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martes, 26 de septiembre de 2017

Vicente Gay - Sobre Conceptos NS y Anti-Marx



     Habiendo encontrado en la red un texto del profesor y economista español Vicente Gay y Forner (1876-1949), que enseñó en España y otros países, hemos decidido presentar algunos fragmentos del mismo. Se trata de una edición de 2001 con fragmentos de una obra suya ("Qué Es el Socialismo. Qué Es el Marxismo. Qué Es el Fascismo. La Lucha de las Tres Doctrinas") firmada en Agosto de 1933, de entre más de una treintena que publicó, extractos que circulan bajo el título de "Concepciones Fundamentales del Nacionalsocialismo", donde analiza algunos puntos fundamentales de dicha concepción, en este caso, ciertos conceptos de economía, como la naturaleza del dinero, la política monetaria, agraria, industrial y comercial, y donde vierte algunas reflexiones anti-marxistas.


Concepciones Fundamentales
del Nacionalsocialismo
(Selección)
por Vicente Gay y Forner, 1933




EMANCIPACIÓN DE LA SERVIDUMBRE DEL INTERÉS DEL DINERO

     El dinero es medio de cambio, es cierto, pero no eso sólo: ha de servir también para el trabajo creador.

     Actualmente el interés del dinero supone una anormalidad económica que arruina y agota no sólo a los individuos sino también a los Estados como deudores. De aquí que el programa del Nacionalsocialismo haya considerado como una de las reformas económicas principales la emancipación de esa esclavitud que acarrean los préstamos.

     Una gran reforma se prepara en Alemania, actualmente referente al interés del dinero. Merece seria meditación el proyecto del Nacionalsocialismo, no sólo por la significación que entraña la limitación de la rentabilidad del capital en el sentido de moral económica, sino también porque muestra que hay un anti-capitalismo que encauza las energías de la vida económica, pero ni las destruye ni las paraliza. No tiene nada que ver con la destrucción del Estado histórico y del régimen económico actual ni con la irreductible lucha de clases que proclama el marxismo. Se puede aceptar o rechazar ese proyecto de reducción del interés del dinero, pero no se puede calificar de anti-económico, aunque sí de profundamente reformador. (...)

     Ya en el año '30, estando en la oposición el partido de Hitler, se propuso en el Parlamento, por ese partido, que el máximo interés de los préstamos fuera del 5% y que de ese interés el 1 se estimase como amortización del capital prestado. Todo préstamo se consideraría extinguido a los 50 años, a lo sumo. Convenios o propuestas superiores a esos límites se considerarían usureros y se castigarían con la pena de prisión, no inferior a tres meses. Tal proyecto del Nacionalsocialismo no prosperó ni los socialdemócratas se tomaron la molestia de apoyarlo. Hoy se vuelve a semejante intento, con más probabilidades de éxito. ¿En qué se fundan sus autores?  (...)

     La cosa es muy sencilla. La rentabilidad no puede ser ilimitada, so pena de causar un daño económico a las cosas o a las personas que constituyen los elementos de producción. Una participación leonina en el producto, ya sea del capital mobiliario, ya de la tierra o del trabajo, a la larga agota y esclaviza la fuente de renta, por cuanto toda la utilidad o casi toda se la lleva un solo factor de la producción.

     Y en este sentido el alto interés del dinero prestado no sólo engendra una servidumbre del deudor respecto del acreedor sino que desnaturaliza la verdadera función económica del dinero, que ha de ser intermediario de los cambios, estímulo de la producción y apoyo del trabajo, sin sacrificarlo todo al deseo insano de la usura. Un ejemplo: 1.000 pesetas al 5% anual rentan 50 pesetas al año; si no se paga la deuda en 20 años, el interés alcanza a 1.000 pesetas, es decir, tanto como el capital prestado, sin haber extinguido la deuda. Si el deudor no reúne, por reveses económicos, el dinero suficiente para amortizar capital e intereses del préstamo, se ve obligado a trabajar toda su vida para el prestamista.

     Este simple y clarísimo ejemplo se agranda y extiende en la realidad; el interés capitalista, entendido como afán inmoderado de sacar la mayor rentabilidad posible al dinero, se alarga como brazos de un pulpo colosal que se enrosca en las capas sociales, aprisionando al labrador, al comerciante y al industrial, a todo aquel que puede ofrecer, principalmente, una garantía real y, por lo tanto, más apetecible para el acreedor. La monstruosidad de que es susceptible la corrupción del interés capitalista lo demuestra el ejemplo siguiente: 1 céntimo, al interés de 5% anual, más el interés de los intereses, desde el principio de la Era cristiana, habría producido un capital que, calculado en oro, la Tierra con todos sus tesoros no habría podido pagar. La imposibilidad económica es patente, a pesar de representar el ejemplo una verdad matemática y una posible obligación jurídica. (...)

     La supresión del interés del dinero que con tanto ahínco propugnan los nacionalsocialistas no es nada nuevo. Comenzando por las leyes de Moisés, pasando por Platón y continuando por las restricciones de los canonistas, el crédito ha sido el blanco de muchos ataques, generalmente por las desastrosas consecuencias que su inmoderado empleo ha producido. Pero es que ya no se trata de reducirlo sino de limitar su aplicación, ya que la tendencia del desarrollo ilimitado del crédito es la derivación hacia la usura. Hay un dolor de muchedumbre que va unido al pago del capital en dinero por los pueblos. El grito de guerra en las ciudades griegas era clamando por un nuevo reparto de tierras y la abolición de deudas. ¿No es el mismo de hoy el que lanzan los campesinos sin tierra en todas partes y los pueblos oprimidos por las deudas? Es la Historia que se repite; porque al repetirse la injusticia se provoca el dolor y se empuja a la desesperación. (...)

