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lunes, 5 de julio de 2021

Las Mentiras que Te Contaron Tus Profesores

 

     La siguiente es una conferencia (The Lies Your Professor Told You) dada varias veces por el escritor, columnista y editor estadounidense Daniel J. Flynn en diversas universidades de Estados Unidos entre 1996 y 1998, que hemos puesto en castellano, después de la cual saldría su primer libro "Why the Left Hates America" (2002). Se dice que Dan Flynn conoce a la Izquierda porque la ha combatido mano a mano en las facultades universitarias, habiendo dado conferencias en más de cien campus. El autor fue también director de Accuracy in Academia (academia.org), un centro de estudios que procura que las escuelas retornen a su tradicional misión de búsqueda de la verdad, promoviendo la libertad académica y siendo particularmente crítico de su tendencia izquierdista, de su adoctrinamiento liberal o comunista y su diseminación de desinformación, y defensor de los derechos de instituciones y alumnos conservadores.

Las Mentiras que Te Contaron Tus Profesores

por Daniel J. Flynn, 1996

 

 

     Mi charla es acerca de cuán poca verdad parece importar en la enseñanza superior hoy. En un tiempo, como lo atestiguan los lemas de las universidades de Harvard y Yale, la verdad era el objetivo último de nuestras academias y universidades. Hoy aquel ideal ha sido subvertido por algo que los académicos modernos valoran más altamente. Me refiero al concepto conocido como "diversidad". Para el académico moderno, la "diversidad" es algo a ser preservado a toda costa, aun cuando sea a costa de la verdad.

     Cuando profesores y administradores universitarios hablan acerca de "diversidad", ese término es usado como un eufemismo para una conformidad izquierdista, lo que es una inversión del verdadero sentido de la palabra. Como Thomas Sowell ha observado, cuando la gente en el campus habla de la creación de una "facultad diversa", ellos quieren decir que desean una facultad que incluya a izquierdistas negros, izquierdistas asiáticos, izquierdistas hispánicos, izquierdistas mujeres, izquierdistas homosexuales, etcétera, etcétera. La diversidad prevista por muchos de aquellos que dirigen las principales facultades y universidades estadounidenses es una diversidad donde cada una se parezca a Naciones Unidas pero piense como en una cafetería de San Francisco. O sea, eso no es diversidad en absoluto.

     Específicamente, quiero enfocar mis comentarios en el conflicto entre verdad y "diversidad" en cuatro áreas —una vez políticas, y ahora extrañamente académicas— de los derechos de los homosexuales, el medioambientalismo, el feminismo  y el multiculturalismo. Eso es porque los profesores de manera abrumadora apoyan estas ideologías políticas, de modo que ellos han adoptado la postura de aceptar aquello a lo cual Platón se refirió como "falsedades necesarias" sobre la no tan conveniente verdad en estos campos.

 

1. HOMOSEXUALISMO

     Más de 70 academias y universidades actualmente ofrecen programas de estudios de lesbianismo y homosexualismo. El libro de texto más popular en el tema reconoce que dicho campo fue diseñado para "hacer progresar los intereses de lesbianas, bisexuales y homosexuales" y que "se ubica tanto sobre el conocimiento académico como sobre la política". Usted no tiene que ser Nostradamus para predecir lo que pasaría si no fueran activistas homosexuales sino, digamos, miembros de la NRA (National Rifle Association), gente anti-aborto, o algún otro grupo de Derecha, quienes ofrecieran cursos que se ubican entre el conocimiento y la política. Se reirían de su actividad.

     Los cursos en esa disciplina, como uno podría adivinar, reflejan ese modo de pensar político: "Diversidad Sexual y Cambio Social" de la Universidad de Yale, "Hombres Homosexuales y Homosexofobia en la Cultura Estadounidense" de la Universidad de Minnesota, y "Hechos Queer" de Oberlin, en el cual la descripción del curso dice: "El travestismo [drag] será promovido, pero no requerido". Aquellos que defienden tales campos a menudo lanzan clichés como la "tolerancia" para justificar la politización del conocimiento académico. Entonces probablemente deberíamos preguntarnos ¿qué es lo que nos piden que toleremos?

