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jueves, 14 de septiembre de 2017

John L. Lash - Sobre la Política del Armagedón



     En Enero de 2005 en su sitio metahistory.org John Lash publicó el siguiente artículo (Armageddon Politics. The Rule of the Righteous Ones) que ofrecemos en castellano. Aquí el señor Lash toca el asunto de la relación entre el deseo de la política judeo-estadounidense de apresurar un "final de los tiempos" y el origen mitológico de dicho deseo, una secta extremista de Judea de la cual surgió en realidad el virus del cristianismo, amalgamado todo hoy en lo que se conoce como "sionismo cristiano", que busca provocar una situación apocalíptica para apresurar el retorno de ellos sabrán quién.


POLÍTICA del ARMAGEDÓN.
El Gobierno de los "Justos"
por John L. Lash
Enero de 2005



     Hace un mes [1º de Dic. de 2004] Bill Moyers fue honrado con el Premio Global Environment Citizen por el Centro para la Salud y el Medioambiente Global de la Facultad de Medicina de Harvard. Los extractos aquí presentados son de su discurso de aceptación publicado el 6 de Diciembre de 2004 por CommonDreams.org [1].

[1] https://www.commondreams.org/views/2004/12/06/receiving-harvard-medical-schools-global-environment-citizen-award

     En su charla Bill Moyers habló de la obsesión religiosa fundamentalista que conforma la política estadounidense, y que lo ha hecho ya durante algún tiempo. Considerando la seriedad con la cual el Presidente George W. Bush declara su fe personal en público, y que la demuestra en términos políticos, quizás no es ninguna sorpresa que el fundamentalismo del Cinturón Bíblico [área del Sur de EE.UU. donde predomina el fundamentalismo Protestante] haya estado dirigiendo las prerrogativas políticas de la Casa Blanca desde el primer período de Reagan. Por extraño que pueda parecer, el político tejano [Bush] a menudo descrito como "el hombre más poderoso en el mundo" dice que él fue llamado a su misión por Dios. Y créalo no, Dios tiene una agenda, un plan maestro que el Presidente Bush está determinado a cumplir. Un plan que Bill Moyers encuentra profundamente inquietante.


Una Simple Muchacha Escocesa

     Puede ser una sorpresa para algunas personas el que el plan de Dios implica la destrucción a escala total del planeta que habitamos. En alguna extraña manera, él, el Dios Creador y Padre de Jesús, quiere destruír el mundo a fin de salvar a la Humanidad, o a una parte escogida de ella, en cualquier caso. Pero entonces tiene sentido que el Ser Supremo que creó este mundo tenga el derecho de aniquilarlo, ¿verdad? Así le parece a algunas personas. Y no sólo a unos pocos, tampoco. La promesa de un holocausto planetario es actualmente apreciada por millones de cristianos temerosos de Dios de todo el mundo, y estratégicamente esperada por los políticos que los conducen. Aquellos que viven en Estados Unidos que comparten la "fe" de George W. Bush [2] se aseguraron de que él fuera reelegido.

[2] https://www.metahistory.org/LEX/lexicon_F.php#faith

     La promesa de la aniquilación global no es nueva en la política estadounidense. Moyers recuerda cómo James Watt, el primer secretario del Interior del Presidente Reagan, «le dijo al Congreso estadounidense que la protección de los recursos naturales carecía de importancia a la luz del inminente regreso de Jesucristo. En testimonio público él dijo: "Después de que el último árbol sea talado, Cristo volverá"». Watt no fue el único miembro de la Casa Blanca de Reagan conocido por sostener tales extremistas opiniones. El propio Reagan creía firmemente que el Armagedón tendría lugar en el Oriente Medio. Durante al menos 20 años hasta ahora las medidas políticas de Estados Unidos han estado avaladas por una agenda divina.

     Sólo podemos preguntarnos cuánto hacia atrás se remonta este complejo.

