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lunes, 26 de abril de 2021

Entrevistas con Adolf Hitler

 

     La siguiente entrada contiene siete entrevistas con Adolf Hitler realizadas entre 1933 y 1938. La primera, la única que no hemos traducido, fue publicada en castellano en Berlín en 1933 dentro del volumen "Ibero-América y Alemania". Las restantes seis aparecen en la compilación "Adolf Hitler. Collection of Speeches 1922-1945" realizada por nseuropa.org de donde las hemos traducido. De las siete entrevistas, de distinta duración, cinco fueron hechas por el corresponsal especial del Daily Mail de Londres en Alemania George Ward Price, cuyo periódico apoyó a Hitler, y siendo dicho periodista considerado por el Führer como el único reportero extranjero que describía objetivamente los sucesos de Alemania, a pesar de ser un partidario de la British Union of Fascists y cercano amigo de Oswald Mosley, y de publicar en 1937 un libro ("I Know These Dictators") lleno de elogios para Hitler y su régimen. Algunas entrevistas son resúmenes publicados en periódicos, y una es realizada por el escritor y dramaturgo alemán Johannes "Hanns" Johst y aparecida en el Frankfurter Volksblatt, y otra por un periodista estadounidense. Todas van dando cuenta del pensamiento y las intenciones de Hitler ante los sucesos de aquellos años.


George W. Price Entrevista a Adolf Hitler

Berlín, 19 de Octubre de 1933

 

—George W. Price: ¿Podría ser de interés para Vuestra Excelencia saber que hay indicios en Londres de que desde el sábado pasado su popularidad personal ha aumentado extraordinariamente entre el público británico? Lord Rothermere [propietario del Daily Mail y posterior amigo de Hitler], con quien hablé por teléfono anoche, me contó que el lunes por la noche aplaudieron vivamente el retrato de Vuestra Excelencia al aparecer en la revista semanal de los teatros cinematográficos de Londres.

     Pero es verdad que entre ciertos círculos del público inglés y de la prensa la repentina salida de Alemania de la Conferencia de Desarme ha despertado desconfianza y alarma. Si el señor Canciller me permitiera hacerle algunas preguntas de manera completamente objetiva a ese respecto, contribuiría considerablemente a calmar esas sospechas.

     Primeramente quisiera citar el discurso del Subsecretario [inglés] del Ministerio de Guerra, Sr. Duff Cooper, que dijo que "no hay pueblo en la historia del mundo que hubiera preparado la guerra con tanto entusiasmo como el pueblo alemán lo hace actualmente". Sería inútil negar que esa opinión está muy difundida en Inglaterra. ¿Cómo se puede responder a ella?

—ADOLF HITLER: Yo mismo me sentía profundamente infeliz el 4 de Agosto de 1914 porque los dos grandes pueblos germanos [Alemania e Inglaterra], que habían vivido tantos centenares de años en mutua paz a pesar de todos los extravíos y revueltas de la historia humana, fuesen empujados ahora a la guerra. Estaría contentísimo si esta siniestra psicosis terminase y si las dos naciones parientes pudiesen volver a su antigua amistad.

     La afirmación de que el pueblo alemán prepara con entusiasmo la guerra es un verdadero desconocimiento del sentido de la Revolución alemana. Los caudillos del Movimiento Nacional-socialista hemos sido soldados en el frente, casi sin excepción. Quisiera ver al soldado del frente que prepare la guerra con entusiasmo.

     Estamos ligados a nuestro pueblo tan fanáticamente como cada inglés decente al suyo. Instruímos a la juventud alemana para la lucha contra los vicios internos y, en primera línea, para la lucha contra el peligro comunista, de cuya extensión ciertamente nadie se había formado una idea en Inglaterra, y también hoy en día nadie tiene aún semejante idea. Nuestras canciones revolucionarias no son canciones dirigidas contra los otros pueblos sino canciones en pro de la fraternidad en el interior, contra la lucha de las clases y la vanidad, y a favor del trabajo, del pan y del honor nacional. La mejor prueba de ello es que hasta nuestra entrada en el Gobierno, ha sido perseguida terriblemente por el Estado nuestra SA, que es una organización exclusivamente política, de modo que a nuestros correligionarios no sólo no se los aceptó en el servicio militar sino que tampoco se los colocó de obreros en algunos trabajos del ejército.

—Price: La sospecha de que los fines de Alemania tengan el carácter de guerreros se basa sobre las siguientes consideraciones: Se cree que el pueblo alemán ha sido educado por el gobierno nacional-socialista para tener gravísimos y puros desacuerdos con Francia y que eso se puede reparar solamente con una victoria alemana.

—HITLER: El Movimiento Nacional-socialista no educa al pueblo alemán para "gravísimos y puros desacuerdos con Francia" sino sencillamente para amor al propio pueblo y para profesar los conceptos de honor y de decencia. ¿Cree usted que educamos a nuestra juventud, que representa todo nuestro porvenir y que amamos todos, únicamente para dejarla sucumbir en el campo de batalla? Yo he acentuado ya muchas veces que no tenemos ningún motivo para avergonzarnos militarmente de los trabajos de nuestro pueblo hechos en la guerra. Por lo tanto no tenemos nada que reparar. Lo único que nos avergüenza son los hombres que abandonaron la patria en los tiempos de mayor miseria. A esas personas las hemos omitido completamente.

     Me llena de satisfacción que la juventud alemana posea de nuevo un sentimiento de honor. Pero no comprendo por qué otro pueblo debe sentirse amenazado con eso, y mucho menos comprendo por qué una nación que piensa tan razonablemente como la inglesa pudiera tomarnos a mal esos hechos. Estoy convencido de que si a Inglaterra le hubiese acaecido tal desgracia como la que cupo en suerte a Alemania, entonces habría más nacional-socialistas ingleses que entre nosotros. No queremos tener ningún "desacuerdo" con Francia sino un sincero entendimiento, ciertamente sobre una base aceptable por un pueblo de sentimiento de honor. ¡Y además queremos vivir!

—Price: Gran parte de la juventud alemana se instruye actualmente para una disciplina militar, ya sea en campos de trabajo o como miembros de la SA y otras organizaciones. Aunque el gobierno no tenga la intención de hacer uso de esa instrucción para el caso de guerra, reina en Francia y en parte también en Inglaterra el temor de que el desarrollo de un espíritu militar entre los jóvenes alemanes pudiese tener la consecuencia de que aquéllos exigirían algún día emplear de forma práctica los conocimientos militares que están adquiriendo ahora.

—HITLER: La juventud alemana no adquiere conocimientos militares ni en los campos de trabajo ni en la SA ni en las demás organizaciones, conocimientos que puedan atraerla para utilizarlos entonces. Mucho más podría quejarse Alemania de que en otros países millones de reclutas reciben una instrucción verdaderamente militar año tras año.

     Nuestro Servicio del Trabajo es una organización inmensamente social que causa al mismo tiempo una reconciliación de clases. Un ejército de jóvenes que en tiempos anteriores habría perecido en las carreteras, los hemos reunido para trabajos de utilidad. A otros cien mil que en las grandes ciudades se han corrompido ya en su juventud los educamos para ser socios decentes de la sociedad humana en nuestras asociaciones juveniles y de la SA. Mientras que, antes de nuestro gobierno, las calles y plazas alemanas habían sido dominadas por el comunismo, y todo el pueblo había sufrido bajo el terror de esa cuadrilla de asesinos, hemos restablecido ahora la seguridad, la tranquilidad y el orden. Eso es el resultado de mi SA.

—Price: Además está difundida la opinión de que los armamentos de Alemania han progresado ya mucho más de lo que se asegura oficialmente. Por ejemplo, se afirma que el gobierno alemán ha adquirido fábricas de munición en Suecia, Holanda y otros países, en las que están depositadas grandes reservas de material de guerra para ser expedido por las fronteras alemanas inmediatamente al notarse un peligro de guerra.

