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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Dwight D. Murphey - Sobre el "Discurso de Odio"



     Dwight D. Murphey (1934), abogado, profesor y escritor estadounidense, publicó en 2003 en el vol. 43 Nº 3 de Mankind Quarterly el siguiente artículo (Conceptual Issues in Prohibiting "Hate Speech") que hemos traducido tanto de dicho texto como del publicado en su página personal (dwightmurphey-collectedwritings.info), que contiene algunos añadidos. Aquí el autor analiza de manera profunda e impecable algunos componentes conceptuales y consecuencias lógicas de lo que se ha dado en llamar "discurso de odio", el cual, como se expone aquí, tiene claros orígenes en la Izquierda estadounidense de los años '60, influída, cómo no, por la malhadada y siniestra Escuela de Frankfurt, completamente judeo-comunista.


Problemas Conceptuales en la Prohibición
del "Discurso de Odio"
por Dwight D. Murphey, 2003




     El "discurso de odio", diversamente definido, ha llegado a ser prohibido en varios países y, a pesar del apoyo arrollador de la Corte Suprema estadounidense a la libre expresión, es materia de códigos de expresión en los campus de muchos recintos universitarios estadounidenses. El autor está entre aquellos que ven dicha prohibición como una amenaza para la investigación académica seria en particular y para la libertad de expresión en general. A menos que el "discurso de odio" sea definido de manera precisa como prácticamente equivalente a lo que la Corte Suprema estadounidense llama "palabras beligerantes", dice él, se trata de un concepto que es de varios modos profundamente defectuoso.


     La extendida prohibición en años recientes del "discurso de odio" y de la "literatura de odio" está tan llena de ambigüedades, superficialidades intelectuales y dobles estándares, que ella plantea un serio impedimento a la investigación académica y a los valores de una sociedad abierta. Estados Unidos, con su Corte Suprema que ha defendido durante mucho tiempo la afirmación más fuerte posible de la libertad de expresión, es una excepción notable a lo que en otras partes ha sido una poderosa tendencia hacia el castigo de ciertas formas de expresión. Este artículo explorará diversos aspectos de la cuestión del "discurso de odio":

• Algunos ejemplos principales de su uso contra el esfuerzo académico;
• las diversas definiciones de "discurso de odio";
• la legislación y los códigos de expresión que lo prohíben; y
• las muchas dificultades conceptuales de dicha categoría, entre las que se incluyen:

   —un fracaso para comprender el enorme grado de, y las justificaciones para, la animosidad humana;
   —el grado hasta el cual el mundo de la Izquierda ha hecho de ese concepto un arma contra ideas competidoras; y
   —un amplio surtido de otros fracasos intelectuales que están presentes tanto en el concepto como en su aplicación.


1. El Uso del Concepto de "Discurso de Odio" Está en Contra de la Investigación Académica Seria

     Hace poco más de 50 años, la comunidad intelectual mundial se indignó cuando la Unión Soviética de Stalin hizo de la ciencia un instrumento de la ideología. En 1948 la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas respaldó la teoría formulada por el biólogo Trofim D. Lysenko de que un organismo transmite propiedades adquiridas en el medioambiente a la siguiente generación. Toda la enseñanza de la teoría de Mendel de la herencia sólo a través de los genes fue suprimida a partir de entonces en la Unión Soviética hasta más de una década después de la muerte de Stalin en 1953. Los descubrimientos genéticos de Mendel fueron denunciados como "ciencia burguesa".

     El "Caso Lysenko", como llegó a ser conocido, escandalizó al mundo científico. La incompatibilidad de tal manipulación ideológica de la investigación científica con la naturaleza de la ciencia como una investigación en curso de hechos y sus implicaciones, emprendida de buena fe y con estricta honestidad, fue ampliamente entendida.

     Hoy, en contraste, encontramos que amplias áreas de investigación están bloqueadas incluso para el estudio más objetivo y cuidadoso. En cuanto a aquellas áreas, la ideología, apoyada por los poderes de prohibición del Estado, no tiene rival. En las circunstancias del mundo de hoy, no hay ninguna protesta internacional contra la censura. En su lugar, existe un deseo casi universal de conformar el pensamiento a lo que la opinión respetable considera ideológicamente aceptable (eufemísticamente conocido como "políticamente correcto"). Considerando tal entorno en todo el mundo occidental, la amenaza de hoy contra la investigación académica y la ciencia verdadera es mucho mayor que lo que lo fue en los días de Lysenko.

     Esto le quedó muy claro al autor gracias a una agresiva experiencia personal. Escribí una monografía de estudios jurídicos, "Lynching: History and Analysis" [1], sólo para ver a Canadá prohibirla como "propaganda de odio". Fui atraído hacia el tema del linchamiento hace veinte años mientras realizaba lecturas de fondo para mi historia del pensamiento liberal. La investigación implicaba leer, entre muchas otras cosas, todas las ediciones de The New Republic (excepto un volumen con tres meses que faltaba en los estantes) a partir del tiempo del inicio del diario en 1914 hasta principios de 1985.

[1] http://dwightmurphey-collectedwritings.info/mono/mono1.htm

     Añadí el asunto del linchamiento a mi lista de temas para investigar en el futuro cuando encontré algunos hechos sorprendentes. Uno era que The New Republic publicó un editorial anual hasta mediados de los años '30 contando el número de linchamientos en Estados Unidos, pero aquellos editoriales se detuvieron porque hacia aquel tiempo los linchamientos prácticamente habían desaparecido de la vida estadounidense. Eso contradecía mi impresión de que linchamientos significativos habían seguido produciéndose hasta que fueron repelidos por el Movimiento por los Derechos Civiles después de la Segunda Guerra Mundial. También me sorprendí de averiguar que los linchamientos no habían estado confinados al Sur sino que en cambio ocurrieron en todas partes de Estados Unidos. Además, sus víctimas no habían sido de ningún modo exclusivamente hombres de raza negra.