     En términos meta-históricos, el escenario del Armagedón se reduce a un sistema principal de creencias con variaciones de narrativa. Bush y compañía están actuando en base a una reciente variación descrita por Bill Moyers en una paráfrasis que él acredita al escritor británico George Monbiot:

     «Una vez que Israel haya ocupado el resto de sus "tierras bíblicas", las legiones del Anticristo lo atacarán, provocando un enfrentamiento final en el valle de Armagedón. Cuando los judíos que no hayan sido convertidos sean quemados, el Mesías volverá para llevar a cabo el "Rapto". Los creyentes fieles serán levantados de sus ropas y transportados al cielo, donde, sentados junto a la mano derecha de Dios, mirarán a sus oponentes políticos y religiosos sufrir plagas de pústulas, llagas, langostas y ranas durante los varios años de la tribulación que seguirá».

     Moyers añade sardónicamente: "No estoy inventando esto". Sí, Bill, sabemos eso, pero alguien más ciertamente lo hizo. En la medida en que los historiadores puedan decirlo, el autor de ese libreto parece haber sido un evangelista itinerante llamado John Nelson Darby. Aprovechando el material ambiguo y contradictorio acerca de Jesús contenido en el Nuevo Testamento, Darby apareció con la idea de que Jesús volvería dos veces, una vez para convocar a los fieles ante el Padre, y otra vez para reinar sobre una batalla celeste encima de Armagedón en el Oriente Medio. El propio Darby fue inspirado por una muchacha escocesa no nombrada que tuvo visiones de la Segunda Venida alrededor de 1830, cuando ella era adolescente.

     Así, una mera brizna de idea de una muchacha escocesa originó el libreto que consagra las creencias sostenidas por los principales políticos estadounidenses justo hoy, para no mencionar los incontables millones de ciudadanos estadounidenses corrientes y otros cristianos de todo el mundo, incluyendo un número continuamente creciente de "convertidos" en África, muchos de los cuales son empobrecidos negros que están muriendo de SIDA y aterrorizados por guerras locales. No me extraña que ellos abracen apasionadamente la historia del tiempo final. Cualquier cosa para escapar del infierno de sus vidas en la Tierra.

     El estimado historiador Arthur Schlesinger Jr. [1917-2007], autor de catorce libros, observa que en el siglo XIX, cuando surgió la narrativa de Darby, "todos los Presidentes por supuesto profesaban la creencia en un padre celestial, aunque la religión no tuviera una importante presencia en sus vidas". Él también nota que en su juventud, "los evangélicos presidenciales eran una minoría desdeñada", y "se podía contar con que los fundamentalistas renacidos eran anti-católicos y anti-judíos". Todo eso comenzó a cambiar con Jimmy Carter, y ahora, explica Schlesinger, "la Derecha Protestante ha formado una alianza con católicos derechistas con respecto al aborto y con judíos derechistas en cuanto a la Tierra Santa" ("Holy War", en Playboy, Diciembre de 2004).

     El resultado es que los fundamentalistas ahora superan en número a los Protestantes de la línea principal, es decir, aquellos que pueden tender a distanciarse del mito del final de los tiempos. Con este cambio, las extrañas visiones de una adolescente escocesa han llegado a la vanguardia de la imaginación religiosa en Estados Unidos.


El Germen de Locura

     El cuidadoso análisis de Schlesinger muestra cómo la religión y la política se han hecho aliados durante los últimos cuarenta años, pero eso no explica el inmenso atractivo del complejo del Armagedón como tal. Yo propondría dos observaciones, una de enfoque cercano y otro lejano. Primero, es obvio que creer en la voluntad de Dios para destruír el mundo natural es un modo fantástico de racionalizar la destrucción de la Naturaleza por medio del consumo y la contaminación. Los estadounidenses son conocidos por contribuír al estrago medioambiental en un nivel que excede por lejos su cantidad; no puede citar aquellas cifras aquí, pero todos las hemos visto. ¿Cómo calma usted su conciencia por conducir un vehículo todo-terreno y consumir una parte excesiva de los recursos naturales del mundo? Bueno, si la destrucción que usted provoca es sólo una pequeña contribución a un esquema más grande en el cual Dios va a poner todas las cosas en orden...

     Segundo, hay un significado más profundo en la coalición fundamentalista de católicos y judíos, notada por Schlesinger. La religión del catolicismo romano no es una religión en absoluto, al menos no en el sentido en que proporciona una guía moral y espiritual genuina para las masas. El catolicismo romano es una ideología política con disfraz religioso, y ha sido poco más que eso desde los días de Constantino, el falso convertido Emperador que casó al Imperio con la Única Fe Verdadera.

