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viernes, 22 de septiembre de 2017

Sobre el "Problema Judío" de Nietzsche (1)



     A fines de Enero de 2016 en el sitio theoccidentalobserver.net se publicó en dos partes el siguiente análisis que hace su autor, el doctor Andrew Joyce, del libro de Robert C. Holub (1949) "Nietzsche’s Jewish Problem: Between Anti-Semitism and Anti-Judaism" (2015). Lo hemos puesto en castellano en una sola entrada, señalando que los aportes del señor Joyce son tan interesantes como podrían serlo los del autor del libro comentado, todos los cuales apuntan a tratar de clarificar la ambigua relación de Nietzsche con el judaísmo y la judería, que durante tanto tiempo ha incomodado a partidarios y detractores, pero haciendo notar que Joyce va indicando hacia dónde se inclina Holub.


Reseña de
 "El Problema Judío de Nietzsche"
por Andrew Joyce
30 y 31 de Enero de 2016



     «Wagner mismo afirma sobre Nietzsche que una flor podría haber salido de ese bulbo. Ahora sólo queda el bulbo, realmente una cosa repugnante» (Cósima Wagner, 1878).


     La paradójica postura de Friedrich Nietzsche acerca de los judíos y el judaísmo me ha dejado perplejo durante la mayor parte de una década, de modo que estuve intrigado y optimista en cuanto a la publicación de 2015 de Robert Holub "Nietzsche’s Jewish Problem: Between Anti-Semitism and Anti-Judaism". En términos generales, tengo empatía con ciertos elementos de la filosofía de Nietzsche, particularmente con su rechazo de la igualdad y el concepto de la "voluntad de poder". Sin embargo, no puedo decir que alguna vez haya estado cercano a describirme a mí mismo como un "nietzscheano".

     Uno de los motivos de mis dudas para afirmar una afinidad con la cosmovisión de Nietzsche era que yo no podía evitar la impresión de que su nihilismo era a menudo destructivo sólo por el bien de la destrucción, una cualidad que ha sido atractiva para la Izquierda, pasada y presente. Luego estaba el hábito de Nietzsche, a mi parecer imperdonable, de alabar a los hebreos por sobre los alemanes. Más importante que eso, sin embargo, era que yo no podía percibir ninguna verdadera coherencia o solidez en los escritos de Nietzsche más allá de sus celebrados aforismos. Tomada en su conjunto, la filosofía de Nietzsche solía golpearme como demasiado intencionalmente variable, demasiado deliberadamente abierta a la interpretación. En ninguna parte esa postura evasiva era más evidente que en las escasas, vagas, contradictorias y a menudo completamente oportunistas referencias a los judíos y el judaísmo.

     Como uno podría esperar de un filósofo tan enigmático como Nietzsche, su obra ha sido abordada torpe y sospechosamente por académicos e ideólogos por igual. Sus actitudes hacia los judíos, en particular, han sido debatidas, discutidas y combatidas desde el mismo comienzo de su carrera pública. En ninguna parte, y en ninguna época, se ha alcanzado alguna vez un consenso. Durante el Tercer Reich él fue "reclutado para la causa" por algunos, y rechazado completamente por otros. Su lugar fundacional en el canon filosófico nacionalsocialista, por lo tanto, nunca fue asegurado, principalmente debido a su nihilismo, su hostilidad hacia el nacionalismo, y su ambivalencia en cuanto a los judíos. Todavía reina la confusión.

     La erudición moderna ha estado dividida entre aquellos que condenan a Nietzsche completamente como un reaccionario "racista" y un proto-fascista, y aquellos que destacan su elocuente oposición al anti-judaísmo político y buscan así su exculpación social y su rehabilitación académica. Como ya se indicó, los elementos de Nietzsche permanecen fuertemente atractivos para la Izquierda. Por lo tanto, donde la total exculpación de su anti-judaísmo ha sido encontrada difícil, la culpa por "corromper" a Nietzsche y transformarlo en un "anti-semita" ha sido atribuída diversamente a su antiguo gurú, Richard Wagner, o a su hermana Elisabeth, que se casó con Bernhard Förster, quizá la principal figura en el anti-judaísmo político del siglo XIX. El resultado de esas batallas no ha sido una aclaración del registro histórico sino una red cada vez más espesa de interpretaciones tendenciosas, blanqueamiento y pseudo-Historia.

      El libro de Robert Holub se presenta como un intento de desenredar a Nietzsche de la dura lucha emprendida en todos lados por aquellos que han deseado reclamarlo para sí o condenarlo y que han descrito la posición de él en cuanto a los judíos y el judaísmo con motivos tendenciosos. El libro esencialmente afirma ofrecer el cuadro más claro hasta ahora acerca de lo que exactamente Nietzsche pensó y sintió sobre los judíos y el judaísmo. El primer capítulo, "El Ascenso y la Caída del Anti-Judaísmo Nietzscheano", vuelve al problema primario que enfrenta tal proyecto, al tratar exclusivamente con cómo otros, durante el tiempo histórico, han interpretado las actitudes de Nietzsche hacia los judíos. Encontré que ése era uno de los capítulos más interesantes del libro.

     La historia comienza en la propia vida de Nietzsche cuando él fue inicialmente sospechoso de tendencias anti-judías no debido al contenido de sus propios escritos sino debido a su cuñado, Bernhard Förster, y también a su editor, Ernst Schmeitzner, que publicó contenido anti-judío y que era un conocido partidario del anti-judaísmo político. Más crucial, sin embargo, fue el hecho de que Nietzsche fuera considerado un acólito de la misión cultural de Richard Wagner, al menos hasta principios de la década de 1880.

     Puesto que el círculo de Wagner estaba ampliamente asociado con tendencias anti-modernistas, anti-Ilustración y anti-judías, dichas tendencias naturalmente llegaron a ser asociadas con Nietzsche también. Completamente aparte del hecho de que los comentarios públicos de Nietzsche acerca de los judíos "eran poco frecuentes y ambiguos", basados puramente en tales vínculos asociativos, muchos de los principales agitadores políticos y sociales contra los judíos en Alemania supusieron prematuramente que Nietzsche podía contarse firmemente como uno de ellos.