     Si logré realizar un estudio objetivo de los linchamientos lo juzgarán mejor los lectores que examinen cuidadosamente la monografía entera. Encontré que hay una "sabiduría convencional" sobre el tema que simplemente no está apoyada por los hechos. Se afirma, por ejemplo, que el linchamiento es único de la sociedad estadounidense, nacido de la supuesta inclinación de los estadounidenses hacia la violencia; pero los hechos muestran que los linchamientos han ocurrido a través de todo el mundo. Se ha reportado que hubo unas 500 ejecuciones por linchamiento realizadas por muchedumbres en Brasil sólo en 1991.

     Y, tan contra-intuitivo como pueda parecer a aquellos condicionados por las percepciones de hoy, la Historia revela como falaz la acusación de que "el linchamiento era el modo que tenían los Blancos del Sur de suprimir a los negros". Lo que el autor encontró, fue que el linchamiento fue el modo en que las comunidades de frontera (incluyendo aquellas en el Sur después de la Guerra Civil) reaccionaron ante los ultrajes cuando aquellas comunidades se sintieron libres de coacciones impuestas por un régimen más amplio. Los propios líderes negros, como W. E. B. DuBois, reconocieron que el Sur de post-guerra se vio enfrentado a un elemento criminal significativo entre su población negra, que cometió actos de crueldad extrema. En un tiempo en que la gente en el Oeste e incluso en el Norte colgaba a sus bandidos, es mucho más sensato —razoné— explicar los linchamientos en el Sur relacionándolos con la respuesta de las comunidades a la alta tasa de criminalidad entre los negros que adjudicárselo al "racismo del Sur".

     Éstas y otras opiniones declaradas en la monografía iban, por supuesto, en contra del pensamiento "políticamente correcto". A pesar de todo, la monografía contenía un análisis razonado y en ningún sentido malévolo de los registros históricos. Si fue correcto, es algo que se podría discutir. Canadá, sin embargo, no ha permitido aquel debate. Un representante del embajador canadiense en Estados Unidos me confirmó que "hasta donde entendemos, las autoridades de aduana prohibieron la entrada en Canadá de una copia de su monografía que un individuo estaba intentando ingresar porque, tomada en conjunto, se consideró que ella incitaba el odio contra un grupo identificable en Canadá".

     Lo que es significativo en esto, para propósitos del actual artículo, es que la categoría de "propaganda de odio" fue usada contra un trabajo de investigación académica seria. Esto es especialmente significativo hoy porque la imagen que tienen los estadounidenses de su pasado ha sido colocada en cuestión por la "guerra cultural" en la cual se afirma que prácticamente cada aspecto de su pasado fue algo moralmente depravado.

     Tampoco es mi monografía el único producto intelectual que ha sido impedido de entrar desde el servicio postal de Canadá. Su aduana es particularmente sensible a cualquier discusión "políticamente incorrecta" acerca de la inmigración o la raza. "Will America Drown? Immigration and the Third World Population Explosion" (Humphrey Dalton, 1993) ha sido prohibido. Aunque William Shockley fue un eminente científico, co-inventor del transistor y Premio Nóbel, el libro con citas de los escritos de Shockley titulado "Shockley on Eugenics and Race", que tiene una introducción del renombrado psicólogo de Berkley Arthur Jense, también está en la lista de prohibidos. Incluso una colección de citas de los escritos publicados del Presidente estadounidense Theodore Roosevelt, seleccionadas por su hijo Archibald, quien también escribió la introducción (Theodore Roosevelt on Race, Riots, Immigration, and Crime), está en la lista de prohibidos y está en riesgo de ser incautada por el departamento de aduanas canadiense

     En consecuencia, si la gente en sociedades por otra parte abiertas apoya la prohibición del "discurso de odio" porque ellos piensan que eso se refiere sólo a efusiones notorias y obscenas de intolerancia, ellos no aprecian totalmente el alcance de las prohibiciones y de su potencial abuso contra la investigación legítima. Lo que más está en juego es el conocimiento académico objetivo y cuidadoso.

     Si bien el recuerdo de los estadounidenses de su pasado es inmensamente importante, hay otras áreas de investigación académica y científica, también muy importantes, que han sido excluídas hoy de la discusión. Si, supongamos, uno estudia el "calentamiento global", uno encuentra mucha propaganda exagerada y falsificación en la literatura predominante. Aquellos cuyas conclusiones discrepan con lo que es ideológicamente aceptable son en gran parte hechos callar o ignorados.

     Hay un tabú, a menudo impuesto con violencia, contra aquellos que desean estudiar, incluso en la manera científica más cuidadosa, la inteligencia, la genética y las características raciales. Esos estudios son especialmente significativos para la política pública porque a menudo cuestionan la premisa de que ciertos grupos étnicos son "víctimas de la sociedad de la mayoría". Es un error pensar que "sólo los neo-nazis estudian aquellos temas"; a pesar del tabú, aquellas áreas han seguido siendo estudiadas por científicos de altas posiciones que no tienen ninguna afinidad con el nacionalsocialismo.

     La mayoría de los lectores estará consciente de que existen, además, persistentes tabúes contra el estudio de ciertos importantes temas de la Historia moderna, donde las versiones oficialmente aprobadas no se permite que sean cuestionadas. En una época que se enorgullece de su apertura y de la investigación científica, el mito y la propaganda prevalecen.

