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martes, 22 de junio de 2021

Laurent Guyénot - Sobre la "Operación Barbarroja"

 

     Cumpliéndose hoy 80 años del inicio de la "Operación Barbarroja", o invasión alemana de la Rusia soviética, presentamos en castellano aquí un análisis y reseña que apareció el mes pasado en unz.com del autor francés Laurent Guyénot de un libro publicado hace dos meses por Sean McMeekin (1974), historiador estadounidense (Stalin's War: A New History of World War II). El libro de McMeekin se hace eco de las tesis de Viktor Suvorov, pionero en la historiografía en afirmar la calidad de preventivo del ataque de Hitler contra Rusia, y de que Stalin había concentrado grandes ejércitos en su frontera con el fin de lanzarse contra Alemania y contra toda Europa tras el desgaste de los combatientes en el Oeste, lo que ha venido siendo confirmado a medida que han aparecido nuevas evidencias.

OPERACIÓN BARBARROJA:

El Revisionismo de V. Suvorov Se Hace Prevaleciente

por Laurent Guyénot

8 de Mayo de 2021

 

 

     La mañana del domingo 22 de Junio de 1941, conducido por su odio al "judeo-bolchevismo" y su insaciable avaricia de espacio vital (Lebensraum), Hitler traicioneramente rompió su pacto de no agresión con Stalin y lanzó la invasión de la Unión Soviética. Sorprendido con la guardia baja y mal comandado, el Ejército Rojo fue doblegado. Pero gracias a la heroica resistencia del pueblo ruso, la URSS finalmente derrotó a los alemanes, a un costo de aproximadamente veinte millones de muertos. Ése fue el principio del fin para los nacionalsocialistas.

     Éste es, en el esquema general, la historia de la Operación Barbarroja según la cuentan los vencedores.

     Los vencidos, naturalmente, tenían una versión diferente. A las 4:30 hrs. durante la mañana del ataque, el embajador ruso en Berlín recibió una declaración formal de guerra, más tarde leída ante una conferencia de prensa internacional, justificando el ataque por "la concentración constantemente creciente de todas las fuerzas armadas rusas disponibles a lo largo de una amplio frente que se extiende desde el Mar Báltico al Mar Negro". La declaración justificó el ataque como preventivo:

     «Ahora que la movilización general rusa es completa, no menos de 160 divisiones están desplegadas contra Alemania. Los resultados de un reconocimiento realizado en días recientes han mostrado que el despliegue de tropas rusas, y sobre todo de unidades motorizadas y blindadas, ha sido realizado de tal modo que el Alto Comando ruso está listo en cualquier momento a emprender acciones agresivas en varios puntos contra la frontera alemana».

     El gobierno estadounidense ignoró la justificación alemana, y afirmó que el ataque de Alemania era parte del malvado plan de Hitler "para la cruel y brutal esclavitud de todos los pueblos y para la destrucción final de las democracias libres restantes" [1].

[1] Citado en Mark Weber, "Why Germany Attacked the Soviet Union. Hitler’s Declaration of War against the USSR – Two Historic Documents", http://ihr.org/other/WhyGermanyStruckUSSR

     En los meses siguientes, refiriéndose a informes del frente, Hitler afirmó que las fuerzas soviéticas reunidas en la frontera occidental de la URSS eran aún mayores que lo que él había pensado, y había demostrado que la intención de Stalin había sido invadir no sólo Alemania sino toda Europa. Él dijo ante un gran auditorio en Berlín el 3 de Octubre de 1941:

     «No teníamos idea de cuán gigantescos eran los preparativos de este enemigo contra Alemania y Europa y cuán inmensamente grande era el peligro; cómo sólo apenas evitamos la aniquilación, no sólo de Alemania sino también de Europa. (...) Que el Señor tenga misericordia de nuestro pueblo y del mundo europeo entero si este bárbaro enemigo hubiera sido capaz de conseguir mover sus decenas de miles de tanques antes que nosotros. Toda Europa habría sido perdida» [Ibid.].

     Hitler lo repitió ante los diputados del Reichstag el 11 de Diciembre de 1941:

     «Hoy tenemos material realmente indesmentible y auténtico para demostrar que Rusia tenía la intención de atacar. (...) Si esa oleada de más de veinte mil tanques [soviéticos], cientos de divisiones, decenas de miles de cañones, acompañados por más de diez mil aviones, de improviso hubiera comenzado a moverse a través del Reich, entonces Europa habría sido perdida».

     Ésa fue la línea de defensa de los comandantes militares acusados de "crímenes contra la paz" ante el Consejo de Guerra Internacional en Núremberg en 1945-1946. El mariscal de campo Wilhelm Keitel, jefe del Alto Mando de las Fuerzas Armadas, sostuvo que "El ataque contra la Unión Soviética fue llevado a cabo para adelantarse a un ataque ruso contra Alemania", y fue por lo tanto un acto legal de guerra. Su segundo al mando, el general Alfred Jodl, jefe del Personal de Operaciones, de manera similar declaró: "Eso fue innegablemente una guerra puramente preventiva. Lo que averiguamos más tarde fue la certeza de los enormes preparativos militares rusos frente a nuestra frontera. (...) Rusia estaba totalmente preparada para la guerra". Tanto a Keitel como a Jodl se les negó acceso a los documentos que demostrarían su punto. Ellos fueron encontrados culpables y ahorcados.


LA TESIS DE SUVOROV

     ¿Fue real la amenaza soviética contra Alemania y Europa, o aquello fue sólo propaganda nacionalsocialista? Hasta este día, los libros de texto de Historia no dicen nada al respecto. Pero esto ha entrado en el debate académico, gracias a los libros de Vladimir Rezun, un ex-oficial soviético de Inteligencia militar que desertó hacia Occidente en 1978, y que escribió dos trascendentales libros bajo el seudónimo de Viktor Suvorov: primero en 1988, "Rompehielos. ¿Quién Comenzó la Segunda Guerra Mundial?" [Icebreaker], y en 2010, después de que nuevos archivos rusos se habían hecho accesibles, "El Principal Culpable. El Gran Designio de Stalin para Comenzar la Segunda Guerra Mundial" [The Chief Culprit]. Primero aprendí sobre Suvorov en el artículo de 2018 de Ron Unz "Cuando Stalin Casi Conquistó Europa" [2], y he leído desde entonces lo que he podido sobre el tema, comenzando con artículos en el indispensable sitio ihr.org de Mark Weber.