—HITLER: Esas ideas son ridículas. ¿Dónde están las fábricas en Suecia, Holanda y otros países que hemos de haber adquirido como fábricas de munición? Nuestros enemigos en el extranjero publican las noticias más exactas de todo lo que ha sucedido en Alemania según afirman. Debería ser muy fácil para ellos decir por último qué fábricas hemos adquirido en Holanda y cuáles en Suecia. Según tengo entendido, no gobiernan nacionalsocialistas en Suecia y tampoco en Holanda. No sería difícil para las ingeniosas oficinas de información averiguar en qué fábrica holandesa o sueca se fabrica y almacena munición para Alemania. Pues deberían ser depósitos de bastante extensión. El tamaño de un almacén común de munición para un solo cuerpo de ejército lo conoce cada soldado raso desde que está en la guerra. ¡Y todo eso está oculto a los ojos del mundo investigador entero! Y además en caso de guerra deberíamos traer esa munición a Alemania por vía aérea. ¿O extendería Francia salvoconductos a nuestros buques? No, todo eso es demasiado ridículo, pero, por desgracia, es suficiente para denunciar ante el mundo a un pueblo que no pide más que su derecho, un mundo que, de hecho, no es sino una única fábrica de armas.

—Price: Aunque fue prohibido el empleo de la artillería pesada de campaña por el Tratado de Versalles, se afirma en Francia que se han instruído artilleros de la Reichswehr en artillería pesada en las fortificaciones de la costa alemana. Es posible que se valgan oficialmente de esos reproches en las próximas semanas. ¿No sería más ventajoso si el señor Canciller ya de antemano se arreglara públicamente con ellos?

—HITLER: ¿Cree usted verdaderamente que nos permitimos el lujo de hacer instruír en la artillería pesada de las fortificaciones de costa a los artilleros de los cien mil hombres de nuestro ejército para que podamos disparar entonces con los cañones de campaña? En la fortaleza de Königsberg tenemos concedido un número de artillería pesada ridículamente limitado, y por supuesto se instruyen hombres para ella. Por lo demás el ejército, desgraciadamente, no tiene más que una artillería de campaña insuficiente y preferimos más instruír a la gente en la artillería en la que deben combatir que en la que no poseemos.

—Price: Otra causa de temor es la concepción de que la intención admitida por Alemania de readquírir un día el corredor polaco es incompatible con la mantención de la paz. ¿Bajo qué base cree usted, señor Canciller, que se podrían hacer negociaciones con ese fin?

—HITLER: No hay hombre sensato que pudiera designar la disolución del problema del corredor como obra sobresaliente de la Conferencia de Paz. El sentido de dicha disolución podía ser solamente enemistar a Alemania con Polonia por tiempos eternos. Nadie de nosotros piensa empezar una guerra con Polonia a causa del corredor. Pero todos quisiéramos esperar que llegue el día en que las dos naciones discutan y negocien sin pasión las cuestiones concernientes. Entonces se puede dejar al porvenir si no se encuentra un camino por el que puedan transitar los dos pueblos hacia una solución aceptable para ambos.

—Price: La expresión "Pueblo sin Espacio" ha causado cierta inquietud. ¿Dónde ve el señor Canciller una posibilidad para una extensión del espacio de Alemania? ¿Representa la readquisición de colonias que antes fueron alemanas uno de los fines del gobierno? En caso afirmativo, ¿qué colonias vendrían al caso y qué sistema de mandato bastaría a Alemania? ¿O demandaría ella plena soberanía?

—HITLER: Alemania tiene demasiados hombres en su superficie. Está en el interés del mundo no escatimar a una gran nación las posibilidades necesarias para vivir. Pero la cuestión de distribuír comarcas coloniales, es igual dónde estén, jamás será para nosotros una cuestión de guerra. Estamos convencidos de que somos tan capaces de administrar y organizar una colonia como todo pueblo. Sin embargo, en todas esas cuestiones no vemos problemas que afecten de alguna manera la paz del mundo, porque pueden resolverse solamente por medio de negociaciones.

—Price: En ciertos círculos de Inglaterra se espera que el actual gobierno resulte como preámbulo de la restauración de la familia imperial. ¿Sería posible al señor Canciller definir su punto de vista acerca de esa cuestión?

—HITLER: El gobierno que trabaja hoy en Alemania no trabaja ni para la monarquía ni para la república sino exclusivamente para el pueblo. A dondequiera que dirigimos la vista no vemos más que apuros y miserias, desempleo forzoso, decadencia y destrucción. La misión que hemos elegido es eliminar esas calamidades.

—Price: Desde que Vuestra Excelencia tomó posesión del poder han sido cambiados de facto algunos puntos de la Constitución de Weimar, aunque no se los haya anulado formalmente. ¿Intenta el señor Canciller efectuar una modificación de la Constitución sobre una nueva base?

—HITLER: Declaré una vez no querer luchar sino con medios legales. He mantenido esa declaración. Toda la transformación de Alemania se ha hecho de modo lícito por la Constitución. Desde luego es posible y también probable que presentemos en el porvenir como nueva Constitución el resultado entero de la revolución que se lleva a cabo para que el pueblo alemán decida en votación primaria. Tengo que poner de relieve que no hay gobierno actualmente que pueda afirmar con más derecho que el nuestro estar encargado por su pueblo.

—Price: ¿Considera el señor Canciller a la Sociedad de las Naciones como una institución que haya sobrevivido a su utilidad o puede imaginarse determinadas condiciones bajo las cuales Alemania estaría dispuesta a tener en cuenta su vuelta a la Sociedad de las Naciones?

—HITLER: Si la Sociedad de las Naciones, como en el último tiempo, continúa haciéndose cada vez más una comunidad de intereses de determinados Estados contra los de otros, entonces no creo en su porvenir. De todos modos, Alemania no se unirá jamás a una asociación internacional ni tomará parte en ella si no se la reconoce como socia con iguales derechos. Sabemos que hemos perdido la guerra. Pero sabemos también que nos hemos defendido bravamente tanto como fue posible. Somos suficientemente hombres para comprender que, después de haber perdido una guerra, sea culpable o no el vencido, debe desde luego soportar las consecuencias. ¡Las hemos soportado! Pero que continúen deshonrándonos y humillándonos siempre de nuevo y permanentemente, a un pueblo de 65 millones de hombres, eso no lo podemos soportar. Esa difamación es insoportable para nosotros, y en tanto que yo viva, nunca pondré mi firma de hombre de Estado al pie de un contrato que, como hombre de honor, no firmaría tampoco en la vida particular, aunque pereciese por ello. iPues no quisiera poner mi firma bajo un documento con la segunda intención de no mantenerla! Lo que firmo lo sostengo. Lo que no puedo mantener ¡jamás lo firmaré!

—Price: Así pues, ¿Alemania se considera libre de los deberes internacionales que existen, motivándolo el no haber sido tratada como un país con iguales derechos?

—HITLER: Lo que hemos firmado lo cumpliremos según nuestra mejor capacidad.

—Price: ¿Podría el señor Canciller hacer al público británico algunas indicaciones acerca de sus planes que tienden a disminuír la miseria económica en Alemania en el próximo invierno?

—HITLER: Nos espera un invierno muy crudo. De los más de seis millones sin trabajo hemos vuelto a la producción a más de dos millones y medio, y eso dentro de ocho meses. Nuestra tarea consiste en evitar, a ser posible, que entre una nueva disminución en invierno. En primavera empezaremos el nuevo ataque general contra el desempleo forzoso.

     A ese objeto empezamos una serie de medidas de las que esperamos resultados suficientes. Además de descargar la economía de impuestos insoportables, además de restablecer generalmente la confianza y de anular un gran número de leyes que estorban la economía y que están más o menos inspiradas por el marxismo, se procura proporcionar trabajo en gran escala. Como nuestras calles en parte no son suficientes, y en parte están también en muy mal estado, se construirá una red de aproximadamente 6.500 kilómetros de carreteras para automóviles, y ya en este invierno se empieza con suma energía a construírlas. Se facilitarán y recaudarán los fondos por medio de impuestos de automóviles, o sea, de combustibles, así como por derechos del uso de las carreteras. A todo eso hay que añadir un gran número de otros importantes trabajos, construcción de canales, obras de estancamiento y de puentes.

