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viernes, 23 de abril de 2021

Salvador Borrego - De los Preámbulos de la Guerra

 

     Habíamos presentado antes un fragmento de la excelente y famosa exposición del analista y escritor mejicano Salvador Borrego (1915-2018) "Derrota Mundial", publicada en 1953. En esta ocasión publicamos aquí otro más, tres subcapítulos del capítulo 3, y dos del cap. 4, en que se habla de los eventos relacionados con Checoslovaquia y Polonia desde mediados de 1938 previos al inicio de la guerra impuesta a Alemania en 1939, fruto de la astucia anglo-estadounidense para involucrar a más países y que no fuese una guerra sólo entre el Reich y la Unión Soviética, que esta última habría perdido, narrado todo de manera fidedigna y en una clara explicación y relación de los hechos, como es la prosa del prolífico autor que se dio cuenta temprano de lo que verdaderamente había sucedido en la Segunda Guerra.


 

DESPEJE DEL FLANCO DERECHO

     Para mediados de 1938 todo el servicio diplomático y la prensa oficial alemana se hallaban empeñados en reiterar que Alemania no tenía propósito ninguno de lesionar los intereses de los países occidentales. Después de veinte años, Hitler conservaba la misma política expuesta durante sus primeras actuaciones públicas.

     Las viejas rencillas con Francia habían sido zanjadas; por parte de Alemania, con el restablecimiento de la soberanía alemana en los territorios del Sarre y la Renania y con la renunciación a las provincias de Alsacia y Lorena. Concluído ese ajuste en su frontera con Occidente, Hitler cambió su atención hacia la provincia austríaca del Sur. Y una vez lograda su anexión, inició resueltamente el viraje de todos sus dispositivos hacia el gran encuentro con la URSS.

     Fue entonces cuando Hitler trató de poner las bases para asegurar en el Sudeste el flanco derecho de su marcha hacia el Oriente. En el Sudeste se hallaba Checoslovaquia. Era un Estado pequeño pero relativamente muy poderoso desde el punto de vista militar. Checoslovaquia había sido inventada a raíz de la terminación de la guerra de 1918, y para formarla fue necesario obsequiarle una parte del territorio alemán y dos millones de habitantes alemanes, además de húngaros, rutenos de Ucrania, polacos y pequeños grupos de otros pueblos. Hitler reclamaba la devolución de la zona poblada por sus compatriotas, y eso fue el principio de un nuevo incidente.

     El Presidente Benes, de Checoslovaquia, había recibido en 1936 una invitación de Hitler para resolver amistosamente sus dificultades; es más: se le reveló el secreto de que Alemania esperaba grandes acontecimientos en Rusia (un golpe de Estado anti-bolchevique) y de que desearía un armonioso arreglo germano-checoslovaco, a fin de tener las manos libres para alentar la esperada rebelión anti-soviética. Pero Benes se colocó entonces de parte de Stalin, rechazó la amistad de Alemania y se apresuró a poner sobre aviso a Moscú, según lo dice Churchill en sus Memorias.

     Con ese acto Benes prestó un enorme servicio al bolchevismo y en gran parte frustró la ayuda alemana a los rusos anticomunistas. (Cuando años más tarde Benes creyó que recibiría una recompensa, sufrió la más terrible decepción y vio cómo la URSS absorbía íntegramente a Checoslovaquia y aplastaba todo vestigio de autonomía nacional. Su error le costó la vida).

     Era evidente que Alemania no podía atacar a la URSS mientras no conjurara la amenaza que Checoslovaquia ejercía contra el "bajo vientre" del Sur de Alemania, que era una de sus regiones más vulnerables. De ahí la gran importancia de ese pequeño país; no se trataba de sojuzgar o no a una nación débil, sino de evitar que ésta fuera aprovechada como punto de apoyo para meterle zancadilla a una acción alemana contra Rusia.

     Checoslovaquia tenía una alianza con Stalin. También tenía otra con Inglaterra y Francia. A Hitler no le interesaba que debido al problema checo se hicieran más tensas sus relaciones con Moscú, pero sí quería evitar a todo trance una dificultad con Inglaterra y Francia. Precisamente por eso Hitler buscó por todos los medios posibles que el conflicto con Checoslovaquia se arreglara mediante la amistosa intervención de Inglaterra y Francia, mas no con la de Rusia, y por eso invitó a Chamberlain (Premier británico) y a Daladier (Premier francés), para discutir ese problema.

     Eso dio lugar a que se celebrara la Conferencia de Múnich, a la que asistieron Chamberlain, Daladier, Mussolini y Hitler, pero no Stalin. Hitler enfatizaba de ese modo que "Alemania quiere aproximarse a todos los Estados, menos al Imperio soviético", según lo había dicho en el Reichstag el 20 de Febrero de 1938. Asimismo refrendaba lo escrito en Mi Lucha: "Paramos la eterna expedición alemana hacia el Sur y el Occidente de Europa, y dirigimos la mirada hacia el gran país del Oriente" (Rusia).

     Mientras Hitler y Chamberlain conferenciaban en Godesberg, el Presidente Benes anunció por inalámbrica la movilización general.

     "A pesar de esta desdichada provocación —dijo Hitler a Chamberlain— cumpliré por supuesto mi promesa de no proceder contra Checoslovaquia durante las negociaciones... No es preciso que haya diferencias entre nosotros; nosotros no nos interpondremos en el camino de ustedes hacia la consecución de sus intereses extra-europeos mientras ustedes puedan, sin perjuicio, dejarnos manos libres en el continente, en la parte central y sudoriental de Europa" [1].

 

[1] Dr. Paul Schmidt, jefe de intérpretes de la Wilhelmstrasse, "Informe Secreto desde Atrás de la Cortina de Adolfo Hitler".

     De esas negociaciones efectuadas a fines de Septiembre de 1938 surgió la fórmula para que Checoslovaquia devolviera a Alemania la región de los Sudetes y la población alemana que la habitaba. Además, se concertó un acuerdo germano-británico que le aseguraba a Inglaterra su hegemonía en los mares. Chamberlain y Hitler declararon el 30 de Septiembre:

     "Consideramos el acuerdo suscrito en la tarde de ayer y el acuerdo naval germano-inglés como expresión simbólica del deseo de nuestros dos pueblos de no volver a hacerse jamás la guerra. Estamos decididos a tratar también otros problemas que afecten a nuestros dos pueblos de acuerdo con el método de las consultas".

     El júbilo en Alemania, en Inglaterra y en Francia era indescriptible. Parecía que al fin se habían disipado los nubarrones de guerra y que si ésta llegaba a estallar, sería sólo entre alemanes y soviéticos. El mismo Churchill escribe que "entusiastas turbas fueron a dar la bienvenida a Mr. Chamberlain en el aeropuerto", y lo mismo ocurría con Daladier en París. Era aquélla la expresión auténtica de la opinión pública, pero las secretas fuerzas judías redoblaron sus esfuerzos para desorientar, envenenar y utilizar en su provecho a los pueblos occidentales.

     Churchill, que ya en varias ocasiones había rechazado todo acercamiento de Alemania a Inglaterra, se apresuró a decir en el Parlamento: "Hemos sufrido una derrota total y no mitigada". La posible caída del bastión checoslovaco que se interponía a la vera del camino entre Berlín y Moscú, era presentada así como una derrota para Londres y no para Moscú.