     La recepción general hacia Nietzsche durante su vida fue heterogénea, por decir lo menos. Su actitud oposicionista, su polémica contra el statu quo, y su visión del futuro vagamente definida (aunque con aires épicos) atrajeron la alabanza de una variada colección de escritores. Había en su filosofía, así parecía, algo para casi cada uno. Él recibió elogios de parte de eruditos en griego por su tratamiento de la tragedia griega; aclamaciones de aquellos que concordaban con su postura en cuanto a la moralidad; y la admiración de aquellos que se deleitaban con su crítica cortante de la hipocresía de las normas de la clase media. Aquellos que albergaban resentimiento contra el cristianismo podían encontrar lo que ellos quisieran en la "crítica despiadada de la Iglesia y de su opresiva restricción del desarrollo humano" que hizo Nietzsche en sus escritos. Aunque él acumuló su desprecio contra anarquistas y socialistas, es un rasgo revelador de las abstracciones de Nietzsche el que sus escritos, no obstante, apelaran fuertemente a ambos.

     La naturaleza conservadora de Alemania hizo en ese entonces de la cualidad cuestionadora de Nietzsche algo infinitamente más atractivo para la Izquierda, e incluso en Estados Unidos él fue recibido principalmente como comprensivo con la "lucha de la clase obrera" y como un campeón de las libertades individuales. Los intelectuales izquierdistas prefirieron ignorar los despectivos comentarios de Nietzsche acerca del socialismo, el anarquismo y el feminismo porque ellos estaban muy embelesados con su crítica de las instituciones de la sociedad de la clase media, a las que ellos también odiaban.

     Ya que los judíos también odiaban la cultura y las instituciones de la sociedad alemana de la clase media cristiana, no debería ser ninguna sorpresa que también encontremos judíos entre sus partidarios más tempranos. Al igual que los anarquistas, los socialistas y las feministas, algunos judíos simplemente decidieron bloquear los aspectos menos atractivos de la filosofía de Nietzsche, y es interesante que la mayor parte del temprano comentario judío de su obra evitara cuidadosamente la discusión de su supuesta anti-judeidad.

     Sin embargo, hubo algunos murmullos de judíos cautelosos. Max Nordau, co-fundador junto con Theodor Herzl de la Organización Sionista Mundial (WZO), era un acalorado crítico de Nietzsche, pero tendió a evitar confrontar directamente cualquier cualidad anti-judía que él pueda haber percibido en la obra del filósofo. Nordau, en vez de ello, etiquetó a Nietzsche como un "egomaniaco", y específicamente citó su condena contra los judíos, "Israel" y el cristianismo por haber derrocado sistemas morales más tempranos con una "moral de esclavos", como "lenguaje incomprensible e insano", "arrebatos delirantes" y "fabulosa estupidez". El intelectual judío francés Bernard Lazare acusó más abiertamente a Nietzsche de anti-judaísmo en su libro L’Antisemitisme: Son Histoire et Ses Causes (1894) por prácticamente la misma razón, escribiendo:

    «Después de Eugen Dühring, Nietzsche a su vez combatió la ética judía y cristiana, la que según él es una ética de esclavos, en contraste con la ética de los señores. Por medio de los profetas y Jesús, los judíos y los cristianos han establecido concepciones abyectas y nocivas que consisten en la deificación del débil, el humilde, el desgraciado, en desmedro del fuerte, el orgulloso, el poderoso».

     La atención negativa de parte de los judíos, sin embargo, era rara. Una opinión contemporánea más expresiva acerca de las actitudes de Nietzsche hacia los judíos vino de los propios ideólogos anti-judíos. Esas opiniones a menudo eran formadas tanto por relaciones personales como por una considerada evaluación filosófica o ideológica. Theodor Fritsch, el autor de "Los Diez Mandamientos Anti-Judíos", hizo numerosos intentos fracasados para solicitar el apoyo de Nietzsche antes de publicar una serie de críticas frustradas de su filosofía. Un procedimiento similar siguieron Eugen Dühring y su discípulo Ernst Jünemann. Jünemann estaba particularmente preocupado por el hecho de que Nietzsche parecía estar disfrutando de la promoción judía: un signo seguro para Dühring de que había algo podrido en los escritos de Nietzsche. Él escribiría en 1897:

    «Los escritos de Friedrich Nietzsche, el cual hace varios años cayó en un estado de profundo trastorno mental, están siendo actualmente comprados y leídos con gran entusiasmo por el público desde que la publicidad hebrea en particular lo ha apoyado, y la opinión judía, como es bien sabido, es lamentablemente lo que se pone de moda, lo que es una prueba de cuán bajo se ha hundido el nivel intelectual y moral de los poderes sociales dominantes de hoy».

     Jünemann describió la trayectoria filosófica de Nietzsche como una "decadencia sostenida hacia la locura y la judeofilia". Jünemann perfiló "un prometedor comienzo cuando [Nietzsche] se involucró productivamente con Richard Wagner y Arthur Schopenauer, [pero] él se desvió del camino nacionalista y anti-judío en su período aforístico y descendió a la argumentación irracional y a satisfacer intereses judíos en sus últimos escritos". Jünemann atacó a Nietzsche por sostener que los judíos "son los verdaderos portadores de la cultura y los creadores de valores", y levantó la sospecha sobre el hecho de que la fama de Nietzsche y su fortuna financiera mejoraron considerablemente después de su rechazo público de Wagner.

     Enfrentado con una filosofía que equivalía a una "tienda judía de artículos de segunda mano" de ideas, el público alemán tendría que decidir si Nietzsche era un psicólogo maestro y la Naturaleza una "comediante", o si más bien la Naturaleza era verdadera y honesta y Nietzsche era "espiritual y moralmente defectuoso". Jünemann estaba claro en su opinión de que Nietzsche no tenía ningún lugar en el movimiento.