     Extraordinariamente grande es nuestra actividad en el campo de fertilizar el suelo y en el campo de la colonización que depende de todo eso. Para el tiempo de invierno se invertirán dos mil millones, compuestos de fondos del Estado y de fondos particulares, en la reparación de las casas que necesitan indispensable renovación. El pensamiento respecto a ello es que el Estado participaría con dinero en caso de que tuviera que hacer los gastos de socorro a los sin trabajo de no existir dichas medidas. Para ayudar particularmente a los jóvenes los reuniremos y los colocaremos en nuestros campos de trabajo a fin de que trabajen de modo razonable con un sueldo ciertamente bajo pero con suficiente manutención. No tienen aún familias, pudiendo ser alojados, por lo tanto, en barracas y otras semejantes en sus lugares de trabajo. Por medidas especiales y fundación de familias posibilitamos a las muchachas dejar la producción sustituyéndolas poco a poco por hombres. Pero como, a pesar de todo, la miseria será aún mayor, hemos organizado una gran obra de socorro de invierno, suplicando en primer lugar a la población rural que ayude a la pobre e indigente población urbana e industrial. Hay una gran obra de canje y con ello al mismo tiempo una comunicación de la ciudad con el campo. Por medio de dicha organización proveeremos a unos seis millones de hombres a lo menos de lo más necesario, como combustibles y víveres y en parte también de ropa.

     En todo caso nos esforzamos lo más que podemos para procurar poner coto, por lo menos, al hambre en su peor efecto. Pues, hasta ahora, gracias al Tratado de Versalles, la situación ha sido tal, que por término medio anual, 20.000 hombres tuvieron que quitarse voluntariamente la vida por necesidad y miseria. Usted comprenderá que un gobierno y un pueblo que se ven puestos ante tales tareas no pueden tener otro deseo que el de tranquilidad y paz y con eso por fin el de igualdad de derechos.–

 

 

Hanns Johst Entrevista a Adolf Hitler

27 de Enero de 1934

 

—Hans Johst: El burgués [Bürger] se siente cada vez más angustiado con respecto a la idea romántica de la tranquilidad de ánimo, su propia tranquilidad de ánimo. Entonces, Herr Reichskanzler, permítame preguntar muy abiertamente: ¿cuál es su posición con respecto al burgués?

—ADOLF HITLER: Creo que sería una buena cosa si primero separamos el concepto de "burgués" de la extremadamente confusa ambigüedad que lo rodea y a la vez establecemos una definición inequívoca de lo que entendemos por el término "Bürger". Sólo tengo que citar al "Staatsbürger" [ciudadano] y al "Spießbürger" [el filisteo, el burgués autosatisfecho] para nombrar a dos miembros de esta especie.

—Johst: ¿Quiere usted decir que el Staatsbürger es el hombre que defiende su Estado políticamente pase lo que pase, y que el Spießbürger es el tipo que se llama a sí mismo "apolítico" por miedo a perder su pacífica existencia y que, actuando como un filisteo [un palurdo anti-intelectual], usa la bien conocida práctica de enterrar su cabeza en la arena para evitar ser un testigo ocular de las condiciones políticas?

—HITLER: Eso es exactamente lo que quiero decir. Una sección del mundo burgués y de la Weltanschauung burguesa disfruta interpretando el papel de estar completamente desinteresado de la vida política. Esa gente no ha progresado más allá de la posición de antes de la guerra de que la política tiene sus propias formas de existencia muy apartadas de la vida normal en la sociedad y que debe ser practicada por una casta especial contratada y predestinada para aquel objetivo. Esa gente, los políticos de sillón, disfruta criticando como parte de un estado de ánimo general o motivados por un interés personal, pero ellos nunca asumirán ninguna responsabilidad representativa o pública.

     Mi Movimiento, como una expresión de voluntad y anhelo, abarca cada aspecto del Volk entero. Concibe a Alemania como un cuerpo corporativo, como un organismo singular. No hay tal cosa como la no responsabilidad en este ser orgánico, ni una sola célula que no sea responsable, por su misma existencia, del bienestar y la prosperidad del todo. Así, en mi visión, no hay ni el mínimo espacio para la gente apolítica. Cada alemán, lo quiera o no, es, en virtud de haber nacido en el destino alemán, por el hecho de su existencia, un representante de la forma de existencia de esta misma Alemania. Al sostener este principio, estoy revirtiendo cada conflicto de clase y al mismo tiempo declarando la guerra contra cada concepto de casta y conciencia de clase.

—Johst: ¿Eso significa que usted no tolerará ninguna huída hacia la vida privada, siendo que al burgués le gusta tomar refugio en ser una persona privada? ¿Usted está obligando a cada uno a tomar la posición de un Staatsbürger?

—HITLER: ¡Yo rechazo abstenerse de tomar decisiones! ¡Cada alemán debe saber lo que él quiere! ¡Y debe adoptar una actitud en favor de lo que él quiere! Desde 1914 he dedicado mi vida a luchar. Primero como un soldado, ciegamente obediente al mando militar. Cuando esos líderes permitieron ser alejados de la esfera de poder del mando en 1918, miré muy de cerca a los nuevos líderes políticos, y reconocí en ello la verdadera cara del marxismo. Con eso comenzó mi lucha contra la política de esa teoría y su práctica.

—Johst: Usted encontró partidos marxistas y la indiferencia de la clase media. Usted fue considerado como parte de la Derecha burguesa.

—HITLER: Esa evaluación de mi trabajo de toda la vida deja espacio para dos errores. Mi energía entera fue dedicada desde el principio a la superación del liderazgo del Estado por parte de los partidos, y en segundo lugar —aunque esto es lógico y obvio desde los orígenes de mi levantamiento—, yo nunca debo ser entendido en términos burgueses.

     En la pelea de los partidos, se hizo evidente que la discusión estaba siendo conducida bajo falsas apariencias. Es equivocado, usted ve, que los partidos burgueses hayan llegado a ser los patrones y que los marxistas se llamen a sí mismos obreros y empleados. Hay simplemente tantos obreros entre los empleadores como elementos burgueses entre los empleados.

     El burgués —supuestamente por el bien de la Patria— está defendiendo la propiedad, un valor capitalista. Así, desde un punto de vista marxista, no es tonto el amor al propio país sino la codicia de beneficio que tiene el capital. Por otra parte, el carácter internacional del marxismo es considerado por la clase media como una especulación para una economía mundial en la cual sólo existe una administración estatal y ya ninguna propiedad privada.

     El miembro de la burguesía evita esta división del Volk en grupos de presión contrarios escondiéndose detrás del optimismo superficial y entusiasta de su periódico de cada día y permitiéndose ser educado "apolíticamente". Las lecciones son organizadas muy agradablemente según el gusto de su majestad el crédulo Fritz [el hombre común], apacible y pacífico. La gente involuciona paso a paso. El compromiso sirve repetidas veces para prohibir la controversia literalmente de la faz —pero sólo de la faz— del planeta, y el final, el final es una materia política en algún lugar en la distancia que es mejor dejar tranquila para conservar la paz, por supuesto. Pero el hecho de que esa paz no era una paz en absoluto, sino un fracaso diario, una victoria diaria del marxismo conscientemente político... es para el reconocimiento de ese hecho que el Nacionalsocialismo lucha.

     El Nacionalsocialismo toma para sí la idea pura de cada uno de esos dos campos. Del campo de la tradición burguesa, toma la resolución nacional, y del materialismo del dogma marxista, el socialismo vivo y creativo.

     Volksgemeinschaft [comunidad nacional]: esto significa una comunidad de todo el trabajo productivo; significa la unidad de todos los intereses vitales; significa la superación del privatismo burgués y de las sindicalizadas masas mecánicamente organizadas; significa incondicionalmente poner en correspondencia el destino individual y la nación, el individuo y el Volk.

     Sé que los conceptos burgueses liberales están muy desarrollados en Alemania, que el hombre burgués rechaza la vida pública y tiene una aversión profundamente arraigada hacia lo que sucede en las calles. Si él se debilita en su resolución durante algún tiempo, esa vida pública, la calle, destruirá el ideal de sus cuatro paredes. En casos como ése, el ataque es la mejor forma de defensa.

     No soy responsable del hecho de que el comando central del Estado alemán fuera asumido por la calle en 1918. Sin embargo, la burguesía no tiene ni la más leve razón para sospechar que yo era el tamborilero que hacía sonar la llamada a levantarse, ya que si la burguesía se había dormido durante los hechos de la Historia, habría despertado demasiado tarde, habría despertado a una situación política que es llamada bolchevismo, que es el enemigo mortal de los conceptos de la clase media. La Revolución rusa se alzó en armas contra la clase media como burguesía, y en Alemania la batalla decisiva de esa Weltanschauung ha sido simplemente perdida.