     Ya el mismo primer ensayo del libro "The Lesbian and Gay Studies Reader", la Biblia de este campo emergente, demuestra precisamente lo que los activistas universitarios quieren que nosotros "toleremos". La antropóloga Gayle Rubin escribe: "Tal como los comunistas y los homosexuales en los años '50, hoy los amantes de muchachos son tan estigmatizados que es difícil encontrar defensores para sus libertades civiles, mucho menos para su orientación erótica". Ella se queja de una "cacería de brujas salvaje e inmerecida" organizada por la oficina de Correos, la FBI, y departamentos de policía locales "para borrar a la comunidad de hombres que aman a la juventud menor de edad". La antropóloga feminista continúa declarando que la oposición al "sadomasoquismo", la "transexualidad", y los "encuentros inter-generacionales" tiene "más en común con ideologías de racismo que con la verdadera ética".

     Quizá el campeón más incansable del sexo entre niños y adultos es la New York University Press. En su publicada colección de ensayos "Lavender Culture" (1978), Gerald Hannon ataca lo que él ve como dos "conceptos arcaicos": 1, "la inocencia de los niños", y 2, "la potencial nocividad del sexo". Hannon sostiene que los gays deben "ganar prosélitos" a fin de "abolir la legislación represiva y discriminatoria de la edad". Con eso él quiere decir: "alcanzar a gente joven con el mensaje" de que "ellos deberían salir de sus familias tan pronto como puedan", y que "está bien tener sexo". Y éste es un tema recurrente en muchos de los libros de estudios acerca de gays y lesbianas que publica la Editorial de la NYU.

     Por cuanto los Estudios Gays y de Lesbianas son reconocidamente políticos, proponen afirmaciones que tienen todo que ver con una agenda y muy poca relación con la verdadera investigación académica. Quiero respaldar esta afirmación, brevemente, con unos pocos ejemplos de Historia, literatura y ciencia.

     El profesor de la Universidad de Massachusetts en Boston Charley Shively afirma que Abraham Lincoln tuvo numerosas aventuras homosexuales. "Por su gusto en hombres", escribe Shively, "Lincoln era claramente un hombre pasivo (ass) más bien que activo (crotch)". ¿Cuáles son las pruebas de Shively? Bien; Lincoln, parece, compartió durante un tiempo una cama con su secretario de leyes Joshua Speed, una práctica que era común y en la que no se pensaba mucho en en el siglo XIX. Shivley afirma que también George Washington era homosexual. La "erudición" de Shivley sería irrisoria si no fuera porque el Distrito Escolar Unificado de Los Angeles —basado en el trabajo de Shivley— instruye a los profesores para que informen a la juventud homosexual que Lincoln era "gay", para incrementar la autoestima de los alumnos.

     Mediante la lectura de publicaciones "gays" del canon literario, afirmó Richard Zeikowitz en la reunión de la Modern Language Association de este año, "las amistades entre dos varones no sólo son reforzadas sino erotizadas". Huckleberry Finn y Tom Sawyer, por cuanto ellos son amigos, son leídos ahora como teniendo una amistad aún más fuerte. Las relaciones "homosociales" —donde dos hombres compiten por la misma mujer—, argumentó el profesor Zeikowitz de la City University of New York, son realmente manifestaciones de sentimientos homosexuales entre caracteres masculinos. Así, Jay Gatsby y Tom Buchanan, en virtud de su competición por Daisy Buchanan, son interpretados como "gays" por muchos instructores de literatura inglesa.

 

1.1. KINSEY Y LA REVOLUCIÓN SEXUAL

     Otro ejemplo que quiero emplear es el de Alfred Kinsey.

