a la vida, y todos los dioses de la familia. En realidad, esos dioses eran su familia; ellos eran de su sangre. El niño, por lo tanto, recibía en su nacimiento el derecho de adorarlos, y ofrecerles sacrificios; y más tarde, cuando la muerte lo hubiera deificado, él también sería contado, a su vez, entre esos dioses de la familia. Pero debemos notar esta particularidad: que la religión doméstica era transmitida sólo de varón a varón...

 

    "Fuera de la casa, cerca y a mano, en un campo vecino, hay una tumba, la segunda casa de esta familia. Allí varias generaciones de antepasados reposan juntos; la muerte no los ha separado. Ellos permanecen agrupados en esa segunda existencia, y siguen formando una familia indisoluble. Entre la parte viva y la parte muerta de la familia hay sólo esa distancia de unos cuantos pasos que separa la casa de la tumba. Durante ciertos días, que son determinados para cada uno por su religión doméstica, los vivos se reúnen cerca de sus ancestros; ellos les ofrecen la comida funeral, derraman leche y vino para ellos, presentan pasteles y frutas, o queman la carne de una víctima para ellos. A cambio de esos ofrecimientos ellos piden protección; ellos llaman a esos antepasados sus dioses, y les piden que hagan fértiles los campos, próspera la casa, y virtuosos sus corazones".

     Hay una obvia conexión entre ocuparse de los antepasados propios y la esperanza para una feliz vida futura, porque cada uno espera ser bienvenido por sus antepasados tras dejar este mundo. Eso era representado en las procesiones funerales romanas, donde era acostumbrado llevar la imagen del recién difunto; desde el mausoleo de la familia las imágenes de los miembros de familia muertos iban para encontrarlo a mitad de camino, para darle la bienvenida, y acompañarlo hasta la tumba de familia.

     Por cuanto cada hombre esperaba que sus descendientes varones aseguraran a sus manes paz y felicidad, "cada familia debe perpetuarse para siempre. Era necesario para los muertos que los descendientes no murieran. (...) Cada uno, por lo tanto, tenía un interés en dejar un hijo después de él, convencido de que su felicidad inmortal dependía de ello. Ello era incluso un deber hacia aquellos antepasados cuya felicidad no podría durar más de lo que la familia duraba". Otra consecuencia era el aborrecimiento del adulterio. "Porque la primera regla de la adoración consistía en que el fuego sagrado debería ser transmitido de padre a hijo, y el adulterio perturbaba el orden de nacimiento... el hijo nacido de adulterio era un forastero. Si él fuera sepultado en la tumba, todos los principios de la religión serían violados, la adoración profanada, el fuego sagrado se haría impuro; cada ofrenda en la tumba se convertía en un acto de impiedad... y no había más divina felicidad para los antepasados".

     Por otra parte, por cuanto "la familia antigua era una asociación religiosa más bien que una asociación natural", era posible ser integrado en la familia por el ritual religioso. Por eso "la esposa era contada en la familia sólo después de que la ceremonia sagrada del matrimonio la había iniciado en la adoración". Del mismo modo, "un hijo adoptivo era contado como un verdadero hijo, porque, aunque él no tuviera los lazos de sangre, tenía algo mejor: una comunidad de adoración". Incluso el esclavo se hacía parte de la familia por medio de una ceremonia que "tenía una cierta analogía con aquellas del matrimonio y la adopción. Eso indudablemente significaba que el recién llegado, un extraño el día antes, debería ser de ahí en adelante un miembro de la familia, y tomaba parte en su religión. (...) Es por eso que el esclavo era sepultado en el lugar de entierro de la familia".

     En conclusión, la adoración de los ancestros era central en las tradiciones griegas y romanas, así como en las germánicas y célticas. ¿Por qué entonces es el culto a los muertos tan extraño a nosotros, su posteridad? ¿Por qué nuestra sacralización del individuo parece como una imagen invertida de los holísticos valores de sangre de nuestros antepasados distantes? Habiendo establecido que los indoeuropeos una vez eran adoradores de antepasados, tal como los asiáticos, necesitamos entender por qué y cómo, a diferencia de los asiáticos, hubimos abandonado completamente lo que una vez constituyó la sustancia de nuestro tejido social. ¿Qué fue lo que ocurrió?