     El hecho de que toda Alemania esté instruída en cuanto al imperialismo bolchevique, de que ni un solo alemán pueda decir: "Yo no sabía nada de ello", pero pueda recurrir sólo a la excusa coja: "No lo creí"... ése es y siempre ha sido mi compromiso y el principio básico de todos mis seguidores leales.

—Johst: En vista de que usted fue obligado por la Constitución de Weimar a organizarse de acuerdo a líneas de partido, usted llamó a su movimiento el Partido Nacional-Socialista de los Trabajadores. En mi opinión, usted da así al concepto de "trabajador" prioridad por sobre el concepto de la burguesía.

—HITLER: Elegí la palabra "trabajador" porque era más natural y correspondía a cada elemento de mi ser, y porque quise recobrar esa palabra para la fuerza nacional. No permití y no permitiré que el concepto de "trabajador" tome simplemente una connotación internacional y se convierta en un objeto de desconfianza para la burguesía. En un cierto sentido, yo tuve que "naturalizar" el término "trabajador" y sujetarlo otra vez al control de la lengua alemana y a los derechos soberanos y las obligaciones del Volk alemán. Del mismo modo, no toleraré que el concepto correctamente usado y esencialmente entendido del "Bürger" sea distorsionado. Pero creo que el "Bürger" es llamado para asegurar eso.

—Johst: En la Weltanschauung del Nacionalsocialismo existe por lo tanto sólo el "Staatsbürger" y el trabajador. Y toda la gente es ambos, o ninguno, y así parásitos en la vida del Estado.

—HITLER: Ciertamente, siento que ésa es una comparación significativa, ya que sólo ella nos permite prescindir de todo el vocabulario superficial de la arrogancia innecesaria causada por el parlamentarismo y todo aquel liberalismo. El "Spießbürger" [el burgués autosatisfecho] debe convertirse en un ciudadano del Estado; el camarada Rojo debe hacerse un Volksgenosse [camarada del Pueblo]. Ambos deben, con sus buenas intenciones, ennoblecer el concepto sociológico del trabajador y elevar el status de un título honorario para el trabajo. Esa patente de nobleza sola pone al soldado y al campesino, al comerciante y al académico, al trabajador y al capitalista bajo juramento para tomar la única dirección posible en la cual todos los resueltos esfuerzos alemanes deben estar orientados: hacia la nación.

     Sólo cuando todo lo que sucede dentro de la comunidad alemana entera ocurre con miras al todo, el todo, en las cambiantes corrientes de efectos políticos, por su parte se hace capaz de asumir el liderazgo positivo y productivo de todas las unidades, clases y condiciones individuales.

     El liderazgo está siempre basado sobre el libre albedrío y las buenas intenciones de aquellos que son conducidos. Mi doctrina del concepto del Führer es por lo tanto completamente lo opuesto de lo que a los bolchevistas les gusta presentar, que es la doctrina de un dictador brutal que triunfa sobre la destrucción de los valores de la vida privada. Así, como Canciller del Reich no estoy descontinuando mis actividades como educador público; al contrario: estoy usando cada medio proporcionado por el Estado y su poder para publicar y hacer conocida cada palabra y hecho míos, con el objetivo de ganar al público con esta franqueza para cada decisión de mi voluntad nacional por medio de evidencias y convicciones. Y hago esto porque creo en el poder creativo y la contribución creativa del Volk.

—Johst: En otras palabras, Herr Reichskanzler, en el Volk ¿usted percibe el mito de una fusión del trabajador y el burgués, tal como usted percibe al Estado como el instrumento maleable del Volk? Si puedo declararlo muy abiertamente, usted ve el instrumento del Estado en la mano del Volk, y usted así ve en su propio cancillerazgo la soberanía del Volk como consagrada al nombre de Adolf Hitler.

—HITLER: Espero que este diálogo sirva como una aclaración a los amplios círculos de la burguesía. El hombre burgués debería dejar de sentirse como alguna clase de pensionado de la tradición o el capital y separado del trabajador por el concepto marxista de la propiedad; más bien, él debería esforzarse, con una mente abierta, para llegar a integrarse en el todo como un trabajador, ya que él no es en absoluto un miembro de la sociedad en el distorsionado sentido en el cual él fue perseguido como un hermano hostil dentro de las filas del Volk. Él debería basar su clásico orgullo burgués sobre su ciudadanía y, en otros respectos, estar modestamente consciente de su identidad como trabajador.

     Porque todo lo que no exige febrilmente el trabajo ni afirma su fe en el trabajo, está condenado a la extinción en la esfera del Nacionalsocialismo.–

 

 

George W. Price Entrevista a Adolf Hitler

5 de Agosto de 1934

 

     El corresponsal abrió con el siguiente comentario: "Tan accidentadas como las últimas semanas han sido para el Canciller del Reich, ellas no han dejado ninguna marca en sus rasgos. De hecho, él parece más saludable que en Febrero, cuando lo vi por última vez".

     La primera pregunta del corresponsal tuvo que ver con el armamento general y las tensiones internacionales.

     Hitler contestó: "En lo que se refiere a Alemania, no habrá ninguna nueva guerra. Alemania conoce las terribles consecuencias de la guerra mejor que cualquier otro país. Casi todos los miembros del Gobierno Nacional saben de sus horrores. Ellos saben que eso no es una aventura romántica sino más bien una catástrofe atroz. Es la convicción del Movimiento Nacionalsocialista que la guerra es inútil para cualquiera y sólo puede causar la ruina. No nos beneficiaríamos de una guerra.

     "Para nosotros, 1918 fue una lección y una advertencia. Creemos que los problemas de la Alemania actual no pueden ser solucionados por la guerra. Las demandas que ella coloca sobre el resto de Europa no albergan el peligro de tal desgracia, ya que ellas están limitadas a lo que las otras naciones consideran sus derechos más elementales. Exigimos sólo que nuestras fronteras actuales sean mantenidas. Ciertamente nunca lucharemos otra vez, excepto en defensa propia. Yo repetidamente le he garantizado a los franceses que no habrá ninguna dificultad territorial adicional entre nosotros una vez que la cuestión del Saar haya sido arreglada. En nuestra frontera del Este he demostrado nuestras pacíficas intenciones concluyendo un pacto con Polonia".

     El Canciller del Reich prosiguió: "Baldwin una vez dijo que la frontera defensiva de Gran Bretaña está, en el futuro, en el Rhin. Quizá un estadista francés podría ir más allá y decir que Francia debe ser defendida en el Oder; Rusia podría afirmar quizás que su línea de defensa nacional corre a lo largo del Danubio. En vista de esta situación, Alemania puede ser apenas reprochada por buscar la protección nacional dentro de sus fronteras. A usted como un inglés puedo decirle que si Inglaterra no nos ataca, nunca tendremos ninguna diferencia con ella, ni en el Rhin ni en ninguna otra parte. No tenemos ninguna reclamación sobre Inglaterra".

     En respuesta a la pregunta interina del corresponsal "¿Ni siquiera colonias?", el Führer levantó su voz para contestar: "Yo no demandaría la vida de un solo alemán a fin de ganar alguna colonia en el mundo. Sabemos que las antiguas colonias alemanas en África son un lujo caro para Inglaterra. La expansión de la flota aérea británica no ha dado ocasión ni a la más mínima animosidad en Alemania. Los ingleses pueden duplicar o cuadruplicar su flota, ellos pueden hacerla del tamaño que elijan; eso no es ningún asunto nuestro, porque no tenemos la intención de atacarlos".

     El corresponsal interrumpió para indicar que Inglaterra estaba fabricando aeroplanos porque creía que Alemania estaba armando una gran flota aérea, tal como había desarrollado una marina grande antes de la Guerra Mundial.

     Hitler contestó: "Los ingleses no se sintieron amenazados cuando Francia desarrolló una gran flota aérea. ¿Por qué deberían ellos estar excitados por las medidas alemanas para la auto-defensa? Para nosotros, Gran Bretaña está fuera de tales consideraciones. Los pasos que estamos tomando están diseñados para hacer justicia al hecho de que bien podríamos estar rodeados por un anillo de enemigos poderosos en el continente que podrían colocar un día sobre nosotros demandas que nosotros somos incapaces de aceptar. No es el volumen de las armas lo que trae la amenaza de guerra, sino la desigualdad de las armas. Eso anima a las naciones más fuertes a concebir proyectos ambiciosos que las naciones más débiles no pueden tolerar".