[2] https://www.unz.com/runz/american-pravda-when-stalin-almost-conquered-europe/

     La tesis de Suvorov puede ser resumida como sigue: El 22 de Junio de 1941 Stalin estaba a punto de lanzar una masiva ofensiva contra Alemania y sus aliados, dentro de unos días o semanas. Los preparativos habían comenzado en 1939, justo después de la firma del Pacto Molotov-Ribbentrop, y se habían acelerado al final de 1940, con las primeras divisiones desplegadas en las nuevas ampliadas fronteras soviéticas, frente al Reich alemán y Rumania, en Febrero de 1941. El 5 de Mayo Stalin anunció ante un auditorio de dos mil graduados de academias militares, rodeado de generales y lumbreras del partido, que había llegado el tiempo para "cambiar desde la defensiva a la ofensiva". Días más tarde, él hizo enviar una directiva especial a todos los puestos de mando para "estar preparados a una señal del Cuartel Central General para lanzar ataques relámpagos para derrotar al enemigo, mover operaciones militares a su territorio y capturar objetivos claves".

     Nuevos ejércitos estaban siendo acumulados en todos los distritos, con una movilización que ahora alcanzaba a 5,7 millones, un ejército gigantesco imposible de sostener durante mucho tiempo en tiempos de paz. Cerca de un millón de paracaidistas, tropas útiles sólo para una invasión, habían sido entrenados. Cientos de aeródromos fueron construídos cerca de la frontera occidental. A partir del 13 de Junio, un incesante movimiento de trenes nocturnos transportó miles de tanques, millones de soldados, y cientos de miles de toneladas de municiones y combustible hacia la frontera.

     Según Suvorov, si Hitler no hubiera atacado primero, el gigantesco poder militar que Stalin había acumulado en la frontera le habría permitido alcanzar Berlín sin mayor dificultad y luego, en el contexto de la guerra, tomar el control del continente. Sólo la decisión de Hitler de adelantarse a la ofensiva de Stalin lo privó de esos recursos perforando e interrumpiendo sus líneas y destruyendo o capturando aproximadamente el 65% de todo su armamento, algo de ello todavía en trenes.

     Suvorov muestra un conocimiento impecable del Ejército Rojo, y una aguda comprensión de la estrategia militar. En cuanto a las intenciones de Stalin, generalmente muy secretas, Suvorov tiene de él numerosas citas de los 13 volúmenes de sus escritos. Él examinó cuidadosamente montañas de archivos y las memorias de cientos de militares rusos. No es exagerado decir que la "tesis de Suvorov" ha revolucionado la historia de la Segunda Guerra Mundial, abriendo una perspectiva totalmente nueva a la cual muchos historiadores, tanto rusos como alemanes, han añadido ahora detalles: entre los alemanes pueden ser mencionados Joachim Hoffmann, Adolf von Thadden, Heinz Magenheimer, Werner Maser, Ernst Topitsch, Walter Post y Wolfgang Strauss, quien ha revisado a historiadores rusos acerca del tema.

     La tesis de Suvorov también ha generado mucha hostilidad. Sus oponentes caen en dos categorías. Algunos autores rechazan completamente su análisis y simplemente niegan que Stalin planeara una ofensiva. Considerando las concentraciones simétricas de los ejércitos alemán y rusos en su frontera común en Junio de 1941, ellos las interpretan de manera diferente: la concentración alemana demuestra intenciones belicosas alemanas, pero el mismo movimiento entre los rusos es interpretado como la prueba de la incompetencia de los generales soviéticos para la defensa.

     Esa tendencia es ilustrada por el libro "Stumbling Colossus" de David Glantz, sobre el cual Ron Unz escribió: "Aunque pretendiendo refutar a Suvorov, el autor pareciera ignorar casi todos sus argumentos centrales, y simplemente proporciona una recapitulación bastante deslucida y pedante de la narrativa estándar que yo había visto antes cientos de veces, enlazado con unos excesos retóricos que denuncian la singular vileza del régimen nacionalsocialista".

     Otro detractor de Suvorov es Jonathan Haslam, que ataca a Suvorov por su "uso altamente dudoso de evidencias". Haslam admite que el 5 de Mayo de 1941 Stalin había anunciado una ofensiva inminente, pero lo interpreta como la previsión de Stalin del ataque de Hitler. Él luego añade: "El hecho de que cada pieza de evidencia a nuestra disposición también indique que él mostró una considerable sorpresa cuando los alemanes invadieron el 22 de Junio siempre ha creado una especie de rompecabezas para los historiadores. ¿Cómo podía Stalin a la vez esperar la guerra y ser tomado por sorpresa al mismo tiempo?". Para contestar esta pregunta, Haslam se pierde en borrosas conjeturas, mientras que la respuesta de Suvorov es la única lógica: Stalin sabía que la guerra con Alemania era inminente, pero él no esperaba que Alemania golpeara primero.

     De manera no sorprendente, uno de los ataques más duros contra Suvorov vino de un apologista de Stalin de mucho tiempo, del profesor de la Universidad de Tel-Aviv Gabriel Gorodetsky (Grand Delusion: Stalin and the German Invasion of Russia). Gorodetsky llama a los libros de Suvorov "débiles y fraudulentos" porque ellos "engendran mitos, y de manera sistemática y deliberada obstruyen la búsqueda de la verdad al simplificar una situación compleja". Sin embargo, como señala un revisor, Gorodetsky "negligentemente ignora el trabajo de Suvorov después de la página ocho" y su libro está repleto de contradicciones y afirmaciones no demostradas.

     El segundo tipo de autores que critican a Suvorov son aquellos que están de acuerdo con él en general, y difieren sólo en detalles. Un ejemplo francés es un reciente libro de 1.000 páginas del especialista francés Jean Lopez, "Barbarossa 1941. La Guerre Absolue" (2019). Lopez reconoce que Stalin se disponía a invadir Europa, pero trata a Suvorov como un fraude y, en un ensayo anterior, descartó como un "mito" la noción de que "Hitler se anticipó a un ataque de Stalin", con este argumento: "Según diversos relatos, Stalin creía que el Ejército Rojo no estaría listo sino hasta 1942. Ningún ataque soviético, por lo tanto, podría haber sido emprendido antes de aquella fecha" [3]. Eso es probablemente falso: es verdad que Stalin había planeado originalmente su masiva ofensiva para el verano (boreal) de 1942, como Suvorov mismo ha declarado. Pero hay también muchas pruebas de que, en 1940, preocupado por la rápida victoria de Alemania sobre Francia, Stalin había acelerado sus preparativos de guerra. Según el general Andrei Vlassov, capturado por los alemanes en 1942, "el ataque [soviético] estaba planeado para Agosto-Septiembre de 1941" [4]. Es difícil conseguir un sentido de las contradicciones de Lopez.