     Desde el labrador encadenado por una hipoteca y el escritor que no puede devolver el dinero que tomó a préstamo, hasta los Estados llenos de deudas y agobiados por una clase de rentistas ociosos y por el gran capital financiero internacional, la lista de las víctimas es incontable. Se comprende que los nacionalsocialistas, considerando posible la liberación de tales deudas, afirmen que sería probable la constitución de una Hacienda que no tuviese impuestos, es decir, que le bastase al Tesoro con los recursos de su patrimonio. (...)

     Se podrá argüír que parte de esas sumas a préstamo provienen del pequeño ahorro y no del gran capitalista. No hay inconveniente en aceptar tal interpretación, pero ello no borra el hecho de la acción nefasta del gran capitalismo financiero y, sobre todo, que dada la organización bancaria, con el dinero de los demás, grandes o pequeños depositantes, se hacen manejos que conducen a la servidumbre del interés del dinero. (...)

     El problema está en lo referente al pequeño ahorro, en encontrar nuevas formas de administración del crédito que eliminen al intermediario bancario e impidan las grandes acumulaciones del capital financiero y sus hazañas rentabilistas con el dinero ajeno. (...)

     El capitalismo florece con la democracia liberal parlamentaria porque en el clima de tal zona todo se compra y se vende y se justifica con el nombre de libertad económica. Los Gobiernos, gracias a la insegura mecánica del parlamentarismo, pasan por el poder como relámpagos, no pueden tener unidad de acción ni continuidad, pero los Bancos quedan y desenvuelven una acción continua y unitaria, de tal suerte que los gobernantes, aun siendo de buena fe, nunca pueden sentirse fuertes ante el poderío del capital financiero y, allanándose a pequeñas victorias de ese poder bancario, acaban por acumular sobre él todos los resortes que le hacen omnipotente. (...)

     No quiero terminar estos comentarios sobre una de las principales tesis del programa de Hitler sin recordar una leyenda y una realidad histórica. La mitología y las tradiciones legendarias de Grecia son muy ricas en símbolos, pero en símbolos de un sentido valioso para la vida. ¿Qué quería decir la leyenda del rey Midas, que tenía el triste privilegio de convertir en oro todo lo que tocaba, hasta el pan que era su alimento y acabó siendo víctima del dorado metal? Sencillamente, que el oro no es riqueza, sino un instrumento auxiliar. Desplazado de su verdadera función, la pasión del oro, la quimera convertida en ideal, es lo más funesto que se puede concebir. ¿Es que los pueblos sin oro o sin dinero son más felices? Medítese sobre el siguiente ejemplo:

     En toda Corea, dice Pogio ("Korea", Viena y Leipzig, 1895), desde tiempo inmemorial se produce en la misma casa lo más necesario para la vida. La mujer y las hijas hilan no sólo el cáñamo sino también la seda, que también, finalmente, se teje. El cabeza de familia se ocupa de todo lo demás y es tan pronto pintor como albañil y carpintero. El trabajo casero provee de aguardientes, grasas, colores, pajas, cestería, zapatos de madera y utensilios agrícolas. En una palabra: cada uno trabaja para sí y para sus propias necesidades.

     Los habitantes de las islas en el mar del Japón, sobre todo los de Loo-Choo, están completamente civilizados. En seis semanas los viajeros no vieron ninguna riña entre los indígenas ni hubo robo alguno. Están bien alimentados, vestidos, toman alimentos vegetales y carne; recogen sal, construyen arcos de piedra, disponen de arroz, azúcar, siembran maíz y tienen buenas telas. La seda la traen de la China.

     No tienen armas ni recuerdan guerra alguna; los de arriba son buenos con los de abajo. Y no tienen idea del dinero y ni por asomo saben para lo que sirven el oro y la plata (Basil Hall, "Account of Voyage of Discovery to the West Coast of Corea", citado por Hermann en su obra "Staatswissenschaftliche Untersunchungen", München, 1832).


LA POLÍTICA FINANCIERA: LA POTENCIA MONETARIA NO DEBE FORMAR UN ESTADO DENTRO DE OTRO ESTADO

     El dinero es, breve y claramente definido, lo que el Estado considera como tal. Y en este sentido ejercita tal facultad, definiendo legalmente lo que es el dinero, independientemente de su substancia. Con ello claramente se expresa que no es el metalismo, por ejemplo, lo que da valor a la moneda. Esta teoría, más o menos discutible, es, en cambio, una realidad innegable. Porque, ¿se podrá negar que el Estado hace una moneda hasta con el papel, sin necesidad de metales nobles, como el oro o la plata?. (...)

     No obstante, el Estado ha entregado en muchas partes el billete al capital privado, y ello significa dar el señorío económico a las instituciones bancarias. Las consecuencias son funestas, dado que esas instituciones, al convertirse en prestamistas del Estado, le arrancan ventajas y privilegios que, a la larga, las convierten en árbitros del mercado nacional. (...)

