BUSCAR en este Blog

martes, 19 de septiembre de 2017

Germar Rudolf - Acerca del "Discurso de Odio"



     En el sitio inconvenienthistory.com fue publicado hace 18 días (vol. 9 Nº 3) el siguiente artículo del señor Germar Rudolf (The Fine Art of Hate-Speech Detection) que hemos traducido, un análisis del concepto de "discurso de odio" (a propósito de dichas legislaciones que por todas partes promueven los judíos mentirosos, diciendo que son para que no se repita el "Holocausto", enormemente fantaseado por ellos, porque faltan las pruebas materiales), viendo a qué se puede o no aplicar dicho concepto, cuándo es pertinente o no, y la hipocresía del odio tácito, que practican gobiernos y medios de comunicación. Ese concepto totalitarista de Izquierda, se sabe, es sólo otra palabra para hechizar a las masas, haciéndolas creer que se trata de algo obvio, sensato y humanitario, siendo que es sólo otra vulgar engañifa destinada a suprimir la libre expresión y la voluntad de defensa propia ante amenazas sociales evidentes.


El Bello Arte de la Detección del "Discurso de Odio"
por Germar Rudolf
1º de Septiembre de 2017



Resumen

     El "discurso de odio" es por lo general definido como un ataque verbal contra alguien o contra algún grupo, en base a algún rasgo (invalidez, género, religión, pertenencia étnica, raza, etcétera). Para calificarlo así, puede bastar que alguien encuentre ofensivo aquel discurso. El "discurso de odio" es por lo tanto definido no por lo que dice sino por si es odiado por alguien. En este artículo trataremos de definir el "discurso de odio" de un modo racional y objetivo, lejos de la arbitrariedad y de los sentimientos subjetivos.


* * * *

    «Una de las lecciones más tristes de la Historia es ésta: Si hemos sido embaucados el suficiente tiempo, tendemos a rechazar cualquier prueba del embaucamiento. Ya no estamos interesados en la averiguación de la verdad. El embaucamiento nos ha capturado. Es simplemente demasiado doloroso reconocer —incluso ante nosotros mismos— que hemos sido tan crédulos. (De esa manera, los viejos engatusamientos tienden a persistir a medida que surgen otros nuevos)» (Carl Sagan) [1].

[1] Carl Sagan, "The Fine Art of Baloney Detection", Parade Magazine, 1º de Febrero de 1987, pp. 12 y s.; www.csicop.org/uploads/files/ParadeFeb11987.pdf

     El negar a ciertos grupos sus derechos civiles, como la libertad de expresión, comienza por describirlos falsamente como poseedores de una agenda destinada a la violación de los derechos civiles de otra gente. El CODOH (Committee for Open Debate On the Holocaust) es con frecuencia y falsamente puesto junto con los "nazis", que son comúnmente —y grotescamente— vistos como apuntando al asesinato masivo de todo el que no sea rubio y de ojos azules.

     El Discurso de Odio está en todas partes alrededor de nosotros, o al menos así se nos dice. El Southern Poverty Law Center (SPLC) es una de aquellas organizaciones que nos instruyen acerca de ese triste "hecho" todo el tiempo, y ellos también ponen en una lista a los "odiadores" a los cuales afirman haber encontrado en Estados Unidos. Entre ellos están los malvados Negadores del "Holocausto", de los cuales aquel Centro enumera sólo a unos pocos individuos o grupos [2], y al CODOH inevitablemente entre ellos. Hay otros grupos que hacen lo mismo, como la judía ADL (Anti-Defamation League) y la también judía organización Hillel International, por ejemplo. En su tentativa de bloquear el Proyecto Campus del CODOH, la ADL calificó los avisos clasificados presentados por el CODOH a periódicos estudiantiles como "presentaciones de odio" [3]. Esa categorización había sido popularizada por Deborah Lipstadt en su libro de 1993 "Denying the Holocaust", que fue un importante primer esfuerzo para frustrar la campaña de anuncios del CODOH.

[2] www.splcenter.org/fighting-hate/extremist-files/ideology/holocaust-denial: The Barnes Review, Campaign for Radical Truth in History (Michael Hoffman), Carolyn Yeager, CODOH, Deir Yassin Remembered, IHR (Mark Weber), Irving Books (David Irving), The Realist Report (John R. Friend de The American Free Press/The Barnes Review).
[3] ADL on the Frontline. Anti-Defamation League, edición especial del verano de 2003.