     Días más tarde Churchill recibió el poderoso apoyo de Roosevelt y del grupo judío que se movía detrás de éste; fue invitado a visitar Estados Unidos y declaró a través de la radio: "¡Tenemos que rearmarnos!... No puede existir duda alguna de que tenemos que rearmarnos. Gran Bretaña abandonará sus seculares costumbres e impondrá a sus habitantes el servicio militar obligatorio... ¿Es esto una llamada a la guerra? Declaro que esto representa la única garantía para la paz". El tiempo demostró, sin embargo, que esos preparativos no podían conducir hacia la paz, sino hacia la más desastrosa de las guerras en que se hubiese empeñado el Imperio británico.

     En cuanto Alemania comenzó a resolver favorablemente el problema de Checoslovaquia, el 2 de Septiembre de 1938 el embajador soviético en Londres, o sea, el judío Iván Maiski, visitó a Churchill para gestionar que la base militar checoslovaca fuera mantenida como una posición de flanqueo contra Alemania. Angustiado, el ministro israelita de Relaciones Exteriores de Rusia, Litvinov, hizo otro llamado semejante. Churchill los atendió y redobló su campaña para desacreditar el acuerdo germano-británico y frustrar así la amistad entre Inglaterra y Alemania. Bernard Baruch, el israelita consejero de Roosevelt y jefe del consejo imperial de la Masonería Universal, fue a Londres a vigorizar al grupo de Churchill.

     Entretanto, Checoslovaquia y sus 38 divisiones (21 de primera línea y 17 en proceso de movilización), y sus fábricas Skoda, que producían tanto armamento como Gran Bretaña, constituían una fuerza poderosa frente a las 40 divisiones que entonces tenía Alemania. La "sorda" lucha alrededor de aquella base militar continuó librándose tras la cortina diplomática. Simultáneamente poderosas agencias internacionales de propaganda presentaban el asunto de Checoslovaquia como un punto básico para los intereses británicos en vez de confesar que se hallaba esencialmente ligado con la pugna Hitler-Stalin. En esa forma creaban una artificial agitación en el pueblo inglés.

     El historiador británico Russell Grenfell, de la Marina Real, da el testimonio de que se realizó entonces una desenfrenada propaganda anti-alemana en Inglaterra, para predisponer los ánimos del pueblo contra la amistad que seguía ofreciendo Alemania (2).

[2] Russell Grenfell, "Odio Incondicional".

     Durante esos días ocurrió el asesinato del diplomático alemán Von Rath, a manos del judío Grynszpan, y en represalia vino la llamada "Noche de Cristal" en que los alemanes apedrearon aparadores de los comercios israelitas. Esos acontecimientos dieron pie a una violenta declaración de Roosevelt y a sus gestiones para realizar juntamente con Inglaterra un boicot contra el comercio alemán. Todo lo que Hitler había logrado en el acuerdo germano-británico de amistad quedó prácticamente anulado.

     A pesar de eso, poco después Hitler hizo otro llamado a Gran Bretaña:

     "El pueblo alemán —dijo el 30 de Enero de 1939— no siente odio alguno contra Inglaterra ni contra Francia, sino que quiere su tranquilidad y su paz, y en cambio esos pueblos son incitados constantemente contra Alemania por los agitadores judíos o no judíos... Alemania no tiene reivindicaciones territoriales que presentar a Inglaterra y Francia... Si hay tensiones hoy en Europa, hay que atribuírlas en primer término a los manejos irresponsables de una prensa sin conciencia que apenas deja pasar un día sin sembrar la intranquilidad en el mundo... Creemos que si se logra poner coto a la hostigación de la prensa y de la propaganda internacional judía, se llegará rápidamente a la inteligencia entre los pueblos. Tan sólo estos elementos esperan medrar en una guerra... Nuestras relaciones con Estados Unidos padecen bajo una campaña de difamación, que bajo el pretexto de que Alemania amenaza la independencia o la libertad norteamericana trata de azuzar a todo un continente al servicio de manifiestos intereses políticos o financieros".

     A todo trance, y no obstante que corría el riesgo evidente de que Stalin se preparara mejor, Hitler dejaba diáfanamente claro que su objetivo ideológico y militar seguía siendo el de aniquilar al régimen bolchevique de la URSS. La Historia no puede pasar por alto tantos hechos que lo evidencian así.

     El ex Primer Ministro francés Paul Reynaud dice en sus Revelaciones que

     "el 24 de Noviembre de 1938 se redactó un documento en el que Hitler declaraba que entre Alemania y Francia no existían diferencias de importancia. Entonces Joachim von Ribbentrop [ministro de Relaciones de Hitler] vino a París y dejó la impresión, posteriormente expresada con una nota especial a nuestros embajadores, de que la política alemana se dirigía contra el bolchevismo".

     Por todos los medios, lo mismo antes de asumir el poder que una vez en él, Hitler revelaba que su enemigo era el marxismo israelita. En ningún pueblo de Occidente el marxismo tenía arraigo popular; y sin embargo, en Francia, en Inglaterra y en Estados Unidos influyentes estadistas y poderosas agencias informativas de propaganda presentaban falsamente a Alemania como enemiga de Occidente y en cambio soslayaban que era enemiga declarada del comunismo.

     Cuando la situación de Checoslovaquia tuvo una segunda crisis en Marzo de 1939, esa propaganda la aprovechó para alentar la zozobra en Occidente. Resulta que Checoslovaquia había sido inventada artificialmente en 1919, pero carecía de cohesión racial y psicológica. La artificial amalgama de pueblos diversos y la conmoción política determinada por un cambio de régimen, motivó que en Marzo de 1939 las provincias de Eslovaquia y Ucrania Carpática se declararan autónomas. Ante esa emergencia el Dr. Hacha, Presidente de Checoslovaquia, y su ministro de Relaciones Chavlkosky, acordaron poner el país bajo la custodia de Alemania. El 14 de Marzo hicieron la siguiente declaración: "El Presidente del Estado de Checoslovaquia declara que confiadamente encomienda los destinos del pueblo y el país checos al cuidado del caudillo del Reich alemán".

     Así se conjuraba la posibilidad de que dicha nación se convirtiera en un campo de batalla entre las grandes potencias, pues Rusia y el bloque apoyaban el sometimiento de Eslovaquia y de la Ucrania Carpática, en tanto que Alemania propiciaba la libre determinación de esas provincias. La fórmula adoptada por el Presidente Hacha no era agradable, pero cuando menos de ese modo Checoslovaquia no iba a derramar la sangre de sus hijos —como después ocurrió en Polonia— sólo para servir de pretexto a las manipulaciones judías internacionales. En otras palabras, se negaba a sacar las castañas del fuego.

     Pero la nerviosidad y la confusión habían abonado ya el terreno, y Churchill adquirió más influencia política y con ella la falsa tesis de que para Occidente era imprescindible exterminar a Hitler, antes que dejarle manos libres para que se lanzara sobre la URSS.

     Ese inconfesado propósito de interponer a Occidente entre el Nacionalsocialismo alemán y el bolchevismo soviético, tenía además otra clara manifestación en las negociaciones que Francia e Inglaterra realizaban para celebrar una alianza activa con Stalin. Si esos esfuerzos no cristalizaron de momento fue porque Moscú pidió una inmediata sojuzgación de Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia —cosa que Occidente no podía conceder públicamente— y porque no le satisfizo a Stalin el potencial bélico movilizado hasta la fecha por los anglofranceses (Memorias de Churchill).

