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lunes, 11 de septiembre de 2017

Acerca del Ecologismo Nacionalsocialista



     El productor y director británico de televisión Martin Durkin (1962), autor de diversos documentales, relacionado con el disuelto británico y trotskista Revolutionary Communist Party, es un crítico extremo del movimiento medioambientalista, al que acusa de "nazi", retrógrado y despectivo de las personas. En Mayo de 2012 publicó el siguiente ensayo (Nazi Greens. An Inconvenient History) que hemos traducido, donde realiza el intento de concatenar las posturas y medidas de la Alemania nacionalsocialista relativas al medioambiente con los actuales movimientos ecologistas, cayendo nada menos que en la falacia de la así llamada "Reductio ad Hitlerum", es decir, sostener que si algo fue apoyado o realizado por los nacionalsocialistas por lo tanto de suyo es algo malo y propio de ellos. Durkin, pro-capitalista, realiza su análisis recordando procesos históricos que se supone que apuntalan su borrosa tesis.


ECOLOGISTAS "NAZIS".
Una Historia Inconveniente
por Martin Durkin
Mayo de 2012



     Los nacionalsocialistas prohibieron los experimentos médicos realizados en animales. Los nacionalsocialistas abogaban por el vegetarianismo, la agricultura orgánica, la preservación de los bosques y el cuidado homeopático de la salud. ¿Cuál fue la conexión que existió entre los nacionalsocialistas y su efusiva idealización de la "Naturaleza"?.

     El propósito de explorar el medioambientalismo nacionalsocialista no es fastidiar a los Verdes. Si el medioambientalismo fuera un aspecto curioso pero periférico del Nacionalsocialismo, no sería de ningún verdadero interés histórico. Pero la ideología ecologista no fue un accesorio accidental y opcional para el Nacionalsocialismo. Como veremos, las ideas "verdes" estaban en el núcleo del pensamiento nacionalsocialista. Los movimientos alemanes völkisch y nacionalsocialista marcharon bajo las banderas de la "Naturaleza" y de lo "orgánico". Sin embargo, lo que sigue aquí no es simplemente una historia resumida del medioambientalismo nacionalsocialista, sino que es, al mismo tiempo, una breve historia del ecologismo temprano. Como llegará a quedar claro, no es muy fácil trazar una línea entre dos tipos de pensamiento "verde".

     Para entender por qué la ideología Verde surgió en absoluto, y por qué sucedió en Alemania, tenemos que retroceder en el tiempo algunos siglos para establecer el escenario. Hemos descrito en otra parte [1] la transición de la sociedad feudal al capitalismo. Para los Verdes ese gran cambio histórico es más o menos la fuente de todo el mal. En Alemania, ése fue un proceso que comenzó, de manera titubeante, en el siglo XIII.

[1] http://www.martindurkin.com/blogs/greens-warning-history-volume-one  y
http://www.martindurkin.com/blogs/greens-warning-history-volume-two

     Históricamente, un aumento de la actividad comercial es reflejado en el crecimiento de las ciudades (las ciudades son, en esencia, mercados). Durante ese siglo el número de ellas en Alemania se incrementó aproximadamente en diez veces. Pero las ciudades en Alemania no eran una fuerza tan liberadora como lo habían sido en Inglaterra. La sociedad feudal alemana era especialmente rígida. La profesora de historia alemana Mary Fulbrook describe cómo «Alemania tenía una jerarquía social mucho más inmóvil y estaba más dividida en castas que Inglaterra o que Francia». La libertad de las ciudades fue más vehementemente opugnada por la nobleza alemana, la creciente riqueza de las nuevas clases comerciales fue más agudamente resentida, y los desesperados intentos de los siervos para obtener su libertad fueron más ferozmente resistidos.

     La nobleza alemana despreciaba a la clase en ciernes de los habitantes de los "burgos" ("burgueses" o clase media) o nuevos pueblos, y los "burghers" o "bourgeois" la odiaban igualmente. Como dice Fulbrook, «Los burgueses alemanes tendieron a ser anti-nobles en su perspectiva, y no dejaron que las ciudades se convirtieran en la pequeña nobleza del país como en Inglaterra». Sin embargo, la existencia misma de pueblos-mercados en Alemania —pequeños bastiones de libertad— era suficiente para inculcar en los siervos la esperanza de libertad.

     En la década de 1520 los campesinos se rebelaron. La gran rebelión de los siervos llegó a ser conocida como "La Guerra de los Campesinos" y como "La Revolución del Hombre Común". Hacia 1525, 300.000 siervos campesinos se habían armado. Ejércitos de campesinos bien organizados de entre 2.000 y 15.000 personas aparecieron en los campos exigiendo la abolición de los pagos feudales y un final a los privilegios de la nobleza; en pocas palabras, exigiendo libertad.

     Al igual como ocurrió con la famosa Rebelión de los Campesinos en Inglaterra, los siervos disfrutaban del apoyo de las ciudades y, tal como con la Rebelión de los Campesinos, ellos se encontraron con la rígida resistencia de la clase dirigente feudal. Pero la supresión del levantamiento de los siervos por parte de la nobleza alemana fue especialmentre feroz. Alrededor de 100.000 campesinos resultaron muertos y muchos más fueron cegados y mutilados.

     Fuerzas económicas más grandes también confabularon en contra de que los siervos ganaran su libertad. La apertura de las Américas atrajo al comercio europeo hacia el litoral atlántico. Las rutas comerciales terrestres a través de Alemania se hicieron menos importantes, los mercados se redujeron y muchas ciudades alemanas cayeron en una decadencia e incluso desaparecieron. Como dice el profesor Blanning en su gran historia de la temprana Europa moderna, un patrón estaba emergiendo:

     «Fue en el urbanizado Oeste que la servidumbre desapareció antes, y fue en el Este rural, donde uno podía viajar durante semanas sin encontrar algo parecido a una ciudad, que ella no sólo sobrevivió sino que periódicamente se le dio un nuevo auge».