     Por supuesto, nadie quiere que el "discurso de odio" sea difundido. O tal vez yo debería decir que cada uno debería oponerse a él. Pero aquello debería referirse a todo discurso de odio, no sólo a la clase que el SPLC, la ADL y la doctora Lipstadt quieren ver suprimida. Ése es un camino de insospechadas consecuencias para avanzar, como John Sack insinuó cuando él escribió en 2001 [4]:

    «Nadie [en una conferencia revisionista del año 2000] había dicho alguna vez algo ni siquiera remotamente parecido a lo que dijo Elie Wiesel: "Cada judío, en algún sitio en su ser, debería poner aparte una zona de odio —un odio sano, varonil— para lo que persiste en los alemanes" [5], y nadie había dicho algo como lo de Edgar Bronfman, el presidente del Congreso Judío Mundial [WJC]. Un impactado profesor le dijo a Bronfman una vez: "Usted está enseñando a una generación entera a odiar a MILES de alemanes". Y Bronfman contestó: "No, yo estoy enseñando a una generación entera a odiar a MILLONES de alemanes". Un odio judío como aquel odio contra los alemanes, o como el odio alemán que vi en cada página del libro "Hitler’s Willing Executioners" [de Daniel Goldhagen, 1996], absolutamente no lo había visto [...]».

[4] John Sack, "Inside the Bunker", Esquire, Febrero de 2001, pp. 98-140; http://germarrudolf.com/wp-content/uploads/2012/04/ListPos62.pdf
[5] Elie Wiesel, Legends of Our Time, New York, 1982, cap. 12, "Appointment with Hate", comenzando en la p. 142.

     De ahí que si debemos ser tratados de manera pareja, ¿deberían Elie Wiesel, Edgar Bronfman y la ADL en general, y Daniel Goldhagen así como otros eruditos que escriben en un estilo similar, ser todos clasificados como agitadores del odio y como grupos de odio?.

     El hecho es que algo no es odio sólo porque alguien así lo dice. Como Deborah Lipstadt correctamente declaró:

    «Cuando alguien hace una afirmación escandalosa, aunque pueda tener uno de los cargos más altos en el país, si no en el mundo, debemos decirle: ¿Dónde está la prueba?, ¿dónde está la evidencia? ¡Debemos hacerle sentir una presión para que se responsabilice!» [6].

[6] Discurso pronunciado el 7 de Abril de 2017, en la Universidad de Oxford, Inglaterra; https://www.youtube.com/watch?v=wgPLG_1BvQo

     De ese modo, ¿dónde está la prueba de que el CODOH —y, por extensión, el revisionismo del "Holocausto" en general— está difundiendo mensajes odiosos? Y si ellos hacen aquello, ¿en qué difieren sus mensajes de los que Elie Wiesel solía difundir, o de los que la ADL y el WJC difunden? Para encontrar una respuesta a esto, tenemos que definir primero cómo detectar el discurso de odio. Para hacer eso, tenemos que definir primero qué es "discurso de odio". Hay diversos modos de definirlo, y aquí hay algunos de ellos:

    1. El discurso de odio puede ser reconocido por el efecto que tiene sobre otros. Hace a la gente odiar a otra gente o grupos de personas.

    2. El discurso de odio puede ser reconocido por el lenguaje usado. Usa palabras ofensivas, difamatorias, insultantes, calumniosas, denigrantes o menospreciativas para describir a otra gente o grupos de personas.

    3. El discurso de odio puede ser reconocido por las acciones que sugiere. Propugna que los derechos civiles de otros o de grupos enteros sean violados, o al menos sugiere, justifica o excusa tales acciones.

     Esta lista no necesariamente es completa, y está demás decir que el discurso puede consistir en cualquier combinación de estas tres características. Echemos un vistazo ahora a cada una de estas definiciones posibles.