     El Estado no debe contraer deudas, afirma el Nacionalsocialismo. Entonces, se dirá, ¿cómo proporcionarse el dinero necesario para la realización de obras públicas? A esto se contesta que mediante la emisión de papel moneda sin interés. Pero la creación de papel moneda sin un contravalor significa inflación. Cierto, contestan los nacionalsocialistas, pero no hay tal inflación si se crean otros valores. El procedimiento puede ser: emitir billetes, garantizados por el crédito nacional, y con el producto de las obras (hidráulicas, por ejemplo) se amortiza la emisión. La cobertura está en el valor de las obras y en su producto. Además, tales billetes valen como medios de pago y el peligro de la inflación queda descartado con la formación de los nuevos valores. Tales billetes pueden ser recogidos una vez que el rendimiento de la obra los haya cubierto por completo.

     De tal manera no ha habido necesidad de recurrir al préstamo y la nación cuenta con una nueva obra que ha aumentado la riqueza del pueblo.

     Esto me parece muy lógico tratándose de obras rentables, pero no todas las obras útiles son rentables. Una carretera, por ejemplo, es útil, pero no rentable; un aprovechamiento de saltos de agua es útil y rentable. Hasta ahora esta segunda parte de las obras irrentables no está solucionada por el programa de Partido ni por sus técnicos, creo yo.


LA POLÍTICA AGRARIA

     El pueblo alemán cubre una gran parte de sus necesidades alimenticias con la importación de subsistencias; esa importación la pagaba con el producto de su comercio exterior, con la exportación industrial o con los capitales alemanes colocados en el extranjero. Pero actualmente Alemania paga esa importación de subsistencias con el dinero que toma a préstamo en el exterior, principalmente. Si falta el crédito, se interrumpe el aprovisionamiento, y entonces el proletario alemán, principalmente, tiene que trabajar a bajo precio o emigrar. La liberación está en que la tierra alemana produzca lo necesario. Hay que aumentar el rendimiento de la agricultura nacional. Fuente de renovación juvenil es la población campesina. Sus peligros son también amenaza para el Estado alemán.

     Pero el mayor rendimiento agrícola tiene como obstáculo la falta de maquinaria, dado el endeudamiento del labrador y la falta de cultivos remuneradores. Por otra parte, la presión tributaria es agobiadora, la concurrencia extranjera poco evitada, las ganancias del gran comercio intermediario, excesivas y en manos de los judíos; los precios por abonos y fluído eléctrico, en manos de consorcios judíos, usureros... El labrador no hace más que contraer deudas.

     El sistema democrático-parlamentario dominado por los príncipes del dinero, no resuelve nada.

     Por lo tanto hay que procurar que cada terrateniente administre la explotación en beneficio del aprovisionamiento de todo el pueblo, y sólo los compatriotas alemanes deben poseer la tierra. La posesión jurídica del suelo debe ser hereditaria, para bien general. Se deben crear tribunales en la clase agraria para que ello se cumpla, constituyéndose con labradores y representaciones del Estado. Supresión de la especulación de tierras y de rentas para el poseedor inactivo; el Estado tiene derecho de opción en toda venta de tierras; prohibición de constituír hipotecas a favor de prestamistas privados; autorización para el crédito a sociedades agrícolas y del Estado; impuesto sobre el producto conveniente, con exclusión de los demás; coexistencia de diversas magnitudes de propiedad agrícola que cumplen su función; derecho de Anerbe (institución vinculadora del derecho alemán sobre tierras, para evitación de la pulverización de la propiedad agrícola y endeudamiento de la misma); derecho de expropiación, con indemnización adecuada, de las tierras no poseídas por compatriotas, mal cultivadas o grandes propiedades no cultivadas por sus propietarios y destinadas a colonización interior, por causa de utilidad pública. La colonización interior se administrará por el sistema hereditario, examinando las condiciones de los labradores, teniéndose en cuenta a los hijos del labrador establecido no herederos.

     La mejora de los campesinos se perseguirá mediante la desgravación tributaria, evitación de deudas, rebaja del interés de los préstamos, estímulos a la remuneración del cultivo, proteccionismo aduanero, eliminación de la especulación bursátil de los productos agrícolas y de la explotación de los agricultores por el comercio al por mayor de sus productos y su substitución por asociaciones agrícolas fomentadas por el Estado; suministro de maquinaria, abonos, semillas y ganado a precios ventajosos; mejoramientos; extinción de plagas, informaciones e investigaciones agronómicas del suelo, gratuitamente. Los trabajadores del campo serán admitidos, mediante contratos de trabajos justos, en las asociaciones de campesinos; el Estado será el inspector y juez supremo. Los trabajadores que descuellen serán preferidos para establecerlos como colonos, y la mejora de la habitación y del salario para los trabajadores ha de constituír una rápida realización. Fomento de la enseñanza agrícola y de la cultura campesina...

     Hitler termina su declaración diciendo que es un desatino creer que se puede excluír alguna clase profesional de la comunidad popular, y que es un crimen lanzar a los campesinos contra las ciudades, pues las dos partes, para florecer, han de ser conjuntamente.

     Después de lo consignado en el programa y en las declaraciones posteriores de Hitler sobre la cuestión agraria alemana, y luego de haber expuesto el comentario explicativo de la posición del Partido respecto de la cuestión referida, conviene tener en cuenta algunas opiniones recomendables de la literatura nacionalsocialista, aunque sólo sea para orientar al lector en sucesivos estudios.