     En Alemania, el poder de la nobleza (como opuesta a las ciudades y los siervos) fue aumentado posteriormente por la devastadora Guerra de los Treinta Años [1618-1648], que resultó ser un acontecimiento clave en la historia alemana. La guerra misma llevó al comercio a una casi paralización, y para hacer peor las cosas, para pagar por la guerra se establecieron ruinosos impuestos a la actividad comercial. Como lo describe el historiador profesor Gordon Craig,

     «La guerra reforzó enormemente la privilegiada posición de la aristocracia a costa de la educada y próspera clase burguesa y de la clase campesina. La decadencia de las ciudades y la consiguiente disminución en la demanda de alimentos provocó una caída tan aguda en los precios de los granos, que los pequeños terratenientes se vieron a menudo obligados a sacrificar su independencia a fin de mantenerse... la nobleza local fue capaz de aprovechar esa situación para imponer nuevas obligaciones en la forma de rentas y servicios y restricciones sobre el movimiento».

     Pero de mayor significancia fue el acuerdo político que siguió a la guerra. El profesor Fulbrook indica: «El acuerdo que finalmente surgió en 1648 estableció patrones de consecuencias duraderas para la historia alemana».

     En ese acuerdo, el gobernante alemán, Friedrich Wilhelm (1620-1688, Elector de Brandenburgo y Duque de Prusia), llegó a un trato con la nobleza que equivalía a la creación del primer Estado moderno. La guerra medieval había involucrado a la gran nobleza —barones, condes y duques— apareciendo en el campo de batalla con sus propio acompañamiento feudal para apoyar al rey. Pero acabada la guerra, acababa el trabajo. No había ningún ejército permanente. El "Estado" equivalía a una pequeña corte real que seguía al rey. Los nobles eran poderosos, y el rey era débil. Pero ahora, dijo Friedrich Wilhelm, habría un gran ejército permanente y un Estado enormemente aumentado. La nobleza perdería su independencia, pero a cambio, sus privilegios feudales y unos ingresos serían garantizados por el Estado. De hecho a ellos se les darían derechos feudales aumentados en sus propias localidades, y el status servil (leibeigen) de los campesinos sería reafirmado.


     El ejército prusiano permanente sería enorme (hacia el siglo XVIII era de 81.000 hombres). El chiste en Inglaterra era que Prusia no era un país con un ejército sino un ejército con un país. El ejército, por supuesto, estaba estructurado de acuerdo a una lógica feudal: mientras más azul la sangre, mayor el rango.

     Era como si el feudalismo hubiera sido nacionalizado. La nobleza se frotaba sus manos. En otras partes en Europa, la aristocracia estaba en decadencia, y sus privilegios feudales y su status económico habían sido desgastados por el progresivo éxito del capitalismo. Pero en Alemania el Estado había ido a su rescate. Él sería el garante de la desigualdad.

     En Inglaterra, el éxito de las clases comerciales estaba conduciendo a la primera democracia parlamentaria. Pero en Alemania iba a haber una supresión de libertad. En su lugar estaría el primer Estado moderno y burocrático del mundo. Como dice el profesor Fulbrook,

     «En el curso de la década de 1670, la autonomía de las ciudades fue destruída y ellas fueron subordinadas a un cuerpo de funcionarios designados por, y responsables ante, el Elector. Al mismo tiempo, con la fundación del cuerpo de élite del ejército, el Elector creó un grupo de status prestigioso que atraería a un conjunto antes bastante independiente de nobles al servicio estatal central».

     Tener éxito en la Alemania controlada por el Estado ahora significaba convertirse en un burócrata, como observa el profesor Craig:

     «En los escalones superiores del servicio civil, en la administración fiscal, por ejemplo, había oportunidades para los miembros educados de la burguesía, que ahora encontraban tales carreras más atractivas que la vida comercial que ellos podrían haber seguido un siglo antes... Esa jerarquía sociopolítica fue por su parte servida por un ejército de funcionarios menores: funcionarios de policía y de aduanas, recaudadores de impuestos, profesores, e incluso clérigos... No es demasiado hablar de una progresiva burocratización de Alemania en los siglos XVII y XVIII».

     Centros comerciales en declinación, como Nürnberg, Augsburg y Lübeck, fueron sobrepasados en tamaño, importancia y grandeza por centros administrativos como Würzburg, Karlsruhe y Mannheim. Una nueva clase de funcionarios del sector público de alto status había nacido. Ellos eran, en palabras del profesor Fulbrook, las nuevas «clases profesionales dependientes del Estado y sostenidas por el Estado». El profesor Blanding dice que «Ése fue un proceso que alcanzó su consumación con la designación que hizo Hegel de la burocracia como "la clase universal", liberada de las presiones del mercado y del interés propio».

     Aquélla fue también la primera intelectualidad moderna financiada públicamente. Como administradores ellos disfrutaban de autoridad sobre los demás. Ellos no eran elegidos y no tenían que someterse a la disciplina del mercado. A ellos se les pagaba para estar a cargo. Como observó el sociólogo alemán Max Weber, al igual que los escribas del antiguo Egipto y los mandarines de la antigua China (y a diferencia de los ambiciosos capitalistas en Inglaterra), esos funcionarios no iban a exigir libertad política. ¿Por qué deberían ellos oponerse al control estatal? ¡Ellos eran el Estado!.

     En Inglaterra, durante el siglo XVIII y comienzos del XIX, el capitalismo rugía, liberando y transformando la sociedad británica. Pero en Alemania el desarrollo había sido detenido. Como dice el profesor Fulbrook,

     «Muchas ciudades alemanas ya no eran los florecientes y auto-confiados centros de comercio y de la vida burguesa que habían sido a principios del siglo XVI... las ciudades fueron o transformadas, o nuevamente fundadas, como residencias principescas, centros de gobierno y administración más bien que de comercio e industria... los burgueses seguros de sí mismos se hicieron burócratas dependientes; los hábitos de obediencia y servilismo fueron enfatizados, para súbditos más bien que para ciudadanos. Muchos observadores han visto ese desarrollo como teniendo implicaciones políticas a largo plazo para la cultura política alemana».