     Pero el rechazo de Jünemann no era completamente representativo de la opinión nacionalista contemporánea. Había sustanciales cantidades de figuras völkisch que encontraban las declaraciones de Nietzsche sobre los judíos y la raza difíciles de reconciliar con la propia cosmovisión de ellos, pero que sin embargo encontraban un valor en el mismo aspecto confrontacional de la obra de Nietzsche que interesaba a la Izquierda. Uno de ellos, Adolf Bartels, argumentó en su ensayo de 1902 "Friedrich Nietzsche y la Germanidad" (Friedrich Nietzsche and Germanness) que los ataques de éste contra la sociedad alemana eran fundamentalmente diferentes de similares declaraciones peyorativas de escritores judíos, como Heinrich Heine, cuyos argumentos surgían de la animosidad racial. En cambio, argumentaba Bartels, Nietzsche se había dejado llevar por el calor de "un temperamento altamente espiritual e ideal". El filósofo había quedado "entrampado" en el europeismo y la Ilustración, y erróneamente se había apartado del nacionalismo. Aunque rechazaba el movimiento anti-semita, Nietzsche estaba simplemente actuando contra su cuñado, y en verdad él estaba bastante consciente de la capacidad de los judíos para "obtener fácilmente el poder sobre Europa y sus naciones".

     Pero la defensa de Bartels del trabajo de Nietzsche era débil y poco convincente para la mayor parte de los nacionalistas, y la primera gran adopción de Nietzsche por parte de elementos völkisch sólo ocurrió durante la Primera Guerra Mundial. Fue durante esa gran conflagración europea que las consideraciones de él acerca de la guerra, la batalla, la lucha y nociones relacionadas encontraron una resonancia urgente. Una vez más, completamente aparte del contenido específico, el contexto de los tiempos le permitió a la flexibilidad de sus vagos escritos prestarse a interpretaciones militaristas y etnocéntricas.

     Aprovechando la nueva tendencia, el Ejército de Alemania hizo circular 150.000 ejemplares del críptico "Así Hablaba Zaratustra" entre las tropas, y cuarenta mil copias de dicho libro fueron vendidas sólo en 1917. Mussolini pronto anunció su entusiasmo por Nietzsche y afirmó que el movimiento Fascista era la concretación de una "voluntad de poder" nacional. Oswald Spengler, el autor de "La Decadencia de Occidente" (1918), declaró a Nietzsche, junto con Goethe, como una de sus mayores inspiraciones. Nietzsche había sido transformado, por el contexto más que por el contenido, en un nacionalista.

     Durante el período de la República de Weimar los nacionalistas de dicho período mostraron un deseo de "conservar" a Nietzsche. Franz Haiser admitió en "The Jewish Question from the Standpoint of Master Morality" (La Cuestión Judía desde el Punto de Vista de la Moral de los Señores, 1926) que Nietzsche era "culturalmente izquierdista y contradictorio", pero sostuvo sin una posterior aclaración que él "es irremplazable para nosotros".

     Uno de los textos más importantes que incorporaron a Nietzsche en la Derecha fue "Nietzsche, el Filósofo y el Político" (1931) de Alfred Baeumler. Baeumler era un cercano asociado del intelectual del Tercer Reich Alfred Rosenberg, y su monografía fue en cierta medida la obra nacionalsocialista más importante acerca del filósofo, publicándose varias ediciones. Baeumler alabó la oposición de Nietzsche a la Alemania del Káiser Guillermo, pero, en relación a la posición del filósofo en cuanto a los judíos, él se vio obligado a "emplear argumentos forzados que nunca son completamente convincentes". Al final, Baeumler recurrió a argumentar que Nietzsche sólo elogió a los judíos a fin de a provocar a los alemanes hacia la grandeza. El abismo entre Jünemann y Baeumler ilustra crudamente cuán literalmente algo podría ser leído en la obra de Nietzsche. Aún más incalificable es el hecho de que mientras él fue alabado por muchos en el Tercer Reich, Nietzsche siguió siendo admirado por la Escuela de Frankfurt en el exilio en Estados Unidos.

     El período de posguerra sería testigo de todavía otra reinterpretación radical del trabajo de Nietzsche. Los liberales habían comenzado para esas fechas a creer en la problemática lectura völkisch de Nietzsche, y tenían ante sí ahora la tarea de condenar o de alguna manera exculpar al filósofo "racista" recientemente descubierto. Muchos se decidieron por culpar a su hermana, Elisabeth, la cual, como se señaló, se había casado con un conocido activista anti-judío y forjó posteriormente una relación con el propio Hitler. Escritores como Henning Ottmann y R. J. Hollingdale se apresuraron a sostener que Elisabeth (una "virulenta cristiana anti-judía") había producido ediciones de la obra de Nietzsche que enfatizaban temas "amistosos con las ideas del Nacionalsocialismo". La "influencia" de Elisabeth fue por supuesto una mentira construída encima de otra mentira: que Nietzsche era un "anti-semita" auténtico. En un Occidente de posguerra obsesionado con su pasado "racista", usar a Elisabeth como un chivo expiatorio proporcionó los medios para que los entusiastas izquierdistas de Nietzsche absolvieran al objeto de su admiración de la acusación más terrible que probablemente podría adjuntársele.

     El análisis que hace Holub de estos argumentos es completamente excelente. Usando correspondencia de archivo, él desconstruye completamente la noción de que Elisabeth adulteró de algún modo la obra de su hermano después de su muerte, y plantea dudas significativas acerca del estereotipo de Elisabeth como una fanática violenta y explosiva. El retrato que hace Holub de Elisabeth es equilibrado y a menudo favorecedor. Este interesante primer capítulo termina indicando que Nietzsche ha sido reclamado por tantos, tan a menudo, y con tantos diferentes motivos, que se ha perdido cualquier sentido de claridad en lo que se refiere a su posición en cuanto a los judíos. El único modo de recobrar esa claridad, argumenta Holub, es volver a un análisis cercano de los textos primarios y los factores contextuales, y rechazar todos los conocimientos recibidos, incluyendo el entendimiento convencional de términos como "anti-semitismo". Con la pizarra ahora aparentemente limpia, avancemos a la historia de Holub de la verdadera opinión que tuvo Nietzsche de los judíos y el judaísmo.