     Otros antes de Bill Moyers han observado que el cristianismo provee una tapadera religiosa para un esquema totalitario de globalización (convertir, conquistar, colonizar, consumir), pero esta percepción sólo llega a mitad de camino hacia el centro de la locura con respecto a la cual Moyers está alertando ahora al mundo. El programa católico ("universal") de salvación institucionalizada por Constantino lo precede a él aproximadamente en 500 años, de manera que la alianza judeo-católica tiene raíces más profundas, pre-cristianas. Gracias a los Rollos del Mar Muerto, los historiadores de la religión ahora entienden que la ideología salvacionista defendida por los neocons estadounidenses en términos geopolíticos se remonta a oscuros orígenes cúlticos en Palestina. Estamos viendo aquí una grieta muy profunda en la psique humana.

     La chocante revelación de los Rollos del Mar Muerto explotó sobre el mundo en 1991 después de casi cincuenta años de supresión y desinformación por parte de la École Biblique, el equipo de eruditos y arqueólogos católicos asignados para excavar las cuevas en Qumrán y producir una "opinión oficial" acerca de dichos Rollos. Liderada por el sacerdote Roland de Vaux, y trabajando con el pleno apoyo del Vaticano, la École Biblique intentó mantener al mundo ignorante sobre muchas cosas acerca de dichos Rollos, pero sobre todo en un punto, una lección crucial y sensacional de la Historia: el cristianismo no surgió de la religión judía predominante sino de una secta judía radical que era, en su propio tiempo y escenario, hostil al mundo entero, incluyendo al propio pueblo judío.

     En suma, el mensaje de amor universal atribuído al cristianismo y codificado en la táctica política del catolicismo romano es la consecuencia de un complejo de culto genocida, el sistema de creencias de los Zaddikim, "los justos". Aquél era un grupo disidente extremista cuyas políticas de odio sectario hablan desde los Rollos con intensidad de clarín y escalofriante convicción de sangre. La enloquecida hambre de un holocausto a escala mundial se remonta a los Zaddikim. Tan violentas y vengativas eran las creencias sostenidas por ese grupo que ellos tuvieron que retirarse a las colinas al Sur de Jerusalén, tanto para escapar de las autoridades romanas (que Qumrán era una fortaleza y no un pacífico asentamiento de "esenios" tipo hippies fue una de las conclusiones arqueológicas suprimidas por De Vaux), así como para evitar la ira de los devotos judíos predominantes que percibieron a los sectarios (correctamente) como un peligro para la supervivencia de la comunidad judía bajo la ocupación romana.

     La organización de los extremistas de Qumrán tenía tres capas. El grupo principal de ideólogos, los Zaddikim, sostuvo algunas creencias altamente esotéricas en cuanto a cómo el mundo terminaría y los Justos serían salvados. Alrededor de ellos había un grupo mesotérico, los Chassidim, "los Piadosos", que sabían menos sobre la ideología principal, pero la servían imponiendo estándares inhumanos de pureza a los miembros de la secta. En torno a esos dos círculos estaban los Celotes, una banda de asesinos como Judas Iscariote (literalmente, "Cuchillero") y ejecutores corpulentos como Simon Pedro (literalmente, "Rocoso"). Los Celotes eran conocidos asesinos que mataban a sus congéneres judíos tan fácilmente como lo hacían con los romanos. De hecho, la práctica de la crucifixión comenzó entre los judíos en los primeros días del movimiento de los Zaddikim, alrededor de 150 a.C. El ala militante de los Zaddikim eran terroristas, comparables a grupos islámicos como Hamás que hoy luchan por liberar Palestina de los judíos, tal como los Celotes luchaban para liberar el mismo territorio de la ocupación romana, hace más de 2.000 años.

     Entre esos terroristas había un personaje especial, Jesús de Palestina [3], un hombre reverenciado y protegido por los Celotes porque ellos lo consideraban como el libertador nacional, el Mesías que sería el Rey de los Judíos. Jesús era, en efecto, el Yaser Arafat del Frente Judío de Liberación.