 

CERROJO EN EL CAMINO A MOSCÚ

     Alemania no tenía fronteras con la URSS. Su provincia más cercana al territorio soviético era Prusia Oriental, pero se hallaba artificialmente incomunicada del resto de Alemania mediante una faja de terreno adjudicada a Polonia en 1919. Hitler no podía realizar su proyectada marcha hacia Rusia mientras careciera por lo menos de una ruta terrestre que uniera el corazón de Alemania con su provincia de Prusia Oriental. Por lo tanto, pedía a Polonia que a través del territorio que había sido alemán se le permitiera construír un ferrocarril y una carretera para comunicarse con Prusia. Alrededor de ese punto giró, básicamente, todo el conflicto germano-polaco.

     Había otros motivos de fricción, pero Hitler nunca los colocó en primer término, pese a lo mucho que significaban para la soberanía de Alemania. Por ejemplo, en 1919 se le adjudicaron a Polonia territorios del Reich ocupados por 2.100.000 alemanes, y esa población siempre fue hostilizada por los polacos. Sin embargo, su reincorporación no fue exigida por Hitler.

     A raíz de la paz de 1918 Polonia obtuvo el puerto alemán de Danzig, pese a que allí la población polaca representaba sólo el 3,5%. En [el distrito] Danziger Niederung el porcentaje era sólo de 1%, y en Marienburg, del 3%. El 10 de Abril de 1923 el presidente del Consejo de Ministros polaco, general Sikorski, anunció un programa para "la liquidación de los bienes alemanes y la desgermanización de las provincias occidentales". Todo eso, necesariamente, habría de provocar fricciones entre Alemania y Polonia.

     El mariscal polaco Pilsudski era partidario de llegar a una transacción con Alemania y las relaciones mejoraron mucho, pero murió antes de terminar esa obra. El poder pasó entonces a manos del grupo de Sikorski, enemigo de toda reconciliación. La antigua enemistad de Polonia hacia Alemania fue inmediatamente explotada por todos los intereses internacionales que le cerraban a Hitler el camino hacia la URSS. Como Checoslovaquia ya no era una amenaza de flanqueo en la marcha alemana hacia el Oriente, Polonia constituía el último cerrojo en la ya entonces existente Cortina de Hierro.

     El poderoso comercio israelita de Polonia alentó las diferencias germano-polacas y colaboró así con las comunidades judías que en Alemania y en otros países de Occidente también se oponían a Hitler. Desde mediados de 1937 los comerciantes y obreros alemanes radicados en Polonia comenzaron a ser hostilizados mediante boicot y ceses. Las consiguientes protestas de Alemania eran presentadas por la prensa como agresivas provocaciones a la soberanía de Polonia, y paso a paso las relaciones germano-polacas iban enturbiándose y amenazaban romperse.

     El 24 de Octubre de 1938 Alemania le hizo a Polonia dos peticiones:

1° Que Danzig, ciudad poblada en su mayor parte por alemanes, volviera al Reich.

2° Que a través del corredor polaco, antiguamente alemán, se le permitiera a Alemania construír un ferrocarril que la comunicara con su provincia de Prusia Oriental.

     A cambio, Alemania ofrecía lo siguiente:

1° Reconocimiento de las fronteras comunes, olvidando los territorios que en 1919 habían sido mutilados a Alemania y anexados a Polonia.

2° Acceso libre de Polonia al puerto alemán de Danzig.

     Polonia repuso que las dificultades políticas interiores impedían aceptar esa proposición.

     El 5 de Enero de 1939 Hitler comunicó al gobierno polaco que Alemania y Polonia tenían intereses comunes ante la amenaza comunista soviética, y que Alemania deseaba una Polonia fuerte y amiga ("Libro Blanco Polaco").

     En Febrero de ese mismo año de 1939 se agravaron las relaciones germano-polacas al iniciarse manifestaciones anti-alemanas en Polonia. El 24 de Marzo Polonia acordó la movilización de los jóvenes nacidos en 1911, 1912, 1913 y 1914. La prensa azuzaba al pueblo haciendo coro a los cablegramas de agencias judías y pedía severas medidas contra la población alemana que desde 1919 se hallaba forzadamente formando parte de Polonia. Esa corriente de opinión recibió un poderoso apoyo moral el 31 de Marzo al anunciar Inglaterra que "todos los auxilios que del Imperio británico dependan" serán puestos al servicio de Polonia para repeler a Alemania.

     Con anticipación, Roosevelt había alentado también a los jefes polacos para que se negaran a llegar a un acuerdo con Alemania. El origen secreto de esa política, al parecer inexplicable, fue confidencialmente revelado el 12 de Enero de 1939 por el embajador polaco en Washington, conde Jerzy Potocki, quien informó a su ministro de Relaciones:

     "El ambiente que actualmente reina en Estados Unidos se caracteriza por el creciente odio contra el fascismo, y muy especialmente concentrado en la persona del Canciller Hitler... La propaganda se halla sobre todo en manos de judíos, a los cuales pertenecen en casi un ciento por ciento la radio, el cine y las revistas. No obstante hacerse esta propaganda muy groseramente, poniendo a Alemania todo lo mal posible, tiene efectos muy profundos, ya que el público de aquí no tiene los menores conocimientos de la real situación europea... Un detalle muy interesante en esta campaña es que se efectúa principalmente contra el Nacionalsocialismo y se elimina casi por completo a la Unión Soviética. Si se alude a ella se hace de modo amistoso, como si la URSS estuviera adherida a lo que las naciones democráticas persiguen. Gracias a esta hábil propaganda las simpatías del pueblo estadounidense estaban con los Rojos españoles... En esta acción —propagandística— participaron algunos intelectuales judíos, como Bernard M. Baruch; el gobernador del Estado de Nueva York, Lehmann; el recién nombrado juez del Tribunal Supremo, Félix Frankfurter; el Secretario de Estado Morgenthau y otros íntimos amigos del Presidente Roosevelt" [1].

 

[1] Documentos Diplomáticos Confidenciales, Ministerio de Relaciones Exteriores de Polonia (capturados por Alemania).

     Cuatro días después el mismo embajador Potocki remitió otro informe confidencial sobre su entrevista con Bullit, embajador estadounidense en París. Bullit le dio seguridades de que Estados Unidos combatiría en contra de Alemania. Eso tendería a vigorizar la resistencia de Polonia a un entendimiento con Hitler.

     Por otra parte, Jules Lukasiewicz, embajador polaco en París, el 29 de Marzo de 1939 informó a su Ministerio de Relaciones que había conversado con Bullit y que le había manifestado que era "infantil, ingenuo y al mismo tiempo desleal proponer a un Estado que se encuentra en la situación de Polonia, que comprometa sus relaciones con un vecino fuerte, como Alemania, y lance sobre el mundo la catástrofe de una guerra sólo para poder atender las necesidades de la política interior inglesa".

     El 28 de Abril de 1939 Hitler habló ante el Reichstag y expuso las dos peticiones que había hecho a Polonia y las dos ofertas que le brindaba a cambio. Eso constituye, dijo, "la más considerable deferencia en aras de la paz de Europa". Estaba dispuesto a olvidar los territorios perdidos y a reconocer las fronteras entonces existentes si se le permitía la comunicación con Prusia a través del Corredor Polaco. Además, a cambio de ese acceso a Prusia, cedería otro igual para Polonia hacia el puerto de Danzig.

     En ese mismo discurso (y pese a la desairada actitud que sus ofrecimientos de amistad habían hallado siempre en los estadistas británicos partidarios de Churchill) Hitler enfatizó bien que sus ambiciones se enfocaban hacia el Oriente:

     "Durante toda mi actuación política he mantenido siempre la idea del restablecimiento de la estrecha amistad y colaboración germano-británica... Este deseo de una amistad y de una colaboración germano-inglesa no sólo está conforme con mis sentimientos sino también con mi opinión sobre lo importante que es la existencia del Imperio británico en interés de toda la Humanidad.