 

EL DIOS QUE HABLA VERSUS EL MUERTO QUE CAMINA

     Redbad (o Radbod) fue el rey de Frisia desde alrededor del año 680 hasta su muerte en 719. Él es considerado el último gobernante independiente de Frisia antes de la dominación de los Francos. Según una leyenda primero registrada en la Vida del misionero franco Wulfram [10], Redbad había sido persuadido para aceptar el bautismo católico, y había puesto ya un pie en la fuente bautismal, cuando él lo pensó de nuevo y preguntó a Wulfram: "¿Me uniré a mis antepasados en el más allá?". Wulfram sin rodeos le dijo que eso era totalmente imposible, ya que sus antepasados, no habiendo sido bautizados, estaban todos en el Infierno, mientras que Redbad se uniría a las filas de los benditos en el Cielo. Redbad entonces retrajo su pie y declaró que él prefería estar con sus antepasados en el Infierno a pasar la eternidad en el Cielo con un grupo de mendigos santos. Poco después de la muerte de Redbad, sin embargo, los frisones fueron derrotados y bautizados, y ya no se oyó más de su independencia nacional.

[10] https://thijsporck.com/2018/06/20/redbad/

     Esa historia ilustra el choque cultural que el cristianismo significó para nuestros antepasados paganos. El problema no fue la introducción de un nuevo culto, sobre todo dado que el ritual de compartir pan y vino en honor de un héroe deificado no era particularmente exótico. Habría estado bien si los misioneros se hubieran atenido al principio de Jesús de que "en la casa de mi Padre hay muchos lugares de residencia", uno de ellos siendo especialmente preparado por Jesús para aquellos que lo aman (Juan 14:2-4). Pero un redactor hizo a Jesús contradecirse a sí mismo añadiendo: "Nadie puede venir al Padre excepto a través de mí" (14:6), y el cristianismo actuó bajo aquella regla. Ése es el culto de un dios celoso, la misma divinidad "teo-clástica" que habló en la Torá [11]. La conversión al cristianismo significó la destrucción de todos los otros cultos, y en particular la cortadura de los lazos que unían a los indoeuropeos con sus antepasados.

[11] La expresión es de Jan Assmann, Of God and Gods: Egypt, Israel, and the Rise of Monotheism, University of Wisconsin Press, 2008.

     La conmoción había llegado a los romanos hacia el año 390, cuando el nacido fenicio Teodosio [12], habiendo tomado el control del Oeste después de su misterioso ascenso en el Este, publicó una ley completa que prohibía todos los cultos no-cristianos, excepto el de los judíos. A los oficiales y magistrados del palacio imperial se les prohibió honrar a sus Lares con fuego, a sus Genios con vino, o a sus Penates con incienso. Es difícil imaginar una política más agresiva contra la vida orgánica de los Gentiles, y es difícil entender cómo la élite romana se sometió a ello, antes de imponérsela al pueblo. La sociedad romana debe haber estado muy corrompida y muy degenerada para haber sucumbido a ese golpe de Estado cripto-judío, similar a como los franceses hoy se someten al forzado bautismo de la vacuna trinitaria (las tres dosis de Pfizer).

[12] Teodosio nació y fue criado en la Hispania Carthaginensis, donde su padre (que murió en Cartago) era un poderoso terrateniente. Los fenicios ibéricos son probablemente los ancestros de los judíos sefardíes.

     Por supuesto, la gente corriente continuó durante mucho tiempo rezando a sus antepasados en sus casas. Dichas personas eran mencionadas como pagani, es decir gentes de los pagos o distritos rurales, campesinos.

     Pero el asalto continuó. En particular, "el cristianismo hizo una ruptura muy clara de las creencias y costumbres que habían prevalecido en la sociedad antigua en cuanto a los difuntos", explica el medievalista Michel Lauwers. Agustín, otro cartaginés, compuso alrededor de 422 un tratado "Acerca del Cuidado de los Muertos" (De cura pro mortuis gerenda) para afirmar que los ritos funerarios tradicionales eran inútiles, y que incluso el lugar y la manera en la cual los muertos eran sepultados eran irrelevantes: "Los fieles no pierden nada si son privados del entierro, tal como los incrédulos no gana nada recibiéndolo". En otro tratado, el Enquiridión, él lamentó que los cristianos persistieran en adorar a sus muertos, a veces con banquetes ostentosos, pero concedió que los funerales cristianos son un "consuelo" para los vivos [13].

[13] Michel Lauwers, La Mémoire des Ancêtres. Le Souci des Morts. Morts, Rites et Société au Moyen Âge (Diocèse de Liège, XIe-XIIIe Siècles), 1997, p. 79.