[3] Jean Lopez y Lasha Otkhmezuri, "Hitler A Devancé une Attaque de Staline", en Les Mythes de la Seconde Guerre Mondiale, Jean Lopez y Olivier Wieviorka (eds), 2015.

[4] Adolf von Thadden, "Stalins Falle: Er wollte den Krieg", citado de Daniel Michaels, "New Evidence On Barbarossa: Why Hitler Attacked Soviet Russia", The Journal of Historical Review, Sept. 2001, http://www.ihr.org/jhr/v18/v18n3p40_Michaels.html

 

"LA GUERRA DE STALIN" DE SEAN MCMEEKIN

     Aún más paradójico en su tratamiento de Suvorov es un libro publicado hace unas semanas [20 de Abril de 2021]: "Stalin’s War: A New History of World War II", de Sean McMeekin del Bard College en Nueva York. Averigüé sobre ello mientras buscaba (sin éxito) una copia económica del libro del mismo título, "Stalin’s War: A Radical New Theory of the Origins of the Second World War" (1987), de Ernst Topitsch. Yo esperaba que el nuevo libro de McMeekin citara de Suvorov extensamente y de manera favorable. Estuve sorprendido de encontrar a Suvorov mencionado sólo una vez. Después de notar que Suvorov "revolvió miles de documentos intrigantes" en apoyo de su tesis y que "muchos historiadores rusos han investigado la tesis de Suvorov", produciendo en el proceso "dos gruesos volúmenes" de más documentos, McMeekin concluye: "Pero un considerable misterio permanece en cuanto a las intenciones de Stalin en vísperas de la guerra", y añade que ningún documento escrito claro puede ser presentado que inequívocamente "demuestre que Stalin se había resuelto ya a la guerra, fuera preventiva, defensiva, o lo que fuese" [5].

[5] Sean McMeekin, "Stalin’s War, A New History of World War II", 2021, p. 267.

     Luché para conseguir un sentido de ese desdeñoso comentario, ya que McMeekin realmente está de acuerdo con casi cada punto importante planteado por Suvorov. Al igual que Suvorov, y con las mismas fuentes, McMeekin muestra que, a pesar del pretexto táctico de Stalin de "socialismo (sólo) en un país", él estaba incondicionalmente dedicado al objetivo de Lenin de la sovietización de Europa. Su análisis del modo en que Stalin atrajo a Hitler hacia una guerra en el frente occidental ruso con el Pacto Molotov-Ribbentrop está totalmente de acuerdo con Suvorov. McMeekin atribuye el mismo significado que Suvorov al anuncio de Stalin, el 5 de Mayo de 1941, de que "debemos cambiar desde la defensa a la ofensa" (a lo cual McMeekin dedica su "prólogo"). Su interpretación de la simultánea auto-designación de Stalin como presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo repite exactamente la de Suvorov: "A partir de ese momento en adelante, toda la responsabilidad de la política exterior soviética, de paz o guerra, para victoria o derrota, está sólo en las manos de Stalin. El tiempo para el subterfugio se había terminado. La guerra era inminente". McMeekin repite la mayor parte de la evidencia de Suvorov, que los preparativos de guerra de Stalin eran ofensivos y potencialmente aplastantes. Él insiste, como Suvorov, en las bases aéreas indefensas construídas cerca de la frontera:

     «La evidencia material más dramática de un intento soviético más ofensivo era la construcción de avanzadas bases aéreas contiguas a la nueva frontera que separaba el Imperio de Stalin del de Hitler. La "Administración Soviética Principal de Construcción de Aeródromos", dirigida por el NKVD [Ministerio del Interior soviético], ordenó la construcción de 251 nuevas bases de la Fuerza Aérea Roja en 1941, de las cuales el 80% (199 bases) fue localizado en distritos rusos occidentales que lindaban con el Reich alemán».

     En vista de la evidencia, McMeekin cree que "la fecha ideal de lanzamiento de la ofensiva soviética... caía a finales de Julio o Agosto". McMeekin incluso refuerza el argumento de Suvorov de que la movilización de Hitler en el Frente del Este fue una reacción a los preparativos de guerra de Stalin, más que lo contrario, mostrando que, tan pronto como en Junio de 1940, los alemanes estaban recibiendo informes de Inteligencia que decían que

     «el Ejército Rojo, capitalizando la concentración de la Wehrmacht en el Oeste, se preparaba para marchar desde Lituania hacia una Prusia del Este prácticamente indefensa y a Polonia ocupada por los alemanes. (...) El 19 de Junio un espía alemán reportó desde Estonia que los soviéticos habían informado al saliente embajador británico en Tallin que Stalin planeaba desplegar tres millones de hombres en la región báltica para amenazar las fronteras del Este de Alemania».

     McMeekin usa los mismos archivos que Suvorov, pero nunca le da el crédito de haberlos traído primero a la luz. La única excepción está en una sola nota, donde él menciona que uno de los motivos de Stalin para creer que Hitler no atacaría en Junio era que Stalin se había "enterado, por medio de espías dentro de Alemania, que el Estado Mayor no había pedido abrigos de piel de carnero que los expertos creían ser necesarios para una campaña de invierno en Rusia, y que el combustible y el aceite lubricante usado por las divisiones blindadas de la Wehrmacht se congelarían en temperaturas bajo cero". La nota dice: "No todas las afirmaciones de Suvorov se sostienen, pero ésta se aviene bien con la actitud optimista de Stalin con respecto a los informes de la concentración alemana de armas" [McMeekin, p. 257].