 

     "El pueblo anglosajón —agregó— ha llevado a cabo en el mundo una inmensa obra colonizadora. Yo admiro sinceramente esa labor. Desde un elevado punto de vista humano, el pensamiento de una destrucción de esa obra me pareció y me parece solamente un caso de erostratismo [= manía que lleva a delinquir con el único fin de lograr fama y renombre]... Yo estimo que es imposible establecer una amistad duradera entre el pueblo alemán y el anglosajón si no se reconoce también del otro lado que no sólo hay intereses británicos sino también intereses alemanes. Cuando Alemania se hizo nacionalsocialista e inició así su resurgimiento, yo mismo he hecho la propuesta de una voluntaria limitación de los armamentos navales alemanes. Esa limitación presuponía la voluntad y el convencimiento de que entre Alemania e Inglaterra no debería ser ya jamás posible una guerra. Todavía hoy tengo esa voluntad y esa convicción".

     Hitler fue increíblemente pertinaz en sus recelos y en sus esperanzas. Y así como jamás creyó posible transigir con el marxismo israelita, tampoco nunca perdió la esperanza de que se evitaría la guerra entre Alemania y los países occidentales encabezados por Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Sus reiterados fracasos en ese propósito nunca los creyó definitivos. Siempre confió en que si Alemania luchaba contra el bolchevismo, acabaría eso por tranquilizar al resto del mundo y que esa lucha se vería como un acontecimiento benéfico para la civilización occidental, cuyas características de propiedad privada, religión, culto a la familia, sentido de nacionalidad, etc., tenían ciertamente muchos más puntos de contacto con Alemania que con el bolchevismo.

     El conciliador discurso de Hitler fue ridiculizado por casi toda la prensa de Inglaterra, y el gobierno le dio una respuesta hostil cuando el 12 de Mayo (1939) firmó un pacto con Turquía para completar el bloqueo de Alemania. Días más tarde los gobernantes franceses redoblaron sus esfuerzos a fin de concertar también una alianza anti-alemana con Stalin, pero éste continuaba cautelosamente esperando a que el conflicto armado se iniciara primero entre Alemania y Occidente.

     La actitud de Hitler ante esos síntomas ominosos no varió, y aprovechaba todo acto público para insistir en que Alemania no demandaba nada que pudiera ser lesivo para los pueblos occidentales. En consecuencia —infería— no había ningún obstáculo para llegar a una firme amistad, como no fueran las secretas manipulaciones del judaísmo. El 13 de Marzo (1939) se efectuó una ceremonia oficial en el cementerio de Stahnsdorf, ante las tumbas de 1.800 británicos muertos en Alemania durante la Primera Guerra Mundial; el almirante Erich Raeder, jefe de la Marina alemana, llevó una ofrenda "a la memoria de nuestros caballerosos adversarios —dijo— que cayeron cumpliendo su deber de soldados de su país".

      Pero todos esos esfuerzos de conciliación eran rápidamente saboteados. Precisamente en esos días se acentuó la propaganda para agitar a inconscientes grupos polacos que creían actuar en beneficio de su patria provocando desórdenes contra las minorías alemanas. La vieja enemistad polaco-gernana estaba siendo exhumada por intereses internacionales para ahondar el abismo entre Polonia y Alemania. Moscú era el único beneficiario.


ENGAÑAR ES MÁS FÁCIL QUE DINAMITAR

     El general Ludendorf decía que la propaganda oportuna surte más efecto que cien toneladas de altos explosivos. Y es que en su época la técnica del engaño no alcanzaba aún el auge que en los últimos 30 años hicieron posible los alquimistas israelitas de la propaganda. Es ésa una de las armas más eficaces del movimiento político judío, y como las masas no pueden identificarla, tampoco están en posibilidad de eludirla. Al enemistarse con el movimiento político judío, Hitler y Alemania se convirtiron en blanco de esa arma poderosa.

     Alrededor de Roosevelt se movía la camarilla de Hopkins, aleccionado por el judío Dr. Steiner, y de los israelitas Wise, Morgenthau, Frankfurter, Baruch, Untermeyer, Rosenman, que querían salvar al marxismo soviético y aniquilar a Alemania. La meta de esa camarilla era impopular, carecía de apoyo entre los pueblos occidentales. Entonces la eficaz maquinaria propagandística se puso en marcha. Funcionarios de la Casa Blanca ayudaron en esa tarea sobornando a periodistas, periódicos, revistas y escritores no hebreos. (Muchos de esos sobornos fueron posteriormente investigados por el Senado en 1953).

     Los israelitas de las altas esferas políticas eran una especie de palanca, y sus hermanos de raza que dirigían la propaganda suministraban el punto de apoyo —en la forma de una engañada opinión pública— para que esa palanca política moviera a los pueblos occidentales hacía el rumbo deseado. En esa forma una minoría relativamente insignificante de judíos engañó y movió una inmensa masa de contingentes no judíos, de la misma manera en que el débil brazo de un hombre puede levantar miles de kilos mediante el auxilio de una palanca y un punto de apoyo.

     Como requisito previo para usar la fuerza de los países occidentales, el movimiento político judío los engañó y desorientó. Con razón Schopenhauer dijo el siglo pasado que "el judío es el maestro de la mentira". Con esa maestría ha conseguido que sus propias víctimas les sirvan, naturalmente que sin saber a quién sirven, y hasta con la ilusoria creencia de que se sirven a sí mismas.

     Esos alquimistas del engaño concentraron su acción en cuatro puntos:

1. Opacaron la evidencia de que Alemania marcharía contra la URSS.

       Así propiciaron que Occidente luchara, engañado, en beneficio del marxismo.

2. Dieron la falsa impresión de que Alemania atacaría a Occidente y no al marxismo israelita del Oriente.

       En esa forma agitaron a los pueblos inglés, francés y estadounidense.

3. Crearon la idea de que la pugna entre nacionalsocialsitas e israelitas era una rareza de Hitler, sin más fundamento que la aversión contra un conglomerado religioso.

       Así se ocultaba el hecho de que esa comunidad no era sólo una inocente secta religiosa sino un núcleo político con influencia internacional.

4. Presentaron a Alemania como un país antirreligioso.

       De esa manera se facilitó que el mundo cristiano se dejara arrastrar a una lucha en beneficio del bolchevismo ateo.

     Respecto a los dos primeros puntos, la investigación histórica encuentra miles de pruebas de que Hitler siempre orientó su lucha contra el marxismo. Jamás hizo demandas lesivas para los pueblos inglés, francés o estadounidense, y siempre trató de ganarse su amistad.

     Respecto al tercer punto, la pugna entre nacionalsocialistas e israelitas, Hitler anunció el 30 de Enero de 1939 que estaba en la mejor disposición de que los países democráticos se llevaran a los judíos que vivían en Alemania, y que les dispensaran todas las prerrogativas y consideraciones que reclamaban para ellos. Hizo observar que algunos países disponían de 10 habitantes por kilómetro cuadrado, y que Alemania, en cambio, necesitaba alimentar a 140 personas por kilómetro cuadrado.

     «Cierto es que Alemania —dijo— fue durante siglos lo suficientemente buena para acoger a esos elementos... Lo que ese pueblo posee lo ha adquirido en su mayor parte con las peores manipulaciones a costa del pueblo alemán, no tan astuto.