     Demás está decir que el tabú más insistente es aplicado contra aquellos que cuestionan la descripción estándar de lo que es conocido como el "Holocausto" realizado por los nacionalsocialistas contra los judíos. Aquellos que nunca han leído la literatura discrepante necesariamente consideran escandaloso dudar del relato estándar, que se basa en gran parte en tres aseveraciones: una matanza de seis millones de personas, la existencia de cámaras de gas, y una política sistemática de exterminio. El autor de este artículo no es ningún experto sobre ese tema, y está inclinado a no hablar de sus méritos hasta que él haya completado su propio estudio; pero he leído la mayor parte del trabajo de ambos lados, y yo sería menos que honesto si fuera reacio a dar mi opinión honesta al respecto: que la literatura "revisionista" es seria, tranquila, libre de "odio", e intelectualmente rigurosa. Ella puede ser denunciada como "literatura de odio", y sus autores enviados a la cárcel (cuando ellos están en, digamos, Alemania y Francia), sólo por aquellos que están convencidos de que la experiencia judía bajo los nacionalsocialistas debe quedar prohibida para la persistente investigación.

     Esto es algo en lo que deben reflexionar los defensores de una sociedad libre (la "sociedad abierta" de que hablaba Popper). ¿Debe haber límites a la investigación crítica que es llevada a cabo en un tono académico y razonado? De ser así, ¿cómo y por quién deben ser determinados aquellos límites? Se plantea el argumento de que es ridículo y cruel en sí mismo examinar la evidencia relativa al "Holocausto". Aquel argumento contiene, por lo menos, una porción significativa de totalitarismo, tal como alguien que sufre de retinitis experimenta puntos obstruídos en su visión.


2. El Concepto de "Discurso de Odio"

     El autor de este artículo ha leído muchos de los libros recientes, artículos de revisión de leyes y publicaciones en la web acerca del "discurso de odio". Será instructivo ver cómo aquellas fuentes definen el "discurso de odio". A medida que hacemos eso, notemos algunos problemas conceptuales en las definiciones, aunque gran parte del resto de este artículo también estará dedicado a defectos conceptuales.

     Una fuente dice que "el discurso de odio... puede ser definido como insultos personales y caracterizaciones extremadamente ofensivas que están dirigidos contra la raza, la religión, el origen étnico, el género o la preferencia sexual de un individuo o grupo, y que pueden incitar a la violencia, el odio o la discriminación" (Dan Rud y Nick Sexton, "Hate Speech Defined", 1999).

     Esta definición es más o menos típica, aunque a menudo hay variaciones incluídas en la lista ("raza, religión..."). Varias cosas se destacan en la definición recién citada:

     • La definición en ninguna aplicación razonable se extendería al trabajo académico serio que hemos mencionado anteriormente, ya que se limita a "insultos personales y caracterizaciones extremadamente ofensivas". Eso incluiría las "palabras beligerantes" que podrían ocurrir en un bar o en el discurso de un demagogo, pero no el trabajo intelectual reflexivo.

     • La definición contiene varias palabras que son tan ambiguas que ellas pueden ser estiradas o comprimidas a voluntad. "Ofensivas", "dirigidas contra", "odio" y "discriminación" tienen variaciones de significado; pero fíjese especialmente en la ambigüedad de la palabra "extremadamente", y, más particularmente, de la palabra "pueden". En la ley estadounidense, un estatuto punitivo que es ambiguo, es inconstitucional por varias razones: él da un amplio poder discrecional al acusador y al juzgador de los hechos; es conducente a dobles estándares en su aplicación, algo que se presta a una justicia desigual y al abuso político; y no entrega adecuadamente el suficiente conocimiento a los individuos, antes de que ellos actúen o cuando ellos se defiendan, de lo que es legal y lo que no lo es.

     • La letanía de "raza, religión, origen étnico, género o preferencia sexual" debe ser entendida como ideológica, reflejando la defensa que ha hecho la Izquierda, desde la Segunda Guerra Mundial, de diversos grupos no asimilados o descontentos con la autoridad, contra la sociedad principal. Antes de la Segunda Guerra Mundial el foco primario de la Izquierda estaba puesto en defender al "proletariado", en cuya época ella hablaba de la "explotación" como el problema central de la sociedad. Cuando, por diversas razones, aquel énfasis fue abandonado, la alienada cultura intelectual que está en el núcleo de la Izquierda buscó otros aliados contra la cultura predominante en Europa y Estados Unidos. La mayor parte del desarrollo ideológico del pasado medio siglo puede ser mejor entendido como la elaboración de superestructuras de ideas para defender a aquellos grupos "marginales". La "victimización" ha tomado el lugar de la "explotación" como el concepto central, y gran parte del mundo es visto como víctima de la civilización occidental en general y de Estados Unidos en particular.

     • Habría que destacar que muy pocas de tales letanías incluyen el odio "de clases". La lista está preparada sólo para aquello de lo cual se preocupa la Izquierda, aun cuando millones de personas fueron ejecutadas en nombre de la "lucha de clases" durante el siglo XX. Esto refleja el doble estándar ideológico que persiste hasta este día entre los muy percibidos abusos de "la Derecha" y los abusos profundamente ignorados de "la Izquierda".