     Y así, más bien que tratar de erradicar la adoración de los ancestros, la Iglesia se esforzó por establecer su propio monopolio como el único mediador para las ofrendas de la gente a sus muertos: a los cristianos se les dijo que ellos podrían contribuír a la salvación de los difuntos pagando por misas, o dando limosnas que la Iglesia entregaría a los necesitados. La idea de que los vivos podrían ayudar a aliviar los sufrimientos de los muertos corrientes dio origen a la doctrina del Purgatorio y a una importante fuente de ingresos para la Iglesia [14].

[14] Dominique Iogna-Prat, Ordonner et Exclure. Cluny et la Société Chrétienne Face à l'Hérésie, au Judaïsme et à l'Islam, 1998, pp. 1000-1150.

     Aunque los vivos podían, mediante la intercesión exclusiva de la Iglesia, ayudar a sus muertos sufrientes, lo inverso no era verdadero. Sólo los santos, los "muertos muy especiales" que habían sido oficialmente admitidos en el Cielo, podían otorgar bendiciones sobre los vivos, pero no sobre sus propios descendientes, ya que, al haber sido castos, ellos no tenían ninguno. Los muertos comunes y corrientes, consumidos por el dolor, no podían hacer nada por sus parientes mortales, y cualquier signo que alguien pudiera recibir de ellos era en realidad un truco del diablo, dijo la Iglesia. Todos los ritos, las historias o las creencias que no eran parte del libro de texto clerical fueron proscritos y lentamente retirados hacia el folklore de criaturas de hadas, en maneras que he documentado en mi libro "La Mort Féerique" (basado en mi tesis doctoral en antropología medieval) [15]. Erosionando considerablemente los lazos de solidaridad entre los muertos y los vivos, el catolicismo gradualmente transformó la "muerte solidaria" en "muerte solitaria", en palabras de Philippe Ariès [16].

[15] Laurent Guyénot, La Mort Féerique. Anthropologie du Merveilleux (XIIe – XVe Siècle), 2011.

[16] Philippe Ariès, L’Homme devant la Mort, tomo 1: Le Temps des Gisants, 1977.

     Además, la doctrina del pecado original, una piedra angular del cristianismo establecida por Pablo, implica que nuestra genealogía biológica está infectada, y que tenemos que ser limpiados de ello naciendo otra vez "por la sangre de Cristo", mediante el bautismo (Efesios 2:11-13). De esta manera, nuestros antepasados fueron declarados nuestros enemigos, de quienes Jesús nos salvó. El propio énfasis de Jesús en la salvación personal realmente viene con una fuerte hostilidad hacia los lazos de sangre: "Cualquiera que viene a mí sin odiar a padre, madre, esposa, niños, hermanos, hermanas, sí, y su propia vida también, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:26) [17].

[17] Ésta es una radicalización de Mateo 10:37: "El que ama a padre o a madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí".

     Aplicando esa orden al pie de la letra, los santos o la hagiografía cristiana cortaron sus lazos familiares y renunciaron a toda responsabilidad mundana y posesiones. Una de las obras más conocidas de la literatura a lo largo de la Edad Media era la Vida de San Antonio, el padre del monacato. Antonio nació de padres ricos. Después de oír durante la misa el texto de Mateo 19:21 ("Si quieres ser perfecto, anda y vende lo que tienes y dalo a los pobres; y ven y sígueme y tendrás tesoro en el cielo"), él "salió inmediatamente de la iglesia, y dio las posesiones de sus ancestros a los aldeanos", vendió el resto y dio el dinero a los pobres, y consignó a su hermana a un convento. Entonces él se fue al desierto y vivió solo durante el resto de su vida.

     Por supuesto, hombres santos que viven vidas ascéticas solitarias existen en países no-cristianos, siendo India un buen ejemplo. Pero Louis Dumont, un estudioso de esa cultura, ha mostrado que el cristianismo se diferencia de las tradiciones indias de un modo fundamental: los indios admiten y aprueban que algunos individuos abandonen su existencia social para buscar la iluminación, en tanto tales individuos no desafíen el orden social y su dinámica holística, sino que permanezcan como las excepciones que confirman la regla. El cristianismo, según Dumont, ha trastornado aquel equilibrio civilizacional declarando que la santidad es la única vida perfecta, el único camino directo al Cielo, y que la salvación de este mundo es la vocación de cada cristiano. Por cuanto ve la salvación como una búsqueda individual, la purificación de pecados personales, el cristianismo puso el fundamento para el moderno individualismo occidental [18].

[18] Louis Dumont, Essays on Individualism: Modern Ideology in Anthropo­logical Perspective, University of Chicago Press, 1992, pp. 23-59.