     La creación de la máquina estatal prusiana fue clave para lo que sucedió después en Alemania (y en realidad para lo que ha sucedido posteriormente en otros países también en el mundo occidental). La creación de una enorme burocracia estatal había dado origen a una influyente clase de gente que era, en términos económicos, parasitaria del capitalismo (ellos eran pagados con los impuestos), pero en términos sociales, antagonistas de él; una clase que era celosa de su propio poder, desdeñosa de las actividades de las clases comerciales (y posteriormente envidiosa de la creciente prosperidad de ellas); una clase de administradores y planificadores cuya única razón de existencia era limitar la libertad que el capitalismo tiende a fomentar y que necesita a fin de prosperar.

     Se trataba de una clase burocrática y administrativa que se identificaba con sus señores feudales y que, como Weber lo describe brillantemente, abrazó la noción de una sociedad basada en el status más bien que en las fuerzas del libre mercado. Una clase, como hemos visto en Hegel, que trataría de retratarse a sí misma como desinteresada e imbuída del propósito más alto, pero que por supuesto tenía (y tiene) un interés propio muy claramente definido, y una cosmovisión consonante. Y aquí, al pasar, destaquemos un punto que debería ser más que obvio: el Estado moderno no surgió para "contener las crueldades" del capitalismo. Lejos de ello, surgió específicamente para preservar los privilegios de las clases dirigentes existentes contra las fuerzas democráticas, liberadoras, enriquecedoras y niveladoras del capitalismo.

     La creación del Estado alemán, por supuesto, no podía aislar completamente a sus clases dirigentes feudales de los cambios históricos que estaban sucediendo más allá de sus fronteras. En Inglaterra, la servidumbre había sido efectivamente abolida en el siglo XVI. Al final del siglo XVIII, la Revolución francesa acabó con la servidumbre feudal allí, y, tal como la ruptura de una represa, una ola de protestas contra el feudalismo se desencadenó a través de Europa. Cuando el ejército alemán fue derrotado por los franceses en la batalla de Jena en 1806, los gobernantes alemanes temieron que ellos sufrirían el mismo horroroso destino que la nobleza francesa, y por ello en 1807 la servidumbre en Alemania fue formalmente terminada, aunque en efecto, como lo describe el profesor Fulbrook, los siervos no serían realmente libres sino hasta mediados del siglo. Las restricciones feudales al comercio y la movilidad de trabajo fueron levantadas. Los campesinos y los burgueses podrían a partir de entonces, en teoría, comprar tierras de los nobles. A la nobleza, por primera vez, se le pidió pagar impuestos (aunque sólo temporalmente, ya que sus exenciones fiscales fueron reinstauradas en 1919).

     Tomó algunos años pero, a mediados del siglo XIX, los siervos en Alemania fueron por fin libres de dejar la tierra. Los siervos que durante siglos habían sido obligados a trabajar sin salarios, bajo una obligación legal, los siervos, cuyas vidas habían estado, hasta el detalle más pequeño y tanto como cualquiera podría imaginar, controladas por sus señores feudales, los sometidos y obedientes siervos... habían ganado finalmente su libertad. Ellos ahora exigían salarios, o de otro modo se irían a otra parte. Ellos irían a los pueblos y las ciudades —y lo hicieron, en grandes cantidades— para encontrar empleos pagados como hombres libres, en cualquiera de mil ocupaciones. La transformación, no sólo para los siervos sino para Alemania en su conjunto, fue espectacular.

     Dentro de 20 años la industria de Alemania más que se duplicó en tamaño, las tiendas surgieron a la vida, la red de ferrocarril se triplicó en tamaño, las ciudades se expandieron, nuevos caminos comenzaron a cruzar el territorio, y empezaron a aparecer vallas publicitarias. El ritmo del cambio era muy intenso. Los antiguos humildes y obedientes siervos rápidamente se estaban convirtiendo en ciudadanos atrevidamente confiados en sí mismos con dinero en sus bolsillos. Ellos podían cambiar de empleos para encontrar salarios más altos, ellos podían ganar ascensos laborales, eran cortejados como consumidores, podían ahorrar y podían tomar prestado, y ellos podían comenzar un negocio. Pronto, tal como las masas francesas, ¡ellos exigirían igualdad política!.

     Para las clases dirigentes existentes —la élite feudal y sus legiones de burocráticos parásitos— era como si el mundo hubiera sido puesto de arriba abajo. Ellos estaban horrorizados por las clases capitalistas y comerciales recientemente liberadas, proletarios y burgueses por igual.

     Esa reacción feudal anti-capitalista, ese anti-capitalismo de las clases altas, ese anti-capitalismo desde arriba, no fue un fenómeno que se limitó a Alemania. Sucedió por todas partes de Europa y más allá. (Incluso vemos ecos de ello en la Guerra Civil estadounidense, en la política del reaccionario Sur). Incluso Inglaterra, pionera del capitalismo, produjo anti-capitalistas reaccionarios como Tomás Moro, Tomás Malthus y otros. Pero en Inglaterra, tales hombres eran marginales. En la ambiciosa, capitalista y liberal Inglaterra, las amargas quejas de hombres como Malthus no podían competir con las ideas ilustradas, excitantes y progresistas de hombres como Adam Smith y David Ricardo.

     En Alemania, por otra parte, la élite feudal anti-democrática y que miraba hacia atrás tenía el apoyo de una gran burocracia estatal, que compartía sus miedos y prejuicios, cuyo sustento y status dependían del patrocinio desde arriba más bien que desde abajo. La intelectualidad de Alemania escribió libros lamentando la muerte de antiquísimos valores alemanes, mirando hacia atrás con nostalgia los buenos antiguos tiempos, en la Edad Media. Se desarrollaron escuelas enteras de pensamiento que reflejaban aquello. En economía, a los liberales clásicos ingleses, democráticos y amantes de la libertad, se les opuso la elitista y estatista Escuela Histórica alemana. En arte, mientras los ingleses disfrutaban de las brillantes, graciosas y civilizadas novelas de Jane Austen, los alemanes producían las absurdas y oscuras producciones melancólicas, de castillos que se derrumban y gárgolas, del Sturm und Drang y el Romanticismo gótico, junto con las extravagantes fantasías paganas de Richard Wagner. En filosofía, el tempranamente ilustrado racionalismo de hombres como David Hume fue contestado posteriormente por el oscuro irracionalismo alemán de Schopenhauer y Nietzsche.