1. Efectos Odiosos sobre Otros

     Cuando Jesucristo difundió su mensaje en Judea, éste fomentó el odio entre algunos de sus congéneres judíos, lo que lo llevó a ser crucificado y a sus seguidores ser perseguidos. Aquella odiosa persecución finalmente abarcó al Imperio romano entero. Ese odio, por supuesto, estaba dirigido contra Jesús, su mensaje y contra aquellos que lo seguían y lo difundían. Una vez que el mensaje de Jesús se hubo convertido en la doctrina estatal en el siglo IV d.C., sin embargo, aquella persecución en nombre de los mensajes de Jesús se volvió contra todos aquellos que habían rechazado dar la bienvenida y seguir el mensaje de Jesús. La odiosa persecución resultante de herejes e incrédulos por parte de la que fue llamada más tarde la Santa Inquisición duró profundamente hasta los tiempos modernos. El mensaje de Jesús fue por lo tanto capaz de desencadenar sentimientos odiosos, y por ende reacciones, tanto en sus opositores como en sus seguidores, con millones sufriendo tremendamente, como consecuencia, durante aproximadamente dieciocho siglos. ¿Significa eso que el mensaje de Jesús es discurso de odio y por lo tanto tiene que ser prohibido? La misma pregunta podría ser planteada acerca de cualquier religión, y, más aún, sobre cualquier ideología política.

     Aquí hay otro ejemplo en este mismo sentido: cuando Martín Lutero difundió su mensaje evangélico y Protestante en Alemania en el siglo XVI, aquello fomentó el odio entre sus compatriotas alemanes dirigido contra la opresiva Iglesia y las autoridades estatales, lo que resultó al final en las Guerras de los Campesinos en Alemania, y finalmente en la primera Guerra de los Treinta Años entre 1618 y 1648, que devastó Europa Central. Hasta este día, Protestantes y católicos mantienen rencores unos contra otros que hasta no hace mucho tiempo pudieron hacer erupción muy violentamente en lugares como Irlanda del Norte. Por lo tanto, el mensaje de Martín Lutero provocó sentimientos odiosos y en consecuencia reacciones en otros, con millones sufriendo tremendamente durante los últimos cinco siglos. ¿Significa eso que el mensaje de Lutero es discurso de odio y por lo tanto tiene que ser prohibido?.

     Demás está decir que no tenemos que limitar esta cuestión a la religión y la política. Tome el ejemplo de Charles Darwin. Cuando él difundió su teoría de la evolución, muchos cristianos se sintieron —y muchos todavía se sienten— profundamente ofendidos por ello. Por otra parte, bastantes personas han desarrollado sentimientos poco amables hacia los cristianos que rechazan la teoría de Darwin. Sólo en unos pocos casos esos sentimientos pueden intensificarse hasta el odio. Sin embargo, la teoría de Darwin tuvo repercusiones que han infundido mucho más odio, comenzando con el movimiento de eugenesia, el darwinismo social, y la gama entera de ideolologías racialistas y racistas que están todas arraigadas en algún grado en la teoría de Darwin de la "supervivencia del más apto". De ahí que puede haber poca duda de que mucho odio fue instigado entre la Humanidad a consecuencia de la teoría de Darwin. ¿Significa eso que la teoría de Darwin es discurso de odio y por lo tanto tiene que ser prohibida?.

     He elegido estos tres ejemplos porque en estos casos responder las preguntas planteadas es fácil. En todos estos casos, la respuesta es un categórico NO. Esto significa que si un discurso es odioso, eso no puede ser determinado por las reacciones de otros. Esto es así, porque la manera en que los otros reaccionan ante un discurso no depende simplemente de sus contenidos sino de muchos factores más, como el contexto histórico, cultural y social así como la predisposición de cada individuo ante dicho discurso.

     Es un hecho triste el que la gente a menudo oye algo más que lo que un mensaje realmente dice, o ellos hacen algo más a partir de ello. No hay nada en los discursos de Jesús que justifiquen la persecución de no-creyentes, así como no hay nada en las tesis de Lutero que llamen a levantamientos violentos, o en la teoría de Darwin que justifique la denigración de la religión, o el racismo de cualquier clase. El odio hizo erupción y sigue haciendo erupción porque la gente puso y todavía pone en boca de Jesús, o de Lutero o de Darwin cosas que ellos no dijeron, o a veces incluso cosas completamente opuestas a lo que ellos dijeron y enseñaron.