[3] https://www.metahistory.org/LEX/lexicon_J.php#Jesuspalestine

     Contrariamente a la noción popular de que el cristianismo (en todas sus formas) surgió a partir de la religión judía, los estudios realizados en los Rollos del Mar Muerto por investigadores no controlados por el Vaticano ahora muestran que la forma larval del salvacionismo cristiano y católico únicamente se encuentra en la ideología de los Zaddikim, no en la religión predominante de los antiguos hebreos. Los "Justos" eran extremistas xenofóbicos que pusieron en peligro a los judíos corrientes y usaron la religión hebrea para montar una fase final política con Roma. Entre los Celotes había genuinos luchadores por la libertad que murieron por sus propias manos, en un estilo pagano, antes que rendirse a los romanos en Masada. Tales partidarios eran ignorantes de la secreta agenda del círculo interno. Después de 70 d.C. el movimiento para derrocar la ocupación romana no sobrevivió, pero la extraña ideología de los Zaddikim sí lo hizo.


El Complejo del Mesías

     En el momento en que el primer Fiscal General de George W. Bush, John Ashcroft, fue informado de su nombramiento, él estaba en su casa con su padre. Ashcroft colgó el teléfono, corrió a la cocina, cogió una botella de aceite Mazola, e hizo que su padre lo ungiera con él a imitación de los rituales mesiánicos del Antiguo Testamento. La palabra hebrea "mesías" simplemente significa "ungido con aceite". Desde el tiempo de Saúl, antes de 900 a.C., el rey judío que se sometía a esa ceremonia era llamado "Hijo de Dios". Originalmente, el título no tenía ninguna connotación de divinidad. Simplemente significaba que al rey se le requería que sirviera a Yahvé, el dios tribal, como un hijo sirve a su padre. De hecho, los antiguos hebreos rechazaban explícitamente la noción de la divinidad humana, y es por eso que los judíos devotos hoy no reconocen a Jesús como tal.

     El complejo del Mesías judío, que incluye la creencia de que los antiguos hebreos eran el Pueblo Elegido del único verdadero Dios Creador, nunca fue puesto en efecto en la religión judía predominante, y permanece hoy como un proyecto no realizado. Pero el mito sectario central sobrevivió, y se transformó extrañamente. Durante el Cautiverio en Babilonia, alrededor de 600 a.C., algunos hebreos religiosos absorbieron el mito persa de la Guerra Celestial en la cual el Bien Absoluto está en oposición contra el Mal Absoluto en su corpus teológico. Desarrollado posteriormente por los profetas visionarios como Ezequiel y Daniel, ese tema se convirtió en la obsesión central de los Zaddikim para quienes el Mesías era tanto un libertador nacional y racial como un vengador sobrenatural. Todo eso está escrito de manera obvia y clara en los Rollos del Mar Muerto, el milenario testamento de los Zaddikim.

     Cuando los Zaddikim, los Chasidim y los Celotes fueron eliminados por los romanos, para que no fueran a desestabilizar el Imperio, el Imperio consideró el Complejo Mesiánico como un virus contagiado por los conquistados a los conquistadores. De hecho, los intelectuales paganos de aquella época se refirieron al cristianismo como un "virus incendiario" que se estaba extendiendo por el mundo del Mediterráneo. La virulenta ideología del fin de los tiempos, al principio confinada a la pequeña secta de los Zaddikim, irrumpió en proporciones pandémicas por medio del mensaje "católico" de amor universal, que curiosamente resulta tener pegado a él un escenario de holocausto impulsado por el odio. Cuán extraño. De cualquier modo, la combinación de un mensaje religioso de amor con la garantía de una imposición totalitaria del Plan de Dios (un plan heredado de los antiguos hebreos, y originalmente destinado sólo a ellos, pero ahora revisado para el mundo en general) es una situación donde todos ganan, si es que usted está en el lado de Dios.

     Todo esto nos aleja una gran distancia de las agudas observaciones de Schlesinger, pero la continuidad es bastante evidente. La reciente alianza de la Derecha Protestante con católicos y judíos es una fusión inevitable, históricamente hablando, ya que las tres facciones comparten una raíz primaria común que se remonta a la creencia de los Zaddikim en el justo castigo divino. Con esta colusión infernal conduciendo los acontecimientos mundiales, las perspectivas son aterradoras. Al menos, Bill Moyers las encuentra así. Según mi conocimiento, él es el primer comentarista social en Estados Unidos ampliamente respetado por declarar en público que la teología fundamentalista del fin de los tiempos es demasiado extraña para ser creída. "Puedo ver —dice él— en el aspecto de vuestros rostros cuán difícil es para el periodista reportar una historia como ésta con alguna credibilidad".