     «¡Qué agradecidos deberían estarnos por dejar en libertad a esos magníficos portadores de cultura y ponerlos a disposición del resto del mundo! Ese mundo, según sus propias declaraciones, no puede aducir una razón que disculpe la negativa a aceptar en sus países a esa gente valiosísima.

     «Los pueblos no quieren volver a morir en los campos de batalla para que esta raza internacional sin raigambres se beneficie con los negocios de la guerra, o para que satisfaga su ancestral deseo de venganza cuyo origen se remonta al Antiguo Testamento. Sobre la consigna judaica: "Proletarios de todos los países, uníos", ha de triunfar una visión más elevada, a saber: Trabajadores de todas las naciones, reconoced a vuestro enemigo común».

     Y respecto al cuarto punto, el de que Alemania era enemiga de la religión, Hitler dijo en ese mismo discurso del 30 de Enero de 1939:

     «Uno de los cargos que en las llamadas democracias se levanta contra Alemania es que somos un Estado enemigo de la religión. Primero, en Alemania no se ha perseguido hasta ahora ni se perseguirá tampoco a nadie a causa de sus convicciones religiosas. Segundo, desde el 30 de Enero de 1933 el Estado Nacionalsocialista ha puesto a disposición de ambas Iglesias [Protestante y Católica] las siguientes sumas producto de los impuestos públicos:

1933      130   millones de marcos

1934      170       "        "       "

1935      250       "        "       "

1936      320       "        "       "

1937      400       "        "       "

1938      500       "        "       "

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TOTAL  1.700  millones de marcos [1]

[1] Esas aportaciones subieron luego a 700 millones de marcos anuales. Y siguieron entregándose hasta que terminó la guerra.

 

     «Por otra parte, las Iglesias son las mayores propietarias de inmuebles después del Estado (cosa que en muy raros países existe). El valor de sus haciendas y propiedades rurales pasa de la suma de diez mil millones de marcos. Los ingresos de esas propiedades se pueden calcular en 300 millones de marcos anuales.

 

     «En consecuencia —dicho sea con suavidad— es una desvergüenza que especialmente ciertos políticos extranjeros se atrevan a hablar de hostilidad religiosa en el Tercer Reich. ¿Cuáles son las cantidades que durante este mismo espacio de tiempo han entregado Francia, Inglaterra o Estados Unidos a sus respectivas Iglesias, de los fondos públicos? El Estado Nacionalsocialista no ha cerrado ninguna iglesia, ni ha impedido ningún servicio religioso, ni ha ejercido la más mínima influencia sobre la forma en que éstos se realizan.

 

     «En el momento en que un sacerdote se coloque fuera de la ley, el Estado lo obligará a rendir cuentas como a cualquier otro ciudadano alemán. Si ahora el extranjero defiende con tanto afán a ciertos sacerdotes —que estaban actuando en la esfera política— eso no puede obedecer más que a razones políticas, puesto que esos mismos estadistas demócratas callaron cuando en Rusia se sacrificaron cientos de miles de sacerdotes y callaron cuando en España decenas de miles de sacerdotes y monjas fueron asesinados de la manera más bestial o quemados vivos. Los extranjeros sólo se interesan por los enemigos interiores del Estado alemán, no por la religión» [2].

 

[2] Desde Enero de 1934 los obispos Protestantes tuvieron una entrevista con Hitler e hicieron pública su adhesión al Tercer Reich, condenando "las maquinaciones contra el Estado". Y el 20 de Agosto de 1935 la Conferencia de Obispos Católicos alemanes reunida en Fulda, telegrafió a Hitler: "Los obispos reunidos en Fulda envían al Führer del pueblo alemán el sentimiento de fidelidad y respeto que según la ley divina debemos al poder y dignidad más elevada del Estado".

     Precisamente cuando Hitler afirmaba esto, en Rusia culminaba una etapa de exterminio de las instituciones religiosas. El autorizado diplomático estadounidense William C. Bullit había informado sobre el particular a Roosevelt. "En 1937 —dice Bullit en La Amenaza Mundialfueron cerradas 10.000 iglesias en Rusia; a fines de 1939 se había aniquilado definitivamente el espíritu de resistencia de la mayoría de los sacerdotes, y no quedaban con vida más que unos pocos, o sea, los adictos a Stalin".

     Por eso Hugo Wast [3] pone en boca de los propagandistas israelitas las siguientes palabras:

     "Dominamos la mayoría de los grandes diarios [4] y de las agencias de publicidad, y gobernamos los nervios de la Humanidad. Asesinad cristianos en Méjico, en España, en Rusia; eso no tiene importancia, no lo transmiten nuestras agencias ni lo publican nuestros diarios. Atropellad un judío en Alemania o en Polonia, y escucharéis la grita del mundo: intolerancia, progrom, anti-semitismo. Y el mundo, que no ha llorado el martirio de un millón de cristianos en Rusia, rasgará sus vestidos porque a un profesor israelita le han quitado en Berlín una cátedra".

 

[3] Hugo Wast, pseudónimo del escritor argentino Gustavo Martínez Zuviría.

[4] En Inglaterra, Estados Unidos y otros países es frecuente que hasta el 40% de los ingresos de numerosos periódicos importantes provenga de anunciantes israelitas. Disgustarlos equivale a cerrar el periódico.

     En efecto, el monopolio informativo judío tornó a repetir sus estudiados puntos de propaganda para engañar y azuzar a los pueblos occidentales. Y es un fenómeno infalible en la técnica publicitaria el que una verdad expuesta esporádicamente se olvida y desacredita, en tanto que una mentira repetida sin cesar acaba en cierto tiempo por ser aceptada.

     "El lector se entera de lo que debe saber —decía Oswald Spengler respecto a los diarios europeos 21 años antes de la guerra— y una voluntad superior informa la imagen de su mundo. ¿Qué es la verdad? Para la masa, es la que a diario lee y oye. Ya puede un pobre tonto recluírse y reunir razones para establecer la verdad, pero seguirá siendo simplemente su verdad. La otra, la verdad pública del momento, la única que importa en el mundo efectivo de las acciones y de los éxitos, es hoy un producto de la prensa. Lo que ésta quiere, es la verdad. Sus jefes producen, transforman, truecan verdades".

     Y eso fue lo que ocurrió con la opinión pública de las potencias occidentales. Mediante el siniestro engaño de que ellas estaban en peligro mortal, y no el marxismo judío, fueron arrojadas a la espalda de Alemania cuando ésta se preparaba para su lucha contra la URSS.

 

SI LA GUERRA NO EMPEZABA EN OCCIDENTE, RUSIA LUCHARÍA SOLA

     A mediados de 1939 la crisis de Polonia se aproximaba a su clímax y Stalin veía que ese último obstáculo para la embestida alemana contra Rusia estaba a punto de desaparecer. Su acertada evaluación de las circunstancias era semejante a la que hacían los consejeros israelitas de Roosevelt: si la guerra se iniciaba exclusivamente entre Alemania y la URSS, sería luego punto menos que imposible persuadir al mundo de que debería acudir en auxilio del marxismo. Rusia tendría entonces que luchar sola... y sola, ¡estaba perdida!... En cambio, si se lograba que Occidente entrara en guerra contra Alemania antes de que ésta atacara a la URSS, entonces quedaría automáticamente garantizado que Occidente combatiría en el mismo bando del bolchevismo. Y así fue. Una vez comprometidos en la lucha contra Alemania, ningún inglés, francés o estadounidense rechazaría el concurso armado de la URSS.