     Holub examina una cantidad sin precedentes de correspondencia privada y pública de Nietzsche así como sus escritos publicados, para escribir lo que equivale a una biografía de las actitudes de Nietzsche hacia los judíos. El capítulo 2, "Comentarios y Encuentros de Juventud", es un agradable paseo por la infancia de Nietzsche y escritos suyos muy tempranas. Una revisión de su árbol genealógico desacredita la acusación, hecha por Jünemann, de que él tenía ascendencia judía. Su ciudad de infancia de Röcken no tenía ningún habitante judío, y en toda la Sajonia prusiana los judíos constituían sólo el 0,3% de la población. No es quizá sorprendente entonces que los judíos estén completamente ausentes en los escritos y la correspondencia de Nietzsche hasta que él se trasladó a Leipzig para matricularse en la Universidad, a la edad de 25 años, habiendo completado primero un grado en la Universidad en Bonn.

     Leipzig era una ciudad famosa por sus ferias comerciales, que atraían un gran flujo de comerciantes y mercaderes judíos. Por primera vez, Nietzsche fue expuesto a un número significativo de judíos en un lugar. Viniendo de un ambiente "libre de judíos", Nietzsche es realmente el perfecto caso de estudio para el desarrollo racional de actitudes negativas hacia los judíos. Un puñado de cartas a su madre y su hermana que datan de ese tiempo revela que él con regularidad enfatizaba el desagradable impacto de los comerciantes judíos sobre la ciudad. De manera importante, él hace aquello sin referirse a "estereotipos" ni a apelar a tradiciones cristianas sobre los judíos. El comentario de Nietzsche es mucho más periodístico. Sus intentos de terminar un libro son dificultadas por la interrupción de la feria comercial, y "por todas partes donde usted mire hay judíos y asociados de los judíos". Escribiendo durante el día final de la feria en Octubre de 1868, Nietzsche expresa el alivio de que la ciudad estará pronto sin "el olor de la grasa y de los numerosos judíos". Comentarios como éstos con toda justicia se explican por sí mismos. Para Nietzsche, las muchedumbres, el intercambio de dinero y la afluencia de una gente extranjera entre los ciudadanos de Leipzig eran simplemente distorsiones malsanas y no deseadas de la vida normal y más saludable de la ciudad.

     El análisis de Holub, sin embargo, sigue la línea judía y académica estándar. Él no puede aceptar que el sentimiento anti-judío pueda ser así de lógico o natural, y entonces él sostiene en cambio que los comentarios de Nietzsche "deben haber emanado del contacto personal con amigos y conocidos". Ninguna evidencia es presentada en apoyo de este argumento. Holub queda perplejo con respecto a de dónde podrían haber venido dichos comentarios porque "durante sus años de estudiante no hay ninguna prueba de que Nietzsche haya leído o estuviera en busca de autores que exhibieran una judeofobia o textos que contuvieran temas judeofóbicos". El simple hecho de que Nietzsche, como muchos ciudadanos de Leipzig, encontrara desagradable esa masiva orgía de comercio judío es pasado por alto en favor de abstracciones teóricas acerca del "anti-semitismo". De manera decepcionante entonces, muy temprano en su libro Holub revela que una tesis primaria que sostiene su estudio es que el anti-judaísmo es simplemente un virus ideológico, psicológico y perjudicial que es contraído de otros más bien que una reacción natural a la experiencia directa con judíos. Mi entusiasmo inicial por el libro comenzó a evaporarse en este punto.

     El capítulo 3, "La Vanguardia Wagneriana", cubre la temprana relación de Nietzsche con Richard Wagner. Cuando Nietzsche fue presentado a Wagner, este último ya se había hecho conocido por su animosidad hacia la influencia judía sobre la sociedad alemana. Muchos apologistas izquierdistas de Nietzsche han encontrado una presa fácil en Wagner. El maestro, más que nadie, es considerado responsable de un aumento de la supuesta hostilidad de Nietzsche hacia los judíos. Aunque Holub pretende presentar su libro como una réplica a eruditos como éstos, él realmente hace en esencia el mismo argumento. Refiriéndose a las inocentes cartas nietzscheanas universitarias de Leipzig, Holub escribe que cuando el filósofo era un hombre joven "la judeofobia no estaba bien desarrollado en la escritura o el pensamiento [de Nietzsche], pero ella formaba un trasfondo no explícito de sus esfuerzos intelectuales, listo a ser activado por la persona apropiada. Wagner fue aquella persona".

     Nietzsche primero conoció a Wagner por medio de amigos comunes, después de una invitación hecha por el compositor en 1868. Wagner interpretó piezas de su obra "Meistersinger" (Los Maestros Cantores) y el pequeño grupo habló de Schopenhauer hasta últimas horas de la tarde. Ambos instantáneamente se llevaron bien, y cuando Nietzsche recibió su profesorado en Basilea en 1869, llegó a ser un invitado frecuente en Tribschen, donde Wagner y su familia vivieron hasta 1872.

     Si bien 1869 fue un año fundamental para la carrera de Nietzsche, fue también memorable para Wagner. En 1850 Wagner había publicado su ensayo "La Judeidad en la Música" bajo el seudónimo de K. Freigedank (K. Librepensamiento). En 1869, a pesar del consejo de sus amigos e incluso de su esposa, Wagner lo publicó de nuevo como un folleto, divulgando su autoría del original y añadiendo pensamientos y reflexiones adicionales. Dicha acción provocó una previsible tormenta, ya que influyentes judíos se movieron rápidamente para destruír al compositor. Sus óperas fueron interrumpidas, y cada órgano de los medios judíos de comunicación fue usado para aniquilar su reputación.

     Nietzsche nunca comentó personalmente acerca de "La Judeidad en la Música", pero su correspondencia revela que él lo leyó realmente en su totalidad y que afirmó estar de acuerdo con su mensaje. Cuando un amigo le escribió de manera admirativa acerca del folleto en 1870, Nietzsche contestó: «Que estemos ahora también de acuerdo con respecto a Richard Wagner es para mí una prueba completamente confiable de cómo estamos juntos. Porque no es fácil y se requiere un coraje vigoroso y viril para no ser pervertido por el alarmante fraude. (...) Nuestros "judíos" —y usted sabe cuán extensamente este concepto se extiende— en particular desprecian la manera idealista de Wagner». Aunque pasada por alto por Holub, la última frase prefigura una ambivalencia en las actitudes de Nietzsche hacia los judíos que duraría toda su vida. La verdad es que los judíos eran un elemento oposicionista de la sociedad, pero ellos eran difíciles de definir. Un alemán, para Nietzsche, podía ser tan "judío" como un Rothschild si él mostrara suficientes rasgos "judíos". Eso ciertamente abrió la puerta a una crítica justificada de aquellos no-judíos que servían a los intereses judíos, pero al enturbiar los límites y oscurecer el papel de la raza y la pertenencia étnica, Nietzsche también se movió peligrosamente cerca hacia una cosmovisión errónea.