     Hildebrandt expone en una monografía sobre el Nacionalsocialismo y los trabajadores del campo ("Nationalsozialismus und Landarbeiterschaft", München, 1930) la vida del campesino alemán con tétricos colores. Pobreza, ignorancia, desamparo por todas partes en el hogar campesino. «En la casa del trabajador el joven bebe desde pequeño el veneno del odio, cuando ve al padre sentarse a la mesa lleno de preocupaciones y a la madre vagar por la casa con ojos llorosos» (p. 5). Tal estado de cosas, en el campo alemán, no mejoró con la revolución, y, a pesar de las huelgas alentadas por los socialdemócratas, ninguna utilidad para la masa de trabajadores se ha obtenido. Claro que los marxistas se han aprovechado de tal situación, pero sin mejorarla, porque la democracia liberal judaico-capitalista del mes de Noviembre ningún interés tiene en la formación de una clase campesina fuerte y sana.

     Después de una descripción detallada de la vida del trabajador del campo, vivida por el mismo autor que de él procede, afirma:

     «Nuestros padres fueron socialdemócratas y nuestros hermanos todavía en parte lo son. En estas luchas, nos encontramos con Adolfo Hitler; él nos enseñó a amar la patria alemana con el alma popular, cosa que no fue para nosotros difícil de comprender, porque nos acordábamos de nuestra juventud; escuchábamos aún el rumor de los bosques y nos acordábamos de los juegos felices en medio de libre Naturaleza patria; cuando ya fuimos hombres y la vida de guerra quedó atrás, buscamos el socialismo para poder tener una parte en esa patria, en esa tierra natal. Después de habernos hecho hombres en las trincheras, no quisimos ya arrastrar el dogal de la esclavitud ni tolerar que nuestra sangre fuese absorbida por una fauna liberal burguesa.

     Buscamos al socialismo alemán y otra vez tropezamos con Adolfo Hitler; él nos hizo ver claramente que no es socialismo lo que el marxismo propaga desde hace ya muchos años, especialmente el ver un robo en la propiedad, y nos enseñó otro camino. Los alemanes debíamos prepararnos para rechazar lejos de nosotros a los bebedores de sangre que anualmente sacaban millones y millones de las heridas del pueblo. El verdadero socialismo alemán conduce a esto: a posibilitar la mejora de posición a todo ciudadano y compatriota alemán bajo el gobierno alemán del Estado, socialismo que se garantiza mediante la unión de los compatriotas de todas las clases sociales, impedida por el aborto liberal burgués y por el marxismo». (p. 44).


LA POLÍTICA INDUSTRIAL

     La concepción industrial del nacionalsocialismo la expresa Hitler en estas palabras: «Lo que nosotros en torno nuestro contemplamos como inventos materiales, todo es resultado de la fuerza creadora y de la capacidad de cada persona... Todos estos inventos sirven, en su más profunda significación para un desenvolvimiento humano altamente realizado» (Mein Kampf).

     La técnica en su manifestación actual, se muestra en la industria principalmente y está enlazada con el rentabilismo capitalista y subordinada a él, y está, a su vez, manejado por el espíritu judaico-materialista (P. Schwerber, Nationalsozialismus und Technik, München, 1932, p. 25)

     La técnica lo influye todo, hasta los dominios del arte; la misma música no se substrae a aquélla, y viene a ser el supuesto del progreso en casi todos los órdenes. La evolución de la economía nacional alemana, que de agraria se ha convertido en industrial, a la técnica es debida. El Imperio británico, desparramado por el globo, no sería posible sin la técnica que consolida su cohesión. Pero todo ese colosal desarrollo de la técnica no tiene otro fin que el de proveer a la necesidad cotidiana de la alimentación a cubrir nuestras necesidades materiales.

     Pero la banca y la bolsa judía dominan la industria, que, con la inflación, se vio obligada a humillarse, so pena de desaparecer. Aprisionada así, la industria no puede cumplir la finalidad que naturalmente le está asignada, o sea, la productividad más abundante y completa de bienes, regida por la idea de proporcionar a todos los hombres la mayor participación posible en tales bienes y emanciparlos en lo posible de los esfuerzos corporales, fomentando, al mismo tiempo, el desenvolvimiento de la cultura. Pero tiranizada la industria, lo que se procura es que dé la mayor cantidad posible de dinero; no que realice un servicio sino un gran beneficio (p. 47); procurar la mayor rentabilidad en beneficio de un pequeño y anónimo círculo de propietarios.

     La posición del Nacionalsocialismo está simbolizada en su afirmación fundamental: emancipación de la servidumbre del interés.


LA POLÍTICA COMERCIAL. LOS BAZARES

     El punto de vista que sobre este tema defienden los nacionalsocialistas recuerda una ya vieja interpretación de los economistas científicos, puramente científicos, sobre qué es lo económico. Unos economistas entendían que sólo puede considerarse "económico" lo que tiene el carácter de economicidad, y que ésta consiste en obtener el mayor producto con el menor esfuerzo. Así presentado el llamado "principio de economicidad", parece algo muy conveniente, deseable y hasta justo; pero si se reflexiona sobre los elementos que se reúnen en el trabajo social y en las consecuencias de la aplicación de tal principio, pronto se ve que la resultante posible y casi inevitable es la explotación del trabajo de suerte inhumana y el estrago social.