     El corresponsal planteó varias preguntas acerca de Austria. Hitler contestó con sentimiento: "Nosotros no atacaremos Austria, pero no podemos impedir que los austríacos intenten restablecer sus antiguos lazos con Alemania. Estos Estados están separados sólo por una línea, y a ambos lados de esa línea viven pueblos de la misma raza.

     "Si una parte de Inglaterra fuera artificialmente separada del resto, ¿quién impediría su esfuerzo de llegar a estar unida una vez más con el resto del país? Alemania y Austria estuvieron unidas hasta 1866".

     El corresponsal preguntó: "¿Aspira Su Excelencia a reinstaurar el Sacro Imperio Romano?".

     "La cuestión de la Anschluss [unificación]" declaró Hitler, "no es un problema actual. Estoy seguro de que el asunto entero sería arreglado si tuviera lugar una votación secreta en Austria. La independencia austriaca no está en juego, y nadie la está cuestionando.

     "En el Imperio austriaco de antaño, las variadas nacionalidades profesaban una afinidad con sus vecinos de su propia raza. Es simplemente natural que los alemanes de Austria estén a favor de una unificación con Alemania. Sabemos que ese objetivo es inaccesible actualmente, ya que la resistencia en el resto de Europa sería demasiado fuerte".

     El corresponsal mencionó el enorme poder y responsabilidad que ahora estaban unidos en las manos de Hitler. El Führer declaró: "Cada año aprovecho una oportunidad u otra para presentar mis poderes ante el Volk alemán. Éste tiene la posibilidad de confirmarlos o negarlos. Nosotros lo salvajes alemanes somos mejores demócratas que otras naciones".

     El corresponsal preguntó: "¿Retendrá usted el cargo dual de Jefe de Estado y Canciller permanentemente?".

     Hitler contestó: "Pasará algún tiempo hasta que un plebiscito nacional prive al actual gobierno de su fundamento".

     El corresponsal dijo: "Hace cinco semanas, el mundo estuvo sorprendido por señales de una fisura en las Fuerzas Armadas Nacionalsocialistas y por las severas medidas aplicadas para eliminarla [la purga de Röhm y los Strasseristas]. ¿Está usted seguro de que el Partido es un todo completamente unificado?".

     El Führer contestó, centelleando sus ojos: "¡El Partido está más fuerte y más sólido que nunca antes!".

     La siguiente sección de la entrevista se enfocó en las perspectivas económicas de Alemania. Hitler declaró que él estaba confiado en que Alemania se haría independiente de las materias primas del extranjero de ser forzada a hacer eso. Él recordó experiencias anteriores durante el Bloqueo Continental de Napoleón y durante la Guerra Mundial.

     Con respecto a la economía mundial en conjunto, el Canciller declaró que se requerían tres cosas para la recuperación del mundo, a saber: mantenimiento de la paz, la presencia de gobiernos fuertes y bien organizados en cada país, y la energía necesaria para enfrentar los problemas mundiales como un todo. Los alemanes estaban dispuestos a cooperar con otras naciones en ese respecto si ellas demostraban la misma actitud.

     En respuesta a una pregunta en cuanto al regreso de Alemania a la Sociedad de las Naciones, Hitler declaró: "Nosotros nos retiramos de la Sociedad de las Naciones por motivos definidos claramente indicados. Era imposible para mi gobierno seguir participando en negociaciones en las cuales fuimos tratados como inferiores. Cuando nuestra igualdad completa sea reconocida, volveremos quizás. El gobierno británico ha declarado su apoyo a armamentos iguales, lo que constituye el criterio principal, pero lamentablemente no ha tenido éxito en convencer a otros gobiernos para que adopten la misma posición".

     Los siguientes comentarios de Hitler fueron dedicados a la necesidad de acabar con la psicosis de guerra. Él dijo que él había estado esforzándose para un mejor entendimiento con Gran Bretaña, y continuaba haciendo eso. Dos naciones germánicas deberían, por el puro poder del instinto natural, ser amigas. El Movimiento Nacionalsocialista vería una guerra contra Inglaterra como un crimen contra la raza. Él señaló que los ingleses que visitaban Alemania eran siempre capaces de llegar a términos amistosos con los alemanes, y era deseable que incluso más ingleses vinieran a fin de convencerse personalmente en cuanto a las circunstancias en Alemania.

     Hitler cerró con el comentario: "Es deplorable que nuestro viejo Mariscal Hindenburg haya muerto. Si él hubiera vivido sólo unos pocos años más, él, creo, habría encontrado un modo de hacer aún más evidente el sincero deseo de paz de Alemania".–

 

 

Pierre Huss Entrevista a Adolf Hitler

Obersalzberg, 16 de Enero de 1935

 

—Pierre Huss: Herr Reichskanzler, ¿cuál es su opinión del resultado del plebiscito del Saar?

—ADOLF HITLER: Los resultados del plebiscito me llenan a mí y a cada uno de mi personal de un orgullo infinito por el Volk alemán. Al mismo tiempo, eso es una subsecuente condena del Tratado de Paz de Versailles, de dimensiones realmente históricas, porque en ese Tratado, esa región fue separada de Alemania a causa de que 150.000 franceses vivían allí. Después de un gobierno de quince años de la Sociedad de las Naciones y así en último término de Francia, ha sido averiguado ahora que no 150.000, sino unos escasos 2.000 franceses residen en esa región, es decir, ni siquiera cuatro franceses por cada 1.000 habitantes del Saar. ¿Cómo puede alguien sorprenderse de que nada bueno pueda resultar de un tratado basado sobre tales incorrectas presunciones?

—Huss: ¿Tendrán los socialdemócratas o los comunistas en el Saar y otros habitantes no-nacionalsocialistas de ese territorio que han votado en favor de Alemania algo que temer en el futuro debido a sus antiguas inclinaciones políticas?

—HITLER: Hace dieciséis años comencé mi lucha en favor de Alemania con seis hombres; eso significa mi lucha en favor del Volk alemán. El número de mis seguidores, es decir, los seguidores del Movimiento Nacionalsocialista del nuevo Estado, se ha elevado a casi 39 millones desde entonces. ¿Piensa usted que toda esa gente no pertenecía a algún otro partido antes? En un tiempo ellos eran todos parte de algún movimiento u otro.

     Ellos han sido persuadidos para la idea nacionalsocialista con trabajo y con tiempo. Y no dejaremos esta lucha por el alma de nuestro Volk ahora.

     Por lo tanto, nunca preguntamos lo que un individuo era en el pasado, sino lo que él quiere ser hoy. Así es cómo hemos tenido éxito en la disolución de los peleadores partidos alemanes y hemos formado una verdadera Volksgemeinschaft en la cual coexisten los antiguos comunistas y los adherentes del Centro, unidos en su lucha mutua por el Estado Nacionalsocialista, el nuevo Reich. Pero una parte de este Reich es el Saar, y sus habitantes comprenden una parte de nuestro Volk.

—Huss: Herr Reichskanzler, usted con frecuencia ha declarado que el último obstáculo para las relaciones amistosas con Francia sería removido cuando la cuestión del Saar fuera solucionada. En vista de su incansable y considerable búsqueda de ese objetivo en interés de la paz mundial, ¿está pensando usted en un plan específico?

—HITLER: Yo frecuentemente he declarado que después de la devolución del Saar a Alemania yo no haría ninguna demanda territorial adicional a Francia. He repetido esa declaración definitivamente hoy ante el mundo entero. En términos históricos, es una cosa muy difícil renunciar a eso como lo estoy haciendo en nombre del Volk alemán. Pero estoy haciendo este muy difícil sacrificio a fin de contribuír a la pacificación de Europa. Uno no puede esperar más de Alemania. Depende ahora del resto del mundo sacar las consecuencias de tal decisión. Nunca consentiré, ni consentirá el nuevo Reich alemán, ninguna limitación a los derechos de nuestro pueblo. Deseamos ser un Volk pacífico, pero de ninguna manera sin honor.

