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miércoles, 14 de julio de 2021

Salvador Borrego - Sobre los Criminales Aliados

 

     Del libro "Alemania Pudo Vencer" (2009) del investigador mejicano Salvador Borrego (1915-2018) presentamos aquí cuatro capítulos (3, 4, 5 y 7), en los que se habla, en interesantes informaciones, de la barbarie de los Aliados durante la Segunda Guerra, de sus criminales líderes, en especial de Churchill y del psicopático Eisenhower, contra una Alemania que estaba estorbando y retrasando la implementación del Gobierno Único Mundial, conocido hoy como Globalización.

Alemania Pudo Vencer (Selección)

por Salvador Borrego, 2009

 

 

CAPÍTULO III

"El Avance del Barbarismo"

 

     El historiador inglés J. P. Veale señala que en la Antigüedad las guerras carecían del más elemental sentido de humanidad, pero que en los últimos 250 años se fueron civilizando bajo la influencia cristiana.

 

PROPUESTA A FAVOR DE LA POBLACIÓN CIVIL

     En su discurso del 21 de Mayo de 1935 (cuando todavía no se hablaba de guerra), Hitler señaló que años antes se había convenido, internacionalmente, en no usar balas expansivas; las balas comunes y corrientes bastaban para dejar al soldado fuera de combate, sin necesidad de causarle dolorosos destrozos. También recordó que en su día la Cruz Roja estableció que a los prisioneros se les diera atención médica, alimentos y techo. Igualmente, añadió, ahora se puede convenir en que la aviación no lance bombas fuera de las zonas de combate. Eso complementaba la tradición de 230 años de que las fuerzas armadas sólo han de combatir contra fuerzas armadas, no contra la población civil.

     De conformidad con su propuesta, Alemania empezó a construír su aviación de guerra con aparatos de alta precisión, como el Stuka, que bombardeaba en pronunciada picada sobre fuerzas de combate.

     Entretanto, en Inglaterra se trazaban los planos para construír grandes aviones tetramotores, capaces de llevar hasta bombas de 4.000 kilos, y carecían de las características indispensables para participar eficazmente en batallas de fuerzas armadas contra fuerzas armadas.

 

ENGAÑOSO PERFIL DE WINSTON CHURCHILL

     La Segunda Guerra Mundial empezó el 1º de Septiembre de 1939. Los Imperios inglés y francés se alinearon contra Alemania. Churchill tomó el mando el 11 de Mayo del año siguiente e inmediatamente ordenó que fuera bombardeada la ciudad alemana de Friburgo.

     El ministro británico del Aire, J. M. Spaight, dice en su libro "Reivindicación de los Bombardeos" lo siguiente: "Comenzamos a bombardear las ciudades alemanas antes de que el enemigo procediera en igual forma contra nosotros. Este es un hecho histórico que debe ser admitido públicamente. Fue nuestra gran decisión. Una espléndida decisión" (p. 74).

     Mr. Spaight agrega que Hitler empezó a contestar los bombardeos británicos tres meses después, el 7 de Septiembre. En Noviembre lanzó su bombardeo más fuerte contra las fábricas inglesas de armamento en Coventry. En esa operación los aviones alemanes fueron guiados por tres rayos de alta frecuencia para ubicarlos precisamente sobre el objetivo militar, y se trataba de bimotores con reducida capacidad de carga. El comandante de los bombarderos ingleses, Sir Arthur Harris, dice que en Coventry sólo fue afectada una superficie de 100 acres, en tanto que en los siguientes ataques ingleses a las ciudades alemanas se destruían, en cada una, más de 6.000 acres de zonas residenciales.

     Además, como la aviación alemana fue construída para atacar objetivos militares en zonas de combate, su radio de acción era corto, y únicamente podía alcanzar una décima parte de Inglaterra, en tanto que los tetramotores ingleses llegaban a todas las ciudades alemanas, con grandes cargas de bombas.

     Hay pruebas indiciales de que el israelita Alexander Lindemann le aconsejó a Churchill que concentrara los bombardeos, preferentemente, sobre zonas habitacionales, pues ahí podría causar muchos miles de bajas de mujeres y niños, o sea, de familias de soldados que se hallaban en los frentes. Churchill premió a Lindemann por su consejo, haciéndolo Lord, conocido luego como Lord Cherwel.

     Quizá era innecesario tal consejo, pues Churchill sentía tremendo odio contra los alemanes. Llegó a decir que estaba ansioso de conquistar un pedazo de territorio alemán para orinarse en él. Al general inglés Fuller (Historia de la Segunda Guerra Mundial) le llamó la atención que se realizaran bombardeos masivos contra ciudades que carecían de todo objetivo militar, como fue el caso de la ciudad de Hildesheim, "ejemplo perfecto de las ciudades medievales, que no tenía la menor significación militar, pues hasta el empalme ferroviario se hallaba fuera de la ciudad".

     A raíz de la entrada de Estados Unidos a la guerra los comandantes estadounidenses empezaron a seleccionar objetivos militares alemanes para destruírlos, pero Churchill se opuso a esa táctica. En la junta que tuvo en Casablanca con el Presidente Roosevelt le pidió que los tetramotores estadounidenses se sumaran a la aviación británica para intensificar sus ataques contra las zonas residenciales alemanas. Roosevelt accedió. Churchill estaba gozoso. El mariscal Harris refiere textualmente: "En la noche del 28 al 29 de Marzo incendiamos toda una ciudad alemana. Se trataba de Lübeck... sus edificios eran mucho más fáciles de incendiar, dada su naturaleza".

     El perfil de Churchill no era de un Gengis Kan; ni siquiera de un Cromwell. Tenía estudios superiores; era un buen orador y su porte correspondía al de un gentleman. Sin embargo, no tenía ningún escrúpulo de conciencia cuando en la noche se sentaba a cenar y a tomar su acostumbrada copa de coñac, sabiendo que sus bombas de fósforo líquido estaban convirtiendo en teas ardientes a miles de indefensas mujeres y niños, y que otras madres con sus hijos se asfixiaban por la alta temperatura de los incendios.