     • Especial atención debería prestarse a la idea de que las palabras son "dirigidas contra" alguien. La definición de otra fuente habla del "lenguaje que está apuntado contra". Nuevamente, esto está relacionado más apropiadamente con el discurso instigador, es decir, con "palabras beligerantes". Decir —como la Aduana canadiense dice sobre la monografía que analiza la historia del linchamiento, y como los tribunales alemanes y franceses lo hacen acerca de la investigación que cuestiona aspectos del "Holocausto"— que las ideas están "dirigidas" contra alguien, es cometer una importante falacia lógica. Eso cae dentro del reino de las "falacias materiales" en las cuales la atención es enfocada no en la validez de una idea, y en el apoyo de ella, sino en factores extraños. Las falacias materiales incluyen cosas tales como apelaciones a la compasión, a la fuerza, o a si el defensor de una idea es agradable. Cuando ideas seriamente propuestas son consideradas como estando "dirigidas contra" alguien, el argumento se ha personalizado. Con el contexto cambiado, la idea puede ser descartada sin haber alcanzado alguna vez una discusión de su mérito.

     El argumento de que ideas tales como investigar acerca del "Holocausto" son "actos verbalmente agresivos e hirientes para muchas personas" [2], es una personalización similar que encierra la investigación en un compartimento donde ya no es necesario considerar su mérito. Hay veces en que la pronunciación de ciertas palabras es correctamente considerada, en efecto, como la comisión de un acto, como cuando una persona le dice a otra "No te acerques a mi hija o te pegaré un tiro". Pero eso debe ser mantenido en su contexto apropiado. La transformación de la investigación académica en "un acto" es algo singularmente anti-intelectual.

[2] Sionaidh Douglas-Scott, "The Hatefulness of Protected Speech: A Comparison of the American and European Approaches", William & Mary Bill of Rights Journal, Febrero de 1999, p. 333.

     Es especialmente importante comprender esto en relación a la tendencia contra el "discurso de odio". Dicha tendencia adquiere un brillo externo de legitimidad a partir del hecho de que ninguna persona decente quiere que la civilidad y las relaciones pacíficas que deberían existir entre la gente sean destruídas por calumnias e insultos. Pero la tendencia contra el "discurso de odio" va mucho más allá que eso. El concepto relativamente nuevo de "corrección política" proviene de la conformidad general europea y estadounidense con la cosmovisión de la Izquierda y con la insistencia de la Izquierda (al estilo de Herbert Marcuse) en que su perspectiva es la única postura moral que merece ser escuchada.  

     Llegamos, entonces, a una paradoja. Si la reflexión y la investigación legítimas pueden ser borradas sin considerar su mérito, ¿no es eso en sí mismo precisamente una manifestación de "odio" contra la persona que está intentando un discurso civilizado? Aquellos que estudian la inteligencia, por ejemplo, han sufrido muchos asaltos violentos. ¿Es el investigador el "odiador", o lo son, más bien, las personas que ensangrentarían la cabeza de él para impedir que sus resultados sean oídos?.

     La paradoja de que aquellos que procuran silenciar el discurso puedan ser los "odiadores" fue ilustrada en 2001 cuando el "American Indian Movement of Colorado" se opuso a la conmemoración del 12 de Octubre (Columbus Day). Un portavoz del movimiento escribió en un periódico de Denver hablando de «Cristóbal Colón, un hombre personalmente responsable del genocidio y la esclavitud de los indios norteamericanos, y un símbolo odiado por los nativos norteamericanos». Al mismo tiempo, la carta instaba a la gente a ver «la "celebración" de Colón por lo que es: un discurso de odio» [3]. Vemos que el portavoz primero expresó odio y luego acusó a aquellos que celebran el 12 de Octubre de ser "odiadores".

[3] www.transformcolumbusday.org

     Aunque esto pueda parecer una paradoja, está relacionado con nuestra discusión posterior del hecho de que hay mucha animosidad profundamente sentida en el mundo, a menudo muy bien fundamentada; y no debería ser sorprendente encontrar fuertes emociones a ambos lados de un asunto debatible.


3. La Legislación y los Códigos de Expresión

     Este artículo está destinado principalmente a hablar de las cuestiones conceptuales planteadas por la categoría de "discurso de odio". Nos desviaría enormemente examinar de manera extensa los datos concretos de las prohibiciones. En lo que sigue, ellas serán examinadas sólo en la medida necesaria para clarificar el significado de la existencia de tal censura. El examen será valioso porque a menos que la realidad concreta de tales prohibiciones sea comprendida, la discusión puede parecer puramente académica.

     Prohibiciones contra el "racismo" y la "xenofobia". Éstas vienen de múltiples fuentes, entre las que se incluyen, pero que de ningún modo se limitan a, la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial; la Convención Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos; el "Plan de Acción de contra el Racismo" de la Unión Europea; la Parte III de la Ley de Orden Público de 1986 del Reino Unido; la "Ley de Derechos Humanos" en la Columbia Británica; la Sección 319 (2) del Código Penal Canadiense; la Sección 13 (1) de la Ley de Derechos Humanos canadiense; y en Estados Unidos, se dice, "diversos institutos y universidades decidieron restringir el discurso de odio y adoptaron códigos de conducta estudiantil que castigan las formas de expresión basadas en la raza, el género, la religión, el estado civil, la preferencia sexual y la capacidad física" [4]. Se nos dice que "no menos del 70% de las más de 3.500 instituciones de educación superior en Estados Unidos puede tener alguna clase de código diseñado para colocar restricciones al discurso considerado ofensivo" [5].

[4] Samuel Walker, Hate Speech: The History of an American Controversy, Lincoln, University of Nebraska Press, 1994, p. 6.
[5] Milton Heumann y Thomas W. Church, Hate Speech on Campus, Boston, 1997, p. 3.