     Nietzsche, el romántico anti-capitalista, quedó horrorizado por la noción de que el "hombre común" (burgueses y y proletarios por igual) debería disfrutar de derechos democráticos. Él atacó «la delirante estupidez y los ruidosos ladridos del burgués democrático. ¡Oh, Voltaire!, ¡oh, Humanidad!, ¡oh, imbecilidad!». Él escupió contra «la Revolución francesa, aquella espantosa y, considerada de cerca, superflua farsa». Él se mofó de «los niveladores, esos falsamente llamados "espíritus libres", los elocuentes e incansables garrapateadores, esclavos del gusto democrático y de sus "ideas modernas"». Él vertió desprecio sobre la Ilustración y el humanismo: «El hombre», dijo Nietzsche, «es algo que debe ser superado». Él dijo que «El movimiento democrático es una forma asumida por el hombre de la decadencia... aquel oscurecimiento y afeamiento de Europa que ha estado ocurriendo ya durante cien años».

     Para los reaccionarios alemanes como Nietzsche, la abolición de la servidumbre era una tragedia. Él se quejó de que «todo lo vil se ha hecho obstinadamente rebelde». Él estaba horrorizado por «el gran mal, la prolongada y lenta rebelión de la muchedumbre y los esclavos». Él dijo:

     «Enfrentemos los hechos: la gente ha triunfado, o los esclavos, la muchedumbre, el rebaño o comoquiera que usted guste llamarlos... Los señores han sido abolidos; la moral del hombre común ha triunfado... La redención de la Humanidad (a saber, de sus amos) está bien avanzada; todo está llegando a ser visiblemente judaizado o cristificado o acanallado (¡qué importan las palabras!). Detener el progreso de este veneno a través de todo el cuerpo de la Humanidad parece imposible».

     La obra entera de Nietzsche fue un ataque desafiante contra los efectos democráticos y niveladores del capitalismo. Él insistió en que «existe un orden de rango entre hombre y hombre». Él habló de «las concretas diferencias de clases». «La casta noble», dijo él, son «los seres humanos más completos». En cuanto a los siervos recientemente liberados, él los llamó «las quejumbrosas, oprimidas y rebeldes clases de esclavos que aspiran a la dominación, a la que ellos llaman "liberación"». Ellos eran «laboriosos animales de rebaño» y «trabajadores multifacéticos, charlatanes, de voluntad débil y altamente empleables que necesitan a un amo... honestos y torpes mecánicos... con su ambición plebeya». Él denigró a las masas comunes: «La vida es una fuente de deleite; pero donde la chusma también bebe, todos los pozos quedan envenenados».

     Nietzsche perteneció a una escuela reaccionaria de pensamiento alemán que se hizo conocida como el movimiento "Volk". El historiador y profesor [judío] George Mosse escribió en 1964 una inteligente descripción del pensamiento völkisch (The Crisis of German Ideology. Intellectual Origins of the Third Reich). El movimiento adquirió su nombre porque sus adherentes constantemente se estaban remontando a una Edad de Oro más auténtica cuando la gente alemana no era sólo gente que resultaba vivir en Alemania y hablar alemán sino que era, en un sentido más profundo y místico, un "Volk" [pueblo racial].  

     Una famosa (y típica) obra völkisch fue "Land und Leute" (Lugares y Gentes), escrita en 1857 cuando los siervos acababan de ganar su libertad en Alemania y los reaccionarios feudales se tambaleaban por causa del gran cambio. Su autor, Wilhelm Heinrich Riehl, dice Mosse, procuraba volver atrás el reloj y reconstruír

     «la red de la antigua costumbre, que una vez había determinado el lugar de cada hombre en la sociedad, y que debería hacer aquello otra vez. Las respectivas posiciones de señor y campesino habían sido fijadas por las costumbres consagradas tan claramente como la Naturaleza había dividido el campo del bosque. Riehl veía a la clase campesina y a la nobleza como los dos estados que todavía vivían según las costumbres prescritas y que eran además, una parte integrante del paisaje de cuyo suelo ellos extraían su vida».

     Desde su comienzo la ideología völkisch tenía lo que reconoceríamos hoy como un tinte Verde. El escritor völkisch Friedrich Ratzel dijo:

     «Tan diferentes unos de otros como puedan ser las plantas, los animales y los seres humanos, todos ellos están y se mueven sobre el mismo suelo. Ellos cobraron vida en el mismo suelo... La vida siempre está ligada a la tierra... y no puede, parcialmente o en conjunto, ser separada de la tierra y su suelo».

     El "Volk" (el pueblo, así entendido) tenía un vínculo profundo, místico y esencial de unos con otros y con la tierra. Ellos dijeron que la verdadera sociedad Volk estaba conectada con el suelo (volksboden), que era orgánica y natural (organisirtes naturproduct), determinada por la Naturaleza (naturbedingtheit), modelada por fuerzas y condiciones terrenales (bodenständigkeit), e inseparable de la Tierra misma (erdgebundenheit). El paisaje había formado al pueblo, y su cultura era parte del paisaje (kulturlandschaft). Los völkisch hablaban del "enraizamiento" (verwurzelung) de una sociedad sana.

     En Nietzsche encontramos la usual afectación Verde völkisch sobre la Naturaleza: «Permaneced fieles a la tierra», exige Zaratustra; debemos "re-animalizar al hombre" y "retornar a la Naturaleza". Como observa Mosse, la palabra "enraizamiento" aparece constantemente en su vocabulario. Ellos buscaron eso en términos espirituales, por medio de una correspondencia interior entre el individuo, el suelo natal, el Volk y el universo... El enraizamiento rural servía como un contraste frente a la dislocación urbana, o lo que fue llamado el "desarraigo". Pensadores völkisch como Riehl, Paul de Lagarde, Heinrich von Treitschke y otros,

     «miraron hacia atrás a los alemanes más tempranos con nostalgia de su ordenada vida social y económica. Esos días antiguos habían sido tiempos de enraizamiento, cuando la nación, compuesta por artesanos y nobles, guerreros y labradores del suelo, disfrutaban de sus trabajos y prosperaron bajo los beneficios de una jerarquía establecida».