     Esto es valiente y franco. Vemos a un respetado periodista haciéndose a sí mismo vulnerable. Pero en una perspectiva meta-histórica, Moyers ha comenzado apenas a abordar la cuestión de la credibilidad aquí. El hecho de que la teología del tiempo final (o teología de la aniquilación, como propongo que sea llamada) sea creíble para muchos es un hecho innegable de nuestros tiempos. Cualquier periodista podría reportarlo como tal. El truco es que el informe es creíble, pero aquello de lo cual reporta no es creíble para aquellos que no abrazan la ideología mesiánica del fundamentalismo. Lo que es más chocante para Moyers es que aquellos que están en la categoría de los no creyentes, los infieles, ahora se encuentran marginados en la historia, despotenciados social y políticamente por aquellos que realmente creen.

     Considerando la alarma señalada por Bill Moyers en su charla clave, realmente puede ser el tiempo de mirar las creencias religiosas con un ojo crítico, para ver si ellas podrían ser insanas e inhumanas. Por supuesto, es peligroso proponer la crítica de las creencias, como nosotros hacemos en este sitio web, porque aquello parece violar el principio general de la tolerancia hacia toda fe. ¿Pero qué sucede cuando usted tolera un sistema de creencias que es en sí mismo intolerante? La ideología genocida de los Rollos del Mar Muerto ejemplifica la intolerancia religiosa asociada con un fanatismo del fin de los tiempos. Una materia espeluznante, ésta. Pero la demencia no murió con los Zaddikim. La fórmula que una vez amenazó al Imperio romano llegó a ser incorporada en él. Más recientemente, ha sido incorporada en el imperialismo global y venerada en el corazón de millones que la aprecian en sus vidas, creyendo que ella representa un mensaje de amor universal entregado por el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue enviado a la Tierra por el Dios Padre. El mensaje de amor y tolerancia es como una capa de azúcar en la píldora genocida. Ahora, eso es realmente aterrador.


Cumplimiento del Plan

     Los actuales Cruzados del cristianismo mesiánico son guiados por una escritura reciente, el escenario del Rapto parafraseado por Monbiot, que en sí mismo es sólo una variación del complejo principal más antiguo, la ideología de los Zaddikim del fin de los tiempos. Siendo esto así, es bastante razonable suponer que George W. Bush y aquellos que están alrededor de él podrían tomar decisiones con una deliberada visión de apresurar el final, haciendo que las cosas empeoren para que el plan de Dios sea realizado, y mientras más pronto, mejor. "Doy la bienvenida a la fe para ayudar a solucionar los problemas nacionales más profundos", ha declarado George W. Bush (citado por Schlesinger). Cuando fue preguntado acerca de Iraq por Bob Woodward, uno de los periodistas que denunciaron el escándalo de Watergate, Bush respondió en una forma que dejó al reportero con la impresión de que "el Presidente estaba presentando su misión y la del país dentro de la gran visión del plan maestro de Dios".

     Bush le dijo a Woodward que antes de invadir Iraq él no buscó consejo de su padre mortal, que había luchado contra Sadam Hussein en la primera Guerra del Golfo de 1991, sino que él apeló a "un padre más alto". Schlesinger comenta:

     «El padre más alto evidentemente le dice lo que él más quiere oír y le imparte un impulso mesiánico a su discurso. George W. Bush se ha rehecho a sí mismo mediante una redención y transformación, y él bien puede considerar aquello como su destino dado por Dios para redimir y transformar el Oriente Medio».