     Aunque quizá ambivalente con respecto a la Cuestión Judía, Nietzsche estuvo sin duda en sintonía con Wagner cuando se trataba de la animosidad hacia aquellos aspectos de la modernidad más estrechamente vinculados con el ascenso de los judíos en Alemania: la hegemonía de los periodistas, la prensa, los periódicos, las nuevas "tendencias" en arte, y la Bolsa de comercio. Wagner era un crítico tanto de Berthold Auerbach como de Felix Mendelssohn, de quienes afirmó que habían producido obras tipificadas por lo extranjero, un lenguaje de jerga, sensiblería e internacionalismo. Incluso si aceptamos que Wagner tuvo alguna influencia sobre Nietzsche en la adopción de ciertas posiciones en la "guerra cultural", no podemos colocar de ningún modo demasiado peso a la influencia del compositor.

     En Basilea uno de los colegas más cercanos de Nietzsche fue el historiador Jacob Burckhardt, descrito en una dedicatoria como "mi honrado amigo". Burckhardt estaba inequívocamente opuesto a la emancipación judía, y creía que todo lo de valor que había en la cultura europea se debía a su herencia griega y romana más bien que a la tradición judía. Él habría rechazado estar de acuerdo con la idea de Europa como una entidad cultural "judeo-cristiana", y estaba firmemente convencido de que los judíos eran responsables de las peores manifestaciones de la modernidad. Temprano en su carrera Burckhardt escribió a un amigo que la presencia de judíos en un teatro sería suficiente para destruír completamente su disfrute del evento.

     Aunque Holub plantea el argumento de que Nietzsche fue impresionado por gente como Wagner y Burckhardt y que adoptó sus opiniones por una imitación de quien sigue a gente admirada, yo leí una historia completamente diferente en las pruebas proporcionadas. No creo que Nietzsche alguna vez llegara a hacerse tan totalmente versado en la Cuestión Judía como muchos de sus contemporáneos, sino que veo un proceso de aprendizaje gradual entre 1868 y 1873 donde él consigue una comprensión de lo más fundamental. Además de eso, él continuamente expresa una repugnancia natural e impulsiva por aspectos de la cultura y el comportamiento de los judíos. Sus cartas a su madre muestran que él asociaba a los judíos con desagradables prácticas comerciales, con una falta de gusto, y bajos atributos culturales. Escribiendo a su madre con respecto a un viaje por Suiza en 1872, él describe a sus compañeros de viaje antes de comentar que "desafortunadamente había un judío entre ellos".

     En 1872 esos sentimientos e ideas llegaron más cerca a una expresión intelectual. En Enero y Febrero de aquel año Nietzsche pronunció dos conferencias, "El Drama Musical Griego" y "Sócrates y la Tragedia". A pesar de sus títulos bastante inofensivos, las conferencias hablaban de aspectos claves del programa cultural wagneriano: de que la ópera moderna se había distanciado enormemente de sus antiguas raíces culturales, y que los judíos estaban produciendo un impacto deletéreo en el arte y la cultura contemporáneos. Nietzsche, tomando sus claves de Wagner, sostuvo que la tragedia genuina era misteriosa, instintiva y profunda. Era también capaz de ser concebida y apreciada sólo por europeos. Por contraste, el "socratismo", identificado con el racionalismo y la dialéctica, erradica el instinto y con ello el arte. El "socratismo" también se había convertido en una fuerza histórica por derecho propio, en la forma de judaísmo de este mundo. Nietzsche concluiría su segunda conferencia declarando:

    «El teutón ¿no tendría nada más para colocar al lado de aquellas desaparecidas obras de arte del pasado excepto la "gran ópera", algo parecido al mono que aparece junto a Hércules? Ésta es la pregunta más seria de nuestro arte: y cualquiera que, como un teutón, no entienda la seriedad de esta pregunta, ha caído en el socratismo de nuestros tiempos, el cual, desde luego no es ni capaz de producir mártires, ni habla la lengua de los más sabios helenos. Este socratismo es la prensa judía: no diré más».

* * * *

     ¿Nietzsche era valiente o estúpido? Como ya dije, no creo que él comprendiera muy completamente la escala del conflicto étnico que de manera sutil se estaba desplegando en Alemania en aquel entonces, o el completo poder del que ya disfrutaban los judíos. Para alguien de su (entonces humilde) posición, su conferencia de 1872 me parece como un paso demasiado pronto. Wagner por supuesto incluso había tomado medidas adicionales contra la influencia judía, pero el anciano poseía considerablemente más estatura y legitimidad. Nietzsche envió sus notas de conferencia a Wagner el 4 de Febrero, y el compositor contestó con cautela. Wagner, que estaba totalmente consciente del daño que podría ser provocado por los judíos sobre objetivos solitarios como él, respondió: "Le digo: ésa es la manera en que es. (...) Pero estoy preocupado por usted, y deseo con todo mi corazón que usted no se arruine a usted mismo". Cósima, la esposa de Wagner, también escribió a Nietzsche expresando preocupación. Comenzando por citar a Goethe ("Todo lo significativo es incómodo"), ella dijo que la "audacia" y la "franqueza" de Nietzsche la sorprendieron. En una carta posterior ella hace sus preocupaciones más explícitas, declarando que ella quería que él siguiera algún consejo "maternal" para que él "evitara remover un avispero":

    «¿Realmente me entiende usted? No mencione a los judíos, y sobre todo no como algo al pasar, (sino) más tarde, cuando usted quiera retomar esta macabra lucha, en nombre de Dios, pero no desde el mismo comienzo, de modo que en su camino usted no tenga toda esta confusión y agitación. Espero que usted no me malentienda: usted sabe que en las profundidades de mi alma estoy de acuerdo con su declaración. Pero no ahora y no de esta manera».