     Porque, vamos a ver: ¿Es admisible esa racionalización del trabajo que absorbe intensivamente hasta la menor energía humana? El Fordismo [producción en serie, de Henry Ford] ha procurado tal cosa en algunas de sus medidas y por eso ha tropezado con la resistencia de los trabajadores. Se perseguía la conveniencia económica de la empresa, pero se dañaba ese elemento de la producción inseparable del hombre: el trabajo corporal de todas clases.

     Otro ejemplo: El gran comercio puede dar más baratas las mercancías que el pequeño comercio porque tiene el auxilio de la maquinaria y del gran capital; el comprador, al adquirir más barato, realiza un menor esfuerzo económico y por lo tanto, conforme al principio de la economicidad, tal comercio sería más deseable, preferible a todo otro que no reúna tales condiciones. Sin embargo, el pequeño comercio representa una masa de población, una base familiar, por regla general, que constituye la solidez social básica; no significa una acumulación financiera pero sí algo que vale mucho más, como es una masa de población nacional sustentáculo del Estado. Por consiguiente, toda política económica orientada en el sentido de proteger a la gran empresa y relegar a la pequeña, queriendo ser económica, acabaría por socavar la economía nacional.

     Y cosa parecida puede decirse de la política comercial exterior que, queriendo obtener más baratos los artículos de importación, abriese las puertas aduaneras a poderosos concurrentes que aniquilarían a los productores nacionales que no pueden competir con el extranjero.

     En síntesis: los economistas científicos, que se les da una higa de la política de los partidos, no aceptan esa concepción económica que, en fin de cuentas, es sólo un incentivo para la máquina y para la plutocracia.

     Una renuncia a la ganancia de una operación económica entre particulares puede redundar en beneficio de toda la economía social. Y aunque suene a paradoja, un buen negocio económico puede resultar muy mal negocio social.

     Los nacionalsocialistas razonan así: los grandes bazares están explotados por los judíos y el empleo del bluff es su método, junto a todo lo que significa captación y no siempre conveniencia a las verdaderas necesidades.

     La multitud anónima penetra en los bazares y el lujo en edificación e instalación. La variedad de cosas que solicitan al comprador, la decide a gastar en cosas de mala calidad, siendo las mejores en esos bazares más caras que en los comercios de verdaderos especialistas. Todo ello significa la ruina de la clase media comercial. El bazar ofrece lo barato malo y lo bueno más caro. Son verdaderos espejuelos para la caza de alondras parroquianas. Crean necesidades artificiales.

     En 1932 el comercio de los bazares se cifró en Alemania en 2.500 millones de marcos. Eso representa la decimoquinta parte del volumen del comercio al detalle, como el volumen de 50.000 medianos comercios que tengan de tres a cuatro empleados, trabajando, además, su propietario. Esos 50.000 comercios, con sus correspondientes 150.000 a 200.000 empleados, resultan eliminados por los bazares. En este círculo hay que incluír, además, de 200.000 a 250.000 individuos más que se quedan sin pan. Y las enormes ganancias de los propietarios de los bazares son atesoradas y sirven para otros fines distintos de la productividad industrial.

     Y por lo que al personal se refiere, mientras los empleados son mal retribuídos, los directores  reciben una paga fija de 120.000 marcos y el 30% del beneficio neto, más otras ventajas. Esta participación, con las demás ventajas, se cifraron en el año 1929 en 6,5 millones de marcos. Añádase a eso que los directores son también accionistas y sacan sus buenos dividendos. El negocio no puede ser más redondo.

     No se precisa insistir más sobre el tema para formarse una idea de los fundamentos en que se apoya el nacionalsocialismo para combatir los bazares.


LA HACIENDA. EL ESTADO SIN IMPUESTOS

     La concepción financiera del Nacionalsocialismo en este respecto es muy interesante. Bastaría, de momento, enumerar los puntos salientes de la orientación para que quedase justificada la curiosidad que, lógicamente, despierta. Los impuestos se admiten sólo para cubrir los gastos improductivos (gastos de administración, de defensa, etc.); la presión tributaria ha de ser regulada conforme a la capacidad económica; las deudas interiores sufrirán la anulación legal, teniendo en cuenta los intereses devengados y pagados. Y si el Estado se libra de deudas y suprime el interés del dinero, puede prescindir de impuestos, ya que en realidad lo que se ingresa hoy queda absorbido por el servicio de la Deuda.

     Feder dice en su explicación del programa nacionalsocialista que el Estado sin impuestos no es una utopía y que puede demostrarse numéricamente su posibilidad (Der Deustche Staat, p. 129). Y como directrices de la política financiera nacionalsocialista describe las siguientes:

1. Supresión de todo impuesto destinado a pagar intereses de deudas.

2. Los impuestos son admisibles para cubrir los gastos improductivos, siempre que para ello no bastasen los ingresos procedentes del dominio fiscal (ferrocarriles, correos, telégrafos, montes públicos, minas, etcétera).

3. Para necesidades especiales y extraordinarias, sobre todo para atender a los gastos de guerra, se recurrirá a los impuestos directos e indirectos.