     En consecuencia, el Kremlin extremó su cautela a fin de retardar lo más posible el ataque alemán y le ofreció a Hitler un pacto de no agresión. El 10 de Marzo de 1939 Stalin pronunció un discurso en el que significativamente no lanzó ningún ataque a Alemania, y por el contrario, dijo que no sacaría las castañas del fuego a las potencias occidentales, lanzándose a una aventura contra el Reich. Hitler tomó con desconfianza y hostilidad ese extraño cambio, pero las ofertas soviéticas se repitieron por diversos conductos, y los diplomáticos alemanes creyeron que ésa era una gran oportunidad.

     Consultando archivos capturados después de la guerra, el historiador inglés F. H. Hinsley precisa que las negociaciones ruso-germanas empezaron a iniciativa rusa, el 17 de Abril de 1939. El 3 de Mayo siguiente el ministro israelita de Relaciones Exteriores de Rusia, Maxim Litvinoff (originalmente llamado Maxim Moiseevich Vallakh Finkelstein), fue relevado de su puesto a fin de suavizar la desconfianza de Hitler.

     Ante la crisis de Polonia y la amenaza de guerra de Gran Bretaña y Francia, Alemania aceptó el ofrecimiento soviético. El ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Von Ribbentrop, llegó a Moscú el 23 de Agosto de 1939 y en horas, con inusitada facilidad, se firmó el pacto, como que era lo que precisamente quería el Kremlin. Veinte horas después de su arribo a Moscú, Ribbentrop ya volaba de regreso a Berlín. Ante aquella suavidad de la URSS se ocultaba algo enormemente benéfico para el marxismo. Poco después pudo verse que Hitler no había alcanzado a comprender que el pacto no evitaría que las potencias occidentales le declararan la guerra, pues tal pacto era simplemente una trampa soviética tendida de acuerdo con la camarilla israelita de Occidente. Sin embargo, eso no era visible de momento y Hitler aceptó el tratado con la esperanza de ganar tiempo mientras despejaba la amenaza que se cernía desde Occidente. "No creemos equivocarnos —dice Hinsley— al afirmar que si sólo hubiera dependido de Hitler, las negociaciones habrían terminado en un fracaso". Agrega que el Führer confiaba en que ese paso alejaría el peligro de guerra con Gran Bretaña y Francia.

     Ese tratado fue una sorpresa para el mundo, mas no para Roosevelt y sus consejeros israelitas, que día a día estuvieron siendo informados de la cautelosa política de Stalin para lograr la secreta meta común de que Alemania se viera envuelta en una guerra con las naciones occidentales antes que con la URSS.

     El diplomático estadounidense William C. Bullit dice que desde 1934 Roosevelt fue informado de que Stalin

     "deseaba concertar un convenio con el dictador nacionalsocialista y que Hitler podía tener un pacto con Stalin cuando lo deseara. El Presidente Roosevelt fue informado con precisión, día tras día, y paso tras paso, de las negociaciones secretas que tuvieron Stalin y Hitler en la primavera de 1939... En verdad, nuestra información concerniente a las relaciones entre Hitler y Stalin era tan excelente, que habíamos notificado al gobierno soviético que esperase un asalto a principios del verano de 1941, y habíamos comunicado a Stalin los puntos principales del plan estratégico de Hitler" [1].

 

[1] William Bullit, Cómo EE.UU. Ganó la Guerra y Por Qué Está a Punto de Perder la Paz.

     En consecuencia —como ese aviso era dado en 1939—, quedaban dos años de margen para empujar a los países occidentales hacia la guerra contra Alemania, no en provecho de ellos, sino en anticipada defensa del marxismo israelita que se encontraba ya en capilla. Tales informes recibidos por Roosevelt y transmitidos a Stalin resultaron absolutamente exactos.

     El general Beck, ex jefe del Estado Mayor General alemán, conservaba nexos ocultos con sus amigos israelitas. Por su conducto salieron de Alemania valiosos secretos, vía París, y eran ya del dominio de Roosevelt y Stalin. Este último sabía con certeza, como lo confirma Bullit, que la ofensiva alemana contra la URSS sería en 1941. Para entonces el Kremlin esperaba contar ya con una masa abrumadora de tropas; y mientras tanto rehuía a todo trance que el Ejército Rojo se enzarzara prematuramente en la lucha con el Ejército alemán. Tal fue el significado del pacto ruso-germano de no agresión firmado el 23 de Agosto de 1939.

     En esos días Alemania se esforzaba en lograr la anuencia de Polonia para construír un ferrocarril y una carretera que unieran a Berlín con su provincia de Prusia Oriental. Era ése el último obstáculo que se interponía para la proyectada ofensiva contra el bolchevismo. Después del conflicto germano-polaco figuraba ya la lucha armada con la URSS.

     El movimiento político judío decidió asirse firmemente del último obstáculo y convertirlo en un casus belli para desencadenar la guerra entre Alemania y los países occidentales. La comunidad israelita radicada en Polonia jugó en esa maniobra un papel decisivo. Su influencia había quedado asegurada en el artículo noveno de la Conferencia de Versalles de 1919, mediante el apoyo de estadistas judíos con influencia en Estados Unidos, el Imperio británico y Francia. En ese artículo se especificó que de todas las prerrogativas concedidas a la Comunidad Judía se hacía "no una cuestión de libre albedrío de Polonia" sino "una exigencia de la Sociedad de las Naciones".

     Mediante propaganda, agitación e influencias secretas, la opinión pública polaca fue desorientada y se la alentó al desorden como la forma más segura de evitar todo arreglo pacífico entre Polonia y Alemania. El 3 de Mayo hubo un desfile polaco durante el cual grupos de gente gritaban: "¡A Danzig, a Berlín!". Se hizo correr la versión de que las tropas alemanas estaban hambrientas y no resistirían.

     La población alemana anexada a Polonia en 1919 sufrió sangrienta hostilidad en 1939. Ya para el 21 de Agosto de ese año el número de fugitivos que cruzaron la frontera germano-polaca, ascendía a 70.000. Según posteriormente pudo establecerse, 12.857 cadáveres de alemanes fueron identificados como victimados por la persecución, en tanto que 45.000 alemanes más desaparecieron [2]. Representantes de agencias informativas internacionales —como Mr. Oechsner de la United Press—, fueron invitados por Alemania para que dieran fe de esos hechos.

[2] Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich, "Los Horrores Polacos".

     La provocación de esos acontecimientos dio los nefastos frutos que se esperaban de ellos: el conflicto germano-polaco perdió toda coyuntura de arreglo amistoso y se volvió un polvorín. El 15 de Agosto del mismo año de 1939 el gobierno francés notificó a Alemania que en caso de un choque armado germano-polaco, Francia daría todo su apoyo a Polonia. Cosa igual anunció Inglaterra una semana después. Hitler conferenció entonces con el embajador británico, Neville Henderson, para hacerle ver que Inglaterra estaba prefiriendo cualquier cosa antes que un acuerdo pacífico. "En su voluntad de aniquilar —le dijo— se había dirigido a Francia, a Turquía, a Moscú... Alemania nunca había emprendido nada en perjuicio de Inglaterra, a pesar de lo cual Inglaterra se había colocado contra Alemania".

     En seguida Hitler se dirigió al Premier británico Neville Chamberlain, en los siguientes términos: "He empleado toda mi vida en luchar por una amistad germano-inglesa, pero la actitud de la diplomacia británica —por lo menos hasta ahora— me ha convencido de la falta de sentido de este intento. Si ello cambiara en el porvenir, nadie podría ser más feliz que yo".

     En respuesta, la prensa inglesa azuzaba a la opinión pública para forzarla a la movilización militar, que seguía siendo popularmente rechazada porque el pueblo juzgaba inútil una nueva guerra contra Alemania.