     Por supuesto no es casual que ese repentino entusiasmo por el "enraizamiento" social aparezca inmediatamente después de que la servidumbre fue abolida. El anhelo por el "enraizamiento" no era sino el deseo de mantener a los campesinos atados a la tierra. El "enraizamiento" era una descripción perfecta de la sociedad feudal. La nobleza estaba arraigada en la tierra... ellos incluso derivaron sus nombres de sus dominios feudales: el señor o barón de tal lugar, y el duque o conde de cual. Y por supuesto sus siervos estaban legalmente atados a ellos, y a la tierra.

     Estaba prohibido para los siervos o sus hijos dejar la tierra de su señor (o casarse sin el permiso del señor, etcétera). Ellos estaban "arraigados" en una forma muy real (y desagradable). Los siervos permanecían siervos de generación en generación, estaba en su "sangre" (no pierda de vista aquella palabra "sangre"). Su status era heredado e impuesto legalmente. Y los aristócratas permanecían nobles de una generación a la siguiente, sin importar su ineptitud. Sus privilegios eran un derecho de sangre. Un señor era tan diferente de un campesino como un caballo lo era de un perro. El antiquísimo orden social les parecía a ellos tan natural como los árboles.


     El völkisch Houston S. Chamberlain dijo que la sociedad, y nuestras respectivas posiciones de clase dentro de ella, habían evolucionado y eran por lo tanto naturales:

     «Nadie que esté familiarizado en detalle con los resultados de la cría de animales puede dudar de que la historia de la Humanidad antes de nosotros y alrededor de nosotros obedece a la misma ley».

     El anti-capitalismo völkisch no estaba del lado de las masas. Todo lo contrario. Los völkisch veían al capitalismo (correctamente) como el gran liberador de las masas. Era esa liberación la que era "anti-natural" para ellos. Como dijo uno de ellos, «La Naturaleza es una cosa de muchos esplendores, pero un aspecto no será encontrado en ella: la igualdad».

     En su gran obra The Destruction of Reason, escrita en 1952, el filósofo [judío y marxista] Georg Lukács indicó que la idealización de la "Naturaleza" y de lo "orgánico" había sido, desde su mismo principio, política. Ése fue, señaló él, un intento de defender privilegios feudales "naturalmente desarrollados". Además, «El biologismo en filosofía y sociología siempre ha sido una base para tendencias filosóficas reaccionarias... no puede permitir ningún cambio esencial, mucho menos el progreso... La opresión, la desigualdad, la explotación, etcétera, fueron presentadas como "hechos de la Naturaleza” o "leyes de la Naturaleza", los cuales, como tales, no podían ser evitados o revocados».

    La sociedad era "naturalmente" jerárquica. Nietzsche incluso insistió en que «A fin de cuentas, existe un orden de rango de estados del alma» y que no tiene caso aspirar a conseguir un rango más alto porque, «uno tiene que haber nacido o, expresado más claramente, haber sido criado para ello». Uno es superior «en virtud del propio origen, de los propios antepasados, de su sangre». La gente de clases diferentes tenía "sangre" diferente. Ellos eran en efecto una raza diferente. Para los pensadores völkisch los términos "raza" y "clase" equivalen a lo mismo. Nietzsche se apesadumbró por «la Europa de hoy, el escenario de una tentativa insensatamente repentina de una mezcla radical de clases y, en consecuencia, de razas». Él habló de la «semi-barbarie en la cual Europa ha sido sumergida por medio de la democrática mezcla de clases y razas».

     Mosse dice que para los völkisch, «Incluso dentro de la raza, el linaje más prometedor debía ser promovido y el inferior dejado atrás... Debían ser formados nobles y guerreros arios, como lo habían sido siempre, por medio de una selección y una propagación selectiva. La división social, una clase especial, en realidad un sistema de castas, era por lo tanto esencial». Hitler dijo que él aspiraba a «una calidad racial formada a partir de líneas realmente nobles».

     Como observa Lukács, «La antigua teoría racial era extremadamente simple; en efecto, difícilmente podemos llamarla una teoría en absoluto. Provino de la tesis de que cualquiera podría reconocer a un aristócrata, puesto que, como un aristócrata, aquél era de linaje puro y descendía de la raza superior». Se trataba, dice Lukács, de «una defensa pseudo-biológica de privilegios de clase». El movimiento Volk convirtió «la lucha de clases en una lucha racial "decretada por la Naturaleza"... Fue fuera de esas luchas que surgió la teoría racial».

     El movimiento Volk vio el advenimiento del capitalismo con consternación. Como siervos, las masas habían sido encantadoras. Como "proletarios", ellos eran amenazadores. El proletariado, dice Mosse, fue «el desafortunado producto de la modernización, que en sí mismo albergaba una malevolencia anti-völkisch». Él dice: «La gran ciudad y el proletariado parecieron fundirse en un siniestro coloso que ponía en peligro el reino del Volk: "El dominio de la gran ciudad será equivalente al dominio del proletariado"».

     A causa del capitalismo, los siervos, en vez de estar "arraigados" en la tierra, eran ahora física y socialmente móviles. La economía del dinero —el capitalismo de mercado— había liberado los antiguos lazos feudales, tal como lo había hecho en Inglaterra, y los grandes centros comerciales —las ciudades— fueron vistos como conduciendo ese cambio. Como dijo un escritor völkisch, «Las ciudades son las tumbas del germanismo». Mosse nos dice:

     «La ciudad vino a simbolizar el progreso industrial y la modernidad que todos los adherentes a la ideología völkisch rechazaban. Aquello fue el opuesto mismo del enraizamiento en la Naturaleza y, por lo tanto, antitético al espíritu del Volk. Peor aún, representaba los logros del proletariado; fue la expresión concreta de la agitación proletaria. El temor a los centros urbanos llegó a ser sinónimo de la aprehensión ante la tasa alarmante en que el proletariado aumentaba en su número y se afirmaba».