4. Los impuestos directos sobre la propiedad inmueble se admiten con nueva graduación; con un mínimo de exención y consideración especial de las familias con hijos y otras cargas.

5. Los funcionarios públicos estarán libres de impuestos, y los que estén casados tendrán bonificaciones especiales.

6. Los impuestos indirectos, en tiempos normales, se aplicarán a los objetos de lujo, a su producción y a los consumos de masas no saludables (tabaco, alcohol, etc.). Los demás impuestos indirectos que hoy gravan a la gran masa popular, hay que evitarlos (azúcar, fósforos, sal, gaseosas, gas y electricidad, etcétera).

7. Las ganancias extraordinarias de guerra hay que revisarlas, con distinción entre las ganancias de coyuntura y las del trabajo simplemente.

8. Desgravación del impuesto de timbre y de tasas que dificultan la disposición de los bienes, siempre que ésta no vaya contra el interés general. En esta categoría quedan comprendidos también los impuestos sobre herencias y donaciones.

     No se puede hacer la crítica de tal orientación sobre bases experimentales porque no han sido llevadas a la práctica estas directrices. Teóricamente, no obstante, puede afirmarse que tal orientación, de realizarse, representaría la mayor revolución financiera que en materia de Hacienda hubiese conocido el mundo. La que más salta a la vista en esto es la notable desgravación de la carga tributaria. ¿Cómo podría un gran Estado moderno cubrir sus necesidades mermando tanto los ingresos? A ello contesta Feder que, suprimidas las deudas, el problema se reduce notablemente, y entonces el Estado cumpliría su misión verdadera, o sea, la de proteger la propiedad de sus súbditos y fomentar las riquezas rurales del país en beneficio de todos y no absorber el dinero de los particulares para perpetuar la economía de la Deuda.

     Así sea, digo yo.


ANTI-MARX

ANTI-MARX

     El anti-marxismo de los nacionalsocialistas representa el aspecto negativo de su doctrina, su origen como reacción teórica y política.

     El marxismo no es socialista porque es esencialmente negativo y opuesto al sentido solidarista y de conservación social, exento de luchas de clases, del verdadero socialismo. El socialismo va contra la explotación capitalista pero no contra la supresión de la propiedad. El capitalismo es un estado económico de la evolución que precisa superar, y en este sentido no sólo se encuentra interesado el obrero sino también todo aquel que no sea capitalista.

     Tampoco olvidan los nacionalsocialistas que la experiencia marxista en Alemania ha sido funesta. El partido socialdemócrata venció en Alemania la resistencia que surgía contra el capitalismo internacional. Su conducta en la Revolución de Noviembre [de 1918] está bien clara en tal sentido. Y cuando estuvo en el poder no socializó: abandonó la doctrina. Los socialdemócratas de Alemania, a pesar de su socialismo, entregaron los ferrocarriles del Estado a los particulares, es decir, des-socializaron al des-estatizar empresa tan importante.

     El Plan Dawes representaba para Alemania una esclavitud. ¿Quiénes la hicieron aceptar, principalmente? Los socialdemócratas. Ellos mismos se jactaban de ello, declarando en su órgano el Vorwärts que se trataba de un "éxito inmenso de la democracia social". ¡Y significaba una sumisión al capitalismo internacional! El marxismo repasaba su historia; es algo así como la doctrina de los tristes destinos: no se ha manifestado en el poder sino negándose a sí mismo.

     Y como reacción rotunda contra el marxismo, el nacionalsocialismo proclama los valores raciales. El marxismo, como dice Hitler (Mein Kampf), no tiene sentimiento nacional ni de raza; para él los hombres son algo abstracto y desvaloriza el valor personal.

     Todo esto, más otros aspectos que sería prolijo enumerar, se resume en esta palabra: anti-Marx.


SOLIDARIDAD, NO LUCHA DE CLASES

     La lucha contra el capital o, mejor dicho, contra el capitalista, no sólo significa la oposición entre el poseedor y el que nada tiene, la rivalidad entre el hermano pobre contra el hermano rico, sino la oposición de intereses económicos entre dos elementos que, cuando no se armonizan, necesariamente chocan a lo largo de los puntos de fricción que les depara el desarrollo de su vida económica y social. Su convivencia es necesaria, imprescindible, ya sea voluntaria o forzosa. En la época medieval, la organización corporativa aseguraba condiciones de convivencia regular; en la actualidad, con la libre concurrencia, se depende del llamado "mercado libre", no obstante encontrarse éste dominado por los capitalistas financieros. Los lazos que establecen la dependencia económica suelen ser ahora invisibles, pero efectivos. Y en este medio económico viven grandes masas de población que no tienen otra cosa que ofrecer en venta que su trabajo; éste resulta una mercancía. Y el capitalista aprovecha tal situación para beneficiarse de la eficiencia de esa masa de trabajo. Así aparece el moderno movimiento social.

     ¿Quiénes son los que forman la masa global de trabajadores? Todos los no capitalistas, los que se esfuerzan y procuran un beneficio en la producción. Hasta los altos empleados de una empresa no son menos dependientes del capital que un simple obrero. Los proletarios se encontraban aislados al principio, pero, después, su vida ha sido elevada y han acortado las distancias que existían entre ellos y otras capas de trabajadores calificados e intelectuales. El Estado depende de los círculos financieros, y con el Estado el aparato de los impuestos que oprimen a esas masas trabajadoras. Cuando mayor y más general se presenta la necesidad, sube de punto la exigencia de hacer empréstitos y contraer préstamos, engrandeciendo, así, el poder del capital financiero. (...)