IMAGEN: Al recuperar la soberanía sobre los territorios alemanes del Sarre y la Renania (1936), Hitler anunció que no tenía ya demanda que hacer a las potencias occidentales. Su atención se desvió a la unificación de Austria y a la neutralización de Checoslovaquia (1938) como bastión de la URSS. Por último, en 1939 se lanzó resueltamente hacia el Oriente para unir por tierra a la provincia de Prusia Oriental y preparar así la ofensiva contra el marxismo entronizado en Moscú.

     El 25 de Agosto Hitler volvió a tender amistosamente la mano a Inglaterra y hasta le propuso una alianza germano-británica. Hablando con el embajador inglés le dijo que estaba dispuesto "a concluír acuerdos con Inglaterra, los cuales garantizaran por parte de Alemania en todo caso la existencia del Imperio británico y, de ser necesario, la ayuda alemana dondequiera que esta ayuda sea precisa. Por último, el Führer asegura de nuevo que no tiene interés en los problemas occidentales y que se halla fuera de toda consideración una rectificación de fronteras en el Oeste".

    Pero ese mismo día los gobernantes ingleses —es justo precisar que el pueblo era ajeno a esas maquinaciones— dieron otra despectiva respuesta al llamado de Hitler y firmaron con Polonia un pacto para prestarle ayuda militar si era atacada por Alemania, pese a que sabían perfectamente que esa ayuda era imposible. Polonia corría como caballo desbocado hacia el abismo y los estadistas occidentales le apretaban más las espuelas.

     El historiador británico capitán Liddell Hart afirma en su libro "Defensa de Europa" que la promesa de ayuda militar a Polonia fue inmoral porque era imposible cumplirla.

     "Si los polacos —dice— se hubieran dado cuenta de la imposibilidad militar de Inglaterra y Francia para salvarlos de la derrota, es probable que no hubieran presentado tan terca resistencia a las originalmente moderadas demandas de Hitler: Danzig y el Corredor Polaco".

     Pero los polacos no podían darse cuenta de la forma criminal en que se les estaba usando como mecha de la guerra; previamente la propaganda informativa judía los había engañado y soliviantado.

     "He sido por mucho tiempo y muy de cerca, observador de la Historia contemporánea —agrega el historiador Hart— para que no me queden ilusiones acerca de las bases morales de nuestra política exterior. Cuando alguien me dice que de pronto reaccionamos ante la amenaza que el sistema nacionalsocialista representaba para la civilización, lo único que me queda es sonreír tristemente".

     Así, pues, los gobernantes ingleses empujaron a Polonia al suicidio a sabiendas de que no podrían salvarla. Y los gobernantes franceses hicieron otro tanto. El 26 de Agosto Francia le reiteró a Alemania que daría todo su apoyo militar a Polonia. Hitler le repuso que Alemania no tenía ningún motivo de fricción con Francia y que esa actitud germanófoba carecía de fundamento.

     Inesperadamente el día 28 de Agosto Inglaterra le aconsejó a Alemania que entablara negociaciones con Polonia. Hitler repuso que las negociaciones habían sido interrumpidas en Julio con la movilización polaca y que todas las propuestas alemanas para un arreglo habían sido desoídas. Sin embargo, Hitler agregó que Alemania estaba en la mejor disposición de aceptar la mediación británica: "El Gobierno del Reich quiere dar con ello al Gobierno de Su Majestad británica y al pueblo inglés una prueba de la sinceridad del propósito alemán de llegar a una amistad duradera con Gran Bretaña. En estas condiciones está, por consiguiente, conforme el Gobierno del Reich en aceptar la propuesta mediación del Gobierno de Su Majestad para enviar a Berlín una personalidad polaca provista de plenos poderes. Espera que dicha personalidad llegue el miércoles 30 de Agosto de 1939".

     Pero el miércoles 30 de Agosto, a las 4:30 de la tarde, en vez del negociador pacífico llegó la noticia de que Polonia acababa de decretar la movilización general. Además, Inglaterra se retractó de su ofrecimiento de mediadora y comunicó que no podía recomendarle a Polonia el envío de un representante. Hitler entregó entonces al embajador británico, Henderson, las proposiciones que había preparado para ese negociador polaco que no llegó. Consistían, fundamentalmente, en la construcción de una carretera y un ferrocarril que unieran a Prusia, a través del territorio alemán anexado a Polonia en la Primera Guerra Mundial.

     A las 6:30 de la tarde del 31 de Agosto el embajador polaco se presentó en la Cancillería del Reich, pero sin poderes para negociar. A las 21 horas Alemania comunicó a Inglaterra que la mediación británica del día 28 había sido aceptada, que Alemania había estado esperando al plenipotenciario y que éste no había llegado. En consecuencia, consideraba que también en esa ocasión habían sido prácticamente rechazados sus propósitos de llegar a un arreglo pacífico.

     A las 23 horas de ese mismo día 31 de Agosto la radio polaca anunciaba: "La respuesta ha sido las disposiciones militares tomadas por el gobierno polaco".

 

HABLANDO EL MISMO LENGUAJE DE LAS ARMAS

     En la azulosa claridad del amanecer del día siguiente, 44 divisiones alemanas se desbordaron en una aurora de fuego sobre la frontera polaca. 36 divisiones polacas, enardecidas de orgullo y alentadas por el prometido apoyo militar de las potencias occidentales, les salieron al encuentro. Un millón doscientos mil hombres chocaron en la mortal aventura de la guerra [1].

[1] Nominalmente había asignadas al frente polaco 56 divisiones alemanas, pero 12 eran todavía deficientes y no participaron en la lucha. En teoría el ejército polaco tenía 50 divisiones, incluyendo reservas, pero sólo 36 se hallaban ya listas en el frente.

     Hitler habló ese día:

     "Una cosa es, empero, imposible: exigir que se solucione por medio de la revisión pacífica una situación insostenible, y a la vez negarse tercamente a toda revisión pacífica... Me he decidido a hablar con Polonia el mismo lenguaje que Polonia emplea con nosotros hace meses. Yo he prometido solemnemente, y lo repito ahora, que nosotros no exigimos nada de esas potencias occidentales, ni lo exigiremos nunca. Yo he manifestado palmariamente que los límites entre Francia y Alemania constituyen un hecho definitivo. Yo he ofrecido siempre a Inglaterra una amistad sincera, y en caso necesario, hasta la más íntima colaboración. Pero el amor no puede ser una cosa unilateral.

     "Desde las 5:50 se le contesta a Polonia también con fuego. No pido de ningún alemán más de lo que yo estuve dispuesto a hacer en todo momento durante más de cuatro años [en la Primera Guerra]. Desde ahora es cuando mi vida pertenece verdaderamente en absoluto al pueblo. No quiero ser ahora más que el primer soldado del Reich. Por ello he vestido de nuevo aquel uniforme que fue para mí el más sagrado y el más querido. Sólo me lo quitaré después de la victoria, o bien, no viviré este final... Sólo hay una palabra que no he conocido nunca, y es: capitulación".

     Testigo de aquel momento, José Pagés Llergo refiere:

     «Los civiles pálidos, temblorosos por la emoción, se enjugaban las lágrimas; los diplomáticos, asidos fuertemente del brazo del asiento, contemplaban estáticos, electrizados, la pequeña figura que allá en la distancia se erguía en éxtasis; los militares gritaban, casi aullaban. Afuera, medio millón de personas levantaban un murmullo sordo, aterrador, cuando Adolfo Hitler hundía los puños sobre la mesa del Reichstag, y rojo, descompuesto, el pelo tirado en desorden sobre la frente, gritaba con los ojos bañados en lágrimas: "En estos momentos no quiero ser más que el primer soldado del Reich!".