     Si el proletariado debía ser temido, decían los völkisch, el capitalismo y la burguesía debían ser culpados. «La burguesía, levantando el grito de "libertad, igualdad, fraternidad"», dice Mosse, «había ignorado la diferencia natural entre el fuerte y débil, el inteligente y el estúpido; en resumen, el contraste "natural" entre amo y sirviente». Para Wilhelm Riehl, dice Mosse,

     «la burguesía era un elemento destructivo que había impugnado las condiciones "genuinas"... ese nuevo elemento estaba formado principalmente por comerciantes e industriales que no tenían ninguna conexión cercana con la Naturaleza».

     Y la gente seleccionada para una culpabilidad especial eran los judíos, puesto que, como dice Mosse, «los judíos no eran un Volk, no tenían campesinos, y no poseían tierra sino que eran sólo comerciantes y parásitos». «Los judíos fueron identificados con la moderna sociedad industrial», ellos estaban «tejiendo una red de negocio y comercio» alrededor de inocentes alemanes, y ellos eran esencialmente anti-Verdes: «el desarraigo del judío fue contrastado con el enraizamiento del Volk». De ese modo, «oponerse a los judíos significaba luchar contra los campeones de la cosmovisión materialista así como contra los males de la sociedad moderna».

     Debemos establecer aquí el punto de que el odio völkisch y nacionalsocialista contra el pueblo judío no era religioso. Los völkisch y los nacionalsocialistas odiaban al cristianismo, a veces casi tanto como ellos despreciaban al judaísmo, y trataron de establecer una religión pagana estatal para sustituírlo (vea los risiles libretos de las ampulosas óperas de Wagner para una lista de dioses rehabilitados). No, los judíos eran odiados porque ellos eran visiblemente no rurales y capitalistas, y en particular ellos eran preeminentes en el mundo de las finanzas (los Verdes siempre han odiado a los banqueros). Por supuesto los judíos habían terminado, históricamente, en aquellos roles precisamente porque habían sido expulsados de la tierra en gran parte de Europa y habían sido obligados a encontrar ocupaciones en los márgenes de la sociedad feudal. Aquel abusado grupo de gente había sido castigado una vez, y ahora ellos serían castigados de nuevo.

     Podríamos mencionar aquí que uno de los marcados rasgos de la declinante nobleza feudal de Europa era su tendencia a contraer deudas y de esa manera a perder el control de su tierra. Ley tras ley fue aprobada para impedir que los dominios feudales pasaran hacia manos privadas y entraran en el mundo de la Bolsa de comercio. Pero tal era el deseo de aristócratas pródigos pero inútiles de tener dinero, y tal era su incapacidad para producirlo, que ellos estaban constantemente tomando prestado, y luego vendiendo la tierra para reembolsar los préstamos. Ellos los nobles estaban preparados para considerar a los banqueros judíos cuando necesitaban dinero, pero los aborrecían con pasión cuando se trataba de devolverlo. Como escribe el profesor Mosse,

     «Los prejuicios económicos fueron siempre frecuentes en el anti-judaísmo, y alcanzaron respetabilidad académica con "Die Juden und des Wirtshaftsleben" (Los Judíos y el Capitalismo, 1910) de Werner Sombart. Ese eminente historiador económico vinculó el crecimiento del capitalismo con el papel desempeñado por los judíos. Como usureros en la Edad Media y empresarios en tiempos modernos, los judíos habían sido una fuerza vital en la construcción del sistema capitalista... El corredor de Bolsa, el corpulento banquero, éstos eran los estereotipos del judío que fueron ampliamente aceptados y diseminados por la literatura popular. La Bolsa en particular se convirtió en el símbolo del pesadillesco capitalismo que había sido promovido sobre los alemanes por los judíos».

     Para Adolf Hitler, en Mein Kampf, habían sido los judíos los que habían disuelto los lazos feudales völkisch y habían llevado el capitalismo a Alemania. Había sido «el judío», dice Hitler, quien «incluyó la propiedad de tierras entre sus artículos comerciales y degradó los terrenos al nivel de un bien de mercado, ya que él mismo nunca había cultivado el suelo y lo consideraba como un objeto a ser explotado». Habían sido los judíos, dijo él, quienes habían llevado a Alemania todas aquellas diabólicas ideas modernas democráticas, «rebosantes de "ilustración", "progreso", "libertad", "humanidad", etc.».

     Para los anti-capitalistas derechistas völkisch, la "burguesía" y el "proletariado" se mezclaron en un enemigo urbano, industrial y comercial. Mosse dice que los pensadores völkisch «temían que la "burguesía mundial" y el "proletariado mundial" reconocieran su compatibilidad mutua y ejercieran una soberanía feudal sobre un mundo en el cual todo lo que era natural había sido destruído, sobre todo las propiedades territoriales». El proletariado y la burguesía eran un enemigo común. Éstos compartían una cosmovisión que era comercial y que se extendía más allá de las fronteras. (A este respecto, el anti-capitalismo derechista völkisch era una descripción más exacta de la realidad que su vástago marxista).

     Tal como los Verdes de hoy idealizan la sociedad pre-capitalista, lo mismo hicieron los völkisch y los nacionalsocialistas. Al igual que Nietzsche y los völkisch, Hitler y los nacionalsocialistas odiaban a la Ilustración. Ellos rechazaban su humanismo al igual que despreciaban la moralidad de la tradición judeo-cristiana centrada en el hombre. Ellos despreciaban las restricciones morales de la civilización, y abrazaron el romanticismo del salvajismo pagano como más "auténtico". Ellos consideraban con desprecio la tolerancia liberal burguesa y el internacionalismo (o globalización). Éstas eran todas características del despreciado nuevo orden capitalista.

     El profundo odio völkisch contra el capitalismo se extendió a toda la parafernalia del desarrollo industrial y urbano. Como dice Mosse, «Esos individuos enfermos [la burguesía y el proletariado] habían marcado posteriormente sus ambientes con características patológicas. El resultado fue un paisaje malsano y "degenerado" caracterizado por fábricas humeantes, ciudades atestadas y una insaciable explotación de los recursos naturales». Los völkisch odiaban las vallas publicitarias y las represas hidroeléctricas y las vías férreas. Ellos odiaban las técnicas de la agricultura moderna y la fabricación de alimentos en serie. Ellos idealizaban la vida campesina.