     Hace cincuenta años el profesor de la Universidad de Indiana Alfred Kinsey (1894-1956) lanzó los que fueron quizá los primeros disparos en la Revolución Sexual. El libro "Sexual Behavior in the Human Male" (1948), el trabajo de Kinsey, Wardell Pomeroy y Clyde Martin, impactó al Estados Unidos de posguerra como un golpe inesperado. Afirmando que el 85% de los varones estadounidenses se involucraba en el sexo prematrimonial, que el 70% había pagado por sexo con prostitutas, y que entre el 10% y el 37% era homosexual, el Informe Kinsey revolucionó la ley estadounidense, la cultura, la educación, y una multitud de otras áreas. Los críticos de ese informe —informaron los medios de comunicación a Estados Unidos— eran a Kinsey lo que la Iglesia fue para Galileo. Kinsey era, después de todo, un "científico".

     A mediados de siglo la fama de Kinsey rivalizaba con la de gente como Harry Truman y Douglas MacArthur. Hoy, él es quizá mejor conocido por plantear la idea de que el 10% de la población es homosexual. Esa cifra del "10%" se ha convertido en una especie de mantra para los activistas "gays", y a menudo es repetida en las noticias y en libros de texto de sociología como si fuera un hecho. Estoy seguro que ustedes la han encontrado antes.

     El retrato de Kinsey que ha sido presentado por los textos universitarios e historias populares es el del científico desinteresado, cuya investigación es intachable. En "The Fifties" de David Halberstam, Kinsey es "remilgado", "anticuado" y "la encarnación misma del estadounidense conservador promedio". El profesor William O'Neil de la Universidad Rutgers elogia a Kinsey en "American High" como un "héroe de la ciencia", y dice que aquellos que presionaron a la Fundación Rockefeller para que cortara la financiación de Kinsey ganaron "una victoria para la pequeñez de mente". El Kinsey en "The Glory and the Dream" de William Manchester es "un investigador objetivo", una persona "insistente en los detalles explícitos" y un "discípulo de la verdad". "Como científico", informa Manchester a los lectores, "él naturalmente no tenía favoritismos".

     Kinsey, como sabemos ahora, era una clase muy diferente de "científico". Un homosexual, un presta-esposa, un sado-masoquista, y quizá un pedófilo, Kinsey estuvo mucho más involucrado en su trabajo que lo que los guardianes de las tablas de la ley harían que nosotros creyéramos. Para Kinsey, escribe el biógrafo James Jones, "lo personal era siempre lo político".

     Considerada en sí misma, la extraña vida personal de Kinsey sólo proporciona un motivo de por qué él intentó desarraigar las costumbres sexuales del Estados Unidos de mediados de siglo. Un examen atento de su grupo de muestra demuestra cómo él hizo eso.

     Aunque el número total de hombres usados para el volumen dedicado a los varones está en disputa (las estimaciones varían entre 4.100 y 6.300), sabemos que 1.400 miembros del grupo de muestra eran presidiarios. Para Kinsey y sus socios investigadores, basar su encuesta en los habitantes de un ambiente que es un conocido caldo de cultivo para la perversión no era todavía bastante para sesgar los datos según su deseo. Desarrollando contactos claves en las subculturas gays urbanas de Chicago, Nueva York, St. Louis y otras grandes ciudades, Kinsey fue capaz de entrevistar a cientos de homosexuales, logrando inclinar sus datos y conseguir enlaces sexuales para él mismo, todo a la vez.

     Esa misma clase de engaño estadístico es omnipresente en todas partes del otro libro, "Sexual Behavior in the Human Female" (1953). Las prostitutas, por ejemplo, fueron reclasificadas como "mujeres casadas" para retratar a las esposas estadounidenses como más promiscuas que lo que realmente eran.

     Intentando demostrar que las personas son sexuales desde el nacimiento, Kinsey recolectó datos de al menos 324 niños (y quizá no menos de 2.000). Los pequeños, tan jóvenes como de cinco meses de edad, dijo Kinsey, conseguían "orgasmos" después de ser estimulados por aquellos que él llamó "compañeros". Los síntomas del clímax sexual en niños pequeños, afirmó Kinsey, a menudo incluían "sollozos", "gritos violentos," "pérdida del color" y "abundantes lágrimas".