     Según los diarios de Cósima, Nietzsche fue convocado a una reunión con ella y Wagner el 12 de Febrero para hablar de la conferencia. Sólo podemos especular acerca de lo que exactamente se habló, pero Nietzsche abandonó la referencia a los judíos en la versión publicada de su conferencia y nada similar a ello aparecería de nuevo alguna vez en sus discursos o escritos publicados. Él seguiría atacando los males de la prensa, los periódicos, los asuntos financieros, la Bolsa, la modernidad, la vida urbana y el cosmopolitismo, pero él nunca los mencionaría otra vez asociados con los judíos o el judaísmo. Holub sostiene que el episodio enseñó a Nietzsche que él no debería mencionar a los judíos por su nombre y ciertamente a no atacarlos de modo impreso. Él adoptaría a partir de entonces el mismo "código cultural" que muchos intelectuales anti-judíos se vieron obligados a utilizar como un medio de luchar la guerra cultural sin ser etiquetados como "anti-semitas".

     Mi lectura del material citado es divergente de la de Holub desde este punto en adelante. Estoy de acuerdo con que Nietzsche fue en algunos aspectos castigado por ese incidente, y por Wagner personalmente. Pero Nietzsche también poseía un ego y una arrogancia que lo condujeron al antagonismo hacia su mentor artístico más bien que a la apreciación por el sabio consejo. Tampoco estoy convencido de que Nietzsche fuera un cruzado convencido en la lucha anti-judía. Nietzsche se distanció de Wagner durante el resto de su vida, comenzando a mediados de la década de 1870. En borradores tempranos de las "Consideraciones Intempestivas" (1876) probablemente alrededor de 1874, Nietzsche realizó críticas contra el compositor. Entre ellas estaba la acusación de que Wagner era un tirano que no podía apreciar la validez de alguien, salvo la de aquellos entre sus asociados más confiables, lo que lo hacía ser ciego a "la validez de Brahms, etc., o de los judíos". Él también acusó a Wagner, irónicamente en vista del consejo crucial de éste, de un grave error político al atacar a los judíos "quienes ahora poseen la mayor parte del dinero y de la prensa en Alemania".

     El capítulo 4, "Un Rumbo Ambivalente", habla de las consecuencias de haberse apartado de Wagner y su círculo, y de la manera en la cual Nietzsche gradualmente llegó a rodearse de asociados judíos. La dedicatoria de Nietzsche a Voltaire en su obra "Humano, Demasiado Humano" (1878-1880) marcó la etapa final de su ruptura con la misión cultural wagneriana. El racionalista francés repugnaba al romántico alemán. Los Wagner leyeron el libro, sólo para encontrarlo "extrañamente perverso" y lleno de "pretenciosa ordinariez". La razón detrás del cambio de la calidad de escritura de Nietzsche era, en opinión de ellos, su creciente asociación con el estudiante judío de filosofía Paul Rée. Dicha asociación se remontaba a 1873, y Rée había acompañado a Nietzsche en visitas a los Wagner en un par de ocasiones durante aquellos años. Sin embargo, en 1876 las sospechas de Cósima surgieron a raíz de algunos aspectos de la personalidad de Rée. En Octubre de 1876 ella escribió en su diario: "Por la tarde fuimos visitados por el doctor Rée, cuyo carácter frío y preciso no nos atrae; al examinarlo más de cerca llegamos a la conclusión de que él debe ser un israelita".

     La conclusión de ellos era por supuesto correcta. Holub es desdeñoso de la teoría de Wagner de que Nietzsche estaba siendo intelectualmente corrompido por Rée, pero Wagner fue muy insistente en que el judío había entrampado a su antiguo joven amigo. Cósima alrededor de esa fecha escribió a su marido que Nietzsche era esencialmente sólo un espejo que reflejaba las ideas o pensamientos de quienquiera que lo rodeara. Los escritos de Nietzsche, tomando prestado fuertemente de Schopenauer y en efecto del propio Wagner, eran "sólo reflejos de algo más, ellos no provenían desde dentro". Wagner replicó magníficamente: "Y ahora ellos son Rée-flejos". Cósima escribiría más tarde a un amigo que "Humano, Demasiado Humano" tenía una indiscutible impronta judía:

    «El autor ha experimentado un proceso que vi viniendo durante mucho tiempo, y contra el cual luché con mis escasos poderes. ¡Muchas cosas se reunieron para producir aquel deplorable libro! Finalmente Israel intervino en la forma del doctor Rée, muy acicalado, muy elegante, siendo al mismo tiempo cautivado por Nietzsche y dominado por él, aunque realmente aventajándolo: la relación de Judea con Germania en miniatura... Sé que aquí el mal ha sido victorioso. (...) Wagner mismo afirma sobre Nietzsche que una flor podría haber salido de ese bulbo. Ahora sólo está el bulbo, realmente una cosa repugnante».

     Una debilidad clave de Nietzsche, el repugnante bulbo que nunca florecería, parece haber sido su incompleto entendimiento de la naturaleza de la influencia judía en la cultura y la sociedad alemanas, y su egotista disposición a aceptar a los judíos como amigos y socios si él percibía que le eran útiles para hacer progresar su propia fama y fortuna personal. Alrededor de 1877 él comenzó a recibir correo de admiradores, del Círculo Pernerstorfer, un grupo compuesto sobre todo por judíos que estudiaban en la Universidad de Viena. Absorbiendo con ansia las alabanzas de ellos, Nietzsche estuvo durante meses y luego años manteniendo correspondencia y cooperación con los miembros de ese círculo. Él leería los trabajos de ellos, elogiándolos efusivamente e incorporando sus ideas en su propia obra en una especie de simbiosis. Él también estaba bastante consciente del trasfondo judío de ese grupo, descrito por Holub como el primer club de fans de Nietzsche.