     En resumidas cuentas, los völkisch y los nacionalsocialistas eran Verdes. En 1934, un año después de que los nacionalsocialistas asumieron el poder, como lo describe el profesor Thomas Lekan, ellos «declararon que el Tercer Reich había conducido a una nueva Era de administración medioambiental... Ellos previeron una nueva Era de planificación "orgánica" del uso de la tierra que enfatizaba la sostenibilidad a largo plazo por sobre la rentabilidad a corto plazo». El nacionalsocialista principal Walther Schönichen declaró que el campo alemán debía ser purificado del «espíritu anti-alemán de comercio». Aquel mismo año ellos aprobaron una ley "Acerca de la Protección de la Pureza Racial de las Plantas Forestales", y el año siguiente, en 1935, la de gran alcance Reichsnaturschutzgesetz (Ley del Reich de Protección de la Naturaleza).

     Hitler designó a su general de mayor confianza, Hermann Göring, como comisionado supremo para la conservación de la Naturaleza, y lo nombró Reichforstmeister (encargado de la silvicultura del Reich) cuyo trabajo era promover la Waldgesinnubg (mentalidad forestal) y los ideales cercanos a la Naturaleza de la Dauerwald (perdurabilidad de los bosques). La Reichsforstamt (Oficina Forestal del Reich) de Göring supervisaba a la Reichstelle für Naturschutz (Oficina del Reich de Protección de la Naturaleza). Él declaró que «El pueblo es una comunidad viviente, un gran cuerpo orgánico y eterno», lo cual fue repetido en el lema nacionalsocialista «Pregunte a los árboles, ¡ellos le enseñarán cómo llegar a ser nacionalsocialista!». Como dice Mosse, «En el pensamiento völkisch la imagen del árbol fue usada constantemente para simbolizar la fuerza campesina del Volk, con sus raíces ancladas en el pasado, mientras que la corona aspiraba al cosmos y su espíritu».

     Walter Darré, jefe de la Oficina de Asentamiento y Raza de la SS fue nombrado Reichsbauerführer (líder de los campesinos del Reich). Él condujo la campaña nacionalsocialista descrita por un autor como "la nazificación del campo". Una nueva ley nacionalsocialista intentó imponer de nuevo relaciones feudales a la tierra campesina, prohibiendo que la tierra heredada fuera comprada, vendida o hipotecada. Huelga decir que eso se encontró con la resistencia de los campesinos. Los campesinos también se resintieron por las cuotas de producción y otras formas de interferencia estatal. Sin embargo, cientos de miles de campesinos polacos fueron reducidos a la servidumbre una vez más. Los nacionalsocialistas intentaron restablecer una clase campesina völkisch distribuyendo parcelas de tierra gratis a los trabajadores, y fue eso lo que envió el ejército alemán a Polonia, y más allá, en busca del Lebensraum (espacio vital). Fue Darré quien dijo que él quería criar una nueva nobleza rural, y quien acuñó el slogan "Sangre y Suelo" (Blut und Boden).


     Por supuesto las políticas Verdes de los nacionalsocialistas, tal como las políticas de los Verdes hoy, estaban llenas de contradicciones. Ellos querían una agricultura orgánica y campesina, pero descubrieron muy rápidamente que aquello casi no produciría suficientes alimentos (aunque un suministro especial de alimentos orgánicos fue asegurado para las SS). Del mismo modo, aunque ellos despreciaban al capitalismo, y a la industria y el comercio, también lo necesitaban. La expansiva burocracia estatal nacionalsocialista era un parásito voraz que necesitaba un anfitrión. Pero el hecho de que las absurdas fantasías Verdes de los nacionalsocialistas fueran poco prácticas no pareció preocuparles, como en efecto no parece preocuparles a los Verdes de hoy. Quizá eso se debió a que cada trozo de la legislación Verde justificaba e implicaba una extensión adicional de planificación e intervención estatal. Como dijo cortésmente el profesor Lekan, «El discurso de la planificación orgánica se coordinó bien con el enfoque corporativista del Nacionalsocialismo de intervención económica».

     Pero es importante destacar que el medioambientalismo y la apelación a la Naturaleza estaban en el centro de la creencia nacionalsocialista. Adolf Hitler insistió en Mein Kampf:

     «El esfuerzo del hombre por construír algo que contradice la lógica de hierro de la Naturaleza lo pone en conflicto con aquellos principios a los cuales él mismo y de manera exclusiva debe su existencia. Al actuar contra las leyes de la Naturaleza él prepara el camino que conduce a la ruina... Nuestro planeta ha estado moviéndose a través de los espacios del éter durante millones y millones de años, no habitado por hombres, y en alguna fecha futura podría comenzar fácilmente a estar deshabitado de nuevo, si los hombres olvidaran que dondequiera que ellos han alcanzado un nivel superior de existencia, eso no fue el resultado de seguir las ideas de locos visionarios sino de reconocer y observar rigurosamente las leyes de hierro de la Naturaleza».

     Como dice el doctor Mark Bassin (en su ensayo "Blood or Soil?", incluído en el provechoso libro "How Green Were the Nazis?" [2]), «La apelación misma a la autoridad de principios organicistas-ecológicos como guía para la interpretación de la sociedad y de la organización política fue vista como un aspecto fundamental de aquello de lo que se trataba el fascismo».

[2] https://es.scribd.com/document/203838051/How-Green-Were-the-Nazis

     Existen aquellos Verdes que insisten en que el movimiento medioambiental comenzó en 1962 cuando Rachel Carson publicó su desacertada diatriba contra el DDT [un insecticida altamente tóxico] titulada "Silent Spring". Pero eso claramente son tonterías. Para enfatizar nuestro punto, veamos los escritos de Martin Heidegger, el famoso filósofo nacionalsocialista que todavía ejerce una poderosa influencia sobre los intelectuales occidentales. La designación de Heidegger como rector de su Universidad de Freiburgo fue celebrada con banderas y canciones nacionalsocialistas, y sus conferencias eran acompañadas por saludos nacionalsocialistas; él destruyó las carreras de académicos rivales reportándolos a la Gestapo, y siguió siendo un miembro del Partido Nacionalsocialista hasta el final. (Citaré con detalle, para no ser acusado de hacer una selección parcial).