     Todo esto parece bastante familiar ya, y podemos incluso estar aburriéndonos vagamente al oír hablar sobre las pretensiones mesiánicas presidenciales. Pero espere un segundo. Consideremos la demencial lógica de los Justos un poco más de cerca. Puede ser que el Presidente Bush declare un objetivo en público y persiga otro en realidad. Eso él lo haría para que sea completamente consecuente con su vocación divina y para implementar el Plan Divino. Así, la misión de "redimir y transformar el Oriente Medio" sería un pretexto, una tapadera para otras intenciones. ¿Y si, en primer lugar, la invasión de Iraq nunca se pretendió que tuviera éxito? Eso tiene sentido en términos de la teología de la aniquilación, ya que Iraq bien podría ser la movida decisiva en las Guerras Religiosas / Guerras del Petróleo que no pueden ser ganadas, y que finalmente llevarán al mundo tal como lo conocemos a un espantoso final.

     El Presidente Bush, un descendiente directo de los Zaddikim, los Justos, tiene el derecho dado por Dios para hacer que esto se desarrolle hasta el final de esta manera. O así él lo cree.


Imaginación Moral

     Lo que los Zaddikim quisieron hace 2.000 años en Palestina —la destrucción del mundo entero para que los Justos pudieran ser rescatados— podría suceder hoy a una escala global debido a las creencias sostenidas por millones de personas, creencias que ellos son reacios a, o incapaces de, cuestionar, y que ellos no tolerarán que sean puestas en cuestión por nadie. Bill Moyers está impresionado por la manera en que esas creencias están codificadas en la narrativa del fin de los tiempos como un drama histórico, incluyendo el "Rapto" (el rescate a último minuto de los creyentes), y la destrucción completa del mundo natural. Al concluír su discurso de aceptación, él pregunta en forma conmovedora: "¿Qué le ha sucedido a nuestra imaginación moral?".

     Buena pregunta ésa. Este sitio (Metahistory) trata de contestar aquella pregunta desde muchos ángulos. Una de las respuestas más sabias que conozco viene de Theodore Roszak. Escribiendo en "Where the Wasteland Ends" acerca del "extremismo patológico" de las creencias judeo-cristianas, Roszak dice:

     «Del judaísmo, el cristianismo heredó un apasionado interés por la historicidad de la creencia. En una forma que contrasta enormemente con la perspectiva mitopoyética [creadora de mitos] de todas las otras religiones, el judaísmo incorpora a los héroes y los prodigios de su tradición en una cronología mundana. Incluso las historias de la Creación y del Edén carecen del sentido de estar localizadas en el "tiempo del sueño hace mucho", que es la dimensión necesaria del mito...

     «Para los cristianos, este prejuicio heredado en favor de la historicidad se convirtió en el fundamento mismo de su soteriología [su creencia en la salvación divina]... Sólo el cristianismo podría reclamar validez histórica para su evangelio. Sólo él enseñó que la Palabra se hizo carne, en un tiempo, en un lugar, en una personalidad humana... Cristo perteneció a la Historia y sus rivales eran meros mitos.

     «Claramente, ocurrió con el advenimiento del cristianismo un cambio profundo en la conciencia que dañó severamente los poderes mitopoyéticos [de la Humanidad]» (pp. 133-134).

     Si el planeta está siendo llevado a la ruina en base a un psicótico escrito religioso, muchos de nosotros tenemos una causa genuina para estar alarmados; pero hay una preocupación más profunda también, una preocupación que Metahistory.org trata de abordar proponiendo una historia diferente para guiar a la especie.

     ¿Cómo, podemos preguntar, puede la reciente "versión escocesa" de la milenaria teología de la aniquilación de los Zaddikim tener tal poder sobre la imaginación humana? La meta-crítica de Roszak va al núcleo del dilema: el mito histórico tan amado por el Presidente Bush puede tener un gran atractivo porque algo detrás de aquella historia, algo que la produjo en primer lugar, dañó la imaginación humana en su centro. Debido a ese daño, nos rendimos a la narrativa del final de los tiempos y no podemos contrastarla con una historia diferente. Estamos imaginativamente despotenciados, como si algo extraño al espíritu humano se hubiera metido en nuestro Soñar como especie, atrofiando nuestra capacidad para imaginar nuestro lugar en la Tierra y en el cosmos en general.

     Si hay algún modo de corregir el curso de la Historia, si debe haber una sanación de la facultad de contar historias de la cual nosotros como especie dependemos para delinear nuestro camino, debe ser llevado a cabo en el núcleo donde el daño está localizado.

     ¿Cómo, entonces, localizamos el núcleo de la imaginación moral?.–



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