     Kinsey y sus apóstoles han hecho afirmaciones contradictorias acerca del número de pervertidores de menores empleado para producir esos datos. Es completamente posible que Kinsey —quien en privado excusaba los encuentros sexuales entre adultos y niños y que sirvió durante mucho tiempo como un consejero para grupos tales como los Boy Scouts y la YMCA— fuera un "observador" principal y una fuente de información.

 

     De Thomas Jefferson a J. Edgar Hoover, los académicos modernos han estado obsesionados con las vidas sexuales de prominentes estadounidenses. Sin embargo Kinsey, el mismo hombre que más merecería una investigación tal, ha sido en gran parte ignorado. Los académicos, sintiendo un parentesco ideológico con Kinsey, se han negado a intentar descubrir la información que podría socavar la obra de una figura a la que ellos tienen en tan alta estima.

 

2. MEDIOAMBIENTALISMO

     Utilizar la "ciencia" como un medio para promover objetivos políticos propios ciertamente no es un fenómeno que sea exclusivo de académicos homosexuales. Los ecologistas también gritan "ciencia" cuando ellos intentan cumplir una agenda. Parece que mientras más obvia es la agenda, más alto suenan los gritos de "ciencia".

     El libro del profesor de la Universidad de Stanford Paul Ehrlich "The Population Bomb" (1968), treinta años después de que fue primero publicado es todavía uno de los textos más frecuentemente requeridos en los estudios a nivel universitario. "La batalla para alimentar a la Humanidad se acabó", afirmó él de manera apocalíptica. "En los años '70 el mundo experimentará hambrunas, y cientos de millones de personas van a pasar hambre hasta la muerte". Al igual que Malthus 180 años antes, Ehrlich se equivocó. Sin embargo, la creencia del profesor de Stanford de que un aumento de seres humanos inevitablemente conduce a un desastre ecológico es enseñada en muchas academias y universidades como si fuera un hecho.

     Tal como la "bomba demográfica" que nunca sucedió, el "calentamiento global" es una teoría que tiene problemas al desplegarse en la práctica. Durante las últimas dos décadas, los satélites meteorológicos muestran que la temperatura global promedio realmente se ha enfriado. El punto planteado por el calentamiento global es especialmente interesante cuando usted descubre que muchos de los mismos supuestos "científicos" que sostienen que la Tierra se está calentando argumentaron lo contrario hace 25 años. En 1971 el doctor Stephen Schneider advirtió que habrá "un enfriamiento de la Tierra" y también acerca del potencial de lo que él calificó como una próxima "Era glacial". Hoy Schneider es un profesor en Stanford y autor del libro frecuentemente requerido "Global Warming".

     Según medioambientalistas académicos, nuestros bosques se están agotando. Sin embargo, gracias a la reforestación y a avances en la tecnología para combatir incendios, Estados Unidos tiene más árboles ahora que en cualquier otro momento en este siglo. Como indica John Tierney en un reciente artículo de la Revista del New York Times, "Sí, muchos árboles han sido cortados para hacer el periódico de hoy. Pero aún más árboles serán probablemente plantados en su lugar. El suministro de madera en EE.UU. ha estado aumentando durante décadas, y los bosques nacionales tienen tres veces la cantidad de madera hoy que en 1920".

 

3. FEMINISMO

     Quiero tomar unos minutos para examinar el feminismo; específicamente su brazo académico: los estudios de la mujer.

     Hace treinta años no había programas de estudios de la mujer en Estados Unidos. Hoy, hay más de 600 programas que conceden grados académicos en esa materia. El American Council on Education declara que de las más de 3.000 instituciones de enseñanza superior en Estados Unidos, 2.000 ofrecen estudios de la mujer en una forma u otra. Cada universidad de la Ivy League [grupo de las ocho universidades estadounidenses más prestigiosas], a excepción de Princeton, ahora ofrece más cursos en estudios de la mujer que de economía. ¿Por qué es eso?