     Heidegger contrasta la maravillosa vida campesina, que implicaba un "habitar", con el horroroso capitalismo sin trabas ni obligaciones que implica la "falta de hogar". Él dice:

     «La palabra en Antiguo Alto Alemán para "construír", "buan", significa "morar". Esto significa "permanecer", "quedarse en un lugar"... la antigua palabra "bauen", la cual, sin embargo, también significa al mismo tiempo "apreciar" y "proteger", "preservar" y "cuidar"; específicamente, labrar el suelo y cultivar la vid».

     Su Edén feudal ha sido destruído por el capitalismo:

     «Puentes y hangares, estadios y centrales eléctricas, son edificios pero no viviendas; las estaciones de ferrocarril y las carreteras, las represas y los mercados son construídos, pero ellos no son lugares para habitar... El camionero está en casa en la carretera, pero él no tiene su alojamiento allí; la mujer trabajadora está en casa en el molino giratorio, pero no tiene allí su lugar de habitación; el ingeniero jefe está en casa en la central eléctrica, pero él no mora allí. Esos edificios hospedan al hombre. Él los habita pero él no mora en ellos».

     Heidegger contrasta la tosca moderna tecnología impulsada por la máquina que perturba a la Naturaleza, con el sano uso de instrumentos por parte de los artesanos, lo que implica «un poner de manifiesto y un no ocultamiento» de la Naturaleza. El capitalismo industrial, dice Heidegger, "desafía" a la Naturaleza en una forma en que la primitiva sociedad campesina no lo hace.

     «El trabajo del campesino no desafía al suelo del campo. En la siembra del grano se coloca la semilla bajo el cuidado de las fuerzas del crecimiento y se vigila su desarrollo. Pero incluso el cultivo del campo ha quedado bajo el control de otra clase de poner-en-orden, que se establece sobre la Naturaleza... La agricultura es ahora la mecanizada industria de los alimentos». Él dice: «Salvar la Tierra es más que explotarla o incluso extenuarla. Salvar la Tierra no es dominarla ni subyugarla, lo que simplemente está a un paso del despojo ilimitado».

     En el imaginado idilio rural de Heidegger se está filtrando el veneno de las fuerzas del mercado:

     «Al trabajador forestal que mide la madera talada en los bosques y quien al parecer camina por el camino del bosque del mismo modo que lo hizo su abuelo, la industria que produce bosques comerciales le da sus instrucciones».


     Heidegger argumenta en contra de la "monstruosa" construcción de represas hidroeléctricas en el Rhin y canta las alabanzas del poder del viento:

     «La tecnología moderna es un desafío, que le pone a la Naturaleza la irrazonable demanda de que suministre la energía que puede ser extraída y almacenada como tal. Pero ¿no es verdadero eso para el viejo molino de viento también? No. Sus aspas en efecto dan vueltas en el viento; ellas quedan completamente a merced del viento. Pero el molino de viento no desbloquea la energía de las corrientes de aire a fin de almacenarla».

      Heidegger fustiga la producción del "máximo rendimiento con un mínimo gasto". Él deplora el hecho de que

     «El carbón ha sido transportado desde algún distrito minero... está disponible, listo a entregar el calor del Sol que está almacenado en él... para entregar el vapor cuya presión hace girar las ruedas que mantienen funcionando a una fábrica».

     ¿Cómo puede alguien leer a Heidegger, o a los escritores del movimiento Volk, o en realidad Mein Kampf, y decir, con una cara inexpresiva, que el medioambientalismo comenzó con Rachel Carson? Martin Heidegger es hasta la punta de sus dedos, un romántico anti-capitalista y un ecologista.

     ¿Deberíamos estar en absoluto preocupados por algo de esto? Después de todo, el moderno medioambientalismo, para mucha gente, parece muy inocente. Pero, en palabras de los editores de "How Green Were the Nazis?", «Las políticas ecologistas de los nacionalsocialistas fueron más que un mero episodio o una aberración en la historia medioambiental en general. Ellas apuntan a significados mayores y demuestran con brutal claridad que el conservacionismo y el medioambientalismo no están y nunca han estado libres de valores ni pueden ser considerados como empresas inherentemente benignas».

     El pensamiento Verde no fue algo secundario para los nacionalsocialistas. La idealización de la Naturaleza y de lo orgánico, la nostalgia por la Edad Media, el anti-capitalismo, el odio hacia los banqueros, el odio a las ciudades y a la industria, la idealización de la vida campesina... todo eso definía su ideología.

     Fue su nostalgia Verde por la Edad Media la que condujo a su ideología de "sangre y suelo". Fue su anti-capitalismo Verde y su aborrecimiento de los banqueros lo que los condujo a odiar al pueblo judío, junto con su rechazo Verde de la tradición judeo-cristiana y de la Ilustración y sus valores humanistas, y su retorno Verde a la pagana adoración de los animales, su idealización de la barbarie pre-civilizada como más "auténtica". La ideología Verde estaba en el núcleo del Nacionalsocialismo.–



1 comentario:

  1. Excelente Articulo Amigos, Sin Embargo, Como Ustedes Apuntan Al Principio Del -Reducción Al Hitlerismo- Yo Encuentro Al Final De La Lectura,Que Este Señor (Durkin) Olvida Las Singular Actitud De Los Judios Ante El Mundo, Nosotros Los 'Goyim", No Dignos De Ser Humanos, Lo Cual Jamas Incluye.
    Inclusive Cuando Cita Al Tal Profesor Mosse, Que Es Un Judio, Denota Claramente Su Posicion...
    La Expoliación Indiscriminada Al Planeta Y Si Alguien Intenta Detenerlos, Es Un Antisemita(Doble Moral).
    Gracias Por Tan Portentosa Pagina Y Notable Información(Conocimiento)
    Saludos Desde México.

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