     En otra nota a pie de página McMeekin disputa la afirmación de Suvorov de que Stalin ordenó en la primavera de 1941 el desmantelamiento de la "Línea Stalin" de defensa, que habría obstaculizado los avances de sus tropas: ella no fue desmantelada sino simplemente "descuidada", dice McMeekin, antes de añadir: "Aquí, como en otras partes, Suvorov hace daño a su caso al echarle demasiados huevos al budín" [p. 768]. Tal crítica sería justa si McMeekin también hubiera reconocido la abrumadora masa de hechos que Suvorov detectó bien.

     Por lo visto, McMeekin consideró tácticamente sabio no sólo desairar a Suvorov aun cuando él demuestra que tenía razón, sino también respaldar a su opositor más virulento, David Glantz, el cual, dice, tenía "razón en enfatizar cuán pobremente preparado para la guerra estaba el Ejército Rojo en realidad", aun cuando demuestra que Glanz estaba equivocado, ya que, en base a abundantes pruebas, en Junio de 1941 la cuestión de la guerra "sería determinada por quién golpearía primero, ganando el control del espacio aéreo enemigo y dejando fuera de acción campos de aviación y parques de tanques".

     No es difícil adivinar el motivo para el ostentoso desprecio de McMeekin hacia Suvorov. Suvorov ha cruzado la línea al sugerir que Barbarroja salvó a Europa de la sovietización completa. Aunque Svorov no exprese ninguna simpatía por Hitler, McMeekin está de acuerdo con él en que si Alemania no hubiera atacado primero, "Europa se habría perdido". Suvorov ha cometido un pecado imperdonable. Es una piedra angular intocable tanto de la historiografía occidental como de la rusa el que Hitler es la encarnación del Mal absoluto, y que nada bueno en absoluto podría haber venido alguna vez de él. Y entonces se espera que los historiadores académicos del Frente del Este muestren sus buenos modales rechazando a Suvorov, y no preguntando: ¿Y si Hitler no hubiera atacado primero? Ellos no deben sugerir que Hitler alguna vez dijera a la verdad, o que sus comandantes militares fueron injustamente ahorcados.

     Bien, si el precio por llevar el revisionismo de Suvorov a la discusión académica predominante es negar la deuda de uno con Suvorov, que así sea. Los historiadores de la Segunda Guerra Mundial deben ser inteligentes: una frase o referencia descuidada pueden costarle una carrera y una reputación, como le sucedió a David Irving (quien, dicho sea de paso, no está en la bibliografía de McMeekin). Algunas conclusiones obvias es mejor que otros las saquen. Nadie cuestiona que el libro de McMeekin es un gran logro y debe esperarse que se convierta en un nuevo hito en la historiografía de la Segunda Guerra Mundial. Ya está recibiendo sobre todo alabanzas en la prensa, y dando al "revisionismo" un buen nombre. ¡Basta de la "buena guerra"!

     La tesis principal de McMeekin es que la Segunda Guerra Mundial fue principalmente ideada y orquestada por Stalin, mientras que Hitler sólo fue atraído hacia ella. Eso es exactamente lo que Suvorov quiso decir al llamar a Hitler "el rompehielos de Stalin". (Eso es también, más o menos, lo que A. J. P. Taylor argumentó en "Los Orígenes de la Segunda Guerra Mundial" en 1961 [6]).

[6] https://www.unz.com/runz/american-pravda-understanding-world-war-ii/

     Hay, en efecto, matices leves entre las perspectivas de McMeekin y Suvorov. Más que insistir en el hecho de que Barbarroja arruinó el plan de Stalin para la conquista de Alemania y Europa, McMeekin indica que Barbarroja fue para Stalin "una especie de milagro de relaciones públicas" que lo hizo pasar desde ser "un asesino de masas y un engullidor de pequeñas naciones... a una víctima, en la visión de la mayor parte del público occidental". El propio Stalin, en su discurso del 3 de Julio de 1941 por radio, dijo que la agresión alemana había traído una "ganancia política enorme para la URSS", creando un apoyo en Londres y Washington que fue "un factor serio y duradero que está obligado a formar la base para el desarrollo de éxitos militares decisivos del Ejército Rojo". Ése es un buen punto, pero uno menor. Por lo que sabemos de las intrigas secretas de Churchill y Roosevelt antes de Barbarroja, es dudoso que Stalin hubiera sido privado del apoyo de ellos si él hubiera atacado primero. Churchill había estado instándolo a atacar a Alemania desde 1940, y Roosevelt había comenzado a planear ayudarlo directamente después de su segunda reelección en Noviembre de 1940, cuando él dijo a los estadounidenses que su país debía convertirse en "el gran arsenal de la democracia", y designó al pro-soviético Harry Hopkins para comenzar a hacer preparativos.

     De hecho, McMeekin muestra que "Roosevelt hizo todo lo que pudo para mejorar las relaciones con Stalin" a partir de los primeros años de su larga presidencia, comenzando con el reconocimiento oficial de la URSS en 1933. Él purgó el ministerio estadounidense de Asuntos Exteriores de anti-comunistas y lo proveyó de simpatizantes o directamente agentes del NKVD, como Alger Hiss. Tan temprano como en Noviembre de 1936 él designó a un simpatizante soviético, Joseph Davies, como su embajador en Moscú, para reemplazar a William Bullitt, que se había hecho demasiado abiertamente crítico de Stalin. "Donde el embajador Bullitt había visto engaño y astucia en la política exterior de Stalin, su sucesor vio unicornios", prodigándole elogios: "Usted es un líder más grande que Catalina la Grande, que Pedro el Grande, un líder mayor incluso que Lenin, etc." [pp. 54-55].

     Y así, aunque Barbarroja hizo más fácil para Roosevelt poner a la opinión pública estadounidense de manera favorable hacia Stalin, eso no significa que Roosevelt habría impedido a Stalin engullir Europa si aquél hubiera atacado primero.

 

EL PLAN DE STALIN PARA LA CONQUISTA DE EUROPA

     Tal como Suvorov, McMeekin presenta pruebas indiscutibles de que Stalin estaba planeando invadir Europa en 1941, y lo había planeado durante un muy largo tiempo. Como Suvorov, él indica que la Internacional Comunista (Comintern), fundada en Moscú en 1919, apuntaba a la sovietización del mundo entero, como lo simboliza su emblema, más tarde incorporado en la bandera de la URSS.