     Volviendo al revisionismo del "Holocausto", está claro que su mensaje puede infundir odio en otros. La mayor parte de las personas desarrolla sentimientos poco amables contra el mensajero, pero también puede haber algunos que desarrollan sentimientos poco amables contra individuos o grupos que están difundiendo muy visiblemente la narrativa ortodoxa del "Holocausto", que se están beneficiando de ella, o que se oponen a su revisión por medios a veces completamente violentos, los judíos muy destacadamente entre ellos. Sólo en una minoría de casos, sin embargo, aquellos sentimientos poco amables escalarán hasta el odio. El mensaje revisionista como tal, sin embargo, no contiene nada sobre actitudes hacia alguien. Es simplemente acerca de la revaloración de acontecimientos históricos (afirmados) a la luz de nuevas evidencias, pasadas por alto o reevaluadas. Por supuesto, hay escritos de revisionistas y de sus partidarios que tratan con actitudes hacia otros, pero ése es un asunto aparte, o al menos debería serlo.

     De ahí que las aseveraciones fácticas, basadas en pruebas, sobre acontecimientos históricos nunca pueden cumplir el criterio del "discurso de odio". Sólo porque otros desarrollen sentimientos poco amables cuando aprenden sobre ellos no cambia este hecho. Si una declaración fáctica acerca de un acontecimiento desencadena emociones en gente no directamente involucrada en el acontecimiento, la razón de eso por lo general puede ser encontrada en el modo en que ellos han sido condicionados como individuos y como miembros de una sociedad y una cultura que son parte de un cierto zeitgeist [espíritu de época].

     Es verdad que cualquier acontecimiento que implica a perpetradores y víctimas tiende a provocar emociones fuertes, y lo mismo hacen las declaraciones hechas sobre tal acontecimiento. Es por lo tanto sabio elegir palabras de empatía cuando se trata con tales acontecimientos, pero, sin importar  lo que digamos, casi siempre hay alguien que se ofenderá por lo que se dice. Si a todos se nos requiriera que nos quedáramos en silencio a fin de evitar ofender a alguien —ya que ello podría conducir a odiar— la Humanidad tendría que abandonar su capacidad de hablar.

     El punto de vista de la corriente principal en cuanto a esto es, sin embargo, diferente. Cuando se trata del revisionismo del "Holocausto", mientras menos calumnioso e incitador es un discurso, más peligroso es considerado por la corriente principal. Por ejemplo, el periodista alemán Patrick Bahners una vez declaró acerca del revisionismo del "Holocausto":

     «Pero es pasado por alto el hecho de que la intención de incitar [al odio] no puede ser sólo reconocida por errores de forma, lo cual permite distinguir entre conversaciones de taberna y una conferencia científica. Muy por el contrario, la incitación perfeccionada en la forma es particularmente pérfida» [7].

[7] Patrick Bahners, "Objektive Selbstzerstörung", Frankfurter Allgemeine Zeitung, 15 de Agosto de 1994, p. 21.

     Según esta lógica, mientras más científico y académico, impasible y serio, y por ende fáctico y bien fundamentado, es un discurso, es más probable que incite al odio. Éste es el modo en que el establishment ortodoxo del "Holocausto" mira el revisionismo del "Holocausto". Si debiéramos aplicar este enfoque de manera análoga, la investigación de Charles Darwin merecería ser quemada en la hoguera, y Darwin probablemente al lado de ella. Ésa es la clase de actitud anti-intelectual y anti-científica que pone en peligro a la sociedad moderna en general, como Carl Sagan ha observado correctamente [8].

[8] https://www.youtube.com/watch?v=U8HEwO-2L4w


2. Lenguaje Odioso

     Despotricar contra personas o grupos de personas, o injuriarlas, es un buen indicador de un discurso de odio, aunque eso pueda depender del contexto. Si un afro-estadounidense dentro de su círculo llama a  sus congéneres como "niggers", aquello no es visto como un insulto, porque aquella expresión es comúnmente usada entre muchos afro-estadounidenses, pero si un miembro de algún otro grupo usa aquella palabra, eso es visto como una expresión de denigración y por lo tanto de odio. Si eso es siempre así, podría nuevamente depender del contexto.