     Así razona el nacionalsocialismo las condiciones del movimiento social, recabando para sí la gloria de haber sido el primero en lograr la unidad del frente constituído por todos los no capitalistas.

     Marx, de la oposición de intereses entre capitalistas y trabajadores, tomó el punto de partida para su teoría de la lucha de clases que había de abrir un abismo entre los proletarios y todos aquellos que no lo son. Para el marxismo, el campo del trabajo queda reducido a los proletarios y destroza la conexión viva de la comunidad social.

     El Nacionalsocialismo reconoce las oposiciones y antagonismos sociales y hasta los  que se dan en el seno de las mismas familias, como oposiciones naturales entre padres e hijos. Hay oposiciones religiosas, políticas, económicas, en el seno de un pueblo; el individuo podrá negar a su familia y a su nación, pero ciertos lazos que a ellas lo ligan, no podrá romperlos jamás.

     Esta formación natural, viva, la intenta destruír el marxismo, reemplazando una realidad por un proyecto de nuevo Estado que no ha podido aún estructurar.


COMPOSICIÓN DEL PARTIDO NACIONALSOCIALISTA

     ¿Se trata de un partido burgués? Así lo afirmaban los socialdemócratas para combatirlo, pero una simple ojeada sobre la composición del Partido, a través de su representación parlamentaria, demuestra lo contrario.

     La minoría nacionalsocialista del Reichstag al 31 de Julio de 1932 ofrecía la siguiente clasificación profesional de sus diputados:

Trabajadores de la Industria y Agricultura
Empleados de ambas ramas
Artesanos, independientes y empleados
Comerciantes, independientes y empleados
Empleados
Funcionarios del Partido
Labradores
Propietarios de tierras
Fabricantes
Oficiales del Ejército
Escritores y periodistas
Profesores de escuelas superiores
Maestros
Ingenieros
Economistas
Abogados
Médicos
Otras profesiones
20
13
22
26
28
  4
39
  5
  3
15
  5
  7
  7
  6
  5
  6
  4
  6

     ¿Dónde están los millonarios? Todo este conjunto es una representación genuinamente popular.

     No sólo están representadas las ramas profesionales, sino dentro de cada una de ellas sus ramificaciones especiales. Los trabajadores no sólo lo son de la industria sino también de la agricultura, los que desempeñan la diputación. Entre los empleados figuran los empleados públicos y los particulares. Entre los artesanos, hay zapateros, pintores, albañiles, herreros, confiteros, jardineros, electricistas, cerrajeros, hojalateros, fundidores, fumistas, canteros y un carpintero. Entre las profesiones liberales se encuentran abogados, médicos, curas, consejeros de enseñanza, químicos, boticarios, geómetras, etc.

     Este Partido, cuya minoría parlamentaria estaba compuesta por 230 diputados, sólo tenía tres fabricantes y cinco terratenientes. La imputación de burgués es completamente falsa.


EL SOCIALISMO NACIONAL Y EL ANTI-FASCISMO DE LOS MARXISTAS

     El calificativo de socialista aplicado al movimiento hitleriano no ha sido considerado como propio por algunos. No obstante, tiene su fundamento el calificativo, no solamente aplicado al nacionalsocialismo sino también al fascismo italiano. Lo que ocurre es que muchos han reservado exclusivamente para el colectivismo la denominación socialista, y el fascismo dista mucho de ser colectivista.

     ¿Por qué el fascismo es socialismo? Por dos razones, principalmente:

     —Por una razón histórica, ya que las raíces de muchas de sus ramas ideológicas se encuentran en los socialistas del siglo XIX, en el socialismo teórico de Platón y en el socialismo práctico de Esparta.

     —Por una razón teórica, ya que el fascismo sigue las concepciones centrales de la doctrina socialista. Y no es marxismo porque ni estatiza los medios de producción ni suprime la libertad ni la propiedad privada. (...)

     Tal vez extrañará a muchos que el fascismo sea un Partido de trabajadores y para los trabajadores, pero, en realidad, así es. Pero entiéndase bien que mientras los marxistas sólo reconocen la condición de trabajador al proletario, o sea, al que vive de un salario eventual, el fascismo potencia el concepto y hace entrar en él a «todas las fuerzas de la producción» (así reza la Carta del Trabajo en Italia), sin excluír las profesiones liberales, «a todos los que ganan su pan por medio del trabajo espiritual o corporal sometidos a la servidumbre del interés del dinero», como proclaman las tesis programáticas del nacionalsocialismo alemán.

     Su ideología es una exaltación del trabajo solidarizado y su recluta se ha hecho entre las capas sociales que se extienden como estratos desde el capitalismo hacia abajo, llegando hasta el mismo proletariado. Considera al trabajo como un deber y no admite las rentas fundadas en la simple posesión inactiva. Así lo proclama la Tesis 11 del programa de Hitler. Y va tan lejos en lo relativo a las rentas del trabajo que llega hasta la determinación técnica y objetiva del salario justo, problema que tanto ha preocupado a todos los economistas. Entonces, se nos dirá, si eso no es socialismo, ¿qué es? Es verdad: el fascismo es socialismo y de pura cepa, socialismo que, como el vino viejo y guardado en la cueva silenciosa, con el tiempo crió aroma. Ello explica la competencia encarnizada de otros partidos comunistas y comunistoides. (...)