     La proliferación de cursos inspirados por el feminismo no proviene del interés de los estudiantes. Cuando examiné la Universidad de Harvard en 1996, por ejemplo, encontré que había 540 alumnos de economía, y sin embargo había sólo 52 cursos de economía catalogados en el programa de estudio de la escuela. Compare eso con los estudios de la mujer, donde sólo 13 estudiantes se especializaban en esa área, pero tenían más de 60 cursos para elegir. La Cornell Review encontró que el curso promedio de Estudios de la Mujer en aquella institución tenía cuatro estudiantes matriculados. La historia es más o menos igual en otras universidades. Los estudiantes de economía tienen menos cursos para elegir a pesar de exceder en número a los que se especializan en estudios de la mujer por 28 a 1 en Yale y 23 a 1 en Pennsylvania. Claramente es la oferta y no la demanda la que está alimentando la embestida de los planes de estudios políticamente correctos.

     Los estudiantes saben que aproximadamente los únicos empleos que uno puede asegurar como resultado de especializarse en un campo como los Estudios de la Mujer son o convertirse en un activista profesional o permanecer en la educación y enseñar los mismos cursos de estudios de la mujer en los que uno se matriculó como estudiante universitario. Los pocos estudiantes que se matriculan en campos como los Estudios de la Mujer, a menudo hacen eso sólo porque ellos son presionados para hacerlo —porque eso satisface a cierta "diversidad" o es un "requerimiento del Tercer Mundo"— o son atraídos hacia esa área por el atractivo de alcanzar buenas calificaciones de manera fácil.

     ¿Qué exactamente es lo que los estudiantes típicamente aprenden en los Estudios de la Mujer? En el curso "Practicing Feminism: A Study of Political Activism" del Williams College los estudiantes realizan "trabajo de campo en agencias comunitarias" de modo que ellos "puedan elevar la conciencia de las cuestiones feministas en la comunidad". El curso "Women of Color and Activism" de la Universidad de Massachusetts en Amherst "se mueve más allá de las representaciones de las mujeres de color como contadoras de historias" y procura "establecer un fundamento para el futuro activismo entre mujeres de color y otras mujeres"... Y esto viene directamente de los catálogos de los cursos.

     Quizá más alarmante que el aburrido y poco importante trabajo político que a los estudiantes se les pide hacer, son las teorías pseudo-científicas que son expuestas a través de todos los Estudios de la Mujer. "Women’s Ways of Knowing" es el título de un libro y de numerosos cursos universitarios. Ésa es también una filosofía creciente que declara que la lógica y el razonamiento son modos masculinos de conocimiento, y que el sentimiento y la intuición son los modos femeninos. Ahora, si un hombre hubiera llegado a decir eso hace unas décadas, él habría sido en forma legítima condenado como un sexista. Hoy son las auto-proclamadas feministas las que predican esas tonterías.

     Estoy seguro de que ustedes han oído decir en los campus que una de cada cuatro mujeres es violada. Cada vez que he estado en un campus universitario durante algunas horas, me he encontrado con esa estadística en algún lugar. Ése es un recordatorio constante que está en libros de texto de Estudios de la Mujer, en pasillos de dormitorios, en la literatura del campus, y en reuniones para "recuperar la noche". Implícito en esa estadística no es sólo que millones de mujeres estadounidenses son víctimas, sino que millones de hombres estadounidenses son violadores. La profesora de la Universidad de Michigan Catherine MacKinnon, de acuerdo a esa misma orientación, afirma que todo el sexo heterosexual es violación.

     La estadística de "una de cada cuatro" está basada en una encuesta de mujeres en edad universitaria hecha por la revista MS. De manera bastante extraordinaria, el 73% de las mujeres que MS categorizó como víctimas de violación realmente dijo que ellas creían que no fueron violadas. Las feministas constantemente nos recuerdan que cada vez que una mujer dice que ella es violada, deberíamos creerle. A juzgar por la encuesta de MS, cuando las mujeres dicen que ellas no han sido violadas deberíamos dudar de ellas. Esto es un poco confuso, considerando que son las feministas las que están diciendo que siempre deberíamos creer a las mujeres. Sin embargo, en sus propias encuestas las feministas no confían en las mujeres.