     La situación se hace más compleja cuando se trata de expresiones que no son denigratorias en sí pero que contienen acusaciones específicas que pueden ser verdaderas o falsas. Por ejemplo, llamar a alguien un criminal, un embaucador o un mentiroso puede ser o no un insulto, dependiendo de si la acusación puede ser demostrada como verdadera. Es diferente, sin embargo, cuando se hacen acusaciones generales contra grupos enteros, como decir "Todos los judíos son mentirosos". Excepto de un modo trivial —en términos de que toda la gente es mentirosa, ya que cada uno ha mentido al menos una vez en algún punto en su vida—, no hay ninguna forma de demostrar alguna vez que tal declaración es verdadera, y de ahí que sea difamatoria y que tenga la capacidad de infundir sentimientos de odio.

     Wikipedia dice: "El discurso de odio es el discurso que ataca a una persona o grupo sobre la base de atributos como raza, religión, origen étnico, orientación sexual, invalidez o género". Aquella definición es insostenible. Considere la religión. Si es legítimo criticar a una religión, entonces ¿por qué no es igualmente legítimo criticar, o incluso atacar verbalmente, a una persona que adhiere a aquella religión?.

     Hay casos límites o indeterminados, como sostener que los judíos controlan la política extranjera estadounidense, o que el gobierno estadounidense es un ZOG, un Gobierno Ocupado por los Sionistas (Zionist Occupied Government). Tal declaración puede en teoría ser mostrada como correcta o al menos permisible, si la afirmación, general y exagerada como pueda ser, apunta en una dirección que está más cercana a la verdad que cualquier otra evaluación similar. La hemos visto en el proceso judicial de David Irving contra Deborah Lipstadt. Aunque el tribunal encontró que algo de la declaración de Lipstadt sobre Irving era difamatorio, encontró que el libro de Lipstadt no era difamatorio como un todo, ya que las cosas que afirmó correctamente eran lo bastante cercanas a la verdad como para hacer irrelevantes los pocos errores que contenía.

     Los textos revisionistas del "Holocausto" tratan con Historia. Ellos no usan términos calumniosos en ningún respecto, ni tampoco por lo general tienen que ver con hacer acusaciones generales contra ningún grupo particular. Donde ellos las hacen, ellos están por lo general calificados en términos de ofrecer pruebas para apoyar sus afirmaciones. Más frecuentes son acusaciones dirigidas contra testigos —víctimas, personas presentes, perpetradores— de equivocarse, exagerar y mentir, en cada caso respaldadas por lo general con evidencias.

     La narrativa ortodoxa del "Holocausto" está en gran parte basada en evidencia anecdótica. Si aquella narrativa afirma estar respaldada por investigación académica, tiene que permitir, e incluso dar la bienvenida, a la evaluación crítica de las afirmaciones hechas. Los errores, las exageraciones y las mentiras de parte de testigos son el pan diario de cada historiador, y uno de los deberes de un estudioso activo en aquel campo es separar el trigo de la barcia. Aunque usar palabras potencialmente ofensivas para describir la carencia de exactitud y fiabilidad de un testigo debería ser evitado tanto como sea posible a fin de mantener una actitud desapegada, objetiva y académica, hay a veces casos clarísimos de mentiras donde debe ser permitido llamar a las cosas por su nombre sin ir en contra de la policía del pensamiento. Porque enfrentémoslo: la gente realmente miente todo el tiempo. De hecho, aprender cómo mentir y cómo tratar con mentiras y mentirosos es una habilidad muy importante que los niños deben aprender a fin de tener éxito en las sociedades humanas [9]. La investigación ha mostrado que mentimos todo el tiempo, en particular a nosotros mismos [10]. De este modo, como un revisionista del "Holocausto", puedo preguntar justificadamente: ¿por qué deberían los judíos ser la única excepción a la regla, en particular cuando se trata de un tema donde tanto está en juego para ellos? A fin de cuentas, la prueba sólo está en las evidencias.

[9] Kang Lee y Victoria Talwar, Children and Lying: A Century of Scientific Research, Oxford, 2014.
[10] Dan Ariely, The Honest Truth About Dishonesty: How We Lie to Everyone – Especially Ourselves, Nueva York 2013; Bella DePaulo, Behind the Door of Deceit: Understanding the Biggest Liars in Our Lives, California, 2009; Idem, The Lies We Tell and the Clues We Miss: Professional Papers, California, 2009; Idem, The Hows and Whys of Lies, California, 2010.