     Sir Arthur Harris, comandante de los bombarderos, avala el siguiente relato del bombardeo de Hamburgo:

     "Fue destruído el 63,5% de la ciudad, incluídas sus zonas habitacionales... Por la unión de miles de incendios, el aire adquirió una temperatura tan elevada que ocasionó un vacío que absorbía, a su vez, el aire del alrededor con una fuerza centrípeta incontenible. La temperatura era de 600 a 1000 grados centígrados. El aire circulaba con una fuerza inmensa, arrastrando consigo vigas y tejados incandescentes. Se formó un huracán de llamas, de una violencia jamás vista. Al día siguiente aún flotaba sobre la ciudad una nube de humo y polvo que impedía totalmente el paso del Sol. Fue para los alemanes una catástrofe mayor que las dos bombas atómicas contra el Japón. En Hamburgo se lanzaron 80.000 bombas revienta-manzanas, junto con 80.000 bombas incendiarias y 3.000 latas de fósforo para acrecentar los incendios. Los árboles eran arrancados de raíz. (...) Fueron 7.196 toneladas de bombas por parte de la aviación inglesa, más las de los tetramotores estadounidenses... De fuente alemana se reportaron 40.000 muertos, entre ellos 5.000 niños, más 120.000 heridos. Los estadounidenses dijeron que tales cifras eran bastante menores a la realidad".

     Harrris comentó que el ataque a Hamburgo había sido uno de sus mayores éxitos. Y algo muy semejante en Berlín, Colonia, Stugart, Munich, Nurenberg, Essen y cientos de grandes, medianas y pequeñas ciudades.

     En el prefacio de un libro de Liddell Hart se dice que varios generales ingleses deploraban la inhumanidad de los bombardeos ordenados por Churchill, pero que guardaban silencio por el temor de dañar su carrera.

     En resumen, un millón y 350.000 toneladas de bombas fue arrojado sobre zonas habitacionales de 164 ciudades. Se dio muerte a más de medio millón de civiles y se causaron heridas graves a más de un millón. Quedaron destruídas 3.600.000 viviendas. Trece millones de habitantes fueron privados de techo. Después de cada bombardeo los servicios de agua, drenaje o calefacción se reducían o cesaban totalmente hasta que bomberos y población civil se aprestaran a repararlos (Hans Rumpf, "Lluvia de Fuego sobre Alemania", 1965).

 

EXTRAÑO RITUAL EL DE DRESDEN

     El bombardeo de Dresden es un caso extraño, sin explicación militar. Ocurrió cuando ya los Aliados habían ganado la guerra, dos meses y medio antes de que se firmara la rendición incondicional. Y más aún porque Dresden carecía totalmente de objetivos militares. El caso se vuelve más inexplicable porque Dresden tenía 600.000 habitantes y luego se vio congestionada por millares de mujeres y niños que venían huyendo de las salvajadas del ejército soviético que invadía el oriente de Alemania.

     En esas circunstancias fue bombardeada el 13 de Febrero de 1945. Hubo 3.250 vuelos de tetramotores Aliados, en los que participaron 33.000 tripulantes y mecánicos. Las escuadrillas volaron 5.500 kilómetros y se gastaron decenas de millones de dólares para arrojar 5.000 bombas explosivas y 400.000 incendiarias.

     Mujeres, con sus niños, eran convertidas en teas humanas; algunas se arrojaban al río Elba, pero aún así seguían ardiendo porque el agua no extingue el fuego del fósforo líquido. Según cálculos bajos, pereció un cuarto de millón de mujeres y niños. Según cálculos altos, como el de David Irving, fue medio millón, mucho más que las dos bombas atómicas que mataron a 155.000 japoneses. ¿Acaso fue un bombardeo ritual, sacado del Antiguo Testamento? Según Éxodo cap. 29, los judíos dicen que Yahvé les pedía quemar carne de animales porque le era muy grato el olor de la carne quemada. En Dresden el olor de carne quemada subía a miles de metros de altura.

     Una de las fases de la personalidad de Winston Churchill fue que en la conducción de la guerra en tierra dejó completamente independientes a los mariscales Auchinleck y Montgomery, y al general Desmond Young. En cambio, de la lucha en el aire hizo una guerra propia, conducida con especial empeño para causar el mayor número de muertos entre la población civil alemana. En cuanto la zona residencial de una ciudad alemana era devastada, ya tenía señalado lograr "victoria" igual en otra ciudad, grande, mediana o chica. Empeño semejante demostraba Sir Arthur Harris, comandante de los bombarderos.

     El historiador inglés Veale considera que Churchill y Harris pasaron de la guerra civilizada a la barbarie. En la Cámara de los Comunes Churchill anunció el 21 de Septiembre de 1943 que "para acabar con el nazismo no habrá extremos de violencia a los cuales no recurramos" (F. J. P. Veale, "El Crimen de Nuremberg", 1954).

 

CAPÍTULO IV

Peor que Atila del Siglo V

 

     Atila aterrorizaba pueblos; llegó a exigir 700 libras para hacer la paz, pero tuvo el rasgo de retroceder ante el Papa. En cambio, Churchill no se dignó atender una petición de Pío XII.

 

"CIUDAD-HOSPITAL" PARA LOS HERIDOS

     Cuando los bombardeos de las zonas residenciales alemanas estaban en su apogeo y dejaban heridos a miles de mujeres y niños, el Papa Pío XII pidió que las potencias Aliadas designaran una ciudad alemana como "ciudad-hospital" en la que se pudiera atender a los heridos y quedara al abrigo de los bombardeos. Churchill no se dignó contestar. En contraste, en el año 452 el temible Atila, rey de los hunos, se aproximaba amenazante sobre Roma, y el Papa León I (llamado El Grande) salió a su encuentro, y algo le dijo. No se sabe qué, pero Atila se retiró sin causar daño.

     Visiblemente más intratable que Atila, el "civilizado" Winston Churchill tomaba decisiones sin el menor rasgo de humanidad, diríase que incluso con complacencia. Por ejemplo, al saber que hidroaviones de la Cruz Roja alemana rescataban pilotos que flotaban en las aguas del Canal de la Mancha, ordenó que se les hiciera fuego. El rescate era de pilotos alemanes y británicos, pero Churchill consideraba que los aviadores alemanes podían volver a combatir. ¿Y en cuanto a los ingleses? Si eran salvados quedarían prisioneros, de tal manera que ya no le servirían a Inglaterra. Su vida no importaba.

     La guerra salvaje también se libraba en el mar. Basta un ejemplo: el submarino alemán U-156, al mando del capitán Werner Hartenstein, hundió al crucero mercante armado "Laconia", de 20.000 toneladas y de bandera británica. Al darse cuenta Hartenstein de que había muchos náufragos, más de 200 ingleses, incluso civiles, empezó a rescatarlos y llamó a dos submarinos más para que lo ayudaran. A la vez, radió en frecuencia marina, y en inglés, la posición en que se encontraba, a fin de que acudiera ayuda de la marina británica. Los tres submarinos no harían fuego y se identificaban como de la Cruz Roja.