     Los santos que murieron pasivamente por su credo sustituyeron a los héroes que murieron luchando por sus comunidades. El debilitante poder del cristianismo no dejó de ser notado por los romanos paganos quienes, después del saqueo de Roma por los visigodos de Alarico en 410, culparon a los cristianos de haber atraído una maldición sobre Roma al prohibir el viejo culto de los dioses penates. Agustín escribió "La Ciudad de Dios" como una respuesta a esa acusación. Su primer punto es que la miseria sufrida por los romanos era una bendición que los puso más cerca de Dios. En cuanto a las vírgenes que fueron violadas, su alma no fue contaminada, a menos que ellas hubieran experimentado algún placer, de modo que ningún daño les fue hecho (lib. I, cap. 10). Edward Gibbon ha repetido la opinión de romanos paganos de que los cristianos, con sus ojos enfocados en la Ciudad de Dios, causaron la caída del Imperio romano:

    "Esa desconsideración indolente, o incluso criminal, por el bienestar público, los expuso al desprecio y los reproches de los paganos que muy frecuentemente preguntaban cuál debía ser el destino del Imperio, atacado en cada lado por los bárbaros, si toda la Humanidad llegara a adoptar los sentimientos pusilánimes de la nueva secta. A esa insultante pregunta los apologistas cristianos devolvieron respuestas obscuras y ambiguas, ya que ellos eran reacios a revelar la causa secreta de su seguridad: la expectativa de que, antes de que la conversión de la Humanidad fuera llevada a cabo, la guerra, el gobierno, el Imperio romano, y el mundo mismo, ya no existirían más" [19].

 

[19] Edward Gibbon, The History of the Decline and Fall of the Roman Empire, vol. I, cap. XV, parte 5.

 

EL FINAL DEL PAGANISMO CATÓLICO

     Puede ser que la historia de Redbad sea irrelevante hoy, ya que el cristianismo es ahora la religión de nuestros antepasados europeos hasta veinte generaciones o más. Es verdad que la Iglesia Católica había encarnado la identidad europea durante más de un milenio, y en 1920 Hilaire Belloc todavía podía proclamar que "la Iglesia es Europa, y Europa es la Iglesia" (Europa y la Fe, 1920). Pero el catolicismo de mis abuelos tenía poco en común con el catolicismo de hoy. El primero se diferenciaba de este último tal como un cuerpo vivo de carne y sangre se diferencia de un esqueleto.

     La carne era, realmente, en gran parte pagana [20]. En realidad, la tesis de que el exclusivismo cristiano destruyó las tradiciones rituales europeas debe ser atenuada por una antítesis: ese mismo exclusivismo era, en la práctica, un inclusivismo hasta cierto punto. La Iglesia abrazó las tradiciones que ella no podía sofocar. Así, James Russel escribe sobre La Germanización del Cristianismo Medieval Temprano [21], y también podemos hablar de "celtización" en Irlanda y Bretaña. El culto de la Madre Virgen es una apropiación cristiana de cultos más antiguos. Parece que la adoración de los antepasados no fue muy afectada por la cristianización antes de la Reforma Gregoriana: la arqueología mortuoria en la Galia muestra que, del siglo V al VIII, los muertos eran sepultados con ropas, joyería, restos animales, cerámica, monedas y armamento [22].

[20] Bernadette Filotas, Pagan Survivals: Superstitions and Popular Cultures in Early Medieval Pastoral Literature, Toronto, 2005.

[21] James C. Russel, The Germanization of Early Medieval Christianity: A Sociohistoric Approach to Religious Transformation, Oxford University Press, 1994, p. vi.

[22] Bonnie Effros, Merovingian Mortuary Archaeology and the Making of the Early Middle Ages, University of California Press, 2003.

     Ese paganismo disfrazado, que era posiblemente la mejor parte del catolicismo, sobrevivió hasta los años '50, cuando el 80% de la población de Francia todavía vivía en comunidades de pueblo. El Concilio Vaticano II declaró la guerra contra el paganismo católico, tal como la Reforma lo había hecho antes. Desde entonces comenzó el colapso de la práctica religiosa, y con ello la disolución de la parroquia de pueblo. Por supuesto, el Vaticano II no fue el único factor; los tractores dejaron la ayuda mutua como menos esencial, y los pesticidas resultaron ser más eficientes que el agua bendita. Pero fue dicho concilio el que privó a la gente campesina de defensas espirituales contra los estragos de la modernidad.