     Prohibiciones contra el oponerse a la inmigración. En un caso que surgió en los Países Bajos, la Comisión Europea de Derechos Humanos apoyó una "condena por incitar a la discriminación racial al instar a la remoción de los inmigrantes de los Países Bajos" [6].

[6] Douglas-Scott, "The Hatefulness...", William & Mary Bill of Rights Journal, p. 341.

     Prohibiciones contra la crítica del homosexualismo. Por una estrecha votación en Junio de 2002, "los legisladores suecos aprobaron una enmienda constitucional que prohíbe el discurso y los materiales impresos que se oponen al estilo de vida homosexual" [7]. La enmienda debía ser votada nuevamente tres meses más tarde.

[7] Middle American News, Sept. 2002, p. 11, citando un reporte de Focus on the Family.

     Prohibiciones contra "negación de genocidio", "justificación de crímenes contra la Humanidad" y "negación del Holocausto". La ley Fabius-Gayssot en Francia, decretada en 1990, declara que es un delito "cuestionar" los "crímenes contra la Humanidad" como el Tribunal Militar Internacional de Núremberg encontró en 1945-1946 que habían ocurrido. Alemania, Austria, Bélgica, España y Suiza han seguido el ejemplo [8]. En 1999 hubo otras leyes en Israel, los Países Bajos, Polonia y Lituania que proscriben el escepticismo con respecto al "Holocausto" [9]. La ley austriaca ha hecho ilegal "negar, minimizar enormemente, aprobar o procurar justificar" actos genocidas cometidos por los nacionalsocialistas [10].

[8] The Journal of Historical Review, Marzo/Abril de 1998, p. 14.
[9] The Journal of Historical Review, Marzo/Abril de 1999, p. 31.
[10] The Journal of Historical Review, Sept./Oct. de 1995, p. 30.

     Diversos individuos que han argumentado un caso académico de que, en efecto, la descripción del "Holocausto" ha sido enormemente exagerada o falsificada, pero quienes en ningún sentido han sido "skinheads" o "neo-nazis", han sido procesados y castigados conforme a esas leyes. David Irving, por ejemplo, es uno de los historiadores del mundo más exhaustivamente cuidadosos, basando sus escritos en un meticuloso examen de archivos. Él fue multado con 30.000 marcos en Alemania por indicar que la "cámara de gas" mostrada a los turistas que visitan Auschwitz no es auténtica. Se sostuvo que en tal procesamiento "la verdad no es una defensa".

     Probablemente el principal historiador "revisionista", entre varios que podrían calificar para dicha designación, es Robert Faurisson, cuyos escritos claramente caen dentro del ámbito de la investigación académica seria y legítima, llevada a cabo por alguien que no procura presentar una posición pro-nazi. Numerosos procesamientos han sido entablados contra él. Independientemente de lo que podamos concluír en último término sobre el mérito de los argumentos de dichos historiadores, constituye un testimonio de la gran fuerza, coraje y estabilidad mental personales de esos individuos el que ellos sigan presentando sus conclusiones en tonos razonados a pesar de lo que equivale a un pogrom intelectual de larga duración contra ellos.


4. Problemas Conceptuales: Una Selectiva Inmersión en un Mundo de Interminables Enemistades

     Hemos comentado ya, y veremos en seguida en la siguiente sección, que muchas de las proscripciones del "discurso de odio" son selectivas y reflejan la cosmovisión de la Izquierda. Ésa es una razón para objetarlas, por supuesto, pero antes de que examinemos eso más profundamente vale la pena considerar lo que implicaría incluso una prohibición no selectiva de cualquier expresión de "odio".

     La civilización no existiría si no hubiera una cantidad enorme de cooperación, competencia ordenada, civilidad, amistad, afecto y edificación constructiva. Al mismo tiempo, el mundo es uno en el cual existen innumerables enemistades, muchas intensamente sentidas. Es ingenuo pensar, como sugiere mucha ideología actual en su evidente reduccionismo (simplificación), que la mayor parte de ese sentimiento es gratuito, basado en ignorantes estereotipos raciales o étnicos. Más bien, aquél proviene de muchas fuentes.

     Una fuente especialmente significativa son las percepciones incompatibles de ultrajes mutuamente producidos, a veces en lo que parece un "regressus ad infinitum", por un grupo sobre otro. Imagine haber visto usted a su madre, o los brazos de su hermano, cortados por un machete. La rabia contra aquellos que hicieron eso ¿lo abandonaría a usted alguna vez? Vemos las dimensiones de esta rabia cuando recordamos que sólo en el pasado reciente hubo entre 500.000 y 800.000 asesinados en Ruanda, más de un millón y medio en Sudán, 30.000 a 50.000 en Tayikistán, 70.000 a 80.000 en Argelia... y eso sólo da comienzo a la lista.

     Treinta millones de personas se reporta (tardíamente por la televisión pública en Estados Unidos) que fueron privados de comida hasta la muerte por Mao bajo su demencial "Gran Salto Adelante". ¿Es demasiado imaginar que la rabia no se consume dentro de las almas de los sobrevivientes? Somos conscientes de aquella persistente angustia y rabia entre los "sobrevivientes del Holocausto" debido a la dramatización en curso dada a su dolor, pero tenemos que entender que hay cientos de millones de otros en el mundo que sienten cada trozo de una igual rabia.