     Estamos dispuestos a hacer un sacrificio muy grande, pero nunca a renunciar a nuestra libertad. Rechazamos cualquier diferenciación entre igualdad moral e igualdad en los hechos: hay sólo una igualdad de derechos, y ésa es el derecho de un Estado soberano y una nación soberana. Si el mundo reconoce eso, no hay ninguna necesidad de proyectos grandiosos para fortificar la paz en Europa.

—Huss: Herr Reichskanzler, usted ahora, después de su gran éxito en el plebiscito del Saar, ¿tienen algo que decir que pudiera ser de interés particular para el pueblo estadounidense?

—HITLER: Tengo sólo una petición que dirigir a la gente estadounidense. Durante años, y en los meses pasados, millones de ciudadanos estadounidenses habrán estado oyendo y leyendo lo opuesto de lo que ha sido afirmado ahora en esta votación libre y abierta en el Saar. Yo sería feliz si de esto se tomara conocimiento, de modo que, en el futuro, nadie crea por más tiempo ni una sola palabra de lo que dicen los internacionales envenenadores profesionales de pozos entre nuestros emigrantes. Tal como ellos mintieron sobre el Saar, ellos mienten sobre Alemania y, al hacer eso, prácticamente están mintiendo al mundo entero.

     La gente estadounidense debería oír sólo informes de testigos oculares sobre Alemania y, de ser posible, personalmente venir a Alemania a fin de que vean por sí mismos un Estado cuyo régimen es apoyado hoy por la aplastante mayoría de la nación.–

 

 

George W. Price Entrevista a Adolf Hitler

17 de Enero de 1935

 

—Price: ¿Bajo qué condiciones podría Alemania volver a la Sociedad de las Naciones?

—HITLER: Ni yo ni nadie más en Alemania siquiera consideraríamos colocar alguna "condición" para nuestro posible regreso a la Sociedad de las Naciones. Si volvemos a ese organismo depende exclusivamente de si podemos pertenecer a él como una nación completamente igual. Ésa no es una "condición" sino algo que ha de esperarse naturalmente.

     ¡O somos un Estado soberano, o no lo somos! Si no lo somos, no tenemos ningún negocio en una comunidad de Estados soberanos. Mientras el Movimiento Nacionalsocialista esté conduciendo Alemania —y ése será el caso durante los próximos siglos, no importa cuán a menudo nuestros emigrantes evoquen la visión opuesta— esta opinión no cambiará.

     A propósito, declaré esto explícitamente en mi discurso de Mayo en 1933. Me gustaría enfatizar que el Volk alemán siente que la diferenciación entre igualdad "moral" y "fáctica" es un insulto. Si 68 millones de personas son moralmente iguales en este mundo o no, es al final algo que no puede ser decidido por nadie sino por el respectivo pueblo mismo.

     Si uno es realmente igual, por consiguiente es moralmente igual también; por otra parte, si uno es moralmente igual, no hay ninguna razón de por qué habría que impugnar la igualdad fáctica de derechos o simplemente rechazar concederlos.

—Price: ¿Será necesario separar las provisiones generales de la Sociedad de las Naciones de aquellas del Tratado de Versalles?

—HITLER: Mientras la Sociedad de las Naciones constituya sólo un tratado de garantía para las naciones victoriosas, de ningún modo es digna de su nombre. El hecho de que, con el tiempo, esta Sociedad —que fue probablemente diseñada por sus fundadores para existir por toda la eternidad— no puede estar conectada con un Tratado cuyo corto plazo es inherente en sus propias debilidades e impracticabilidades, es un punto que puede ser quizás impugnado por las partes interesadas de hoy, pero que será de manera lógica juzgado un día en la Historia.

—Price: ¿Debe el reconocimiento de la igualdad de derechos ser una condición previa, o podría la concesión de igualdad de derechos y la reincorporación a la Sociedad de las Naciones ocurrir simultáneamente?

—HITLER: La igualdad alemana de derechos es el requisito previo para cualquier participación de parte de Alemania en convenciones y acuerdos internacionales. Ciertamente no estoy solo en el mundo con esta demanda; estoy en la mejor compañía. Sea dicho que ningún pueblo que se auto-respeta y ningún gobierno responsable serían capaces de pensar o mucho menos actuar de manera diferente en tal caso. El mundo ha visto ya muchísimas guerras perdidas en el pasado.

     Si en el pasado, después de cada guerra perdida, los desafortunados vencidos hubieran sido despojados para siempre de su honor y su igualdad de derechos, la Sociedad de las Naciones tendría que estar ahora mismo llena con toda una serie de naciones no iguales y así, en último término, deshonradas e inferiores. Porque hay difícilmente un Estado o nación existente que no haya tenido alguna vez la desgracia, incluso si tuviera de su parte el derecho mil veces, de ser derrotado por un oponente o una coalición más fuerte.

     Hasta ahora, ese abominable absurdo no ha sido todavía capaz de poner un pie en el mundo, y estamos determinados a asegurar que Alemania no sea la primera en poner un ejemplo para la introducción de tal absurdo.

—Price: ¿No encuentra Su Excelencia que se requiere una reforma de la Sociedad de las Naciones? ¿Qué pasos prácticos implicaría eso? ¿Qué argumentos podrían ser usados para obtener el apoyo público?

—HITLER: Ya que, en cualquier caso, no estamos en la Sociedad de las Naciones, no dedicamos nuestra atención a reflexionar en sus reformas internas.

—Price: Recientemente hablé con un personaje político de alto rango en Francia. Le pregunté lo siguiente: "¿Por qué Francia decide no reconocer el hecho consumado de la restauración de las armas alemanas? Nosotros los ingleses siempre creemos que es más sensato no ignorar tales hechos". El político me contestó: "Sí, nosotros creemos que Alemania sostendrá una política de reconciliación sólo hasta que la Reichswehr [fuerzas armadas] se considere capaz de emprender exitosamente una guerra. En Francia hay miedo de que las proposiciones a las asociaciones francesas de soldados de primera línea sean sólo un camuflaje para ocultar futuras intenciones agresivas". ¿Cuál es la respuesta de Su Excelencia a ese temor?

—HITLER: Aquel político nunca ha conducido a un pueblo. De otro modo, ¿cómo podría él creer que uno puede hablar de paz durante una década y luego de repente, con la misma gente, simplemente comenzar una guerra sin más preámbulos? Cuando hablo de la paz, no estoy expresando nada más que el deseo íntimo del Volk alemán. Conozco los horrores de la guerra: ninguna ganancia puede compensar las pérdidas que eso trae. Las desastrosas consecuencias de la generalizada carnicería europea en el futuro serían aún peores. Creo que la locura del Comunismo sería el único vencedor. Pero no he luchado contra eso durante quince años para finalmente elevarlo al trono por la ruta de un desvío. ¡Lo que quiero es el bienestar de mi pueblo! He visto que la guerra no es la forma más alta de felicidad, sino lo contrario: he presenciado sólo el sufrimiento más profundo. De ahí que puedo declarar muy francamente dos de mis creencias:

1. Alemania nunca romperá la paz por su propio acuerdo, y

2. ¡El que ponga las manos sobre nosotros encontrará espinas y púas! Porque amamos la libertad tanto como amamos la paz.

     Y si, sin estar obligado a hacer eso, presento a Francia de parte del Volk alemán entero la promesa de que no haremos ninguna demanda territorial adicional y así por nuestro propio acuerdo eliminamos cualquier motivo para la venganza, al mismo tiempo hago un voto igualmente sagrado de que ninguna medida de necesidad, presión o violencia nos moverá alguna vez a abandonar nuestro honor o nuestra igualdad de derechos.

     Creo que esto debe ser dicho, ya que los tratados sólo tienen sentido cuando son concluídos por pueblos que aman el honor y por gobiernos conscientes del honor. Alemania desea establecer relaciones honestas con los pueblos de los países vecinos. Hemos hecho eso en el Este, y creo que no sólo Berlín sino Varsovia también se alegrarán por la descontaminación de la atmósfera causada por nuestros esfuerzos conjuntos. Cumplo con mi convicción de que, una vez que este camino de entendimiento mutuo y consideración haya sido tomado, más resultará de ello al final que por medio de pactos muy extensos que intrínsecamente carecen de claridad.