     Una nueva generación de sacerdotes cultos, de extracción pequeño-burguesa, apuntó a las costumbres populares rurales como "vestigios del paganismo". ¡No más ritos agrarios de bendecir semillas y cosechas! El catolicismo dejó de ser "la religión de los santos", celebrados en rezos, peregrinaciones y festivales. Muchas estatuas fueron removidas de los ábsides donde ellas estaban. Los santos, desde luego, eran una pálida imitación de héroes paganos, pero el culto de sus reliquias se diferenciaba poco y cumplía el mismo objetivo [23].

[23] A pesar de lo que Peter Brown afirmó en The Cult of the Saints, muchos santos locales en Europa eran héroes o deidades anteriores al cristianismo con una nueva biografía.

     Lo milagroso fue desaprobado. María, la receptora favorecida de oraciones populares, cuya adoración estaba tan arraigada que la Notre-Dame de Aquí nunca fue confundida con la Notre-Dame de Otra Parte, fue minimizada, y la piedad mariana se hizo sospechosa de impureza. "Que el fiel recuerde", comunicó Paulo VI en Noviembre de 1964, "que la verdadera devoción no consiste en un movimiento estéril y efímero de sentimentalismo, ni tampoco en una vana credulidad". Durante el siglo, el icono de la Madre de Dios había sido la figura reconocida de la maternidad, y las políticas natalistas siempre habían sido capaces de contar con María como un aliado seguro. El índice de natalidad cayó junto con la asistencia a la iglesia después del Vaticano II (nuevamente, no el único factor).

     El sentimiento religioso fue racionalizado. El catolicismo popular festivo de antaño tenía poco contenido dogmático. Pero ahora que la misteriosa neblina del latín fue disipada, se requirió que la gente que había sido educada en escuelas seculares declarara cada domingo que ellos creían literalmente que Jesús nació de una virgen y resucitó después de la muerte. La recitación del Credo en idioma vernáculo fue, pienso, uno de los peores golpes para el catolicismo: a los hombres de honor no les gusta que se les pida que mientan, sobre todo ante Dios [24].

[24] Aquí tomo de Patrick Buisson, La Fin d’un Monde, 2001. Buisson escribe, p. 228: "La opción de la Iglesia en favor de una lucha implacable contra las supersticiones en último término fomentó las des-cristianización al des-encarnar la vida religiosa, privándola de aquello que la hace una expresión de lo sensible y lo sentimental, una persistencia de estructuras mentales arcaicas".

     Es ilógico, sin embargo, ver al Concilio Vaticano II como una traición contra el cristianismo. Los clérigos que condujeron dicho concilio eran los dignos herederos de los Padres de la Iglesia, aquellos intelectuales urbanos infatuados por la última manía e intención judía de destruír, al estilo bíblico, todos los dioses falsos de los Gentiles. El Vaticano II fue simplemente el último asalto contra las tradiciones religiosas europeas. La Iglesia limpió todo lo que hasta entonces había mantenido de la "veneración de los muertos", lo cual no era mucho, pero mejor que nada.

     Ahora que los europeos ya no son más agradecidos hacia sus muertos, la piedad filial en sí misma es anticuada —incluso ridiculizada—, las uniones matrimoniales ya no son asunto de los padres, la procreación es "mi cuerpo, mi opción", y los ancianos, no teniendo nada que esperar más allá de la tumba, ya no quieren morir, prefiriendo prolongar su soledad con una inyección periódica de sangre joven. Los niños tienen sólo el Día de la Madre para expresar ritualmente la piedad filial. Añadiendo vinagre a la herida, la Víspera de todos los Santos (Halloween), aquella parodia satánica del antiguo festival celta de los muertos, profana ahora hasta nuestro católico Día de los Muertos.

     Nuestro instinto singénico [*] y en realidad nuestra sustancia antropológica entera, han sido erosionados por dos mil años de "salvación" cristiana, con su cóctel mortal de individualismo y universalismo. Sólo la gente cuya mente ha sido adoctrinada por el cristianismo durante muchas generaciones puede ser hecha tan vulnerable como nosotros lo somos a la acusación de "racismo", hasta el punto de dar la bienvenida a invasores hostiles en nombre de principios morales universalistas, y no atrevernos a denunciarlos cuando ellos violan a nuestros niños. Nosotros debemos perdonar.

[*] Syngenic en inglés significa "genéticamente idéntico" o "suficientemente idéntico o similar", término empleado en medicina para referirse a transplantes compatibles. El autor diría entonces "Nuestro instinto de identidad (o identificación) genética". NdelT.

     Si, como nuestros antepasados distantes creyeron y como los asiáticos todavía creen, la conmemoración ritual de generaciones pasadas es la clave para construír familias, comunidades y naciones con un alma, entonces es altamente significativo que nosotros, europeos occidentales, tengamos ahora el más débil vínculo ancestral en el mundo, mientras nuestros enemigos mortales tienen uno incomparablemente fuerte, que se remonta a cien generaciones.