     El objetivo primario de Lenin era Berlín. Para eso, él quería destruír Polonia, un país reconstituído entre Rusia y Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Durante el verano de 1920 la caballería soviética intentó invadir Polonia con gritos de "¡A Berlín!". Pero los polacos repelieron a los rusos y les provocaron pérdidas de territorio (Paz de Riga). Lenin entonces proclamó una nueva estrategia en un congreso del partido en Moscú el 26 de Noviembre de 1920: "Hasta la victoria final del socialismo en el mundo entero, nosotros debemos explotar las contradicciones y la oposición entre dos grupos de poder imperialistas, entre dos grupos de Estados capitalistas, e incitarlos a atacarse unos a otros".

     El fracaso del levantamiento comunista en Alemania en Octubre de 1923 confirmó que la instigación de la agitación revolucionaria no era suficiente para derrocar a la Socialdemocracia en Alemania. Lo que debía hacerse era ayudar a crear las condiciones para una nueva guerra mundial y, durante ese período de incubación, moderar el discurso internacionalista a fin de mantener relaciones comerciales con los países capitalistas (quienes al final, según Lenin, "venderán a los comunistas la cuerda que éstos usarán para colgarlos").

     McMeekin está de acuerdo con Suvorov en que Stalin era el verdadero heredero de Lenin, cuyo culto público él orquestó: "La visión dialéctica de Stalin de la política exterior soviética —en que el extendido conflicto entre facciones capitalistas en guerra permitiría al comunismo avanzar hacia nuevos triunfos— estaba firmemente arraigada en el marxismo-leninismo, basada en el precedente de la propia experiencia de Rusia en la Primera Guerra Mundial, y claramente y sistemáticamente declarada en muchas ocasiones, tanto verbalmente como de manera impresa" [p. 13], más notablemente en su primera obra importante después de la muerte de Lenin, "Fundamentos del Leninismo" (1924), donde Stalin recordó que la revolución bolchevique había triunfado en Rusia porque las dos principales coaliciones de países capitalistas habían "estado agarrándose mutuamente de sus gargantas". Cuando una nueva guerra capitalista estalle, dijo Stalin al Comité Central del Partido Comunista en 1925, "tendremos que tomar medidas, pero seremos los últimos en hacer eso. Y haremos eso a fin de poner el peso decisivo en la balanza, el peso que pueda inclinar la balanza" [p. 30].

     Mientras se preparaba para la Segunda Guerra Mundial, la política doméstica de Stalin consistió, por una parte, en la consolidación de su control sobre la población, y por otra, en construír un enorme complejo militar-industrial. "La campaña de industrialización de Stalin", escribe McMeekin, "fue concebida, vendida y ejecutada como una operación militar que apuntaba al mundo capitalista. (...) Siempre que los onerosos objetivos de producción no se cumplían, se culpaba a saboteadores capitalistas, como si ellos hubieran sido espías en un campo de ejército".

     «Desde que el primer Plan Quinquenal fue inaugurado en 1928, la economía soviética había estado en pie de guerra. Los objetivos de producción del tercer Plan Quinquenal, lanzado en 1938, eran impresionantes, previendo la producción de 50.000 aviones de combate anualmente hacia el final de 1942, junto con 125.000 motores de aire y 700.000 toneladas de bombas aéreas; 60.775 tanques, 119.060 sistemas de artillería, 450.000 ametralladoras, y 5,2 millones de rifles; 489 millones de municiones de artillería, 120.000 toneladas de blindaje naval, y 1 millón de toneladas de explosivos; y, agregándose a todo, 298.000 toneladas de armas químicas» [p. 213].

     Junto con el establecimiento de una economía de guerra, los dos primeros planes quinquenales incluyeron la colectivización de la agricultura. Pero ahí también el objetivo estaba estrechamente unido a la guerra, como lo muestra Jean Lopez. En 1927 los informes indicaron que el mundo campesino, bajo el liderazgo de los kulaks, sabotearía el esfuerzo de guerra. "La peor pesadilla de los líderes bolcheviques está en la aparición de un rechazo popular de la guerra, similar al que echó abajo a la dinastía de los Romanov" [7]. Eso fue lo que motivó la "Gran Ruptura" de 1928 [8], cuyas víctimas, mediante ejecución, deportación o hambre, son estimadas entre 10 y 16 millones. Durante ese tiempo, Stalin vendió un promedio de 5 millones de toneladas de granos al extranjero cada año para financiar sus armamentos.

[7] Jean Lopez y Lasha Otkhmezuri, "Barbarossa 1941. La Guerre Absolue", 2019, p. 55.

[8] https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Ruptura_(Unión_Soviética)

     En 1939 todo lo que Stalin necesitaba era maniobrar a los países capitalistas para que se enfrentaran unos contra otros en una nueva guerra mortal. Ése era el objetivo principal, desde el punto de vista de Stalin, del Pacto Molotov-Ribbentrop firmado el 23 de Agosto de 1939, con un protocolo secreto para la partición de Polonia y la distribución de "esferas de influencia".


EL PACTO GÁNGSTER

     Sólo dos meses antes, Stalin todavía estaba negociando, por medio de su ministro de Asuntos Exteriores, Molotov, y de su embajador en Londres, Maiski, la posibilidad de una alianza militar con Inglaterra y Francia a fin de contener a Alemania y proteger la integridad de Polonia. El 2 de Junio de 1939 Molotov entregó a los embajadores británico y francés un proyecto de acuerdo, bajo el cual los soviéticos podrían proporcionar asistencia mutua a Estados europeos más pequeños que estuvieran bajo la "amenaza de agresión por una potencia europea". El 12 de Agosto una delegación anglo-francesa llegó a Moscú para conversaciones adicionales. Pero Stalin entonces cambió de opinión, y Molotov no recibió a los delegados. En un discurso ante el Politburó el 19 de Agosto de 1939 Stalin explicó por qué él había optado finalmente por un pacto con Alemania:

     «La cuestión de guerra o paz ha entrado en una fase crítica para nosotros. Si concluímos un pacto de ayuda mutua con Francia y Gran Bretaña, Alemania abandonará Polonia y buscará un modus vivendi con las potencias occidentales. La guerra sería evitada, pero de allí en adelante los acontecimientos podrían hacerse peligrosos para la URSS. Si aceptamos la oferta de Alemania y concluímos un pacto de no agresión con ella, ella por supuesto invadirá Polonia, y la intervención de Francia e Inglaterra en eso sería inevitable. Europa occidental quedaría sujeta a serias agitaciones y desórdenes. En ese caso tendremos una gran oportunidad para permanecer fuera del conflicto, y podríamos planificar el momento oportuno para nosotros para entrar en la guerra. (...)