     Y ello no es sólo rabia por los horrores cometidos. Detrás de aquellos horrores hay ideologías, religiones, mitos, intereses y culturas que están en oposición, todos apoyados por una compleja red de ideas. Lo que tenemos que notar sobre esto es que esas abundantes ideas son la materia misma de la cual están formadas las cuestiones más importantes dentro del discurso humano. Cuando consideramos que las "sociedades abiertas" valoran la "libertad de expresión", lo que deberíamos tener presente muy especialmente es el discurso que trata con las cosas con respecto a las cuales la gente siente más profundamente. El discurso es a menudo sobre cosas que no son, en ningún sentido, triviales. Caracterizar a grandes segmentos de aquel discurso como "discurso de odio" no es sólo militar fuertemente en contra de la "libertad de expresión" sino que es intentar lo imposible, tratar de embalar el agua del océano.

     Es verdadero que la edificación constructiva entre los seres humanos requiere una superación final de la rabia producida por agravios, reales y percibidos, y que la salud mental requiere una gran cantidad de "olvido y perdón". Cualquiera que procure actuar como un pacificador tenderá a asumir la opinión de que los adversarios "deberían sobreponerse a aquello". Pero exigir eso, a menudo es exigir más de lo que los seres humanos son capaces de dar. Y decir que los sentimientos no pueden ser expresados, es algo impertinente casi más allá de lo que se puede creer.

     Una mentalidad que sea tan ingenua en cuanto a las complejidades del mundo que llegara a intentar tal impertinencia, recuerda la mentalidad que produjo el Pacto Kellogg-Briand después de la Primera Guerra Mundial, que proscribió la guerra agresiva. La suposición era que el mundo había alcanzado un estado estable (stasis) en el cual todos estarían de acuerdo, en todo el mundo, con que las fronteras y los regímenes existentes eran justos, a ser cambiados a través de los milenios sólo por mutuo acuerdo. La raíz de esto es probablemente una increíble ignorancia del mundo tal como es, y una arrogante auto-confianza moral que no admite ningún disenso.

     Si las conflictivas enemistades y aspiraciones humanas constituyen, como bien podemos pensar que ellas lo son, un virtual "océano" del cual la prohibición de la "literatura de odio" procura eliminar ciertas especies seleccionadas de peces, debería ser evidente que eso intrínsecamente invoca dobles estándares o, lo que es lo mismo, una "imposición selectiva". Ésa es la materia de la cual están hechos la posterior injusticia, el odio y el abuso político e ideológico.


5. La Categoría de "Discurso de Odio" Es una Invocación Tendenciosa de la Cosmovisión de la Izquierda

     El doctor Timothy Jay, profesor de psicología en el Massachusetts College, respalda el concepto de "discurso de odio", pero nos dice esto sobre sus orígenes: "La idea de discurso de odio se ha desarrollado desde los años '60 y '70. Proviene del movimiento por los derechos civiles, del movimiento de liberación femenina, del movimiento de homosexuales y lesbianas..." (Jay, loc. cit.). Esto muestra claramente el origen de la idea en la Izquierda, en sus diversas combinaciones que defienden a varios grupos "victimizados". Por supuesto, hemos visto que los tabúes inspirados por los izquierdistas van algo más adelante que lo que los ejemplos de Jay pueden sugerir, extendiéndose a cosas tales como el estudio de la inteligencia y la genética, y el estudio del "Holocausto".

     Fue Herbert Marcuse durante los años '60 quien dio lo que es quizá la justificación más extensa para un control izquierdista del discurso. En su ensayo sobre la "Tolerancia Represiva", él argumentó en oposición directa al concepto de John Stuart Mill de un "mercado abierto de ideas". Marcuse dijo que en una sociedad democrática la "tolerancia" de opiniones rivales constituye simplemente un mecanismo manipulador por el cual las masas son tranquilizadas para que duerman. Él pidió una "tolerancia liberadora" que promovería todas las opiniones de la Izquierda y suprimiría toda expresión conservadora. "La tolerancia liberadora", escribió él, "significaría intolerancia contra movimientos de la Derecha, y tolerancia de movimientos de la Izquierda" [11].

[11] Herbert Marcuse, "Repressive Tolerance", en A Critique of Pure Tolerance, Boston, p. 109.

     Si uno considera a la típica persona profesional dentro de lo que Samuel Francis llama la "clase dirigente" de hoy (una persona que intuitivamente no da ningún indicio de que él haga algo aparte de estar totalmente de acuerdo con todo lo que es "políticamente correcto"), es dudoso si aquella persona está específicamente consciente de los razonamientos de Marcuse. Pero es el peso de aquella "clase dirigente", que está de manera predominante sobre toda la opinión en Europa y Estados Unidos (y en los pueblos de origen europeo en otras partes), el que se ha convertido en el "ejecutor" primario de la fórmula de Marcuse. Vivimos en un tiempo de tabúes muy fuertes. Prácticamente no se le deja ningún espacio para respirar a aquellos que disienten de la escala de valores (ethos) prevaleciente.

     Y sin embargo, la percepción "políticamente correcta" de las cosas invierte esto. Ella ve a la predominante cultura de la clase media como el elemento sofocante; no son disidentes no-izquierdistas los que son reprimidos, sino "minorías". Ésta es la "sabiduría convencional" que no toma en cuenta la pesadilla (incubus) ideológica que hoy dicta lo que es y lo que no es una opinión aceptable. En su artículo de 1999 en el William and Mary Bill of Rights Journal, Sionaidh Douglas-Scott ejemplificó esto cuando él escribió que "La clase media estadounidense es grande y firme, mientras que los grupos minoritarios son pequeños en número, y a menudo vulnerables". Más adelante en su artículo, él dijo que "la sociedad debe tratar de asegurar que sus elementos más poderosos, particularmente aquellos que tienen el mayor acceso a los medios de comunicación, no dominen, hagan callar o silencien a las voces más débiles pero posiblemente más verdaderas" [12]. Ésta puede ser una buena prescripción en una teoría carente de contexto, pero, típicamente, él no ve quién está haciendo callar a quién.