     En un caso fuertemente publicitado en la Universidad de Georgetown este pasado año escolar, dos estudiantes universitarias fueron denunciadas por compañeras de clase y funcionarios de esa universidad por exponer la falsedad de tales mitos feministas [de violaciones] en una publicación que ellas mismas produjeron. La presión fue tan grande que incluso las compañeras de habitación de las muchachas las denunciaron. Una estudiante dijo: "Si una mujer no es violada por publicar estadísticas falsas, entonces esto lo justifica".

 

4. MULTICULTURALISMO

     La categoría final de la que quiero hablar es la del multiculturalismo.

     En su núcleo, el multiculturalism es marxista. El Marxismo Económico toma el dinero ganado por el rico y lo da al pobre. El Marxismo Cultural —o multiculturalismo— procura degradar los logros del grupo social mayoritario exagerando los logros de los llamados "grupos víctimas".

     El multiculturalismo no tiene que ver con promocionar a otras culturas. Es acerca de la degradación de la nuestra propia. Si los así llamados multiculturalistas fueran serios en cuanto a estudiar otras culturas, podríamos esperar ver tomas de edificios de campus en nombre de más cursos en idiomas extranjeros, protestas pidiendo mayores programas de intercambio de estudiantes, o peticiones puestas en circulación para volver a enseñar "The Story of Civilization" [en 11 volúmenes, publicados entre 1935 y 1975] de Will y Ariel Durant. Demás está decir que no vemos aquello. En vez de eso tenemos turbas que gritan "Oye, oye, tienes que oír: La cultura occidental se tiene que ir".

   Una práctica común de los multiculturalistas es destacar los pecados y defectos (tanto reales como imaginarios) de la Civilización Occidental. Cuando eso no logra hacer que los logros de todos los grupos parezcan relativamente iguales, ellos a menudo inventan una nueva "Historia" para aumentar la estima de grupos minoritarios.

     • En "They Came Before Columbus" el profesor Ivan van Sertima de la Universidad Rutgers sostiene que los africanos, no Colón, descubrieron las Américas. A pesar de ninguna evidencia creíble para apoyar esas afirmaciones, el trabajo del profesor Sertima es extensamente citado en círculos afrocéntricos como la prueba del descubrimiento africano del Nuevo Mundo.

     • En "Exemplar of Liberty" los profesores Donald Grinde y Bruce Johansen afirman que la filosofía política de los indios norteamericanos fue una influencia clave en los Padres Fundadores [de Estados Unidos]. "Un día", declaran los autores, "cuando la sociedad dominante se preocupe más por la reciprocidad y menos por la superioridad y la dominación, podremos ser todos capaces de unir manos y celebrar las raíces diversas de la tradición democrática estadounidense sin las anteojeras de la indiferencia y la arrogancia cultural".

     • El afrocentrismo sostiene que los pensadores griegos antiguos como Sócrates, Platón y Aristóteles robaron sus ideas de egipcios "negros" y de la Biblioteca de Alejandría. Esa teoría ha sido pregonada como un hecho por el afrocentrista principal Molefi Assante de la Temple University, entre muchos otros. Bueno, se le debe haber arruinado el día al señor Assante cuando él averiguó que la Biblioteca de Alejandría fue construída después de que Sócrates, Platón y Aristóteles habían muerto. Los hechos, sin embargo, raramente se interponen en el camino de una buena historia, y ese mito todavía es enseñado como verdad en muchas instituciones de enseñanza superior.

     Por ridículos que estos tres ejemplos puedan parecer, deberíamos recordar que ellos son enseñados en cientos de cursos universitarios a través de todo Estados Unidos como si fueran hechos. La noción de que los indios contribuyeron decisivamente a nuestra Fundación, de alguna manera entró en los Estándares de Historia Nacional durante la Administración Clinton. La idea de que los griegos robaron su conocimiento de egipcios negros es enseñada dentro del libro "African-American Baseline Essays", que es parte de los planes de estudio de las escuelas públicas en Portland, Oregon, y Milwaukee, Wisconsin.