     En efecto, él aduladoramente apeló a dicho grupo. En 1877 Nietzsche escribió a uno de sus miembros: "Dígame entonces con completa franqueza si en cuanto a su ascendencia usted tiene alguna conexión con los judíos. He tenido recientemente muchas experiencias que despiertan en mí muy grandes expectativas, sobre todo de hombres jóvenes de esa ascendencia". Holub parece indicar que Nietzsche, en algunos respectos, se había "vendido" cuando él señala una

    «creciente comprensión que Nietzsche tuvo sobre los judíos como grupo. De su experiencia con los Wagner él había aprendido que los judíos no deberían ser atacados en documentos públicos, y que ellos supuestamente tienen el poder de afectar negativamente el éxito de un Gentil en la cultura alemana. Ahora él también estaba comenzando a reconocer que... había una ventaja significativa que él podría obtener de los judíos».

     ¿Realmente creyó Nietzsche que los judíos eran una raza excepcional que empujaría a Europa hacia la grandeza? Holub hace un excelente trabajo de retratar a un hombre ansioso por decir a sus oyentes judíos lo que ellos querían oír, a la vez que conservaba una antipatía instintiva hacia los judíos en general, abrigando incluso una profunda aversión por algunos de sus admiradores. Uno de esos admiradores, Siegfried Lipiner, fue al principio tratado con indulgencia por Nietzsche, pero después de varias reuniones el filósofo encontró la "prepotencia y deficiencias en decoro y gracia social" de ese judío casi insoportables.

     En correspondencia con otro no-judío, Nietzsche escribiría de Lipiner que "como todos los judíos, él mata las cosas sensibles" y que el único talento que él poseía era el único talento hebreo de la "imitación". En público y en privado, Nietzsche a menudo expresaría una fuerte desaprobación del anti-judaísmo político, pero Holub sostiene que eso fue siempre teniendo en mente un auditorio judío y partidarios judíos, y que Nietzsche "estaba buscando agradar y a veces aplacar a su interlocutor". Lo que surge de esta compleja red de correspondencias es un hombre completamente consciente de que los judíos son poderosos, y que está muy interesado en proteger su propia reputación y posición en la cultura alemana.

     Sin embargo, Nietzsche también nos impresiona como un aficionado que intenta manejar una serpiente mortal. La mayor parte de sus escritos acerca de los judíos de alrededor de esas fechas son materia de una fantasía fuera de lugar y una torpe eugenesia. Él abogó por el matrimonio entre oficiales prusianos y mujeres judías en la creencia de que la supuesta infusión de sangre judía equiparía a la nación alemana con una inteligencia mejorada, un mayor sentido del dinero, y una aptitud para la política mundial.

     En sus escritos privados Nietzsche reveló que él creía que los banqueros judíos, tanto como los oficiales militares, representaban la personificación de la voluntad de poder. Éste es un hombre en último término ciego ante los conceptos de raza y etnicidad, lo que quizá no es en absoluto sorprendente para un individuo que vivió su vida en la ilusión de que él era de ascendencia polaca. Más perjudicial, sin embargo, fue su penosa carencia de conciencia de la naturaleza exclusiva del judaísmo y su negativa trayectoria histórica en relación a los pueblos europeos.

     Examinando algunos escritos de Nietzsche desde ese punto en adelante, estoy tentado de concordar con Ernst Jünemann en cuanto a que su trayectoria filosófica fue una de un sistemático descenso hacia la locura y la judeofilia. En "Humano, Demasiado Humano" Nietzsche afirmaría que la Reforma fue el resultado de algo llamado "el heroico impulso judío". El nacionalismo era "artificial", y él añoraba un tiempo que presenciara "una abolición de las naciones" y la aparición de "una raza mezclada" de "buenos europeos". Los judíos serían indispensables para una tal visión post-nacional dado el status de ellos como los nómadas prototípicos. A pesar de algunos defectos, ellos poseían una serie de virtudes y habían producido "el ser humano más noble (Cristo), el sabio más puro (Spinoza), el libro más poderoso [la Biblia] y el código moral más eficaz en el mundo". Los judíos "llevaron la bandera de la Ilustración" y aseguraron que "la misión y la historia [de Europa] fueran una continuación de las de los griegos". A causa del elevado lugar de ellos en la Historia mundial, Europa "puede caer en sus manos como un fruto maduro". Aunque tal eventualidad fuera contemplada con horror por los nacionalistas, Nietzsche vio tal perspectiva con placer, ya que eso representaría "una eterna bendición para Europa".

     ¿Es alguna sorpresa que el primer club de fans de Nietzsche fuera uno judío?.

     Holub concluye ese interesante capítulo comentando que las actitudes de Nietzsche permanecen difíciles de definir claramente. ¿Realmente creyó Nietzsche que los judíos eran más intelectual y culturalmente conscientes y por ende más receptivos al "mensaje" de él?, ¿o estaba él firmemente convencido de la necesidad de apaciguar los intereses judíos a fin de conseguir el éxito personal? El filósofo, a mis ojos, no parece menos reprensible en cualquiera de ambos escenarios.

     El capítulo 5, "Confrontaciones Anti-Semíticas", trata acerca del odio de Nietzsche hacia los "anti-semitas" y sus regulares conflictos con el movimiento anti-judío. Holub escribe que, a partir de finales de la década de 1870, Nietzsche era "inequívocamente antagonista de lo que él entendía como anti-judaísmo y anti-judíos". Holub escribe que gran parte de esa posición era simplemente oportunista. Su temprana asociación con (el "anti-semítico") Wagner, Nietzsche la culpó a su propio percibido aislamiento y relativa carencia de celebridad. Pero Nietzsche fue también altamente crítico del moralismo de todas las clases, y percibió el "anti-semitismo" como una especie de moralismo por derecho propio, ya que aquél designaba la influencia judía en Europa como un mal moral a la vez que político.

    El anti-judaísmo político, para Nietzsche, era también una especie de cruzada por la justicia social del mismo modo que lo era el socialismo. El hecho de que las principales figuras de dicho movimiento, como Eugen Dühring, fueran también socialistas pareció corroborar su teoría. Nietzsche, así, fundó su crítica del "anti-semitismo" no en su temprana y efusiva alabanza de la judería, sino más inteligentemente como parte de un asalto general contra lo que él percibía como "ética cristiana, nacionalismo de mente estrecha, y socialismo redentor".