[12] Sionaidh Douglas-Scott, op. cit., pp. 317, 336.

     No deberíamos dejar esta sección —acerca de la tendencia izquierdista que está detrás de gran parte del concepto de "discurso de odio"— sin señalar algunos ejemplos de cómo la Izquierda se permite expresar mucho lenguaje insultante, aplicando un doble estándar que desaprueba sólo cierto tipo de "odio" pero disfruta la expresión de otras animosidades, por extremas que sean. En el City Journal publicado por el Instituto Manhattan, Brian Anderson ha escrito que «los insultos más a menudo vienen de la Izquierda: "racista", "homosexofóbico", "sexista"... Se ha convertido en un hábito del argumento político izquierdista-liberal... redefinir los argumentos conservadores predominantes como extremismo e intolerancia» [13].

[13] Citado por Jeff Jacoby en "Hate Speech from the Left", Capitalism Magazine, 26 de Enero de 2001.

     Phil Brennan de NewsMax.com cita ejemplos dados por el periodista de la CBS Bernard Goldberg en el libro de éste "Bias: A CBS Insider Exposes How the Media Distort the News". Un ejemplo habla de "la ultra-izquierdista Nina Totenberg de la PBS" [un canal de televisión estadounidense] hablando sobre el senador conservador estadounidense Jesse Helms: "Si existe una justicia retributiva [el senador Jesse Helms] se contagiará de SIDA tras una transfusión, o uno de sus nietos se contagiará". Otro ejemplo cita el comentario de Julianne Malveaux en el USA Today sobre el conservador juez de la Corte Suprema estadounidense Clarence Thomas: "Espero que su esposa lo alimente con muchos huevos y mantequilla y que él muera pronto, como muchos hombres negros lo hacen, de una enfermedad cardíaca". Y fue la articulista del Los Angeles Times Karen Grigsby Bates, nos dice Goldberg, quien dijo esto sobre el líder de la mayoría Republicana del Senado Trent Lott: "Siempre que escucho hablar a Trent Lott, inmediatamente pienso en sogas decorando árboles. Árboles grandes, con cuerpos negros  balanceándose en el extremo de las sogas" [14].

[14] Phil Brennan, "Goldberg Exposes Fellow Liberals' Hate Speech", NewsMax.com, 3 de Enero de 2002.

     Estos ejemplos son significativos porque ilustran el grado hasta el cual el concepto de "discurso de odio" se presta a dobles estándares ideológicos y políticos. Esto destruye su legitimidad como un concepto objetivo.


6. Otros Problemas Conceptuales en la Idea de "Discurso de Odio"

     La categoría de "discurso de odio" está en un terreno tan inestable que da ocasión a diversos otros problemas conceptuales:

     1. El autor libertario Pierre Lemieux dice que «los canadienses han estado escuchando cada vez más llamadas a usar "leyes de odio" en lingüística o política étnica, por ejemplo, contra las declaraciones anti-Quebequistas de Mordecai Richler». Él señala el rumbo "cuesta abajo" de derechos siempre degradantes, diciendo que el "discurso de odio" será «ampliado pronto para abarcar "delitos" nunca soñados por  sus diseñadores originales». Él señala que la razón subyacente es un rumbo cuesta abajo: «Las "barreras de pergamino" [tales como la garantía constitucional de la libre expresión] son incapaces de detener a los tiranos una vez que la opinión pública no cree en la libertad individual» [15].

[15] Pierre Lemieux, "In Defense of Hate Propaganda (Sort Of)", 1994.

     2. Lemieux señala otro punto sobresaliente: En vez de conducir hacia una civilidad mejorada y a un respeto por los derechos y dignidad de cada uno, como los defensores de las leyes de "discurso de odio" piensan que ellas lo harán, las prohibiciones van en contra de uno de los hechos recurrentes de la Historia, el que "la censura... es uno de los caminos más seguros hacia la victimización, la confrontación política, la intolerancia y la violencia" (Ibid.).

     3. La literatura contiene muchos ejemplos donde el término "discurso de odio" es usado sin ninguna reflexión en absoluto. Esos autores no ven ningún problema en delinearlo en un mundo de intensas enemistades, y ningún problema en el mal uso ideológico del concepto. Ellos simplemente aceptan la categoría de manera literal.

     4. Sionaidh Douglas-Scott cita el argumento de que "la libre expresión, como un medio, a veces debe doblegarse cuando la autonomía y el respeto por la personalidad son mejor apoyados por su restricción, como los juicios alemanes lo ilustran" (Ibid. p. 338). Pero considere lo siguiente en cuanto a un tabú contra el escepticismo del "Holocausto", que es en gran parte con lo que han estado asociados los juicios alemanes: ¿Y si declarar a un cierto conjunto de opiniones como sacrosantas realmente está protegiendo, como sostienen los escépticos, a un constructo propagandístico formado a partir de groseras exageraciones?. ¿No sería eso, en sí mismo, un ataque casi abominable contra la personalidad y la dignidad de millones de personas, a quienes las exageraciones estarían declarando completamente denigradas? Saber a quiénes se ha perjudicado su "personalidad y dignidad" requiere un juicio sobre los méritos del argumento. Pero se hace imposible un juicio objetivo allí donde se permite que sólo un lado del argumento sea escuchado.