     En cualquier caso, reflexionaré mil veces antes de que yo permita que el Volk alemán se enrede en acuerdos cuyas consecuencias no son fácilmente evidentes. Si, según nuestra propia declaración, no tenemos la intención de emprender la guerra, estamos mucho menos dispuestos a hacer eso en favor de intereses que no conciernen a Alemania y que son ajenos a ella.

     Puedo añadir que hemos declarado más de una vez nuestra buena voluntad para concluír pactos de no agresión con los Estados vecinos nuestros.–

 

 

George W. Price Entrevista a Adolf Hitler

9 de Marzo de 1936

 

—Price: La oferta del Führer de un pacto de no agresión a cada vecino del Este de Alemania ¿también se aplica a Austria? ¿Debe ser considerada Checoslovaquia también como un Estado que colinda con Alemania en el Este?

—HITLER: Mi propuesta para la conclusión de pactos de no agresión tanto con el Este como con el Oeste de Alemania era de una naturaleza general, es decir, no había exclusiones. De ahí que eso se aplica tanto a Checoslovaquia como a Austria.

—Price: ¿Tiene la intención el Führer de haver volver a Alemania a la Sociedad de las Naciones de modo que sus propuestas puedan ser colocadas para la consideración ante aquel organismo, con Alemania siendo un miembro de pleno derecho del Consejo de la Sociedad? ¿O preferiría él llamar a una conferencia internacional para tratar el asunto?

—HITLER: En la posición de Alemania, la declaré dispuesta a unirse inmediatamente a la Sociedad de las Naciones. Hago eso con la expectativa de que, a su debido tiempo, tanto la cuestión de las reclamaciones coloniales como la cuestión de un divorcio del Convenio de la Sociedad de las Naciones con el supuesto Tratado de Paz serían resueltas.

     Creo que sería más práctico si los gobiernos en cuestión tomaran directamente la responsabilidad de la conclusión de los pactos de no agresión propuestos por el gobierno alemán. Eso significa que en caso de pactos que aseguran las fronteras entre Alemania, Francia y Bélgica (y quizás, considerando las circunstancias, incluso Holanda), las potencias invitadas a participar consistirían en los gobiernos implicados e Inglaterra e Italia, las potencias signatarias y garantes del acuerdo. Podría ser una buena idea si aquellos países que serán asegurados por esos pactos se acercan a sus futuros garantes.

     Los pactos de no agresión con los otros Estados podrían ser negociados entonces en la manera en la cual fue concluído el pacto germano-polaco; en otras palabras, directamente entre los gobiernos involucrados.

     Además de eso, Alemania ciertamente estaría contenta si otra potencia —por ejemplo, Inglaterra— asumiera el papel de un mediador imparcial en la resolución práctica de estas cuestiones.

—Price: Es muy improbable que, considerando las próximas elecciones en Francia en Abril, cualquier gobierno francés esté en una posición para hablar de vuestras sugerencias, incluso si quisiera hacerlo. ¿Está dispuesta Alemania a mantener vigente su oferta después de aquella fecha? ¿Emprenderá mientras tanto Alemania algún paso que otra vez podría cambiar la situación presente?

—HITLER: No tiene que haber ningún cambio de la situación actual, al menos no de parte del gobierno alemán. Hemos restaurado sus derechos soberanos al Reich alemán y hemos puesto el antiguo territorio del Reich bajo la protección de la nación entera. De ahí que para nosotros no hay ninguna necesidad de poner fechas límites.

     Me gustaría aclarar una cosa, sin embargo. Si esas propuestas fallaran, o simplemente fueran ignoradas, como tantas antes de ellas lo han sido, entonces el gobierno alemán no impondrá sobre Europa ninguna otra sugerencia.

—Price: Ahora que el Führer ha reclamado la soberanía total sobre el territorio alemán entero, ¿está él dispuesto a restringir las fuerzas desplegadas en el Rhineland hasta un número que impediría alguna acción ofensiva dirigida contra Francia de parte de Alemania?

—HITLER: No era nuestra intención cometer un acto de agresión contra Francia cuando ocupamos la llamada zona "desmilitarizada". Más bien, consideramos que un sacrificio tan enorme por una nación es sólo concebible y de ahí apoyable si se encuentra con objetividad y entendimiento político de parte de la otra parte del contrato. ¡Alemania no está en incumplimiento del contrato! Después de la firma del acuerdo de armisticio basado en los Catorce Puntos del Presidente Wilson, las siguientes costumbres han sido observadas en Europa: Siempre que el vencedor y el vencido preparan un contrato entre sí, el vencido queda obligado a cumplir sus convenciones mientras el vencedor puede proceder como le parezca adecuado y como sirva a sus objetivos. Usted no puede negar el hecho que las provisiones de los Catorce Puntos de Wilson y los tres contratos adicionales que lo complementan no fueron sostenidos.

     Además, usted no puede negar el hecho de que sus provisiones generales de desarme no fueron cumplidas por parte de las potencias victoriosas. Y las cartas del Pacto de Locarno también son de importancia ya que ellas además llevan peso político.

     Si el acuerdo franco-ruso del 2 de Mayo de 1935 hubiera estado ya escrito tras la firma del Pacto de Locarno, entonces naturalmente no habría habido ninguna firma del Pacto del Rhin. Es inaceptable que, retroactivamente, un contrato tome un sentido diferente o sea interpretado en una manera no pretendida. En el caso ante nosotros fue violado no sólo el espíritu sino también la letra del Pacto de Locarno. La conclusión de una alianza militar entre la Unión Soviética y Francia pone a Alemania en una posición en la cual está obligada a sacar ciertas conclusiones. ¡Son solamente esas conclusiones las que he sacado! Después de todo, es claramente imposible que, con Francia concluyendo tal alianza militar, una zona fronteriza tan densamente poblada y económicamente vital del Reich alemán deba ser dejada indefensa y sin protección. Ésa es la reacción más natural e instintiva ante tal movimiento.

     Quizás en Inglaterra, me temo, puede haber muchas personas que no comprenden que la así llamada zona "desmilitarizada" tiene casi tantos habitantes como, por ejemplo, el Estado checoslovaco o Yugoslavia. A dicha área simplemente se le están proporcionando guarniciones para proteger su libertad exactamente como en las otras partes del Reich, no más y no menos. No puede hablarse de acumulación de tropas a lo largo de la frontera para objetivos ofensivos porque

—a) Alemania ya no tiene nada que demandar de Francia, y no exigirá nada más;

—b) Alemania misma ha pedido el establecimiento de pactos de no agresión, expresando el deseo de que Inglaterra e Italia puedan convertirse en potencias signatarias y garantes de esos acuerdos; y

—c) la congregación de tropas a lo largo de la frontera sería innecesaria desde un punto de vista militar y, de hecho, ¡sería insensata!

     Además, queremos crear un futuro en el cual estos dos países ya no se sientan amenazados el uno por el otro. Cuando M. Sarraut declara que él no puede apoyar el ver cañones alemanes amenazando la fortaleza de Estrasburgo, debería ser completamente obvio que tampoco nosotros podemos apoyar la vista de cañones de fortaleza franceses que amenazan nuestras ciudades abiertas Frankfurt, Freiburg, Karlsruhe, etc. Tal sentido de la amenaza podría ser prevenido encontrando una solución mutua a la cuestión de la zona "desmilitarizada".

—Price: ¿Dirá el Führer al mundo por qué él ha elegido este camino particular para alcanzar su objetivo? ¿Por qué no presentó primero él sus sugerencias al público y luego exigió la remilitarización del Rhineland a cambio? Estoy seguro de que el mundo entero habría concordado con entusiasmo.

—HITLER: He tratado ya con este tema con bastante detalle en mi discurso ante el Reichstag. Sin embargo, déjeme mencionar tras su comentario que cualquier solución propuesta por mí, divorciada de una ocupación militar del Rhineland, habría sido sin duda saludada con gran entusiasmo. Eso es bastante probable. Sin embargo, ése desgraciadamente no es el punto crucial. Fui yo, por ejemplo, quien propuso el ejército de 300.000 hombres. Todavía pienso que ésa era una oferta muy razonable. Ciertamente era una propuesta concreta y habría contribuído enormemente a una disminución de las tensiones en Europa. Sin duda, muchas personas dieron la bienvenida a ello. En efecto, los gobiernos francés y británico han incluso adoptado esa proposición.