     No obstante, usted puede decir: "Yo sé que ellos enseñan esa materia, pero dudo que cualquier persona sensible sea lo suficintemente estúpida para creerla". Esa crítica puede ser válida, de manera que permítanme ofrecer un ejemplo de cómo los multiculturalistas han fabricado una serie de acontecimientos y han tenido un éxito enorme en hacer pasar esa historia inventada como si fueran hechos. El ejemplo que usaré se centra alrededor del internamiento de japoneses [en ciertas zonas en Estados Unidos] durante la Segunda Guerra Mundial, una historia de la que estoy seguro que la mayor parte de ustedes ha oído en cualquier curso que ustedes hayan tomado relativo a la historia estadounidense en el siglo XX.

     En el texto de historia estadounidense ampliamente requerido "The Enduring Vision" se explica que durante la Segunda Guerra Mundial "El peor abuso de las libertades civiles... fue el internamiento de 112.000 estadounidenses de origen japonés" en lo que los autores llaman "campos de concentración". Esa injusticia, declara el libro que es leído por "cientos de miles" de estudiantes, ocurrió a pesar del hecho de que "la Inteligencia militar no había descubierto ninguna prueba de comportamiento desleal por parte de aquella gente". Hay un ligero problema con esa versión oficial. Y el problema es que eso no es verdad.

     Se afirma que más de 100.000 estadounidenses fueron internados durante la Segunda Guerra Mundial. La cifra verdadera es 31.265. Más chocante que eso, es que de todos aquellos que fueron internados, la mitad eran estadounidenses de origen europeo.

     Los historiadores no se atreven a cuestionar la lealtad de los estadounidenses de origen japonés. Hacer eso sería debilitar su tesis de que el internamiento fue innecesario. Sin embargo, es un hecho indiscutible que más de 5.600 estadounidenses de origen japonés renunciaron a su ciudadanía norteamericana después de Pearl Harbor, y que unos 20.000 adicionales se unieron al esfuerzo de guerra japonés. Tampoco los historiadores mencionan el internamiento de europeos. Ese hecho inconveniente deslegitima la idea de que el internamiento fue un acto racista.

     Si Estados Unidos es verdaderamente un país racista, ¿por qué, entonces, nos enteramos del internamiento japonés sólo en los libros de Historia? ¿Por qué fue que el gobierno federal pagó 20.000 dólares como compensación en 1988 a [cada uno de los] estadounidenses de origen japonés que fueron internados u obligados a establecerse en otro lugar, y los estadounidenses de origen europeo que tuvieron que soportar lo mismo no recibieron nada?

     Es verdad que decenas de miles de estadounidenses de origen japonés fueron obligados a moverse de la costa Oeste hacia otro lugar. Es por eso, probablemente, que los historiadores han fabricado la cifra de 112.000 para el número total de japoneses internados.

     Es también verdadero que miles de estadounidenses de origen italiano y alemán fueron obligados a establecerse en otros lugares. La familia del jugador de béisbol Joe di Maggio, por ejemplo, fue obligada por el gobierno a trasladarse desde San Francisco. Al igual que los japoneses, los europeos eran libres de trasladarse a cualquiera de los 44 Estados excepto California, Arizona, Oregon y Washington. A diferencia de los japoneses, sin embargo, los alemanes y los italianos no tuvieron el lujo de tener la opción de trasladarse a centros financiados por el gobierno que ofrecían comida, ropa, alojamiento, asistencia médica y educación gratuitos. Los europeos que fueron obligados a moverse tuvieron que arreglárselas por sí mismos.

     Esos centros del gobierno, a los que los historiadores han etiquetado burlonamente como "campos de concentración", tuvieron la tasa de mortalidad infantil más baja y la tasa de esperanza de vida más alta durante la guerra. Vivir en dichos centros era opcional —35.000 japoneses decidieron vivir por sí mismos en otras partes—, y cuando la guerra terminó la Japanese American Citizens League protestó para que siguieran manteniéndose abiertos.