 

LA CULTURA SEMÍTICA DE CLAN

     En el judaísmo, a diferencia del cristianismo, la exclusividad del culto significa pureza racial. Como Kevin MacDonald señala, "Adorar a otros dioses es como tener relaciones sexuales con un extranjero, un punto de vista que tiene perfecto sentido al suponer que el dios israelita representa el fondo genético israelita racialmente puro" [25]. Incluso para judíos comprometidos no-religiosos, no hay ninguna orden más alta que la endogamia. El matrimonio con gente que no pertenece a la tribu es, "desde un punto de vista biológico, un acto de suicidio", escribió Benzion Netanyahu, padre del Primer Ministro israelí [26]. Martin Buber escribió que los judíos hacen de la sangre "el estrato más profundo y más potente de su ser". El judío percibe "lo que la confluencia de la sangre le ha producido... Él siente en esa inmortalidad de las generaciones una comunidad de sangre" [27].

[25] Kevin MacDonald, A People that Shall Dwell Alone: Judaism as a Group Evolutionary Strategy, 1994.

[26] Benzion Netanyahu, The Founding Fathers of Zionism, 1938.

[27] Citado por Brendon Sanderson en su revisión de Jewish Tradition and the Challenge of Darwinism, de Geoffrey Cantor y Mark Swetlitz, en The Occidental Observer.  https://www.theoccidentalobserver.net/2019/08/25/review-jewish-tradition-and-the-challenge-of-darwinism/

     Paradójicamente, la adoración de los ancestros en sentido estricto siempre ha sido prohibida en el judaísmo. La prohibición se remonta hasta la Biblia [28]. Aquello es consistente con la negación de la inmortalidad individual en la antropología bíblica. Aquella negación, bien conocida por los eruditos, incitó a Schopenhauer a escribir: "La verdadera religión de los judíos, según es presentada y enseñada en el Génesis y en todos los libros históricos hasta el final de Crónicas, es la más tosca de todas las religiones porque es la única que no tiene absolutamente ninguna doctrina de la inmortalidad, ni siquiera un vestigio de ella" [29]. Pero desde otro punto de vista, la negación de la inmortalidad individual es ventajosamente compensada por la creencia en la inmortalidad nacional. "Los judíos que tienen un entendimiento más profundo del judaísmo", escribió Harry Waton, "saben que la única inmortalidad que existe para el judío es la inmortalidad en el pueblo judío. Cada judío continúa viviendo en la gente judía, y él seguirá viviendo mientras el pueblo judío viva" [30].

[28] El Deuteronomio prohíbe la actividad y la consulta de "practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni fraguador de encantamentos, ni quien pregunte a pitón, ni mágico, ni quien pregunte a los muertos. Porque cualquiera que hace esas cosas es detestable a Yahvé tu dios" (18:11-12). El Levítico confirma: "No recurras a los espíritus de los muertos o a hechiceros; ellos te contaminarán. Yo, Yahvé, soy tu dios" (19:31). Quienquiera que rompa esa regla debe ser muerto (20:6-7 y 27). Isaías condena a aquellos que consultan "espíritus y hechiceros que susurran hablando" o "a los muertos en nombre de los vivos" (8:19). Yahvé reprende a su pueblo por "constantemente provocarme en mi cara sacrificando en huertos, quemando incienso sobre ladrillos, viviendo en tumbas, pasando la noche en rincones oscuros, comiendo carne de puerco" (65:3-4). Vea de Susan Niditch, Ancient Israelite Religion, Oxford University Press, 1997.

[29] Arthur Schopenhauer, Parerga and Paralipomena (1851), Oxford UP, 1974, vol. 1, pp. 125-126. Él repitió, en el vol. 2, p. 301: "Y así en este respecto, vemos que la religión de los judíos ocupa el lugar más bajo entre los dogmas del mundo civilizado, lo cual está completamente de acuerdo con el hecho de que ésa es también la única religión que absolutamente no tiene ninguna doctrina de inmortalidad, ni incluso la menor traza de ello".