     Entretanto, los náufragos seguían aumentando y abarrotaban el interior y la cubierta de los submarinos, además de que éstos remolcaban varias lanchas salvavidas. Cuando los submarinos se hallaban en apuros por atender a los náufragos, aparecieron —al fin— varios tetramotores estadounidenses, pero grande fue la sorpresa al ver que lanzaban bombas contra los tres submarinos, que se vieron forzados a sumergirse.

     ¿Acaso en Londres pensaban que era más "rentable" hundir un submarino que salvar a sus propios náufragos? De los 811 ingleses que en total llevaba el Laconia, fueron salvados 800. Y de 1.800 prisioneros italianos que iban a bordo, sólo se pudo salvar a 450.

 

OFRECER LA PAZ, "CRIMEN DE GUERRA"

     Después de derrotar a Francia y al ejército expedicionario británico, Hitler hizo dos ofrecimientos de paz a Inglaterra, sin pedir nada a cambio. Churchill respondió despectivamente. Entonces Rudolf Hess, jefe del Partido Nacionalsocialista y sucesor de Hitler después de Goering, hizo un arriesgado vuelo a Inglaterra para darle más fuerza a un tercer intento de paz. Churchill no le permitió hablar con el Rey y lo encarceló como "criminal de guerra". Así fue después juzgado en Nurenberg y condenado a cadena perpetua. A los 93 años de edad, envejecido y enfermo, se le asfixió con un cable y se dijo que fue "suicidio". Sus restos se inhumaron en un lugar desconocido.

     Por siglos se había acostumbrado que a un emisario de paz, con bandera blanca, se le escuchara y luego se le regresara a su territorio, ya fuera que algo o nada se aprobara. Para Churchill fue más práctico declararlo criminal de guerra, a pesar de que Hess no participó en la guerra. Su vuelo lo hizo en vísperas del ataque alemán contra la URSS.

     Por cierto que Churchill, tan "gentleman", simpatizaba con Stalin (a quien Roosevelt le decía "el tío Joseph"), y antes de la guerra vio impasible que la URSS se apoderara de 15 países asiáticos, con 50 millones de habitantes y 5 millones de kilómetros cuadrados, para someterlos al comunismo. Y durante las "purgas" masivas que Stalin realizaba contra opositores o simples sospechosos, Churchill las minimizaba diciendo que "no eran del todo innecesarias". El secreto es que en el mundo hay un ente con dos brazos: el derecho en Wall Street y Londres, y el izquierdo en Moscú. Y ambos se han fusionado en el Liberalismo y el Neoliberalismo salvaje, encaminados hacia el Gobierno Mundial, que a su vez se presenta inocentemente como Globalización.

 

Once Millones de Habitantes Arrojados de sus Casas y de su Territorio

     Consecuencia de que provincias alemanas les fueron obsequiadas a Polonia y a la URSS, según decisión de Churchill en primer término.

     En la Carta del Atlántico, firmada el 14 de Agosto de 1941 por Roosevelt, Churchill y Stalin, se especificó que ninguno de los tres beligerantes buscaría territorios de los vencidos. Pero al terminar la guerra se dijo que ese pacto no incluía a Alemania. En consecuencia, se le cederían a Polonia y a la URSS varias provincias del Oriente de Alemania. Sus 15 millones de habitantes serían arrojados de ahí, con sólo lo que llevaran puesto.

     De esos 15 millones, cuatro lograron salir huyendo meses antes de que terminara la guerra, debido a la invasión de las tropas soviéticas, a la cuales llia Eherenburg —jefe de los comisarios judíos— les había suministrado una ración extra de vodka y la consigna de "humillar a la mujer alemana" mediante violaciones tumultuarias.

     Restaba, pues, desplazar a 11 millones de habitantes. El escritor ruso Solyenitsin refiere que "las salvajadas cometidas por las tropas soviéticas parecía que eran una condecoración ganada en combate". Algunas poblaciones ocupadas por el Ejército Rojo fueron temporalmente recuperadas por tropas alemanas, y comprobaron tantos crímenes contra la población civil que llamaron como testigos a corresponsales de prensa de países neutrales como Suiza, Suecia, España e incluso Francia. "Le Curier", de Ginebra, publicó el 7 de Noviembre de 1944 que había escenas difíciles de creer si no se las veía. Una caravana de mujeres y niños que intentaban escapar había sido aplastada por las orugas de los tanques soviéticos. El enemigo violaba desde niñas de siete años hasta mujeres de 80, y a las que presentaban desesperada resistencia las ahorcaban y aun así las violaban. En pequeños poblados no quedó con vida ni una mujer o una niña o un anciano. Habían ocurrido numerosos suicidios. Millón y medio de niñas y señoras adultas, según cálculos aproximados, fueron violadas.

     El 28 de Diciembre de 1944, cuando ya había plena comprobación del salvajismo de los soviéticos, el Papa Pío XII lo condenó públicamente, pero nadie lo secundó. La gran prensa silenciaba todo aquello o lo aludía tangencialmente en breves notas.

 

CHURCHILL AUTORIZÓ LAS "TRANSFERENCIAS"

     El 15 de Diciembre de 1945 Churchill reiteró en la Cámara de los Comunes: "La expulsión es el método que, hasta donde nosotros podemos prever, resultará más satisfactorio y duradero. Y no estoy preocupado por estas deportaciones en masa que, en las modernas condiciones, son ahora más realizables que nunca".

     Ya el conde de Mansfield le había preparado el terreno a Churchill, en la Cámara de los Comunes, con el siguiente "razonamiento": "No hay razón alguna por la que deberíamos de contemplar con indebida consternación los sufrimientos inevitables que puedan ser infligidos a los alemanes en el curso de estas transferencias".

     Como dichas transferencias eran más difíciles en pleno invierno, pues por tierra se carecía de vehículos y los desplazados eran obligados a caminar a pie grandes distancias, la Marina alemana quiso prestar ayuda. En el transatlántico Wilhelm Gustloff se apiñó a 10.500 personas el 30 de Enero de 1945. Se trataba de un barco identificado como de la Cruz Roja, pues transportaba mujeres, niños y heridos. Aun así fue torpedeado y hundido por un submarino soviético. En las aguas heladas murieron casi todos.

     Doce días después corrió igual suerte el barco-hospital Steuben, con 3.608 civiles a bordo, procedentes de Prusia Oriental, que los Aliados le cercenaban a Alemania para regalársela a la URSS. Y días más tarde un tercer barco-hospital, el Goya, también fue hundido con los 6.667 civiles que llevaba a bordo. Sumados los tres hundimientos, perecieron 20.000 adultos y niños, cifra 13 veces superior a los que murieron en la tragedia del Titanic, en 1912. El capitán Marinesko, comandante del submarino que realizó dos de los tres hundimientos, fue declarado Héroe de la Unión Soviética.