     Pero ese socialismo fascista, que lo es por cuanto abarca la vida material y espiritual de la Nación, responde a la concepción prístina de los fundadores de la doctrina socialista, la que no sacrificaba la personalidad al socialismo ni éste a la personalidad, y no es marxismo porque acepta la iniciativa y la propiedad individual de los medios de producción y suprime la lucha de clases. No destruye el capital sino que lo subordina a las conveniencias de la comunidad («utilidad común antes que utilidad individual», dicen los hitleristas); establece una disciplina de todas las fuerzas de la producción más bien en sentido conservador.

     ¿A qué destruír el capital si necesariamente habría que reponer las acumulaciones? El llamado Plan Quinquenal ruso no es sino una marcha forzada del trabajo productivo con el fin de ahorrar, acumular limitando el consumo, para dar nacimiento otra vez al capital. Ese gran capital financiero que el marxismo intenta, de golpe y porrazo, socializar, provocando con ello un terrible colapso en la economía nacional, no se suprime en el régimen fascista, pero se sujeta a normas de convivencia económica y social. En una palabra: el marxismo despoja; el fascismo solidariza. (...)

     Así se comprende que encierre el fascismo una fuerza magnética formidable para las grandes masas y se difunda tan pronto se da a conocer. El trabajador se siente hasta halagado cuando se le hace posible y grata la convivencia con otras clases de trabajadores no sólo en las declaraciones más o menos pomposas de la Constitución, sino que también en la vida social ve un porvenir práctico e inmediato. Ante todo esto, el marxismo siente la pasión de la rivalidad y niega el agua y el fuego al fascista por los mismos motivos de conveniencia práctica que lo ha llevado, siempre, a combatir sañudamente a la socialdemocracia conservadora que le restaba fuerzas obreras.

     Todo esto me hace recordar que los reaccionarios de antaño se opusieron a la Internacional. Hoy, los reaccionarios son los socialistas anti-fascistas. ¿Por qué no dejar predicar una idea? Si nada vale ni nada la justifica, pronto será escupida de la circulación como una escoria. Escuchemos, leamos, meditemos aun sin compartir las creencias ajenas. En eso está el alma de todo progreso.


POST SCRIPTUM

     Recibo las galeradas correspondientes a las páginas anteriores para corregirlas en Berlín, durante el verano de 1933, antes de haberse cumplido los seis primeros meses de haber formado gobierno el Canciller Adolfo Hitler. Y en tan poco tiempo ha llevado a cabo resoluciones fundamentales en los amplios dominios de la vida pública, resoluciones que en su conjunto responden a la orientación general del nacionalsocialismo. Leyes sobre la purificación administrativa, sobre nombramientos de gobernadores, eliminación de la ideología marxista y de las organizaciones incompatibles con el nuevo Estado. A semejanza de las piedras que se van colocando para formar un gran mosaico, el nacionalsocialismo va completando su obra, todos los días, infatigablemente.

     En poco tiempo ha suprimido los partidos políticos para demostrar que el Estado puede vivir sin ellos, desde el comunista hasta el Centro, pasando por todos los intermedios; ha decretado la formación de un Consejo de Estado para Prusia, que es el mejor substitutivo del Parlamento representativo; ha resuelto la cuestión que dividía a los evangélicos alemanes, pacificando los espíritus, al mismo tiempo que concertaba el Concordato con Roma (por primera vez en el Reich), dando así una satisfacción a los católicos y realizando un acto de justicia; lo que no pudo hacer ningún Canciller durante muchos años lo ha realizado Hitler en pocos meses: la ratificación del tratado con Rusia. Al mismo tiempo, el número de los sin trabajo ha disminuído en cerca de millón y medio, y se ha dotado a jóvenes obreras.

     Su programa sobre los bazares se realiza paulatinamente, y aquí, en Berlín, se ve en almoneda forzosa a los más grandes. El anti-judaísmo ha dado también la batalla, recordando a los judíos su acción violenta, en unión de los marxistas, contra los nacionalsocialistas... ¿A qué seguir?.

     La cruz gamada flamea en las banderas y éstas aparecen en todas partes. Y todos los días, al anochecer, veo pasar por la plaza de la iglesia erigida en memoria del Emperador Guillermo, columnas de nacionalsocialistas con su uniforme; van cantando himnos patrióticos y los siguen, también en formación, los nuevos reclutas del Partido que aún no llevan el uniforme. Junto a los hombres maduros, veo caras juveniles, casi de niños, que acuden a engrosar el formidable ejército de Hitler, Y también en formación aparte van las obreritas de tez pálida que salen de sus tiendas y talleres, siempre cantando por la salvación de Alemania.

     La idea se ha hecho carne. ¡Felices los pueblos que sienten la emoción de los ideales, que saben seguir a los caudillos y no desertan de las banderas que exigen, ante todo, paz y trabajo! Porque no basta predicar y exportar doctrinas: ésas no valen nada si no van acompañadas de un buen material humano.


Berlín, Agosto de 1933.



1 comentario:

  1. Excelente artículo, ayuda bastante a comprender mejor algunos conceptos...

    Saludos.
    Heil!

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