 

     «Nuestra opción es clara. Debemos aceptar la propuesta alemana y, con una respuesta negativa, enviar cortésmente a casa a la misión anglo-francesa. Nuestra ventaja inmediata será tomar Polonia hasta las puertas de Varsovia, así como la Galicia ucraniana...

 

     «Para la realización de estos proyectos es esencial que la guerra prosiga tanto como sea posible, y todas las fuerzas con las cuales estamos activamente involucrados deberían ser dirigidas hacia ese objetivo...

 

     «Por lo tanto, nuestro objetivo es que Alemania lleve a cabo la guerra el mayor tiempo posible de modo que Inglaterra y Francia se cansen y queden exhaustas a tal grado que ellas ya no estén en condiciones de echar abajo una Alemania sovietizada.

 

     «¡Compañeros! Está en el interés de la URSS —la patria de los trabajadores— que la guerra estalle entre el Reich y el bloque capitalista anglo-francés. Todo debería ser hecho de modo que eso se extienda lo más posible con el objetivo de debilitar a ambos lados. Por esta razón, es imperativo que consintamos en concluír el pacto propuesto por Alemania, y luego trabajar de tal modo que esta guerra, una vez que sea declarada, se prolongue al máximo. Debemos reforzar nuestro trabajo de propaganda en los países beligerantes, a fin de estar listos cuando la guerra termine» [9].

 

[9] https://web.archive.org/web/20060520110755/http://www.carlonordling.se/ww2/stalin_speech_complete.html

     Ese discurso fue filtrado a la agencia francesa de noticias Havas aquel mismo año. Stalin inmediatamente lo denunció como una falsificación en el diario Pravda, lo cual era excepcional de su parte. Su autenticidad ha sido debatida durante mucho tiempo, pero en 1994 los historiadores rusos encontraron un texto autorizativo de ello en los archivos soviéticos, y su autenticidad es ahora generalmente aceptada. En cualquier caso, hay otras fuentes que confirman la estratagema de Stalin de modo que no hay duda, para McMeekin, de que con el pacto Molotov-Ribbentrop, "Lejos de desear prevenir una guerra europea entre Alemania y las potencias occidentales, el objetivo de Stalin era asegurarse de que ella estallara" [p. 86]. Para Stalin,

     «los beneficios del Pacto de Moscú para el comunismo eran obvios. El mundo capitalista se vería involucrado pronto en una guerra terrible, y la URSS sería capaz de extender su territorio considerablemente hacia el Oeste contra enemigos aparentemente indefensos. Todo lo que Stalin tenía que hacer era asegurar que ni Alemania ni sus oponentes aseguraran una ventaja decisiva. Una vez que los dos lados se hubieran agotado en una lucha a muerte, el camino estaría despejado para que los ejércitos del comunismo marcharan y agarraran al mundo capitalista por la garganta» [p. 90].

     ¿Pero cómo podía Stalin estar tan seguro de que Francia e Inglaterra no declararían la guerra a Rusia también? Una parte de la respuesta es que él no había roto negociaciones con Gran Bretaña después de firmar un pacto con Hitler. Se piensa hasta que el 15 de Octubre de 1939, menos de dos meses después del pacto Molotov-Ribbentrop, un acuerdo secreto británico-soviético fue firmado a espaldas de Hitler [10].

[10] Toomas Varrak, "The Secret Dossier of Finnish Marshal C. G. E. Mannerheim: On the Diplomatic Prelude of World War II", https://dergipark.org.tr/en/download/article-file/815721

     Con el Pacto Molotov-Ribbentrop, Hitler pensó que él había respondido a la política británica de envolvimiento contra Alemania. Y él creyó que el pacto lo protegería de una declaración de guerra por parte de Gran Bretaña y Francia si tanto Alemania como Rusia intervinieran en Polonia. Él había subestimado enormemente a Stalin.

     Cuando Hitler invadió Polonia desde el Oeste el 1º de Septiembre de 1939, el Ejército Rojo no se desplazó. El 3 de Septiembre, Inglaterra y Francia por lo tanto declararon la guerra contra Alemania sola. Ésa fue una mala sorpresa para Hitler. Él instó a los rusos a lanzar su ataque, pero los rusos hicieron oídos sordos. «El 3 de Septiembre», escribe McMeekin,

     «Ribbentrop telegrafió al embajador Schulenburg en Moscú, solicitando que él le preguntara a Molotov si la URSS participaría en la guerra polaca como había sido prometido y proporcionaría "alivio" a la duramente presionada Wehrmacht. ¿No consideraba deseable Stalin —preguntó Ribbentrop— para las fuerzas rusas moverse en el tiempo apropiado contra las fuerzas polacas en la esfera rusa de interés y, por su parte, ocupar ese territorio?».

     Molotov contestó el 5 de Septiembre: "el tiempo no ha llegado todavía. (...) nos parece que con una prisa excesiva nosotros podríamos perjudicar nuestra causa y promover la unidad entre nuestros oponentes". El 8 de Septiembre un nuevo comunicado de la Wehrmacht instó a los soviéticos a avanzar cuando Varsovia fue tomada. Los soviéticos respondieron que la caída de Varsovia no estaba confirmada y que "Rusia, estando unida a Polonia por un pacto de no agresión, no puede marchar hacia adelante". El 10 de Septiembre Molotov declaró categóricamente a Schulenburg que "por el bien de las apariencias no deberíamos cruzar la frontera de Polonia hasta que la capital haya caído", y que el pretexto para la entrada soviética en Polonia sería proteger a "ucranianos y bielorrusos puestos en peligro" [35]. Stalin incluso trató de persuadir al gobierno polaco, que había tomado refugio en Kuty, para que apelara a él en busca de protección. Finalmente, el 17 de Septiembre el embajador polaco en Moscú fue convocado a las 3:00 AM y se le dio el siguiente mensaje:

     «La guerra germano-polaca ha mostrado la bancarrota interna del Estado polaco. Durante el curso de las hostilidades de diez días Polonia ha perdido todas sus áreas industriales y centros culturales. Varsovia, como la capital de Polonia, ya no existe. El gobierno polaco se ha desintegrado y ya no muestra ninguna señal de vida. Eso significa que el Estado polaco y su gobierno han dejado, de hecho, de existir. Del mismo modo, los acuerdos concluídos entre la URSS y Polonia han dejado de funcionar. Dejada a sus propios recursos y privada de liderazgo, Polonia se ha convertido en un campo conveniente para toda clase de peligros y sorpresas, que pueden constituír una amenaza para la URSS. Por esos motivos el gobierno soviético, que ha sido hasta ahora neutral, no puede conservar por más tiempo una actitud neutral hacia esos hechos. El gobierno soviético tampoco puede ver con indiferencia el hecho de que gente pariente, ucranianos y rusos blancos, que vive en territorio polaco y que está a merced del destino, quede indefensa. En estas circunstancias, el gobierno soviético ha instruído al Alto Comando del Ejército Rojo que ordene que las tropas crucen la frontera y tomen bajo su protección la vida y la propiedad de la población de Ucrania Occidental y Rusia Blanca Occidental. Al mismo tiempo el gobierno soviético propone tomar todas las medidas para sacar al pueblo polaco de la desafortunada guerra a la cual fue arrastrado por sus imprudentes líderes».

     Aunque sin mencionar a Alemania explícitamente como un agresor, el mensaje era claro: la URSS no era el agresor sino el defensor de Polonia. Los soviéticos habían esperado dos semanas y media antes de moverse hacia Polonia, dejando todos los enfrentamientos a los alemanes y dando al mundo la impresión de que ellos estaban interviniendo para impedir que Alemania se apoderara del país entero. La URSS así permaneció oficialmente neutral, y no incurrió en ninguna culpa según Francia e Inglaterra.

 

HITLER TRATA DE RECUPERAR LA VENTAJA

     Aunque la partición de Polonia había sido idea de Stalin, sólo Hitler fue culpado por ello. Su pacto Fáustico con su peor enemigo no lo había protegido de una guerra con Francia e Inglaterra, y no lo protegería tampoco de una invasión soviética. Claramente él había sido engañado. Al atraer a Hitler para que invadiera Polonia, Stalin había provocado la Segunda Guerra Mundial, a la vez que se quedaba como espectador. Todo lo que él tenía que hacer era esperar que los países de Europa se agotaran mutuamente en una nueva guerra. El 1º de Septiembre, el mismo día de la invasión de Polonia por Alemania, el Soviet Supremo aprobó una ley general de servicio militar obligatorio, que, so pretexto de establecer el servicio militar durante dos años, era equivalente a una movilización general. Para Suvorov, ésa es la prueba de que Stalin sabía que la partición de Polonia provocaría la guerra mundial más bien que evitarla, como Hitler esperaba.

     Mientras tanto, Stalin tomó cada ventaja que pudo de la difícil situación de Alemania en el Oeste, engullendo tres países del Báltico que limitaban con Alemania y llenándolos de bases militares. Como McMeekin nota:

     «Con sus movimientos oportunistas contra los países del Báltico, Besarabia, y Bukovina del Norte, como consecuencia de la humillación francesa a manos de Alemania, Stalin estaba exprimiendo cada gota del néctar de su dulce sociedad con Hitler mientras de todos modos, de alguna manera, evitaba la hostilidad de los oponentes de Hitler. Gran Bretaña, en lo que Churchill llamó "la mejor hora del país", ahora estaba sola contra la Alemania Nacionalsocialista. Por alguna razón, sin embargo, Gran Bretaña no había declarado la guerra contra el compañero de alianza de Berlín, a pesar de que Stalin había invadido el mismo número de países soberanos desde Agosto de 1939 que Hitler (siete). Pero había límites para la paciencia de Hitler, y Stalin ya casi los había alcanzado» [p. 176].

     Como Suvorov antes que él, McMeekin enfatiza la hipocresía de los británicos. "El número de víctimas asesinadas por las autoridades soviéticas en la Polonia ocupada hacia Junio de 1941, aproximadamente 500.000, era igualmente tres o cuatro veces más alto que el número de aquellos muertos por los nacionalsocialistas". No obstante, Stalin no recibió siquiera un palmada en la mano de parte de las potencias occidentales. El ministro británico de Asuntos Exteriores, Halifax, explicó al gabinete de guerra el 17 de Septiembre de 1939 que "Gran Bretaña no estaba obligada por tratado a involucrarse en guerra con la URSS a consecuencia de su invasión de Polonia", porque el Acuerdo anglo-polaco "disponía que el Gobierno de Su Majestad actuaría sólo si Polonia sufría una agresión de una potencia europea", y Rusia no era una potencia europea.

     En una reunión del gabinete de guerra el 16 de Noviembre de 1939, Churchill incluso respaldó la agresión estalinista: "Sin duda pareció razonable a la Unión Soviética tomar ventaja de la situación presente para recobrar algo del territorio que Rusia había perdido a consecuencia de la última guerra, a comienzos de la cual ella había sido aliada de Francia y Gran Bretaña". McMeekin comenta: "El que Hitler hubiera usado la misma justificación para las reclamaciones territoriales de Alemania en Polonia no se le ocurrió a Churchill o no lo inquietó".

     Stalin esperaba que Alemania luchara contra Francia e Inglaterra durante dos o tres años antes de que él interviniera. Él por lo tanto siguió suministrando a Alemania materias primas, y procuró no cortar su suministro de metales desde Suecia, y petróleo desde Rumania, cuando él tenía los medios para hacer aquello. Cuando los alemanes lanzaron su ofensiva contra Francia el 10 de Mayo de 1940, Stalin se regocijó. «Finalmente, los comunistas podrían disfrutar mirando a "dos grupos de países capitalistas (...) teniendo una buena pelea y debilitándose mutuamente", como Stalin se había jactado ante el secretario general Dimitrov de la Internacional Comunista en Septiembre de 1939». Pero la guerra resultó menos sangrienta de lo que él había esperado.

     «Sin embargo, la rapidez de las victorias alemanas era alarmante. Stalin y Molotov habrían preferido una batalla de desgaste, lenta, trabajada y sangrienta, una victoria alemana, sí, pero una que debilitara a Hitler casi tanto como a sus enemigos. Según el recuerdo posterior de Jrushev, después de enterarse Stalin más tarde en Mayo del grado de la derrota Aliada, aquél "maldijo a los franceses y maldijo a los británicos, preguntando cómo ellos podían haber dejado que Hitler los aplastara así"» [p. 161].