     Pero, claro, como había dicho el conde inglés Mansfield, "no hay razón alguna por la que deberíamos de contemplar con indebida consternación los sufrimientos inevitables que puedan ser infligidos a los alemanes en el curso de las transferencias".

 

UN SENADOR DE EE.UU. SÍ SE "CONSTERNÓ"

     Cuando la expulsión masiva ya estaba en su apogeo, un grupo de senadores estadounidenses fue a observar lo que ocurría. Vieron cómo la población era obligada a abandonar sus casas, su mobiliario y sus tierras. Únicamente podía llevarse lo que tenía puesto. Entonces Mr. Eastland informó en el Senado de su país lo siguiente: "Es uno de los capítulos más horribles de la historia humana. Las palabras son incapaces de describir adecuadamente lo que está ocurriendo allí. La virtud de la humanidad y el valor de la vida humana son las posesiones más sagradas del hombre civilizado. Sin embargo, son hoy la cosa más baladí de la Alemania Oriental. Prevalecen allí unas condiciones que desafían la comprensión humana" (4 Dic. 1945).

     Otro que también se consternó fue el parlamentario inglés Evans, que en la Cámara de los Comunes denunció que las mencionadas expulsiones "son una magna tragedia, indescriptible y repugnante. ¿Es para esto por lo que las almas de los valientes, de los que no regresaron, de los que no pudieron llegar a viejos, han muerto en esta guerra?" (22 Agosto 1945).

     Por otra parte, en la Cámara de Representantes de Washington se tomó declaración a un oficial británico, testigo de la expulsión, clasificado con la clave A-397, quien refirió: "El mayor horror de la historia contemporánea se está produciendo en la Alemania Oriental. Muchos millones de alemanes —en su mayoría mujeres y niños— han sido lanzados a los caminos y están muriendo a miles en esos caminos debido al hambre, la disentería y el agotamiento" (14 Nov. 1946). Resumiendo lo que a su turno había visto, el congresista estadounidense Mr. Eastlan declaró: "Es un crimen de genocidio".

     Fue notable, en aquella época, la unanimidad de las agencias internacionales de noticias para silenciar o soslayar las protestas que se iban dando en Inglaterra y Estados Unidos acerca de la crueldad de las expulsiones.

     Desde su punto de vista como geógrafo, el norteamericano Isaiah Bowman —que participó en la Conferencia de Paz de San Francisco cuando las transferencias ocurrían— manifestó lo siguiente: "El territorio propio evoca sentimientos personales y de grupo. Para un pueblo es en su suelo donde residen las huellas de su pasado. Un pueblo confiere a su territorio una naturaleza mística donde resuena el eco de sus ancestros. Los autores de viejas hazañas le hablan a su pueblo desde sus tumbas excavadas en el suelo propio. El paisaje es algo esencial en el concepto de hogar". Así veía este científico la tragedia de los millones de alemanes obligados a perder el suelo de sus antepasados, y que difícilmente nueve millones de adultos y niños podían ser alojados en la Alemania occidental.

     Hasta en la Cámara de los Comunes, en Londres, hubo críticas a tales expulsiones, calificadas como inhumanas, a lo cual Churchill respondió del siguiente modo: "Como en la guerra murieron siete millones de alemanes, existe ahora espacio suficiente para recibir, como mínimo, a una misma cantidad de gente desplazada de los territorios orientales, volviendo de esta forma todo a su antiguo equilibrio". ¡Ni Atila solía hacer "transferencias" semejantes!

     Cabe especular si en alguna reunión masónica Churchill se habría reclutado como brazo de Yahvé, aquel dios de los judíos que mandaba "exterminar ciudades, hombres, mujeres y niños... (y) entre los niños matad también a toda mujer que haya conocido varón; pero todas las niñas que no han conocido varón, reservadlas para vosotros... y fueron 32.000" (Números 31:7-35).

 

CAPÍTULO V

Malabarismo Semántico para Hacer que Murieran 900.000 Prisioneros

 

     Eisenhower fue comandante supremo por razones políticas. Tal parece que se quedó con la tentación de ganar por sí mismo una batalla, aunque fuera después de terminar la guerra y contra prisioneros desarmados.

 

LA "BATALLA" QUE GANÓ EL GRAL. EISENHOWER

     Dwight David Eisenhower, comandante de los ejércitos Aliados, era más político que general. El Presidente Roosevelt lo promovió desde teniente coronel hasta general de división en corto plazo, sin atender ni a servicios ni a escalafón. Eisenhower era nieto de Jacobo y Rebeca, familia judía que emigró de Alemania a Estados Unidos en el siglo XVIII.

     Tanto el general Patton (estadounidense) como el general Montgomery (inglés) eran más competentes que Eisenhower y se desempeñaron más profesionalmente desde la invasión en Normandía hasta el triunfo aliado en Alemania. Tal vez por eso Eisenhower quiso librar una "batalla" concebida y conducida por él solo. Y de esa manera, al terminar la guerra acordó que un millón de prisioneros alemanes no serían tratados como prisioneros sino como "enemigos desarmados", clasificación inventada por él a fin de violar los Tratados de Ginebra y de La Haya respecto a los prisioneros.

     El millón de prisioneros alemanes no fue internado en campos de concentración, ni en los numerosos cuarteles ya vacíos, sino en ochenta campos delimitados con alambradas, totalmente a la intemperie, sin servicios sanitarios, sin cocinas ni comedores.

     Con la lluvia los campos se convertían en lodazales. Escasa comida se les arrojaba como si se tratara de perros. Las defunciones fueron aumentando por pulmonía, pleuresía, gangrena, tifus, disentería, etc. La Cruz Roja Internacional quiso llevarles cien mil toneladas de víveres, pero Eisenhower lo prohibió, alegando que la Cruz Roja no tenía jurisdicción sobre "enemigos desarmados".

     Los ochenta campos se hallaban diseminados en Holanda, Bélgica, Francia y Alemania. En algunos faltaba el agua y los prisioneros bebían sus propios orines. Algunos cortaban ramas de árboles o hacían hoyos en la tierra para guarecerse, pero también eso se les prohibió, y varios bulldozers aplastaban las cuevas. Diariamente varios camiones sacaban veintenas de cadáveres. Hubo prisioneros tan debilitados que caían en los pozos improvisados como letrinas y se ahogaban.