     Y, nuevamente, sólo porque algún individuo resulta ser en efecto un mentiroso, eso no significa que la gente entonces tiene derecho a desarrollar sentimientos de odio hacia aquella persona. Decir "Usted es un mentiroso" no contiene el mensaje "y por lo tanto a usted hay que odiarlo", en particular considerando que la mentira y la exageración sobre nuestras experiencias pasadas es más común que lo que la mayoría de la personas piensa. Si una persona salta a aquella conclusión de todos modos, es bajo su propia responsabilidad.

     Recuerdo que cuando yo era joven estaba muy impresionado por la manera en que un centro de estudios políticos alemán estaba evaluando estadísticamente los discursos de varios miembros del Parlamento según su "radicalidad". Ellos buscaron palabras que fueran consideradas negativas, como términos insultantes, rencorosos, o incluso odiosos, dándoles a cada una de esas palabras un valor según cuán extremos aquellos términos eran considerados, e hicieron una estimación. Su investigación mostró que mientras más las opiniones políticas de una persona eran consideradas "alejadas del centro", más radical era su elección de palabras.

     Hoy tengo serias reservas sobre aquel enfoque, porque por fuerza tiende a retratar a aquellos que están en el poder como moderados, mientras que aquellos que están en la oposición son descritos como más o menos radicales, dependiendo de cuánto ellos estén en oposición a lo que aquellos que están en el poder hacen o proponen hacer. Por la naturaleza misma de la democracia y el parlamentarismo, sin embargo, es la obligación de una oposición criticar a un gobierno y considerarlo responsable de lo que ellos hacen o planean. Aquellos que están en el poder siempre pueden ser más relajados, mientras que aquellos que están en la oposición tienen la libertad de ser más profundos, e incluso radicales, con su crítica.

     Si miramos el actual abuso de poder por parte de los gobiernos, es claro que una oposición que hace conocido tal abuso usará a veces palabras fuertes para describir aquel abuso, mientras que un gobierno tiene la tendencia a encubrir o justificar aquel abuso en términos serenos e incluso legales que parezcan muy razonables. En casos extremos, donde un gobierno realmente persigue a una oposición, las impotentes víctimas de aquella persecución podrían gritar que ha habido un asesinato sangriento, mientras el gobierno simplemente los describe como criminales comunes sujetos a procedimientos absolutamente normales y justificables. Si debiéramos analizar los discursos de uno u otro lado en tal lucha usando el enfoque ya descrito, resultaría que la oposición es extremadamente radical, mientras que el gobierno es moderado, cuando de hecho lo exactamente opuesto podría ser verdadero. De ahí que, por su mismo diseño, tales análisis del discurso político tienden a justificar y por ello a estabilizar gobiernos, mientras debilitan la credibilidad de grupos opositores.

     A lo que llego aquí es que el discurso tiene que ser visto en su contexto. Para dar un ejemplo: durante la lucha contra el apartheid sudafricano, el ANC (Congreso Nacional Africano) usó términos radicales en su lucha contra las políticas del gobierno, mientras que el gobierno sudafricano usó comedidos términos legales para describir su represión de ese grupo opositor. Podemos aplicar esto a cualquier configuración política. De ahí que los discursos políticos no puedan ser justamente evaluados sin su apropiado contexto político y social. Si un grupo opositor tiene justificados motivos de queja, también es justificado usar términos apropiados para expresarlos. Mientras más extremos los agravios, más ellos justifican expresiones extremas en respuesta.


3. Sugerencia o Justificación de Acciones Odiosas

     Pero ¿dónde se detiene eso? Para seguir con mi ejemplo, durante la época del apartheid sudafricano algunos miembros del ANC a veces propugnaron o justificaron el uso de la violencia contra representantes del gobierno, contra otros grupos étnicos, o contra grupos opositores competidores. Aunque es verdad que la persecución política que sufrieron los miembros del ANC hizo aceptable para ellos usar palabras fuertes al hablar de ello, el abogar, sugerir o justificar la violación de los derechos civiles de otros es la línea misma que tenemos que trazar como límite. Sobrepasarla es inaceptable.