     Nietzsche chocó con Ernst Schmeitzner (su editor) por una combinación de motivos personales e ideológicos. Schmeitzner era un entusiasta participante en el movimiento político para restringir la influencia judía, y publicó varios libros y diarios claves como parte de ese esfuerzo. Cuando Schmeitzner dispuso una tardanza en la impresión y distribución de una edición de "Así Hablaba Zaratustra" en 1883, Nietzsche escribió con frustración a un amigo: "¿Quién me salvará de un editor que toma la agitación anti-judía más seriamente que mis ideas?". Cuando las ventas de su obra lo decepcionaron, él afirmó que eso era debido menos a la calidad de su obra que al anti-judaísmo de su editor. El "anti-semitismo" así siguió, al menos en su mente, privándolo de una potencial fama.

     Su asociación con Schmeitzner también provocó cáusticos comentarios de sus admiradores judíos. Josef Paneth escribió a Nietzsche preguntándole cómo él podía permitir que su poesía fuera publicada en la revista Internationale Monatsschrift de Schmeitzner, "un periódico para la lucha contra la judería". Nietzsche diligentemente respondió que él no sabía que Schmeitzner era un "anti-semita" cuando publicó en dicho periódico. Cuando otro admirador judío le escribió acerca de la última empresa editora anti-judía de Schmeitzner, Nietzsche respondió que "el último proyecto de Schmeitzner sobre el cual usted escribió me repugna". Nietzsche fue mordaz hacia el activismo anti-judío, incluso el de su propia hermana, la que estuvo fuertemente involucrada con el trabajo de su marido, Bernhard Förster.

     Cuando Elisabeth le escribió en 1887 pidiéndole una donación para el proyecto Nueva Germania de su marido, que implicaba el establecimiento de una colonia völkisch en Paraguay, Nietzsche respondió sarcásticamente que él esperaba que las autoridades ayudaran a dicho proyecto "deportando a todos los anti-semitas". Él escribió que cualquier alemán que se creyera mejor que un judío pertenecía a una "comedia", si es que no "a un asilo para locos". En un borrador de carta a su hermana, él escribió furiosamente que "Nuestro nombre, gracias a tu matrimonio, está mezclado con ese movimiento: ¡qué no he sufrido ya por ello!".

     El capítulo final, "Sacerdotes, Israelitas, Chandalas", trata con los dos años finales de la vida cuerda de Nietzsche, durante los cuales el filósofo parece haber tenido una serie de epifanías acerca de los judíos y el judaísmo. En 1887 y 1888 Nietzsche llegó a estar cada vez más ocupado con los orígenes de la moral (como él la definió) y la historia de la religión. En su meditación sobre esos temas Nietzsche se encontró gravitando hacia una visión del judaísmo como una moralidad de esclavos que contrastaba con los valores más orientados a la Naturaleza de un estrato noble asociado innegablemente con los arios y pueblos rubios.

     La lucha entre esos sistemas de valores, y la victoria del espíritu judaico, eran evidentes para Nietzsche, quien debe haber notado que tales conclusiones ya habían sido alcanzadas algún tiempo antes por los mismos "anti-semitas" que él profesaba despreciar. Nietzsche se encontró también incapaz de evitar la conclusión de que el judaísmo y los valores judíos desempeñaron un papel prominente ("el factor más importante") en la degeneración del mundo romano y la decadencia de la Europa contemporánea.

     Para Nietzsche, la historia de los judíos es la historia de una casta sacerdotal que da vuelta los valores aristocráticos a fin de hacerse con el poder. En "La Genealogía de la Moral" (1887), él escribe que

    «Nada de lo que alguien más haya perpetrado contra "los nobles", "los violentos", "los poderosos", "los señores", merece discutirse en comparación con los hechos de los judíos: los judíos, ese pueblo sacerdotal que en última instancia no conoció ningún otro modo de exigir satisfacción de sus enemigos y conquistadores que por medio de una transformación radical de sus valores, por medio de un arte de la más espiritual venganza».

     Nietzsche se movería todavía más hacia adelante en "El Anticristo" (1895) cuando él describiría al cristianismo como un vehículo que propaga valores judíos, y como un instrumento para la dominación judía de un continente antes aristocrático y noble. Lo que alimentó la "rebelión de esclavos" judía fue el "odio judío, el odio más profundo y más sublime, es decir, la clase de odio que crea ideales y cambia el sentido de los valores, un odio como el cual nunca ha existido en la Tierra".

     Cristo, antes descrito por Nietzsche como "el ser humano más noble", es descrito en "La Genealogía de la Moral" como la continuación de un régimen moral que permaneció ineludiblemente judío, el agente del judaísmo en el mundo romano. Afrontado con enemigos, Israel fingió negar el instrumento mismo de su venganza, crucificando su "señuelo" y esperando que todo el mundo mordiera en él. La Cruz, para Nietzsche, simbolizaba la derrota de todos los valores nobles.


Conclusión

     Si bien Nietzsche coqueteó fuertemente con ideas e interpretaciones que pueden haber resonado, y todavía resuenan, profundamente entre los nacionalistas, él nunca procedió a reevaluar su postura personal en cuanto a la judería. De manera incomprensible, él nunca establecería una conexión entre su visión de la historia judía y el papel de los judíos en la sociedad contemporánea. Enigmático, ambiguo, egotista, oportunista, egoísta, impulsivo... todos estos términos y otros más podrían ser aplicados a Friedrich Nietzsche.

     El libro de Robert Holub es imperfecto, como uno esperaría de la erudición académica predominante y de un autor que muy probablemente ha de ser judío. Sin embargo, la cualidad mayormente narrativa del texto evita las habituales abstracciones y argumentos defensivos talmúdicos que uno normalmente encuentra en un libro judío sobre "anti-semitismo", y la presentación que hace de una cantidad impresionante de material primario hace de él una lectura interesante e informativa. Mi propia opinión de Nietzsche no fue cambiada enormemente por este libro, pero pienso que "El Problema Judío de Nietzsche" puede proporcionar alimento para el pensamiento para muchos en nuestro movimiento que todavía retienen interpretaciones más antiguas y tendenciosas de la obra de Nietzsche.–





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