     Los doctores James Mason y Charles Beasly, del Cuerpo de Médicos de Estados Unidos visitaron varios de esos campos, y en 1950 escribieron: "Acurrucados juntos para calentarse, detrás de las alambradas de púas, fue la escena más pavorosa. Cerca de cien mil hombres ojerosos, indiferentes, sucios, macilentos, con la mirada fija en el vacío, con los uniformes cubiertos de fango y hundidos hasta los tobillos en el lodo... Aquellos hombres no habían comido en días y la escasez de agua era su mayor problema, aunque solamente a 180 metros de distancia se encontraba el río Rhin corriendo lleno hasta las orillas".

     La Cruz Roja quiso por lo menos restablecer el servicio de correo, pero Eisenhower lo rechazó. El Departamento de Estado de Estados Unidos desconoció a Suiza como poder protector de los prisioneros, en apoyo de Eisenhower. Entonces el Primer Ministro de Canadá, Mackenzie King, protestó por ese acuerdo de Washington y no se le dio respuesta. Por el contrario, Eisenhower prohibió el acceso de observadores neutrales a sus ochenta campos de alambradas.

     El general Montgomery, inglés, no daba a sus prisioneros el trato de "enemigos desarmados", pero en cuanto pasaban a la jurisdicción de Eisenhower (que era el comandante supremo), se les internaba en los campos de "enemigos". Según informes parciales, en dos meses habían muerto setenta mil prisioneros y las defunciones iban en aumento. Entre las víctimas había incluso algunas mujeres y niños que no se habían querido separar de sus esposos o padres, y recibían el mismo tratamiento discriminatorio.

     Un grupo de médicos del Cuerpo Médico de Estados Unidos visitó varios campos y su reporte estuvo en el archivo Nacional de Washington. En un párrafo decían: "Los más importantes asesinos eran la diarrea, la disentería, las afecciones cardiacas y la pulmonía. También la inanición y el agotamiento. El índice de muerte era ochenta veces superior a la media normal. El estar a la intemperie, el hacinamiento en pozos y la escasez de comida y de facilidades sanitarias, todo contribuyó para los excesivos índices de mortalidad".

     En Julio de 1945 el ejército francés tomó el control de los campos de su zona. El capitán Julién se hizo cargo del campo Nº 11 y reportó: "Campo fangoso, poblado de esqueletos vivientes, algunos de los cuales morían al estarlos viendo. Otros se acurrucaban debajo de pedazos de cartón a los que se aferraban, a pesar de que los días de Julio eran calurosos. Mujeres yacientes en hoyos en la tierra con el edema de hambre abultándoles sus barrigas en una grosera parodia de preñez. Ancianos de largos cabellos miraban débilmente. Niños de seis o siete años con negras ojeras de inanición miraban con ojos sin brillo". El capitán Julién dejó inmediatamente en libertad a 32.640 cautivos debido a su profunda debilidad.

     Eisenhower dejó el mando después de siete meses de haber formado sus campos de "enemigos desarmados" (Noviembre de 1945). Según estadísticas, murieron novecientos mil cautivos. Esa fue la más grande batalla ganada por el general Eisenhower, en la que no necesitó disparar ni un tiro. Ensalzado por la prensa internacional y aclamado como héroe en Estados Unidos, fue electo Presidente durante dos períodos, de 1953 a 1961.

     Alfred M. de Zayas, jurista norteamericano, dice: "Lo que nunca podrá entenderse es cómo una nación como Estados Unidos, en la que no cayó ni una sola bomba, donde ni una aldea fue dañada, y que en el conflicto no tuvo muertos civiles, diseñara en cambio un plan para exterminar a la población alemana, según lo pedía el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Morgenthau, desde el 12 de Febrero de 1933, en el periódico Portland Journal, cuando ni siquiera se hablaba de guerra, seis años antes de que ésta se iniciara".

     Había, desde antes de la guerra, un ambiente en contra de Alemania, formado por agencias internacionales de noticias, libros y declaraciones violentas de círculos intelectuales. Morgenthau (secretario del Tesoro de EE.UU.) llegó a pedir que se privara a Alemania de sus industrias para convertirla en un país de pastores. Y un allegado suyo, Theodor Kaufman (israelita también), un año antes de que terminara la guerra publicó el libro "Germany Must Perish" (Alemania Debe Perecer), en el que abogaba por la exterminación de los alemanes mediante esterilizaciones en masa.

 

LO DE AUSCHWITZ SE MENCIONÓ DESPUÉS

     A fines de 1944 los soviéticos entraron en el campo de concentración de Auschwitz, donde no encontraron cámaras de gas, y capturaron los archivos con la documentación de lo que ahí había ocurrido durante sus cinco anos de existencia. Y es notable que Stalin no dijera nada —ni entonces ni después—sobre los millones de muertos denunciados años más tarde en el "Holocausto". Es el mismo caso de Winston Churchill, de Roosevelt, de Truman y del Papa Pío XII, que nunca mencionaron lo de los "seis millones". ¿Acaso todos ellos eran encubridores de los nazis?

     Según el famoso "cazador de nazis" Simón Wisenthal, los nacionalsocialistas quemaron 6 millones de judíos y 5 más de otras razas. Acerca de esto, el especialista canadiense en crematorios Ivan Lagace hizo un estudio y concluyó que no se podía calcular cuántos siglos se necesitarían para quemar a 11 millones de personas.

     Independientemente de lo anterior, nunca y en ninguna parte del mundo se considera lícito un juicio en el que los acusadores son, a la vez, los que juzgan y condenan, como ocurrió con Wisenthal y compañía. Esa irregularidad es una de las causas por las que cada día surjan más dudas acerca del presunto dogma de los "seis millones". Otra causa es que se vienen barajando cifras diferentes. Durante 50 años se habló de 4 millones de muertos en Auschwitz y, de pronto, la cifra bajó a 1,5.

     Además, se trata del único tema de la Historia sobre el que está "prohibido investigar". Los "negacionistas" —de diversos países— hacen notar: "Usted puede discutir libremente si Cristo fue o no el Hijo de Dios, si resucitó un muerto o hizo oír a los sordos; si la Virgen tuvo o no más hijos, pero jamás dudar del Holocausto. ¿Y qué decir del negocio de cobrar más de 100.000 millones de dólares por los presuntos muertos?".

 

ENIGMA PSICOLÓGICO: CHURCHILL Y EISENHOWER

     Tanto Churchill como Eisenhower recibieron esmerada educación media y superior. Ambos eran —y son históricamente— considerados como líderes civilizados del siglo XX, humanistas, demócratas; en fin, "gente de bien". Y surge la pregunta: ¿Por qué, pues, ya concluída la guerra y desarmada Alemania, actuaron tan cruel como innecesariamente? Haciendo caso omiso de la matanza de civiles ordenada por Churchill durante la guerra, ¿por qué siguió aquél siendo tan encarnizado contra la población civil, privada de sus tierras en el oriente de Alemania? Y respecto a Eisenhower, ¿por qué violó todos los tratados internacionales para hacer que murieran 900.000 prisioneros alemanes después de la guerra?