     Bajo ciertas circunstancias, todos los gobiernos de este mundo recortan los derechos civiles de sus subordinados, cuando castigan a los quebrantadores de la ley por delitos cometidos. Tal procesamiento legal puede convertirse en una persecución ilegítima, sin embargo, si y cuando la propia ley está en violación de los derechos humanos inalienables. Entonces, el justificado recorte de los derechos civiles se convierte en la violación de ellos. La legislación de "discurso de odio" es un ejemplo. Si tal legislación proscribe el discurso no porque llame a la violación de los derechos civiles o humanos de otras personas, sino simplemente porque algún sector de la población podría desarrollar sentimientos poco amables hacia otros al escuchar un discurso, entonces el "discurso de odio" no es definido por su contenido sino por el efecto que podría tener sobre otros.

     Si las condiciones políticas o sociales están sintonizadas de manera acorde, tales leyes pondrían en peligro a Jesucristo, Nicolás Copérnico, Giordano Bruno, Galileo Galilei, Martín Lutero, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, Charles Darwin, Mahatma Gandhi, Martin Luther King y a todos los otros héroes de nuestra civilización. En efecto, cuando se ve el destino de esos individuos, vemos que la mayor parte de ellos sufrieron realmente en un grado u otro debido a aquella actitud gubernamental.

     En consecuencia, el "discurso de odio" nunca puede ser definido porque alguien desarrolle sentimientos de odio, sino porque el discurso mismo pida o justifique violaciones de derechos civiles de otros.

     Piense en la discusión en Estados Unidos, en el contexto de la "guerra contra el terrorismo", de si debería ser justificado someter a sospechosos a la tortura. Los individuos que justificaron métodos de interrogación de tercer grado argumentaron muy fría y racionalmente. No había ninguna terminología odiosa en su lenguaje, ningún término radical en lo que ellos expresaron. Y sin embargo ellos abogaron por y justificaron la violación de los derechos humanos de otros. Eso fue y es discurso de odio en su forma más pura, pero fue transmitido y tomado en serio por todos los medios establecidos de comunicación, quienes no parecen tener algún instrumento racional y sistemático para detectar el discurso de odio. Ellos sólo confían en sus sentimientos, en lo que ellos "sienten" con respecto a un discurso. Si ellos lo odian, debe ser odio. Esa discusión sobre la tortura no estaba ocurriendo en un vacío, a propósito, sino en un momento en que gente estaba —y todavía está— siendo sometida a condiciones, en Guantánamo y en otras partes, que sólo pueden ser descritas como groseras violaciones de sus derechos humanos.

     El "discurso de odio" por lo tanto no tiene necesariamente que usar términos odiosos. De hecho, abogar por o justificar que los derechos civiles de alguien deberían ser violados es más eficaz si eso va acompañado de un desapego emocional y un razonamiento académico. Pero eso todavía es discurso de odio, a pesar de todo.

     Por otra parte, las expresiones de odio son no necesariamente "discurso de odio". Yo odio a las arañas de rincón por el veneno de su mordedura, pero aquella expresión no se convierte en discurso de odio. El odio es una emoción que puede estar justificada a veces. Todo depende de las circunstancias, y depende de lo que yo haga de ello. Así como el amor no permite que nosotros dañemos a la gente, el odio tampoco nos da permiso de dañar o destruír inhumanamente a los objetos de nuestro desdén, o preconizar o justificar tales actos.


4. Silencio Odioso

     Existe otra forma de "discurso de odio" de la que raramente se habla: justificar acciones odiosas. En la "guerra contra el terrorismo", la mayoría de los medios predominantes de comunicación han estado y siguen mirando hacia otro lado cuando se trata de violaciones gubernamentales de derechos civiles, ya sea que ocurran en Estados Unidos, en Bahía Guantánamo, en Iraq o en otras partes. Las guerras tienden a tener aquel efecto sobre los medios predominantes de comunicación. Ellos se convierten en lacayos del gobierno. No fue algo diferente durante y después de la Segunda Guerra Mundial tampoco, cuando las victoriosas naciones Aliadas cometieron sus propios crímenes contra la Humanidad al poner en práctica una política de venganza contra el pueblo alemán. Muchas publicaciones mediáticas de aquellas naciones decidieron mirar hacia otra parte. El New York Times, por ejemplo, decidió no reportar nada sobre la masiva matanza y limpieza étnica anti-alemana que ocurrió en Europa después de la guerra. Después de todo, los alemanes se lo merecían, así que acéptelo.