     Estoy dispuesto a correr el riesgo y decir que ninguno de los habitantes de Kolyma [un gulag en Rusia] o de Auschwitz protestó para mantener abiertos aquellos verdaderos campos de concentración. Sólo en Estados Unidos, supongo.

     La historia del internamiento japonés, como tanto de lo que es enseñado en nuestras instituciones educacionales, es una mentira. Para el propósito de promover ideologías políticas —feminismo, derechos homosexuales, medioambientalismo y multiculturalismo— los académicos han pasado por alto su misión original: la búsqueda de la verdad.

 

OPINIÓN MONOLÍTICA

     La generación que nos dijo hace tres décadas [1968] que había que "cuestionar a la autoridad", es ahora la autoridad en los recintos universitarios de Estados Unidos. Cuestionar a la autoridad, sin embargo, es la última cosa que ellos quieren que los estudiantes hagan hoy. El excéntrico de la comunidad que se opone a las normas de la sociedad por el bien de la sociedad, es el enemigo público número uno en muchas academias y universidades principales. Los estudiantes que cuestionan la ortodoxia predominante del campus a menudo son hechos callar en clases por sus pares y son calificados por sus profesores con bajas notas en las pruebas. Para los académicos, el castigo por ese "crimen mental" es mucho peor. Las probabilidades de que un profesor que no se suscribe a la "Política de Identidad" obtenga un cargo en una academia o universidad de buen nivel son mínimas. Permítanme que yo ilustre esto con algunas cifras.

     Recientes encuestas acerca de las afiliaciones políticas de profesores de universidad demuestran el grado hasta el cual un monolito de opinión está presente entre los miembros de las facultades. En el Dartmouth College los profesores Demócratas superan en número a los Republicanos en una proporción de 25 a 1. Entre los profesores de la Universidad Cornell la proporción es la misma. En la University of North Carolina-Chapel Hill, los Demócratas presentan una ventaja de más de 10 a 1. Un estudio de 1994 mostró que entre los profesores de humanidades de la Universidad Stanford que eran miembros de los dos partidos principales, 9 de cada 10 eran Demócratas registrados. Un estudio similar realizado por Rocky Mountain News reveló una proporción de 31 a 1 en la Universidad de Colorado en Boulder. En los departamentos de Historia de las cinco escuelas combinadas, por ejemplo, había 137 Demócratas y sólo tres Republicanos. En los departamentos de Inglés, el total combinado era de 159 a 6.

     Cuando se trata de la diversidad intelectual, nuestros principales institutos y universidades están en bancarrota. Las mismas instituciones donde querríamos que el mercado de las ideas fuese el más libre, son los sitios donde aquél afronta la mayor hostilidad. Los códigos de lenguaje, la formación de la sensibilidad, los robos de periódicos y la prohibición de portavoces polémicos son aspectos de la vida universitaria que han conducido a un clima de supresión en cientos de escuelas.

     Quisiera cerrar con una nota de optimismo. Aunque la verdadera diversidad —la diversidad intelectual— sea prácticamente inexistente en los campus, las cosas pueden cambiar, y pienso que van a cambiar. En el mundo comunista, los líderes a menudo se referían a sus naciones como "democracias" aunque ellas claramente no lo fueran. Ellos también utilizaron la retórica democrática para apoyar sus fines claramente totalitarios. No debería habernos sorprendido que después de años de escuchar sobre democracia, la gente en esas naciones se levantara y dijera: "Oye, esa cosa de la democracia suena bastante bien. ¿Qué tal un poco para mí?".

     En los campus universitarios la situación es más o menos igual. Durante años, los comisarios de universidad han predicado la Diversidad a la vez que presentaban a los estudiantes una diversidad fraudulenta basada en características superficiales. Nosotros deberíamos estar animados, y no en absoluto sorprendidos, cuando los estudiantes comiencen a decir: "Oye, esa cosa de la diversidad parece bastante buena. ¿Qué tal un poco para mí?".

     Gracias.–

 

 

 

 

 

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