     Psicológicamente es muy difícil de explicar la conducta de esos dos líderes victoriosos. En el remoto pasado no ocurría así ni con Gengis Kan ni con Atila. Quedan algunas especulaciones:

• ¿Churchill y Eisenhower estaban furiosos porque un país como Alemania, de la cuarta parte de Méjico y con sólo 80 millones de habitantes, había estado a punto de vencer a todas las potencias aliadas?

• ¿Se sentían heridos porque el Nacionalsocialismo había sacado de la miseria a un país en sólo cuatro años y lo había hecho potencia militar en sólo seis?

• ¿Estaban furiosos por todo lo que habían estado a punto de perder y buscaban desesperada venganza?

• ¿O no podían olvidar que Alemania estuvo a punto de vencerlos, y de que así se hubieran perdido cuatro siglos (desde 1500) de fructuoso avance hacia el dominio mundial prometido por Yahvé a los descendientes de Abraham?... Aunque conjurado ese peligro ¿el riesgo vivido los violentaba hasta los extremos de odio a que llegaron?

     En fin, hasta ahora no se ha podido hacer un análisis psicológico coherente de Churchill y Eisenhower. Paradójicamente, se escribe muy poco de ellos y casi van siendo olvidados en sus países de origen.

 

CAPÍTULO VII

Acabar con la Alemania Nacionalsocialista No Bastaba; Había que Extinguir sus Ideas

 

     Primera etapa; que el "nazi" deje de ser "nazi". Segunda etapa: que se vuelva anti-nazi, al igual que todo el que sea ajeno a la política.

 

MATAR EL CUERPO Y TAMBIÉN EL ESPÍRITU

     Este doble fin se plantearon las potencias vencedoras de Alemania en Mayo de 1945. Haber vencido al ejército alemán y haber ocupado todo el territorio germano era algo así como matar al cuerpo del nacionalsocialismo. Y eso no era suficiente. Quedaban las ideas, de tal manera que matarlas se volvía una tarea metafísica.

     ¿Con qué se contaba para consumar esa doble finalidad? Resulta que durante más de dos siglos se había erigido un magno capitalismo mediante fusiones y matrimonios entre familias adineradas. En 1914 ese grupo obtuvo del Presidente Woodrow Wilson el monopolio de emitir la moneda estadounidense, y así centuplicó su poder. En 1931 el Papa Pío XI denunció: "Esos potentados son extraordinariamente poderosos, cuando dueños absolutos del dinero gobiernan el crédito y lo distribuyen a su gusto; diríase que administran la sangre de la cual vive toda la economía y que de tal modo tienen en su mano, por decirlo así, el alma de la vida económica, que nadie podría respirar contra su voluntad" (Encíclica "Quadragésimo Anno", 1931).

     Pues bien, ese magno poder económíco-polítíco-racial, cabalgaba sobre el Liberalismo y se encaminaba hacia el Neoliberalismo para imponer un Gobierno al mundo, no precisamente un Gobierno Mundial en el que todos los países participen como socios. Son dos cosas diferentes, aunque generalmente no se les sepa distinguir.

     Lo haya intuído o no, Hitler vino a ser un enorme obstáculo para la integración de ese gobierno universal. Su profundo nacionalismo —con logros tan rápidos— era un ejemplo para todos los demás nacionalismos existentes en el orbe. Lo mismo ocurría con la economía nacionalista que se independizaba de la economía internacional y que así obtenía su propia soberanía. Además, evidenciaba que la riqueza producida por el trabajo era más real que la supuesta riqueza basada en el oro, las divisas, los préstamos extranjeros o las devaluaciones.

     Así, pues, el movimiento nacionalsocialista había sido una amarga sorpresa para el núcleo globalizador, sorpresa más amarga aún porque hubo momentos en que Alemania llegó a tener el triunfo al alcance de la mano. Las potencias Aliadas habían tenido que movilizar todos sus recursos para salvarse de la derrota. Pero, al fin, el triunfo Aliado llegaba en 1945. La primera tarea era "des-nazificar". La siguiente, más difícil y tardada, era matar ideas.

 

"DES-NAZIFICACIÓN" EN LO MATERIAL

     Nunca había ocurrido nada igual con las diferentes ideologías surgidas a través de la Historia. Oliverio Cromwell decapitó al rey Carlos I, hizo matanzas, persiguió al catolicismo, se apropió de colonias, etc., pero la Historia oficial respeta esa ideología de ave de rapiña. La Revolución francesa (1789) chapoteó en sangre, aspiraba a un Gobierno Mundial, acabó con "la libertad, la igualdad y la fraternidad", fracasó y aún es elogiada y se le rinde pleitesía. La Revolución Mundial, proclamada por Marx, se asentó en la URSS mediante la muerte de 50 millones de rusos; en China, segando 80 millones de vidas; en Camboya, sacrificando la mitad de sus siete millones de habitantes; en Cuba, fusilando a 25,000 oponentes, etc. No obstante, el marxismo es alabado por "las izquierdas" y enseñado en las universidades.

     En cambio, inmediatamente que terminó la Segunda Guerra Mundial el Nacionalsocialismo fue condenado a muerte. La ONU se encarga de que su defunción sea permanente en todo el mundo. Tribunales anglo-estadounidenses juzgaron urgente "des-nazificar" a 316 ex funcionarios y oficiales alemanes y los fusilaron sumariamente. Los soviéticos fueron más exigentes y "des-nazificaron" a 185.000 alemanes llevándolos al paredón. Otros 3.665 quedaron condenados a diez o veinte años de prisión, según su grado de "nazismo".

     El general estadounidense Lucius Clay —que llevó las estadísticas— refiere que se les abrió proceso a trece millones de alemanes, a quienes se les hacían 132 preguntas para evaluar hasta qué grado pensaban como nacionalsocialistas e imponerles la pena correspondiente. Si un alemán opinaba algo favorable para el régimen de Hitler incurría —e incurre actualmente— en "delito de opinión". En 2009 ciertos rasgos de "nazismo" siguen siendo castigados hasta con prisión. Actualmente se encuentran presos Ernst Zundel, Sylvia Stolz, Horst Mahler, Germar Rudolf y Ernst Koegel.