     De ahí que haya un discurso de odio —discurso que aboga por o justifica la violación de los derechos humanos de otros— y también un silencio odioso, una justificación tácita de actos odiosos que equivale a ayudar e incitar a la comisión de crímenes, en particular si son cometidos por gente cuyo trabajo es reportar acerca de tales cosas: los periodistas de los medios predominantes de comunicación.

     Este fenómeno está más extendido de lo que pensamos. La censura por omisión es una práctica común de todos los medios de comunicación. Hay siempre algunos temas que ellos no cubrirán, o lo harán sólo de un modo tendencioso y negativo, y hay algunos individuos o grupos de personas sobre los cuales los medios predominantes de comunicación simplemente no dirán nada positivo o que los apoye, no sea que eso pudiera ayudar de alguna forma a esos parias. La razón de esto es que esos grupos que están en los márgenes de la sociedad por lo general tienen una agenda, sea política o de otra clase, que es despreciada —o incluso odiada— por los medios predominantes de comunicación. De ahí que si los miembros de un grupo tan excluído son injustamente perseguidos, los medios simplemente no hablarán de manera franca. Peor aún, los medios de comunicación podrían realmente verter combustible sobre el fuego de la persecución, pidiendo que sea intensificado, de modo que aquellos que se lo estaban buscando desde el principio finalmente reciban lo que merecen.

     Tanto el discurso de odio como el silencio odioso son más peligrosos cuando son cometidos por aquellos que tienen poder e influencia: por el gobierno, y por los medios predominantes de comunicación. Ambos tipos de odio por lo general aparecen bajo la capa de la respetabilidad, la integridad, y la argumentación moderada y razonada. De ahí que ambos casos sean incluso raramente notados alguna vez.


5. ¿Dónde Está el CODOH en Todo Esto?

     El CODOH (Committee for Open Debate On the Holocaust) tiene la política de no aceptar, publicar, apoyar o promover ningún material que abogue, justifique o excuse la violación de los derechos civiles de otros.

     La revisión de la historia de la narrativa ortodoxa del "Holocausto" es tan absolutamente aceptable como la revisión de cualquier otro capítulo de la Historia. Nosotros trazamos la línea límite, sin embargo, si alguien trata de justificar o excusar las violaciones de derechos civiles cometidas por el Tercer Reich. Podemos discutir si hubo cámaras de gas homicidas usadas por el Tercer Reich para asesinar gente en masa, o si el Tercer Reich planeó y puso en práctica una política de exterminio contra judíos, polacos, rusos, gitanos, Testigos de Jehová, homosexuales, etc., hasta que nos cansemos, pero no aceptaremos, publicaremos, apoyaremos o promoveremos nada que trate de justificar el uso de cámaras de gas homicidas, o cualquier otra forma de asesinato, o la implementación de cualquier clase de política que viole los derechos civiles, ya se trate de una política de limpieza étnica, deportación, trabajos forzados o exterminio.

     Si eso sucedió, es injustificable. Si no ocurrió, el registro tiene que ser corregido. El único modo de distinguir entre uno y otro caso es teniendo un debate abierto sin amenazas ni insultos contra nadie.

     Nuestro compromiso, sin embargo, no se detiene con el pasado. Tampoco aceptaremos, publicaremos, apoyaremos o promoveremos nada que preconice o justifique la violación de derechos civiles de alguien hoy o en el futuro. De ahí que nada que publicamos sobre el pasado justifica acusaciones de violaciones de derechos civiles hoy o en el futuro.

     Esto sigue la ya milenaria regla de oro de que no debemos desear a otros lo que no queremos que nos suceda a nosotros. Claro y simple.

     Por consiguiente, todos aquellos que acusan al CODOH de ser un "grupo de odio" que difunde un "discurso de odio" no sólo están completamente equivocados, sino que el zapato realmente puede ser del otro pie. Si ellos promueven, justifican o excusan que nosotros en el CODOH, nuestros miembros y partidarios, seamos privados de algunos de nuestros derechos civiles sólo porque a ellos no les gustan nuestras pacíficas discusiones de acontecimientos históricos, entonces su discurso calza perfectamente con el verdadero discurso de odio.

     A veces, mirarse en un espejo es el modo más rápido de descubrir a una persona involucrada en el discurso de odio...–





No hay comentarios:

Publicar un comentario