[30] Harry Waton, A Program for the Jews and an Answer to All Anti-Semites: A Program for Humanity, 1939, p. 133. https://archive.org/details/AProgramForTheJewsAndAnAnswerToAllAntiSemites

     Así, Moses Hess protestó contra la tentativa del Judaísmo Reformado de imitar el concepto cristiano del alma individual: "Nada es más extraño al espíritu del judaísmo que la idea de la salvación del individuo". Para Hess y muchos sionistas después de él, la esencia del judaísmo, y la fuente de la fuerza de la gente judía, es la creencia en el destino de Israel como un ser colectivo con una vida y un alma. Como escribí en mi artículo "Israel como Un Solo Hombre":

    "Un individuo tiene sólo unas pocas décadas para llevar a cabo su destino, mientras que una nación tiene siglos, incluso milenios. Jeremías puede tranquilizar a los exiliados de Babilonia con que en siete generaciones ellos volverán a Jerusalén (Epístola de Jeremías, en Baruc 6:2). Siete generaciones en la historia de un pueblo no son algo distinto de siete años en la vida de un hombre. Mientras el Goy espera su hora en la escala de un siglo, el pueblo elegido ve mucho más adelante. La orientación nacional del alma judía inyecta en cualquier proyecto colectivo una fuerza espiritual y resistencia con la cual ninguna otra comunidad nacional puede competir" [31].

[31] https://www.unz.com/article/israel-as-one-man/

     Esto se aplica al proyecto judío de destruír a Esaú, también conocido como Roma o la raza blanca. Quien sea que quiera destruír una raza sólo tiene que destruír la piedad filial en una generación, y aquella generación terminará el trabajo desde dentro. Eso fue conseguido en los años '60, pero había comenzado reeducando a los niños alemanes para que odiaran a sus padres y abuelos por apoyar a Adolf Hitler. Como argumenté en mi artículo "¿Acabará la Des-Nazificación Alguna Vez?" [32], romper aquella maldición es una batalla principal. Los alemanes pueden tomar el ejemplo de Monika Schaefer.

[32] http://editorial-streicher.blogspot.com/2020/11/laurent-guyenot-acabara-la-des.html

     Nuestros señores judíos, que siempre han creído que "Todo es raza. No hay ninguna otra verdad" [33], nos están lavando el cerebro ahora con el dogma de que la raza no existe; y la Iglesia Católica, por supuesto, está de acuerdo. Estamos completamente desarmados contra el Poder Judío, pero también contra el empuje invasivo de altamente aclanados árabes y africanos. A diferencia del cristianismo, el Islam nunca ha emprendido la guerra contra las solidaridades étnicas y clánicas, y el ejemplo de Mahoma es significativo en aquel respecto.

[33] Sidonia, el alter ego de Disraeli, en su novela Coningsby, 1844.

     En el siglo XIV el historiador Ibn Khaldoun hizo un retrato vivo de la cultura árabe de la sangre, que "hace las tropas compuestas de árabes (del desierto) tan fuertes y tan formidables; cada luchador tiene sólo un pensamiento, el de proteger a su tribu y su familia. (...) El daño hecho a uno de nuestros padres, los ultrajes que ellos sufren, nos parecen ser otros tantos ataques contra nosotros". Para los árabes, insiste Ibn Khaldoun, el liderazgo siempre pertenece a un clan, nunca a un individuo:

    "Una familia que se ha hecho a sí misma respetada y temida por su unidad y su espíritu de cuerpo, y que está compuesta de individuos que pertenecen a una raza cuya sangre es pura y cuya reputación está intacta, se coloca, por esa hermandad de sentimientos, en una posición muy ventajosa y consigue un gran éxito. Si, junto con eso, esa familia cuenta con varias figuras ilustres entre sus antepasados, maneja aún más influencia" [34].

 

[34] Ibn Khaldoun, Les Prolégomènes, traduits en français et commentés par William MacGuckin, 1863, part I, pp. 281-283. Véalo en http://classiques.uqac.ca/classiques/Ibn_Khaldoun/Ibn_Khaldoun.html

     No estoy diciendo que ser un cristiano hoy es perjudicial para vuestro sentido de parentesco. No lo es, obviamente, ya que el cristianismo se ha convertido hace mucho tiempo en una fortaleza del conservadurismo. Pero no hay nada en la fe cristiana que sea intrínsecamente favorable a la solidaridad racial, o a diferencias de género, en cuanto a eso. El dios cristiano, que conoce sólo a individuos —a diferencia del dios judío, que conoce sólo tribus y naciones—, será de poca ayuda en las luchas por venir.