 

CONTRA LAS IDEAS, ATACARLAS, PERO SIN MENCIONARLAS

     Extinguir las ideas del Nacionalsocialismo será la culminación del proceso des-nazificador. Matar ideas no es muy sencillo. Se requiere, en principio, no mencionar cómo se originaron y qué eran realmente. Simplemente se da por hecho que fueron ideas terribles, y para deformarlas y desprestigiarlas se dispone de la enseñanza, desde la primaria hasta las universidades. Además, se dispone de prensa, libros, revistas, conferencias, museos, etc.

     Como complemento, el "Holocausto" de los Seis Millones es una pesada lápida que se deja caer sobre todo aquel que pretenda negar la historia oficial, de tal manera que se vea obligado a autocensurarse para no incurrir en el "delito de opinión".

     Todo eso ha ocasionado tal desinformación en la actual Alemania, que muchos ciudadanos aceptan como verdadero, o casi, lo que se les ha venido enseñando. Otros, que de algún modo se encuentran mejor informados, tienen que callar para ser "políticamente correctos". La "des-nazificación" no prescribe nunca. No fue un proceso para cerrar la Segunda Guerra Mundial. Continúa en el siglo XXI quizá con más intensidad que en el siglo pasado. A nivel mundial está presente en los "mass media", acerca de lo cual Oswald Spengler (autor de "La Decadencia de Occidente") dice:

     «La prensa mantiene la conciencia de pueblos y continentes enteros bajo el fuego graneado de frases, lemas, puntos de vista, escenas, sentimientos, y ello día a día, año por año... La Reforma vio las primeras hojas volantes. La Revolución Francesa vio el primer gran ataque de folletos en 1789, y el primer fuego en masa... Las hojas sueltas del siglo XVIII se convierten en la gran prensa. La campaña de prensa surge como continuación —o preparación— de la guerra con otros medios... El pueblo lee un diario, "su diario", que en millones de ejemplares entra todos los días en todas las casas y mantiene a los espíritus bajo su encanto. ¿Qué es la verdad para la masa? Es lo que a diario lee y oye. Tres meses de labor periodística y todo el mundo ha reconocido "la verdad"... Puede la prensa condenar a muerte a una verdad: bástale con no comunicarla al mundo, o deformarla. El lector sólo se entera de "lo que debe saber", y una voluntad superior forma o deforma la imagen de su mundo».

     Lo que Spengler denunciaba a principios del siglo XX se ha perfeccionado y complementado con la Televisión en el siglo XXI.

 

LO QUE EL NACIONALSOCIALISMO ESTUVO RETRASANDO

     Volvamos al tema de que, al principiar la década de los años '30, un magno grupo de poder económico-político y racial se encaminaba hacia el Neoliberalismo para luego imponer un Gobierno al mundo, no precisamente un Gobierno en el que todos los países fueran socios y beneficiarios. Ya vimos que hasta el Papa Pío XI lo insinuó en 1931.

     En Enero de 1933 llegó Hitler al poder, y su movimiento fue un obstáculo imprevisto para los dirigentes de las potencias aliadas. Era urgente pulverizarlo.

     ¿En qué consiste tal Gobierno Mundial, también mencionado frecuentemente como "Globalización"? Algunas de sus metas, vistas aisladamente y todavía no en su ensamble final y perfecto, son las siguientes:

• Globalización de las naciones, para lo cual es necesario desnacionalizarlas. En una primera etapa, en Europa eso representa amables ventajas. Veintisiete países sin fronteras interiores, con una misma moneda, con un Parlamento de 785 diputados y un Tribunal de Justicia, comprometidos todos a acatar. Otra etapa, que empieza a preocupar, es la migración indiscriminada de diferentes y opuestas etnias que amenazan con "diluír" la tradición europea. Más defunciones de europeos netos que nacimientos.

• Globalización de los mercados de materias primas, con poder para elevar los precios y, consiguientemente, disminuír el poder adquisitivo de todos los pueblos.

• Globalización de los mercados laborales. Salarios a la baja por la competencia de trabajadores explotados y esclavos. Repercusiones negativas en los medios de producción artesanal o industrial de todos los países.

• Globalización de la producción agrícola y ganadera mediante Tratados de Libre Comercio que benefician a los poderosos, en perjuicio de los débiles.

• Globalización de las especulaciones financieras. Los créditos de alto riesgo inmobiliario en EE.UU. ocasionaron una crisis mundial. El consiguiente rescate de 787-000 millones de dólares —"perdidos" por grandes bancos— tarde o temprano se pagarán con impuestos de "los de abajo".

• Globalización de la "Justicia". La ONU —infraestructura del "mundialismo"— apadrinó la creación del Tribunal Internacional de Derechos Humanos, que va limitando la soberanía de las naciones en materia de Justicia mediante el sofisma de que la violencia se combate con el diálogo, no con "represión".

• Globalización de las reservas que cada país vaya formando con el superávit de exportaciones-importaciones. El Fondo Monetario Internacional va "monitoreando" tales reservas y autorizando o no que cada país pueda utilizarlas libremente.

• Globalización de la droga. La producción masiva de drogas en Colombia es protegida por guerrillas que se imponen mediante el terror, y no se les puede combatir a fondo porque el Departamento de Estado —en Washington— las considera "insurgentes", y como tales sólo es legítimo el "diálogo", no la "represión". El proceso globalizador de la droga ha avanzado mucho, legitimando el uso de cantidades "personales", pero todavía encuentra oposición.

• Globalización de la enseñanza, tanto en escuelas públicas como privadas, por exigencia de la UNESCO, que es una especie de Secretaría de Educación a nivel mundial, con apoyo de la ONU.

• Globalización de la Democracia, sistema político que va adquiriendo prestigio dogmático, a tal grado que un Presidente norteamericano puede llevar tropas a 20.000 kilómetros de distancia para derrocar regímenes considerados como "no democráticos". Es el caso de Iraq y Afganistán.

• Globalización de todo lo que debilite a la sociedad. La disolución de la familia, aborto, homosexualismo, "matrimonio" de homosexuales, su adopción de hijos, etc., deben ser vistos como "avances" de "los nuevos tiempos".

• Globalización de las religiones. Todas en un mismo plano. Paralización de la Apologética. Que el ecumenismo se internacionalice para "aprender del otro y que el otro nos corrija". La encíclica Nostra Aetate del Vaticano II como una nueva Era. Que los que pidieron la crucifixión de Cristo son "nuestros hermanos mayores" y como tales debemos de seguirlos.

• Cancelación de versículos del Nuevo Testamento.

     En fin, del conjunto y consumación de todos los aspectos globalizadores ha de surgir un Gobierno para regir al mundo, no un Gobierno Mundial en el que los pueblos sean socios y beneficiarios.