     Sin embargo, fue rechazada. Así, para mejor o para peor, tuve que proceder como el único portador de la responsabilidad. Después de todo, procuré asegurar la igualdad de derechos para Alemania en cuestiones de armamento, resolviendo así una de las cuestiones más quemantes en Europa hoy. Nadie puede negar la reclamación moral de Alemania de esos derechos.

    Y esa vez también, el resultado no habría sido diferente. Es muy probable que si yo hubiera hecho primero pública mi propuesta, exigiendo la restitución de la soberanía plena al Reich en la zona desmilitarizada también, hubiera sido bienvenida y entendida por el público mundial. Sin embargo, basado en mis experiencias en el pasado, no creí que alguna vez hubiéramos llegado a sentarnos a la mesa de negociaciones. Pero si una parte de un acuerdo se mueve contra el espíritu y la letra del contrato, entonces simplemente es natural que la otra parte se retire de sus obligaciones también. ¡Y es eso precisamente lo que hice! Además, si alguna vez un estadista francés o británico encontrara a su pueblo en una angustia similar a como encontré a mi propio Volk, entonces no tengo ninguna duda de que él hubiera procedido exactamente de la misma manera, dadas las mismas circunstancias. Y él actuará así en el futuro también, estoy seguro.

     Raramente el presente comprende toda la importancia de un acontecimiento de proporción histórica. Sin duda, la posteridad verá que era moralmente más decente y apropiado eliminar la causa de esas insoportables tensiones a fin de llegar finalmente a un acercamiento razonable en aquella apertura de puertas que todos deseamos. Era mucho mejor proceder de esa manera que tratar de mantener tal posición, una posición que era contraria a cualquier consideración de sentido común y razón.

     Una vez que las propuestas del gobierno del Reich alemán hayan sido aceptadas, es mi convicción firme que la posteridad juzgará que estas propuestas han hecho un gran servicio a Europa y a la causa de la paz.–

 


George W. Price Entrevista a Adolf Hitler

17 de Septiembre de 1938

 

     "Los checos dicen que ellos no pueden llevar a cabo un plebiscito, ya que no hay ninguna provisión para tal medida en su Constitución. Pero a mí me parece como si su Constitución provee sólo una cosa: que siete millones de checos oprimirán a ocho millones de miembros de pueblos de minoría. Esa enfermedad checa debe ser tratada de una vez para siempre, inmediatamente. Es como un cáncer en el organismo entero de Europa: de ser permitido crecer, infectará las relaciones internacionales hasta que ellas finalmente se descompongan.

     "Esta situación ha durado veinte años. Nadie puede estimar cuánto ella ha costado a los pueblos de Europa en este tiempo. Como un aliado de la Unión Soviética, Checoslovaquia apunta como una daga hacia el corazón de Alemania. Eso ha reforzado mi determinación de crear una poderosa Luftwaffe alemana. Eso por su parte llevó a Gran Bretaña y a Francia a aumentar sus propias fuerzas aéreas. Recientemente, he duplicado las fuerzas de la Luftwaffe debido a la actual situación en Checoslovaquia.

     "Si no tenemos éxito en la resolución de la crisis ahora, el mariscal de campo Göring me estaría pidiendo pronto duplicar las fuerzas de la Luftwaffe alemana otra vez, y entonces, por su parte, Gran Bretaña y Francia duplicarían las suyas también, y entonces la desquiciada carrera continuaría.

     "¿Cree usted que disfruto teniendo que detener mis grandes proyectos de creación de trabajo y construcción a través de todo el país, para enviar a medio millón de trabajadores al Frente Occidental, para construír una gigantesca línea de fortificaciones en tiempo récord? Yo preferiría desplegarlos en la construcción de barrios de los trabajadores, supercarreteras, nuevas escuelas e instituciones sociales, en vez de en la construcción de improductivas fortificaciones. Sin embargo, mientras Checoslovaquia sea responsable de la fiebre europea causada por la opresión de una minoría alemana, debo estar preparado para todas las eventualidades.

     "He estudiado la Línea Maginot [serie de fortificaciones de Francia en la frontera con Alemania], y he aprendido mucho en el proceso. Sin embargo, hemos construído algo según nuestras propias ideas que es aún mejor y que resistirá a cualquier potencia en el mundo si realmente decidiéramos, de ser atacados, permanecer en la defensiva [la Línea Sigfrido].

     "Sin embargo, todo esto es locura ya que nadie en Alemania piensa en atacar a Francia. No albergamos ningún resentimiento contra Francia; al contrario, hay un fuerte sentimiento de simpatía por la gente francesa en Alemania. Ni tampoco Alemania quiere una guerra con Gran Bretaña.

     "¡Dios mío!, todas las cosas que yo podría hacer en Alemania y para Alemania, si no fuera por esta opresión checa de millones de alemanes, que deben terminar. ¡Y se terminará!".

     "Sin embargo, ahora algunas personas en Francia están hablando de soltar los perros de la guerra por causa de un país en el cual ellos no tienen en juego intereses directos ni económicos ni de ningún otro tipo.

     "Y ellos están haciendo eso simplemente para permitir que los checos nieguen a los alemanes de [la región de] los Sudeten el derecho que ellos mismos [los franceses] han otorgado a los habitantes del Saar. De la misma manera, Gran Bretaña concedió la autonomía completa a Irlanda del Sur, y garantizó la independencia plena de Holanda y Bélgica cien años antes.

     "Los checos nunca han sido un pueblo autónomo: no fueron sino los tratados de paz los que los levantaron a una inmerecida y artificial supremacía sobre minorías que son más numerosas que ellos mismos.

     "Bohemia era un electorado alemán en la Edad Media. La primera universidad alemana fue fundada en Praga doscientos años antes de los días de la reina Elizabeth. La propia lengua alemana moderna se derivó de la lengua de los diplomáticos que servían en las oficinas gubernamentales de aquella ciudad, el sitio que el Emperador alemán había hecho su capital durante un tiempo. Sólo en el curso de las guerras husitas los checos fueron independientes durante algún tiempo. Ellos hicieron uso de su independencia en la misma manera que lo hacen los bolchevistas, despojando y saqueando, hasta que los alemanes se despertaron y contestaron de vuelta.

     "La creación de esa heterogénea república checoslovaca después de la guerra fue una completa locura. Ella no tiene ninguna característica de una nación, desde un punto de vista etnológico o lingüístico, o desde uno económico o estratégico.

     "Fue un hecho de locura e ignorancia tener a un puñado de checos obviamente inferiores rigiendo sobre minorías que pertenecen a los pueblos alemán, polaco y húngaro, gente que puede mirar hacia atrás a una cultura de mil años de antigüedad. Los alemanes de los Sudeten no tienen absolutamente ningún respeto por los checos, y no se someterán a su gobierno.

     "Después de la Guerra, los Aliados declararon a los alemanes no dignos de gobernar sobre negros, mientras al mismo tiempo colocaron a una gente de segunda categoría como los checos controlando a tres millones y medio de alemanes, gente de un carácter y cultura más nobles.

     "Si hubiera existido una Alemania fuerte en ese entonces, eso nunca habría sido posible, y tan pronto como Alemania recobró su fuerza, los alemanes de los Sudeten comenzaron a hablar claro. El gobierno checoslovaco está haciendo una tentativa desesperada de azuzar a las superpotencias europeas unas contra otras, o de lo contrario el Estado checo ya no existiría. ¡Pero es imposible mantener una configuración tan antinatural por medio del engaño político y diplomático!".

     "Si [Konrad] Henlein es encarcelado, yo seré el líder de los alemanes de los Sudeten, y luego veamos durante cuánto tiempo el doctor [Edvard] Benes [el Presidente checo] logrará publicar sus decretos".

     "¡Esperemos que él no me haga encarcelar también! Si tuvieran los checos un gran estadista, él habría permitido hace mucho tiempo a los alemanes de los Sudeten conectarse con el Reich, y se habría alegrado de haber asegurado la continuada autonomía para los propios checos. Pero el doctor Benes es un político, no un estadista".

     En respuesta a la pregunta de si la visita [en Múnich] del Primer Ministro [inglés] había tenido éxito en presentar una más probable resolución pacífica del problema alemán de los Sudeten, Hitler declaró: "Estoy convencido de la honestidad y la buena voluntad del señor Chamberlain".–

 


 

 

 

 

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