     «Sus brazos se elevaban lentos, teatrales, hacia el cielo. En aquella actitud de pedir silencio, el tigre que hace unos momentos había sido, se transforma, genial, fantástico, en un apóstol del germanismo que va predicando, con rara modulación de voz, su verdad, la verdad de su pueblo.

     «A mi lado una mujer solloza, conmovida. Los hombres apenas si respiran: con sus caras cetrinas, los ojos cansados, la frente bañada de sudor por el sacudimiento nervioso, yacen extenuados en sus asientos. En una fracción de segundos Hitler hace vibrar el auditorio hasta el agotamiento. Su voz no es fuerte, pero la modula en tal forma, que sabe hacerla gemir, sabe hacerla dulce, suplicante, fiera.

     «El grito de "Heil!" se va extendiendo tenue, impreciso, desde la plataforma del Reichstag hasta el anfiteatro, para convertirse en un grito ensordecedor, salvaje, que llena el edificio y trasciende hasta la calle».

     Entretanto, ese mismo día 1º de Septiembre el Soviet Supremo votó una ley de servicio militar que implicaba una movilización total de la juventud rusa. Sus aprestos bélicos se aceleraron. Al día siguiente, 2 de Septiembre, Mussolini hizo una gestión ante Alemania, Polonia, Inglaterra y Francia, para concertar un armisticio germano-polaco y buscar un arreglo pacífico. Hitler aceptó y el Primer Ministro francés también, pero Inglaterra rechazó la proposición y luego insistió frenéticamente para que Francia hiciera lo propio. El embajador francés, Corbin, dice que varios personajes lo presionaban en favor de la guerra, y cuando le explicó a Churchill que había "dificultades técnicas", éste le gritó indignado: "¡Al diablo con las dificultades técnicas!". Corbin refiere que Churchill "era uno de los más encarnizados". El gobierno francés acabó entonces por rehusar las pláticas de arreglo pacífico y la agencia francesa de noticias Havas anuló cablegráficamente el mensaje referente a la aceptación de tales negociaciones.

     Goering, el segundo de Hitler, trató de volar a Inglaterra para insistir en un arreglo pacífico. Hitler aprobó el plan, y el general Bodenschatz preparó un avión especial. Cablegráficamente se solicitó la anuencia de Londres para el viaje, pero el gobierno inglés contestó negándose a recibir a Goering.

     El 3 de Septiembre Inglaterra envió un ultimátum a Alemania exigiéndole que para las 11:00 horas de ese día retirara sus tropas de Polonia o de lo contrario se considerara en guerra con el Imperio británico. En Francia aún era muy viva la resistencia de la opinión pública a la guerra, y el Gabinete se resistía a declararla. Churchill seguía presionando en Londres al embajador francés Corbin, quien dice que "sus feroces ladridos hacían vibrar el teléfono" [2].

[2] Adrián Ball, El Día que Estalló la Guerra.

     Finalmente Francia accedió a enviar a Alemania un ultimátum igual al inglés hasta las 12:30 del día 3.

     El embajador británico Neville Henderson se presentó en la Cancillería de Berlín a entregar el ultimátum con apercibimiento de guerra. El documento fue recibido por el Dr. Paul Schmidt, jefe de intérpretes de la Wilhelmstrasse, quien en seguida se lo entregó a Hitler. Schmidt refiere así lo ocurrido:

     «Hitler se quedó petrificado en su asiento, con la vista fija hacia adelante. No daba muestras de confusión, como se ha dicho, ni tampoco se encolerizó, como otros refirieron. Se quedó sentado, completamente silencioso, inmóvil. Tras de un intervalo, que a mí me pareció un siglo, se volvió hacia Ribbentrop, que había permanecido rígidamente en pie junto a la ventana. "¿Y bien?" —preguntó Hitler con una mirada penetrante a su ministro de Relaciones, como para indicar que Ribbentrop le había informado mal acerca de la actitud de Inglaterra—. Ribbentrop repuso tranquilamente: "Presumo que los franceses nos entregarán un ultimátum semejante dentro de una hora"» [3].

 

[3] Dr. Paul Schmidt, Informes Secretos desde Atrás de la Cortina de Adolfo Hitler.

     Minutos después Hitler dictó la siguiente respuesta al gobierno inglés: "El Gobierno del Reich y del pueblo alemán se niega a recibir, aceptar o cumplir las exigencias con carácter ultimativo del gobierno británico".

     Una contestación semejante fue entregada más tarde al representante de Francia. A las 11 de la mañana del 3 de Septiembre de 1939 Inglaterra declaró la guerra a Alemania, y Francia hizo lo propio a las 5 de la tarde de ese día.

     Era ésa la guerra que Hitler no quería.–

 

 

 

 

 

1 comentario:

  1. Es impactante y frustrante corroborar hasta que punto, la mentira sistemática y la consecuente falsificación de la historia, es un oficio judio por tradición histórica demostrable. Hay sobre este punto, muchas más reflexiones y estudios respaldados en hechos, de los que pude imaginar durante el tiempo de mi vida en que la cortina de hierro de la propaganda sionista, logro mantenerme en una ignorancia grotesca. A.J.P. Taylor, Liddle Hart, Hartley Showcross, Harry Elmer Barnes, Eric Ludendorff, Matilde Ludendorff,valientes autores revisionistas actuales como Zundel, Butz, Cole, Finkelstein, Rudolf, Leuchter, y entre los liberales, Escohotado o Jiménez Losantos, verbalizando su comprensión con carácter de certeza incontrastable de que las dos guerras mundiales fueron desatadas por Gran Bretaña y Francia, dominadas y forzadas por lobbys sionistas internos e internacionales ( en especial los que controlaban la URSS y EEUU). Es innegable el carácter judio de la mal llamada, revolución rusa, y la influencia irresistible de círculos judíos sionistas, sobre los gobiernos norteamericanos. Los caminos de penurias, miserias, hambrunas, degradación moral sin límite, impuestos a través de mentiras obligatorias, surgidas de la internacional judía. Alta delincuencia que con máxima amoralidad, domina y deforma la humanidad. Y su influencia esclavizante, no se limita a los últimos siglos, sino que se remonta a decenas de siglos. Cuando se repara en matanzas como la que dió lugar a la fiesta del Purim, o la ejecutada por el analfabeto Carlomagno sobre los germanos, guiado por judíos que manejaban un imperio formalmente cristiano,y fundamentalmente judaico. Cómo la misma iglesia católica fue siempre, sobre todo en su versión jesuítica.Es estremecedor descubrir la verdadera historia, los hechos verdaderos, comprobables, detrás de la alevosa propaganda judaica. Tomando nos por imbéciles y cobardes con todo éxito. La verdad acerca de la cronología de hechos y la criminalidad judía, sionista, libera la imagen y la persona de Adolf Hitler de la caricatura detestable, Bizarra que se exige aceptar como dogma irreversible desde las usinas judaicas de todo pelaje. La dimension del hombre es a mi juicio, la prueba que instaura la certeza fundada acerca de la criminalidad lanzada de los cenaculos hebraicos. Aplastan, pero jamás lograran convencer. Solo espero que su desintegración autoprovocada, no arrastre al resto, y que un salto moral, virtualmente antropológico, lleve a la humanidad a contemplar a la raza judía, como una aberración gigantesca, definitivamente extinguida. Que así sea.

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