 

¿POR QUÉ HUBO CAMPOS DE CONCENTRACIÓN?

     Es una pregunta que frecuentemente toca fibras sensibles de sentimientos humanos. Cabe aclarar por qué los judíos fueron llevados a esos campos:

1. Porque el Congreso Mundial Judío le declaró la guerra a Alemania en cuanto subió Hitler al poder, demandando boicotear mundialmente las exportaciones alemanas. Así ocasionó que la permanencia de judíos en Alemania se volviera incómoda.

2. Roosevelt pidió a 32 países que les dieran alojamiento a los judíos de Alemania pero todos contestaron que tenían reducidas cuotas de inmigrantes. Sólo hubo acomodo para una minoría.

3. Porque al estallar la guerra en 1939 los judíos residentes en Alemania debían emigrar, según la Convención de Ginebra. Podían haber ido a Israel —que se hallaba bajo mandato de Inglaterra—, pero Londres se negó al traslado, a fin de no disgustar a los árabes, a quienes les compraba petróleo.

4. Alemania no quería retener a los judíos, pero en el resto del mundo no se les daba asilo.

5. El Congreso de EE.UU. no aprobó que en Alaska se diera alojamiento a los judíos.

6. Campos de concentración los hubo también en Estados Unidos hasta para los descendientes de japoneses. Y en Méjico se internó a alemanes e italianos en Perote, Veracruz, convertido en campo de concentración.

7. Alemania ofreció pagar parte de los gastos para que emigraran a Inglaterra, que poseía colonias en todo el mundo, desde Canadá hasta Australia. Pero Inglaterra contestó que aceptaría sólo cierto número de "sirvientas".

 

¿EL GENERAL PATTON ERA "DES-NAZIFICABLE"?

     El general George S.Patton fue comandante del Tercer Ejército estadounidense, el más poderoso que Estados Unidos envió contra Alemania, compuesto de 27 divisiones (405.000 combatientes), 2.000 tanques, cañones de todos los calibres, etc. Avanzó desde la costa de Normandía hasta las cercanías de Berlín, y seguramente habría capturado la capital alemana, pero el general Eisenhower le ordenó incluso retroceder para cederles ese honor a los soviéticos.

     El historiador Ladislas Fargo dice que Patton consideraba, en los últimos días de la guerra, que se había combatido "contra el enemigo equivocado". A la vez, consideraba una locura el Plan Morgenthau para convertir a Alemania en un país de pastores, privándolo de toda su industria.

    "Su xenofobia era aguda —escribe Fargo—, pero no incluía a todos. Seguían agradándole los franceses, con ciertas reservas. Y en los recovecos más profundos de su corazón estaban desarrollándose sentimientos de buena voluntad hacia los alemanes... Les reconocía su valor y que habían combatido bien por su Patria... Consecuentemente trataba bien a los prisioneros".

     Patton hablaba de "una influencia claramente semítica en la prensa, y en general en todos los medios de comunicación. Tratan de lograr —decía— protección para el comunismo y que los alemanes no-judíos sean desplazados. ¿No eran los judíos los que con su propaganda y su influencia habían arrastrado a Estados Unidos a la guerra contra los alemanes?...".

     Conforme esa idea se acrecentaba —añade Fargo en su libro—, aumentaba su admiración por los alemanes. Patton llegó a retener intacta una división de las Waffen SS, por si era necesario aprovecharla para impedir que los soviéticos intentaran penetrar más en Europa. "Hay que elegir —señalaba— entre los alemanes y los soviéticos. Por mi parte prefiero a los alemanes" (Ladislas Fargo, "Los Últimos Días de Patton, 1981).

     Naturalmente se enteró de las barbaridades que los soviéticos cometían con la población alemana en las regiones que iban ocupando, y hubo ocasiones en que salvó a mujeres alemanas permitiéndoles que salieran de esas zonas. El general Dwight Eisenhower, comandante supremo de las fuerzas Aliadas, le ordenó al general Patton que cambiara totalmente de actitud; que aplicara el programa de des-nazificación: "nada de fraternizar con los alemanes... Ningún ex funcionario podría ser ya algo más elevado que un peón".

     En otro tiempo Eisenhower trataba a Patton como un camarada, pero al ver cómo se conducía con el vencido se volvió hostil. A la vez, porque conocía los pensamientos de Patton respecto a los judíos. En el Estado Mayor de Patton figuraban los judíos Koch, Blumenson y el historiador Cohen. Durante una entrevista con Eisenhower, Patton dijo que a los judíos residentes en Alemania (incluso los que acababan de quedar libres) se les debía de enviar a "ghettos mejorados". Eisenhower quedó temblando de disgusto al oír aquello. En fin, acabó por destituír al general Patton de la comandancia del Tercer Ejército y le ordenó que hiciera unas evaluaciones de táctica. Se trataba, en el fondo, de humillarlo.

     Patton atribuyó eso "a los virus de los eminentes judíos Morgenthau y Baruch, consejeros del Presidente Roosevelt, y a otros que lo habían venido criticando en los grandes periódicos de Estados Unidos, como el New York Times, el New York Herald Tribune y el Chicago Daily News". Por tanto, decidió cumplir su nueva comisión, sobre las tácticas, y luego pedir su baja. Camino a su oficina, el Cadillac del general y un camión CMC del Cuerpo de Transmisiones se detuvieron al paso de un tren. Luego, al arrancar, el camión hizo un repentino viraje y embistió fuertemente al Cadillac. Patton sufrió daño en el cuello y una herida en el cuero cabelludo. Fue inmediatamente llevado al hospital de campaña del 70º ejército. Era el 14 de Diciembre de 1945. Cinco días después se le vio mejorado, aunque no bien del todo, y el día 21 murió. El certificado médico decía: "edema pulmonar y falla cardiaca".

     En seguida corrieron rumores en el sentido de que había sido víctima de una emboscada. Se hacía hincapié en que el accidente de un famoso general de cinco estrellas, y ampliamente condecorado, no había sido investigado ni siquiera como suele hacerse en un común accidente de tránsito. En el archivo del caso no había antecedentes sobre el conductor del camión. Los restos de Patton fueron inhumados en un panteón militar de Luxemburgo, donde descansaban ya 30.000 soldados estadounidenses muertos durante las últimas ofensivas del 3er ejército que comandó Patton.

     En 1981 se produjo la película "Brass Target" de la MGM, dirigida por el inglés John Hough, con la tesis de que la muerte de Patton no fue un accidente sino parte de "una audaz maniobra para eliminarlo".–

 

 


 

 

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