     5. La literatura acerca del "discurso de odio" es una fértil fuente de estupideces en una variedad de formas. Considere la declaración aparecida en un artículo en una revista de leyes, de que «la libertad de expresión disfruta del status de ley internacional consuetudinaria y es universalmente protegida como tal» [16]. Uno se sorprende por la ingenuidad de tal observación. Considere, también, el énfasis extrañamente perverso del mismo autor: «Desde la tragedia del 11 de Septiembre en el Centro Mundial de Comercio, un nuevo estigma contra "potenciales terroristas" ha difundido la semilla del odio y la discriminación hacia los musulmanes de Oriente Medio» (Ibid.). ¿Podríamos no pensar que asesinar a 3.000 personas en múltiples ataques terroristas podría provocar algún comentario que vaya en otra dirección, es decir, acerca del "odio" que los terroristas sintieron hacia sus víctimas? La preocupación del autor es puramente selectiva, que saca ventaja de la percepción de "victimización de las minorías" de la sociedad estadounidense.

[16] Negin Salimipour, "Notes and Comments: The Challenge of Regulating Hate and Offensive Speech on the Internet", 8 Southwestern Journal of Law and Trade in the Americas, p. 395 y s.


7. Los Imperativos Intelectuales de una Sociedad Abierta

     Ha habido muchas sociedades "cerradas" o "insulares" durante la Historia humana. Muchas de ellas han tenido mucho con qué contribuír a la riqueza de la experiencia humana. Podemos pensar, por ejemplo, en los valores e instituciones defendidos por Samuel Johnson en el siglo XVIII cuando él vio un mérito en la jerarquía social y en la prohibición de expresiones que podrían subvertir el orden existente. Él esencialmente estaba defendiendo el sistema medieval que estaba acabándose.

     El ideal de una sociedad libre o abierta se diferencia marcadamente del de aquellas culturas más "orgánicas". Para este ideal, la libertad individual es central, y eso incluye la libertad académica y científica. Se piensa que un gran dinamismo, y la satisfacción de mucho que es humano, fluye desde aquella apertura. Es desde esta perspectiva que los científicos estarán indignados por la imposición forzada del Lysenkoísmo [17], aun cuando éste aparezca en una sociedad cerrada. Nuestra revisión de los defectos que existen en la noción de "discurso de odio" ha reflejado aquel punto de vista.

[17] El Lysenkoísmo (de Trofim Lysenko, ya mencionado), es una doctrina biológica que afirma la fundamental influencia que tienen los factores somáticos y medioambientales sobre la herencia genética, doctrina que contradice la genética orotodoxa.

     Al mismo tiempo, sin embargo, incluso una sociedad libre, como un orden social, está basada en diversas condiciones previas y no puede estar "existencialmente abierta", como muchos pensadores libertarios parecen creer que puede ser. Ella requiere un elaborado fundamento de leyes, moral, aculturaciones, instituciones y valores, todos dirigidos hacia el establecimiento y la salvaguardia del ámbito de la libertad personal.

     El resultado es que existe, incluso en una sociedad libre, una tensión entre libertad y orden, a menos, quizá, que ellos sean racionalizados en un sistema general que sea entendido como acomodando a ambos. Éste es un asunto muy delicado, y parece requerir más sutileza y claridad conceptual que lo que la Humanidad suele dar.

     La Corte Suprema de Estados Unidos ha sido una fuente primaria de lo que es llamado la visión "maximalista" de la libre expresión. Uno pensaría que, a la luz del análisis hecho en este artículo, el autor respaldaría totalmente aquella posición maximalista. La dificultad, sin embargo, es que incluso una sociedad libre debe protegerse a sí misma, mientras simultáneamente afirma el ámbito más completo posible de la expresión abierta. Más recientemente, la Corte ha considerado que cualquier regulación del discurso debe ser "neutral en su contenido", y antes de eso, sostuvo que la defensa abstracta de la violencia, e incluso de la revolución, no podía ser prohibida, ya que tal defensa no había llegado al punto de una "incitación" real.

     Yo sugeriría que tales posiciones son apropiadas sólo para una sociedad libre que no enfrenta ninguna amenaza seria contra su existencia. Cuando la decisión del caso Yates en 1957 sostuvo que la pertenencia al Partido Comunista no podía ser hecha ilegal porque el Partido estaba involucrado sólo en la defensa abstracta de la revolución, dejó completamente de apreciar el contexto de una Unión Soviética nuclearmente armada y la existencia de un movimiento comunista mundial. Si hubiera habido una guerra mundial, una organización involucrada en una "defensa abstracta" habría estado rápidamente disponible para mucho más que un discurso abstracto. La distancia entre defensa y acción debe ser medida con discernimiento, considerando de una manera realista los imperativos de la sociedad. Bajo otras circunstancias, más benignas, la "defensa abstracta" bien puede ser protegida sin peligro. La "neutralidad de contenido" del mismo modo no debería ser un absoluto atemporal, sino que debe ser considerada en el contexto de las circunstancias.

     La dificultad es que cualquier cosa salvo un maximalismo ingenuo abre la sociedad hasta la clase de farsa en la cual Canadá está involucrada: una garantía constitucional de la libertad de expresión, pero con excepciones que son aplicadas en una forma que milita incluso en contra de la investigación académica seria.

     El asunto no está sujeto a una fácil resolución, ya que un equilibrio maduro y sensible parece muy esquivo. Una cosa es segura: no vendrá una resolución apropiada a menos que la escoria del auto-engaño ideológico y conceptual sea removida. Ésa ha sido una aspiración de este artículo. Adicionalmente, debe haber una apreciación totalmente consciente del valor del discurso abierto, y especialmente del conocimiento académico honesto. Estamos bastante distantes de tal apreciación hoy en el mundo.–



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