     El éxito militar de Alemania obligó a Stalin a apresurar su preparación para poner al Ejército Rojo en el partidor de salida en el verano de 1941. En primavera, el armamento, las tropas y el transporte estaban listos, y los preparativos entraron en la fase final. El 5 de Mayo de 1941 Stalin declaró ante oficiales militares que "la política de paz soviética" (significando el Pacto Molotov-Ribbentrop) había permitido que la URSS "se lanzara adelante en el Oeste y el Norte, aumentando en el proceso su población en trece millones", pero que los días de tal conquista "habían llegado a un final. Ningún otro pie de tierra puede ser ganado con tales sentimientos pacíficos". Cualquiera "que dejara de reconocer la necesidad de la acción ofensiva era un burgués y un tonto"; "hoy, ahora que nuestro ejército ha sido completamente reconstruído, totalmente equipado para luchar una guerra moderna, ahora que somos fuertes, ahora debemos cambiar desde la defensa a la ofensa". Para eso, debemos "transformar nuestro entrenamiento, nuestra propaganda, nuestra agitación, imprimiendo una mentalidad ofensiva en nuestro espíritu" [p. 19]. El Pravda comenzó a preparar a la gente:

     «Arreciando justo más allá de las fronteras de nuestra Patria está la conflagración de una Segunda Guerra Imperialista. Todo el peso de sus infortunios está presionando en los hombros de las masas trabajadoras. La gente en todas partes no quiere ninguna parte de la guerra. Su mirada está fija en la tierra del socialismo, cosechando los frutos del trabajo pacífico. Ellos correctamente ven a las fuerzas armadas de nuestra Patria —el Ejército Rojo y nuestra Marina— como el ya probado baluarte para la paz. (...) Considerando la compleja situación internacional actual ustedes tienen que estar listos para toda clase de sorpresas» (Pravda, 6 de Mayo de 1941, editorial) [citado en Suvorov, Icebreaker].

     Hacia aquel tiempo, Hitler había comprendido que él estaba atrapado. Podría recordarse lo que él había escrito en 1925: "la formación de una nueva alianza con Rusia conduciría en dirección de una nueva guerra, y el resultado sería el final de Alemania" (Mein Kampf, vol. II, cap. 14). Con la Operación Barbarroja, él estaba tratando de recobrar la ventaja. Pero, según Suvorov, era imposible para Alemania sola derrotar a Rusia, por motivos relacionados con la inmensidad de su territorio, la dureza del invierno, y los limitados recursos de Alemania comparados con los de Rusia.

     «Hitler cometió un error irremediable, pero no el 21 de Julio de 1940, cuando él ordenó preparativos para la guerra contra la Unión Soviética. El error fue el 19 de Agosto de 1939, cuando él estuvo de acuerdo con el Pacto Molotov-Ribbentrop. Habiendo concordado la división de Polonia, Hitler tenía que hacer frente a una guerra inevitable contra el Oeste, teniendo detrás de él al "neutral" Stalin. Exactamente a partir de ese momento, Hitler tenía dos frentes. La decisión de comenzar la Operación Barbarroja en el Este sin esperar la victoria en el Oeste no fue un error fatal sino sólo un intento de corregir el error fatal que él había cometido ya. Pero para entonces era demasiado tarde» [Suvorov, The Chief Culprit, p. 236].

     Probablemente Hitler podría haber prevalecido y haber conquistado el Lebensraum de su sueño, si Stalin no hubiera sido salvado por la Ayuda de Préstamo y Arriendo de Roosevelt: más de 10.000 millones de dólares, equivalentes a billones hoy, en aeroplanos y tanques, locomotoras y vías ferroviarias, materiales de construcción, cadenas de montaje de producción militar enteras, alimentos y ropa, combustible de aviación, y mucho más. Durante cuatro densos capítulos, McMeekin deja abundantemente claro (como Albert Weeks antes que él en "Russia’s Life-Saver: Lend-Lease Aid to the U.S.S.R. in World War II", 2010) que sin la ayuda estadounidense la Unión Soviética no podría haber repelido a los alemanes, y mucho menos conquistar Europa del Este en 1945.

     Otro factor en el cual McMeekin debidamente insiste, fue el suministro casi ilimitado de Stalin de la carne de cañón: un total de 32 millones de soldados durante toda la guerra, conducidos a la matanza con ametralladoras apuntando en sus espaldas y con la amenaza de que, si ellos eran capturados más bien que muertos, sus familias serían castigadas: "La URSS bajo Stalin es el único Estado en la Historia registrada en haber declarado el cautiverio de sus soldados como un crimen capital" [McMeekin, p. 300].

     Al final, mientras Stalin realmente entró en la guerra del lado de Alemania, él terminaría del lado de los Aliados. Mientras el pacto que decidió la partición de Polonia entre Alemania y Rusia fue firmado en Moscú —en presencia de Stalin y no de Hitler—, la Historia sólo retendrá la agresión de Alemania, y considerará a la URSS como uno de los países atacados. Mientras Inglaterra y Francia oficialmente fueron a la guerra para defender la integridad territorial de Polonia, al final de la guerra toda Polonia quedó bajo Stalin.

     Sin embargo, como Suvorov dijo, y como McMeekin deja sin decir, fue probablemente gracias a la Operación Barbarroja que las tropas soviéticas no pudieron levantar su bandera roja sobre París, Amsterdam, Copenhagen, Roma, Estocolmo, y probablemente Londres.

     «Hitler atacó a la Unión Soviética, destruyó su ejército, y aplastó una gran parte de la industria soviética. Al final, la Unión Soviética fue incapaz de conquistar Europa. Stalin perdió la guerra por Europa y la dominación global. El mundo libre sobrevivió, y pudo no coexistir con la Unión Soviética. Por lo tanto, el desmoronamiento de la Unión Soviética se hizo inevitable. (...) La Unión Soviética ganó la Segunda Guerra Mundial, pero por alguna razón desapareció del globo después de esa victoria. (...) Alemania perdió la guerra, pero la vemos a ella, una de las potencias más fuertes de Europa contemporánea, a cuyos pies ahora pedimos ayuda» [Suvorov, The Chief Culprit, p. 159].–

 


 

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