     Por otra parte, Darwin no nos salvará tampoco. Los darwinianos "realistas raciales" están gravemente confundidos si ellos piensan que su teoría puede infundir en las masas el amor a su raza, o cualquier clase de sentido a su vida. He explicado en "Blood and Soul: An Essay in Metagenetics" [35] por qué considero el darwinismo no sólo como ciencia anticuada sino como un desastre cultural. Ser un darwiniano consecuente significa creer que los humanos son seres puramente materiales, reuniones arbitrarias de moléculas que se auto-reproducen, evolucionadas a partir de las bacterias de una sola célula por una serie indefinida de accidentes químicos. Además, otra "verdad" indiscutible del darwinismo, y su mensaje principal a las masas, es que nuestros antepasados eran monos africanos.

[35] https://www.unz.com/article/blood-and-soul/

     ¿Cómo entonces puede el paradigma darwiniano ayudarnos a reconstruír una relación vertical con nuestros antepasados? La veneración de los ancestros significa hablar con vuestros antepasados para expresar gratitud y pedir protección y guía, pero un darwiniano ha llenado su mente con la certeza absoluta de que sus antepasados muertos no tienen ninguna existencia. Del mismo modo como el cristianismo no puede ser una solución para el problema que él ha creado, el darwinismo no puede ser una solución a la mentalidad materialista e individualista que él enormemente contribuye a amplificar. Sólo puedo repetir aquí la profecía de Nietzsche de que, si las ideas de Darwin fueran "lanzadas al pueblo, con la locura de la enseñanza que reina hoy, durante una generación más, nadie tiene que estar sorprendido si aquel pueblo perece ahogado en sus pequeños miserables bajíos de egoísmo, y se petrifica en su egoísmo". Note que Nietzsche no condenó la teoría de la evolución sino sólo su reducción darwiniana a mutaciones azarosas. Él era más o menos un vitalista, como Schopenhauer, quien denunció la estupidez de reducir "la Naturaleza orgánica... a un mero juego de posibilidades de fuerzas químicas" [36].

[36] Nietzsche, De la Utilidad y los Inconvenientes de los Estudios Históricos para la Vida, 1874, § 9. Schopenhauer, en su prefacio a la segunda edición de Sobre la Voluntad en la Naturaleza, 1836, cinco años antes de la publicación de El Origen de las Especies de Darwin.

     Para concluír, espero haber mostrado que una muy básica descripción de conjunto histórica y antropológica es suficiente para alcanzar las conclusiones objetivas de que, primero, la veneración de los antepasados ha existido y todavía existe en Asia, un fundamento espiritual vital para sociedades orgánicas, y segundo, que la destrucción de la religión romano-germánica de los ancestros por parte del cristianismo ahora ha dejado a la raza blanca totalmente indefensa en la guerra antropológica emprendida contra ella.

     No estoy sugiriendo que si bastantes familias invitaran a sus antepasados para el almuerzo, ellos podrían salvar nuestra civilización. La Danza de los Espíritus no salvó a los sioux en 1890 [37].

[37] De manera interesante, el antropólogo Weston La Barre utilizó la Danza de los Espíritus como el símbolo para la teoría de que la relación con los ancestros muertos es el fundamento de las sociedades tradicionales (The Ghost Dance: The Origins of Religion, 1970).

     Y en 1854, el jefe Seattle de los suquamishs adoradores de los ancestros tuvo que rendirse, diciendo:

    "Unas lunas más, unos inviernos más, y ninguno de los descendientes de los fuertes ejércitos que una vez se movieron sobre esta amplia tierra o vivieron en felices casas, protegidos por el Gran Espíritu, permanecerá para lamentarse sobre las tumbas de un pueblo una vez más poderoso y esperanzado que el vuestro. (...) Y cuando el último Hombre Rojo haya perecido, y la memoria de mi tribu se haya convertido en un mito entre los Hombres Blancos, estas orillas estarán llenas con los muertos invisibles de mi tribu... El Hombre Blanco nunca estará solo. Que sea justo y que trate amablemente con mi pueblo, ya que los muertos no carecen de poder. ¿Muertos, dije? No hay ninguna muerte, sólo un cambio de mundos".

     Pero yo imagino realmente el mundo occidental por venir como un caos social y moral donde la supervivencia, la cordura y la felicidad dependerán de la capacidad de construír clanes sanos y fuertes, lo cual supone un fundamento religioso que sostiene la santidad de la sangre y del parentesco, y lealtad a los antepasados, con o sin el cristianismo.

     Por si usted se pregunta si yo mismo practico la veneración de los antepasados, la respuesta es sí, de alguna manera. Me gustaría compartir con usted cómo el verme a mí mismo, y a mis padres, como miembros de una comunidad de almas que luchan, ha dado a mi vida una dimensión añadida. Pero ésa es una historia demasiado personal. Sólo puedo recomendar el experimento.–

 

 

 

 

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